35153(31-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35153  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 311.  

Bogotá, D.C., treinta y uno de agosto de dos  mil once.   

V I S T O S  

Celebrada   la   audiencia   pública   de  juzgamiento  con  ocasión  del  asunto  y conforme la facultad discernida en el  artículo  75  numeral  9  de  la  Ley  600 de 2000, procede la Corte a resolver  acerca  de  la  responsabilidad  penal  de  la Ex Fiscal Quinta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla, JUDITH DEL ROSARIO BAYUELO MONTES, a quien  se   acusó   por   el   delito   de  prevaricato  por  acción.   

FILIACIÓN DE LA PROCESADA  

JUDITH DEL ROSARIO BAYUELO MONTES, titular de  la   Cédula  de  Ciudadanía  N°  22’394.255   de  Barranquilla  (Atlántico),  es  hija  de  Leopoldo  y  Manuelita,  natural  y  vecina  de  ese  municipio, residente en la carrera 59 #  51-161  apartamento  201C,  teléfono  3574484; nació el 13 de octubre de 1954,  cuenta  56  años de edad, de estado civil soltera, profesión abogada, egresada  de  la  Universidad Libre de Barranquilla, con especialización en Derecho Penal  y Criminología de la misma institución superior.   

Además, ha ocupado varios cargos en la Rama  Judicial  por  espacio  de 23 años, a saber: Juez de Distrito Penal Aduanero de  Santa  Marta  (Magdalena),  Promiscuo  Municipal  de  Palmar de Varela, Galapa y  Manatí  (Atlántico),  Penal Municipal e Instrucción Criminal de Barranquilla,  y  Promiscuo  del Circuito de Sabanalarga (Atlántico); el 1 de julio de 1992 se  incorporó  a  la  planta  de  la  Fiscalía  General  de la Nación como Fiscal  Seccional;  el  31  de  agosto  de  2001  fue nombrada como Fiscal Delegada ante  Tribunal,  cargo  que desempeñó por espacio aproximado de seis años, hasta su  jubilación, el 31 de julio de 2007.   

H E C H O S  

En providencia de segunda instancia del 3 de  enero  de  2005,  la  doctora  JUDITH  DEL ROSARIO BAYUELO MONTES, en calidad de  Fiscal  Quinta  delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla (Atlántico),  conoció  del  recurso de apelación interpuesto contra la resolución proferida  por  el  Fiscal 42 Seccional de esa ciudad el 16 de noviembre de 2004, a través  de  la  cual  definió  la situación jurídica de José Lisdey Álvarez Posada,  Silver  de  Jesús  Granada Candelo y Luis Alberto Montoya Granada, entre otros,  con  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva en  establecimiento  carcelario,  dentro  del  proceso  que se les adelantaba por la  conducta  punible  de  estímulo a la prostitución de  menores.   

Dicha   resolución  fue  apelada  por  el  Personero  Distrital  de esa ciudad, quien impetró la reforma de la adecuación  jurídica  provisional  imputada  a  los sindicados, consistente en atribuirles,  además  del  ilícito en comento, los delitos de trata  de  personas  y  falsedad en  documento   público,   y   por  el  defensor,  quien  peticionó la revocatoria de la medida de aseguramiento.   

En  su  decisión,  la  fiscal  procesada no  acató  la  petición  del  Ministerio  Público y aceptó parcialmente la de la  defensa,  pues,  confirmó el aseguramiento proferido respecto de los sindicados  Álvarez  Posada  y  Granada  Candelo,  pero revocó el de Montoya Granada, cuya  libertad  ordenó, tras estimar que era ajeno a los hechos investigados, si bien  a   lo  largo  de  su  proveído  aludió  a  varios  elementos  de  juicio  que  comprometían su responsabilidad en los mismos.   

La  determinación  de  segunda  instancia  motivó  a  los  funcionarios  de  la  Personería  Distrital  de Barranquilla a  solicitar  una  reunión con la Directora Seccional de Fiscalías de esa ciudad,  con  el propósito de manifestar la preocupación que les causaba la misma, dado  que,  el  análisis  realizado  por la funcionaria no consultaba el ordenamiento  jurídico  y,  en  su  concepto, era manifiestamente contrario a la ley. Por ese  motivo, solicitaron se le investigara penalmente.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

La  Directora  Seccional  de  Fiscalías  de  Barranquilla   envió   la  documentación  entregada  por  los  quejosos  a  la  Dirección  Nacional  de  Fiscalías,  que  a  su vez la remitió a la Fiscalía  Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, el 11 de abril de 2005.   

El 5 de julio del mismo año, dicha denuncia,  que  se  tramitó  al  amparo de la Ley 906 de 2004, fue archivada; sin embargo,  posteriormente  y atendiendo a solicitud elevada por la Procuraduría General de  la  Nación  el  6  de  mayo  de  2006,  la  Fiscalía  delegada  ante  la Corte  desarchivó  las  diligencias y adecuó el trámite al procedimiento previsto en  la Ley 600 de 2000.   

Así,  el  30  de octubre siguiente, el ente  instructor  se  abstuvo  de  abrir  instrucción  en contra de la aforada por el  presunto  delito de prevaricato por acción,  al  estimar  que  la decisión cuestionada encontraba sustento en  una  atendible  valoración  jurídica  y  probatoria,  sin importar que pudiese  merecer reparos desde el punto de vista del acierto.   

En  contra  de  la  resolución  inhibitoria  interpuso  el  recurso  de  reposición el delegado del Ministerio Público, por  considerar  que la conducta desplegada por la procesada sí resultaba tipificada  en  uno  de  los  delitos  lesivos  de la administración pública, toda vez que  profirió  una  decisión  arbitraria,  al  desconocer  de manera caprichosa los  fundamentos  probatorios  obrantes  en  el  proceso,  incumpliendo  así  con el  imperativo  legal  de motivar la decisión en debida forma; ello, acomodando las  declaraciones  vertidas  en el plenario, con el fin de excluir la participación  del   señor   Luis   Alberto   Montoya   Granada   en  los  hechos  materia  de  investigación.   

La  decisión  objeto del recurso horizontal  fue  modificada  por  la  Fiscalía  Delegada ante la Corte el 7 de diciembre de  2006,  en  el sentido de ordenar la práctica de investigación previa, referida  al  hecho  concreto  de la determinación de la funcionaria de revocar la medida  de  aseguramiento  impuesta  a  Montoya  Granada  por  el delito de estímulo     a     la    prostitución    de    menores.   

Consideró el ente instructor, que pese a que  las  pruebas  allegadas  al  proceso  apuntaban a comprometer la responsabilidad  penal  de  Montoya Granada como coautor del ilícito en mención, la imputada no  las  valoró  y  procedió  a  revocar  la medida de aseguramiento y decretar su  libertad inmediata.   

En  el  curso de la investigación previa se  acreditó  la  calidad  de funcionaria judicial de la doctora JUDITH DEL ROSARIO  BAYUELO  MONTES  -con las actas de nombramiento y posesión como fiscal delegada  ante  el  Tribunal del Distrito Judicial de Barranquilla-, y se allegaron varias  declaraciones, entre ellas la versión libre de la imputada.   

El  10  abril  de  2007,  el ente instructor  ordenó  la  apertura de la instrucción y la vinculación de la doctora BAYUELO  MONTES,  quien  fue  escuchada  en indagatoria el 10 de mayo siguiente, en tanto  que,  su situación jurídica fue resuelta el 4 de julio posterior, ordenándose  la   preclusión   de   la  instrucción  a  su  favor,  por  atipicidad  de  la  conducta.   

Impugnada   dicha   decisión   por   el  representante  de la sociedad, la Fiscalía instructora la repuso el 10 de junio  de  2008,  motivo  por  el cual ordenó continuar con la investigación, la cual  clausuró  el  7  de  enero de 2009 y cuyo mérito calificó el 16 de febrero de  2010,  profiriendo  resolución  de  acusación  en  contra de la fiscal BAYUELO  MONTES,    como    autora    de    la    conducta    punible   de   prevaricato por acción.   

En firme el pliego acusatorio el 18 de agosto  de    2010,   cuando   el  funcionario  competente  se  abstuvo  de reponerla, la fase del conocimiento fue  asumida  por  esta  Corporación,  en  donde  se  llevaron a cabo las audiencias  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento,  el 11 de febrero y 1° de junio del  año en curso, respectivamente.   

LA ACUSACIÓN  

De  acuerdo con la providencia calificatoria  reseñada,  la  conducta  punible  imputada  a  la  Ex  Fiscal  Delegada ante el  Tribunal  Superior de Barranquilla, JUDITH DEL ROSARIO BAYUELO MONTES, se adecua  a  la  descripción  típica denominada prevaricato por  acción,  la  cual  perpetró  en calidad de servidora  pública,  que  se  acreditó  con  las  copias  de  las actas de nombramiento y  posesión.   

En  su  análisis,  consideró  la Fiscalía  General  de  la Nación que la fiscal procesada vulneró el bien jurídico de la  administración  pública,  concretamente  el  artículo  413 del Código Penal,  cuando  el 3 de enero de 2005 profirió una resolución judicial manifiestamente  contraria   a   la   ley   y  al  acervo  probatorio  existente,  dentro  de  la  investigación  que  por  el  delito  de estímulo a la  prostitución  de  menores se siguió en contra de Luis  Alberto  Montoya  Granada  -y  otros-,  al  revocar  la  medida de aseguramiento  impuesta  por  el  Fiscal 42 Delegado, pese a existir múltiples indicios que lo  señalaban como presunto autor de la conducta punible mencionada.   

Indicios, agrega el instructor, que no fueron  tenidos  en cuenta por la funcionaria, a pesar de que la providencia cuestionada  los  mencionó,  tales  como:  ser  Luis  Alberto  Montoya Granada el dueño del  inmueble  donde  funcionaba  el  establecimiento “Bar  Pisis”1,  destinado  para  la  práctica de actos  sexuales  con  participación  de  menores  de  edad;  aceptar  que  el pago del  arrendamiento  del  inmueble  era  cancelado  a  Luis Alberto, con el 30% de las  utilidades     del     negocio     –modalidad    usada   por   regla   general   en   las   sociedades-;  reconocer    que   las   menores   trabajadoras  sexuales  de  “Pisis”  habían  sido  contratadas en  Medellín   por   “José  y  Alberto”,  los  cuales  fueron  reconocidos en fila de personas; no obstante  ello,  concluyó  la ausencia de participación de Montoya Granada, por no haber  sido  éste  quien les entregó la documentación falsa para ocultar la minoría  de edad.   

Adicionalmente,   la  Fiscalía  llama  la  atención  respecto  a  la  argumentación de la resolución cuestionada, la que  considera  carente de lógica, pues, en la parte motiva de la decisión aseguró  que  Montoya Granada no podía desconocer la prohibida actividad desarrollada en  el  inmueble  de  su  propiedad  y  sin embargo, concluyó en la inexistencia de  indicios   en   su   contra   para   sostener   la   medida   de   aseguramiento  impuesta.   

Catalogó  el  ente  acusador  de  absurda y  contradictoria  la  determinación de la aforada, no solo por la fundamentación  aducida  en  precedencia, sino también por cuanto a pesar de sustentar colmados  los  requisitos  exigidos  para  la imposición de la medida de aseguramiento de  detención preventiva, resolvió revocarla, estimando que:   

“Resulta  sumamente    curioso    que    la   dictada   por   la   delegada   Bayuelo  Montes, tiene transcripciones de  párrafos  completos  de  la providencia emanada del despacho de su homólogo el  fiscal  Primero  como  lo señalamos ab inicio. La gran diferencia radica en que  todas  las  consideraciones  hechas  por  el  fiscal  Primero  delegado  ante el  Tribunal  de  Barranquilla,  lo  fueron  para  imponer  una  medida,  en  tanto  que  la doctora Bayuelo  Montes  transcribió los mismos  argumentos     para     revocarla.    Esto  bien pudiera explicar la contradicción y la falta de lógica  en  el  contenido. Así entendido, es un indicio más de responsabilidad en  la  procesada,  por  cuanto  en  su  afán de torcer el sentido de las probanzas  hasta  ese  momento   y  de  la legalidad, poco y nada le importó utilizar  casi  como  plantilla  una  providencia llamada a sustentar la imposición de la  medida, pero en esa ocasión particular, para revocarla“.   

Luego  de  lo cual añade que la resolución  apelada  desconoció  las  consideraciones  del proveído de primer grado y que,  contrario  a la legalidad y a lo probado hasta ese momento, revocó la medida de  aseguramiento  proferida  en contra de Luis Alberto Montoya Granada, propietario  del  inmueble  destinado  a  los actos sexuales con participación de menores de  edad, del cual obtenía ganancias en un porcentaje determinado.   

Aseveró,  por  tanto, que la conducta de la  procesada  fue  dolosa,  porque a pesar de su experiencia como funcionaria de la  rama   judicial   por   espacio  aproximado  de  21  años  y  de  ostentar  una  especialización  en  Derecho  Penal  y  Criminología,  de  manera consciente y  voluntaria  profirió  una  decisión desconociendo los parámetros legales y el  acervo  probatorio  que obraba en el expediente, con el propósito de revocar la  medida  de aseguramiento que pesaba en contra de un sindicado; por ende, torció  su    posición   con   una   resolución   manifiestamente   contraria   a   la  ley.   

Actuar  que se torna antijurídico, aduce la  Fiscalía,  en  la  medida  en  que  sin  justificación alguna lesionó el bien  jurídico   tutelado,   alusivo   a   “la  lealtad  de  los  funcionarios  y empleados del Estado, el buen  funcionamiento  e  imparcialidad  de  la  administración  pública,  código de  ética  para  todos los servidores públicos; el prestigio, el derecho, el deber  de fidelidad, deber del cargo y la disciplina”.   

ALEGACIONES EN LA VISTA PÚBLICA  

1. Intervención de la Fiscalía.  

Como  punto de partida, la representante del  ente  instructor solicita que se profiera sentencia condenatoria en contra de la  procesada,  por  obrar dentro del proceso prueba que conduce a la certeza, tanto  de  la  conducta  punible  de  prevaricato por acción,  como de su responsabilidad.   

Al   efecto,  concreta  que  la  decisión  cuestionada  a  la  funcionaria consistió en revocar la medida de aseguramiento  impuesta  por  el  Fiscal  42  Seccional  de Barranquilla a Luis Alberto Montoya  Granada  por  el delito de estímulo a la prostitución  de  menores,  mediante  resolución  del 3 de enero de  2005  y,  consecuencialmente,  ordenar  su  libertad,  pese a que de las pruebas  recolectadas  se deducían con creces los presupuestos exigidos por el artículo  356 de la Ley 600 de 2000 para la imposición de la medida.   

Seguidamente, la fiscal del caso, apoyada en  jurisprudencia  de  la  Sala  y  con  fundamento en el artículo 413 del Código  Penal,  relaciona  los  elementos  exigidos  por  el  tipo penal de prevaricato  por  acción.  Es  así  como  señala  que  el  delito  se  comete  por  un servidor público que profiera una  resolución,    dictamen    o    concepto   manifiestamente   contrario   a   la  ley.   

Respecto  al primero aspecto, indicó que se  demostró  debidamente  desde  la  fase  de instrucción, con la Resolución N°  0-1327  de  29  de  agosto  de  2001,  expedida  por  la Fiscalía General de la  Nación,  mediante  la  cual  se nombró a la doctora BAYUELO MONTES como Fiscal  Delegada ante Tribunal de Distrito, y con el acta de posesión.   

En  lo tocante al otro requisito que demanda  el  tipo  penal, asevera que la fiscal procesada, en ejercicio de sus funciones,  mediante  resolución del 3 de enero de 2005 desató el recurso de apelación de  la  medida  de  aseguramiento impuesta por un fiscal seccional de Barranquilla a  Luis  Alberto  Montoya  Granada  y otros, por el supuesto delito de estímulo  a  la  prostitución de menores,  la  cual  revocó  con  relación  al  mencionado,  en contravía de las pruebas  recaudadas,  como quiera que no tuvo en cuenta las allegadas a la actuación que  indicaban su supuesta autoría en el ilícito.   

Así, luego de citar varias decisiones de la  Sala  acerca  de que se entiende por “manifiestamente  contraria  a la ley”, aduce que una determinación se  cataloga  como  tal  cuando se aparta abierta e inexplicablemente de la prueba o  de  las  normas  jurídicas que deben servir de fundamento para su adopción, es  decir,  cuando  se  presenta una contrariedad palmaria, evidenciando el afán de  hacer prevalecer el capricho sobre el interés de la norma.   

En ese orden de ideas, considera la Fiscalía  que  la  doctora  BAYUELO  MONTES  desconoció  los presupuestos exigidos por el  artículo  356  de la Ley 600 de 2000 para imponer medida de aseguramiento, toda  vez  que  en  su  pronunciamiento  no  valoró  conforme  a la sana crítica las  pruebas  obrantes  en  el  expediente, de las cuales se deducían a plenitud los  indicios graves requeridos para decretar la detención preventiva.   

Respecto  a  las pruebas desconocidas por la  acusada,  la Fiscalía menciona las recopiladas al inicio de la actuación, como  la  diligencia  de  allanamiento realizada por funcionarios de Policía Judicial  al    “Bar    Pisis”,  estableciendo  que estaba destinado a la prostitución, con la participación de  menores de edad.   

Asimismo,  las  declaraciones de las menores  C.L.C.,   V.M.2  y  otras,  que  laboraron  como  trabajadoras sexuales de ese bar,  varias  de  las  cuales  reconocieron en fila de personas a Luis Alberto Montoya  Granada    como    el    personaje    que    en   compañía   de   “José”  las contactó en la ciudad de  Medellín,  para  luego  desplazarlas  a Barranquilla con el pretexto de prestar  los  servicios  de  modelaje,  aunque  a  la  postre  las obligaron a ejercer la  prostitución en el citado local.   

De igual modo la fiscal investigada, además  de  estos  señalamientos  directos,  pasó  por alto la inferencia, a manera de  indicio,  que  se  desprende  del  pago  del  arriendo  por quien aparecía como  propietario  del  establecimiento  al dueño del bar, es decir, Montoya Granada,  quien  recibía  un  monto del 30% de las ganancias percibidas por el negocio de  lenocinio.   

Como si fuera poco, recalca la Fiscalía, la  implicada  se  contradice  en  la  resolución  cuestionada,  pues,  a  pesar de  asegurar  la  supuesta  responsabilidad  de  Luis  Alberto Montoya Granada en el  delito  investigado, por ser el propietario del inmueble y tener conocimiento de  la  minoría  de  edad  de  la  joven  C.L.C. -quien se encontrada ejerciendo la  prostitución  cuando  se  hizo  el  allanamiento-,  concluye en una ausencia de  participación de éste, actuar que califica de prevaricador.   

Hace alusión, además, a que en la decisión  cuestionada  la  funcionaria  acudió a una resolución judicial adoptada por su  homólogo  Primero  delegado,  en la que estudiado un caso similar y contándose  con  elementos  de  juicio  semejantes,  se  impone  medida de aseguramiento, y,  contrariamente, en este evento se concluye algo diferente.   

Por  ello,  insiste,  desde una perspectiva  objetiva  es  evidente  la  disonancia  entre la actuación de la procesada y la  ley,  dado  que,  en  el  proceso  obraban  para  el momento en que resolvió el  recurso  de  apelación,  por lo menos dos indicios graves de responsabilidad en  contra  de  Luis  Alberto  Montoya  Granada,  lo  cual  deja  claro  la  abierta  contradicción  en  la  decisión,  con el agravante de que a pesar de consignar  una  motivación indicativa de su supuesta participación, se concluye de manera  contraria  al  ordenamiento  legal,  resolviendo  revocar  la  medida impuesta y  ordenar su libertad.   

Asegura, también, que la revocatoria de la  medida  de  aseguramiento  no  correspondió  a  una  valoración que hiciese la  sindicada  en  punto  de  la  necesidad  de  la  medida, pues, en el texto de la  providencia no hizo ningún análisis al respecto.   

De  otro  lado,  en  lo  concerniente  al  requisito    subjetivo   demandado   por   el   tipo   penal   de   prevaricato   por  acción,  la  Fiscalía  nuevamente  se  apoya  en  precedentes  de la Sala para asegurar que la conducta  dolosa  de la procesada se desprende de la decisión misma, como quiera que pese  a  ser  una  funcionaria  con  experiencia  en  la  Rama  Judicial,  desconoció  “con  conocimiento”,  el  contenido  del artículo 356 de la Ley 600 de 2000, al no analizar conforme a la  sana  crítica  las pruebas obrantes, lo que se traduce en un irrespeto a la ley  y al artículo 230 constitucional.   

A juicio de la funcionaria acusadora, en la  resolución  que  define la instancia se observa una acomodación de los hechos,  con  el fin de justificar unas conclusiones que condujeron a dejar en libertad a  una  persona  que  en ese momento de la investigación estaba llamada a soportar  la  restricción de la libertad, por estar comprometida su responsabilidad de un  delito  de  suma  gravedad,  pues,  además  del  hecho mismo de la “prostitución  socialmente reprimida”,  se vinculaba su ejercicio con menores de edad.   

Asimismo,   rechaza   de   tajo   que  el  comportamiento  de  la  acusada  estuviese  cobijado por la buena fe, puesto que  contaba  con  suficientes  elementos  de  juicio  que  objetivamente  analizados  apuntaban  a  resolver  conforme a lo pedido por uno de los apelantes, en vez de  plasmar     conclusiones     absurdas     a     partir     de     sus    propias  consideraciones.   

Por lo anterior, estima que en el actuar de  la  sindicada  se  tipificó la conducta de prevaricato  por  acción,  toda vez que en la providencia del 3 de  enero  de  2005,  que revocó la medida de aseguramiento impuesta a Luis Alberto  Montoya  Granada,  el  dolo  se  traduce,  tal  y  como lo ha sostenido la Corte  “…en  el  conocimiento  que debe tener el servidor  público  de la manifiesta ilegalidad de la decisión proferida y la voluntad en  su  realización”,  aspectos  que, a no dudarlo y de  manera  lamentable  para los fines de la administración de justicia, se cumplen  en el caso.   

Para  finalizar,  pide  que  se  profiera  sentencia  condenatoria  en  contra  de  la  acusada,  por estar demostrados los  aspectos  objetivos  y subjetivos de la conducta punible por la que se le acusó  judicialmente.   

2.    Intervención    del   Ministerio  Público.   

El  representante  de la sociedad parte por  decir  que  de acuerdo a lo probado en el proceso, la acusada JUDITH DEL ROSARIO  BAYUELO   MONTES  realizó  dolosamente  la  conducta  punible  de  prevaricato  por  acción,  como quiera que  de  los  hechos  probados  en  la  investigación  se deducían los presupuestos  exigidos  por el artículo 356 de la Ley 600 de 2000, para mantener incólume la  decisión  de primera instancia de imponer medida de aseguramiento de detención  preventiva en contra de Luis Alberto Montoya Granada.   

A  continuación,  el  señor Procurador se  refiere   a   las   circunstancias   fácticas   del   delito   de  estímulo  a  la  prostitución de menores,  señalando  que  las  autoridades  de  Barranquilla  supieron que cuatro menores  entre  14 y 16 años de edad, se dedicaban a la prostitución en el “Bar  Pisis”,  el  cual  fue allanado,  lográndose  demostrar  que  se  trataba  de  un  sitio  de  lenocinio  donde se  prostituían  menores de edad, una de las cuales fue sorprendida con una cédula  falsa.   

Igualmente, en el lugar se logró la captura  de  cuatro  personas,  familiares  entre sí, que administraban, promocionaban y  sostenían   el  prostíbulo.  Los  aprehendidos  fueron  Luis  Alberto  Montoya  Granada,  dueño  del  inmueble;  José Álvarez Posada, administrador del mismo  junto     con     su     esposa     Miriam    Montoya    Granada    –hermana  de  Luis  Alberto—,  y  Silver  de Jesús Granada Candelo, arrendatario del  bien   y   propietario   del   establecimiento  “Bar  Pisis”.   

Dentro  del  proceso,  indica  el  señor  Procurador,  fueron  reconocidos por varias menores Luis Alberto Montoya Granada  y   José   Álvarez,  como  las  personas  que  en  el  municipio  de  Itagüí  (Antioquia),  las convencieron para que se trasladaran hasta Barranquilla con el  fin  de modelar y bailar, resultando explotadas sexualmente, pues, cada noche se  les  exigía  dinero  para  restituir  los viáticos que habían invertido en su  traslado  hacia  esa  ciudad.  Además,  se  demostró  que el primero percibía  utilidades del negocio.   

Frente a estas pruebas, advera, la decisión  de  la  funcionaria  resulta  prevaricadora, como quiera que en el proveído que  resuelve  la  segunda  instancia,  revocando la medida de aseguramiento frente a  Montoya  Granada,  hay  una absoluta falta de motivación de la conclusión, que  no  puede  ser  catalogada  como  una  equivocación  de  buena fe y, por tanto,  ausente de dolo.   

Agrega  que  la  doctora  BAYUELO MONTES no  cumplió  con el deber de fundamentación a que estaba obligada, como quiera que  en  su  decisión,  cuando todo parecía indicar que su fin era la confirmación  de  la  medida  de aseguramiento, optó por revocarla, pese a que aceptó que el  establecimiento  estaba  dedicado  a  la  prostitución,  que  allí  trabajaban  menores  de  edad, que Luis Alberto Montoya Granada fue reconocido por varias de  las  menores  como  la  persona  que las contactó en compañía de “José”,   y  que  todas  las  noches  acudía  al bar y recibía como pago un porcentaje de las ganancias del negocio;  ello,  además  de  resaltar  el  valor  probatorio  del informe suscrito por la  Fiscalía en la diligencia de allanamiento.   

Argumentación de exculpación que basó la  acusada  aseverando  que  las  menores  fueron localizadas en un establecimiento  público    de    lenocinio    por    “Alberto   y  José”,  quienes  en ningún momento les dijeron que  tenían  que  prostituirse;  y descartando la coautoría de Montoya Granada, por  no   haber   sido   la   persona   que   entregó   las   contraseñas   a   las  menores.   

Acto seguido, opina el señor Procurador que  el  dolo  en  la actuación de la sindicada no solo se deduce por la ausencia de  motivación  en  su  decisión,  sino  también  en  la determinación que tomó  cuatro  meses  después  en  un  caso  similar  al cuestionado, donde dictó una  resolución   ajustada   a   derecho,   lo   que  implica,  en  su  sentir,  una  contradicción.   

Para  finalizar,  el  delegado  reitera  la  solicitud  de  condena en contra de la fiscal acusada, toda vez que la decisión  por  medio de la cual resolvió el recurso de apelación, revocando la medida de  aseguramiento  que  recaía  en  contra  de  Luis  Alberto  Montoya  Granada, es  prevaricadora.   

3. Intervención de la defensora.  

En primer término, la defensora alude a las  cualidades   y  calidades  de  la  procesada,  señalando  que  es  una  persona  intachable,  pulcra, honesta, cumplidora de su deber, quien durante toda su vida  laboral  se  desempeñó  como  funcionaria  en  la  Rama Judicial, ocupando los  cargos  de  juez,  y  fiscal  seccional  y  delegada  ante tribunal, sin ningún  reproche penal o disciplinario.   

Y aunque reconoce que su prohijada cometió  un  error, asevera que ello no quiere decir que hubiese delinquido, pues, por el  contrario,  en  su  actuación no se configura ninguno de los elementos exigidos  para  la  estructuración del delito de prevaricato por  acción, fuera de que dicha equivocación se justifica  por  cuanto  para  el año 2005 los funcionarios de la Fiscalía en Barranquilla  contaban  con  pocas  herramientas  para  proferir  sus providencias, tales como  internet  o  libros  de  consulta,  situación  que fue dada a conocer por la ex  fiscal Ruth Janethe Hennessey Quintero.   

Agrega  la  defensa,  que  efectivamente su  patrocinada  judicial, ante la carga procesal que soportaba, en muchas ocasiones  tomaba  apartes  de  cualquier  providencia  y  por  esta  razón  es  que en la  decisión   cuestionada   se   alude  a  la  utilización  de  una  “plantilla”   suministrada   por   su  compañero Jaime Vélez Paternina.   

Ello, sumado a las pocas investigaciones que  por  el  delito  de  estímulo  a  la prostitución de  menores   se   habían  tramitado  en  la  ciudad  de  Barranquilla  en  un  periodo de cinco años, las cuales no ascendían a veinte,  lo  que  denota  la falta de “destreza” de la funcionaria.   

Asegura, entonces, que en la definición del  recurso  de  apelación  de  la  medida  de aseguramiento objeto de reproche, la  sindicada   hizo   una   ponderación   de  todas  las  pruebas,  con  el  pleno  convencimiento  de  que  actuaba  conforme a derecho y que en ningún momento se  estaba apartando de los preceptos legales.   

En   orden  a  fundamentar  sus  asertos,  manifiesta  que  la  doctora  BAYUELO MONTES consideró darle la libertad a Luis  Alberto  Montoya Granada, porque dentro del proceso se encontraba acreditado que  era   el   propietario   del   inmueble   donde   funcionaba   el   “Bar    Pisis”,    pero    no    del  establecimiento  como  tal,  es decir, que nada tenía que ver con la discoteca,  ni  tampoco  con  la  parte  operativa  del  negocio,  ni  mucho  menos  con  la  consecución de menores de edad para estimular la prostitución.   

No   comparte,   por   consiguiente,  los  planteamientos  de  la  Fiscalía y la Procuraduría respecto a que la sindicada  actuó  con  dolo,  pues, este elemento subjetivo del tipo penal es muy difícil  de  probar;  y  si  bien  es  cierto  que comparte la afirmación del Ministerio  Público  en  el  sentido  de  que  la  “providencia  habla”,  también  se  debe  tener  en cuenta que se  trata  de  una  funcionaria  con  más  de  veinte  años de servicio en la Rama  Judicial,  que  fue toda la vida una persona pulcra e íntegra, a quien no se le  conoce  queja  alguna,  dedicada  al  trabajo,  y que hizo carrera gracias a sus  cualidades   y   calidades,   hasta   culminar   como   Fiscal   Delegada   ante  Tribunal.   

Con  estas  consideraciones,  finaliza  la  intervención  y  depreca  la  absolución  de  la  doctora  BAYUELO MONTES, por  ausencia   de   requisitos   para   proferir   en   su   contra   una  sentencia  condenatoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Competencia  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  75-9  de  la  Ley  600  de  2000,  corresponde  a  la Corte emitir el  pronunciamiento  de  fondo pertinente -no advertida causal de nulidad alguna que  vicie  parcial o totalmente la actuación-, toda vez que la procesada JUDITH DEL  ROSARIO  BAYUELO  MONTES fue acusada por la Fiscalía General de la Nación como  presunta  responsable  del  ilícito de prevaricato por  acción,  perpetrado  cuando  desempeñaba el cargo de  Fiscal Quinta Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla.   

Precisada la competencia, se impone tener en  cuenta  que  conforme  lo  dispuesto  en  el artículo 232 del Estatuto Procesal  Penal,   toda   providencia   debe  sustentarse  en  pruebas  legal,  regular  y  oportunamente  allegadas  a la actuación y, concretamente para dictar sentencia  de  condena, en términos del inciso 2° ibídem, es necesario llegar tanto a la  certeza   de   la   conducta  punible  objeto  de  investigación,  como  de  la  responsabilidad  de  la  acusada,  exigencias  que  comportan,  desde  luego, la  eliminación de toda duda racional.   

Es   decir,  deben  concurrir  todos  los  presupuestos   objetivos  y  subjetivos  que  conforman  la estructura básica del tipo y, adicionalmente, ha  de  verificarse  que  por  lo menos se puso en peligro efectivamente el interés  jurídico  tutelado  –en el  presente  caso  la administración pública- y comprobarse, finalmente, que hubo  una  actitud  consciente  y  deliberada  de  contradecir de manera ostensible el  texto penal.   

Dicha  labor  de  constatación  es  la que  abordará la Corte a continuación.   

2.    Del    delito   de   prevaricato por acción.   

En  el  caso a estudio, la procesada JUDITH  DEL  ROSARIO  BAYUELO  MONTES  fue  acusada  en  su  condición de Fiscal Quinta  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Barranquilla, como presunta responsable  del  ilícito  de  prevaricato por acción;  por lo tanto, la Sala se ocupará, en primer lugar, de establecer  si  se  estructura  objetivamente el tipo y posteriormente analizará el aspecto  subjetivo del mismo.   

2.1. Tipificación.  

El     delito     de     prevaricato   por   acción  se  encuentra  plasmado  en  el  artículo  413  de  la  ley  599  de  2000,  en los siguientes  términos:   

“Artículo 413. Prevaricato por Acción.  El   servidor   público   que   profiera   resolución,   dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la ley, incurrirá en prisión de tres (3) a ocho  (8)  años, multa de cincuenta (50) a doscientos (200) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas de cinco (5) a ocho (8) años”.   

Acorde con el anterior precepto, para que el  tipo penal en comento se estructure, es menester:   

i) Que se ostente  la calidad de servidor público; y   

ii)   Que   el  funcionario  tenga  la  competencia  para  proferir  la  resolución, dictamen o  concepto manifiestamente contrario a la ley.   

En   el   asunto  a  examen,  son  hechos  fehacientemente probados los siguientes:   

La calidad de Fiscal Quinta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  de  la  doctora JUDITH DEL ROSARIO BAYUELO  MONTES  y, por ende, de servidora pública para la época de los hechos, lo cual  se  confirmó  mediante  la  incorporación  de  las  copias  de  las  actas  de  nombramiento  y  posesión, donde se certifica que fue nombrada para ejercer ese  cargo  en provisionalidad, mediante Resolución 0-1327 del 29 de agosto de 2001,  emanada  del  despacho  del  Fiscal  General  de  la Nación; la posesión, a su  turno, ocurrió el 31 de agosto del mismo año.   

Asimismo, que en el ejercicio del cargo como  Fiscal  Quinta  Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla, profirió el  3  de  enero  de  2005  la resolución de segunda instancia por medio de la cual  decidió  el  recurso  de  apelación  interpuesto  en  contra  de  la medida de  aseguramiento  dictada por el fiscal 42 Seccional de Barranquilla en disfavor de  José  Lisdey  Álvarez  Posada, Luis Alberto Montoya Granada y Silver de Jesús  Granada   Candelo,   como   probables   autores   del   delito  de  estímulo     a     la    prostitución    de    menores.   

Dicha  competencia  funcional se deduce del  artículo  119-2  de  la Ley 600 de 2000, que en su tenor literal señala que le  corresponde   a  los  Fiscales  Delegados  ante  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito,  resolver  los  recursos  de apelación y de queja interpuestos contra  las  resoluciones  interlocutorias  proferidas,  en  primera  instancia, por los  fiscales    delegados    ante   los   jueces   del   circuito,   municipales   o  promiscuos.   

La  conducta  que  se  le  reprocha  a  la  funcionaria  y  que  es objeto de juzgamiento, deriva de la decisión que tomó,  en  el  ejercicio  del  cargo, de revocar la medida de aseguramiento impuesta en  contra  de  Luis  Alberto  Montoya  Granada,  pese a la existencia de múltiples  indicios  graves de responsabilidad, que lo señalaban como presunto coautor del  delito   de   estímulo   a   la   prostitución   de  menores, con base en las pruebas legalmente producidas  dentro del proceso.   

Entonces, el problema jurídico a dilucidar  consiste  en  establecer  si  la  procesada BAYUELO MONTES, en calidad de Fiscal  Quinta  Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla, al revocar la medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  favor  de Luis Alberto Montoya  Granada,  profirió  una decisión manifiestamente contraria a la ley, precedida  de   la   conciencia   y   voluntad   de   contrariar   abiertamente   el  orden  jurídico.   

Se  hace  necesario, por tanto, precisar el  alcance  y significado de la expresión manifiestamente  contraria  a  la  ley, elemento normativo del tipo que,  como  ha  reiterado la Sala desde antaño, para que se configure no basta con la  simple  contradicción entre el acto jurídico y la ley, pues, resulta necesario  que  la oposición sea abierta, evidente, sin que requiera de mucho análisis ni  razonamientos  profundos  para  su entendimiento, esto es, que haya una absoluta  disparidad,  una notoria discrepancia entre lo decidido por el servidor público  y  lo  que  debió  decidir,  o  entre  el  derecho  que debió aplicar y el que  aplicó.   

Ha indicado pacíficamente la jurisprudencia  de  la  Corporación,  además,  que  la  conducta  prevaricadora  no siempre se  contrae   a  la  manifiesta  contrariedad  entre  un  precepto  normativo  y  la  interpretación  o  aplicación  que  de él haga el funcionario, pues, también  puede  surgir a partir de una valoración probatoria incompleta y maliciosamente  sesgada   que  termina  sosteniendo  una  decisión  arbitraria  y,  por  tanto,  contraria  al  ordenamiento  jurídico,  alejada  de  las  normas que tutelan su  análisis  conforme a la sana crítica y ajena a la apreciación de la totalidad  de las pruebas incorporadas legalmente al proceso.   

Sobre   el   tema,   ha   sostenido   la  Sala3:   

“Asimismo  la  resolución,  dictamen  o  concepto  que  es  contraria a la ley de manera manifiesta, es aquella que de su  contenido  se  infiere  sin  dificultad alguna la falta de sindéresis y de todo  fundamento  para  juzgar  los  supuestos  fácticos  y  jurídicos  de un asunto  sometido  a  su  conocimiento,  no por la incapacidad del servidor público y si  por  la  evidente,  ostensible  y notoria actitud suya por apartarse de la norma  jurídica que lo regula.   

La  conceptualización  de la contrariedad  manifiesta  de  la  resolución  con  la  ley  hace  relación  entonces  a  las  decisiones  que sin ninguna reflexión o con ellas ofrecen conclusiones opuestas  a  lo  que  muestran  las  pruebas  o al derecho bajo el cual debe resolverse el  asunto,  de  tal  suerte  que el reconocimiento que se haga resulta arbitrario y  caprichoso  al  provenir  de  una  deliberada  y  mal  intencionada voluntad del  servidor   público   por   contravenir  el  ordenamiento  jurídico.   

En  consecuencia,  no  caben  en  ella las  simples  diferencias  de  criterios respecto de un determinado punto de derecho,  especialmente  frente  a  materias  que por su enorme complejidad o por su misma  ambigüedad  admiten  diversas  interpretaciones  u  opiniones,  pues  no  puede  ignorarse  que  en  el  universo  jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución.   

Como  tampoco la disparidad o controversia  en  la  apreciación de los medios de convicción puede ser erigida en motivo de  contrariedad,  mientras  su valoración no desconozca  de  manera  grave  y  manifiesta las reglas que nutren la sana crítica, pues no  debe  olvidarse que la persuasión racional elemento esencial de ella permite al  juzgador  una  libertad  relativa  en  esa  labor, contraria e inexistente en un  sistema de tarifa legal.   

Sin  embargo,  riñen  con  la  libertad  relativa  la  apreciación  torcida y parcializada de los medios probatorios, su  falta  de  valoración o la omisión de los oportuna y legalmente incorporados a  una   actuación,   en  consideración  a  que  por  su  importancia  probatoria  justificarían  o  acreditarían la decisión en uno u otro sentido a partir del  mérito    suasorio    que    se    les    diera    o    que    hubiera   podido  otorgárseles.  (Subrayas  y negrillas  fuera          de          texto).   

Así las cosas, la manifiesta contrariedad  con  la  ley  de la decisión judicial puede provenir de alguno de los supuestos  mencionados  que  hacen  arbitraria  o  aparente la apreciación probatoria, los  cuales  –según lo dicho-  tienen  origen  en la voluntad y conciencia del funcionario que decide actuar de  ese  modo  y  no  en  un  error  propio  de valoración en el cual pudiera haber  incurrido      al      apreciar      un      medio     de     prueba”.   

En  este  orden  de  ideas,  para   efectos   de   concretar   si  la  decisión  cuestionada  es  manifiestamente  contraria  a  la  ley  y se  profirió  precedida de la conciencia  y   voluntad  de  contrariar  abiertamente  el  orden  jurídico,  se  dispone la  Sala    a    analizar  el  comportamiento de la ex  fiscal   BAYUELO  MONTES,  en  punto  del   examen   de   las  pruebas  que  para  el  momento  en       que      resolvió  la  situación  jurídica  habían  sido  legalmente  allegadas a la investigación, en el  Radicado         N°        199.840,          adelantado  contra Luis Alberto Montoya Granada y  otras     personas,     por     el     supuesto     delito    de    estímulo a la  prostitución     de  menores.   

El  objeto  de  discusión  radica  en  el  aspecto  probatorio  y,  específicamente,  en  definir  si la revocatoria de la  medida  de  aseguramiento  proferida  por  la  acusada  a  favor de Luis Alberto  Montoya  Granada,  es  o  no abiertamente contraria a la ley, razón por la cual  estima   pertinente   la  Sala,  para  una  adecuada  comprensión  del  asunto,  establecer  los  elementos de prueba recopilados para  el  momento  de  resolver  el recurso de apelación, examinar el contenido de la  decisión    de    segunda    instancia    que    revocó    la    medida   de   aseguramiento,  y  verificar  la trascendencia de los  yerros  en  los que pudo incurrir la acusada al momento de realizar el análisis  y evaluación probatorias.   

Ello,   por  cuanto  centrada  la  discusión exclusivamente en el  tópico   probatorio,   la   definición  de si es o no contrario a la ley lo argumentado y decidido por la  fiscal  de  segunda  instancia, hace necesario auscultar los elementos de juicio  incorporados  en  el  proceso  que  le  correspondió  conocer y el estudio     que     de    ellos    se  efectuó.   

2.2.    De  las  pruebas  practicadas  hasta    el    momento    de    definir   la   situación   jurídica   de   los  sindicados.   

En  efecto,  los  hechos que originaron la  investigación  mencionada  fueron dados a conocer al Comandante de la Undécima  Estación  Terminal  de Transporte del departamento de  Policía  Atlántico el 20 de octubre de 2004, por las  menores  V.M.T, C.M.M.H. y  L.Y.G.F.,  quienes manifestaron que fueron traídas desde la ciudad de Medellín  por  “José y Alberto”  y   obligadas   a  desempeñarse  como  trabajadoras  sexuales  en  el  “Bar  Pisis”,  ubicado en la  calle    19    #    3D-20    de   la   ciudad   de  Barranquilla,   para   lo   cual   les   entregaron  contraseñas  de  cédulas  falsas,  con  el  fin  que se identificaran como mayores de edad.   

Como   consecuencia   de   los   hechos  denunciados    por   las   menores,   se practicaron las siguientes pruebas:   

2.2.1.  Previo  a  la apertura de  la    investigación,  la  Fiscalía     Quinta    Seccional       recibió      los   testimonios   de   las   menores  denunciantes,  quienes  fueron  reconocidas  médico  legalmente          para         establecer        su    edad    clínica,   y   se  llevó  a  cabo  diligencia  de  allanamiento  y registro  al    inmueble    señalado    por    ellas  como  lugar dedicado a la prostitución.   

La   menor  V.M.T   expresó   que   cuando  se  encontraba  en  compañía    de   sus  amigas   “C.  y  L”  en  el establecimiento  denominado   “Inter”  ubicado    en    Itagüí   (Antioquia),  fueron  abordadas  por “José   y   Alberto”,  quienes les ofrecieron trabajo en Barranquilla para bailar en el  “Bar  Pisis”, oferta  que  aceptaron; añade que  les  pagaron  los tiquetes terrestres y que  en  la  ciudad  de destino fueron  recibidas  por “Hueso”  y  “Silver”,  quienes    las    llevaron    al   establecimiento  mencionado,   en  donde  les    entregaron    contraseñas    falsas,   las  obligaron  a  ejercer la  prostitución  y después  de   cuatro   días   las   despidieron     porque    enfermó,  y además  la      policía      estaba      molestando   por   la   minoría   de   edad.  También,    las    obligaron    a  cancelar  los  viáticos  del  viaje,  valorados  para  cada  una  en  ciento veinte mil  pesos  por  “José”, el administrador, a quien  describe   como   de  contextura  gruesa,  estatura  mediana,  trigueño  y  de  acento costeño, en tanto  que   “Alberto”  es  de   de   constitución   gruesa,  alto,  moreno  y  “dentón”.   

En declaración  jurada,    la   menor   L.J.G.F.   aseveró   que   a  la  ciudad  de  Barranquilla    llegaron    por   la   invitación  de    “José    y  Alberto”   para   trabajar   en   el   bar   como  modelos, actividad que no  desarrollaron,  pues, las  sometieron  a  vender  su  cuerpo,  con  clientes que  llegaban  al  establecimiento  y  pedían  servicios  sexuales;   allí   les  consiguieron  contraseñas  de  cédulas falsas con nombres diferentes, pero con  las  fotos  y huellas de  ellas;   “José”  el  administrador     y     quien    las    contactó    en    Medellín,     les     dijo    que      tenían     que     pagar     los     viáticos,     mientras     que        “Alberto”,  la  otra persona que les   hizo  la  proposición,  es  “casi el dueño”  de  ese establecimiento y corresponde  a  una  persona  de  contextura gruesa, moreno, pelo  negro y liso, corte bajo,  de   37   años,   acento   costeño  y   “se  mantiene  en  el  sitio  en las noches”.   

Por   su   parte,   la   joven         C.M.F.  manifestó  que  fue  contactada     por     “Alberto   y   José”  cuando  se  encontraba   con   su   hermana  L.J.G.F  en  un bar  en    Itagüí    (Antioquia),     en     donde     les      ofrecieron      modelar      en      el      “Bar           Pisis”          de       Barranquilla,   lo  cual  aceptaron.  Por    tal    motivo,   fueron     llevadas     por     los  empleadores     hasta     la     terminal     de  transporte  de Medellín;  allí   les      compraron      los      tiquetes      y      las            embarcaron,  para luego ser    recibidas   por   “Silver” y  alias                 “Hueso”,  quienes      las  condujeron      al      sitio      de          trabajo, en donde  las  obligaron  a  prostituirse  con los clientes del  negocio.   Agregó  que  “Miriam,   José   y  Alberto”     les  advirtieron  que  si  se  demoraban  más  de ocho  días    “sin   subir   a   pieza”,    es    decir,    sin           tener          relaciones          sexuales,   serían   despedidas,   debiendo  antes    pagar   los  viáticos.   

Los   dictámenes   médicos   legales  practicados  a  las menores denunciantes  por los funcionarios del Instituto de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses  de     Barranquilla,    concluyeron    que    revelaban  edades  entre los 14 y los 16 años.   

En  diligencia de allanamiento y registro  practicado  al  sitio  donde  funciona el     bar    “Pisis”,    se   encontró   ejerciendo   la  prostitución a la joven  C.L.C.,  de  15 años de  edad,     quien    además    portaba  una  contraseña de cédula falsa, la  cual  estaba a su nombre y tenía su respectiva foto;  igualmente,  fueron aprehendidas varias personas que  tenían    relaciones    comerciales    y    laborales    con    el   sitio   de  lenocinio,  identificadas    con   los   nombres  de  Luis Alberto Montoya  Granada,  Silver  de  Jesús  Granada Candelo, José  Lisdey  Álvarez  Posada,  Miriam  de  Jesús  Montoya  Granada  y  José Norbey  Ramírez García.   

De  acuerdo  al  informe  de Policía  Judicial,  la  menor  C.L.C.  manifestó  que  llevaba ocho meses ejerciendo dicho  oficio  y  que  las  personas  capturadas  fueron  quienes  le  suministraron el  documento falso, para hacerse pasar como mayor de edad.   

Lo  anterior  fue ratificado por la joven  C.L.C.   en   su   testimonio,  manifestando  que  en  efecto  se  dedicaba  a   la   prostitución,  oficio  para  el  cual fue  ubicada   en   la   ciudad  de  Medellín  por  dos  desconocidos,  quienes  la contrataron para trabajar  en     el     bar  “Pisis”,  junto  con  otras  tres amigas que en  últimas  se devolvieron.  Añadió  que  el dueño del establecimiento es  “don  Alberto”,  hermano  de Miriam, quien  a   su   vez   es  la  esposa  de  José,    su    administrador,  todos  los cuales sabían que tenía  quince   años.   Mencionó,   además,   que   varias   de   las   jóvenes  trabajadoras  de  la  discoteca  fueron  llevadas al  centro     de     la     ciudad    “para  que  nos  hicieran  las cédulas  falsas”.   

2.2.2. Mediante  resolución   del   30   de  octubre  de  2004,  la  Fiscalía    ordenó  la   apertura   de   la  instrucción   por  el  presunto  delito  de  estímulo a la prostitución de  menores,  en    el    curso    del    cual   se  practicaron las siguientes pruebas:   

En   fila  de  personas,  las menores  V.M.T,  C.M.M.H.  y  L.Y.G.F  reconocieron  a  los  detenidos en el “Bar   Pisis”  como  aquellas  a quienes se refirieron en su  declaración,  a  las que  acusaron   de   tener   vínculos   con   el   establecimiento   dedicado  a  la  prostitución.   De  manera  directa,  hicieron  el  señalamiento  en  contra  de  LUIS  ALBERTO MONTOYA  GRANADA,  Silver  de  Jesús  Granada Candelo, José  Lisdey  Álvarez  Posada,  Miriam  Montoya  Granada y  José Norbey Ramírez García.   

Sometidos a diligencia de indagatoria los  capturados,  quien  primero  depuso  fue Silver   de  Jesús  Granada  Candelo,  el cual comunicó que aparece inscrito en Cámara de  Comercio como propietario  del      establecimiento      “Pisis     Disco  Bar”,   dedicado  al  expendio  de  licor  y a la prostitución,  y  cuyas  utilidades son repartidas  entre  un  grupo  de  familiares,  recibiendo él la  mitad,  LUIS  ALBERTO  MONTOYA  GRANADA y  Miriam  Montoya  el  30%,  y José Álvarez, esposo de Miriam y  administrador del local, el 20% restante.   

Adujo,  también,  que  solo  trabajan  con  mayores de edad y que la orden que tiene el  administrador   es   de   no   recibir   menores   de   18  años,  para  evitar  problemas,   pues,   ya  habían  recibido  algunas  advertencias  por  parte de agentes del C.T.I. Negó,  por  tanto,  que  hubiese  recogido  a  las  menores  denunciantes   cuando   llegaron   de   la   ciudad   de   Medellín,  aclarando  que  cuando supo  de  su  presencia  en  el  sitio  y  Álvarez le  indicó  que  eran  unas  niñas  que  no  alcanzaban los 16 o 17 años de edad, las rechazó.   

José Lisdey Álvarez Posada, a    su   turno,   aseveró     en     su    injurada    que  pertenecía   al   grupo   familiar  de  los  Montoya  Granada,  por  ser  el  esposo  de  Miriam  Montoya  Granada, hermana de LUIS  ALBERTO,  dueños  del  “Bar  Pisis”,   el   cual  administra  desde que se abrió al público el 27  de  agosto  de  2004,  percibiendo utilidades por el  20%;  allí,  aclaró,  se  expende  licor  y  se  ejerce la prostitución.   

Por  su  parte,  la  indagada    Miriam    de    Jesús   Montoya  Granada  informó que fue  capturada   en   un   allanamiento   que   se   hizo   en   su  casa,     sin     saber    el    motivo    para    ello,   pues,  no  trabaja  en  el  bar  administrado  por  su  esposo  José  Lisdey        Álvarez    Posada,    desconociendo,    por  consiguiente,  si  allí  se  contrata  a menores de  edad o si la joven  que  estaba  en  el  lugar el  día   de  la     diligencia,    tenía     15     años    y  portaba  una  contraseña  falsa.  Por la misma razón, negó  conocer     a    las  adolescentes     denunciantes    procedentes    de  Medellín, explicando que  si  la  señalan  es  porque  la  vieron  cuando  se  acercó  a  un      restaurante      aledaño      al      bar      para conversar con su esposo, quien se encontraba con ellas.   

Con  relación  a  los  referidos  como  “José  y  Alberto”  por       la       menor      L.J.G., explicó  la    sindicada    que   correspondían   a   su  esposo y hermano, respectivamente.   

Sometido   a   indagatoria      LUIS     ALBERTO     MONTOYA  GRANADA,  admitió que el  inmueble  ubicado  en la  calle   19   #  3D-20  es  de  su  propiedad  y  que  lo  tiene  arrendado para  un  negocio  familiar. En  concreto,     dijo:  “.…[e]so  es  discoteca y bar, yo soy el propietario del inmueble,  yo  cobro  un  porcentaje  por el inmueble, el negocio lo tiene el primo mio, el  negocio  es  de  él  [en] cámara de comercio, SILVER DE JESUS GRANADA CANDELO,  [es]  el dueño del negocio, yo cobro el arriendo, el (sic) me da el treinta por  ciento  de  las  ganancias  del  mes,  sirve  de  discoteca  y bar, es un bar de  mujeres,     disco     Show,     tiene     habitaciones     son     trabajadoras  sexuales”. En  razón  de  ello,  explicó, acude  al   lugar   todas   las  noches,  después  de  la  nueve, porque allí se mantiene toda su familia. Sin  embargo,  aseguró  que  nada  tenía  que ver con la  contratación   de   las  menores   en  la  ciudad de Medellín para trabajar en el bar, y  si ellas lo identificaron en fila de  personas,  fue  porque lo han visto en el restaurante  de  comidas  rápidas  del  local,  al  cual  asiste  diariamente.   

A     su     vez,    el    también  procesado  José Norbey Ramírez García    sostuvo    en    su    injurada   que   es   el   encargado  de  administrar el restaurante aledaño al “Bar    Pisis”,   por   el   cual  paga  un  cánon  de  arrendamiento  de         $650.000.oo,  sin  tener  conocimiento  si  el  dinero lo recibe “Silver”     o     “Alberto”,     pues,   lo   entrega   o  a  “José”,   el  administrador  de  la  casa  de  prostitución.    Asimismo,   confirmó  ser  muy  amigo  de  la  familia  Granada  y  por esa    cercanía    conoce    el    negocio   familiar    que   tienen,   el   cual  gerencia  José       Lisdey      y      lo      representa      “Silver”.   

También en el curso de la investigación  se    amplió   la   declaración   de   la   menor  C.L.C.,    quien    cambió    radicalmente    su  versión   acerca   del   conocimiento,  sobre  su  minoría  de  edad,  que  tenían     las     personas     vinculadas    con    el    bar.    Aseveró   que  llegó  de  Medellín  directamente  a  ejercer  allí  la  prostitución,  ya      que     tenía     la     documentación  requerida  y exhibió     a    los    empleadores  una                   contraseña  de cédula de ciudadanía  falsa,   por  la  que  pagó  para  su  confección  la      suma      de      $30.000.oo. Sobre su retractación, aseguró que  inicialmente  hizo  el  señalamiento  porque  fue  amenazada  con  “cárcel”   por   parte   de  los  funcionarios de la Fiscalía.   

Del    mismo    modo,   rindieron          declaración  jurada  las  mujeres  que,  al  igual que C.L.C., al  momento  del  allanamiento  se  encontraban  trabajando  en el lugar. Ellas son:  Deisy  Janeth Romero Ruiz, Aljadis María Theran Sandoval, Diana María Valencia  Mazo,  Lorena  Farelo Curvelo, todas mayores de edad,  quienes         aceptaron        ejercer   como   prostitutas   en  el  “Bar    Pisis”,  administrado  por  José  Álvarez.  Con  excepción de Romero Ruiz    y   Theran   Sandoval,    conocen    a    “Alberto”  como  el propietario del local donde funciona la casa  de  lenocinio,  negando  rotundamente  que  allí se  reciban   menores   de   edad   como   trabajadoras  sexuales.   

2.3.  De  la resolución de la situación  jurídica  proferida  por  el Fiscal 42 Seccional de  Barranquilla.   

Con    base    en    las    pruebas  reseñadas      en      precedencia,     el    Fiscal    42     Seccional    de    Barranquilla  emitió resolución el 16  de   noviembre  de  2004,  en  la  que  estimó       colmados    los   presupuestos   necesarios   para   imponer   medida   de  aseguramiento  de  detención preventiva,      sin      beneficio      de  excarcelación, en contra  de   LUIS   ALBERTO   MONTOYA   GRANADA,     Silver    de    Jesús    Granada    Candelo    y    José    Lisdey    Álvarez  Posada, como presuntos      coautores      del      delito     de     estímulo      a     la     prostitución     de     menores.   

En concreto, el  funcionario   de   primera   instancia   consideró  acreditado  que  mientras  Álvarez  Posada  era  el  administrador           de           la          discoteca          “Pisis”,        y   como   tal  se  entendía  con  todo  lo  relacionado  con  el  negocio,  Granada   Candelo  era  su        propietario,     en    tanto    que,    MONTOYA  GRANADA era el dueño del inmueble.   

Asimismo,  resaltó  que el mismo MONTOYA  GRANADA fue reconocido por las jóvenes V.M., E.G. y  C.M.,  como  la  persona  que las contrató en Medellín, en compañía de José  Álvarez.   

Las  versiones  rendidas  por las menores  victimas,    además,  le  resultaron       creíbles       cuando  afirmaron     que  en   el   bar  discoteca  “Pisis”      se      practicaba   la   prostitución  con  la  vinculación  de  menores  de  edad.   

Adicionalmente,     la   minoría   de   edad   de  las  denunciantes  se  confirmó    con   los   respectivos  dictámenes     médicos     legales,     los     cuales     no     fueron tachados de falsos.   

Entonces,    no    había      duda      de     que        en        el        establecimiento        “Pisis”  laboraban   mujeres   que   se   dedican   a   la  prostitución,  algunas   de  ellas  menores  de  edad,  razón  por  la  cual  los  sindicados,   entre   ellos   LUIS   ALBERTO  MONTOYA  GRANADA,  debían   responder   por   la   conducta   punible  de  estímulo    a    la    prostitución    de    menores  previsto  en  el  artículo  217  del Código Penal, cuyo sujeto  activo  no  solo  es quien  financie  casa  o  establecimiento  para ese efecto,  sino  también  quien la  arriende,  como  en este  caso lo hizo el citado procesado.   

2.4.  De  la sustentación del recurso de  apelación  interpuesto  por  los sujetos procesales en contra de la resolución  que impuso la medida de aseguramiento.   

Apelado    el    proveído   por   el  defensor    de    los  sindicados y el delegado  del  Ministerio  Público,  el primero consideró que  en   la   resolución  de  instancia,  el  instructor  no  tuvo  en  cuenta  las  declaraciones  vertidas por las trabajadoras sexuales  y   empleados   del   “Bar   Pisis”,    es   decir,   que   no  apreció  todos    los    elementos    de   convicción   en  conjunto  dentro  de las reglas de la sana crítica,  que  llevarían,  en  su  concepto,  a  la ausencia de presupuestos para imponer  medida de aseguramiento en contra de sus prohijados.   

Respecto a LUIS  ALBERTO  MONTOYA  GRANADA, aseguró que la detención  se  le  impuso  porque  era el propietario del inmueble y no del establecimiento  de  lenocinio, sin que se  hubiere   probado  que  tuviese  alguna injerencia en la contratación de las  trabajadoras  sexuales,  pues,  se demostró que esa  tarea  le  correspondía  a José Álvarez, quien de acuerdo con los testimonios  de      las      trabajadoras      del      bar,      no     vinculaba   al   negocio   a   menores   de  edad.   

Estimó,     además,  que  las  declaraciones  de  Deisy  Romero  Ruiz, Aljadis Theran  Sandoval,   Diana   Valencia  Mazo,  Ilsy  Farelo  Curvelo,  Cristian  Balentine  Folgoso,   Arturo   Coterio   Posada,  Edwin  Pomares  Sánchez y Jorge Eliécer Victoria desvirtúan las  sindicaciones   realizadas   por   las   menores   denunciantes,   quienes   son  contradictorias en sus dichos.   

Solicitó, en consecuencia,  la  revocatoria de la medida y, en su defecto, que se abstuviera  de       “proferir      detentiva”.   

Por  su  parte,  el  representante  del  Ministerio  Público  pidió  que  se  adicionara  la  adecuación  jurídica,  con  el  objeto de formular  cargos   a   los  procesados  por  los  ilícitos      de     estímulo    a    la    prostitución    de    menores  en  concurso  homogéneo,  con  trata  de  personas    y    falsedad    en    documento  publico.   Para   tal  fin,    estimó,    debía   ordenarse    escuchar    en    ampliación    de    indagatoria    a    los  sindicados,   con   el  objeto   de   que   se   les  formulara  correctamente  la  imputación jurídica provisional.   

2.5.  De  lo  analizado  probatoriamente  en  la resolución de segunda instancia que se tilda  de prevaricadora.   

Conocido    el   aporte   probatorio,  necesario  resulta acudir  al  contenido  de  la  providencia  de segundo grado  cuestionada,  con  el  fin  de auscultar  la fundamentación consignada por la  fiscal   procesada,   no  solo  para  confirmar   la   medida   de  aseguramiento  respecto  de  dos  sindicados,  sino  también para revocarla con  relación      a     LUIS     ALBERTO     MONTOYA  GRANADA.   

En efecto, en dicho proveído  partió  por  señalar  que    la    conducta   por   la   cual   se   indagó   a   los  vinculados  es  la  de estímulo a la prostitución  de  menores, contemplada  en  el  artículo  217  del Código Penal.   

Indicó  que  estaba  demostrado a  través    de    pruebas    fehacientes  allegadas  al  plenario,  que el bar  denominado             “Piscis” (sic)  era  destinado  para  la  práctica  del   “comercio  sexual”  con la participación de menores  de  edad.  Ello  lo sustentó  aludiendo   al  allanamiento  que  se  verificó  en  el    lugar,   donde  funcionarios     de    la    Fiscalía  encontraron  a la menor C.L.C., quien  aceptó  tener  en  su  poder una cédula de ciudadanía falsa, que le  había  sido entregada por quienes  la    contrataron    en   la   ciudad   de   Medellín.   Igualmente,   se   apoya   en   las   denuncias  presentadas   por  las  menores  V.M.T.,  L.G.F.  y  C.M.M.F., a cuyos dichos, referidos a que ejercieron  allí     la    prostitución,    otorgó    plena  credibilidad.   

Igualmente,  señaló  que  a  pesar  de  que  varias  de  las  trabajadoras  sexuales    mayores    de    edad    declararon     que     en  el sitio no se contrataban menores,  ello    se    encuentra    desvirtuado   con  el  testimonio    de    Aljadis   María   Theran  Sandoval,  quien  aludió a la  menor   C.L.C.  como  la  “niña”  que  allí  trabajaba.   

De    igual    modo,    la    fiscal  relacionó  las  exculpaciones  presentadas  por los  indagados, para concluir  que  no  se  les  puede  creer  acerca  del  desconocimiento sobre el trabajo de  menores  de edad como meretrices en dicho  establecimiento.  En  particular, de  LUIS   ALBERTO   MONTOYA   GRANADA  dijo     que    aceptó    no    solo    ser   el   dueño   del  inmueble   donde   funciona   el   bar,    sino    también    pasar   todas   las   noches  por  el  lugar y cobrar    al  administrador       un      porcentaje por el arriendo del local.   

En    tal    forma,    dedujo  que el ilícito de estímulo     de     la     prostitución     de     menores    se    ejecutó   por   Silver   de  Jesús  Granada  Candelo,  dueño  del  establecimiento  “Pisis”;  José    Lisdey    Álvarez    Posada,  administrador  del  bar mencionado, y  LUIS   ALBERTO   MONTOYA   GRANADA,  toda  vez  que  “…con  el  dato  que  proporcionaron  de  que el negocio se lo había arrendado el señor LUIS ALBERTO  MONTOYA  GRANADA,  esto  en  absoluto  podría  generar  que él desconociera la  prohibida  actividad  por mandato legal, de que allí se emprendiera actividades  erótico  sexuales  con  la  participación  de  menores  de  edad, puesto   que   está  comprobado  que  C.L.C.   desarrolló   en   el   interior  del  Bar  Piscis  (sic), esta clase  de   tareas   de   lenocinio   en   las  piezas  destinadas  y  diseñadas  para  ello”   (destaca  la  Corte).   

Desestimó,  por   lo   tanto,   la  retractación   de   la   menor   C.L.C,  toda  vez  que el informe de la Sijín suscrito por el Capitán  Carlos   Alberto   Camargo   Zamora,   tiene   todo  el  valor  probatorio  para  “apreciárseles  (sic),  imprimiéndosele  rotunda  eficacia”.   De   ahí   que  merezca        credibilidad        lo  consignado     con     relación    a  las  manifestaciones  de la menor  C.L.C.,   referidas  a  que  trabajaba  en la prostitución y   que   el  documento  falso  fue  entregado  por  las      personas      que     se  ocupaban                del           “Bar  Pisis”.   

Agregó,  también,  que  la  declaración  jurada de la menor  ante   la         Fiscalía    se   exhibe   veraz,   creíble   y   convincente,   cuando   señala   “…que  el  esposo  de  la  señora MIRIAN, si sabía que ella  tenía 15 años edad…”.   

Contrariamente,     estimó   la   funcionaria   que  no  era  creíble   lo  dicho  por   los  sindicados  Granada   Candelo  y  Álvarez  Posada, respecto a que  C.L.C.   se   les   presentó   como   mayor   de  edad,          pues,          “esa  situación  no  podía pasar  inadvertida,  coligiéndose  luego entonces que la conocieran; pues que la regla  general  de  la  experiencia  enseña que en el reclutamiento de mujeres con ese  propósito,  lo  común  y  corriente es que se indague y averigüe (sic)  lo referente a la edad de ese  personal    que    ha    contratado    para   que  laborasen  en  el  Bar  como trabajadoras sexuales,  pues  como (sic) aceptar  que  se  establezca una relación laboral entre el patrón con trabajadoras, sin  que  aquel recaude la información de la edad con la  que             cuentan…”.   

Asimismo, en el proveído destacó que lo  reprochable     en     la     conducta     punible     imputada     “es   que  de  manera  directa  o  abierta  se  estimule o active el proxenetismo de menores, proporcionándose los  medios  para  que  las actividades eróticas en que participen ellos, se cumplan  en  el  establecimiento  que se ha destinado con tal fin, como ocurriera en este  caso  que es materia de estudio, toda vez que algunas piezas del referido BAR se  les  empleaba  para  eso, con afanes de lucro, pues no ha de pretermitirse tener  en  cuenta  que por la utilización de la pieza, debía pagarse un dinero, parte  del   cual   ingresaba   al  patrimonio  del  establecimiento,  pues  que  seria  inconcebible   aceptar,   que   se   facilitaran  las  varias  piezas  con  esos  propósitos,  sin  recibir  ninguna  contraprestación  dineraria alguna para el  dueño       y       administrador       del      establecimiento”.   

En      consecuencia,      concluyó     confirmando     la    medida    de  aseguramiento     de     detención    preventiva  dictada en contra José  Lisdey   Álvarez   Posada   y  Silver  de  Jesús  Granada  Candelo,  administrador  y  propietario del  establecimiento            “Bar       Pisis”, respectivamente.   

Ya   en   lo   que   respecta   a   la  fundamentación  consignada  por la doctora BAYUELO  MONTES para       revocar      el    aseguramiento   preventivo  de  MONTOYA  GRANADA, se advierte que su decisión no  se       aviene      al      análisis      probatorio      reseñado     en  precedencia,  dado  que, si bien  le atribuye      indicios     graves     de  participación en el delito investigado,        al       estimar que tenia conocimiento sobre  la  actividad  de prostitución que se ejecutaba en el inmueble de su propiedad,  sorpresivamente concluyó lo contrario.   

Efectivamente,  dijo  que  no  se podía  afirmar    que    MONTOYA   GRANADA   tuviese  responsabilidad penal en los  hechos  investigados,  por  ser  el propietario del  inmueble   o  haber  sido  reconocido  en  fila  de  personas  por  las  menores  V.M.T., L.J.G. y C.M.F,  porque   ellas  fueron  contratadas  por  “Alberto y José”,     cuando     se    encontraban    en    un    “establecimiento     público     de     lenocinio”,  sin  que  se les hubiese dicho que  tenían       que       prostituirse.   

Además,  de  acuerdo   a   la   versión  de  V.M.T,              cuando              llegó             “José”   a  Barranquilla,  fue  cuando  les  entregaron las contraseñas de cédulas  falsas.               Luego,     entonces,     MONTOYA  GRANADA no parece ser uno de  los  coautores  del  ilícito investigado, dado que,  no    es    señalado   como   la   persona   que   entregaba   los   documentos  falsificados.   

3. De los descargos suministrados por la  sindicada BAYUELO MONTES.   

Sobre   la   decisión   supuestamente  prevaricadora   se   pronunció   la   funcionaria  investigada, no sólo en versión libre,  sino  también en diligencia de indagatoria.   

En       la       primera,         rendida  el  22  de enero de 2007, la  doctora  BAYUELO  MONTES  aseguró que la determinación de revocar la medida de  aseguramiento  se  debió  a la ausencia de claridad  probatoria    para    señalar   a   LUIS    ALBERTO   MONTOYA   GRANADA  como  posible  coautor  del  delito de estímulo              a             la             prostitución  de menores,      ya      que      si      bien      la      menor           C.L.    dijo    que    fue             contactada            por            “dos     muchachos”    en    Medellín,  en  ningún  momento le  hizo  imputación  directa a él, quien, por demás, tiene  33     de     años     y     no     puede     catalogarse    de    “muchacho”.   

Asimismo,  se  justificó,  las  otras  menores   dijeron  que  fueron  contactadas    por  “José    y    Alberto”,  refiriéndose  al  administrador y  dueño    del   bar,   respectivamente,  pero,  no  está  acreditado  que  LUIS   ALBERTO   MONTOYA   GRANADA   sea  la persona referida por    ellas,    y    si    bien    quedó   establecido  que   él   era   el  dueño del inmueble, no  lo   quedó   que  lo  hubiera  alquilado  para  destinarlo a la prestación de prácticas sexuales con  menores  de  edad, pues,  según  adujo  en  su  indagatoria,  quienes  trabajaran en el lugar tenían que ser mayores.   

Referente  al  señalamiento  que  las  menores  le  hicieron  al citado sindicado en fila de personas, explicó que era  cuestión  obvia porque ya lo habían visto en el establecimiento y lo conocían  de  vista,  resaltando  que en dicha actuación no mencionan que él fuese quien  las  contactó  en Medellín. Sumado a ello, algunos  empleados  del bar, como trabajadoras sexuales y meseros, aseguraron que solo se  relacionaban  con  el  administrador,  lo  cual  fue  confirmado  por  los otros  procesados en sus injuradas.   

En   suma,   no  encontró        prueba       en       el       proceso       “que            indicie  meritoriamente”  que  MONTOYA GRANADA hubiese  estado      en      Medellín      –municipio que el investigado dijo  no   conocer-   contactando  a  las  jóvenes  que  lo  señalan  y,   por   el   contrario,     el     testigo    Jorge    E.  Victoria  informó que  por  esa  época  no  había  salido de la ciudad.   

Por  ello,  estimó  que  su   actuación   fue  conforme           a           derecho,          pues,            decidió         acorde a la valoración de la prueba  que   había   en   el   proceso,  descartando  que  tuviese      mérito     suficiente  para determinar que LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA fuese la misma  persona   citada   como   “Alberto”  que estuvo en Medellín. En su opinión, no se descarta que las  menores  hayan  sido  presionadas  y  que para evitar ser vinculadas        penalmente,            “hubiesen  hecho  esas  sindicaciones sin mayor asidero probatorio  para   eludir  lo  relacionado  con  la  documentación  falsa…”.   

En  diligencia de indagatoria rendida el 10  de  mayo  del  mismo  año,  la  procesada  BAYUELO  MONTES  reiteró  que en la  investigación    adelantada   por   la   conducta   punible   de   estímulo  a  la  prostitución de menores,  se       había       demostrado       que       el       bar       “Pisis”   era   un   establecimiento  dedicado  al  comercio sexual en el que participaban menores; también, que LUIS  ALBERTO  MONTOYA  GRANADA era el propietario del inmueble donde funcionaba dicho  establecimiento,  razón  por  la  cual  recibía  utilidades  por  su arriendo,  frecuentaba   el   negocio,   y   conocía   las   actividades   que   allí  se  desarrollaban.   

Así,  frente  a  los señalamientos que se  hicieron  en  contra  del  referido  procesado,  la fiscal explicó que para ese  momento  no  contaba  con  el  expediente  respectivo, aunque si con copia de la  providencia   que   resolvió   el   recurso  de  apelación  de  la  medida  de  aseguramiento,  motivo  por el cual manifestó que si decidió en tal forma, era  porque  las  pruebas  obrantes en el proceso hasta ese momento, no ameritaban la  responsabilidad de MONTOYA GRANADA en delito alguno.   

Entonces, aunque no recuerda el contenido de  las  declaraciones recepcionadas, sabe que confirmó el aseguramiento preventivo  respecto  de  las personas que sí sabían de la edad de las jóvenes, entre las  cuales   descartó  a  MONTOYA  GRANADA  porque  “en  ninguna  de  las  pruebas aparecía que fuera responsable de ello”,   

De  otro  lado,  en  lo tocante a que dicho  sindicado  era el propietario del bien inmueble, reforzó que no lo era del bar,  pues,  lo había arrendado, sin que se hubiese acreditado probatoriamente que el  objeto  de  ese  negocio jurídico fuera contratar menores de edad para trabajar  en  el  mismo.  Por  ello,  el  que  percibiera  utilidades, acudiera al lugar y  conociera  de algunas de sus actividades, no implica que supiese de la presencia  de menores en el local.   

Para  terminar,  dijo no tener claro que el  aludido  negocio fuese de índole familiar, ya que no constaba nada al respecto.  Por  el  contrario, tenía claro, porque así lo infirió de las pruebas, que al  parecer        alguien        que        dijo        llamarse       “Alberto”  era el que contrataba a las  jóvenes  en  Medellín,  sin  que  se  acreditara  que  se  tratase de la misma  persona.  Y,  en  lo  concerniente  a la diligencia de reconocimiento en fila de  personas  en  la que fue señalado, insistió en que ello obedeció a que iba al  bar y era conocido por las menores.   

4. Contrastación Probatoria.  

Establecido  que  la  procesada  JUDITH DEL  ROSARIO  BAYUELO  MONTES  dictó,  en ejercicio de sus funciones como Fiscal 5ª  delegada   ante   el   Tribunal   Superior   de   Barranquilla,  la  resolución  interlocutoria  de  segunda  instancia por medio de la cual revocó la medida de  aseguramiento  impuesta  a  LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA -investigado, junto con  otras  personas, por la conducta punible de estímulo a  la  prostitución  de menores-, y conocidas las pruebas  practicadas  antes de la definición de la situación jurídica y los argumentos  de  la  funcionaria, compete a la Corte definir si efectivamente esa conclusión  a  la  que  llegó  es  contraria a los hechos y, consecuentemente, determina la  existencia    del    delito    de   prevaricato   por  acción objeto de examen en esta sede.   

Para  el  efecto,  es  necesario partir por  señalar  que  la  labor  de desentrañamiento aparece si se quiere rigurosa, en  tanto  demanda auscultar los elementos de juicio allegados durante el proceso de  origen  y  verificar  su  contenido suasorio, así no se trate de una nueva fase  del  proceso  seguido  en contra de los sindicados por el delito de estímulo  a  la  prostitución de menores,  ni  mucho  menos se busque atribuir responsabilidad penal sólo porque se razona  distinto  o  es  asumido  el  análisis  de  forma  diferente  a como lo hizo la  funcionaria acusada.   

Es  claro, sí, que dentro del principio de  independencia  judicial  que  regula  la  actuación  de  los  funcionarios  que  administran  justicia  y  prevalidos  ellos  de un cierto arbitrio al momento de  analizar  las pruebas y sus efectos, las más de las veces la simple desarmonía  entre  jueces,  o  la  decisión  modificatoria  o  revocatoria  de la instancia  superior,   de   ninguna   manera   inciden   negativamente   en  su  condición  disciplinaria o penal.   

Desde luego que no sólo el derecho, sino la  apreciación  de  esa  reconstrucción  histórica  de los hechos que modulan el  proceso,   admiten   variadas   lecturas,   e   incluso   posiciones  contrarias  perfectamente  sustentadas,  a  cuyo amparo nunca el solo principio de autoridad  puede  soportar  la  posibilidad de determinar contraria a derecho una de dichas  soluciones.   

Pero,  no  significa  ello que la decisión  judicial  se  halle  al  garete  o sustentada apenas en el particular arbitrio o  subjetiva postura de quien la emite.   

No, claramente las normas penales establecen  un  método  o  forma  de  analizar  el  acervo  probatorio, que mucho dista del  convencimiento  particular  o  la  lucubración  carente  de soporte, en aras de  delimitar  esos  parámetros  mínimos  que  tornen  legítima  la  decisión  y  permitan establecer como objetiva y adecuada la solución.   

Al efecto, el artículo 238 de la Ley 600 de  2000,   vigente   para   el  momento  en  el  cual  se  emitió  la  resolución  interlocutoria  de  revocatoria  de medida de aseguramiento que se controvierte,  específicamente consagra:   

“Apreciación  de  las  pruebas. Las pruebas deberán ser apreciadas  en conjunto, de acuerdo con las reglas de la sana crítica.   

El  funcionario judicial expondrá siempre  de manera razonada el mérito que el asigne  a cada prueba”.   

Entendido  que  la  sana  crítica  implica  atender  a  las  reglas  de  la  experiencia,  los principios científicos y las  pautas  de  la ciencia, importa determinar, para efectos de advertir contraria a  derecho  o  no  la  decisión  cuestionada,  si  en ella el análisis probatorio  respetó  estos  raseros  ineludibles  y si, además, el examen de los medios de  persuasión operó en conjunto.   

Sobre   el   particular,   es   necesario  puntualizar  cómo  para  apartarse  de  los  mínimos en cuestión, el operador  jurídico  puede  recurrir  al burdo mecanismo de hacer decir a la prueba, en su  objetividad,  lo  que  ella  no  contiene,  en  cuyo caso la verificación de la  contrariedad  con  el  derecho  compendiado  en  lo  fáctico surge si se quiere  elemental;  o  recurre  al  mecanismo  algo  más  soterrado de eludir el examen  conjunto  y concentrarse en la prueba individual, para buscar hallar en cada uno  de  los  elementos suasorios factores reales o artificialmente construidos   -por  lo  general a través del fácil expediente de introducir supuestas reglas  de la experiencia que no lo son-, de contradicción o mendacidad.   

En  este  último  caso,  la parcelación o  división  del  acervo  probatorio  busca eludir la necesaria concatenación que  entre  los  distintos  medios  de conocimiento existe, y de esta manera llegar a  conclusiones  contrarias a derecho y a las pruebas allegadas de forma legal a la  investigación.   

Ocurre  también,  que el servidor público  acomete   el   comportamiento  prevaricador,  cuando  no  obstante  existir  los  supuestos  fácticos  y  jurídicos  para  tomar  una  determinación conforme a  derecho,  en  la  decisión  sometida  a  estudio,  se  aparta de la norma o del  análisis  conforme  a  la  sana  crítica del conjunto de las pruebas, para sin  ninguna   razón  o  motivación,  arbitrariamente  y  sin  reflexión,  ofrecer  conclusiones  opuestas a lo que se deduce con claridad meridiana de las pruebas;  resultando  por  lo  tanto  la  resolución  injusta  y  caprichosa,  y por ende  manifiestamente  contraria  a  la  ley, emanada de una mal intencionada voluntad  del servidor público por transgredir el ordenamiento jurídico.   

Ahora bien, en la providencia calificada de  prevaricadora,  la  funcionaria  acusada, contrariando los presupuestos exigidos  por  el  artículo  356 del Código de Procedimiento Penal, revocó la medida de  aseguramiento  impuesta  por  el Fiscal 42 Seccional de Barranquilla en disfavor  de    LUIS   ALBERTO   MONTOYA   GRANADA   por   el   delito   de   estímulo  a  la  prostitución de menores,  pese  a  que,  como  lo  sostuvieron  los  representantes  de  la Fiscalía y la  Procuraduría  en  la  audiencia  pública de juzgamiento, en su contra recaían  múltiples   indicios  graves  de  responsabilidad,  con  base  en  las  pruebas  legalmente  producidas  dentro  del  proceso, los cuales apuntaban a sostener la  resolución interlocutoria de primera instancia.   

En  efecto,  con  las  pruebas allegadas al  proceso se demostró plenamente que:   

i)  Las  menores  V.H.T.,  C.M.M.T.  y  L.Y.G.F.  fueron  contactadas  en el municipio de Itagüí  (Antioquia),  para  trabajar  en  la  ciudad  de  Barranquilla como bailarinas y  modelos    en    el    bar    “Pisis”.   

ii) Los individuos  referidos   como   “José  y  Alberto”   fueron   quienes   les   hicieron   dicho   ofrecimiento   y  les  proporcionaron los gastos de desplazamiento.   

iii)   Cuando  llegaron  las  menores  al  bar “Pisis”,   las  obligaron  a  ejercer  la  prostitución;  para  ello,  les  entregaron  contraseñas  de cédulas de ciudadanía falsas, con sus respectivas  fotografías,   con   el   fin   de   simular  la  mayoría  de  edad  ante  las  autoridades.   

iv)  De acuerdo a  los  dictámenes  médicos legales practicados a V.H.T, C.M.M.T. y L.Y.G.F., son  menores que oscilan entre los 14 y 16 años de edad.   

v)  José  Lisdey  Álvarez  Posada  y  LUIS  ALBERTO MONTOYA GRANADA fueron reconocidos en fila de  personas  por  las  menores  V.H.T, C.M.M.T y L.Y.G.F., como los hombres que las  contrataron  en  el  municipio de Itagüí (Antioquia), para modelar y bailar en  el  bar  “Pisis”.  Es decir, son, a no dudarlo, quienes son señalados en el  curso    de    la    actuación   como   “José   y  Alberto”.   

vi)  Las jóvenes  víctimas  también  declararon  que mientras José Lisdey Álvarez Posada es el  administrador  del  bar,  MONTOYA GRANADA es su “casi  dueño”.   

vii) En diligencia  de  allanamiento y registro ordenada por la Fiscal 5ª Seccional de Barranquilla  al   bar   mencionado,   se  encontró  a  la  menor  C.L.C.  trabajando  en  la  prostitución y con una contraseña falsa a su nombre.   

viii)  C.L.C. era  una  niña de 15 años, lo cual era suficientemente conocido por MONTOYA GRANADA  y  sus  parientes.  Así  lo  depuso la menor en su primigenia versión.   

ix)  La  misma  declarante  aseguró  MONTOYA  GRANADA,  quien  es  hermano  de  Miriam  Montoya  Granada,  es  el dueño del bar “Pisis”.   

x)  LUIS  ALBERTO  MONTOYA  GRANADA  reconoció  ser  el  dueño del inmueble donde funciona el bar  “Pisis”,  el  cual tiene  arrendado   a   su  primo  Silver  de  Jesús  Granada  Candelo,  quien  le  paga  el  30%  de  las  ganancias  mensuales del establecimiento.   

xi) MONTOYA GRANADA  aceptó   acudir   al   bar   “Pisis”  todas  las noches y tener conocimiento de que allí se practica la  prostitución.   

xii) “Pisis  Disco  Bar” es un negocio cuya  administración  y promoción la tienen varios integrantes de la familia Montoya  Granada,  entre  quienes  participan  activamente  LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA,  Silver  de  Jesús  Granada  Candelo,  Miriam  Montoya Granada y su esposo José  Lisdey Álvarez Posada.   

Como   se  acredita  en  precedencia,  la  valoración   objetiva  y  seria  del  acopio  de  pruebas,  permitía  concluir  razonadamente  que  la  medida  de aseguramiento debía confirmarse, como quiera  que  los  testimonios  de  las  menores  que trabajaron en la casa de lenocinio,  fueron         enfáticos        en        señalar        a        “José”,  el  administrador  del  bar  “Pisis”, como la persona  que  las  contactó  en  el  municipio de Itagüí (Antioquia), en compañía de  “Alberto”, refiriéndose  de manera directa e inequívoca a LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA.   

Sin  duda,  MONTOYA  GRANADA  fue  la  otra  persona  que  las  contactó,  sabiendo que se trataba de menores de edad, y esa  fue  la razón para conseguirles la documentación falsa, una vez se dispusieron  a   ejercer  como  trabajadoras  sexuales  en  el  establecimiento  “Pisis”.   

Entonces,  la  prueba  recaudada demostraba  fehacientemente  la  participación  que  tenía  LUIS  ALBERTO MONTOYA GRANADA,  quien   de   primera  mano  conocía  el  desenvolvimiento  de  las  actividades  comerciales    del    “Bar    Pisis”,  hasta  el  punto  de  que todos sus empleados lo señalan como su  dueño.   

Así lo dio a  conocer,  por  ejemplo,  la  menor C.L.C., quien  recuérdese,  fue  encontrada ejerciendo la prostitución en la discoteca cuando  fue allanada por las autoridades.   

Desde   su  primera  versión,  C.L.C.  depuso    de    manera    espontánea,  que el dueño del establecimiento  era  “don Alberto”,  hermano  de “Miriam la  esposa      del     administrador”,    refiriéndose    a     LUIS     ALBERTO    MONTOYA  GRANADA.   La  parte  pertinente de su declaración es de este tenor:   

“El dueño  es  Don Alberto, que estaba ahí de camisa blanca en  Disco  Piscis  (sic), la hermana de él que se llama MIRIAM, pero no me le se el  otro  nombre  y  don JOSE, pero tampoco le se el otro nombre, es el esposo de la  señora  MIRIAM.  Ellos sabían que yo tenía quince  (15)  años. Un muchacho  que  no  se  el  nombre,  nos  llevó  al centro a varias muchachas para que nos  hicieran   las   cédulas   esas”   (destacado   ajeno   al texto).   

El  señalamiento   que   hizo   la   joven           C.L.C.,   se   encuentra   confirmado   con   el   dicho   de   las   menores  denunciantes,  quienes  declararon que  LUIS    ALBERTO    MONTOYA    GRANADA  era  “casi dueño” del establecimiento.   

Por   los  tanto, las revelaciones  proporcionadas por las  menores    afectadas  mostraban     que  MONTOYA    GRANADA  participaba   activamente  del  negocio,  no  sólo  contratando  a  las  menores que serían obligadas a  ejercer  la prostitución, sino también   pendiente   del  desenvolvimiento  diario   del   establecimiento;   así    lo    aseguraron   ellas     cuando     indicaron  que  era  “dueño”        o       “casi       dueño”      del      lugar  y,  en razón de ello,    todas    las    noches         acudía  al  mismo, lo cual para rematar,  fue   aceptado   por  el  propio  procesado  en  la  indagatoria.   

En  efecto,  en  su  versión  injurada,  MONTOYA  GRANADA  reconoció  que  asistía  al  sitio,  luego de que cerraba un  minimercado de su propiedad.   

Adicionalmente,     el     interés     de     MONTOYA  GRANADA   en  el  bar  “Pisis”  de      dejar  ver  en  las         versiones        dadas        por        las           otras  personas que fueron vinculadas  a  la  investigación por el delito de estímulo             de             la             prostitución    de    menores,    quienes    admitieron    que    el  establecimiento   mencionado  era  un  negocio  familiar,  donde  las  ganancias  se   repartían   en  un      porcentaje      determinado.   

Uno    de    ellos,    Silver     de     Jesús     Granada     Candelo,    aseguró   que  el  bar        era       “un    patrimonio    de    la   familia   la   inversión   del  negocio”,  y  que sus  utilidades         eran         distribuidas      entre      los  integrantes       de      la      parentela.        En      concreto,      expresó:  “A  mis  primeros  (sic)  LUIS  ALBERTO MONTOYA y  MIRIAN  (sic)  MONTOYA yo a ellos les doy el 30% de las utilidades, por el local  o  sea  por  el  arriendo  del  sitio y JOSE ALVAREZ  que  es  el  marido  de  mi  PRIMA MIRIAN MONTOYA y  administrador      le      doy     el     20%     de     las     ganancias    y   yo   el   50%   para  mi”   (subraya  la  Sala).   

En refuerzo de lo anterior, José   Norbey   Ramírez   García  también                aseguró que el bar pertenecía a la  familia Granada.   

Y,    el    sindicado   LUIS  ALBERTO MONTOYA GRANADA aceptó  no  solo  que  era el propietario del inmueble, sino  también      que     recibía     provecho   del   negocio,   expresando   que   “…eso  es  de toda la familia hay un acuerdo entre todos, hay  que   esperar   como   nos   va…”  y    reconociendo    la     utilidad     del    30%    de    su producido.   

En  este  orden de ideas, de  las  pruebas practicadas  y  allegadas  legalmente  al proceso, se deducía prueba  suficiente  para  confirmar la medida de aseguramiento en  contra  de  LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA,  pues,  se  encontraba  acreditado  con la prueba testimonial y documental aportada, que  tenía  conocimiento  de  la  minoría  de  edad  de  las  jóvenes que             ejercían             la             prostitución  en  el negocio familiar del cual se  lucraba; y que   fue  la  persona  que  acudió  en  busca  de  las  menores  V.H.T.,  C.M.M.T.  y  L.Y.G.F al municipio de  Itagüí    (Antioquia)   para   que   trabajasen   en   el   bar   “Pisis”   de   la   ciudad   de  Barranquilla,  habiéndolas  engañado  al  momento  de contratarlas, ya que  les   aseguró   que   iban  a  modelar   y   bailar   en   el  sitio  de  diversión,  pero   fueron   obligadas  vender sus cuerpos.   

Las pruebas relacionadas con antelación,  fueron  dejadas  de analizar y valorar por parte de la procesada BAYUELO MONTES,  quien   aseguró  por  fuera     de     lo    objetivamente  acreditado,  que  el  señor  LUIS  ALBERTO   MONTOYA   GRANADA   no   tenía  ninguna  responsabilidad  penal en el delito de estímulo    a    la    prostitución    de   menores.   

En  efecto,  en  providencia   absolutamente   contraria  a  la  evidencia  pobre  en argumentación y absurda en su  motivación,  concluye  la  procesada BAYUELO MONTES  que  no  le  asiste  ninguna responsabilidad  a MONTOYA GRANADA,  pese a  que  en  uno  de  los  acápites  de  la  resolución  cuestionada, aceptó  que  la participación  del   mismo   en   el   ilícito  de  estímulo        a         la         prostitución        de        menores   se   deducía  del  conocimiento que tenía acerca  de   que  en  el  inmueble  de  su  propiedad,  se  desarrollaba       la       actividad      prohibida      de      prostitución con menores de edad.   

Evidenciando  así   los  supuestos  fácticos  y  jurídicos  suficientes para tomar la  determinación    en    derecho,    la    doctora   BAYUELO   MONTES,  arbitrariamente  y  sin  ninguna  reflexión,  ofreció  conclusiones  opuestas  a lo que se deducía con claridad  meridiana de las pruebas aportadas.   

A    no    dudarlo,    realizó      un     razonamiento       caprichoso  de la prueba respecto  al  sindicado  LUIS ALBERTO  MONTOYA   GRANADA,  a  diferencia  de  lo que ocurrió con los demás     sindicados  que se encontraban comprometidos probatoriamente con los mismos  señalamientos.   

En   la  resolución      cuestionada,      la  acusada  confirmó la  presencia  de  indicios graves de  responsabilidad   en  contra  de  Silver de Jesús Granada Candelo y José  Lisdey  Álvarez Posada,  por  encontrarse  acreditado  que  eran  el dueño y  administrador   del  establecimiento  de  lenocinio,  respectivamente, y  sabían       que       las       jóvenes  empleadas  que  ejercían la prostitución,  eran  menores  de edad.   

De     igual     modo,      le     dio     valor    probatorio   al   informe   de   la   Sijín  suscrito  por  el capitán Alberto  Camargo   Zamora,   y  plena    credibilidad    a    la    primera   versión  rendida  por  la  menor     C.L.C.  –no   así   a  su  retractación-,  quien  fuera sorprendida ejerciendo  ese   oficio   cuando   se   practicó       la       diligencia       de      allanamiento.   

Sin  embargo,  con  relación  a MONTOYA  GRANADA,   la   enjuiciada  hizo  un  estudio     contrario     de     ese    aporte    probatorio,  pese  a  que  se nutría de los mismos elementos de  juicio  de los cuales se derivaba su posible responsabilidad, asi como la de los  demás investigados.   

En el mismo orden de ideas, para           fundamentar  la  supuesta  ausencia de  responsabilidad   de  MONTOYA             GRANADA,      la     funcionaria     de  segunda   instancia  aseguró   que  la  autoría  en  el  delito   investigado  no  se  podía  deducir  del  hecho  de  ser  el propietario del inmueble donde funcionaba el  sitio   de   prostitución,  soslayando    caprichosamente   un  análisis  probatorio  de  todos  aquellos    medios   de   convicción      que     lo     señalaban  no  solo como        su        dueño,      sino      también  como copropietario del establecimiento de lenocinio  que  allí  funcionaba,  ya  que  de  acuerdo  a  los  dichos  vertidos  en  las  indagatorias  por  todos los vinculados, se trataba de un negocio familiar donde  se  había invertido dinero y se estaban     esperando    buenos    resultados    económicos.   

Además  de  los  otros  procesados,  también  dos  de las empleadas del lugar lo señalan como su dueño, lo cual no  tuvo  en cuenta la fiscal, al igual que percibía el  30% de las utilidades.   

Todo  ello,  sin  duda alguna, permitía  colegir  el  compromiso  de  MONTOYA  GRANADA con el  establecimiento    de    comercio,    dado   que,  realizaba                actividades   que   indicaban   su  participación   eficaz   en   el  negocio  de  la  prostitución.   

Asimismo,  la  fiscal  de  segundo grado  dejó  de  valorar  el señalamiento categórico que  la    menor    C.L.C.   hizo,   acerca   del   conocimiento   que  tenía  MONTOYA  GRANADA de su  minoría  de  edad.  Lo  paradójico    del   asunto   es   que   en   la   misma   providencia,   había  calificado de “veraz,  creíble     y     convincente”    el        testimonio        de        la        joven.   

Igualmente,  apartándose     de    lo    probado,    la    doctora    BAYUELO  MONTES  afirmó  que a pesar  del  reconocimiento  en fila de personas que hicieron los menores V.M.T., L.J.G.  y   C.M.F.  de  “Alberto  y  José”    como    los    personajes    que    las   contactaron  en  el  municipio  de  Itagüí  para  trabajar  en  el bar  “Pisis”   de  la  ciudad   de   Barranquilla,   de  ello      no      se     deducía  ningún    indicio    en    contra    de   MONTOYA  GRANADA,  por  cuanto las mismas fueron localizadas  en  un establecimiento de lenocinio y en ningún momento les dijeron que tenían  que    prostituirse,   habiendo   sido            “José”  quien   les   proporcionó   las   contraseñas  de  cédulas  falsas,  una  vez  llegaron  al  sitio de  trabajo.   

A       esa      conclusión    arribó   luego   de  hacer   una   lectura   sesgada   a   la      narración     de     las  testimoniantes,           pues,  si bien es cierto que las menores  dijeron  que habían sido contratadas por “José y  Alberto”     en  un establecimiento de Itagüí para que modelaran y  bailaran,         también         manifestaron         que         cuando   llegaron   a  Barranquilla  fueron  obligadas  a  ejercer  la  prostitución,  no solamente por “José”       como       lo  pretende   hacer  creer  la  funcionaria  acusada,  sino                  también     por     MONTOYA GRANADA.   

Así  lo  aseguró  la  joven  C.M.F.,  cuando  a  la  pregunta del fiscal “Díganos  si  alguna  de estas personas que ha mencionado como MIRIAN, JOSE Y ALBERTO, las  obligaban  a  ustedes a ejercer la prostitución”,  contestó     que  “Elos  (sic) nos dijeron que el que se demore mas  de  8  días  sin  subir  a pieza se va, y también nos dijeron que no nos daban  permiso  de  salir  hasta que no pagaramos (sic) los  viáticos   y   para  pagarlos      tocaba      acostarse      con     los     clientes”.   

Nada  implica que se diga en el plenario  que  fue “José”,     el     administrador    del  bar,  quien  entregó  los  documentos falsos a las  niñas,  pues,  ello  lejos  está de significar que  MONTOYA   GRANADA  no  hubiese  tenido  conocimiento  de  su  minoría de edad.   

Además,   no   se   entiende  la  disertación que hizo la fiscal  de  segunda  instancia a  favor    del    referido    sindicado,   si   era   una   verdad  probada  que     no    admitía    discusión,       que       esta     persona     se   encontraba   pendiente   del   desenvolvimiento  diario  del  establecimiento    de    lenocinio,   obligaba  a  las  menores  a ejercer el comercio sexual   con  los  clientes  del  negocio,  y  conocía,  por  tanto,  su      minoría      de      edad.   

Por manera que para la Corte, conforme lo  discriminado   en   precedencia,   es   patente   que  la  acusada  BAYUELO  MONTES  eludió cumplir con  la  obligación  legal  de  examinar  las      pruebas      recaudadas  en               conjunto,   y  además   en   esa   tarea   cercenó  y   distorsionó   apartes  de  las  declaraciones    vertidas    por    las   menores  víctimas,   con  la  evidente    intención    de    sustentar   una   revocatoria   de   medida   de  aseguramiento,  en  vez  de confirmarla, que era lo  que       legalmente       procedía       en       ese      momento.   

En    suma,   la   doctora   BAYUELO  MONTES  no  dio  cumplimiento  a la exigencia legal  planteada   en   el   inciso  primero  del  artículo  238  de  la  ley  600  de  2000,  haciendo  una  concatenación    racional    de    los   distintos   elementos   de   juicio  allegados  al  expediente  para contextualizar los  hechos y su significación para el proceso.   

Por   el   contrario,   de       forma       caprichosa,  mañosa  y  arbitraria  hizo  una  interpretación  conciente  y  voluntaria  de  las  pruebas, con una óptica subjetiva ajena a la  realidad  procesal, que  torna   la   decisión   manifiestamente   contraria   a  la  ley  y,      por     tanto, prevaricadora.   

Para la Sala, la apreciación equivocada que  la  funcionaria da a las declaraciones, no corresponde a un infortunado yerro de  su  parte,  sino  al  deliberado  querer  de  solventar  de  manera favorable la  situación   jurídica   procesal   del   investigado   LUIS   ALBERTO   MONTOYA  GRANADA.   

Ahora  bien, la disquisiciones subjetivas y  ajenas   a   la  realidad  procesal  que  hizo  la  acusada  en  la  resolución  cuestionada,  no  solo  se  revelan  en  lo allí plasmado, sino también en las  exculpaciones  dadas  por  la  misma,  tanto  en  la  versión  libre como en la  indagatoria,  por  cuanto  extrañamente hace afirmaciones que no fueron tenidas  en cuenta en la providencia prevaricadora.   

Es que, a la hora de desvirtuar los sólidos  dichos  de  las  jóvenes  afectadas, la funcionaria se aventuró a asegurar que  posiblemente  sentían  presión  o  temor  a  una  represalia  penal por portar  documentos  falsos,  lo  cual  carece  de  asidero fáctico y probatorio, habida  cuenta  que  las  menores  denunciaron  por  su propia voluntad y buscaron a las  autoridades  para dar a conocer los hechos de los cuales habían sido víctimas.  Fuera  de  ello,  dieron  una  versión  clara  sobre  las personas a las cuales  estaban  sindicando  y  de  manera  suficiente  individualizaron  a “Alberto”, antes de llevarse a cabo el  reconocimiento   en   fila   de  personas;  de  él  dijeron,  recuérdese,  que  “casi    dueño    del   negocio”   y asiduo visitante en las noches.   

Dicha  información,  opina  la  Corte,  no  admitía  interpretación  diferente, toda vez que además de la sindicación de  las  menores,  otros declarantes, incluyendo la joven sorprendida en el negocio,  así  lo  ratificaron,  luego  mal  podría  considerarse  una falsa imputación  lanzada por las víctimas para perjudicar a MONTOYA GRANADA.   

De  otra  parte,  la  aseveración  de  la  funcionaria  atinente  a  la  falta  de  acreditación acerca de que el inmueble  había  sido  arrendado  conscientemente  por  ese  sindicado  para  ejercer  la  prostitución  de menores, no se puede desvirtuar con la afirmación que hizo en  su     indagatoria,     acerca     de     que    en    el    bar    “Pisis”  sólo  se contrataban mujeres  mayores  de edad, pues, esta manifestación se desvirtuó plenamente no solo con  la  denuncia de las menores víctimas que lo acusan de haberlas contratado, sino  también  con  la  información  que  se  tuvo  de  su  presencia continua en el  establecimiento   de   prostitución   y  de  las  ganancias  que  recibía  del  mismo.   

Imposible, entonces, predicar la ajenidad de  MONTOYA  GRANADA  en la conducta punible de estímulo a  la prostitución de menores investigada.   

En  conclusión,  la forma como decidió la  funcionaria  acusada  sobre  la  revocatoria  de la medida de aseguramiento y la  libertad  del  procesado  MONTOYA  GRANADA, resulta contundentemente ajena a las  reglas  de  la  sana  crítica  al  momento  de ponderar los medios probatorios,  denotando en su decisión capricho y arbitrariedad.   

Sobre   el   tópico  de  la  valoración  probatoria    tiene   dicho   esta   Corporación:4   

“En  lo  concerniente  al  sistema  de  valoración  de  la  prueba, la Sala viene insistiendo que si bien es cierto que  le  brinda  al  funcionario  judicial  cierta  libertad  al  realizar  esa labor  restringida  únicamente  por  los  postulados  de  la  lógica, las leyes de la  ciencia  y  las  reglas de la experiencia, la misma no puede entenderse como una  autorización  para  disponer  arbitrariamente  la admisión o el rechazo de los  medios  de  prueba,  para  ignorar su existencia o validez, o para otorgarles un  contenido  y alcance del que objetivamente carecen, con el fin de acompasar unos  hechos  a  otros  que  no  trasluce la actuación procesal, pues de este modo se  viola  la  ley  por  decidir  asuntos  al  margen  del  ordenamiento  jurídico,  cimentados en su sólo capricho”.   

Desde  este punto de vista, para la Sala es  claro  que la procesada BAYUELO MONTES, en procura de soportar la revocatoria de  la  medida  de  aseguramiento  a favor de LUIS ALBERTO MONTOYA GRANADA, no sólo  suprimió  apartes  importantes  de  los  testimonios  de  las menores, sino que  además  se  abstuvo  de  sopesar en su integridad todos los elementos de prueba  que  conformaban  la  actuación, frente a las reglas de la sana crítica, pues,  se  contrajo a hacer aseveraciones que nada tenían que ver con lo efectivamente  probado  respecto  a  la  supuesta  responsabilidad  del  mencionado  sindicado,  asegurando  simplemente que no se deducía ninguna cargo en su contra, porque de  acuerdo  al  dicho  de  aquellas,  no fue la persona que les hizo entrega de las  contraseñas falsas.   

En ese orden de ideas, no hay duda de que la  acusada  desconoció  abiertamente y de forma dolosa la trascendencia, mérito y  significación  de  las  pruebas  que  apuntaban  a  la  coautoría del indagado  Montoya  Granada, en la conducta punible de estímulo a  la prostitución de menores.   

Por manera que, de su actuación no se puede  deducir  ausencia  de dolo y menos aún un comportamiento prevalido de buena fe,  pues,  el  actuar  de  la  doctora  BAYUELO MONTES no es producto de un error de  interpretación       o       de       la       falta       de      “destreza”  para  investigar un delito  de poca ocurrencia, como lo aseguró su defensora.   

Tampoco  es  consecuencia de la ausencia de  elementos  operativos  o  informáticos  en  la  Fiscalía,  a  los  cuales hizo  alusión  el  mismo  sujeto procesal como argumento exculpatorio, ni mucho menos  puede  aducirse  la  falta  de  dolo  por  haber  utilizado una plantilla de una  decisión  de un compañero de trabajo, en la que precisamente la determinación  que se había tomado era contraria a lo resuelto por la acusada.   

De  todos modos, aún aceptando que usó un  formato,  es  responsabilidad  del servidor público lo allí consignado, ya que  su  obligación  no  es  otra  diferente  a la de resolver el problema jurídico  planteado  de  acuerdo con el particular caudal probatorio, cuya apreciación se  deberá  hacer  en  conjunto,  de  acuerdo  a  las  reglas de la sana crítica y  exponiendo  razonadamente el mérito que le asigne a cada prueba, lo que no hizo  en manera alguna la procesada.   

Insiste  la  Corte, en consecuencia, que el  actuar  de  la  doctora  BAYUELO  MONTES de contrariar evidentemente la ley, fue  doloso;  además,  porque su amplia experiencia en la Rama Judicial, por más de  veinte    años    como    funcionaria    en   el   área   penal   –Juez   Penal   Municipal,   Juez   de  Instrucción   Criminal,  Fiscal  Seccional  y  Fiscal  Delegada  ante  Tribunal  Superior-  y  con  estudios  de  especialización  en  esa específica área del  Derecho,   le  permitía  conocer  y  valorar  claramente  los  indicios  graves  requeridos  para imponer la medida de aseguramiento y, sin embargo, se encaminó  a  la  ejecución  de  la  conducta  prohibida  de  manera  libre  y consciente,  eligiendo  para  ello  el  desconocimiento  de  la  prueba recolectada para, sin  razón  alguna,  revocar  la determinación de primera instancia, profiriendo de  manera   manifiesta   otra   contraria   a   la   ley,   tanto   material   como  procesalmente.   

Con esa decisión manifiestamente contraria  a   la  ley,  la  doctora  BAYUELO  MONTES  afectó  el  bien  jurídico  de  la  administración   pública,  expresado  en  el  sometimiento  del  Estado  a  la  legalidad  en  sus  relaciones  con  los  particulares, en virtud de la cual los  asuntos  de  conocimiento de sus agentes deben resolverse según la normatividad  que  los rige, avalando de esa forma la vigencia del ordenamiento y la pacífica  connivencia en el medio social.   

En las anteriores condiciones, se logró la  certeza  sobre la realización de la conducta punible atribuida a la procesada y  de  su  responsabilidad  en calidad de autora, lo que impone emitir sentencia de  carácter   condenatorio,   por   el   cargo   contenido   en   la   resolución  acusatoria.   

P U N I B I L I D A D  

Reunidos  los presupuestos sustanciales que  el  artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000  exige  para  proferir  sentencia  condenatoria,  procede  la  Sala  a  señalar  las  consecuencias jurídicas que  corresponden  a  la conducta punible por la cual se juzgó a la ex fiscal JUDITH  DEL ROSARIO BAYUELO MONTES.   

De acuerdo con el artículo 413 del Código  Penal,  las  penas  principales  para este ilícito son:  prisión de 3 a 8  años,  multa  de  50  a  200  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de 5 a 8  años.   

Se  fijará,  en  primer lugar, la sanción  aflictiva  de  la  libertad,  para  lo cual se fijarán los cuartos de movilidad  punitiva,  teniendo  en cuenta que entre el mínimo y el máximo hay 5 años, es  decir,  60  meses, que divididos por cuatro equivalen a 15 meses, lo cual arroja  el siguiente resultado:   

    

* Cuarto mínimo: de 36 a 51 meses de prisión.   

* Cuartos  medios:  de  51 meses y 1 día a 66 meses de prisión, y de  este guarismo y 1 día a 81 meses de prisión.   

* Cuarto   máximo:   de   81   meses   y   1   día  a  96  meses  de  prisión.     

Conforme  al  artículo  60  ibídem,  el ámbito punitivo de movilidad  que  corresponde  aplicar  en  este caso es el comprendido en el cuarto mínimo,  esto  es,  entre  36  y 51 meses de prisión, toda vez que no fue deducida en la  resolución  de  acusación  circunstancia alguna de mayor punibilidad y, por el  contrario,  a  favor  de la acusada opera la de menor punibilidad establecida en  el  numeral  1°  del  artículo 55 ejusdem, referido a la carencia de antecedentes penales.   

Atendiendo  al  texto  del  inciso  3º del  artículo  61  de  la  citada  normatividad, para determinar la sanción resulta  incontrovertible  tener  en  cuenta  la  gravedad  de la conducta agotada por la  procesada  y  la  intensidad del dolo, aspectos que fácilmente se derivan de la  forma  como  la  sindicada  se  abstuvo  de apreciar en debida forma las pruebas  legalmente  allegadas a la investigación, indicativas con claridad acerca de la  autoría  en  el delito de estímulo a la prostitución  de   menores   por  parte  de  LUIS  ALBERTO  MONTOYA  GRANADA.   

La  manifestación  caprichosa y arbitraria  que  finalizó  con  revocatoria de la medida de aseguramiento impuesta por  el  Fiscal 42 Seccional de Barranquilla al mencionado, causó un daño grave, ya  que  como consecuencia de esa decisión, se le dejó en libertad, propiciando la  impunidad respecto de un delito que afectó a menores de edad.   

Además,   produjo  un  detrimento  a  la  administración  de  justicia,  generando  menoscabo  en  su imagen y confianza,  hasta  el  punto  que  la  decisión  cuestionada conllevó a que la Personería  Municipal  de  Barranquilla  prendiera  las  alarmas  de  lo  sucedido  ante  la  Directora   Seccional   de   Fiscalías,   peticionando   el   inicio   de  este  proceso.   

Motivos precedentes que son suficientes para  incrementar  el  mínimo  en  4  meses  más,  arrojando como resultado una pena  privativa de la libertad de cuarenta 40 meses de prisión.   

En  lo  que  toca  con la pena de multa, la  misma  delimitación  arroja  un cuarto mínimo oscilante entre 50 y 87.5 smlmv,  dos  cuartos  medios  que  van de 87.5 a 124 y de 124 a 162.5 smlmv, y un cuarto  máximo  entre  162.5 y 200 smlmv. Así, apelando a las mismas razones esbozadas  respecto  de  la  sanción  aflictiva  de la libertad, la ubicación opera en el  primer  cuarto y respecto del mínimo de 50 smlmv se hará un incremento del 5.5  smlmv,  lo  que conduce a dosificar una sanción pecuniaria por el valor de 55.5  smlmv, que deberá pagar la sindicada a favor del Tesoro Nacional.   

A   su   vez,   la   pena   principal  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  corresponde  a  un  cuarto  mínimo que va de sesenta 60 a 69 meses; dos cuartos  medios  que fluctúan entre 69 meses y un 1 día a 87 meses, y un cuarto máximo  que oscila entre 87 meses y 1 día y 96 meses.   

Aplicando las mismas directrices, la pena de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  se  impondrá  dentro  del rango correspondiente al cuarto mínimo, fijándose en 66  meses  y 20 días, toda vez que no hay duda que el comportamiento desplegado por  la  acusada,  significó  una flagrante violación a los deberes que tenía como  funcionaria  de  la  Rama  Judicial,  pues,  se  le había confiado, entre otras  funciones,  la  de  revisar  con  probidad  las  determinaciones tomadas por los  funcionarios  de  menor  rango,  incumpliendo  con  su labor y causando un grave  daño a la administración pública.   

De la responsabilidad civil  

Según  el  artículo  56  de la Ley 600 de  2000,  en  todo  proceso  penal  en  que  se  haya  demostrado  la existencia de  perjuicios  provenientes  de  la conducta investigada, el funcionario condenará  al responsable al pago de los daños ocasionados con el delito.   

En   la  presente  investigación  no  se  acreditaron  los perjuicios materiales ocasionados con el delito de prevaricato  por acción, razón suficiente  para  no  realizar  pronunciamiento  sobre  el  particular.  Tampoco  sobre  los  morales, teniendo en cuenta el bien jurídico lesionado.   

De  los  mecanismos sustitutivos de la pena  privativa de   

la        libertad.   

Como    quiera    que    la    pena  principal  a  imponer supera los tres 3  años  de  prisión, la         procesada     BAYUELO    MONTES  no  tiene derecho a la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena regulada en  el    artículo    63   de   la   Ley  599  de 2000, habida consideración  que  no  se  cumple  con el presupuesto objetivo que  habilita su concesión.   

De  otro lado, en torno a la procedencia  del   sustituto   de   la   prisión  domiciliaria  contemplado   en   el  artículo  38  ibídem,  éste  es  viable  cuando  concurren         los        siguientes        presupuestos:        i)  que  la    sentencia    se    imponga    por    delitos    cuya   pena   mínima  prevista  en  la ley sea de  cinco  años  de prisión o menos; y ii)   que   el   desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social  del  sentenciado,  permita  el pronóstico serio,  fundado  y motivado, en el sentido de ausencia de peligro para la comunidad y de  garantía de cumplimiento de la pena.   

Pues   bien,   aunque  no  se  discute  que  la  condenada  reúne  el  requisito  objetivo  demandado  por la norma mencionada, la Sala5 tiene definido  que  este  beneficio  no resulta procedente cuando se trata, como en el presente  caso,  de  conducta  de  significativa  trascendencia  social, en cuyo evento el  confinamiento   intramural  debe  atender  las  funciones  de  la  pena  en  sus  componentes  de  prevención  general, retribución justa y prevención especial  que,  en  su orden, transmitan a la comunidad el mensaje de la particular tutela  y  severidad  de  la  sanción  que  envuelve  la  afrenta  a  tan preciado bien  jurídico   como  la  administración  pública;  adicionalmente,  para  que  la  aflicción  de  la  pena  corresponda a una retribución justa y proporcional al  daño  causado  y,  por  ultimo,  que  la sanción sirva de elemento disuasivo a  quienes potencialmente pretendieren infringir la ley.   

Finalmente,  una  vez  quede  en firme esta  decisión,  se  le hará la publicidad de ley y se remitirá la actuación a los  jueces  de  ejecución  de  penas  y  medidas de seguridad correspondientes, por  recaer  en  ellos  la  competencia  para  conocer  de  la fase de ejecución del  fallo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre de la República de Colombia y  por autoridad de la ley.   

R E S U E L V E  

PRIMERO.  DECLARAR  autora  penalmente  responsable   a  la  Ex  Fiscal  5ª  delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,   doctora  JUDITH  DEL  ROSARIO  BAYUELO  MONTES,    de  condiciones  civiles  y  personales  conocidas  en  autos, de la  conducta   punible   de   prevaricato   por   acción  prevista  en  el  artículo 413 de la Ley 599 de 2000,  conforme  a  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar precisadas en esta  providencia.   

SEGUNDO: CONDENAR a  BAYUELO    MONTES,    en  consecuencia,  a  cumplir  las  penas principales de 40 meses de prisión, multa  por  valor  equivalente  a 55.5 smlmv, e inhabilitación de derechos y funciones  públicas por el lapso de 66 meses y 20 días.   

TERCERO.  DECLARAR  que  JUDITH  DEL ROSARIO BAYUELO MONTES no tiene  derecho  a  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, ni al  sustituto  de  la  prisión domiciliaria, conforme a lo expuesto en el cuerpo de  esta sentencia.   

En    consecuencia,   se   ORDENA    su    captura    a   fin  de  que cumpla la pena  de prisión en el lugar  de reclusión que determine el INPEC.   

CUARTO.  ABSTENERSE  de  condenar por  perjuicios.   

QUINTO.  LIBRAR  por la Secretaría de  la  Sala  las  comunicaciones de rigor a las autoridades competentes, conforme a  lo normado por el artículo 472 de la Ley 600 de 2000.   

SEXTO. COMUNICAR   esta   decisión  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura, para efecto del recaudo  de la multa impuesta.   

SÉPTIMO.      REMITIR  la  actuación,  una  vez quede en  firme  esta providencia, al Juzgado de Ejecución de  Penas y Medidas de Seguridad que corresponda, para lo de su cargo.   

Página  continuación parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Única instancia N° 35.135 –condena-  

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER DE JESUS ZAPATA ORTIZ  

JOSE  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                        JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO  CASTRO  CABALLERO                           SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                         JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Con  el  nombre  de  “Pisis  Disco  Bar”  aparece  en el certificado de Cámara y  Comercio.   

2  En  atención  a  las  previsiones  del Código de la Infancia y la Adolescencia, se  omitirá,  en  el  curso de la providencia, indicar los nombres completos de las  menores afectadas.   

3  Sentencia del 23 de febrero de 2006, Radicado N° 23.901.   

4  Sentencia del 30 de mayo de 2007, Radicado N° 23.047.   

5  Sentencias  del  21  de  agosto  de  2002  y 30 de marzo de 2006, radicados Nos.  16.519 y 23.972, respectivamente.     

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