35825(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 35825  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

            Aprobado         acta         Nº225   

Bogotá,  D.C., seis  (6) de julio de dos mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Senén   Aguilar   Pérez,   contra  la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá, el 13 de septiembre de  2010,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Descongestión-Foncolpuertos-  de la misma ciudad, el 31 de agosto  de  2009,  que  lo condenó como determinador de la conducta punible de peculado  por apropiación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                    

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Senén Aguilar Pérez, en representación  de  los ex trabajadores de la extinta empresa Puertos de Colombia, Nelson Blanco  Torres,   Jaime  Puerta  Echenique,  Alejandro  Santoya  Aguilar,  Luis  Eduardo  Gamarra,  María  Amalia  Osorio,  Jesner  Mosquera  Mosquera,  Remberto  Torres  Quintana,  Gloria Castro Cassiani, Luis Acevedo Iriarte, Raimundo Bustos Grosso,  Guillermo   Martínez   Carrillo,  Luis  Barrios  Terriel,  Bienvenida  Álvarez  Barreto,  Agustín  Reales  Sabalza,  Alfonso  Darío Payares, Manuel de la Rosa  Ledesma,  Benjamín  Caballero  Vergara,  Ignacio  Fontalvo Yabrudy, Luis Carlos  Gaviria  Lucas,  José  del  Carmen Orozco, Manuel Esteban Malambo, Pedro Ferrer  Miranda,    Tulio   Rafael   Mendoza,   Erdulfo   González   González,   Fredy  Mackencielorduy,  Ubaldo M. Cortina, y Félix Mendoza Romero, suscribió el acta  de  conciliación  No. 066 el 30 de abril de 1998, ante la Inspección Octava de  Trabajo  de  esta ciudad con Bernardo León Galindo, quien actuó como apoderado  de  FONCOLPUERTOS,  la  cual  versó  sobre  la  cancelación  de las acreencias  laborales  y  prestacionales  a  ellos  reconocidas  en  sentencia  emitidas por  diferentes  juzgados  laborales  del  circuito  de Cartagena, en cuantía de mil  quinientos  setenta  y ocho millones novecientos mil pesos ($1.578.900.000) cuyo  pago  se  efectuó mediante la expedición de títulos de tesorería TES Tipo B,  según     orden     de     depósito    de    Valores    de    Occidente    No.  138-002001016-2.   

Los procesos laborales dentro de los cuales  se   declararon   las   sentencias  objeto  de  conciliación  en  cita,  fueron  adelantados  por  el  aquí condenado y por diferentes abogados, quienes una vez  obtuvieron  fallo favorable, sustituyeron al primero el poder a ellos conferido,  versando  en  este  caso  la  acusación  y fallo de condena para Senén Aguilar  Pérez  por  las  sentencias  proferidas  a  favor de Alejandro Santoya Aguilar,  Jesner  Mosquera  Mosquera,  Remberto  Torres  Quintana, Gloria Castro Cassiani,  Luis  Acevedo  Iriarte  y  Tulio  Rafael Mendoza, en los juicios adelantados por  éste  contra  Foncolpuertos  en  los juzgados segundo, cuarto y sexto laborales  del  circuito  de la ciudad de Cartagena respectivamente, que no habían cobrado  firmeza,  pues  no fueron sometidos a consulta, aún así, suscribió el mentado  acuerdo  conciliatorio,  causando  detrimento patrimonial al erario, en tanto se  estableció  que los beneficiarios no tenían derecho a las acreencias laborales  allí  reconocidas. (Los demás trabajadores beneficiados con la suscripción de  tal  acuerdo  conciliatorio y sus apoderados, fueron objeto de investigación en  proceso    separado    por    expedición    de    copias    de    la   presente  investigación)”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  3  de  abril  de  2008  profirió  resolución de  acusación   contra  Senén  Aguilar  Pérez  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación en calidad de determinador.   

3. El Juzgado Primero Penal del Circuito de  descongestión-  Foncolpuertos-  (Bogotá),  el 31 de agosto de 2009 condenó al  procesado  a  la  pena principal de 60 meses de prisión, multa equivalente a 20  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el   mismo lapso de la privativa de la libertad,  como    determinador    de    la    conducta    punible    de    peculado    por  apropiación.   

         4.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el Tribunal Superior de  Bogota, el 13 de septiembre de 2010, lo confirmó.   

         Contra   la  anterior  decisión,  la  defensa  técnica  interpuso  recurso de casación.   

L  A     D E M A N D A      

         El  citado  profesional del derecho, con base en la causal primera,  según  la  sistemática  reglada en la Ley 600 de 2000, presenta tres reproches  contra la sentencia, así:   

         Primer cargo   

Acusa   al   Tribunal  de  haber  violado  directamente  la ley sustancial, por falta de aplicación de los artículos 9°,  53,  83,  93,  94 y 214 de la Constitución Política, y aplicación indebida de  los artículos 30 y 397 del Código Penal.   

Luego de referirse al ejercicio del derecho  y  de  reseñar  los hechos por los cuales fue condenado su defendido, procede a  resaltar varios fragmentos del fallo recurrido.   

Argumenta  que  el  yerro  del  ad  quem,  consistió  en  no  aplicar  el  Pacto  de  la Habana, normatividad que contiene  ciertas  garantías  en  la  actividad  del  derecho,  esto  es, “sin    intimidaciones,   obstáculos,   acosos   o   interferencias  indebidas”.   

Expresa  que su defendido fue condenado por  tramitar  procesos  de  personas  que  laboraban  en Foncolpuertos, cuyos fallos  fueron revocados en segunda instancia.   

Insiste  en  que el Tribunal desconoció el  citado  Pacto,  en  tanto  el  juicio  de  responsabilidad, con el argumento que  Aguilar Pérez actuó como defensor en determinados procesos.   

Dice  que  las  anteriores normas del Pacto  fueron inaplicadas en este asunto.   

Agrega que la intervención de la Corte, sin  duda  “honrará  y  hará  efectiva los fines de la  casación”.   

Por lo expuesto, depreca a la Sala casar la  sentencia impugnada y consecuentemente, absolver a su representado.   

Segundo cargo  

Acusa   la   sentencia   de   transgredir  directamente  la  ley  sustancial  por falta de aplicación del artículo 12 del  Código Penal, el cual excluye la responsabilidad objetiva.   

Luego  de  referenciar  el  principio  del  derecho  penal  de acto, dice que su procurado fue condenado por el hecho de ser  abogado,   para  lo  cual  se  permite  transcribir  algunos  fragmentos  de  la  providencia impugnada.   

Así  mismo,  anota  que el sentenciador de  segunda  instancia  dejó de considerar “situaciones  jurídicas   concretas   de   los   extrabajadores   Jesner   Mosquera   y  Luis  Acevedo”,  las cuales comenta.   

Reitera  a  lo largo del fallo recurrido la  calidad  objetiva  de abogado de su defendido, al punto de lamentar que el a quo  no  lo  hubiese  condenado a la pena de inhabilitación para el ejercicio de esa  profesión.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la   sentencia   impugnada   y   en   su   lugar,   proferir  una  de  carácter  absolutoria.   

Tercer cargo  

Denuncia  al  Tribunal  de haber infringido  directamente  la  ley sustancial por falta de aplicación de los artículos 29.3  y 230 de la Constitución Política, 6.2 y 30.4 del Código Penal.   

En   lo   que   llamó   “fundamento  de la censura”, dice que el  doctor  Senén  Aguilar  Pérez fue un simple interviniente y no un determinador  en la conducta por la cual fue condenado.   

A  continuación manifiesta no compartir la  participación  atribuida  al acusado, puesto que el determinador sólo induce y  coacciona, mientras que el interviniente ejecuta la acción.   

Reconoce  que la jurisprudencia de la Sala,  sostiene  como  la  figura  del  interviniente sólo se aplica al coautor que no  tiene  la calidad de sujeto activo calificado, y se desecha para los participes,  es  decir,  para  cómplices  y  determinadores, precedente anterior que se debe  aplicar    en    virtud    “del    principio   de  favorabilidad”.   

Por  lo  expuesto,  solicita  la  casación  parcial  de la sentencia y en su lugar, se reconozca al doctor Senén Aguilar la  condición de interviniente.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         La casación en la ley 600 de 2000.   

         

         1.   Recuérdese   que  dado  el  carácter  extraordinario  de  la  casación,  al  libelista compete elaborar la demanda bajo estrictos parámetros  contemplados  en la ley y decantados por la jurisprudencia. De ahí que no baste  con  afirmar que en la sentencia o al interior del proceso, se cometió un error  de  derecho  o  de  actividad,  en tanto corresponde demostrar la existencia del  vicio  y  su  trascendencia,  frente  a  las plurales decisiones adoptadas en el  fallo.   

         2.  Cuando  la  censura  se  postula  por la vía de la infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando que los hechos y  las   pruebas  declaradas  como  probadas  en  el  fallo,  fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin  que  halla  lugar  a  cuestionar  aspectos  relacionados  con  la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         La  labor  de demostración de la trascendencia del yerro, consiste  en  evidenciar  cómo  el juzgador seleccionó una norma que no era la llamada a  gobernar  el asunto, omitió otra que sí resolvía los extremos de la relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente, le dio un alcance  interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

         Si  no se cumplen los anteriores derroteros, sin duda, se impone la  inadmisión del libelo.   

         3.  En  el  supuesto  que  ocupa  la  atención de la Corporación,  resulta  claro  que las tres censuras presentadas por la defensa técnica contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  no  reúnen  los presupuestos referidos,  razón por la cual, desde ya, se anuncia su inadmisión.   

         Con  relación  al  primer reproche, postulado bajo la égida de la  infracción  directa  de  la  ley  sustancial,  de verdad que el casacionista se  aparta  de los derroteros fijados para atacar esta modalidad de error en sede de  casación.   

         Recuérdese  que  cuando  se  trata  de la violación directa de la  ley,   el  libelista acepta los hechos y pruebas tal como fueron apreciados  en  la  sentencia, situación que en este reproche no acata, en la medida en que  de  manera  sutil,  se  aparta de las conclusiones probatorias elaboradas por el  juzgador  de  segunda  instancia,  en  cuanto  a  la  existencia  del hecho y la  responsabilidad del acusado en calidad de determinador.   

         En  efecto,  de  manera abierta el actor plantea que Aguilar Pérez  fue  condenado  bajo  el  argumento  de no habérsele respetado su condición de  profesional  del  derecho,  con  claro  desacato  de Pacto de la Habana, pero en  manera alguna demuestra esa afirmación.   

         Y  era  que  no  podía cumplir con ese presupuesto, pues revisadas  las  consideraciones de la decisión impugnada, se colige de manera evidente que  el  fallo  no  se  sustentó  en  ese  enunciado,  sino  en  que  el  procesado,  aprovechándose   de   su  condición  de  abogado  litigante,  diseñó  varias  estrategias,    tendientes    a    desfalcar    las    arcas   de   la   empresa  Foncolpuertos.   

         Por tanto, la censura carece de razón.   

         Situación  igual acontece con el segundo  cargo,           el          cual   presenta  igualmente por la vía  de  la  infracción  directa,  por  la falta de aplicación del artículo 12 del  Código   Penal,   en   cuanto   a   que   nuestra   legislación  proscribe  la  responsabilidad  objetiva,  puesto que el doctor Aguilar Pérez no fue condenado  por  su  condición  de abogado, sino valiéndose de esa posición, determinó a  otras personas, en orden a apropiarse de los bienes del Estado.   

         Es  decir,  el  cargo  carece  de  sustento,  habida  cuenta que el  discurso  argumentativo  no evidencia la infracción de la ley, sólo una simple  y  particular opinión respecto de las conclusiones probatorias en que se fundó  el fallo de condena.   

         En     torno     a     la     tercera  censura, se avizora que también fue construida sobre  el  criterio de oponerse al grado de participación y deducido en la providencia  recurrida,  en  cuanto  Aguilar  Pérez  actuó en calidad de interviniente y no  como  determinador,  reclamando sin sentido alguno, la aplicación del principio  de  favorabilidad de una decisión de la Corte, la cual vale destacar, se apoyó  en  hechos  diferentes,  que  necesariamente  hacen  arribar  a  una conclusión  distinta.   

         De   otro  lado,  los  argumentos  fácticos  y  jurídicos  de  la  sentencia,  son  claros  en  torno  a  que  el  acusado determinó a un grupo de  personas  con  el  fin  de  desfalcar  a  Foncolpuertos, utilizando para ese fin  ilícito,  procesos  de  carácter  laboral  en despachos judiciales con sede en  Cartagena, basado en una cuestionable acta de conciliación.   

         Por  tanto,  la  defensa  pasa  por alto, según los principios que  rigen  la  casación,  la  sentencia  llega  a  esta  sede amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, esto es, los hechos y las pruebas fueron  correctamente  apreciadas  y  el derecho estrictamente aplicado, presunción que  sólo  se  derrumba a través de las causales de casación, demostrando el yerro  y su incidencia con la parte resolutiva del fallo.   

         En tales condiciones se inadmite la demanda.   

         Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación,  se  hayan  violado  otros  derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  de la demanda, con el fin de decidir de fondo, según lo  dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el  defensor  de Senén Aguilar  Pérez.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

                                                JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                                  SIGIFREDO       ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                      

                                          NUBIA                                YOLANDA                                NOVA  GARCÍA                                                       

                                                          Secretaria   

    

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