34758(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34758  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 78  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos   y   argumentativos   expuestos  por  el  apoderado  de  los  señores  Edgar  Grimaldo  Muñoz Cáceres y Pedro Félix Muñoz  Jaimes,  con  el fin de resolver sobre la admisión de  las  demandas  de  casación  propuestas  contra  la  sentencia  dictada  por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bucaramanga el 18 de enero de 2010,  que  confirmó  con una modificación la condenatoria proferida por el Juzgado 2  Penal del Circuito de la misma ciudad el 30 de abril de 2009.   

HECHOS  

1.  Llegaron a conocimiento de la autoridad,  merced  a  las distintas labores investigativas realizadas desde el mes marzo de  2005  por parte de miembros de la Policía Nacional, Dirección Antisecuestros y  Extorsiones,  Gaula  Regional  Bucaramanga, lo que originó que el 23 de febrero  de  2007,  el  grupo  Avanzada  Sabana  de  Torres de dicha entidad, rindiera el  informe  número  1117-254.452,  acerca de la colaboración que prestaban, entre  otros,  Pedro  Félix  Muñoz Jaimes y Édgar Grimaldo  Muñoz1 al Frente 20 de las Farc.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El  28  de  febrero  de  2007,  la  Fiscalía   Delegada  ante  el  Gaula,  Bucaramanga,  profirió  resolución  de  apertura  de  instrucción  y  dispuso  la captura, entre otros, de Edgar    Grimaldo    Muñoz   Cáceres   y   Pedro   Félix   Muñoz  Jaimes,  la que se materializó el 2 de marzo de 2007,  a  quienes  una  vez  oídos  en  indagatoria,  la Fiscalía 5 Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados  de Bucaramanga, les resolvió su  situación                 jurídica2  -16  de marzo de 2007- con la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  consistente en detención preventiva  como  presuntos  coautores  responsables  del  delito  de  rebelión3.   

2.  El 28 de agosto de 2007 se calificó  el  mérito del sumario en la modalidad de resolución de acusación4, decisión que  al  ser objeto del recurso de apelación recibió confirmación integral el 7 de  diciembre  de  2007 por parte de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de  Bucaramanga5.   

3.   Una  vez  evacuada  la  etapa  del  juicio,   el   30  de  abril  de  2009  el  Juzgado  2  Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja  profirió  sentencia  condenatoria  en  contra  de Edgar    Grimaldo    Muñoz   Cáceres   y   Pedro   Félix   Muñoz  Jaimes  por  el  delito  de rebelión y les impuso una  pena  principal  de  6  años,  3  meses  de  prisión y multa equivalente a 107  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, al tiempo que absolvió a Yolanda  Rueda  Serrano,  Jorge Ramírez Cuevas y Luis Francisco Ríos Ardila6.   

4.  La  decisión fue recurrida y confirmada  por  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga el 18 de  enero  de  20107,  con  la  modificación  en cuanto a que consideró que la calidad  por  la  que  debía  condenárseles  lo  era  a  título  de cómplices, lo que  conllevó  a  que  tasara  la  pena  en  40  meses  y 5 días de prisión, 59.71  salarios  mínimos legales mensuales vigentes y la inhabilitación de derechos y  funciones públicas por el mismo tiempo de la pena principal.   

LAS DEMANDAS  

A  nombre  de Edgar  Grimaldo Muñoz Cáceres.   

El  apoderado  acusa la sentencia de segunda  instancia  y  para  el  efecto  propone  un  único cargo al amparo de la causal  primera,  cuerpo segundo del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho –falso     juicio     objetivo    de  identidad-,que sustenta de la siguiente manera:   

El  fallador  distorsionó  ora  alteró  el  contenido  ofrecido  por  los  testimonios  de  Silvia Juliana Ríos Serpa y Luz  Myriam   Anaya  Morales,  que  sirvieron  de  fundamento  al  injusto  fallo  de  condena.   

Al   ocuparse   de   lo   que   denominó  trascendencia,      destaca     “…el  juzgador  de  Segunda Instancia al apreciar el contenido de las  declaraciones  de  estas testigos incurrió en error8”,  y       más       adelante,      “[d]el    estudio    literal    de   las  declaraciones  de  SILVIA  JULIANA  RIOS SERPA y LUZ MYRIAM ANAYA MORALES, no se  puede  afirmar  que  exista  capacidad  demostrativa  para  edificar de allí la  responsabilidad”.   

La distorsión del Tribunal la hizo consistir  en  señalar  que el fallo de condena proviene de dos reinsertadas, lo que exige  –en su sentir-  una mayor rigurosidad en el proceso de valoración, pues aquellos  testimonios  se  han  convertido en un mecanismo habilitante para desnaturalizar  el  principio  de  presunción  de  inocencia.  Sobre este puntual aspecto, trae  apartes         de         un         escrito9  que  dice  corresponde  a  la  Federación  Internacional  de  los  Derechos  Humanos  en donde se cuestiona su  práctica y credibilidad.   

Igual, considera, que la sentencia proferida  dentro  del presente proceso es un ejemplo palpable de la inversión de la carga  de   la   prueba;   “los  supuestos  hechos  que  aseveraron  las  reinsertadas  se  caracterizan  por  su  generalidad          e          imprecisión10;         aquellas  nunca  precisaron  fechas  de ocurrencia de los hechos, no  hacen  referencia  a  lugares; concluye por contera, que no se pueden considerar  como  hechos  simples  conjeturas,  conclusiones, sin sustento probatorio.   Termina  este aparte, afirmando que lo referido por los testigos de cargo, riñe  con   las   reglas  de  la  experiencia,  pues  la  sana  crítica  “nos   indica  que  una  persona  que  realmente  ha percibido un hecho, que tiene conocimiento sobre aquello de lo que  está  hablando,  puede dar elementos precisos y está en capacidad de describir  todos   los   detalles   que   rodean   la   situación   que  narra11”.   

Seguidamente  al  amparo  de  que  lo  que  considera  el censor ha de ser la apreciación del testimonio, la naturaleza del  objeto  percibido,  cuestiona, tanto el informe como la declaración vertida por  el  Mayor  de  la  Policía  Miguel  Martín  Moncaleano  Gómez,:  “es  inaudito que el jefe seccional de  inteligencia  del  organismo  que  ejerció funciones de policía judicial en la  presente   investigación   no   pueda   explicar  las  fuentes  o  el  sustento  investigativo    que    CONSIGNÓ    en    un   documento   judicial12”.   

Más  adelante  y  en  lo  que tituló   “Irregular  utilización  de    la   prueba   Indiciaria   (sic)…”  realiza  distintas referencias sobre  la  forma  como  la  doctrina  ha  entendido se ha de construir un indicio y las  normas  procesales que lo definen; intenta, aun cuando en forma deshilvanada, un  análisis de los hechos conocidos frente a cuatro indicios:   

“…Defender la  inocencia,  como  lo  hicieron  mis  defendidos  (lo  cual  si (sic) es un hecho  probado)   es   un   derecho   y   no  es  indicativo  de  la  falsedad  de  los  descargos.   Es decir, NO PUEDE decirse que la negativa de los procesados a  aceptar  las  falsas  acusaciones  que  pesan en su contra, es indicativo de que  MIENTEN    y   mucho   menos   INFERISE   (sic)   de   allí   su   calidad   de  rebeldes13”.   

Como  preceptos  inaplicados  enlistó  los  artículos  232,  238,  277, 284 y 7 del Código de Procedimiento Penal, y 29 de  la  Constitución  Política.  Como normas violadas los artículos 169, 60,  61, 58 numeral 10, 39, numeral 6 del Código Penal.   

A  nombre  de Pedro  Muñoz Jaimes.   

El  apoderado  acusa la sentencia de segunda  instancia  y  para  el  efecto  propone  un  único cargo al amparo de la causal  primera,  cuerpo segundo del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho  –falso juicio objetivo de  identidad-, que sustenta de la siguiente manera:   

El  fallador  distorsionó  ora  alteró  el  contenido   ofrecido  por   los  testimonios  de  Silvia Juliana Ríos  Serpa  y  Luz Myriam Anaya Morales, que sirvieron de fundamento al injusto fallo  de condena.   

Con   total   correspondencia   con   la  argumentación  presentada  en  la  anterior  demanda  insiste  en cuestionar la  valoración  otorgada  por  el  ad quem al testimonio de las reinsertadas Silvia  Juliana   Ríos   Serpa   y   Luz   Myriam   Anaya  Morales,  pues  “no   se  puede  afirmar  que  exista  capacidad   demostrativa  para  edificar  de  allí  responsabilidad”             “es  claro que (sic) las declaraciones  y  su  valoración  se  debe tener en cuenta que quien sabe una verdad la cuenta  toda  desde  la primera vez, no la aumenta con el transcurso del tiempo, y antes  que   aumentar   y   perfeccionar   detalles   los   olvida   por  el  paso  del  tiempo14”.   

Le  adiciona en esta demanda, únicamente lo  relacionado  con  el  reconocimiento  en  fila de personas practicado al acusado  Pedro   Muñoz  Jaimes,  al  considerar   que   el   Tribunal  torció  su  alcance  probatorio.   Considera  que se realizó sin los  requisitos exigidos por la Ley 600.   

Se  refiere  en este aparte al testimonio de  Raquel      Galvis      Peñaranda      el     que     califica     “de  nada más mentiroso y distante de  la  realidad15”.   

Normas   violadas:   el  fallador  aplicó  ilegalmente  los artículos  169,  60, 61, 58, numeral 10 y 58, numeral 6 del Código Penal, lo que conllevó  que  dejara  de aplicar debidamente los artículos  232, 238, 277, 284, 287  del   Código   de   Procedimiento   Penal,   y,  simultáneamente  –así    lo    precisó-  el  artículo  29  de  la Constitución Política que consagra el  principio  de  la  presunción  de  inocencia  y  el  artículo 7 del Código de  Procedimiento Penal.   

CONSIDERACIONES  

Una primera precisión se impone realizar: al  advertir  la Sala la similitud temática de las censuras presentadas a nombre de  Edgar  Grimaldo  Muñoz Cáceres y Pedro Félix Muñoz  Jaimes,  y en aras de evitar inútiles repeticiones, se  asumirá  su  estudio  paralelo,  a  más de que elevaron un único cargo por la  senda  de un error de hecho por falso juicio de identidad, lo que igual habilita  una única respuesta.   

1.    La    inadmisión    de  las  demandas  presentadas  a  nombre  de  Edgar Grimaldo Muñoz  Cáceres y Pedro Félix Muñoz Jaimes.   

La   Sala   ab  initio  observa  que  la  argumentación  no  cumple a  cabalidad  con  los  requisitos exigidos por el legislador para darle curso y en  consecuencia  inadmitirá  las  demandas,  teniendo  en  cuenta  las  siguientes  razones:   

1.1. Conforme a lo dispuesto en el artículo  212  de Código de Procedimiento Penal, el libelo debe contener unas condiciones  mínimas  para  que  la  Corte pueda abordar su estudio de fondo. Esa formalidad  encuentra  sustento  en  la  naturaleza  misma  de  la  casación,  en cuanto no  constituye  una  instancia  más  a  las  ordinarias, en la cual se pueda seguir  debatiendo  de  manera libre sobre las pruebas, no es el escenario propicio para  continuar  la  discusión  fáctica  y  jurídica  que  se  surtió  durante las  instancias,  ni  un  recurso  por  cuyo  conducto  se  pueda hacer toda clase de  cuestionamientos  en  forma  abierta  y  desordenada,  que  es justamente lo que  sucedió en las demandas presentadas.   

Su  esencia  es  la  de  ser una herramienta  extraordinaria  destinada  a  adelantar un juicio a las sentencias sobre la base  de  argumentos  lógicos,  concatenados,  sólidos  y  coherentes en la que, con  fundamento  en los motivos expresamente señalados por el legislador, se esbocen  en  forma  ordenada y clara los errores de juicio o de procedimiento en que pudo  incurrir  el  fallador  de  segundo  grado  y  se  resalte  su trascendencia. Su  propósito  es  el  de realizar un control jurídico sobre la sentencia que puso  fin  a  la  actuación, a efectos de verificar si se ajusta o no al ordenamiento  y,  en  consecuencia,  hacer  efectivo  el  derecho  material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes y la reparación de los agravios inferidos a  éstos.   

En  ese  orden,  es  preciso  que  el censor  postule  sus  argumentos  con  claridad,  precisión y contundencia. Su discurso  debe  ser  lógico, jurídico y suficientemente sustentado de modo que demuestre  la  afectación  de derechos o garantías fundamentales, la configuración de la  causal  o  motivo  de  casación  que  invoca,  además  de  indicar los sujetos  procesales,  el  fallo  cuestionado, relatar en forma sumaria los hechos materia  de  juzgamiento  y la actuación procesal, enunciar en forma clara la causal que  escoge,  formular  adecuadamente  el  cargo,  indicando  sin  ambigüedades  sus  fundamentos  y  las  normas  que  estima infringidas, así como, la necesidad de  intervención de la Corte Suprema de Justicia.   

En efecto, los argumentos en que se sustentan  los  cargos  y,  por  ende,  los  errores  en los que supuestamente incurrió el  ad-quem,     revelan  desconocimiento de la técnica casacional.   

1.2.  Cuando  se  censura  una sentencia por  violación   indirecta,  es  necesario  que  se  identifique cuál es el error ostensible y manifiesto en que  incurrió  el  fallador,  cuál su trascendencia, esto es, demostrar cómo de no  haberse  incurrido en el mismo la sentencia habría sido totalmente distinta y a  favor  del procesado. Asimismo, debe ser claro en precisar cuál es la forma del  yerro  que  invoca,  esto  es,  si  el error fue de hecho o de derecho y en qué  estriba el mismo.   

Tratándose del primero de ellos -el de hecho  al  que  se  acudió-  es menester que en forma estructurada y sin ambigüedades  señale  si  ello tuvo lugar por falso juicio de existencia, por falso juicio de  identidad   o   por   falso   raciocinio.  Cada  uno  de  estos  yerros  difiere  sustancialmente     del     otro,    y    resulta    inadmisible    –como  sucedió  en este caso- que bajo  un mismo cargo se confundan unos con otros.   

1.3.  Frente  al  juicio  de  identidad,  el  elegido  por  el  censor,  la  Sala  tiene dicho que surge cuando el juzgador al  apreciar  el  medio  probatorio  legal  y oportunamente producido distorsiona su  expresión  fáctica,  lo recorta o adiciona en su contenido literal poniéndolo  a   decir  lo  que  materialmente  no  dice.   Es  de  carácter  objetivo,  contemplativo,  y  su  demostración  implica  hacer  evidente  no sólo que los  fallos  apreciaron  la  prueba  contrariando  su  materialidad,  sino  que  este  desacierto  condujo  a  una  decisión  contraria  a  la  ley,  su  repercusión  definitiva  en  la  declaración  de  justicia  contenida  en el fallo.  El  recurrente está obligado a cumplir los siguientes pasos:   

i) Individualizar o concretar la prueba sobre  la cual recae el supuesto yerro.   

ii)  Señalar  de qué forma esa valoración  tergiversa  o  distorsiona  su  contenido  material,  esto  es,  puntualizar  la  supresión  o  agregación  de  su  contexto  real  para de allí inferir que en  realidad se alteró su sentido.   

iii)  Establecer  la trascendencia del yerro  frente  a  lo  declarado  en el fallo, es decir, concretar por qué la sentencia  debe  mutarse  favorablemente  al  demandante,  ejercicio  que  lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento en las restantes pruebas que lo sustentan, y,   

iv)   Demostrar  que  con  el  defecto  de  apreciación   se  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación indebida.   

La  Sala insiste, no es el criterio personal  que  se  tenga acerca del análisis y estimación de los medios de prueba lo que  configura el yerro, sino la distorsión del contenido material.   

Y  es  que  en  punto  a  demostrar en forma  acertada  este  yerro  es  necesario  que  el  demandante  identifique  clara  y  plenamente  las  expresiones  literales  objetivas de los medios de prueba sobre  los  cuales  éste  ha  recaído,  y  establezca,  en consecuencia, cuál fue la  supresión,  el  agregado  o la distorsión en que incurrió el fallador, lo que  se  echa  de  menos en esta ocasión y que de manera alguna la Sala puede suplir  justamente  en  razón  al principio de limitación que rige este extraordinario  recurso.   

1.4.  Bien  está  decir que el casacionista  erró  en  la  argumentación  que  le  sirvió  de soporte por cuanto por parte  alguna  el  Tribunal  le  puso  a  decir  a  la  prueba  lo  que  el  testigo no  refirió.   La  valoración -a lo que se contrae el disenso del recurrente-  la  hizo  consistir  en  señalar  que  le asistía certeza acerca de la acción  criminal  desplegada por Edgar Grimaldo Muñoz Cáceres  y   Pedro   Felix  Muñoz,  al  considerar16:   

“…toda  vez,  que  los señalamientos que hicieron los testigos de cargo, en cuanto, a ser los  encargados      de      llevar     “economía”  al  Frente  20 de las FARC, en procura de cumplir con su función subversiva, lo  que  aunado  a  las  demás  pruebas  indiciarias,  dan fe de que los procesados  colaboraban  con  el  mantenimiento, fortalecimiento, y funcionamiento del grupo  subversivo,  conducta  que  configura  el  tipo  penal  en  comento  y  avala la  culpabilidad        enrostrada        a        los        sindicados”.   

No  resulta  dable  soslayar,  que  de  los  distintos  medios  de  prueba allegados, esto es, prueba testimonial e indicios,  tales   como:  obrar  con  sigilo,  huellas  materiales  del  delito17,  mentira18  y  mala  justificación,  erigidos  a  partir  de  las inferencias  lógicas,   construyeron  los  jueces  del  proceso  la  prueba  contundente  de  responsabilidad en contra de los encartados.   

1.5.  Tan  palmario  se  ofrece  la falta de  técnica  en  el desarrollo del cargo, que quebrantó el principio de autonomía  que  rige este recurso porque cuestionó la valoración probatoria efectuada por  la  segunda  instancia  y  trasladó su discurso a la vía del falso raciocinio,  error  que se traduce en el desconocimiento del Tribunal a las reglas de la sana  crítica,  en  especial  de  la  ley  de  la  experiencia.   Una muestra de  ello:   

“nos indica que  una  persona  que  realmente ha percibido un hecho, que tiene conocimiento sobre  aquello  de  lo  que  está  hablando,  puede  dar elementos precisos y está en  capacidad  de  describir  todos  los  detalles  que  rodean  la  situación  que  narra19”  y  la regla mencionada en la segunda  demanda  “es  claro  que  (sic)  las declaraciones y su valoración se debe tener en cuenta que quien sabe  una  verdad la cuenta toda desde la primera vez, no la aumenta con el transcurso  del  tiempo, y antes que aumentar y perfeccionar detalles los olvida por el paso  del   tiempo20”.   

1.6. Ahora, si el censor está en desacuerdo  con  el  ejercicio  intelectivo realizado por los juzgadores para deducir de los  aludidos  medios  de  convicción  la  responsabilidad  penal de los encausados,  valoración  que  tal  como  se  ha  venido  sosteniendo,  debió  ser intentada  acudiendo  a  la demostración de falsos raciocinios, indicando con exactitud el  medio  de prueba en el que habría recaído el yerro, lo que expresamente dice y  se  dedujo  de  aquel,  el  mérito  persuasivo  otorgado  por  el  juzgador, el  postulado  lógico, la ley científica o la máxima de la experiencia que fueron  desconocidos  junto  con  los que a su turno, debieron considerarse, la norma de  derecho   sustancial   que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y,  por último, la trascendencia del error en el fallo, de tal manera  que  sea posible llegar a la convicción de que de haber sido valorado de manera  diversa, la decisión habría sido sustancialmente diferente.   

Pero  la  falta  de  técnica  no  se quedó  ahí:   se  ocupó  el  censor de cuestionar el informe de policía rendido  por  el  Mayor  de  la  Policía  Miguel  Martín  Moncaleano, desatendiendo que  aquellos  no  ostentan la calidad de prueba, luego estaba impedido de realizarlo  por vía de un falso juicio de identidad.   

Sin  embargo, de tenerse por superado, igual  cuestionó  con  vehemencia  y fue la constante en las demandas, la veracidad de  los  testimonios  de  las  reinsertadas  Silvia Juliana Ríos Serpa y Luz Myriam  Anaya   Morales,   lo   que   le  estaba  proscrito  al  interior  de  un  falso  raciocinio.   

1.7.  Ahora, si lo pretendido era atacar  la  prueba  indirecta,  esto  es, los indicios, en virtud del mérito valorativo  otorgado  por  el  Tribunal  ante  el  desconocimiento  de las reglas de la sana  crítica,  igualmente  se  equivocó porque la vía que ha debido escoger era la  de  un  falso  raciocinio.   Respecto de la prueba indiciaria y su forma de  ataque     en     casación,     ya    la    Sala21   tiene  establecido  desde  antaño lo siguiente:   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que el juzgador en la  labor de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste  y cual es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   esto   es  desconocido”.   

A   más   de   ello,  tampoco  se  ocupó  de22:   

“Y  cuando  de  ataque  a  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria se trata, el censor debe  informar  si  la  equivocación se cometió respecto de los medios demostrativos  de   los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes pruebas, para  llegar      a      una      conclusión     fáctica     desacertada”.   

Estos  múltiples  desaciertos,  como  ya se  anunció, le impiden a la Sala admitir la propuesta.   

1.8.  Concurre  otro desatino en la técnica  que  se  le  impone  a la Sala destacar. Entre las normas infringidas enlista el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  esto  es, violación al debido  proceso,  con  lo que fácilmente se advierte que erró en la senda en la medida  en  que  debió primigeniamente y con prevalencia atacar el fallo por la vía de  la  nulidad,  causal  tercera  de  casación,  lo  que implicaría retrotraer la  actuación,  consecuencia jurídica distinta a la violación indirecta de la ley  que conlleva un fallo de reemplazo.   

1.9.  Igual, bien está destacar que el  actor  concreta  el  quebranto  de  la ley sustancial a normas que no tienen tal  categoría  -artículos  266,  276,  277  y  238  del  Código  de Procedimiento Penal, con lo cual olvida que  de  conformidad  con  la  preceptiva contenida precisamente en la primera de las  normas    que    estima    violada,    la    casación    procede   “cuando la sentencia sea violatoria de  una    norma   de   derecho   sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem).   

1.10. Pero aun hay más: en lo que hace a la  descalificación  que  realiza  frente  al  reconocimiento  en  fila de personas  practicado  al  acusado Pedro Muñoz Jaimes,  la  conclusión  no es distinta a lo ya anotado pues equivocó la  senda  escogida;   si  lo que pretendía era denunciar que se practicó con  total  desapego  a las normas que lo orientan, ha debido acudir a la senda de un  falso  juicio  de legalidad, error de derecho, el que como se sabe en su aspecto  positivo,  consiste  en  que el juzgador, al apreciar una determinada prueba, le  otorga  validez jurídica porque considera que cumple las exigencias formales de  producción, sin llenarlas.   

Sin embargo, ahí no se queda la desatención  del  recurrente,  por  cuanto  cuestionó  su  valoración, lo que como ya se ha  dicho,  vulnera  el  principio  de  autonomía  de  los cargos, que le impide al  censor  al  interior  de  un  mismo  cargo  mezclar  ataques  correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración     diferentes     pues     producen     diversas    consecuencias  jurídicas.   

Igual,  desatiende,  el  principio  de  no  contradicción,  pues  no resulta admisible que al tiempo que tacha de ilegal el  medio  probatorio  se  ocupe  de  cuestionar  la  valoración  efectuada  por el  juzgador.   

1.11.  Como  faltó al principio de claridad  que  se predica en casación, el que de manera alguna puede enmendar la Sala por  virtud  del  principio de limitación que rige esta impugnación extraordinaria,  ningún norte distinto al ya anunciado comporta la demanda.   

1.12. Como la Sala lo tiene dicho23  los fallos  de  primera y segunda instancias constituyen una unidad jurídica, no solo en la  parte  motiva  sino  la  resolutiva, ello significa que las consideraciones y el  examen   de   la   realidad  probatoria  agotados  por  el  a-quo  se  entienden  incorporados  a  la  sentencia de segunda instancia en todo aquello en que no se  desvirtúe  o  modifique,  así  tales  análisis  o argumentaciones no se hayan  reproducido en el fallo acusado.   

Apreciación  válida  en cuanto si el error  planteado  es  de  valoración  probatoria  es  deber  ineludible del demandante  estudiar  ambos  fallos  con  el  fin  de  integrar sus argumentos, ya que de no  hacerlo,  reduce  sus posibilidades al tener como elementos de juicio apenas los  de  la  porción  que  haga  materia  de  su estudio, dejando sin reproche y por  tanto,   incólumes   las   valoraciones   omitidas  que  por  el  principio  de  inescindibilidad se integran al fallo censurado.   

Los  desaciertos  advertidos no permiten dar  curso a las demandas.   

Finalmente, la Sala ha revisado la actuación  y  no  ha  encontrado  causales de nulidad ni flagrantes violaciones de derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede  penetrar  al  fondo del asunto  oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  INADMITIR  las   demandas   de  casación  presentadas  por  el  defensor  de  Edgar    Grimaldo    Muñoz   Cáceres   y   Pedro   Félix   Muñoz  Jaimes.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

         

         

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTR0 CABALLERO  

SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

            

ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

            

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN  

JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS             

JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  La  Sala  destaca  que  a  la  investigación  inicial fueron vinculadas veintisiete  personas.   

2 Cfr.  folio 66 cuaderno número 7.   

3 En la  misma  decisión  se  precluyó  la  instrucción  respecto  a  los  delitos  de  extorsión y terrorismo.   

4 Cfr.  folio 6 cuaderno original número 11.   

5 Cfr.  folio 27 cuaderno original número 12.   

6 Cfr.  folio 1 cuaderno original número 15.   

7 Cfr.  folios 30-165, cuaderno del Tribunal Superior.   

8 Cfr.  folio 209 cuaderno del Tribunal.   

9 Hace  mención  expresa  que  al  interior  del  recurso  de  apelación  efectuó  el  análisis correspondiente.   

10 Cfr.  folio 210 id.   

11 Cfr.  folio 213 id.   

12 Cfr.  folio 214 id.   

13 Cfr.  folio 218 cuaderno del Tribunal.   

14 Cfr.  folio 240 del cuaderno del Tribunal.   

15 Cfr.  folio 244 cuaderno del Tribunal.   

16 Cfr.  folio 154 cuaderno del Tribunal.   

17 Id.  página 139   

18  Cfr. folio 140 del cuaderno del Tribunal.   

19 Cfr.  folio 219 del cuaderno del Tribunal.   

20 Cfr.  folio 244 id.   

21  Sentencia del 26 de junio de 2002, radicado 11.451   

22  Ibídem.   

23  Casación 18255, 21 de febrero de 2007.     

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