34731(09-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34731  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobada acta número 281  

Bogotá  D.C.  nueve (9) de agosto de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

          Decide   la  Sala  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  apoderado  de CLAUDIA MERCEDES PLATA SANTOS  contra  la  providencia  de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Medellín,  emitida  el  8 de junio de 2010, por cuyo medio negó a la condenada  la solicitud para trabajar fuera de su residencia.   

HECHOS  

1. El Tribunal Superior de ese Distrito el 10  de  febrero  de  2009 condenó a CLAUDIA MERCEDES PLATA  SANTOS,  ex Fiscal 93 Seccional de dicha capital, a la  pena  de  nueve  (9)  años de prisión y multa de noventa y cinco (95) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el lapso de diez (10) años como autora de  los  delitos  de prevaricato por acción, prevaricato por omisión y falsedad en  documento  público  por  destrucción,  supresión  u ocultamiento agravado. El  mismo  fallo sustituyó la prisión intramural por domiciliaria, pena que cumple  desde  el  13  de  noviembre  de  2009  en  su  residencia ubicada en Medellín.   

Esta  decisión  fue  confirmada por la Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, mediante sentencia del 14 de octubre de  2009.    

2. La condenada solicitó ante la Sala Penal  del   Tribunal  Superior  de  Medellín,  permiso  para  trabajar  fuera  de  su  residencia  como  abogada litigante y asesora, en un horario de 6 a.m. a 6 p.m.,  en  consideración  a  su  condición  de  madre  cabeza  de familia a cargo del  sostenimiento  de  su hija, MARIA XIMENA SANIN PLATA.1   

3. El 4 de diciembre de 2009, el defensor de  la   condenada  reiteró  la  solicitud  de  permiso  para  trabajar2  dentro  del  marco  normativo  de  las  leyes 82 de 1993 y 750 de 2002, afirmando que a voces  del  numeral  5º  del  artículo 314 de la Ley 906 de 2004, la detención en el  domicilio  comprende  los  permisos  necesarios  para  los controles médicos de  rigor,  la  ocurrencia  del  parto  y  trabajar  cuando  se  es  madre cabeza de  familia.   

Señaló,  con base en la sentencia C-185 de  2003  que  “…es  fundamental preservar el núcleo  familiar  del  justiciado  y  brindar a su prole la oportunidad de que este siga  dando     apoyo     emocional,    afectivo    y    patrimonial…”   por  tanto,  los  permisos  para trabajar brindan al núcleo  familiar  estabilidad  económica,  familiar  y emocional además de una vida en  condiciones dignas.   

Como  madre  cabeza  de familia, enfatiza la  defensa,  la  condenada  debe  pagar  los  estudios  de  su  hija,  el  canon de  arrendamiento  del  apartamento  en  donde  vive,  las  cuotas del préstamo que  tiene,  obligaciones  que ahora debe afrontar desde el litigio para ofrecer a su  hija  una  vida  estable, derecho fundamental previsto en los artículos 42 y 44  de  la  Carta,  donde  se  señala  que  al  Estado  le corresponde velar por la  integridad  del  núcleo de la sociedad  evidenciándose, a su juicio, que:  “la  ley  jamás  puede,  en  busca de una sanción  penal, dejar en total desamparo un núcleo familiar”.   

Con  base  en  las  anteriores  premisas  el  defensor  solicita:   “permiso  para  trabajar  como  abogada  litigante  y/o  asesora  jurídica,  asuntos  de abogado … para  cumplir  estas  funciones … se requiere trasladarse, el traslado de la abogada  a  los  diferentes  despachos  e  instituciones que le impone el ejercicio de la  profesión  de  lunes  a sábado, en los horarios de seis (6:00) de la mañana a  ocho (8:00) de la noche…”   

4.  El  16  de  diciembre siguiente, la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Medellín, de conformidad con lo dispuesto por  los  artículos 29 A, 79 y siguientes de la Ley 65 de 1993, 8º del decreto 2636  de  2004, 5º de la Ley 750 de 2002, y la resolución 2392 expedida por el INPEC  el  3  de  mayo  de 2006, señaló que el permiso para trabajar, la naturaleza y  clase  de  trabajo  así como las condiciones en que éste se ha de desarrollar,  debe  definirse y tramitarse ante el INPEC antes de cualquier pronunciamiento de  la   Sala;  en  consecuencia,  dio  traslado  de  la  solicitud  a  la  referida  institución3.   

5.    El  1  de  marzo  de  2010,  la  Subdirectora  Operativa  Noroeste  del  INPEC, en respuesta a lo ordenado por el  Tribunal  indicó  que  el  desplazamiento fuera de la residencia solo puede ser  autorizado   por  el  juez  de  conocimiento,  ya  que  la  salida  implica  una  modificación  en  las  condiciones  de  la  detención o de la pena4, por tanto las  actividades  autorizadas  por  el  INPEC  solo  son al interior de la residencia  donde  se cumple la medida a través de la “Junta de  Evaluación  de  Trabajo,  Estudio  y Enseñanza encargada de estudiar todas las  solicitudes  que  se  presenten  de  los  detenidos  intramurales  y cautivos en  domiciliaria,   esta  Junta  determina  la  viabilidad  o  no  de  autorizar  la  realización  de   la  actividad  y  su  registro  de  tiempo,  acorde a la  normatividad del instituto”.   

6. El 11 de marzo de 2010, el defensor de la  condenada reiteró la solicitud.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín  en auto del 8 de junio de 2010, advirtió que  ante  la  negativa  del  INPEC  para decidir de fondo, aborda su estudio para no  dejarlo   en  estado  de  indefinición,  de  este  modo  negó  a  CLAUDIA  MERCEDES  PLATA  SANTOS el permiso  para  trabajar  fuera de su residencia, con base en las leyes 82 de 1993, 750 de  2002 y el artículo 314, numeral 5 de la Ley 906 de 2004.   

Consideró  que  la  condenada  PLATA   SANTOS,   de   conformidad  a  lo  establecido  en  la  Ley 750 de 2002, no tiene derecho a la autorización pedida  al  no  ser madre cabeza de familia toda vez que su hija ya alcanzó la mayoría  de  edad  y  no se trata de una persona incapaz, según el artículo 2 de la Ley  82 de 1993, modificado por la Ley 1232 de 2008.   

Puso  de  presente que el permiso solicitado  para  desempeñarse  como  abogada  no  se ajusta a lo previsto en la Ley 750 de  2002,  al  no  tratarse  de un trabajo comunitario de mantenimiento, aseo, obras  públicas, ornato o reforestación y servicios.   

Por  último, destacó que cualquier trabajo  por  fuera  del lugar de reclusión debe ser aprobado previamente por el INPEC y  sólo  una  vez  adelantado  ese  trámite, el juez de ejecución de penas puede  pronunciarse  para  autorizar  la  modificación  en  las  condiciones en que se  cumple  la  condena, de acuerdo a lo establecido en el artículo 79 numeral 5 de  la  Ley  600 de 2000, puesto que, de conformidad con el artículo 29 A de la Ley  65  de  1993,  las  labores  de  integración  social,  como  el  trabajo, deben  coordinarse  con  el  centro  de reclusión, acogiendo la reglamentación que el  INPEC  ha  hecho de la materia a través de la resolución 2392 del 3 de mayo de  2006.   

Para   el   a  quo,  CLAUDIA MERCEDES PLATA  SANTOS  aún tiene la posibilidad de solicitar ante el  INPEC  la  autorización  para  trabajar  dentro  o fuera de su residencia y, si  ésta  es  procedente,  la  citada  institución podrá tramitar ante la Sala el  pronunciamiento y aprobación correspondiente.   

LA IMPUGNACIÓN  

          La   recurrente   consideró   que  la  decisión  del  a  quo  al negarle la condición de madre  cabeza  de familia en razón a la mayoría de edad alcanzada por su hija, ignora  sus  derechos  fundamentales al mínimo vital, a la familia, a la igualdad, a la  vida  en  condiciones  dignas  y  al  debido  proceso así como decisiones de la  jurisprudencia  nacional  la  cual  reconoce una especial protección a la mujer  jefe    de    hogar   y   a   los   menores   de   25   cuando   se   encuentren  estudiando.   

Concluye que CLAUDIA  MERCEDES  PLATA  SANTOS  tiene  a cargo su hija, quien  cursa  actualmente  una carrera universitaria, por tanto ostenta aún la calidad  de  madre  cabeza  de  familia  y,  por ende, tiene cabida el permiso de trabajo  solicitado,  el  cual  no va dirigido a la redención de la pena impuesta sino a  asegurar  los  recursos necesarios para su manutención y la de su descendiente.   

Por  otra  parte,  señaló  que el Tribunal  Superior  de  Medellín no es  competente para vigilar la sanción, sino el  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad, a quien corresponde la  vigilancia  y  control de la pena cuando se encuentra ejecutoriada la sentencia,  al  igual  que  fijar  la  actividad  a  realizar  conforme lo establecido en el  artículo 1º  de la Ley 750 de 2002.   

Por  lo  anterior,  solicita  se  revoque la  decisión  del  8  de  junio  de  2011  proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior   de   Medellín   y,   en  consecuencia,  se  conceda  a  CLAUDIA  MERCEDES  PLATA SANTOS, el permiso  para    trabajar    fuera    del   domicilio   ejerciendo   su   profesión   de  abogada.   

CONSIDERACIONES  

         1.- Competencia.   

         1.1    De  conformidad  con  lo  dispuesto  por el artículo 75-3 de la Ley 600 de 2000, la  Corte  sería  competente  para conocer de la impugnación interpuesta, toda vez  que  se  trata  de  providencias proferidas por un Tribunal Superior respecto de  una  persona  condenada  que  goza  de  fuero  legal,  cuya  competencia para la  ejecución  de las sanciones penales, acorde con dicho ordenamiento, permanecía  en  la  autoridad de conocimiento, en este caso el Tribunal de primera instancia  (art.   79-8)5.   

         1.2    No  obstante,  con  la  entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004, la Sala ha venido  insistiendo  en la procedencia de su aplicación a asuntos gobernados por la ley  600  de  2000 por haber ocurrido los hechos durante su vigencia, tras considerar  que  el  principio  de  favorabilidad que rige en materia penal y procesal penal  con  efectos  sustanciales, previsto en los artículos 29 de la Carta Política,  y  6º  de  las  Leyes  600 de 2000 y 906  de 2004, no solamente resulta aplicable en los casos de sucesión  de  leyes  en  el  tiempo sino, además, en la coexistencia de normas, siempre y  cuando  los  preceptos  llamados  a  regular  el  asunto  jurídico  en  los dos  estatutos  prevean  el  mismo  supuesto  fáctico,  no  hagan parte esencial del  sistema  procesal  penal  acusatorio  y el seleccionado sea más favorable a los  intereses del procesado o condenado.   

         1.3  Sobre el  tema  la Sala se pronunció en los radicados 19093  y 22099 del 28 de julio  y 3 de agosto de 2005 respectivamente así:   

“…Y   frente  a  la  literalidad  del  artículo  533  de  la  Ley  906  de  2004, que limita su vigencia a los delitos  cometidos  con  posterioridad  al  1º  de  enero del año 2005, la Corporación  admitió  que  las  normas  que  se  dictaron  para  la  dinámica  del  sistema  acusatorio   colombiano,   son   susceptibles   de  aplicarse  por  favorabilidad    a    casos   que   se  encuentren  gobernados por  el   código   de   procedimiento   Penal   de  2000,  a  condición  de  que no se refieran a instituciones  propias  del  nuevo modelo  procesal  y  de  que  los  referentes de hecho en los dos procedimientos sean idénticos.   

Conclúyase de lo  anterior   que   como   la   vigilancia   de  la  ejecución  de  la  pena no es una institución     propia    del    sistema      acusatorio;      el      supuesto      de     hecho  de los  dos  procedimientos  es el  mismo;  y  el  parágrafo 1º del articulo  38  de la Ley 906 del 2004 es mas favorable en este caso para los  intereses     del     condenado,     su     aplicación     inmediata    resulta  procedente.   

En  consecuencia,  se  ordenará remitir el  expediente  al  reparto  de  los  jueces  de  ejecución  de  penas y medidas de  seguridad        de       Bogotá”.   

          1.4  Como quiera que el Parágrafo 1º del  Artículo   38   de   la   Ley   906   de   2004   establece   que  “cuando  se  trate  de  condenados que gocen de fuero constitucional     o     legal,  la competencia para la ejecución  de  las  sanciones  penales corresponderá, en primera  instancia,  a los jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad del lugar  donde  se  encuentre  cumpliendo  la  pena. La segunda  instancia  corresponderá  al  juez de conocimiento”,  resulta  evidente  que  dicho precepto, por integrar el proceso de ejecución de  la  pena,  no  hace  parte  del  nuevo  modelo  de  investigación y juzgamiento  establecido  en  dicho  Estatuto,  e involucra tan solo un asunto de competencia  con  posterioridad  a  la normativamente establecida para la investigación y el  juzgamiento,  que  no  compromete  para  nada  las  garantías fundamentales del  sentenciado  aforado  constitucional  o  legal,  y sí por el contrario, como ha  sido  visto  en  los precedentes aquí mencionados, le reporta mayores ventajas,  es  de  concluirse  que  resulta  de  aplicación  inmediata  por haber derogado  tácitamente  la  disposición sobre dicha temática contenida en el articulo 79  de       la       Ley      600      de      20006.   

         

         1.4 Del Caso Concreto   

         Así  las  cosas,  según el  parágrafo  1º del artículo 38 de la  Ley   906  del  2004,  el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Medellín carecía  de competencia para pronunciarse en  primera  instancia  de  las peticiones presentadas por  la      sentenciada  doctora  CLAUDIA  MERCEDES  PLATA   SANTOS  y  su  abogado  defensor,              configurándose    el    motivo    de  nulidad  de  lo  actuado  previsto en el artículo  306-1   de   la  Ley  600  de  2000,  a  partir  del  auto  del  8 de junio de  2010,    resultando  inexorable   su   declaración   por   la   Corte7,  y  a tenor de lo dispuesto  en  el artículo 307 ejusdem, remitir las diligencias  al   Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad   de   dicha  ciudad  para  que decida  sobre    el   particular,   como   a   continuación   se   precisa.    

2.-  Autoridad  competente  para decidir  sobre  el  permiso  para  desarrollar     trabajo    extramural  de  personas  privadas de libertad en  su domicilio.   

        2.1   La  disyuntiva   radica  en  que  mientras  para     el    Tribunal,      es      el      INPEC    quien   debe   pronunciarse     sobre    el    tema  por  cuanto  “cualquier  trabajo  por fuera del lugar de reclusión, así esta sea domiciliaria, debe ser  aprobado    antes    por    el   Inpec,    y,  “solo  una  vez  adelantado  ese trámite, la Sala  puede  pronunciarse  para  autorizar  la  modificación en las condiciones de la  ejecución      de     la     pena”, de manera  opuesta       el       INPEC       asevera:          “el  desplazamiento  por fuera de la  residencia  solo  puede  ser  autorizado  por el juez que conoce del caso ya que  esta  salida  implica una modificación en las condiciones de la detención o de  la pena”.   

        2.2   Le  asiste  razón  al  INPEC  en  sus  apreciaciones, observándose confusión   en  el  Tribunal  acerca del  entendimiento  dado a los  institutos     del  “trabajo        intramural”   como   un   derecho-deber  que  tienen  todos  los  reclusos  y  “el       trabajo       extramural” como  beneficio    administrativo   que   tienen   algunos   condenados   cuando       cumplen      ciertos  requisitos,               ofreciéndose  necesario  para la Sala  hacer las siguientes precisiones:    

        2.3  El trabajo intramural   o   realizado   en   “centro  de  reclusión”8   

(entendido          como         domicilio,         sitio   de   trabajo   etc),       está     consagrado  en  el  artículo  79  del  Código   Penitenciario   y  Carcelario así.   

“Obligatoriedad  del trabajo.  El trabajo en los establecimientos de reclusión es obligatorio  para   los  condenados  como  medio  terapéutico   adecuado  a  los  fines  de  la  resocialización.  No  tendrá                carácter   aflictivo   ni   podrá  ser  aplicado  como  sanción  disciplinaria.  Se  organizará  atendiendo  las  aptitudes y capacidades de los  internos,  permitiéndoles  dentro     de     lo     posible     escoger          entre          las          diferentes  opciones existentes en el centro de  reclusión.  Debe  estar  previamente  reglamentado  por  la dirección  general  del  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario.  Sus  productos serán comercializados”.   

        2.3.1  Se  advierte   entonces,   como   un  derecho  del  cual  gozan  todos los       condenados,  no solo  como  medio  adecuado  para  los  fines terapéuticos        de       la  resocialización    que    persigue    la   medida  punitiva,   sino   que  además  tiene  la  virtud de reducir el término de duración de la  pena  a  través  de  la  redención,  creando  así  un  vínculo  estrecho con el derecho  a   la  libertad,   lo  cual  impone a las  autoridades  penitenciarias  el  deber  de  procurarles  en  la  medida  de  las  posibilidades    la    actividad    laboral    como    forma   de   superación    humana   y     medio    para    obtener    la  libertad9.   

2.3.2  Así   las   cosas,  el  prisionero  domiciliario  tiene derecho a redimir su  pena  de  la misma manera en que lo hacen los condenados privados de la libertad  en   establecimientos  penitenciarios,  como    lo    precisó    la   Corte  Constitucional  cuando  en  la  sentencia  C-1510 de 2000 declaró ajustado a la  Carta   el   artículo   80   de   la   Ley  65  de  1993,     posición  reglamentada  en el 2004 a  través  del Decreto 2636  que  adicionó  el  artículo  29A  de  la Ley 65 de  199310,         definiendo    el    tema    sobre    la   “Ejecución   de   la   Prisión  domiciliaria”             así:  …“Durante    el  cumplimiento  de  la pena  el  condenado  podrá  adelantar  las labores dirigidas a la integración social  que  se  coordinen  con  el  establecimiento  de  reclusión  a  cuyo  cargo  se  encuentran  y  tendrá  derecho a la redención de la  pena  en  los  términos  establecidos   por   la   presente  Ley”.   

2.3.3  Deviene                 entonces    que    la   autorización  para  trabajar,  enseñar  o  estudiar en   el   domicilio   la   otorga  el  INPEC,  lo  mismo que la  elaboración  de  la  programación,  actividades  de  control,  supervisión  y  registro  del  tiempo  dedicado  por  el  penado a su  actividad  redentora,  lo  cual  será  en todo caso  constatado  por  el  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de Seguridad, de  acuerdo   con   lo   normado   por  el  inciso  final  del  artículo  82  de  la  misma  Ley  65  de  1993,  como  lo ha precisado la  Corte     Suprema:   

“El  trabajo,  estudio,  enseñanza  o  labores  literarias ejecutadas por  los internos que se encuentran purgando  pena  en  detención domiciliaria, para que sea viable  su   reconocimiento,   requieren,   de   conformidad  con  el  Código  Nacional  Penitenciario,  las  Resoluciones  del  Inpec  y  la sentencia C – 1510 del 8 de  noviembre  de  2000  de  la  Corte Constitucional, la  autorización  y  aprobación  de  la  programación  por  parte  de la Junta de  Evaluación,  que  las  planillas  den  cuenta  de la  identificación  del  interno y de la autoridad del INPEC encargada de llevar el  registro  y  control,  la  actividad ejecutada, su intensidad y el calendario en  que   fue  cumplida  y  la  firma  del  respectivo  funcionario,  así  como  la  calificación    de    la    conducta    del   recluso   por   el   Consejo   de  Disciplina”11.(Negrilla     de     la  Sala).   

En  el  mismo  sentido  el  radicado  21810  del 18 de diciembre de  2003:   

“Ha   sido  criterio   de  la  Sala  que  las  labores  que  se  desarrollen  en  detención  domiciliaria,  tales  como  trabajo,  estudio  o enseñanza, requieren, para que  sean  tenidas  en cuenta como redención de pena, de una expresa autorización y  programación  por parte de las autoridades del INPEC,  si  ello  no se presenta, como sucedió en este caso, no es posible que se tenga  en   cuenta   su   eventual   desarrollo   como   presupuesto   de   rebaja   de  pena.   

Y  esto  no  es  presupuesto  de lesión al  principio  a la igualdad, tal como lo asegura el recurrente, en la medida que si  a   quienes  se  encuentran  privados  de  la  libertad  en  un  establecimiento  carcelario  se  les  exige el cumplimiento de las formalidades consagradas en la  ley,  como  la  programación,  la  autorización,  el  control de las labores a  través  de  las  planillas  respectivas,  la  evaluación  del estudio, y otros  condicionamientos  más,  también  debe  hacerse  lo  mismo frente a quienes se  encuentran  en  su  residencia  cumpliendo  la pena. Lo contrario, serían tanto  como  patentizar  la  lesión  a  esa  garantía fundamental”. (Negrilla de la  Sala)   

2.4   El   trabajo  extramural  es  una  figura  contemplada  en  el  artículo  146  del  Código  Penitenciario    y   Carcelario   (Ley   65   de   1993)   en   los   siguientes  términos:   

Beneficios   Administrativos.  “Los  permisos hasta de 72 horas, la libertad y la franquicia  preparatorias,   el  trabajo  extramuros   y   penitenciaría  abierta  harán  parte del tratamiento penitenciario en sus distintas  fases,    de   acuerdo   con   la   reglamentación   respectiva”.(negrilla de la Sala).   

Ha   sido  entendida  como  una  forma  de  redención  de  pena al interior de instituciones de internamiento penitenciario  tales  como  los  beneficios administrativos de libertad preparatoria (artículo  148)  y  franquicia  preparatoria (artículo 149), a los cuales solamente pueden  acceder los condenados, con base en la normatividad existente.   

A propósito dijo la Sala:  

“En  la  legislación  penitenciaria  no se  encuentra  una  reglamentación que permita concebir el “trabajo extramuros”  como  un instituto administrativo en si mismo considerado, individualizado y con  características  exclusivas,  sino  que aparece como una forma de redención de  la  pena,  o  como parte de la “libertad preparatoria” o de la “franquicia  preparatoria”    que    sí    son   beneficios   administrativos”12.   

        Sobre   la  naturaleza  jurídica  de  los    beneficios   administrativos   la  Corte  Constitucional  en  sentencia C-312 de 2002, expresó:   

“En  cuanto  tiene  que  ver  con  los  beneficios        administrativos,  se  trata  de  una denominación genérica dentro de la cual se  engloban   una  serie  de  mecanismos  de  política  criminal  del  Estado, que  son   inherentes   a   la   ejecución   individual  de  la  condena.   Suponen  una  disminución de  las  cargas  que deben soportar las personas que están cumpliendo una condena y  que,  en algunos casos, pueden implicar la reducción  del  tiempo  de  privación  efectiva  de  la libertad dispuesto en la sentencia  condenatoria  o  una  modificación  en  las  condiciones  de  ejecución  de la  condena”13    

Como     lo    ha   indicado   la  Corte14,   los  beneficios  administrativos15 son aspectos inherentes al  proceso  de  individualización  de la pena en su fase de ejecución,   por  tanto las condiciones que permitan el acceso a tales  beneficios   tienen   un   carácter   objetivo,   verificable,  susceptible  de  constatación  y  deben  estar  por  ende,  previamente  definidas  en  la  ley.  El hecho de que se denominen beneficios administrativos    no   genera   una  competencia  a  las  autoridades de este orden para establecer las condiciones o  eventos  en  los  cuales  son  procedentes.   Es  decir,  que por  tratarse  de  una  materia  que  impacta  de manera directa el  derecho  de  la  libertad  personal,  su  configuración  está  amparada por la  reserva legal y su aplicación por la reserva judicial.   

        Dado       que       los  Jueces  de      la      República     tienen  el  monopolio  para  administrar el  bien    jurídico   de   la   libertad  denominado  principio   de   reserva   judicial   de     la     libertad,  el cual no  se  reduce  al  momento de la imposición  de  la  sanción sino que se extiende a la fase de ejecución de  la   pena,  y  siendo  que  los  beneficios administrativos impactan de manera  directa  el  derecho  a  la  libertad  personal por ser inherentes al proceso de  individualización    de    la    pena    en    lo    tocante   a   asuntos           relacionados           con          reducción   de  tiempo  de      privación    de    la  libertad   o   los   relativos  a  la  modificación   de  las  condiciones  de  cumplimiento  de  la  condena,  su          análisis         y  otorgamiento   es de  competencia     de  los  Jueces  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de  Seguridad, tal como lo señala el artículo 79 de la  Ley 600 de 2000.   

La   Corte  Constitucional    se  pronunció  sobre  la  exequibilidad  del numeral 5° del artículo 79 de la Ley  600   de  2000  (C-  312  de  2002)  relativo  a  la  competencia   de   los   Jueces   de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas    de   Seguridad   respecto  de  “La aprobación de las  propuestas   que   formulen   las   autoridades  penitenciarias  o  de    las    solicitudes    de    reconocimiento   de   beneficios  administrativos   que   supongan   una   modificación  en  las  condiciones  de  cumplimiento  de  la  condena o una reducción del tiempo de privación efectiva  de la libertad”:   

“Así  las  cosas,  la  norma  legal  que  atribuye  a  los Jueces de Ejecución de Penas la  competencia   para   decidir   acerca   del   otorgamiento   de  los  beneficios  administrativos  que  establece  el régimen penitenciario (Art. 79 Núm.,  5°  de la Ley 600 de 2000) se  encuentra  en  vigor,  pues  superó  el  juicio de constitucionalidad a que fue  sometida,  en  el  que  además  se  sentaron  las directrices jurisprudenciales  reseñadas,  mediante  las  cuales  se  afianza  el  principio constitucional de  reserva  judicial  de  la  libertad,  extendido  a  la  fase de ejecución de la  pena”.   

En    el   mismo   sentido,  el  Consejo  de  Estado, a través de la Sección Primera de la  Sala    de    lo    Contencioso    Administrativo16,   estableció   que  los  permisos         administrativos,     entrañan   factores   de  modificación  de  las  condiciones  de  cumplimiento  de la condena,  y  que  como consecuencia de ello su reconocimiento cae bajo la  órbita  de  competencia  que  el  numeral  5°  del artículo 79 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000), atribuye a los Jueces de Ejecución de  Penas y Medidas de Seguridad.   

Es  así como a  las    autoridades   penitenciarias   solo  les corresponde  certificar  las    condiciones   o  requisitos  que  conforme  a  la  ley  deben  concurrir para el otorgamiento del  correspondiente          beneficio             administrativo       cuando   supongan   hechos   que   el   juez  no  pueda  verificar  directamente  según  lo  expuesto  en  la sentencia  C-312  de  2002,  sin que  tengan  la  virtualidad  de  desplazar  o  sustituir  a  la  autoridad  judicial  encargada  de  velar  por la legalidad en la ejecución de la pena y la potestad  de otorgar o negar los beneficios.   

Del Caso Concreto  

Acudiendo  al marco conceptual previamente  establecido  para  la  resolución  del caso, encuentra la Corte que,  la  reserva judicial de la libertad  ampara  los  momentos  de  imposición,  modificación  y ejecución de la pena;  siendo que los beneficios  administrativos  previstos en el régimen carcelario  entrañan     una     modificación     a     las  condiciones de ejecución  de  la  condena  que  impactan  de  manera  directa  en  el  derecho  a la libertad, cualquier decisión en  torno   a  ellos  es  de  competencia          de         los  Jueces  de  Ejecución de Penas y  Medidas   de   Seguridad   conforme  a  la  ley vigente declarada exequible por  la     Corte     Constitucional,     numeral  5°  del  artículo 79 del Código de Procedimiento Penal  (Ley    600    de    2000)   y   al   pronunciamiento   del   Consejo   de  Estado,   por   tanto   el  permiso  para  trabajar  extramuros     a     favor     de    CLAUDIA    MERCEDES    PLATA   SANTOS  corresponde   definirlo  al    Juez   de   Ejecución   de   Penas  y  Medidas   de   Seguridad  de  Medellín   al   que  por  reparto  se  asigne.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

PRIMERO.  DECRETAR  LA  NULIDAD del  auto  del  8  de  junio de 2010, por medio del cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín, negó el permiso para trabajar  extramuros a la doctora CLAUDIA MERCEDES PLATA SANTOS.   

SEGUNDO.  Declarar  que   la  vigilancia  de  la  ejecución  de  la  pena  impuesta  a  la  doctora  CLAUDIA MERCEDES PLATA SANTOS  le  corresponde  al  Juzgado  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad de  Medellín,  a  cuyo  reparto  se  ordena  remitir  el  expediente, quien deberá  pronunciarse sobre esta petición.   

La  ex fiscal PLATA  SANTOS   quedará   a   disposición   del   juzgado  correspondiente en el domicilio donde está recluida.   

Notifíquese y Cúmplase  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                         JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO                                                      MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

SECRETARIA    

1  Cuaderno original 2 folio 975   

2  Cuaderno original 2 folio 967   

3  Ibídem, folio 997   

4  Ibídem, folio 999   

5 Art.  79.  De  los jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad. Los jueces de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  conocerán  de  las siguientes  actuaciones:   

1..  

…  

8….  Cuando  se  trate  de  procesados  o  condenados  que  gocen  de  fuero constitucional o legal, la competencia para la  ejecución  de  las  sanciones  penales permanecerá en la autoridad judicial de  conocimiento…”   

6  Segunda   Instancia   24959   del  16  de  marzo  de  2006   

7  Ibídem   

8  Sentencia        C-1510/00.       Declara  la  EXEQUIBILIDAD de  las  expresiones  “centro  de  reclusión”,  contenidas  en los  artículos  80  y  81  de  la  Ley  65  de  1993, bajo el entendido de que ellas  comprenden  también  los  casos  de  detención  domiciliaria  o  de detención  parcial  en  el lugar de trabajo y sin que se pueda discriminar entre el trabajo  material y el intelectual.   

9  Corte  Constitucional,  sentencia  de C-394 de 2005,  M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa   

10  Art.  29A.  Adicionado D.2636/2004. Ejecución de la  prisión  domiciliaria. Ejecutoriada la sentencia que  impone   la   pena   de  prisión  y  dispuesta  su  sustitución  por  prisión  domiciliaria  por  el  juez  competente,  este  enviará  copia  de  la misma al  director  del  Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario, quien señalará,  dentro  de  su jurisdicción, el establecimiento de reclusión que se encargará  de   la   vigilancia   del   penado  u  adoptará  entre  otras  las  siguientes  medidas:     

1. Visitas    aleatorias   de   control   a  la  residencia  del  penado.   

2. Uso   de  medios  de  comunicación  como  llamadas  telefónicas,   

3. Testimonio de vecinos y allegados.   

4. Labores de inteligencia     

Durante  el  cumplimiento  de  la  pena el  condenado  podrá  adelantar  las labores dirigidas a la integración social que  se  coordinen  con el establecimiento de reclusión a cuyo cargo se encuentran y  tendrá  derecho a la redención de la pena en los términos establecidos por la  presente Ley.   

En  caso  de  salida  de  la  residencia o  morada,  sin  autorización  judicial,  desarrollo  de  actividades delictivas o  incumplimiento  de  las  obligaciones  inherentes  a  esta  pena,  el  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario,  Inpec, dará inmediato aviso al juez de  ejecución  de  penas  y  medidas  de seguridad, para efectos de su revocatoria.   

11  Corte  Suprema  de  Justicia.  Auto  única  instancia,  radicado  8041 del 1 de  diciembre de 2004   

12 Auto  del 22 de octubre de 2002.   

13  Ib.   

14 Cfr.  C-312/2002   

15  Conforme  al  artículo  146 de la Ley 65 de 1993 son: los permisos de 72 horas,  la  libertad y franquicia preparatorias, los trabajos  extramuros y la penitenciaría abierta.   

16  Consejo  de  Estado,  Sala  de  lo Contencioso Administrativo, Sección Primera,  sentencia  de  segunda  instancia proferida dentro de la acción de cumplimiento  radicada  bajo el No. 25000-23-26-000-2001-0485-01, promovida por la Defensoría  del  Pueblo contra la Dirección de la Penitenciaría Central de La Picota, para  hacer  efectivo  el  cumplimiento  del  artículo  5° del Decreto 1542 de 1997,  “Por el cual se dictan medidas en desarrollo de le  Ley   65   de   1993   para   descongestionar   las  cárceles”.  La  norma  reglamenta  el  artículo  147  de  la  Ley 65 de 1993 y  señala   que   “los   directores   de   los  establecimientos  carcelarios  y  penitenciarios   podrán  conceder  permisos  de  72  horas  a  los condenados en única, primera y segunda  instancia,  o  cuyo  recurso  de  casación  se  encuentre  pendiente, previo el  cumplimiento  de  los requisitos allí señalados”(Se refiere al artículo 147  de la ley 65/93). (Original sin subrayas).     

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