35155(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  35155   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 260.  

Bogotá  D.C.,  julio veintisiete (27) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La Corporación acomete el estudio sobre los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional  allegada  por  el  Fiscal  Seccional  de  Fresno (Tolima), contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Ibagué el  13  de agosto de 2010, confirmatoria de la dictada el 14 de abril del mismo año  por  el Juzgado Único Penal del Circuito de aquella municipalidad, a través de  la  cual  absolvió  a LUIS ALFONSO HERRERA    por   el   delito   de   homicidio   culposo   en   Jaime Quintero Giraldo.   

HECHOS  

Los sucesos que constituyeron la génesis de  este   diligenciamiento  fueron  adecuadamente  sintetizados  en  el  fallo  del  Tribunal en los siguientes términos:   

“Sucedieron el 20  de  enero  de 2008, a la altura del kilómetro 63 más 900 metros de la vía que  de  Fresno  conduce  a  Manizales,  cuando  se  movilizaba la buseta de servicio  público  afiliada  a  la Empresa Rápido Tolima, de placa SMA-246 conducida por  el  señor  LUIS  ALFONSO  HERRERA, en la que viajaba como pasajero el ciudadano  JAIME   QUINTERO   GIRALDO  (vendedor  ambulante),  quien  cayó  del  vehículo  sufriendo  heridas  en  la  cabeza  y  otras  partes  del  cuerpo, las cuales le  produjeron la muerte”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En   audiencia  celebrada  en  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  función de control de garantías de Herveo (Tolima),  la  Fiscalía  le  imputó  al  incriminado la comisión del delito de homicidio  culposo,  cargo  que  no  aceptó. En la misma oportunidad, a instancia del ente  acusador  le  fue  impuesta medida de aseguramiento no privativa de la libertad,  como posible autor del referido comportamiento punible.   

          El  3 de julio de 2009 se presentó escrito de acusación y el 16 de  septiembre  siguiente  se  llevó  a  cabo la correspondiente audiencia, en cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  acusó a HERRERA  como  presunto  autor  del  delito  señalado  en  la audiencia de  imputación.   

El  debate oral fue adelantado en el Juzgado  Único  Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Fresno, despacho que  el  14  de  abril  de  2010  profirió  fallo,  por  medio  del cual absolvió a  LUIS         ALFONSO        HERRERA.   

Al   desatar   el  recurso  de  apelación  interpuesto  por la Fiscalía contra la sentencia del a  quo,    el   Tribunal   Superior   de   Ibagué   la  confirmó.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem  el  Fiscal  Delegado  interpuso  recurso   extraordinario   de  casación  y  allegó  en  tiempo  el  respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal tercera de casación  establecida  en  el  numeral  3º  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el  Fiscal  formula  tres  reproches contra el fallo del ad  quem,  por  violación  indirecta  de  la  ley  penal  derivada  de errores de hecho por falso juicio de existencia por omisión, falso  raciocinio y falso juicio de legalidad.   

          1.        Primer cargo: Falso juicio de existencia por omisión   

Afirma  el  impugnante  que  los  falladores  omitieron  valorar  el  testimonio  rendido  por  LUIS  ALFONSO  HERRERA durante el juicio oral, sometido a las  reglas  de  inmediación,  concentración  y  contradicción,  quien dijo que la  víctima  llevaba  dentro  del  bus  una  caja  bastante  grande, con la cual se  enredó y se cayó.   

Considera  que  a  partir  de lo expuesto se  acredita  la  violación  al  deber  de  cuidado del procesado, pues conforme al  artículo  87  del  Código  Nacional de Tránsito vigente para la época de los  hechos,  estaba  prohibido llevar en los vehículos de servicio público objetos  que pudieran atentar contra la integridad física de los usuarios.   

Precisa que la referida omisión condujo a no  tener  por configurada la conducta culposa del acusado, amén de su posición de  garante.   

          2.        Segundo cargo: Falso raciocinio   

          Asevera  el  casacionista  que  al  ser  valorado  el  protocolo  de  necropsia  se  violaron  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia y  las reglas de la experiencia.   

En  el  desarrollo del reparo indica que las  lesiones  establecidas  en  el dictamen apoyan la teoría del caso planteada por  la  Fiscalía,  esto  es,  que  la víctima salió expulsada del bus de servicio  público  conducido por el procesado, en cuanto llevaba las puertas abiertas, en  evidente  violación  del  deber  objetivo  de  cuidado  del  conductor  dada su  posición  de  garante al realizar una actividad riesgosa como es la conducción  de vehículos.   

Riñe con la lógica, precisa, considerar que  si  el vehículo hubiera estado detenido, la víctima resultara con las lesiones  registradas  en  el  dictamen,  es  decir,  en tal caso el daño a la integridad  personal habría sido leve.   

Aduce  que  de acuerdo a la experiencia, las  lesiones   cuyas   fotografías   obran   en   el  plenario  corresponden  a  un  arrollamiento,  no  a una simple caída. Además, conforme a la ciencia se tiene  que   como  lo  explicó  el  perito  –  médico, las lesiones se produjeron al ser arrollada y golpeada la  víctima    contra   el   pavimento,   luego   no   fue   que   simplemente   se  cayera.   

          3.        Tercer cargo: Falso juicio de legalidad   

          Comienza  la  casacionista  por  señalar que nada impide valorar el  testimonio   de  la  Médica  Kerlly  Cecilia  Cortés  Beltrán,   pues   no  se  trata  de  una  prueba  de  referencia,  quien  se  limitó  a  narrar  lo  que  el  procesado  HERRERA le contó, esto es, que el día de  los  hechos  recogió  al vendedor ambulante, el cual se sentó sobre una caja y  que  al  tomar  una  curva  no  se  sostuvo  bien  y  se  cayó  del  vehículo,  golpeándose con unas piedras.   

          Destaca  que  tal fragmento anotado en el dictamen rendido por dicha  profesional  hace parte del mismo, además de que fue introducido por aquella de  viva voz en el juicio oral.   

          Critica  que  el  Tribunal  considere improcedente el interrogatorio  del  indiciado  por  parte  del  perito,  pues  en  este caso no se trata de tal  proceder,  sino  del relato espontáneo de LUIS ALFONSO  HERRERA  a  la  Médica  y  así quedó plasmado en el  acápite  correspondiente  a “la opinión”, sin que se trate de una conclusión.   

          También  se  opone  a  que  el  Tribunal  diga  que la Fiscalía no  contrainterrogó  a  la  perito  sobre  ese  aspecto, cuando lo cierto es que lo  expuesto   por   dicha   profesional  apoyaba  la  teoría  del  caso  del  ente  acusador.   

          Relaciona  como  normas  violadas  los  artículos  23, 25 y 109 del  Código Penal, 81 y 83 del Código Nacional de Tránsito.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  el demandante solicita a la Sala  casar  el  fallo  impugnado,  para  en su lugar proferir sentencia de condena en  contra    de    LUIS   ALFONSO   HERRERA, como autor del delito de homicidio culposo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De tiempo atrás ha señalado la Corporación  que  si  bien  la Ley 906 de 2004 no distingue entre recurso de casación por la  vía  común  y  por  la  discrecional  en cuanto se marginó la exigencia de la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es claro  que  corresponde  al  recurrente demostrar el quebranto de derechos o garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del recurso y demostrar la  necesidad  del  fallo de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  estudio  de  los requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  corresponde  a  la  Sala  constatar en la formulación y  desarrollo  de  las  censuras  el  acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  apropiada  demostración  definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  la  presentación de los libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de la mencionada  normatividad  procesal  se  inadmitirá el libelo “si  el  demandante carece de interés, prescinde de señalar la causal, no  desarrolla los cargos de sustentación  o  cuando  de  su  contexto se advierta que no se precisa del fallo para cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso” (subrayas  fuera de texto).   

          Efectuadas  las  anteriores precisiones, ab  initio encuentra la Sala que el demandante falta a las  reglas   de  formulación  de  los  cargos,  pues  propone  varios  reparos  por  violación  indirecta  de  la  ley, por falso juicio de existencia por omisión,  falso  raciocinio  y  falso  juicio  de legalidad, sin tener en cuenta que de no  formularlos   en  forma  articulada  y  conjunta,  individualmente  considerados  carecen  de  aptitud suficiente para de manera insular derruir la presunción de  acierto  y  legalidad  del  fallo,  dado que, en caso de prosperar uno de ellos,  subsistirían  otros soportes de la decisión atacada para mantenerla incólume,  circunstancia   que   denota   la   intrascendencia  de  los  cargos1 y la falencia  técnica2.   

Conviene  recordar  que  en  tales  casos el  demandante  no debe proponer varios cargos, sino postular un único reproche con  fundamento  en  la  causal  tercera  de casación reglada en la Ley 906 de 2004,  esto  es,  por  violación indirecta de la ley derivada de yerros en punto de la  apreciación  de  las pruebas, los cuales confluyen en el equívoco judicial con  trascendencia en el sentido de la decisión impugnada.   

          Desde  luego,  el planteamiento plural de yerros dentro de una misma  censura,  ya se trate de errores de igual o diversa naturaleza, impone que entre  estos  no  haya contradicción. Así pues, no podría invocarse simultáneamente  dentro   de  un  reproche,  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de  determinado  medio probatorio, y a la par, respecto de esa misma prueba postular  un  falso  juicio de identidad por cercenamiento, pues o el medio de convicción  fue  marginado,  o  fue  mutilado,  circunstancias  sustancialmente  diversas  y  excluyentes.   

También  resulta contrario a la técnica de  este  recurso  extraordinario  que  dentro  del  mismo  cargo se invoquen varias  causales            de           casación3,  como cuando sincrónicamente  se  denuncia la violación directa e indirecta de la ley sustancial, pues en tal  caso  se quebranta el principio de autonomía de las causales, según el cual, a  cada  una  de  ellas  corresponde  un  objeto y un discurso que les son propios,  máxime  cuando  la  primera  tiene  por objeto una problemática exclusivamente  jurídico  –  conceptual,  mientras  que  la  segunda  se  perfila  hacia  la  indebida ponderación de las  pruebas.   

También es oportuno señalar que con base en  una  misma  causal  pueden  edificarse  varios  cargos,  como  cuando  ellos son  excluyentes,  cada  uno  sustentado  en  uno  o más errores no contradictorios.  Piénsese  en  quien invoca dos reproches, ambos bajo la égida de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  el primero, sustentado en errores por falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio  respecto  de  la  misma prueba para  deprecar  la  declaración  de inocencia del procesado, y el segundo, apoyado en  sendos  falsos  juicios  de existencia sobre dos medios de prueba, en procura de  conseguir  el  reconocimiento  de  un  estado  de  ira e intenso dolor. En estas  hipótesis,  aunque las pretensiones son sustancialmente excluyentes (una en pro  de  la  declaración  de  inocencia,  la  otra en busca de la disminución de la  pena),   procede   de   manera   adecuada  el  actor  al  proponerlas  en  forma  independiente,  en  diversos  cargos y colocando a la segunda como sucedánea de  la primera.   

Adicional a lo anterior se tiene, en punto de  la  primera  censura  que el  recurrente  invoca la presencia de error de hecho por falso juicio de existencia  por  omisión  de  lo  declarado  por  el  propio acusado, yerro que tiene lugar  cuando  pese a obrar el medio de convicción en el diligenciamiento no es objeto  de   apreciación   judicial,   surgiendo   entonces  para  el  actor  el  deber  indeclinable   de   indicar   la   prueba  omitida,  cuál  es  la  información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación conjunta con el resto de pruebas conduce a trastrocar las  conclusiones   de   la   sentencia   impugnada,  deberes  cuyo  cumplimiento  no  asumió.   

En  efecto, en las consideraciones del fallo  de  primer  grado  se dejó sentado que “LUIS ALFONSO  HERRERA  manifestó  que  el  occiso  era  un  vendedor ambulante que tenía por  costumbre  subirse  y  bajarse  de  los  buses”, por  tanto,  si  esta  decisión  conforma  una unidad con la sentencia del Tribunal,  puede  afirmarse que lo dicho por el procesado no fue objeto de marginación por  parte  de  los  falladores,  asunto  diverso es que hayan extraído conclusiones  diversas a las del impugnante.   

          Además,  debe resaltarse que los sentenciadores sobre el particular  echaron  de  menos  una  adecuada  investigación  por parte de la Fiscalía, en  especial,  la  falta  de  recaudo  de algunas pruebas importantes, tales como la  declaración     de    Gloria    Amparo    Tangarife  Agudelo,  quien presenció el desarrollo de los hechos  investigados.   

Con    relación    al    segundo  reparo,  advierte  la Colegiatura  que  al postular un error de hecho por falso raciocinio, el cual acontece cuando  los  falladores  derivaron  del  medio  probatorio  deducciones contrarias a las  reglas  de la sana crítica, esto es, los principios de la lógica, las leyes de  la  ciencia  o  las  máximas  de  la  experiencia,  correspondía  al libelista  establecer  qué  dice  en  concreto  la prueba indebidamente ponderada, qué se  infirió  de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este  asunto  no  acometió en debida forma, pues se quedó en el simple enunciado del  equívoco   y   en   el   planteamiento   de   su   personal   percepción   del  asunto.   

Es claro que en el desarrollo del reproche el  casacionista   cuestiona   la   logicidad  del  fallo  a  partir  de  su  propia  observación,  pero  no  atina  a  señalar  si se violaron los principios de la  lógica,  esto  es,  el  principio  de  identidad,  de  razón suficiente, de no  contradicción  o  el  tercero excluido, en evidente olvido de la presunción de  acierto y legalidad de la decisión impugnada.   

De  otra  parte  se  constata  que cuando el  censor  alude  a  las  reglas  de  la  experiencia, olvida que éstas tienen una  entidad  definida  y  que  no  corresponden a simples percepciones personales de  quien demanda en casación.   

Al  respecto  ha  dicho  la Sala4:   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto    temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

Así las cosas, las reglas de la experiencia  corresponden     al    postulado    ‘siempre   o  casi  siempre  que  se  presenta  A,  entonces,  sucede  B’,  motivo  por  el cual  permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los  primeros,  referidos a  predecir  el acontecer que sobrevendrá a la ocurrencia de una causa específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de establecer a  partir   de   la   observación   de   un   suceso   final  su  causa  eficiente  (retrospección)”.   

          En  consecuencia,  considera  la  Corporación  que el impugnante no  guarda   el   debido   rigor   en   la   proposición   y  desenvolvimiento  del  reparo.   

A  su  vez,  cuando  alude  a la ciencia, no  identifica   la   ley  científica  violada  y  tanto  menos  indica  su  debida  comprensión.   

          Finalmente,  en  cuanto  atañe  al  tercer  cargo,  en el cual alude al falso juicio de legalidad,  impera  señalar  que  tal yerro corresponde a la violación indirecta de la ley  derivada  de  un  error  de derecho, en cuanto los falladores al apreciar alguna  prueba  la  asumieron  equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de manera errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos en la ley para su práctica o aducción,  en  tal  caso, es del resorte del demandante identificar el medio probatorio que  tacha  de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales o constitucionales cuyo  quebranto  determina  su  ilegalidad  y  demostrar  la efectiva ocurrencia de lo  denunciado;   ora,  comprobar  la  legalidad  de  la  prueba  desechada  por  el  juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada,  deberes  que en este asunto no emprendió el libelista, en cuanto no  suministró  las  razones  de  su  aserto,  es  decir,  no  hizo explícitos los  argumentos  por  los  cuales considera se cometió respecto del dictamen médico  un error de derecho por falso juicio de legalidad.   

Las  mencionadas  falencias    en    el  discurrir  del   censor   imposibilitan  a  la  Sala  acometer     el     estudio     de    la  demanda,  pues   si  no  corresponde  a  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base  en  meros  enunciados  inexplicados  y  sin atenerse a las reglas lógicas y  argumentativas  que  lo gobiernan, obliga a la Sala a inadmitirla de acuerdo con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra       facultada       para       enmendar      tales      incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías, como para adoptar  la  decisión  de superar los defectos de la demanda y decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del  artículo  184  de  la citada  legislación.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el  Fiscal  Seccional  de  Fresno     por     las     razones     expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

2  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.   

3 Cfr.  Auto del 3 de diciembre de 2009. Rad. 32984.   

4  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.     

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