35818(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35818  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 139   

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada por la parte civil contra la sentencia absolutoria dictada  a  favor  de  la  procesada  ANA  VICTORIA  BASTIDAS DE CASTIBLANCO, acusada por  injuria y calumnia.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El abogado  litigante     Álvaro     Lozada     –según     su    denuncia—,  consideró  lesiva de su honra la circunstancia de que la señora  ANA  VICTORIA  BASTIDAS  DE CASTIBLANCO, al acudir al Juzgado 25 Civil Municipal  de  Bogotá  en  junio  de  2004  a  reclamar  unos  títulos y enterarse por el  secretario  del  despacho  judicial  que  los había recibido el abogado Lozada,  haya     expresado    airadamente    –respecto      de     él—   que   no   tenía   facultad  para  ello  y  que  “estaba  robando  a  su  esposo” Guillermo  Castiblanco Gutiérrez.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  11  de  diciembre  de 2006, fue vinculada mediante indagatoria ANA  VICTORIA  BASTIDAS  DE  CASTIBLANCO,  a  quien  la  Fiscalía  acusó en segunda  instancia  el  20  de  octubre  de  2008,  en calidad de autora de las conductas  punibles de injuria y calumnia.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  30  de  abril  de  2010  el  Juzgado  7º  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá la absolvió.  La parte civil, en nombre propio  dada  su  condición  de  abogado,  apeló  ese  pronunciamiento  y  el Tribunal  Superior  de  la misma ciudad, por intermedio de la sentencia recurrida  en  casación,   dictada   el   2   de  septiembre  de  2010,  lo  confirmó  en  su  integridad.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos.  

Primero.  Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  de los artículos 220 y 221 del Código  Penal.   

Esas normas describen los delitos de injuria  y   calumnia,   en   cuyas   descripciones   está   implícita  “una   intención  dañina  de  la  investidura  personal”,  querida  por  la acusada a juicio del casacionista pues lanzó  “juicios         descalificativos”   en  su  contra,  “irrespetuosos  y  graves”,       llamándolo      “ladrón,  deshonesto,  HP,  etc.”.  Esas  palabras  ofenden  su dignidad e integridad profesional. No comparte, por tanto,  la decisión absolutoria.   

Las   pruebas  allegadas  al  proceso,  no  apreciadas  en  su  contexto sino de forma aislada, indican con claridad que los  delitos  ocurrieron  y,  por  ende,  que  se  causaron  perjuicios  morales.  El  Tribunal,  sin  embargo,  no  declaró esa consecuencia jurídica. Transgredió,  pues,  las  normas  sustanciales mencionadas al dejar de condenar a la implicada  por los cargos objeto de la acusación.   

Segundo.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  “por indebida apreciación de la prueba  sobre la cual se fundamenta el fallo”.   

Las  sentencias  de  primer  y segundo grado  “riñen con las pruebas vertidas y practicadas en la  audiencia  pública”. En ese acto del proceso quedó  demostrado,  con  certeza, la existencia del punible y la responsabilidad penal.   

El     ad  quem  incurrió  en  vía  de  hecho  “al   desconocer   y   tergiversar   el   contenido  de  las  pruebas  testimoniales     y    documentales”    allegadas,  “haciendo  un  análisis  sesgado  y equívoco de lo  vertido  por  los deponentes quienes de manera categórica y certera ratificaron  y  descalificaron  el  vocabulario  utilizado  por  la  acusada  al interior del  despacho  judicial”. Y la misma ni siquiera cesó la  agresión  cuando  el secretario del Juzgado donde sucedieron los hechos, según  su  propia  declaración,  le  pidió  respeto  por el recinto y por el abogado.   

Los calificativos utilizados por la acusada,  no   obstante,  para  el  Tribunal  “no  alcanzan  a  lesionar  o  afectar  la  moral de las personas y más aún de los profesionales  del    derecho”,   desde   luego   merecedores   de  consideración   “de  las  instituciones  y  de  los  ciudadanos”.   

Adujo el censor, por último, que no acude a  la  casación  como  tercera instancia sino “para que  se  apliquen  los  criterios  de  la  sana  crítica  en  todo  su  contexto sin  tergiversar  el  contenido  de  las  pruebas documentales y testimoniales, tal y  como  se  ha  hecho  al  interior  de  los  fallos  de  primer  y segundo grado,  violentando  de  paso  el  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso, pues la  sentencia  absolutoria,  ante  la  contundencia  probatoria, resulta contraria a  derecho  y  además  lesiva  de  mi  honra  y  dignidad,  demandando  por tanto,  sentencia condenatoria”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. El inciso 1º del  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000, el cual rige el  presente  caso,  establece  como requisitos para acceder a la casación por vía  ordinaria  que  la  pena  máxima  fijada  para  la  conducta punible objeto del  proceso  sea  de  más de 8 años de prisión y que la sentencia la haya dictado  un Tribunal Superior de Distrito o el Tribunal Penal Militar.   

Aunque  la  última  exigencia  se encuentra  concurrente  en  el  presente  caso,  es manifiesto que la primera no.  Los  delitos  imputados fueron injuria y calumnia, contemplados en los artículos 220  y  221  del  Código  Penal de 2000 con penas de prisión de 1 a 3 años y 1 a 4  años, respectivamente.     

Quedaba  la  posibilidad, no obstante, de la  casación  excepcional  y  el recurrente omitió cualquier referencia a ella. No  la  mencionó y mucho menos presentó los argumentos orientados a persuadir a la  Corte  de  que  el  caso  es necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  para  la garantía de los derechos fundamentales, que son los motivos legales de  procedencia  de  esa  modalidad  de  casación,  en  concordancia con el último  inciso  del  artículo 205 citado. No presentó ninguno en escrito separado o en  un  capítulo  especial  de  la  demanda  y del contenido de la misma tampoco se  deriva la acreditación de alguna de esas circunstancias.   

2.   Los  dos  cargos  que  integran  el  libelo  ni  siquiera satisfacen el requisito legal de  claridad y precisión en su formulación.   

2.1. En la causal de  casación  de  violación directa de la ley, al amparo de la cual se formuló la  primera  censura,  le  está  vedado  al  recurrente  discutir  la  apreciación  probatoria  del juzgador, porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Aquí  la  parte civil, en lugar de señalar  las  razones  de  la equivocación jurídica atribuida al juzgador, expresó que  las  pruebas  no se apreciaron correctamente, sin especificar de todas formas en  qué   exactamente   consistió  el  supuesto  error  de  juicio  de  naturaleza  probatoria.   

Aparte   de  la  falencia  anterior,  para  fundamentar  el  yerro  que condujo a no condenar a la acusada por las conductas  punibles  de  injuria  y  calumnia,  le  bastó  con  la afirmación categórica  consistente  en  que  las  expresiones  de  ella utilizadas en su contra, fueron  lesivas  de  su honra. Así las cosas, a la conclusión del juzgador simplemente  opuso   la  suya,  sin  confrontar  y  mucho  menos  desvirtuar  los  argumentos  jurídicos   de   la   sentencia,  a  través  de  los  cuales  se  consideraron  “las  manifestaciones  enrostradas  a  ANA  VICTORIA  BASTIDAS”  –que  se  admite  ocurrieron—,  sin  idoneidad  “para  perjudicar  el  patrimonio   moral  del  abogado  (Lozada)  toda  vez  que  son  frases  vagas  e  imprecisas  producto  de la  información   que   le   estaba  siendo  suministrada  por  el  secretario  del  juzgado” donde ocurrieron los hechos.   

2.2.  El juzgador,  conforme  al  segundo  cargo,  incurrió  en  errores de hecho en la valoración  probatoria.   Mencionó   la   parte   civil   tergiversación   “de    las    pruebas    testimoniales   y   documentales”,  y  análisis  sesgado  de las primeras. Pero incumplió con la  carga de demostrar las supuestas irregularidades.   

Si  los declarantes que rememoraron lo dicho  por  la  procesada  cuando  fue  a  averiguar por los títulos judiciales de los  cuales  era beneficiario su marido “descalificaron el  vocabulario”  utilizado  por  ella  al  interior del  despacho   judicial,   eso  en  manera  alguna  significa  que  sea  responsable  penalmente  de  injuria y calumnia. De hecho, las instancias determinaron que no  y  el  parecer  contrario  del  recurrente  es  desde  luego  insuficiente  para  acreditar    el    error   in   iudicando denunciado.   

Claro resulta, pues, que  no hay lugar a  admitir  la  demanda.  Tampoco es procedente casar de oficio el fallo pues no se  advierte  quebrantamiento  alguno  de  los derechos fundamentales de los sujetos  procesales que deba ser remediado por la Sala.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la parte civil.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                       LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO              

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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