35879(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  35879   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 188.  

Bogotá  D.C., junio primero (1º) de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  examen  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   JORGE  HERNÁN  RAMÍREZ SALAZAR, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  8  de  septiembre de 2010, confirmatoria de la dictada el 9 de abril de tal año  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Descongestión de la misma ciudad,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de  falsedad material en documento público.   

HECHOS  

En  la  sentencia de primer grado se resumen  los   sucesos   que   dieron  lugar  a  esta  averiguación  en  los  siguientes  términos:   

“El 4 de noviembre  de  2002  Jesús  Alberto Rico Cabrera entregó al señor JORGE HERNÁN RAMÍREZ  SALAZAR  $492.000  y  le solicitó, como un favor, la cancelación de dicha suma  en  Bancafé,  mediante el recibo oficial de pago del impuesto para preservar la  seguridad  democrática  y/o  aporte  voluntario expedido por la DIAN, documento  que  previamente  había  sido  diligenciado  por  el  contribuyente”.   

“No obstante, con  oficio  de  febrero  de 2003, el Jefe de la División de Recaudación de la DIAN  requirió  al  señor  Rico  Cabrera, por cuanto no se registró la cancelación  del  impuesto  del año 2002 por valor de $492.000, debiendo proceder a cancelar  el  mismo  con  las  consecuencias  administrativas  y  económicas  que la mora  tendría”.   

“Por lo anterior,  el  denunciante solicitó a JORGE HERNÁN RAMÍREZ la entrega del recibo de pago  del  impuesto  y, de otro lado, elevó derecho de petición ante Bancafé, a fin  de  que  le  fuera  certificada  la  cancelación  de  la obligación, siéndole  informado  por parte del banco que los sellos y el autoadhesivo utilizados en el  documento   no   corresponden   a   los  empleados  por  la  entidad”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  la  denuncia  formulada  por  Jesús  Alberto  Rico Cabrera  la  Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar,  para  luego  de  practicar  algunas diligencias declarar abierta la  instrucción,   en   desarrollo   de   la  cual  vinculó  mediante  injurada  a  JORGE    HERNÁN    RAMÍREZ    SALAZAR.   

Cerrada  la  instrucción,  el  mérito  del  sumario  fue  calificado el 30 de julio de 2007 con resolución de acusación en  contra  del  vinculado como presunto autor del concurso homogéneo de delitos de  falsedad material en documento público, agravada por el uso.   

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Treinta  y  Nueve  Penal  del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  realizada  la audiencia pública, de conformidad con lo dispuesto por el Consejo  Superior  de  la Judicatura, remitió la actuación al Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Descongestión  de  esta  Capital,  donde el 9 de abril de 2010 se  profirió    fallo,    a   través   del   cual   fue   condenado   JORGE  HERNÁN RAMÍREZ a la pena principal  de  treinta  y  seis  (36) meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  sanción  privativa de libertad, como autor penalmente responsable del delito de  falsedad material en documento público.   

En  la  misma  decisión le fue concedida la  condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del 8 de septiembre de  2010,  decisión  contra  la  cual el mismo sujeto procesal interpuso recurso de  casación  y  allegó  la  respectiva  demanda  a  nombre  de  su asistido, cuya  admisibilidad se estudia en esta providencia.   

EL LIBELO  

El  recurrente  formula dos cargos contra la  decisión  del  ad  quem, los  cuales postula y desarrolla en los siguientes términos:   

          1.        Primer  cargo: Violación directa por aplicación indebida de la ley  sustancial   

          Con  fundamento  en la causal primera de casación establecida en el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el defensor manifiesta que se violaron  directamente  por  aplicación  indebida  los  artículos  287  y 22 del Código  Penal, y 232 del estatuto procesal.   

          En   la   acreditación   del   reparo  afirma  que  “la  violación  acusada proviene de errores de hecho trascendentes y  manifiestos  en  la  VALORACIÓN  PROBATORIA,  referida  ésta  al  factor de la  culpabilidad”   pues  se  dio  por  establecida  la  falsedad  en  los  recibos  que  se  adjuntaron,  pese a que nunca se dispuso un  cotejo o dictamen pericial sobre los mismos.   

          Se  erró  en la apreciación de las circunstancias que rodearon los  hechos    investigados,    a    partir    de    lo   cual   se   “construyó   una   plena  prueba  para  predicar  el  propósito  de  delinquir del procesado”.   

          Advierte   que   se  violó  el  artículo  22  del  Código  Penal,  “que  define  la culpabilidad dolosa, a cuyo título  se     atribuyó     la     conducta     punible     al    procesado”.   

          Se  quebrantó el artículo 232 de la Ley 600 de 2000, el cual exige  de  certeza  sobre  la  responsabilidad  como  exigencia  para proferir fallo de  condena.   

          A  partir  de  lo  anterior,  solicita  el defensor la casación del  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  dictar sentencia absolutoria a favor de su  patrocinado.   

          2.        Segundo     cargo:     Violación     indirecta     de     la    ley  sustancial   

          Afirma  el  recurrente  que  los  falladores incurrieron en error de  hecho  en  la  valoración de las pruebas, pues en la decisión de segundo grado  se   reconoce   que  no  se  demostró  que  el  acusado  hubiera  realizado  la  falsificación,    pese    a    lo    cual    se    dio   por   establecida   su  responsabilidad.   

          Considera   que   debió   aplicarse   el   principio   in  dubio pro reo, pues no se consiguió la  certeza  requerida para condenar a su prohijado, máxime que únicamente se tuvo  en cuenta lo dicho por el denunciante.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  censor solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  proferir  sentencia absolutoria a favor de  RAMÍREZ SALAZAR.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene   suficientemente   decantado   esta  Colegiatura  que  en  el  estudio  sobre  los requisitos de admisibilidad de las  demandas  de  casación, es del resorte de la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de crítica lógica y  sustentación  suficiente  definidos  por  el  legislador y desarrollados por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera   instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a conseguir libelos enmarcados dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto resulten inteligibles por ser precisos y claros, pues no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante  carece de interés o la demanda  no  reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

          Una   vez   efectuadas  las  anteriores  precisiones,  respecto  del  primer  reproche encuentra la  Sala  que  el  demandante  invoca la violación directa de la ley sustancial, la  cual  tiene  lugar  cuando  a  partir  de  la apreciación de los hechos legal y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento, los falladores omiten  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en concreto, en cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un  sentido  que  no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su contenido  (interpretación errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En el reproche cuya admisibilidad se examina  encuentra  la  Corporación  que  si  bien  el  demandante plantea la violación  directa  de  la ley sustancial, su reclamo no se adentra a ubicar el problema de  naturaleza   jurídico  –  conceptual,  pues orienta su esfuerzo a reprochar la apreciación de las pruebas  que  se  tuvieron  en cuenta para edificar el fallo de condena, temática propia  de  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, esto es, de la violación  mediata de la ley.   

            Adicionalmente,  en manifiesto quebranto del principio de claridad  y  nitidez derivado de la preceptiva del numeral 3º del artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  el  defensor  alude a la “culpablidad  dolosa”,  sin  percatarse que con ocasión de la Ley  599  de  2000,  el  dolo,  la  culpa  y  la preterintención ya no son formas de  culpabilidad,  sino  de  conducta, según el claro texto de sus artículos 9º y  21,    circunstancia    que    denota    descuido    y    confusión    en    el  planteamiento.   

Adicionalmente,   si  bien  el  recurrente  considera  vulnerado  directamente  los  artículo  232  de  la Ley 600 de 2000,  encuentra  la  Sala  que dicho precepto no tiene la condición de sustancial, en  cuanto  no define conductas delictivas o hace referencia a la punibilidad o a la  responsabilidad,  sino  que  sólo  tiene  la  virtud  de  servir  como  medio o  instrumento  para arribar a los fines de las disposiciones sustantivas, falencia  que  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del artículo  207  de  la  referida  normativa  procesal, según la cual, la casación procede  “cuando   la   sentencia   sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.   

          Las  razones  expuestas  son suficientes para inadmitir el reproche,  pues  pese  a  plantear  la violación directa de la ley, el censor encaminó su  esfuerzo  a  atacar de manera desordena e imprecisa las pruebas, caso en el cual  debió  invocar  la violación indirecta de la ley y acometer en debida forma su  censura.   

          Acerca   del   segundo  reparo  advierte  la  Colegiatura  que  si  bien  el  defensor  invoca  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de errores de hecho en la  apreciación  de  las  pruebas, no precisa los yerros que sustentan su disenso y  simplemente  expone  su  particular  y peculiar manera de apreciar los medios de  convicción obrantes en el diligenciamiento.   

En  efecto,  en  sede de tal postulación le  correspondía  identificar  la especie de yerro denunciado, bien sea porque pese  a  obrar  el  medio  probatorio  en  el  diligenciamiento no fue valorado (falso  juicio  de  existencia por omisión); ya porque sin figurar en la actuación los  funcionarios  supusieron  su  presencia  allí  y  lo  tuvieron  en cuenta en su  decisión   (falso   juicio  de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al  considerarlo   distorsionaron   su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo  (falso  juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de los errores referidos derivaron de la prueba deducciones contrarias a  los  principios  de la sana crítica, esto es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión) el casacionista debía indicar la prueba no valorada, cuál es la  información  objetivamente suministrada, el mérito demostrativo al que se hace  acreedora  y  cómo su estimación conjunta con el resto de elementos del acervo  probatorio  conduce  a  trastrocar las conclusiones del fallo censurado, deberes  cuyo cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses de su procurado, actividad no emprendida por el actor.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Ahora,   dado   que   la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a  reclamar  la configuración de duda razonable, era  imprescindible  que señalara la vía de su impugnación, esto es, si se trataba  de  violación  directa  o  indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía  demostrar  que  el  fallador reconoció en las consideraciones de la providencia  atacada  la existencia de dudas trascendentes de imposible eliminación sobre la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

Por el contrario, el censor únicamente llega  a  afirmar  sin  demostración  alguna  que existen dudas que imposibilitaban un  fallo  de  condena  en  contra  de  su  patrocinado, sin especificar, como es su  obligación,  qué  aspectos  no fueron debidamente dilucidados y probados en la  actuación  y  dan  lugar  a  la  conformación  de dudas trascendentes sobre la  materialidad  del  ilícito  o  la  responsabilidad  de  aquél,  máxime  si la  sentencia  de  condena  no fue proferida por el concurso de delitos señalado en  la  acusación,  amén  de  que  fue  marginada  la circunstancia de agravación  producto  del  uso  del  documento  falso,  la  cual fue deducida también en la  resolución acusatoria.   

En suma, es claro que el censor no se sujetó  a   las  directrices  para  impugnar  el  fallo  condenatorio  proferido  contra  JORGE    HERNÁN    RAMÍREZ    SALAZAR,  olvidando  que  este mecanismo impugnaticio extraordinario no fue  dispuesto  por  el  legislador  para prolongar el curso de las instancias o para  simple  y llanamente exponer el criterio de los demandantes, sino para denunciar  yerros  trascendentes  de los falladores en la aplicación de la ley sustancial,  en  la  ponderación  de  las  pruebas  o  en  la  guarda  de la legitimidad del  trámite,  dada  la  presunción  de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestida la sentencia.   

         Así   las   cosas,   encuentra   la   Sala  que  si  el  actor  no  ajustó  su  demanda a las  mencionadas  exigencias  dispuestas  para  postular  y  demostrar  los reproches  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de limitación que  rige  el  trámite  casacional  la Corte no se encuentra facultada para enmendar  las  falencias  de  aquella, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,  violación  de  derechos o garantías del acusado, como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado JORGE  HERNÁN  RAMÍREZ  SALAZAR, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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