35824(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35824  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 225  

Bogotá, D. C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Jairo  Ibagué  Rodríguez  contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 12 de noviembre de 2010, mediante la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito de  la   misma ciudad, el 21 de septiembre del mismo año, que lo condenó como  autor de la conducta punible de homicidio.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“Los    hechos   que   originaron   el  adelantamiento  del  presente asunto ocurrieron el dieciocho (18) de octubre del  2009,  a eso de las 7:45 de la noche, en la calle 40 sur frente al número 12 I-  95,  cuando Ingrid Vanesa Lasso es agredida por su ex esposo Alirio Báez, lugar  en  el  que  hace  presencia Ariel Moreno, dado que fue informado de esos hechos  por  uno  de  sus hijos. De esta manera se forma una gresca entre Alirio Báez y  Ariel  Moreno,  actual  compañero  de  Ingrid. También se encuentran presentes  Edilson  Andrés  y  Wilmar  Ariel  Moreno  de 15 años de edad, hermano e hijo,  respectivamente, del mencionado Ariel Moreno.   

“En  el  transcurso de la contienda Alirio  Báez  le  lanza  un  arma  de  fuego  a  Jairo Ibagué Rodríguez, que en forma  inmediata  hace  uso  de la misma y le dispara a la humanidad de Edilson Andrés  Moreno  y  del  joven  Wilmar  Ariel  Moreno, siendo éste último trasladado al  Hospital   del   Tunal   donde   fallece   como   consecuencia  de  las  heridas  recibidas.   

“El   autor   de  los  disparos  Ibagué  Rodríguez huye inmediatamente del sitio de los hechos”.   

         

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación   contra  Jairo  Ibagué    Rodríguez    por   el   delito   de  homicidio.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  con  funciones de  conocimiento  de  Bogotá,  el  21  de  septiembre  de 2010, dictó sentencia de  primera  instancia  en  la que condenó a Jairo Ibagué  Rodríguez  a  la  pena  principal  de  208  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como  autor de la conducta punible de homicidio.   

3.  Apelado  el  fallo  por el acusado y el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  12 de noviembre de 2010, al  desatar el recurso, lo confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión, el defensor  interpuso recurso de casación.   

LA    DEMANDA  

Al amparo de las causales segunda y tercera,  según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley 906 de 2004, presenta dos cargos,  así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un  juicio  viciado de nulidad, “al no decretarse  la   prueba  pericial  del  señor  Fabio  Nelson  Rodríguez  Ortega,  como  lo  solicitara   en   última   instancia   esta   defensa  como  perito  fotógrafo  judicial”.   

Afirma  que se vulneró el debido proceso al  no   permitírsele   la  intervención  como  perito  fotógrafo  judicial,  “aceptando  igualmente  esta defensa que como perito  topógrafo    realmente    no    se    acreditó    al   no   ostentar   título  profesional”.   

Aduce que se avasalló el artículo 408 de la  Ley  906  de  2004,  por  cuanto no se recibió el testimonio del experto, quien  realizó  labores  de  campo en el sitio de los hechos, lo que habría llevado a  demostrar  que la intención de su defendido, desde el lugar donde se encontraba  y  dada  la  visibilidad que tenía, no era la de causar la muerte del menor, lo  cual    llevaría    a    concluir    que   no   había   ánimo   doloso   sino  preterintencional.   

Segundo cargo  

Acusa  al Tribunal de haber transgredido, de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  toda  vez  que  no  se “realizó  una  verdadera apreciación de la prueba y he de referirme  a la de los testigos presénciales del hecho”.   

Afirma  que su defendido nunca ha negado ser  el  autor material de los hechos. Aduce que el juzgador de segundo grado otorgó  credibilidad  a  las  declaraciones de “Vanesa Lasso,  Ariel  y Edison Andrés Moreno Gómez” y se las negó  a  los  testimonios  de  Derly  Milena  Ibagué “y su  amiga  Leydy  Hoyos”,  basado  en  que la primera es  hermana del acusado, dejando de valorarlas.   

Reitera  que  se  da  total  mérito  a  las  versiones  juramentadas  de  los  familiares del menor víctima y no a los de su  defendido,    puesto    que    estos    últimos    no    fueron    objeto    de  estimación.   

Luego  de  referirse  a jurisprudencia de la  Sala,  dice  que  las  pruebas deben apreciarse en conjunto, evento que aquí no  ocurrió;  “de  ahí  que  no  se  reconocieran  los  atenuantes  sucedidos  o  la causal de justificación en el grado de exceso, tan  necesario    para    llegar   a   una   sentencia   distinta   a   la   que   se  produjo”.   

A  continuación  pasa  a  referirse  a  los  testimonios  de  Vanesa  Lasso y de los hermanos Lasso, a partir de lo cual dice  que  no  se  valoraron conforme a la sana crítica, con el argumento que no eran  coherentes.  Agrega  que  el Tribunal no “reflexionó  sobre  las  declaraciones  concordantes  de  Derly  Milena y Leydy Hoyos, al dar  cuenta  que  realmente  fueron  agredidas  verbalmente  y  amenazadas  con  arma  blanca  por el menor”.   

En  los acápites que llamó “pruebas  que  no apreció debidamente la instancia y que obran en el  proceso,  ubicación  de  las pruebas, lo que estable la prueba y el mérito que  le  corresponde  a la prueba”, expresa que se dejaron  de  apreciar  las  declaraciones  de  Derly Milena Ibagué, Leydy Hoyos y la del  procesado,  en  cuanto a que éste último disparó  indeterminadamente sin  un  punto  fijo,  que nunca había tenido un arma en sus manos y que actuó para  evitar  una agresión a su hermana y a las demás personas que se hallaban en el  sitio de los hechos.   

Recalca  que  el  Tribunal  y el juzgador de  primera   instancia   omitieron   valorar   las   pruebas,   creando   un  falso  raciocinio.   

Acota que se debió reconocer la modalidad de  la    preterintención,    el    estado    de    ira    o    una    causal    de  justificación.   

El   defensor   solicita   “la  casación  discrecional”, en orden a  garantizar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia y los derechos fundamentales,  “en  relación con la aplicación debida de la norma  más en nuestro actual sistema penal acusatorio…”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   en  su  lugar,  proferir  el  respectivo  fallo  de  reemplazo.   

     

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales de casación tengan un diseño   

dirigido a lograr esos fines.  

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las causales, sino también desde sus   

fines,  con  lo cual adquiere una axiología  mayor  vinculada con los propósitos del proceso penal y con el modelo de Estado  en el que él se inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

En lo relativo a los presupuestos de lógica  y  debida  fundamentación de la nulidad, la Sala ha puntualizado que si bien la  acreditación   de   esta   causal   de  casación  es  menos  exigente  que  la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidez, demostrar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,  evidenciar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

De  otro  lado,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se  supone otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo o, cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  evidenciar  cómo  los  medios  de  prueba  de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  el  fallo necesariamente habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la  Corte  cómo  el  citado  vicio  incidió  en la aplicación del  derecho,  esto  es, se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el  asunto   o,  se  excluyó  otra  que sí resolvía todos los extremos de la  relación jurídico-procesal.   

En   lo   que   atañe   al   primer  cargo, que el libelista postula por  la  vía de la causal nulidad por violación del debido proceso, en la medida en  que  no  se  ordenó el testimonio de un perito que realizó labores de campo en  el  lugar  de  los  hechos y que, a juicio del censor habría evidenciado que el  acusado  no  actuó  con  dolo  sino con preterintención, lo dejó en el simple  enunciado,  puesto  que  no  demostró la presunta incidencia del vicio frente a  las decisiones adoptadas en el fallo.   

En   efecto,   como  lo  ha  decantado  la  jurisprudencia  de la Sala, cuando se trata de la omisión probatoria, en cuanto  a  que  no  se  allegaron  pruebas  al  juicio  oral, público y concentrado, al  casacionista  compete indicar cómo esa probanza era admisible desde el punto de  vista   de  la  pertinencia  y  la  utilidad,  para  seguidamente  demostrar  su  trascendencia  frente  al juicio de responsabilidad, acto en el cual corresponde  tener  en cuenta los demás elementos de juicio en que se apoyó el juzgador, en  orden   a  concluir  en  la  existencia  del  hecho  y  la  responsabilidad  del  acusado.   

La  labor de demostración de la censura, el  actor  la  hizo  consistir en dolerse en que no se allegó el citado testimonio,  pero  no informa cómo el mismo de haber sido incorporado, el fallo habría sido  favorable  al  acusado,  en tanto el juicio de condena lo seria por el delito de  homicidio   preterintencional   y   no   por   el   doloso   por   el   que  fue  condenado.   

Por  tanto,  deviene  la  inadmisión  del  reproche.   

Con    relación    al    segundo  cargo,  que el libelista presenta  por  la  vía  de  la  casual  tercera,  de  verdad  que  la  inseguridad  en la  postulación    de   la   censura   se   hace   notoria   por   los   siguientes  aspectos:   

a)   Avasallando   el   principio   de  no  contradicción,  confunde  el  error de hecho por falso juicio de existencia con  el  falso  raciocinio,  toda  vez  que  de  manera  simultanea denuncia que unos  testimonios  no  fueron  tenidos  en  cuenta  en  el  acto  de  apreciación  y,  seguidamente,   sostiene  que  no  fueron  estimados  de  acuerdo  con  la  sana  crítica.     

b)  Si su intención era invocar un error de  hecho  por  falso  raciocinio,  entonces,  le era imperioso indicar cuál fue el  principio  de  la  ciencia,  el  postulado  de  la  lógica  y/o  la  máxima de  experiencia  trasgredida,  de  qué  manera  lo fue y su incidencia con la parte  dispositiva  de  la  sentencia,  ejercicio en el cual igualmente debía tener en  cuenta  las demás probanzas en que se apoyó el juzgador para proferir el fallo  de condena.   

c)  Ahora  bien,  si  el  demandante quería  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia, además de indicar  las  pruebas  omitidas  en la valoración, también le correspondía precisar su  trascendencia,  esto  es,  a  partir  que  de  haber  sido  apreciadas  lograban  modificar   la   sentencia   recurrida   en   los  términos  solicitados.    

d)  Vale recalcar que la casación no es una  tercera  instancia  donde  se  pueda  cuestionar  el mérito dado a las pruebas,  puesto  que  la simple discrepancia de criterios en torno al crédito otorgado a  los  elementos de juicio, no constituye vicio para ser postulado en esta sede, a  menos  que se demuestre un error de hecho por falso raciocinio, evento que aquí  no ocurrió.   

e) Igualmente, trasgrediendo el principio de  no  contradicción,  de  manera  coetánea, pide a la Corte que se reconozca una  circunstancia  de  atenuación  punitiva  y  una de ausencia de responsabilidad,  postulados  que riñen entre sí, habida cuenta que en la primera se reconoce un  compromiso penal degradado y en la segunda no.   

f)  Por  último, olvida el libelista que de  acuerdo  con  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de 2004, la casación  discrecional desapareció.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión                                 de                                la  demanda.               

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Jairo      Ibagué     Rodríguez     procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Jairo Ibagué Rodríguez.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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