34601(18-01-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 34601  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta No. 7   

Bogotá D.C., dieciocho (18) de enero de dos  mil doce (2012)   

VISTOS:  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  mecanismo  de  insistencia  elevado  por  el Procurador Segundo Delegado para la  Casación  Penal, consistente en reexaminar si a HERWIN JESÚS RODRÍGUEZ SANTOS  le  fue vulnerada su garantía fundamental a la defensa en el proceso dentro del  cual  fue condenado por la conducta punible de lesiones personales, por ende, se  supere los defectos de la demanda.   

HECHOS:  

El 20 de marzo de 2008, en horas de la noche,  María  del  Pilar  Reyes García, se desplazaba como pasajera en la motocicleta  maniobrada  por  José Gregorio Granados por la ciudad del Socorro (Santander) y  en  la  intersección  de  la  carrera  13  con  calle  14,  colisionaron con el  automóvil  de  placas  BOF 984 conducido por HERWIN JESÚS RODRÍGUEZ SANTOS, a  consecuencia  de lo cual, aquélla sufrió la fractura de la meseta tibial de la  rodilla  con hundimiento de la carilla articular lateral y contusiones en varias  partes  del  cuerpo que le ameritaron una incapacidad médico legal de 70 días,  además   de   secuelas   consistentes   en   deformidad  física  de  carácter  permanente.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  El  20  de  mayo  de 2009 y ante el Juez  Segundo  Promiscuo  Municipal  del  Socorro, se le formuló imputación a HERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  SANTOS,  como  presunto  autor  del  delito  de lesiones  personales culposas, reproche que  no aceptó.   

2.  Radicado  el  escrito  y  asignada  la  competencia  de  conocimiento  al  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal de esa  localidad,  el  14  de  julio  de  la  anualidad que cursaba, se acusó a HERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  SANTOS  como  probable  autor  del  delito  de  lesiones      personales     culposas1.   

3.  El 12 de agosto siguiente se celebró la  audiencia                preparatoria2;  y  el  16  de  octubre de la  misma  anualidad  se  verificó  la  vista  pública  de juicio oral3,   sesión  última  donde  se  anunció  el  sentido  condenatorio  del  fallo  y  se otorgó el término de 30 días para  que   los   interesados  se  expresaran  sobre  el  trámite  del  incidente  de  reparación integral.   

4. Mediante sentencia de 19 de enero de 2010,  el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  del Socorro condenó a HERWIN JESÚS  RODRÍGUEZ  SANTOS  como  autor  del delito de lesiones  personales                  culposas4  a  la  pena  de  6 meses y 10  días  de  prisión;  la  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un período igual a la sanción principal; la suspensión por 12  meses   del   derecho  a  conducir  automotores;  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena; y como con posterioridad al juicio  oral,  la  víctima  presentó  desistimiento  de  la  acción penal5, fue declarado  improcedente, dado lo extemporánea de su manifestación.   

5.  Inconforme con la decisión, el defensor  de  HERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  SANTOS  la  apeló  y  el 14 de abril de los que  cursaban,   el   Tribunal   Superior   de   San   Gil  la  confirmó6.   

6.  En  desacuerdo  con  el  fallo, el ahora  apoderado  del  acusado  HERWIN JESÚS RODRÍGUEZ SANTOS interpuso el recurso de  casación.   

          7.   La  Corte,  mediante  providencia del 2 de junio de 2011, inadmitió la demanda de casación  presentada  contra  la sentencia de segunda instancia.  Dentro del término  establecido,  el  defensor  solicitó  insistencia  ante  el  Procurador Segundo  Delegado para la Casación Penal.    

EL ESCRITO DE INSISTENCIA  

Luego  del examen pertinente de la petición  elevada  por el defensor, el representante del Ministerio Público consideró la  existencia  de  un  “perjuicio grave” al derecho de defensa del sentenciado.   

Así,  luego  de  hacer  un  recuento  de la  actuación  surtida,  la demanda y la providencia por la cual se rechazó ésta,  elaboró  una  síntesis  de  los  requisitos  exigidos  por  la  Sala  para  su  admisión,  los  condicionamientos  establecidos  por la ley y la jurisprudencia  para  hacer  uso  del mecanismo de insistencia y así concluir que evidenció de  la  revisión  del  expediente  una  posible transgresión del derecho al debido  proceso,  por  lo  cual “es preciso que la Corte haga  uso  de  su  facultad  para  superar  los defectos de forma y decida de fondo el  problema”.   

Para  el  Ministerio  Público, el procesado  desde  el comienzo reconoció su responsabilidad en el accidente y manifestó su  voluntad  de  indemnizar a la víctima, con base en lo dispuesto en el artículo  76  de  la  Ley  906  de  2004,  intención  ignorada  por  la defensa, quien lo  representaba   a   él   y   a  la  aseguradora  simultáneamente,  “presentándose      una      evidente      yuxtaposición      de  intereses”.   

El  Delegado  estima  que  no  es  admisible  cohonestar  con  una  deficiente defensa técnica, aun cuando obre en el sumario  prueba    incriminatoria    contundente    e    idónea,    pues    “la  mayoría de las veces esa condición superlativa de la prueba  de  cargos  se fundamenta y se halla en relación directamente proporcional…al  abandono     o     carencia     de     una     eficaz     representación    del  incriminado”.   

Así,  la garantía del derecho a la defensa  no  consiste  solo  en  contar  nominalmente con un abogado, es necesario que su  actividad  se  materialice  mediante  actos  positivos  de  gestión o actitudes  vigilantes  del  acontecer  procesal  susceptibles  de  ser verificadas mediante  actuaciones  objetivas y siendo ese axioma una condición esencial de validez de  la  actuación,  no puede reducirse a ciertos estadios de ella ni convertirse en  una prerrogativa opcional en el trámite del proceso.   

Desciende al caso concreto para acotar que no  se  salvaguardó  efectivamente  la  mencionada  garantía,  pues a pesar que su  defensor  tuvo un papel activo, donde solicitó las pruebas encaminadas a buscar  su  absolución  contrario  a  lo pretendido por el procesado desde el comienzo,  que  era la indemnización, “lo cual iba en contra de  los  intereses  de  HERWIN  JESÚS  RODRIGUEZ  (sic) SANTOS, pero en favor de la  aseguradora  a quien le convenía llevar a sus últimas consecuencias el proceso  penal  para  lograr  una eventual exoneración y así no tener que pagar por los  daños ocasionados por su cliente”.   

Afirma  que  la  defensa pretendió asesorar  intereses  encontrados,  con  lo  que  ocasionó  un  perjuicio  grave a los del  encausado,   por   lo   que,   en   su   criterio,  el  cargo  está  llamado  a  prosperar   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

Tanto    los    Convenios   y   Tratados  Internacionales   relativos   a   Derechos  Humanos7    como    la   normatividad  colombiana8  y  la  jurisprudencia, tanto de esta Corporación como de la Corte  Constitucional,  consagran el derecho de defensa como una garantía inherente al  debido proceso judicial.   

Así,  cuando  en  casación  se  alega  la  violación del derecho de defensa técnica,  es  deber  del  demandante  demostrar  que  el sindicado careció  totalmente  de  asistencia jurídica durante las fases de la investigación o el  juzgamiento  por  falta  de  designación  de  un  abogado,  o que pese a contar  nominalmente  con  uno, el profesional encargado de su ejercicio desatendió por  completo  los  deberes  que  el  cargo  le  impone,  generando una situación de  desamparo total del imputado.   

La  ausencia  de actividad de quien asume la  representación  del  encausado, no siempre implica vulneración de la garantía  en  comento,  ni por tanto nulidad del proceso, pues ese silencio, dentro de los  límites  de  la racionalidad, es también una forma de estrategia defensiva, no  menos  efectiva  que  una  activa  postura controversial.  Por esta razón,  sólo  cuando  se  advierte  que  el  togado no ha desarrollado tampoco actos de  vigilancia  del  acaecer  judicial, es posible afirmar que se está en presencia  de   una   situación   de   abandono  de  la  gestión  encomendada9.   

En  ejercicio  de esa labor, el jurista, sin  importar  la  calidad  en  la  cual actúe (bien sea de confianza, público o de  oficio),  tiene  total  iniciativa  para llevar a cabo la estrategia defensiva y  puede   presentar   las  solicitudes  que  considere  acordes  a  esa  gestión,  interponer  los  recursos  pertinentes,  o  incluso a pesar de tener una actitud  vigilante  del  desarrollo  de  la actuación, asumir una pasiva por estimar que  esa  puede  ser la mejor alternativa de amparo, y no por estar en desacuerdo con  la  estrategia  asumida,  o  haber  sido adversos los resultados del juicio, hay  lugar  a  sostener  que  el  derecho  de defensa ha sido violado por ausencia de  abogado  idóneo,  pues  la  ley  no  le impone a éste derroteros en torno a la  estrategia,  contenido,  forma  o  alcance  de  sus propuestas, ni la aptitud de  estas   gestiones   se  establece  por  los  resultados  del  debate10.   

Sobre  el particular, esta Corte11    ha  reiterado:   

“al  igual  que la Constitución y la ley  nacional,  el  derecho  de  defensa  hoy  por  hoy  se concibe como un verdadero  derecho  fundamental,  indesconocible  en  todas  las actuaciones estatales, con  mayor  razón cuando se trata del ejercicio del derecho del poder punitivo, pues  éste  más que cualquier otro, afecta esferas tan sensibles como la libertad de  locomoción.  Por  eso  no solo integra el concepto del debido proceso, sino que  es presupuesto de su legitimación.   

3. El derecho de defensa en sentido amplio y  elemental,  se  concibe  como  la  posibilidad  de  repeler  una agresión, o de  rechazar  lo  que  es  perjudicial.  Depurados  estos  elementos al interior del  proceso  penal,  tanto  la  jurisprudencia  como  la  doctrina han entendido que  la  defensa  se integra desde dos puntos de vista, la  material,   ejercida  por  el  propio  sindicado,  y  la  técnica,  que  es  la  desarrollada  por  un  profesional  del  derecho,  previamente  capacitado  para  afrontar  con  idoneidad,  seriedad  y  eficacia  las  acusaciones que el Estado  formula  en  contra  de  un  ciudadano sobre la comisión de delitos.   

4.  Todo  ello,  supone,  desde  luego,  el  derecho  y  la  oportunidad  de contradecir no solo los cargos, sino las pruebas  que  les  sirven  de  sustento.  En  esa  medida,  la  negación  de  una u otra  alternativa,  esto  es  la del reconocimiento del derecho como tal, así como la  de  su  ejercicio  al  interior  del  proceso  erosiona  las  bases de un debido  juzgamiento,  y  vicia de nulidad lo actuado cuando esa circunstancia se traduce  en  un  agravio,  o un mal concretado en la  sentencia, en relación con el  sujeto    que    debió   padecer   el   atropello.”   (Subrayas   fuera   del  original)   

Considera  en el caso concreto el Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal,  que  el  apoderado  “pretendió    asesorar    intereses    encontrados”  y con ello se ocasionó una lesión al derecho de defensa, pues en  su  sentir,  la estrategia de quien asesoró los intereses de RODRÍGUEZ SANTOS,  encaminada  a  buscar  su absolución no fue adecuada a pesar de haber tenido un  papel  activo  dentro  del  proceso con tal propósito, por cuanto la intención  del  encausado  era  resarcir los perjuicios, lo cual era contrario a lo buscado  por  la  aseguradora  “a quien le convenía llevar a  sus   últimas   consecuencias   el  proceso  penal  para  lograr  una  eventual  exoneración”.   

Intrascendente se revela el planteamiento que  eleva  a  la Sala el representante del Ministerio Público, pues de su petición  se  colige  que la estrategia defensiva por la cual se buscó la absolución del  procesado  afectó  la  garantía  cuestionada,  como  quiera, que en su sentir,  RODRÍGUEZ  SANTOS  tenía ánimo de indemnizar el daño causado desde un primer  momento,  pero  sin  que nunca lo materializara.  Así, bien lo reconoce el  Delegado,   diserta  de  la  estrategia  de  absolución  especulando  sobre  la  existencia  de  una yuxtaposición de intereses por la representación en cabeza  del  mismo  abogado  de la aseguradora y el sindicado, sin acreditar el por qué  de  su  afirmación,  la  que  por  demás, no se evidencia en ninguna parte del  expediente, quedando así, sólo en su imaginario.   

Desde el albor del trámite procesal, HERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  SANTOS contó con asistencia jurídica, siempre encaminada a  buscar  su  absolución y si ésta no era su intención, bien pudo considerar la  revocatoria  del  poder conferido al togado de confianza, que previamente había  contratado  con  la  aseguradora  y  designar  otro,  o  inclusive, solicitar un  defensor   de   oficio   que   planteara  una  estrategia  diferente,  actos  de  disposición que no efectuó.   

De  la misma manera si su férreo sentir era  el  del  resarcimiento, pudo hacerlo, sin requerir para ello de la asistencia de  un   togado,   intención   inconclusa   que   aún   avanzado   el  juicio,  no  realizó.   

Olvida el Procurador Delegado que además de  revisar   si  el  libelo  casacional  reúne  los  mínimos  requisitos  lógico  argumentativos  exigidos  para  ser  admitido,  es  tarea de la Corte revisar la  eventual  vulneración  de garantías fundamentales de los intervinientes dentro  del  trámite,  deber que realizó la Sala, y por lo cual en el auto inadmisorio  frente a la situación por él ahora cuestionada indicó:   

“Así,  reseña  en  el  libelo  y ahora lo verifica la Sala en el contenido de los registros, la  participación  de  varios  profesionales  del  derecho  en  el  desarrollo  del  trámite  y  su  activo  protagonismo  en  las  audiencias y la del juicio oral,  escenario  último  donde  abanderó la tesis de inocencia de RODRÍGUEZ SANTOS,  para  lo  cual presentó elementos materiales de prueba, controvirtió los de la  fiscalía  y  demandó  del  juez de conocimiento como pretensión principal, la  absolución de su representado.   

Ahora, precluidos estos eventos procesales y  en  discrepancia  con las resultas y consecuente declaratoria de condena, estima  que  el  manejo  de  la  situación jurídica de HERWIN JESÚS RODRÍGUEZ SANTOS  debió  ser otra, que podría ser tratada de manera diferente y haber optado por  la  terminación del proceso a través de la indemnización integral mediante el  pago  de daños y perjuicios a la víctima, espacio en el cual especula, se pudo  optar  por  la  probable aplicación del principio de oportunidad en tres de sus  causales,  al  tratarse  del  delito  de  lesiones personales, que en su sentir,  constituye también un hecho punible querellable.   

Sin  embargo  se  advierte,  que  agotada  la ritualidad y hasta mucho después de haber concluido  la  oportunidad  procesal  para  el  evento  resarcitorio,  éste  no  se había  verificado  por  parte  del  acusado,  como  el  mismo  recurrente lo acepta, so  pretexto,  de haber obedecido al presunto incumplimiento del contrato de seguros  de  quien  llamó en garantía para tales efectos, circunstancia inoponible a la  actuación  penal,  por  tratarse  de  una  relación extraprocesal de carácter  eminentemente   privado,   susceptible   de   regular,   exclusivamente  por  la  jurisdicción  civil  y  extraña  a  la relación jurídica sustancial debatida  dentro de la cuerda de este trámite.   

Es evidente que la demanda se constituye en  el  sofisma  mediante  el  cual,  el  apoderado  del acusado luego de agotar las  instancias  con  un  fallo  condenatorio en su contra, ahora con un argumento de  ausencia  de defensa técnica, pretende desconocer el principio de preclusividad  de  los  actos  procesales,  conforme  al  que,  existen momentos instrumentales  otorgados  por  el  legislador como oportunidades a las partes, para que ejerzan  potestativamente  mecanismos en procura de sus intereses, como interposición de  recursos,  solicitud de pruebas e incluso para algunos eventos en tratándose de  delitos  querellables,  desistir  de  la  acción  penal  y  terminar  de manera  anticipada  la  ritualidad  que  se surte, como aquí ocurrió, que esperaron  indemnizar los daños causados a la víctima, más allá  del   momento  en  que  la  ley  adjetiva  lo  permitía  para  desistir  de  la  querella.   

Con  todo lo anterior olvida el censor, que  la  función  del  defensor,  bien se trate de uno de confianza en cualquiera de  las  formas  en  que se otorgue el mandato, ya sea de manera directa o a través  de  una  empresa  previamente  contratada  para proveer ese servicio, como es el  evento  que aquí ocurre por medio de una compañía de seguros y como resultado  de  un  siniestro;  de oficio; o, vinculado al servicio de defensoría pública,  en  ejercicio  de  la  actividad de asistencia y asesoría legal tiene absolutas  facultades  para  ejercer  la  postulación  que  se  le hace, donde le es dable  presentar  solicitudes  acordes  con la gestión encomendada y encaminadas a una  estrategia,  la  cual  carece  de  rigurosidad,  menos  aún  que  ésta se  encuentre   preestablecida   de   manera   alguna.”   (Resaltados   fuera   de  texto).   

De aceptarse el planteamiento del Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal,  en el entendido que el procesado  estuvo  asistido  jurídicamente  en  este  asunto,  pero no obtuvo el resultado  esperado  (absolución), estrategia defensiva en su sentir inadecuada, serviría  también,  para  abrir  una  brecha  inmensa  en  la  cual  el  ejercicio  de la  profesión  de  la  abogacía  no conllevaría una obligación de medio, sino de  resultado,  pues si éste no es el esperado, se podría interpretar –  con  base  en  su tesis –  que  una  defensa  técnica  que  no  obtenga  el  fin  esperado por su mandante vulnera la garantía cuestionada y se  sometería        a        la        material12,   situación   totalmente  inaceptable y contraria su libre ejercicio.   

Por las motivaciones anteriores, la Sala no  accederá  a  la  solicitud  de  insistencia deprecada por el Procurador Segundo  Delegado para la Casación Penal.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

1.   NEGAR   el  mecanismo  de  insistencia presentado por el Procurador Segundo Delegado Para la  Casación Penal.   

2.    Las  determinaciones  adoptadas  en  el  auto por el cual se inadmitió la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HERWIN JESÚS RODRÍGUEZ SANTOS se  mantienen.   

3.  Contra  la  presente providencia no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                           SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                             AUGUSTO       J.      IBÁÑEZ  GUZMÁN   

                                                                                                                          Permiso   

                      

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                         Impedido   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.    

1 Folio  15 de la carpeta No. 1.   

2 Folio  19 de la carpeta No. 1.   

3 Folio  41 de la carpeta No. 1.   

4 Folio  56 de la carpeta No. 1.   

5  El  escrito  de  desistimiento  de la querella formulada tiene nota de presentación  de 19 de noviembre de 2009 y obra al folio 44 de la carpeta.   

6 Folio  27 de la carpeta No. 2.   

7  Convención  Interamericana  sobre  Derechos  Humanos,  suscrita en San José de  Costa  Rica,  que  en  su artículo 8º, numeral 2º literales c, d y e consagra  como  garantía  judicial  del  procesado  su derecho a la defensa sea en nombre  propio,  elegida  por  él  o  suministrada  por  el  Estado  y darle los medios  adecuados para una debida defensa.   

8  Artículo  29  de la Constitución Política, Ley 906 de 2004 y Ley 270 de 1996,  Estatutaria de la Administración de Justicia.   

9  En  este  sentido,  autos  de  marzo 15 de 2001. Rad. 13372, 30525 de 22 de julio de  2010 y 34601 de 2 de junio de 2011.   

10  Casación de junio 13 de 2002. Rad. 11324.   

11  Casación de febrero 9 de 2005. Rad. 19146.   

12  Casación  de  febrero  9  de  2005. Rad. 19146, “la  ejercida por el propio sindicado”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *