35830(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35830  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No. 340-  

Bogotá,  D.C., veintiuno (21) de septiembre  de dos mil once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda de casación presentada por la defensa de Mercedes  María Penagos Gaviria contra la  sentencia  proferida  el  13 de septiembre de 2010, por medio de la cual la Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva confirmó la condena  impartida  el  8  de  julio  del  mismo año por el Juzgado Adjunto al Juzgado 2  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, al hallarla responsable del delito de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. El 27 de diciembre de 2000 la Secretaría  Administrativa  del municipio de Neiva, cuya titular era la señora Mercedes       María       Penagos       Gaviria,      adjudicó  en venta al señor Guillermo Guzmán el vehiculo Trooper  de  placas  NVL  180, por haber sido la mejor oferta presentada, no obstante que  la  póliza  otorgada por el beneficiario no alcanzaba a cubrir el 10% del valor  por el que fue adjudicado el vehículo.   

2.  El  5  de  abril de 2001 la Fiscalía 10  Seccional             de            Neiva1,   ordenó  la  apertura  de  investigación  preliminar  y  el  28  de febrero de 2003 dispuso la apertura de  instrucción   y   la   vinculación   mediante   indagatoria   de  Mercedes    María    Penagos   Gaviria,  Guillermo  Guzmán,  Piedad  Constanza Muñoz y David Vargas Andrade2.   

3.  El  27  de  septiembre de 2005, la misma  Fiscalía          acusó         a     María     Mercedes     Penagos  Gaviria y Guillermo Guzmán,  en calidad de autora y cómplice respectivamente, del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, previsto en el  artículo   410   del   Código  Penal.  En  la  misma  decisión  precluyó  la  investigación   a   favor   de   Piedad   Constanza   Muñoz   y  David  Vargas  Andrade3.   

4.  Inconforme  con la decisión el defensor  de Penagos Gaviria interpone  recurso  de  reposición  y en subsidio apelación, los que le fueron negados en  decisiones    del    11    de   enero   del   20064   y   23   de   febrero   de  20075.   

5. El juicio correspondió al Juzgado 2 Penal  del  Circuito  de  Neiva,  autoridad  que  el  8  de  julio  de 2010 absolvió a  Guillermo  Guzmán y condenó a Mercedes María Penagos  Gaviria  como  autora  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  a  las  penas  principales de 48 meses de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  veinte  (20)  salarios  mínimos mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la pena principal. Le negó la  condena    de    ejecución    condicional    y   le   concedió   la   prisión  domiciliaria6.   

6.  El   fallo   fue   apelado  por  Mercedes  María      Penagos  Gaviria  y  por  su defensor y el 13 de septiembre de  2010,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva  lo confirmó7.   

7.  El    apoderado   de   Penagos   Gaviria  interpuso  y  sustentó  el recurso extraordinario de  casación que le fue concedido.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera, prevista en  el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000), el  casacionista  formuló  dos  cargos  por violación directa de la ley sustancial  contra la sentencia de segunda instancia.   

Primer  cargo:  violación  directa de la ley  sustancial por “interpretación errónea”   

El  Tribunal  interpretó  erróneamente  el  artículo  146 del Código Penal de 1980, en concreto, el elemento subjetivo del  tipo penal.   

El  error  se  concretó en que el Tribunal  “consideró la interpretación que realiza la Corte  Suprema  de  Justicia…que  desborda  la intelección propia de la disposición  aplicable  al  caso  concreto,  causándose una insuficiencia en la formulación  del  juicio  de tipicidad ya que se está presumiendo o suponiendo que se adecua  al  elemento  subjetivo  del tipo la conducta solo con el quebrantamiento de las  normas  de  contratación  estatal  eliminando  del  proceso  de  adecuación el  análisis  que  se  debe  hacer  respecto de uno de los elementos esenciales del  tipo”.   

Después de realizar un análisis dogmático  sobre  los  principios  de legalidad y presunción de inocencia, destacó que la  tesis  del  Tribunal  viola  de  manera  grave  el  principio  de  tipicidad  al  estructurar    un    tipo   de   responsabilidad   objetiva   por   “prescindir  en  el  proceso  de adecuación típica del elemento  subjetivo             del            tipo8…”;      adicional    a    ello,   se   “está  presumiendo  la culpabilidad del procesado, es decir se está presumiendo que el  procesado  cometió  el  hecho  ilícito que se le imputa, porque se presume que  actuó   con   el   ánimo   de   obtener   un   provecho   ilícito9”   

La  trascendencia  del yerro radicó en que  debido  a  la  interpretación  limitada  del  Tribunal, se omitió “realizar  el  juicio  de  adecuación  típica  para  verificar el ánimo o intención de obtener provecho ilícito por  parte  de  su  representada”, pues no se estudió el  dolo  como “conocimiento de los hechos constitutivos  de   la   infracción   penal   y   la   voluntad   consciente   de   querer  su  realización10”,  por  lo  que  concluye  que  no se  analizó  el  elemento  subjetivo  del  tipo  y,  por  tanto,  se vulneraron las  garantías fundamentales del acusado.   

Considera  que  el  Tribunal  “solamente  confirmó  la  calificación  de  la  señora  María  Mercedes  Penagos  Gaviria  como  servidora pública y el quebrantamiento de las  normas  de contratación estatal, de lo que dedujo el ánimo de obtener provecho  ilícito    sin    hacer    mas    consideraciones11”,       pues  aunque  se  “verificó en el caso  concreto  que existiera dolo de la señora María Mercedes Penagos Gaviria, pero  referido  al  conocimiento  que  supuestamente tenía de que estaba quebrantando  las  normas  de selección objetiva del contratista. Sin embargo, no se refirió  al  dolo,  como conocimiento de los hechos constitutivos de la infracción penal  y    la   voluntad   consciente   de   querer   su   realización…12.”   

Por  lo  anterior,  demanda  se  case  la  sentencia    recurrida    para    que    en    su    lugar   se   profiera   una  absolutoria.   

Segundo  cargo:  violación directa de la ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  8  del  Decreto  855 de  1994.   

Pese  a  que  en  forma  acertada  se  dio  aplicación  a  los  artículos  25 de la Ley 80 de 1993 y 16 del Decreto 679 de  1994,  se  dejó de aplicar el artículo 8 del Decreto 855 de 1994, que consagra  una  excepción  a  la  obligación  de  exigir las garantías de seriedad de la  oferta  en los procesos de menor cuantía, exigencia que en tales casos queda en  manos de la entidad estatal.   

En  el  presente  evento,  “el  contrato  de  compraventa sobre un vehículo de propiedad de la  Alcaldía  de Neiva, no representa mayor riesgo para el patrimonio público pues  es  un contrato de ejecución instantánea…que no requiere formalidades plenas  y  admite  el  proceso  de  contratación  directa”.  Sostiene,  además,  que  la  suma  de  $  6.500.000 por la que se suscribió el  contrato  es  “un valor ínfimo en relación con el  presupuesto  de  la  entidad  para  el  año  2000.13”   

Si     el    Tribunal    “hubiese  aplicado  el  artículo  8  del  Decreto  885  de 1994,  necesariamente  llegaría a la conclusión de que NO es un elemento esencial del  proceso  de contratación…exigir la garantía de seriedad de la oferta, por el  contrario   es  optativo  por  parte  de  las  entidades  públicas.14”   

Considera se debe casar la sentencia para en  su  lugar dictar una absolutoria por “no verificarse  uno de los elementos del tipo penal”.   

CONSIDERACIONES  

La inadmisión de la demanda  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento  Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo porque  no  reúne  los  presupuestos, ni cumple las exigencias mínimas previstas en el  artículo 212 del mismo estatuto.   

Primer cargo  

1.     El     censor     presentó  el  primer  cargo  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  tras  considerar que el juez colectivo equivocó la interpretación  del  artículo  146  de  la  Ley  100  de  1980  que  consagra los elementos que  tipifican    el    delito   de   contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos  legales.   

2. Sobre este tipo de censura tiene dicho la  Corte  que  cuando  se  invoca  la  violación  directa de la ley sustancial, el  libelista  no  puede  discutir  la  valoración  de  la  prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió el Tribunal al aplicar la normatividad al caso  concreto.   

Se   trata,   entonces,   de   un  estudio  estrictamente  jurídico, toda vez que “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a  los establecidos, o porque se desborda la intelección  propia de la disposición aplicable al  caso     concreto…15”   

Cuando se trata de la última de las citadas  modalidades  de  violación,  esto es, interpretación  errónea,  significa  que  el proceso de selección y  adecuación   al  caso  en  cuestión  es  correcto,  sin  embargo  el  juez  al  interpretar  el precepto le atribuye un sentido que no tiene o le asigna efectos  distintos  o  contrarios  a su contenido; luego, el yerro recae en forma directa  sobre  la  normatividad,  lo  que  impone  un  cuestionamiento  en  derecho y la  aceptación   incondicional   de   la   realidad  probatoria  declarada  en  las  instancias.   

3.  Tales delineamientos técnicos no fueron  observados  por el actor, pues si bien funda el reproche bajo la modalidad de la  interpretación  errónea  del artículo 146 del Decreto 100 de 1980, desvió la  censura  hacia  los  linderos  de  la violación indirecta de la ley sustancial,  pues  en  espera  de  que  centrara su argumentación en demostrar en el ámbito  estrictamente  jurídico  cómo  el  juzgador  le  otorgó a dicha preceptiva un  alcance   que  no  contempla,  en  especial,  en  lo  atinente  al  “elemento  subjetivo consistente en el  propósito         de        obtener        provecho        ilícito”,   se  dedicó  a  afirmar  que  el  Tribunal  con  su forma de interpretar “está  presumiendo la culpabilidad del procesado, es decir se está  presumiendo  que  el  procesado  cometió  el  hecho  ilícito que se le imputa,  porque   se   presume   que   actuó  con  el  ánimo  de  obtener  un  provecho  ilícito”.   

Con  el  propósito  fallido  de demostrarlo  cuestionó  la  forma en que el juez de segunda instancia valoró el dolo que se  le  imputó  a  su  representada,  pues  aunque  reconoce que en la decisión se  estudió  su concurrencia en la ejecución del comportamiento, censuró la forma  en que aquél fue apreciado.   

Tal   forma  de  argumentar  demuestra  el  desacierto  de  su  censura  pues  si  el actor no compartía el resultado de la  valoración  lograda  por  los jueces, es claro entonces que tales desavenencias  recaen  sobre las pruebas y no sobre la norma, motivo por el cual el ataque deja  de  ser directo para convertirse en indirecto y, por lo mismo, debió centrar el  reproche  en la apreciación probatoria, según la índole de los errores que en  esa materia hubiesen podido incurrir los sentenciadores.   

4. Ahora bien, si en gracia de discusión se  aceptara  que  la argumentación del demandante se delineó exclusivamente en el  ámbito  de la mencionada interpretación errónea del artículo 146 del Código  Penal  de  1980,  de  todos modos el cargo deviene infundado pues aunque asegura  que  el  Tribunal  “parece  prescindir  en  el  proceso  de  adecuación  típica del elemento subjetivo del  tipo,”   contrario  a  lo  sugerido por el impugnante, la Sala encuentra que  el  Tribunal  sí  desarrolló  aquel  juicio  de adecuación típica de cara al  elemento subjetivo del tipo y así lo indicó expresamente:   

““…Según lo expresado el 22 de abril  de  2003  por  Piedad  Constanza  Muñoz  Muñoz…“me  di  cuenta que algunas  pólizas  no  cumplían  con  lo solicitado, o sea, el 10% del valor total de la  oferta  y  se  lo  comuniqué  a  la  Secretaria Administrativa Doctora MERCEDES  MARÍA   PENAGOS,  quien  formalmente  fue  quien  adjudicó  la  venta  de  los  vehículos”   

Siendo ello así, es decir, si la procesada  a  pesar  de  haber  sido  advertida  por  Piedad Constanza Muñoz Muñoz, en el  sentido  que  la  pospuesta  presentada  por  el  señor  Guillermo  Guzmán iba  acompañada  de  una  póliza  por  valor inferior al 10% de la oferta, decidió  libremente  admitirlo  como  legítimo  proponente- f. 107 C.1- y a la postre lo  declaró  ganador del remate del campero Trooper, modelo 87 y con placa NVL-180,  en  razón  a  que  su  oferta resultó ser efectivamente la mas elevada; no hay  duda  que en la tramitación de dicho contrato se eludió la selección objetiva  del  contratista,  pues  así  terminó  favoreciéndolo en perjuicio de quienes  cumplieron  a  cabalidad  los  requisitos de ley e igualmente presentaron serias  ofertas  –  f. 111 Id.-;  quedando  desvirtuada no solo la alegada ausencia de dolo sino el supuesto error  bajo         el         cual        procedió16.   

En  conclusión,  los razonamientos con los  que  el  casacionista  desarrolla  el  cargo  resultan  infundados por lo que se  habrá de inadmitir.   

Segundo cargo  

5.  El censor propone un segundo ataque por  violación  directa  de  la ley sustancial, pero en esta ocasión por considerar  que  el  Tribunal  dejó  de aplicar el artículo 8 del Decreto 855 de 1994, que  consagra  la  excepción  a  la  obligación  de  exigir las garantías a que se  refiere la Ley 80 de 1993.   

6.  Este tipo de  yerros  se  postulan  cuando  a  la norma llamada a regular el caso “Se  la  excluye  o  inaplica,  cuando  no  es  seleccionada para  resolver  el  caso,  debiendo  serlo,  independientemente  de  que  al resultado  (inaplicación)  se haya llegado porque se ignora su existencia, porque no se la  considera  vigente,  o  por  un  equivocado  ejercicio hermenéutico17”.   

En el desarrollo del cargo incurrió en las  siguientes irregularidades:   

(I)  Si  bien  señaló  el primer motivo de  casación  por  la falta de aplicación del artículo 8 del Decreto 855 de 1994,  tal  censura  le  exigía, como presupuesto, el enfrentamiento entre lo decidido  en  el proceso y la aplicación de la ley para demostrar cómo la norma escogida  por  el  juzgador no correspondía a la aplicable al caso concreto, carga que no  cumplió.   

(II)  Lo que presenta como yerro no es más  que   un   alegato  de  instancia,  en  donde  especula  sobre  lo  ínfimo  del  valor  contratado respecto  del  presupuesto  de  la entidad estatal para el año 2000, argumento con el que  pretende  acreditar  que  aquella  venta “no  representa  mayor riesgo para el patrimonio público pues es  un  contrato  de ejecución instantánea…que no requiere formalidades plenas y  admite       el      proceso      de      contratación      directa”  y, por tal  razón,  el  hecho  por  el  que  se  juzga a la acusada se encontraría inmerso  dentro  de  la  hipótesis  que  contempla  el  artículo  8  del Decreto 885 de  199418,  amoldada  conclusión  que  se  distancia del acontecer fáctico  acogido en las instancias.   

(III)  Tal forma de argumentar evidencia el  desacierto   en  la  causal  escogida  pues  si  su  desacuerdo  radicó  en  la  declaración  fáctica  lograda  por  los  jueces,  tras  considerar que en este  evento  la entidad estatal no debía exigir la constitución de una póliza como  garantía  de seriedad de la oferta, debió acudir a la violación indirecta por  error  de  hecho,  sin  embargo,  tampoco especificó si ello fue producto de un  falso    juicio   de   identidad,   falso   juicio   de   existencia   o   falso  raciocinio.   

(IV)  Para la Sala es clara su desatención  de  cara  a  las reglas de argumentación que rigen la técnica casacional, pues  la  modalidad  de  reproche  escogida  para  atacar  la  sentencia: violación          directa  de  la  ley    sustancial,   no   es   coherente   con   la  fundamentación del cargo.   

Su  desarrollo  no  es  mas que su personal  valoración  de las pruebas, que llevaron al censor a concluir, en contra de las  inferencias  judiciales,  que  en  la sentencia no se  aplicó  el artículo 8 del Decreto 855 de 1994, que regulaba los eventos en los  que  no  se requiere póliza, pero olvidó señalar en  qué  parte  de  la decisión se reconoció que en este proceso de contratación  administrativa  la  entidad  no  estaba  exigiendo  la pólizas de garantía que  dieran campo a la aplicación de tal precepto normativo.   

En últimas, lo que se observa en la demanda  es  la  inconformidad del recurrente con el fallo, al no aplicar la normatividad  que  consagra  en  los procesos de contratación directa la excepción de exigir  las  garantías  que  consagra  la  Ley  80  de  1993,  pero  sin  acogerse a la  declaración  fáctica y a la apreciación de los medios de prueba por parte del  juzgador,  como  correspondería  al  amparo  de  la  vía  directa, con lo cual  transgredió   el   principio   de   autonomía   que   rige   este  excepcional  recurso.   

En  tales  condiciones,  como quiera que el  cargo  quedo  huérfano  en  la  demostración  de  los errores atribuidos en la  sentencia,  y  la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar  a complementar el libelo, se impone la inadmisión de la demanda   

Finalmente, la Sala destaca que del estudio  del  proceso  no  se vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías  de  algún  interviniente  que determine el ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que   al   respecto  le  asiste  en  procura  de  asegurar  su  protección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

Primero.    INADMITIR   la demanda de casación presentada por el defensor de Mercedes María Penagos Gaviria.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ    LUIS   BARCELÓ  CAMACHO   

            

               JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO             

               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

            

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS  

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Folio  136 cuaderno 1   

2 Folio  149 a 150 cuaderno 1   

3 Folios  251 a 265 cuaderno 1.   

4 Folio  286 a 293 cuaderno 1.   

5 Folio  3 a 11 cuaderno de la Fiscalia 2 Delegada ante el Tribunal.   

6 Folio  97 a 121 cuaderno 2.   

7Folios  5 a 19 cuaderno 3.   

8 Folio  s 51 y 52 cuaderno del Tribunal.   

9  Ibídem   

10 Folio  53 cuaderno del Tribunal.   

11  Ibidem.   

12  Ibídem.   

13  Folio 55 cuaderno del Tribunal.   

14  Ibídem.   

15 Rad.  14899,  sentencia  del  6  de  mayo  de 2003; Rad. 18580, auto del 12 de mayo de  2004, entre otros.   

16  Folio 16  cuaderno del Tribunal.   

17  Sentencia    4    de   marzo   de   2002,   radicado  14459   

18  PARAGRAFO  del artículo 8 del Decreto 855 de 1994, derogado por el artículo 29  del  Decreto  2170  de  2002:  “En los contratos de  menor  cuantía  y  que  no requieran de formalidades plenas, la entidad estatal  determinará  la  necesidad de exigir la garantía única prevista por la Ley 80  de  1993, de acuerdo con la naturaleza y forma de ejecución de las prestaciones  a  cargo de las partes, y podrá prescindir de ella cuando no exista riesgo para  la entidad estatal”.     

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