35569(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35569  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 78  

Bogotá  D.C.,  nueve  de  marzo  de  dos mil  once.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  propuesta  por  el  defensor  de  Luis  Adriano  Arbeláez  Gómez, contra la  sentencia  del  17  de  agosto  de  2010  con  la  cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cali,  confirmó la emitida por el Juzgado 2º Penal del  Circuito  de Descongestión, en virtud de la cual lo condenó por los delitos de  falsead  material  de  particular  en  documento  público  agravada por el uso,  estafa  agravada y fraude procesal, a la pena de 50 meses de prisión y multa de  $1500.   

HECHOS  

El  Juez de primera instancia los resumió de  la siguiente manera:   

“Se  inicia  la  presente  investigación con la denuncia instaurada el día 27 de junio de 2002,  por  parte  de  la  señora  Nohemy  Giraldo  Losada,  por medio de la cual da a  conocer  que  el  señor Luis Adriano Arbeláez Gómez, adquirió  mediante  compra  realizada  a  través de la escritura pública NO. 455 del 28 de mayo de  2000  corrida  en  la  Notaría  Única  de  Marinilla,  Antioquia,  la  casa de  habitación  ubicada  en  la  calle 72 A No. 13-41 del barrio Siete de Agosto de  esta  ciudad  (Cali), donde aparece como vendedor el señor Luis Aníbal Cardona  Ríos,  resultando  totalmente  falsa  dicha  negociación,  pues de un lado, el  presunto  vendedor  falleció  el  3  de  diciembre  de  1997, y del otro, lleva  residiendo  en  dicho  lugar  desde  hace  37  años,  bien respecto del cual se  adelantó  sucesión en el  Juzgado Quinto de Familia, la que fue demandada  por  su  señora  madre,  Carmen  Emilia  Losada  (fallecida), encontrándose el  proceso    activo    en    el    Juzgado    Noveno    de    Familia.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por   los  hechos  referidos  la  Fiscalía  Seccional  de Cali dictó resolución de apertura de instrucción el 30 de julio  de    2002,1  a  la  cual vinculó legalmente al implicado mediante declaración  indagatoria   rendida   el  10  de  diciembre  de  ese  mismo  año.2   

Perfeccionada la instrucción el 12 de mayo de  2004  la  Fiscalía  2ª  Especializada  de  Patrimonio Económico, dictó en su  contra  resolución  de  acusación  como presunto responsable de los delitos de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravada por el uso,  estafa  agravada  por la cuantía y fraude procesal;3  determinación  que confirmó  la   Fiscalía   Delegada   ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali  el  15  de  noviembre  de 2005.4   

El   Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  Descongestión   de   esa   ciudad,   mediante  sentencia  del  19  de  mayo  de  20105  condenó  al  acusado a la pena referida, siendo confirmada por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cali el 17 de agosto de ese mismo  año,6   decisión   que  ahora  impugna  en  casación  el  defensor  del  sentenciado.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

A  través  de la causal primera de casación  establecida  en  el  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal, el actor  formula  como  cargo  único  la  violación indirecta de la ley sustancial, con  origen en un error de hecho por falso raciocinio.   

En  su criterio, el sentenciador “…  por  el  motivo  evidente  de  una  errática  valoración  del  haber  probatorio,  acudió,  sin duda alguna, a al  inaplicación  indebida  del  artículo  7º del Código de Procedimiento Penal,  consagratorio  de  los  principios de la presunción de inocencia y del in dubio  pro  reo, y del artículo 232 ibídem, contentivo de las exigencias primordiales  (certeza  frente  al  delito,  y  certeza  frente  a la responsabilidad) para la  emisión de un fallo de condena…”   

El  sistema  de  libre  apreciación  de  las  pruebas,  continúa, confiere al juzgador cierto margen de discrecionalidad a la  hora  de  establecer  su  mérito, no obstante, tal ejercicio debe desarrollarse  dentro  de  un  análisis centrado, serio, lógico y ponderado de la prueba, con  sometimiento  a  las  reglas  de  la  experiencia,  de  la ciencia y del sentido  común;   pero   si   el  juzgador  “…  deja  correr libremente su imaginación y acude a la conjetura y a  la        ideación        de        posibilidades       fantasiosas… irremediablemente cae, como aconteció  con  la  Sala  de  Decisión en el fallo que aquí se acusa, en conclusiones sin  fundamento,   necesariamente   emparentables   (sic)   con  aquél  falso  raciocinio que al traducirse, como  en  este  caso, en una decisión situada a espaldas de la realidad acreditada en  el  plenario,  puede,  y  debe  ser,  objeto  de enmienda a través de esta vía  extraordinaria.”   

En  criterio  del  actor,  la  situación que  denuncia  ocurre  porque  el  sentenciado:  i)  toma  como  verdad  absoluta las  declaraciones   ‘de  los  perjudicados  con  el  negocio jurídico a través del cual se transfirió parte  de      la      propiedad      del     inmueble     al     procesado’;  ii)  porque  rechaza  otras pruebas  allegadas  a la actuación, en concreto la indagatoria del acusado, la cual debe  también  valorarse  conforme a las reglas de la sana crítica pues a través de  ese  medio  probatorio  “…  él  precisa  cómo  su intervención en la transacción cuestionada fue dictada  por  la  buena  fe,  sin  ningún ánimo fraudulento y bajo el entendido de  que     estaba     llevando    a    cabo    un    negocio    lícito”; iii) el juzgador realiza “concreciones    directas”, surgidas de su criterio particular y  decididamente  falsas,  en  orden  a  sustentar  la tesis de responsabilidad del  acusado;  iv)  confiera la categoría de indicio grave a situaciones que carecen  de  esa  condición;  v)  de  los  testimonios  de  los  perjudicados  y  de los  documentos   que   demuestran  la  existencia  de  la  compraventa  “efectuada  entre  mi  defendido  y  la  persona   que   hubo   de   suplantar   al   fenecido   Luis   Aníbal   Cardona  Ríos”,  el  sentenciador  acredita  el dolo con el que obró el acusado. No obstante, agrega, esas pruebas  demuestran  la existencia de un negocio irregular, mas no que en éste intervino  el  procesado; vi) el sentenciador concluyó que se consumó la estafa, pero las  pruebas  del  proceso  indican que se trata de un delito imperfecto, en tanto no  se  obtuvo  el  provecho ilícito que motiva el accionar del agente en esa clase  de  ilicitud;  vii)  de  igual  modo,  erró  el sentenciador al no acceder a la  solicitud  de la defensa de eliminar la circunstancia de agravación, referida a  la cuantía del ilícito contra el patrimonio económico.   

De  otra  parte,  sostiene  que  existe  una  ‘disparidad  total’   entre  lo  que  acreditan  las  pruebas  y  lo que el Tribunal fijo que acreditaban “…  de  tal  suerte  que  si  éste no  hubiese  echado  por  la  borda  aquellas  reglas  de  la  sana  crítica, de la  experiencia,  y  hasta el elemental principio del sentido común, su conclusión  habría  sido  inexorablemente  distinta  a  aquella  que  se  concretó  en  la  sentencia,  esto es, habría sido la de que en contra del procesado LUIS ADRIANO  ARBELÁEZ  GÓMEZ  no  se  conjugaban,  sin  perplejidad de ninguna especie, los  criterios   exigidos   para  condenar  por  el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento Penal.”   

Acorde con su exposición solicita a la Corte  casar  la sentencia y que en la de reemplazo que profiera, absuelva al procesado  de los ilícitos por los cuales se lo acusó.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  que  se analiza no satisface los  requisitos  de  claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  que exige el  artículo   212   del  Código  de  Procedimiento  Penal  para  ser  admitida  a  trámite.   

En relación con los aludidos presupuestos la  jurisprudencia  de  la Sala tiene precisado que, si el recurso extraordinario de  casación  comporta  un  cuestionamiento  a  la  legalidad de la sentencia, a la  actividad  procesal  y  a  los juicios del sentenciador, la demanda como medio a  través  del  cual  se exponen los argumentos con los cuales se pretende obtener  el  restablecimiento  de  la  legalidad  o  de  las garantías conculcadas, debe  responder  a  un juicio lógico jurídico sujeto al cumplimiento de una serie de  requisitos  formales,  dentro  de  los  que  se  destaca  el deber de formular y  desarrollar  con  precisión  y claridad los cargos que sustentan la pretensión  final  de  que  la sentencia sea casada, lo que obviamente supone el respeto por  los   presupuestos   teóricos   y  técnicos  que  diferencian  una  causal  de  otra.7   

En la demanda que se analiza el actor denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  mediante  un  error  de  hecho por falso  raciocinio,   el  cual,  cabe  precisar,  conduce  a  plantear  un  problema  de  argumentación  que  tiene  por  objeto  demostrar que en la apreciación de las  pruebas,  el juez infringió las reglas de la sana crítica, lo cual no se logra  simplemente  contraponiendo a los criterios del sentenciador, los que libremente  postule  el  demandante, aun cuando llegaren en apariencia a lucir mejores, más  razonados  o  científicos,  si  no  demuestra  que en efecto en la sentencia de  segundo  grado  se  incurrió  en  una grosera y manifiesta transgresión de los  postulados  que  regentan  la  interpretación  probatoria  dentro  del  proceso  penal.   

La adecuada proposición del cargo exige como  punto  de  partida  precisar  la  prueba o las pruebas sobre las cuales recae el  yerro  denunciado, qué dicen de manera objetiva, cuál fue la inferencia que de  ellas  extrajo  el   juzgador,  el  mérito  persuasivo  que les confirió,  señalar  el  postulado  lógico,  la  ley  de  la  ciencia  o  la máxima de la  experiencia   desconocidos   en  el  fallo.  Pero  además,  debe  demostrar  la  trascendencia  del  error  exponiendo  la  forma  correcta de valoración de las  pruebas  que  habría  dado  lugar  al proferimiento de un fallo sustancialmente  distinto,  opuesto  al  ameritado, por lo que le corresponde también ofrecer un  panorama    fáctico    y    probatorio    diferente   al   declarado   por   el  sentenciador.   

El censor desatiende los postulados referidos  al  punto  que  no  precisa  en  forma  técnica y clara la prueba o pruebas que  soportan  el  aparente  error  de  raciocinio,  no alude a su contenido, tampoco  puntualiza  las  inferencias que el juzgador extrajo de su contexto ni demuestra  por  qué razón resultan contrarias a la lógica, la ciencia, o la experiencia;  menos  todavía  expone una seria y racional valoración del conjunto probatorio  que  con  apego  a  los postulados de la sana crítica que asegura desconocidos,  permita  confluir en forma válida en una manifestación de justicia diferente a  la cuestionada.   

La  postulación  se  reduce  a  sostener  en  términos  generales  que  la sentencia es contraria a la sana crítica, pero no  porque  se demuestre que en forma grosera y evidente el sentenciador desconoció  los  postulados  que  la  nutren,  sino  porque,  en criterio del recurrente, le  otorgó  a  las  pruebas  un  mérito  que  se  distancia  de  las  expectativas  defensivas  al  no  haberse  declarado,  como  era su interés, que el procesado  obró  de  buena  fe  en la adquisición del inmueble y, en consecuencia, que no  cometió   ninguno   de   los   delitos   por   los   cuales   fue  convocado  a  juicio.   

Afirma  también  que el falso raciocinio que  atribuye  al  juzgador,  surge del hecho de no haber valorado la indagatoria del  procesado  y  otras  pruebas  que  se  abstiene  de  enunciar; alegación que no  conduce  a  demostrar el yerro enunciado pero que si incrementa la confusión de  su   propuesta,   pues   al   supuesto   error   de  raciocinio  le  agrega  sin  discriminación  alguna,  la  presencia  de  un  falso juicio de existencia cuya  proposición  ameritaba  un  espacio  diferente  en  la demanda, por tratarse de  errores diferente y contradictorios.   

Por  otra parte, considera desacertado que el  sentenciador     hubiere     tenido     como    indicio    grave    diversas  situaciones  que  no tienen tal  connotación,  pero no precisa de qué indicios se trata ni los defectos que los  aquejan,  es decir, si se relacionan con los hechos indicadores o con el proceso  intelectual de inferencia adelantado por el sentenciador.   

También  con  apoyo  en  sus  elucubraciones  personales,  el  actor  afirma  que  en  relación con el delito de estafa no se  consumó  la  conducta,  porque el sujeto agente no obtuvo provecho ilícito, de  donde  concluye  que  el sentenciador debió acudir a la figura de la tentativa.  No  obstante  elude  demostrar que el yerro del juzgador surgió en el escenario  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial que propone, a través de  alguna  de  las  modalidades  de  error de hecho (falso  juicio  de existencia, de identidad o de raciocinio), o  en  uno  de  derecho (falso juicio de legalidad o falso  juicio   de  convicción).  Simplemente  sostiene  que  procedía   aplicar   el   citado   dispositivo  amplificador,  sin  abordar  la  exposición  demostrativa  correspondiente  en torno al error del sentenciador y  la forma de corregirlo.   

En  similar  defecto  de postulación incurre  cuando  afirma  que  el  sentenciador  ‘no  accedió  a  eliminar  la  circunstancia de agravación punitiva  relacionada    con    la    cuantía    del    delito   contra   el   patrimonio  económico’,   pues  no  identifica  ningún  defecto  de valoración probatoria que torne desacertada la  decisión de Tribunal.   

En  suma,  como el recurrente no demuestra la  existencia  de verdaderos errores de apreciación probatoria, capaces de derruir  las   presunciones  de  acierto  y  de  legalidad  que  ampararan  la  sentencia  recurrida,  lo  procedente  es  inadmitir  la  demanda,  por  la  consideración  adicional  que  de  lo  actuado  no  advierte  transgresión  de  las garantías  fundamentales del procesado.   

Otras     determinaciones.  Según se precisó en el resumen de la actuación, la resolución  de  acusación cobró ejecutoria el 15 de noviembre de 2005, cuando la Fiscalía  delegada  ante  el  Tribunal  resolvió  la  apelación  con la cual había sido  atacada.   

De  conformidad con el artículo 83 de la Ley  600  de  2000,  la  acción  penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en  la ley, sin que pueda ser inferior a 5 años ni superior a 20,  salvo  que  se  trate  de  las  conductas  punibles  de genocidio, desaparición  forzada,  tortura  y  desplazamiento forzado, frente a las cuales el término es  de 30 años.   

Interrumpida la prescripción, lo cual ocurre  con  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación  conforme  establece el  artículo  86  de  esa  misma codificación, comienza nuevamente a correr por la  mitad  del  término,  pero  en  este caso el lapso no puede ser inferior a 5 ni  superior a 10 años.   

La  pena  prevista  en  el  artículo 246 del  Código  Penal para el delito de estafa, es de 2 a 8 años de prisión, extremos  que  se  incrementan  de  la tercera parte a la mitad cuando, como en este caso,  concurre  alguna  de las circunstancias agravantes previstas en el artículo 267  Ib.,  de  manera que el límite máximo de pena privativa de libertad se fija en  12 años.   

En  el  Decreto 100 de 1980 (art. 356) fijaba  los  límites  punitivos  de  la estafa entre 1 y 10 años de prisión, término  que  se  extendía  hasta  15  años  si  la  conducta  estaba  afectada por las  agravantes previstas en el artículo 372 Ib.   

De  acuerdo  con  lo anterior, el término de  prescripción  durante  la  etapa del juicio según el Código Penal vigente, es  de  6  años  los  cuales  se  cumplirán el 15 de noviembre de 2011, y bajo las  preceptivas  del  Decreto  100 de 1980, de 7 años y medio; de manera que frente  al  delito  de  estafa  atribuido  al  procesado  Luis  Adriano   Arbeláez   Gómez,  independientemente  del  régimen  jurídico  que se aplique, resulta claro que la facultada sancionadora  el Estado se encuentra vigente.   

Situación que no se replica en los delitos de  fraude  procesal  y  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada  por  el  uso,  por  los  cuales  también  se  convocó  a  juicio  al  acusado.   

La   primera   conducta  la  sancionaba  el  legislador  al  momento  de  los  hechos  con  pena  de  1 a 5 años de prisión  (art. 182 D. 100/80), lo cual  significa  que  tanto  en  la fase de instrucción como en la de juzgamiento, el  término  de  prescripción  es  igual  a  5  años,8 que para el caso se cumplieron  el  15  de  noviembre de 2010, cuando la actuación se hallaba en el Tribunal en  desarrollo  de  los  trámites  previstos  para  el  recurso  extraordinario  de  casación,   antes,   claro  está,  de  que  el  asunto  fuera  remitido  a  la  Corte.9   

Por  su parte, el delito de falsedad material  de  particular  en  documento  público,  lo  reprimía el Código Penal de 1980  (art.  220) con prisión de 2  a  8  años,  máximo  que  se  aumentaba en la mitad cuando el mismo sujeto que  ejecutaba  la conducta usaba el documento espurio (art.  222-2).   

Pero  ocurre que el artículo 287 del Código  Penal  vigente prevé como pena para el delito referido 3 a 6 años de prisión,  es  decir  que  frente a la legislación anterior establece un monto superior en  el  mínimo  pero  menor  en  el  máximo,  de  donde  surge  que por virtud del  principio  de favorabilidad, para efectos prescriptivos, debe aplicarse la norma  posterior,    porque   inclusive   en   la   modalidad   agravada   (art.  290  L.  599/00)  ofrece  una  pena  máxima  menos grave de la prevista en la codificación de 1980, pues el límite  superior  amentado  en  la  mitad  es igual a 9 años, de manera que el término  prescriptivo  para esa forma agravada de falsedad en la etapa del juicio resulta  igual  a 5 años, cumplidos en este caso, como se indicó, el 16 de noviembre de  2010.   

Lo anterior, impone declarar la prescripción  de  la acción penal en relación exclusiva con los delitos de fraude procesal y  falsedad  material  de particular en documento público agravada por el uso, que  se  le  imputaron  al  procesado  en  el  proveído  calificatorio,  disponer la  cesación  de  procedimiento  por las conductas referidas, y ajustar la pena que  finalmente  le  corresponde  a  Luis Adriano Arbeláez  Gómez.   

En  torno a este último aspecto debe tenerse  en  cuenta  que  los  jueces en las instancias precisaron que en la conducta del  procesado  no  concurren circunstancias genéricas de agravación punitiva y que  en  su  favor  obra  la atenuante de ausencia de antecedentes judiciales, razón  por  la cual ubicaron la pena dentro del cuarto mínimo y a la diferencia de sus  extremos (30 meses) le hicieron un incremento del 20%.   

Siguiendo similar procedimiento y considerados  los  extremos  punitivos para el delito de estafa previstos en la ley vigente al  momento  de  los  hechos (favorable si se considera que  prevé  un mínimo de pena inferior), el cuarto mínimo  de  la  pena  se  ubica  entre  16  y  57  meses, por lo que al aplicar el mismo  incremento  verificado  en  las  instancias,  se  concluye  que la pena que debe  cumplir   el  procesado  Arbeláez  Gómez, es de 24 meses y seis días de prisión.   

Para  finalizar,  como  la  Sala  advierte la  eventual  presencia  de  dilaciones  injustificadas en el trámite del juicio en  primera   instancia,  dispondrá  compulsar  copias  para  que  las  autoridades  competentes  establezcan  la  posible comisión de falta disciplinaria y decidan  lo pertinente sobre el particular.   

Con base en las anteriores consideraciones, la  Corte   Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

1.  Inadmitir  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Luis Adriano Arbeláez Gómez.   

2.  Declarar   prescrita   la   acción  penal  exclusivamente  por  los  delitos  de  fraude  procesal  y  falsedad material de  particular  en  documento  público  agravada por el uso, que se le imputaron al  procesado  Luis  Adriano  Arbeláez Gómez en el proveído calificatorio.   

3.  Decretar,  en  consecuencia,  la cesación  del  procedimiento  adelantado  en  contra del citado ciudadano, con ocasión de  las conductas punibles referidas.   

4.  Precisar  que la  condena  que  debe cumplir el  procesado  Luis  Adriano  Arbeláez Gómez,  en  su  condición  de  autor del delio de estafa agravada, es de  veinticuatro   meses   (24)   y  seis  (6)  días  de  prisión.   

5.  Compulsar  las  copias  ordenadas  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia,  a  lo  cual se  procederá por la secretaría de la Sala.   

Devuélvase  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

Notifíquese, cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ            FERNANDO    ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

          

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                  AUGUSTO               J.               IBÁÑEZ  GUZMÁN               

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fol.  10   

2 Fols.  45 a 47   

3 Fols.  106 a 114   

4 Fols.  123 a 129   

5 Fols.  269 a 293   

6 318 a  337   

7 Ver,  por ejemplo, Auto del 03-08-06 Rad. 24160   

8 Igual  acontece  en  el  régimen  de la Ley 599/00 para la prescripción en la fase de  juzgamiento,  porque  fija  como pena máxima para el fraude procesal 8 años de  prisión,  cuando  la conducta no está sometida al incremento de pena de la Ley  890 de 2004.   

9  El  expediente arribó a la Corte el 13 de diciembre de 2010.     

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