35545(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35545  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 340   

Bogotá  D. C., veintiuno (21) de septiembre  de dos mil once (2011).   

VISTOS  

En  esta  oportunidad  la  Sala  califica la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de ALBERTO WASHINGTON CERÓN  URBANO  contra  el  fallo  del Tribunal Superior Penal Militar de 3 de agosto de  2010,  por  medio  del cual confirmó la sentencia de 19 de marzo del mismo año  proferida  por  el Juzgado de Primera Instancia del Departamento de Policía del  Valle,    que    lo   condenó   como   autor   del   delito   de   ataque al inferior.   

HECHOS  

1.  Fueron  relatados de la siguiente manera  por el Juez de primer grado:   

“… que para el 260807 al término de un  permiso  el Auxiliar Regular de la Policía JULIÁN ANDRÉS ZEMANATE VELASCO, se  presentó  retardado  para  continuar  con  la  prestación  del  servicio en la  unidad.  El  señor  Subintendente  CERÓN  URBANO ALBERTO WASHINGTON, encargado  como  Comandante  de  la  estación  de Policía San Sebastián, por el hecho de  haber  llegado  retardado  su  subalterno le lanzó palabras soeces, lo agredió  físicamente  propinándole  puños, puntapiés en diferentes partes del cuerpo,  lo  hizo  subir  hasta  un cerro hasta dejarlo tendido en el suelo, le lanzó un  baldado  de  agua  con  el  fin de que se mojara, también lo obligó a bajar el  cerro  haciendo  rollos  e igualmente recogió los celulares del personal con el  fin   de   revisar   si   algunos   de   los   auxiliares   había   grabado  el  contenido.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  La  Fiscalía  157 de Instrucción Penal  Militar,   el   5  de  noviembre  de  2008,  acusó1  a  ALBERTO  WASHINGTON CERÓN  URBANO   como  autor  del  delito  de  ataque al  inferior.   

         

Apelada  la  anterior  decisión,  el  16 de  diciembre  del  mismo  año,  la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante el Tribunal  Superior       Militar       la       confirmó2.   

2.  Remitido el expediente para adelantar la  etapa   del   juicio,   el   2  de  marzo  de  20103  se  celebró la corte marcial  de  guerra,  una  vez  finalizada,  el  19 de marzo del mismo año el Juzgado de  Primera  Instancia  del  Departamento  de Policía del Valle, condenó a ALBERTO  WASHINGTON    CERÓN    URBANO   como   autor   del   delito   de   ataque  al inferior a 7 meses de prisión;  separación  absoluta  de  la  fuerza  pública;  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena principal4.   

3.  Contra  esta decisión, la apoderada del  procesado  interpuso el recurso de apelación y el Tribunal Superior Militar, en  sentencia  de  3  de  agosto  del  año  que  corría  la  confirmó5.   

4. Inconforme con la sentencia el defensor de  ALBERTO  WASHINGTON  CERÓN  URBANO,  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

El apoderado recurrente, con fundamento en el  inciso  tercero  del  artículo  205  del  Código Penal Militar solicita que de  manera  excepcional  se admita el recurso extraordinario y formula como “CARGO  ÚNICO”  la  violación  de  los  artículos  13  y  29  de  la  Constitución  Política,  17  y  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal, normas que en la  materia establecen la prohibición de reforma en perjuicio.   

Agrega,  que  se  busca  el desarrollo de la  jurisprudencia  y  en  este caso, para garantizar los derechos fundamentales del  condenado,  los  cuales  fueron vulnerados por el fiscal, juez de conocimiento y  el  Tribunal  Superior Militar, quienes no observaron el debido proceso al dejar  de  lado la presunción de inocencia, lo cual se evidenció hasta el final, como  se   verificó   en   las   retractaciones  de  los  testigos  que  inicialmente  constituían  las  pruebas  de  cargo,  quienes  con esa conducta incurrieron en  falsedad por haber mentido en su primera versión.   

Para   soportar   este  argumento,  aporta  certificación  expedida  por  la  Fiscalía  62-002  de  Popayán  en la que se  informa  sobre  el  proceso  adelantado contra los auxiliares de policía Leiden  Hernán   Gómez  Zúñiga,  Duvier  Andrés  Grajales  Narváez,  Edgar  Felipe  Chaparro  Castañeda,  Jorge  Luis  Castro  Obando, Carlos Hernán Hurtado Ruiz,  Fabián  Eligio  González Angola y José Edwin Lasso Carabalí por el delito de  falso testimonio.   

Luego de evocar el auto de casación de 18 de  agosto  de  2010,  radicación  34463,  sobre  la  debida  sustentación  en  la  casación  excepcional,  dice,  que  además  de  los artículos 13 (igualdad)     y    29    (debido   proceso)  de  la  Constitución  Política,   también   se   desconocieron   los   artículos  209  (in  dubio  pro  reo),  210  (lealtad),      211      (imparcialidad)   y   218   (prevalencia  de  las normas rectoras) del  Código         Penal         Militar;         y,         2         (integración), 7 inciso 2° (in   dubio   pro  reo),  17  inciso  2°  (lealtad),  20 (investigación   integral),  232  y  277  (apreciación  integral  del  testimonio) del Código de Procedimiento Penal.   

Afirma,  entre  los  fundamentos  para  la  discrecional  procedencia, los cargos a formular y su postulación, existe plena  conformidad,  pues los instructores y juzgadores desconocieron el debido proceso  y  la  investigación  integral,  “…  al tomar la  decisión  condenatoria  fundamentados en unas pruebas testimoniales tachadas de  falsas,  por  las  cuales  en este momento se adelanta un proceso en la Justicia  Ordinaria en contra de los Declarantes.”.   

“Y  hemos llegado a esta conclusión pues  es      ABSOLUTAMENTE      INCONSTITUCIONAL     E  ILEGAL  la  actuación  de los funcionarios que hemos  señalado  a través de este escrito; pues no tenían razón de ningún tipo, ni  constitucional  ni  legal  para  dejar  a  un  lado  con  su  propio criterio la  valoración  debida  de la prueba testimonial los Auxiliares Regulares que hemos  señalado  cuando  las  mismas  declaraciones  fueron  tachadas   de   falsas  por  la  Honorable  Juez  183  de  I.P.M.,  adscrita  al  Departamento  de  Policía  del Cauca, quien como esta  (sic)  probado  compulsó  copias  a  la  Fiscalía General de la Nación, donde  recalcamos  en  este momento esta (sic) cursando en contra de los declarantes la  investigación   por   la   presunta   comisión   del  delito  de  FALSO  TESTIMONIO  y que se encuentra en  la  etapa  de  IMPUTACIÓN de conformidad con lo ordenado en la Ley 906 de 2004,  este  proceso  es  legal  pues  de  acuerdo  al  material probatorio y evidencia  física  presentado  por  la  Juez  Penal  Militar  en  mención, se observó lo  prescrito  en  la  Constitución  Política  y  en  las  leyes  de  parte  de la  funcionaria  dando  cumplimiento  al  Art.  276  de  la  Ley citada y además al  encontrarse  el  proceso  en etapa de INDAGACIÓN PRELIMINAR se esta (sic) dando  cumplimiento  igualmente  a  lo ordenado en el sistema acusatorio que por la Ley  1142    Art.    49   que   señala   ‘que  corresponde  a  la Fiscalía General de la Nación realizar la  Indagación  e  investigación de los hechos que revistan características de un  delito  que  lleguen  a  su  conocimiento  por  medio de una denuncia, querella,  petición   especial   o   por   cualquier   otro   medio   idóneo.’”   

Reitera,  que  al haber sido compulsadas las  copias  por  el  juez del caso para investigar el delito de falso testimonio, se  generó  duda  razonable  la  que  al  no  ser  desvirtuada  y  emitir  un fallo  condenatorio,  se  afectó  el  debido  proceso,  pues  la prueba testimonial no  conducía  a  la  certeza, la cual se fortalece ante la inexistencia de testigos  que  presenciaran  que el denunciante presentara lesión o maltrato, menos aún,  dictamen   de   medicina   legal   que   determinara   el   tipo  de  agresiones  físicas.   

De  este  modo,  al  proferir  el  Tribunal  Superior  Militar  un  fallo  condenatorio en estas condiciones, incurrió en un  error  de  hecho   que  produjo  la  violación  de  una  norma  sustancial  (no  dice cuál) que provino  de  la equivocación en la apreciación de los testimonios afirma, pues mientras  la    funcionaria   instructora   los   consideró   falsos,   el   a  quo  y el ad  quem, nada dijeron sobre ello.   

Cita  a  Rafael  Rodríguez  Moreno  y  a la  sentencia  de  esta  Corporación  de  3  de  diciembre  de 2001, sin número de  radicación  sobre  los  errores  de hecho y de derecho en forma genérica; y la  comparación  entre  el  falso  juicio  de  identidad  y  el  falso  raciocinio,  respectivamente,  a  partir  de  los  cuales dice que son aplicables al presente  caso,  pues  los  instructores  y  juzgadores  dejaron  a un lado la debida  valoración probatoria.   

Concluye que:  

“Por  consiguiente al darse los elementos  del  hecho punible como son tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad contenidos  en  el  C.P.M.  en  su  Art. 7°.- en concordancia con los Arts. 10, 11 y 12 del  C.P.P.  no  hay  existencia  de  la  conducta  delictiva para proferir Sentencia  Condenatoria    en    contra   del   Señor   SI   ALBERTO   WASHINGTON   CERÓN  URBANO.-“   

Solicita  se  case el fallo y en su lugar se  absuelva al acusado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.   El   artículo   368   (procedencia)  del  Código Penal Militar  (Ley   522   de   1999),  dispone que la casación opera para delitos que tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea o exceda de seis (6)  años,  aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya sido una medida de seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

También  establece el citado precepto en su  inciso  tercero  que  la  Sala,  de  manera excepcional y en forma discrecional,  “… puede aceptar un recurso de casación en casos  distintos    a    los    arriba    mencionados,    a  solicitud  del  Procurador General de la Nación o su  Delegado,  o  del  defensor, cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.”   

El  artículo  119 del Código Penal Militar  (Ley   522   de   1999),  vigente  para  el  mes  de  agosto  de 2007, época de  ocurrencia  de los hechos, reprime el delito ataque al  inferior  con  sanción  de  prisión  de  6 meses a 3  años.   

De  este  modo,  en  el  caso  examinado, la  casación  común  es  improcedente, pues la pena máxima para el punible por el  que  se  procesó  a  ALBERTO WASHINGTON CERÓN URBANO  no  es  igual  o excede de 6  años de prisión.   

2. Por tanto, era necesario que el impugnante  solicitara  la  casación  excepcional,  en los términos del inciso tercero del  artículo  368  (procedencia)  del    Código    Penal    Militar   (Ley   522   de  1999), expresando la necesidad de su admisión para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  y  ante la postulación del  Procurador  General  de  la  Nación  o su Delegado, o del defensor,  puede  ser  aceptada,  correspondiendo  decidir  a  la  Corte,  en  ejercicio  de  la  discrecionalidad  que  la  ley  le  otorga,  si  la concede o  rechaza.   

Si  bien  el  censor  expresó  acudir  a la  discrecional  vía,  el  escrito  de sustentación está lejos de satisfacer los  presupuestos  lógicos  que  demanda  el  extraordinario  medio de impugnación.   

En  efecto,  cuando  se  opta  por  la  ruta  escogida,  es carga del peticionario dar a conocer a la Sala las razones por las  cuales     piensa     que     el     recurso     de    casación    excepcional debe ser acogido, motivos que  no  siempre  pueden confundirse con el desarrollo de los cargos concretos contra  el  fallo  de segundo grado, pues si así fuere no existiría ninguna diferencia  entre ésta y la ordinaria.   

Ello implica que el  estudio  acerca  del  aspecto  formal  de  la demanda se efectuará a    posteriori,   siempre   y   cuando  previamente  la  Corte haya arribado a la conclusión que es necesario tramitar,  por     excepción,     el     recurso     extraordinario     en    pro de las garantías fundamentales o con  miras a desarrollar la jurisprudencia.   

Esta expectativa no se alcanza en el escrito  objeto  de estudio, pues antes de lograr siquiera enunciar el por qué incoar el  mecanismo  propuesto, lanza un sin número de transgresiones que no dejan de ser  aparentes,  pues luego de manifestadas, nada se vuelve a decir sobre ellas, para  culminar  con  otras prerrogativas constitucionales que se alejan en todo de las  inicialmente  esbozadas,  para  concluir  en  un  debate  probatorio  por falsos  juicios   de   identidad   y  falso  raciocinio  que  tampoco  desarrolla,  para  convertirlo  en  un libelo, confuso, contradictorio y enmarañado, que desconoce  los  principios  de  claridad,  precisión,  identidad,  debida argumentación y  autonomía en casación.   

3. Cabe precisar, que cuando se aboga por la  efectividad  de  los derechos fundamentales, que es el motivo último por el que  parecería  acude  el  censor,  corresponde  identificar la garantía objeto del  quebranto  denunciado,  así como la norma superior que la protege y vincular su  afectación  con  las  actuaciones  del respectivo proceso; esto es, señalar en  forma específica en qué consistió la vulneración alegada.   

Luego, de manera conexa, ensamblar el motivo  –los     derechos  fundamentales  denunciados  como  transgredidos- con la  proposición,  desarrollo y demostración de los cargos formulados en el escrito  de sustentación.   

Revisada la demanda, advierte la Corte que el  recurrente   no   cumple   si  quiera  con  este  pilar  mínimo  de  coherencia  argumentativa,  por  el contrario, el libelo corresponde a un escrito equívoco,  ambiguo  paradójico, farragoso e incoherente, al cual la Sala no puede, en aras  del  respeto  del  principio  de limitación y carácter rogado de la casación,  interpretarlo,  darle  un alcance más allá del expresamente en él contenido o  formular  cargos, pues de este modo usurparía la labor del censor, en desquicio  del  equilibrio  rector  de  las  actuaciones  procesales,  excepto,  como ya se  acotó,  que  se  advirtiera  la  flagrante  vulneración  de las garantías del  acusado  o los intervinientes, circunstancia que aquí no se avizora, pues de lo  contrario  asumiría  de  manera oficiosa el estudio del asunto para superar los  agravios inferidos a las partes.   

Es  así,  como  inicialmente  postuló  la  violación  de la garantía de prohibición de reforma en perjuicio, sin indicar  si  en la instancia fue apelante único y de haberlo sido, en qué consistió la  modificación  en  detrimento  de  los intereses del acusado, máxime, cuando el  Tribunal   confirmó   sin   modificaciones   la   decisión   del  a  quo,  aspecto  que  haría  la censura  absolutamente insustancial.   

Pero los desfases no quedan aquí, luego, en  este  reparo, le agregó de forma indebida otros más fundados en la presunción  de  inocencia, el desconocimiento del debido proceso ante la inobservancia de la  presunción    de    inocencia,    investigación    integral   e   integración  normativa.   

Adicionalmente,  a  esta  proposición  como  CARGO  ÚNICO,  le  añade  otros, así: i) violación al debido proceso, por el  disímil  mérito  otorgado  por  la  fiscalía y los jueces de instancia a unas  declaraciones,  respecto  de  las  que  noticia son objeto de investigación por  separado  motivada  en  aparentes  falsos  testimonios;  y  ii)  prosigue  en el  bosquejo  de falsos juicios de identidad y falso raciocinio, en donde ingresa en  un  discurrir  incompleto  por  la  inconformidad  en la valoración probatoria.   

De  esta  forma  llevó  la  demanda  a  una  paradoja  incomprensible,  al  partir  en  un  mismo  surco  temático  desde el  planteamiento  de  vicios  susceptibles  de alegar como nulidades, para llegar a  reproches   por   la  asignación  suasoria  a  los  elementos  de  convicción,  proposiciones  que son totalmente excluyentes entre sí, al ser presentadas como  CARGO  ÚNICO,  pues  para  los  segundos es presupuesto ineludible partir de la  aceptación   de   la   validez   del   trámite,   cosa   que   aquí   no   se  verifica.   

También  se  inadvierte  el  principio  de  autonomía  el cual tiene su razón de ser, en la prohibición al interior de un  mismo  cargo,  de  entremezclar ataques propios de causales diferentes, al tener  cada  una características y parámetros lógicos de demostración distintos con  diversas        consecuencias       jurídicas6.   

Es que la decisión que debe adoptar la Corte  en  caso  de  prosperidad  del  reproche  formulado  contra  la  sentencia, debe  compaginar  con  la  causal invocada y el error aducido. Sobre este principio la  Sala ha dicho:   

“Al respecto, es imprescindible que quien  acude  en  casación  a  controvertir  la  legalidad de una sentencia de segunda  instancia,  lo  haga  con fundamento preciso en una de las causales expresamente  establecidas  en  la  ley,  sin  que  sea  admisible, lanzar reparos que no sean  directa  e  inequívocamente  atinentes  al  contenido  y alcance de los motivos  establecidos.   

No  es  por  tanto  permitida  la  fusión  abigarrada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales, en cuanto cada una de  ellas  no  sólo  obedece  en su postulación teórica a supuestos propios, sino  que  metodológica  y  jurídicamente  exigen desarrollo independiente. En otras  palabras,  frente al principio de autonomía de las causales resulta desacertado  establecer  mixturas  entre  diversos  factores,  al  atacar  a  través de este  mecanismo    extraordinario    una   sentencia”.7   

También se expresó:  

“Por eso, del principio de autonomía se  desprende  la  necesidad  de  que  e  planteamiento  de  las censuras respete la  naturaleza  propia  de  las causales, por cuanto cada una de ellas, en virtud de  la  incidencia  que en el sentido de la sentencia o en la estructura del proceso  su  presencia  puede  causar,  exige  unos  derroteros  demostrativos diversos y  coherentes  con  la  pretensión final, o bien de que se case el fallo demandado  para  que  la  Corte  adopte  el  sustitutivo,  o  ya  para  que  retrotraiga la  actuación   a   estadios  superados  si  tiene  bases  viciadas”.8   

De  la  misma  manera,  al  descender  la  alegación  desde  la  afectación de los derechos fundamentales a la discusión  por  el  mérito  otorgado  por  los  juzgadores a los testimonios que el censor  considera  falsos  y  por esta razón se les debió asignar determinado mérito,  se  itera,  al  formular otras por falso juicio de identidad y falso raciocinio,  los  que  por demás no desarrolló, el recurrente inadvirtió que esta clase de  motivos  son  equivocados  como  ruta para proposición del ataque, pues olvidó  que  conforme  a  la  jurisprudencia  reiterada de esta Corporación9,  el  debate  probatorio    resulta    ser    un    motivo    inviable   para   la   casación  excepcional.   

En  efecto,  ha  dicho  la Sala10:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan   con   la   relativa   libertad   que   se   desprende   de   la   sana  crítica,   a   no  ser  que  se  proponga  que  sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.      (negrilla     fuera     de  texto).   

4.  Todas  estas  impropiedades  conducen  inexorablemente  al  rechazo  de  la  demanda,  sin que sea necesario ejercer la  facultad  oficiosa  de la Sala en los términos del artículo 216 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000), pues  de  la  necesaria  revisión  del expediente no se advierte la  vulneración de garantías.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1. Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de  ALBERTO  WASHINGTON  CERÓN  URBANO,   conforme   a   lo  expuesto  en  la  parte  motiva.   

2.  Contra  lo  decidido  en  el  presente  auto  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase                     y                   devuélvase  al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                                           JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.   

    

1  Cuaderno principal, folio 411.   

2  Cuaderno principal, folio 528.   

3  Cuaderno principal, folio 692.   

4  Cuaderno principal, folio 728.   

5  Cuaderno principal, folio 750.   

6  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

7  Sentencia   de   casación   de   29   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  12025.   

8  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.   

9 Autos  de  casación  de de 20 de febrero de 2008, radicaciones No. 29008 y 28767; 5 de  diciembre  de  2007,  radicación  No.  28564  y  de  26  de septiembre de 2007,  radicación No. 28030, entre otros.   

10 Auto  de casación de 19 de septiembre de 2007, radicación No. 28127.     

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