35773(02-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 35.773  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 390-  

Bogotá, D.C., dos (2) de noviembre de dos mil  once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide la Sala sobre el recurso de reposición  formulado  por la defensa de Fabio Alejandro Castañeda  Mateus  y Jorge Enrique Durán  Arguelles contra el auto del pasado 13 de julio dentro  de  la acción de revisión promovida el Procurador 171 Judicial II Penal contra  el  auto  que  cesó procedimiento a favor de los mencionados por los delitos de  homicidio  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo,  con homicidio en grado de  tentativa,  porte ilegal de armas de uso privativo de la fuerza pública y daño  en bien ajeno.   

ANTECEDENTES  

1. En horas de la noche del 16 de diciembre de  1991,  en  el predio “El Nilo” ubicado en el corregimiento “El Palo” del  municipio  de  Caloto,  en  el norte del departamento del Cauca, habitado por un  considerable   grupo   de   indígenas   paeces   pertenecientes  del  Resguardo  “Guataba”,  varios hombres fuertemente armados arribaron a la casa principal  y  una vez ubicaron a los líderes de la comunidad y los obligaron a tenderse en  el  piso,  les  dispararon  causándole  la  muerte a Darío Coicué Fernández,  Ofelia  Tombé  Vitonás, Carolina Tombé Ñusqüé, Adán Mestizo Rivera, Edgar  Mestizo  Rivera, Eleuterio Dicué Calambás, Mario Julicué Ui (o Mario Julico),  Tiberio  Dicué  Corpus,  María  Jesús Güetia Pito (o María Jesusa Güetia),  Floresmiro  Dicué  Mestizo,  Mariana  Mestizo  Corpus, Nicolás Consa Hilamo (o  Nicolás  Conda),  Otoniel  Mestizo  Dagua (U Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano  Otela  Ocampo (o Feliciano Otela Campo), Calixto Chilgüezo Toconás, o (Calixto  Chilgüeso),  Julio  Dagua  Quiguanás, José Jairo Secué Canas, Jesús Albeiro  Pilcué  Pete,  Daniel  Gugu  Pete  (o  Daniel Pete) y Domingo Cáliz Soscué (o  Domingo  Cálix Sescué) y lesiones personales a Jairo Llamo Ascué. Así mismo,  incendiaron el caserío asentado por la comunidad.   

2.  Por  estos  hechos, ante la jurisdicción  ordinaria  se  inició el proceso penal correspondiente, en el que se vinculó a  algunos   civiles   –Luis  Alberto  Bernal  Seijas,  Orlando Villa Zapata, Leonardo Peñafiel Correa, Edgar  Antonio   Arevalo  Peláez,  Neimber  Marín  Zuloaga,  Carlos  Alberto  Flórez  Alarcón,  Gilberto  Márquez  Quintero,  Carlos  Arturo Vahos Mejía y Nicolás  Quintero  Zuluaga-  y  para esa época mayor y capitán de la Policía Nacional,  respectivamente,   Jorge   Enrique  Durán  Arguelles  y Fabio Alejandro Castañeda  Mateus.   

3. Como producto de una colisión positiva de  competencia  promovida  por  el  Juzgado  de Primera Instancia de la Inspección  General   de   la   Policía   Nacional  el  21  de  enero  de  19971,   un  Juez  Regional  el  7  de  marzo  de  1997 remitió el asunto a la jurisdicción penal  militar2,  en  donde  el  23  de  septiembre  del  mismo año se declaró la  nulidad   de   lo   actuado   en   la   ordinaria   desde   el   cierre   de  la  investigación3.   

4.  El  Inspector  General  de  la  Policía  Nacional  en  proveído  del  2  de  febrero de 19994   negó   la   petición   de  cesación   de   procedimiento   incoada   por   la   defensa   de  FABIO   ALEJANDRO   CASTAÑEDA   MATEUS   y   JORGE  ENRIQUE  DURÁN  ARGUELLES,  pero  en  segunda  instancia,  el Tribunal  Superior  Militar accedió a la pretensión y mediante proveído del 26 de julio  de         esa         misma        anualidad5 cesó procedimiento a favor de  los  mencionados, por los delitos de homicidio agravado en concurso homogéneo y  heterogéneo  con  homicidio en grado de tentativa, porte ilegal de armas de uso  privativo de la fuerza pública y daño en bien ajeno.   

5. Por comisión conferida el 14 de diciembre  de  2010  por el Procurador General de la Nación, el Procurador 171 Judicial II  en    lo    Penal    con    sede    en    Bogotá6, formuló demanda de revisión  –que  fue admitida por la  Corte   mediante  auto  del  4  de  marzo  de  20117-   con   fundamento   en  las  causales  tercera del artículo 220 de la Ley 600 de 2000 y cuarta del canon 192  de  la  Ley  906  de 2004, contra el auto del 26 de julio de 1999 dictado por el  Tribunal Superior Militar.   

El delegado del Ministerio Público se apoyó  en  la  sentencia  C-004  de  2003  y  en el Informe No. 36/2000 aprobado por la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos en el que se concluyó que hubo  participación  de  agentes  del Estado colombiano y civiles en la violación de  las  garantías  previstas  en  los  artículos  5  (1)  y  (2),  8  y  25 de la  Convención  Americana,  con  ocasión  de la muerte violenta de los mencionados  ciudadanos  indígenas  y  estableció  entre las recomendaciones para el Estado  Colombiano    la   de   “[ll]evar   a   cabo   una  investigación  completa, imparcial y efectiva en la jurisdicción ordinaria con  el  fin  de  juzgar  y  sancionar  a  los responsables de la masacre”.   

Destacó el Agente de la Sociedad que por los  referidos   hechos   no  se  hizo  reproche  punitivo  alguno  a  los  oficiales  investigados  y,  peor  aún,  la  decisión  correspondiente,  no provino de la  autoridad judicial competente, esto es, de la justicia ordinaria.   

Recordó que conforme a la sentencia C-004 de  2003  para  remover la presunción de cosa juzgada no se requiere prueba nueva y  sólo   basta   “acreditar   el  evento  de  grave  infracción  a  los derechos humanos en actuaciones en las que un instrumento de  protección  internacional  de  los  mismos a (sic) proferido determinaciones de  incumplimiento  a  las recomendaciones por alertarse violación a la convención  americana”.   

6.  Jorge  Enrique  Durán   Arguelles  y  Fabio  Alejandro     Castañeda     Mateus,    Coroneles,        fueron    notificados    personalmente   de   la   admisión   de   dicha  demanda8.  Proveídos  de  defensa  técnica  de confianza, se verificó el  traslado  previsto  en  el artículo 224 de la Ley 600 de 2000 con el propósito  de que los sujetos procesales solicitaran pruebas.   

7. Mediante auto del pasado 13 de julio, la  Sala  de Casación Penal atendiendo la petición del Ministerio Público dispuso  requerir  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  para  que  indague ante la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos si dentro del caso 11.101 se ha  emitido,  con  posterioridad  al  informe  No.  036/00  algún  otro  informe  o  recomendación  o  si se dio traslado de dicho caso a la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos  y  como  consecuencia  de  ello, ese Órgano Internacional de  Justicia  ha  emitido  sentencia  en  el  caso Masacre Caloto-Colombia. De haber  ocurrido  cualquiera  de  esas eventualidades, ordenó remitir a la Corte, copia  autenticada    de    las    decisiones   provenientes   de   dichos   organismos  internacionales.   

Igualmente,   determinó   reiterar  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  la  orden  consignada en el numeral segundo del auto admisorio del 4  de  marzo  del año en curso a fin de que insista ante  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos para la expedición de copia  del  expediente del caso 11.101 Masacre Caloto-Colombia, actuación dentro de la  cual  se solicitó con especial énfasis el informe No. 114 del 28 de septiembre  de 1999.   

En   el   mismo   proveído,  resolvió  no  decretar  la   práctica   de   las   pruebas  solicitadas  por  la      defensora     de    Jorge   Enrique   Durán   Arguelles  y Fabio Alejandro Castañeda  Mateus, toda vez que encontró que no satisfacían los  atributos     de     pertinencia,     conducencia     o     utilidad.   

RAZONES DEL DISENSO  

1.  En  un  primer  memorial,  la  defensora  asegura  que  las  pruebas  por  ella  pedidas  y no decretadas por la Corte son  pertinentes  porque  tienden a probar que no están satisfechos los presupuestos  de  la  causal 3ª del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, no procuran ventilar  asuntos  relativos a la responsabilidad penal de sus prohijados sino a desdeñar  los  argumentos  de  la  Comisión y buscan recaudar medios de conocimiento para  desvirtuar  “la existencia de delitos o infracción  de  derechos  humanos o de derecho internacional humanitario; la inexistencia de  verificación   por  instancia  internacional  aceptado  (sic)  formalmente  por  Colombia   de   investigar   completa   e  imparcial  y  eficazmente”9     y,     “la  injerencia  o  inexistencia  de investigación por parte de los  órganos  de  policía  judicial para la época de los hechos, como se afirma en  la    decisión   de   la   Comisión”10.   

A  manera de ejemplo, dice que el testimonio  del  doctor  Jaime  Córdoba  Triviño –ponente   de   la   sentencia   C-979   de   2005-  “puede  indicarnos  cómo  a  través  de  la  Comisión se sugirió  prueba  indicada por la Comisión ésta (sic) y la misma fue recomendada por él  y       cumplida      por      las      autoridades      colombianas”11.   

Del  mismo  modo, afirma que “[o]tra      prueba      testimonial  solicitada”12   (testimonios   de  Jaime  Enrique    Bautista    González    –Director  de  la  Seccional  de  Orden  Público-,  Ismael  Enrique  Pacheco         Cepeda         –Procurador  316  judicial  II  en  lo  Penal, Jesús Orlando Gómez  López    –Procurador  Delegado  para  la  Policía  Nacional  ad-hoc-, Carlos Alberto Pulido Barrantes  –juez   de   primera  instancia-,  Tahí  Barrios Hernández –Procuradora    e   investigadora   de   los   hechos   en   materia  disciplinaria,      Miguel      Antonio      Gómez     Padilla     –Director  General  de  la  Policía-,  Libardo      Morales     Lagos     –Jefe  de  la  Unidad  Investigativa  Mecal-)  puede  mostrar  si se  ejerció  alguna  presión  indebida  sobre  las autoridades que investigaron el  caso.   

Ninguno  de  estos  medios  de  prueba ni la  declaración   de   Carlos   Vicente   De   Roux,   la  cual  se  requiere  para  “saber  qué  términos  aceptaron  a  través  del  Ministerio   de  Relaciones  Exteriores,  las  soluciones  amistosas”13,    se   refiere   a   la  responsabilidad  penal  de  sus prohijados y sirve para establecer si se cumplen  los  presupuestos  de  la  referida  sentencia constitucional, en especial, para  acreditar que la investigación fue seria e imparcial.   

Así mismo, considera que con miras a probar  que   en   el  informe  de  la  Comisión  “existen  informaciones  contrarias a la realidad”14  se  deben  conocer  los  documentos  que demuestran el reconocimiento de la responsabilidad  por parte del Estado.   

Por  último,  afirma  que  tanto  la prueba  decretada  por  la  Corte  como  la  solicitada  por  la  defensa  es necesaria,  pertinente  y  conducente  ya que esta “se recaba en  el sustrato” de aquella.   

2. En el segundo escrito, la letrada aseveró  que  con  las  pruebas  deprecadas,  lo  pretendido  es  probar que dentro de la  actuación  que  se  siguió  contra sus representados no se omitió el deber de  investigar  de  forma imparcial, lo que a su juicio sólo se puede lograr con el  proceso y con las personas que efectuaron la investigación.   

Se  pregunta  la  togada  si “es  suficiente una recomendación de la Comisión Interamericana de  llamar  a un testigo para que amplíe el interrogatorio, como lo hace el informe  036,  o de otras pruebas basta (sic), entonces para qué se corre el traslado de  petición  de  pruebas  a  la  defensa?”15.   

Enseguida  afirma  que  aunque el expediente  puede  informar  sobre  “lo que se hizo”16,  también se debe escuchar  a  las  personas  que intervinieron en la investigación para demostrar que ella  fue   integral   y   que   “la  comisión  realiza  afirmaciones  que  no  se  compadecen  con el desarrollo del proceso”17.   Así,   estima  que  no  obstante  que  a  través  de la actuación se pueda verificar la diligencia con  que  se  procedió  “otra prueba que tenga la misma  finalidad”18         no        es  impertinente.   

Recordó  que  la impertinencia de la prueba  sólo  se puede predicar cuando “no existe relación  entre  lo  que  ofrece  la  prueba  y  el  objeto  de la indagación”19.  En  cambio, en el caso de  la   especie   quienes   conocieron   de  la  investigación  y  “los   que  se  acercaron  [a  la  misma]  para  trasladar  prueba”  como   la   procuradora  Tahí  Barrios,  pueden  referirse  a  las  diligencias  practicadas  y  confirmar la voluntad de la jurisdicción ordinaria de evitar la  impunidad.   

Remata  afirmando que la prueba que solicita  del  Comité20  no es superflua pues pese a que en el auto del 4 de marzo de 2011  se  pidió  copia  de  lo  actuado  en la Comisión, se requiere “mayor    especificidad”    para   su  práctica.   

Solicita     reponer     el     auto  impugnado.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala no accederá a la pretensión de la  defensa  en el sentido de reponer el proveído del pasado 13 de julio. Estas son  las razones:   

1.  Del escrito de impugnación se desprende  que  la  defensora  comprende  sin  dificultad  que  cuando  la  revisión de la  sentencia  en  firme  de  la  que  se  predica la presunción de cosa juzgada se  invoca  por  la ruta de la causal tercera prevista en el artículo 220 de la Ley  600   de   2000,   el   tema   de  prueba  no  se  concreta  a  examinar  la  responsabilidad  penal  de  los  favorecidos  con  aquella  sino  a  determinar  la  satisfacción  o  no  de los  presupuestos normativos de la causal invocada.   

Sin  embargo,  es  en  punto  de  la teoría  general  de  la  prueba  y  concretamente  frente  a  los  atributos  que le son  inherentes  en  términos  de  relevancia  para  la  admisibilidad, al tenor del  artículo  235  de  la  Ley  600  de 2000, donde la defensora exhibe una marcada  deficiencia argumentativa.   

2. Recuérdese que el decreto y práctica de  los  medios  de  conocimiento  demanda  un ejercicio de razonamiento hipotético  ex  ante  del  funcionario  judicial  encaminado  a  establecer  que  la  prueba que le es solicitada por la  parte o interviniente es valiosa para el objeto del proceso.   

Sobre el concepto de relevancia como criterio  de  selección  de  los  medios  de  persuasión  admisibles, que se funda en el  principio   de   economía   procesal,   Taruffo   expresa  que  “es  un  estándar lógico de acuerdo con el cual los únicos medios  de  prueba  que  deben ser admitidos y tomados en consideración por el juzgador  son  aquellos  que mantienen una conexión lógica con los hechos en litigio, de  modo   que   pueda   sustentarse   en   ellos  una  conclusión  acerca  de  los  hechos21.  Este  estándar es obvio como medio para excluir la adquisición  de  pruebas  que  no serían de ninguna utilidad en la adopción de la decisión  sobre  los hechos en litigio: se aplica en todos los sistemas procesales, aunque  algunos  de  ellos  no lo estipulen expressis verbis como una condición para la  admisibilidad       de       las       pruebas22”23.   

En ese horizonte, en el ordenamiento procesal  colombiano  se hace la distinción entre tres niveles de idoneidad de la prueba:  pertinencia, conducencia y utilidad.   

El  medio probatorio será pertinente cuando  acredite  hechos  que  tienen  relación  con la materia del proceso24;   será  conducente   cuando   es   apto   o   idóneo   legalmente   para  demostrar  un  hecho25  y  útil, si aún teniendo aptitud probatoria, la información que  aporta  está suficientemente acreditada mediante otro elemento de persuasión o  entre  otras  razones,  busca  demostrar  hechos  imposibles  e  inverosímiles,  notorios  e  indefinidos,  admitidos  o confesados por ambas partes o contrariar  presunciones de derecho.   

Se  insiste  que  a falta de alguno de estos  presupuestos  intrínsecos, el fallador no puede decretar la prueba, simplemente  porque  aquella  que carezca de uno de tales requisitos no puede ofrecer ninguna  información  concluyente para llevar al juzgador al convencimiento sobre alguno  de los extremos de la pretensión.   

Es   así  que,  el  decreto  y  práctica  injustificada   del  medio  de  conocimiento  únicamente  contrae  una  acción  dilatoria  proscrita  por el principio de eficiencia que rige la administración  de justicia.   

3.  Ahora,  en  tratándose de la acción de  revisión,  el  juicio  lógico  de  admisión de los medios probatorios es más  riguroso,   justamente   porque   la  eventual  prosperidad  de  este  mecanismo  excepcional  de  impugnación  frente  a  una  decisión judicial que goza de la  presunción  de  cosa  juzgada y por lo mismo tiene imbricada la prohibición de  doble   incriminación,  demanda  que  los  medios  de  conocimiento  objeto  de  valoración  en  sede  de revisión guarden estricta relación con el motivo que  la  estructura, por lo que el examen de relevancia de la prueba se debe hacer en  el plano específico aunque en grado aproximativo.   

4. Siendo ello así, es claro que todo medio  de  convicción  que  sea  redundante,  inútil  o no apto para establecer si la  impunidad  denunciada  por  la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos se  generó  o  no,  por  deficiencias  del  Estado  en  la investigación de graves  conductas  punibles  lesivas  de los derechos humanos de los ciudadanos, no debe  ser decretado.   

Es lo que sucede con las pruebas solicitadas  por la defensa.   

En  verdad,  se tiene que los testimonios de  Jaime   Enrique   Bautista   González  –Director  de  la  Seccional  de Orden  Público-,       Ismael       Enrique      Pacheco      Cepeda      –Procurador  316  judicial  II  en  lo  Penal,  Jesús  Orlando  Gómez López –Procurador  Delegado  para  la  Policía  Nacional  ad-hoc-, Carlos  Alberto     Pulido     Barrantes    –Juez   de   primera   instancia-,  Miguel  Antonio  Gómez  Padilla  –Director  General de la  Policía,   Libardo   Morales  Lagos  –Jefe  de  la  Unidad Investigativa Mecal-,  personas   que   a   título   de   instructores   o  procuradores  –bien  en  la  justicia penal militar u  ordinaria-,  intervinieron  en  la investigación penal de la denominada masacre  de   Caloto   a   la   que   fueron   vinculados   los   oficiales  Fabio   Alejandro   Castañeda   Mateus  y  Jorge    Enrique    Durán    Arguelles,  son  impertinentes  porque, no existe relación entre el supuesto  fáctico  que  la  togada pretende demostrar con esas declaraciones y el tema de  prueba,  es  decir,  entre  la  actitud  supuestamente diligente que todos ellos  habrían  asumido  de  acuerdo  a  su  rol  y  si  se  verificó  el  manifiesto  incumplimiento   de   las  obligaciones  del  Estado  colombiano  de  investigar  completa,  imparcial  y  eficazmente  los  hechos  conocidos  por  la  instancia  supranacional.   

Ciertamente, sin que por supuesto se pretenda  crear    una   tarifa   probatoria   –toda  vez  que en Colombia rige el sistema de persuasión racional-,  si  la  Corte  tiene  como  base, el expediente contentivo del proceso penal que  contra  Castañeda  Mateus y  Durán  Arguelles se surtió  tanto  en la justicia penal militar como en la ordinaria, allegado íntegramente  a  esta  actuación como lo fue por determinación adoptada en el auto admisorio  de   la  demanda,  es  claro  que  el  dicho  de  quienes  lo  rituaron  deviene  impertinente  para  establecer  si  efectivamente  se  cumplió  con el deber de  perseguir  las  gravísimas  infracciones  penales cometidas contra la comunidad  indígena Páez.   

Y  es  que,  nada  de  lo que pudieran decir  acerca  de la diligencia con la que pudieran haber actuado, podría controvertir  lo  que  explícitamente  refleje  el expediente, ya que no es la evocación por  parte  de  los  funcionarios  instructores  acerca  de una gestión judicial que  incluso  podría  estar  llena  de  buenas  intenciones,  la  evidencia  de  una  investigación  real,  completa  e imparcial sino la verificación de los reales  actos  procesales  realizados  para  conseguir  ese  fin, los que necesariamente  deben  verse representados o reflejados de forma fidedigna en la actuación, los  que  tienen  la  aptitud para mostrar si tienen o no asidero las conclusiones de  la  recomendación  de la Comisión Interamericana, con fundamento en la cual el  Ministerio Público acude ante esta sede.   

Nótese  que  es  la  misma recurrente quien  admite   que   el  expediente  puede  informar  sobre  “lo       que       se       hizo”26,  luego,  es incomprensible  que  al  tiempo  pretenda que la Corte llegue al conocimiento que le permita dar  solución  a  la  litis  por  una  vía probatoria distinta a la referida prueba  documental,  máxime  cuando  afirma  que  la de carácter testimonial deprecada  tendría  la  misma  finalidad  que  la ya decretada, con lo cual, también hace  manifiesta su inutilidad.   

Así mismo, aunque la defensora insiste en la  necesidad  de  escuchar  a los doctores Jaime Córdoba Triviño y Carlos Vicente  De  Roux,  dado  que  el  primero  “puede indicarnos  cómo  a  través  de  la Comisión se sugirió prueba indicada por la Comisión  ésta  (sic) [no dice cuál]  y   la   misma   fue   recomendada  por  él  y  cumplida  por  las  autoridades  colombianas”27  y,  el  segundo,  podría  indicar  “qué  términos  aceptaron  a través del  Ministerio   de  Relaciones  Exteriores,  las  soluciones  amistosas”28,  con igual razonamiento al  predicado  en  precedencia  se debe puntualizar que son los actos procesales que  aparecen  practicados  en el proceso penal los que deben ser objeto de análisis  por  la  Corte  y  que,  habiendo  solicitado  por  intermedio del Ministerio de  Relaciones  Exteriores copia de todo lo actuado en la Comisión, lo que aquellos  pudieran exponer resultaría simplemente redundante.   

Igualmente,   la   Sala  ratifica  que  el  testimonio  de Tahí Barrios Hernández, Procuradora e  investigadora  de  los  hechos  en  materia  disciplinaria  y  quien  ordenó el  traslado  de  las  pruebas a la investigación penal, es inconducente por cuanto  es      ineficaz     para     probar     que     en     materia     penal            –que no disciplinaria- se efectuó una  investigación integral.   

Por  último,  se recaba que no es necesario  decretar  el  informe  del comité de impulso dentro del caso 11.101 porque hace  parte  de  los  documentos que ya se requirieron mediante auto del 4 de marzo de  2011,    concretamente    cuando    se   resolvió   solicitar   “al  Ministerio  de  Relaciones Exteriores copia de lo actuado en la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos, en el caso 11.101, allí conocido  como   “masacre   Caloto   Colombia”29.   

En  consecuencia,  no se accede a reponer el  auto impugnado   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  No  reponer  el  auto del 13 de julio de 2011, por cuyo medio se negaron las pruebas  solicitadas  por  la  defensa  y  se  accedió  a  las pedidas por el Ministerio  Público.   

Segundo.  Contra  esta decisión no  procede     ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

            

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ   

            

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN  

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

            

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 97-101 del cuaderno original No. 18.   

2 Cfr.  folios 449-463 ibídem y 5 al 19 del cuaderno de copias No. 21.   

3 Cfr.  folios 45 a 52 del cuaderno original No. 19.   

4 Cfr.  folios 268-291 ibídem y 74-97 del cuaderno de copias No. 19.   

5 Cfr.  folios 349-384 del cuaderno original No. 19.   

6  Cfr. folio 94 del cuaderno de la Corte.   

7  Cfr. folio 98 ibídem.   

8 Cfr.  folios 107 y 108 del cuaderno de la Corte.   

9 Cfr.  folio 216 ibídem.   

10  Ibídem.   

11  Ibídem.   

12  Ibídem.   

13  Cfr. folio 217 ibídem.   

14  Cfr. folio 217 ibídem.   

15  Cfr. folio 229 ibídem   

16  Cfr.     folio    230  ibídem.   

17  Ibídem.   

18  Ibídem.   

19  Cfr. folios 231-232 ibídem.   

20 Se  precisa  que  la  togada  se  refiere  al  informe del  comité     de     impulso     instalado   el   29  de  septiembre  de  1995.  Así    lo    advierte    en    el    memorial  de  solicitud  de pruebas.   

21  “Veáse un panorama general de las teoría modernas  de  la  relevancia  en WIGMORE, 1983: t. I, 1004. Cfr. también GRAHAM, 2003[87;  WRIGHY y GRAHAM, 1977-1989: vol. 13, 48.”   

22  “Para   una   perspectiva  general  de  distintos  sistemas véase TARUFFO, 1970[97. También NAGEL, 1967: 123.”   

23  TARUFFO,  Michele.  La  prueba.  Traducción  de  Manríquez,  Laura  y  Ferrer,  Beltrán Jordi. Madrid. 2008. Pág 38.   

24  DEVIS  ECHANDÍA,  Hernando.  Teoría  General de la  Prueba Judicial. Editorial Temis S.A. Bogotá. 2002. Pág. 324.   

25  PARRA  QUIJANO, Jairo. Manual de derecho probatorio. Tercera Edición. Ediciones  Librería del profesional. Bogotá. 1992. Pág. 27.   

26  Cfr.    folio    230  del     cuaderno    de    la    Corte.   

27  Ibídem.   

28  Cfr. folio 217 ibídem.   

29  Cfr. Folio 93 del cuaderno de la Corte.     

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