34163(16-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34163  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 189.  

Bogotá D. C., dieciséis (16) de mayo de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA  contra el fallo dictado por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  el  14  de  enero  de  2010,  confirmatorio del  proferido  el  14 de abril de 2009 por el Juzgado Penal del Circuito de Líbano,  a  través  del  cual  condenó  al  procesado  en  mención  y  a  Luis  Antonio  Sánchez  Roncancio  a  las  penas  principales de ciento cincuenta (150) meses de prisión y $139.250.000 de  multa,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso fijado para la privativa de  la  libertad,  como  autores  de  los  delitos  de  peculado  por apropiación y  falsedad ideológica en documento público.   

HECHOS  

          Se   vienen   resumiendo   en   la   actuación   de   la  siguiente  manera:   

““Hace referencia esta causa a presuntas  irregularidades  en  que  habría  incurrido  la administración municipal en el  manejo  y  destinación de mercancía que, por valor aproximado de $280.000.000,  donó  la  DIAN al municipio de Murillo, con un fin social, que al parecer no se  realizó,  pues  parte  de  esas mercancías fueron dadas de baja, nominalmente,  por  parte  del  alcalde  de  la  época  Luis  Antonio  Sánchez Roncancio y su  secretario  de gobierno VÍCTOR MANUEL ROMERO ACOSTA quien fuera autorizado para  recibir    tal    mercancía,   llevarla   al   municipio   y,   posteriormente,  distribuirla”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Por   los  anteriores  hechos  se  dispuso  inicialmente  el  adelantamiento  de  investigación  previa  y, tras recaudarse  algunas  pruebas,  se  ordenó la apertura de instrucción formal, en cuyo marco  fueron  vinculados,  mediante indagatoria, Luis Antonio  Sánchez  Roncancio,  Carlos  Augusto  Parra  Ávila,  Orlando  Guevara Álvarez  y  VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA, a quienes se definió su situación jurídica,  mediante  providencia  del  24 de diciembre de 2007, con medida de aseguramiento  de   detención   preventiva  en  contra  de  Sánchez  Roncancio,     Guevara  Álvarez    y    ROMERO  ACOSTA  por los delitos de peculado por apropiación y  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  se  abstuvo  de  imponerla en  relación  con  Parra Ávila.   

Clausurado este ciclo procesal, la Fiscalía  41  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Líbano el 29 de octubre de 2008  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de  Luis   Antonio   Sánchez   Roncancio   y  VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA “como  presuntos  coautores  de  los  delitos  de  peculado por apropiación y falsedad  ideológica  en documento público” y con preclusión  de  investigación  en  favor  de  Carlos Augusto Parra  Ávila   y  Orlando  Guevara  Álvarez.   

La defensa de los acusados interpuso recurso  de  apelación  en  contra del pliego acusatorio, de la cual conoció una Fiscal  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Ibagué,  quien mediante providencia del 17 de  diciembre de 2008 la confirmó sin modificaciones.   

La  fase  de  la  causa  le correspondió al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Líbano, en donde se surtieron las audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  a cuyo término se dictó sentencia de primer  grado  el  14  de  abril  de  2009,  mediante  la  cual  condenó a Luis       Antonio       Sánchez       Roncancio       y  a VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA a las penas  principales  de  ciento  cincuenta  (150) meses de prisión y multa por valor de  $139.250.000    y   “a   la   pena   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de  la  pena privativa de la libertad impuesta”,   por  los  mismos  delitos  que  sustentaron  la  resolución  de  acusación.   

En  la  misma decisión, además, se negó a  los  incriminados el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Inconformes  con  la  anterior sentencia, la  impugnaron  los  defensores  de los sindicados, razón por la cual se pronunció  el  Tribunal  de  Ibagué  el  14  de  enero  del  año en curso, impartiéndole  confirmación.   

Contra   esa   determinación,   de  forma  exclusiva,  el defensor de VÍCTOR MANUEL ROMERO ACOSTA  interpuso recurso extraordinario de casación, el cual  sustentó  mediante  demanda.  En  ella  el  actor  propuso tres cargos, los dos  primeros  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  y  el  último  por  violación indirecta.   

Por  auto  del  9  de  junio de 2010 la Sala  admitió  los  dos  primeros  cargos  e  inadmitió el último. Por virtud de la  primera  de esas decisiones el proceso se remitió a la Procuraduría General de  la  Nación  para la emisión del concepto de rigor, rendido el cual es del caso  proferir el respectivo fallo.   

LA  DEMANDA   

          Primer cargo:   

Denuncia   la   aplicación  indebida  del  artículo  286  del  Código  Penal  de  2000,  que prevé el delito de falsedad  ideológica   en   documento  público,  yerro  que  conllevó  a  la  falta  de  aplicación  del  artículo 289 ibídem, el cual tipifica el punible de falsedad  en documento privado.   

En  sustento  del  reproche, sostiene que el  procesado  ROMERO  ACOSTA  no  ostentaba  la  cualificación  exigida por la norma aplicada indebidamente, pues  se  trataba  apenas del secretario de la Alcaldía municipal de la población de  Murillo,  Tolima.  Tal  condición,  añade,  recaía  en el señor Luis  Antonio  Sánchez  Roncancio, alcalde  de  dicho  municipio,  quien  fue el que además expidió el acto administrativo  sobre  el  cual se concretó la falsedad, al dar de baja las mercancías donadas  por la DIAN.   

          En  su  criterio,  dentro  de  las  funciones  propias del cargo que  desempeñaba  el  acusado  ROMERO  ACOSTA no  estaba  la  de  dictar  acto  administrativo  alguno,  ni  la de  certificar  o  atestar sobre hechos que tuvieren ocurrencia en el despacho de la  Alcaldía,  función  que,  de  conformidad  con el artículo 262 del Código de  Procedimiento  Civil,  recae en el director o directores de la oficina pública,  y  es  así  como  el  señor alcalde creó y profirió las declaraciones que se  hicieron constar en el acto administrativo.   

Para  el demandante, corrobora su postura lo  dispuesto  en  el  Decreto  2150  de  2001,  conocido como Ley antitrámites, en  cuanto   allí   se   establece   “que   los  actos  administrativos  solamente llevarán el nombre y la firma del funcionario que la  expidió  (sic), sin que sea  necesaria la firma del secretario”.   

          En   consecuencia,   estima   que   la   conducta   de  ROMERO  ACOSTA  es atípica, sin que se le  pueda  sancionar  por  el  delito  previsto  en  el  artículo  289 del estatuto  punitivo,  so  pena  de  desconocerse  la  congruencia  entre la acusación y la  sentencia.  Por  esa  razón  solicita  casar el fallo impugnado y, en su lugar,  dictar decisión absolutoria a favor del procesado en mención.   

          Segundo cargo:   

Denuncia   al   Tribunal   por   aplicar  indebidamente  el  artículo  397  del  Código  Penal  de  2000,  precepto  que  contempla    el    punible   de   peculado   por   apropiación   e   inaplicar,  consecuencialmente,  los  artículos  249  y  250  ejúsdem,  que  describen  el  ilícito de abuso de confianza calificado.   

          Al  desarrollar  la  censura,  aduce  que  el  acusado  ROMERO    ACOSTA    no    detentaba   la  disponibilidad  jurídica  o  material  sobre  los bienes y mercancía donada al  municipio  de  Murillo,  Tolima,  pues  su  administración, tenencia y custodia  recaía  en el señor alcalde, tal como lo establece la ley y lo dispuso la DIAN  en la resolución No. 12672 del 27 de diciembre de 2005.   

          Según  el  libelista,  dicha  disponibilidad  a  lo  sumo estaba en  cabeza  del  almacenista  de  la  Alcaldía y de quien cumpliera esas funciones,  pero  en  todo  caso  nunca  radicaba  en el secretario de ese ente territorial,  señor         ROMERO        ACOSTA.   

          En  su  sentir,  la  imputación  debió formularse por el delito de  abuso  de  confianza  calificado,  pero  como  se le dictó la acusación por el  ilícito  de  peculado  por  apropiación,  conducta  que resulta atípica, debe  procederse  a  su  absolución  para  no  desconocerse  la  congruencia entre la  acusación y la sentencia.   

          Por  tanto, solicita casar la sentencia para absolver a ROMERO  ACOSTA respecto del atentado contra  la administración pública objeto de acusación.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal responde los  cargos   en   el   orden   propuesto   por   el   actor,   según  el  siguiente  resumen:   

          Primer cargo:   

          Tras  reproducir  varios  apartes  de los fallos de primer y segundo  grado,  concluye  que  ninguno  de  los  razonamientos  en  ellos  expresados se  dirigió  a  considerar  una  adecuación  típica distinta a la atribuida a los  procesados.  Contrariamente,  es  del criterio que los argumentos del demandante  corresponden  a  una postura muy personal, de la cual deriva una interpretación  diferente de los supuestos fácticos.   

          Para   el   Procurador   Delegado,   la   participación  activa  de  ROMERO  ACOSTA  en el delito,  al  firmar  y  posteriormente  radicar  el documento ante la DIAN, en el cual se  consignó  un  hecho  carente  de veracidad, pues antes de recibir la mercancía  donada  se afirmó el mal estado de parte ella, casi la mitad, dándose la misma  de  baja  sin  tenerla  a  la  vista  y  sin  constatarse su estado, hizo que el  Tribunal  en  forma  correcta  lo  declarara  responsable del delito de falsedad  ideológica en documento público.   

          En   su  concepto,  por  tanto,  el  reproche  no  está  llamado  a  prosperar.   

          Segundo cargo:   

          Procede,   igualmente,   a   transcribir  varios  segmentos  de  las  sentencias  de  instancia,  de  cuyos planteamientos, en criterio del Procurador  Delegado,  no  puede  predicarse,  como  lo  hace el libelista, que se dirijan a  encuadrar  el  comportamiento  en  otra  descripción  típica, en tanto siempre  estuvieron encaminados a demostrar el peculado.     

          Más  aún,  estima  que  la  conducta  desplegada  por ROMERO   ACOSTA   no   corresponde  a  la  descripción  típica  del  delito  de  abuso  de confianza calificado, pues los  hechos  y las pruebas aceptadas por el Tribunal y respetadas por el libelista de  acuerdo    con    el    cargo    postulado,    no    permiten   llegar   a   esa  deducción.   

          En     consecuencia,     solicitó    no    casar    la    sentencia  impugnada.   

                                       

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Dada  la identidad temática que contienen los dos cargos formulados  por  el  censor,  la  Sala  los estudiará en forma conjunta. Para ello, primero  precisará  los alcances de la demanda, luego concretará los hechos probados en  el   expediente   y,   finalmente,   abordará   el   examen   de  fondo  de  la  impugnación.   

          (i) Alcance de la demanda:   

          Según  el  censor,  el  procesado  VÍCTOR  MANUEL   ROMERO   ACOSTA,  a  pesar  de  ostentar  la  condición  de  secretario  de  la  Alcaldía  municipal  de Murillo, Tolima, no  detentaba  la  función  certificadora  de  ese  ente  territorial ni tampoco la  custodia  o  administración de los bienes donados por la DIAN, de manera que su  comportamiento  no  encuadra  en  los  tipos  penales de falsedad ideológica en  documento  público  y  peculado por apropiación, sino en los que contemplan la  falsedad en documento privado y el abuso de confianza calificado.   

          De  todas  maneras,  estima  que  no es factible formular al acusado  juicio  de  reproche  por los punibles dejados de imputar, so pena de vulnerarse  la congruencia que debe existir entre la acusación y la sentencia.   

          (ii) Situación fáctica acreditada en este asunto:   

          De  acuerdo  con  los  hechos  contemplados  por  los  falladores de  instancia,  realidad  no  cuestionada por el casacionista conforme la naturaleza  de  la  causal  seleccionada  para  estructurar  los  dos  cargos  formulados  y  admitidos  por  la  Corte,  se  tiene que mediante resolución No. 024 del 24 de  enero  de  2005  la  DIAN  donó  al municipio de Murillo, Tolima, mercancía en  cuantía total de $261.542.024.   

          El  Alcalde de dicho municipio, señor Luis  Antonio  Sánchez  Roncancio, suscribió el día 22 de  enero  de  2006 documento en el cual autorizó de manera especial a VÍCTOR    MANUEL    ROMERO    ACOSTA   y  Orlando Guevara Álvarez para  retirar de las instalaciones de la DIAN la mercancía donada.   

          El  mismo  22  de  enero de 2006 el burgomaestre en mención, con la  firma  de  VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA,   secretario   de   gobierno   de   la  Alcaldía,  expidió  acto  administrativo  por  cuyo  medio  ordenó  dar  de  baja  parte de la mercancía  donada, en total elementos y bienes en cuantía de $139.250.000.   

          La   anterior  decisión  se  sustentó  en  que  la  mercancía  se  encontraba     en     “avanzado     estado     de  deterioro”.   Sin   embargo,   para   efectuar  tal  afirmación  ni  el  alcalde del municipio ni su secretario tenían conocimiento  del estado de conservación de los bienes dados de baja.   

          Dos  días  después, es decir, el 24 de enero de 2006, ROMERO  ACOSTA  recibió  en  la ciudad de  Medellín  la  totalidad  de  los  elementos  donados,  salvo los 12 pares a que  hacía  alusión  el  ítem 1 del DIAM 39111102855, conforme se certificó en la  respectiva  acta  de  entrega, sin que los bienes recibidos presentaran señales  de deterioro o de mal estado.   

          (iii)    Respuesta    de    fondo    a    los   planteamientos   del  impugnante:   

          a) El peculado por apropiación:   

          La  jurisprudencia  de  la  Corte tiene ampliamente decantado que la  disponibilidad,  ya  sea material o jurídica, propia del delito de peculado por  apropiación  no necesariamente se deriva de la ley, decreto, ordenanza. acuerdo  o  reglamento,  sino  también de órdenes o mandatos a través de los cuales se  asignen  concretos  deberes  funcionales al servidor público.   

         Tal    criterio    lo    condensó    la   Sala   en   sentencia   de   casación  el  4  de  octubre  de  19941,  en  donde  remembrando otras decisiones expresó lo siguiente:   

         

         “La  expresión  utilizada  por la Ley en  la  definición  de  peculado  y  que  dice  “en  razón de sus funciones”, hace  referencia   a   las   facultades   de  administrar,  guardar,  recaudar,  etc.,  no  puede entenderse en el sentido de la adscripción  de  una  competencia estrictamente legal y determinada  por  una  regular  y formal investidura que implique una íntima relación entre  la  función  y  la  facultad de tener el bien del cual se dispone o se hace mal  uso;  no  significa,  pues,  que tales atribuciones deban estar antecedentemente  determinadas  por  una  rigurosa y fija competencia legal, sino que es  suficiente  que  la  disponibilidad  sobre  la  cosa  surja  en  dependencia  del ejercicio de un deber de la función.  La  fuente  de la atribución, en otros términos, no surge exclusivamente de la  ley  puesto  que ella puede tener su origen en un ordenamiento jurídico diverso  que  fija la competencia en estricto sentido. Lo esencial en este aspecto, es la  consideración   de  que  en  el  caso  concreto,  la  relación  de  hecho  del  funcionario  con  la  cosa, que lo ubica en situación  de   ejercitar   un   poder   de   disposición   sobre  la  misma  y  por  fuera  de  la  inmediata vigilancia del titular de un poder  jurídico  superior,  se  haya logrado en ejercicio de  una  función pública, así  en  el  caso  concreto  no  corresponda a dicho funcionario la competencia legal  para  su  administración.  Igual  se  presentará el  delito  de  peculado  en la hipótesis de que la administración del bien derive  del  ejercicio  de una función nominalmente propia de  otro   empleado”   (Sentencia  de  3  de  agosto  de  1976).   

          “Las  facultades  de manejo en el empleado público, que son las que  en  este  caso  considera  ausentes  el casacionista, no solamente las otorga la  ley,  el decreto, la ordenanza o el acuerdo, sino también las resoluciones, los  reglamentos  y  hasta  la  orden  administrativa,  cuando  los destinatarios son  servidores  del  Estado.  De  suerte que por medio del mandato, entiéndase como  contrato   o   como   orden,  se  transfieren,  trasladan  o  delegan,  total  o  parcialmente,  esas  atribuciones al mandatario, quien por el mencionado encargo  las  ejercita”  (Sentencia  de septiembre 8 de 1981)2.   

          En  el  caso  materia de análisis, VÍCTOR  MANUEL  ROMERO  ACOSTA adquirió el deber funcional de  manejo  y custodia de la mercancía donada por la DIAN en virtud del mandato que  le  confirió  el alcalde del municipio de Murillo, Tolima, al autorizarlo, dada  su   condición  de  secretario  de  gobierno  de  ese  ente  territorial,  para  retirarlas de las instalaciones de la entidad donante.   

          A  partir  del  acto de autorización que, como quedó visto atrás,  acaeció  el  22  de enero de 2006, el procesado ROMERO  ACOSTA  entró a ejercer la disponibilidad jurídica de  dichos  bienes,  la  cual,  una  vez  los  recibió  de  la  DIAN, se tradujo en  disponibilidad  material,  luego  la  apropiación  que  se  produjo de aquellos  elementos  cuya baja se dispuso mediante el acto administrativo dictado el mismo  22  de  enero  de 2006 es también atribuible al antes aludido, pues respecto de  él  se  conjugan,  por  lo antes considerado, los elementos típicos del delito  previsto en el artículo 397 del Código Penal.   

          No  se  presentó,  por  tanto,  la indebida calificación jurídica  postulada por el actor frente al punible antes mencionado.   

          b) La falsedad ideológica en documento público:   

          El  ilícito  previsto en el artículo 286 del Código Penal de 2000  se  estructura  cuando  un  servidor público, en ejercicio de sus funciones, al  extender  documento  que  pueda servir de prueba, consigna en él una falsedad o  calla total o parcialmente la verdad.   

          La  jurisprudencia  de  esta Corporación tiene dicho que incurre en  el  referido  delito  contra  la fe pública todo aquel servidor público a cuyo  cargo  está  la  función  certificadora  de  los  hechos  que  corresponden al  ejercicio  de  sus  funciones,  pues  en  tal caso está obligado a consignar la  verdad    en    los    documentos   que   extienda3.   

          De   modo,   pues,   que   la   función   documentadora   no  está  exclusivamente  atribuida  a  las  autoridades referidas en el artículo 262 del  Código       de       Procedimiento      Civil4   

,  como  equivocadamente  lo  entiende  el  casacionista,  sino  que,  se insiste, la ostenta todo aquel servidor público a  quien  le  corresponde  certificar  hechos  relacionados con el ejercicio de sus  funciones.    

          En  el  presente evento, el acalde del municipio de Murillo, Tolima,  autorizó  el  22 de enero de 2006 al procesado VÍCTOR  MANUEL  ROMERO ACOSTA para retirar la mercancía donada  por  la DIAN. A partir de ese momento, como se dijo en precedencia, adquirió la  disponibilidad  jurídica  de  esos  bienes  y,  por  tanto, las obligaciones de  manejo,  custodia  y,  en  general,  la  administración  derivada  de ese deber  funcional.   

          Como  tal,  al extender actuaciones administrativas que tuvieran que  ver  con  la mencionada mercancía le correspondía consignar hechos acordes con  la  realidad.  Por ello, cuando suscribió en conjunto con el alcalde del citado  municipio  el  acto en la cual se certificó que gran parte de esos elementos se  encontraban  en  mal  estado de conservación, sin ser cierta tal circunstancia,  faltó  a  sus  deberes  oficiales,  lesionando  así el bien jurídico de la fe  pública,  traducida en este caso en la credibilidad que la sociedad deposita en  quienes ostentan la función documentadora.   

Debe  referirse  la  Sala,  finalmente, a la  afirmación     del     demandante    según    la    cual    el    “Decreto  2150 de 2001” estableció que  todos  los  actos  administrativos  solamente requieren el nombre y la firma del  funcionario    que    lo    expide,    sin    ser   necesaria   la   firma   del  secretario.   

          En  primer  lugar,  se  trata  en realidad del Decreto 2150 de 1995,  conocido    como    “Estatuto    Antitrámites”.  Ahora bien, esa disposición para nada hace mención a  los  actos  administrativos  expedidos por los alcaldes, y mucho menos a los que  dictan con la participación de los secretarios de sus despachos.   

          El  aludido  Decreto,  en  realidad,  en  su  artículo 31 solamente  suprimió  la  firma de los “secretarios generales”  en  relación  con  actos administrativos “cuya   competencia   esté   atribuida   a   ministro,  director,  superintendente,  presidente,  gerente,  subdirectores  de áreas técnicas y en  general  a  algún  funcionario  del  nivel directivo o ejecutivo”.   

         

          De  todas  maneras, como ya quedó expresado, respecto del procesado  ROMERO  ACOSTA  recaía  la  obligación  concreta  de  certificar la situación real de la mercancía donada  por  la DIAN, pues a partir de la autorización que le confirió el alcalde para  retirarla  de  las  dependencias  de esa entidad adquirió el deber funcional de  guarda y protección de esos elementos.   

          En  consecuencia,  tampoco  en  lo  relativo  al  delito de falsedad  ideológica  en  documento  público  se  incurrió  en  la indebida adecuación  típica aducida por el libelista.   

          Baste  lo dicho para que la Corte no case la sentencia proferida por  el  Tribunal Superior de Ibagué. Así lo pronunciará en la parte resolutiva de  la presente providencia.   

          Cuestión final:   

          En   escrito   presentado   ante  esta  Corporación,  el  procesado  VÍCTOR    MANUEL    ROMERO    ACOSTA   solicita  se le conceda rebaja de pena, manifestando que la sanción  impuesta  es demasiado alta considerando que el único responsable de los hechos  es    Luis    Sánchez    Roncancio.    Además,  añade,  no  es  una  mala persona sino que se trata de un  buen  elemento  para  la  sociedad,  máxime  cuando tiene tres hijos menores de  edad, quienes necesitan de su apoyo económico y moral.   

          Al  respecto,  debe  señalarse  que el principio de limitación que  gobierna  el  recurso  de  casación le impide a la Sala emitir pronunciamientos  distintos  a  los planteados en la demanda, salvo la existencia de vulneraciones  a  las  garantías  fundamentales  de  las  partes, caso en el cual el procesado  estaría autorizado para ponerlos de presente a la Corte.   

          Sin  embargo,  la  Sala  no avizora tal vulneración ni en los temas  postulados  en  el libelo, ni tampoco en la dosificación punitiva efectuada por  los falladores de instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO      CASAR      la      sentencia  impugnada.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO         FERNANDO         ALBERTO        CASTRO        CABALLERO            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ          MARÍA              DEL              ROSARIO              GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Radicación 8729.   

2  En  sentido  similar: Sentencias del 2 de octubre de 1997, radicación 11657; del 12  de  noviembre  1997, radicación 9887; del 3 de noviembre 3 de 1998, radicación  10778;   del  6 de marzo de 2003, radicación 18021; del 30 de noviembre de  2006,  radicación  25185, y del 12 de agosto de 2009,  radicación 32053.   

3 Cfr.  Sentencia del 10 de noviembre de 1987, radicación 129.   

4 Esta  norma establece lo siguiente:   

“CERTIFICACIONES.  Tienen el carácter de  documentos públicos:   

1.  Las  certificaciones  que  expidan  los  jueces conforme a lo dispuesto en el artículo 116.   

2.  Las  certificaciones  que  expidan  los  directores  de  otras  oficinas  públicas,  sobre  la  existencia  o  estado de  actuaciones o procesos administrativos.   

3.  Las  certificaciones  que  expidan  los  registradores  de  instrumentos  públicos,  los  notarios  y otros funcionarios  públicos, en los casos expresamente autorizados por la ley”.     

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