33407(08-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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       Proceso  n.º 33407   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                   

   Magistrado  Ponente:   

                                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                          Aprobado    Acta    No.  193   

Bogotá, D.C., ocho  (08) de junio de dos mil once (2011).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca   de   los   fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación  de  la demanda de casación presentada en nombre de ALBERTO  ÁNGEL ARROYO MONTES,  contra  la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá, que confirmó  la  emitida  en  el  Juzgado  Veintitrés Penal    del    Circuito    de    la    misma    ciudad             mediante  la  cual  fue condenado como autor responsable del delito  de omisión de agente retenedor.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Los    primeros    fueron    sintetizados   por   el   ad quem, así:   

“Se dio a conocer  a  la  Fiscalía  General de la Nación, a través de la denuncia presentada por  el  Doctor  FABIO  AUGUSTO CARDOZO VARGAS, en calidad de abogado de la División  Jurídica  Tributaria Grupo Unidad Penal de la Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales  –DIAN-,  que  ALBERTO  ÁNGEL  ARROYO  MONTES,  en  su condición de representante legal de la  sociedad  A & J AUDITORES LTDA, incumplió las obligaciones tributarias para  con  el  erario público por concepto de impuestos sobre las ventas y retención  en  la  fuente,  correspondiente  a   los  períodos 4,5,6 de 2002,   1   a  6  de  2003  y  1  a  6  de  2004”.   

2. Con base en lo  anterior,  la Fiscalía 223  Seccional   de  Bogotá  dispuso la apertura  de instrucción, y ordenó     la     vinculación    del  sindicado1      escuchándolo     en    indagatoria    el   11   de   octubre   de   2006.   

Clausurada   la   investigación  mediante  proveído  de 22      de     febrero     de   2007,  el  ente fiscal profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de  ALBERTO  ÁNGEL  ARROYO  MONTES,  como  presunto autor    responsable   del  delito de omisión de agente retenedor o recaudador2.   

3. La causa se  adelantó  en  el Juzgado  Veintitrés  Penal  del  Circuito   de   Bogotá,  despacho  que  el  31 de  octubre    de    2008    profirió    sentencia   condenatoria   en   contra  de  ALBERTO ÁNGEL ARROYO  MONTES  por  el  delito  por  el  cual  fue acusado,  imponiéndole  treinta y  seis  (36)  meses   de   prisión,   y  multa  en  cuantía de $98.704.000.oo,  así  como  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos    y    funciones    públicas    por    el   mismo   lapso.   

En igual forma, a  pagar  a la DIAN  el  equivalente  a  $49.352.000.oo  junto  con  los  intereses  legales y la      corrección      monetaria  determinados   por   la  Superintendencia Bancaria al momento de su cancelación.   

4.  Contra esta  decisión  el  defensor  interpuso recurso de apelación, y el Tribunal Superior  del   Distrito   Judicial   de   Bogotá,  el  23 de julio de 2009 la  confirmó  en lo atinente a la pena  y     la     modificó     respecto     a    la    multa    impuesta,  señalando  que  el  monto  a pagar  corresponde  a la suma de $78.549.580.oo,  fallo  contra      el      cual      se     presentó   y  sustentó  en     tiempo    el    recurso    de  casación.3   

LA DEMANDA  

El apoderado  del acusado, con base en la  causal  primera de casación, según las previsiones del artículo 207 de la Ley  600    de    2000,    presenta   dos   cargos  contra  la  sentencia  por  violación indirecta de la ley  sustancial, de la siguiente manera:   

Primer        Cargo:   falso  juicio de existencia.   

Señala  que el yerro de esta naturaleza se  presentó     por     atribuirle    una    conducta    que    no   realizó,  ya  que  se   le   imputa   no   sólo  la omisión de consignar los valores que había recibido por  concepto   de   IVA,   sino  también  la  retención en la fuente,  distorsionando  los  hechos materia de juzgamiento, como quiera  que  en  ningún momento presentó tal tipo de declaraciones con valor diverso a  cero.   

Sostiene que las declaraciones de retención  en  la  fuente tienen una periodicidad mensual, mientras las del IVA se realizan  de  manera bimestral, resultando inconsistente afirmar que omitió consignar los  valores  de retefuente para los períodos 4, 5, 6 de 2002; 1 a 6 de 2003 y 1 a 6  de  2004,  cuando  éstos  van hasta el mes 12 del año gravable.   

Afirma    que    es    “absolutamente  inexistente  el  hecho de que mi cliente en el pago  de  sus  obligaciones a terceros le hubiere efectuado retenciones en la fuente a  dichos  terceros  y  a  su  vez  no  los  haya consignado a la DIAN.   Las declaraciones en la fuente  que  presentó y que están relacionadas a los folios  8  a  10  cdo  O  1 (sic),  bien  reflejan  que  mi  cliente no le hizo retención en la fuente a ninguno de  sus  acreedores  y  por  ello  tan solo debía presentar dichas declaraciones en  cero  (0).  Es totalmente inexistente la imputación de la modalidad de omisión  de  agente retenedor referida al impuesto de retención en la fuente prevista en  el numeral 1º del art. 402 ley 599 de 2000”   

Segundo     Cargo:     falso juicio de convicción.    

Por  no  haberle  dado al acervo probatorio  incorporado  en  el juicio el alcance de “fuerza       mayor”  que a  lo  sumo  acepta  respecto  de  la empresa A & J AUDITORES LTDA, no obstante  haberse  acreditado  que  su poderdante era titular nada menos que del 99,66% de  las  cuotas  sociales, por lo cual, cualquier efecto  favorable   o   desfavorable   respecto  de  la  situación  financiera  recaía  directamente en él.   

En  desarrollo del cargo indica  que  no  se  tuvo  en cuenta que las  circunstancias  de  penuria  económica  señaladas  en   su indagatoria lo  obligaron  a  poner  por encima de sus obligaciones fiscales, las  de   índole personal y familiar.   

Por   ello,   independientemente   de  la  valoración  doctrinal  o normativa de los  eventos  aducidos  y  acreditados por su poderdante como fuerza  mayor,  o  situación  de  inexigibilidad  de otra conducta, lo cierto es que su  efecto  es  común,  esto  es,  la  exoneración de la responsabilidad penal del  acusado,   como   lo   ha   sostenido   la   Corte  Constitucional en las sentencias C-237 de 1997 y C-388 de 2000.   

Refiere   que  en   el   fallo   atacado   también   se    incurre   en   una   manifiesta  violación  al principio de presunción de inocencia, al suponer la culpabilidad  del  procesado  señalando  que  la  defensa  no  allegó prueba demostrativa de la causal de inculpabilidad  alegada,  pues  conforme  a  lo  previsto en el artículo 29 de la Constitución  Nacional,   es   el   Estado   quien   tiene  esa  carga  procesal  y  no  a  la  inversa.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000), prevé que la casación procede contra  las  sentencias  “proferidas  en segunda instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial (…) en los procesos que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad      cuyo      máximo     exceda     de     ocho     años”.   

Según  los  fallos  de  primera y segunda  instancia,  se  tiene que ALBERTO ÁNGEL  ARROYO MONTES  fue condenado  por  el delito de omisión de agente retenedor, descrito en el artículo 402 del  Código  Penal,   sancionado  con  pena  de  tres  (3)  a seis (6) años de  prisión  y multa equivalente al doble de lo no consignado, quantum punitivo que  determina   la   improcedencia   de   la   casación   ordinaria   en   el  caso  concreto.   

Si  ello  es así, el demandante ha debido  acudir  a  la  casación  discrecional,  y  cumplir  con la carga prevista en el  inciso  2°  del  artículo  205  del  Código  de Procedimiento Penal, esto es,  demostrando  la  necesidad  de  que  la  Corte avoque el conocimiento del asunto  “para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la  garantía de los derechos fundamentales”.   

En  el  primer  evento, si lo procurado es  fijar  el  alcance  interpretativo  de  una  norma,  la unificación de posturas  distintas  frente a un mismo tópico, el pronunciamiento sobre algún aspecto no  desarrollado  por  vía  jurisprudencial o la modificación de una posición que  no  se  atempere  a la Constitución o la ley, el recurrente debe apoyarse en la  jurisprudencia  existente y argumentar con claridad y precisión cuáles son los  cambios  o  variaciones  que  deben  introducirse  en sede extraordinaria con el  objeto  último  de  perfeccionarla  y  de  servir  de  criterio  auxiliar de la  actividad judicial.   

Cuando  se  trata  de  preservar  derechos  fundamentales  de  las  partes  o  intervinientes,  le  corresponde demostrar la  irregularidad  que  se  contrapone con la garantía cuya salvaguarda se procura,  indicar  las  normas  constitucionales y legales que lo protegen y la forma como  fue    desconocido   en   el   fallo   recurrido.4   

2.  El apoderado del demandante incumplió  la  carga  exigida,  pues  se  limitó  a  invocar  y desarrollar los dos cargos  propuestos  conforme  a  la  causal 1ª del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  alegando falsos juicios de  existencia   y   convicción   soslayando  que  se  constituía  presupuesto  de  procedibilidad  argumentar  previamente  los  motivos para acudir a la casación  discrecional.   

Al  omitir  la argumentación encaminada a  fundamentar  el  por  qué  resultaba  viable  acudir  al  medio de impugnación  extraordinario,   la  decisión  que  se  impone  es  la  inadmisión de la  demanda.   

3.  A pesar  de lo anterior, oportuno  se  ofrece  dilucidar  que  los  cargos  propuestos por el actor desatienden los  objetivos  fundamentales  de  la  casación,  así como  las exigencias que  gobiernan  cada  uno  de  los  motivos  susceptibles de alegar a través de este  mecanismo,  ya  que  no  logra  articular una propuesta seria, clara y coherente  acerca de la probable estructuración de yerro alguno.   

Ello  por  cuanto  no  obstante  que  en la  demanda  se  parte  de  enunciar  la  incursión  por el juzgador en   falso  juicio   de             existencia,  por  aplicación  indebida del artículo 402 de la Ley 599 de 2000, olvidó  demostrar si fue por omisión  de  prueba,  en  cuyo caso ha debido señalar de manera específica cuál fue la  excluida,  dónde  está aportada y qué acredita; o si se trataba de supresión  tenía  el  deber  de  exponer  qué decía y en qué forma de haberse tenido en  cuenta habría cambiado la decisión.   

Al parecer la queja se refiere a que se le  condenó  por  omitir  el  pago  de  la  retención en la fuente, sin estar ello  probado.  Si  ese es el sentido de la alegación, se torna obligado destacar que  aún  cuando  el  juez  fallador  anti  técnicamente  mezcla los dos  conceptos  referidos  al  impuesto  al  valor  agregado  y a la retención en la  fuente,  dicho  error  de  ninguna  forma  implica  que  se le haya impuesto una  sanción  por  un delito que no cometió,  máxime cuando en el acápite de  responsabilidad  del fallo se alude a que los valores retenidos  lo son por  concepto  de  IVA.   Al     respecto,     precisó    que:            “…  de acuerdo con las probanzas anteriores se tiene que, para  la  época  en  que  se  omitió  trasladar  a  las arcas del Estado los dineros  retenidos   por  concepto  de  impuestos  sobre  las  ventas,   esto   es,   los   períodos  4,  5  y  6  de  2002; 1 a 6 de 2003 y  1   a   6   de   2004…”.   (subrayas  fuera  de  texto).   

Igual  ocurre en  relación  con  el  cargo  por   falso  juicio  de  convicción,    que   consiste   en  una  actividad de pensamiento a través de la cual se reconoce  el  valor  que  la  ley asigna a determinadas pruebas  y   presupone   la   existencia   de   una  “tarifa  legal”,  en  la cual por  voluntad   de   la   ley   corresponde  a  las  pruebas  un  valor  demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete.    En  consecuencia,  se  incurrirá en error por falso juicio de convicción cuando se  niega  a  la  prueba ese valor que la ley le atribuye, o se le hace corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer  la  tarifa probatoria en materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana crítica previsto en los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  en  principio,  no es posible para los jueces incurrir en errores de  derecho  por  falso juicio de convicción, porque  la legislación penal en  materia  de  pruebas  no somete, por regla general, su raciocinio a evaluaciones  dependientes   de  una  tarifa  legal  probatoria.5   

En  este  caso,  el demandante abandona    por    completo    la    demostración    de  que el sentenciador hubiere dejado de atribuir el valor  preestablecido  en  la ley o la  eficacia   que  ésta  le  otorga  a  los  medios  de  persuasión  allegados,  y  se limita a criticar el  mérito  conferido  en  las instancias a las   pruebas   que  en  su  criterio  demuestran    la   incapacidad   económica   del   procesado,    argumentación   que  corresponde     más    a    una    serie    de    apreciaciones    personales  que  resultan ineptas para desquiciar  la  presunción de acierto  y   legalidad   que  cobija  el  fallo,  pues  no  logra  demostrar  que  en  la  contemplación      material      de      los     medios     de     convicción  recaudados  durante  las  etapas  del  proceso,  o en la asignación de su mérito persuasivo, en el fallo  se hubiere incurrido en errores de hecho o de derecho.   

El  Tribunal  Superior  de  Bogotá, al desatar el recurso de apelación interpuesto contra el  fallo  proferido  por  el  Juzgado  Veintitrés  Penal  del Circuito de la misma  ciudad,  en  torno  al  valor  probatorio  que  le  merecieron  los certificados  expedidos   por  las  entidades financieras y las encargadas de tránsito y  catastro  que  demostraban  la  presunta incapacidad  económica  del  procesado,  concluyó  que: “…en  nada  contribuye  a justificar el actuar delictivo del procesado, por cuanto los  montos  de  dinero  que  éste  recaudó  como representante legal de la empresa                    A  &  J AUDITORES LTDA, pero que acepta omitió consignar a la  DIAN,   correspondía   al   porcentaje   que   deducía   del   valor   de  las  ventas (I.V.A)  y de  los  salarios que pagó dicha sociedad a sus empleados y por tanto, eran valores  que  hacían parte de los pasivos del patrimonio de la referida empresa, que por  ser  una  persona  jurídica   autónoma  e independiente del patrimonio de  cada  uno  de  los  socios  que  la  constituyeron,  no  debieron  ser objeto de  apropiación  por  parte  de  ALBERTO  ÁNGEL  ARROYO  MONTES, ni mucho menos de su familia”.   

Frente  a  la  anterior  apreciación  del  ad-quem  es  necesario  recordar que los errores  que   dan   lugar  al  quebrantamiento  del  fallo  en  casación deben     alegarse,    demostrarse     y     estar   fundados   en   la   denuncia   de   un   atentado   a  la  legalidad  y  no  en  la  inconformidad  con  las  conclusiones  probatorias  a  partir de consideraciones  estrictamente   subjetivas,  pues,  tal  y  como  lo  ha  sido  sostenido  la  jurisprudencia  de  la  Sala, en una controversia de  esta  índole,  la  razón  siempre  estará de lado del juzgador, quien ante la  desaparición  del  sistema  tarifado en la valoración de la prueba, goza de un  amplio  margen  de  discrecionalidad  en  la  apreciación  de  los  medios y la  asignación  de  su mérito persuasivo, limitada sólo por las reglas de la sana  crítica  cuya  transgresión  en  este  caso,  a  más  de  no ser expresamente  invocada, tampoco se demuestra por el actor.   

Agréguese  a  lo  anterior que   el   demandante   omite  precisar las razones por las cuales  el  procesado debe ser absuelto por la Corte, pues no se indica a partir de qué  elementos  de juicio  se  establece  que  actuó  al  amparo  de  la causal  de    ausencia    de   responsabilidad,  y  por  qué conduce inexorablemente a la absolución por estar  referida  a  alguno de los aspectos que integran la infracción, nada de lo cual  concreta  ni  puede suponer la Corte sin transgredir el principio de limitación  que gobierna la casación.   

Así se observa que en lugar de ajustarse a  los  presupuestos legalmente establecidos, el libelista acude a este instrumento  extraordinario  de  impugnación  como  forma de prolongar el debate para lograr  una  revaloración  probatoria  por  fuera  de la realizada por el sentenciador,  desconociendo  que  el  proceso  concluyó  con  el  proferimiento  del fallo de  segunda  instancia y que éste se encuentra amparado por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,   la  cual  era  de  su  cargo  desvirtuar.   

Entonces,  siendo  ostensibles los defectos  que  la  demanda  acusa,  pues  como se deja expuesto, de ella no se desentraña  precisa      y      claramente     los     fundamentos     de     las          causales         invocadas,  y  no pudiendo la Corte corregirla  por  virtud  del  principio de limitación que rige su actuación, lo procedente  será  inadmitirla,  y  ordenar  la  devolución  del  expediente al despacho de  origen,  conforme  se  establece  en el 213  de la Ley 600 de 2000, en razón a  que esta decisión causa ejecutoria con su suscripción.   

Finalmente,  es oportuno resaltar que no se  observa   en   el   diligenciamiento  o  en  el  fallo  impugnado,  violación  de  derechos  o  garantías  al procesado ALBERTO    ÁNGEL    ARROYO   MONTES,  que haga necesario el ejercicio de la facultad legal  oficiosa  que  le  asiste  a  la Corte a fin de asegurar su protección.   

En mérito de lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

No admitir  la  demanda  de casación presentada por el defensor  de   ALBERTO   ÁNGEL   ARROYO   MONTES.   

Advertir  que  contra la presente decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese     y     cúmplase   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ     LUIS    BARCELÓ   CAMACHO                                                                                                    JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO   CASTRO  CABALLERO                                                                                                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                              MARÍA   DEL   R.GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      

AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                                                                       JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  57 cuaderno original de la Fiscalía General de la Nación.   

2  Folios 120-127 ibídem   

3  Folios 32-41 Cuaderno del Tribunal.   

4 Así  lo  precisó  la  Sala  en auto  de  17 de noviembre de 2010, radicado  34857.   

5   Así  se señaló en el auto de  10 de octubre de 2007, radicado 22.597.     

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