35151(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35151  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 315   

Bogotá D.C., cinco (5) de septiembre de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de los procesados ÁLVARO CORREA LONDOÑO,  HERBIN  HERNÁN CORTÉS ATEHORTÚA, JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY  GÓMEZ  VARGAS, MARIANO DE JESÚS CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID CARDONA RAMÍREZ,  contra  el  fallo de 13 de agosto de 2010, mediante el cual el Tribunal Superior  de  Medellín,  confirmó  con algunas modificaciones en la pena la sentencia de  primera  instancia,  dictada el 25 de mayo del mismo año por el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito Especializado de esa ciudad, que los condenó como coautores  del delito de concierto para delinquir.   

HECHOS  

A  partir  de la denuncia formulada el 3 de  septiembre  de 2009, con base en la cual en las veredas El Pedregal y Los Gómez  del  municipio  de  Itagüi  operaba  un grupo delincuencial dedicado a traficar  estupefacientes,   amenazar,   extorsionar,   desterrar,  desaparecer,  asesinar  vecinos  y  reclutar  menores  de  edad,  las  indagaciones de policía judicial  lograron   identificar  entre  otros  a  HENRY  PATIÑO  ORTIZ,  ÁLVARO  CORREA  LONDOÑO,  HERBIN  HERNÁN  CORTÉS  ATEHORTÚA, JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ,  YEISON  ARLEY  GÓMEZ  VARGAS,  MARIANO  DE  JESÚS CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID  CARDONA  RAMÍREZ,  quienes  fueron  capturados,  excepto  el último, el que se  entregó voluntariamente.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  En  audiencia de 9 de abril de 2010, la  Fiscalía  le  formuló  imputación  a  ÁLVARO CORREA LONDOÑO, HERBIN HERNÁN  CORTÉS  ATEHORTÚA, JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY GÓMEZ VARGAS,  MARIANO  DE  JESÚS  CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID CARDONA RAMÍREZ, entre otros,  como  autores  del  delito  de  concierto  para  delinquir agravado, conforme al  artículo 340 inciso segundo de la Ley 599 de 2000.   

Con  relación  al  primero  citado  se  le  adicionó  la  agravante  de actuar como director o cabecilla del grupo descrito  en el inciso tercero, ibídem.   

La  atribución  fue  rechazada1   por  los  inculpados.   

2. El 29 de abril del año que corría, fue  celebrado  un  acuerdo  entre  los  indiciados,  el defensor y el ente acusador,  donde  los  procesados  aceptaron la responsabilidad por la comisión del delito  de  concierto  para delinquir agravado de la forma prevista en el inciso tercero  del  artículo  340,  bajo  la circunstancia de mayor punibilidad descrita en el  numeral  11  del  artículo  58  del Código Penal y a cambio se les otorgó una  rebaja      del      50%      de     la     pena2.   

Por  su  parte  ÁLVARO  CORREA  LONDOÑO,  adicionalmente  lo  hizo,  en  la  forma  agravada como director o cabecilla del  grupo   (inciso   tercero,   artículo  340  Código  Penal).   

Se   precisó  en  el  acta  “Que   el  despacho  preacordará  que  la  rebaja  será  de  la  mitad de la pena, debiendo  ser   el  Juez  de  conocimiento,  quien  imponga  la  misma.”,  dentro  de los  siguientes rangos punitivos:   

a.  A ÁLVARO CORREA LONDOÑO como presunto  autor     del     delito    de    concierto    para    delinquir    doblemente  agravado por las finalidades  de  realizar  desplazamiento  forzado,  desaparición  forzada,  narcotráfico y  homicidios      (inciso      segundo),  y   en  su  condición  de  director  o cabecilla del grupo  (inciso   tercero)   del  artículo  340 de la Ley 599 de 2000, de 12 a 27 años  de  prisión  y  de  2700  a  30000 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, con la concurrencia de la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  descrita en el  numeral  11  (mediante  la utilización de menores de  edad) del artículo 58, ibídem.   

b. En lo que atañe a HERBIN HERNÁN CORTÉS  ATEHORTÚA,  JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY GÓMEZ VARGAS, MARIANO  DE  JESÚS CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID CARDONA RAMÍREZ, como presuntos autores  del  punible  de  concierto  para  delinquir  con  las  finalidades  de realizar  desplazamiento  forzado,  desaparición  forzada,  narcotráfico  y  homicidios,  agravado  conforme  al  inciso  segundo del artículo 340 de la Ley 599 de 2000,  de 8 a 18 años de prisión  y  de  2700  a  30000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, con    la    concurrencia    de    la    circunstancia   de   mayor  punibilidad  descrita  en  el numeral 11 (mediante   la   utilización   de   menores  de  edad) del artículo 58, ibídem.   

3.   Establecida  la  audiencia  para  la  aprobación  del  acuerdo, individualización de pena y sentencia, verificada la  manifestación  de  voluntad  a  los  acusados,  el  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito  Especializado  condenó a ÁLVARO CORREA LONDOÑO a 15 años y 6 meses  de prisión.   

A  HERBIN  HERNÁN CORTÉS ATEHORTÚA, JUAN  PABLO  SASTOQUE  HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY GÓMEZ VARGAS, MARIANO DE JESÚS CALLE  ÁLVAREZ   y   JORMAN   STID   CARDONA   RAMÍREZ,  a  7  años  y  9  meses  de  prisión.   

A  todos a multa por 5231 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes;  a  la inhabilidad para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo período que la pena principal; y les negó la  sustitución    de    la    ejecución   de   la   sentencia   y   la   prisión  domiciliaria.   

4. Interpuesto el recurso de apelación por  el  defensor  de  los acusados, el 13 de agosto de 2010, el Tribunal Superior de  Medellín  la confirmó, con modificaciones en la pena impuesta a HERBIN HERNÁN  CORTÉS  ATEHORTÚA,  JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY GÓMEZ VARGAS  y  JORMAN  STID  CARDONA  RAMÍREZ y la fijó en 5 años, 3 meses de prisión; y  multa de 4762.5 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Lo  anterior,  al  considerar en procura de  preservar  la  garantía  a  la  legalidad de la pena, que con relación a estos  procesados   se   había   omitido  en  la  determinación  de  la  sanción  la  circunstancia  de  menor punibilidad descrita en el numeral 7° del artículo 55  del  Código  Penal,  consistente  en la buena conducta anterior, aspecto con el  cual  el  proceso  de individualización debió partir de los cuartos medios, no  del último como en efecto había ocurrido.   

Con  relación  a  los  enjuiciados   ÁLVARO  CORREA  LONDOÑO   y  MARIANO  DE  JESÚS  CALLE  ÁLVAREZ no hubo  variación alguna.   

5.  Inconforme con esta decisión, el mismo  recurrente  interpuso el recurso extraordinario de casación, cuya admisibilidad  se analiza.   

LA  DEMANDA   

La verdad es que el escrito de sustentación  es  bastante  confuso, errático y contradictorio, sin embargo, se logra extraer  lo siguiente:   

El  apoderado  de  ÁLVARO CORREA LONDOÑO,  HERBIN  HERNÁN CORTÉS ATEHORTÚA, JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY  GÓMEZ  VARGAS, MARIANO DE JESÚS CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID CARDONA RAMÍREZ,  formula  contra  el  fallo un cargo único  soportado en la causal segunda del artículo 181 de la Ley 906 de  2004  (nulidad), motivado en  la  violación  indirecta  del  artículo  29  (debido  proceso)   de   la  Constitución  Política  y  los  artículos    8°    (juicio   público,   oral   y  contradictorio),        10°       (procedimientos   orales  en  la  actuación  procesal),  368  (validez de la manifestación de  aceptación   de  culpabilidad)  y  369  (manifestaciones    de    culpabilidad    preacordadas) del Código de Procedimiento Penal.   

Expresa,  que sustancialmente se afectó la  estructura  del  proceso  cuando el juez de primer nivel impidió la exposición  completa  que  el  fiscal  hacía  del acuerdo realizado con la defensa, lo cual  tuvo  consecuencias  directas en la sentencia al quedar sin la exposición de la  parte  del  acuerdo que no constaba por escrito referente a las penas a imponer,  con  relación  a  la tasación de una pena mínima de 8 años para cinco de los  acusados  y  12 años para ÁLVARO CORREA LONDOÑO al estar aumentada para éste  adicionalmente  en  la  mitad, con una rebaja del 50%, que las dejaría en 4 y 6  años,   respectivamente,   diferentes   a   las   que   equivocadamente  fueron  establecidas y en una cantidad superior.   

Destaca,  que  en  el  evento  en  que  la  Fiscalía  no  fuera  a  verificar   la anterior promesa verbal, la defensa  habría  tenido  claro  el  incumplimiento,  con  la  oportunidad de oponerse al  preacuerdo antes de ser aprobado por el juez.   

Dice,  que  el  yerro  se  verificó cuando  “El   juez  impidió  activamente  la  exposición  completa   del  preacuerdo  celebrado  entre  la  fiscalía  y  la  defensa,  al  interrumpir  la  lectura  y  sustituirla por un diálogo coloquial con el señor  fiscal…”.   

Luego,   por  segunda  vez  postula  como  cargo  único,  pero ahora  contra  la  decisión  de  primer grado, la violación directa de los artículos  6°  (legalidad) tanto del  Código  de Procedimiento Penal y Código Penal, al considerar que: “El  juez  impuso  parte  de una pena de 372 meses para el señor  ÁLVARO  CORREA LONDOÑO, lo cual excede el máximo de 18 años que incrementado  en  la  mitad llega a 27 años, es decir 324 meses.”  , sin otra argumentación.   

Seguidamente,    plantea   en   tercera  oportunidad,    otro    cargo    único,    contra    la   sentencia   del   a  quo,  por  la  violación  directa  del  artículo 61  (fundamentos   para   la  individualización  de  la  pena)       inciso       5°       (exclusión  del  sistema de cuartos) del  Código  Penal,  al  considerar  que ante la existencia de un preacuerdo, no era  viable   acudir   al   sistema  de  cuartos  punitivos  para  individualizar  la  sanción.   

“No  era posible alegar que el preacuerdo  no  hubiera  estipulado  la  pena  a imponer puesto que si lo había hecho, como  salta  al  escuchar  la  exposición  de  la  señora  fiscal en la audiencia de  apelación,  como  ya  se  mostró  en  la  sustentación  del cargo primero. El  desconocimiento  de  dicha parte del acuerdo no es atribuible a las partes si no  a   la   desafortunada   intervención   del  señor  juez,  al  interrumpir  la  presentación del preacuerdo por parte de la fiscalía.”.   

Ahora y en cuarto lugar anuncia otro   cargo  único  contra  la  sentencia  del  juez  de  segunda  instancia   por  la  violación  directa  de  los  artículos  361  (prohibición  de las pruebas de oficio),  392   (reglas  sobre  el  interrogatorio)   y   397   (interrogatorio   por   el  juez) del Código de Procedimiento Penal.   

Cita también el artículo 179 (trámite  del recurso de apelación contra sentencias),  conforme  al  cual dice, el Tribunal vulneró de manera directa,  por  cuanto una vez escuchó a las partes, sometió a interrogatorio a la fiscal  de  forma  capciosa  en  contravía  de  lo  autorizado  en  el  procedimiento y  desconociendo    que    éste    sólo   se   permite   con   ocasión   a   los  testigos.   

Refiere, que la fiscal como apelante durante  la  audiencia  de  sustentación  expuso  su  postura  con  ocasión  al acuerdo  celebrado   con   la  defensa  y  los  imputados  y  con  ello  el  ad  quem  debió  dar  por  terminada su  intervención;  sin  embargo,  el  ponente  le  preguntó de manera “adversativa”,  la confrontó con el  escrito  de  preacuerdo  por  ella  realizado,  la  colocó  en  una  situación  difícil,   defensiva,  como  se  evidencia  en  la  manera  vacilante  como  la  funcionaria    le    dio    respuesta,   aspecto   que   se   verifica   en   el  registro.   

A partir de lo anterior, el demandante ahora  arguye,   que   acusa   la   sentencia   del   Tribunal   por   la  violación  indirecta  del artículo 360  (prueba     ilegal),  ibídem, por la valoración  de  la  prueba contenida en el interrogatorio de la fiscal, la cual fue obtenida  de manera ilegal.   

Del mismo modo reprocha, que el juzgador de  segunda  instancia omitió apreciar la parte final de esa atestación, en la que  de  manera  contraria  a la tesis contenida en el fallo se expone claramente, de  forma  “espontánea y libre desarrollada sin apremio  por  la  señora  fiscal  como  parte  interviniente  no apelante”  donde  se  precisó la existencia del preacuerdo entre las partes  sobre  la  pena  a  imponer a los acusados, consistente en el tope inferior para  cada  uno  de los imputados y la mínima con incremento en la mitad para ÁLVARO  CORREA  LONDOÑO,   diferente a como fue deducida en la decisión que ahora  se impugna.   

Concluye que esta afectación del proceso es  suficiente para solicitar la nulidad de la sentencia.   

Solicita casar la decisión recurrida, en su  lugar   modificarla   y   condenar  a  los  procesados  HERBIN  HERNÁN  CORTÉS  ATEHORTÚA,  JUAN PABLO SASTOQUE HERNÁNDEZ, YEISON ARLEY GÓMEZ VARGAS, MARIANO  DE  JESÚS CALLE ÁLVAREZ y JORMAN STID CARDONA RAMÍREZ a las penas principales  preacordadas  de  8  años de prisión con rebaja del 50% para un resultado de 4  años;  y  la  de  ÁLVARO  CORREA LONDOÑO se fije en 12 años, que luego de la  rebaja del 50% quede en 6 años.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  El libelo presentado por el defensor de  ÁLVARO  CORREA LONDOÑO, HERBIN HERNÁN CORTÉS ATEHORTÚA, JUAN PABLO SASTOQUE  HERNÁNDEZ,  YEISON  ARLEY  GÓMEZ  VARGAS,  MARIANO  DE JESÚS CALLE ÁLVAREZ y  JORMAN  STID  CARDONA  RAMÍREZ, será inadmitido por las siguientes razones: i)  no   satisface  los  requisitos  formales  ni  materiales  establecidos  en  los  artículos   183   y  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  (Ley  906  de  2004);  ii)  la  Sala  de  Casación  Penal no advierte vulneración de alguna garantía fundamental de los  intervinientes,  que la Corte debiera proteger, así fuere oficiosamente, en los  términos   del   artículo   180   (fines   de   la  casación)                ibídem3,   y   del   artículo   29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política;  y  iii)  no  se precisa emitir una nueva decisión de  fondo,  por  lo  cual  no  es  necesario  superar  los defectos de la demanda en  atención  a  los  fines  de  la casación, la fundamentación de los cargos, la  posición  de  los  impugnantes  dentro  del  proceso,  ni  por la índole de la  controversia planteada.   

2.  Ha  precisado  de manera reiterada esta  Corporación,   que   si   bien  el  nuevo  ordenamiento  procesal  (Ley  906  de  2004) no enlista de manera  rigurosa  los  requisitos  que  debe  cumplir  la  demanda,  como  lo  hacía el  artículo  212 de la anterior legislación (Ley 600 de  2000),  del  contenido  de  los  artículos 183 y 184  (Ley   906  de  2004)  se  deducen los siguientes:   

(i)  El señalamiento de manera precisa y  concisa de las causales invocadas.   

(ii) El desarrollo de los cargos, es decir,  que     se    expresen    sus    fundamentos    y4,   

(iii)  La demostración de la necesidad del  fallo   en   casación,   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades  del  recurso5.   

3.   En   un  escrito  de  sustentación,  impreciso,  farragoso,  ambiguo,  contradictorio y que no soporta su corrección  material,  el recurrente formula deshilvanadamente un cargo único fundado en la  nulidad  de  lo  actuado, el que luego convierte en cuatro cargos únicos, a los  cuales  a  su  vez  les  abigarra  otras  formas  de  censura  excluyentes entre  sí.   

De  este  modo,  dada  la perplejidad en la  escogencia  de la causal en el cargo único propuesto, se desconocen en absoluto  los  principios  de  claridad,  precisión,  identidad,  debida  argumentación,  razón  suficiente,  no  contradicción y autonomía, indispensables de observar  en la proposición del recurso extraordinario de casación.   

La primera glosa merecida por la demanda lo  constituye  lo  paradójico  de su construcción metodológica, pues en el mismo  nivel   argumentativo   propone   4  cargos  únicos,  en  su  orden,  el  primero,   nulidad; los  tres restantes, como violaciones directas de la ley sustancial.   

Al  propuesto  por  vicios  invalidantes le  agrega    la    violación    indirecta  del  artículo  29 de la Constitución Política y los artículos  8°       (juicio      público,      oral      y  contradictorio),        10°       (procedimientos   orales  en  la  actuación  procesal),  368  (validez de la manifestación de  aceptación   de  culpabilidad)  y  369  (manifestaciones    de    culpabilidad    preacordadas)  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  desconociendo  que ésta  última     (violación     indirecta)  se  ocupa  de los yerros en la valoración probatoria, bien fuera  por  errores  de  hecho  o  de  derecho,  en  las modalidades de falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o falso raciocinio; o falso juicio de  convicción  o  falso  juicio  de legalidad, respectivamente, los cuales tampoco  anuncia, menos aún desarrolla.   

3.1.  En el cuarto cargo único, propuesto  por  la  violación indirecta del artículo 360, esboza un probable falso juicio  de   legalidad   por  la  valoración  irregular  de  lo  que  el  censor  llama  interrogatorio  de  la  fiscal, en el momento de la sustentación del recurso de  apelación ante el Tribunal.   

3.1.1. El desquicio lógico del demandante  no  podría  ser  mayor, le atribuye la calidad de prueba a la interpelación de  un  interviniente  fuera  del juicio y en el momento de surtirse la alzada de la  decisión de primer nivel.   

Debe  la  Sala precisar, que esta clase de  yerros,   solamente  tienen  como  objeto  de  reproche,  el  ejercicio  de  los  juzgadores  en la asignación suasoria a los elementos de persuasión, nunca las  diferentes  actividades  procesales  de  naturaleza  disímil  de aquéllos, las  cuales  son susceptibles de atacar, pero por la vía de la nulidad en cualquiera  de  sus  caminos,  por  violaciones  al  debido proceso o desconocimiento de las  garantías   de  quienes  acuden  al  proceso  penal,  opciones  que  no  fueron  emprendidas por el recurrente.   

Es  un  absurdo  jurídico  atribuirle  la  calidad  de  prueba testimonial dentro del mismo trámite a la exposición de la  Fiscalía  en  la  argumentación  con  ocasión  al desarrollo de un recurso de  apelación.   

3.1.2.   De   la   misma  manera  es  un  contrasentido,  alegar  la  ilegalidad de un medio de convicción, para al mismo  tiempo  reclamar,  que  se  omitió  apreciar  parte  del mismo, como lo hace el  censor,  pues  lo  uno  excluye  lo  otro,  pues  si  reclama  la ilegalidad del  elemento,   no   puede  en  su  favor  exigir  su  valoración,  por  tanto,  la  incomprensión  de su proposición es absoluta al mezclar formas de error que se  descartan el uno del otro.   

3.2.  Por  último,  se  verifica  que  el  escrito  de impugnación no soporta su corrección material, por ende, carece de  idoneidad sustancial, dada la incapacidad de eficacia del mismo.   

En  efecto,  de la necesaria revisión del  expediente   y   una   vez   contrastados   los  actos  procesales  (preacuerdos  y  audiencia  de  aprobación  del mismo),   se  corrobora  que  su  contenido  no  refleja  la  percepción  inconforme  del  casacionista,  presupuesto  de  lógica argumentativa según el  cual,     esta    Corporación    ha    precisado6,   que   entre   las  piezas  judiciales  sobre las cuales se fundamentan los cargos y la presentación que de  ellas  se  haga  en  la  demanda,  debe existir una relación de correspondencia  objetiva, respetando siempre su realidad.   

Hacerlo de manera disímil, es mostrarle a  la  Sala  un  acontecer  instrumental  diferente  del  sometido al juicio de los  falladores,  con  lo  cual  se  resta toda la identidad a la proposición de los  reproches.   

Esto  se  corrobora en la integralidad del  libelo  cuando  se  afirma  que  se  realizaron  unos  acuerdos en los cuales se  estableció  una  pena y que ésta se había determinado e individualizado en el  mínimo    del   quantum  punitivo;   sin  embargo  verifica  la  Corte,  como  quedó  reseñado  en  los  antecedentes  procesales de esta providencia, que en los preacuerdos citados por  el    recurrente    y   que   son   el    soporte   de   los   cargos  únicos, se estableció que para  el  caso del  acusado ÁLVARO CORREA LONDOÑO aceptaba responsabilidad como  autor     del     delito    de    concierto    para    delinquir    doblemente  agravado por las finalidades  de  realizar  desplazamiento  forzado,  desaparición  forzada,  narcotráfico y  homicidios      (inciso      segundo),  y   en  su  condición  de  director  o cabecilla del grupo  (inciso   tercero)   del  artículo  340  de  la  Ley  599  de  2000,  con  una  sanción  que  oscilaría  de   12   a   27   años   de   prisión  y  2700  a  30000  salarios  mínimos legales mensuales vigentes,  con  la  concurrencia  de  la  circunstancia de mayor  punibilidad  descrita  en  el numeral 11 (mediante   la   utilización   de   menores  de  edad) del artículo 58, ibídem.   

Y en lo que atañe a HERBIN HERNÁN CORTÉS  ATEHORTÚA,   YEISON  ARLEY GÓMEZ VARGAS, MARIANO DE JESUS CALLE ÁLVAREZ,  JUAN  PABLO  CANO  SASTOQUE  y  JORMAN  STID  CARDONA  RAMÍREZ,  lo sería como  presuntos  autores  del  punible de concierto para delinquir con las finalidades  de  realizar  desplazamiento  forzado,  desaparición  forzada,  narcotráfico y  homicidios,  agravado conforme al inciso segundo del artículo 340 de la Ley 599  de  2000,  con  una  pena que fluctuaría entre 8 y 18  años  de prisión y de 2700 a 30000 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, con la concurrencia de la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  descrita en el  numeral  11  (mediante  la utilización de menores de  edad) del artículo 58, ibídem.   

         De  la  misma  manera, se consagró en la manifestación escrita de  los  intervinientes  del  acuerdo,  que  sería el juez de conocimiento quien se  encargaría de determinar e individualizar la sanción.   

Así,  corrobora esta Corporación, que en  el  convenio no se aludió a penas mínimas, tampoco a una cantidad determinada,  menos aún se dijo cuál sería la pena definitiva a imponer.   

Por   el   contrario,   se   estableció  simplemente  un  ámbito  punitivo  de  8  a  12  años  y  de 12 a 18 años. Se  estableció  una  rebaja  de pena del 50% y se acordó entre los intervinientes,  incluido  el  abogado  que  ahora  recurre  en  casación,  que sería el juez de  conocimiento, quien determinaría e individualizaría  la  sanción  a  imponer,  todo  esto,  diferente  a la realidad procesal que el  libelista ahora pretende mostrar a la Corte.   

Todas  las  falencias denotadas revelan la  ausencia  de  idoneidad sustancial de la demanda, soslayo que no acompasa con la  naturaleza  de  la  alzada  extraordinaria  de  casación, donde la lógica y la  coherencia  argumentativa  son  imprescindibles,  deficiencias  que  suscitan su  rechazo.   

4.- El desatino del casacionista llega a tal  punto,  que  en  el  segundo  y  tercer cargo formulado como únicos, postula la  violación      directa      de      los     artículos     6°     (legalidad)   tanto   del   Código  de  Procedimiento  Penal  y Código Penal; 61 (fundamentos  para  la  individualización  de  la  pena) inciso 5°  (exclusión   del  sistema  de  cuartos)  del Código Penal, pero dirigidos contra la sentencia del juez de  primer  grado,  en  total  desatención del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  que  establece la viabilidad del recurso de casación, pero contra los fallos de  segunda  instancia,  motivo por el cual se evidencia su improcedencia, pues deja  de  lado  e incólume la decisión que con ocasión al recurso de apelación fue  adoptada  por  el  Tribunal  Superior de Medellín, esto es, carece de objeto la  actual impugnación.   

5.  Dada la forma como está construido el  escrito  de  sustentación,  es  oportuno  y  en un sentido pedagógico hacer la  precisión  consistente  en  que  si  el deseo del libelista era el de atacar el  fallo  por yerros en la valoración probatoria, debió escoger la vía indirecta  de  violación  a la ley sustancial, proponerle y demostrarle a la Corte, alguna  de  las  clases  de error de hecho en las formas del falso juicio de existencia,  falso  juicio  de  identidad  y  falso raciocinio o de  derecho   por   los  motivos  del  falso  juicio  de  convicción  o  falso  juicio  de  legalidad.  Ninguna  de estas clases de error  precisó el demandante.   

6.  De  todas  formas  y  aunque  hubiera  escogido  alguna  de las anteriores opciones fácticas, la discusión probatoria  en  estos  eventos  se  encuentra  vedada  al  tratarse  de  inconformidades con  ocasión a la aprobación de un preacuerdo.   

En efecto, uno de los requisitos esenciales  de  la  impugnación  consiste  en  la acreditación del interés jurídico para  recurrir,  que  para  el  procesado  y  su  defensor,  en  tratándose  del acto  unilateral   de   aceptación   de  cargos  está  restringido,  como  lo  viene  sosteniendo            la            Sala7  sólo  con  ocasión  a  las  inconformidades   respecto  a:  (i)  la  dosificación  de  la  pena;  (ii)  los  mecanismos   sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad;  (iii)  la  extinción  de  dominio  sobre  bienes;  y  (iv)  la  defensa  de las garantías  fundamentales.   

Como  lo ha reiterado la jurisprudencia de  esta  Corporación,  la  sentencia  consecuencia de la aprobación de un acuerdo  contentivo  de  la  aceptación  de  cargos  participa  de  la  naturaleza de la  justicia  consensuada  y  a  su  vez forma parte del denominado derecho premial,  pues  el  implicado  manifiesta consciente, espontánea y libremente su voluntad  de  aceptar  las  imputaciones que el instructor le formule; y a cambio de ello,  en  compensación al “ahorro de instancia” generado por el sometimiento a la  justicia,  recibe  un  beneficio  sustancial de rebaja de la pena, conforme a la  etapa  procesal  donde  se produzca y que en el presente evento, correspondió a  la máxima autorizada legalmente del 50 %.   

Del  mismo  modo  y  en forma reiterada ha  dicho  la  Corte8  que una de las consecuencias de aquel sometimiento premiado es la  irretractabilidad.   

Así,   la  aceptación  consciente  y  voluntaria  de  la responsabilidad penal se rige por  este  principio,  en  virtud del cual, proferida la sentencia, el procesado y su  defensor   renuncian   a   controvertir   la   prueba   y  el  contenido  de  la  acusación.   

Ello  implica que, descartados los motivos  que    eventualmente    darían    lugar    a   la   impugnación   (dosificación  de  la  pena,  mecanismos  sustitutivos  de la pena  privativa  de  la  liberta  y  extinción  de  dominio sobre bienes),  dichos  sujetos  procesales  carecen  de interés jurídico para  interponer  los  recursos  de  ley  contra el fallo, excepto, la postulación de  algún  motivo  de  nulidad,  por afectación sustancial del debido proceso o de  las     garantías     fundamentales.    De    este  modo,  cuando  de  nulidad  se  trate,  es  factible  recurrir  aún cuando la sentencia sea consecuencia de la aceptación de cargos,  y  en  particular,  podría interponerse el recurso extraordinario, debido a que  la  casación  pretende  “la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    éstos,    y    la   unificación   de   la  jurisprudencia.”,  conforme lo dispone el artículo  180  del  Código de Procedimiento Penal, (Ley 906 de 2004).   

Sin  embargo  y  como  ocurre en este caso  tampoco   es   admisible,   so  pretexto  de  la  vulneración de nucleares derechos fundantes, utilizar la  causal  de  nulidad  para obviar el principio de irretractabilidad rector de las  consecuencias del allanamiento a cargos.   

Así,  decantados  los  términos  de  la  censura,  refulge  indiscutible  colegir,  como se verificó líneas atrás, que  tras   los   planteamientos   del  casacionista  subyace  una  forma  velada  de  retractación  de  la  responsabilidad  admitida  por  su  representado  en  los  términos   indicados,   para   lo   cual   es   apenas   evidente,   carece  de  interés.   

Si   bien   en  el  presente  asunto  la  postulación  del  recurso de casación fue enervado a partir de inconformidades  punitivas,  al desentrañar la demanda éstas se tornan en un verdadero sofisma.  Ello  se  muestra diáfano al advertir que el censor no propone la ocurrencia de  equivocaciones  en el procedimiento de establecimiento de la sanción, si no por  el  contrario,  lo  hace  a partir del desconocimiento del contenido del acuerdo  plasmado  por escrito en el que él mismo participó, e insinuando al existencia  de  otro  paralelo pactado en forma verbal con la fiscal del caso, circunstancia  que  revela  la atrevida y maquillada pretensión de retractación, inaceptable,  cuando   como  aquí  acontece  se  verificó  la  manifestación  consciente  y  voluntaria   de   los   intervinientes   en   su   aprobación,   inconsistencia  argumentativa que lo lleva al rechazo.   

7. Adicional a lo anterior y al incurrir el  demandante  en  la  inobservancia  del principio de autonomía, resulta oportuno  destacar  su  razón  de  ser,  como  la  prohibición  al interior de una misma  censura,  para  entremezclar  ataques  propios  de causales diferentes, al tener  cada  una distintas características y parámetros lógicos de demostración con  diversas        consecuencias       jurídicas9.   Es  que  la  decisión  a  adoptar  por  la  Corte  en  caso  de  prosperidad del cargo formulado contra la  sentencia,    debe    compaginar   con   el   motivo   invocado   y   el   error  aducido10.   

8.  En  cumplimiento  del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción  de  la  demanda;  no  obstante,  cuando  atendiendo los fines del  extraordinario   recurso   y   en  procura  de  la  defensa  de  las  garantías  fundamentales   deba   hacerlo,   evento  que  como  ya  fue  acotado  aquí  no  acontece.   

EL   MECANISMO   DE  INSISTENCIA   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley  906  de 2004, contra el presente auto y con ocasión al cargo formulado por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  será  rechazado,  procede el  mecanismo   especial   de   insistencia,  cuyo  trámite  no  fue desarrollado en la legislación procesal  penal.   No   obstante  la  Sala  ha  definido  las  reglas  a  seguir  para  su  aplicación11, como a continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  de  exclusiva  promoción  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir o no seleccionar la demanda de casación, con el fin de lograr  se  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el  mismo  término,  por  alguno  de  los Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal,  a  menos  que  el  recurso no hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial,  el  Magistrado  disidente o el que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

2.  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador Judicial Delegado ante el Tribunal  Superior  fuese el casacionista; o ante uno de los Magistrados que hayan salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o ante otro  que no haya intervenido en la discusión.   

3. Es potestativo del disidente, del que no  intervino  en  los  debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la Sala  o  no  presentarlo  para su revisión. En este último evento informará de ello  al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1. Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    ÁLVARO  CORREA  LONDOÑO,  HERBIN HERNÁN CORTÉS ATEHORTÚA, JUAN  PABLO  SASTOQUE  HERNÁNDEZ,  YEISON  ARLEY  GÓMEZ,  MARIANO  DE  JESÚS  CALLE  ÁLVAREZ  y  JORMAN  STID CARDONA RAMÍREZ, conforme a  lo expuesto en precedencia.   

        2.     De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  facultad  de los demandantes elevar petición de insistencia, según lo indicado  en la parte motiva de este auto.   

         

        Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                                           JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.    

1 Folio  14 de la carpeta.   

2 Folio  109 y 127 de la carpeta.   

3  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

4  “Artículo  183.-  El  recurso  se  interpondrá ante el tribunal dentro de un  término  común  de sesenta (60) días siguientes a la última notificación de  la  sentencia,  mediante  demanda  que  de  manera precisa y concisa señale las  causales    invocadas    y    sus    fundamentos.”    (negrillas    fuera   de  texto).   

5  “Artículo  184.-  …No  será seleccionada por auto debidamente motivado que  admite  recurso  de  insistencia  presentado por alguno de los Magistrados de la  Sala  o por el Ministerio Público, la demanda que se encuentre en cualquiera de  los  siguientes  supuestos:  si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se  precisa   del fallo para  cumplir   algunas  de  las  finalidades  del  recurso.”  (negrillas  fuera  de  texto).   

6 Autos  de  casación  de  28  de  febrero  de  2009,  radicación  No.  24783; de 30 de  septiembre  de  2009,  radicación No. 32044; de 7 de julio de 2010, radicación  No.   33154;   de  8  de  septiembre  de  2010,  radicación  No.  33771,  entre  otros.   

7  Sentencias  de  casación de 28 de mayo de 2008, radicación No. 25936; de 10 de  mayo   de  2005,  radicación   No.  25389;  de  21  de  febrero  de  2007,  radicación   No.  26587;  autos  de  casación  de  3  de  mayo  de  2007,  radicación  No. 27108, de 11 de noviembre de 2009, radicación No. 32394, entre  otros.   

8 Auto  de  17  de  mayo  de  2000,  radicación  10250;  auto  de  9  de junio de 2000,  radicación  14860;  sentencias  de 5 de junio de 2000, radicación 15058, de 12  de   diciembre  de  2002,  radicación  16099,  de  4  de  septiembre  de  2003,  radicación 12768.   

9  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

10  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.   

11  Auto   de   casación   de   15   de   diciembre   de   2005,   radicación  No.  24322.     

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