35594(30-01-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                            Magistrado Ponente   

                            LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

                            Aprobado Acta No. 21   

Bogotá,  D.  C.,  treinta   (30)   de   enero   de   dos   mil   trece  (2013).   

ASUNTO  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  inter-puesto  por  el apoderado de Seguros Generales Suramerica-na S.  A.  contra  la  sentencia  emitida  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Cartagena,  mediante la cual confirmó la decisión que en virtud del llamado en  garantía  a  esa  empresa  profirió  el  Juzgado  Cuarto Penal Municipal de la  señalada  ciudad,  tras condenar a FRANCISCO ANTONIO GONZÁLEZ ARIZA como autor  responsable   de  la  conducta  punible  de  lesiones  personales culposas.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  RELEVANTE   

1. El 30 de mayo de  2003,  en  la avenida del Malecón del barrio Bocagrande de Cartagena, FRANCISCO  ANTONIO  GONZÁLEZ ARIZA, quien manejaba el campero Mitsubishi de placas BXC-544  perteneciente  a  la  empresa  Coala  S. A., chocó a la moto Kawasaki de placas  NNH-145,  en  la cual se desplazaba Gonzalo Tamayo Rodríguez. Ello le ocasionó  a  este  último  una  incapacidad  medicolegal  definitiva  de  90  días y una  deformidad  física  que  le  afectó el brazo izquierdo de forma permanente. El  accidente  se  debió  a  que  el conductor del campero, con el fin de adelantar  otros  vehículos,  invadió  el  carril de sentido contrario por el cual iba el  motociclista.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Fiscalía  Local Once de Cartagena dispuso la apertura formal del  proceso   y  vinculó  mediante  indagatoria  a  GONZÁLEZ  ARIZA.  Así  mismo,  reconoció  al  apoderado  de  Tamayo  Rodríguez como representante de la parte  civil,  ordenó la vinculación de Coala S. A. en calidad de tercero responsable  y  llamó  en garantía a Seguros Generales Suramericana S. A. (antes Compañía  Suramericana de Segu-ros).   

Agotada la instrucción, calificó el mérito  del   sumario,   acusan-do   al   sindicado   por   el  delito  de  lesiones  personales  culposas previsto en  los  artículos 111, 112 inciso 2º, 113 inciso 2º y 120 de la Ley 599 de 2000,  actual Código Penal.   

Esta decisión fue confirmada por la Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cartagena el 15 de  febrero de 2008.   

3.  Conoció  de la  etapa  siguiente el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Cartagena, despacho que  condenó  al  procesado  por el injusto atribuido a ocho meses de prisión, así  como  ocho  meses  de  privación  del  derecho  a  conducir  automotores  y  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, y a 27  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa. Igualmente, le concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena privativa de la libertad  con un pe-riodo de prueba de dos años.   

Por concepto de perjuicios morales causados a  la  víctima, fijó una sanción correspondiente a 800 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  pagaderos  dentro  de  los  doce  meses  siguientes  a  la  ejecutoria  del  fallo  así: 100 por FRANCISCO ANTONIO GONZÁLEZ ARIZA, 100 por  Coala S. A. y 600 por Seguros Generales Suramericana S. A.   

5. Impugnado el fallo  por  la  aseguradora,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Cartagena lo  confirmó  en  los  aspectos  materia  del  debate,  es decir, en que había una  póliza  vigente  para  la  época  de  los  hechos  entre el tercero civil y la  llamada  en  garantía,  y  que  ésta  cubría  indemnizaciones por concepto de  daños morales.   

6.   Contra   la  decisión  de  segundo  grado, el apoderado de Seguros Generales Suramericana S.  A.   interpuso   el  recurso  extraordinario  de  casación  invocando  la  vía  discrecional.   

El  escrito  de  sustentación  fue declarado  conforme  a  derecho  y  la  Procuraduría  General  de  la  Nación realizó el  concepto respectivo.   

LA DEMANDA  

Tras  aducir  como  motivo  para acceder a la  casación  la  vulneración del derecho de defensa y del debido proceso, propuso  el  recurrente  dos  cargos,  ambos al amparo de la causal primera del artículo  368  del  Código  de  Procedimiento Civil, en armonía con lo contemplado en el  artículo   208   de  la  Ley  600  de  2000.  Los  sustentó  de  la  siguiente  manera:   

Error de hecho derivado de un falso juicio de  existencia   por   omisión   en  la  valoración  de  la  prueba.  Las    instancias    no    tuvieron    en    cuenta:    (i) la tarjeta de propiedad del vehículo  de  placas BXC-544, expedida el 28 de mayo de 2003, que figura a nombre de Coala  S.  A.;  y  (ii) el historial  del  automóvil en comento, emanado de la Secretaría de Hacienda, Dirección de  Transportes y Tránsito del Departamento de Antioquia.   

Dichos  documentos  demuestran  que  Javier  Agudelo  Cano,  antiguo  propietario  del  campero, transfirió el 27 de mayo de  2003  el  dominio  del  vehículo a la empresa vinculada como tercero civilmente  responsable.  Y  como en la póliza obrante en el proceso él es el beneficiario  del  seguro,  la  aseguradora no podía estar llamada a cubrir un hecho ocurrido  el  30 de mayo siguiente, cuando el automóvil ya era propiedad de otra persona.   

Lo  anterior  condujo  a  la  violación  del  artículo  1127  del  Código  de Comercio, modificado por el artículo 84 de la  Ley  45  de  1990,  norma  que  les  impone a las aseguradoras la obligación de  indemnizar  los perjuicios ocasionados por el asegurado. Y, en este caso, Javier  Agudelo  Cano  carece  de responsabilidad civil frente al accidente de tránsito  en el cual resultó víctima Gonzalo Tamayo Rodríguez.   

Falso  juicio de existencia por suposición.  El  ad  quem  supuso  la  extensión de vigencia de la  póliza  de  seguros  obrante  en el proceso, que iba del 1º de mayo de 2002 al  1º  de  mayo de 2003. Presumió, por lo tanto, la existencia de una obligación  que  abarcaba  la época de los hechos y además cubría los perjuicios morales.   

Ello  se  tradujo  en  la vulneración de los  artículos  1073, 1107 y 1127 del Código de Comercio, de acuerdo con los cuales  (i) no es posible ampliar la  responsabilidad  de  la  aseguradora  más  allá  de  su  término de vigencia,  (ii) el contrato de seguros  expira   de  forma  automática  y  (iii)  la  cobertura  no  comprende los daños morales, sino tan solo los  patrimoniales.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

El apoderado de la parte civil solicitó a la  Corte  no admitir la demanda de casación interpuesta, al considerar que Seguros  Generales  Suramericana  S.  A., en su calidad de llamado en garantía, carecía  de legitimidad para interponer el recurso.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1.  El representante  de  la  Procuraduría  General  de la Nación basó su postura en los siguientes  argumentos:   

1.1.  La  acción  civil  que  se  ejerce  dentro  del proceso penal es de  naturaleza  dispositiva.  Por  ende, la parte que reclama el cumplimiento de una  obligación  tiene la carga de probar el nacimiento de la misma, mientras que la  parte  que  se  opone  a  ello  debe  demostrar  la  circunstancia  alusiva a su  extinción.   

1.2.  El   asegurado   no   comunicó   a  la  compañía  aseguradora  la  revocatoria  del  contrato  de seguro, razón por la cual debe entenderse que se  prorrogó  de  manera  automática,  según  se desprende del artículo 1071 del  Código  de  Comercio.  Por  lo  tanto,  Seguros  Generales  Suramericana  S. A.  mantenía  la  obligación  de  pagar  la  prestación  asegurada,  sin importar  que   Javier  Agudelo  Cano  transfiriera  la  propiedad  del vehículo de placas BXC-544 a la firma Coala S.  A., de la cual él era su representante legal para el año 2003.   

1.3.   Seguros  Generales  Suramericana S. A., por su parte, debía demostrar que la obligación  estaba  extinguida  para  el  periodo  del 1º de mayo de 2003 al 1º de mayo de  2004.  Sin  embargo,  aportó  a  la  actuación  copia  de la renovación de la  póliza  0393111-5, con vigencia para los años 2005-2006, de la cual es posible  inferir su vigencia para el día de los hechos.   

2.  Por lo tanto, el  Ministerio   Público  solicitó  a  la  Sala  no  casar  el  fallo  materia  de  impugnación.   

CONSIDERACIONES  

1.  Cuestiones       previas   

1.1. El   representante  de  la  parte  civil  sostuvo  que Seguros Generales Suramericana S. A. carecía de interés jurídico  para   recurrir   en  sede  del  extraordinario  recurso  de  casación,   pues,   según   su   criterio1, la  compañía      aseguradora      ni      siquiera  ostenta la calidad de sujeto procesal.   

La   Corte  no  comparte  dicha postura. En vigencia del Decreto 2700  de  1991 (código procesal anterior al de la Ley 600 de 2000 por el cual se rige  este  asunto),  la  Sala  estimaba  que al llamado en  garantía   “no  podía  vinculársele  por contrariar la naturaleza, dinámica  y  objetivos  propios del proceso penal”2.  De acuerdo  con esta Corporación:   

“[…]  la   prestación   reparadora   que  en  un  momento  determinado    le    pueda    ser    exigible    al    asegurador   –cuyo  ingreso como sujeto procesal en  el  proceso  penal  parece  no  tener  reparo  de  lege  ferenda por la doctrina  nacional–  no  dimana de  responsabilidad   directa   ni  indirecta,  única  posibilidad  de  aceptar  la  reclamación  indemnizatoria  como  ejercicio  de  la  acción  civil  activa  o pasiva dentro del proceso penal, pues las obligaciones  que  surgen  del  seguro  provienen  del negocio jurídico en virtud del cual la  aseguradora  ha  asumido  la  reparación prestando el equivalente pecuniario en  las  condiciones,  límites y modalidades señaladas en las distintas cláusulas  del contrato.   

”El contrato de  seguro,  por  consiguiente,  cumple  en  un  sentido  jurídico y económico una  función  reparadora  consistente  en que la compañía asume los riesgos cuando  se  presenta  el  evento  por  el valor convenido en la póliza correspondiente,  previo  al  pago  de  una  prima,  obligación  que es ajena a la que compete al  responsable  y  eventualmente  al  tercero  civil  dentro del proceso penal como  efecto  del  hecho  delictivo;  mientras que la responsabilidad del procesado es  directa  y  la  del  tercero  civil  es  colateral  o  indirecta  frente  a  las  consecuencias  patrimoniales  del  delito  por  la  producción  del  daño,  el  asegurador  de  ningún  modo  es  responsable de ese daño. Lo único que media  entre  éste  y  el  tercero civil, o el propio procesado, es una obligación de  naturaleza  contractual o legal, en relación con la cual no sería por tanto el  juez penal competente para pronunciarse.   

”Cobra  mayor  fuerza  esta  posición  si  se tiene en cuenta que el de seguros constituye por  esencia    un    contrato    comercial    de    garantía   complejo,  que crea una obligación condicional,  pero  no  de  responsabilidad,  lo  que de suyo excluye cualquier competencia en  cabeza   del   juez  penal  para  dilucidar  aspectos  inherentes  a  las  diferencias  que  se  puedan  presentar  relacionadas con la  vigencia   de   la  póliza,  el  aviso  del  siniestro,  la  reclamación,  las  objeciones,  las  exclusiones,  etc., máxime cuando como es sabido, dependiendo  de  la  posición  que asuma la aseguradora y las características propias de la  póliza,  por la vía civil la acción pertinente podría ejercerse a través de  un    proceso    ejecutivo    u    ordinario    según    el    caso”3.   

Esta  situación  varió por completo con la  entrada   en   rigor   del  estatuto   procesal   aún  vigente.   

En  efecto, el artículo 71 de la Ley 600 de  2000  contempla  que dentro  de    la   actuación   penal,   y   “en  ejercicio  de  la acción civil, podrá proponerse […]      el     llamamiento     en  garantía”.   

Lo  anterior  condujo a la Sala a  reconocer  que  la  aseguradora  (y,  en  general,  todo tercero  llamado  a  cubrir, en virtud de un contrato legal, la  obligación  de  indemnizar  que surgiere   de   la   realización   de   la   conducta  punible)  no  sólo podía intervenir en el sistema de la Ley 600 de 2000,  sino    que,   una   vez  vinculada  debidamente,  “debe garantizársele todos los derechos que tienen  los  sujetos  procesales,  en  procura  que el contradictorio se cumpla bajo los  parámetros    del   debido   proceso”4:   

“Desde   el  momento  en  que  la demanda es admitida y se hace el llamamiento en garantía a  petición  del  que tiene el derecho legal o contractual de hacerlo, el llamado,  a  partir  de  la notificación personal de su vinculación, adquiere las mismas  garantías   y   derechos   de   quienes   ostentan   la   calidad   de  sujetos  procesales.   

”Entre ellas,  cabe  mencionar  las de dar contestación a la demanda de constitución de parte  civil,  solicitar  y  controvertir  las pruebas, oponiéndose a las pretensiones  relativas  a  su  responsabilidad  e  incluso  a  la  obligación indemnizatoria  surgida  de  la  relación  legal  o  contractual,  ya  que lo perseguido con el  llamamiento   es   la  indemnización  de  los  perjuicios  ocasionados  por  el  asegurado  o tomador de la póliza de seguros, hasta  por el monto de su cobertura.   

”Luego,  independientemente  de  que el llamado en garantía no sea responsable del daño  causado  por  el  asegurado,  y  su  única  relación  con  éste  y el tercero  civilmente  responsable  surja  de  una  obligación  contractual  o  legal,  su  pretensión  al  encontrarse  vinculada  con la del llamante sin que por eso sea  coadyuvante,  constituye  motivo  suficiente para que su intervención provocada  en  el  proceso  penal  esté  rodeada de las mismas prerrogativas y derechos de  cualquiera   de   sus  intervinientes”5.   

El llamado en garantía, por lo tanto, puede  recurrir  en sede del extraordinario casación, en la medida en que su   demanda   se  ajuste  a  los  requisitos  señalados en la  ley.   

1.2.          Según   el   artículo  208  de  la  Ley  600  de  2000, si la  casación  sólo  tiene  como  objeto  lo  atinente  a  la  indemnización de  perjuicios,     deberá     fundarse    en    las    causales   y   la   cuantía   que   dispone   el  ordenamiento   procesal  civil, sin consideración a la pena señalada para el delito.   

El artículo 366  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  modificado por el artículo 1 de la Ley  592   de   2000,   establece   en   su     inciso     inicial     que    la    casación    civil    procede    “cuando   el   valor  actual  de  la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea  o  exceda  de cuatrocientos veinticinco (425) salarios mínimos  legales  men-suales  vigentes”. Y, en este caso, la  condena  por  concepto  de  perjuicios morales ascendió a 800 salarios mínimos  legales     mensuales    vigentes,    de  los  cuales la juez a quo declaró  que   Seguros  Generales  Suramericana   S.  A.  estaba  obligada  a  cancelar  600     salarios6.   

Igualmente, como la demanda se declaró ajustada  a  derecho,  la  Corte  tiene ahora la obligación de  resolver  de fondo los temas jurídicos planteados en  el  debate,  en  armonía  con  los  fines de buscar  la  eficacia  del  derecho  material,  respetar  las  garantías  de  quienes intervienen en la actuación,  unificar  la  jurisprudencia  y reparar los agravios  inferidos a los sujetos procesales.   

2.   De   la  demanda   

2.1. El problema  jurídico  que  subyace  en  los  dos  reproches  propuestos  por  el recurrente  consiste  en  analizar si  los  medios  probatorios practicados en ejercicio de la acción civil dentro del  proceso   penal   contra   FRANCISCO   ANTONIO   GONZÁLEZ   ARIZA  establecen  o  no  que la compañía     Seguros    Generales  Suramericana    S.   A.,   vinculada   a   la   actuación   como   llamada   en  garantía, estaba obligada, en virtud de un contrato  legal,   a   cubrir   la   indemnización  que  por  concepto   de   perjuicios   morales   impuso  las  instancias  tanto  al  sentenciado  como a la empresa  Coala S. A., en su calidad de tercero civilmente responsable.   

Para   ello,   sostuvo   el   demandante  que  en el proceso sólo  hay  prueba  relativa  a  (i)       una  póliza  entre  la  aseguradora  y  Javier  Agudelo  Cano, con vigencia hasta  el  1º  de  mayo de 2003;  (ii) la venta  el 27 de mayo siguiente del vehículo  de   placas   BXC-544,   instrumento   usado   para  realizar   el   delito,   a  la  empresa  Coala  S.  A.;   y   (iii)  la  ocurrencia del accidente de  tránsito  el  30  de mayo de dicho año,  es  decir,  cuando no había obligación alguna por parte de la  compañía  de  cubrir  la  indemnización  de  los daños causados al lesionado  Gonzalo Tamayo Rodríguez.   

El representante del Ministerio Público, a  su  vez,  manifestó que la omisión y la suposición  aducidas   por  el  profesional  del  derecho  eran  irrelevantes,  puesto que las instancias, de forma implícita, consideraron  que el automóvil siguió asegurado por Seguros Generales  Suramericana      S.      A.,      circunstancia     que     se     deriva,   principalmente,    de    la   renovación   de   la  póliza    0393111-5,   con   vigencia  desde el 1º de mayo de 2005 hasta el 1º de mayo de 2006, de la  cual   se   infiere  el  cubrimiento  (y,  por  eso  mismo,  la prórroga del contrato de seguro) para el  periodo  comprendido entre el 1º de mayo de 2003 y el 1º de mayo de 2004 (esto  es,  para  la  época de  comisión del resultado lesivo).   

La   Sala,   por   su   parte,   estima  que  si bien  el  censor  no  fue  muy  preciso al  formular  los  cargos, los  jueces   violaron   de   manera   indirecta  la  ley  sustancial  al  valorar la  prueba    relativa    al    tema    de  debate  que él planteó,  razón  por  la cual se configura la  causal  invocada  en  el  escrito  (numeral  1  del artículo 368 del Código de  Procedimiento  Civil: “error de hecho manifiesto en  la   apreciación   de  la  demanda,  de  su  contestación,  o  de  determinada  prueba”)  que,  en  la  práctica,  corresponde  a  la causal primera cuerpo  segundo  de  la  casación  penal  (numeral 1 del artículo 207 de la Ley 600 de  2000:     “error    de    hecho    […]    en   la   apreciación   de  determinada prueba”).   

Estas son las razones:  

2.1.1.  La  Corte  ha precisado que, cuando dentro  del proceso penal se constituye una  parte  civil  con el fin de obtener la reparación de  los      daños      derivados      del delito,  los  aspectos  atinentes  a la demostración tanto de  los   perjuicios   como   de   la   responsabilidad  del  tercero  (y     el    cubrimiento  de  la  indemni-zación por parte de  las  aseguradoras,  desde  luego)  tienen  que estar  sujetos  a  las  reglas  y  principios  del  derecho  privado:   

“[…]  el  Código  de  Procedimiento  Penal  consagra  el  carácter  preponderantemente  inquisitivo  de la investigación de los daños y  perjuicios  ocasionados  con  la  conducta  punible  cuando  la  víctima  o  el  perjudicado  no  se  han  constituido  en parte civil, al prever como uno de los  fines  de  la  instrucción  determinar los daños y perjuicios de orden moral y  material  causados  con  la  conducta  punible,  y  obligar  al  juez en caso de  demostración   de   la   existencia   de   perjuicios  provenientes  del  hecho  investigado,  a  liquidarlos  de  acuerdo  con  lo acreditado y a condenar en la  sentencia  al  responsable  de  los  daños  (artículos 331 y 56 del Código de  Procedimiento Penal)   

”Y   su  naturaleza  dispositiva  cuando  existe  parte  civil  constituida,  a la que le  corresponde  delimitar  el ámbito del debate y de la actuación del funcionario  judicial  determinando  en el libelo de demanda con precisión las pretensiones,  los  hechos  en  que  se  basan  y  los  fundamentos  jurídicos.  Es  decir, la  controversia  se circunscribirá al marco fáctico fijado en la demanda, sin que  ello  signifique  que  el  funcionario  judicial  no  puede ordenar de oficio la  práctica  de  pruebas  tendientes  a  verificar  si  en  efecto  los  daños  y  perjuicios  señalados  en  la  demanda efectivamente sucedieron y si los mismos  fueron  ocasionados  con  la  conducta  punible,  al  igual  que el monto de los  perjuicios”7.   

2.1.2.       Desde      esta       perspectiva       de       derecho      civil,  le  asiste  la razón al Procurador  Delegado    cuando    sostuvo    en   su   concepto  que   quien   llama   a   un   tercero  para  que  garantice  el  pago  de  una  indemnización    es    a   quien   le   incumbe  probar       la  existencia   del   deber   vinculante,   como   por  ejemplo, del    negocio    jurídico,  vigente  para  la  época   de  realización  de  la  conducta  punible,     entre  el     penal     o  civilmente  responsable y  la   persona   obligada  a        tal  cubrimiento.    Dicha  obligación  está  prevista  en el artículo 57 del  Código  de  Procedimiento  Civil  de  la  siguiente  manera:   

“Artículo  57-.   Llamamiento   en   garantía.   Quien  tenga derecho legal o contractual de exigir a un tercero la  indemnización  del  perjuicio  que  llegare  a  sufrir,  o  el rembolso total o  parcial  del  pago  que tuviere que hacer como resultado de la sentencia, podrá  pedir  la  citación  de  aquél, para que en el mismo proceso se resuelva sobre  tal relación”.   

2.1.3.  El  abogado  de  Gonzalo  Tamayo  Rodríguez,  reconocido  como parte civil en  este   proceso  penal8,      solicitó      la  vinculación   en  calidad  de  tercero  civilmente  responsable9   de   Javier   Agudelo   Cano,  persona  que  figuraba  como  propietario  del  campero de  placas                    BXC-54410.        Así    mismo,   pidió   llamar   en  garantía  a  la  empresa  Seguros  Generales  Suramericana  S.  A.,  aduciendo  que  ésta “suscribió  la  póliza No. 393111 que a la fecha del accidente se  encontraba    en    plena   vigencia”11.   

En sustento de tal afirmación, solicitó al  organismo  instructor oficiar a la compañía “para  que   le   envíen   copia   del  contrato  de  seguros  No.  393111”12.  De  igual manera, pidió  exhortarla  “para que certifique sobre la vigencia  de   la   póliza”13.   

Al  respecto,  es de anotar que Gonzalo Tamayo Rodríguez, en tanto  sujeto    pasivo    del    delito    de    lesiones  personales,  no  sólo tenía el derecho, predicable  en  todas  las víctimas, de obtener por esta vía la  reparación  del  daño,  es  decir,  de  solicitar  que  se garantizara el pago  efectivo   de   la   indemnización  mediante  la  intervención  de   la   compañía   que,      al      parecer,   había   suscrito   un   contrato   de  seguro  con  el  tercero  civil, sino      que      además  ostentaba la facultad jurídica  de  hacerlo,  tal  como se deriva de lo establecido en el  artículo  1133  del  Código  de Comercio, modificado por el artículo 87 de la  Ley 45 de 1990.   

Esto        último,   claro  está,  en  la  medida  en  que  la  víctima, en el  ejercicio   de   la   acción  civil,  cumpliere    con    la    carga   de  probar    tanto   la  responsabilidad  del tercero como la obligación por  parte de la aseguradora:   

“Artículo  1133-.  Acción  de los damnificados en el seguro de  responsabilidad.  En  el  seguro  de responsabilidad  civil  los  damnificados  tienen  acción  directa  contra  el  asegurador. Para  acreditar  su  derecho  ante  el asegurador de acuerdo con el artículo 1077, la  víctima  en ejercicio de la acción directa podrá en un solo proceso demostrar  la   responsabilidad   del   asegurado   y   demandar   la   indemnización  del  asegurador”.   

En           este      caso,      la  Fiscalía dispuso, “[a]ntes   de   proceder   a   dar   trámite   al  llamamiento  en  garantía”14,       oficiar      a  Seguros   Gene-rales   Suramericana   S.   A.   con  el  fin  de  “enviar a  este    despacho    fotocopia   auténtica   del   contrato   de   seguros   No.  393111”15;   así   mismo,   “informar  si  se  encuentra   vigente   esta   póliza”16.   

Para  ese  momento  procesal,  el  único  elemento  de  convicción que relacionaba  a  la  aseguradora  con  la  producción  del  daño  ocurrido el 30 de mayo de 2093 era la  copia,   obrante   en   el   expediente17,  del  carné  de  asegurado  de  la  póliza    0393111,    atinente    al   vehículo   de  placas  BXC-544  a  nombre  de  Javier  Agudelo  Cano, con vigencia de 1º  del  mayo  de 2002 al 1º  de  mayo de 2003, y con un  límite  de  suma asegurada de 18.500 salarios mínimos legales diarios vigentes  (es  decir,  616,66  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes) en caso de  muerte o lesiones personales.   

Seguros   Generales   Suramericana   S.  A.,  en  respuesta  a  la  solicitud de la Fiscalía  Local  Once, aportó al expediente copia de la renovación de la póliza número  0393111-518,  en la que aparecía en calidad de tomador Fomente y Cementos El  Cairo  y  como periodo de vigencia del movimiento del 1º de mayo de 2005 al 1º  de  mayo  de  2006.  Así mismo, anexó copia de las  llamadas    condiciones   generales   del   seguro   de   automóvil19.   En  ninguno  de esos documentos se hacía referencia alguna a la identificación del  vehículo  asegurado  ni  a  la  forma  (automática  o consensuada) como podía  prorrogarse la póliza.   

Con  base  en  estos  medios  de  prueba,  y  en  particular  en  el hecho de que había prueba  relativa  a la “póliza de seguro de automóvil con  vigencia  de  01-05-02  a  01-05-03  al  momento  de  ocurrencia del accidente y  renovada   de   01-05-05  a  01-05-06”20,   el  instructor   accedió   al   llamamiento   en  garantía  de  la  compañía  de  seguros.   

En el fallo de primera instancia, el Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  de  Cartagena,  después  de establecer el valor de la  indemnización  en  800  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, dispuso,  sin  mayor  justificación,  que  la  aseguradora debía cancelar la suma de 600  salarios                  mínimos21. De ello se colige que las  razones  para  dicha  decisión  eran  las  mismas  que motivaron a la Fiscalía  a admitir el llamado en garantía.   

Por  último,  en  la  sentencia de segundo  grado,  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cartagena, tras manifestar que  “la    póliza    No.    0393115    [sic]  de  mayo de 2003 a mayo de 2004  […]  hasta la fecha no  ha   sido  aportada”22,     y     que     obraba   una  “póliza  de  seguro  de  automotores  y recibo de  prima  […] del vehículo  de   placas  BXC-544,  de  fecha  01-may-2005    hasta    01-may-2006”23,     agregó   que  “no    se    ha    actuado    de    [sic]  con  lealtad  por  parte  de la  aseguradora  al ocultar este documento”24.  Por lo  tanto,      concluyó     que     “sí  existe  dicha póliza y lo único que la aseguradora pretende  es  que  la  exoneren  de  toda responsa-bilidad   al   pago   de   perjuicios   morales   causados   a  la  víctima”25.   

2.1.4.    A   partir   de   la    reseña    anterior,   fácil   es   desentrañar  que  la  parte  civil  incumplió la  carga  de demostrar la existencia de un contrato de seguro vigente para la fecha  de  los  hechos  entre  la  compañía aseguradora y  la  persona  llamada  a  responder civil-mente   por   el   daño     ocasionado     con    las    lesiones    culposas.   

Según  el  artículo  1046  del Código de  Comercio,  modificado  por  el  artículo  3  de la Ley 389 de 1997,   “[e]l   contrato  de  seguro  se  probará        por       escrito       o       por       confesión”.   

Para  la  Sala Civil de la Corte Suprema de  Justicia,   la  aludida  disposición  consagra  una  tarifa  legal,  es  decir,  “una  de  las excepciones al principio general del  derecho  probatorio  por  el  cual las partes pueden acudir a cualquier medio de  convicción   lícito   para   comprobar   los  hechos  cuya  verificación  les  intere-sa”26.   De   ahí  que  cuando la prueba es de índole documental, no siempre ni en  todos  los casos es necesario aportar la póliza al proceso, pero sí un escrito  o   escritos   a   partir   de   los   cuales   pueda  predicarse  el  acuerdo de voluntades y elementos  como  “quiénes  son  los  sujetos   contratantes,  el  objeto,  la  cobertura,  la  vigencia  y  la  prima  pactada”27. En efecto:   

“[…]        considera    la    Corte    que    la   nueva   ley   [la  398  de  1997],  en su empeño de  eliminar   la  exigencia  de  la  póliza  como  requisito  formal  ad   solemnitatem  necesario  para  la  constitución   del   contrato   de  seguro,  no  quiso  tampoco  generar,  como  consecuencia  del  carácter  consensual del mismo, márgenes de inseguridad, ni  menos  servir  de simiente a interminables litigios, y optó entonces por exigir  un     formalismo    ad    probationem,  como  es  la presencia de un escrito que aunque no repercute en  el  perfeccionamiento  del mismo, sí incide en la manera como debe demostrarse,  al  cual  agregó  también la posibilidad de la prueba de confesión, ampliando  en esa medida el régimen legal anterior.   

”El  escrito  bien  puede  ser  denominado  póliza,  cuyo  original incluso está obligado el  asegurador   a  entregar  al  tomador,  ‘con     fines     exclusivamente  probatorios’,  como lo  señala  el  mismo  artículo  1046  [del Código de  Comercio],  y  que permita constatar, como apenas es  natural,  quiénes  son  los  sujetos  contratantes, el objeto, la cobertura, la  vigencia y la prima pactada, entre los más connotados.   

”Es  decir,  ante  la falta de póliza, que es el documento que corresponde expedir con fines  probatorios,  basta  un  escrito que sea bastante para deducir la existencia del  contrato    de    seguros    en    los    términos   indicados;   o,  en ausencia del escrito, que se dé  la   confesión  que  sirva  de  apoyo  para  establecerlo  en  sus  componentes  esenciales”28.   

Adicionalmente,  el numeral 2 del artículo  1048   del   Código   de  Comercio  dice  que  los  “anexos  que  se emitan para adicionar, modificar,  suspender,  renovar  o  revocar  la póliza” harán  parte   de   la  misma.  Y  el  artículo  1049  del  referido      estatuto     prescribe  que dichos anexos “deberán indicar  la  identidad precisa de la póliza a que acceden”.  En   palabras   de   la   Sala   Civil,  los  anexos  “deben  señalar  de  manera precisa los datos que  inequívoca-mente  revelen la identidad de la póliza a que adhieren”29:   

“El art. 1048  del  Código  de  Comercio  señala  que  la  solicitud de seguro firmada por el  tomador  y  los  anexos  que  se  emitan  para  adicionar, modificar, suspender,  renovar  o  revocar  la  póliza hacen parte de ésta. Los anexos, como su mismo  nombre  lo  indica,  son  documentos  llamados  a  integrarse  a la póliza como  documento  maestro  y  formar  un  todo  con  ella. Son documentos adicionales y  accesorios  contentivos  y  exteriorizantes  de una o varias declara-ciones  de  voluntad,  tendientes  a  modificar  el contenido del contrato de seguro y por ende la relación jurídica  establecida  anteriormente,  bien  adicionándolo,  modificándolo, suspendiendo-lo,   renovándolo    o   revocándolo.   

”Los anexos,  por  expreso  mandato  legislativo  (art.  1049  del  Código   de  Comercio),  deben  señalar  de  manera  precisa  los  datos que inequívocamente revelen la  identidad  de  la  póliza  a  que adhieren, ya que al ser documentos accesorios  destinados  a formar parte de la póliza del seguro, necesariamente requieren el  cabal  establecimiento  del  documento al cual se integran. Esta identificación  generalmente  se  hace  con  el  señalamiento del número asignado a la póliza  junto  con  la designación del nombre conferido al documento instrumentador del  contrato    y    junto    con    los    nombres    de   tomador,   asegurado   y  beneficiario”30.   

2.1.5.  El  ad  quem  incurrió  en un error de hecho derivado de falsos juicios de identidad al  valorar  el  contenido  de la prueba documental relacionada con los documentos a  partir  de  los  cuales  infirió  la  existencia  de  un  contrato de seguro de  auto-móvil   vigente  entre  Javier  Agudelo  Cano  y  Seguros  Generales  Suramericana S. A. para el 30 de mayo de 2003.   

En   efecto,   como  ya  se  reseñó  en  precedencia  (2.1.4),  el  juez de segundo grado implícitamente consideró, por  un  lado,  que el anexo de renovación que la aseguradora debía aportar (y que,  en  su  criterio,  por un proceder desleal no lo hizo) era el de “la  póliza No. 0393115 de mayo de 2003 a mayo de 2004”31.      Pero  lo único que obraba en el expediente  era  un  carné  que  hacía  mención  a la póliza  número              039311, vigente desde el 1º de mayo de 2002  al      1º      de      mayo      de      200332;  y, al mismo tiempo, una renovación de la póliza 0393111-5 para  el periodo entre 1º de mayo de 2005 y 1º de mayo de 2006.   

Igualmente,  estimó  que  la  póliza  que aludía al periodo de renovación “de     fecha     01-may-2005     hasta     01-may-2006”33 era la del “vehículo      automotor     de     placas     BXC-544”34.   

La parte civil tenía la carga de demostrar  la  existencia de un contrato de seguro entre Seguros  Generales  Suramericana  S.  A. y Javier Agudelo Cano  (la  persona  que  al momento del llamado en garantía era la que figuraba en el  proceso   como   propietaria   del   vehículo   de   placas   BXC-544).  Debía probar a su vez que dicho contrato estaba   operando   para   el   30   de   mayo  de  2003,  fecha  en  la  cual  el  procesado, como  conductor   del  señalado  automóvil,      produjo      las      lesiones     a     la     víctima.   

Para  ello, entonces, tenía que establecer  el  valor de verdad de la aserción fáctica concerniente a la renovación de la  póliza  número  0393111  (no  la  0393115,  ni  la  0393111-5);   y   que   ésta   no  sólo  vinculaba  a  Javier  Agudelo  Cano  como  asegurado  y  a la  compañía   como   aseguradora   en   relación   con   el  campero  de  placas  BXC-544, sino que además  su   vigencia   abarcaba   el  día  de  ocurrencia  de  los  hechos.   

Las instancias consideraron satisfecha dicha  obligación  proce-sal  careciendo  de fundamentos racionales al respecto. No es  posible  advertir concordancias esenciales entre la prueba relativa a la póliza  0393111,  con  vigencia  hasta   el   1º   de   mayo   de  2003,   y  la  póliza  0393111-5  que  fue  aportada a la actuación procesal.   

En primer lugar, el número 0393111 no es el  mismo  número  de  póliza  que  0393111-5.  En  segundo lugar, en el documento  allegado  por Seguros Generales Suramericana S. A. no figura el automotor objeto  del   contrato   de   seguro.   En   tercer  lugar,  no  aparece el nombre del  asegurado,   ni  por  contera  es  posible  predicar  conexión  alguna  entre Javier Agudelo Cano (quien era el que en tal condición  obraba  en la copia del carné) y Fomente y Cementos El Cairo (persona jurídica  aducida    como    tomador    del    seguro    en    el    supuesto   anexo   de  renovación).   

Por consiguiente, como el segundo documento  no  revela con claridad los datos que permitirían deducir razonablemente que se  estaba   adhiriendo   al   contrato   de   seguro   del   vehículo   de  placas  BXC-544     que    tenía    vigencia  hasta  el  1º  de mayo de 2003, no se puede afirmar en el grado  jurídico   de   certeza   que  la  obligación  contractual  debía  entenderse  prorrogada   para   el  30  de  mayo  de  ese  mismo  año.   

La   lectura  equivocada  por  parte de las instancias  de  los refe-ridos medios probatorios  es evidente.   

2.1.6.  Como si  lo    anterior    fuese    poco,   las   instancias  además  cercenaron  de  la valoración de la prueba  documental   el   conte-nido   de   las  condiciones  generales  del  seguro  de  automóviles,  promovida  por Seguros Generales Suramericana S. A., a las cuales  deben  adherirse los asegurados, y que fue allegada a la actuación junto con la  póliza                  0393111-535.   

En  efecto,  ha  enfatizado   la  jurisprudencia  de  la  Sala  Civil que las condiciones generales del contrato de seguro  de               automóvi-les   son   comunes   a   todas   las  negociaciones del mismo tipo que realiza la compañía aseguradora:   

“Las  condiciones  generales  de  contratación, denominadas comúnmente condiciones o  cláusulas  generales del negocio o del contrato, son la columna vertebral de la  relación  asegurativa y junto con las condiciones o cláusulas particulares del  contrato  de seguros conforman el contenido de este negocio jurídico, o sea, el  conjunto  de  disposiciones que integran y regulan la relación. Esas cláusulas  generales,  como su propio nombre lo indica, están llamadas a aplicarse a todos  los  contratos  de un mismo tipo otorgados por el mismo asegurador o aun por las  aseguradoras  del  mismo  mercado  y  están  destinadas a delimitar,   de  una  parte,  la  extensión  del  riesgo  asumido  por  el  asegurador  de  tal  modo  que  guarde  la  debida  equivalencia  con  la tarifa  aplicable  al  respectivo  seguro y, de otra, a regular las relaciones entre las  partes  vinculadas  al  contrato,  definir la oportunidad y modo de ejercicio de  los   derechos   y   observancia  de  las  obligaciones  o  cargas  que  de  él  dimanan”36.   

De  esta  manera,  una  de  las condiciones  relativas  a  la  póliza 0393111-5  consiste en prever que la enajenación  del   vehículo   produce   la   terminación   en   forma  automática  de  las  obligacio-nes  contractuales:   

“La  enajenación   del   vehículo   automotor   producirá  automática-mente  la  extinción del contrato de  seguro,   salvo   que   subsiste   algún   interés  asegurable  para  el  asegurado, caso en el cual el contrato continuará vigente  en  la  medida necesaria para proteger tal interés, siempre y cuando se informe  de  esta  circunstancia a la Suramericana,  dentro  de  los  diez  (10)  días  siguientes a la fecha de la  enajenación”37.   

Dada  su calidad de cláusula general, esta  disposición  también  es  predicable  a  todos  los  contrato  de  seguros  de  automóviles  del mismo tipo suscritos por Seguros Generales Suramericana S. A.,  incluido  aquel  en  el  cual  el  asegurado  se  trataba de Javier Agudelo Cano  y  cuya vigencia expiraba  el 1º de mayo de 2003.   

Si  esto  es  así,  como  en efecto lo es,  adquiere  relevancia  la  prueba que a modo de falso  juicio  de  existencia  por  omisión  propuso  el  demandante, es decir, la que  demuestra  que  la  propiedad  del  vehículo  de placas BXC-544 fue transferida  antes  del  30  de  mayo  de  2003 por parte de Javier Agudelo Cano a la empresa  Coala  S.  A.,  de  la  cual  el  primero era su representante legal38.   

En el expediente obra copia de la tarjeta de  propiedad  del  vehículo  campero  marca  Mitsubishi,  de  placas  BXC-544,  a  nombre  de  Coala S. A., con fecha de expedición 28 de mayo de 200339.  Así  mismo,  figura  copia  del  historial de traspasos del automóvil, emanado de la  Dirección  de  Transportes  y  Tránsito  de  la  Secretaría  de  Hacienda del  Departamento  de  Antioquia,  en  la  que se advierte un traspaso de propiedad a  favor  de dicha empresa el 27 de mayo de dicho año40.   

Estos  escritos fueron aportados al proceso  por  la  apoderada  de  Javier  Agudelo  Cano,  en  ejercicio  de  su derecho de  contra-dicción  como tercero civilmente responsable, circunstancia que suscitó  la  desvinculación  de  la  referida  persona  dentro de la acción contra ella  adelantada.   

En este orden de ideas, aun en el evento de  concluir  que  la  vigencia  de la póliza 039311 fue  prorrogada  para el periodo comprendido entre el 1º de mayo de 2003 y el 1º de  mayo  de 2004, la enajenación del campero el 27 de mayo de 2003 produjo en todo  caso  la  terminación  automática  del  contrato  de  seguro, y como tal de la  obligación  contractual  por  parte  de Seguros Generales Suramericana S. A. de  pagar  la  indemni-zación  por  el  siniestro  del  30 de mayo siguiente, en la  medida  en  que  tampoco  se  tiene  noticia  de que subsistiera algún interés  asegurable  para  Javier  Agudelo  Cano,  ni  que  éste  dio  información a la  compañía dentro de los diez días siguientes al traspaso.   

2.1.7.  Añádase  a  lo  hasta  ahora  analizado  que,  al  contrario  de  lo  sostenido  por  el  ad  quem,  la Sala no encuentra de manera  certera  un  proceder desleal o de mala fe por parte de la aseguradora a la hora  de   cumplir   con   lo   solicitado  por  la  Fisca-lía  Local  Once  respecto  de  la  prueba  de  una  póliza vigente.   

Según la funcionaria de segunda instancia,  hubo  “reiterados  oficios enviados por el juzgado  de  origen  en  el que solicitan a la aseguradora aportar la póliza No. 0393115  [sic]  de mayo de 2003 a  mayo  de 2004”. Dicha afirmación es contraria a la  realidad  del  proceso.  En  primer lugar, la Sala no  encuentra  oficio  alguno emanado del despacho a quo en el cual se le solicitara  a la aseguradora el envío del anexo de renovación.   

En segundo lugar, la única solicitud que en  este  sentido  figura en el expediente es, como ya se  aludió,  el  oficio  por parte de la Fiscalía Local Once, de fecha 13 de julio  de   2005,  en  el  cual  se  le  solicitó  a  la  aseguradora  “enviar  a  este  despacho  foto-copia  auténtica  del contrato de  seguros  No.  393111”41     e,     igual-mente,  “informar   si   se   encuentra   vigente   esta  póliza”42.   

La   respuesta   de   Seguros   Generales  Suramericana  S.  A.,  como  se  conoce, fue la póliza 0393111-5, en la cual no  están     los     datos     suficientes     para  concluir  que  obedecía  al  mismo  vehículo  del  accidente  ni  a  las  personas  involucradas  en  la  acción civil.  Pero  estas  deficiencias no pueden ser achacadas del todo a la  compañía,  ni tampoco concluir a partir de ellas que definitivamente se trató  de una actuación desleal o contra-ria a derecho.   

Y,  en  tercer  lugar,   todo   habría  podido  subsanarse si se le hubiera solicitado a Javier Agudelo Cano el original  de    la   póliza   que   por   mandato   normativo   (artículo   1046    inciso    2º    del   Código   de   Comercio)    debía   entregarles  Seguros Generales Suramericana S. A.  a todos sus asegurados.   

La  ausencia de prueba, por lo tanto, no le  es  imputable  a la compañía aseguradora, sino a la poca gestión por parte de  las autoridades y del sujeto procesal interesado.   

2.1.8.  De hecho, de los trámites seguidos con las personas  implicadas    en    la    acción    de    derecho  privado  adelantada  por  la  víctima,  es  viable  colegir  que  incluso  el apoderado de la parte civil debía conocer que Seguros  Generales  Suramericana  S. A. no tenía vínculo legal o contractual alguno que  lo  obligara  a  cubrir  el pago de la indemnización por concepto de perjuicios  morales.   

Ello      obedeció     al     trámite  irregular  llevado  a  cabo  por  la Fiscalía Local  Once.  La solicitud de vinculación de Javier Agudelo Cano en calidad de tercero  civilmente   responsable   la   presentó   el   apoderado  el  4  de  julio  de  200343.   El   organismo   instructor  accedió  a  dicha  petición  en  resolución    de    8    de    julio   de   200544,  es  decir,  más  de dos  años después.   

La contestación por parte de la abogada del  tercero,  junto  con los documentos que probaban la transferencia del vehículo,  fue   allegada   el   1º  de  noviembre  de  200545.   

La  solicitud de vinculación de la empresa  Coala  S.  A.  como  tercero  civil  se  dio  el  12 de mayo de 200646.   La  providencia  de la Fiscalía Once que ordenaba revocar la vinculación de Javier  Agudelo  Cano  y,  al mismo tiempo, acceder a la de Coala S. A. fue proferida el  15        de        mayo        de       200647.   

Lo pertinente al llamado en garantía de la  aseguradora  fue allegado  el      29      de      julio      de      200348, es decir, cuando la parte  civil  sólo  había  pedido la vinculación de Javier Agudelo Cano como tercero  responsable.  Y  la  respuesta  del  funcionario  instructor,  en  el sentido de  admitir  dicho  llamamiento,  tuvo  lugar  el  7  de  diciembre             de            200649,  esto  es,  cuando  ya se  tenía  conocimiento  de  que  el  propietario  del vehículo para la época del  comporta-miento  no  era  la  persona  natural  sino la persona jurídica que la  primera representaba.   

Posteriormente,  en la etapa del juicio, la  parte  civil  le  solicitó  al  Juzgado  Cuarto Penal Municipal de Cartagena el  llamado  en  garantía  de  la empresa Royal Sunalliance, debido a la póliza de  seguro   “21902  Top  Drive”50  que  suscribió con Coala  S.     A.    el    6    de    mayo    de    200351.   

En decisión de  13  de  junio  de  2008, el a quo resolvió    dicho   pedimento   de   manera  negativa, tras considerar  que          era          extem-poráneo  y  que  ya  obraba  Seguros  Generales    Suramericana    S.    A.    como    garante   del   pago   de   los  perjuicios52.   

Esta reseña procesal le reafirma a la Sala  que  la  compañía  de  seguros,  conforme  a  las  circunstancias  particulares  del caso, no podía ser llamada a la actuación ni  tampoco condenada a pagar, en todo o en parte, la indemnización.   

2.1.9.  En  este  orden de ideas,  no   es   necesario   abordar,   como  lo  hizo  el  representante   del   Ministerio   Público,  si  la  asegurado-ra cumplió con  la  carga  de  demostrar  la  inexistencia,  el  cumpli-miento  o la ausencia de  prórroga de la obligación contractual.   

Es  de  precisar, sin embargo, que no todos  los  contratos de seguro se renuevan automáticamente una vez vence el térmi-no  de  vigencia  señalado  en la norma. Todo depende de la voluntad de los sujetos  contratantes  y,        en  especial,   de   las  cláusulas  que al respecto obren en las condiciones,  bien   sean   generales  o  particulares, del contrato.   

De    esta  forma,  si  las  partes  pactaron que la    oferta    de   renova-ción  de  la  póliza debe efectuarse antes del vencimiento del  término    de   vigencia   de   ésta,   el   asegurado  no  tendría  derecho  al  cubrimiento  de  la  aseguradora  si se presenta un siniestro después del aludido plazo, a menos que  no  se  haya  agotado  el  previsto para aceptar o no la renovación.   

Y si los sujetos contratantes convinieron en  que  la  prórroga es automática, el asegurado tiene un plazo de un mes contado  a  partir  de la entrega del anexo de renovación para cancelar la prima, según  se   desprende   del   artículo   1066   del  Código  de  Comercio,  o  incluso  de un término más largo, si así lo deciden en el  convenio.          Pero         cuando  hay  mora  en  el  pago  de la  prima (esto es, cuando vence el plazo previsto en la  norma   o   en   el   acuerdo),  se  producirá  la  terminación automática del contrato.   

En  la  doctrina  nacional  se han abordado estas eventualidades de la  siguiente manera:   

“[…]  para  la expedición de las pólizas de seguro en la  inmensa  mayoría  de  los  casos,  las  aseguradoras  utilizan  actualmente  el  computador,  el  cual  se encuentra programado de manera tal que, conforme a los  plazos  de  vencimiento  de los contratos, emite las renovaciones de éstos, sin  que  medie  la petición del tomador o asegurado, que se envían a la dirección  conocida  o  se entregan a los intermediarios de seguros para hacerlos llegar al  interesado.   

”Cuando  el  tomador  o  asegurado  recibe  el  documento y procede a realizar su pago, está  aceptando  la  propuesta  que  le  hace  la  empresa  y la renovación opera sin  inconvenientes de ninguna índole.   

”El problema  se  presenta  cuando  el  tomador  o  asegurado  nada manifiesta y la empresa de  seguros,  luego del plazo del mes [artículo 1068 del  Código  de Comercio] o del especial que pudo otorgar  en  la renovación para el pago de la prima, no ha recibido respuesta alguna del  tomador.   

”Estimo que en  esta  hipótesis no se ha perfeccionado el contrato y que, por ello, no se tiene  derecho  a  cobrar  prima  alguna,  es  decir,  que  no  puede hablarse de prima  devengada  por el lapso amparado, por tratarse de una oferta no aceptada, ya que  esta   es   la   naturaleza   jurídica  que  asignamos  a  una  renovación  no  solicitada.   

”Ahora bien,  si  durante  la  renovación  aún no aceptada se produce un siniestro, creo que  hay  lugar  a  cubrirlo,  pues  las  características de la oferta (no otra cosa  viene  a  ser  el  documento  de  renovación  mientras  no  se acepte expresa o  tácitamente)  no  limitan  el  momento de la aceptación de aquella y obligan a  quien lo hace.   

”Por  consiguiente,  si  el  tomador  o  asegurado  manifiesta que está de acuerdo en  contratar,  se retrotraen los efectos del seguro a la iniciación de la vigencia  de  la  renovación,  se  causa  la  prima  y  hay  lugar a reclamar el pago del  siniestro;  solución  que,  además, se ajusta a la  práctica  cotidiana,  ya  que  por  la  modalidad  que  ha  impuesto  el uso de  computadores  en  el mercado de seguros, se tiene que el asegurado podrá alegar  con  muy  buen  fundamento  que él aceptó el contrato, que no había pagado la  prima  por  estar aún dentro de la oportunidad para hacerlo, pero que esa no es  circunstancia  que  justifique  suprimir el amparo en razón de que no operó la  cancelación unilateral del contrato.   

”Es necesario  analizar  otra  arista que presenta la práctica de las renovaciones y es lo que  tiene  que  ver  con cláusula del contrato donde se advierte que en caso de que  las  partes  antes  del  vencimiento  del  término  estipulado  nada  digan, se  entiende  que  opera la renovación del contrato, hipótesis en la cual, bien se  observa,  que  nos  hallamos en situación diferente a la atrás analizada, pues  se  ha  previsto  de  antemano,  de  manera que si nada se dijo, al expedirse la  misma,  no  podía  hablarse  de  una  oferta  de  contrato.  Estimo que en esta  hipótesis  viene  a  operar  la regla general del plazo para pagar la prima, de  manera  tal  que  si  vence  y  no  se ha cancelado el correspondiente valor, el  contrato   terminará  automáticamente  tal  como  ya  se  explicó”53.   

En  este caso, las condiciones generales de  los  contratos  de  seguros  automovilísticos  aportadas  por Seguros Generales  Suramericana  S.  A.  nada  establecen  acerca del método de renovación de las  pólizas.  De ahí se infiere que deben obrar en las condiciones particulares de  cada  negocio,  y  para  este evento, en las de la póliza del campero de placas  BXC-544  con  vigencia  hasta  el  1º  de mayo de 2003, que no figuran en estas  diligencias.  Por  lo tanto, es imposible conocer si  para  el  30  de  mayo  de dicho año (día en que ocurrió el accidente) estaba  corriendo  o  no  un término para efectos de la prórroga, ya sea consensuada o  automática, del contrato.   

De cualquier manera, la Sala reitera que aun  en  el  evento de que hubiera operado cualquier clase  de  renovación  de la póliza sobre el vehículo de  placas  BXC-544, la enajenación del mismo por parte de Javier Agudelo Cano a la  empresa  Coala  S. A. producía el 27 de mayo de 2003  (es  decir,  días  antes del accidente),     llevaba,    conforme    a    la  condiciones     generales    de    los    seguros  automovilísticos  suscritos por la compañía, a la  terminación,  asimismo  automática,  del contrato,  tal como se explicó en precedencia (2.1.7).   

2.2. En  consecuencia, la Sala casará de manera parcial el fallo emitido  por  el  juez de segundo grado, en el sentido de revocar la decisión, proferida  en  el  fallo de primera instancia y confirmado por el ad quem, de condenar a la  compañía  Seguros  Generales  Suramericana  S.  A.  al  pago  por  concepto de  perjuicios  morales  derivados  de  la  ejecución  del  delito  de lesiones  personales culposas del cual fue  víctima Gonzalo Tamayo Rodríguez.   

Así  mismo,  aclarará  que, a raíz de esta  decisión,  la  condena  por  concepto  de  daños  morales,  que asciende a 800  salarios  mínimos  legales mensuales como ya se indicó, deberá ser asumida en  forma  solidaria  tanto  por  FRANCISCO  ANTONIO GONZÁLEZ ARIZA como la empresa  Coala  S.  A., sin perjui-cio de que los interesados busquen en la jurisdicción  civil,  si  es del caso, que las empresas con las cuales haya contrato de seguro  para  la  época  del  siniestro garanticen el cubri-miento de la indemnización  hasta por el monto pactado.   

Por  último,  precisará  que  los  fallos  permanecerán  incólumes  en  los  demás  aspectos  que  no  fueron  objeto de  modificación.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTI-CIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1. CASAR parcialmente  la   sentencia   proferida   por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Cartagena.   

2.  En virtud de lo  anterior,  REVOCAR la condena  a  Seguros  Generales  Suramericana  S.  A.  por  concepto de perjuicios morales  derivados  de  la  ejecución  de  la  conducta  punible  cometida por FRANCISCO  ANTONIO  GONZÁLEZ  ARIZA  en  contra  de  la  integridad  física del lesionado  Gonzalo Tamayo Rodríguez.   

3.  ACLARAR  que la  condena  por  concepto  de perjuicios morales derivados de la realización de la  conducta  punible,  que  asciende  a  los  ochocientos  (800)  salarios mínimos  lega-les  mensuales  vigentes,  deberá  ser  asumida por el procesado FRANCISCO  ANTONIO  GONZÁLEZ  ARIZA  y  el  tercero civil-mente responsable Coala S. A. de  manera  solidaria,  sin  perjuicio de las acciones legales a que haya lugar para  que    a    aquéllos    se    les    garantice    el    cubrimiento    de    la  indemnización.   

4.  PRECISAR  que el  fallo  permanecerá incólume en todos los demás aspectos que no fueron materia  de variación.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,       cúmplase  y  devuélvase  al juzgado de  origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO           JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                     

      

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Bogotá, D. C., treinta (30) de enero de dos  mil trece (2013).   

A la fecha, esta Sala casó parcialmente la  demanda  de casación interpuesta por el apoderado de  Seguros  Generales  Suramericana S.A. contra la sentencia emitida por el juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Cartagena,  mediante  la  cual  confirmó  la  decisión  que  en  virtud  del  llamado en garantía a esa empresa profirió el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  de  la  Señalada  ciudad,  tras  condenar  a  FRANCISCO  ANTONIO GONZÁLEZ ARIZA como autor responsable de la conducta punible  de  lesiones  personales  culposas. Sin embargo por un “lapsus calami” en la  providencia      se      hizo      alusión     al     apellido     ARIZA,           correspondiendo    en   realidad   a  FRANCISCO    ANTONIO    GOZÁLEZ   MEZA.  Por  lo  tanto,  téngase en cuenta  Secretaría    la    presente    aclaración   al   momento   de   tramitar   lo  propio.   

Cúmplase,  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folios 41-43 del cuaderno de segunda instancia.   

2 Sentencia de 2 de mayo de 2002, radicación 15410.   

3  Sentencia  de  16  de diciembre de 1998, radicación 10589. En el  mismo  sentido,  fallos  de  20  de  octubre  de  1999,  radicación 13690, 6 de  septiembre  de  2000, radicación 14618, y 2 de mayo de 2002, radicación 15410,  entre otras.   

4 Sentencia de 27 de junio de 2007, radicación 26792.   

5    Sentencia    de    10   de   octubre   de   2012,   radicación  38303.   

6  Folios 308 y 309 de la actuación principal.   

7 Auto de 12 de noviembre de 2003, radicación 19044.   

8 Folio  4 del cuaderno de la parte civil.   

9  Folios 2-3 del cuaderno del tercero civil.   

10 Folio 9 de la actuación principal.   

11  Folio 46 ibídem.   

12  Ibídem.   

13  Folio 47 ibídem.   

14 Folio 9 del cuaderno del tercero civil.   

15  Ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Folio 10 de la actuación principal.   

18 Folio 118 ibídem.   

19  Folios 119-126 ibídem.   

20  Folio 96 del cuaderno del tercero civil.   

21 Folio 308 de la actuación principal.   

22  Folio 11 del cuaderno de segunda instancia.   

23  Folio 6 ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Ibídem.   

26  Sala  de  Casación  Civil, sentencia de 16 de noviembre de 2005,  radicación 09539-01 (SC-282-2005).   

27  Ibídem.   

28 Ibídem.   

29  Sentencia de 2 de mayo de 2000, radicación 6291 (S-044-2000).   

30 Ibídem.   

31 Folio 11 del cuaderno de segunda instancia.   

32  Folio 10 de la actuación principal.   

33  Folio 6 ibídem.   

34  Ibídem.   

35 Folios 119-126 ibídem.   

36   Sentencia   de   2   de   mayo   de   2000,   radicación   6291  (S-044-2000).   

37  Reverso  del  folio  126  de  la  actuación  principal.  Es de anotar que dicha  cláusula  general  es,  en la práctica, una paráfrasis del artículo 1107 del  Código  de  Comercio,  norma  aplicable  como principio común a los seguros de  daños.   

38 Folio 56 del cuaderno del tercero civil.   

39  Folio 45 ibídem.   

40  Folio 50 ibídem.   

41 Folio 10 del cuaderno del tercero civil.   

42  Ibídem.   

43 Reverso del folio 3 ibídem.   

44  Folio 4 ibídem.   

45  Folio 44 ibídem.   

46 Folio 52 ibídem.   

47  Folio 59 ibídem.   

48  Folio 46 de la actuación principal.   

49  Folio 96 ibídem.   

50  Folio 109 del cuaderno de la parte civil.   

51  Ibídem.   

52 Folio 164 del cuaderno del tercero civil.   

53      López      Blanco,      Hernán      Fabio,     Comentarios  al  contrato  de  seguros,  Dupre Editores, Bogotá, 2010, pp. 104-105.     

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