35207(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

                            Aprobado Acta No. 404   

Bogotá,  D.  C., cuatro (04) de diciembre de  dos mil trece (2013)   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de  casación presentada por el abogado defensor de JUAN CARLOS BARRERA  HERNÁNDEZ  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por  el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cundinamarca, mediante el cual confirmó la  pena  de  450  meses  de prisión que el Juzgado Penal del Circuito de Funza les  impuso  tanto  a  dicha  persona  como  a Roberto Carlos Delgado por un concurso  homogéneo      del     delito     de     homicidio  agravado.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. El 20 de noviembre  de  1999, en la entrada a la hacienda El Noviciado, entre los municipios de Cota  y  Chía,  Jorge  Montilla  Mantilla  y  Mario  Fernando  Martínez Campo fueron  muertos con arma blanca y arma de fuego, respectivamente.   

Días después, Roberto Carlos Delgado, alias  El      Negro         o        Pacho, le contó a Jesús Hugo Luengas que  JUAN       CARLOS       BARRERA       HERNÁNDEZ,       alias       Lucho, lo había contratado por la suma de  $500.000  para  que  asesinara  a  Jorge  Montilla  Mantilla  y a Mario Fernando  Martínez  Campo.  También  le dijo que lo había hecho en las afueras de Cota,  que  a  este  último  le  disparó  dos veces en la cabeza y que con el primero  utilizó una navaja, dado que el revólver se le había trabado.   

2.  Por lo anterior,  la  unidad  de  Fiscalías  Delegada  de  Funza ordenó la apertura del proceso,  vinculó  mediante  indagatoria  tanto  a  JUAN CARLOS BARRERA HERNÁNDEZ como a  Roberto  Carlos  Delgado  y,  agotada  la instrucción, calificó el mérito del  sumario  en su contra el 19 de diciembre de 2003, acusándolos por las conductas  punibles    de    homicidio   agravado   en   concurso   homogéneo   y  fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones, conforme a lo previsto en los  artículos    103,    104    numeral    4   (“[p]or  precio”) y 365 de la Ley 599 de 2000, actual Código  Penal,  el  primero  en calidad de determinador y el segundo a título de autor.   

Esta  decisión  quedó  ejecutoriada el 4 de  febrero  de  20041.   

3.           Conoció de la  etapa          siguiente         el   Juzgado  Penal del Circuito de Funza  (Cundinamarca),      despacho     que  en  decisión  de 11 de agosto de 2009  decretó  la  prescripción  de  la acción penal y la consecuente cesación del  procedimiento  por  el delito contra la seguridad pública y los condenó por el  comportamiento  contra la vida a 450 meses de prisión  y  10  años  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas.  Adicionalmente,  les  ordenó  pagar  solidariamente  150  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  por  los  daños  morales  ocasionados y les negó cualquier mecanismo  sustitutivo de ejecución de la pena privativa de la libertad.   

4.  Apelada    la   decisión   por    el    abogado    defensor    de    JUAN    CARLOS    BARRERA  HERNÁNDEZ,  el  Tribunal  Superior      del     Distrito     Judicial     de  Cundinamarca  la  confirmó  en su integridad.   

5.  Contra    el   fallo  de    segundo    grado,   presentó   el   apoderado   de  BARRERA  HERNÁNDEZ                recurso    extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Invocando     un     “desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la  prueba”2,  propuso  el  demandante  un  falso  juicio de existencia por omisión, así como un  falso  raciocinio, porque los magistrados del Tribunal  “supusieron  que  lo  dicho  por  aquel  testigo de  oídas    [Jesús   Hugo  Luengas]   en  el  grado que le imponen que estaba diciendo la verdad y con el  [sic]   fundamentan   la  estructura     de    la    decisión”3.   

Adicionalmente,  adujo  que  “el  yerro  del  Honorable  Tribunal  ha  consistido en darle a este  testimonio    [el   de  Luengas]   el   valor   de   forma   suprema,   más  allá  del  valor  conferido por la ley, […]  dando  así  un  falso  juicio de  convicción”4.   

Después  de  citar  doctrina  acerca de los  testimonios  de  oídas,  y de afirmar que en el presente caso no existe un solo  medio  de prueba con el que “de manera directa se le  sindique   así   como   se   quiere   ver   como  el  agente  determinador  del  hecho”5,    adujo   que    era    necesario   analizar   “la  personalidad  del  señor Hugo Luengas respecto de sus circunstancias personales  y  sociales, que dejan mucho que decir por estar al margen de la ley”6.   

En  ese orden de  ideas,  solicitó  a  la  Corte    casar    la    sentencia   impugnada  para  modificarla en el sentido  de absolver a JUAN CARLOS BARRERA HERNÁNDEZ.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria,  la correspondencia con el orden jurídico de una sentencia  de   segundo   grado,   de   la   cual  en  principio  se  presume  su  acierto,  constitucionalidad y legalidad.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.   

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario, es aquella que resiste racionalmente la crítica.   

La  crítica  será  irrelevante  si no logra  refutar  la  providencia,  es  decir,  si  no  demuestra  bajo  los  parámetros  jurisprudenciales  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la  Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.   

Un alegato de instancia, por el contrario, no  necesariamente  está  basado  en  la  lógica del error. El sujeto procesal, en  esos  casos,  le  expone  a  los  jueces  de  primer y segundo grado una postura  fáctica  o  jurídica susceptible de resolver o de explicar los temas debatidos  en  el  proceso.  El  funcionario  judicial,  por  su  parte, puede acoger tales  explicaciones  o  inclinarse  por otras. Pero ninguno de ellos está obligado de  manera  directa  o  específica  a  establecer  que  las  decisiones precedentes  (resolución  de  acusación  o sentencia del a quo) estuvieron determinadas por  yerros relevantes.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)  exigen una presentación lógica y adecuada a las causales establecidas  en  el  artículo 207 de tal estatuto, así como el desarrollo de los cargos que  por  los  vicios  de  trámite  o de juicio haya propuesto el recurrente, con la  demostración    de    su    importancia    para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

2.  En  el presente  asunto,  el abogado defensor de JUAN CARLOS BARRERA HERNÁNDEZ jamás presentó,  ni  formal  ni  materialmente,  error  alguno  que  pudiera prosperar en sede de  casación,   dadas   las   inconsistencias   en   el   único   cargo   por  él  formulado.   

En  primer  lugar,  el demandante ni siquiera  enunció  la causal por la cual consideraba que procedía la casación, tal como  lo  exige  el  numeral  3º  del  artículo  212  de la Ley 600 de 2000. Tampoco  enunció  las  normas  que  consideraba  infringidas; únicamente se refirió al  “desconocimiento de las  reglas    de    producción    y    apreciación    de   la   prueba”7,  que es como el numeral 3º  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004 (Código de Procedimiento Penal para el  sistema  acusatorio  no aplicable al presente asunto) contempla lo que la Corte,  tradicionalmente,    ha    denominado    violación    indirecta   de   la   ley  sustancial.   

Así  mismo,  en  el mismo reproche, no sólo  adujo   que  el  ad  quem  incurrió  en  un  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  un  falso  raciocinio  y  un falso juicio de convicción, sino que  además  los circunscribió a idéntico problema jurídico: el de la valoración  otorgada  por  las  instancias  a  lo dicho por el testigo de oídas Jesús Hugo  Luengas.   

Con lo anterior, el recurrente desconoció el  principio  de  no  contradicción,  de acuerdo con el cual no es posible argüir  que  una  determinada cosa es y no es al mismo tiempo, pues para él la referida  situación  probatoria  (la  apreciación  del  testigo indirecto) se ajustaba a  tres  modalidades  distintas  de  error, que no pueden ser confundidas en cuanto  tales.   

En  efecto,  cuando  casación  se plantea la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, el censor tiene la obligación de  precisar  si  aquella  obedece  a  un  error  de  derecho o a uno de hecho en la  valoración  de la prueba. El error de derecho puede tratarse de un falso juicio  de  legalidad  o  de un falso raciocinio. Este último ocurre cuando el juzgador  le  niega  a  la  prueba  el  valor  que la ley le asigna o cuando le da uno que  legalmente  no  le  corresponde.  Pero como el ordenamiento jurídico colombiano  obedece  al  sistema de la persuasión racional o al de libre apreciación de la  prueba,  sólo  se presentaría en contados casos, como cuando el juez desconoce  la  tarifa  legal  negativa que el legislador consagra en el artículo 314 de la  Ley  600  de  2000,  relativa a los informes que la policía judicial elabora en  las labores previas de verificación.   

Por   otra  parte,  cuando  se  propone  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de un error de hecho en la  apreciación   de   la  prueba,  éste  sólo  puede  presentarse  en  tres  variantes: el falso juicio de existencia, el falso juicio  de identidad y el falso raciocinio.   

El  falso  juicio  de  existencia  se  da  cuando  el juez o cuerpo  colegiado,   al   proferir   el   fallo  objeto  del  extraordinario     recurso,     omite   valorar  por  completo  el  contenido material de un medio de  prueba  que hace parte de  la  actuación  y que, por lo tanto, fue debidamente  incorporado         a         ésta  (falso  juicio  de existencia por  omisión);  o  también  cuando  le  concede  valor  probatorio  a  uno  que  jamás fue recaudado y, por  consiguiente,  supone  su existencia (falso juicio de  existencia por suposición).   

Y el falso raciocinio, a su vez,      ocurre     cuando    el  funcionario    valora    la    prueba   de   forma  integral, sin omisiones,  mutilaciones  o  suposiciones,  pero  se aleja en la  motivación     de    la    sentencia     de    los    postulados    de    la    sana    crítica,    es    decir,    de    una  concreta ley científica,  principio   de   la   lógica   o   máxima  de  la  experiencia.   

Cualquiera   de  estos  yerros  debe  ser  trascendente.  Lo  anterior  implica      que,  ante    la   valoración   en   conjunto   de   la  prueba    por   parte  del Tribunal,    o  por   ambas   instancias   (según  sea  el  caso),  su exclusión conduciría  a    adoptar    una   decisión   distinta   a   la  impugnada.   

En  el  presente  caso,  el profesional del  derecho   no   sólo  dejó  de  tener  en  cuenta  los  anteriores  parámetros  conceptuales,  sino que además, de la simple lectura de la providencia atacada,  no  se  advierte que al apreciar la declaración del testigo Jesús Hugo Luengas  el Tribunal haya cometido una manifiesta equivocación.   

En  primer  lugar,  el  juez plural tuvo en  cuenta  la  sentencia  de  la  Corte  de  21 de mayo de 2009 (radicación 22825)  según  la  cual la prueba indirecta en la Ley 600 de  2000  se  constituye  en  un  medio  idóneo, serio y eficaz cuando (i)  la referencia es de primer grado,  es  decir,  proviene  de  “quien  sostiene  en  su  declaración  que  lo  narrado  lo escuchó directamente de una persona que tuvo  conocimiento  inmediato  de los hechos”8;  (ii) el testigo de oídas  identifica   a   la   fuente   de   conocimiento,   esto   es,   “al  testigo  directo  de  quien  recibió o escuchó la respectiva  información”9;      y     (iii)   su  contenido  “aparece   corroborado   y   respaldado   por  otros  elementos  de  convicción  que  no  permiten  dudar de la veracidad del relato hecho por otras  personas  al  testigo”10.   

Y,  en  el  fallo  impugnado,  el  Tribunal  concluyó  que  Jesús  Hugo Luengas “tuvo  conocimiento  de  la  etapa  de  preparación del delito por  haber  participado  en  ella  y de su ejecución porque el autor material de los  hechos  se lo relató”11, además que varios de los  aspectos  de  su  relato  fueron corroborados por los  dictámenes  de  necropsia,  así  como  por  lo narrado por Luis Carlos Millán  Carvajal,  otro  testigo, de modo que “los  referidos testimonios no sólo concuerdan entre sí, sino que  encuentran    soporte    en    las    demás    pruebas    recaudadas    en   la  actuación”12.   

Es   decir,  que  no  sólo  la        referencia  traída  por  Jesús Hugo Luengas fue  de  primer  grado,  con  fuente identificada (el otro procesado) y confirmación  por    otros    medios    de   prueba,   sino   que  además    de    ser   testigo   de   oídas respecto de lo que le narró el  autor     Roberto    Carlos    Delgado  acerca de  los  dos homicidios, tuvo  conocimiento     directo    de    las    circunstancias    que    los       precedieron.     E     incluso     descartó       el      criterio      de      la      defensa  acerca de la personalidad del  delator  (reiterado igualmente en el escrito de demanda), por cuanto    “no   puede   desestimarse   un  testimonio  bajo  el  argumento  de  que el declarante perteneció a una empresa  criminal  o  se  encuentra  condenado  por  otros delitos, si lo que se busca es  precisamente  recabar  información  sobre  hechos  en  que ellos participaron o  tuvieron          conocimiento”13.   

En  este orden de ideas, lo que cuestionó el  demandante  no  fue  en  últimas la suposición de un medio de prueba relevante  para  la  decisión  adoptada,  ni  un  yerro  trascendente  de sana crítica al  haberle  otorgado mérito probatorio al testigo de oídas, ni el desconocimiento  de  alguna  tarifa legal negativa en la Ley 600 de 2000 acerca de la valoración  del  testimonio  indirecto  (que, al contrario de lo que sucede en la Ley 906 de  2004,              no              existe14),   sino   sólo   que  las  instancias  no  valoraron la declaración de Jesús Hugo Luengas de la manera en  la  que a él le habría gustado, esto es, sin que su contenido material, al ser  valorado  en  conjunto con los demás elementos de juicio, fuese suficiente para  derruir  la  presunción de inocencia de la cual era titular JUAN CARLOS BARRERA  HERNÁNDEZ.   

3.  Conforme  a  lo  hasta  ahora  señalado,  la  Corte  no  advierte  error alguno propuesto por el  recurrente.  Por consiguiente, la demanda no será admitida. Así mismo, como la  Sala  tampoco  encuentra  violación  alguna  de  las  garantías del procesado,  ningún  pronunciamiento  oficioso realizará contra la sentencia dictada por el  juez plural.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por  el  defensor   de   JUAN   CARLOS   BARRERA   HERNÁNDEZ  contra       el  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial       de      Cundinamarca.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER          MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ    

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                 EYDER     PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Reverso   del   folio  205  del  cuaderno  2  de  la  actuación  principal.   

2 Folio 54 del cuaderno del Tribunal.   

3  Ibídem.   

4 Folio  84 ibídem.   

5 Folio  85 ibídem.   

6  Folios 85-86 ibídem.   

7 Folio 54 del cuaderno del Tribunal.   

8 Fallo de 21 de mayo de 2009, radicación 22825.   

9 Ibídem.   

10  Ibídem.   

11  Folio 40 del cuaderno del Tribunal.   

12  Folio 43 ibídem.   

13 Ibídem.   

14  Cf.,  entre  otras,  fallo  de  2  de  septiembre  de  2008,  radicación 24920:  “[E]l  testimonio  de  oídas  debe  ser  valorado como cualquier otro  medio  de  prueba dentro del procedimiento previsto en la Ley 600 de 2000, en la  medida  en que no es viable considerar la aplicación retroactiva del inciso 2º  del  artículo  381  de  la  Ley  906  de 2004, ni cualquier otra norma de dicho  ordenamiento  que  regule  el  tema  de  las  pruebas  de  referencia,  pues  el  tratamiento  distinto  se  justifica  en razón de los principios que en materia  probatoria   son   inherentes   a   cada   uno   de   los   sistemas”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *