35546(26-01-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35546  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado  ponente:   

     FERNANDO  ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

      Aprobado   Acta   No.  019   

Bogotá, D. C., enero veintiséis (26) de dos  mil once (2011).   

V I S T O S :  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora del procesado JAROL MACÍAS  PALENCIA,  quien  fue condenado por las conductas punibles de homicidio agravado  y  concierto  para  delinquir  agravado, en sentencias proferidas por el Juzgado  Primero   Penal   del   Circuito   Especializado   y  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE:   

1. Los primeros fueron tratados en los fallos  de instancia de la siguiente manera:   

“El  día 7 de  marzo  de  2005  se  practicó diligencia de inspección a cadáver en el barrio  Cazucá  sector  Terranova,  diagonal  a  la calle 6 número 6-40, campo abierto  donde  yacía el cuerpo sin vida del señor SILVIO ORTIZ RIVERA; luego de sendas  labores  de  investigación  adelantadas  por  cuenta de miembros de la Policía  Judicial  se  estableció, que el homicidio había sido cometido por miembros de  la  Autodefensas  Unidas  de  Colombia,  AUC,  grupo que se dedicaba al cobro de  vacuna  a  los  conductores de los buses de servicio público para garantizarles  una  presunta seguridad, además de ajusticiar personas que se hacían pasar por  miembros  de  su  organización,  ladrones,  viciosos  o  cualquier  otra que no  desearan  en  su territorio o que se atravesaran en su camino. Posteriormente se  estableció   que   LEVIS   MANUEL   HOYOS   RAMOS,   alias    “El          Tío”         o        “Tiburón”,  y  JAROL  MACÍAS  PALENCIA, alias  “MILLER”, pertenecían al grupo delincuencial  en     el     sector     de     Ciudad     Bolívar     y     Soacha”.   

2.- Abierta la correspondiente investigación  y   vinculados   al   proceso   mediante  indagatoria,  entre  otros1, LEVIS MANUEL  HOYOS  RAMOS  y  JAROL MACÍAS PALENCIA, el 15 de septiembre y 9 de diciembre de  2005,  respectivamente,  la Fiscalía General de la Nación les impuso medida de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva,  para el primero por los  delitos  de  homicidio agravado, extorsión agravada, concierto para delinquir y  entrenamiento  para  actividades  ilícitas,  y  para  el segundo, por homicidio  agravado y concierto para delinquir agravado.   

3.- Cerrada la instrucción, la Fiscalía 11  de  la  Unidad  Nacional  contra  el Terrorismo el 16 de junio de 2006 profirió  resolución  de  acusación contra los procesados por las dos conductas punibles  últimas referenciadas.   

4.-  Correspondió  al Juzgado Primero Penal  del  Circuito  Especializado  de Cundinamarca adelantar el juicio y celebrada la  audiencia  de juzgamiento, el 29 de agosto de 2008 condenó a LEVIS MANUEL HOYOS  RAMOS  y  JAROL  MACÍAS PALENCIA a la pena principal de veintiocho (28) años y  cinco  (5)  meses de  prisión, inhabilitación en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  de  veinte  (20) años, les negó el  subrogado  de  suspensión  de  la  ejecución  de  la  pena,  y  se  abstuvo de  condenarlos   al   pago   de   indemnización   de  perjuicios,  como  coautores  responsables  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  en  concurso  con el de  concierto para delinquir.   

5.- La providencia anterior fue recurrida por  el  procesado HOYOS RAMOS y la defensa técnica de JAROL MACÍAS  PALENCIA,  y   el   20  de  octubre  de  2009  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la  confirmó.   

6.  Inconforme  con  el  fallo  de  segunda  instancia,  la  procuradora  judicial  de  MACÍAS PALENCIA interpuso el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA:  

Acusa la sentencia por la causal primera del  artículo  207  -sin especificar a que normatividad se refiere-, por incurrir en  violación  indirecta  de la ley debido a errores de hecho en la apreciación de  varias  pruebas que condujeron a la aplicación indebida de los artículos 103 y  104-8  (del  homicidio  agravado)  y  340.2  del  Código  Penal, situación que  incidió    para    que    no    se    tuviera   en   cuenta   la   “duda       a      favor      del  procesado”,  es decir, el  in  dubio  pro  reo,  efecto  para  el  cual  señaló que se presentaron yerros  derivados de:   

1. falso raciocinio.  

1.1.  Luego  de  hacer  referencia  a  los  argumentos  expuestos  por  el  defensor de JAROL MACÍAS PALENCIA al momento de  sustentar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  frente  al fallo de primera  instancia  y  la  respuesta  suministrada  a  los  mismos  por  el  ad  quem para confirmar su responsabilidad  en  la  ejecución  de  las conductas punibles a él endilgadas, se refiere a la  declaración  rendida  por  Aristídes  Méndez  Marín con el fin de señalarlo  como  un  testigo  con  capacidad  de  mentir,  si se tiene en cuenta que en sus  intervenciones  presentó  inconsistencias  tales  como  que: (i) manifestó ser  reinsertado  del  ELN, informante de la Policía y del Ejército, posteriormente  pertenecer  a  las  AUC,  y  por  último  que  volvió  a  ser informante de la  Policía;  (ii)  en  la  primera  versión  señaló  que  cursaba  séptimo  de  bachillerato,  de  profesión  ayudante  y  que  se entregó en el 2000, y en la  segunda,  informó  que  estaba  en  octavo,  era celador y reinsertado del ELN;  (iii)  en  la tercera declaración señaló que los que ultimaron a Silvio Ortiz  Rivera     fueron     los     conocidos     con     los    alias    “El           Tío”         y         “Macaco”,  y  (iv)  en  la  última  versión  precisó  que  estaba  en  7° de bachillerato -ya no en octavo-, se entregó en  1999  -ya  no  fue  en  el  2000-, tiene certificación del Coda -no figura como  reinsertado-,  e  involucró  a  alias “Miller” quien  dijo  corresponde  al  nombre  de su poderdante en el homicidio ya referenciado.   

Precisiones  que  llevan  a  inferir  a  la  demandante  que  el  Juzgador de primera instancia de manera caprichosa decidió  tomar  la última versión, la cual fue rendida once meses después de ocurridos  los  hechos  y  después de tres declaraciones en donde se relató que son otros  los  coautores,  además no es posible que una persona recuerde mejor y con más  detalle a medida que pasa el tiempo.   

1.2.    Declaración   de   Dios   Emiro  Pérez.   

Sobre  este  medio  de  prueba  señaló  la  demandante  que  si  bien  es  cierto  Pérez  en la indagatoria rendida en este  asunto  manifestó  que conocía a JAROL MACÍAS PALENCIA, también lo es que en  la  audiencia de juzgamiento no lo reconoció, no obstante, los juzgadores entre  dos  declaraciones completamente distintas le dieron preponderancia a la primera  para   encontrar  coincidencia  entre  MACÍAS  PALENCIA  y  alias  “Miller”,  incurriendo en error, porque si una  persona  rinde  dos  declaraciones  diferentes  respecto  a  la identidad de una  persona,  una  de  las dos no corresponde a la verdad, y por tanto, debe existir  alguna  falencia  en  una de ellas, además a Dios Emiro no se le interrogó por  las   características   físicas  de  quien  en  el  barrio  se  conocía  como  “Miller”.   

1.3.   Declaración   de   Alirio  Villada  Vivas.   

Con similares argumentos se expresó respecto  a  este  deponente,  para  criticar  la valoración efectuada por el fallador de  primera  instancia,  el  cual  le  dio  importancia  a lo dicho por éste en las  diligencias  previas  que adelantó la Policía Judicial el 19 de agosto de 2005  y  en  la  que  describió  a  alias  “Miller”, pero  desechó  lo  manifestado  por Villada Vivas en la indagatoria y en la audiencia  de    juzgamiento    donde    señaló    que    no    conoce   a   “Miller”,  le  ofrecieron  cinco  millones por  decir  unos  nombres  en  esa  actuación  penal, y además el acusado no estaba  presente en la sala de audiencias.   

1.4.   Señaló   que  los  falladores  no  confrontaron  las  pruebas  de  cargo -testimonios de Villada Vivas y Dios Emiro  Pérez  llevados  a  cabo  en  el juicio, la Agente de Policía Martha Luz Guío  (quien  en  la  audiencia de juzgamiento no recordó el nombre de JAROL MACÍAS,  ni      el      alias      de      “Miller”  para  efectos  de  este  proceso)-,  con  las  de  la  defensa  -declaraciones de Hugo  Alejandro  Moncada,  Jhon  Fredy  Rubiano,  Cléofe  Carvajal  y  José Dionisio  Cadena-,  porque si lo hubieran realizado habrían encontrado que estas últimas  en   conjunción  con  las  demás  que  obran  en  la  actuación  “llevan  a  absolver  porque  ponen en  duda  la  responsabilidad del procesado”.   

1.5.  Si  bien  se  tuvieron  en  cuenta las  declaraciones  de  Luz  Yolanda  Cruz,  los Tenientes de Policía María Antonia  González  Quintana  y  Alexander  Roncancio  Dueñas, para acusar a Levis   Manuel  Hoyos  Marín,  se  desconoció  la  parte  pertinente  que favorecía a  MACÍAS  PALENCIA,  si  se tiene en cuenta que no mencionan a alias “Miller”  de  pertenecer  al grupo que se hizo  llamar   autodefensas  ni  hacer ningún señalamiento o referencia a JAROL  MACÍAS PALENCIA.   

1.6.  Agregó que en la indagatoria de Levis  Manuel   Hoyos   Ramos,   alias   el  “Tío”,  manifestó  no conocer a su representado, lo que sumado a lo señalado por Luís  Eduardo  Méndez Marín el 8 de septiembre de 2005, coinciden en dejar por fuera  de  responsabilidad  a MACÍAS PALENCIA, toda vez que no lo mencionan como autor  de  los  hechos  a  él  endilgados  ni  vinculado  al grupo armado al que ellos  pertenecen.   

1.7.  Precisó  que  se  incurrió  en falso  raciocinio  respecto  al  oficio  suscrito por el Teniente Coronel Augusto Rojas  Tirado,  porque allí se señaló que Aristídes Méndez Marín y Alirio Villada  Díaz  no  figuran  en  el  Plan de Reinserción, por ende, al mentir sobre este  aspecto  “de contera son  testigos    sospechosos    y    no    fiables   para   la   justicia”.   

1.8.  Aseveró  que  al  no  confrontarse la  fotografía  a  que  se  hizo  referencia  en  el informe suscrito por la Agente  Martha  Luz  Guío  con  la  que figura al momento de expedírsele la cédula de  ciudadanía  a  JAROL  MACÍAS  PALENCIA,  pasó  por  alto  que  no es la misma  persona,  porque  si así se hubiera procedido otra sería la conclusión habida  cuenta que los rasgos físicos son de una persona diferente.   

2. Falso juicio de identidad.  

Sobre  este  yerro,  puso de presente que el  ad   quem   señaló  que  “Levis  Manuel  Hoyos es  (…)  (sic), mientras que  JAROL  MACÍAS  PALENCIA es blanco, cabello mono y mide 1.72 metros de estatura.  Ambas  descripciones  concuerdan  con  las  declaraciones de Aristídes Méndez,  Orlando  Cárdenas  y  Alirio  Villada”,    situación    que    condujo   a   que   pusiera   “en          boca”   del   segundo   de   los  últimos  mencionados               “descripciones          que          nunca          hizo”,  por  tanto,  de no haberse cometido  ese equívoco otra hubiera sido la decisión.   

Las  anteriores  precisiones  llevan  a  la  demandante  a  inferir  que  no  existe  certeza  sobre  la participación de su  representado  en  la  comisión  de  las  conductas punibles endilgadas, máxime  cuando  MACÍAS  PALENCIA  el  7  de  marzo de 2005 estaba viviendo en Mosquera,  Cundinamarca,  y  trabajaba  con  Moncada  en  su  buseta,  además este último  señaló  que el noventa por ciento de los fines de semana se encontraban juntos  o trabajando.   

Por lo anterior, solicitó a la Sala casar el  fallo, para en su lugar, absolver al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso  extraordinario de casación  entendido  como  control  de  constitucionalidad  y  legalidad de las sentencias  proferidas  en  segundo  grado  se  halla  des-formalizado  en lo relativo a las  exigencias   rigurosas  de  debida  técnica  que  en  el  pasado  inmediato  se  demandaban,   a   las   que  en  el  presente  no  se  les  debe  otorgar  tanta  preponderancia  pues  ello implicaría contrariar el principio constitucional de  prevalencia de lo sustancial sobre lo formal.   

El anterior postulado se debe hacer extensivo  incluso  para  las  impugnaciones  que  se  efectúen  contra  las sentencias de  segundo   grado  proferidas  en  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000,  pero  la  des-formalización  no convierte a la casación penal en una tercera escala para  prolongar  en  libre  discurso  los  debates  dados  en las instancias sobre una  presunta  concurrencia  de  errores  derivados  de  falso  raciocinio,  falta de  aplicación  del  in dubio pro reo  y  falso  juicio  de  identidad,  aspectos  que  se enunciaron en la  demanda  sin  que  se  advierta  ninguna violación a esos postulados, como para  superar  las  falencias  de  lo  así  demandado en orden a proferir un fallo de  reemplazo absolutorio.   

2. En esta sede extraordinaria a efecto de la  prosperidad  de  los  cargos antes que exigencias formales de debida técnica lo  que  se  demanda  son  requerimientos lógico-jurídicos que sean contundentes y  con  la  fuerza  necesaria  de socavar de manera total o parcial lo dispuesto en  los  fallos de instancia, es decir, en la finalidad de evidenciar a la Corte con  efectiva  trascendencia  sustancial  que  la  declaración de justicia objeto de  impugnación,  la  cual  llega  a  esta  sede  extraordinaria  amparada  por  la  presunción  de  legalidad y acierto, se fundó en errores de hecho o de derecho  manifiestos  o se profirió al interior de un juicio viciado por irregularidades  que  afectaron  la estructura o la garantía del debido proceso o del derecho de  defensa,  errores  in  iudicando o in procedendo claramente diferenciados en sus  realidades   y   alcances  que  reclaman  el  correspondiente  control  legal  o  constitucional y los necesarios correctivos de que se trate.   

3.  Las  reglas establecidas en el artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000 para la elaboración del libelo son de ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión2.   

4. Las siguientes son las deficiencias que se  advierten  en  la  impugnación  presentada por la defensora del procesado JAROL  MACÍAS PALENCIA:   

4.1. Cuando el actor invoca un error de hecho  por  falso  raciocinio,  compete  al  demandante  indicar  qué  dice  de manera  objetiva  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada,  cuál  fue  el  mérito persuasivo otorgado, determinar el postulado lógico, la  ley  científica  o  la máxima de experiencia cuyo contenido fue desconocido en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica,  o  el supuesto de experiencia que debió considerarse, identificar  la   norma   de  derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada,  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error  expresando  con claridad cuál debe ser la correcta inferencia de la prueba, con  la  indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar  a un fallo esencialmente diverso y opuesto al ameritado.   

4.2.  El  error  por  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica  propuesto   por  la  libelista  quedó  limitado  a  una  exposición  sobre  el  particular  punto  de  vista  de la postulante del cargo y su confrontación con  las  sentencias  de  las  instancias  las  cuales conforman una unidad jurídica  inescindible,  en  todo cuanto no haya sido objeto de revocación, por tanto, la  de primera instancia queda fundida con la de su superior funcional.   

Para  acreditar  la  existencia  de un falso  raciocinio,  lo  ha  dicho de manera reiterada la jurisprudencia de la Sala, era  menester  que  la   libelista  demostrara que los razonamientos probatorios  con   fundamento   en   los   cuales   se   edificó  la  decisión  se  apartan  ostensiblemente  de la razón y sus conclusiones obedecen tan solo al capricho o  liberalidad  del fallador, de donde resulta imposible hablar de falso raciocinio  cuando   simplemente   se   presenta  una  apreciación  probatoria  que  no  se  comparte3.   

4.3.  No hay duda que la demandante sólo se  esforzó  por  plantear  su  personal  percepción  del  asunto,  para sin más,  concluir  que  la  sentencia  demandada debe ser casada y su defendido absuelto,  pero  no  procede  a  señalar  con rigor errores del Tribunal en la providencia  atacada  que  así lo demuestren, limitándose a oponerse a las conclusiones del  fallador, tarea de inadmisible acogida en sede extraordinaria.   

4.4. Como la discusión que se plantea en la  demanda  tiene  que ver con la prueba acopiada para demostrar la responsabilidad  del  procesado, la Sala resalta que la misma tiene coherencia interna y externa,  su  fuente es imparcial y reúne todos los requisitos de legalidad exigidos para  su aducción y valoración.   

Al   decidir   el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  JAROL  MACÍAS  PALENCIA, alias “Miller”,  el Tribunal despachó uno a uno los  argumentos  -que son similares a los expuestos por la aquí demandante- para que  éste  fuera  absuelto  de  los  cargos imputados por la Fiscalía General de la  Nación,  efecto  para  lo  cual  y  respecto  a  la identificación del acusado  señaló  que éste es blanco, mono y mide 1.72 metros de estatura, descripción  que  concuerda  con  lo  señalado por Aristídes Méndez y Alirio Villada, y si  bien  es  cierto  tal  como  lo  pone  de  presente  la  recurrente -cuando hizo  referencial   al   yerro   por  falso  juicio  de  identidad-,  el  ad  quem  en  este  acápite  mencionó a  Orlando  Cárdenas,  ello  no es suficiente para descartar la individualización  del  procesado,  máxime  cuando Dios Emiro Pérez Valencia declaró que MACÍAS  PALENCIA   era   conocido   en   el   barrio   con   el  alias  de  “Miller”,  sin  que  reste valor a su dicho el  haberse  negado  a  reconocerlo  en  la audiencia de juzgamiento, si se tiene en  cuenta  que  el  deponente  venía  siendo  objeto  de amenazas por parte de los  integrantes  de  las  AUC,  empresa  criminal  a  la  que pertenecían todos los  vinculados inicialmente a esta actuación.   

4.5.  Las anteriores precisiones permitieron  al  ad  quem señalar que en  la  actuación  procesal estaba plenamente demostrado que JAROL MACÍAS PALENCIA  correspondía  a  la  persona  que  era  conocida  con  el alias de “Miller”,   quien   en  compañía  de  otros  pertenecía  a  las  Autodefensas  Unidas  de Colombia que operaban en Bogotá y  Soacha,  y  el  7  de  marzo  de 2005 en compañía de Levis Manuel Hoyos Ramos,  alias  “El Tío”,   ultimaron   a   quien   en   vida  correspondía al nombre de  Silvio Ortiz Rivera.   

Además,  al  analizar  el  testimonio  de  Aristídes  Méndez Marín, el Tribunal puso de presente que éste fue agregando  detalles  a  sus  declaraciones  pero siempre identificando a alias “El           Tío”   como   el   autor  del  homicidio,  describiendo  el  móvil, el objeto usado para segar la vida del occiso, la hora  y  el  lugar  de  la  comisión  del  hecho  punible,  y  en lo que al procesado  recurrente respecta dijo que:   

“Miller  pertenecía     al     grupo,     que     había    ayudado    a    “El          Tío”  a  arrastrar el cadáver del occiso  -Silvio  Ortiz  Rivera-  y  dio  una  descripción  física que coincide con las  características  del  procesado.  Asimismo  (sic) tenemos que Méndez Marín no  fue  el  único  testigo  que  lo  sindicó como miembro del bloque “Capital”   de   las   AUC   comandado   por  “El   Tío”, ya que Alirio Villada, Julio César  López  y  Dios Emiro Pérez soportaron dicha declaración, dando como resultado  la  descripción  de varias de sus actividades delictivas, como ser el encargado  de           cobrar           “vacunas”,    ayudante   de  “El  Tío” en  el    homicidio    de    Silvio    Ortiz    Rivera,    de   alias   “Arafat,          “El         Lechero”,             “El          Flaco”,        y        “Leydi”,  así  como  haber  hecho parte del  grupo    que   lanzó   una   granada    a   la   Droguería   “Horus”,     entre     otros”.   

4.6.  Para desvirtuar el lugar de residencia  de  MACÍAS  PALENCIA, el Tribunal precisó que si bien es cierto éste aseguró  que  residía  en  Mosquera  y  se trasladó a Bogotá en agosto de 2005, por lo  que   no  pudo hacer parte de las AUC y menos participar en el homicidio de  Silvio  Ortiz  Rivera, dicha aseveración no encontró soporte probatorio porque  los  testimonios  allegados  para tal fin solo explican sus actividades a partir  de  esa fecha, pero no a qué actividades se dedicó antes de ese mes y año, ni  tampoco si efectivamente residía en tal municipio.   

Precisión  que cobra mayor relevancia si en  cuenta  se  tiene  que  antes  que fuera vinculado mediante indagatoria, MACÍAS  PALENCIA  reconoció  haber  estado  en Bogotá en el barrio Kennedy conversando  con      Luis      Eduardo      Méndez      Marón,      alias     “Andrés”         o         “Lucho”,  con  quien  se  desplazó al Tunal,  además  Dios  Emiro  Pérez  Herrera al momento de ser vinculado a este proceso  fue  enfático  en  señalar  que  el  aquí  recurrente  era conocido en ciudad  Bolívar    con    el   alias   de   “Miller”   y  “se encuentra en la Sala  de  espera  de  la Unidad”,  circunstancias  que  llevan  a inferir que JAROL MACÍAS PALENCIA en la presente  actuación   estaba   individualizado  e  identificado,  sin  que  hubiera  sido  necesario   realizar   ninguna   comparación   fotográfica,  porque  éste  se  identificó   con   el  número  de  cédula  de  ciudadanía  expedido  por  la  Registraduría  Nacional  y  su  descripción  morfológica registrada desde los  albores  de la investigación correspondía a la que aparece en las fotografías  a que hace referencia la demandante.   

4.7.  Olvidó  la  casacionista  que la sana  crítica  o  persuasión  racional  es  el  sistema  de  valoración  probatoria  adoptado  por  el  legislador  colombiano  de  20044,   método  que  no  ha  sido  extraño  a  las codificaciones precedentes porque, por ejemplo, los Códigos de  Procedimiento  Penal  de  1991 y 2000 lo recogieron en sus artículos 254 y 238,  respectivamente,  y el estatuto procesal civil que desde 1971 lo consagró en su  artículo 187.   

La Sala ha dicho que  

La  sana  crítica  impone  al  funcionario  judicial  valorar la prueba contrastándola con los restantes medios, y teniendo  en  cuenta  la  naturaleza  del  objeto  percibido,  el estado de sanidad de los  sentidos  con  los  que  se  tuvo  la  percepción, las circunstancias de lugar,  tiempo  y modo en que se percibió y las singularidades que puedan incidir en el  alcance de la prueba examinada.   

El  examen  probatorio,  individual  y  de  conjunto,  además  de los criterios señalados, acude a los supuestos lógicos,  no  contrarios  con la ciencia, la técnica ni con las reglas de la experiencia,  para  inferir  la  solución  jurídica  que  la  situación  examinada amerita.   

En  consecuencia,  el  razonamiento  para  determinar  en  un proceso penal si un hecho dado ocurrió o no (facticidad), y,  en  la  primer  eventualidad,  las  posibilidades en que se ejecutó, solo puede  apoyarse  en  premisas  argumentativas  que  apliquen  las  reglas  de  la  sana  crítica,  en  los  términos  que  vienen  de  explicarse,  no  a través de la  personal   o   subjetiva   forma   de  ver  cada  sujeto  la  realidad  procesal  examinada5.   

4.8. La prueba atacada por la censora, junto  con  el  resto  de  material  examinado  para  la toma de sus decisiones por las  instancias,  indican  que se acertó al considerar que el acusado realizó actos  ejecutivos   que   materializaron   los  delitos  imputados,  porque  claramente  demostrado  está  que  tal  actividad llevó a la producción de los resultados  lesivos  a  los  bienes  jurídicos  contra  la  libertad, integridad personal y  seguridad pública.   

5.  Si  el  propósito de la recurrente a través de lo demandado era el  de  lograr  la  aplicación  de  la duda a favor de MACÍAS PALENCIA,  se  advierte sin dificultades que para  nada  consiguió  ese  objetivo  ni  desde  la perspectiva de la prevalencia del  derecho   sustancial   se   desprende   aplicable   esa   categoría   al  aquí  procesado.   

5.1.  Se  recuerda  que  aquel postulado de  contenidos  desde luego sustanciales, es un estadio cognoscitivo en el que en la  aprehensión  de la realidad objetiva concurren fenómenos probatorios a favor y  en  contra, es decir, que afirman y a la vez niegan la existencia de la conducta  material objeto de conocimiento penal de que se trate.   

En esa medida en los supuestos de la duda se  plantea  una  relación  probatoria de contradicciones en la que convergen   pruebas  de  cargo y descargo, de contenidos afirmativos y negativos, los cuales  como  fenómenos proyectan sus efectos de incertidumbre, de ausencia de plenitud  probatoria  en  cuanto  a  lo  material se refiere y de carencia de certeza como  estadio   de   convicción,   respecto   de   alguna   o   algunas   categorías  jurídico-sustanciales  que  se  discutan al interior del singular proceso penal  objeto de examen.   

5.2. En igual sentido, en este instituto se  integran  aspectos objetivos y subjetivos, desde los cuales se puede inferir que  el  in  dubio  pro reo no se  consolida  por  los  simples  efectos  unilaterales de los dilemas o expresiones  encontradas  que  se  relacionen con lo subjetivo o con lo objetivo dados en los  fenómenos en que se contienen manifestaciones en contravía.   

Con lo anterior se significa que en orden a  la  materialización  de  este apotegma y su correlativa demostración, la labor  fundamental  no  está  dada  ni  puede  quedarse  simplemente  en  enunciar  su  presencia  ni en identificar las circunstancias de perplejidad o para el caso de  lo  acusado  en  la  afirmación  de  que  los juzgadores de instancia valoraron  parcialmente  o  dejaron  de apreciar en su totalidad algunos de los testimonios  rendidos  en  esta actuación, sin relacionar contenidos de prueba que nieguen o  excluyan la autoría del procesado.   

5.3.  Por  el  contrario, ante la presencia  real  de  medios  de  convicción  que tienen expresiones disímiles, como es de  suyo  se  debe  proceder  a  discernir  hacia  dónde  se  inclina la balanza de  exclusiones,   es   decir,   se   deberá  formular  la  pregunta  y  resolverla  determinando  si  los  contenidos  probatorios  de cargo tienen la capacidad, la  fuerza  necesaria  de  excluir  de manera total o parcial a los descargos o a la  inversa,  bajo  el  entendido  que  el  in  dubio pro  reo  se  consolida  cuando  las  dudas surgidas de los  elementos  fácticos  divergentes  no  se  pueden  disolver,  en cuyo evento por  principio   universal   corresponde   por   imperativo  legal  y  constitucional  resolverlas  en  todo  evento  a favor rei  en  salvaguarda  de  la  presunción de inocencia, aspectos de los  cuales  no se ocupó la  impugnante, en orden a demostrar dudas respecto de  la  materialidad  de  las  conductas  de  homicidio  agravado  y  concierto para  delinquir  agravado, es decir, acerca de la inexistencia de la autoría material  de las conductas punibles endilgadas.   

Con  lo  anterior,  se  valora que desde la  perspectiva  de  un  control de constitucionalidad y legalidad de las sentencias  como  lo  es  el  recurso  de  casación  ni  desde  la  prevalencia del derecho  sustancial  se  observan  lagunas en orden a su aplicación oficiosa respecto de  los delitos objeto del presente examen extraordinario.   

5.4. Resulta pertinente recordar que la Sala  ha  señalado  desde antaño que la impugnación extraordinaria del in  dubio pro reo no es un ejercicio libre  de exigencias:   

Un tal principio corresponde no únicamente  a  un  imperativo  constitucional  y  legal, sino que precisamente, a uno de los  postulados  máximos  que  gobiernan  la  valoración probatoria y en general el  proceso penal.   

Pero, claro está, que el reconocimiento de  un  tal  principio  probatorio,  en ninguna forma está significando que para su  aplicación   sea   suficiente   su   sola  afirmación,  desconociendo  que  la  contradicción  subyacente  en  el proceso de valoración probatoria se quede en  la  dinámica  primaria  de  su  aducción,  ya  que,  precisamente,  su máxima  expresión  dialéctica  se encuentra es en el juicio que de ellas debe hacer el  juzgador,  quien  como  titular de la jurisdicción es el que debe confrontar en  su  integridad  los  elementos probatorios allegados legalmente al proceso, para  con  fundamento  y  límite  en  la  sana crítica, excepción hecha en aquellos  casos  en  los  que  eventualmente  la  ley  les  reconozca tarifa legal, colija  cuáles  ameritan  probar  un hecho y cuáles no, labor intelectual ésta que le  impone  una  apreciación,  inicialmente  individual, pero acto seguido, como en  todo  proceso  analítico, confrontativa con el universo probatorio válidamente  aportado  al  proceso,  única  forma  de establecer la verdad procesal, pues el  grado  de  certeza no puede ser abstracto sino referido a un objeto determinado,  esto  es, que el juicio probatorio imprescindiblemente debe fundamentarse en los  medios   de   prueba  dinamizados  en  la  correspondiente  actividad  procesal,  resultando  intrascendente  la  sola  afirmación  de  certeza o duda, según el  caso, pues lo que importa es su demostración.   

Este  procedimiento,  impone, entonces, la  elaboración  de  un juicio probatorio, que de suyo, conlleva un raciocinio, una  conclusión,  que  en  el campo valorativo viene a significar la convicción que  se  tenga sobre la existencia de un hecho o su negación, con el ítem de que en  punto  de  la  actividad probatoria procesal, su apreciación no puede partir de  hipótesis,  sino  de  hechos  probados,  los que contradictoriamente valorados,  permitan  o  que  todos  los medios obtenidos para su demostración, conduzcan a  una  sola  verdad  o  que,  por  el contrario, su conjunto haga que, de la misma  forma,  con  base  en  la  lógica,  la ciencia y la experiencia común, unos de  ellos  sucumban  frente al objeto por demostrar, o que quedando los dos extremos  en  igual  grado  de  credibilidad,  imposibiliten  llegar a la certeza sobre la  existencia  de  una determinada conducta, de un hecho o de un preciso fenómeno,  pudiendo,  entonces,  llegarse a uno de los dos extremos viables, o la certeza o  la duda de su inexistencia.   

En todo caso, sea que el sujeto cognoscente  llegue  a  uno  y otro grado de credibilidad, lo que no puede ser jurídicamente  admisible  es  que,  a  priori, se pueda privilegiar el valor de una determinada  prueba,   dejando  de  lado  la  imprescindible  confrontación  que  se  impone  concretar  con  la  integridad  de  su  conjunto, ya que cada una de ellas puede  contener  una  verdad,  o  más precisamente dar origen a un criterio de verdad,  que  como  tal  debe  estar predispuesto  a ser confrontado con los demás,  para  que  en  su universo, integrados todos, sea dable deslindar los que puedan  calificarse  de  lógicos,  no  contrarios  a  la  ciencia ni a la experiencia y  descartar  aquellos  que  se  escapan a éstos cánones exigidos por la ley para  efectos  de  la  apreciación  probatoria  y  así  de  ellos,  sí  inferir  la  conclusión  que  irá a producir una determinada relevancia jurídica, tanto en  lo  sustantivo  como  en  lo procesal, por haberse llegado a la certeza sobre el  objeto  que  se  pretende  demostrar,  o  por  el  contrario, a la duda sobre el  mismo6.   

5.5.   Los  testimonios  allegados  a  la  investigación  son  contundentes  y  sobre  los  mismos no es dable plantear ni  siquiera    una   hipótesis   de   in   dubio   pro  reo,     pues   antes   que  presentarse  elementos  probatorios  divergentes  respecto  de  la  autoría responsable del aquí procesado, lo que surgió es la  certeza  en su contra. Además, frente a la queja de la recurrente en el sentido  que  se  deben desechar las declaraciones que no coincidan a favorecer a MACÍAS  PALENCIA, esta Corporación ha señalado que:   

Cuando  dentro  de  un proceso una misma  persona  rinde varias versiones, la regla de experiencia enseña que bien pueden  no   coincidir  en  estricto  sentido  unas  y  otras.  Es  más,  una  perfecta  coincidencia   podría   conducir   a  tener  el  testimonio  como  preparado  o  aleccionado.   Las  posibles  contradicciones  en  que  haya  incurrido  no  son  suficientes  para  restarle todo mérito, pues “en tales eventos el sentenciador  goza  de la facultad para determinar, con sujeción a los parámetros de la sana  crítica,  sin  son  verosímiles  en  parte,  o que todas son increíbles o que  alguna  o  algunas  de  ellas  tienen  aptitud  para  revelar  la  verdad  de lo  acontecido”.   Por  manera  que  si  el  declarante  converge  en  los  aspectos  esenciales,   el   juzgador   no   podrá   descartar   sus  dichos.7   

5.6. Vale la pena reiterar que para la Sala  la  simple  oposición  del  criterio  defensivo  a los criterios de valoración  probatoria  empleados  por  los  juzgadores  no  es  suficiente  para motivar el  análisis  de  la  legalidad  del  fallo,  porque debe sujetarse a las técnicas  establecidas  para  probar la existencia de yerros manifiestos y esenciales, con  incidencia en el sentido de la decisión.   

          6. Falso juicio de identidad.   

6.1. Cuando se denuncia la configuración de  esta  clase  de yerro en la apreciación probatoria, el recurrente debe señalar  qué  en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el  juzgador,  cómo  se  tergiversó,  cercenó  o  adicionó  haciéndole producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen de él, y lo más importante, la  trascendencia  del  desacierto  en  la  declaración de justicia contenida en la  parte resolutiva de la sentencia.   

      

6.2. Si bien la demandante sobre este yerro,  puso   de   presente   que   el  ad  quem     señaló    que    “Levis  Manuel  Hoyos  es (…)  (sic),  mientras  que  JAROL MACÍAS PALENCIA es blanco, cabello  mono  y  mide  1.72  metros  de estatura. Ambas descripciones concuerdan con las  declaraciones    de    Aristídes    Méndez,   Orlando   Cárdenas   y   Alirio  Villada”,  situación que  condujo  a que pusiera “en  boca”  del segundo de los  últimos       mencionados       “descripciones          que          nunca          hizo”,  también  lo  es  que se abstuvo de  señalar  cuál  es  la  trascendencia  del error en la declaración de justicia  contenida  en  la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico que no puede  ser  demostrado con la exposición subjetiva de su parecer sobre la apreciación  de  las  pruebas, pues menester resulta que objetivamente acredite la existencia  del  yerro  y  que  éste  condujo  a la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el error, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el sentido de la decisión reprochada.   

6.3.  Además,  la  impugnación  no  puede  elevarse  de manera solitaria o incompleta como en efecto se hizo en la demanda,  sino  que  también corresponde relacionarla con los otros medios de convicción  para  el caso en concreto sí apreciados, incluidos los juicios valorativos o de  inferencia  realizados,  demostrando en vía de la concreción que con la prueba  vista   en   su   identidad   corpórea   sin  afectaciones  de  extensiones  ni  restricciones  al  haberse  integrado  a  los  restantes  medios  de  prueba, la  sentencia no se sostendría y conllevaría unos efectos diferentes.   

7. Así pues, notorio resulta que el libelo  adolece  de  las graves falencias técnicas destacadas, las cuales no pueden ser  enmendadas  por la Corte, habida cuenta que el principio de limitación que rige  su  actividad  en  este trámite le impone pronunciarse sólo sobre los aspectos  específicamente  propuestos  y  por tratarse de un recurso esencialmente rogado  al  que  solo se tiene acceso en virtud de petición de parte, salvo los eventos  de   nulidad   o   infracción   a   garantías  fundamentales  que  pueden  ser  oficiosamente    abordados,    situaciones   estas   últimas   que   aquí   no  concurren.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

Primero:  NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por la defensora de JAROL MACÍAS PALENCIA.   

Segundo:  ADVERTIR  a  que  contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JAVIER DE J. ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO     DE     J.     ESPINOSA  PÉREZ                      ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO         J.         IBÁÑEZ  GUZMÁN                           

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.  

    

1 Dios  Emiro  Pérez  Herrera,  Alirio  Villada  Vivas y Luis Eduardo Méndez Marín se  acogieron a sentencia anticipada.   

2 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencias de casación de  26  de  junio de 2002, radicado 11451 y 10 de noviembre de 2005, radicado 23451,  entre otras.   

4 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 30 de marzo de 2006,  radicación 24468.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 25 de mayo de 2005,  radicación 21068.   

6 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de única instancia del  4  de  septiembre de 2002, radicación 15884, y sentencia de casación del 26 de  enero de 2005, radicación 15834.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, Sentencia del 5 de noviembre de  2008, radicado 30305.     

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