34615(02-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34615  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 69   

Bogotá,   D.C.,  dos (2) de marzo de dos mil once (2011)   

VISTOS  

La  Sala  se pronuncia sobre la viabilidad de  las  demandas sustento del recurso de casación instaurado por los apoderados de  ANDRÉS   MAURICIO  CRUZ  ARBELÁEZ,  DIEGO  FERNANDO  ARTEAGA   PÉREZ  y  DUVÁN  TRIVIÑO  MORALES  contra  el fallo del 13 de abril de  2010  proferido  por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante el cual modificó  el  emitido  el  27  de agosto de 2009 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  esta  ciudad,  que los condenó a prisión de quinientos diez  (510)  meses  cada  uno,  multa  de  6.999  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el término de veinte (20) años y les negó el mecanismo sustitutivo de la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  de  prisión  o  su  sustitución  por  la prisión domiciliaria, al hallarlos coautores responsables  del delito de secuestro extorsivo agravado.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

En la sentencia de segunda instancia, fueron  resumidos de la siguiente manera:   

“…el día 14  de  abril  de  2008,  en esta ciudad, fue secuestrado el señor Ramón de la Hoz  Rosales.   Seguidamente,  sus  familiares  recibieron  exigencias  de  carácter  económico  a cambio de la liberación. Fue así como el día 18 del mismo mes y  año,  en  la  ciudad  de  Barranquilla,  tuvieron  que  entregar un vehículo a  personas  desconocidas.  Además,  luego  de  las respectivas conversaciones, se  acordó  que Jesús de la Hoz Rosales, hermano de la víctima, les entregaría a  los  secuestradores  $28.000.000 en efectivo y un automóvil Renault Mégane, en  el  establecimiento  comercial  Homecenter,  ubicado  en  la Autopista Norte con  calle 170, el día 23 de abril de 2008.   

Empero,  como  ya  se había planificado el  operativo  por parte de unidades del CTI GAULA NACIONAL, en el encuentro para la  entrega  del  dinero  y el automotor, allí fue rescatado el señor Ramón de la  Hoz  Rosales  y capturados ANDRÉS MAURICIO CRUZ ARBELÁEZ, DUVA DUVÁN TRIVIÑO  MORALES  y  DIEGO  FERNANDO  ARTEAGA PÉREZ.   

Como el recién liberado informara que en la  casa  ubicada  en la calle 175 No 57-16 de esta ciudad, donde había permanecido  cautivo,  se encontraba una persona también secuestrada, tras emitirse la orden  de  registro  y allanamiento por parte de la Fiscalía, el personal del GAULA se  trasladó  a  dicho  lugar,  donde efectivamente fue rescatado el señor Rodolfo  Enrique  Blanquicet  Coneo, quien les confirmó a las autoridades que se hallaba  secuestrado y consintió en que entrara a liberarlo.   

Valga  aclarar  que  el  señor  Blanquicet  Coneo,  retenido  desde  el  23  de  septiembre de 2007, estaba solo”1.   

El 13 de junio de 2008, ante el Juez Segundo  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de esa ciudad, la Fiscalía  formuló  acusación  contra  CRUZ  ARBELÁEZ, ARTEAGA  PÉREZ    y    TRIVIÑO  MORALES   como  coautores  del  delito  de  secuestro  extorsivo agravado.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Demanda   a   nombre   de   ANDRÉS    MAURICIO    CRUZ    ARBELÁEZ.   

Se     propone    como    cargo     único    la    nulidad    por  desconocimiento   del   debido   proceso   por   afectación  sustancial  de  su  estructura.   

El  mismo  tiene  origen  en  la motivación  precaria  o  incompleta de la sentencia, porque el ad quem en vez de declarar la  nulidad  o  acoger los argumentos de la defensa de CRUZ  ARBELÁEZ    y    ARTEAGA  PÉREZ,  que  pedía la absolución por violación del  principio   de  congruencia,  profiere  un  fallo  conforme  con  la  acusación  vulnerando  el  debido  proceso  por  afectación  del  derecho a la defensa, de  contradicción  y  de  la  doble  instancia,  por  no  examinar los alegatos del  defensor de los acusados.   

La  irregularidad  es  trascendente  porque  además  de  no asumir “el  dilema” de la legitimidad  de  la  sentencia,  tampoco  señaló  “los  motivos  por los cuales no compartió los argumentos acerca de  la  incongruencia”, con lo  cual  quebrantó  el  derecho de contradicción que se agota con la sentencia de  segunda instancia.   

Además  lesionó la doble instancia, ya que  el  defensor de CRUZ ARBELÁEZ  circunscribió    “su  defensa   a   contra-argumentar   los   razonamientos   del   a  quo”,  sin  ofrecer argumentos respecto de  un delito por el cual no había sido condenado.   

A  juicio  del  casacionista  lo  correcto  “era  corregir  el error  del   juez”  mediante  la  nulidad  y no uno congruente con la acusación, porque de ese modo se vulnera el  derecho a la doble instancia.   

Demanda   a   nombre   de   DIEGO    FERNANDO    ARTEAGA   PÉREZ   y  DUVAN        TRIVIÑO        MORALES.   

Se proponen cuatro (4) cargos.  

Con    sustento   en   la   causal  primera se aduce que las reglas de  la  competencia  fueron  desconocidas  por  el  juzgado, pues al condenar por el  delito  de  extorsión  y no tener en cuenta la cuantía, desconoció las reglas  del  procedimiento  penal  para asumir el conocimiento de procesos por esa clase  de delitos.   

Asimismo,  la  primera  instancia  ha debido  proferir  fallo  absolutorio  por  atipicidad de la conducta, puesto que el tipo  penal     no     contempla    la    “coacción       moral” que permitiera dictar sentencia por ese delito.   

Con   fundamento   en   la   causal  segunda  se reclama la nulidad del  proceso  por  vulneración  de  la  regla  de la congruencia entre el escrito de  acusación y la sentencia.   

La  hipótesis  la  construye a partir de la  decisión  del a quo de abandonar el marco conceptual del escrito de acusación,  cuando  desconoce  la  solicitud  del Fiscal que pidió condena por el delito de  secuestro  extorsivo  y  motu  proprio  profiere  sentencia  por  el  punible de  extorsión.  A partir de este hecho, cualquier actuación emerge contaminada por  la  nulidad,  pues ni siquiera el ad quem  podría argumentar y afirmar que  existió  secuestro,  ya  que  la  congruencia  está  ligada  al  principio  de  legalidad.   

Al    amparo    de    la    causal  tercera  postula  tres  cargos por  errores de hecho.   

En   el   primer  cargo  por  falso  juicio  de existencia, aduce que el  Tribunal   ignoró   que   Rodolfo   Enrique  Blanquicet  se  retractó  de  las  afirmaciones  hechas en la entrevista y optó por darle absoluta credibilidad al  testimonio de los agentes del CTI que participaron en su rescate.   

El    segundo  cargo por falso juicio de identidad, tiene sustento en  la  suposición  de  la  existencia  de  CHECHÉ  y  EL  MONO,  a  pesar  de  la  retractación  del  testigo  de  cargo  de  la  Fiscalía, otorgando de ese modo  carácter   de   plena   prueba   a   la   versión   de   Ramón   de   la  Hoz  Rosales.   

Asimismo  le atribuye al Tribunal suponer la  identidad   del   “grupo  secuestrador”     y  distorsionar la prueba al hacerle decir lo que no informa.   

Y   el   tercer  cargo  por  violación de la sana crítica, se edifica  en  la  trascendencia  otorgada  al  hecho  de  encontrar  a  Blanquicet  Caneo,  secuestrado  en  un  inmueble  que  según  la  prueba  documental no reúne las  características     de     un     “sitio   de   permanencia”.   

En   su  opinión,   la  apreciación  probatoria   del   Tribunal   es  ilógica  al  tener  como  hechos  indicadores  circunstancias  que no estructuran la certeza, aceptar la existencia de personas  sin  demostrar  la  relación  personal  y  criminal con los procesados, otorgar  credibilidad   a   la   entrevista   de   Blanquicet   Coneo   sin  “encontrar  la razón suficiente en su  aspecto  negativo  que  permita  superar  la etapa de las conjeturas”,   desconocer  el  testimonio de  los  vecinos  sobre  el  comportamiento  del  secuestrado  y omitir la prueba de  descargo.   

CONSIDERACIONES  

Demanda   a   nombre   de   ANDRÉS          MAURICIO         CRUZ         ARBELÁEZ.   

La  demanda carece de aptitud sustancial que  permita  disponer  su  trámite,  porque aun cuando aparentemente cumple con los  requisitos  de  forma,  en  cuanto  señala  la causal, el cargo e identifica el  error,  el  mismo  no  tendría  ninguna  vocación  de  prosperidad frente a la  resolución del caso.   

La  afirmación  del censor, conforme con la  cual  el ad quem frente a un caso de incongruencia únicamente tiene competencia  para  declarar  la  nulidad,  parte  de  una  argumentación  sofística bajo el  supuesto  de  que  una  decisión  distinta  a  ella,  constituye violación del  principio de la doble instancia.   

Recuérdese  que  la  competencia  funcional  derivada  del  recurso  de  apelación no está delimitada por la naturaleza del  asunto,  sino  por  el  interés  jurídico del impugnante en razón del agravio  recibido con la decisión cuestionada.   

Desde  esta  perspectiva,  desconoce  que el  fiscal  impugnó  él fallo de primera instancia con el único propósito que se  cumpliera  con  lo  previsto  en  el  artículo 448 de la ley 906 de 2004, en el  entendido  que los acusados podían ser condenados únicamente por los hechos de  la  acusación  y  de  acuerdo  con  su  petición  final,  bajo el supuesto del  cumplimiento   de   los   requisitos   para   solicitar  una  sentencia  de  esa  naturaleza.   

Establecida de manera objetiva que la condena  impuesta  no guarda consonancia con la acusación ni la petición del fiscal, el  juez  de  segunda  instancia  queda  compelido  a  examinar los medios de prueba  debatidos  en  el  juicio oral y las razones jurídicas expuestas en ella, tarea  en   la   que   indudablemente  enjuicia  la  legalidad  del  fallo  de  primera  instancia.   

En  dicha  labor,  si  el  ad  quem llega al  conocimiento  más  allá  de  toda duda, acerca del delito y la responsabilidad  penal  del acusado, le corresponde modificar la sentencia impugnada para hacerla  congruente  con  la  acusación;  si  las  pruebas  debatidas en el juicio no le  llevan  a  ese conocimiento, necesariamente deberá absolver al acusado, a menos  que  haya  habido  petición expresa de la fiscalía para condenar por un delito  distinto  al  de la acusación, siempre que se haya respetado el núcleo básico  de   la   acusación  y  se  reúnan  los  demás  requisitos  exigidos  por  la  jurisprudencia  de  la  Sala.  Habrá  de  tener  en  cuenta,  sin  embargo,  la  prohibición de reforma en peor en los casos de apelante único.   

Desde  esta  perspectiva, la obligación del  Tribunal  era  corregir el error del a quo puesto de presente en la impugnación  por  la Fiscalía, ya que como el mismo no constituía motivo de nulidad, era la  oportunidad  procesal  y  legal  para  enmendarlo.  Si  hallaba, como finalmente  encontró,  que  la  prueba  debatida  en  el  juicio  oral  era suficiente para  condenar  a ANDRÉS MAURICIO CRUZ ARBELÁEZ   y   los   demás   coacusados,  resultaba  innecesaria  cualquier  referencia  expresa  al  contenido de la alegación de su apoderado, pidiendo la  absolución por un delito que no fue objeto de la acusación.   

Luego el método utilizado por el Tribunal y  que  incomoda  al  casacionista  es  el  adecuado,  cuando  advirtió  según la  transcripción  del  fallo  atacado  hecha  en  la demanda, que haría el examen  probatorio  para  determinar  si  había  lugar  a  condenar por el delito de la  acusación  y “sólo si la  conclusión  fuere  negativa,  se  ocupará  de  estudiar  la  legitimidad de la  condena  de  extorsión  de cara a la cuestionada congruencia entre acusación y  sentencia”.   

El que la defensa haya omitido su obligación  como  era  su  deber,  de oponerse a la solicitud de condena por el delito de la  acusación  pedida  por  la  Fiscalía  en  la  impugnación del fallo de primer  grado,  ninguna  violación  constituye  del  principio  de la doble instancia y  menos  al  haber  alegado  una  situación jurídica distinta, que se encontraba  ligada a los resultados de aquella.   

Pretender  que  el  ad  quem  se  ocupara de  resolver  acerca  de  la  responsabilidad  penal  por un delito para ese momento  inexistente,      ciertamente      “resulta      superfluo”   cuando  el  Tribunal  había  encontrado  razones  probatorias  y  jurídicas   suficientes   para  declararlos  culpables  de  los  hechos  de  la  acusación  y  de  la  conducta  punible  por  la  cual  el Fiscal solicitara su  condena.   

Demanda   a   nombre   de   DIEGO    FERNANDO    ARTEAGA   PÉREZ   y  DUVAN        TRIVIÑO        MORALES.   

La  demanda  no  reúne los presupuestos que  permitan  disponer  su  selección,  porque  falta  a  los requisitos formales y  materiales  previstos  en  los  artículos 183 y 184 inciso 2º de la ley 906 de  2004,  ya  que  al  desarrollar los cargos omite la técnica que en esta sede se  exige en su formulación.   

La  Sala  tiene  dicho  que del hecho que la  casación  proceda  como control constitucional y legal contra las sentencias de  segunda  instancia,  no  se  deriva que los requisitos de técnica propios de la  impugnación  extraordinaria  hayan  desaparecido  y  que la demanda mediante la  cual  se  interponga  el  recurso  no  requiera  la  enunciación de la clase de  violación   de  la  ley  sustancial,  la  causal  y  ningún  requisito  en  la  proposición y fundamentación del cargo formulado.   

La  casación  no  ha  perdido su entidad de  juicio  lógico  jurídico, lo que obliga al recurrente a observar reglas que la  hacen  diferente  a  los  alegatos  de  las  instancias ordinarias, en donde los  cargos  sean  identificados  mediante  la  proposición de los errores de manera  objetiva,   coherente   y   sin   contradicciones,   siendo   ajena  al  recurso  extraordinario   la   interpretación   de   las   alegaciones   hechas   en  la  demanda2, la modificación y la readecuación de los reparos.   

El    cargo  primero  propuesto  al  amparo  del  numeral  1º  del  artículo  183  de  la  ley  906  de  2004  por  aplicación  indebida de la ley  sustancial  es  inadmisible,  al  denunciar  la  violación  de las reglas de la  competencia  y  proponer como solución una sentencia absolutoria por atipicidad  de la conducta, error que atribuye al fallo de primera instancia.   

Según  el  mismo artículo 181 de la citada  ley,   la   casación  procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia,  esto  es, que cualquiera de los errores de juicio o de procedimiento  que  dan  lugar  a  la  impugnación  extraordinaria  deben  originarse  o tener  fundamento en ellas.   

De ahí que el reparo carezca de fundamento,  cuando  el censor lo endilga únicamente al a quo sin tener en cuenta como ya se  dijo,  que la casación procede contra las sentencias de segunda instancia y que  el  fallo  de  primer  grado  fue  modificado  por  el  Tribunal en virtud de la  competencia  funcional  otorgada  por el recurso de apelación, debiendo en este  caso,  como  era  su  obligación,   mostrar  que  el  error  denunciado se  extendía  a  dicha  decisión.  Sin  embargo no lo hizo, porque el mismo no era  predicable de la decisión del Tribunal.   

La  supuesta  vulneración  del principio de  congruencia,  alegada  en  el cargo segundo, es inexistente.   

La competencia funcional adquirida por virtud  del  recurso  de  apelación  es  limitada,  esto es, que el ad quem sólo puede  revisar  los  aspectos que son materia de impugnación y del interés particular  del  apelante.  El  objeto  de  la  impugnación  se  vincula  con  el  interés  jurídico,  de  modo  que no es el motivo expuesto y alegado en la apelación el  que  le  confiere la competencia al superior, sino sólo aquel que legitima a la  parte para recurrir.   

Luego si al fiscal, entre otras atribuciones,  le  corresponde  las  de  presentar  la acusación ante el juez del conocimiento  para  dar  inicio  al  juicio oral y la teoría del caso, intervenir en la etapa  del  juicio en los términos de la ley 906 de 2004, e interponer y sustentar los  recursos  ordinarios,  tiene interés jurídico para que la sentencia de condena  sea  dictada  conforme  a los hechos de la acusación y por los delitos que haya  pedido condena.   

De  ahí  que  el  Tribunal  por  vía  de  apelación  y  en el ámbito de su competencia al acoger la argumentación de la  Fiscalía  para que se modificara la sentencia de primera instancia, limitara su  actividad  a  restablecer  el principio de congruencia desconocido por el a quo,  que  como  garantía  del  derecho  a  la defensa y unidad lógica jurídica del  proceso,  propende porque la sentencia guarde concordancia con la acusación, lo  demostrado y lo solicitado por la fiscalía en el juicio oral.   

De manera que la falta de congruencia conduce  a  que  el ad quem o incluso el juez de casación adecuen el fallo a la realidad  fáctica  y  jurídica  de la acusación, cuando -como en este caso- el Tribunal  podía  hacerlo  en  virtud  del  interés jurídico de la Fiscalía, sin que su  modificación  constituyera  una  violación  a  la  reforma en peor como parece  sugerirlo  el  casacionista  y  obligara inexorablemente a la absolución de los  acusados,  en  contravía  al  entendimiento  de  la  jurisprudencia  sobre esta  materia.   

En  el  primer  reparo  del  cargo  tercero, postula un falso juicio de  existencia         por         “desconocimiento  u  ocultamiento  de  la  fuerza  persuasiva de las  pruebas”,  desconociendo  desde  un  principio  que  un  vicio  de  tal  naturaleza  se  relaciona  con la  contemplación    material    de    las    pruebas    y    no   con   su   valor  probatorio.   

Se  tiene  dicho  que  el  falso  juicio de  existencia  como  modalidad  del  error  de  hecho,  consiste  en  la omisión u  suposición de la prueba por el juzgador.   

El  supuesto error lo hace consistir en que  el  Tribunal  les otorga absoluta credibilidad a los agentes que participaron en  el    rescate    de    Rodolfo    Enrique    Blanquicet    Coneo    “dejando de lado que igual posibilidad  podría  tener  una  conducta contraria”  y  excluye  los  hechos  expresados  por  este  testigo, cuando su  “valoración  probatoria  habría  demostrado  una realidad diferente a la que vio el Tribunal”.   

Sin  embargo agrega que el Tribunal ignoró  que   varios   de  las  personas  que  mencionó  en  la  entrevista  no  fueron  individualizados  y  que  el testigo se retractó de la misma, para concluir que  de   haber   tenido   en   cuenta   dicha  circunstancia  fáctica  “habría       reafirmado      la  duda”, conclusión que no  soporta en ningún otro medio de prueba.   

Luego no es que haya ignorado materialmente  la  prueba  sino  que “Con  la  disminución,  mejor negación, de los hechos consignados que el H. Tribunal  ignoró  como  elementos de convicción”,    “se  frustra  su  aplicación  que  habría significado darle un sentido diferente al  fallo”,  con  lo  cual es  evidente  que  hace  confuso el reparo pues en definitiva no identifica la clase  de  error  postulado  en  este cargo, ya que la degradación de la certeza tiene  origen  en  “los yerros de  exclusión  y de valoración probatoria”.   

La  falta de técnica es evidente cuando en  el  cargo  siguiente,  refiere un falso juicio de identidad por una “falsa     apreciación    de    la  prueba”,  al  suponer  el  Tribunal  la  existencia  de personas a pesar de la retractación del testigo de  cargo  y  otorgarle  el  carácter  de  plena prueba a  “los  dichos”    de    Ramón    de    la    Hoz  Rosales.   

Y  aun  cuando  señala  que el juzgador le  “hizo  decir a la prueba  algo  que no informa”, esto  es,   distorsionó   el   contenido   “por    la    no   corroboración   con   el   conjunto   probatorio  existente”,    nada  dice.   

En efecto, cuando en casación se postula el  error  de  hecho por falso juicio de identidad, es imprescindible individualizar  la  prueba  o  pruebas  que  se afirma han sido objeto de distorsión, hacer una  confrontación  de  su  contenido  literal  con lo que de ellas se expresa en la  sentencia,  señalar  que  la  distorsión  obedece a la adición, mutilación o  alteración  del  medio probatorio y establecer la trascendencia del yerro en el  sentido del fallo.   

En ese sentido, el censor ningún esfuerzo  hace  por demostrar y desarrollar el error postulado, acudiendo por el contrario  a  indicar  que las premisas del fallo “requerían  transitar por los elementos de prueba para encontrar la  identidad”,   mientras  incompresiblemente  manifiesta  que la “deducción  –  inducción”  hecha por el  Tribunal  de  las  pruebas carece de certeza para condenar, pero que no obstante  “tienen incidencia en la  inferencia  lógica y en la conclusión”,  cuando  les  atribuye  “algo  que  no muestra su contenido fáctico y lo que su literalidad  enseña”.   

Y si el cargo parece referirlo al hecho que  supuso  y  a  los  dichos  de Ramón de la Hoz Rosales a los que el Tribunal les  otorgó   el  carácter  de  plena  prueba,  cuando  advierte  que  “no  fueron  llevadas  a  la sentencia  conforme  a  su genuina expresión, pues se les atribuyó una realidad contraria  a  la que demostraban”, con  esta  manera  de  argumentar  no  está  demostrando ninguna clase de error sino  ofreciendo  su  particular  punto  de  vista,  acerca  de lo que el casacionista  piensa   que   muestran   aquellas   “piezas      procesales”.   

Finalmente,    alega   una   violación  “A   la  lógica  sana  crítica”    por   la  trascendencia  y  relevancia  que  le  otorga  el Tribunal al hecho de encontrar  “secuestrado”  a  Blanquicet  Coneo,  sin  tener en  cuenta  que  se  hallaba  solo  en  el  inmueble, sin custodia, sin ataduras, ni  confinado     a    ningún    cuarto,    lo    que    constituye    “una     valoración     probatoria  ilógica”.   

Considera contraria a la lógica de la sana  crítica  la  existencia  de  un  número de personas, las cuales le permiten al  Tribunal  darle  identidad  a  un  grupo  de  secuestradores,  sin  demostrar la  relación  personal  de  ellas con los acusados ARTEAGA  PÉREZ    y    TRIVIÑO  MORALES,   “siendo  predicable la validez y subsistencia de la premisa probable  de inocencia”.   

Entiende que hay un error en la apreciación  y       valoración      de      las      pruebas      que     “afecta   de   manera  decisoria  los  razonamientos”   del  Tribunal,  mientras  que  estructura  la  responsabilidad  en  la  entrevista de  Blanquicet  Coneo  a  la que otorga plena credibilidad como a las otras pruebas,  “sin   que   se  pueda  encontrar    la   razón   suficiente   en   su   aspecto   negativo”.   

En  fin, el desconocimiento de “la  máxima  de  la  experiencia  en  materia   de   desarrollo   de   la   lógica  y  la  sana  crítica”,    la   falta   de   preocupación  “por descubrir la razón  de  la no probanza de la existencia de “personajes”  citados”    y    la  circunstancia,      según      la      cual,      el     fallo     “no  contiene  la certeza que mediante  inferencias   subjetivas   por   la   distorsión   que  se  le  aplicó  a  los  hechos”,   cuando   no  constituyen  lugares  comunes son expresiones propias de un alegato de instancia  que ningún error de juicio muestran en la sentencia atacada.   

Aun cuando el censor no lo denomina así, el  reparo  parece  dirigirlo  por  la  vía  del  falso  raciocinio  cuya  técnica  desconoce   porque   en  tal  caso  se  le  imponía  señalar  que  es  lo  que  objetivamente  expresa  el  medio  probatorio sobre el que predica el error, las  inferencias  que  extrajo  el  juzgador  de  él  y  el  mérito suasorio que le  otorgó,  indicar el axioma de la lógica, el principio de la ciencia o la regla  de  la  experiencia  ignoradas y cuál de ellas la correctamente aplicable, para  finalmente demostrar la trascendencia del error en la sentencia.   

En  este  sentido,  resulta  insuficiente  denunciar  la  violación de las reglas de la sana crítica por una “valoración         probatoria  ilógica”,  sin  enseñar  sobre  que  prueba recayó y como se llegó a ella, porque la generalidad con la  que   es   asumido   el   reproche  y  la  forma  confusa  como  lo  desarrolla,  atribuyéndole   errores   en  el  razonamiento  al  Tribunal  sin  precisar  su  naturaleza,     o     pidiendo     “la  razón suficiente en su aspecto negativo que permita superar la  etapa  de  las conjeturas”,  o    que    a   la   luz   de   la   sana   crítica   el   fallo   “no  contiene  la certeza que mediante  inferencias  subjetivas  por  la distorsión que se les aplicó a los hechos que  surgen  de  las  pruebas”,  dan al traste con su admisibilidad.   

Por último, dado que la sentencia impugnada  no  se manifiesta injusta, ninguno de los motivos previstos en el inciso 3º del  artículo  184  de  la  ley 906 de 2004 permite superar los defectos de técnica  señalados a la demanda para decidir de fondo.   

La  Sala  no  seleccionará  la  demanda ni  tampoco  dispondrá  su  intervención  oficiosa en este asunto, por cuanto como  quedó  dicho,  no  se  afectaron  los  derechos ni se vulneraron las garantías  fundamentales de los sujetos procesales.   

Finalmente, contra la determinación que se  adoptará  procede el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal  es el siguiente:   

“a-  …   sólo   puede  ser  promovida  por  el  demandante  dentro  de  los  cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  que  inadmite  la  demanda  de  casación  u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b- La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c-  Es potestad del funcionario ante quien  se  formula  la  insistencia  someter el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en  un  término  de  quince (15) días”3   

.  

En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero.-   NO  SELECCIONAR  la  demanda  de casación  presentada por los defensores de los  acusados   ANDRÉS  MAURICIO  CRUZ  ARBELÁEZ,  DIEGO  FERNANDO     ARTEAGA     PÉREZ    y    DUVÁN TRIVIÑO MORALES.   

Segundo.  Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO       

                  Cita medica   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                                      ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                        

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                         JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 13 de  abril  de  2010,  Tribunal Superior de Bogotá; folios 40 y 41, cdno original de  segunda instancia.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

3Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

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