34547(27-04-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  34547   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA  DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 139.  

          Bogotá   D.C.,   abril   veintisiete   (27)   de   dos   mil   once  (2011).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve el recurso de apelación  interpuesto  contra la sentencia parcial proferida por la Sala de Justicia y Paz  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  29  de  junio de 2010, respecto de los  postulados    EDWAR   COBOS   TÉLLEZ   y      UBER      ENRIQUE      BANQUEZ  MARTÍNEZ.   

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

          Antes  de  adoptar  la  decisión  correspondiente,  la Corte estima  indispensable  referirse al marco histórico dentro del cual tuvieron desarrollo  las  conductas  objeto  de  juzgamiento  en  este  proceso, con el propósito de  facilitar  el cabal entendimiento de su gravedad e incidencia en las comunidades  afectadas por ellas.   

          Para  ello  se apoyará en la exposición consignada por el Tribunal  de  instancia en el auto del 25 de enero de 2010, a través del cual declaró la  legalidad  de  los  cargos  parciales  imputados  a  los postulados COBOS   TÉLLEZ    y   BANQUEZ  MARTÍNEZ,  así como en algunos  de los documentos allí citados.   

          Inicio de las autodefensas   

Si bien el fenómeno de violencia en Colombia  es   bastante   anterior,   diferentes   estudios   sobre   la   evolución  del  paramilitarismo1,  coinciden  en  ubicar como punto de partida  de este tipo de  organizaciones,  la  expedición del Decreto Legislativo 3398 de 1965, destinado  a  organizar  la  defensa  nacional,  preceptiva  expedida  por el Gobierno como  respuesta  al  surgimiento  de grupos subversivos durante la década de 1960 y a  su     constante     y    perturbador    accionar2.    

Entre las motivaciones dadas a este decreto,  adoptado     como   legislación   permanente3  por  la  Ley  48  de 1968, se  consignaron  la  ausencia  de  un  instrumento legal para articular la seguridad  interior  y  exterior  de  la  nación;  la  obligación  estatal de procurar el  bienestar  y protección de los asociados; la necesidad de unir los órganos del  poder   público   y   “las  fuerzas  vivas  de  la  nación”   para  enfrentar  la  acción  subversiva  de grupos extremistas y la  importancia  de  enterar  a  la  población  colombiana de la movilización y la  defensa  civil,  temas  que,  por  su  trascendencia,  no  incumbían  de manera  exclusiva      a     las     Fuerzas     Armadas4.   

Los   artículos   25  y  33  del  decreto  mencionado,  concluyó  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos5, prohijaron la  aparición    de    los    llamados    Grupos    de  Autodefensa,  en  tanto el primero de ellos, permitía  al  Gobierno  Nacional utilizar ciudadanos, no comprendidos en el llamamiento al  servicio  militar  obligatorio,  en  actividades  tendientes  a  reestablecer la  normalidad  y,  el  segundo,  facultó  al  Ministerio  de Defensa Nacional para  amparar  como  de  propiedad  particular,  cuando lo estimara conveniente, armas  consideradas como de uso de las Fuerzas Armadas.   

El  efecto  de  esas disposiciones, dijo ese  alto  Tribunal,  se  tradujo  en  que  particulares ajenos a esas instituciones,  podían  utilizar  armas  de  uso privativo, es decir, las destinadas a efectuar  operaciones  de  ataque,  no  sólo  de defensa y, adicionalmente,  cumplir  funciones de seguridad.   

En  vigencia  del  decreto citado, surgieron  diferentes  grupos con el propósito inicial de protegerse de las acciones de la  guerrilla,  entre  ellos  la Asociación de Campesinos y Ganaderos del Magdalena  Medio,  ACDEGAM,  creada en  1984,  cuya  influencia  se extendió a los municipios de Puerto Boyacá, Puerto  Berrío   y   Cimitarra.   Esta  organización,  además  de  defenderse  de  la  subversión,  estructuró  todo un sistema orientado a atacarla militarmente con  la       pretensión       de       erradicarla6   y,  luego,  a  través  del  Movimiento         de         Renovación         Nacional,         MORENA, trató de extender su experiencia  como          ideología          política7.   

Sólo  unos  años antes, en 1981, se había  constituido    el    MAS,  — Muerte a Secuestradores  —, movimiento fundado por  miembros  de los carteles del narcotráfico como Pablo  Escobar  Gaviria  y  Gonzalo  Rodríguez     Gacha,     para    defenderse    del  secuestro8.    ACDEGAM  replicó  el  modelo del MAS,  trasladado  por  sus  creadores  al  Magdalena  medio con el fin de proteger sus  propiedades,  adquiridas  en  forma  masiva  en  esa  zona,  donde  fundaron los  primeros   grupos   armados,   particularmente   en  Puerto  Boyacá9,   a  donde  llevaron  mercenarios  israelíes  e  ingleses  para entrenar militarmente a sus  miembros.   

El  esquema  de  estas  organizaciones,  que  adoptaron   el   nombre  de  Autodefensas,  llegó,  de  la mano del narcotráfico, a otras zonas del país y  así,  se  entronizó  en  Urabá  y en el sur de Córdoba bajo la dirección de  Fidel  Castaño  Gil,  quien  convirtió    su    finca   Las   Tangas,  ubicada  en  Valencia, Córdoba, en centro de entrenamiento de su  grupo  armado,  reconocido  luego  bajo  el nombre de Autodefensas Campesinas de  Córdoba  y  Urabá,  ACCU10.   

La  estrategia  de  paz  implementada por el  Gobierno   Nacional,   entre  1982  y  1986,  consistente  en  los  diálogos  y  negociaciones  con  las  fuerzas  insurgentes, no impidió la multiplicación de  los  grupos de autodefensa, cuyas numerosas y cruentas acciones, muchas de ellas  dirigidas  contra  ex  integrantes  de  la guerrilla indultados, determinaron en  abril  de  1989, la expedición, al amparo del estado de sitio, del Decreto 0815  a  través  del  cual  se  suspendió  la aplicación de los artículos 25 y 33,  parágrafo 3°, del Decreto Legislativo 3398 de 1965.   

Esta   decisión  fue  justificada  en  la  existencia   de  bandas  de  sicarios,  escuadrones  de  la  muerte,  grupos  de  autodefensa   o  de  justicia  privada,  paramilitares,  responsables  de  actos  perturbadores del orden público.   

Además, se dijo, al interpretar esas normas  surgió  en  algunos  sectores  de la opinión pública confusión en torno a su  alcance  y  finalidades,  en  tanto  “…se  pueden  llegar  a  tener  como  una  autorización  legal  para organizar grupos civiles  armados   que   resulten   actuando   al   margen  de  la  Constitución  y  las  leyes…”,  proceder  reprochado  por  el  Gobierno  Nacional.   

De igual forma, se enfatizó, los operativos  orientados   a   restablecer  el  orden  público  son  función  exclusiva  del  Ejército,  la  Policía  Nacional  y  los  organismos  de seguridad del Estado.   

En sentencia N° 022 del 25 de mayo del mismo  año,  la  Sala  Plena de esta Corporación declaró la inconstitucionalidad del  parágrafo  3°  del  Decreto  3398  de  1965,  al  considerar que se oponía al  monopolio  de  las  armas  de  guerra  deferido  por el Ordenamiento Superior al  Gobierno  Nacional,  responsable  de  mantener el orden público y restablecerlo  cuando  es  turbado,  “…fórmula  que  tenía  un  sentido  histórico  y  que  ahora adquiere una renovada significación ante los  problemas  que  suscitan  las diversas formas de la actual violencia”.   

No obstante, en 1994, mediante el Decreto 356  se  autorizó  la creación de las Asociaciones Comunitarias de Seguridad Rural,  CONVIVIR,  cuyo  propósito  era  colaborar  con  la Fuerza Pública acopiando información para prevenir las  actividades   de   la   insurgencia;   además,  propendía  por  organizar  las  comunidades   como   cooperativas,   juntas   de   acción  comunal  o  empresas  comunitarias,  con el fin de proporcionar la vigilancia y la seguridad privada a  sus  miembros  o  asociados en el área donde la respectiva comunidad tuviera su  sede11.   

La   proliferación   de   este   tipo  de  organizaciones  fue  inmediata,  de  manera  que  para abril de 1997, 507 nuevas  CONVIVIR   tenían   la  aprobación  de  la Superintendencia de Vigilancia Privada y existían, además,  cerca  de  300  empresas  de  seguridad particular, justificadas en permitir que  civiles  prestaran  servicios  especiales  de vigilancia, contando para ello con  armas  de uso restringido de las Fuerzas Militares. Esta situación, facilitó a  los  grupos  paramilitares aumentar su poder y control territorial en zonas como  Córdoba,  Urabá,  Magdalena  Medio,  Sucre,  Sur de Bolívar, Putumayo, Cauca,  Meta              y             Caquetá12.   

Para  ese momento, en lo atinente al tema de  esta  sentencia,  las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU,  lideradas    por    los    hermanos    Fidel  y Carlos  Castaño,  habían consolidado su poder, tras aliarse,  a  principios  de  esa  década,  con  el  Cartel  de  Cali  y  el  grupo de los  PEPES    —   Perseguidos   por   Pablo  Escobar  —,  para enfrentar a este  narcotraficante.   

Dicha   organización,  convertida  en  la  estructura  paramilitar más sólida, extendió su accionar a todo el territorio  nacional  y  Carlos Castaño,  como  su  máximo líder, inició un proceso de unificación de esos grupos, los  cuales  bajo  su  mando, se consolidaron en 1997 como las Autodefensas Unidas de  Colombia,      AUC13.   

El  crecimiento  del  paramilitarismo  así  organizado  y  su dominio territorial, fue favorecido por el progresivo poderío  económico  originado  en las contribuciones voluntarias cobradas a empresarios,  terratenientes,  ganaderos  y dueños de tierras; cuotas extorsivas; porcentajes  exigidos  a  las  autoridades  administrativas  por  concepto  de  contratación  estatal,  así  como  en  el  narcotráfico,  actividad  que se convirtió en su  principal  fuente  de  ingresos  y a la cual deben adicionarse el despojo de las  tierras  de  quienes  desplazaban y el hurto de combustible, entre otras fuentes  de recursos.   

En cuanto a las actividades de dichos grupos,  éstas  se  orientaban  a  combatir  la  guerrilla  y  a  sus reales o supuestos  colaboradores  y  simpatizantes, recurriendo para ello a unos concretos patrones  delictivos,  comunes  en todas las zonas donde estos grupos tuvieron influencia,  tales  como  torturas,  desapariciones forzadas, homicidios selectivos, masacres  selectivas,  reclutamiento de menores, desplazamiento forzado, delitos sexuales,  entre otros.    

          La  estadística de estas acciones y de sus víctimas, elaborada por  la   Unidad   Nacional  de  Justicia  y  Paz  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación14,  informa, fundada en los datos acopiados en desarrollo del proceso  de  desmovilización,  17.262 hechos confesados y 19.943 víctimas relacionadas,  de  las  35.664  acciones  registradas,  cuyos  afectados  conocidos ascienden a  51.702.   

Según  la  misma  fuente,  11.797  de estos  sucesos   corresponden   a   homicidios,   1.093   a   reclutamientos,  1.412  a  desapariciones  forzadas, 747 a desplazamientos forzados, 623 a extorsiones, 392  a   secuestros,   10   a  delitos  de  violencia  sexual,  72  a  episodios  relacionados  con  destrucción y apropiación de bienes protegidos, 115 a casos  de   tortura,    80   de   constreñimiento  ilegal,  73  a  contribuciones  arbitrarias,   98   a  actos  de  terrorismo,  238  a  hurtos,  150  a  lesiones  personales,   4  a toma de rehenes, 26 de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes y 5.622 a otros delitos.   

El referido documento revela, así mismo, que  las  víctimas  de  ese accionar en su mayoría integran la población civil, en  tanto  2.685 son niños, 3.532 mujeres, 284 sindicalistas,  214 indígenas,  92  integrantes  de  la  U. P., 36 periodistas, 21 miembros de Organizaciones no  Gubernamentales,  17  defensores de derechos humanos, 511 servidores públicos y  otras 44.328 personas.   

La  actividad  cumplida  por  estos  grupos  ilegales,   fue  posible  desafortunadamente  por  la  ayuda  brindada  por  las  autoridades  de  todos los órdenes y niveles, quienes por acción u omisión la  promovieron  o  facilitaron, circunstancia acreditada en diversos casos fallados  por  esta Sala15   y   por   otras  instancias  de  la  justicia  nacional,  algunos  mencionados   en la sentencia objeto del recurso, en la cual se enumeran, a  espacio,   con  fundamento  en  información  allegada  por  la  Fiscalía,  los  funcionarios  públicos  del  nivel  departamental  y  municipal  a  quienes  se  investiga  por  su  relación  con  las autodefensas16.   

El  bloque Héroes  de los Montes de María   

La estructura establecida al interior de las  Autodefensas   Unidas  de  Colombia,  preveía  la  formación  de  bloques  a  través  de  los  cuales  la  organización ilegal hacía presencia en el territorio nacional.   

Uno  de  estos  bloques  fue  el  denominado  Héroes   de   los   Montes   de  María,  con  influencia en la región del mismo nombre, ubicada entre los  departamentos  de  Bolívar y Sucre e integrada por quince municipios, siete del  primer  departamento  y  ocho  del  segundo.  Los municipios bolivarenses son El  Guamo,  San  Juan  Nepomuceno,  María La Baja, San Jacinto, Zambrano, Carmen de  Bolívar  y  Córdoba  (Tetón). Los de Sucre son Ovejas, Colozó, Los Palmitos,  Morroa,  San  Antonio  de Palmito, Tolú Viejo, Chalán y San Onofre17.   

Este   territorio   cuenta   con   áreas  geográficas   bien  definidas:  una  planicie  donde  se  han  desarrollado  la  ganadería  extensiva,  la agricultura comercial y la explotación maderera; una  parte  más  montañosa,  dedicada a proyectos agrícolas campesinos favorecidos  por  sus  recursos  hídricos  y una zona de litoral18  que  facilita  el acceso al  Océano     Atlántico,     donde    se    halla    ubicado    el    Golfo    de  Morrosquillo.   

Por  causa  de esa vocación agropecuaria la  región  de  los Montes de María, ha constituido una despensa no sólo para los  departamentos  que  la  integran,  sino para las zonas nororiental, occidental y  centro  del  país,  circunstancia a la cual se suma su situación estratégica,  en  tanto constituye paso obligado hacia otros centros económicos y facilita el  acceso al mar caribe y a sus puertos.   

En  la  década  de  los  70,  la  zona  fue  escenario  de  conflictos  sociales  asociados  con  la  lucha  campesina por la  tierra,  origen  de  invasiones de haciendas para propiciar una reforma agraria.  Esta  circunstancia  la colocó en la mira de grupos insurgentes como el EPL, el  ELN  y  las  FARC  quienes  en  1980  extendieron a ella su accionar, siendo los  Frentes   35   y   37   de  la  FARC  –    EP,    Jaime    Bateman   del   ELN  y  Che  Guevara   del   ERP,   los   de   mayor   presencia   en   los   Montes  de  María19.   

La  región  se  convirtió,  entonces,  en  escenario  de  secuestros,  extorsiones,  hurto  de ganado, boleteo y asesinatos  selectivos  implementados  por  estas organizaciones contra todos los estratos y  estamentos  de  la  sociedad,  lo  cual  determinó  la  aparición de grupos de  autodefensa,  creados  inicialmente  al  amparo  de  la  legislación  vigente y  quienes,   a  finales  de  la  década  de  los  9020, empezaron a disputar con la  insurgencia el control de estos territorios.   

En forma paralela, el narcotráfico asentado  en  la  Serranía  de  Paramillo,  consciente  de  la facilidad de acceder a los  puertos  del  océano  Atlántico  por esta vía, acentuó su presencia en dicha  zona,  a  través  de  la  compra  de  tierras  por  parte  de  sus  cabecillas.   

En  suma, los recursos de este territorio al  igual  que  su ubicación y características geográficas, lo convirtieron en un  corredor  estratégico  no sólo para los distintos actores del conflicto armado  nacional,  sino  también  para los grupos dedicados al tráfico de narcóticos,  circunstancia  que  llevó  a  unos  y  otros a pretender su control21.   

La  Comisión  Nacional  de  Reparación  y  Reconciliación  registró  el  arribo  del  fenómeno  paramilitar a esta zona,  así:   

“El despliegue de  la  expansión  nacional  de los paramilitares llegó a la región de los Montes  de  María,  agrupando  las Convivir que venían operando desde el año 1996, en  el   frente  paramilitar   Rito  Antonio  Ochoa  de  las  AUC  en  el  año  1997.   El  accionar  paramilitar se desarrolló en las zonas planas con la  generalización  de  los  homicidios  selectivos,  alternándose con incursiones  esporádicas  en  las zonas montañosas con masacres pequeñas.  Entre 1997  y  1998,  la región de los Montes de María registró 11 masacres que oscilaban  entre    las    4    y    7    víctimas   fatales22.   

Los paramilitares nacionales instalaron una  estructura  armada  que fue operada con autonomía por paramilitares regionales,  la  cual  sirvió  como  plataforma  para  la  arremetida  de  los paramilitares  nacionales  contra  aquellas retaguardias estratégicas de las FARC entre 1999 y  2001.   

Bajo la prioridad del corredor estratégico  citado,  los  paramilitares  nacionales  centraron  actividades  en el frente de  guerra  del  Sur  de  Bolívar  y  el  Magdalena  Medio en el año 1998, y luego  incursionaron  en  el  Catatumbo,  en  el  año  1999.  Una  vez consolidado ese  corredor,  el  cual  pasa por el Sur de Bolívar y el Magdalena Medio, escalaron  su  guerra  de  masacres  en  las  mencionadas  zonas  de  la  Costa Caribe para  consolidarla como su zona de retaguardia estratégica.   

No  es  casual  entonces  que los Montes de  María  y  la  Sierra Nevada de Santa Marta hayan sido dos de las cinco regiones  de  Colombia  más  afectadas  por ocurrencia de masacres en medio del conflicto  armado  entre  1999  y 2001: la primera registró 48 casos, los Montes de María  42  y  la  Serranía  del  Perijá  18;  y en el año 2000, cuando se produjo la  masacre  de  El  Salado, se registraron 20 masacres   en  la  región  de  los  Montes  de  María23.  En  ese  lapso  se  registraron  a su vez 58 masacres en las regiones de Magdalena Medio,  Sur    de    Bolívar    y   Catatumbo”24.   

Antes de la penetración de las autodefensas  así  referida,  otros  grupos  habían incursionado en la misma zona; tal es el  caso  de  los  García, los  Piedrahita,     los  “Cheperos”     de  Jesús María Barrera, alias  “Chepe Barrera” y, en la  década   de   los   noventa,   los  Mesa,  los  Benítez,  el  grupo de Jesús del Río,  así  como  otras  organizaciones  de  vigilancia  privada,  que  operaban  para  misiones específicas, sin llegar a controlar territorios.    

Las           CONVIVIR,  que  llegaron  a  ser cinco en  Bolívar  y  cinco  en  Sucre,  son  señaladas  como  precedentes de los grupos  paramilitares,  destacándose  que  siete de ellas operaban en la región Montes  de  María  o  en  su  entorno.  A  este tipo de organizaciones pertenecieron el  postulado     EDWAR    COBOS    TÉLLEZ     y    Rodrigo    Antonio    Mercado  Pelufo,          alias         “Cadena”,  miembro  de la Convivir Nuevo  Amanecer   y Salvatore Mancuso Gómez,  máximo  líder de las autodefensas en Córdoba, quien además de  ser  el  representante  legal  de  la  Convivir  Horizonte,  reconoció  en  sus  versiones  libres que la masacre del corregimiento de Pichilín, en el municipio  de  Tolú  Viejo,  fue  realizada  con  hombres  y  armas  de  la Convivir Nuevo  Amanecer25.   

La  génesis  del  denominado  Bloque  Héroes  de  los Montes de María,  fue reseñada por esta Sala, así:   

“Con   el  propósito   de   establecer   un  grupo  permanente  que  se  encargara  de  la  ‘seguridad’  del centro y norte del departamento  —se    refiere    al  Departamento  de  Sucre—,  donde  se  concentraba buena parte de los ganaderos adinerados, algunos de ellos  auspiciaron  su  creación,  propósito  que coincidió con el encargo efectuado  por  Carlos  Castaño Gil a Salvatore Mancuso, dirigido a la unificación de los  distintos  grupos  armados o de autodefensas que operaban en el norte del país,  en  lo  que  se  denominó  Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia,  acción  que empezó a consolidarse precisamente en el departamento de Sucre por  el año 1996.   

Según  se  conoció  después, hubo varias  reuniones  entre  comandantes de las autodefensas, reconocidos integrantes de la  dirigencia  política  local  y  acaudalados  ganaderos  del  centro y norte del  departamento, últimos que ayudaron a hacer realidad esa idea.   

En ese contexto, se supo de una reunión en  la  que  se  concretó  la  creación  del  grupo  irregular, que a la postre se  llamaría  Bloque  Héroes de los Montes de María, llevada a cabo en 1997 en la  hacienda  Las  Canarias  de  propiedad  del  político  y  ganadero  Miguel Nule  Amín26,  a  la  cual acudieron, entre otros, el ganadero Joaquín García  Rodríguez,  reconocido  auspiciador  de  esta  clase  de organizaciones; Javier  Piedrahita,  otro  entendido  en  la  materia;  Salvatore  Mancuso  y el Senador  ÁLVARO           GARCÍA           ROMERO27,  en  la  cual,  luego  de  finiquitados  los  temas  de  financiación  y  sostenimiento  del  nuevo grupo,  Piedrahita  postuló  para  su  comandancia  a  Rodrigo  Mercado  Peluffo, alias  ‘Cadena’…”28.   

Al  grupo ilegal, inicialmente conocido como  bloque  Sucre  – Bolívar,  se  asignó  el  supuesto  propósito  de  combatir al ELN y a las FARC, en cuyo  cumplimiento  ejecutaron masacres, homicidios selectivos, desplazamiento forzado  y una violencia sistemática contra las mujeres.   

Simultáneamente, incursionó en el tráfico  de  estupefacientes,  cobró  impuestos a narcotraficantes por la salida de este  tipo  de  sustancias, actividades que desde 2000 sufragaron el 75% de los gastos  generados   por   cada   frente,   según   indicó   el   postulado          COBOS         TÉLLEZ29.     Además    requirió  contribuciones  de  ganaderos  y  terratenientes  de  la región, con las cuales  también se financiaron.   

Así,  los  propietarios  de finca acordaron  pagar  $10.000 al año por hectárea, a cambio de seguridad; los propietarios de  estaciones    de   servicio   debían   aportar   combustible;   los   tenderos,  transportadores,  comerciantes  en  general  y  empresarios debían cancelar las  sumas  requeridas  mediante  extorsiones. Lo propio ocurría con contratistas de  Ecopetrol,  los  encargados  del  mantenimiento  de  carreteras pavimentadas, la  empresa  a  cargo  de  las  redes  de  gas  domiciliario,  los  dineros  de  las  transferencias   indígenas   y   en   ciudades  como  Cartagena,  cobro  a  los  comerciantes del mercado de Bazurto.   

EDWAR COBOS, en su  calidad  de receptor directo del impuesto de salida a las drogas, informó cómo  entre  junio  de 2004 y julio de 2005, entregó como subsidio a los tres frentes  del  bloque,  $3.900.000.000,  suma muy superior a los $423.800.000 desviados de  alcaldías  municipales  con  la  colaboración de sus  funcionarios y $793  millones     de     “otros    aportes”    30.   

Salvatore   Mancuso,   Carlos  y José Vicente Castaño Gil,  en  su condición de máximos jefes de las Autodefensas Unidas de  Colombia,   fungieron   como   comandantes  generales  del  bloque  Héroes   de   los   Montes   de  María,  integrado       a      dicha      organización31.   

Sin  embargo,  desde  1999,  se  conoce  la  pertenencia   de   EDWAR  COBOS  TÉLLEZ,    alias  “Diego  Vecino”,  a  la  estructura       del       citado       bloque32,   con   plena  autonomía,  funcional,  administrativa  y  económica,  sin  perjuicio  del  cumplimiento de  órdenes       impartidas       por       los      comandantes      Castaño       y       Mancuso.   

Durante  los años 2000 a 2003, la jefatura  del    bloque    fue    ejercida,   de   manera   conjunta,   por   Rodrigo  Antonio  Mercado  Pelufo,  alias  “Cadena”  y    EDWAR   COBOS   TÉLLEZ,  alias “Diego  Vecino”,  quienes  teniendo  como base a San Onofre,  Sucre,  operaron en los municipios ya citados y, además, en San Antero, Chinú,  San   Andrés  de  Sotavento,  Purísima,  Chimá,  Turbaco,  Turbaná,  Arjona,  Sincelejo, Corozal, Sampués, Santa Catalina y Santa Rosa.   

A  finales de 2002 y principios de 2003, el  bloque    adquirió    una   nueva   estructura,   en   la   cual   EDWAR     COBOS    TÉLLEZ,    “Diego  Vecino”,  comandante político y militar tuvo, hasta  su  desmovilización,  tres  frentes  bajo  su  mando:   

(i)           Golfo   de   Morrosquillo   a   órdenes   de   Rodrigo   Mercado  Pelufo,    alias         “Cadena”,  con  su  base  en  San  Onofre,  Sucre,  operaba  también  en  Sincelejo,  Corozal, Betulia, El Roble, Sampués, Los Palmitos, Tolú, Coveñas,  San  Antonio  de  Palmito,  Tolú  Viejo,  Ovejas, Morroa, Chalán, Colosó, San  Antero,  Chinú, San Andrés de Sotavento, Purísima, Chimá y Momil33.   

(ii)              Canal  del  Dique,   a   cargo  de  UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ,     alias  “Juancho Dique”,  desde  María  La  Baja  ejercía  su influencia en Cartagena,  Guamo,  San  Juan  Nepomuceno,  San  Jacinto,  El  Carmen  de Bolívar, Turbaco,  Arjona,  Bayunca,  Turbaná,  San  Estanislao,  Santa  Rosa, Clemencia, Mahates,  Soplaviento,  Calamar, Santa Catalina y Arroyo Hondo34.   

(iii)               Sabanas   de   Bolívar   y  Sucre  comandado por William  Ramírez     Castaño,     alias    “Román”,  tuvo su dominio en Magangué,  Galeras,  Zambrano,  San Pedro, Buena Vista y Sincé35.   

Cada uno de los comandantes de estos frentes  era  responsable  de  su  organización interna, atendiendo la zona donde hacía  presencia.   

También  integraron el bloque Francisco    Robles    Mendoza,   alias  “Amaury” y Marco   Tulio   Pérez   Guzmán,  alias  “El    Oso”,   alias  “el Gallo”, entre otros.   

La  organización  del  bloque Héroes   de   los   Montes   de   María  respondía   a   una   jerarquía   definida,  contaba  con   estatutos  de  constitución  y  régimen  disciplinario,  reformados y aprobados en la Segunda  Conferencia   Nacional   de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia36,    los  cuales     permitían    el    ascenso    de    sus    miembros    en   esa  estructura37  y, especialmente, estableció y aplicó unos específicos métodos  de  lucha,  a  través  de  los  cuales buscó consolidar el control político y  militar de la zona.   

Estos  métodos,  implementados  sobre  la  población  civil,  derivaron  en  la  realización  de  homicidios  selectivos,  masacres,   desplazamiento  forzado,  torturas,  actos  de  violencia  sexual  y  desaparición   forzada,   además,   del  reclutamiento  de  menores  de  edad,  secuestros,  actividades  de  narcotráfico e ilícitos contra los mecanismos de  participación             ciudadana38.   

En  cuanto  al reclutamiento de menores, el  CTI  en  su  informe sobre el tema enumera cuarenta (40) casos de jóvenes entre  los  catorce  (14)  y  diecisiete  (17)  años de edad que ingresaron al bloque.   

El  grupo  ilegal,  con  594 miembros y 364  armas,  se  desmovilizó  en  el Corregimiento San Pablo, Municipio de María La  Baja,  Bolívar,  el  14  de  julio  de  2005.  Como  miembro  representante fue  reconocido    EDWAR    COBOS    TÉLLEZ,  quien con otras 146 personas se postuló al proceso de Justicia y  Paz.   

Del total de desmovilizados de este bloque,  15  son  mujeres:  4 de ellas entre 25 y 30 años, 3 entre 30 y 35; 7 entre 35 y  40  y  1  entre  40  y  45  años.  Entre  los  hombres figuran 45 entre 18 y 25  años;   145  entre 25 y 30; 137 entre 30 y 35; 163 entre 35 y 40; 17 entre  40  y  45;  11 entre 45 y 50; 6 entre 50 y 55 y 2 hombres mayores de 55 años. A  septiembre   de   2009,  46  de  los  postulados  habían  fallecido39.   

Frente Canal del Dique  

Especial  mención  debe  hacerse al frente  Canal  del Dique, por cuanto  su  comandancia  fue  ejercida  por  el postulado UBER  ENRIQUE   BANQUEZ   MARTÍNEZ,  alias  “Juancho Dique”.   

Esta estructura se creó el 14 de febrero de  2001  y  en  sus  comienzos ocupó regiones de María La Baja, Arjona, Turbaco y  Turbaná.  En  octubre de 2002 asumió la zona comprendida por los municipios de  Carmen  de  Bolívar, San Jacinto, San Juan Nepomuceno, Bayunca, San Estanislao,  Calamar,   Mahates,   Arroyo   Hondo,   San   Cristóbal,  Soplaviento,  Arenal,  Villanueva,  Clemencia,  Santa  Catalina,  Guamo, Santa Rosa y la ciudad de  Cartagena,  región  que  hasta entonces estuvo a cargo de alias “Jorge 40”.   

El bloque se organizó, a su vez, en varios  grupos  de  acuerdo  con  los  municipios  de la región, cada uno de los cuales  contaba   con   radio   operadores   y   comandantes   financiero,   urbano,  de  contraguerrilla,  de sección, de escuadra, de equipo, así como con patrulleros  y,  para el mercado de Bazurto en Cartagena, tenía una nómina independiente de  quienes      operaban      en      la     ciudad40.   

El  frente  Canal  del   Dique   obtuvo  los  recursos  necesarios  para  financiarse  de  las  mismas  fuentes establecidas por el Bloque: contribuciones  concertadas,  extorsiones,  porcentajes  de  los  contratos  celebrados  por las  entidades  públicas,  así  como  del  narcotráfico, a través de EDWAR   COBOS  TÉLLEZ.  El  promedio  de  gastos   mensuales,   incluidos  nómina,  logística  y  pagos  a  autoridades,  ascendía  aproximadamente  a  $140.000.000,  de los cuales el narcotráfico les  subsidió    aproximadamente  el  75%  mensual41.   

De  acuerdo  con  el postulado BANQUEZ,  al  momento  de  su llegada, el  frente  tenía 20 fusiles, insuficientes para enfrentar la guerrilla, razón por  la  cual  acordaron  con la base de la Infantería de Marina de la zona, que los  lunes  les prestaran armamento (fusiles M-60, morteros) cuya devolución hacían  los   jueves42.      Luego     “Cadena”,  con  el  apoyo  determinante  del  ex  Capitán  del Ejército  Nacional   Jorge   Rojas,  consiguió  armas  provenientes, por lo general, de El Salvador y Nicaragua y de  algunos países de Europa como Bulgaria.    

En  el  anterior contexto se cumplieron los  hechos  materia  de  esta  sentencia,  comunes a EDWAR  COBOS  TÉLLEZ y UBER ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ, a quien se imputaron, además, los  sucesos  acaecidos en Isla Múcura. Los cargos formulados por la Fiscalía 11 de  la  Unidad  Nacional  de  Justicia  y  Paz,  aceptados  por  los  postulados  se  transcriben          a         continuación43:   

“…101.                      Caso No 1. Concierto para delinquir44.  La Fiscalía Once de la Unidad Nacional  para  la Justicia y la Paz, expresó que la conducta se encuentra tipificada por  el  artículo  340  de la ley 599 de 2000, agravada por el numeral segundo de la  misma  norma.  Imputada  de  manera  exclusiva al postulado EDWAR COBOS TÉLLEZ,  alias      “Diego      Vecino”      a      título      de      autor,  toda  vez que por este delito ya  fue  condenado  UBER  ENRIQUE BANQUEZ MARTÍNEZ por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión el 18 de octubre de 200745.  El cargo  se  formuló  a  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ con fundamento en la siguiente situación  fáctica.   

102.             EDWAR COBOS TÉLLEZ, quien había  entablado  relación  de  amistad  con  Salvatore  Mancuso y Carlos Castaño, se  identificó  con  la  ideología antisubversiva, los fines, objetivos y métodos  de  las  autodefensas: combatir la guerrilla a ultranza, aun cuando sufriera las  consecuencias  la  población  civil. Así en el año 1998 ingresó como miembro  de   esta  organización  que se caracterizó por la comisión de masacres,  desplazamientos  forzados  de  la  población  civil,  desapariciones  forzadas,  secuestros, extorsiones, hurtos, crímenes de género, etc.   

103.                              Para  1999, compartió la comandancia del grupo  con  Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, alias “Cadena”, hasta finales del 2002,  cuando  es nombrado comandante máximo del bloque de los Montes de María, cargo  que desempeñó hasta su desmovilización el 14 de julio de 2005.   

104.              Por tratarse de una conducta de  carácter  permanente,  afirma la fiscalía, debe contarse su ejecución para el  caso  de  COBOS  TÉLLEZ  desde  finales de 1998 y hasta el 14 de julio de 2005,  encuadrando  la  calificación  en  “concierto para delinquir agravado”  cometido  en  el  contexto  de  un  conflicto armado entre las autodefensas y la  guerrilla46.   

105.                Caso  No  2.  Desplazamiento  forzado47.  Tipificado  por  la  fiscalía  de acuerdo a lo previsto por el artículo 159 de la ley  599  de  2000 en concurso homogéneo y simultáneo de 663 cargos. Imputado a los  postulados  EDWAR COBOS TÉLLEZ, alias “Diego Vecino” y UBER ENRIQUE BANQUEZ  MARTÍNEZ,    alias    “Juancho    dique”    a   título   de   coautores.  Lo hizo con fundamento en la  siguiente situación fáctica.   

106.              El  10  de marzo de 2000, en la  finca  El  Palmar  jurisdicción  del municipio de San Onofre (Sucre), centro de  reunión      de      Rodrigo     Mercado     Pelufo,     alias     “Cadena”,  uno  de  los comandantes del bloque  Montes  de  María,  reunió  60  hombres  bajo su mando, entre ellos: Macayepo,  Verruga,  Convivir,  Papaya, Caballo, Ñeque, Coveñas, Cuellar, El Mono, Ojón,  Alfonso,  Putumayo,  Burro,  Cara Loco, El Grande, Cachaco, Negro, Rolo, Diablo,  Américano,  Orbitel, Coyara, Marco, Federico, Moña, Juete, Bocaesueter, Paisa,  Albeiro,  Puerca, Goliath, Cuellar, Yupi, Ratón, Felix, Armando, Cangrejo, Vida  Fácil,  Sebastian,  Juan, Diablo, Pájaro Loco, Gringo, Nana, Walter, William y  el  Indio.  Salieron en tres camiones, recorrieron Palo Alto, pasaron por Retiro  Nuevo  y  de  allí  al municipio de María La Baja. Llegaron a Mampuján siendo  más  o  menos  las  siete  u  ocho  de  la  noche, donde se reunieron con otros  miembros  de  autodefensas  para  completar  150,  éstos  al  mando de Amauri y  Gallo.   

107.              Por orden de alias “Cadena”,  convocaron  por  la  fuerza  y  mediante  amenazas  con  armas  de  fuego de uso  privativo  de  las  fuerzas  militares,  tales como: fusiles Galil, AK157, AK47,  M60,  R15, FALL, a la población civil de Mampuján, incluidos niños, ancianos,  mujeres,  y  les  ordenaron  desplazarse de manera inmediata, a más tardar a la  madrugada  siguiente,  porque  de  lo  contrario les pasaría lo mismo que a los  pobladores  de  El  Salado; con machete cortaban ramas de árboles, los raspaban  contra  el  piso  y  los acusaban de ser auxiliadores de la guerrilla; por ello,  conforme  a  la  orden  impartida,  en el proceso se notician desplazamientos de  población  civil  a  partir del 11 de marzo de 2000, hechos que se adecuan a lo  previsto en el artículo 159 de la Ley 599 de 2000.   

108.              Destrucción  y apropiación de  bienes                   protegidos48.         La  Fiscal  Once  de  la  Unidad  Nacional  para  Justicia  y  Paz,  inicialmente   calificó  las  conductas  de  acuerdo  a  lo  previsto  por  los  artículos  349;  350  numerales 1º y 2º; 351 numerales 8º y 10º del Decreto  100  de  1980,  cometido  en concurso homogéneo y simultáneo, atendiendo a que  aproximadamente  450  de  los  habitantes denunció ser víctima de este delito,  calificación  que  fue  variada en la audiencia de legalización de los cargos,  adecuándola  en  el  artículo 154 de la Ley 599 de 2000, como delito contra el  derecho        internacional       humanitario49.    Como    coautoría    impropia    les   fueron  formulados  estos  cargos  a COBOS TÉLLEZ y BANQUEZ MARTÍNEZ con fundamento en  la siguiente situación fáctica:   

109.             El día que las personas tuvieron  que  salir  de Mampuján, -11 de marzo de 2000- con ocasión del desplazamiento,  dejaron  sus  pertenencias básicas, que posteriormente no fueron encontradas al  momento  de  su  retorno.  Esta misma conducta fue puesta en conocimiento de las  autoridades  por el propietario de la tienda de Mampuján quien  manifestó  que  no  sólo  se llevaron víveres de su establecimiento, sino que además, lo  que  dejaron,  lo  dañaron,  como  por  ejemplo, al aceite le echaron vinagre y  límpido.   

110.                  Caso   No   4.   Secuestro  simple50.  La Fiscalía  Once  de  la Unidad Nacional Para la Justicia y la Paz, calificó la conducta de  acuerdo  a lo previsto por el artículo 269 del Decreto 100 de 1980, cometido en  concurso  homogéneo  y simultáneo de 7 cargos. Imputó este cargo a título de  coautoría  impropia a los  postulados  EDWAR COBOS TÉLLEZ, alias “Diego Vecino” y UBER ENRIQUE BANQUEZ  MARTÍNEZ,  alias  “Juancho Dique” con fundamento en la siguiente situación  fáctica:   

111.              El 10 de marzo de 2000, miembros  del  bloque  Montes  de  María, retuvieron en contra de su voluntad, amenazando  con  las  armas  que  portaban  a siete habitantes: Armando Rafael Maza Mendoza,  Manuel  Esteban  Vega  Fernández,  Francisco  José Nisperusa Feria, José Luis  Contreras  Serrano,  Germán  Maza Julio, Grimaldo López Fernández y Aristides  Maza  Cañote,  para que les señalaran el camino a las Brisas, vía a Yucalito,  donde  se  encontraba  el  campamento  de  la  guerrilla con la que  iban a  combatir  y  una  vez  hicieron  las  indicaciones del camino, fueron dejados en  libertad.   

112.   Caso     No     6.     Homicidios    en    persona  protegida51.  La Fiscalía  Once  de  la  Unidad  Nacional  para  la  Justicia y la Paz, en desarrollo de la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos, varió la calificación  jurídica  que  inicialmente  se  hizo  por  homicidio  agravado, a homicidio en  persona  protegida  tal como lo tiene previsto el artículo 135 de la ley 599 de  2000.  Imputó  este  cargo  a  título  de coautoría  impropia  a los postulados EDWAR COBOS TÉLLEZ, alias  “Diego  Vecino”  y UBER ENRIQUE BANQUEZ MARTÍNEZ, alias “Juancho dique”  con fundamento en la siguiente situación fáctica.   

113.              Se  tiene que las instrucciones  eran  llegar  a  los  sectores  de  El  Loro y El Tamarindo corregimiento de San  Cayetano,  jurisdicción  de  San  Juan  Nepomuceno  (Bolívar) porque había un  campamento  de  la  guerrilla.  Salieron  como  a  las  diez  de  la  noche  del  corregimiento  jurisdicción  de  María  La  Baja  (Bolívar),  pasaron por las  veredas  de  Yucal,  Yucalito,  La  Haya  y  siendo  las  cinco  de  la mañana,  aproximadamente,    llegaron   al   campamento   y  no  encontraron  a  los  insurgentes.  En ese momento Rodrigo Mercado Pelufo, alias “Cadena” reúne a  los  comandantes,  da  la  orden de matar a varias personas porque supuestamente  eran  de la guerrilla. Para el efecto ordena sacarlos de las casas dispersas por  la  zona,  anunciándose  como miembros de las autodefensas, vistiendo prendas y  portando  armas  de  uso privativo de las fuerzas militares. Las concentraron en  una   planicie   y  Rodrigo  Mercado  Peluffo,  alias  “Cadena”  ordenó  su  ejecución;  entre  otros,  participaron  como  autores  materiales UBER BANQUEZ  MARTÍNEZ,  alias  “Juancho  Dique”  y  Julio  Rafael Navarro Méndez, alias  “Macayepo”,  quienes  cumplieron la orden de “Cadena”  degollando a  sus  víctimas  y  en  otros  casos,  con  arma  de  fuego. En desarrollo de los  hechos  asesinaron a:   

114.              WILFREDO  JOSÉ  MERCADO TAPIA.  Campesino  de  la  región,  lo  apartaron  y lo asesinaron en la finca donde se  encontraba,    disparándole    con    arma    de    fuego    en    la   región  occipital.   

115.                ALEXIS  ROJAS  CANTILLO.  Se  dirigía  a trabajar en su oficio de agricultor; recibió un disparo con arma de  fuego   a   la   altura   del   pómulo  izquierdo  y  fue  degollado  con  arma  cortopunzante.   

116.         DALMIRO   RAFAEL  BARRIOS  LOBELO.  Campesino  de  la  región,  se  encontraba  en  compañía  de un trabajador de la finca de su propiedad, cuando  fue  abordado  por  un grupo de hombres fuertemente armados que se identificaron  como  miembros  de  las  autodefensas, los intimidaron y lo llevaron a la vereda  Las  Brisas  donde  le  dispararon en dos oportunidades en el ojo izquierdo, con  salida en el occipital izquierdo.   

117.                   ALFREDO  LUIS  POSSO  GARCÍA.  Se encontraba en la finca donde residía, lugar donde fue abordado por  un  grupo  de hombres armados y con pasamontañas, con armas de uso privativo de  las   fuerzas   militares,   quienes  se  identificaron  como  miembros  de  las  autodefensas,  quienes  se  lo  llevaron  esposado  junto  con su padre Joaquín  Fernando  Posso  Ortega.  Con  arma  blanca le causaron una herida alrededor del  pabellón  auricular  izquierdo,  le introdujeron un cuchillo debajo de la oreja  izquierda,  fue  degollado  y  presentó  signos  de  quemadura  a la altura del  cuello.   

118.                 JOSÉ  JOAQUÍN  POSSO  GARCÍA.  Se  encontraba  en  la finca cuando llegaron hombres con pasamontañas  portando  armas  de  uso  privativo  de las fuerzas militares que se lo llevaron  esposado  por la vía que conduce a Mampuján. Le ocasionaron la muerte con arma  blanca  que  produjo  herida  alrededor  del cuello y cercenamiento. El cadáver  presentaba  signos  de  desprendimiento de la piel en todo el cuerpo y signos de  quemadura en el cuello y cabeza.   

119.                              JOAQUÍN  FERNANDO POSSO ORTEGA. Se lo llevaron  esposado  por la vía que conduce a Mampuján, le ocasionaron la muerte con arma  blanca,  que  produjo una herida alrededor del cuello que produjo cercenamiento,  una  herida de 16 centímetros a la altura del tórax, una herida que le partió  el  tabique  en  dos,  desprendimiento de la piel en todo el cuerpo, y signos de  quemadura en el tórax y cabeza.   

120.                              RAFAEL  ENRIQUE  MERCADO GARCÍA. Le dispararon  en el lado izquierdo de la cabeza y a la altura del cuello.   

121.                GABRIEL ANTONIO MERCADO  GARCÍA.  Le  dispararon con arma de fuego. El cadáver presentó destrozo total  del  cráneo  con  pérdida  de  la  masa  encefálica y herida abierta con arma  cortopunzante en la parte del cuello.   

122.               JOSÉ DEL ROSARIO MERCADO  GARCÍA.  Fue degollado con arma blanca delante de los habitantes en un punto de  la vereda Las Brisas conocido como el Tamarindo.   

123.                MANUEL  GUILLERMO YEPEZ  MERCADO.  Le  dispararon  con  arma  de fuego que causó heridas a la altura del  pómulo  izquierdo,  orificio  de  aproximadamente 0.5 centímetros en el vertex  del   cráneo.   Presentaba   signos   de   quemadura   en  el  muslo  y  pierna  izquierda.   

124.                      Caso       No      7.      Tortura52.  Este  hecho no fue imputado, ni formulado en cargos a  los   aquí  postulados.  No  obstante,  la  Fiscalía Once de la Unidad Nacional para la Justicia y la Paz,  expresó  que  la  situación fáctica que se dio en Mampuján el 10 de marzo de  2000,  demuestra  que  cada una de las víctimas del delito de homicidio, fueron  sometidas  de  manera  previa  a  su  muerte  a  una  serie de padecimientos que  comportan   la  comisión  del  delito  tortura  psicológica  prevista  por  el  artículo  137  de  la  ley 599 de 2000, cargo aceptado por los postulados COBOS  TÉLLEZ  y  BANQUEZ  MARTINEZ  a título de coautoría  impropia.   

125.                      Caso     No    8.    Utilización    Ilegal    de    uniformes    e  insignias53.  La Fiscalía  Once  de  la  Unidad  Nacional  para  la  Justicia y la Paz, en desarrollo de la  audiencia  de control formal y material de cargos, ratificó que la comisión de  las   conductas  punibles,  fue  realizada  por  miembros  de  las  autodefensas  –   entre  ellos,  los  postulados    –   que  utilizaron  prendas  de  uso  privativo de las fuerzas militares, comportamiento  descrito  por  el  artículo  19  del  Decreto  Ley  180  de 1988, adoptado como  legislación  permanente  por  el  Decreto 2266 de 1991, norma que se encontraba  vigente  al  momento de la comisión de los hechos. Imputó este cargo a título  de  coautoría  impropia a  los  postulados  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ,  alias “Diego Vecino” y UBER ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ,  alias  “Juancho  Dique” solo por los acontecimientos de  Mampuján.   

126.                      Caso  No 9. Fabricación, tráfico, porte de armas de uso privativo  de         las         fuerzas        armadas54.  Las  conductas punibles fueron cometidas por miembros  de  las  autodefensas  –  entre    ellos,   los   postulados   –  que  portaban  armas  de  uso privativo de las fuerzas militares,  comportamiento   descrito  por  el  artículo  201  del  Decreto  100  de  1980.  Comportamiento  que  se  atribuyó  por  la  Fiscalía a título de coautoría impropia.   

127.                      Caso    No    5.   Secuestro   simple55.  La  Fiscalía  Once  de  la  Unidad  Nacional Para la  Justicia  y  la  Paz,  calificó  la  conducta  de  acuerdo a lo previsto por el  artículo  168  de  la  Ley  599  de  2000,  cometido  en  concurso homogéneo y  simultáneo.     Imputó     este    cargo    a    título    de    coautoría  impropia de manera exclusiva  al  postulado  UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ,  alias “Juancho Dique” con  fundamento en la siguiente situación fáctica.   

128.                El  19 de abril de 2003  UBER  ENRIQUE BANQUEZ MARTÍNEZ, para esa época comandante del frente Canal del  Dique  del  bloque  Montes  de  María, se encontraba en  Guamo (Bolívar),  cuando  alias  “Cadena”  le  comunica  la orden dada por Vicente Castaño de  participar en el secuestro de un empresario en Isla Múcura.   

129.              BANQUEZ ordenó a Franklin  alistar  30  hombres  que  debían  llevar  camuflado  nuevo,  fusilería Galil,  M16,   los  reunió  en el cerro Las Brisas en el campamento de alias “El  Oso”,  quien  recibió  el  personal  que  iba  en dos camionetas, lugar donde  también  llegó  el  guía  alias “Popeye” enviado por Vicente Castaño. De  allí  fueron  transportados  hasta la orilla del mar en Chichima, salieron a la  isla  en  chalupas  iguales  a  las  de  la  Infantería  de  Marina, sin perder  comunicación con Franklin, ni con Rodrigo.   

130.           Al llegar a  la  isla  se identificaron como miembros de la Infantería de Marina, desarmaron  a  los  escoltas,  entran  a  buscar  al  empresario  y  como no lo encontraron,  secuestran  a  Luis  Fernando  Melo  Morales,  para  la  época  menor  de edad,  Francisco  González,  Manuel Villanueva, José Hernández, Carlos Ardila, Jorge  Rey,  Santiago  N.  Benuet  Moral  y  Carlos  Leyton.  Igualmente  procedieron a  apropiarse  de  dinero  en  efectivo,  las armas pertenecientes a los escoltas y  otros     bienes     de     los     habitantes    de    esta    Isla”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 11 de noviembre de 2008 la Fiscalía  11  delegada  ante el Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla radicó escrito  de  formulación  de imputación parcial de cargos y solicitud de imposición de  medida  de  aseguramiento respecto del postulado EDWAR  COBOS      TÉLLEZ,      alias     “Diego  Vecino”,  comandante  del bloque  Héroes   de   los   Montes   de  María,   por   los   delitos   de   concierto  para  delinquir  agravado,  desplazamiento  forzado, porte ilegal de armas y prendas de uso privativo de las  fuerzas  militares,  hurto  calificado  y  agravado,  homicidio  y  secuestro en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  cometidos el 10 y 11 de marzo de 2000 en los  corregimientos  de  Mampuján y San Cayetano, pertenecientes, en su orden, a los  municipios   de   María   La   Baja  y   San  Juan  Nepomuceno,  Bolívar.   

2. La audiencia correspondiente se efectuó  el  27  de noviembre de 2008, oportunidad en la cual el Magistrado de Control de  Garantías  dio  por formulada la imputación e impuso al postulado COBOS  TÉLLEZ  medida de aseguramiento de  detención preventiva, decisión apelada por su defensor.   

3.  Esta Sala asumió el conocimiento de la  alzada  por competencia y, en auto del 9 de febrero de 2009, declaró la nulidad  de  la actuación a partir de la providencia recurrida, por cuanto no se motivó  la  medida  de aseguramiento impuesta al postulado, en relación con cada uno de  los delitos imputados.   

4.  El  24  de  marzo  de  2009 se celebró  nuevamente  la audiencia y el magistrado de control de garantías, cumpliendo la  carga  de argumentación correspondiente, afectó con medida de aseguramiento al  postulado,  decisión  impugnada  por  su  defensor y por la Fiscalía, quien se  mostró  en  desacuerdo  por  cuanto se mutó el cargo de desplazamiento forzado  por el de constreñimiento ilegal.   

5. Durante el trámite respectivo ante esta  Sala, la defensa desistió del recurso.   

6. Esta Colegiatura, en proveído del 22 de  mayo  de  2009,  aceptó  el  desistimiento  del  recurso y, en relación con el  reparo  de  la Fiscalía, revocó parcialmente la decisión impugnada precisando  que  la  medida  de  aseguramiento  procedía  por  el punible de desplazamiento  forzado  y  no  por  el  de  constreñimiento  ilegal,  en  tanto  aquél  es de  ejecución  permanente  y  perduró,  por  lo  menos,  hasta  el  momento  de la  desmovilización  del  postulado  cumplida el 14 de julio de 2005, razón por la  cual  podía  atribuírsele el tipo penal descrito en el artículo 180 de la Ley  599 de 2000.   

7.  El  30  de  marzo  de 2009 la Fiscalía  radicó  ante  el  Tribunal  de  Justicia  y  Paz  de  Barranquilla  escrito  de  formulación   de   cargos   en   relación   con   el   postulado  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ  por los delitos de  concierto   para   delinquir   agravado,   desplazamiento  forzado  —     663     cargos    —,   secuestro   simple   —       7       cargos—,  uso  de prendas de uso privativo de  las  fuerzas  armadas,  porte  de armas de uso privativo de las fuerzas armadas,  homicidio  agravado  — 11  cargos    —   y   hurto  calificado y agravado.   

8.  El  18  de  junio  de  2009,  ante  el  Magistrado  de  control  de garantías de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  de  Barranquilla,  se  efectuó la audiencia correspondiente, durante la cual el  postulado    EDWAR   COBOS   TÉLLEZ   aceptó  los  cargos  formulados por la Fiscalía. Consecuentemente,  en  aplicación  del artículo 19 de la ley 975 de 2005, se ordenó la remisión  del proceso a la Sala de Justicia y Paz del Tribunal de Bogotá.   

9.  En  actuación  separada,  la Fiscalía  radicó  el  19 de noviembre de 2008 ante el Magistrado de Control de Garantías  de  Barranquilla,  escrito formulando imputación parcial respecto del postulado  UBER    ENRIQUE    BANQUEZ    MARTÍNEZ,   alias   “Juancho  Dique”,   por   los  delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado,  desplazamiento  forzado,  homicidio,  uso  de  prendas privativas de las fuerzas  militares,  utilización  de  armas  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas,  secuestro   y   hurto   agravado   y  calificado,  acaecidos  con  ocasión  del  desplazamiento  forzado de los habitantes de Mampuján y el secuestro de algunos  de  ellos, así como por la masacre de la vereda Las Brisas y el secuestro de la  Isla  Múcura; solicitó, además, la imposición de medida de aseguramiento por  las mismas conductas.   

10.  En  audiencia  cumplida  el día 25 de  noviembre  de  2008, el Magistrado de Control de Garantías dio por formulada la  imputación    e   impuso   al   postulado   BANQUEZ  MARTÍNEZ   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva, la cual no fue impugnada.   

11.  El  26  de  marzo de 2009 la Fiscalía  radicó  ante  el  Tribunal  de  Justicia  y  Paz  de  Barranquilla  escrito  de  formulación    de    cargos    con    relación   al   postulado   UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ por los  delitos   de   concierto   para   delinquir   agravado,  desplazamiento  forzado  — 663 cargos —,   secuestro   simple   —     7     cargos     —,  uso  de prendas de uso privativo de  las  fuerzas  armadas,  porte  de armas de uso privativo de las fuerzas armadas,  homicidio  agravado  —  11   cargos   —  y  hurto  calificado y agravado.   

12.  Estos  cargos  fueron aceptados por el  postulado  BANQUEZ MARTÍNEZ  durante  la audiencia correspondiente, adelantada el 27 de abril de 2009 ante el  Magistrado  de  control  de garantías de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  de  Barranquilla  quien,  en aplicación del artículo 19 de la ley 975 de 2005,  ordenó  la  remisión  del  proceso a la Sala de Justicia y Paz del Tribunal de  Bogotá.   

13.  El  9  de  junio  de  2009, la Sala de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  de  Bogotá asumió el conocimiento del proceso  contra  UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ  y  fijó  fecha  para  la audiencia de control de legalidad de los  cargos  formulados,  en  aplicación  del  artículo  19  de la Ley 975 de 2005.   

Igualmente,  extendió invitación a varias  instituciones  estatales  y  privadas  con el fin de conocer las investigaciones  relacionadas  con  el  bloque Héroes de los Montes de  María   —   frente   Canal  del  Dique   de  las  Autodefensas,  así:  Direcciones  de  Inteligencia  del  Ejército  y  la  Policía  Nacional;  Comisión  de la Memoria Histórica de la  Comisión  Nacional  de  Reparación  y  Reconciliación;  Instituto de Estudios  Políticos  y  Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional y Centro de  Recursos para el Análisis de Conflictos, CERAC.   

14.  Durante los días 6 a 10; 13 a 15 y 28  de  julio; 18 a 20 y 31 de agosto; 2 a 4; 7 a 9; 21, 22; 28 a 30 de septiembre y  7  de  octubre  de  2009,  se  adelantó la audiencia de legalización de cargos  respecto   del   postulado   UBER   ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ.   

En  la sesión del 15 de julio, el Tribunal  dispuso  la  acumulación  del  proceso al diligenciamiento seguido en contra de  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ  por  referirse  a  los  mismos  hechos  y,  a  partir  de  esa fecha, la audiencia de  legalización  de  cargos  para  estos postulados se tramitó en forma conjunta.   

15.  El  25  de  enero  de 2010, la Sala de  Justicia  y Paz del Tribunal de Bogotá, adelantó audiencia de legalización de  cargos, en la cual resolvió:   

(i)           Negar  la  nulidad  impetrada  por  un  apoderado de las víctimas;   

(ii)          Declarar  la legalidad formal y material  de  la aceptación de cargos efectuada por EDWAR COBOS  TÉLLEZ   y  UBER  ENRIQUE  BANQUEZ     MARTÍNEZ,  precisando  sí que los delitos imputados corresponden  a  los  tipos  penales  vigentes al momento de perpetrarse los hechos y no a las  normas  del  Derecho  Internacional Humanitario y de Lesa Humanidad;   

(iii)             Declarar  ilegal  el  cargo  de  tortura   sicológica   aceptado   por   los   postulados  en  la  audiencia  de  legalización  de  cargos,  por  cuanto  no  concurren  los elementos especiales  exigidos por el tipo penal del artículo 137 del Código Penal.   

16.  La determinación fue impugnada por el  defensor    de   EDWAR   COBOS   TÉLLEZ;  sin  embargo,  cuando  el  expediente  se encontraba en la Corte,  desistió  del  recurso,  postura aceptada por la Sala en auto del 17 de febrero  de 2010.   

17.  El  29  de  junio  de  2010,  luego de  adelantar  el  incidente  de reparación integral, la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  profirió  sentencia  de carácter condenatorio  contra    los   postulados   EDWAR   COBOS   TÉLLEZ  y   UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ,  en su condición de desmovilizados y jefes  del    bloque    Héroes    de    los   Montes   de  María  y  frente  Canal del  Dique  de  las  Autodefensa  Unidas  de Colombia, AUC,  fallo recurrido por las partes e intervinientes.   

18. El 26 de julio de 2010 esta Corporación  asumió  el  conocimiento  del  asunto  y  fijó  fecha  para  la  audiencia  de  argumentación  oral  del  recurso,  actuación  surtida  durante los días 9 de  septiembre, 4 y 7 de octubre siguientes.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

La  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal  Superior  de  Bogotá  condenó a los postulados EDWAR  COBOS  TÉLLEZ y UBER ENRIQUE  BAQUEZ  MARTÍNEZ  a  468  y  462  meses  de prisión,  respectivamente,   como   coautores   de  los  delitos  de  homicidio  agravado;  deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento forzoso de la población  civil;  secuestro  simple;  hurto  calificado y agravado; utilización ilegal de  uniformes  e insignias y fabricación, tráfico y porte de armas y municiones de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  en concurso homogéneo y sucesivo. A  EDWAR   COBOS   TÉLLEZ,  adicionalmente  se  le  condenó  por  el  punible  de  concierto para delinquir  agravado.   

Así mismo, el juzgador de primera instancia  determinó  suspender  a los postulados la ejecución de la pena de prisión por  una  pena  alternativa  equivalente  a  ocho  años  de  prisión,  la cual debe  cumplirse en centro de reclusión.   

También condenó a los postulados a pagar,  de   manera  solidaria  con  los  demás  integrantes  del  bloque  Héroes  de  los  Montes  de  María y del  frente  Canal  del  Dique de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia,  los  daños  y perjuicios materiales y  morales ocasionados a las víctimas.   

Finalmente, ordenó la reparación integral  de  las víctimas, imponiendo con ese propósito, obligaciones específicas a la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  a  la  Comisión Nacional de Reparación y  Reconciliación    y    a    diversas   autoridades   del   orden   nacional   y  territorial.   

El  representante  de la Fiscalía, los dos  Representantes   del  Ministerio  Público,  los  trece  representantes  de  las  víctimas y los dos defensores recurrieron este fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Competencia  

De  conformidad  con  lo  establecido en el  inciso  2°  del  artículo  26  de  la  Ley 975 de 2005, en concordancia con el  numeral  3°  del  artículo  32  de  la  Ley  906  de 2004, esta Colegiatura es  competente      para      desatar      los      recursos     de     apelación    interpuestos   por   los  intervinientes  contra  el fallo de primer  grado  proferido  por  la  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal  Superior de Bogotá.   

Las impugnaciones  

En atención a que los representantes de la  Procuraduría  solicitan declarar la nulidad del trámite impartido al incidente  de   reparación   integral  o  en  subsidio,  anular  la  sentencia,  aduciendo  diferentes  razones,  de  manera  prioritaria  la Sala emprenderá el estudio de  tales  planteamientos,  pues  en caso de prosperar tornaría nugatorio cualquier  pronunciamiento  sobre  los  demás  motivos  de impugnación. Posteriormente se  ocupará de los otros planteamientos de disenso.   

Ahora,  para  una mejor comprensión de las  determinaciones  dispuestas  en esta sentencia, metodológicamente se procederá  a  identificar  cada uno de los temas objeto de inconformidad planteados por los  impugnantes,  reuniendo  en  cada  uno  de  tales  acápites las argumentaciones  expuestas  en  la  sustentación  del  recurso,  para  acto  seguido plasmar las  consideraciones  de  la  Sala  sobre  el  particular  y adoptar la decisión que  corresponda.   

1.          Nulidades propuestas   

1.1.          El Tribunal omitió plantear fórmulas de  conciliación   y  no  citó  a  las  entidades  estatales  involucradas  en  el  fallo   

En  primer  lugar,  señala la Procuradora Delegada en representación de  la  sociedad,  que  el  Tribunal  de  instancia,  obviando  lo  dispuesto  en el  artículo  23  de  la  Ley 975 de 2005, dio comienzo al incidente de reparación  integral  no  para  escuchar las pretensiones de las víctimas, sus defensores y  Ministerio  Público, así como las pruebas requeridas por ellos, sino para oír  a  las autoridades locales y departamentales con fines simplemente ilustrativos.   

Después,  indica,  adelantó  una etapa de  conciliación  como  un  trámite simplemente formal, donde se desconocieron los  fines  de la justicia transicional atinentes a la reparación de las víctimas y  a  la  reconciliación  de las partes, pues la Sala del Tribunal omitió sugerir  fórmulas  de  arreglo y desempeñar un papel proactivo, con lo cual la etapa de  conciliación  se  surtió  de manera inadecuada, de modo que se impone declarar  la nulidad del incidente de reparación.   

En  segundo  lugar, asevera la Delegada,    no   fueron   citados   los  representantes  de  las  entidades  estatales  afectadas luego con la sentencia,  desconociendo  los  principios de legalidad y debido proceso, por cuanto si bien  los  artículos  23,  54  y 55 de la Ley 975 citada, prevén una responsabilidad  subsidiaria  del  Estado,  el  artículo  29  Superior impone la aplicación del  debido  proceso  a  todas  las  actuaciones judiciales y administrativas. En ese  orden,  concluye,  aun cuando el Estado responde por las acciones y omisiones de  sus  agentes,  razón  suficiente  para vincularlo al proceso de Justicia y Paz,  debe  ser  vencido  en  el trámite correspondiente, lo cual no ocurrió en este  caso, donde ni siquiera fue citado.   

Acerca  de  lo  anterior,  el  defensor   del   postulado   UBER  BANQUEZ  MARTÍNEZ  considera  que,  contrario  a  lo  expuesto  por  el  Ministerio  Público,  el  proceso no está  afectado  de nulidad por cuanto los derechos de las víctimas fueron respetados;  así,  en  la  etapa  probatoria  se  dio traslado a la defensa de los elementos  materiales  probatorios  relativos a los perjuicios solicitados y no se efectuó  reparo  alguno.  Además, recalca, la nulidad retrasaría aún más la solución  del proceso, tramitado ya por varios años.   

          De  otra  parte,  el  defensor  de  EDWAR COBOS  señala  que  no  se  concretó  nulidad  alguna  en  el  trámite,  el cual fue  adelantado  en  forma  adecuada  y,  además,  el  Estado no debe ser vencido en  juicio,  por  cuanto  responde subsidiariamente, según estableció la sentencia  C-370  de  2006  en  los  puntos 6.2., 6.4. y 6.10. De igual manera, el Tribunal  a  quo  no podía forzar una  conciliación ante posiciones económicas tan distantes.   

Consideraciones de la Sala  

En   orden  a  resolver  el  primer    tópico   planteado   por   la  Procuradora,  ha  de  partirse  necesariamente de los principios que informan el  decreto  de  las  nulidades,  cuya  aplicación resulta innegable en materia del  procedimiento  de  Justicia  y  Paz  conforme  al postulado de complementariedad  regulado   en  el  artículo  62  de  la  Ley  975  de  2005,  según  el  cual,  “para  todo  lo  no dispuesto en la presente ley se  aplicará  la  Ley  782  de 2002 y el Código de Procedimiento Penal”.   

Pues bien, uno de los principios que regenta  el  decreto de las nulidades es el de trascendencia, acorde con el cual sólo se  acude  a  esta medida extrema si la irregularidad de carácter sustancial afecta  garantías   de   los  sujetos  procesales  o  las  bases  fundamentales  de  la  actuación.   

Auscultados los registros audiovisuales del  incidente  de  reparación  integral  y,  particularmente,  del contentivo de la  audiencia  realizada  el 30 de abril de 2010 (quinta sesión), se advierte cómo  una  vez la representante de la Fiscalía General de la Nación y los apoderados  de   las  víctimas  concretaron  sus  pretensiones  encaminadas  a  obtener  la  reparación  por  la  comisión  de  las  conductas delictivas aceptadas por los  postulados    EDWAR   COBOS   TÉLLEZ   y      UBER      ENRIQUE      BANQUEZ  MARTÍNEZ,  se  corrió  traslado  a  sus  defensores,  quienes presentaron una contrapropuesta.   

Ante   esta   situación,   el  Tribunal,  ciñéndose  al  rito  contemplado  en  el  artículo  23 de la Ley 975 de 2005,  invitó  a  los  intervinientes a conciliar con resultados negativos. Es verdad,  como  lo  indica  la  Procuradora,  que  esa  Corporación  no realizó ingentes  esfuerzos  por  obtener  un  acuerdo  conciliatorio,  ni  desplegó una vigorosa  actividad  mediadora;   empero,  tal  circunstancia  dista de configurar un  menoscabo  de  los  derechos  de  los  distintos  intervinientes  dentro de esta  actuación   o   de   resquebrajar  las  bases  fundamentales  del  proceso  que  justifique,  en  el  actual estado del proceso, acudir al instituto ultima   ratio   de  la  nulidad,  punto  fundamental  sobre  el  cual  tampoco  la  representante del Ministerio Público  ahondó para tener por estructurada adecuadamente su pretensión.   

Al contrario, no duda la Sala que retrotraer  la  actuación a ese estadio en procura de propiciar fórmulas conciliatorias de  posturas  tal  diametralmente  opuestas  ante  la  enorme  diferencia  entre  lo  propuesto  por  las  víctimas  y  lo  ofrecido por los postulados, comportaría  mayor  vulneración de los derechos de las primeras, expectantes por obtener una  pronta  satisfacción  de  sus  derechos  a la verdad, justicia, reparación y a  acceder  a  las  garantías  de no repetición declaradas en el fallo por hechos  ocurridos hace más de diez años.   

Tampoco  se  observa  que  tal actitud haya  afectado  los  derechos  de los postulados, interesados en alcanzar el beneficio  de la pena alternativa reconocida en el fallo.   

Menos  aún  se  advierte  que por no haber  adoptado  el Tribunal una actitud más decidida en pro de la conciliación entre  las  partes,  se  haya  desnaturalizado  la esencia del incidente de reparación  integral  tal  como  está  concebido  en  el  proceso de justicia y paz, según  señala   equivocadamente  la  impugnante,  pues  en  su  seno  fue  posible  la  individualización      de     las     víctimas56  y  la  concreción  de  sus  demandas   en   orden   a   obtener  medidas  de  restitución,  indemnización,  rehabilitación    y    satisfacción    en    los    ámbitos    individual   y  colectivo.   

Por  lo  tanto,  se  debe concluir que este  aspecto  formulado  por la Procuradora carece de entidad para generar la nulidad  de lo actuado.        

En     cuanto     al     segundo  tópico  planteado  por  la misma  interviniente  para  sustentar  el pedimento de invalidez, también sugerido por  el  Procurador  para  el  daño colectivo, concerniente a la omisión de citar y  vincular  al  incidente  de  reparación  integral  a  los representantes de las  entidades   estatales   afectadas   con   la   sentencia,  importa  señalar  lo  siguiente:   

La Corte no desconoce que con la reparación  judicial  a  las  víctimas  contemplada  en  la  Ley  975  de  2005  la Sala de  Conocimiento  del  Tribunal  está  revestida  de  facultades para ordenar en la  sentencia   medidas   de  restitución  (art.  46),  indemnización  (art.  44),  rehabilitación  (art.  47),  satisfacción  y de no repetición (art. 48), así  como  medidas  de  reparación  colectivas  (inc. 8, art. 8°) en su favor, como  taxativamente  lo  recoge  el  artículo  43  de  la misma obra, cuando advierte  que:    “El  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial al proferir sentencia,  ordenará   la   reparación   a   las   víctimas   y   fijará   las   medidas  pertinentes”.   

Ello también se desprende de lo establecido  en  el  artículo 45, según el cual, “las víctimas  de  los  grupos armados al margen de la ley pueden obtener reparación acudiendo  al  Tribunal Superior de Distrito judicial, en relación con los hechos que sean  de su conocimiento”.   

Adicionalmente,   el   inciso  final  del  artículo  8°  de  la misma ley, consagra el derecho-principio a la reparación  de las víctimas, de acuerdo con el cual:   

“Las autoridades  judiciales  competentes  fijarán  las  reparaciones  individuales, colectivas o  simbólicas  que  sean  del  caso,  en  los  términos  de  esta ley”.   

En  el mismo sentido, el último inciso del  artículo  15  del  Decreto  3391  de 2006, reglamentario de la Ley 975 dispone:   

“La respectiva  sentencia  proferida  por  la  Sala  del  Tribunal Superior de Distrito Judicial  establecerá   la   reparación   a   la   que   se   encuentren  obligados  los  responsables”.   

Dicha facultad también está prevista en el  primer inciso del artículo 17 de ese mismo decreto, al señalar:   

“Determinación  judicial  de  la  reparación.  La  Sala  competente  del  Tribunal  Superior de  Distrito  Judicial  correspondiente  determinará  en  concreto,  dentro  de  la  sentencia  condenatoria  respectiva,  la reparación que sea del caso a cargo de  los  responsables,  señalando  las  acciones  mediante  las  cuales  se deberá  materializar”.   

Según  lo  expuesto,  ninguna  dubitación  emerge  para  colegir  que  el  Tribunal,  de  acuerdo con la normatividad de la  justicia  transicional, no sólo goza de potestad al momento de dictar sentencia  para  decretar  todas  las  medidas dirigidas a la reparación de las víctimas,  sino  que le es imperativo ordenarlas para garantizar el derecho que a ellas les  asiste  a  obtener  una  indemnización  integral  por  el daño causado con las  violaciones  masivas  y sistemáticas de derechos humanos en este caso aceptadas  por los postulados.   

Sin  embargo, tales medidas, principalmente  las  de  carácter  colectivo,  pueden  comprometer  en  su  materialización  a  entidades   estatales.  Así  ocurre,  por  ejemplo,  con  algunas  restitutivas  dispuestas  en  la  sentencia  tendientes a garantizar el retorno en condiciones  dignas  al lugar de origen (construcción de vías, escuelas, redes eléctricas,  etc.)   y  de  rehabilitación  asistencial  (atención  en  salud,  educación,  capacitación laboral, etc.).   

Ante esta realidad surge el interrogante de  si   la   autoridad  judicial  dentro  del  proceso  de  justicia  y  paz  puede  “ordenar”   a   estas  entidades  su  ejecución,  tal  como  se  dispuso  en  la  sentencia impugnada.   

Para  la  Sala  la  respuesta  es negativa,  porque   tal  proceder  resquebraja  el  postulado  de  separación  de  poderes  consagrado  en  el  artículo  113  de  la  Constitución  Política57, fundante y  estructural  del  Estado  Democrático de Derecho al que adscribe la misma Carta  Fundamental     en     su    artículo    primero58,  por  lo  que  no  puede el  juez,  bajo  ninguna  circunstancia, arrogarse funciones que constitucionalmente  no          le         son         deferidas59.   

En  consecuencia, el procedimiento correcto  para  conciliar  el principio democrático de separación de poderes adoptado en  la  Constitución  Política,  los derechos de las víctimas y las facultades de  las  autoridades  judiciales dentro del régimen transicional de justicia y paz,  cuando  tales  medidas  de  reparación  involucran  a  entidades  del Estado de  cualquier  nivel,  esto  es, nacional, departamental o municipal, es exhortarlas  para  su  cumplimiento,  con  lo  cual,  además,  se satisfacen los estándares  internacionales   en   punto   del   contenido   de   tales  medidas60,  principalmente  desarrolladas  por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a  través de sus últimos fallos.   

A  propósito  de las órdenes dictadas por  este  Tribunal  internacional, cuya competencia aceptó el Estado colombiano por  haber  suscrito  y  posteriormente  ratificado  la Convención Interamericana de  Derechos   Humanos  a  través  de  la  Ley  16  de  1972,  recuérdese  que  su  jurisdicción  abarca  los Estados partes y, por ende, es natural que los fallos  de  responsabilidad  contengan este tipo de órdenes, situación que, por manera  alguna,  resulta asimilable a la de los Tribunales y jueces internos, quienes no  pueden   invadir   órbitas   funcionales  que  constitucionalmente  no  le  son  propias.   

Sobre  la  responsabilidad  de  los Estados  partes  que  se  genera  por  suscribir  la  Convención  Americana  de Derechos  Humanos,  son  claras  las  siguientes  disposiciones  contenidas  en  su texto:   

                   “Artículo        62. (…)   

        3.  La  Corte  tiene  competencia  para  conocer  de cualquier caso  relativo  a  la  interpretación  y  aplicación  de  las  disposiciones de esta  Convención  que  le  sea  sometido,  siempre  que los Estados partes en el caso  hayan  reconocido o reconozcan dicha competencia, ora por declaración especial,  como  se  indica  en  los  incisos  anteriores,  ora  por  convención  especial  (…).   

Artículo 68. 1.  Los Estados partes en la Convención se comprometen a  cumplir  la  decisión de la Corte en todo caso en que  sean partes.   

2.  La  parte  del  fallo  que  disponga  indemnización  compensatoria  se  podrá ejecutar en el respectivo país por el  procedimiento  interno  vigente  para la ejecución de  sentencias    contra    el    Estado…” (subrayas fuera de texto).   

          De  lo  anterior se infiere que las sentencias dictadas en virtud de  la          competencia          contenciosa61  de  la Corte surten efectos  vinculantes  para  los  Estados  partes  en  litigio  en cuanto han reconocido o  reconozcan    dicha    jurisdicción,    por    declaración    o    convención  especial.   

Además,  como  acertadamente  lo afirma la  representante   del   Ministerio   Público,  tampoco  es  viable  equiparar  la  competencia  del  juez  penal  interno  con  la  del  Sistema  Interamericano de  Derechos  Humanos,  porque  según  la  Convención  la  responsabilidad  de los  Estados  es  de  carácter principal, mientras en el ámbito interno de justicia  transicional  es  subsidiaria frente a las víctimas, como lo enfatizó la Corte  Constitucional en la sentencia C-370 de 2006:   

“6.2.4.1.13. En  efecto,  en contextos de transición a la paz, podría parecer proporcionado que  el   responsable  de  delitos  que  ha  decidido  vincularse  a  un  proceso  de  negociación,  conserve  una parte de su patrimonio de forma tal que pueda vivir  dignamente  e  insertarse  plenamente en la sociedad democrática y en el Estado  de  derecho. Lo que sin embargo parece no tener asidero constitucional alguno es  que  el  Estado  exima  completamente  de  responsabilidad  civil  a quienes han  producido  los  daños  que  es necesario reparar y traslade la totalidad de los  costos  de  la  reparación al presupuesto. En este caso se estaría produciendo  una  especie  de  amnistía  de  la  responsabilidad  civil, responsabilidad que  estarían  asumiendo, a través de los impuestos, los ciudadanos y ciudadanas de  bien  que  no  han  causado  daño  alguno  y  que,  por  el contrario, han sido  víctimas    del    proceso   macrocriminal   que   se   afronta.   La  Corte  no  desconoce que frente al tipo de delitos de que trata  la  ley  demandada  parece  necesario  que los recursos públicos concurran a la  reparación,  pero  esto  solo  de  forma subsidiaria.  Esto  no  obsta,  como ya se mencionó, para que el legislador pueda modular, de  manera  razonable  y  proporcionada  a  las  circunstancias  de  cada caso, esta  responsabilidad.   Lo  que  no  puede  hacer  es  relevar  completamente  a  los  perpetradores  de  delitos  atroces o de violencia masiva, de la responsabilidad  que  les  corresponde  por  tales delitos. De esta manera, resulta acorde con la  Constitución  que  los  perpetradores  de este tipo de delitos respondan con su  propio  patrimonio por los perjuicios con ellos causados, con observancia de las  normas  procesales  ordinarias  que  trazan  un  límite  a  la  responsabilidad  patrimonial  en  la  preservación  de  la subsistencia digna del sujeto a quien  dicha  responsabilidad  se  imputa,  circunstancia que habrá de determinarse en  atención  a las circunstancias particulares de cada caso individual…” (subrayas fuera de texto).   

Entonces,  con  la  salvedad  indispensable  referida  a  la  competencia  que  asiste  a los jueces en materia de acción de  tutela  para  la  protección  de  derechos fundamentales, en cuyo caso la misma  Carta  Política  les  otorga  el  carácter de jueces constitucionales, estando  facultados,  por  ello  mismo,  para  dar  órdenes a las diferentes autoridades  estatales    –   y   en  determinados  casos a los particulares –  orientadas, por lo general, a la realización de actos extraños a  la  función  de administrar justicia, considera la Sala que el Tribunal en este  asunto  desbordó  su competencia al emitir órdenes a dichas entidades, pues su  función   reparadora   en  el  contexto  transicional  se  agota  conminando  o  exhortando  a  estas  autoridades  para  el cumplimiento de las medidas, máxime  cuando  con  ellas se comprometen recursos del presupuesto nacional, municipal o  departamental,    para    cuya    disposición    tampoco   goza   de   facultad  constitucional.   

Así  las  cosas,  la  Corte modificará el  numeral  séptimo  de  la  parte resolutiva del fallo impugnado en el sentido de  que  todas  aquellas medidas de rehabilitación, satisfacción, no repetición y  colectivas  por  medio  de  las  cuales  se  imparten  órdenes  a  las diversas  autoridades   estatales   se   deben   entender   como   exhortaciones  para  su  cumplimiento,  excepción  hecha  de  las  medidas de satisfacción de carácter  simbólico  y  de  no  repetición  contempladas  en  los  apartados  358,  359,  360   y  362  del  fallo,  para  las  cuales  el  Tribunal  ostenta expresa  facultad,  de conformidad con el artículo 48, numerales 49.4, 49.6 y 49.8 de la  Ley 975, al señalar que:   

“49.4   La  disculpa,  que incluya el reconocimiento público de los hechos y la aceptación  de responsabilidades.   

(…) 49.6 La sala competente del Tribunal  Superior  de  Distrito  judicial  podrá  ordenar  conmemoraciones,  homenajes y  reconocimiento  a  las  víctimas  de  los  grupos  armados al margen de la ley.  Adicionalmente,  la  Comisión Nacional de Reconciliación y Reparaciones podrá  recomendar  a los órganos políticos o de gobierno de los distintos niveles, la  adopción de este tipo de medidas.   

(…)  49.8  La  asistencia  a  cursos  de  capacitación  en  materia  de  derechos  humanos  a  los  responsables  de  las  violaciones.  Esta  medida  podrá  ser  impuesta  a  los condenados por la sala  competente    del    Tribunal    Superior   de   Distrito   Judicial”.   

Tal  potestad,  sin  embargo,  y  así  lo  entiende  la  Sala,  no  es  óbice  para  que  las autoridades judiciales en el  contexto  transicional  establezcan  medidas a cargo de las diversas autoridades  estatales  necesarias para cumplir con el presupuesto de reparación integral de  las  víctimas de violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos por el  accionar  de  los  grupos  armados organizados al margen de la ley, para lo cual  podrá  requerir  informes periódicos a tales entidades orientadas a supervisar  su ejecución.   

Este cambio de perspectiva, retornando a la  propuesta  de  nulidad  expresada  por  la  Procuradora,  determina  que  no sea  indispensable  la  vinculación  formal,  en los términos en que lo demanda, de  las  diversas  entidades  estatales  al  incidente de reparación integral, pues  bastará,  entonces,  para  satisfacer las pretensiones de las víctimas en esta  materia,  con  que  asistan sus representantes del más alto nivel para que, con  carácter  informativo,  como  así  se  hizo en el presente incidente, ilustren  sobre  las  políticas  desarrolladas  en  ese  objetivo  y  los compromisos que  asumirán con la sentencia.   

En  ese  mismo  orden  de  ideas,  la  Sala  revocará  lo  pertinente  a  los  plazos  establecidos  por el Tribunal para el  cumplimiento  de las obras públicas ordenadas, pero se instará a las entidades  correspondientes  para  que  lleven  a cabo su ejecución en un plazo razonable,  pues  solo  así  se  tendrán  por  satisfechas las garantías de restitución,  rehabilitación,  satisfacción y de no repetición dirigidas a mitigar el daño  ocasionado con las infracciones.   

Corolario  de lo expuesto, no se declarará  la  nulidad  de la actuación como lo solicita la Procuradora en representación  de  la  sociedad,  petición  que  avala  el  Procurador  delegado para el daño  colectivo,  pero se modificará el numeral séptimo de la parte resolutiva de la  sentencia en los términos señalados.   

1.2.          Falta  de motivación e improcedencia de  la   pena  alternativa,  en  cuanto  los  postulados  no  entregaron  todos  los  bienes   

Afirma       la      Procuradora Delegada que la sentencia debe  ser  anulada  por  falta  de  motivación, en tanto incurre en contradicción al  afirmar,  de  una parte, que los postulados tienen derecho a la pena alternativa  por  haber cumplido los requisitos de elegibilidad y, de otra, que no entregaron  todos  los bienes a efectos de la reparación, eventualidad ante la cual dispone  una  serie de órdenes orientadas a perseguir aquellos en poder de testaferros o  herederos,  pues considera inconsecuente, por ejemplo, la falta de patrimonio de  COBOS  TÉLLEZ, con su tarea  de  recibir  dineros  del  narcotráfico.  Con  esto,  indica,  se deduce que el  Tribunal  asume  la entrega parcial de los bienes por parte de los postulados y,  en  ese  orden,  resulta  un contrasentido reconocerles la sanción alternativa,  uno de cuyos supuestos es la entrega total de bienes.   

          También    el    Procurador  Delegado  para  el  daño  colectivo  cuestiona  la  sentencia por  carecer  de  motivación  y  contener  contradicciones  que  impiden resolver el  recurso.   

          El  defensor  de  EDWAR  COBOS disiente de la  conclusión  de la Procuraduría, según la cual los postulados pudieron ocultar  bienes  y,  por tanto, la concesión de la pena alternativa pudo ser apresurada;  advierte  cómo  tal  eventualidad  siempre  existe,  la  Ley  de Justicia y Paz  consagra   unos  mecanismos  a  los  cuales  se  debe  acudir  si  se  presenta,  inaplicables    en    este   momento,   cuando   procede   reconocer   la   pena  alternativa.   

          Consideraciones de la Corte   

Previamente a desarrollar el punto planteado  por  la  impugnante,  la  Sala  encuentra  oportuno aclarar que si el defecto de  fundamentación    alegado   consiste   en   la   existencia   de   afirmaciones  contradictorias  en  la  decisión,  tal  propuesta  no  encaja  en  la falta de  motivación,  referida a la ausencia absoluta de ella, sino en la de motivación  anfibológica,  ambivalente  o  dilógica,  según  la  cual las contradicciones  contenidas  impiden  desentrañar  su  verdadero sentido o las razones expuestas  son contrarias a la determinación adoptada en la parte resolutiva.   

Al  margen  de  esa  impropiedad  y  en  lo  atinente  al  argumento  de  la  representante  de  la sociedad, comiéncese por  resaltar  cómo  la  Corte Constitucional en la sentencia C-370 precisó que los  requisitos  de  elegibilidad consagrados en los artículos 10 y 11 de la Ley 975  de  2005 son condiciones de accesibilidad a los beneficios otorgados a la Ley de  Justicia  y  Paz.  En  materia  de  bienes,  esto  es,  conforme al requisito de  elegibilidad  previsto  en  el  numeral 5 del artículo 11 de la citada ley, los  postulados  como  condición  previa  han  de  entregar todos los conseguidos de  forma  ilegal  y, posteriormente, con el fallo por medio del cual se los declara  responsables,  deben  responder  con  su  patrimonio obtenido lícitamente, como  así    lo    señaló    el    Tribunal    Constitucional    en   la   referida  decisión:   

“Los requisitos  de  elegibilidad  de  que tratan los artículos 10 y 11 parcialmente demandados,  son   requisitos   ‘para  acceder   a   los   beneficios   que   establece   la  presente  ley’,   es  decir,  son  condiciones  de  accesibilidad.  En estas circunstancias no parece necesario que en esta etapa la  persona  entregue  parte  de su patrimonio lícito, pues al menos técnicamente,  no  existe  aún  un  título  para  dicho  traslado. Ciertamente, los bienes de  procedencia  ilícita  no le pertenecen y, por lo tanto, la entrega no supone un  traslado   de   propiedad  sino  una  devolución  a  su  verdadero  propietario  –    mediante    la  restitución  del bien – o  al  Estado.  Sin  embargo,  su patrimonio lícito le pertenecerá hasta tanto no  exista  una  condena  judicial  que  le ordene la entrega. En cambio, los bienes  producto  de  la  actividad  ilegal,  todos  ellos  sin  excepción,  deben  ser  entregados  como  condición  previa para acceder a los beneficios que establece  la  Ley  975/05.  El  legislador puede establecer ese requisito de elegibilidad,  tanto   para   la  desmovilización  colectiva  como  para  la  desmovilización  individual.   Por   estas   razones  la  Corte  no  encuentra  inexequibles  las  expresiones  ‘producto de  la  actividad  ilegal’ del  numeral    10.2    del    artículo    10    de    la    Ley    y   ‘producto     de    la    actividad  ilegal’ del numeral 11.5  del  artículo  11 de la misma Ley. Así se declarará en la parte resolutiva de  esta providencia”.   

     

En armonía con la anterior interpretación,  esta  Sala  ha  venido  insistiendo  en  la importancia que esa entrega tiene en  orden  a  que  los  postulados permanezcan en el régimen transicional, hasta el  punto  de  que  los  bienes  ofrecidos  deben  estar  en  condiciones aptas para  ingresar   al   Fondo   de   Reparación   para   las   víctimas,  so  pena  de  exclusión:   

“…el  ofrecimiento  de  bienes  debe ser un acto de plena responsabilidad, lleva a que  el  postulado  asuma todas las consecuencias que se puedan derivar de la entrega  de  bienes  que  no  puedan  ingresar finalmente al Fondo para la Reparación de  Víctimas,  porque  se encuentren sometidos a otros gravámenes o limitaciones a  la  propiedad  (hipoteca,  prenda,  suspensión  del poder dispositivo, embargo,  secuestro,  afectación  de  inenajenabilidad, comiso, etc.), se trate de bienes  baldíos  o  sean reclamados exitosamente por terceros de buena fe, por ejemplo,  supuestos  en  los cuales el postulado asume la consecuencia de la expulsión de  los  beneficios  que  le ofrece la Ley de Justicia y Paz por haberse resistido a  brindar    una   confesión   completa   y   veraz62,  y porque con tal conducta  está  demostrando  renuencia  a  la  entrega de sus bienes con el propósito de  indemnizar        a        las       víctimas63,   amén   de  la  posible  responsabilidad     por     el    delito    de    fraude    procesal”64.   

Desde  ese  punto  de vista pareciera tener  razón  la  impugnante  porque  en  el numeral octavo de la parte resolutiva del  fallo  se  emite la orden al Fiscal General de la Nación de crear una subunidad  adscrita  a  la  Unidad  Nacional  Para  la  Justicia  y  la  Paz,  con personal  especializado   en   el   análisis  de  operaciones  financieras  nacionales  e  internacionales,   estudio  de  títulos  y  lavado  de  dinero  “para  que persiga los bienes de los postulados que aún no han sido  identificados”,  con lo cual se da a entender que, a  juicio  del  Tribunal,  los  postulados  no  ofrecieron todos los bienes para la  reparación,  situación  que  daría  lugar  a su exclusión de justicia y paz,  pese  a  lo  cual,  como  lo  destaca la Procuradora, contradictoriamente se les  concede la pena alternativa.   

Aun cuando la Corte dispondrá revocar dicho  numeral   de   la  parte  resolutiva  del  fallo  fundada  en  las  razones  que  oportunamente  consignará  cuando responda la impugnación del representante de  la  Fiscalía,  no  se  advierte  la  aludida  contradicción esencial, sino una  inconsistencia  entre  lo allí declarado y lo consignado en la parte motiva del  fallo para sustentar esa determinación (apartado 273).   

Por  tanto, se advierte una imprecisión en  la  parte  resolutiva  que,  como  tiene  sentado  la  Sala, ha de ceder ante lo  consignado         en        la        motiva65,  pues  se trata de una mera  disparidad  terminológica  y  no  conceptual. Sin embargo, no se modificará el  numeral  referido  para  ajustarlo a lo consignado en la parte motiva, dado que,  como  se  señalará, este numeral será revocado de acuerdo con las razones que  se  expondrán  en  el  acápite  referido  a  la impugnación presentada por la  Fiscalía.   

          1.3.                      En  la  dosificación de la pena no se aplicaron  los criterios del artículo 61 del Código Penal   

Señala      la      Delegada en representación de la sociedad  que  la  dosificación punitiva efectuada en la sentencia no acoge los criterios  establecidos  en  el  artículo  61  del  Código  Penal,  ni  indica  cómo  se  ponderaron  frente  a  cada  postulado y a cada uno de los delitos atribuidos. A  manera  de  ejemplo,  dice,  de  los  once homicidios juzgados, el desmovilizado  BANQUEZ  MARTÍNEZ es autor  material     de     cuatro,     mientras     COBOS  TÉLLEZ no ejecutó materialmente ninguno y, por ello,  la  valoración  punitiva  no  debió  hacerse de manera genérica sino en forma  particular para cada uno de ellos.   

          Consideraciones de la Sala   

La  inconformidad  en  este  punto se puede  escindir  en dos aspectos, en primer lugar, la falta de individualización de la  pena  imponible  por  cada  delito y, en segundo término, correlacionado con el  anterior,  la  no  aplicación de los criterios establecidos por el artículo 61  del  Código Penal. La Sala los responderá por separado, aun cuando previamente  recordará  su  jurisprudencia  en  torno al deber de motivación que tienen los  jueces  de la República frente a las decisiones que adopten en ejercicio de sus  funciones.   

Como  lo  expresó  la  Corte  en recientes  sentencias66,   dicha   obligación   constituye   componente  de  los  derechos  fundamentales  al  debido  proceso y defensa y es inherente a un Estado Social y  Democrático  de  Derecho,  pues  con él se controla la arbitrariedad judicial.   

         En   las   remembradas  decisiones  se  dijo  también,  acorde  con  precedentes  jurisprudenciales atinentes al tema, que la exigencia a los sujetos  procesales  de  sustentar  los  recursos  se  correlaciona  con  la  obligación  impuesta  a  los funcionarios judiciales de motivar sus providencias, pues sólo  mediante  la  satisfacción  de  ese  deber  funcional se brinda a las partes la  posibilidad de ejercer adecuadamente el derecho de contradicción.   

En   ese  sentido,  es  preciso  anotarlo  nuevamente,  “el  principio  de  motivación de las  decisiones  judiciales  desempeña  una  doble  función:  (i)  endoprocesal: en  cuanto  permite  a  las  partes  conocer  el pronunciamiento sirviendo de enlace  entre  la decisión y la impugnación, a la vez que facilita la revisión por el  tribunal  ad  quem;  y  (ii)  función  general o extraprocesal: como condición  indispensable  de  todas  las  garantías  atinentes  a  las  formas propias del  juicio,  y  desde  el  punto  de vista político para garantizar el principio de  participación  en la administración de justicia, al permitir el control social  difuso    sobre    el    ejercicio    del    poder    jurisdiccional”67.   

Es  imperioso  señalar  aquí también que  normativamente,  tal  exigencia se encuentra consagrada en el artículo 55 de la  Ley  270  de  1996 (Estatutaria de la Administración de Justicia), así como en  los  artículos  170  de  la  Ley  600  de  2000 y 162 de la Ley 906 de 2004. La  primera  de  esas  disposiciones  establece que “las  sentencias   judiciales   deberán  referirse  a  todos  los  hechos  y  asuntos  planteados    en    el    proceso   por   los   sujetos   procesales”.  La  segunda,  en  su numeral 4º señala como requisito de las  sentencias  “el  análisis  de  los  alegatos  y la  valoración   jurídica   de   las   pruebas   en   que   ha   de   fundarse  la  decisión”.  Y  la  tercera,  también en su numeral  4º,  establece  como  presupuesto  de las sentencias y autos la “fundamentación  fáctica,  probatoria  y jurídica con indicación  de  los  motivos  de  estimación  y  desestimación de las pruebas válidamente  admitidas en el juicio oral”.   

Al respecto, se observa cómo el legislador  ha  sido  tan  escrupuloso  frente al cumplimiento del deber de motivación que,  incluso,  lo extiende de manera expresa al aspecto de la pena, al señalar en el  artículo 59 del estatuto punitivo de 2000 lo siguiente:   

“Toda sentencia  deberá  contener  una  fundamentación  explícita  sobre  los  motivos  de  la  determinación    cualitativa    y    cuantitativa    de   la   pena”.   

          Sobre  la  queja  referida  a  la  falta de  individualización   de  la  pena  para  cada  delito,  encuentra  la  Corte  que  de conformidad con el inciso primero del artículo 31  del  Código  Penal  de 2000, quien con una sola acción u omisión o con varias  acciones  u  omisiones  infrinja  varias  disposiciones de la ley penal o varias  veces  la misma disposición, quedará sometido a la que establezca la pena más  grave  según  su  naturaleza, aumentada hasta en otro  tanto.   

          Acerca  de la forma como debe proceder el juzgador cuando afronta la  labor  de  dosificación  punitiva en caso de concurso de conductas punibles, la  Sala tiene dicho lo siguiente:   

“En materia de  concurso  de hechos punibles, (art. 26 del C.P.) la ley dispone que el condenado  quedará  sometido  a  la  disposición  que  establezca  la  pena  más  grave,  aumentada  hasta en otro tanto. Ello implica entonces, que el fallador, de entre  los  varios  ilícitos  concurrentes,  deba seleccionar cuál fue en concreto el  hecho  punible  que  ameritaría pena mayor, y para éste efecto debe proceder a  individualizar  las  distintas  penas,  con el fin de escoger la más gravosa y,  posteriormente,  decidir  en  cuánto  la  incrementa  habida consideración del  número    de    delitos   concursantes,   su   gravedad   y   sus   modalidades  específicas.   

En  ese  ejercicio debe tener en cuenta no  solamente   que   la   pena   final   no  debe  exceder  el  doble  de  la   individualmente  considerada  como  más  grave,  sino además que ella no puede  resultar  superior  a  la  suma  aritmética  de  las que corresponderían en el  evento  de un juzgamiento separado de las distintas infracciones, ni de 60 años  de  prisión,  siguiendo  siempre,  en el proceso de dosificación individual de  cada  una de las penas, los criterios que sobre el particular ha venido sentando  la  Sala  en torno a los factores modificadores de los límites legales (menor y  mayor)  previstos  para  cada delito, y a las reglas que, a la luz del artículo  61  del  C.P.,  le  dan  un  margen de movilidad racional dentro de los límites  mínimo y máximo así deducidos.   

Entendidas  de  ese modo las cosas, cuando  concurren  delitos  cuyas penas mínimas y máximas difieren,  la fijación  de  cuál  es  el  que  tiene establecida la sanción más grave no puede quedar  reducida  a  la  fórmula  de seleccionar el de pena mínima más severa o el de  mayor  pena  máxima.   El problema se debe resolver dosificando la pena de  cada   hecho   punible   en  el  caso  concreto  conforme  a  los  criterios  de  individualización  del  artículo  61  del  C.P.,  y  escogiendo  como punto de  partida  el  que  resulte con la mayor sanción;  es sobre ésta pena sobre  la  que  opera el incremento autorizado por el artículo 26 del Código Penal, y  su  mayor o menor intensidad depende del número de infracciones y de su mayor o  menor          gravedad         individualmente         considerados”68.   

          Acorde   con   la   jurisprudencia   citada,   para   determinar  la  disposición  que  contempla  la  pena  más  grave es necesario que el fallador  individualice  la  sanción aplicable para cada delito concursante, considerando  para  ello  los  factores  previstos  en  el  artículo  61  del  Código Penal.   

          El  anterior  criterio  ha  sido  ratificado  por  la Sala en varios  pronunciamientos.  Así,  en  sentencia  del  24  de  abril  de 200369  expresó:   

“Ahora bien, la  Corte  tiene  sentado  que  la dosificación de la pena en el concurso de hechos  punibles   debe   efectuarse  a  partir  de  la  individualización  de  la  que  corresponde  a cada una de los delitos en concurso, con el fin de detectar cuál  es  la  que  resulta  más  grave,  convirtiéndose ésta en la base que permite  llevarla  hasta el otro tanto de que habla el comentado artículo 26   (del   Código   Penal   de   1980,   se   aclara)”.   

De igual manera, en sentencia del 15 de mayo  de              2003              acotó70:   

“La punibilidad  base  para  determinar  la  pena  a  imponer  definitivamente  en  los  casos de  concurrencia  de  conductas  ilícitas  es la más grave (artículo 26 ibídem),  aspecto  éste que no se establece examinando simplemente los extremos punitivos  mínimo  y máximo previstos en abstracto en los respectivos tipos penales, sino  mediante  la  individualización  concreta de la que ha de aplicarse en cada uno  de  los  delitos  en  concurso.  Determinados  los  topes de la sanción, habida  consideración  de  los  tipos básicos, especiales y subordinados concurrentes,  se  aplican  los incrementos con base en los artículos 61 y 67 del C.P. Es  con   respecto   a   ésta   pena   considerada   como  la  más  grave  y  así  individualizada,  sobre  la  que opera el incremento autorizado por el artículo  26  del  Código  Penal,  la  que  por  lo tanto no puede exceder el doble de la  estimada  en  concreto en el caso particular mediante el procedimiento indicado,  ni   puede  resultar  superior  a  la  suma  aritmética  de  las  que  hubieran  correspondido,  de  haberse  realizado  el  juzgamiento  separadamente  para las  distintas  infracciones,  ni  superar  los  40 años de prisión de que trata el  inciso   segundo   del   artículo   31   de  la  Ley  599  de  2000”.   

De  lo expuesto se concluye entonces que el  querer  del  legislador  apunta  a exigir del sentenciador la individualización  punitiva  para  cada  conducta  punible.  Sin  embargo, para la Sala, si el juez  selecciona  una  de  ellas  como más grave, por resultar ostensible que así lo  es,  constituirá  irregularidad  intrascendente la no determinación individual  de  la pena correspondiente a cada delito. En ese caso, para efectos de asegurar  la  no  vulneración  del límite previsto en el inciso primero del artículo 31  del  Código  Penal, conforme al cual la sanción que se imponga no debe superar  “la  suma aritmética de las que correspondan a las  respectivas   conductas   punibles   debidamente   dosificadas   cada   una   de  ellas”,   habrá  de  entenderse  que para los demás ilícitos seleccionó la  pena mínima imponible.   

          En   el   presente   evento,  se  tiene  que  la  Sala  a  quo  se limitó a indicar los extremos  mínimos  y  máximos  aplicables  para  cada  delito y a establecer los cuartos  punitivos  imponibles.  Sin  embargo, no realizó la tasación punitiva concreta  relativa  a  cada  uno de ellos, circunscribiéndose a concluir que en este caso  el delito más grave corresponde al homicidio agravado.   

          Como  se  dijo, dicho proceder no se aviene exactamente a las normas  que  regulan  la  dosificación punitiva en caso de concurso de hechos punibles.  Sin  embargo,  en el presente evento surgía indudable que el homicidio agravado  equivale  al  ilícito  más  grave, atendidos los extremos imponibles para él.   

En  efecto, acorde con el artículo 104 del  Código  Penal de 2000, la referida conducta está sancionada con prisión de 25  a  40  años  de  prisión.  A  su  turno, los delitos que le siguen en gravedad  corresponden  a  la  desaparición forzada y al secuestro simple, el primero con  pena  de prisión de 10 a 20 años y el segundo con sanción, de una parte, de 6  a  25 años de prisión conforme al artículo 269 del Decreto Ley 100 de 1980 y,  de   la   otra,   de   10  a  20  años  de  prisión  según  el  artículo  169 de la Ley 599 de 2000 (pena  esta   última   aplicable   únicamente   a  BANQUEZ  MARTÍNEZ  por  razón de los hechos ocurridos en Isla  Múcura)71.   

          Así,  la  anomalía  en  la  cual  incurrió  la  instancia deviene  intrascendente.  Habrá sí de entenderse que, para efectos del límite previsto  en  el  inciso  primero  del  artículo  31 del estatuto punitivo, las sanciones  consideradas  por  el Tribunal para los punibles concursantes corresponden a los  extremos mínimos.   

          En  ese  sentido,  se  advierte  que  la  Sala  de primera instancia  justipreció  345  meses de prisión para el delito básico, guarismo al cual en  el  caso  de COBOS TÉLLEZ le  aumentó  123  meses  (es  decir,  10  años  y  3  meses),  mientras  frente  a  BANQUEZ MARTÍNEZ le aplicó  incremento   de   117   meses   (es  decir,  9  años  y  9  meses).   

          Si  se  tiene  en cuenta que el solo delito de desaparición forzada  contiene   la   pena   mínima  de  10  años,  resulta  indiscutible,  en  esas  condiciones,  que el juez respetó la prohibición acorde con la cual la pena no  debe  superar la suma aritmética de las sanciones imponibles para cada conducta  punible.   

Acerca  de  la  no  aplicación  de  los  criterios  establecidos  por  el  artículo 61 del Código  Penal,  considera  la  Sala  que,  como  se  dijo,  el  Tribunal  tomó  como  base  el  delito  de  homicidio  agravado, cuyos extremos  punitivos  van  de  25  a  40 años de prisión, es decir, 300 a 450 meses. Para  individualizar  la  sanción  seleccionó  el  cuarto  mínimo, atendiendo la no  concurrencia  de  circunstancias  de  menor  o  mayor  punibilidad. Fijó de esa  manera  como  ámbito  punitivo  los guarismos que van de 300 a 345 meses, entre  los  cuales aplicó el extremo máximo, invocando para el efecto “la  gravedad  de  la conducta, el daño real o potencial creado, la  naturaleza  de las causales que la agravan, la intensidad del dolo, la necesidad  de  la  pena  y  la  función  que  ella  ha  de cumplir en el caso concreto, la  naturaleza  de  los  hechos  punibles  y  el  ineludible perjuicio causado a las  víctimas”.   

          Se  trata  de  los  criterios  establecidos en el inciso tercero del  artículo  61 del estatuto punitivo, luego no es cierto que el juez a quo no los haya ponderado.   

          Ahora  bien,  es  cierto  sí  que  en  el  aparte  destinado  a  la  dosificación  punitiva  la Sala de instancia no sustentó los factores que tuvo  en  cuenta  para  justipreciar  la  sanción  dentro  del  ámbito seleccionado,  limitándose simplemente a citarlos.   

          No  obstante,  la  Corte  tiene  dicho  que  no  se  presenta  vicio  invalidante   cuando   esa   motivación   aparece  en  otros  segmentos  de  la  sentencia72.  En  ese  sentido,  se  advierte que en el acápite destinado para  sustentar  la  responsabilidad  de  los acusados, el a  quo señaló:   

“En síntesis,  se  condenará  a  estos  desmovilizados  postulados  por graves infracciones al  Derecho  Internacional  Humanitario,  porque  como  actores del conflicto armado  atentaron  contra  la  población  civil  al  desplazarla  de  su territorio, al  atentar  contra la vida de no combatientes y al saquear sus propiedades luego de  su  incursión,  aclarando que en respeto al principio de la legalidad taxativo,  la  tipicidad  se  hizo  de  cara  a  delitos  comunes,  atendiendo  la fecha de  ocurrencia  de  los  hechos.  Pero  además  como  autores  de crímenes de Lesa  Humanidad,  porque  no se trató de conductas punibles aisladas. La generalidad,  sistematicidad,  comisión  de  actos  inhumanos  y  los  destinatarios de estos  ataques  –la  población  civil-  permiten concluir que la pertenencia al grupo de autodefensas (concierto  para  delinquir),  el desplazamiento forzado de los pobladores de San Cayetano y  Mampuján   y   las  ejecuciones  extrajudiciales  deben  ser  calificadas  como  crímenes     de    Lesa    Humanidad”73.   

          En  dicha  motivación aparece justificada la decisión del Tribunal  de   ubicarse   en  el  extremo  máximo  del  cuarto  punitivo  escogido,  pues  ciertamente  se trató de una conducta punible de extremada gravedad, calificada  por  el  derecho  internacional  como crimen de lesa humanidad, aspecto del cual  dimana  la  necesidad  de  una  respuesta punitiva de especial severidad y cuyas  repercusiones   negativas   para   las   víctimas   son   también  innegables.   

          Es  de  anotar, finalmente, que así uno de los procesados haya sido  condenado  a título de determinador, mientras el otro a modo de autor material,  ello  no  justificaba  un  tratamiento  punitivo diferencial, como lo refiere el  representante  del  Ministerio  Público  impugnante,  pues  la propia ley penal  asimila  para tales efectos al determinador y al autor material (art. 23 Código  Penal de 1980 y 30.2 Código Penal de 2000).   

          Advierte   la  Sala  sí  que  el  a  quo  vulneró el principio de legalidad de las penas cuando  dosificó  la  multa,  pues  impuso  a  cada  uno de los acusados 1.500 salarios  mínimos  legales  mensuales,  pese a que el delito de concierto para delinquir,  atendido  su carácter agravado conforme al inciso tercero del artículo 340 del  Código  Penal  de  2000,  tiene  prevista  una  pena inferior de 3.000 salarios  mínimos  legales mensuales, como lo menciona el propio juzgador de instancia en  su  sentencia74.   

          No  obstante,  como  en  este  caso  los postulados y sus defensores  obraron  en  relación con la tasación punitiva como únicos apelantes, pues al  respecto  el  Ministerio  Público  únicamente  pretende la invalidación de la  actuación  por  falta  de  motivación,  lo cual se ha descartado por la Corte,  ninguna  modificación  podrá  efectuarse en sede de segunda instancia, so pena  de  vulnerar  la  prohibición  de  la  reforma en peor, principio que prevalece  sobre  el  de  legalidad,  según  criterio  mayoritario  de la Sala75.   

2.          Impugnaciones de fondo   

2.1.              Cuantificación      de      las  reparaciones   

Indica       la      Procuradora    en   representación   de   la   sociedad  que  la  sentencia debe fundarse en las pruebas recaudadas legal y  oportunamente  en  el  proceso,  no en los criterios de equidad utilizados en la  decisión  impugnada,  en  contravía  del  artículo  250  constitucional y del  procedimiento  legal  establecido  para determinar la indemnización a partir de  los elementos de juicio acopiados.   

A  los  criterios  de equidad se recurrió,  dice,  argumentando  la  imposibilidad  de  probar  los  daños, pero si esa tal  situación  se  presentó,  debía  conducir  al rechazo de las pretensiones o a  ordenar  de  oficio  las pruebas necesarias para fallar. Además, aduce, resulta  un  contrasentido  condenar  por  un  daño  no  acreditado, reparar por igual a  quienes  demuestran  perjuicios  por montos diferentes y extender la decisión a  cuestiones  no  solicitadas,  como  ocurre  en  este  caso,  pues  de considerar  válidos   esos   parámetros  el  trámite  del  incidente  de  reparación  es  innecesario.    

La  aplicación de los criterios de equidad  en  este  caso  carece  de  fundamento,  pues  los fallos de donde se toman esas  pautas,  indicados  en  la decisión, se emitieron en un escenario internacional  donde  se examinó la responsabilidad del Estado Colombiano como primer obligado  a  indemnizar  a las víctimas. Colombia no tiene dicha calidad en el ámbito de  la  justicia  transicional,  donde  sí  la ostentan el postulado y su grupo, en  quienes  recae  prioritariamente  el  deber de reparar a los perjudicados con su  accionar.   

Cuestiona,   de  igual  forma,  que  como  justificación  de  la  cuantificación  en equidad se aduzca la precariedad del  presupuesto  nacional  para cubrir las reparaciones individuales, mientras, a la  par,  se  imponen  acciones  muy gravosas a entidades estatales no vinculadas al  proceso y se decide sobre el daño colectivo superando lo pedido.   

          Sobre  el mismo tema, dice el doctor Miguel  Ángel   Ramírez   Gaitán,   apoderado  de  algunas  víctimas,  que  la cantidad de éstas, el carácter masivo de las violaciones y  la  imposibilidad  de  acreditar  su propiedad por parte de quienes sufrieron el  desplazamiento  forzado,  no  constituye  argumento  para  aplicar un sistema de  reparaciones   basado   en  el  concepto  de  equidad.  Menos  respecto  de  sus  representados,  pues  aportó  al expediente prueba documental y pericial de los  daños   y   el   lucro  cesante  ocasionados,  elementos  de  juicio  conocidos  oportunamente  por los intervinientes, quienes no formularon reparos en torno al  perjuicio  o a su tasación, efectuada conforme los parámetros establecidos por  el Consejo de Estado.   

Los  daños  inmateriales,  añade,  fueron  solicitados  conforme  al artículo 97 del Código Penal y, aunque es entendible  la  solicitud  de  reparaciones  altas,  pues  corresponden  a  delitos  de lesa  humanidad,  estas  cifras  pueden  ser  modificadas  por  el  juzgador o incluso  someterse  a  criterios de equidad, a diferencia del daño material, pues, en su  caso, acreditó su ocurrencia y cuantía.   

Además, señala, el artículo 23 de la Ley  975  de  2005  dispone  que  el  incidente de reparación integral debe fallarse  conforme  a  las  pretensiones y pruebas aportadas, mandato cuyo desconocimiento  implica   desechar   el   sistema   de   reparaciones  basado  en  las  pruebas,  tradicionalmente implementado en nuestro medio.   

          También     el     doctor     Leonardo  Vega  en  representación  de algunas de las víctimas  señala  que  como  éstas  tienen el derecho a la  seguridad jurídica, en  este   caso  se  deben  utilizar  las  normas  de  reparación  vigentes  en  el  ordenamiento  jurídico  colombiano.  Además,  la  aplicación de los criterios  fijados  por  la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos de Pueblo  Bello  e  Ituango,  no  es viable, en tanto analizaron situaciones y condiciones  diferentes.   

          Así,  advierte,  en el numeral 243 de la sentencia de Pueblo Bello,  la  Comisión  atendió  la  solicitud  elevada  por  las víctimas de fallar en  equidad,  situación  distinta a la de sus representados, para quienes requirió  decidir  en  derecho.  En el caso de Ituango, numeral 373, se indicó que si una  víctima  se hace parte del proceso y carece de pruebas para acreditar el daño,  la  Corte,  en  ejercicio de sus facultades, resuelve en equidad; pero cuando la  víctima  tiene algún elemento probatorio demostrativo de su daño, se falla en  derecho.    

Al  incidente, afirma, se allegaron pruebas  que  acreditan  el  daño y de acuerdo con ellas debe decidirse; sin embargo, no  fueron  valoradas  en  la sentencia, donde no se resolvió conforme a lo pedido,  aun   cuando   el   material  probatorio  no  fue  objetado  por  las  partes  e  intervinientes.   

El  Tribunal  trata  de  la  misma  forma a  quienes  aportaron  elementos  de  juicio y a los que no lo hicieron, otorgando,  con  violación  del  principio  de  igualdad,  idénticas prestaciones a unos y  otros,  pese  a  los  distintos tipos de afectación. Así, por ejemplo, concede  igual  indemnización a las víctimas de un solo delito que a quienes padecieron  dos o más punibles.   

En  el fallo, expresa, se indica que cuando  una  persona  es  víctima  de  dos  delitos  sólo  debe ser indemnizada por la  conducta  más  lesiva  o  peligrosa. Este concepto, aduce, debe modificarse por  cuanto  queda  al  arbitrio  del  Tribunal  decidir  cuál  ilícito  tiene  esa  connotación.  Además,  porque  si  alguien  es  víctima de dos delitos, tiene  derecho a obtener reparación por ambas conductas.   

          Por  su  parte, el representante de algunas de las víctimas, doctor  Julio   Enrique   Sanabria,  manifiesta  que  el  Tribunal  estableció  como  indemnización  a favor de sus  poderdantes,  víctimas  de desplazamiento, la suma de 17 millones de pesos para  cada  miembro  del  grupo  familiar, con un máximo de 120 millones de pesos por  núcleo.  Algunos  de  ellos,  informa,  fueron además secuestrados, hecho cuya  indemnización  tasó  el  juez de instancia en 30 millones, sin superar los 180  millones por grupo familiar.   

El reproche a esta decisión estriba en que  no  se refiere a cada una de sus solicitudes y se funda en criterios de equidad,  no  en  las  pruebas  oportunamente allegadas al incidente, las cuales no fueron  objetadas y conducen, afirma, a obtener una reparación integral.   

El fallo desconoce así, el contenido de los  artículos  446 y 162 – 4º  de  la  Ley  906  de 2004 que obligan, en su orden, a individualizar los cargos,  los  imputados  y  referirse  a  las solicitudes presentadas en el proceso, como  también  a  fundamentar  fáctica y jurídicamente la decisión, de acuerdo con  las pruebas practicadas.   

Como   la   sentencia  ignora  todas  sus  peticiones,  otorga  una  indemnización ajena a lo solicitado como reparación,  suma  que  no es caprichosa, en tanto fue establecida con el apoyo de peritos de  la  Defensoría  del  Pueblo,  siguiendo  unas  pautas  que explica en detalle y  consultando  los  antecedentes señalados por el Consejo de Estado, así como el  artículo  97  del Código de Procedimiento Penal. Adicionalmente, no discrimina  a  cuánto asciende el daño emergente, el lucro cesante o el daño a la vida de  relación.   

Si  se  acoge  el  criterio del Tribunal de  establecer  unas tablas de indemnización, concluye, el incidente de reparación  carece   de  objeto  y  no  existiría  siquiera  la  obligación  de  presentar  pruebas.   

A  su  vez,  el  apoderado de otro grupo de  víctimas,   el   doctor  Carmelo  Vergara,   señala  que  la  sentencia  refiere  únicamente  como  pruebas  practicadas  en  el  incidente de reparación integral, las declaraciones de una  politóloga,   de   un  integrante  (sic)  y  del  director  de  la  Comisión  Nacional  de Reconciliación.   

La  realidad  procesal, afirma, muestra que  fueron  múltiples  las  pruebas  recaudadas,  incluidos  el  estudio y el video  elaborados  por  dicha  profesional,  donde  se describe la economía y forma de  organización  social  de la comunidad de Mampuján; sin embargo, esta prueba no  fue   tenida  en  cuenta  por  el  a  quo.   

Igualmente, en la decisión se dice que los  desplazados  no  pudieron  sacar  los  documentos  de  propiedad  de las tierras  abandonadas  y,  por  ello,  no  es  posible  determinar  la  indemnización. No  obstante,   las   víctimas  no  reclaman  el  reintegro  de  tierras  sino  una  compensación  por  los  daños  causados,  razón  por  la  cual  esos títulos  resultan  innecesarios,  más  aún  si  ellas  aportaron pruebas con las cuales  demuestran  e ilustran con detalle los bienes perdidos, en cuantías razonables.   

Dentro de los daños acreditados, advierte,  están  los gastos de las víctimas de desplazamiento en arriendos, transporte y  alojamiento  desde  2000  a  la  fecha,  los  cuales  se  deben  reconocer  como  perjuicios   ocasionados,   demostrados  con  el  juramento  estimatorio  y  las  declaraciones de los arrendatarios.   

Además, puntualiza, las cifras solicitadas  por  daño  emergente  no  son  desproporcionadas,  pues  ascienden  a 7, 9 o 10  millones.  Así  mismo,  como lucro cesante para el núcleo familiar se reclamó  la  suma  de  74  millones  de  pesos, considerando que las víctimas ganaban el  salario  mínimo,  pretensiones  sustentadas  en  pruebas  demostrativas  de los  daños, las cuales, no obstante, nunca se valoraron.   

El fallo se produjo en equidad argumentando,  en  forma errada, que la cantidad de víctimas lo permitía, desconociendo cómo  tal criterio se utiliza cuando aquellas solicitan acudir a él.   

Dice que si bien el Estado no perpetró los  delitos  origen  del daño causado, por disposición de la Ley y de la Sentencia  C-370  de  2006,  debe  responder  subsidiariamente,  sin que pueda eludir dicha  obligación  por  razones  presupuestales,  o  por  el  número  de delitos y de  víctimas.   

          Sobre      el      particular      asevera      el      defensor   del   postulado   UBER   BANQUEZ  que  la  cuantía  de  la  indemnización  debe ser fijada por el juzgador de acuerdo con la disponibilidad  presupuestal,  a  fin  de  evitar  que  las  víctimas  deban recurrir al amparo  constitucional para obtener el cumplimiento de los fallos.   

          El   doctor   Carrero  López,  en  representación  de  un  grupo  de  víctimas,  afirma que la  indemnización   corresponde  al  dinero  con  el  cual  se  compensa  el  daño  ocasionado  a  una  persona  en  sus esferas patrimonial y extrapatrimonial y se  tiene  derecho  a  ella  desde  cuando  aquél se produce. El perjuicio debe ser  cierto  y  directo,  requisitos  cumplidos  en este caso, donde se proyectó por  más de 10 años.   

Como  la  ley  señala  el  marco  que debe  atender  el  juez  para establecer la indemnización a cargo del responsable, no  existe  daño  ajeno  a  los  conceptos  de  perjuicio  patrimonial  y perjuicio  extrapatrimonial.   

Para fijar el primero de ellos, aduce, deben  acreditarse  sus  elementos,  esto  es,  el  daño emergente y el lucro cesante,  acudiendo  en  esa  labor  a la razonabilidad y proporción, como criterios para  determinar  la  suma  por  restituir  a la víctima o a quien haya efectuado los  gastos.   

Si  éstos  se  han  probado, afirma, ha de  presumirse,  en  principio,  su razonabilidad y proporción; entonces, demostrar  su  exceso  corresponde  a  quien debe indemnizar. En este trámite, las pruebas  del  daño  sufrido  por  las  víctimas  fueron  presentadas  en  la  audiencia  respectiva sin suscitar controversia alguna.   

La  mayoría de sus representados, señala,  consecuentes  con  su  condición  humilde, recurrieron al juramento estimatorio  para  tasar  los  daños  sufridos,  de  manera  proporcional,  en   9  y 7  millones;  esto  demuestra  el desinterés de la Defensoría Pública en obtener  el  enriquecimiento  de  aquellos, pues lo solicitado es irrisorio ante el daño  sufrido realmente por cada grupo familiar.   

En  cuanto  al  lucro cesante, añade, como  exige  mayor  cuidado en su caracterización por tratarse de un daño futuro, no  se  exigieron las máximas indemnizaciones autorizadas por el Consejo de Estado,  sino  una  justa media de aquellas. Igual criterio fue utilizado para valorar el  prejuicio extrapatrimonial o moral.   

La  preocupación  del  Tribunal  frente al  monto  de  las  indemnizaciones,  argumenta,  lo  llevó  a  fallar  acudiendo a  criterios de equidad.   

Sin embargo, advierte, la decisión soslaya  cómo  nuestra  Constitución  Política, al someter los fallos judiciales sólo  al  imperio  de  la  ley, acoge el llamado “dogma de  integridad”.  Según  este concepto, el ordenamiento  jurídico  debe  ser  completo  para que, en todo caso, el juez pueda contar con  una  solución  sin  recurrir  a  la  equidad, no concebida como “un  instrumento de norma legal para solucionar litigios”.   

El   artículo   13   Superior,   afirma,  consecuente  con  la  Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos  y los  tratados  internacionales,  consagra  el  derecho  a  la  igualdad; a su vez, el  artículo  93 del mismo estatuto,  impone al Estado la adopción de medidas  para que esa igualdad sea real.   

Por  tanto,  dice,  la  sentencia  no puede  fundarse  en  criterios  de  equidad, sino en derecho, en términos de justicia,  pues  la  igualdad  no  se  logra  con  la  apreciación  errada  de  una  tabla  indemnizatoria,   donde  ninguna  diferencia  se  hace  entre  quienes  reclaman  indemnizaciones  ante los estrados judiciales y sus representados, cuyas vidas y  sueños  fueron  destruidas,  padecieron la muerte salvaje de sus relacionados y  sufren  el  despojo  subsiguiente  al  desplazamiento.  Lo contrario implicaría  discriminarlos  frente  a  restantes  víctimas  del  delito,  quienes  sí  han  obtenido un fallo de tales características.   

          La      doctora      Yudy     Castillo  Africano,  en  su  condición  de apoderada de algunas  víctimas  señala que el papel central de éstas en la justicia transicional ha  sido  reconocido  por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia  en          varios          pronunciamientos76.  Incluso  se  ha dicho, que  mientras  en  un  proceso  ordinario  se  rodea  de  garantías al procesado, en  justicia  y paz dichas garantías están dirigidas a las víctimas, a quienes es  necesario  visibilizar, escuchar y atender en sus expectativas, a través de las  formas  de  reparación  previstas en la ley, con lo cual se evita el sacrificio  de sus derechos y que se sientan engañadas.   

La Corte Interamericana de Derechos Humanos,  advierte,  ha  señalado en diversas oportunidades como obligación principal de  los  Estados  la  de  indemnizar adecuadamente a las víctimas; siendo así, las  decisiones  adoptadas  en  el  marco  de  justicia  y  paz  deben proteger a los  afectados  con  el  conflicto  armado y no mostrarlos como obstáculos o cargas.   

El  fallo  afirma  que  las indemnizaciones  solicitadas  por  las  víctimas  no  fueron  acreditadas, aserto contrario a la  realidad,  por  cuanto,  estima,  el  daño  y  la  cuantía  de  los perjuicios  ocasionados  fueron  demostrados  mediante  elementos  de  juicio,  cuyo  examen  solicita  efectuar  acogiendo  la tesis de la flexibilización de la prueba para  las  víctimas,  pues  los  medios  utilizados son el juramento estimatorio, las  declaraciones extrajuicio y en general la prueba documental.   

Además,   subraya,   el  mismo  Tribunal  consideró  innecesario  escuchar  en declaración a los peritos responsables de  los  informes  allegados  con fines probatorios, documentos elaborados siguiendo  las  pautas  del  Consejo  de  Estado para determinar el monto de los perjuicios  materiales e inmateriales.   

El daño inmaterial y el daño a la vida de  relación,  agrega, se encuentran probados a través de videos, declaraciones de  algunas  víctimas,  testimonios  de  personas  que  ayudan  a  la  comunidad y,  finalmente,   porque   los  postulados  reconocieron  el  daño  moral  causado.   

Si bien, señala, determinar el daño moral  corresponde  al  Tribunal,  no  ocurre  lo mismo con el perjuicio material, cuyo  señalamiento    uniforme    originó    casos    como    el   de   Yalet     Hernández    Velásquez    y  Pedro     José    Betancurt    Torres,   grupo  familiar  que  acreditó  perjuicios  materiales  por  77  millones  de  pesos,  cifra  diferente  a  los  17  millones  de  pesos  por  el  desplazamiento  forzado,  reconocidos  como  indemnización  individual  por  la  magistratura.   

El  argumento según el cual la cantidad de  hechos  y víctimas imposibilita acceder a sus pretensiones, pues el presupuesto  nacional  de  2010  es  insuficiente  para  sufragarlas,  no  puede acogerse. En  principio,  explica,  porque,  potencialmente, de las personas registradas en el  SIIJYP,  algunas  pueden  no  ostentar  la  calidad  de víctimas y tampoco va a  demostrarse  que  todos  los hechos se originan en el conflicto armado; además,  no  puede establecerse que los pagos sean muy altos y que todos van a efectuarse  con cargo al presupuesto de ese año.   

La  carencia  de  fondos,  opina,  no puede  determinar  la  suerte de las pretensiones de las víctimas, más aún si éstas  no  son  excesivas, consultan los estándares internacionales e, incluso, siguen  las fórmulas del Consejo de Estado.   

La sentencia cuestionada acoge los criterios  empleados  por  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos en los casos de  Ituango  y  Pueblo Bello; sin embargo, advierte, la revisión de esas decisiones  muestra  cómo  ni  siquiera  en  esos  procesos  se  tomó un único valor para  agrupar  los  conceptos  de  daño  material  e  inmaterial  como aquí se hizo.   

Aunque,  afirma,  disiente parcialmente del  criterio  de  equidad  utilizado  por  el  Tribunal,  en tanto ésta integra los  principios  generales  del  derecho  y  está  ligada al tema de la justicia, su  desacuerdo  es  total  frente  a  la ausencia de relación entre lo probado y lo  ordenado   por   el  Tribunal  que,  adicionalmente,  no  es  lo  mejor,  ni  lo  esperado.   

La  doctora Gladys  Robledo,  en  representación  de  algunas  víctimas,  argumenta  que  el  fallo  atacado  no  se  refiere  a  sus solicitudes y pese a  señalar  que  se  funda  en  criterios  de equidad, desconoció las directrices  impartidas  en  la  sentencia  de  tutela  T-025  de  2004, emitida por la Corte  Constitucional.   

La  referida  decisión,  expone,  resulta  aplicable  como criterio auxiliar, pues aunque por su naturaleza produce efectos  inter    partes,  lo  cierto es que resolvió más  de  mil acciones de amparo y señaló unos derroteros precisos frente a la ayuda  a  los desplazados, al manejo del presupuesto nacional, ordenó la colaboración  armónica   de   las   entidades   estatales  y  declaró  un  estado  de  cosas  inconstitucional vinculado al desplazamiento forzado.   

          El  levantamiento  del estado de cosas inconstitucional, afirma, fue  solicitado  en julio de 2001 por el Gobierno Nacional argumentando la existencia  de  recursos  y  la  colaboración interinstitucional y, por esta razón, existe  dicotomía   entre   los   planteamientos   de   la   sentencia  T  – 025 y el fallo recurrido.   

La  generalización del daño asumida en la  sentencia  no  es  viable,  señala,  porque todas las víctimas no sufrieron la  misma  vulneración y, en consecuencia, el daño no puede repararse de idéntica  manera.   

Además,   indica,   las   apreciaciones  genéricas  efectuadas  sobre  el  daño  en  la ratio  decidendi  del  fallo  no  pueden  acogerse,  pues han  transcurrido  más de 10 años desde la fecha de los hechos y los 17 millones de  pesos  reconocidos   a  las  víctimas  del  desplazamiento,  no  equivalen  siquiera al mínimo vital.   

Esta indemnización, advierte, desconoce la  finalidad  de la ley de justicia y paz de reparar el daño en forma completa, no  como  una  acción  humanitaria  o  una política social del gobierno, sino como  derecho  de  las  víctimas.  Además,  al  intérprete  le  está  vedado hacer  distinciones  no  previstas  en  la  ley, razón por la cual no procede negar la  indemnización solicitada aduciendo limitaciones presupuestales.   

          El      doctor      Humberto     Jaimes  Arbeláez,  como  apoderado de algunas víctimas, dice  que  se  acreditó  con  elementos  de  juicio  precisados  en  la sentencia, la  ocurrencia  del  desplazamiento de San Cayetano, así como la responsabilidad de  los  postulados y su deber de indemnizar. Su inconformidad radica en el monto de  la   indemnización   por   los   daños   y   perjuicios   generados   en   ese  ilícito.   

En relación con el delito de desplazamiento  forzado,  advierte,  no  existen parámetros para fijar el valor del daño, pues  no  se  tienen  antecedentes  distintos a las pautas indicadas por el Consejo de  Estado,  las  cuales  señalan  un  equivalente  a  50 salarios mínimos legales  mensuales vigentes.    

Este  criterio,  dice,  muestra  cómo  el  desplazamiento   no   se  valora  en  su  magnitud  real,  pese  a  implicar  la  vulneración  de  múltiples  bienes jurídicos como los derechos a la libertad,  locomoción, dignidad, trabajo, salud y bienestar.   

La  cifra  de  17  millones  fijada  por el  Tribunal  como  indemnización,  asevera,  resulta  exigua,  pues no consulta la  magnitud  de  los  daños  ocasionados  desde  el día 11 de marzo de 2000 y, de  atenerse  a  ella,  se  genera una descompensación más gravosa, pues significa  que  cada  desplazado  debió atender sus necesidades básicas de alimentación,  vestido, educación y vivienda con la suma de $4.425 diarios.   

Por ello, considera, aunque el costo de las  reparaciones  a  las  víctimas  sea cuantioso, su dignidad humana les otorga el  derecho  a  ser  indemnizados  adecuadamente; más aún si existe el impedimento  tácito  de reclamar, por la vía gubernativa, la ayuda consagrada en el Decreto  1290   de   2008,  pues  si  así  se  hace,  debe  deducirse  de  la  decretada  judicialmente.   

          También  se  tiene  que el doctor Fernando  Aza  Olarte,  en  representación de algunas víctimas  afirma  que la estructura del proceso de justicia y paz confiere al incidente de  reparación  integral un carácter judicial y lo diferencia de la indemnización  administrativa sin que, acudir a la primera, excluya la segunda.   

No  obstante, resalta, la compensación por  vía  judicial  tiene el propósito de garantizar a los perjudicados el acceso a  la  administración  de justicia, consagrado en los artículos 229 Superior y 25  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos;  adicionalmente,  permite  concretar  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y la  reparación,  temas  que por resultar ajenos a la indemnización administrativa,  determinaron  que  el  legislador  estableciera  el resarcimiento integral en el  artículo 23 de la Ley 975 de 2005.   

Durante el trámite de este incidente, dice,  solicitó  la  reparación de sus poderdantes por el daño material e inmaterial  ocasionado,  aportando  con  esos fines documentos y declaraciones extra proceso  sobre  los  bienes  afectados  y  su  valor,  elementos  de  juicio  colocados a  disposición  de  las  partes. En la etapa correspondiente al debate probatorio,  el  Tribunal  acogió  como prueba las allegadas, decisión frente a la cual las  partes  guardaron  silencio y, luego, los mismos documentos fueron el soporte de  las alegaciones presentadas en la fase final del incidente.   

Por  tanto, asevera, no se justifica que la  magistratura,  agotado  el  trámite  judicial  correspondiente, haya optado por  desconocer  el  material  probatorio legalmente aportado, demostrativo del daño  ocasionado,  su magnitud y valor, para fallar en equidad, indicando, sin razón,  que en el incidente sólo se practicaron tres pruebas.    

El juez de instancia incumplió así, dice,  su  obligación  de  analizar los elementos de juicio y valorarlos o señalar la  razón  de  su rechazo, con lo cual eludió la labor ardua pero no imposible, de  establecer,  en  concreto,  la  reparación  correspondiente  a  cada una de las  víctimas.   

De igual forma, no se consideró el daño a  la  vida  de  relación,  evidenciado  a  través del testimonio de un afectado,  donde  se  expresa  la  exclusión  sufrida  por ser desplazados, presumírseles  guerrilleros   o,   en   todo   caso,  merecedores,  por  alguna  causa,  de  su  situación.   

El   fallo   argumenta,  con  razón,  la  imposibilidad  de  las  víctimas  de  mostrar los títulos de propiedad; pese a  ello,  en  los  procesos  regidos  por  la  Ley  975  de 2005, las pruebas deben  valorarse  con  menor  rigurosidad,  atendiendo, en el caso de las declaraciones  extra  proceso  aducidas,  los  artículos  175  y  211  del  Código  Penal, el  principio  de  libertad  probatoria,  el  valor  del juramento estimatorio y los  registros de hechos punibles allegados por la Fiscalía.   

La  decisión  de  acudir  a  criterios  de  equidad  siguiendo  las pautas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en  los   casos   de   Ituango  y  Pueblo  Bello,  advierte,  desconoce  el  derecho  internacional.   

En   ese  ámbito,  afirma,  existen  los  principios  de  solidaridad  y  complementariedad,  según  los cuales el Estado  Colombiano  es  el  primer  llamado  a  garantizar  los  derechos humanos de las  víctimas  y  a  juzgar  los hechos en sus propios tribunales. Dichos principios  deben  regir  también  frente  a las normas y criterios de interpretación; por  tanto,  si  el  ordenamiento  interno cuenta con disposiciones que brinden mayor  protección  a  las  víctimas,  a ellas debe acudirse, tesis consecuente con el  numeral   6°   del   artículo   75  del  Estatuto  de  Roma,  según  el  cual  “nada  puede  interpretarse  en  perjuicio  de  las  víctimas”.   

Además,   indica,   el   artículo   230  Constitucional  somete  las decisiones de los jueces sólo al imperio de la Ley,  sin  acudir,  para  sustentar  sus fallos, a hechos futuros e inciertos como los  invocados  en  la  sentencia al referirse a 281.000 víctimas registradas por la  Fiscalía,  respecto  de  quienes  no  se  conoce  si  todas pueden concretar el  derecho a una indemnización.   

El abogado Germán  Cortés   Huertas,  apoderado  de  las  víctimas  del  secuestro   en   Isla   Múcura,   indica   que  la  sentencia  estableció  una  indemnización  de  30  millones  de  pesos  para  las  víctimas  directas  del  secuestro,   desconociendo  las  solicitudes  presentadas  en  el  incidente  de  reparación  integral  donde  se  precisaron  los  perjuicios  ocasionados,  las  pruebas   relativas   a   ellos,   así   como   sus   fundamentos  fácticos  y  jurídicos.   

Además, consecuente con la autorización de  la   magistratura,   emitida  en  la  última  sesión  del  incidente  ante  la  imposibilidad  de  las víctimas de comparecer al Tribunal, acudió al juramento  estimatorio  y  a  las declaraciones extra proceso para acreditar los perjuicios  ocasionados.   

Como el incidente de reparación se tramitó  siguiendo  las  disposiciones  legales y la liquidación no fue objetada por los  postulados  o sus defensores, el Tribunal debía fallar conforme a lo solicitado  en él.   

Sin  embargo, no analizó las pretensiones,  no  efectuó  la  valoración jurídica de las pruebas aportadas y desconociendo  el  principio  de  congruencia,  se  apartó de las pretensiones efectuadas; por  estas  razones  debe  modificarse  el  fallo  para  decidir, no en equidad, sino  conforme a lo pedido y a las pruebas aportadas.   

          Acerca   de  la  misma  temática  refiere  el  doctor  Guillermo  Nizo que ninguna duda existe en  torno  a  los  daños materiales y morales ocasionados con el accionar delictivo  investigado.   

La  afectación  de  bienes,  afirma,  se  demostró  con  declaraciones  donde  las  víctimas  precisaron su valor, medio  probatorio  contemplado  en el artículo 211 del Código de Procedimiento Civil,  bajo  la denominación de juramento estimatorio, el cual constituye plena prueba  cuando  no  se  desvirtúa  por  la  parte  contraria  en  el  trámite procesal  respectivo.   

No   obstante,   el   Tribunal   omitió  pronunciarse  sobre  el  asunto y acudió a criterios de equidad para establecer  la  indemnización,  argumentando la imposibilidad de determinar el daño,   dada  la  cantidad  de  víctimas,  la  vulneración  masiva  de  derechos  y la  dificultad   de  los  desplazados  de  llevar  los  documentos  relativos  a  la  titularidad de sus bienes.   

Implementar un sistema de reparación basado  en  la equidad, dice, atenta contra los derechos fundamentales de las víctimas,  en  tanto  éste  sólo  procede  cuando no hay prueba suficiente para fallar en  derecho,  situación  ajena  al  caso porque aquellas demostraron los perjuicios  recibidos,   utilizando   los   medios   probatorios   autorizados  por  nuestro  ordenamiento  jurídico.  Además,  la  Fiscalía acreditó, a través de censos  poblacionales,  la  totalidad  de  los  bienes  perdidos  por  los habitantes de  Mampuján, entre ellos animales, inmuebles y enseres.   

La  resolución  No. 60/147 de la ONU sobre  Principios  y  Derechos Básicos de las Víctimas de Violaciones de los Derechos  Humanos,  advierte,  impone a los Estados el deber de reparar de forma diferente  a los afectados, según al daño efectivamente recibido.   

A su vez, agrega, la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos, en la sentencia de Ituango consideró imposible determinar un  perjuicio  cierto  por no contar con prueba de los ingresos percibidos, edades y  actividades  de  los afectados, disponiendo, por tal causa, la indemnización en  equidad  de  algunas víctimas. Sin embargo, en la misma oportunidad sostuvo que  el  daño material debe determinarse con elementos demostrativos de un perjuicio  cierto.   

Por  ello,  el Tribunal erró al acoger los  criterios  de  la  sentencia de Ituango para decidir y debió emitir un fallo en  derecho.   

La indemnización, concluye, no puede estar  sujeta  a  su  influencia  en la economía nacional; ello comportaría una nueva  revictimización  al  señalar  a  los  perjudicados como causantes de la crisis  presupuestal  del  Estado  y  responsables,  por  causa de su indemnización, de  empobrecer e impedir el desarrollo del país.   

Argumenta    el   doctor   Luis  Felipe  Estrada, apoderado de algunas  víctimas,  que el desplazamiento produjo unos daños colectivos e individuales,  evidenciados   en  la  ruptura  del  tejido  social,  la  perturbación  de  las  actividades   normales  y  de  las  prácticas  ancestrales,  así  como  en  la  estigmatización  de los habitantes de las veredas, señalados de ser miembros o  colaboradores de la guerrilla.   

Atendidos   los  criterios  de  la  Corte  Constitucional,   señala,   la  indemnización  no  puede  condicionarse  a  la  existencia  de recursos, por cuanto el Estado tiene una clara responsabilidad en  las  graves  omisiones  de sus representantes, reveladas por los postulados, las  cuales  permitieron  la  formación y actividad de los grupos paramilitares; por  esa razón debe responder por la reparación de las víctimas.   

En  representación  de  sus  poderdantes,  manifiesta,  aportó  pruebas  del  daño  y de su nexo causal, suficientes para  fallar  no en equidad, sino conforme a sus peticiones, siguiendo los parámetros  indicados  por  el  Consejo  de Estado; es decir, en caso de desplazamiento, 100  salarios  mínimos  legales  mensuales  a  favor  de padres, esposa e hijos y 50  salarios  para  los  hermanos.  Con igual criterio pidió calcular el daño a la  vida  de  relación,  una  de  las  consecuencias  más visibles de este delito,  causada por la desintegración familiar.   

          Consideraciones de la Sala   

          2.1.1.                     Marco general   

Habida cuenta que uno de los temas centrales  de  esta  decisión  apunta  a definir si la cuantía de las reparaciones de las  víctimas  debe  efectuarse  “en equidad”  como se procedió en el fallo de primer grado, o en derecho, es  pertinente  destacar  que  los  derechos  de aquellas han sufrido una importante  evolución en Colombia y el mundo en los últimos años.   

En efecto, con el robustecimiento del Estado  de  derecho  y  posteriormente  del  Estado social y democrático de derecho, el  sistema  penal  colombiano  se  orientó de manera prevalente a salvaguardar los  derechos  y garantías de los procesados, de modo que reiterada y pacíficamente  la  Corte  Suprema  sostuvo  que  el  interés de las víctimas, quienes debían  constituirse  en  parte  civil  dentro  del  proceso penal, quedaba circunscrito  exclusivamente  al ámbito pecuniario de carácter indemnizatorio, razón por la  cual  les  resultaba  ajeno  presentar  peticiones  o  ejercer  recursos  que no  tuvieran  como  finalidad el restablecimiento del derecho y el resarcimiento del  daño  ocasionado  por  la  conducta punible, estándoles vedado controvertir en  perjuicio  del procesado la entidad típica del delito o la pena privativa de la  libertad                   impuesta77.   

Así las cosas, la parte civil se encontraba  facultada  para  participar  en  las  diligencias,  solicitar  y aducir pruebas,  presentar  alegaciones  e  interponer recursos, a fin de acreditar la existencia  de  la  conducta  investigada,  la  identidad  de  los autores o partícipes, la  responsabilidad  penal  de  estos,  así  como  la  naturaleza y cuantía de los  perjuicios  causados  al  titular  de la acción debidamente reconocido como tal  dentro   del   trámite,   todo   con  el  único  propósito  de  conseguir  la  correspondiente indemnización en el fallo.   

         No  obstante lo anterior, de manera preliminar en la sentencia C-412  de  1993,  la  Corte Constitucional señaló que la dignidad de la persona no se  protege  únicamente  con  la  indemnización  patrimonial,  sino  que  menester  resulta  asegurar  la  verdad  y la justicia en las investigaciones, todo ello a  favor de los intereses de víctimas y perjudicados.   

Posteriormente,  con la sentencia C-554 del  31  de mayo de 2001, se reconoció que la aplicación del principio non  bis  in idem dispuesto a favor de los  procesados  en  el  artículo 8º del Código Penal (Ley 599 de 2000) tenía una  salvedad   referida   a   “lo  establecido  en  los  instrumentos  internacionales”, entre otras razones,  dada   la  “conciencia  universal  en  torno  a  la  represión  de  aquellos  atentados  que comprometen seriamente la axiología de  los derechos humanos”.   

Luego, por medio de la sentencia C-1149 del  31  de  octubre  de 2001 se declaró la exequibilidad condicionada del artículo  305  del  Código Penal Militar (Ley 522 de 1999), en el cual se establecía que  “La  constitución  de  parte  civil  en el proceso  penal  militar  tiene por objeto exclusivo el impulso procesal para contribuir a  la  búsqueda de la verdad de los hechos”, y a su vez  se  declaró  inexequible  el  aparte  del  artículo 107 del mismo ordenamiento  referido  a que la reparación debía conseguirse “a  través      de     las     acciones     contencioso-administrativas”.   

En dicha decisión se estableció que cuando  se  comete  un  delito,  la  víctima  tiene  derecho  a conocer la verdad, a la  justicia  y  a  la  reparación,  soportándose  para  ello en lo expuesto en el  Informe  Final  sobre la impunidad de los autores de violaciones de los derechos  humanos  (derechos  civiles  y  políticos) rendido por la Comisión de Derechos  Humanos      de      las     Naciones     Unidas78.   

Es oportuno señalar que la ONU proclamó en  1998  el  Conjunto de Principios para la protección y  la   promoción   de   los   derechos   humanos  mediante  la  lucha  contra  la  impunidad,   cuyo   antecedente   principal   fue  el  Informe    Final   del   Relator   Especial   Louis  Joinet  de 1992, a quien el año anterior la Comisión  de  Derechos  Humanos  de Naciones Unidas había encargado para su elaboración,  documento  que  integra el bloque de constitucionalidad, dado que tanto la Corte  como   la   Comisión   Interamericana  lo  han  considerado  incorporado  a  la  Convención    Americana   de   Derechos   Humanos79.   

          El  Informe  Joinet  recoge  cuarenta  y dos principios tomados del  Derecho  Internacional  de  los  Derechos  Humanos,  del  Derecho  Internacional  Humanitario,  de  la  jurisprudencia  de  los  tribunales internacionales, de la  costumbre  internacional, de las experiencias asumidas en diferentes latitudes y  de  los  principios de derecho que se ocupan de la obligación de los estados de  administrar  justicia  conforme  al  derecho  internacional,  los que en suma se  concretan  en  los derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación de las  víctimas.   

Lo  anterior,  para  precisar  que  en  la  jurisprudencia  colombiana  se  dio  cabida  a  tales  derechos  no  reconocidos  específicamente  en  la normativa internacional, pero que se derivan de algunos  de  sus  preceptos,  en  los  cuales  se  alude  a  la  existencia de un recurso  efectivo,   la  garantía  de  acceso  a  la  administración  de  justicia,  la  obligación   de   investigar   violaciones   de   derechos  humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  y  el deber de cooperar en la prevención y sanción  de  los  delitos  internacionales  y  las  graves  violaciones  de  los derechos  humanos80.   

Luego, con la conocida sentencia C-228 del 3  de  abril  de  2002,  por  cuyo  medio  fue  declarado exequible “el  inciso  primero  del artículo 137 de la Ley 600 de 2000, en el  entendido  de que la parte civil tiene derecho al resarcimiento, a la verdad y a  la  justicia”, providencia sustentada a su vez en el  fallo  del 14 de marzo de 2001 proferido por la Corte Interamericana de Derechos  Humanos  en  el caso Barrios Altos (Chumbipuma Aguirre  y      otros      vs.  Perú),  en  el  cual  se  declaró  que  las leyes de  amnistía  peruanas  eran  contrarias a la Convención Americana y que el Estado  era  responsable  por  violar  el  derecho  de las víctimas a conocer la verdad  sobre  los  hechos  y obtener justicia en cada caso, se consolidó en la órbita  de  la  jurisprudencia  constitucional  colombiana  tal  replanteamiento  de los  derechos  de  las  víctimas,  circunstancia  que  a  la  postre impuso también  ajustar  la legislación procesal, a lo que se procedió en el artículo 137 del  estatuto  adjetivo  penal  de 2004 y ulteriormente en el artículo 4º de la Ley  de Justicia y Paz en el 2005.   

Inclusive,  en  el  Acto  Legislativo 03 de  2002,  mediante  el  cual  se  modificaron,  entre otros, el artículo 250 de la  Carta  Política,  se  estableció la protección de las víctimas por parte del  juez  de  garantías,  así  como  la  obligación de asistirlas y establecer la  intervención  de  aquellas dentro del proceso penal, amén de los mecanismos de  justicia restaurativa.   

A   partir   del   referido   fallo   de  constitucionalidad  quedó  claro  que  el  interés  de  la  víctima  ya no se  encuentra  circunscrito únicamente a conseguir la indemnización de perjuicios,  pues  también  comprende  el  interés  en  lograr  la  justicia  y  la  verdad. Lo primero, orientado a que la  conducta  delictiva  no  quede  en la impunidad, se le imponga al responsable la  condigna  sanción  y  se  ejecute en su forma y términos de cumplimiento. Y lo  segundo,  para  que  se  determine  de  manera  precisa  y  exacta la forma como  tuvieron ocurrencia los hechos.   

         Por  ello,  la intervención de la víctima dentro del proceso penal  puede  estar  determinada  por  los  tres  intereses señalados, esto es, por la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación,  o  bien por uno cualquiera de ellos, sin que la pretensión ajena  al  ámbito  exclusivamente patrimonial torne ilegítima su condición de sujeto  procesal  o  imposibilite su intervención en el trámite, siempre que tenga los  dos  o uno u otro de los restantes intereses que justifiquen su presencia dentro  de la actuación penal.   

Al reconocer como derechos de las víctimas  no  sólo  la  reparación  económica, sino también la verdad y la justicia se  hacen  efectivas  normas constitucionales que se refieren al aseguramiento de la  convivencia  pacífica  y  la  vigencia de un orden justo, pues es claro que sin  verdad    y    con    impunidad    no    se    consigue    ninguno   de   dichos  propósitos.   

Es preciso destacar, que en el tiempo actual  la  posición  de  las  víctimas es redimensionada, en cuanto se les brinda una  especial  protección  y  dejan  de  ser  un  simple  dato estadístico, pues la  necesidad  de  la  reparación  de  los perjuicios irrogados con el delito, así  como  la  búsqueda  de  la  verdad  y  de  la  sanción  de los responsables se  convierte  en  propósito  esencial  de  la  sistemática procesal, es decir, es  allí  donde  se  encuentra  su  razón  de  ser  y  una de las finalidades más  importantes de su cabal implementación.   

Lo  anterior se traduce de manera global en  una    frase,    la    humanización   del   sistema  penal,  efectiva, cierta y real, no meramente formal y  declarada,  que seguramente beneficiará a la sociedad al evitar a toda costa la  justicia  privada  y contribuirá en la consecución de la convivencia tolerante  propia de los estados sociales y democráticos como el nuestro.   

En   el   marco   de   la   Ley  de  Justicia  y Paz se tiene que en su  artículo  1º  señala  como  propósito “facilitar  los  procesos  de  paz  y  la  reincorporación individual o colectiva a la vida  civil  de  miembros  de  grupos  armados  al  margen de la ley, garantizando los  derechos  de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”; tales derechos tienen el siguiente alcance:   

El  derecho a la  verdad,  del cual son titulares tanto la víctima como  la  sociedad, apunta a que se determine de manera precisa y exacta la forma como  tuvieron  ocurrencia los hechos en general, lo cual comprende a sus autores, sus  motivos,   las   prácticas  utilizadas,  los  métodos  de  financiación,  las  colaboraciones  internacionales,  estatales  o  particulares recibidas, a fin de  que  salga a la luz pública ese acontecer oscuro que debe servir a la comunidad  para  implementar  los  correctivos  orientados a que no vuelvan a ocurrir tales  sucesos,  así  como  establecer  dónde  se  encuentran  los secuestrados y los  desparecidos  por la fuerza, amén de integrar lo más fidedignamente posible la  memoria  histórica,  y  en  tal  medida  asegurar  que  semejantes conductas no  sucedan de nuevo.   

         Para   tal  propósito  es  necesario  individualizar  tanto  a  los  determinadores  como  a  los  autores  materiales  y  cómplices de los delitos,  también   llamados   “agentes   de   la   primera  zona”81;  igualmente,  a quienes los  financiaron,  seleccionaron  las víctimas o se beneficiaron con la comisión de  tales  conductas,  es  decir,  “los  agentes  de la  segunda  zona”, e inclusive, a los ciudadanos pasivos  que  por  miedo  o  simpatía  con  tales  comportamientos  se  plegaron  a  los  perpetradores  y  cuyo  testimonio  resulta importante para arribar a la verdad,  esto    es,    los    “agentes   de   la   tercera  zona”.   

Todo  lo anterior, sin perjuicio de que esa  verdad  judicial  se  complemente  con  otros  medios no judiciales orientados a  reconstruirla  (inciso  3º del artículo 7º de la Ley 975 de 2005), como puede  ser   el   caso  del  trabajo  de  historiadores,  periodistas,  investigaciones  sociológicas  de  campo  y las comisiones de la verdad, en cuyos procedimientos  no  median  las  exigencias  formales  y  sustanciales,  que  sí  gobiernan  la  práctica  y  aducción  de  pruebas en el diligenciamiento judicial, además de  que  los  resultados  de  aquellas  actividades  siempre pueden ser aumentados o  rehechos,  lo  cual  no  ocurre  con  las  decisiones  judiciales  en virtud del  principio  de  cosa  juzgada, y que, por tanto, pueden dentro de su informalidad  brindar  aportes  invaluables  en  el  rescate  de  la  verdad.  Tal  ha sido el  procedimiento  en Sierra Leona, donde se creó en 1999 la Comisión de la Verdad  y la Reconciliación, y en el 2002, la Corte Especial.   

El  derecho a la  justicia  supone  no  sólo  evitar  que  la  conducta  delictiva  quede  en  la  impunidad,  sino  que se imponga a los responsables la  condigna  sanción  y  ésta se ejecute en la forma y los términos definidos en  la   legislación,  además  de  permitir  a  las  víctimas  el  acceso  a  los  diligenciamientos    adelantados    y   adoptar   medidas   para   prevenir   la  repetición.   

El  derecho a la  reparación comporta las labores de:   

(i)          Restitución:  devolver    a   la   víctima   a   su   statu   quo  ante.   

(ii)          Indemnización:  sufragar  el  valor  material de los perjuicios morales, materiales y de la vida  de relación irrogados.   

(iii)                Rehabilitación:  recuperar a las víctimas de las secuelas físicas y sicológicas  derivadas de los delitos cometidos.   

(iv)          Satisfacción:  compensación  moral orientada a restaurar la dignidad de la víctima y divulgar  lo acontecido.   

(v)          Garantía de irrepetibilidad:   desmovilización,   desarme,   reinserción,   desmonte  de  las  organizaciones  delictivas y prohibición, en todas sus formas y expresiones, de  la  conformación  de  grupos  armados paraestatales y el diseño de estrategias  paramilitares.   

(vi)            Reparación   simbólica:  aseguramiento  de  la memoria histórica, aceptación pública de  la  comisión de delitos, perdón difundido y restablecimiento de la dignidad de  las  víctimas,  v.  gr. la  construcción  de  camposantos,  de  monumentos  o  la  colocación de placas en  sitios especiales.   

(vii)            Reparación   colectiva:   recuperación   sicológica   y   social   de   las  comunidades  victimizadas.   

         La  reparación  por vía administrativa inicialmente asumida por el  Estado  puede  resultar adecuada para asegurar la indemnización, e inclusive la  restitución,  en  tanto  que la vía judicial ofrece mejores posibilidades para  la    rehabilitación,    la    satisfacción    y    la    garantía    de   no  repetición.   

Desde   luego,   la   verdad   en   tales  procedimientos  no  se  circunscribe  a aquello que diga o acepte quien narra su  versión,  pues  ella  resulta  un imperativo para los operadores judiciales, un  derecho  de las víctimas y de la sociedad, y un deber del postulante a justicia  y  paz,  de  modo  que  la  misión  de  las  autoridades  involucradas en estos  diligenciamientos  tiene  que  estar  orientada, conjuntamente, por la búsqueda  del  esclarecimiento de la verdad, la construcción de los archivos por el deber  de  memoria que impone la reconciliación, y la garantía de no repetición, tal  como  emana  de  los  artículos 4º, 15, 48 y 56, entre otros, de la Ley 975 de  2005        82.   

De  todas maneras, es necesario indicar que  el  éxito  de  todo este proceso cobra sentido en la medida en que se avance en  la  verificación  parcial  o  total  de  actos que, reconocidos o asumidos como  propios  por  sus  autores  o  partícipes, permitan develar ante las víctimas,  así  como  ante  la  sociedad  civil  colombiana  y la comunidad internacional,  aspectos  fácticos que efectivamente ocurrieron y que como tales, son condignos  de las sanciones regladas en la Ley de Justicia y Paz.   

En  el  ámbito  de  representación de las  víctimas  estableció  la  Ley  975  de 2005 dos obligaciones especiales, una a  cargo  de  la  Fiscalía  y  otra  de  la  Procuraduría;  en el primer caso, la  Fiscalía  General  de  la  Nación  debe  citar  públicamente  a las víctimas  indeterminadas  de  las  conductas  punibles  para  que participen y ejerzan sus  derechos.  En  el  evento  que  esas  víctimas  no  comparezcan,  el Ministerio  Público  tiene la obligación especial de garantizar su representación. Si las  víctimas  comparecen,  tienen derecho a acceder en forma personal y directa o a  través  de  apoderado  a las diligencias que se desarrollen en todas las etapas  procesales83.   

En  la  normativa contemporánea, sin duda,  las  víctimas  tienen una especial ubicación, pues si la modernidad construyó  el  diligenciamiento penal para rodear de garantías y derechos al procesado, la  legislación  de  Justicia  y  Paz  colocó  a  aquellas  como eje central de su  accionar,  para quienes debe reconstruirse la verdad de lo acontecido, en cuanto  hasta  ahora  sólo  han  percibido el dolor de la muerte, el desplazamiento, la  violencia  sexual  y  la  desesperanza  producida  por  la soledad en la que los  abandonó  el  Estado,  en  cuya  reivindicación  hay que aplicar justicia como  aporte  a  su  duelo, y para quienes hay que garantizar la reparación con todos  sus  componentes,  erigiéndose  en  los  destinatarios  de  la  verdad  que  se  encuentre  a  partir de las confesiones de los desmovilizados, de suerte que esa  es  tal  vez  una de las tareas más importantes para mitigar su sufrimiento: la  reivindicación  de  su  intimidad  personal  y familiar, la recuperación de la  vergüenza  y  la dignidad arrebatadas por la impotencia que provoca el silencio  y        la        desventaja       humillante84.   

No  de  otra  forma  se  puede  rescatar el  principio  pro  hómine y el  postulado   pro   societas  derivados  del  preámbulo  de la Norma Fundamental, los cuales encuentran total  correspondencia  con  los  fines  perseguidos  por  la  Ley  975  de  2005, cuyo  contenido  es  la expresión fehaciente del anhelo de los ciudadanos que habitan  el  suelo  patrio por conseguir la paz y asegurar la reconciliación entre todos  los colombianos.   

         2.1.2.                     La  reparación  de  las  víctimas  en  el caso  examinado   

La  obligación  de  reparar los perjuicios  injustamente  ocasionados  deriva  del  artículo 2341 del Código Civil, piedra  angular de la responsabilidad civil extracontractual:   

“El  que  ha  cometido  un  delito  o  culpa,  que  ha inferido daño a otro, es obligado a la  indemnización,  sin  perjuicio  de  la pena principal que la ley imponga por la  culpa o el delito cometido”.   

El    daño  individual  corresponde  al  soportado por una persona  natural  o  jurídica,  el  cual, para ser objeto de indemnización, precisa ser  antijurídico y cierto.   

Dicho    daño   puede   ser   material  (patrimonial),  cuya  acreditación  debe fundarse en las pruebas obrantes en la  actuación,    o    inmaterial   (extrapatrimonial85).   

Por   daño  material  se  entiende  el menoscabo, mengua o avería  padecido   por   la   persona  en  su  patrimonio  material  o  económico  como  consecuencia  de un daño antijurídico, esto es, el que la víctima no tiene el  deber  jurídico  de soportar. Obviamente, el daño debe ser real, concreto y no  simplemente      eventual      o     hipotético86;   se  clasifica  en  daño  emergente  y  lucro cesante. En tal sentido, el artículo 1613 del Código Civil  dispone:   

“La  indemnización  de  perjuicios  comprende el daño emergente y el lucro cesante,  ya  provenga  de  no  haberse  cumplido  la  obligación,  o de haberse cumplido  imperfectamente,    o   de   haberse   retardado   el   cumplimiento”.   

El    daño  emergente  representa  el  perjuicio  sufrido  en  la  estructura  actual  del  patrimonio del lesionado, ponderando para ello el valor  de  bienes  perdidos  o su deterioro que afecta el precio, las expensas asumidas  para  superar las consecuencias del suceso lesivo, etc., cuya acreditación debe  obrar en el diligenciamiento.   

El    lucro  cesante  corresponde  a  la utilidad, la ganancia o el  beneficio  que  el  perjudicado  ha  dejado  de  obtener, esto es, el incremento  patrimonial  que  con  bastante  probabilidad  habría  percibido  de no haberse  presentado   la  conducta  dañosa,  por  ejemplo,  los  ingresos  laborales  no  percibidos  por  una  lesión en su integridad personal, o la explotación de un  bien   productivo   como   consecuencia  de  una  situación  de  desplazamiento  forzado.   

         Tanto  el  daño emergente como el lucro cesante pueden ser actuales  o  futuros, según hayan tenido lugar hasta el momento en el cual se profiere el  fallo  o  con posterioridad, sin que con ello se tornen inciertos, pues se trata  de  cuantificar  en términos de probabilidad las consecuencias futuras, siempre  que    sean   ciertas,   para   ello   se   puede   acudir   a   los   cálculos  actuariales.   

Corresponde    a    los    daños    inmateriales,   aquellos   que  producen  en  el  ser  humano  afectación  de  su  ámbito interior, emocional,  espiritual  o  afectivo  y  que, en algunas ocasiones, tienen repercusión en su  forma  de  relacionarse  con  la  sociedad.  Conforme  a  las  últimas posturas  jurisprudenciales,  dichos  perjuicios  entrañan  dos vertientes: daño moral y  daño a la vida de relación.   

          A  su  turno,  el daño moral tiene dos modalidades: el daño  moral subjetivado consistente en el  dolor,  la  tristeza,  la  desazón,  la  angustia  o  el temor padecidos por la  víctima  en  su  esfera  interior como consecuencia de la lesión, supresión o  mengua  de  su bien o derecho. Se trata, entonces, del sufrimiento experimentado  por  la  víctima,  el cual afecta su sensibilidad espiritual y se refleja en la  dignidad   del   ser   humano;   y   el  daño  moral  objetivado,   manifestado   en   las   repercusiones  económicas  que  tales  sentimientos  pueden generarle, menoscabo cuya cuantía  debe ser demostrada por quien lo alega.   

El daño a la vida  de  relación  (también denominado alteración de las  condiciones          de          existencia87)  alude  a una modificación  sustancial  en  las  relaciones  sociales  y  desenvolvimiento de la víctima en  comunidad,  comprometiendo  su desarrollo personal, profesional o familiar, como  ocurre  con  quien  sufre una lesión invalidante a consecuencia de la cual debe  privarse de ciertas actividades lúdicas o deportivas.   

También  puede  acontecer  por  un  dolor  aflictivo  tan intenso que varíe notoriamente el comportamiento social de quien  lo  sufre;  desde  luego,  este  daño  puede  hacerse  extensivo a familiares y  personas  cercanas,  como  cuando  éstas  deben  asumir cuidados respecto de un  padre  discapacitado,  de quien además ya no reciben la protección, cuidados y  comodidades  que  antes  del  daño  les  procuraba.  En  suma,  se  trata de un  quebranto  de  la vida en su ámbito exterior, mientras que el daño moral es de  carácter interior.   

          Hoy  en  día,  como ya se dijo, siguiendo la tendencia observada en  Europa,  la  jurisprudencia de nuestro país tanto del Consejo de Estado como de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en  sus  Salas  de  Casación Civil y Penal ha  admitido  el  daño a la vida de relación,   como   un   perjuicio   extrapatrimonial   distinto  del  moral,  inicialmente  denominado  perjuicio  fisiológico, pero luego, con fundamento en  la  doctrina  italiana  expuesta  sobre el tema, adquirió la nominación citada  para  hacer  referencia  a la pérdida de la posibilidad de realizar actividades  vitales  que,  aunque  no  producen  rendimiento patrimonial, hacen agradable la  existencia.   

          Sobre  el  mencionado  tema  tiene  dicho el Consejo de Estado en su  Sección Tercera:   

“Aquella  afectación  puede  tener causa en cualquier hecho con virtualidad para provocar  una  alteración  a  la  vida  de relación de las personas, como una acusación  calumniosa  o injuriosa, la discusión del derecho al uso del propio nombre o la  utilización   de   éste  por  otra  persona  (situaciones  a  las  que  alude,  expresamente,  el  artículo 4º del Decreto 1260 de 1970), o un sufrimiento muy  intenso  (daño  moral),  que,  dada  su  gravedad,  modifique el comportamiento  social  de  quien  lo  padece,  como podría suceder en aquellos casos en que la  muerte  de  un ser querido afecta profundamente la vida familiar y social de una  persona.  Y  no se descarta, por lo demás, la posibilidad de que el perjuicio a  la  vida  de  relación  provenga de una afectación al patrimonio, como podría  ocurrir  en  aquellos  eventos  en  que la pérdida económica es tan grande que  – al margen del perjuicio  material  que  en  sí  misma  implica –  produce  una  alteración importante de las posibilidades vitales  de   las   personas…”88.   

A su turno, la Sala de Casación Civil de la  Corte Suprema de Justicia ha dicho sobre el referido daño:   

“Como   se  observa,  a  diferencia del daño moral, que corresponde a la órbita subjetiva,  íntima  o interna del individuo, el daño a la vida de relación constituye una  afectación  a  la  esfera  exterior de la persona, que puede verse alterada, en  mayor  o  menor  grado,  a  causa  de  una  lesión infligida a los bienes de la  personalidad  o  a  otro  tipo de intereses jurídicos, en desmedro de lo que la  Corte   en   su   momento  denominó  ‘actividad         social         no         patrimonial’.   

Dicho  con otras palabras, esta especie de  perjuicio  puede  evidenciarse  en  la disminución o deterioro de la calidad de  vida  de  la  víctima,  en  la  pérdida  o dificultad de establecer contacto o  relacionarse  con  las  personas y cosas, en orden a disfrutar de una existencia  corriente,  como también en la privación que padece el afectado para desplegar  las  más  elementales  conductas  que  en  forma cotidiana o habitual marcan su  realidad.  Podría  decirse  que  quien  sufre  un  daño a la vida de relación  se  ve forzado a llevar una existencia en condiciones  más  complicadas  o  exigentes  que  los demás, como quiera que debe enfrentar  circunstancias  y barreras anormales, a causa de las cuales hasta lo más simple  se  puede  tornar  difícil. Por lo mismo, recalca la  Corte,  la  calidad  de  vida  se  ve  reducida,  al paso que las posibilidades,  opciones,  proyectos  y  aspiraciones  desaparecen definitivamente o su nivel de  dificultad  aumenta  considerablemente.   Es así como de un momento a otro  la   víctima   encontrará   injustificadamente   en   su  camino  obstáculos,  preocupaciones  y  vicisitudes que antes no tenía, lo que cierra o entorpece su  acceso  a  la  cultura,  al placer, a la comunicación, al entretenimiento, a la  ciencia,  al  desarrollo  y, en fin, a todo lo que supone una existencia normal,  con    las    correlativas    insatisfacciones,    frustraciones    y   profundo  malestar”89    (subrayas    fuera   de  texto).   

          La  Sala  de  Casación  Penal,  como se dijo, también contempla el  daño  en  la  vida de relación como susceptible de reparación, y es así como  en reciente sentencia señaló:   

“Para el evento  en  concreto,  es un hecho cierto e incontrastable que las lesiones, cicatrices,  disfunciones  orgánicas,  discapacidades  y secuelas dejadas en el cuerpo de R.  S.   B.   P.,  produjeron  unos  daños  irreparables  a  su  vida  de  relación  que  constituyen  afectaciones  a  la  esfera exterior de su persona,  perjuicios  que  ameritan  valorarse  e  indemnizarse  dentro  del  concepto  de  reparación   integral”90.   

          Actualmente,   entonces,   hay   uniformidad  en  la  jurisprudencia  colombiana  en el sentido de que el resarcimiento derivado de la realización de  una  conducta  ilícita  debe  incluir,  además  de  los  tradicionales  daños  material y moral, aquel causado a la vida de relación.   

          Es  de  anotar  que  el artículo 94 del estatuto punitivo contempla  solamente  el  deber de reparar los daños materiales y morales. Sin embargo, de  conformidad   con  lo  visto,  será  imperativo  también  del  juzgador  penal  reconocer  aquellos  que  se  producen  a la vida de relación, siempre y cuando  aparezcan  demostrados  en  el proceso. Se trata, por lo demás, como lo esbozó  esta  Sala  en  la  sentencia  precitada,  de una obligación proveniente de las  normas  constitucionales  y legales que establecen el derecho de las víctimas a  obtener    la    reparación   integral de los perjuicios causados con la conducta punible.   

          Obsérvese  al  respecto  cómo el artículo 250 de la Constitución  Política,  modificado por el artículo 2º del Acto Legislativo No. 03 de 2002,  atribuye  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  entre  otras la siguiente  función:   

“6.  Solicitar  ante  el  juez  de  conocimiento  las  medidas  judiciales  necesarias  para  la  asistencia  a  las  víctimas,  lo  mismo  que  disponer el restablecimiento del  derecho  y la reparación integral a los afectados con  el  delito”  (subrayas fuera de texto).   

Por  su parte, tanto la Ley 906 de 2004, en  sus  artículos 102 y siguientes, como la Ley 975 de 2005 (art. 23) instituyeron  el  incidente  de  reparación  integral  como  un mecanismo para resarcir a las  víctimas,  conforme  su  nombre lo indica, de todos los perjuicios causados con  la infracción.   

El  derecho a la reparación integral, como  ya  se  analizó  en  esta  decisión,  al  lado  de  los derechos a la verdad y  justicia,  constituyen  hoy  en día axiomas de carácter fundamental a favor de  todas  las  víctimas  de los delitos. Sobre el primero de ellos ha expresado la  Corte  Constitucional  que,  conforme  al  derecho  internacional,  presenta una  dimensión  individual  y  otra  colectiva,  abarcando  desde la primera de esas  perspectivas      todos      los     daños     y  perjuicios  sufridos  por  la víctima, y comprende la  adopción  de  medidas  individuales  relativas  al derecho de (i) restitución,  (ii)  indemnización,  (iii) rehabilitación, (iv) satisfacción y (v) garantía  de  no  repetición,  mientras  en su dimensión colectiva, involucra medidas de  satisfacción  de  alcance  general  como  la adopción de medidas encaminadas a  restaurar,   indemnizar  o  readaptar  los  derechos  de  las  colectividades  o  comunidades  directamente  afectadas  por  las violaciones ocurridas91.   

En  ese  sentido,  en  el referido fallo se  puntualiza:   

“La integralidad  de  la  reparación  comporta  la  adopción  de  todas  las  medidas necesarias  tendientes  a  hacer  desaparecer  los efectos de las violaciones cometidas, y a  devolver   a   la   víctima  al  estado  en  que  se  encontraba  antes  de  la  violación”.   

Esa  doble  dimensión  ostentada  por  la  reparación  integral  fue precisamente consagrada en la Ley 975 de 2005, en sus  artículos  8º,  44,  45,  46,  47, 48 y 49. Para sólo referir a la primera de  ellas,  obsérvese cómo en la misma se contempla que la indemnización consiste  en  compensar  los  perjuicios causados por el delito, siendo de entender, desde  luego,  dentro  del  concepto de integralidad al cual pertenece esa modalidad de  reparación,  que  el resarcimiento debe comprender todos los daños ocasionados  con la ilicitud.   

En tales condiciones, resulta indudable que  una  indemnización integral debe necesariamente comprender los daños a la vida  de relación.   

Es  pertinente  señalar  que  cuando en el  artículo   5º   de   la   Ley   975   de  2005  se  dice  que  “Para  los  efectos  de  la presente ley se entiende por víctima la  persona  que individual o colectivamente haya sufrido daños directos tales como  lesiones  transitorias  o  permanentes que ocasionen algún tipo de discapacidad  física,  psíquica  y/o sensorial (visual y/o auditiva), sufrimiento emocional,  pérdida  financiera  o  menoscabo  de  sus  derechos  fundamentales”,  debe  entenderse en primer término, que se trata de supuestos  utilizados  de  manera  ejemplificativa,  no taxativa, por parte del legislador,  por    ello    utiliza    la   expresión   “tales  como”, sin que puedan circunscribirse únicamente al  bien  jurídico  de  la  integridad  personal,  pues ello descartaría conductas  tales  como  el  secuestro, el desplazamiento forzado, la desaparición forzada,  el  homicidio, el acceso carnal violento, entre muchas otras, motivo por el cual  en  el  artículo  23  de  dicha  normatividad  se  alude  a  la “reparación  integral  de  los  daños  causados  con  la  conducta  criminal”.   

Segundo, no son las lesiones las que tienen  condición  transitoria  o  permanente,  pues  tal  carácter  se predica de sus  secuelas.   

         Tercero,  también  la  naturaleza  de  las  lesiones mencionadas es  meramente   ejemplificativa,   pues   una   interpretación  literal  del  texto  excluiría   discapacidades   sensoriales  de  orden  táctil,  olfativo  o  que  comprometan  los  órganos  del gusto, de manera que se prefiere en este caso la  generalidad  señalada en el inciso 2º del artículo 15 de la Ley de Justicia y  Paz,  al  señalar  que  algunos de los daños sufridos por las víctimas pueden  corresponder,  entre  otros,  a “lesiones físicas o  sicológicas”.   

         Cuarto,       el       “sufrimiento  emocional”  se refiere al daño inmaterial, esto es,  al   daño   moral,  al  tiempo  que  la  “pérdida  financiera”               –  denominada  con  más acierto por la  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos “pérdida  de      ingresos”92,  toda  vez  que el término  utilizado  en  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  alude  al  rendimiento  del dinero  –  corresponde  al  daño  material en sus dos vertientes, daño emergente y lucro cesante.   

Quinto,      el     “menoscabo     de     sus     derechos     fundamentales”  referido  por  el  artículo  5º  de  la  citada legislación,  congloba  posibilidades adicionales de quebranto a diversos bienes jurídicos de  los  cuales  pueden ser titulares las víctimas, siempre que, como lo señala el  artículo  15 ídem, se trate  de     un    “menoscabo    sustancial”,   expresión  que  sólo  viene  a  reiterar  el  principio  de  antijuridicidad  material  de  la  conducta,  con  el  propósito  de  descartar  quebrantos  o puestas en peligro de carácter ínfimo, intrascendente, bagatelar  o inocuo.   

         Adicional  a  lo anterior, en la jurisprudencia internacional figura  el    daño   al   proyecto   de   vida93,  también  denominado   pérdida  de  oportunidades,   el   cual  corresponde  a  aquellas  aspiraciones,  propósitos,  potencialidades  y  expectativas  de las personas que no pueden llevarse a feliz  término  en  razón de la afrenta a sus derechos, como ocurre cuando alguien se  ve  compelido  a  retirarse  de  sus  estudios con ocasión del daño causado, o  cuando  una  lesión  a  su integridad lo priva de participar en una competencia  deportiva  de  alto  nivel  para  la  cual  se  venía  preparando con destacado  desempeño.  En  algunas  decisiones  esta  especie  de  daño se ha incluido de  manera    genérica   dentro   del   daño   moral94,  pero  no  se  excluye  que  también pueda apreciarse en sede del daño material.   

         Además   del   daño   individual,  se  encuentra  el  daño   colectivo  y  el  daño  plural.  Aquél,  mencionado  en  el  artículo 15 de la Ley 975 de 2005, es padecido por  una  comunidad,  con  ocasión  del  quebranto  de  un  derecho, interés o bien  jurídico   de   carácter   comunitario,   de   modo   que   las  reclamaciones  indemnizatorias  tienen  lugar únicamente en cuanto las personas pertenezcan al  conglomerado  que  soportó  el  daño.  V.g.  las  graves afectaciones al medio  ambiente  o  el  “estado  de  zozobra o terror a la  población”       derivado       de       actos  terroristas.   

Debe recordarse que si bien el artículo 4º  de  la Ley 472 de 1998 ofrece un listado de derechos e intereses colectivos, tal  relación   no   es  taxativa,  pues  al  señalar  inicialmente  que  se  trata  “entre otros” de los que  a  continuación se indican, y al puntualizar finalmente que también tienen tal  condición  los definidos como tales en la Constitución, las leyes ordinarias y  los  tratados  de  Derecho Internacional celebrados por Colombia, sin dificultad  se  concluye  que existen otros no mencionados en tal precepto, como ocurre, por  ejemplo,   con   la  seguridad  pública,  como  bien  jurídico  de  naturaleza  comunitaria, en tratándose del delito de terrorismo.   

Por  su parte, el daño plural se refiere a  la  producción de múltiples daños particulares que afectan a varios titulares  de  derechos  involucrados,  corresponde  a la sumatoria de daños individuales,  como  cuando  la  explosión  de  un  artefacto  ocasiona  de manera sincrónica  lesiones  personales  a  diferentes  personas,  la  muerte  de otras, y daños a  vehículos  y  edificaciones,  caso  en el cual las pretensiones indemnizatorias  pueden  ensayarse  individualmente  y  también  las reparaciones tendrán dicho  carácter particular.   

         2.1.3.                     La   decisión   en   equidad   en   el   fallo  impugnado   

Ahora bien, previo a emprender el análisis  de  la  temática  correspondiente  a  si la cuantificación de las reparaciones  individuales  y  colectivas  de  las  víctimas  en  el  caso de la especie debe  efectuarse  en  derecho  o  en  equidad, es oportuno señalar que en el fallo de  primer grado, el Tribunal realizó las siguientes precisiones:   

“Según  datos  del  sistema  nacional  de  información  de  Justicia  y  Paz SIYIP   (sic),  el  número  total  de  hechos registrados por la Fiscalía a 1º de mayo de 2010 en  aplicación  de la Ley 975 de 2005 asciende a 281.638,  distribuidos  de  la  siguiente manera: 156.870 corresponden a  homicidios;  63.526   a   desplazamiento  forzado  (cada  hecho  corresponde  a  una  persona  desplazada  y  no a un núcleo familiar); 30.103 a desaparición forzada; 13.796  hechos  contra  el  patrimonio  económico; 5.222 a lesiones personales; 3.044 a  extorsión;   2.740   a  secuestro;  1.310  a  constreñimiento  ilegal;  524  a  terrorismo;  13 a tráfico de armas; 6 a concierto para delinquir y 4.296 hechos  relativos a otro tipo de delitos.   

Por su parte, las  conductas  objeto  de  esta decisión  ascienden a 1.111, de las cuales hay  1.081  desplazados de Mampuján y San Cayetano, 11 hechos de homicidio, 17   de  secuestro (7 en Mampuján y tantos en Isla Múcura) y 2 de delitos contra el  patrimonio  económico,  de  donde  puede  concluir  la  Sala  que  el  total de  comportamientos  que  hoy  ocupan  nuestra  atención  conforman  el  0.39%  del  universo  de hechos registrados por la Fiscalía. Así  mismo,  si  se  discrimina  por categorías de delitos, el presente proceso solo  abarca  el  1.7%  del  total  de hechos de desplazamiento forzado, el 0.007% del  total  de  hechos de homicidio, 0.62% del total de hechos de secuestro, y 0.014%  del total de hechos constitutivos de delitos contra el patrimonio.   

La   Sala   observa   que   por   los   1.111  hechos  objeto  del  presente  proceso,  se  han  acreditado  por  la  fiscalía  1.194  víctimas  (1081  víctimas  directas  de  desplazamiento  forzado,  90  víctimas  indirectas  de  homicidio, 17 víctimas  directas  y  4  víctimas  indirectas  de  secuestro,  y 2 víctimas directas de  delitos  contra el patrimonio). Esto significa que, si  bien  en  delitos  como el desplazamiento forzado, el secuestro o la afectación  del  patrimonio  económico aparece normalmente una sola víctima acreditada por  hecho,  en  el  caso del delito de homicidio la situación varía puesto que por  cada  conducta  de  estas,   aparecen  acreditadas algo más de 8 víctimas  indirectas (90 víctimas acreditadas por los  11 asesinatos).   

Haciendo   una  correlación  entre  las  conductas  homicidas  y el número de víctimas acreditadas por los mismos en el  presente  proceso,  no  difiere sustancialmente de la correlación presentada en  aquellos  adelantados  contra  Colombia ante la Corte Interamericana de Derechos  Humanos  por  hechos  de  homicidio  y desaparición forzada atribuidos a grupos  paramilitares  y  en  los  que  las  víctimas  indirectas  fueron agrupadas por  familias  en  torno  a las personas asesinadas o desaparecidas. Así, en el caso  por  la masacre de Pueblo Bello, se reconocieron 311 víctimas indirectas de las  43  personas  desaparecidas  y/o  asesinadas, lo que da una correlación de 7.25  víctimas  indirectas  por  cada  hecho  de  homicidio  o desaparición forzada.  Igualmente,  en  el  caso  de la Matanza de Ituango se acreditaron 123 víctimas  indirectas  de  las  19  personas desparecidas y/o asesinadas, lo que supone una  correlación  de  6.5  víctimas  indirectas  por  cada   asesinato o   desaparición forzada.   

Por ello, si bien las conductas legalizadas  a  los postulados BANQUEZ MARTÍNEZ Y COBOS TÉLLEZ  no incluyen hasta este  momento  ningún  delito  de desaparición forzada, y sólo se refiere al 0.007%  del  número total de homicidios registrados por la Fiscalía, la Sala considera  que  la correlación de 8 víctimas indirectas por hecho de homicidio es un buen  reflejo  de  cual  puede  ser  la  situación  media  con respecto a los 156.870  homicidios  y  a  los  30.103 hechos de desaparición forzada registrados por la  Fiscalía,     en     la     base    de    datos    del    SIYIP    (sic).   

En  consecuencia,  de  seguirse el patrón  observado  en el presente proceso así como en los casos arriba mencionados ante  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  el número total de víctimas  acreditas  por  la  Fiscalía  en  relación  con los 281.638 hechos actualmente  registrados  deberá  incrementarse  notablemente  a  medida  que  los  procesos  derivados  de  la  aplicación  de  la  Ley 975 se desarrollen. Lógicamente, el  aumento será mayor según se vayan registrando hechos nuevos.   

En  todo  caso,  y  sobre  la  base de las  282.938  víctimas  acreditadas  hasta  el  momento  ante la Fiscalía, se puede  afirmar  que  las  1.194 reconocidas en el presente proceso, suponen únicamente  un    0.42%   del   total”   (subrayas   fuera   de  texto).   

En  la  misma  providencia, el a    quo   llegó   a   las   siguientes  conclusiones:   

“En  relación  con  la reparación individual, la cuantía tanto en el presente proceso como en  relación  con  el total de hechos registrados hasta el momento por la Fiscalía  difiere  notablemente  dependiendo  de  los  criterios  que se apliquen. De esta  manera:      

a. si  se  aplican  los criterios recogidos en las peticiones de los representantes legales  de  las  víctimas el monto total de las medidas de reparación individual en el  presente  proceso  alcanzaría los 132 mil millones de  pesos (132.784.810.858).     

     

a. si  se  aplican  los  criterios  recogidos en el Decreto 1290 relativo a Reparaciones en  Vía  Administrativa, el monto total de las medidas de reparación individual en  el  presente  proceso  sería  de  15 mil millones de  pesos  (15.607.505.000)     

     

a. si  se  aplican  los  criterios recogidos en la jurisprudencia del Consejo de Estado, el  valor  de  las  medidas  de  reparación  individual  por  hechos de homicidio y  desplazamiento  forzado  en el presente proceso estaría entre los 113 mil y los  115  mil  millones  de pesos (113.343.532.141 a 115.543.541.536) – esta cantidad  no  incluiría  el  valor  de  la  reparación  individual para las víctimas de  secuestro y las  de delitos contra el patrimonio.     

     

a. si  se  aplican  los  criterios  de  la  jurisprudencia  de  la  Corte Interamericana de  Derechos  Humanos, el valor de la reparación individual por hechos de homicidio  en   el  presente  proceso  sería  de  entre  2  y  9  mil  millones  de  pesos  [2.607.000.000  siguiendo  el  caso  Ituango  (2006), 2.640.000.000 siguiendo el  caso  Pueblo  Bello  (2006),  7.526.315.786  siguiendo  el  caso 19 Comerciantes  (2002),  y 9.286.312.816 siguiendo el caso Mapiripán (2005)] – esta cantidad no  incluiría  el  valor  de  la  reparación  individual  para  las  víctimas  de  desplazamiento  forzado,  las  de secuestro, y las 2 víctimas de delitos contra  el patrimonio.     

Por  su  parte,  la  aplicación de dichos  criterios  al  conjunto de hechos de homicidio (156.870), desplazamiento forzado  (63.526)    y   secuestro   (2740)   –  estos  son  los  tres tipos de hechos objeto del presente proceso  –  registrados  por  la  Fiscalía a 1º  de mayo de 2010 supondría:   

     

a. Según lo  solicitado por las víctimas:     

81   billones   de   pesos,  equivalentes al 54.6 % del Presupuesto Nacional de Colombia para  el    año   2010   (en   adelante   ‘Presupuesto    Nacional’),   si   se  contabiliza  una  víctima  indirecta  por  hecho  de  homicidio; o   

610   billones   de   pesos,  equivalentes al 418% del Presupuesto Nacional, en caso de que se  acrediten,  tal  y  como  ha  ocurrido  en  el  presente proceso, una media de 8  víctimas indirectas por hecho de homicidio.   

     

a. Según el  Decreto    1290    de   Reparación   en   Vía   Administrativa,   4.1  billones  de  pesos  puesto  que la  reparación  máxima en caso de homicidio es de 40 salarios mínimos por núcleo  familiar;  esta  cantidad  equivale  al  2.81 % del Presupuesto Nacional para el  2010.     

     

a. Según la  jurisprudencia  del  Consejo  de  Estado,  entre 101.2  billones    (101.210.617.402.020)    y   132.5   billones  de  pesos,  lo  que  equivale  a  un porcentaje de entre el 72.5% y el 93.5% del Presupuesto Nacional  –    esta   cantidad  incluiría   únicamente   las   indemnizaciones   por  hechos  de  homicidio  y  desplazamiento forzado.     

     

a. Según los  criterios  de  la  Comisión  Interamericana, entre 37  y   132   billones   de  pesos,  [37.178.190.000.000  pesos equivalente al 25%  del  Presupuesto  Nacional  siguiendo el caso Ituango (2006), 37.648.800.000.000  pesos  equivalente  al 25,35 % del Presupuesto Nacional siguiendo el caso Pueblo  Bello    (2006),    107.332.105.263.157    pesos    equivalente   al   72.15%   del   Presupuesto  Nacional  siguiendo   el   caso   19  Comerciantes  (2002),  y  132.431.262.858.720  pesos  equivalente  al  89,3%  del  Presupuesto  Nacional  siguiendo Mapiripán (2005)]  –    esta   cantidad  incluiría     únicamente     las     indemnizaciones     por     hechos     de  homicidio.     

     

a. En  relación  con  las  medidas  de reparación colectiva, la Comisión Nacional de  Reparación  y  Reconciliación  ha  estimado  en  aproximadamente  20   mil   millones   de   pesos (19.940.800.000 pesos) el valor de  aquellas    medidas    recomendadas    en    el   presente   proceso” (negrillas propias del texto).     

A partir de lo expuesto, el Tribunal plasmó  las  siguientes consideraciones en orden a cuantificar las indemnizaciones en el  asunto examinado:   

“La   Sala  constata  la  imposibilidad  de  evaluar  de  acuerdo  a  las reglas probatorias  ordinarias  el  daño material e inmaterial causado, debido (i) a la cantidad de  víctimas,  (ii)  al  carácter  masivo  de  violaciones  de  Derechos Humanos y  Derecho  Internacional  Humanitario, y (iii) al hecho de que en casos como el de  los  desplazados  forzadamente  tuvieron  que huir de repente sin poder llevarse  con  ellos  documentación  alguna  relativa  a la titularidad de los bienes que  tuvieron   que   dejar   atrás  u  otros  que  acreditaran  su  pertenencia  de  muebles.   

Ante esta situación surge la necesidad de  tener  que  establecer  un  sistema  de  reparaciones  basado  en  el  concepto  de  la equidad, siguiendo la  práctica  de  la  Corte  Interamericana de Derechos Humanos en los casos de las  masacres  de  Pueblo  Bello  y  de  Ituango,  que constituyen condenas recientes  contra  Colombia  por  asesinatos y desapariciones forzadas cometidos por grupos  paramilitares en zonas rurales.   

Así    mismo,    en    aplicación  del  principio de equidad, y  dadas  las  especiales circunstancias arriba mencionadas en que se desarrolla el  proceso  de  justicia  y  paz,  corresponde el establecimiento de unas tablas de  indemnización  individual  por delito y parentesco de carácter fijo que traten  conjuntamente los daños materiales e inmateriales.   

El  establecimiento  de  estas tablas debe  partir   del   valor   atribuido   al  daño  por  el  delito  más  grave,  que  indudablemente  es  el  de homicidio. Así mismo, dado el compromiso asumido por  el  Estado  Colombiano  de  cumplir  con  sus obligaciones internacionales, y la  función  de  fiscalización sobre que la Comisión y la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos  desarrollan sobre las actuaciones nacionales en relación con  un  fenómeno  de  violencia  sistemática  y  generalizada contra la población  civil  como  el generado por los grupos armados a los que se refiere la Ley 975,  la  Sala  asume  como valor máximo de referencia para el delito de homicidio el  de   240   millones   de  pesos    por   núcleo  familiar.   

Este  valor  se  corresponde  con el   aproximado  medio  por  daños materiales e inmateriales concedidos por la Corte  Interamericana  en  los  casos  ya  mencionados  de las masacres de Pueblo Bello  (2006)  e  Ituango  (2006)  sobre la base de núcleos familiares medios de entre  6,5  y  7 personas de media. De esta manera, la media por víctima indirecta del  delito  de  homicidio  es  de  40  millones  de  pesos  por  persona del núcleo  familiar,  aclarando  que  la  propia Corte Interamericana tiende a atribuir una  cuantía  entre  8  y 10 veces menor a los hermanos que al resto de miembros del  núcleo  (cónyuge, padre, madre e hijos).   

En   consecuencia,   se   considera  que  en  casos  de homicidio se concederá a cada víctima  indirecta  que tenga la condición de cónyuge, padre, madre o hijo una cuantía  de  40  millones  de  pesos, mientras que a aquellos que tengan la condición de  hermanos  una  cuantía  de  4  millones  de  pesos,  con un límite máximo por  núcleo      familiar      de      240     millones     de     pesos.   

A la hora de determinar estos valores para  los  casos  de  delitos de desplazamiento forzado, la Sala observa que no existe  una  referente  concreto  en  la  jurisprudencia  de  la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos,  y  que,  por  tanto,  es necesario acudir a la práctica del  Consejo  de  Estado de Colombia, que, de acuerdo con sus fórmulas, atribuye por  daños  inmateriales  a  toda  persona  desplazada la mitad (50 salarios) de los  atribuidos  a  cónyuge,  padres  e hijos en caso de un delito de homicidio (100  salarios).   

Por  esta  razón,  se  aplicará la misma  ratio  de  1 a 2 tenida en cuenta  por el Consejo de Estado, de manera, que  cada  persona desplazada de un mismo núcleo familiar  recibirá  una  cuantía  de  17  millones  de pesos, con un máximo por núcleo  familiar de 120 millones de pesos.   

Para el caso de los secuestros,  y  teniendo   en  cuenta  la  falta  de  antecedentes en la  cuantificación  de  la  indemnización,  la  Sala equitativamente establece una  media  entre  lo que se concede en vía Administrativa y la Corte Interamericana  de  Derechos  Humanos  para  el  delito de homicidio, en los casos referidos con  antelación.     En    consecuencia,    el    valor  correspondiente   para  la víctima directa es de 30 millones de pesos, sin  que  el  valor  de  lo  concedido  exceda  por  grupo  familiar de 180 millones,  aclarando   que   para   los   hermanos    igualmente   se  reconocerán  4  millones.   

Finalmente,   la   Sala   entiende   que  en  el  caso  de  que  una  misma  persona  haya sido  víctima  de  varios delitos, se realizará el cálculo de la indemnización que  le  corresponde  a  el  y/o a su núcleo familiar teniendo en cuenta la cuantía  correspondiente  al  delito  mas grave. De manera, que  en  caso  de una persona amenazada, detenida ilegalmente, torturada y asesinada,  con  un resultado de desplazamiento forzado de su núcleo familiar, cada  integrante de este ultimo recibirá un máximo de 40 millones  de  pesos  con  un  límite  total  por  el conjunto del núcleo familiar de 240  millones    de    pesos”    (subrayas   fuera   de  texto).   

          2.1.4.                     Alcance del concepto de equidad   

Habida cuenta que el Tribunal dejó sentado  expresamente  que  la  cuantificación  de  la  reparación  de las víctimas se  realizó   en   el   marco   del   “principio   de  equidad”,  es  necesario  abordar  el  alcance  que  corresponde  tal  instituto  en  las  decisiones  judiciales,  desde  luego,  en  desarrollo  de  la  Carta  Política, pues incuestionable resulta que el derecho  penal   no   puede   ser   edificado   desde   un   soporte   diverso   a  dicha  normativa.   

En  tal  cometido se tiene que el artículo  229  de  la  Constitución  consagra  “el derecho de  toda   persona   para  acceder  a  la  administración  de  justicia”.  Por  su  parte,  el  artículo  29  señala  la forma como ese  derecho  se  ejerce,  esto  es,  a través de un debido proceso, que se aplica a  “toda   clase   de   actuaciones   judiciales   y  administrativas”.   

La  Constitución  no establece unas reglas  concretas  y  detalladas  acerca de la manera en la que los jueces deben ejercer  su  función  de  impartir  justicia,  pues  ello  se  encuentra  reglado en los  códigos.   Por   tal  razón,  el  artículo  230  se  limita  a  declarar  que  “Los  jueces,  en  sus  providencias,  sólo   están   sometidos   al   imperio   de  la  ley”,   y   en   su  inciso  segundo  establece  que  “La   equidad,  la  jurisprudencia,  los  principios    generales   del   derecho   y   la   doctrina   son   criterios  auxiliares  de  la  actividad  judicial” (subrayas fuera de texto).   

Temas   como   el   de  la  existencia  o  inexistencia  de  tarifa legal probatoria, la apreciación de las pruebas, y las  formas    propias    de   cada   juicio,   son   materias   abordadas   en   los  códigos.   

Con relación a las pruebas, por ejemplo, el  artículo  29 de la Constitución se limita a consagrar el derecho del sindicado  “a  presentar  pruebas  y a controvertir las que se  alleguen   en   su   contra”.   Y   agrega  que  es  “nula,  de  pleno  derecho,  la prueba obtenida con  violación del debido proceso”.   

La Constitución, en síntesis, no determina  cómo  debe  llegar  el  juez a la convicción suficiente para dictar sentencia,  únicamente   lo   somete   “al   imperio   de  la  ley”, amén de señalar otros criterios de carácter  auxiliar.   

Excepcionalmente la Constitución prevé que  se  puede administrar justicia consultando únicamente la equidad; ello acontece  en  el  caso  de  los conciliadores o árbitros (inciso 4º del artículo 116) y  con los jueces de paz (artículo 247).   

Sobre la temática abordada ha puntualizado  la           Corte           Constitucional95:   

         

“Se ha visto que  al  juez  de  paz  se  le  encarga  dirimir  conflictos  menores -individuales o  comunitarios-   mediante   fallos   basados   en  la  equidad  y  no en motivaciones jurídicas y sometidas  únicamente  al  imperio  de  la  ley.  Siendo  ello así, entonces carece  de fundamento constitucional pretender que estos servidores  puedan  tomar  una  decisión  en equidad cuando la naturaleza de la asignación  contemplada  en  las  normas  demandadas  implica  necesariamente  un  juicio de  carácter  jurídico,  en  el  que,  se reitera, será necesario, con base en la  máxima  ‘nullum crimen,  nulla  poena  sine  lege’,  determinar  la  existencia  o  no  de  lo tres elementos que hacen parte de todo  hecho  punible.  Tamaño compromiso debe recaer únicamente en aquellas personas  que  han logrado una debida preparación y conocimiento jurídicos, de forma tal  que   sus   decisiones   sean   decantadas   y,   sobretodo,   fundamentadas  en  derecho” (subrayas fuera de texto).   

En  suma,  es claro que la equidad tiene el  carácter  de  criterio  auxiliar  de la actividad judicial (artículo 230 de la  Constitución),   mientras   que   la   ley,   como  tal,  es  fuente  formal  e  independiente,   cuya   producción   y   contenido   se   sujeta   a  la  Norma  Superior.   

La equidad como criterio auxiliar se traduce  en  la necesidad de aplicar el sistema normativo con unos criterios axiológicos  y  racionales  capaces  de  establecer  cuándo  el  precepto legal de carácter  general,  abstracto  e  impersonal  que  tiene  un  presupuesto de justicia como  elemento  ontológico de su existencia, se vuelve injusto en el caso particular,  concreto  y  personal; por ello resulta imperioso tratar el caso individualmente  considerado  de  manera  diferente  a  la generalidad para la cual se encontraba  destinada  la  disposición  normativa,  esto  es,  corresponde a la equidad una  función  derogatoria  o  correctiva  de  la ley, por vía de la inaplicación o  flexibilización, respectivamente, de la norma general.   

         La  decisión  en  equidad  supone  el  examen y ponderación de las  circunstancias  peculiares  del  caso específico, con el propósito de enmendar  las  falencias  derivadas  de  la aplicación general de una disposición legal;  sobre  el  particular precisó Aristóteles: “Cuando  la  ley  hablare  en  general  y sucediere algo en una circunstancia fuera de lo  general,  se  procederá  rectamente corrigiendo la omisión en aquella parte en  que  el  legislador  faltó  y  erró  por haber hablado en términos absolutos,  porque  si  el  legislador  mismo  estuviera  ahí  presente,  así  lo  habría  declarado,   y   de   haberlo  sabido,  así  lo  habría  legislado”96.  A su vez, en la misma obra  señaló:  “Lo equitativo y lo justo es (sic)  lo  mismo y siendo ambos buenos la  única  diferencia  es  que lo primero es mejor aún porque lo equitativo siendo  justo,    no    es    lo    justo   legal,   sino   una   dichosa   rectificación   de  la  justicia  rigurosamente  legal” (subrayas fuera de texto).   

Se  trata,  entonces,  no de la ausencia de  normatividad  aplicable  al  caso  concreto  objeto  de  estudio,  sino de crear  derecho  por  vía  de adoptar una decisión excepcional y especial, diversa del  texto  legal,  para  solucionar  la  situación  que  por  sus  características  peculiares  resultaría  con un tratamiento injusto si se diera aplicación a la  normatividad general.   

Se resuelve en equidad cuando más allá de  lo  justo legal o normativo de orden general, se rectifica la ley para conseguir  lo  justo  en el caso particular. Desde luego, la justicia pretendida no es otra  que  la  tutela  efectiva  de  los  derechos  fundamentales  de las personas, en  desarrollo de la Normativa Superior.   

La equidad ha sido reconocida formalmente en  el  artículo  230 de la Constitución Política como un criterio auxiliar de la  actividad  judicial,  de  modo que se erige en un instrumento vital que brinda a  los  funcionarios  un  marco  de  referencia  más  amplio  que el legal, a cuyo  imperio  se  encuentran sujetas sus providencias, a efecto de que las decisiones  puedan corregir en el caso particular la ley de orden general.   

         No  sobra  advertir que si la equidad supone el logro de la justicia  (protección  efectiva  de  derechos  fundamentales)  en el ámbito particular e  individual  dentro  de una situación excepcional, especial y peculiar, no puede  invocarse  cualquier circunstancia exceptiva para inaplicar preceptos o corregir  alcances  normativos  fundándose  en  la  equidad,  como  no sea para lograr la  justicia  pretendida  por  las  disposiciones  normativas  que no concurre en su  aplicación al caso específico.   

Toda excepción que se haga a la aplicación  general  de  la  normatividad  por fuera de la invocación de la equidad y de su  fin  primordial,  constituye  no  ya  el logro de la justicia, sino posiblemente  arbitrariedad e inseguridad jurídica.   

         Ahora  bien,  se  viene  entendiendo  tanto  por  parte  de la Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  como  del Consejo de Estado y la Sala de  Casación  Civil de la Corte Suprema de Justicia, que la decisión en equidad en  punto  de la cuantificación de las reparaciones corresponde a aquellos casos en  los   cuales,  pese  a  encontrarse  acreditado  el  daño,  no  hay  suficiente  demostración  de  su  monto,  y  por ello, tal tasación corresponde efectuarla  discrecionalmente al fallador.   

         En  tal  sentido  ha  señalado  la Corte Interamericana de Derechos  Humanos97:   

“La   Corte  considera  que  el daño material debe estimarse con base en elementos de prueba  que   permitan   acreditar   un   perjuicio  cierto98.  En  el  presente caso, el  Tribunal  se  encuentra  imposibilitado  para determinar la pérdida de ingresos  sufrida   por   la   mayoría   de   las   víctimas.  En  efecto,  no   obran   pruebas   suficientes  para  determinar  los  ingresos  dejados  de percibir, las edades ni las actividades a  las que se dedicaban la mayoría de las víctimas.   

372.              Por  esta  razón,  la  Corte  otorgará  una  indemnización  en  equidad  a  favor de aquellas víctimas cuya  pérdida  de  ingresos  no  fue  comprobada  de  manera  específica,  sin  perjuicio  de  que  dichas personas puedan hacer uso de las  vías  disponibles  en  el  derecho  interno  para  recibir  una  indemnización  correspondiente.  Asimismo,  la  Corte  determinará  a  favor de tales personas  indemnizaciones  por  concepto de daños inmateriales, así como de otras formas  de reparación (subrayas fuera de texto).   

Sobre  el  particular  ha  puntualizado  el  Consejo             de             Estado99:   

“Bajo   el  presupuesto   de   que   la   aplicación   del  principio  de  la  valoración   en   equidad   supone  el  ejercicio  de una facultad razonada de discrecionalidad del juez, la Sala, en el  caso    concreto,    por   razones   de   dificultad  probatoria,  atendida la materia específica sobre la  cual    se   proyecta   el   daño   –   utilidad  no  recibida  por  el  no  adjudicatario  –,   valorará   equitativamente   el  quantum  del  daño, no sin antes precisar que, el recto entendimiento que ha de  darse    a    la    noción    de    ‘valoración   en  equidad’,  no permite al juzgador por esta vía y  so  pretexto de la aplicación de tal principio, suponer la existencia de hechos  no  acreditados durante la instancia configuradores de  los     elementos     axiológicos     que     fundamentan    el    juicio    de  responsabilidad”      (subrayas     fuera     de  texto).   

         Acerca  de la referida temática ha dicho la Sala de Casación Civil  de la Corte Suprema de Justicia:   

“En múltiples  ocasiones  en  que establecida la existencia del daño  y  su  naturaleza, no es factible precisar su cuantía  (como  con  alguna  frecuencia ocurre tratándose de la indemnización por lucro  cesante  y  daño  futuro),  la Corte ha acudido a la  equidad,  lo  cual  no quiere decir, ni de lejos, que  esta  Corporación  se  haya  permitido  cuantificar tal concepto con soporte en  simples  suposiciones  o  fantasías. Muy por el contrario, en las oportunidades  en  que ha obrado en estos términos, la Sala ha sido por demás cautelosa en su  labor  de  verificación  de  los  elementos  de  juicio requeridos para dar por  ciertas  las  bases específicas de los cálculos por ella deducidos”100.   

         La    reparación   integral  precisa de una equivalencia entre el daño y la indemnización, se  trata  de  restablecer  lo más fidedignamente posible el equilibrio quebrantado  por  el daño y volver a colocar a la víctima en el lugar donde se encontraría  de no haber ocurrido el hecho causante del perjuicio.   

         Por  tanto, de la reparación integral se derivan dos exigencias: La  primera,   ponderar  todos  los  daños  sufridos  por  la  víctima,  amén  de  establecer  cómo deben compensarse de manera total. La segunda, que el monto de  la  reparación  no  exceda  el  valor  del daño, es decir, la víctima no debe  enriquecerse  sin  justa  causa,  de modo que corresponde al perpetrador reparar  todo el daño y únicamente el daño.   

         La  reparación integral se encuentra reconocida en nuestro medio en  el  artículo  250  de  la  Carta  Política,  así  como  en el artículo 102 y  siguientes de la Ley 906 de 2004, y en la Ley 975 de 2005.   

         Como  ya  se  dijo,  en  el  numeral  6º  del  artículo  250 de la  Constitución  colombiana  se  dispone que corresponde a la Fiscalía General de  la   Nación   en   el   ejercicio  de  sus  funciones  procurar  la  reparación integral a los afectados con  el delito.   

Como  viene de verse, es claro que tanto la  Corte   Interamericana   de  Derechos  Humanos,  como  la  Sala  Civil  de  esta  Colegiatura  y el Consejo de Estado acuden a la decisión en equidad en aquellos  casos  en  los  cuales  hay  dificultad  probatoria,  esto  es,  cuando  para la  acreditación  de  ciertos temas, como ocurre con el lucro cesante, no se cuenta  con suficientes y aptos elementos de convicción.   

         Encuentra  la  Sala  que  tal postura, si bien pretende asegurar los  derechos  de  las  víctimas, no se aviene con las exigencias de la decisión en  equidad,  pues  en  modo  alguno  se orienta a corregir en el caso particular la  ley,  sino entregar un muy amplio margen de discrecionalidad a quien decide, sin  sujeción a los elementos probatorios.   

         Por  tanto, considera la Colegiatura que en punto de cuantificar los  perjuicios  de  las  víctimas  en  al  marco de la Ley de Justicia y Paz, no es  pertinente  acudir  a  una  indebida  utilización  de las decisiones en equidad  frente  a  la  dificultad  probatoria,  pues  la  misma  legislación dispuso un  trámite especial para tal efecto, en los siguientes términos:   

“Artículo 23.  Incidente   de   reparación   integral.  En la misma audiencia en la que la Sala del Tribunal Superior de  Distrito  judicial  correspondiente  declare  la  legalidad de la aceptación de  cargos,  previa  solicitud  expresa de la víctima, o del fiscal del caso, o del  Ministerio   Público  a  instancia  de  ella,  el  magistrado  ponente  abrirá  inmediatamente  el  incidente de reparación integral de los daños causados con  la  conducta  criminal y convocará a audiencia pública dentro de los cinco (5)  días siguientes”   

“Dicha audiencia  se  iniciará con la intervención de la víctima o de  su  representante legal o abogado de oficio, para que exprese de manera concreta  la  forma  de  reparación  que  pretende, e indique las pruebas que hará valer  para fundamentar sus pretensiones”.   

“La   Sala  examinará  la pretensión y la rechazará si quien la promueve no es víctima o  está  acreditado  el  pago  efectivo  de  los perjuicios y este fuere la única  pretensión  formulada,  decisión  que podrá ser objeto de impugnación en los  términos de esta ley”.   

“Admitida  la  pretensión,  la  Sala  la  pondrá  en  conocimiento  del  imputado  que  ha  aceptado  los  cargos  y a continuación invitará a los  intervinientes  a  conciliar.  Si hubiere acuerdo su contenido lo incorporará a  la   decisión   que  falla  el  incidente;  en  caso  contrario  dispondrá  la  práctica de la prueba ofrecida por las partes, oirá  el  fundamento  de  sus  respectivas pretensiones y en el mismo acto fallará el  incidente.  La  decisión  en  uno  u otro sentido se  incorporará        a        la        sentencia        condenatoria”.   

“Parágrafo 1°.  Exclusivamente  para  efectos de la conciliación prevista en este artículo, la  víctima,  el  imputado o su defensor, el fiscal que haya conocido del caso o el  ministerio  público,  podrán  solicitar la citación del Director de la Red de  Solidaridad  Social  en  su  condición de ordenador del gasto del Fondo para la  Reparación de las Víctimas”.   

“Parágrafo 2°.  No  podrá  negarse  la concesión de la pena alternativa en el evento de que la  víctima    no    ejerza   su   derecho   en   el   incidente   de   reparación  integral”.   

Del  texto de la norma transcrita se colige  que   el   legislador   dispuso   una   regulación   específica  de  carácter  controversial  entre  la  víctima y el postulado, en torno a la cuantificación  de  la reparación; para ello cada uno podrá solicitar la práctica de pruebas,  amén  de  aducir las que estime pertinentes, procedimiento a partir del cual se  constata  que  la  decisión  por cuyo medio se resuelva debe estar soportada en  elementos      de     convicción     legal,     oportuna     y     válidamente  incorporados.   

         Impera  señalar  que  si la voluntad del legislador hubiere sido la  de  otorgar  amplias  y  discrecionales  facultades  al  fallador  para  que  se  pronunciara  en  torno  a  la cuantificación de los perjuicios, así lo habría  dispuesto,  como  en  efecto  ha  ocurrido  en  el pasado en algunos de nuestros  estatuto penales.   

         Así,  por  ejemplo,  el  artículo  106  del  Decreto  100  de 1980  disponía  respecto  de  los  perjuicios  morales  subjetivados  o  pretium doloris:   

“Indemnización  por  daño  moral no valorable pecuniariamente. Si el daño moral ocasionado por  el  hecho  punible no fuere susceptible de valoración  pecuniaria,  podrá  fijar el juez prudencialmente la indemnización  que  corresponda  al ofendido o perjudicado hasta el equivalente,  en     moneda     nacional,     de     un     mil     gramos     oro”.   

“Esta tasación  se  hará  teniendo en cuenta las modalidades de la infracción, las condiciones  de   la   persona   ofendida   y   la  naturaleza  y  consecuencia  del  agravio  sufrido” (subrayas fuera de texto).   

         A   su   vez,   en  el  artículo  107  del  mismo  ordenamiento  se  estableció:   

“Indemnización  por  daño  material no valorable pecuniariamente. Si el daño material derivado  del  hecho  punible no pudiere avaluarse pecuniariamente, debido a que no existe  dentro   del   proceso  base  suficiente  para  fijarlo  por  medio  de  perito,  el   juez   podrá  señalar  prudencialmente,  como  indemnización,  una  suma  equivalente,  en  moneda  nacional,      hasta      de      cuatro     mil     gramoso     oro”.   

“Esta tasación  se  hará  teniendo  en  cuenta  factores  como  la  naturaleza  del  hecho,  la  ocupación  habitual  del  ofendido,  la  supresión  o  merma  de  su capacidad  productiva  y  los  gastos  ocasionados por razón del hecho punible” (subrayas fuera de texto).   

Sobre  dicha  temática  esta  Colegiatura  señaló:   

“Entendiendo a  derechas el artículo 107 del Código Penal, se tiene:   

“a) El Juez y el  Ministerio  Público  no  deben  desentenderse,  por  el  hecho de contar con la  disposición  comentada, de la obligación de procurar la comprobación concreta  de  los daños, en tal forma que los peritos puedan determinar en el dictamen su  cuantía  y  razón  de ser.  Este continúa siendo su compromiso y el cometido  general ineludible;”   

“b)  Cuando la  actividad  del  juez  o del Ministerio Público no consiga este señalado logro,  debe   acudirse,   como   solución  extrema,  a  la  atribución   discrecional   que   consagra   el   artículo   107  del  Código  Penal;”   

“c) Lo dicho no  equivale  a que, en todo delito, así éste no se refleje en daño a una persona  o  cosa,  tenga  que acudirse al artículo 107. Hoy, como ocurría en el Código  Penal  de 1936, se dan infracciones que carecen de esta repercusión patrimonial  y  que  no  toleran, por inexistencia de daño, la constitución de parte civil.  En  infracciones  tales  no  tiene  efecto  alguno  la citada norma;”   

“d)   Las  circunstancias  que  el  juez  debe  atender  para  ejercer  la  atribución del  artículo  107  y  que  aparecen  en  su inciso segundo, deben consultarse en lo  pertinente,  según  la  naturaleza  del  delito  y la clase de daño producido.  Debe   destacarse,  sobre  las  mismas,  que  no  es  necesaria  su  total  concurrencia y que la mención no tiene carácter taxativo  sino   meramente   indicativo   o   de  enunciación;  y,”   

“e) Existiendo  una  constitución de parte civil en el proceso, por lo  mismo  que  ésta  ha  tenido  que  empezar  por demostrar la posibilidad de los  perjuicios  y  su  monto,  y  contando  con los medios para hacerlo, no es dable  hacer  uso  del citado artículo 107, máxime cuando la parte civil puede lograr  su  concreción  conforme  a  lo  establecido  en  el  artículo  26  del  C. de  P.P.”101 (subrayas  fuera de texto).   

         Al  declarar  la  exequibilidad de la citada norma señaló la Corte  Constitucional102:   

“El  juez,  en  consecuencia,  no  procede  arbitrariamente:  se basa en hechos y circunstancias  probados  en  el  proceso. La manera como él aprecie  esos  elementos  sometidos a su juicio, lo mismo que la interpretación que haga  de  la  ley  en el caso particular, corresponde al ámbito propio de su libertad  para  decidir.  Hay que recordar que sólo está sometido al imperio de la ley,  tal como él la entienda”.   

“No  hay  que  pensar,  en conclusión, que la apreciación del juez, cuando ejerce la facultad  que  la  norma  acusada  le  confiere,  pueda  estar  desligada  de  la realidad  procesal.  Por  el contrario, tiene en ésta su base,  como     la     tiene     la     sentencia    en    su    integridad”.   

“Toda la demanda  está  construida  sobre un supuesto inexacto: el de que el artículo 107 ordena  al  juez  fallar  sin  tener en cuenta las pruebas. Lo  que  dice  la  norma  acusada  es  precisamente  lo  contrario:  que la facultad  conferida  al  fallador,  y que éste debe usar prudentemente, está sujeta a la  comprobación  de  unos hechos, de los cuales el inciso segundo enumera algunos,  por  vía  de ejemplo. Lógicamente, el juez jamás puede fallar sin que existan  las pruebas” (subrayas fuera de texto).   

A  su vez, en el artículo 97 de la Ley 599  de  2000  se  dispone  que  corresponde  al juez establecer una suma equivalente  hasta mil (1000) salarios mínimos legales mensuales.   

         Al  decidir  sobre  la  demanda de inexequibilidad presentada contra  dicho  precepto, puntualizó la Corte Constitucional103:   

“La liquidación  de  los  perjuicios  ocasionados  por  el delito se debe hacer de acuerdo con lo  acreditado  en  el  proceso  penal,  como quiera que la acción civil dentro del  proceso  penal depende de que la parte civil muestre la existencia de los daños  cuya   reparación   reclama   y   el   monto   al   que   ascienden”.   

“Cuando  no es  posible  la  valoración  de los perjuicios, se acude a criterios, tales como la  magnitud  del  daño  y  la  naturaleza  de la conducta, puesto que el  legislador orientó la discrecionalidad del juez penal frente a  este  tipo  de  daños, cuyo quantum sólo puede ser fijado con base en factores  subjetivos”.   

“El  límite  fijado  en la norma acusada no podría ser aplicado a los daños causados por el  delito  cuyo  quantum haya sido establecido por medios objetivos, porque en esos  eventos  el desconocimiento de lo probado llevaría al  juez   a   adoptar   una   decisión   arbitraria”.   

“Si el límite  fijado  en  el  inciso  primero  del  artículo  97 se aplica tanto a los daños  valorables    pecuniariamente   como   a   los   no   valorables,   el  juez  penal tendría que desconocer las pruebas presentadas por  la  parte  civil  dentro  del  proceso  penal, a pesar de que éstas señalen un  valor     superior     al     límite     consagrado     la    norma”.   

“Por   lo  anterior,  de la aplicación del método finalista de interpretación es posible  concluir  que  el  límite  a  la  indemnización  de  daños  que  establece el  artículo  97  cuestionado,  no es aplicable a todo tipo de daños, especialmente  cuando éstos han sido valorados pecuniariamente con  base  en  criterios objetivos, pues en esos eventos no  se  justifica limitar la discrecionalidad del juez, pues esta es mínima, ya que  la  determinación  del  valor  del  daño puede hacerse con base en parámetros  ajenos  a  la  subjetividad del juez” (subrayas fuera  de texto).   

   

Si  ya  se  precisó,  que  la decisión en  equidad  busca  corregir  la ley justa de manera general cuando se torna injusta  en  el caso particular, no se procede a ello en aquellos casos en los cuales por  las  dificultades  probatorias  de  un  asunto  determinado  se prescinde de los  medios  de  convicción  y  se  faculta  a  quien  decide  para que se pronuncie  prudencialmente con única sujeción a su discrecionalidad.   

         A  manera  de  ejemplo  se  encuentra que la Corte Interamericana de  Derechos  Humanos,  acudiendo  a  la  equidad,  decidió en el caso Herrera     Ulloa     versus     Costa  Rica104,  que  se  ocupaba  de  la  condena penal de varios periodistas por  publicar  artículos  en  contra  de  personajes públicos, tasar los perjuicios  inmateriales    en    U$20.000,   mientras   que   en   el   caso   Ricardo        Canese        versus  Paraguay105,  con  hechos  similares al anterior, menos de dos meses más tarde  cuantificó  dichos  perjuicios en U$35.000, sin que mediara explicación alguna  sobre tal diferencia en una y otra decisión.   

         Igualmente,  el  mismo Tribunal, con fundamento en la equidad, en el  caso  de  los 19 comerciantes  versus                    Colombia106,  tasó  el daño material  entre  U$55.000  y  U$57.000  por  víctima,  mientras  que  en  el  caso  de la  masacre de Mapiripán versus  Colombia107  cuantificó el mismo perjuicio entre US35.000 y US350.000, y en el  caso    de   la   Masacre   de   Ituango  versus Colombia dispuso US30.000 para las víctimas, US10.000 para  ascendientes  o  descendientes y US1.500 para los hermanos. A su vez, en el caso  Masacre de La Rochela versus  Colombia108,  cuantificó  en  US100.000  para  cada  víctima  y US70.000 para  cónyuges,  ascendientes y descendientes, y en US15.000 para los hermanos de las  víctimas.   

         Algo  similar  ha  ocurrido  en  el  Tribunal  Europeo  de  Derechos  Humanos,   pues  en  el  caso  Gergogieva         versus         Bulgaria109 estableció el daño moral  en   €3.000,   mientras   que   en   un   asunto  similar,  caso  Garriguene   versus  Francia110,   lo  cuantificó en €4.000, con solo una semana de diferencia.   

         Lo   expuesto  permite  concluir  a  la  Sala  que,  tratándose  de  perjuicios  demostrados  cuya  cuantía  no  cuenta con suficientes elementos de  acreditación,  en  lugar de acudir a la equidad con el fin de dotar al fallador  de  amplias facultades en su tasación, menester resulta afinar los criterios de  ponderación  de  las  pruebas  con  las  que se cuente, todo ello con el fin de  evitar  inequidades  y  tratamientos  desiguales  frente  a  supuestos  de hecho  semejantes,  máxime, si como ya se ha expuesto, la función de la equidad no es  esa, sino la de corregir la ley en el caso particular.   

Desde  luego,  coincide  la Corte en que la  especial  circunstancia de agravio, profunda lesión, quebranto a la dignidad en  formas  manifiestamente oprobiosas, colocan a las víctimas, tanto al momento de  la  ejecución  de  los  actos  cometidos  contra  ellas  y sus familiares, como  ulteriormente  en  el  curso  de  los trámites judiciales, en una situación de  ostensible  desventaja  frente  al  poderío  de  los  aparatos  delincuenciales  armados  organizados, de modo que se impone brindarles toda clase de protección  y  salvaguarda  en  procura de reparar, en cuanto ello sea posible, el quebranto  de sus derechos.   

Efectuadas  las  anteriores  precisiones,  considera  la  Sala  que para superar los escollos derivados de la imposibilidad  de  acreditación  probatoria o de la insuficiencia de medios de convicción, no  es  procedente  acudir a la decisión en equidad, pero sí es preciso, en virtud  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  13  de la Carta Política, materializar el  derecho  fundamental a la igualdad de las víctimas, dada su evidente condición  de  desventaja  en  casos  como el de la especie en que la criminalidad armada y  organizada  los  sometió  en  su  núcleo  familiar  a  cruentas afrentas a sus  derechos.   

         Advierte  esta  Corporación  que en el propósito de hacer efectivo  el  derecho  a  la  igualdad de las víctimas de violaciones graves y masivas de  los  derechos  humanos, se impone flexibilizar las reglas de apreciación de las  pruebas,  no  por vía de facultar la discrecionalidad ilimitada, sino de afinar  los métodos de ponderación probatoria.   

Impera  señalar  que esto no es extraño a  nuestra    tradición    jurídico   –  penal, pues de tiempo atrás el legislador ha conferido al juez al  momento  de tasar los perjuicios un ámbito de apreciación de las pruebas, a la  par  de  cierto  margen  de discrecionalidad, como se advierte en los artículos  106  y  107  del  Código  Penal  de  1980,  amén del artículo 97 del estatuto  punitivo de 2000, anteriormente transcritos.   

         Igualmente,  en la Ley 599 de 2000 se dispone sobre el particular en  el artículo 97:   

“Indemnización  por  daños.  En  relación  con  el  daño  derivado  de  la  conducta  punible  el      juez      podrá      señalar      como  indemnización,  una  suma  equivalente,  en  moneda  nacional, hasta mil (1000) salarios mínimos legales mensuales.   

Esta tasación se hará teniendo en cuenta  factores  como la naturaleza de la conducta y la magnitud del daño causado.   

Los daños materiales deben probarse en el  proceso”.   

         Es    oportuno    recordar    que    la    dogmática   ius humanista y el principio pro   hómine  inicialmente  rodearon  de  protección  al  procesado  con exclusividad, en cuanto el desarrollo del Estado  de  derecho  derivado de la Revolución Francesa así lo planteaba. No obstante,  con  el devenir histórico, y en especial, con el advenimiento del Estado social  de  derecho,  el  ámbito  protector  de  aquellos  principios  ha  irradiado su  cobertura  a las víctimas, con mayor razón tratándose de aquellas producto de  graves  violaciones  sistemáticas  y  masivas de derechos humanos y del Derecho  Internacional   Humanitario,  en  un  esfuerzo  por  dotar  de  ventajas  a  los  desaventajados  y  entregarles  oportunidades  jurídicas  a  quienes fueron tan  hondamente  afectados  en sus derechos, proceder que no es diferente a reconocer  y  dar  valía  a  las  prerrogativas  jurídicas  de  las  cuales se encuentran  investidos  quienes  por  la  fuerza  y  la  barbarie  fueron  privados  de  las  mismas.   

Entonces,  en  el  referido  ejercicio  de  flexibilización  en  la  apreciación  probatoria,  resulta  útil  acudir, por  ejemplo:   

(a)          A  los  hechos  notorios  que  no  requieren  prueba,  reglados  en el  artículo  177 del Código de Procedimiento Civil (aplicable en el proceso penal  en  virtud de la norma rectora de remisión establecida en el artículo 23 de la  Ley  600  de  2000,  así  como  en  el  artículo  25 de la Ley 906 de 2004, en  concordancia  con  la complementariedad establecida en el artículo 62 de la Ley  975  de  2005),  el  cual señala que “Incumbe a las  partes  probar  el  supuesto  de  hecho  de  las  normas que consagran el efecto  jurídico    que   ellas   persiguen.   Los   hechos  notorios  y las afirmaciones o negaciones indefinidas  no   requieren   prueba”  (subrayas fuera de texto).   

El hecho notorio111  es  aquél  que  por  ser  cierto,  público,  ampliamente conocido y sabido por el juez y el común de los  ciudadanos  en  un  tiempo  y espacio local, regional o nacional determinado, no  requiere    para    su    acreditación    de    prueba    por    voluntad   del  legislador   (notoria  non  egent probatione), en cuanto  se  trata  de  una  realidad  objetiva  que  los  funcionarios  judiciales deben  reconocer,  admitir  y  ponderar  en  conjunto  con  las  pruebas obrantes en la  actuación,    salvo    que    su    estructuración    no    se   satisfaga   a  plenitud.   

Es  evidente  que  no  se trata de un rumor  público,  esto  es,  de un hecho social vago, impreciso e indefinido, comentado  de  boca  en boca sin tener certeza acerca de su fuente primigenia, defectos que  lo  tornan  contrario  a  la  certeza  y  que  por  tanto, se impone descartarlo  probatoriamente.   

         Tampoco  corresponde  al  hecho  que  se ubica dentro del ámbito de  conocimiento  privado  del juez, pues éste no es conocido por la generalidad de  la  ciudadanía,  de  modo que carece de notoriedad y por ello, no cuenta con el  especial  tratamiento legislativo de tenérsele como demostrado sin necesidad de  un medio probatorio que lo acredite.   

         Es    claro    que    el    hecho    notorio    como    factum  existe,  pero no requiere prueba.  Pese  a  ello,  tiene  innegable  carácter  demostrativo,  en  la medida en que  acredita  una  situación  concreta conocida de manera general y pública por la  ciudadanía  y  el juez, siempre que guarde pertinencia de especial carácter en  el sentido de la decisión que se adopta.   

         Así  pues,  en  el  caso objeto de estudio puede tenerse como hecho  notorio,  la ocurrencia de la masacre durante los días 10 y 11 de marzo de 2000  en la vereda Las Brisas, corregimiento de Mampuján.   

(b)           También   es   importante  acudir  al  instituto   del   juramento   estimatorio  reglado  en  la  normativa  procesal  civil,  en  aplicación  del  principio  de  integración establecido en el estatuto procesal, en concordancia  con  la norma que sobre complementariedad contiene el artículo 62 de la Ley 975  de 2005.   

         En  efecto,  en el artículo 211 del Código de Procedimiento Civil,  modificado por el artículo 10 de la Ley 1395 de 2010, se dispone:   

“Quien pretenda  el  reconocimiento  de  una  indemnización, compensación o el pago de frutos o  mejoras,  deberá estimarlo razonadamente  bajo  juramento  en la demanda o petición correspondiente. Dicho  juramento  hará  prueba de su monto mientras su cuantía no sea objetada por la  parte  contraria  dentro  del  traslado  respectivo.  El juez, de oficio, podrá  ordenar  la  regulación  cuando  considere  que  la estimación es notoriamente  injusta o sospeche fraude o colusión.   

Si  la  cantidad  estimada  excediere  el  treinta  por  ciento  (30%) de la que resulte en la regulación, se condenará a  quien  la  hizo  a  pagar  una  suma  equivalente al diez por ciento (10%) de la  diferencia” (subrayas fuera de texto).   

Como  viene  de  verse,  se  trata  de  un  mecanismo  establecido  para permitir que la víctima valore el perjuicio a ella  causado,  aplicable  al  trámite  de  justicia y paz en virtud del principio de  complementariedad.  Si  el estimativo no es controvertido por la contraparte, se  acepta  el valor fijado como suma a indemnizar, en tanto esta figura procesal se  funda  en el principio constitucional de la buena fe del artículo 83 Superior y  busca  otorgar  agilidad  a  las actuaciones procesales permitiendo a las partes  participar  activamente en la solución de sus conflictos de índole pecuniario.  Por  ello,  como  se expuso ampliamente en acápites anteriores, se tendrá como  prueba  de  la  cuantía  del perjuicio material, la manifestación jurada de la  víctima,    siempre    que    el    material    probatorio   acopiado   no   la  desvirtúe.   

Lo  anterior, además, por las dificultades  de  demostración  de  las  víctimas  del  desplazamiento  forzado,  las cuales  imponen   flexibilizar   la   exigencia  probatoria  en  tratándose  de  graves  violaciones a los derechos fundamentales de las personas.   

No  sobra  indicar  que  la valoración del  juramento  estimativo  debe sujetarse a las reglas de apreciación del mismo, en  virtud  de  las  cuales,  no  basta con las afirmaciones del demandante, pues es  menester  de  una  parte,  que  las  sumas  se  encuentren  señaladas de manera  razonada,  y  de  otra,  que  de conformidad con la sustancialidad de las formas  debe  mediar  un  principio  de  acreditación,  siquiera precario, de cuanto se  expresa  en  él,  sin  olvidar,  que  corresponde  en  el trámite de la Ley de  Justicia  y  Paz al postulado pronunciarse al respecto y formular las objeciones  u  observaciones  a  que  haya  lugar,  o  por  el contrario, asumir una actitud  pasiva,  denotando  con  ello  que  se  allana al pedimento en tales condiciones  presentado.   

Debe destacarse, que no en vano el artículo  278 de la Ley 600 de 2000 dispone:   

“Para determinar  (…)  la  cuantía  y  el monto de la indemnización,  podrá  ser la que fije el perjudicado bajo la gravedad de juramento,    siempre    y    cuando    no    sea   impugnada   durante   la  investigación”      (subrayas      fuera     de  texto).   

         En  suma,  advierte  la  Sala  que  si bien el juramento estimatorio  depende  en  buena medida de cuanto exprese el demandante y de la oposición que  sobre  el  particular  formule el postulado, lo cierto es que en estos casos los  funcionarios  judiciales  en  su  papel  proactivo  no  pueden atenerse simple y  llanamente  a  cuanto dijo aquél, pues les corresponde constatar que hay medios  de   prueba   cuya   apreciación  permite  dar  fundamento  material  a  dichas  afirmaciones,  garantizando  con ello que la forma no predomine, sin más, sobre  la  materialidad  y  sustancialidad,  según  lo  dispone el artículo 228 de la  Carta Política.   

(c)          Considera  la  Sala  que  tratándose de  violaciones  masivas  de  derechos humanos como ocurre en los casos abordados en  el  marco  de  la Ley de Justicia y Paz, será de especial utilidad, en punto de  la     cuantificación     de    las    reparaciones,    adoptar    modelos  baremo  o diferenciados, esto es,  a  partir  de  la  demostración  del  daño acaecido a ciertas personas, podrá  deducirse  también  y  hacerse  extensiva  tal  cuantificación  a  quienes  se  encuentren  en situaciones similares pero no hubieren orientado adecuadamente su  labor  a  acreditar  el  quantum  de  los perjuicios sufridos. V.g. identidad de  oficios, edades, situación socioeconómica o familiar, etc.   

No  hay  duda que con una tal extensión se  consigue  garantizar  el  derecho de igualdad de las personas ante la ley, desde  luego,  siempre  que  se  encuentren  en  situaciones  iguales  o  muy similares  (inter pares), pues no puede  desconocerse  que  razones  de  la  más  variada índole, todas ellas válidas,  pueden  concurrir cuando una víctima no demuestra adecuadamente el monto de los  perjuicios.   

(d)          Igualmente será pertinente acudir a las  presunciones,  las  cuales  comportarán  la  inversión  de la carga de la prueba a favor de las víctimas,  de  modo  que será del resorte de los postulados y sus defensores desvirtuar lo  que  con  ellas  se  da  por  acreditado.  Por  ejemplo, cuando desconociendo el  ingreso      percibido      por      un      trabajador      se     presume  que  devenga el salario mínimo.  En    este    sentido   el   Consejo   de   Estado112 ha dicho:   

“Si  bien  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  ha  recurrido tradicionalmente a la elaboración  de  presunciones para efectos de la demostración del  perjuicio  moral,  en  relación  con  los  parientes  cercanos,  es  claro  que  aquéllas  se fundan en un  hecho  probado,  esto  es,  la relación de parentesco  (…)  se  construye  una presunción, que permite establecer un hecho distinto,  esto  es, la existencia de relaciones afectivas y el sufrimiento consecuente por  el  daño  causado  a  un pariente, cuando éste no se  encuentra  probado  por otros medios dentro del proceso  (subrayas fuera de texto).   

(e)           Otro   instrumento   valioso   en   la  apreciación  de  las  pruebas  serán las reglas de la  experiencia,  las  cuales  se  configuran113 a través  de  la  observación  e identificación de un proceder generalizado y repetitivo  frente   a   circunstancias   similares  en  un  contexto  temporo  –   espacial  determinado.  Por  ello,  tienen   pretensiones  de  universalidad,  que  sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones  especiales que introduzcan cambios en sus variables con virtud para  desencadenar    respuestas    diversas    a    las   normalmente   esperadas   y  predecibles.   

Así las cosas, las reglas de la experiencia  corresponden  al  postulado  “siempre o casi siempre  que  se  presenta  A, entonces, sucede B”, motivo por  el  cual permiten efectuar pronósticos y diagnósticos. Los primeros, referidos  a  predecir  el  acontecer  que  sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de  establecer  a  partir  de  la observación de un suceso final su causa eficiente  (retrospección).   

Tal  como se ha planteado, resulta palmario  que  el  especial  manejo  en  la  ponderación  de  las  pruebas a favor de las  víctimas   dando   aplicación   al   principio  pro  hómine,  no  corresponde  a  una decisión en equidad  correctiva  de  la  ley,  sino  a una determinación en derecho, suficientemente  motivada  y  sustentada  en  los  medios  de  prueba  obrantes en la actuación,  acudiendo  para  su valoración a un delicado manejo de los hechos notorios, los  juramentos  estimativos,  los modelos baremo o diferenciados, las presunciones y  las reglas de la experiencia, entre otros.   

Impera  señalar que si bien la valoración  del  sufrimiento,  inmensa  tristeza,  congoja  y pesadumbre de las víctimas de  violaciones  graves  y  sistemáticas  de  los  derechos  humanos  y  el Derecho  Internacional  Humanitario,  como  ocurre  en   este  asunto  y en aquellos  ventilados  bajo  la  égida  de  la Ley de Justicia y Paz, no puede someterse a  unos  valores  fijos,  es  evidente que decisiones como esta contribuirán en el  decantamiento  de  las metodologías orientadas a cuantificar de manera adecuada  este asunto, así como aquellos similares.   

De  tiempo  atrás  se ha dilucidado que el  principio  de  igualdad  de  las  personas  ante la ley no se materializa cuando  todas  son  tratadas  de  la  misma  forma,  pues un tal proceder corresponde al  igualitarismo, sin detenerse  a  constatar  las especiales circunstancias de cada uno; por el contrario, se ha  dicho  que  la  efectiva  realización  del derecho a la igualdad se reduce a la  máxima  “tratar  igual  a  los iguales y de manera  diversa a los diferentes”.   

         Es palmario que si de conformidad con el  Estado  social  y  democrático  de derecho se coloca en el vértice superior de  los  valores  a  la  persona humana y su eminente dignidad, no se aviene con tal  posición  que  todos  los  individuos sean tratados de la misma manera, pues se  impone  verificar las circunstancias personalísimas de cada uno, para ahí sí,  proceder a establecer lo merecido en forma particular.   

         El  igualitarismo  se  opone  a  toda  forma de concepción del principio de igualdad, toda vez que  desconoce  las  particularidades propias de cada ser humano, y por el contrario,  termina  abriendo  paso a desigualdades; piénsese por ejemplo en la imposición  de  un tributo igual para todos, sin atender su condición de riqueza o pobreza,  trabajo    o    desempleo,    número   de   hijos,   obligaciones   familiares,  etc.   

En  este  orden  de  ideas,  es  pertinente  también  puntualizar  que  la equidad no es sinónimo  de  igualdad,  tanto  menos  en  la  forma  en que fue  invocada y aplicada en la decisión objeto de examen.   

Lo equitativo se orienta a ir más allá de  las  reglas  y  marcos  legales  para  encontrar  una  decisión  que  se  ocupe  particularmente  de  un  asunto  cuyas  especiales  características  imponen un  tratamiento  diferente,  de  modo  que  desde  esta  perspectiva  la  equidad no  únicamente  se opone a tratar a todos por igual, sino que se adentra a corregir  en el caso concreto las falencias propias del igualitarismo.   

La  equidad  es  diferente de la analogía,  pues  ésta  parte  de  que  “a iguales supuestos de  hecho  iguales  consecuencias  de derecho”, de manera  que  la  consecuencia reglada para un supuesto de hecho se hace extensiva a otro  asunto  cuyo  resultado  no está definido; se trata de un vacío legal, el cual  es   llenado   con   la   solución   dispuesta   expresamente   para   un  caso  semejante.   

         

De acuerdo con lo anotado, puede concluirse  que  asiste  razón a los impugnantes al cuestionar que la cuantificación de la  reparación  de  las víctimas se haya efectuado “en  equidad” y no en derecho, cuando lo cierto es que la  Ley  de  Justicia  y  Paz  dispone de un incidente especial para arribar a dicha  tasación,  el  cual  se  tramitó  en  este  diligenciamiento, amén de que los  intervinientes  allegaron  los  diversos  medios  que pretendían hacer valer en  procura  de  sus  pretensiones,  las  cuales,  aunque  en  su gran mayoría eran  similares,  tenían  también  sustanciales diferencias, por ejemplo, cuando una  persona resultó víctima de más de un delito.   

Es   claro   que   la   real  o  supuesta  insuficiencia  presupuestal para pagar a la totalidad de víctimas de los grupos  armados   al  margen  de  la  ley,  no  puede  servir  de  excusa  para  decidir  “en  equidad” acudiendo  impropiamente    a    un   igualitarismo  contrario  al  derecho  a la igualdad de las personas ante la ley,  con  mayor  razón si el pago de la reparación corresponde en primer término a  los  perpetradores  y  al grupo al cual pertenecen, y sólo de manera sucedánea  al   Estado   a   través   de   las   entidades  dispuestas  para  cumplir  tal  cometido.   

Sobre  el  particular,  no  se olvide que el  numeral  1º del artículo 55 de la Ley de Justicia y Paz autorizaba a la Red de  Solidaridad  Social  para,  a  través  del  Fondo  para  la  Reparación de las  Víctimas,  liquidar  y  pagar  las  indemnizaciones judiciales de que trata esa  disposición   legal   “dentro   de  los  límites  autorizados  en  el  presupuesto  nacional”, pero esa  limitación  fue  declarada  inexequible  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-370  de  2006  por  violar al derecho de las víctimas a obtener la  indemnización  decretada judicialmente, en tanto elemento de la reparación por  los  daños  sufridos en virtud de violaciones de los derechos humanos. Sobre el  punto el máximo Tribunal Constitucional expresó lo siguiente:   

“En criterio de  la  Corte,  esta  limitación  es desproporcionada, y constituye una afectación  excesiva  del  derecho  de  las  víctimas  a  la reparación. Una vez que se ha  ordenado,   como   consecuencia  de  un  proceso  judicial  adelantado  con  las  formalidades  de  la ley, que una persona que ha sido víctima de una violación  de  sus  derechos humanos tiene derecho a recibir una determinada suma de dinero  en  calidad  de indemnización, se consolida a su favor un derecho cierto que no  puede  estar  sujeto  a  posteriores   modificaciones,  mucho  menos cuando  éstas  se derivan de la disponibilidad de recursos en el Presupuesto General de  la  Nación.  Una vez se haya llegado a una decisión judicial sobre el monto de  la   indemnización  a  decretar  para  reparar  los  daños  sufridos  por  las  víctimas,   ésta  genera  un  derecho  cierto  que  no  puede  ser  modificado  posteriormente  por la Red de Solidaridad Social, en su función de liquidador y  pagador de dichas indemnizaciones.   

Adicionalmente,  el deber de reparar recae  sobre  el  responsable  del  delito  que  causó  el  daño, de tal forma que el  presupuesto  general  de  la  nación  no  es  la única fuente de recursos para  financiar  el  pago  de  las  indemnizaciones judicialmente decretadas. La norma  juzgada  parecería  eximir  al  condenado  de  su deber de reparar en cuanto al  elemento de la indemnización.   

Lo   anterior   no   significa   que  la  disponibilidad  de  recursos  públicos  sea  irrelevante  o  que  la  Comisión  Nacional  de Reparación y Rehabilitación pierda su facultad de fijar criterios  para  distribuir  los  recursos destinados a la reparación (artículo 52.6). Lo  que  sucede  es  que  el  derecho cierto no se puede desconocer en virtud de los  recursos  disponibles  en  una  determinada  vigencia  fiscal.  Las limitaciones  presupuestales  justifican  medidas de distribución equitativas y temporales de  los  recursos  escasos,  pero  no  el  desconocimiento del derecho judicialmente  reconocido,  situación  diferente a aquella en la cual se puede encontrar quien  no  cuenta  a  su  favor  con  una  providencia judicial específica que ya haya  definido   el  monto  de  la  indemnización  a  que  tiene  derecho”.   

          De  acuerdo  con  la  referida  sentencia  de constitucionalidad, el  monto  de  la  indemnización  determinado  judicialmente no se puede modificar,  pues  para  la  víctima  dicha  condena  representa  un derecho cierto que, sin  embargo,  no  se  opone  a  la  obtención  de un pago menor si por razón de la  existencia   de  escasos  recursos  se  impone  la  aplicación  de  medidas  de  distribución    equitativas    que,    en   todo   caso,   son   de   carácter  temporal.   

Mutatis  mutandi,  es  necesario señalar que igualmente constituiría violación al derecho de las  víctimas  a obtener la reparación integral por los daños causados si el juez,  para  fijar  el  monto  de  la  indemnización,  no  se  atiene  a lo demostrado  probatoriamente   en  el  proceso  sino  que  reduce  la  cuantía  por  razones  relacionadas con limitaciones del presupuesto nacional.   

         De   manera,  pues,  que  una  cosa  es  el  derecho  a  obtener  la  declaración   judicial   del   monto   que  corresponda  al  pleno  e  integral  resarcimiento  de  los  perjuicios causados y otra muy distinta la existencia de  recursos  para  su  efectivo  pago  total,  el  cual podrá quedar diferido para  cuando   el   responsable   (el  desmovilizado  o  el  Estado)  tenga  con  qué  hacerlo.   

Al  respecto piénsese en que la condición  económica  del  deudor no permite a la judicatura minimizar sus obligaciones, o  peor  aún,  desconocerlas  en perjuicio del acreedor, pues es claro que el pago  de  la  reparación  será  un paso ulterior en todo este proceso tendiente a la  reconciliación nacional.   

Es  evidente que con la flexibilización en  la  apreciación  de  las  pruebas  en  pro de los intereses las víctimas aquí  señalada,  se  hacen  en parte efectivos los derroteros dispuestos por la Corte  Constitucional114  respecto de la población  desplazada al señalar:   

“Las autoridades  están  obligadas  – por  los  medios  que  estimen  conducentes –  a  corregir las visibles desigualdades  sociales,  a facilitar la inclusión y participación  de  sectores  débiles,  marginados  y  vulnerables  de la población en la vida  económica  y  social de la nación, y a estimular un mejoramiento progresivo de  las  condiciones  materiales de existencia de los sectores más deprimidos de la  sociedad”.   

Más  adelante,  en  la  misma  decisión,  precisó el Tribunal Constitucional:   

“Se derivan dos  clases  de deberes para el Estado. Por una parte, debe adoptar e implementar las  políticas,  programas o medidas positivas para lograr  una    igualdad    real    de    condiciones    y    oportunidades   entre   los  asociados  y  al  hacerlo,  dar  cumplimiento  a  sus  obligaciones  constitucionales  de  satisfacción  progresiva  de  los  derechos  económicos,  sociales  y  culturales  básicos  de  la  población ‑en   aplicación   de   lo   que  la  jurisprudencia       constitucional       ha       denominado       ‘cláusula  de  erradicación  de  las  injusticias         presentes’‑”        (subrayas        fuera        de       texto).   

2.1.5.           De la indemnización para cada una  de las víctimas reconocidas en el proceso   

Establecida  la  obligación  de  fallar en  derecho,  la  Sala  debe entrar a definir los conceptos básicos que estructuran  la   indemnización   solicitada   por  los  representantes  de  las  víctimas,  atendiendo,  además,  al contenido del inciso tercero del artículo 8 de la Ley  975  de  2005,  según  el  cual  “la indemnización  consiste   en  compensar  los  perjuicios  causados  por  el  delito”,  lo  cual  comporta:  (i)  la  demostración del daño; (ii) la  verificación  de  su  antijuridicidad;  y  (iii)  la  constatación  de  que es  imputable a los postulados.   

En  ese  orden  de  ideas,  se revisará la  configuración  de  tales  presupuestos  y  luego  se  definirán los siguientes  aspectos:  (a) perjuicios del orden material, conformados por el daño emergente  y  el lucro cesante, y (b) perjuicios inmateriales referidos al daño moral y al  daño a la vida de relación.   

A  continuación  se  procederá  a:  (i)  verificar  lo  solicitado  por cada víctima o grupo familiar, y (ii) corroborar  lo  probado  por  cada  una de ellas de cara a los parámetros de indemnización  previstos    por    el    ordenamiento    jurídico    y    la    jurisprudencia  vigentes.   

Si  bien  el principio de complementariedad  del  artículo  62  de  la  Ley  975  de 2005, para todo lo no previsto en dicho  estatuto  remite  a  la  Ley 782 de 2002 y al Código de Procedimiento Penal, lo  cierto   es  que  aún  acudiendo  a  ellos,  algunos  aspectos  continúan  sin  regulación,  por  cuya  razón  se  impone atender los ordenamientos jurídicos  afines a la naturaleza del proceso de Justicia y Paz.   

Ello   porque  la  normatividad  nacional  conforma  un  sistema  dentro  del  cual  es  posible  encontrar respuesta a los  diversos  problemas  jurídicos  planteados,  y  por  tal  motivo, en materia de  indemnización  de  perjuicios  originados  en  el delito, para complementar las  disposiciones  de  la  Ley de Justicia y Paz, será necesario aplicar las reglas  establecidas  en la Ley 599 de 2000 o Código Penal y aún, en el Código Civil,  ordenamiento definitorio del perjuicio material y sus componentes.   

Lo   anterior   por  cuanto  una  de  las  finalidades  esenciales  del  estatuto  de  Justicia  y  Paz  la  constituye  la  reparación  del  daño  derivado  del  delito,  empero dicho estatuto no otorga  fórmulas  precisas  sobre  cómo  llevar a cabo tal cometido, motivo que impone  acudir  a otras normatividades y a los criterios jurisprudenciales expuestos por  las altas Cortes, donde sí se define y reglamenta la materia.   

En  efecto,  la  Ley  975  de  2005,  en su  artículo  primero,  establece  como  uno de sus objetivos esenciales garantizar  los   derechos   de   las  víctimas,  dentro  de  los  cuales  se  incluyen  la  verdad,           justicia         y   reparación;  a  su  turno,  el  artículo  4º   señala  que  el proceso de reconciliación nacional regulado en esa ley deberá  promover  el  derecho de las víctimas a la verdad, la justicia y la  reparación  y, por último,  el canon 8º preceptúa que el derecho a  la  reparación  de  las  víctimas  comprende  las  acciones  tendientes  a  la  restitución,  indemnización,  rehabilitación, satisfacción y garantía de no  repetición,     y     precisa    que    la    indemnización    “consiste    en   compensar   los   perjuicios   causados   por   el  delito”.   

En otras palabras, la misión fundamental de  la  ley  de Justicia y Paz consiste en contribuir a la reconciliación nacional,  bajo  la  premisa  previa  e  ineludible  de  garantizar  a las víctimas verdad  justicia  y  reparación, pero como en punto de la reparación económica de los  perjuicios  no  otorga  al  operador  judicial lineamientos precisos sobre cómo  “compensar   los   perjuicios   causados   por  el  delito”115, se   

debe  acudir  a  otros  estatutos  y  a  la  jurisprudencia nacional.   

Dado  que ya se han precisado los conceptos  que  conforman  la noción de reparación integral, procede la Sala a revisar lo  solicitado  por  las  víctimas  a  través  de sus apoderados, luego de lo cual  determinará  si  el  daño aducido fue acreditado conforme lo exige la ley y la  jurisprudencia nacional.   

2.1.6.            Criterios  de  reconocimiento y  liquidación   

Como  se indicó con antelación, en la Ley  975  de  2005  existen algunas temáticas sin regulación expresa, razón por la  cual  se  acudirá  al principio de complementariedad consagrado en el artículo  62  de  tal estatuto, para acudir a ordenamientos que reglamentan la materia, en  especial al Código Penal.   

En el ámbito penal, el deber de reparar el  menoscabo  originado  en el delito se encuentra previsto por el artículo 94 del  Código Penal o Ley 599 de 2000, así:   

“Reparación del  daño.  La conducta punible origina obligación de reparar los daños materiales  y      morales      causados     con     ocasión     de     aquella”.   

Y  el  artículo  97  del  citado  estatuto  establece unas reglas mínimas sobre su liquidación así:   

“Indemnización  por  daños.  En  relación con el daño derivado de la conducta punible el juez  podrá  señalar  como indemnización, una suma equivalente, en moneda nacional,  hasta mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales.   

Esta tasación se hará teniendo en cuenta  factores   como   la   naturaleza  de  la  conducta  y  la  magnitud  del  daño  causado   

Los daños materiales deben probarse en el  proceso”.   

De  todo  lo  anteriormente  expuesto,  se  colige:   

     

a. El   delito   origina  la  obligación  de  reparar  los  perjuicios  causados.   

b. Los perjuicios son del orden material e inmaterial.   

c. Los  daños  que  sean  susceptibles  de  cuantificación económica  (materiales      y      morales      objetivados116)  deben  probarse  en  el  proceso  y  su  cuantía dependerá de lo acreditado117.   

d. El  perjuicio  moral  subjetivado  también debe demostrarse pero su  cuantía,  conforme  al  arbitrium iudicis,   puede  fijarse  hasta  mil  (1.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales118.     

En   otras   palabras,   para   obtener  indemnización   por   el  perjuicio  material  y  por  los  perjuicios  morales  objetivados  debe  demostrase: a) su existencia y b) su cuantía, mientras en el  de  carácter moral subjetivado sólo se debe acreditar la existencia del daño,  luego  de  lo  cual,  el  Juez,  por  atribución  legal, fijará el valor de la  indemnización  en tanto que la afectación del fuero interno de las víctimas o  perjudicados  impide  la  valoración  pericial por inmiscuir sentimientos tales  como tristeza, dolor o aflicción.   

En  ese  orden  de  ideas, la tasación del  daño  moral  subjetivado le corresponde al juzgador, quien tiene como guía los  aspectos  determinados  en  la  ley, es decir, la naturaleza de la conducta y la  magnitud  del daño causado, acudiendo siempre a la sensatez y a la ponderación  de  las  diversas  aristas  que  envuelven la situación analizada por cuanto el  prudente    arbitrio    del    juez   no   significa   arbitrariedad119   

.  

          Impera   reiterar,   a   propósito   de  lo  dicho  por  el  doctor  Fernando  Aza, que de acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el artículo 97 del Código Penal de 2000, el juez sólo  podía  señalar como indemnización hasta un máximo de 1.000 salarios mínimos  legales  mensuales,  limitando  así la facultad del funcionario judicial en esa  materia.   

          No  obstante,  la Corte Constitucional en la sentencia C-916 de 2002  condicionó  la  exequibilidad de la precitada disposición, determinando que el  referido  límite  sólo opera cuando se trata de daño moral subjetivo, no así  frente   al   daño   moral  objetivado,  ni menos aún en los casos de daño material.   

En esos últimos eventos, entonces, el juez  está  facultado  para  establecer  unos  montos superiores a los 1.000 salarios  mínimos   legales  mensuales,  dependiendo  desde  luego  de  la  demostración  arrojada  por  la  prueba  aportada en punto a su existencia y a la cuantía del  mismo.   

          No  hay  razón  alguna  para  excluir  del anterior tratamiento los  delitos   cometidos   por   las  organizaciones  criminales  que  se  acogen  al  procedimiento  previsto  en la Ley 975 de 2005. Ni siquiera motivos relacionados  con  las  limitaciones del presupuesto nacional, como equivocadamente lo sugiere  la sentencia impugnada, según lo ya anotado.   

          En  consecuencia,  se  procederá  a efectuar las modificaciones del  caso   a   la  sentencia  impugnada  de  acuerdo  con  las  pruebas  allegas  al  plenario.   

2.2.1.            De la liquidación de perjuicios  en concreto   

Cada uno de los cuadros que a continuación  se  presentan,  contienen  la  información  de las víctimas reconocidas por la  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal Superior de Bogotá, de las pretensiones  esbozadas  en el incidente de reparación y de los elementos de prueba aportados  al   proceso   para   acreditar   tal   condición   y   demostrar   los  daños  ocasionados.   

Los  medios  de  prueba relacionados fueron  dejados  a  disposición  de  los  postulados,  la  defensa,  la  Fiscalía y el  Ministerio  Público dentro del trámite del incidente, sin que fueran objeto de  censura,  cuestionamiento, observación o glosa, razón por la cual se procede a  su evaluación.   

                        En  tal  sentido,  la  Sala  encuentra  demostrada  la  comisión  de  los  homicidios de  Dalmiro  Rafael  Barrios  Lobelo,  Alexis José Rojas  Cantillo,  Jorge  Eliécer  Tovar,  Joaquín Fernando Posso Ortega, Alfredo Luis  Posso  García,  José  Joaquín  Posso García, Wilfrido Mercado Tapia, Gabriel  Antonio  Mercado  García,  Rafael  Enrique  Mercado  García, José del Rosario  Mercado  García  y  Manuel  Guillermo  Yepes  Mercado con los siguientes elementos  probatorios  anexados  en cada carpeta, en primer lugar por la Fiscalía y luego  por la representación judicial de las víctimas:    

     

a. Acta de levantamiento     

     

a. Necropsia al cadáver     

     

a. Registro de defunción     

     

a. Aceptación  de los postulados de la comisión de los 11 homicidios,  con la narración de las circunstancias en que se cometieron.     

          Con  ello  se ha demostrado, entonces, que los perpetradores de esas  muertes    fueron,   entre   otros,   UBER   BANQUEZ  MARTÍNEZ  y  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ  quienes  las  ejecutaron  en su condición de  integrantes    de   la   estructura   paramilitar   denominada   “Bloque    Héroes    de    los    Montes    de   María”,  grupo  al  margen  de  la  ley  desmovilizado  conforme  a los  requisitos  y  finalidades dispuestos en la Ley de Justicia y Paz; por tanto, la  comisión  de  los  delitos  acaeció  durante  y con  ocasión de su militancia.   

Las   pruebas  en  mención  ostentan  la  capacidad  de  demostrar  el  daño  a  partir  del  cual las víctimas reclaman  indemnización:  la  pérdida de la vida del esposo, padre, hijo y hermano, así  como  la relación de causalidad entre el perjuicio ocasionado y el accionar del  grupo  armado  al  margen  de  la ley al cual pertenecía el desmovilizado en el  marco de la Ley 975 de 2005.   

Determinados  daño  y relación causal, se  revisarán  los  montos de indemnización solicitados y se contrastarán con las  pruebas  aportadas  dentro  del incidente de reparación integral, reseñadas en  el cuadro anexo.   

Como  método  de valoración probatoria se  utilizará  el  de la persuasión racional o de la sana crítica, según el cual  se  establecerá  el  valor de las pruebas con base en las reglas de la lógica,  la      ciencia      y      la      experiencia120.   

Por  ello,  el principio de la necesidad de  prueba  se  morigerará en consideración a la naturaleza de los delitos por los  que  se  procede en tanto constituyen graves violaciones a los derechos humanos,  situación  que  impone  flexibilizar  el  umbral  probatorio,  tal  como  se ha  reseñado   en   anteriores   oportunidades   por   la  Corporación121.   

HOMICIDIO   DE   DALMIRO   RAFAEL  BARRIOS  LOBELO   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (audiencia del 29 abril/10)             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   9)  

Yadira   Rodelo  Aparicio (Esposa)   

Tomás Antonio Barrios Martínez  

(Padre)  

Inés     Helena    Lobelo    Ardila  (madre)   

Luz     Marina     Barrios    Lobelo  (hermana)   

Sandra     Rosa    Barrios    Lobelo  (hermana)   

José Tomás Barrios Lobelo  

(hermano)  

Oscar Enrique Barrios Lobelo  

(hermano)  

Luis     Ramón    Barrios    Lobelo  (hermano)   

Pedro     Pablo    Barrios    Lobelo  (hermano)   

Sulys Esther Barrios Lobelo  

(hermana)  

Vaneza    Esther    Barrios    Rodelo  (hija)   

Inés Elena Barrios Rodelo  

(hija)  

Yojaira   Alexandra   Barrios   Rodelo   

(hija)  

Luis Rafael Barrios Rodelo  

(hijo)  

Otorgaron  poder  al  Dr.  Miguel  Ángel  Ramírez  Gaitán  y  fueron  reconocidas  como  víctimas  por  el  Tribunal de  Conocimiento el 29 de abril de 2010.             

Perjuicios Materiales   

Daño Emergente  

$3’282.939   por   gastos   funerarios   para   Luz   Marina   Barrios  Lobelo   

$196’861.173   por   bienes   quemados  y  destruidos   

Lucro cesante  

$139’768.066 presente y futuro   

Total        $339’912.178      para      distribuir  así:   

$3’282.939 para Luz Marina Barrios Lobelo   

$299’057.388    para    Yadira    Rodelo  Aparicio   

$19’553.964,38   para   Vanesa   Barrios  Rodelo   

$18’017.946  para  Inés  Elena  Barrios  Rodelo   

Perjuicios inmateriales  

Daño Moral  

500  SMLV  para  cada  de los miembros del  grupo familiar por el dolor sufrido por el homicidio   

Daño a la vida de relación  

250  SMLV  para  el  grupo familiar por la  desarticulación familiar   

Yojaira B.L. beca para iniciar estudios en  salud ocupacional   

Inés   Elena   B.L.   beca   estudios  veterinaria   

Vanesa B.L. subsidio termina estudios en U.  Cartagena   

Luis  Rafael  B.L.  beca  iniciar  estudio  derecho   

            

1.   Evaluación  sicológica  de  Tomás  Antonio  Barrios Martínez, Sandra Rosa Barrios Lobelo,  Yadira  Rodelo  Aparicio,  Vanesa  Esther  Barrios  Rodelo,  Inés Elena Barrios  Rodelo,  José  Tomás  Barrios  Lobelo,  Luz  Marina  Barrios  Rodelo,  Yojaira  Alexandra  Barrios  Rodelo,  Inés  Elena  Lobelo  Ardila, Oscar Enrique Barrios  Lobelo.   

2.  Declaración  jurada  de Yadira Rodelo  Aparicio  y   Vanesa  Esther  Barrios  Rodelo  sobre  la forma  en que  sucedieron los hechos.   

3.  Registros  civiles  de  nacimiento  y  fotocopia  de  cédulas  de ciudadanía de Inés Elena, Luis Rafael, Vaneza, Luz  Marina  y  Yojaira  Barrios  Rodelo  y  de Dalmiro Rafael Barrios Lobelo, Tomás  Antonio   Barrios   Martínez,   Inés   Helena  Lobelo  Ardila,  Yadira  Rodelo  Aparicio.   

Sandra  Rosa Barrios Lobelo, José Thomás  Barrios  Lobelo, Oscar Enrique Barrios Lobelo, Luis Ramón Barrios Lobelo, Pedro  Pablo Barrios Lobelo y Sulys Barrios Lobelo.   

4.  Acta  levantamiento  y  necropsia  al  cadáver   de   Dalmiro   Rafael   Barrios  Lobelo  y  registro  de  defunción.   

5.  Declaración  jurada  de  José  Julio  Contreras sobre la forma en se presentaron los hechos.   

6.  Factura  No.  0811  de  marzo  de 2000  respecto  de  los  gastos  funerarios  de  Dalmiro  Rafael  Barrios  Lobelo  por  $1’900.000,  pagados por  Luz Marina Barrios Lobelo.   

7.  Certificación  del  contador público  Luis  J.  Barrios  Barrios  del  4  de  enero de 2009, según la cual los Dalmro  Rafael   Barrios  Lobelo  era  copropietarios  de  un  predio  rural  denominado  “Montería”  de  49  hectáreas  que  para  junio  de  2000  contaba  con el  siguiente inventario.   

Frutales   7   Hct.  Por  $8’4   

Cultivos   ñame   y  otros  10Hct.  Por  $15’   

Rastrojo   12  Hct.  Por  $4’5   

Silvopastoril  20  Hct. Por $8’333.333.   

Viviendas y Enseres (2) por $17’   

Corral  de  varetas  por  $8’   

Cría   lechones   (12)   $4’8   

Ganado   Vacuno   (30)   $25’   

Animales  de  carga  (7)  $3’5   

Aves   de   corral  (59)  $1’4   

Así  mismo  certificó ingresos mensuales  por $545.000.   

8. Fotocopia escritura pública No. 275 de  17  septiembre  de 1993 del predio “Montería” mediante la cual José Tomás  Barrios  Lobelo  transfiere  a Tomás Antonio Barrios Martínez y Dalmiro Rafael  Barrios  Lobelo  la  propiedad del predio de 49 hectáreas ubicado en la región  de San Cayetano del municipio de San Juan Nepomuceno.   

Pruebas aportadas en audiencia del 29 abril  2010   

1.Poderes  

2.  Registros  Civiles  nacimiento  grupo  familiar ya reseñado.   

3.  Fotocopia  cédulas  grupo  familiar  mencionado.   

4. Registro civil de defunción de DALMIRO  RAFAEL BARRIOS LOBELO.   

5.  Registro  civil  (en  fotocopia)  de  matrimonio    de    Dalmiro    Rabel    Barrios    Lobelo    y   Yadira   Rodelo  Aparicio.   

6.  Informe  pericial contable rendido por  contador     de     la     defensoría    pública    sobre    avalúo    daños  materiales.   

7.  Valoraciones  sicológicas de Yadira y  Luis Rabel Barrios Rodelo y Tomás Antonio Barrios Martínez.   

8.    Fotocopia    factura    gastos  funerarios.   

9.  Fotocopia  certificación ingresos del  contador Luis Barrios de febrero de 2009.   

Testimonial:  solicitó  declaraciones  de  Luis  Alberto  Bonilla  y  Edgar  Betancur, contador y sicólogo defensoría del  Pueblo y de Yojaira Barrios Rodelo, víctima.   

El  Tribunal  no  accedió  a  la  prueba  testimonial,    por    considerar    suficiente   la   documental   y   pericial  aportada.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  acreditó  el  pago  de  la  suma de $1’900.000   por  concepto  de  gastos  funerarios  correspondientes  a  Dalmiro    Rafael    Barrios    Lobelo  con  el  original  de  la  Factura  No.  0811  de  marzo  de 2000,  según   la cual fueron sufragados por Luz Marina  Barrios  Lobelo,  suma  que se le reconoce debidamente  actualizada.   

$1’900.000  x  IPC enero de 2011  $1’900.000  x  1,7674  = $3’358.206   

        IPC  marzo de  2000                      

                                                     

Con fotocopia de escritura pública No. 275  de  17  septiembre  de  1993  y  con  el  juramento  estimatorio elevado por los  miembros  de  este  grupo familiar, se logró demostrar la existencia del predio  “Montería” de propiedad  de   Tomás  Antonio  Barrios  Martínez  (padre  del  fallecido) y Dalmiro Rafael  Barrios  Lobelo, así como de bienes, muebles, cosechas  y  semovientes  en  cuantía  de  $113’933.333  que  fueron  perdidos  a raíz de la muerte de Dalmiro    Rafael    y   el   posterior  desplazamiento  de  su  núcleo  familiar.  Por tanto, se reconocerá como daño  emergente  la  pérdida y deterioro de dichos bienes, debidamente actualizado su  valor:   

$113’933.333      x      IPC    enero    de    2011(106.19)           $201’374.511   

                   IPC marzo de 2000(60,08)   

Esta  cifra  se  reconoce  a  la  esposa de  Dalmiro    Rafael    Barrios    Lobelo,      señora      Yadira     Rodelo  Aparicio    y    a    sus    hijos    (Vaneza,    Inés    Elena,    Yajaira   y   Luis   Rafael   Barrios  Rodelo)   en   la   proporción  que  legalmente  les  corresponda.   

Total  daño  emergente:  $204’732.717   

Lucro cesante: como  quiera  que  no se acreditó con ningún elemento probatorio el ingreso obtenido  por   Dalmiro   Rafael   Barrios  Lobelo  para  el  momento  de  su  deceso, se presumirá, conforme ha sido  establecido    por    el    Consejo    de   Estado122  y  la  Sala Civil de esta  Corporación123,  que devengaba el salario  mínimo, esto es, $260.100.   

Ello  por cuanto, sí se probó que era una  persona  productiva dedicada a las labores del campo, conforme a la declaración  extra  proceso  de  José Julio Contreras  y  la  escritura  pública  que da cuenta de su propiedad sobre el  predio  “Montería”  el  cual explotaba en labores de agricultura con su padre.   

No  se  tendrá en cuenta la certificación  aportada  por cuanto no permite a la Sala adquirir conocimiento fundado y cierto  sobre  los  ingresos percibidos por la víctima al momento de su muerte; la suma  allí  señalada  no  tiene sustento probatorio, porque no explica la razón por  la  cual  se certifica tal guarismo, solo se limita a señalar, que el fallecido  era  “Copropietario  de  un  predio  rural…en  el  ejercicio  de  sus  actividades  habituales  como  agricultor,  presentaba  unos  ingresos   promedios   mensuales  de  Quinientos  Cuarenta  y  Cinco  mil  pesos  ($545.000)    mcte    a    Treinta    (30)    de   junio   de   2000”124.   

Este   documento   apenas  constituye  la  afirmación  de  un  contador  público  sobre  los  presuntos  ingresos  de  la  víctima,  sin  el  más  mínimo sustento o apoyo probatorio y por sí mismo no  ofrece  certeza  sobre el rubro señalado, menos aún cuando es expedido 9 años  después  de  ocurrido  el  fallecimiento y no se señaló vínculo alguno entre  las  labores  del  obitado  y  la  actividad  profesional  de  quien  expide  la  certificación.  Además, la liquidación de perjuicios aportada como soporte de  la  pretensión  indemnizatoria  por  el  apoderado de víctimas y elaborada por  contadores  de  la Unidad Operativa de Investigación Criminal de la Defensoría  Pública  se  realizó con fundamento en el salario mínimo vigente para el año  2000,   situación   que   evidencia   la   falta  de  peso  probatorio  de  tal  documento.   

$260.100  +  25% (prestaciones) = $325.125  –    25%    (gastos  propios)=$243.844   

Dicho salario se actualiza, así:  

$243.844  x  IPC  enero           de          2011(106.19)          $  430.989   

           IPC  marzo de 2000(60,08)   

Para el efecto, se utilizarán las fórmulas  usadas  por esta Corporación y el Consejo de Estado125:   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

S=  Ra x (1+i)n  – 1   

                           i   

Donde,         S  es  la  suma  de indemnización debida,  i es la tasa de interés puro  (0.004867),  n  es el número  de  meses  que comprende el periodo a indemnizar (130 meses desde la fecha de la  muerte  al momento de la liquidación) y 1 es una constante matemática.   

$430.989  x ( 1 +  0.004867)130-1     =       $77’910.856   

                              0.004867   

Esta  cifra  se  deberá  repartir entre la  esposa y los hijos menores de edad para el momento del deceso.   

Lucro cesante futuro  

Este  rubro  sólo se reconoce a la señora  Yadira   Rodelo  Aparicio,  esposa  de  la  víctima  directa,  por  cuanto  para  la fecha los hijos ya han  superado  la  edad  prevista en la ley para las obligaciones de sostenimiento de  padres a hijos.   

En  razón  a ello, se parte del límite de  vida  máximo  más  bajo  de  los dos cónyuges (cuyo registro de matrimonio se  aportó   como  prueba):  Dalmiro  Rafael  nació  el  6  de  mayo  de  1960,  tenía  39  años y 10 meses y  Yadira   Rodelo   Aparicio  nació  el  25  de noviembre de 1962, es decir, contaba con 37 años. Conforme a  las  tablas  aprobadas  por  la  Superintendencia  Financiera,  usadas de manera  uniforme  por  las  altas Cortes para efectos de liquidación, la expectativa de  vida    media    completa   de   Dalmiro  era  de 38.64 y la de Yadira  es  de  41.74,  por  lo  cual  se aplicará el guarismo más bajo,  así:   

S  =  R x (1+i)n  -1   

                      i(1+i)n   

Donde,         S  es  el  valor  que  ha  de pagarse como  anticipo  de  lo  perjuicios  futuros,  R es   el  ingreso  o  salario  actualizado,  i  el  interés  legal del 6% anual (0,004867)  y  n  el  número  de  meses  a  liquidar  (338  meses, descontados ya los 130 meses tenidos en cuenta como lucro  cesante consolidado).   

$430.989  (1+  0,004867)338  -1                         =    430.989   x  4,1606      =  $71’412.951   

0.004867  (1+0.004867)338      0,02511   

                                                                   

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro)  $149’323.807.   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $354’056.524   

Perjuicios inmateriales  

Perjuicios      morales126,  fueron  solicitados  500  S.M.M.L.V. para cada uno de los miembros del grupo familiar de  Dalmiro     Rafael    Barrio    Lobelo127, esto es,  para padres, hermanos, esposa e hijos.   

La Sala reconocerá como indemnización por  este  concepto  la  suma  de  100  S.M.M.L.V  para  padres,  hijos  y  esposa de  Dalmiro    Rafael    Barrios    Lobelo  y 50 S.M.M.L.V para los hermanos, como quiera que se aportaron los  originales   de  los  registros  civiles  de  nacimiento  de  cada  uno  de  los  familiares,   acreditándose  su  relación  de  parentesco  con  el  fallecido,  vínculo  que permite deducir la afectación moral sufrida, más aún cuando las  valoraciones  sicológicas  realizadas  a  algunos  miembros  del grupo familiar  refieren el profundo dolor causado.   

Así  mismo,  porque existe una presunción  legal  de  daño  moral  en  relación  al  cónyuge,  compañero  permanente  y  familiares  en  primer  grado  de consanguinidad o primero civil de la víctima,  conforme  lo establece el segundo inciso del artículo 5 de la Ley 975 de 2005 y  lo ha reafirmado la Corte Constitucional:   

“Los demandantes  consideran  que  las  disposiciones  demandadas  establecen  una restricción al  limitar  a  los  parientes  en  primer  grado de consanguinidad el derecho a ser  reconocidos  como  víctimas  para  los  efectos  de  la  Ley que se estudia. Al  estudiar  las  expresiones  demandadas partiendo de todo el inciso en el cual se  inscriben,   la   Corte  encuentra  que  las  mismas  establecen  una  presunción  a  favor  de  los  parientes  en  primer  grado de  consaguinidad  y primero civil de la víctima directa.  En    efecto,    tales    incisos    empiezan    diciendo    que    ‘también     se     tendrá    por  víctima’ o ‘asimismo’.  La  cuestión  entonces  reside en  determinar  si  tales  disposiciones  pueden  dar  lugar  a  la  exclusión  del  reconocimiento  de  calidad de víctimas de otros familiares (como los hermanos,  abuelos  o  nietos) que hubieren sufrido un daño como consecuencia de cualquier  conducta  violatoria  de la ley penal cometida por miembros de grupos armados al  margen    de    la    Ley    estudiada”128 (subrayas  fuera de texto).   

En igual sentido, el Consejo de Estado, con  fundamento  en  el  artículo  42  de  Carta  Política,  ha  señalado cómo la  acreditación  del  parentesco  con  los registros civiles de nacimiento permite  presumir  que  la esposa e hijos sufren perjuicio moral con la muerte del esposo  y   padre129. Respecto de los demás parientes cercanos ha dicho:   

“Si  bien  la  jurisprudencia  de  esta Sala ha recurrido tradicionalmente a la elaboración de  presunciones  para efectos de la demostración del perjuicio moral, en relación  con  los  parientes  cercanos,  es  claro  que  aquéllas  se fundan en un hecho  probado,  esto  es,  la  relación de parentesco, de manera que a partir de ella  – que constituye el hecho  indicador,  o  el  indicio propiamente dicho, según la definición contenida en  el   artículo   248   del   Código   de   Procedimiento   Civil   –,  y  con fundamento en las reglas de  la  experiencia,  se  construye una presunción, que permite establecer un hecho  distinto,  esto  es,  la  existencia  de  relaciones  afectivas y el sufrimiento  consecuente  por  el  daño  causado a un pariente, cuando éste no se encuentra  probado  por  otros  medios  dentro  del  proceso.  Y tal indicio puede resultar  suficiente  para la demostración del perjuicio moral sufrido, en la mayor parte  de  los  casos;  en otros, en cambio, pueden existir elementos de convicción en  el  expediente  que  impidan la aplicación llana de la correspondiente regla de  la experiencia”.   

“Ahora bien, con  respecto  al daño moral sufrido como consecuencia de la vulneración a derechos  humanos,  la  Corte  Interamericana  de  Derechos Humanos ha sostenido que dicho  daño  se  presume,  dada  la  naturaleza misma de las violaciones, así como el  hecho  de  que  es  propio  de  la naturaleza humana que toda persona sometida a  agresiones  y  vejámenes  experimente  un  sufrimiento  moral.  Se ha entendido  también,  que  en  la  medida  en  que  las  víctimas hayan sufrido, sufrirán  también  sus  familiares, de allí que la gravedad e intensidad del sufrimiento  causado  a  las  víctimas,  constituyen criterios determinantes para valorar el  perjuicio    sufrido    por   aquellos”130.   

Pues bien, el artículo 97 de la Ley 599 de  2000  o  Código  Penal  establece un límite máximo de 1.000 salarios mínimos  legales  mensuales en tratándose de perjuicios morales subjetivados131,  pero lo  cierto  es  que la tasación debe hacerse teniendo en cuenta la naturaleza de la  conducta y la magnitud del daño causado.   

Es decir, que no obstante que hay un límite  máximo,  el  juez cuenta con un amplio rango de movilidad dentro del cual puede  oscilar  para  fijar  la  indemnización por perjuicios morales subjetivados, lo  cual  no  significa  arbitrariedad  o capricho, pues debe seguir los parámetros  fijados en la ley y en la jurisprudencia.   

Al respecto, debe tenerse en cuenta cómo la  Sala   Civil   de  la  Corte  Suprema  de  Justicia132  normalmente fija un monto  máximo  de  40  millones  de  pesos  como  indemnización  por  este  concepto,  equivalentes  actualmente  a  72,7 salarios mínimos legales mensuales, mientras  que       el       Consejo       de      Estado133  sugiere  fijar  una cifra  máxima,  para  los casos de mayor gravedad, equivalente a 100 salarios mínimos  legales mensuales.   

En igual sentido, cuando esta Sala ha debido  tasar  perjuicios  de  orden  moral  o  pronunciarse  sobre  tal  tópico en los  procesos  que  conoce  en  virtud  del  recurso  extraordinario de casación, ha  fijado   sumas   que   oscilan   entre   1   y  312  salarios  mínimos  legales  mensuales134.   

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  parámetros,  relativos  al daño moral subjetivado, la Sala considera razonable  reconocer  un  tope  de 100 S.M.M.L.V. para esposa, padres e hijos y de la mitad  de este rubro para los hermanos.   

Lo anterior por cuanto la indemnización del  perjuicio  moral  no  compensa  el  dolor,  angustia  y tristeza derivados de la  pérdida  de  la  vida de un ser querido, pero con ella se trata de satisfacer o  mitigar  el  daño ocasionado. En este sentido, la Sala Civil de la Corporación  ha dicho:   

“En  torno  al  perjuicio  moral  es  de recordar que su indemnización no obedece a un criterio  compensatorio,  desde  luego  que  la vida humana es inconmensurable, sino a uno  satisfactorio,  destinado a mitigar en lo posible la enorme pena que en el fondo  queda  ante  la  ausencia de un ser amado, razón por la cual en su apreciación  han  de considerarse el dolor de quien lo sufre, la intensidad de su congoja, la  cercanía  con  el  ser  perdido,  entre  otras  cosas, para, con cimiento en la  equidad,  arribar al más justo valor, distante por lo general de la matemática  exactitud  con que se escruta el daño material. Acúdese entonces al denominado  arbitrium  judicis  en  virtud  de  la  imposibilidad de entregar su tasación a  peritos,   arbitrio  que,  es  evidente,  no  corresponde  con  la  idea  de  lo  antojadizo,    sino,    contrariamente,   con   la   de   lo   racional   y   lo  ponderado”135.   

Finalmente, porque la tasación de cuantías  similares  a  las  fijadas  por las altas Cortes nacionales permite conservar el  principio  de  igualdad  en  la solución de las pretensiones planteadas por las  víctimas.   

Daño a la vida de relación  

Fueron  solicitados  250  S.M.M.L.  para el  grupo  familiar  por  la  desarticulación  que  sufrió  como  consecuencia del  homicidio     de     Dalmiro     Rafael    Barrios  Lobelo136;  no  obstante  ninguna  prueba  se  ofreció  para  demostrar este  aspecto,  ni se argumentó sobre cómo se configuró esta clase de perjuicio, en  tanto  el  apoderado  se  limitó a reproducir algunos apartes jurisprudenciales  sobre  la  materia,  pero no otorgó elementos de convicción concretos sobre la  configuración de este menoscabo.   

No  se  olvide  cómo  la demostración del  daño  y  el consecuente perjuicio causado constituyen presupuesto esencial para  la  reparación  y  la indemnización, más aún en esta materia donde no existe  presunción  de  configuración  del daño a la vida de relación. Por tanto, al  estar  ausente  la  prueba de este perjuicio no se reconocerá la indemnización  deprecada.   

Por demás, las características propias de  esa  clase  de  perjuicio  hacen  que, por regla general, lo padezca la víctima  directa  del  delito,  a  quien  se  le  hace  más dificultosa la existencia al  modificarse  negativamente  sus  condiciones  sociales de vida. Excepcionalmente  las  víctimas  indirectas pueden argumentar esa clase de daño, por ejemplo, la  esposa(o),   compañera(o)  cuando  su  pareja  ha  sufrido  afectación  de  su  capacidad  de  disfrute  sexual. Para el caso en estudio, la víctima directa ha  dejado  de  existir  y por lo mismo no tendrá limitación en las situaciones de  la  vida  práctica  o en el desenvolvimiento en el entorno personal, familiar o  social.   

Este  criterio  aplica  para  las restantes  liquidaciones,  por  estar  presentes  las  mismas circunstancias para todos los  casos aquí analizados.   

HOMICIDIO    DE   ALEXIS   JOSÉ   ROJAS  CANTILLO   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (audiencia 29 abril 2010)             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   9)  

Deris Isabel Cantillo  Alvarino (madre)   

Concepción,  José Antonio, Digna María,  Carlos José Mulet Cantillo (hermanos)   

Wilson      Seguane      Cantillo  (hermano)   

Otorgaron  poder  al  Dr. Leonardo Andrés  Vega  el  23  de  marzo  de  2010;  reconocidos  en audiencia del 29 de abril de  2010             

Perjuicios Materiales   

Daño Emergente  

$3’282.939    por    gastos    funerarios    para    Wilson    Seguane  Cantillo   

Lucro cesante  

69’647.093,41 por lucro cesantes debido y,   

$64’419.855,82    por   lucro   cesante  futuro   

Estos  rubros para Deris Cantillo Alvarino  (madre)   

Daño Moral  

500  SMLV  para  cada  miembro  del  grupo  familiar   

Daño a la vida de relación  

250  SMLV  para  el  grupo familiar por la  desarticulación familiar.   

            

1.   Evaluación  sicológica   de  Deris  Isabel  Cantillo  Alvarino,  Wilson  Seguane  Cantillo,  Concepción,    José    Antonio,    Carlos   José   y   Digna   María   Mulet  Cantillo.   

2.  Declaración  extrajucio  de  Wilson  Seguane Cantillo sobre desplazamiento y bienes perdidos.    

3. Registros civiles de nacimiento de Deris  Isabel  Cantillo Alvarino, Carolina Contreras Seguane, Sergio Seguane Contreras,  Concepción,  Digna  María,   José  Antonio, Carlos José Mulet Cantillo,  Wilson Seguane Contreras.   

4.  Acta  levantamiento  y  necropsia  al  cadáver de Alexis Rojas Cantillo y registro de defunción.   

5.  Declaración  jurada  de Leonor María  Martínez.   

6. Certificado de Bautismo de Alexis José  Rojas Cantillo.   

7.  Certificación  del  contador público  José  Luis  Sepúlveda  Vizcaíno del 10 de febrero de 2009, según la cual los  ingresos  de Alexi José Rojas Cantillo era de $600.000 producto de su actividad  como agricultor independiente.   

8. Factura No. 0805 del 12 de marzo de 2000  respecto  de  los  gastos funerarios de Alexis Rojas Cantillo por $1’900.000.   

9.  Declaraciones  extra  proceso  sobre  soltería,   sin   unión   marital   de   hecho   ni   hijos  de  Alexis  Rojas  Cantillo.   

6.  

Pruebas  aportadas  audiencia  29 abril de  2010   

1. Poderes  

2.  Registros  Civiles  nacimiento  grupo  familiar   

3.    Fotocopia    cédulas    grupo  familiar   

4.  Partida de bautismo Alexis José Rojas  cantillo   

5.  Informe  pericial contable rendido por  contador de la defensoría pública sobre avalúo daños materiales   

6.  Valoración  sicológica  de  Wilson  Seguane Cantillo   

7.    Fotocopia    factura    gastos  funerarios.   

Testimonial:  solicitó  declaraciones  de  Wilson  Seguane  Cantillo,  contador y sicóloga defensoría del Pueblo. Solo se  decretó  y  recaudó  la  de  Wilson  Seguane  el 30 de abril y el 3 de mayo de  2010  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  acreditó  el  pago  de  la  suma de $1’900.000   por  concepto  de  gastos  funerarios  correspondientes  a  Alexis Rojas Cantillo con el  original  de  la  Factura  No.  0805  de  marzo 12 de 2000, según  la cual  fueron     sufragados     por     Wilson    Seguane  Cantillo,   suma   que  se  le  reconoce  debidamente  actualizada.   

$1’900.000   x   IPC  enero  de        2011       $1’900.000  x  106.19   =  $3’358.206        

         IPC                                   marzo                                   de  2000                60.08   

                                                                    

Lucro  cesante: No  se  acreditó  con  ningún  elemento probatorio idóneo el ingreso obtenido por  Alexis  Rojas  Cantillo para  el  momento  de  su  deceso,  por  lo cual se presumirá, tal como se expuso con  antelación,  que  devengaba  el  salario mínimo, esto es, $260.100, el cual ha  sido   actualizado   conforme   a   la   fórmula   ya   citada  quedando  en  $  430.989.   

Como en el caso anterior y en los restantes  que  se  analizarán  se  verificó  que  la víctima era una persona productiva  dedicada  a  las labores del campo, conforme las versiones suministradas por sus  familiares.  Así mismo, en este evento y en los demás, no se tendrá en cuenta  la  certificación  aportada,  según  la  cual Alexis  Rojas     Cantillo     devengaba    “un  ingreso  bruto  mensual promedio de seiscientos mil pesos (…)  producto   de   su   actividad   independiente   como  Agricultor…”137  por  cuanto  la  misma no  permite  a  la  Sala  adquirir conocimiento cierto sobre los ingresos percibidos  por   Rojas   Cantillo  al  momento  de  su muerte, en tanto no explica la razón por la cual se señala tal  cifra,   menos  aún  cuando  es  expedida  9  años  después  de  ocurrido  el  fallecimiento.  Aún  más,  la  liquidación  de  perjuicios  aportada  por  el  apoderado  de  víctimas  y  elaborada  por contadores de la Unidad Operativa de  Investigación  Criminal  de  la Defensoría Pública se realizó con fundamento  en  el  salario  mínimo  vigente para el año 2000, situación que evidencia la  falta de peso probatorio de tal documento.   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

Se  aplica  la  fórmula desarrollada en la  liquidación     anterior,     S=     Ra     x     (1+i)n    –  1,  la  cual  arroja la misma cifra de   

                         0.004867   

                                                  $77’910.856   

Este  rubro  se  deberá  entregar  en  su  totalidad   a   la   señora  Deris  Isabel  Cantillo  Alvarino,  madre del occiso, en tanto que Alexis  José Rojas Cantillo no era casado  o  en  unión  libre y no dejó descendencia, conforme se adujo por el apoderado  de   víctimas.   Así  mismo,  porque  se  aportó  declaración  jurada  extra  proceso138  según  la  cual  la  señora  Cantillo  Alvarino   dependía   económicamente  de  su  hijo.   

Lucro cesante futuro  

El  límite  de  vida  máximo  más  bajo  corresponde  al  de  la  señora Deris Isabel Cantillo  Alvarino nacida el 10 de diciembre de 1953. Conforme a  las  tablas aprobadas por la Superintendencia Financiera, la expectativa de vida  media    completa    de   Alexis   José  era  de  51.07 y la de Deris  era  de 33.53 siendo este el guarismo que se aplicará, por ser el  más bajo, así:   

S  =  R x (1+i)n  -1   

                      i(1+i)n   

Donde,         S  es  el  valor  que  ha  de pagarse como  anticipo  de  los  perjuicios  futuros,  R es   el  ingreso  o  salario  actualizado,  i  el  interés  legal  del  6%  anual  (0,004867)  y  n  el  número  de  meses  a  liquidar  (272  meses, descontados ya los 130 meses tenidos en cuenta como lucro  cesante consolidado).   

$430.989  (1+  0,004867)272  -1         =         430.989    x   3,7457    =   $64’913.525   

0.004867  (1+0.004867)272           0,018230   

                                                                   

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro), $142’824.381.   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $146’182.587   

Perjuicios morales  

La Sala, con fundamento en los criterios ya  expuestos   decretará   una   indemnización  por  este  concepto  en  cuantía  equivalente   a   la   suma  de  100  S.M.M.L.V  para  la  señora  Deris  Isabel  Cantillo  Alvarino y de 50  S.M.M.L.V   para  los  hermanos  (Concepción,  José  Antonio,    Digna    María,    Carlos   José   Mulet   Cantillo   y  Wilson  Seguane  Cantillo)  como  quiera  que  se  aportaron  los originales de los registros  civiles  de  nacimiento  de cada uno de los familiares, con los que se acreditó  su  relación  de  parentesco  con el fallecido, vínculo que permite deducir la  afectación moral sufrida.   

HOMICIDIO   DE   JORGE   ELIECER   TOVAR  PÉREZ   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (audiencia 29 abril 2010)             

Pruebas  aportadas    (caja    1   carpeta   10)  

Ulises Rafael Tovar  Martínez (padre)   

Fermina   Beatríz   Pérez   de   Tovar  (madre)   

Nelcy  Esther,  Cenith del Socorro, Ledis,  Hernando Rafael Tovar Pérez (hermanos)   

Otorgaron  poder  al  Dr. Leonardo Andrés  Vega el 23 de abril de 2010, reconocidos como víctimas             

Perjuicios Materiales   

Daño Emergente  

$3’369.372,56    por    gastos    funerarios    para   Ulises   Rafael  Tovar   

Lucro cesante  

Consolidado  

$30’539.219,71    para   Ulises   Rabel  Tovar   

$30’539.219,71   para   Fermina  Beatriz  Pérez   

$8’568.654,37 para Nelcy Esther Tovar Pérez   

Futuro  

$16’419.784,89   para   Ulises   Rafale  Tovar   

$16’419.784,89   para  Fermina  Beatríz  Pérez   

$9’141.549,13 para Nelcy Esther Tovar Pérez   

Daño Moral  

500  SMLV  para  cada  miembro  del  grupo  familiar por el dolor sufrido por el homicidio   

Daño a la vida de relación  

250 SMLV para el grupo familiar            

1.   Evaluación  sicológica   de   Ulises   Rafael   Tovar   Martínez,   Nelcy   Esther   Tovar  Pérez   

2.  Declaración  jurada  y  entrevista de  Nelcy  Tovar  Pérez  y  Ulises  Tovar Martínez ante la Fiscalía General de la  Nación.   

3.  Registros  civiles  de  nacimiento  de  Nelcy,    Cenith    del    Socorro,   Esther   Tovar,   Jorge   Eliécer   Tovar  Pérez   

4.  Acta  levantamiento  y  necropsia  al  cadáver de Jorge Eliécer Tovar Pérez.   

5.  Constancia  de  arrendamiento  de  una  bóveda.   

6.  Declaración  del  señor  José Julio  Contreras.   

Pruebas  aportadas  audiencia del 29 abril  2010   

1. Poderes  

2.  Registros  Civiles  nacimiento  grupo  familiar   

3.    Fotocopia    cédulas    grupo  familiar   

4.  Certificado  defunción  Jorge  Tovar  Pérez.   

5.  Entrevistas  de  Ulises Rafael Tovar y  Nelcy Tovar   

5.  Informe  pericial contable rendido por  contador de la defensoría pública sobre avalúo daños materiales   

6. Valoración sicológica de Nelcy Esther  Tovar Pérez   

7.    Fotocopia    factura    gastos  funerarios.   

Testimonial:  solicitó  declaraciones del  contador y la sicóloga defensoría del Pueblo.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  acreditó  el  pago  de  la  suma de $1’900.000   por  concepto  de  gastos  funerarios  correspondientes  a  Jorge  Eliécer Tovar Pérez  con   copia   de   la   factura   No.  0896  de  marzo  11  de  2000139, según la  cual    fueron    sufragados    por   Ulises   Tovar  Martínez,   suma  que  se  le  reconoce  debidamente  actualizada,    en   la   cuantía   ya   liquidada,   esto   es,   $3’358.206.   

Lucro  cesante: en  las   entrevistas   realizadas   por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  a  Ulises    Rafael    Tovar    Martínez                 (padre)140     y     Nelcy      Esther     Tovar     Pérez  (hermana)141  se  manifestó  por  ellos  cómo  Jorge  Eliécer  Tovar  Pérez,  a)  era  soltero, sin unión  libre,  ni  hijos;  b)  Devengaba  $5.000  diarios;  c) vivía en la zona de San  Cayetano   en   la   propiedad   de   Dalmiro  Rabel  Barrios, quien era su patrón; d) ayudaba a sus padres  y  hermanos,  residentes  en  Carmen  de Bolívar, lugar donde aún hoy residen,  razón  por  la cual, desde ya se anuncia, no se incluirán como desplazados, en  tanto  no  tuvieron  que  migrar de su residencia habitual a raíz de los hechos  del 10 y 11 de marzo de 2000.   

De ello se deduce, entre otras cosas, que el  ingreso  mensual  del fallecido era de $150.000 mensuales como jornalero. Siendo  ello así:   

$150.000  +  25% (prestaciones) = $187.500  –    25%    (gastos  propios)=$140.625   

Dicho salario se actualiza, así:  

$140.625  x  IPC  enero                            de                            2011(106.19)          $  248.551   

           IPC  marzo de 2000(60,08)   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

S=  Ra x (1+i)n  – 1   

                           i   

Donde,    S  es  la  suma  de  indemnización  debida, i  es la tasa de interés puro (0.004867),  n es el número de meses que  comprende  el  periodo  a  indemnizar  (130 meses desde la fecha de la muerte al  momento   de   la   liquidación)   y  1  es una constante matemática.   

$248.551  x ( 1 +  0.004867)130-1     =       $44’931.126   

                              0.004867   

Esta  cifra  se  entregará a los padres de  Jorge Eliécer Tovar Pérez,  señores  Ulises  Rafael  Tovar Martínez    y    Fermina   Beatriz   Pérez   de  Tovar, por cuanto no era casado o en unión libre y no  dejó  descendencia,  conforme  se  adujo  por  el  apoderado de víctimas. Así  mismo,  porque  se  aportó  declaración  jurada  extra proceso, según la cual  dependían  económicamente  de  su  hijo.  No  se  ordena  incluir a su hermana  Nelcy  Esther  Tovar Pérez,  porque  era  mayor  de  edad para la época del fallecimiento de su hermano y no  acreditó su imposibilidad de sostenimiento autónomo.   

Lucro cesante futuro  

El  límite  de  vida  máximo  más  bajo  corresponde  al  padre  del  fallecido,  señor Ulises  Rafael  Tovar,  nacido  el  14 de febrero de 1939; por  tanto,  su  expectativa  de  vida  media completa era 19.84 y la de Jorge  Eliécer era de 43.68. Se aplicará  la  más  baja, la cual arroja un periodo de 108 meses a indemnizar, descontados  los 130 meses liquidaos como lucro cesante consolidado, así:   

$248.511  (1+  0,004867)108 -1          =   248.511  x  0,6863         =         $20’839.103   

0.004867  (1+0.004867)108        0,008221   

Total    lucro    cesante   (consolidado   +  futuro)  $65’770.229   

Total daño material  (daño  emergente  +  lucro  cesante)  $69’128.437   

Perjuicios morales  

Igual  que en los casos anteriores, se fija  la  indemnización  en  cuantía equivalente a la suma de 100 S.M.M.L.V para los  padres   Ulises  Rafael  Tovar  Martínez    y   Fermina   Beatríz   Pérez   de  Tovar   y    50   S.M.M.L.V  para  los  hermanos  Nelcy  Esther, Cenith    del    Socorro,   Ledis        y        Hernando  Rafael Tovar Pérez, en tanto se  aportaron  los  originales de los registros civiles de nacimiento de cada uno de  los  familiares,  con  los  que  se  acreditó su relación de parentesco con el  fallecido,   vínculo   que   permite   deducir   la   afectación   sicológica  sufrida.   

HOMICIDIO   DE   MANUEL   GUILLERMO  YEPES  MERCADO   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (Audiencia abril 30/10)             

Pruebas  aportadas    (caja    1   carpeta   10)  

Bienvenida de Jesús  Mercado Yepes (madre)   

Juan Antonio y José Joaquín Yepes Mercado  (hermanos)   

Otorgaron  poder  al  Dr.  Alcides Estrada  Contreras,   reconocido   en  la  audiencia  del  3  de  mayo  de  2010  por  el  Tribunal.              

Perjuicios materiales   

Daño emergente:  

-Por  servicios  funerarios              $1’350.000,oo   

-Por   bienes   quemados  y  destruidos:  $190’600.000.  a  Juan  Antonio Yepes Mercado.   

Lucro cesante:  

$170’700.000 por dinero dejado de percibir  por    el   trabajo   del   occiso.   Sumas   a   distribuir   en   el   núcleo  familiar.   

Daño      Moral      subjetivo  por el daño causado: 600 S.M.L.V. para cada miembro del  grupo familiar.   

Daño a la vida de relación: 600 S.M.L.V. para cada miembro del grupo familiar.             

1.   Evaluación  sicológica de Juan Antonio y José Joaquín  Yepes Mercado   

2.  Declaración  jurada de Isabel García  Martínez.   

3.  Registros  civiles  de  nacimiento  de  Manuel, Juan Antonio Yepes Mercado, Bienvenida Mercado Yepes.   

4.  Acta  levantamiento  y  necropsia  al  cadáver de Manuel Yepez Mercado y registro de defunción.   

5. Partida de Bautismo de Manuel Guillermo  Yepez Mercado.   

6.  Certificado  del  8  febrero  de  2009  contador  público  Eduar  José  Posso González sobre ingresos de Juan Antonio  Yepes  Mercado,  hermano  de  Manuel Guillermo Yepes Mercado, para el año 2000,  los  cuales  fija  en  $500.000,  quien tuvo que desplazarse por tal hecho. Así  mismo  refiere que MANUEL DE JESUS MERCADO YEPES tenía una propiedad de 60 Hct.  Cultivadas, así:   

Ñame    1    Hct.    $6’   

Yuca     1    Hct.    $3’   

½ Hct. Plátano $800.000.  

10   Hct.  Silvopastoril  $8’   

Vivienda   quemada   y   enseres   por  $5’   

Animales carga (2) $800.000.  

Cría de cerdos (5) $350.000.  

Aves de corral (15) $150.000.  

Pruebas  aportadas  audiencia  del  30  de  abril   

1. Poderes  

2.   Declaraciones   juramentadas  grupo  familiar   

3.  Fotocopia  registros  civiles  grupo  familiar   

4.  Certificados  personería  María  La  Baja   

5.  Solicita inspección judicial al lugar  de  los  hechos para verificar cultivos abandonados por las víctimas y el valor  de los mismos.   

Pruebas    aportadas    el    14    de  mayo/10   

    

1. Declaraciones juramentadas   

2. Registros civiles nacimiento.   

3. Registro de defunción.   

4. Protocolo de necropsia.   

5. Valoración sicológica al núcleo familiar.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  reconoce     la     suma     de     $3’358.206  a  favor  de  Juan Yepes Mercado  quien  acreditó  haber  sufragado  los  gastos  funerarios correspondientes con  copia de la Factura No. 0834 de marzo 11 de 2000.   

Lucro  cesante: no  se  acreditó  con  ningún  elemento probatorio idóneo el ingreso obtenido por  Manuel    Guillermo    Yepes    Mercado  para  el  momento  de  su  deceso,  por  lo cual se presumirá que  devengaba  el  salario  mínimo,  esto  es, $260.100, actualizado para efecto de  liquidación en $ 430.989.   

Ello  por  cuanto se trataba de una persona  productiva  dedicada  a  las labores del campo, de la cual dependía el sustento  de  la  señora  Bienvenida Mercado Yepes  (madre),  conforme  las  declaraciones  extra proceso rendidas por  Carmen Alicia y Federico   Antonio   Ledesma   Contreras,  Nelis    del    Carmen  Caro  Pimienta, Ariel    Eduardo   García   Ledesma   y  Eda  Luz Funieles Padilla142.   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

Según la formula utilizada y explicada con  antelación,    este    concepto    arroja    una   cuantía   de   $77’910.856,  que  deberá  entregarse  en  su  totalidad    a    Bienvenida   de   Jesús   Mercado  Yepes,  madre  del fallecido, en tanto no era casado o  en  unión  libre y no dejó descendencia, conforme se adujo por el apoderado de  víctimas.  Así mismo, porque se aportó la prueba de la dependencia económica  de la progenitora respecto del hijo fallecido.   

Lucro cesante futuro  

El  límite  de  vida  máximo  más  bajo  corresponde  al  de  la  señora  Bienvenida  Mercado  Yepes, nacida el 22 de septiembre de 1926, equivalente  a   10.88,   frente  al  de  Manuel  Guillermo  Yepes  Mercado  que  era  de  41.18,  razón  por  la cual se  tendrá  como periodo a indemnizar 2 meses, descontados los 130 meses tenidos en  cuenta como lucro cesante consolidado.   

$430.989  (1+  0,004867)2  -1       =    430.989   x  1,0097       =        $855.811   

           0.004867  (1+0.004867)2                 0,004914   

El lucro cesante futuro debido a la señora  Bienvenida   de   Jesús  Mercado  Yepes    asciende    a    $855.811,    conforme    a    la   liquidación  efectuada.   

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro),  $78’766.667.   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $82’124.873   

Perjuicios morales  

La Sala, con fundamento en los criterios ya  expuestos   decretará   una   indemnización  por  este  concepto  en  cuantía  equivalente    a    la    suma    de    100    S.M.M.L.V    para    Bienvenida  de Jesús Mercado Yepes, en su  condición   de   mamá   y   50   S.M.M.L.V   para  los  hermanos  Juan     Antonio     y    José  Joaquín  Yepes Mercado en tanto se  aportaron sus registros civiles de nacimiento.   

HOMICIDIO    GABRIEL   ANTONIO   MERCADO  GARCÍA   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones   (audiencia   del  30  de  abril/10)             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   5)  

Manuel  de  Jesús  Mercado Yepes (padre)   

Sixta Tulia García (madre)  

Escilda,  Manuel,  Alfonso,  Josefa, Julio  César,  Rosa  Esther,  Luz  Marina, Elena Cecilia, Nuvia Esther Mercado García  (hermanos)   

Otorgaron  poder  al  Dr.  Alcides Martín  Estrada Contreras             

Perjuicios materiales   

Daño emergente:  

-Por  servicios  funerarios              $1’350.000,oo   

-Por   bienes   quemados  y  destruidos:  $189’600.000.   

Lucro cesante:  

$170’700.000 por dinero dejado de percibir  por    el   trabajo   del   occiso.   Sumas   a   distribuir   en   el   núcleo  familiar.   

Daño      Moral      subjetivo  por el daño causado: 600 S.M.L.V. para cada miembro del  grupo familiar.   

Daño a la vida de relación: 600 S.M.L.V. para cada miembro del grupo familiar.   

Medidas Rehabilitación  

1. Atención médica y sicológica para el  grupo familiar.   

2.   Capacitación   por   parte   del  Sena.   

3.   Subsidios  de  para  fortalecer  el  desarrollo de la vereda las Brisas.   

Medidas Rehabilitación  

-Atención médica y sicológica  

–  Subsidios  de  sostenimiento  para  la  vereda   

–  Educación  completa  para  el  grupo  familiar.   

–  Se  incluyan  de  manera prioritaria en  indemnización administrativa   

Medidas de Satisfacción  

Se restablezca la dignidad y reputación de  la familia y se diga que no eran guerrilleros.             

1.  Registro  de  defunción    y    acta    levantamiento    cadáver    de    Gabriel    Mercado  García.   

2. Declaraciones juradas de Isabel García  Martínez y Alfonso Rafael Mercado García.   

3.  Registros  civiles  de Gabriel, Rafael  Enrique,   Alfonso  Rafael,  Julio  Cesar,  Manuel Jesús, Rosa Esther, Luz  Marina, Elena Cecilia y Nuvia Esther Mercado García.   

4. Factura No. 0793 del 11 de marzo de 2000  respecto  de los gastos funerarios de Gabriel Mercado García por $1’900.000.   

5.  Declaración  extra  proceso  de Noris  Esther  Saenz  Monroy  sobre  soltería,  no hijos ni unión marital de hecho de  Gabriel Mercado García.   

6.  Certificado  del  5  febrero  de  2009  contador  público Eduar José Posso González sobre ingresos de Gabriel Mercado  García para el año 2000, así:   

–  El padre de la víctima era propietario  de un predio de 60 hectáreas cultivadas así:   

2   Hct.   Ñame   por   $12’   

2   Hct.   Maíz   por   $1’6’   

2   Hct.   Yuca   por   $6’   

2   Hct.   Plátano  por  $2’   

2   Hct.   Mango   por   $2’.   

Dos  viviendas  quemadas  con  todos  sus  enseres valor $5’   

Animales     de     cargas     (1)  $800.000,oo.   

Aves  de  corral  (29)  por  $400.000,oo   

7.  Certificado  de  ingreso  del contador  citado sobre ingresos de Gabriel Mercado García por $600.000,oo.   

Pruebas aportadas audiencia del 30 de abril  de 2010   

1. Poderes  

2.   Declaraciones   juramentadas  grupo  familiar   

3.  Fotocopia  registros  civiles  grupo  familiar   

4.  Certificados  personería  María  la  Baja   

5.  Solicita inspección judicial al lugar  de  los  hechos para verificar cultivos abandonados por las víctimas y el valor  de los mismos.   

Pruebas  aportadas  el  14  de  mayo  de  2010   

1.  Certificado  valores cultivos expedida  por  el  jefe  de  Oficina  Negocios  y  Comercialización  Alcaldía  San  Juan  Nepomuceno.   

2. Valoraciones sicológicas de la familia  Mercado García.   

3.  Registro  civiles de nacimiento de los  hermanos de Gabriel Mercado García.   

4.  Registro defunción de Gabriel Antonio  Mercado García.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  reconoce   a   Alfonso  Mercado  García     la    suma    de    $3’358.206,         pues   acreditó   haber   sufragado   los   gastos   funerarios  de  Gabriel  Mercado García con  la Factura No. 0793 de marzo 11 de 2000.   

Solicitó  el  apoderado de estas víctimas  indemnización  por  los  bienes  quemados  y  destruidos,  para lo cual aportó  documento,  según  el  cual  en  la propiedad de 60 hectáreas del padre de los  hermanos  Rafael  Enrique y  Gabriel      Antonio  (fallecidos),     señor     Manuel    de    Jesús  Mercado, ubicada en la región Pela el Ojo, vereda Las  Brisas,  existían  cultivos,  animales,  bienes muebles, inmuebles y enseres en  cuantía  de  41.8  millones  de  pesos,  que  debieron  ser  abandonados  y  se  destruyeron.  Se  concederá  esta indemnización a favor del propietario de los  bienes  destruidos,  señor  Manuel de Jesús Mercado  Yepes.   

$41’800.000  x  IPC enero de 2011(106.19)           $74’374.500   

                IPC marzo de 2000(60,08)   

Esta  será  la  suma  a  reconocer y no la  planteada  por  el apoderado, en tanto no otorgó ningún elemento de juicio que  permita  saber  de  dónde obtuvo la cifra invocada como indemnización, pues no  aportó   declaraciones,   documentos,  experticias  y,  en  general,  cualquier  elemento de convicción que la respalde.   

Adicionalmente,   como  tienen  un  mismo  sustento   y   se   piden   tanto   en   la   indemnización   de   Rafael     Enrique    y    Gabriel    Antonio    Mercado   García,  únicamente  se liquidará en una ocasión, además porque eran de propiedad, no  de  los  fallecidos,  sino  de  su  padre quien debió abandonarlos en virtud al  desplazamiento forzado.   

Por  tanto,  se  reconocerá  la  suma  de  $74’374.500  por concepto de daño emergente a  entregar  a Manuel de Jesús Mercado Yepes  y  referente  al  desplazamiento  forzado,  sólo  que por efectos  prácticos se liquida en este acápite.   

Total   daño  emergente  $77’732.706   

Lucro  cesante: No  se  demostró  con  ningún  elemento probatorio idóneo el ingreso obtenido por  Gabriel    Antonio    Mercado   García  para  el  momento  de  su  deceso,  por  lo cual se presumirá que  devengaba  el salario mínimo, esto es, $260.100, el cual se actualiza arrojando  una          suma         de         430.989143.   

Lo anterior por cuanto se le acreditó como  una  persona  productiva  dedicada a las labores del campo, de la cual dependía  el   sustento   de   sus   padres  Manuel  de  Jesús  Mercado   y   Sixta  Tulia  García,   conforme   la   entrevista   rendida   por  Alfonso    Rafael    Mercado    García    ante    la   Fiscalía   General   de   la   Nación144.   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

Por este concepto se liquida y reconoce, al  igual    que    en    los   restantes   eventos,   la   suma   de   $77’910.856,  utilizando  idéntica  técnica  a la allí explicada.   

Esta   cifra  deberá  entregarse  en  su  totalidad  a  Manuel  de  Jesús  Mercado   y   Sixta  Tulia  García  padres  del fallecido, porque no era casado o en unión libre y no  dejó   descendencia,   conforme   se  adujo  por  el  apoderado  de  víctimas.   

Lucro cesante futuro  

El  límite  de  vida  máximo  más  bajo  corresponde   al   de   la   señora   Sixta   Tulia  García,  nacida el 24 de junio de 1924, equivalente a  9.43,  frente  al  41.51  de  Gabriel Antonio Mercado  García,  motivo  por  el  cual  no se liquidará esta  clase  de  indemnización  por  cuanto  el  lapso  de  expectativa  de  vida  de  Sixta  Tulia García ha sido  superado.    

Total    lucro    cesante   (consolidado   +  futuro)  $77’910.856   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente      +     lucro     cesante)     $155’643.562   

Perjuicios morales  

Se  fijan  100  S.M.M.L.V para Manuel  de  Jesús  Mercado y Sixta  Tulia  García, en su condición de  padres   y   50   S.M.M.L.V   para   cada  uno  de  los  hermanos:  Escilda,  Manuel  de  Jesús, Alfonso Rafael, Josefa, Julio César,  Rosa  Esther,  Luz  Marina, Elena Cecilia y  Nuvia  Esther Mercado García, porque se  acreditó  con  los  registros  civiles de nacimiento la relación de parentesco  con  el  fallecido,  vínculo  que  permite  deducir  la afectación sicológica  sufrida.   

HOMICIDIO    RAFAEL    ENRIQUE   MERCADO  GARCÍA   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (audiencia del 30 de abril/10)             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   6)  

Manuel  de  Jesús  Mercado Yepes (padre)   

Sixta Tulia García (madre)  

Escilda,  Alfonso,  Josefa,  Manuel, Julio  César,  Rosa  Esther,  Luz  Marina, Elena Cecilia, Nuvia Esther Mercado García  (hermanos) y   

Heillen   Margarita   Mercado   Pérez  (hija)   

Otorgaron  poder  al  Dr.  Alcides Martín  Estrada Contreras             

Perjuicios materiales   

Daño emergente:  

-Por  servicios  funerarios              $1’300.000,oo   

-Por   bienes   quemados  y  destruidos:  $190’600.000.   

Lucro cesante:  

$160’700.000 por dinero dejado de percibir  por    el   trabajo   del   occiso.   Sumas   a   distribuir   en   el   núcleo  familiar.   

Daño      Moral      subjetivo  por el daño causado: 600 S.M.L.V. para cada miembro del  grupo familiar.   

Daño a la vida de relación: 600 S.M.L.V. para cada miembro del grupo familiar.   

            

1. Acta levantamiento  cadáver de Rafael Enrique Mercado García.   

2.  Declaración  jurada  de Leonor María  Martínez Sierra.   

3.  Registros  civiles  de Gabriel, Rafael  Enrique,  Alfonso  Rafael,  Julio  Cesar  Mercado  García  y  Margarita Mercado  Pérez.   

4. Factura No. 0794 del 11 de marzo de 2000  respecto  de  los gastos funerarios de Rafael Mercado García por $1’900.000.   

5.  Declaración  extra  proceso  de Noris  Esther  Saenz  Monroy  sobre  unión marital de hecho de Gabriel Mercado García  con  Leonor  Pérez  con  quien tenía una niña de nombre Eylen Margarita   Mercado Pérez.   

6.  Certificado  del  5  febrero  de  2009  contador  público  Eduar José Posso González sobre ingresos de Rafael Enrique  Mercado García para el año 2000, así:   

El padre de la víctima era propietaria de  un predio de 60 hectáreas cultivadas así:   

2   Hct.   Ñame   por   $12’   

2   Hct.   Maíz   por   $1’6’   

2   Hct.   Yuca   por   $6’   

2   Hct.   Plátano  por  $2’   

6  Hct.  Silvopastoril  por $5’.   

Dos  viviendas  quemadas  con  todos  sus  enseres valor $5’   

Cría  de  lechones  (7)  $3’   

Ganado   vacuno   (5)   $6’   

Animales de carga (1) $800.000.  

Aves   de   corral  (20)  por  $400.000.   

7.  Certificado  de  ingreso  del contador  citado    sobre    ingresos    de    Rafael    Enrique   Mercado   García   por  $800.000,oo.   

8.  Evaluación sicológica de Julio Cesar  Mercado García y Sixta Tulia García de Mercado.   

Pruebas aportadas audiencia del 30 de abril  de 2010   

1. Poderes  

2.   Declaraciones   juramentadas  grupo  familiar   

3.  Fotocopia  registros  civiles  grupo  familiar   

4.  Certificados  personería  María  la  Baja   

5.  Solicita inspección judicial al lugar  de  los  hechos para verificar cultivos abandonados por las víctimas y el valor  de los mismos.   

Pruebas  aportadas  el  30  de  abril  de  2010   

1. Protocolo de necropsia de Rafael Mercado  García.   

2.  Registros  civiles de nacimiento grupo  familiar.   

3.  Registro  defunción de Rafael Enrique  Mercado García.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: se  reconoce   a   Alfonso  Mercado  García     la    suma    de    $3’358.206  por  cuanto     acreditó     el     pago    de    la    suma    de    $1’900.000   por   concepto   de  gastos  funerarios  correspondientes  a Rafael Enrique Mercado  García  con  copia de la factura No. 0794 de marzo 11  de 2000.   

El  daño  emergente  solicitado  por  la  pérdida  de  cultivos,  semovientes,  aves  y  enseres  de propiedad del señor  Manuel   Mercado  ya  fue  reconocido en la liquidación anterior.   

Lucro  cesante: Al  igual  que  en  los  casos  anteriores,  ante  la ausencia de prueba de ingresos  ciertos,  se  presumirá  que  Rafael Enrique Mercado  García  para  el  momento  de  su deceso devengaba el  salario  mínimo,  esto es, $260.100, el cual debidamente actualizado asciende a  $  430.989145.   

Pero  sí  se acreditó que era una persona  productiva  dedicada  a  las labores del campo, de la cual dependía el sustento  de    su    hija    Heillen    Margarita    Mercado  Pérez,   conforme   la   entrevista   rendida   por  Alfonso   Rafael   Mercado   García   ante  la Fiscalía General de la Nación146   y   al  registro  civil  aportado147.   Sus   padres   dependían   del  hermano  soltero  (Gabriel  Antonio  Mercado  García), como  quedó  expuesto  en el acápite inmediatamente anterior, por lo que respecto de  ellos no se reconocerá este tipo de indemnización.   

Lucro      cesante     pasado     o  consolidado   

Con  igual  criterio  al  plasmado para las  víctimas  de homicidio y utilizando idéntico método matemático, se determina  una      indemnización      de     $77’910.856,  para   Heillen  Margarita  Mercado  Pérez  hija  del fallecido y quien dependía  económicamente del mismo.   

Lucro cesante futuro  

Este rubro sólo se reconoce a Heillen  Margarita  Mercado  Pérez, pero  únicamente  por  el  lapso  de 16 meses, porque el 24 de mayo de 2012 cumplirá  los  25  años  de  edad  (nació  en  el  año  1987),  fecha en la que cesa la  obligación  alimentaria  de  carácter  legal entre padres e hijos, siempre que  adelante  estudios   (cuando  no  existen  situaciones  de  invalidez, como  ocurre en este evento).   

S  =  R x (1+i)n  -1   

                      i(1+i)n   

Donde,         S  es  el  valor  que  ha  de pagarse como  anticipo  de  los  perjuicios  futuros,  R es   el  ingreso  o  salario  actualizado,  i  el  interés  legal del 6% anual (0,004867)  y  n  el  número  de  meses  a  liquidar  (16  meses,  descontados ya los 130 meses tenidos en cuenta como lucro  cesante consolidado).   

$430.989  (1+  0,004867)16  -1      =  430.989 x  1,0807     =   $6’612.322   

0.004867  (1+0.004867)16           0,00526   

                                                                           

Total    lucro    cesante   (consolidado   +  futuro)  $84’523.178   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente      +     lucro     cesante)     $87’881.384   

Perjuicios morales   

Como  este  clan  familiar  ya  había sido  indemnizado   por  la  pérdida  de  Gabriel  Antonio  Mercado   García,  la  Corporación  fija  una  suma  adicional  de  20  S.M.M.L.V  para  Manuel  de Jesús  Mercado   y   Sixta  Tulia  García,  en su condición de padres y de 10 S.M.M.L.V  a  cada  uno  de  los  hermanos:  Escilda,  Manuel de  Jesús,  Alfonso  Rafael,  Josefa,  Julio César, Rosa Esther, Luz Marina, Elena  Cecilia, Nuvia Esther Mercado García.   

HOMICIDIO  DE  JOSÉ  DEL  ROSARIO  MERCADO  GARCÍA   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones  (audiencia abril 30/10)             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   7)  

-Carmen Elena Rodelo  Barrios (esposa)   

-Karen Paola, José Alfonso, Diana Patricia  y Saidit Mercado Rodelo  (hijos)   

-Manuel   de   Jesús   Mercado   Yepes  (padre)   

Sixta Tulia García (madre)  

Escilda,  Alfonso,  Josefa,  Julio César,  Rosa   Esther,   Luz   Marina,  Elena  Cecilia,  Nuvia  Esther  Mercado  García  (hermanos)   

Otorgaron  poder  al  Dr.  Alcides Martín  Estrada Contreras             

Perjuicios materiales   

Daño emergente:  

-Por  servicios  funerarios              $1’400.000,oo   

-Por   bienes   quemados  y  destruidos:  $198’600.000.   

Lucro cesante:  

$165’700.000 por dinero dejado de percibir  por    el   trabajo   del   occiso.   Sumas   a   distribuir   en   el   núcleo  familiar.   

Daño      Moral      subjetivo  por el daño causado: 600 S.M.L.V. para cada miembro del  grupo familiar.   

Daño a la vida de relación: 600 S.M.L.V. para cada miembro del grupo familiar.             

Pruebas  aportadas  audiencia del 30 de abril de 2010   

1. Poderes  

2.   Declaraciones   juramentadas  grupo  familiar   

3.  Fotocopia  registros  civiles  grupo  familiar   

4.  Certificados  personería  María  la  Baja   

5.  Solicita inspección judicial al lugar  de  los  hechos para verificar cultivos abandonados por las víctimas y el valor  de los mismos.   

Pruebas  aportadas  el  14  de  mayo  de  2010   

1.  Registros  civiles nacimiento de Nuvia  Esther,  Julio, Alfonso Rafael, Luz Marina Cesar, Elena Cecilia Mercado García;  Carmen Elena Rodelo Barrios.   

2.  Certificados  sobre la muerte de José  del Rosario Mercado García.   

3.   Registro   de   defunción  y  acta  levantamiento de cadáver.  

Perjuicios materiales  

Daño  emergente:  Carmen   Rodelo   Barrios  acreditó  el  pago  de  la  suma de $1’900.000   por   concepto   de   gastos  funerarios  de  José  del  Rosario  Mercado  García con  copia  de  la  Factura  No.  0806  de marzo 12 de 2000, motivo por el cual se le  reconocerá   la  suma  actualizada  de  $3’358.206.   

El  daño  emergente  solicitado  por  la  pérdida  de  cultivos,  semovientes,  aves y enseres en la propiedad del señor  Manuel   Mercado  ya  fue  reconocido  en  la  liquidación anterior y la certificación aportada dentro de  la  carpeta  no  hace claridad sobre si se trata de otros elementos diferentes a  los   ya  reconocidos,  más  aún  cuando  incorpora  similares  rubros  a  los  reconocidos     a     don    Manuel    de    Jesús  Mercado,   padre   de   los   hermanos   José    del    Rosario,   Rafael     Enrique    y    Gabriel  Antonio  Mercado García, muertos  los tres el 11 de marzo de 2000.   

Lucro cesante: No  se  acreditó  con  ningún  elemento probatorio idóneo el ingreso obtenido por  José   del   Rosario   Mercado  García  para  el  momento de su deceso, por lo cual se tendrá como tal el  salario   mínimo   de   la   época,   esto   es,  $260.100,  actualizado  a  $  430.989148.   

Sin embargo, se demostró como una persona  productiva  dedicada  a  las labores del campo, de la cual dependía el sustento  de  sus  hijos  (José Alfonso, Saidit, Diana Patricia  y   Karen  Paola  Mercado  Rodelo)  y  de  su compañera permanente (Carmen  Elena  Rodelo  Barrios), madre de  aquellos,  conforme  la entrevista rendida por Alfonso  Rafael  Mercado García ante la Fiscalía General de la  Nación149,   los   registros  civiles  aportados150  y  la  declaración extra  proceso    de    Eduardo    Antonio    Rivera    de  Avila151.   

Lucro     cesante     pasado     o  consolidado   

Realizada la operación matemática con la  fórmula   pertinente,  se  determina  una  indemnización  por  este  rubro  de  $77’910.856  por  los 130  meses  transcurridos  desde la fecha de la muerte al momento de la liquidación,  la   cual  se  reconoce  a  la  compañera  permanente  del  fallecido,  señora  Carmen  Elena Rodelo Barrios  y  a  sus  hijos José Alfonso, Saidit, Diana Patricia  y   Karen  Paola  Mercado  Rodelo,  menores de edad para el momento de su deceso,  en la proporción prevista en la ley.   

Lucro cesante futuro  

El  límite  de  vida  máximo  más  bajo  corresponde  a Carmen Elena Rodelo Barrios,  nacida el 29 de enero de 1953 porque arroja 32.61 frente al 32.64  de  José  del  Rosario  Mercado  García,  por  lo  cual  se  liquidará un periodo de indemnización de 261  meses,   descontados  los  130  meses  tenidos  en  cuenta  como  lucro  cesante  consolidado.   

$430.989  (1+  0,004867)261 -1      =  430.989 x  2,550         =      $63’896.625          0.004867  (1+0.004867)261                0,00172   

                                                                      

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro), $141’807.481   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $145’165.687.   

Perjuicios morales  

Con   fundamento   en  los  lineamientos  expuestos  se  establece una indemnización en cuantía de 100 S.M.M.L.V para su  compañera  Carmen  Helena Rodelo Barrios  y sus hijos José Alfonso, Saidit, Diana  Patricia   y  Karen  Paola  Mercado Rodelo.   

Para  Manuel de  Jesús  Mercado Yepes y Sixta  Tulia  García 20  S.M.M.L.V. adicionales y a los  hermanos  Escilda,  Manuel de Jesús, Alfonso Rafael,  Josefa,  Julio  César,  Rosa  Esther,  Luz  Marina,  Elena  Cecilia     y     Nuvia     Esther    Mercado  García,  10  S.M.M.L.V. extras de los ya decretados a  ellos.   

HOMICIDIO    DE    WILFRIDO    MERCADO  TAPIA   

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones   (audiencia   del  30  de  abril/10)             

Pruebas  aportadas    (caja     carpeta   )  

Dilia  del  Socorro  Tapia Gloria (madre)   

Manuel   de   Jesús   Mercado   García  (padre)   

Alfredo,  Ingris  y  Yamile  Mercado Tapia  (hermanos)   

Otorgaron  poder  al  Dr.  Alcides Martín  Estrada Contreras             

Perjuicios materiales   

Daño emergente:  

-Por  servicios  funerarios              $1’100.000,oo   

-Por   bienes   quemados  y  destruidos:  $170’600.000.   

Lucro cesante:  

$150’700.000 por dinero dejado de percibir  por    el   trabajo   del   occiso.   Sumas   a   distribuir   en   el   núcleo  familiar.   

Daño      Moral      subjetivo  por el daño causado: 600 S.M.L.V. para cada miembro del  grupo familiar.   

Daño a la vida de relación: 600 S.M.L.V. para cada miembro del grupo familiar.             

.   

Pruebas aportadas audiencia del 30 de abril  de 2010   

1. Poderes  

2.   Declaraciones   juramentadas  grupo  familiar   

3.  Fotocopia  registros  civiles  grupo  familiar   

4.  Certificados  personería  María  la  Baja   

5.  Solicita inspección judicial al lugar  de  los  hechos para verificar cultivos abandonados por las víctimas y el valor  de los mismos.   

Pruebas  aportadas  el  14  de  mayo  de  2010   

1. Declaraciones juramentadas  

2.  Registros  civiles nacimiento de Lilia  Tapia Gloria   

Alfredo,  Igris, Yamile y Wilfredo Mercado  Tapia   

3.  Registro  defunción  Wilfredo Mercado  Tapia   

4.  Protocolo  de  necropsia  y  acta  de  levantamiento.  

Perjuicios materiales  

Daño emergente: A  Manuel Mercado García se le  reconoce  por  este concepto la suma de $3’358.206 por  cuanto   demostró   el   pago   de   los   gastos  funerarios  de  Wilfrido  Mercado  Tapia  con copia de la  factura No. 0804 de marzo 12 de 2000.   

El  daño  emergente  solicitado  por  la  pérdida  de  cultivos,  semovientes, aves y enseres se reconocerá en virtud de  la  declaración  jurada  rendida por el señor Manuel  de        Jesús        Mercado        García152 (padre del fallecido) ante  la  Inspección  de Policía de San Juan Nepomuceno en la que detalla los rubros  y     sus     valores,     los     cuales     ascienden     a    $14’320.000,   bienes   que  eran  de  su  propiedad  y  debieron  abandonarse,  razón  por  la  cual  se  le  compensará  económicamente, así.   

$14’320.000      x     IPC  enero  de  2011  =$14’320.000x  106.19  =  $25’310.266   

            IPC  marzo  de  2000                           60.08   

                                                                   

Lucro cesante: Al  momento   de   su   muerte   Wilfredo  Mercado  Tapia  tenía  23  años de edad, sin unión marital de hecho  ni  hijos,  vivía  con sus padres y hermanos en la finca de su abuelo, y ganaba  para  su  propio  sustento  y  el  de  sus  progenitores,  sin  que exista medio  probatorio  debidamente  sustentado  indicativo  de  sus ingresos, razón por la  cual  se  presumirá  que  devengaba el salario mínimo debidamente actualizado,  esto          es,         $430.989.   

Lucro     cesante     pasado     o  consolidado   

Con relación a los 130 meses transcurridos  desde  la  fecha  de  la  muerte  al momento de la liquidación se tasa por este  rubro      la      suma     de     $77’910.856,  cifra que deberá entregarse a sus padres.   

Lucro cesante futuro  

Para el caso y visto que le sobreviven los  dos  padres,  se tomará como límite de vida máximo más bajo el de la señora  Dilia    del   Socorro   Tapia   Gloria,  nacida  el  12 de septiembre de 1953, esto es, 33.531, que supera  el  limite  de  vida  de  51.88  previsto  en  las tablas de la Superintendencia  Financiera  para  Wilfredo  Mercado Tapia.  Por ello, el periodo a indemnizar será de 272 meses, descontados  los 130 meses tenidos en el rubro anterior.   

$430.989  (1+  0,004867)272  -1                =            $64’913.137   

           0.004867  (1+0.004867)272     

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro),  $142’823.993   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $171’492.465   

Perjuicios morales  

En razón a los lineamientos expuestos, se  fija  una  indemnización  por  este concepto de 100 S.M.M.L.V para Dilia   del   Socorro   Tapia   Gloria  y  Manuel   de   Jesús   Mercado   García   (padres)   y   para   Alfredo,  Ingris  y    Yamile    Mercado  Tapia  (hermanos),  50  S.M.L.V. en tanto se acreditó  con  los  registros  civiles  de  nacimiento  la  relación de parentesco con el  fallecido,   vínculo   que   permite   deducir   la   afectación   sicológica  sufrida.   

HOMICIDIOS  JOAQUÍN  POSSO  ORTEGA,  JOSÉ  JOAQUÍN y   

ALFREDO LUIS POSSO GARCÍA  

Víctimas  reconocidas             

Pretensiones             

Pruebas  aportadas    (caja    1    carpeta   3)  

Etelinda Rosa García  Rodríguez (madre)   

Martha  Cecilia  Posso  García,  Liliana  Judith y Mary Luz Posso García(hermanas)   

Carpeta 1 de la caja 1  

Etelinda   García   Rodríguez,  Martha  Cecilia,  Liliana  Judith  y  Mary  Luz  Posso García otorgan poder al defensor  público Leonardo Andrés Vega el día 29 de abril de 2010.             

1.   Perjuicios  patrimoniales   

Daño emergente  actualizado  $3’282.939,41  a favor de Martha Cecilia Posso García por gastos funerarios.   

2.         $176’242.010,65   a   favor  del  núcleo  familiar.   

Lucro cesante  

Debido:  

Respecto   de   Joaquín   Posso  Ortega  “257’059.631,05   

Alfredo Luis Posso García  

$257’059.631,05   

José Joaquín Posso García  

$55’717.675.   

Total:        $569’836.937,13    exclusivamente   para  Etelinda Rosa García   

Futuro:  

Exclusivamente  para Etelinda Rosa García  un       total       de       $324’325.287   

Por Joaquín Posso Ortega  

$146.306.659,30  

Por Alfredo Luis Posso G.  

$146’306.659,30   

Por José Joaquín Posso G.  

$31’711.968,40   

Total:       $1.073’687.174,19   

2.  Perjuicios  extrapatrimoniales   

Daño Moral  

Lo fija en 500 S.M.L.M.V. para cada miembro  del grupo familiar.   

Daño vida de relación  

250    S.M.L.M.V.    para   el   grupo  familiar   

            

1.  Certificados de  registro  civil  de  nacimiento de: Martha Cecilia, Alfredo Luis, Etelinda Rosa,  Liliana Judith, Mary Luz y Sandra Elena Posso García.   

2. Acta levantamiento cadáver y necropsia  de José Joaquín Posso García.   

3.  Factura  No.  0802 de marzo 11 de 2000  Funeraria  San  José,  gastos  funerarios  de  José Joaquín Posso García por  $1’900.000.   

4.  Certificado  contador  público  Eduar  Posso González del 28 enero de 2009 en la que dice:   

–  Joaquín  Posso  Ortega  es propietario  terreno de 45 hectáreas en la vereda Las Brisas   

–  Para  el  año  2000,  5  hectáreas de  frutales   con   un   valor   de   $6’;       10       Hct.       cultivos       por      $15’;   8   Hct.   Rastrojo;   16   Hct.  Silvopastoril       por       $15’.   

2  viviendas  quemadas con sus enseres por  $25’.   

Cría  de lechones (15) por $6’   

Ganado  Vacuno  (30)  por  $28’   

Animales de carga (10) por $10’   

Aves  de  corral  (70)  por $2’.   

5.  Certificado  del  mismo contador del 5  febrero  2009  sobre ingresos de José Joaquín Posso García para el año 2000,  los cuales fija en $900.000.   

6.  Declaración  extra  proceso de Rafael  Gustavo  Luna  Zapata  sobre  soltería  y  no  unión marital de hecho de José  Joaquín Posso García.   

Documentos  entregados audiencia de mayo 7  de 2010-   

1.  Certificación  bancaria  de préstamo  otorgado   a   Martha   Posso   G.  $5’5 por Coop. Multiactiva Educadores Ltda.   

2.  Entrevistas  a Martha y Liliana Judith  Posso   García   efectuadas   por   la   personería  Municipal  de  María  la  Baja.   

3.   Avalúo   de  daños  y  perjuicios  ocasionados   por   los   homicidios  y  el  desplazamiento  respecto  al  grupo  familiar   Posso  García,  realizado por EDGAR ENRIQUE BETANCOURT RUBIANO,  funcionario  de la Unidad operativa de Investigación Criminal de la Defensoría  del Pueblo.   

4.  Valoraciones  sicológicas  de Martha,  Mary  Luz y Liliana Posso García y de Etelinda García Rodríguez realizado por  Ana Mercedes Ojeda Pérez de la Defensoría del Pueblo.   

Documentos  reposan  en la caja #1 carpeta  #1   

1. Valoración sicológica de Etelinda Rosa  García Rodríguez.   

2. Declaraciones juradas de Martha Cecilia  y Liliana Judith Posso García.   

3.  Acta  levantamiento  y  necropsia  al  cadáver de Joaquín Posso Ortega.   

4.  Registros civiles y fotocopia cédulas  núcleo familiar.   

5. Recibo gastos funerarios No. 801 del 11  de   marzo  de  2000  respecto  de  Joaquín  Posso  Ortega  por  $1’900.000.   

5.  Certificado contador sobre ingresos de  Joaquín    Posso   Ortega   por   $1’200.000.   

Documentos  reposan  en la caja #1 carpeta  #2   

1.  Evaluación sicológica Martha Cecilia  Posso García.   

2.  Declaración  jurada de Alfonso Rafael  Mercado García y extra proceso de Rafael Gustavo Posso Ortega.   

3.  Acta  de  levantamiento  cadáver  y  necropsia de Alfredo Posso Garcías.   

3.    Registros    civiles    núcleo  familiar   

4. Factura No. 0803 del 11 de marzo de 2000  respecto de los gastos funerarios de Alfredo Posso García.   

5.  Certificado  contador  sobre  ingresos  Alfredo   Posos   Garcías   por   $1’200.000 mensuales.  

Perjuicios materiales  

Daño  emergente:  Martha   Posso   García  acreditó  el  pago  de  la  suma de $1’900.000  por  cada  uno  de  los  miembros  del  grupo  familiar por  concepto     de    gastos    funerarios    correspondientes    a    Joaquín     Posso     Ortega,    José    Joaquín    y  Alfredo Luis Posso García  con  copia  de  las  facturas No. 0801, 0802 y 0803 de marzo 11 de  2000, razón por la cual se le reconoce debidamente actualizado.   

$5’700.000      x     IPC   enero   de  2011  $5’700.000  x  106.19  = $10’074.617     

            IPC  marzo  de 2000            60.08   

                                                               

Solicitó  el apoderado de estas víctimas  indemnización  por  los  bienes  que fueron quemados y destruidos, para lo cual  tuvo  como  fundamento  los  datos consignados en la certificación del contador  público   Eduar  José  Posso  González,  según  la  cual  en  la  propiedad  de  45 hectáreas del señor  Joaquín    Fernando    Posso    Ortega,  víctima  y  padre  de  José Joaquín  y   Alfredo   Luis  Posso  García, ubicada en la región Pela el Ojo, vereda Las  Brisas,  existían  cultivos,  animales,  bienes muebles, inmuebles y enseres en  cuantía   de  102  millones  de  pesos,  que  debieron  ser  abandonados  y  se  destruyeron.  Se  accederá  a  tal  solicitud  y  se  actualizará  tal  cifra,  así:   

$102’000.000      x      IPC    enero    de    2011(106.19)           $178’147.974   

                IPC marzo de 2000(60,08)   

Esta  suma  de  dinero  se  entregará  a  Etelinda    Rosa   García   Rodríguez, esposa y madre de los obitados.   

Lucro cesante: No  se  acreditó  con  ningún  elemento probatorio idóneo el ingreso obtenido por  Joaquín    Fernando    Posso    Ortega  (padre),  José  Joaquín  y  Alfredo Luis Posso García  (hijos)  para  el  momento de su deceso, por lo cual se presumirá  que   devengaban   el   salario   mínimo,  esto  es,  $260.100,  actualizado  a  $430.989153,       más   aún   cuando   se  verificó  que  se  trataba  de  personas  productivas dedicadas a las labores del campo.   

Lucro     cesante     pasado     o  consolidado   

Como lucro cesante se determina la suma de  $77’910.856 equivalentes a  los  130  meses  transcurridos  desde  la  fecha  de  los  hechos  a  la de esta  liquidación,   cifra   que   multiplicada   arroja  un  total  de  $233’732.568,   a   favor   de   la   señora  Etelinda    Rosa   García   Rodríguez,  esposa y madre de las víctimas, en consideración, además, a la  soltería de sus hijos, quienes no tuvieron descendencia.   

Lucro cesante futuro  

Aplicando   las   fórmulas  ampliamente  reseñadas,  este  rubro arroja los siguientes guarismos respecto de cada una de  las  víctimas, el cual se decreta a favor de Etelinda  Rosa García Rodríguez:   

Etelinda Rosa García Rodríguez,    nació   el   18   de   octubre   de   1939,   vida   probable:  21.04.   

Joaquín  Fernando Posso Ortega, nació el 2 de enero de 1940, vida probable, 20.64.   

Joaquín    Posso   García, nació el 29 de junio de 1966, vida probable, 43.68.   

Alfredo  Luis  Posso  García, nació el 20 agosto de 1971, vida probable, 47.81.   

Para    el    caso   de   Joaquín  Fernando Posso Ortega, esposo de  Etelinda   García,   el  guarismo  más  bajo  es de 20.64, que multiplicado por 12 arroja un promedio de  vida  restante de 248 meses, al cual se le descuentan los 130 meses considerados  en el lucro cesante pasado, para un total de 118 meses a liquidar:   

$430.989  (1+  0,004867)118  -1       =          $38’619.730   

           0.004867  (1+0.004867)118         

En    el    caso    de    Joaquín       y       Alfredo  Luis  Posso  García el promedio  más  bajo  también  es  el  de  doña  Etelinda Rosa  García,  equivalente  a  21.04 (252 meses), menos los  130 ya considerados, determina un lapso de 122 a indemnizar.   

$430.989  (1+  0,004867)122 -1     =     $39’580.173   x   2   =   $79’160.345   

0.004867  (1+0.004867)122       

                                                                  

Total lucro cesante futuro $ 117’780.075   

Total    lucro    cesante   (consolidado  +  futuro)  $351’512.643   

Total  perjuicios  materiales  (daño      emergente     +     lucro     cesante),     $539’735.234.   

Perjuicios morales  

La  Sala,  con fundamento en los criterios  expuestos   decretará   una   indemnización  por  este  concepto  en  cuantía  equivalente  a  la  suma de 140 S.M.M.L. para Etelinda  Rosa  García  Rodríguez, en su condición de esposa y  madre.   

Para   Martha  Cecilia,  Liliana  Judith  y  Mary  Luz  Posso  García 120 S.M.M.L. para cada una en  su  concisión  de hijas y hermanas de los fallecidos. Lo anterior por cuanto se  acreditó  con  los  registros  civiles de nacimiento la relación de parentesco  con  el  fallecido,  vínculo  que  permite  deducir  la afectación sicológica  sufrida.   

        Secuestros de Isla Múcura   

Las  siguientes  personas fueron víctimas  del  delito  de secuestro el día 19 de abril de 2003, cuando permanecieron tres  días  privadas  de  su  libertad:  Jorge  Darío Rey  Carrillo,  José  Manuel  Villanueva,  Luis  Alberto  Balbuena,  José Francisco  Hernández  Díaz, Carlos Alberto Arcila, Luis Fernando Melo Morales  (menor  de  edad)  y  Angélica  María  Platín Ortega.   

Las pretensiones esbozadas en el incidente  de  reparación  integral  por parte del apoderado de estas víctimas se resumen  así:   

Víctimas             

Perjuicio  material             

Perjuicio  inmaterial  

Jorge  Darío  Rey  Carrillo,   

José Manuel Villanueva,  

Luis Alberto Balbuena,  

José   Francisco   Hernández   Díaz,   

Carlos Alberto Arcila            

   

$4’562.241,84             

   

$772’500.000,oo   

daño moral 1000 SMMLV  

daño vida r. 500 SMMLV  

Luis  Fernando  Melo  Morales (menor de edad)             

$61.075,15             

$772’500.000,oo  

Angélica  María  Platín Ortega             

$64’386.438,27             

$772’500.000,oo  

Para  el  caso  de  las cinco personas que  laboraban   como  escoltas,  la  indemnización  por  perjuicios  materiales  la  sustenta  el  abogado  en  tres  días  de  salarios  no  devengados  por  estar  secuestrados  y  en  tres meses que estuvieron sin trabajo, pues, afirma, fueron  despedidos  a  consecuencia de los hechos y sólo después de ese lapso lograron  emplearse de nuevo.   

Esta    indemnización,    solicitada  equivocadamente  bajo  el  rubro  de daño emergente154,    de    configurarse,  constituiría  lucro  cesante  por  tratarse  de  salarios dejados de percibir a  consecuencia del menoscabo.   

          Para  apuntalar  la  pretensión  se  aportaron  declaraciones extra  proceso  de  las víctimas por cuyo medio afirman haber perdido su trabajo en la  empresa  Recubrimientos  Osaka de Colombia Ltda., e, incluso, señalan el cierre  de  la  misma.  Sin  embargo,  la documentación anexa al expediente refleja una  situación  diferente  en  relación  al  señor Jorge  Darío  Rey  Carrillo, quien continuó laborando con la  empresa,  motivo  por el cual no se reconocerá la indemnización solicitada, en  tanto  se desvirtuó el fundamento fáctico de la misma, esto es el despido como  consecuencia  del  secuestro  y  el  consecuente  desempleo por el lapso de tres  meses.   

          En  efecto,  al  proceso  se  allegó el certificado de existencia y  representación      de      dicha      empresa155,   expedido   el   7   de  diciembre  de  2009,  con el cual se constata no ha sido disuelta y se encuentra  vigente,    al    punto    que    ese    año    se    registró   una   reforma  estatutaria.   

          Así  mismo,  al  expediente  se  incorporó  por  cada  víctima un  certificado  laboral expedido por Recubrimientos Osaka de Colombia Ltda., según  la cual laboraron como escoltas, así:   

Carlos   Alberto   Arcila   laboró   entre   el   1º   de  marzo  de  2002  y  junio  4  de  2003156;     José    Francisco    Hernández  Díaz,  de  enero  de 2002 a julio de 2003157;  Luis  Alberto  Balbuena, de  octubre      a      junio      4     de     2003158;        José  Manuel Villanueva, de marzo de 2001  a           julio          de          2003159     y     Jorge  Darío  Rey  Carrillo, de marzo de  2003       a       diciembre       de      2003160.   De  este  último,  se  aportó  extracto  del  Fondo  Pensiones  Obligatorias  Porvenir, según el cual  cotizó  entre  abril  y  diciembre  de  2003  de forma ininterrumpida siendo el  empleador  Recubrimientos  Osaka  de  Colombia  Ltda161.   

En  cuanto  a  los  señores  José   Manuel  Villanueva,  Luis  Alberto  Balbuena,  José  Francisco Hernández Díaz, Carlos  Alberto  Arcila se les reconocerá indemnización en el  rubro  lucro  cesante  pasado o consolidado correspondiente a los tres meses que  afirman  haber  estado cesantes, pues es factible que su desvinculación laboral  en  la  época  inmediatamente  posterior al secuestro fuese una consecuencia de  éste.  Se  tendrá  en  cuenta  como  salario  la  suma  de  $800.000 mensuales  declarada  por  las  víctimas  porque,  adicionalmente,  se  corroboró con los  documentos  de  afiliación a los sistemas de seguridad social que refieren como  base  de  liquidación  esa  cifra.  Los tres días que estuvieron secuestrados,  según  las certificaciones laborales reseñadas les fueron cancelados, por ello  no se incluirán en la indemnización.   

$800.000  x IPC  enero     de    2011  106.19           $1’138.004   x   3  =  $3’414.012   

        IPC  abril de 2003   74.65   

En  conclusión,  se  ordena  el  pago,  a  título  de  indemnización de perjuicios materiales, de la suma de $3’414.012  a  cada  una  de las siguientes personas: José  Manuel  Villanueva,  Luis  Alberto Balbuena, José Francisco  Hernández  Díaz  y Carlos  Alberto    Arcila.   Se   niega   para   Jorge   Darío   Rey   Carrillo  por  lo  expuesto.   

En    relación    con    Luis  Fernando Melo Morales, menor de edad  para  la  época  de  los  hechos,  se  solicita  el  pago de una indemnización  equivalente  a  los  tres  días que estuvo retenido en consideración al tiempo  perdido.  Sin  embargo,  la  Sala  no  accederá a este pago por cuanto para esa  época  el joven Melo Morales  tenía  11  años  de  edad,  era  estudiante  de  primero  de bachillerato y se  encontraba  en  Isla  Múcura  de  vacaciones  de  Semana  Santa;  por tanto, no  percibía ingresos.   

Para    la    señora    Angélica   María   Platín   Ortega  se  solicita  por  concepto  de  perjuicios  materiales  la  suma de $64’386.438,27  correspondientes  al hurto  de  un  reloj  rolex  de  25  millones  de  pesos  y  10  millones  en efectivo.   

Como   en   la  sentencia  se  encontró  demostrada  la  comisión  del  delito  de  hurto  en  Isla  Múcura162y el señor  Luis  Alberto  Balbuena  en  declaración   jurada  rendida  ante  la  Fiscalía163  afirmó  que  todos  los  secuestrados  fueron despojados de sus joyas y dinero, es viable acceder a tasar  los  perjuicios  materiales,  en  su  variable daño emergente, de acuerdo a los  lineamientos utilizados con antelación, así:   

35’000.000    x     IPC   enero   de  2011                   106.19      $49’787.675   

            IPC  abril  de 2003   74.65   

Perjuicios morales  

La  indemnización  por  el  daño  moral  derivado  del  secuestro se fija en una suma equivalente a 30 S.M.M.L. para cada  una  de  las  víctimas,  pues  es  indudable  la  afectación  síquica  que la  privación  de  la  libertad,  forzada  e  ilegal,  comporta al producir terror,  angustia  y  zozobra.  Sin embargo, la reparación del perjuicio moral es apenas  una  ayuda  para  mitigar  dichos  daños, en tanto ninguna suma de dinero hará  desaparecer    el    mal    recuerdo    y   temor   a   perder   nuevamente   la  libertad.   

En cuanto al daño a la vida de relación,  la  Sala  encuentra que no se acreditó su configuración, razón por la cual no  se   reconocerá  indemnización  por  ese  concepto.  Lo  anterior  porque  los  principios  básicos  de  la reparación del daño imponen su demostración como  precedente necesario que habilita su reparación.   

En   otras  palabras,  al  incidente  de  reparación  integral  no  se  trajeron  pruebas indicativas de la forma como el  secuestro  influyó  en  cada  una  de  las víctimas deteriorando su calidad de  vida,  dificultando su capacidad para establecer contacto o relacionarse con las  personas  y  cosas o generando la pérdida de la posibilidad de disfrutar de los  placeres  de  la existencia corriente, entre otros factores constitutivos de esa  clase de menoscabo.   

Para  reconocer  esta  clase  de  daño y,  consecuentemente,  ordenar  su  reparación  no  basta  con la afirmación de su  concreción  efectuada  por  la  víctima  y/o  su  abogado;  además,  se  debe  acreditar  a  través  de  los  medios  de  convicción previstos en la ley, por  cuanto respecto de él no opera ninguna presunción legal.   

Obviamente  el  secuestro  comportó  un  impacto  sicológico  fuerte para las víctimas, pero el mismo se identifica con  la  afectación  espiritual  e intelectual propia del daño moral, el cual ya ha  sido indemnizado.   

Los   mismos   criterios  plasmados  con  antelación  son  predicables respecto de las siguientes personas privadas de su  libertad  el  10  de marzo de 2000 hasta las 6 de la mañana del día siguiente,  cuando  el  grupo  armado  ilegal  los  sacó  de  sus viviendas y los obligó a  marchar  con  ellos,  los  ultrajó  con  palabras  soeces  acusándolos  de ser  guerrilleros  y  les  impuso  portar  los  bolsos  donde  llevaban  los  objetos  hurtados,  situación  corroborada  en  los  relatos  contenidos por cada uno de  ellos  en  las  carpetas  respectivas  y la decisión judicial por cuyo medio se  reseñan  los  nombres de las personas objeto del plagio. A cada uno de ellos se  reconocerá  una  indemnización  adicional equivalente a 30 S.M.M.L.V. a la que  se les liquidará por el desplazamiento forzado:   

MANUEL  ESTEBAN VEGA  FERNÁNDEZ             

30  S.M.M.L.V  

FRANCISCO   JOSÉ  NISPERUZA FERIAS             

30  S.M.M.L.V  

ARISTIDES   MAZA  CAÑATE             

30  S.M.M.L.V  

GRIMALDO  LÓPEZ             

30  S.M.M.L.V  

GERMÁN   MAZA  JULIO             

30  S.M.M.L.V  

ARMANDO  RAFAEL MAZA  MENDOZA             

30  S.M.M.L.V  

GABRIEL EDUARDO TORRES  QUESADA             

30  S.M.M.L.V  

        Indemnización del desplazamiento forzado   

Este  punible  se  estableció  con  las  jornadas  de  acreditación  de víctimas realizadas por la Fiscalía General de  la  Nación en los municipios de María La Baja y San Cayetano los días 14 y 15  de  agosto  de  2008, el registro de víctimas ante el Sistema de Justicia y Paz  –SIIJYP-  y de población  desplazada  – SIPOD-, los  registros  civiles  aportados,  las  entrevistas  realizadas  a  cada uno de los  afectados,  las   certificaciones  de  las  personerías  municipales  y el  reconocimiento  de  los postulados BANQUEZ  y  COBOS de su  responsabilidad  en el desplazamiento masivo ocurrido con ocasión de los hechos  del 10 y 11 de marzo de 2000.   

Por  ello,  el  daño  material,  en  su  vertiente  daño emergente, se  verificará  con  las  pruebas  incorporadas  al  expediente,  las  aportadas al  incidente  de  reparación  por  los apoderados de las víctimas y, por último,  ante  la  ausencia  de  éstas,  con  el juramento estimatorio, entendido en los  términos  y  con  las salvedades expuestas en el cuerpo de esta determinación.  En  los  eventos  en  que  proceda  su  reconocimiento  se  hará  conforme a lo  solicitado  y  se  actualizará  multiplicando  la  cifra  correspondiente a los  bienes  perdidos  por  la constante 1,7674 resultante de dividir el IPC de enero  de  2011(fecha  de  liquidación)  por  el  IPC  de  marzo  de  2000 (época del  desplazamiento).   

En cuanto al lucro  cesante   impetrado   para   cada  núcleo  familiar,  consistente  en un salario mínimo de la época debidamente actualizado, la Sala  no lo concederá por cuanto no está demostrado.   

En efecto, la Corporación echa de menos el  aporte  de elementos de convicción que permitan establecer la configuración de  esa  categoría  jurídica.  Así,  por  ejemplo,  no  se  indicó  la actividad  económica  desarrollada  por  cada  integrante  del grupo familiar, su nivel de  ingresos,   el   periodo   de  tiempo  que  estuvieron  cesantes,  la  fecha  de  reanudación  de  sus  actividades,  entre  otros  factores  indispensables para  establecer  los  elementos  del  lucro  cesante,  así  como  el  periodo  de su  concreción.   

El    daño  moral  originado  por  el  hecho del desplazamiento es  incontrovertible,   pues   abandonar  abruptamente  el  sitio  de  residencia  o  domicilio  dejando  abandonadas  parcela, casa y pertenencias, como única forma  de  huir del peligro y salvaguardar la vida ante amenazas injustas e ilegales de  grupos  armados  al  margen  de  la  ley, causa dolor, miedo, terror, tristeza y  desazón.  Por  ello,  la  indemnización  apenas  constituye  un  estimulo para  mitigar sus efectos, en tanto no compensa el padecimiento sufrido.   

Sobre  este tópico la sentencia objeto de  impugnación,  emitida  por  la  Sala  de Justicia y Paz el Tribunal Superior de  Bogotá,  consideró  la  ausencia de referente en la jurisprudencia de la Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  razón  por  la cual acudió al criterio  plasmado     por    el    Consejo    de    Estado164    en   los   casos   de  desplazamiento   forzado   en   los   cuales   ha   fijado  50  S.M.M.L.V.  como  indemnización.  A  partir de esa cifra, el Tribunal a  quo determinó que cada persona desplazada de un mismo  núcleo  familiar recibirá una cuantía de 17 millones de pesos, con un máximo  por núcleo familiar de 120 millones de pesos.   

Dicho  parámetro  será confirmado por la  Corporación  por  cuanto  se  encuentra debidamente ponderado y se ajusta a los  criterios  planteados  por  el  Consejo  de  Estado,  morigerado de acuerdo a la  extensión de cada grupo familiar.   

La   Colegiatura   considera  importante  resaltar  que  se  precisa  de  la  acción estatal para mejorar las condiciones  sociales,  educativas,  de  vías  de  acceso, económicas y de seguridad en los  territorios  objeto  del  fenómeno  del desplazamiento en virtud de la cual las  víctimas  puedan retornar a su terruño en mejores condiciones a las existentes  antes  de la diáspora. De esta manera se obtendrá una indemnización duradera,  en  tanto  el  componente  reparación  individual  apenas  es  un  aspecto  que  contribuye  a  mejorar  la  dinámica  particular  de  cada  víctima, pero que,  aisladamente,   no   tiene  la  potencialidad  de  cambiar  las  condiciones  de  vulnerabilidad de la comunidad desplazada.   

En cuanto al daño  a  la  vida  de  relación,  la  Sala  entiende que la  modificación  al  proyecto  de  vida inicialmente construido por las personas y  familias  obligadas  a  salir de su entorno geográfico, social y cultural está  intrínsecamente  inmersa en el tipo penal del desplazamiento forzado por cuanto  las   víctimas   son   colocadas  en  situación  de  absoluta  vulnerabilidad,  dificultando  su  formación  y  consolidación  como  seres  humanos  dignos  e  iguales165.   

Por  ello, el daño a la vida de relación  pregonado  por  los  apoderados  de  las  víctimas  respecto de este tipo penal  debía  ser  especialmente  deslindado  de las consecuencias propias del punible  para  acreditar  la  forma  en que cada persona vio disminuida su capacidad para  establecer  contacto  o  relacionarse  con  las  personas  y  cosas o perdió la  posibilidad  de  disfrutar  de  los  placeres  de  la existencia corriente, para  mencionar  sólo algunos de los aspectos que la jurisprudencia ha enlistado como  expresión de esta clase de menoscabo.   

Sin embargo, en el evento bajo estudio, la  Sala  no  encuentra  acreditado  este  perjuicio  por  cuanto  ningún apoderado  cumplió  con  la  carga  procesal  de demostrar la configuración del daño, en  tanto  se  limitaron  a  enunciar  el  concepto  traído  por  la jurisprudencia  nacional,  sin  señalar  cómo  se  modificaron las condiciones particulares de  cada  víctima.  Por  ello, no hay lugar a reconocer la indemnización deprecada  por este concepto.   

Precisiones  sobre  la  liquidación  del  perjuicio material en el delito de desplazamiento forzado   

El   artículo   211   del   Código  de  Procedimiento  Civil,  modificado  por  el  artículo 10 de la Ley 1395 de 2010,  exige   que   la   estimación  de  la  indemnización,  compensación  o  pagos  pretendidos   se   haga  “razonadamente”,  esto  es, que además de indicar una cuantía se deben otorgar  razones   y   aducir,   si  se  tienen,  los  documentos  que  apoyan  la  cifra  indicada.   

En  este  sentido,  la  definición  del  término166  impone  no  la  simple  manifestación de una opinión, creencia o  estimativo  sobre  un  aspecto,  por cuanto, además, obliga a entregar razones,  argumentos y explicaciones sobre el mismo.   

Revisado    el    formato   denominado  “Declaración   de   juramento   estimatorio   de  perjuicios   patrimoniales  (daños  (sic)  emergente y lucro cesante”),  aportado  para  soportar  el  avalúo  efectuado,  bajo  juramento,  por las víctimas sobre sus perjuicios materiales,  la  Sala  advierte  cómo  la  precariedad de las preguntas formuladas dificulta  establecer  si se orientaron a conseguir una cuantificación actualizada de esos  perjuicios.  Así, la Defensoría Pública, responsable de la encuesta, luego de  inquirir  si el declarante tuvo alguna pérdida material, indaga “¿Bajo  la  gravedad  del  juramento,  en  cuánto  estima usted su  pérdida  material?”,  usando  como tiempo verbal el  presente, indicativo de vigencia.   

Sin embargo, el valor promedio declarado en  dichos  documentos  permite  colegir  a la Sala que corresponden al año 2000. A  modo  de  ejemplo,  el  valor  del  producido  de  cada  hectárea cultivada fue  establecido  en  las declaraciones juradas en la suma de tres millones de pesos,  mientras  que  el  ingeniero  de  alimentos,  Jefe  de  la Oficina de Negocios y  Comercialización  de  la Alcaldía Municipal de San Juan de Nepomuceno, para el  año  2010  los  fija  así:  ñame  $6’563.500,     yuca     $2’258.000   y   plátano  $5’985.000167.   De  dichas  cifras  se  deduce  que  los  valores indicados por las víctimas corresponden a un promedio  de  utilidades obtenidas para el año 2000 por cada hectárea sembrada y no para  el momento de la declaración.   

Igual  situación se presenta con el valor  de  las  aves  de  corral  y  el  ganado  declarado  según somera verificación  efectuada  con  empresas  expertas  en  la  materia168.   

Ahora  bien,  no  escapa  a  la  Sala  la  precariedad  de  los  elementos  de  juicio  allegados  para  acreditar el daño  declarado,  situación  que  podría  llevar a concluir que aquél no se probó.   

No  obstante,  como  ya  se  analizó, los  principios  pro hómine y de  buena  fe,  pilares  de  nuestro  ordenamiento  jurídico,  permiten acudir a la  flexibilidad  de  la  prueba aconsejada por la jurisprudencia interna y foránea  para  los  eventos  de  graves  y  masivas  violaciones  a los derechos humanos.   

En  ese  orden,  la  Sala,  a partir de lo  declarado  por  las  víctimas  sobre  el  valor  de  sus  bienes al momento del  desplazamiento,  procederá a elaborar una tabla donde se señale el promedio de  tales   elementos,  a  partir  de  modelos  baremo  o  diferenciados, comunes a la mayoría, a fin de ajustar  las  declaraciones  juradas  superiores a esos valores, con el único propósito  de   evitar   abusos   en   la   tasación  de  los  perjuicios  ocasionados  y,  especialmente, preservar el principio de igualdad.   

De esta manera, el valor reconocido por la  Corporación  por  concepto  de  daño  emergente  tendrá  como  fundamento  el  juramento  estimatorio,  debidamente  actualizado,  apreciado  con  modelos   baremo,   y   no  los  cuadros  aportados por los abogados.   

Clase    de  bien             

Valor  promedio  declarado  

Casa  bahareque             

$2’000.000  

Casa  material             

$4’000.000  

Hectárea  cultivada             

$3’000.000  

Hectárea  preparada             

$500.000  

Arriendos  (mensualidad)             

$60.000  

Reses  (c/u)             

$1’000.000  

Terneros  (c/u)             

$400.000  

Caballos  (c/u)             

$500.000  

Ganado   Mular  (c/u)             

$600.000  

Ganado  porcino  (c/u)             

$100.000  

Ganado   Asnar  (c/u)             

$250.000  

Gallinas  (c/u)             

$5.000  

Patos  (c/u)             

$10.000  

Pavos  (c/u)             

$25.000  

Finalmente,  como  parámetro adicional se  tendrá    la    reiterada   jurisprudencia   de   la   Corporación169, en virtud  de  la  cual en materia de indemnización de perjuicios no opera la reformatio  in  pejus, por cuya razón se  excluirán  como  sujetos  de  indemnización  aquellas personas respecto de las  cuales  se  encuentre  acreditado  que  no  sufrieron  daño con ocasión de los  hechos  punibles objeto de este proceso, bien porque no tenían la condición de  desplazados  o  aún  no  habían  nacido,  entre otros factores. Así mismo, se  ajustarán    algunas   cuantías   reconocidas   para   adecuarlas   al   daño  irrogado.   

Víctimas     de     desplazamiento  forzado   

NOMBRE  ABOGADO             

NOMBRE  VICTIMA             

INDEMNIZACIÓN  PERJUICIOS  MATERIALES             

INDEMNIZACION  PERJUICIOS MORALES  

MIGUEL ANGEL RAMIREZ  GAITAN                

* YADIRA RODELO APARICIO   

* INES ELENA BARRIOS RODELO   

* YOJAIRA ALEXANDRA BARRIOS RODELO   

* VANESSA BARRIOS RODELO   

* LUIS    RAFAEL    BARRIOS    RODELO               

             

$85’000.000   

($17 millones para cada uno)  

* TOMAS          ANTONIO          BARRIOS         MARTÍNEZ   

* INES ELENA LOBELO ARDILA   

* SANDRA             ROSA            BARRIOS            LOBELO   

* PEDRO PABLO BARRIOS LOBELO   

* LUIS RAMON BARRIOS LOBELO   

* OSCAR ENRIQUE BARRIOS LOBELO   

* SULYS ESTHER BARRIOS LOBELO   

* JOSE TOMAS BARRIOS LOBELO     

LUZ MARINA BARRIOS LOBELO            

             

$120’000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

LEONARDO  ANDRES  VEGA                

* DERIS       ISABEL       CANTILLO  ALVARINO   

* CONCEPCION MULET CANTILLO   

* JOSE ANTONIO MULET CANTILLO   

* DIGNA MARIA MULET CANTILLO     

CARLOS JOSE MULET CANTILLO            

             

$85’000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ETELINDA ROSA GARCIA RODRIGUEZ   

* LILIANA JUDITH POSSO GARCIA   

* MARY LUZ POSSO GARCIA   

* MARTHA        CECILIA       POSSO  GARCIA               

             

$68’000.000   

($17 millones para cada uno)  

ALCIDES  MARTIN  ESTRADA CONTRERAS                

* LILIA DEL SOCORRO TAPIA GLORIA   

* YAMILE MERCADO TAPIA   

* INGRID DEL CARMEN MERCADO TAPIA   

* ALFREDO MERCADO TAPIA   

* MANUEL DE JESUS MERCADO GARCIA               

             

$85’000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL DE JESUS MERCADO YEPES   

* SIXTA TULIA GARCIA DE MERCADO   

* CARMEN ELENA RODELO BARRIOS   

* KAREN PAOLA  MERCADO RODELO   

* JOSE ALFONSO MERCADO RODELO   

* DIANA PATRICIA MERCADO RODELO   

* SAIDIT MERCADO RODELO   

* ESCILDA MERCADO GARCIA   

* ALFONSO     R.     MERCADO    GARCIA   

* JOSEFA MERCADO GARCIA   

* JULIO CESAR MERCADO GARCIA   

* ROSA ESTHER MERCADO GARCIA   

* LUZ MARINA MERCADO GARCIA   

* ELENA CECILIA MERCADO GARCIA   

* NUVIA ESTHER MERCADO GARCIA   

* MANUEL MERCADO GARCIA               

             

$120’000.000   

($7’5  millones para cada uno)  

* BIENVENIDA   DE  JESUS  MERCADO  YEPES   

* JUAN ANTONIO YEPES MERCADO     

         JOSE  JOAQUÍN YEPES MERCADO             

             

$51’000.000   

($17 millones para cada uno)  

HUMBERTO  JAIMES  ARBELAEZ                

* ANA MARIA CARMONA CARMONA   

* EMPERATRIZ CARMONA MARTINEZ   

* DANILO JOSE CARMONA CARMONA   

* MARTHA CARMONA CARMONA               

$12’301.104             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL ENRIQUE MONROY LUNA   

* ONEIDA ALCIRA RIVERA GUZMAN   

* PEDRO GABRIEL MONROY RIVERA   

* HELMER ANTONIO MONROY RIVERA   

* CAMILO ENRIQUE MONROY RIVERA     

         ANGELICA  PATRICIA MONROY  RIVERO             

$2’827.840             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL ENRIQUE MIRANDA NAVARRO   

* MARGARITA RENAL BELTRAN   

* NEIRA MARIA MIRANDA RENAL   

* ADA KARINA MIRANDA RENAL   

* MAIBER MANUEL MIRANDA RENAL   

* MARLIS MARGARITA MIRANDA RENAL               

$28’278.400             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YERSITH FEDERICO VELILLA CONTRERAS   

* ANGELICA MARIA MARTINEZ BARBOZA   

* YESSICA PAOLA VELILLA LOPEZ   

* ANDRES DAVID VELILLA LOPEZ   

* LUIS       ALFONSO       VELILLA  LOPEZ               

$8’695.608             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* HILDA ROSA FLOREZ RIVERA   

* JESUS        DAVID       MENDOZA  FLOREZ   

* FREDIS ENRIQUE MENDOZA FLOREZ   

* DELSY DEL CARMEN MENDOZA FLOREZ               

$24’743.600             

   

$68.000.000  

($17 millones para cada uno)  

* ERSILA ISABEL CAUSIL MARTINEZ   

* ALBERTO        MARÍA       GOMEZ  CARMONA   

* ARMANDO JAVIER GOMEZ CAUSIL   

* ERNEY DAVID GOMEZ CAUSIL   

* YAIT DAIBER GOMEZ CAUSIL   

* JAINER  LUIS  GOMEZ CAUSIL   

* NAFER ANTONIO GOMEZ CAUSIL               

$14’916.856             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RICARDO ARTURO CARMONA MARTINEZ   

* DOMINGA RODELO SALCEDO   

* JOSE ALFREDO CARMONA RODELO   

* RICARDO JOSE CARMONA RODELO   

* RAFAEL       EDUARDO       CARMONA  RODELO   

* SANDRA MILENA CARMONA RODELO               

$12’813.650             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUIS FELIPE ACOSTA CARO   

* DELSY MARIA CASTRO CHARRYS   

* LUIS JOSE ACOSTA CASTRO   

* WENDY VANESSA ACOSTA CASTRO               

$9’985.810             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YANETH       MARIA       CHAMORRO  RODELO   

* EDUARD PANTOJA MENDOZA   

* EDUARDO RAFAEL PANTOJA CHAMORRO               

$10’463.008             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARCELINO RIVERA LEIVA   

* DELCY    DEL    SOCORRO    CASTAÑEDA  PADILLA   

* DANILO          ALBERTO         RIVERA         CASTAÑEDA   

* FIALMA RIVERA CASTAÑEDA   

* SABRINA   RIVERA  CASTAÑEDA               

$21’058.571             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CARMEN      ISABEL      HERNÁNDEZ  RAMOS               

-0-             

$17.000.000  

* PEDRO ANTONIO MENDOZA POLO   

* DILIA ESTHER POLO PEREZ   

* ANTONIO MARIA MENDOZA POLO               

$19’971.620             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FEDERMAN ENRIQUE CARMONA RODRIGUEZ   

* ORLY PATRICIA MENDOZA GAVIRIA   

* ANGIE VANESSA CARMONA MENDOZA               

– 0 –             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BETILDA ROSA CUETO CARMONA   

* HECTOR JOSE CHAMORRO RODELO               

$14’916.856             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FELIPE       GABRIEL       ZUÑIGA  BERMEJO   

* LUDIS MARIA MONROY MENDOZA   

* MAICOL ANDRES MONROY MENDOZA     

            JONAS    DAVID  MONROY MENDOZA             

$53’022.000             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CLAUDIA PATRICIA GUERRERO PADILLA   

* JOSE  LUIS  GUERRERO SERRANO   

* SUNILDA     MARIA     PADILLA    DE  GUERRERO   

* NORGE  LUIS  GUERRERO PADILLA   

* ENRIQUE GUERRERO PADILLA               

$20’056.445             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* VICTOR MANUEL HERRERA CASTILLO   

* DENIS NISPERUSA LUCAS   

* DEWIS DAVID HERRERA CASTRO   

* GERMAN HERRERA CASTRO               

$27’606.788             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO PANTOJA PALOMINO   

* ANGELA MENDOZA CARMONA   

* FREDYS MANUEL PANTOJA MENDOZA   

* VILMA ESTHER PANTOJA MENDOZA               

$14’846.160             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* UBALDO MIGUEL GOMEZ CARMONA   

* JUANA ISABEL ATENCIO MENDOZA   

* DUBIS        ESTHER        GOMEZ  ATENCIO   

* JAIDER ANTONIO GOMEZ ATENCIO   

* LUIS UBALDO GOMEZ ATENCIO               

$3’578.985             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NORMA REGINA BARRIOS MONDOL   

* ADALBERTO DIVASTO SOSSA   

* LUIS       ALBERTO       DIVASTO  SOLANO   

* DIANA ROSA PEREZ BARRIOS   

* PAULA ANDREA ANGULO PEREZ               

$68’426.056             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MONICA ROSA ARDILA PEREZ               

$9’013.740             

$17.000.000  

* YANIDES DEL CARMEN OSORIO QUINTERO   

* JAIRO MENDOZA MONTALVO   

* LEONEL MENDOZA OSORIO   

* ELIECER MENDOZA OSORIO   

* YONEI ANDRES MENDOZA OSORIO   

* YOLEIDA        ROSA       MENDOZA  OSORIO               

$6’892.860             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YAQUELINE MARIA MONRROY BETANCURT   

* FIDEL MANUEL GAVIRIA HERNANDEZ   

* KELIS YOJANA GAVIRIA MONRROY   

* JULIO CESAR GAVIRIA MONRROY   

* MARLIS ESTHER GAVIRIA MONRROY   

* DANIEL JOSE GAVIRIA MONRROY   

* RUBÉN       ANTONIO      GAVIRIA  MONRROY               

$35’348.000             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EXILIA PETRONA MARTINEZ CONTRERAS   

* GABRIEL HERNANDO MARTINEZ MARTINEZ   

* LUIS       ENRIQUE       MARTINEZ  MARTINEZ   

* OSWALDO DE JESUS MARTINEZ MARTINEZ   

* YULIETH PAOLA MARTINEZ MARTINEZ               

$2’545.056             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARIA EUGENIA SARAVIA PEDROZA   

* CARLOS ARTURO ROMERO MANJARREZ   

* MARIAELIS GARCES SARAVIA   

* ELSON RAFAEL CASTELLAR SARAVIA   

* WILBER JOSE CASTELLAR SARAVIA   

* LIBARDO JAVIER CASTELLAR SARAVIA               

$45’952.400             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUSTINIANO PASTOR YEPES MONRROY   

* RUBY ILDA CARDENAS AGUIRRES               

$19’794.880             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ORLANDO FRANCISCO MENDOZA SIERRA   

* RUBIELA  ESTHER TEJEDOR MENDOZA   

* LINA  GABRIELA MENDOZA TEJEDOR   

* BETSY       LILIANA       MENDOZA  TEJEDOR               

$16’754.952             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARILA MONROY GUERRERO   

* PEDRO  ENRIQUE CARABALLO DE ORO   

* CESAR CARABALLO MONRROY   

* ALEXANDER RAFAEL CARABALLO MONRROY   

* PEDRO ENRIQUE CARABALLO MONRROY               

$24’743.600             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JAVIER ANTONIO CARMONA GONZALEZ               

$5’938.464             

$17.000.000  

* INMACULADA ROSA MERCADO LEDESMA   

* LUIS MIGUEL CHICO RIVERA   

* LUZ  ELENA CHICO MERCADO   

* ELIDA ROSA CHICO MERCADO               

$15’906.600             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NELSON MENDOZA POSSO   

* LUZ DARI CARO BARRIOS   

* XILENA PAOLA QUINTERO CARO   

* LUIS MIGUEL QUINTERO CARO   

* DANIEL  ALBERTO MENDOZA CARO   

* DAIMER ANDRES MENDOZA CARO               

$6’627.750             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO  SIERRA RODRIGUEZ   

* JULIA        ESTHER        PIÑA  BENITEZ   

* MAFRI  ALFREDO SIERRA PIÑA   

* LUIS  MANUEL  SIERRA  PIÑA   

* LEONARDO SIERRA PIÑA   

* LENIS        DEL        CARMEN       SIERRA       PIÑA   

* ANGELICA YEPES MONROY               

$12’212.734             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANGELICA MARIA HERNANDEZ RAMOS   

* MANUEL GAVIRIA POLO   

* MANUEL         ESTEBAN         GAVIRIA         HERNANDEZ   

* FRANCISCO GAVIRIA HERNANDEZ   

* JOSE GABRIEL GAVIRIA HERNANDEZ   

* LUZDAMARI GAVIRIA MIRANDA               

$38’882.800             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE  LUIS  CASSIANI PAJARO   

* RAFAEL ENRIQUE CASSIANI SIERRA   

* AMALIA CHICO RIVERA   

* MONICA PATRICIA CASSIANI CHICO               

$25’167.776             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NESTOR RODELO APARICIO   

* PEDRO CELESTINO RODELO RODRIGUEZ               

$35’348.000             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* HERNAN JOSE CHICO RIVERA   

* LUZ HELENA MARTINEZ JOYA   

* BRIDIS MARIA CHICO JIMENEZ   

* SERGIO JOSE CHICO JIMENEZ   

* RICARDO JAVIER CHICO JIMENEZ               

$11’046.250             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALFONSO VILLEGAS BARRETO   

* MARIA SIERRA VERGARA   

* ANA MARIA VILLEGAS SIERRA   

* ALVARO JAVIER VILLEGAS SIERRA   

* JAIDER JOSE VILLEGAS SIERRA   

* YORMAN JOSE VILLEGAS SIERRA   

* YASIRIS VEILLEGAS SIERRA   

* EDGAR ALFONSO VILLEGAS SIERRA               

$1’767.400             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* ROSALBA ROSA BARBOZA MENDEZ   

* HUGO RAFAEL BARBOZA MENDEZ   

* WILLIAM ENRIQUE MARTINEZ BARBOZA   

* CANDELARIA BARBOZA MENDEZ               

$34’8601982             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NOELIA ESTER YEPEZ MONROY   

* ALEJANDRO MANUEL MENDOZA GAVIRIA               

$13’255.500             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL EDUARDO GARCIA RODRIGUEZ   

* CARMEN ALICIA LEDESMA CONTRERAS   

* ANA CECILIA GARCIA LEDESMA   

* OMAR MANUEL GARCIA LEDESMA               

$14’139.200             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

YUDI  MARINELLA  CASTILLO                

* JOSEFA DEL CARMEN CARMONA POLO   

* JOSE MIGUEL CUETO CARMONA   

* WILFREDO ANTONIO CUETO CARMONA     

         JORGE  LUIS      CUETO  CARMONA     

* JOHANA       MARÍA       RAMIREZ  VILLA     

          IRIS  HERRERA CAÑATE             

$13’255.500             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARIA DEL SOCORRO MERCADO MACARENO   

* MILTON JOSE BARRIOS RODRIGUEZ   

* CATHERINE ESTHER BARRIOS MERCADO   

* YAIR JOSE BARRIOS MERCADO   

* MILTON JOSE BARRIOS MERCADO               

$9’614.056             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL ENRIQUE CARMONA YEPEZ   

* JUSTO CARMONA GARCIA   

* ANA ELISA YEPEZ LEDESMA   

* LUIS RAMON CARMONA YEPEZ   

* ADALBERTO CARMONA YEPEZ     

            JUSTO   MANUEL  CARMONA YEPEZ             

– 0 –             

$85’000.000   

($17 millones para cada uno)  

* OSIRIS        ESTHER       CARABALLO       DE       ORO   

* JORGE  LUIS  ARRIETA CARABALLO   

* YURIBEL ARRIETA CARABALLO   

* KEVIN RAFAEL ARRIETA CARABALLO               

$5’557.954             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AIDA ROSA NAVARRO REYES   

* HEDILBERTO CASIANI HERNANDEZ   

* EDIL MANUEL CASIANI NAVARRO   

* ROSA MARIA CASIANI NAVARRO   

* JULIETH CASIANI NAVARRO   

* LEVINSON CASIANI NAVARRO   

* YIRINETH MARIA CASIANI NAVARRO   

* JUAN MANUEL CASIANI NAVARRO   

* VICTOR DAVID CASIANI NAVARRO   

* CINDY PAOLA CASIANI NAVARRO   

* DEIVER JOSE CASIANI NAVARRO               

$8’837.000             

$120.000.000   

($10’900.000 para cada uno)  

* WALBERTO JOSE ACOSTA CARO   

* CARMELA ISABEL CARO FAJARDO   

* JOSE  LUIS  ACOSTA ANILLO   

* LUIS FELIPE ACOSTA CARO   

* EDINZO RAFAEL ACOSTA CCARO   

* CESAR AUGUSTO ACOSTA CARO   

* MARIA  LUISA  ACOSTA CARO               

$8’837.000             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ELOINA       ISABEL      GUERRERO      DE      HERNANDEZ   

* RAFAEL HERNANDEZ ANILLO   

* MARIELA DEL SOCORRO HERNANDEZ GUERRERO               

$11’876.928             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LISANDRO MANUEL CONTRERAS RODRIGUEZ   

* MARIA       DEL       TRANSITO       CASIANI      CAÑATE   

* LEIDYS ESTHER CONTRERAS CASIANI   

* ALVARO JAVIER CONTRERAS CASIANI   

* DANILO  LUIS  CONTRERAS CASIANI               

$5’302.2000             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MAGDALENA PEREIRA DE OSPINO   

* ELIECER RODRIGUEZ MATAMOROS   

* MERCEDES EDITH OSPINO PEREIRA   

* UBALDO ENRIQUE OSPINO PEREIRA   

* ROSA IRIS OSPINO PEREIRA               

$5’584.948             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* PATRICIA MARIA DIBASTO SOLANO   

* DONALDO JOSE BADEL DIBASTO   

* KAREN DAYANA BADEL DIBASTO   

* LICETH PAOLA BADEL DIBASTO   

* DONALDO JOSE BADEL DIBASTO               

$16’225.000             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LILIA ESTHER BUELVAS GARCIA   

* FELIPE       ALFONSO      MENDOZA  CASTELLAR   

* HUMBERTO ENRIQUE MENDOZA BUELVAS   

* LISANDRO ANTONIO MENDOZA BUELVAS   

* DINA LUZ MENDOZA BUELVAS   

* SERGIO  LUIS  PEREZ HERAZO               

$33’509.904             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* SHIRLEY COGOLLO BUELVAS   

* NEBER DE JESUS THERAN CARMONA   

* CAROLIN       SILETH       THERAN  COGOLLO   

* TEODOCIA CARMONA   

* ISETH THERAN CARMONA               

$13’441.077             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

          MANUEL  DE JESUS  PUAS MARTINEZ             

$353.480             

$17.000.000  

* HIDALGO JOSE BARRIOS HERNANDEZ   

* PIEDAD MARIA ALVAREZ SUAREZ   

* KELLY        JOHANA       BARRIOS  ALVAREZ   

* CARMEN MARIA BARRIOS ALVAREZ     

           ERICA  PATRICIA  BARRIOS ALVAREZ             

$12’831.324             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EDILMA ROSA TEJEDOR MENDOZA   

* SANTIAGO MIGUEL CARABALLO SARABIA   

* MARIA CLAUDIA CARABALLO TEJEDOR               

$16’207.058             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DENIS MARIA MENDOZA MENDOZA   

* EUGENIO RANGEL CARMONA ARIAS   

* DAMARIS CARMONA MENDOZA   

* JANEL DAVID CARMONA MENDOZA               

$27’217.960             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YULED DEL CARMEN HERNANDEZ VELASQUEZ   

* PEDRO       JOSE       BETANCOURT  TORRES               

$3’534.800             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CLAUDIA PATRICIA VELASQUEZ HERNANDEZ   

* JOSE ANTONIO VELASQUEZ TEHERAN   

* CARMEN ISABEL HERNANDEZ RAMOS   

* LUIS       JAVIER       VELASQUEZ  HERNANDEZ   

* WALTER ANTONIO VELASQUEZ HERNANDEZ   

* JOSE           DAVID          VELASQUEZ          HERNANDEZ   

* NELSY MARIA VELASQUEZ HERNANDEZ   

* JUDITH SARAY VELASQUES HERNANDEZ   

* INES PAOLA VELASQUES HERNANDEZ   

* MATILDE ISABEL VELASQUEZ HERNANDEZ     

JUAN FRANCISCO SARAVIA SILVA            

$13’290.848             

$120.000.000   

($12’000.000)  

* DAMASO RAFAEL CARMONA ARIAS   

* ANA ELENA PEREZ SANTANA   

* DAMANSO CARMONA PEREZ   

* OLVER JOSE CARMONA PEREZ     

            DAIRO   RAFAEL  CARMONA PEREZ             

$10’604.400             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FEDERICO ANTONIO CONTRERAS SERRANO   

* MARITZA GRAU BALSEIRO   

* CRISTIAN JESUS CONTRERAS   

* DANILO JOSE CONTRERAS               

$38’882.800             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARGELYS DEL CARMEN DIBASTO RODRIGUEZ     

          EMIRO  RAFAEL MENDOZA GAVIRIA             

$2’474.360             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* VIVIAN ESTELA NIETO PADILLA   

* MARCELO RAFAEL HERNANDEZ GUERRERO   

* DUBIS HERNANDEZ   

* EDEL FRANCISCO HERNANDEZ   

* PEDRO ANTONIO NIETO PADILLA               

$1’325.550             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MERCEDES ELENA BETANCOURT MENDOZA   

* EUGENIO ANTONIO MENDOZA CARMONA   

* PEDRO JOSE MENDOZA BETANCURT   

* NELIS ISABEL MENDOZA BETANCURT               

$12’044.831             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DEMETRIO JOSE BARRIOS MARTINEZ   

* CARMEN ELENA GARCIA RODRIGUEZ   

* MAXIMILIANO BARRIOS GARCIA   

* CESAR BARRIOS GARCIA               

$40’650.200             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EDILSA DEL CARMEN CUETO CARMONA   

* TEOFILO     DE     JESUS    GONZALEZ  OROZCO   

* LEVIS JOHANNA VEGA CUETO   

* EVA SANDRITH VEGA CUETO               

$19’688.836             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GLEDYS DEL CARMEN CATALAN GARCIA   

* WILSON NOLAZCO CARABALLO DE ORO   

* WILSON RAFAEL CARABALLO CASTILLO   

* JHON EDISON CASTILLO CATALAN   

* EDGAR       MAURICIO      CATALAN  GARCIA   

* JOSI MAURY CARABALLO CATALAN   

* LINA MARCELA CARABALLO CATALAN   

* NIDIA JOHANA CASTILLO CATALAN               

$5’302.200             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* CESAR VIDAL ESTRADA MELENDEZ   

* JHON JAIRO ESTRADA JULIO   

* CESAR ALFONSO ESTRADA JULIO   

* SANDRA ESTRADA JULIO   

* NIDIAN PAOLA ESTRADA AVILA   

* KELLYS JOHANA ESTRADA AVILA   

* LORENA ESTRADA AVILA   

* LADIS MARIA AVILA LEONES               

– 0-             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* BERTILDA ESTHER SIERRA RODRIGUEZ   

* LUIS        FELIPE       MENDOZA  CARMONA               

$1’431.594             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MERCEDES EDITH OSPINO EREIRA   

* JULIO CESAR MONTES LUNA   

* MARLEBIS GOMEZ OSPINO   

* MARILUZ GOMEZ OSPINO   

* JONATHAN ANTONIO GOMEZ OSPINO   

* YIRIS DEL CARMEN GOMEZ OSPINO   

* UBALDO  LUIS  GOMEZ OSPINO   

* CARLOS JULIO MONTES SIERRA   

* ANDRES           DAVID           MONTES           SIERRA               

$8’837.000             

$120.000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

* JOSE MIGUEL CUETO CARMONA   

* YASELIS VALENZUELA VELEZ   

* JOSE MIGUEL CUETO VALENZUELA   

* DIANA LUZ CUETO VALENZUELA               

$15’482.424             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ROSA ISABEL BETANCOURT MONROY   

* JOSE MANUEL MONROY POLO   

* JOSE MANUEL MONROY BETANCOURT   

* LUIS        ENRIQUE       MONROY  BETANCOURT   

* RAFAEL ANTONIO MONROY BETANCOURT               

$4’142.786             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EDUARDO AGAMEZ MENDOZA   

* EDITH       SOFIA       ZUÑIGA  VELASQUEZ   

* LUIS EDUARDO AGAMEZ ZUÑIGA   

* FRANCISCO      JAVIER     AGAMEZ  ZUÑIGA   

* LUIS  JOSE  AGAMEZ  ZUÑIGA   

* ELISA          CRISTINA          AGAMEZ          ZUÑIGA   

* JOSE DEL CARMEN AGAMEZ CARDONA   

* ROSA CRISTINA MENDOZA DE AGAMEZ   

* YASMINES AGAMEZ MENDOZA   

* RAMIRO ANTONIO AGAMEZ MENDOZA   

* JOSE ALFREDO BELTRAN AGAMEZ               

$28’681.367             

$120.000.000   

($10’909.091 para cada uno)  

* BERTA TULIA MENDOZA MEJIA   

* PEDRO ANTONIO TEJEDOR TORRES   

* PEDRO         LUIS TEJEDOR MENDOZA               

$7’069.600             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RITA MERCEDES CASTELLAR BARRIOS   

* DEMETRIO JOSE BARRIOS RODRIGUEZ   

* JUDITH BARRIOS CASTELLAR   

* LEDIS BARRIOS CASTELLAR   

* DIANA BARRIOS CASTELLAR   

* ALBERTO BARRIOS CASTELLAR   

* EVER BARRIOS CASTELLAR   

* JENIFER MENDOZA VASQUEZ               

$7’688.190             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* GRISELDA APARICIO ROMERO   

* JESUS MARIA MOLINA CORONADO   

* ARIEL          ENRIQUE         MOLINA         APARICIO   

* JORGE         LUIS MOLINA APARICIO   

* KELLY JOHANA MOLINA APARICIO               

$44’185.000             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ESTEBAN ENRIQUE ROMERO YEPEZ               

$6’539.380             

$17.000.000  

* ENIDET ISABEL CARABALLO DE ORO   

* WILFRIDO RAFAEL RODRIGUEZ CARABALLO   

* YEISON      RAFAEL      RODRIGUEZ  CARABALLO   

* YORJANIS RODRIGUEZ CARABALLO               

$9’720.700             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* SIMONA DEL CARMEN GAVIRIA HERNANDEZ   

* ALEJANDRO RAFAEL MENDOZA BETANCURT   

* OLGA ESTHER VILORIA GAVIRIA   

* ALEJANDRO MANUEL MENDOZA GAVIRIA   

* EMIRO          RAFAEL          MENDOZA          GAVIRIA               

$21’703.672             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

JULIO  ENRIQUE  SANABRIA VERGARA                

* ALICIA LOPEZ MAZA   

* GERALDIN LOPEZ LOPEZ   

* GUILLERMO LOPEZ LOPEZ   

* GUILLERMO LOPEZ POLO   

* PALMINA LOPEZ LOPEZ   

* SILENA LOPEZ LOPEZ   

* LEYLA MARGARITA LOPEZ  LOPEZ               

$55’443.338             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* SANTIAGO CAÑATE LOPEZ   

* DUBAN CAÑATE   

* JOSEFA VILLALBA LOPEZ   

* MANUELIS            CAÑATE  VILLALBA               

$100’398.924             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FLOR MARIA VELASQUEZ DE VEGA   

* JUAN MANUEL VEGA LOPEZ   

* JHON           CARLOS           VEGA          VELASQUEZ   

* PEDRO         LUIS VEGA VELASQUEZ   

* YAJAIRA VEGA VELASQUEZ   

* YIMARA VEGA VELASQUEZ   

* YOELIS VEGA VELASQUEZ   

* YARLIDIS VEGA VELASQUEZ   

* ELBER GONZALEZ   

* OSCAR         LUIS GONZALEZ VEGA   

* ANGUI  YULIANA GONZALEZ VEGA   

* JAIRO MANUEL VEGA VELASQUEZ               

-0-, sin juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$120.000.000   

($10 millones para cada uno)  

* LUIS VILLALBA OSPINO   

* ROSINA LOPEZ DE VILLALBA   

* MARLIN VILLADA PADILLA               

$10’560.215             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE LOPEZ MEJIA               

$16’699.102             

$17.000.000  

* JOSE CAÑATE LOPEZ               

$13’432.240             

$17.000.000  

* ABIL LOPEZ LOPEZ   

* JOSE DE LOS SANTOS LOPEZ VEGA   

* JOSE ROBERTO LOPEZ LOPEZ   

* MARGELIS LOPEZ FERNANDEZ   

* SERGIO        LUIS LOPEZ LOPEZ   

* WILBER LOPEZ LOPEZ               

$59’124.832             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADONICEL            CAÑATE  VILLALBA   

* GILMA        ESTHER       ORTIZ  RODRIGUEZ   

* YORLENIS CAÑATE ORTIZ               

$18’674.348             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALCIBIADES ORTIZ RODRIGUEZ   

* AMALFI MAZA FERNANDEZ   

* CARLOS ANDRES ORTIZ MAZA   

* KAREN PAOLA ORTIZ MAZA   

* LUIS       FERNANDO       ORTIZ  MAZA               

$13’578.934             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EDITH SOFIA LOPEZ BARRIOS   

* EDIS MANUEL VEGA   

* EIMER MANUEL VEGA LOPEZ   

* KARINA INES VEGA LOPEZ   

* OBERLIS VEGA LOPEZ   

* RAMON ALFONSO VEGA LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* HECTOR        CAÑATE ATENCIO               

$37’924.869             

$17.000.000  

* ERLINDA VEGA DE RODRIGUEZ   

* HELBER RODRIGUEZ VEGA   

* LESWIN RODRIGUEZ VEGA   

* RODRIGO RODRIGUEZ VEGA               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADALBERTO ATENCIO PULIDO   

* PETRONA MAZA VEGA   

* YOMAR ATENCIO MAZA   

* JOINER ATENCIO MAZA   

* JEAN CARLOS ATENCIO MAZA               

$58’370.152             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BERY LUZ PULIDO LOPEZ   

* IBETH PULIDO LOPEZ   

* JORGE PULIDO LOPEZ   

* LEIDIS DEL CARMEN PULIDO LOPEZ   

* LUDIS DEL ROSARIO LOPEZ PULIDO   

* MAITEH PULIDO LOPEZ   

* YOLIBET PULIDO LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta  respectiva             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ARGENIDA VILLALBA LOPEZ   

* ARGEMIRO JOAQUIN MAZA ATENCIO   

* DINA MELISA MAZA VILLALBA   

* ARGEMIRO JOAQUIN MAZA VILLALBA   

* ELIZABETH MAZA VILLALBA               

$22’265.705             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DAVID ANTONIO LOPEZ MAZA   

* JOSE DAVID LOPEZ MAZA   

* MARELYS PATRICIA LOPEZ LOPEZ   

* NEIDYS PAOLA LOPEZ LOPEZ   

* NORELIS CAROLINA LOPEZ LOPEZ   

* NORELVIS LOPEZ MAZA               

$15’037.039             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FANNY    CAÑATE   CAÑATE   

* KEVIN           DAVID           ATENCIO          CAÑATE   

* KEINER           DAVID          ATENCIO          CAÑATE   

* YOREDIS ATENCIO MAZA               

$16’123.990             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JAIRO                 CARMONA                 CASTAÑEDA   

* NELSY MONROY MENDOZA   

* JAIRO JOSE CARMONA MONROY   

* IVAN       ALFONSO      CARMONA  MONROY   

* JOSE ALFREDO CARMONA MONROY               

$1’237.180             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANGEL ENRIQUE PANTOJA MENDOZA   

* INGRID       MAGALI       DÍAZ  CARMONA   

* YEINER          ENRIQUE          PANTOJA          DÍAZ   

* YOBALDI          RAFAEL          PANTOJA          DÍAZ               

$6’451.010             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALEJANDRO MARCELINO CARMONA YEPEZ   

* MAYERLIS VEGA ALVAREZ               

$662.775             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RAFAEL ENRIQUE MERCADO PINTO   

* EMILCE VELASQUEZ MARIMON   

* JORGE         LUIS MERCADO VELASQUEZ   

* EMILCE YANETH MERCADO VELASQUEZ   

* LUIS   CARLOS   MERCADO VELASQUEZ   

* OLGA PATRICIA MERCADO VELASQUEZ   

* CARMEN IRENE MERCADO VELASQUEZ               

$23’152.940             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* IRIS YOLANDA ARRIETA CARABALLO   

* MANUEL GREGORIO DIAZ ARRIETA   

* KEVIN BRAYAN DIAZ ARRIETA               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADELIS MENDOZA BETANCOURT   

* EDWIN DE JESUS MACHADO MENDOZA   

* GINA MACHADO MENDOZA   

* JOHANA MACHADO MENDOZA               

$6’097.530             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUDITH MARIA MONROY DE FERIA   

* MANUEL     DE     JESUS     YEPES  APARICIO   

* JANER GABRIEL YEPES MONROY               

$3’004.580             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ELIA MARIA MONROY DE YEPEZ   

* JUSTINIANO JOSE YEPES APARICIO   

* MARITZA YEPES MONROY   

* JUSTINIANO PASTOR YEPES MONROY               

$3’004.580             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DELFINA MARIA MERCADO VELASQUEZ   

* DAYRO BERRIO ROMERO   

* MARIA ALEJANDRA BERRIO MERCADO               

$14’103.852             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YADIRA ESTHER MONROY BETANCURT   

* ARGEMIRO       LUIS MENDOZA SIERRA   

* DIANA LUZ MENDOZA MONROY   

* YERLIS           PAOLA          MENDOZA          MONROY   

* LORENA PATRICIA MENDOZA MONROY   

* DORIS ADRIANA MENDOZA MONROY   

* LUIS       ANGEL       MENDOZA  MONROY               

$5’744.050             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ROSEMBERG MANUEL ROMERO PANTOJA               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* MANUEL ANTONIO POSSO ARRIETA   

* DORIAN POSSO SIMON   

* MANUEL ANTONIO POSSO ARRIETA               

$7’953.300             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ZOILA ROSA LOPEZ HERNANDEZ   

* GIL RAFAEL LUNA RODRIGUEZ   

* JOSE FRANCISCO LOPEZ HERNANDEZ   

* ESTEBAN DAVID LOPEZ HERNANDEZ   

* YULIETH PAOLA LOPEZ HERNANDEZ   

* VICTOR             MARIO            LOPEZ            HERNANDEZ   

* ANGELICA PATRICIA LOPEZ HERNANDEZ   

* ANGELICA HERNANDEZ RAMOS   

* GIL RAFAEL LUNA LOPEZ               

$5’022.000             

$120.000.000   

($10’909.091 para cada uno)  

* NELSON FERNADEZ ROCHA   

* BARNEY FERNANDEZ VEGA   

* YASIRA CORTES BELLO   

* FERNEY HERNANDEZ CORTESER   

* MODESTA VEGA FERNANDEZ   

* MARICELI FERNANDEZ VEGA   

* YORCELI FERNANDEZ VEGA   

* MAYERLIN FERNANDEZ VEGA   

* ESTIVENSON FERNANDEZ VEGA               

$28’366.770             

$120.000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

* YANIRIS DEL SOCORRO MARQUES SERRANO   

* RAMON SALGADO SIERRA   

* DARLY BERRIO SERRANO   

* DAMARIS MARQUEZ SERRANO   

* MARBEL MARIA SERRANO MANJARRES   

* YORLEIDI BERRIO SERRANO               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BIENVENIDO URRUCHURTU MARIMON   

* EVA MARIA VIDES DAVILA   

* YIRIMA URRUCHURTU VIDES   

* YAIR      ENRIQUE      URRUCHURTU  VIDES   

* MILTON MANUEL URRUCHURTU VIDES   

* BRAYAN DAVID URRUCHURTU VIDES   

* LAURA VANESA URRUCHURTU VIDES               

$16’026.783             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL ESTEBAN VEGA FERNANDEZ   

* DOMINGA LOPEZ MAZA   

* ISAURA VEGA LOPEZ   

* ANDREA DEL CARMEN VEGA LOPEZ   

* JUAN MANUEL VEGA LOPEZ   

* DALILA MARGARITA VEGA LOPEZ               

Sin juramento en la  carpeta respectiva             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO JOSE NISPERUZA FERIAS   

* YULIS SUAREZ CARPIO   

* DARLIS SOFIA NISPERUZA SUAREZ   

* VANESA NISPERUSA SUAREZ   

* LILIANA                  NISPERUSA                  SUAREZ   

* DEIVIS NISPERUSA SUAREZ               

$21’003.782             

$102’000.00   

($17 millones para cada uno)0  

EDILBERTO CARRERO  LOPEZ                

* SILFRIDO LOPEZ MAZA   

* ROSIRIS ISABEL VILLALBA LOPEZ   

* PLINIO LOPEZ SILVA   

* KATERINE CONTRERAS               

$16’199.988             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* REGULO ISAAC MAZA   

* MARLON ISACC MAZA ATENCIO   

* CINDI PAOLA MAZA CUETO   

* DAYANA PAOLA MAZA ATENCIO     

          MARLY  ATENCIO CONTRERAS             

$12’336.452             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LISANDRO LOPEZ MAZA               

$21’668.324             

$17.000.000  

* RAMON VEGA LOPEZ   

* GRISELA      ESTHER      VERGARA  LOPEZ   

* ICELA VEGA VERGARA   

* JEFERSON VEGA VERGARA               

$32’361.094             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADAL VILLAREAL LOPEZ   

* OMAR VILLARREAL PULIDO   

* BILARDO VILLARREAL PULIDO   

* CADIDA ROSA VILLARREAL PULIDO   

* LINA ESTHER VILLARREAL PULIDO   

* DINA       LUZ       VILLARRREAL  PULIDO   

* YASMIRO JOAQUIN PULIDO VILLALBA   

* ANDRIS PULIUDO VILLARREAL   

* DIEGO ANDRES PULIDO VILLARREAL   

* JULIETH CAROLINA PULIDO VILLARREAL   

* ALEXANDER VILLARREAL PULIDO   

* JUANA ALICIA RUIZ HERNANDEZ               

$12’120.292             

$120.000.000   

($10 millones para cada uno)  

* ALICIA MATILDE MAZA DE LOPEZ   

* HUMBERTO ANTONIO LOPEZ MAZA               

$13’476.425             

$34.000.00   

($17 millones para cada uno)0  

* IREN ENRIQUE LOPEZ PULIDO   

* MARIA VICTORIA AYALA DE LOPEZ   

* EIDEL LOPEZ AYALA   

* LEIDER MANUEL LOPEZ OVIEDO   

* OLINDA LOPEZ AYALA   

* EDILBERTO LOPEZ AYALA   

* ROMULO ALFONSO LOPEZ AYALA   

* SOFANOR ANTONIO LOPEZ AYALA   

* EMILSA ISABEL LOPEZ AYALA               

$127’252.800             

$120.000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

* ARNOVIS SALGADO DEL RIO LOPEZ   

* VERLIDIS DEL RIO LOPEZ   

* FERMIN ENRIQUE MAZA FERNANDEZ   

* JORGE         LUIS MAZA DEL RIO   

* MINERVA     ROSA     MAZA     DEL  RIO   

* YENIS MARGARITA MAZA DEL RIO LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio en la carpeta respectiva             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MILADIS ORTIZ JULIO   

* GRENDIS CASTELLANOS ORTIZ   

* WENDIS JOHANA CASTELLANOS ORTIZ   

* PEDRO CASTELLANOS   

* YEIMIS      PAOLA     CASTELLANOS  ORTIZ               

$12’407.148             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CARLOS ANTONIO GONZALEZ FERNANDEZ   

* DIONISIO CARLOS GONZALEZ FERNANDEZ   

* HEBERTO ANTONIO GONZALEZ FERNANDEZ   

* MARIA DEL CARMEN GONZALEZ   

* MARIA DEL SOCORRO FERNANDEZ PAJARO   

* ROSA       MARIA       GONZALEZ  FERNANDEZ   

* YASMINA CARTA NORANTO               

$24’902.666             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DANIS        ESTHER       DÍAZ  TORRES   

* JANDIS LOPEZ CAÑATE   

* JAILER DÍAZ TORRES   

* YEISON NAVARRO DÍAZ   

* CLAUDIA           PAOLA          NAVARRO          DÍAZ   

* ORLEIS DÍAZ TORRES               

$13’481.727             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* TEOBALDO ENRIQUE LOPEZ MARIMON   

* MARIA DEL CARMEN RIVERA SANDOVAL               

$16’906.948             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALEJANDRO VILLA POMADES   

* ANA JUSTINA VILLA MARQUEZ               

$8’837.000             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

FERNANDO  AZA OLARTE                

* ANA FELICIA ROCHA DE MAZA   

* JOSE ISABEL MAZA LOPEZ   

* OSWALDO ENRIQUE MAZAROCHA               

$28’380.909             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* TILSON MANUEL MAZA FERNANDEZ               

$21’859.203             

$17.000.000  

* FEDERICO     ANTONIO     LOPEZ     MAZA     C.C.    8’870.025               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* GLORIA ESTHER LOPEZ MAZA   

* JAIDER LOPEZ MAZA   

* MARCO ANTONIO LOPEZ MAZA   

* MARIA DEL CARMEN LOPEZ MAZA   

* PERFECTO LOPEZ MEJIA   

* TULIO ROBERTO LOPEZ MAZA   

* ANA GISAIDA LOPEZ MAZA               

$16’936.994             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ABEL    ANTONIO   CAÑATE RODRIGUEZ   

* ELIANA      PATRICIA      CAÑATE  MAZA   

* ELYS       JOHANA       CAÑATE  MAZA   

* ESNEIDER CAÑATE MAZA   

* LUIS    ELIECER   CAÑATE MAZA   

* MERCEDES ELENA MAZA FERNANDEZ               

$27’990.314             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FEDERICO           LOPEZ          MAZA          C.C.8’870.096   

* DOMINGA MAZA FERNANDEZ   

* FRED ANTONIO LOPEZ MAZA   

* YELIAN LISETH LOPEZ MAZA               

$41’152.142             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANA CARMELA PULIDO MAZA   

* CLARA MARGARITA MAZA FERNANDEZ   

* IVAN ARTURO PULIDO CONTRERAS   

* JANIA PULIDO MAZA   

* MARLEIDIS PULIDO MAZA               

$19’694.138             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CARMELO                 FERNANDEZ                CAÑATE   

* EMMA ROSA MEZA BELTRAN   

* CATARINA MENDOZA MEZA   

* YANELIS FERNANDEZ BARRIOS   

* JHON EDUARDO FERNANDEZ BARRIOS   

* DEICER        LUIS FERNANDEZ BARRIOS               

$44’821.264             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RAUL             RODRIGUEZ  BENAVIDES               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* EDELBIA ORTIZ JULIO               

$9’798.720             

$17.000.000  

* ESPERANZA JULIO BLANCO               

$13’783.953             

$17.000.000  

* EDUARDO ORTIZ ATENCIO   

* KATERINE CATALAN CASTILLO   

* ADAN ORTIZ TULIO               

$14’860.299             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AMELIA ISABEL GONZALEZ MAZA   

* ARELIS MAZA CHIQUILLO   

* ARGEMIRO JOAQUIN GONZALEZ MAZA   

* JOSE ANTONIO GONZALEZ MAZA   

* NICOLAS GONZALEZ FERNANDEZ               

$48’891.586             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ILUMINADA PULIDO VERGARA               

$37’164.887             

$17.000.000  

* ELAIDELINA FERNANDEZ PULIDO   

* FERNANDO QUEZADA PLATA   

* DARLIDIS CAÑATE PULIDO   

* LAIDETH FERNANDA QUESADA FERNANDEZ               

$75’998.220   

Incluye  los  bienes  hurtados  en  su  tienda             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NORA ISABEL PULIDO LOPEZ   

* LEYSIS  MARIA  CAÑATE PULIDO   

* MERBYS RAFAEL PULIDO LOPEZ   

* BRAYAN DANIEL PULIDO ACOSTA   

* GEORGE      ENRIQUE      CAÑATE  PULIDO   

* DARLYDIS CAÑATE PULIDO               

31’974.033             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AMIRA        ROSA       CAÑATE  PEREZ               

$4’521.009             

$17.000.000  

* ANA           EDELMIRA          ALTAMAR          CAÑATE   

* LIZ        ANGELA        LOPEZ  ALTAMAR   

* YERENIS MARCELA LOPEZ ALTAMAR   

* JOSE ALFREDO LOPEZ ALTAMAR               

$15’302.149             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ZULYS DEL CARMEN MANOTAS FONSECA   

* ADONILSO PULIDO CARMONA               

$35’913.568             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* PEDRO       JUAN      VILLADIEGO  SANCHEZ               

$9’667.678             

$17.000.000  

* JOSE DEL CARMEN RAMIREZ TORRES   

* ORLIDES JULIO GUTIERREZ   

* DIONAR RAMIREZ JULIO   

* DAIRO JOSE RAMIREZ JULIO   

* JEISON RAMIREZ JULIO   

* BIANDIS RAMIREZ JULIO               

$8’988.996             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EFRAIN SANTANA MARIMON   

* CATIA SANTANA VEGA               

$21’488.049             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE SAN MARTIN IRIARTE   

* ORALBIS RAMOS FRANCO   

* SANDRA PATRICIA RAMOS FRANCO   

* KATY LUZ RAMOS FRANCO   

* JHON         LUIS SAN MARTIN IRIARTE   

* LUZMENIA FRANCO HERRERA               

$14’432.588             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ORFELIA PULIDO CARMONA               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* JOSE GUILLERMO MAZA VUELVAS               

$79’649.648  incluidos  elementos  de  una tienda             

$17.000.000  

* HERIBERTO VILLAREAL CARMONA               

$12’285.197             

$17.000.000  

* JUAN TORRES NAVARRO   

* JUAN TORRES GONZALEZ     

          JONATAN  TORRES  GONZALEZ             

Sin  juramento  estimatorio             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUISA       MARIA       NAVARRO  CARO               

$13’209.548             

$17.000.000  

* RAMONA ISABEL NAVARRO TAPIAS               

$29’821.340             

$17.000.000  

* DUBIS MIRANDA PEÑALOSA   

* LEIDIS      ESTHER      SALGADO  MIRANDA   

* YINA MARCELA SALGADO MIRANDA   

* FRANCISCO ANTONIO SALGADO SIERRA               

$25’819.947   

            

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AIDA DEL ROSARIO ORTIZ JULIO   

* LUIS DAVID BELLO ORTIZ   

* DUVAN ANDRES BELLO ORTIZ   

* ELIDA         MARIA         CASTELLANOS         ORTÍZ               

$10’639.748             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* PEDRO TORRES NAVARRO               

$41’134.468             

$17.000.000  

GLADYS  ESTHER  ROBLEDO RODRIGUEZ                

* DAINER VELASQUEZ VILLALBA   

* ELQUIN        LUIS VELASQUEZ VILLALBA   

* FERNAN VELASQUEZ VILLALBA   

* RAMON DIONISIO VELASQUEZ MAZA   

* RAMON      DIONISIO     VELASQUEZ  VILLALBA   

* YADIRA VILLALBA VELASQUEZ               

$45’692.592             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARCOS LOPEZ MEJIA   

* MANUEL JOAQUIN VERGARA LOPEZ               

$78’649.300             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALFREDO MIGUEL MAZA LOPEZ   

* DIONISIA LOPEZ MAZA   

* EDELSA MATILDE MAZA LOPEZ   

* JOSE ISABEL MAZA ROCHA   

* LIGIA MARGARITA MAZA LOPEZ               

$7’260.479             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CONSUELO IDALIDES MAZA ATENCIO   

* ALFONSO LOPEZ BARRIOS   

* LUZ BELSY LOPEZ MAZA   

* ERIK LOPEZ MAZA   

* AUSBERTO LOPEZ MAZA   

* ALONSO LOPEZ MAZA               

$60’842.745             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ELIAS DAVID FERNANDEZ PULIDO   

* GUALBERTO FERNANDEZ VILLALBA   

* LIDIS PULIDO LOPEZ   

* LUIS      ALFONSO      FERNANDEZ  PULIDO   

* NORBERTO FERNANDEZ PULIDO   

* GUALBERTO FERNANDEZ PULIDO               

$35’538879             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DORIS LOPEZ MAZA   

* JOSE        DAVID       CAÑATE  LOPEZ   

* WILSON             CAÑATE  RODRIGUEZ   

* ARIEL       ARTURO       CAÑATE  LOPEZ   

* ENRIQUE CAÑATE LOPEZ               

sin  juramento  estimatorio             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALICIA           MATILDE          MAZA          LOPÉZ               

Sin  juramento             

$17.000.000  

* OFELIA MAZA DE VEGA   

* EUSEBIO VEGA LOPEZ   

* ERNIDES RAFAEL VEGA MAZA   

* RICHARD VEGA MAZA   

* FREDY MANUEL VEGA MAZA   

* EUSEBIO VEGA MAZA               

sin  juramento  estimatorio             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALEXANDRA VALDEZ TIJERA   

* CARMEN TIJERA SUAREZ   

* FABIAN VELASQUEZ TIJERA   

* GLODIS VELASQUEZ TIJERA   

* KELY VELASQUEZ TIJERA               

$34’261.049             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* PEDRO LOPEZ CAÑATE               

$15’765.208             

$17.000.000  

* NERA ESTHER VALDES RIVERA   

* REMBERTO ANTONIO CONTRERAS CONTRERAS               

$15’468.285             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUAN PABLO MAZA ATENCIO   

* GLEDIS LOPEZ MAZA   

* KEYLA ESTEFANY MAZA LOPEZ   

* SANDRA VANESSA MAZA LOPEZ   

* GLEDIS MARIA MAZA LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DELFA MARIA PULIDO VILLALBA   

* TULIO ROBERTO MAZA JULIO   

* LUIS        GABRIEL       MAZA  PULIDO   

* TULIO ALBERTO MAZA PULIDO   

* TRIANA LIZET MAZA PULIDO               

$49’718.729             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL SIERRA   

* INELSA CAÑATE VILLALBA   

* OMAR SIERRA CAÑATE   

* MAIRA SIERRA CAÑATE   

* GABRIEL SIERRA CAÑATE   

* LUZ            STELLA           SIERRA           CAÑATE   

* EDILIS                 CONTRERAS                 CAÑATE               

$12’594.492             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BETTY LOPEZ PULIDO   

* INOCENCIO LOPEZ CAÑATE   

* SULAY ESTHER LOPEZ LOPEZ               

$90’490.880   

Incluye  abarrotes de la tienda y dinero  efectivo hurtado             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CANDI SOFIA MAZA MENDOZA   

* ROSA ANGELICA CONTRERAS MAZA   

* WILSON RAFAEL CONTRERAS SERRANO   

* WILSONR AFAEL CONTRERAS MAZA   

* YENIFER PAOLA CONTRERAS MAZA               

Sin  juramento  estimatorio             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EDUARDO ORTIZ TULIO               

$25’169.543             

$17.000.000  

* HUMBERTO VALDERRAMA LOPEZ   

* MARIA MAGDALENA LOPEZ   

* ORFELINA MARIA VILLALBA LOPEZ               

$10’162.550             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE MIGUEL LOPEZ PULIDO   

* TERESA DE JESUS BARRAZA LUNA   

* HEIDIS PAOLA LOPEZ BARRAZA   

* JOSE MIGUEL LOPEZ BARRAZA   

* CARLOS       ANDRES       LOPEZ  BARRAZA   

* ANA MILENA LOPEZ BARRAZA   

* FAISULIS ESTHER LOPEZ BARRAZA   

* LUZ ELENA LOPEZ BARRAZA   

* YOLIMA DEL CARMEN LOPEZ BARRAZA               

$25’662.648             

$120.000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

* ISIDRO MAZA CASSIANI   

* RAFAEL EDUARDO MAZA QUEZADA   

* JEAN CARLOS MAZA ACOSTA   

* RAFAEL MAZA ACOSTA   

* GEISON MAZA PEREZ   

* RAFAEL MAZA PEREZ               

$17’674.000             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MIRIAM TORRES MARIMON   

* FRANCISCO CABARCAS MARIMON   

* KEINER CABARCAS TORRES   

* MARIA CONCEPCION CABARCAS TORRES               

$37’999.100             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL DEL CRISTO CONTRERAS MERCADO   

* JOSE         LUIS CONJTRERAS SERRANO   

* FANNY ISABEL SERRANO RODRIGUEZ   

* RAFAEL GUSTAVO CONTRERAS TORRES   

* NORFIDIA ISABEL CONTRERAS SERRANO   

* WILBERTO CONTRERAS SERRANO   

* ORLANDO JOSE CONTRERAS SERRANO               

$59’191.993             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BELQUIZ LOPEZ CONTRERAS   

* RAUL QUEZADA LOPEZ   

* YOSELL MELISSA QUEZADA LOPEZ   

* LUZ BELEN QUEZADA LOPEZ   

* ARBEIS QUEZADA LOPEZ               

$32’696.900          incluida  mercancía de un negocio que dijo tener             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NARLY ORTIZ RODRIGUEZ   

* ANDRES FELIPE ORTIZ RODRIGUEZ   

* CAMILO ANDRES ORTIZ RODRIGUEZ               

$4’065.020             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AMIN OSCAR MAZA BUELVAS   

* ROSA MARIA TEHERAN DE MAZA   

* GILBERTO MAZA TEHERAN   

* EMERSON MAZA TEHERAN   

* IRIS M. MAZA TEHERAN               

Sin  juramento  estimatorio             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

GUILLERMO  NIZO  CAICA                

* EDGAR VELASQUEZ VILLALBA   

* EDGAR ANTONIO VELASQUEZ BERRIO   

* KETTY ZUÑIGA BERRIO   

* LUZ MERY BERRIO GUERRERO   

* VELAIDA VELASQUEZ BERRIO   

* YORGELIS VELASQUEZ BERRIO               

$20’346.839             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANA CECILIA RODRIGUEZ DE ORTIZ   

* DANIEL ORTIZ RODRIGUEZ   

* HELEN YENIS ORTIZ RODRIGUEZ               

$9’867.394             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DIGNA CONTRERAS DE LOPEZ   

* PEDRO RAFAEL LOPEZ POLO   

* YADITH LOPEZ CONTRERAS   

* YOHAN ENRIQUE LOPEZ CONTRERAS   

* YOMAR LOPEZ CONTRERASYOMEL LOPEZ CONTRERAS   

* YOSMIN LOPEZ CONTRERAS               

$30’696.203             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FEDERICO LOPEZ VERGARA   

* MILEIDIS LOPEZ AGAMEZ   

* SONIA ISABEL PULIDO CASTILLA   

* YIRA PAOLA LOPEZ LOPEZ               

$38’843.917             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE DAVID ATENCIO CONTRERAS   

* JOSE EULOGIO ATENCIO PULIDO   

* MIRNA LUZ ATENCIO CONTRERAS   

* ROSALBA MARITZA CONTRERAS DE ATENCIO   

* YENIFER PAOLA ATENCIO CONTRERAS               

$61’828.954  incluido el valor de una  “cantina”             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALBA ROSA PULIDO MAZA   

* GRISMALDO LOPEZ FERNANDEZ   

* ROBERTO ANTONIO LOPEZ PULIDO               

$30’961.313             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO RODRIGUEZ MAZA   

* PETRONA MAZA RODRIGUEZ               

$37’426.462             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ABELARDO LOPEZ CAÑATE   

* LISNELIS LOPEZ CAÑATE   

* TARCILA CAÑATE LOPEZ               

$12’106.690             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JULIA RAMIREZ   

* LEOVIGILDO LOPEZ VERGARA   

* PABLA ISABEL LOPEZ COLINA   

* SEBASTIAN LOPEZ COLINA   

* WILBER LOPEZ COLINA   

* LUZ DARY LOPEZ COLINA               

$7’967.439             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL CONTRERAS LOPEZ   

* EDUARDA MAZA   

* LUIS FELIPE CONTRERAS   

* DELIMIRO CONTRERAS               

$13’128.247             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANA FRANCISCA JULIO GONZALEZ   

* GABRIEL            ANTONIO            MAZA           CONTRERAS   

* GERMAN MAZA JULIO               

$18’253.707             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JAIDER MANUEL LOPEZ LOPEZ   

* JAIME LOPEZ CAÑATE   

* JAIME LOPEZ MAZA   

* PABLA CAÑATE DE LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANIBET MAZA CONTRERAS   

* DUBIS ESTHER CONTRERAS MENDOZA   

* LAURA MARIA MAZA CONTRERAS   

* ARISTIDES MAZA CAÑATE   

* ELIANA CONTRERAS MAZA               

$9’667.350             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DEISON RODRIGUEZ BENAVIDES   

* RAUL RODRIGUEZ BENAVIDES               

$14’232.872             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BERTA MARIA MAZA JULIO   

* JANIRIS PULIDO MAZA   

* ROBIN PULIDO MAZA   

* YULIS PULIDO MAZA   

* IBIS PULIDO MAZA               

$19’748’926             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ARGENIDA MARIA LOPEZ VILLALBA   

* OSMANI MARDIL VILLALBA MARTINEZ   

* YEIK JOSE VILLALBA PEREZ               

$9’703.026             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUAN PABLO MAZA CONTRERAS   

* DILMA ATENCIO DE MAZA               

$21’555.210             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANDRES EDUARDO LOPEZ LOPEZ   

* KAREN LORENA LOPEZ LOPEZ   

* OVIDIO JOSE LOPEZ LOPEZ   

* MARLI LOPEZ VEGA   

* OVIDIO LOPEZ MAZA               

$9’057.925             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GABRIEL EDUARDO TORRES QUEZADA   

* LILIA ESTHER FRANCO GUTIERREZ   

* EDWIN ENRIQUE FRANCO GUTIERREZ   

* DULIS MARIA TORRES FRANCO   

* ESNEY TORRES FRANCO   

* MARIA ANGELICA TORRES FRANCO   

* YARLIS MANUEL TORRES FRANCO   

* CRUZIBEL TORRES   

* MARLY MARGARITA TORRES FRANCO   

* YENICA ESTHER TORRES FRANCO               

$45’954.874             

$120.000.000   

($10’909.091 para cada uno)  

* ANGEL            MARIA           JULIO           ZUÑIGA   

* FRANCISCA IRIARTE RAMIREZ   

* LISANDRO JULIO   

* LUZ MILA JULIO   

* ANGEL JULIO   

* JULIAN JULIO   

* ANGELA JULIO   

* DARY JULIO   

* PEDRO ANDRES JULIO GUTIERREZ               

$25’418.749             

$120.000.000   

($13’333.333 para cada uno)  

* YELISA RAMIREZ MARIMON   

* JUAN TORRES   

* YULIANIS PATRICIA TORRES RAMIREZ   

* KENER TORRES RAMIREZ               

$12’907.322             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* HERNAN           URRUCHURTU  MARIMON   

* GLADYS MARIA BERRIO GOMEZ   

* MAICON JOSE URRUCHURTU MOLINA   

* YINA PAOLA URRUCHURTU MOLINA   

* DEIVIS MANUEL URRUCHURTU MOLINA   

* YISETH URRUCHURTU MOLINA               

$6’818.629             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADALBERTO RAFAEL GUZMAN FORERO   

* TOMAS ROMERO AMOR               

$24’559.790             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUZ MERY LEDESMA URRUCHURTU   

* JULIO RAFAEL URRUCHURTU LEDESMA   

* LUIS      GUSTAVO     URRUCHURTU  LEDESMA               

Sin  juramento  estimatorio             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MILTON URRUCHURTU MARIMON               

$11’219.455             

$17.000.000  

* RAFAEL ENRIQUE ORTIZ LOPEZ               

$16’539.329             

$17.000.000  

* ENILDA TORRES IRIARTE               

$15’302.149             

$17.000.000  

* DELIA MARIA BLANCO RAMIREZ   

* CANDELARIO RAMIREZ GONZALEZ   

* MAXIMO RAMIREZ BLANCO   

* YASMINA RAMIREZ BLANCO   

* CLEDIS RAMIREZ BLANCO   

* JANER     DE     JESUS     RAMIREZ  BLANCO   

* EVER RAMIREZ BLANCO               

$9’292.989             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CARMEN ROSA URUCHURTU MARIMON   

* PEDRO MARTINEZ   

* YELIKA YOHANA MARTINEZ URUCHURTU   

* YINDI YOBANA MARTINEZ URUCHURTU               

$12’506.122             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* VERKIS ZARA CAMACHO   

* HENRY MANUEL URRUCHURTU CALVO               

$20’047.618             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* BENANCIA LOPEZ PULIDO   

* SAMUEL ORTIZ ZUÑIGA   

* LENDIS ORTIZ LOPEZ   

* LILI JOHANA ORTIZ LOPEZ   

* BIARNEY ORTIZ LOPEZ   

* SAMUEL ORTIZ LOPEZ               

$6’376.779             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YANETH DEL SOCORRO ACEVEDO TOVAR   

* SAMUEL DAVID PELUFFO MEZA   

* JOSE BENJAMIN PELUFO MEZA   

* NAIMER JOSE PELUFO ACEVEDO   

* YULIANA SABINA PELUFFO ACEVEDO   

* YOISI FLOR PELUFO ACEVEDO   

* MARIBEL BRITO CARMONA   

* ADRIANA MARGARITA PELUFO BRITO               

$17’939.110             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* GREGORIO VELASQUEZ IRIARTE   

* OSWALDO VELASQUEZ IRIARTE   

* YULIANIS VELASQUEZ VILLALBA   

* JUAN VELASQUEZ MAZA   

* ANTONIO JOSE VELASQUES TORRES   

* YULEIDIS VELASQUES TORRES   

* HERNAN VELASQUES ORTIZ   

* ANA      MARGARITA      MARTINEZ  TORRES   

* DANILO JOSE VELASQUEZ TORRES   

* LUZ MARINA TORRES AUÑA   

* WENDI PATRICIA MARTINEZ TORRES               

$16’716.069             

$120.000.00   

($10’909.091 para cada uno)  

* NORMA DEL SOCORRO FIERRO AMAYA   

* TOBIAS JIMENEZ DAVILA   

* JOSE GREGORIO JIMENEZ FIERRO               

Sin  juramento  estimatorio             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YESENIA MARTINEZ GOMEZ   

* ALEX VELASQUEZ VILLALBA   

* ALEX ELIECER VELASQUEZ RAMIREZ   

* CARLOS ALBERTO VELASQUEZ RAMIREZ   

* YOHADIS CAROLINA VELASQUEZ RAMIREZ   

* YANELSIS VELASQUEZ RAMIREZ   

* ELKIN         LUIS VELASQUEZ RAMIREZ               

$11’917.578             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUZ MARINA LOPEZ PULIDO   

* YIRA PAOLA LOPEZ LOPEZ   

* JADER ENRIQUE LOPEZ LOPEZ   

* YURIS ESTHER LOPEZ LOPEZ   

* CLENDY MARGARITA LOPEZ LOPEZ   

* YARLEIDIS LUZ LOPEZ LOPEZ   

* JAIME RAFAEL LOPEZ LLERENA   

* JAIME RAFAEL LOPEZ LOPEZ               

$22’115.476             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

FERNANDO  RIVERA  BALLESTEROS   

               

* JESUS DAVID LOPEZ AGAMEZ   

* LIBARDO LOPEZ VERGARA   

* PABLA ISABEL VERGARA DE LOPEZ   

* RODRIGO LOPEZ VERGARA   

* SILFREDO LOPEZ VERGARA   

* JOSUE LOPEZ VALDEZ               

$16’030.318             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DELIMIRO RAFAEL MAZA FERNANDEZ   

* GERMIN MAZA FERNANDEZ   

* GEOVALDO MAZA FERNANDEZ               

$10’604.400             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* OSVALDO CABARCAS MARIMON               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* JUAN CARLOS HERNANDEZ MAZA   

* LILIA MAZA CONTRERAS               

$32’785.270             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ARLIN HERNANDEZ MAZA   

* YORMAN HERNANDEZ MAZA   

* LILIA ROSA LOPEZ HERNANDEZ               

$1’060.440             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JULIO CESAR MAZA RODRIGUEZ   

* OSVALDO MAZA FERNANDEZ   

* WALFRAN MAZA FERNANDEZ     

ANTONIO        LUIS MAZA FERNANDEZ             

$13’842.625             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUAN BAUTISTA LOPEZ VEGA   

* YOLANDA PULIDO MAZA   

* JORGE ELIECER LOPEZ PULIDO   

* LUZ KARIME LOPEZ PULIDO               

$62’707.352             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANA      FELICIA      VELASQUEZ  MAZA               

$19’607.536             

$17.000.000  

* CARLOS ARTURO MAZA CONTRERAS   

* CARLOS ARTURO MAZA LOPEZ   

* JUAN PABLO MAZA LOPEZ   

* MARCO ROBERTO MAZA LOPEZ   

* ESTEBENSON MAZA LOPEZ               

$110’800.037             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MARQUEZA LOPEZ MEJIA   

* ROSALIA MAZA LOPEZ   

* RICARDO ARTURO TORRES MAZA   

* RICARDO DE JESUS TORRES GONZALEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DARLY MARGARITA PULIDO VILLALBA   

* LUIS       ALBERTO       PULIDO  LOPEZ   

* PABLA VILLALBA LOPEZ   

* YEISON PULIDO VILLALBA   

* YILSON       MANUEL      PULIDO  VILLALBA               

$33’347.303             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADELMO LOPEZ MAZA   

* BELINDA VELASQUEZ VILLALBA   

* MARIA ALEJANDRA LOPEZ VELASQUEZ   

* RONALDO LOPEZ VELASQUEZ               

$10’250.920             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALEXANDER   CAÑATE  CHAMORRO   

* GUILLERMO CAÑATE LOPEZ   

* MARIA      ANGELICA      CAÑATE  CHAMORRO   

* MARIA JOSEFA RODRIGUEZ MAZA               

$16’097.479             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GINETH CAROLINA LOPEZ PULIDO   

* AUDILIO            CAÑATE  RODRIGUEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* GLEDIS LOPEZ MAZA   

* GLEIDIS MARIA MAZA LOPEZ   

* JUAN PABLO MAZA ATENCIO   

* KEILA ESTEFANY MAZA LOPEZ   

* SANDRI VANESA MASA LOPEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO VEGA LOPEZ   

* MARIA DEL ROSARIO BARRIOS BLANCO   

* FRAISTEN AUGUSTO VEGA BARRIOS   

* ANABEL VEGA BARRIOS   

* DAGUIS VEGA BARRIOS               

$57’543.009             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADAL CAÑATE VILLALBA   

* DALY       ORFELINA      CAÑATE  VILLALBA   

* ERICA LUZ VILLALBA LOPEZ   

* JESUS      FEDERICO      CAÑATE  VILLALBA   

* NEIMER  ASMIRO CAÑATE VILLALBA               

$11’820.371             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CLAUDINA            CAÑATE  ATENCIO               

$11’442.148             

$17.000.000  

* CELIA ORTIZ JULIO   

* HERNAN VELASQUEZ IRIARTE   

* YERALDINA PALOMINO ORTIZ   

* YIMINA PALOMINO ORTIZ               

$9’999.949             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CESAR            DARIO            MAZA           CAÑATE   

* ELSY MAZA ATENCIO   

* GLENDA MARCELA MAZA MAZA   

* MARILYN YULIETH MAZA MAZA   

* CESAR ANDRES MAZA MAZA               

$22’857.784             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DEYIN            ZENITH           VEGA           CAÑATE   

* DEISY VEGA FERNANDEZ   

* GASPAR VEGA FERNANDEZ   

* GASPAR       ENRIQUE       VEGA  LOPEZ   

* ROISER VEGA FERNANDEZ   

* JOHANA VEGA FERNANDEZ   

* YOLANDA                 FERNANDEZ                CAÑATE               

Sin  juramento  estimatorio             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSEFA   ZUÑIGA   CAÑATE   

* VICTOR       MANUEL      ZUÑIGA  MAZA               

Sin  juramento  estimatorio             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DAIRO ALFONSO RODELO APARICIO   

* PEDRO RODELO RODRIGUEZ   

* MARIA APARICIO PADILLA   

* LUZ ESTER CONTRERAS SERRANO   

* NANCY LUZ RODELO CONTRERAS   

* KARELIS ROSA RODELO CONTRERAS   

* JANER DAVID RODELO CONTRERAS               

No  hay juramento  estimatorio             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NILSON ENRIQUE CASTRO CHARRIS   

* CARLOS ELOY CASTRO POSSO   

* ANA HELENA CHARRY CHARRY   

* LUIS       ALFONSO       CASTRO  CHARRY   

* DANIS MARIO CASTRO CHARRY   

* MARTHA MILENA CASTRO CHARRY   

* LUIS FELIPE ACOSTA CARO               

$14’139.200             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AURA ELENA YEPES MONROY   

* LUIS       ALFONSO       CASTRO  CHARRYS   

* YENIFER CASTRO YEPES   

* YESICA CASTRO YEPES   

* DANIEL CASTRO YEPES               

$1’767.400             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUELA BOLIVAR RAMIREZ   

* ENRIQUE TORRES CABARCAS   

* JOAQUIN ENRIQUE TORRES BOLIVAR   

* EDITH TORRES BOLIVAR   

* MARYLUZ TORRES BOLIVAR   

* YANITH TORRES BOLIVAR   

* MARCELA TORRES BOLIVAR   

* ROSARIO TORRES BOLIVAR   

* LUIS       ENRIQUE       TORRES  BOLIVAR   

* NARCISO TORRES BUSTILLO   

* MONICA TORRES BUSTILLO   

* YULIS TORRES BUSTILLO               

$31’237.028             

$120.000.000   

($10 millones para cada uno)  

* INGILBERTO VELASQUEZ MAZA   

* ROSALINA BALLESTEROS PEREZ   

* JORGE         LUIS BALLESTEROS PERES   

* AIDA BALLESTEROS PEREZ   

* ARLIS BALLESTEROS PEREZ   

* PEDSRO        LUIS BALLESTEROS PEREZ   

* ANA ROSA VELASQUEZ PEREZ               

$18’239.568             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* NICOLAS           RODRIGUEZ  URRUCHURTU   

* YANDRI RODRIGUEZ HERNANDEZ   

* ELIANA RODRIHUEZ HERNANDEZ   

* JOSE ESTEBAN RODRIGUEZ HERNANDEZ   

* YEINER RODRIGUEZ HERNANDEZ               

$11’281.314             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALIRIS SANTANA HERAZO   

* LUIS       MIGUEL       BARRIOS  CASTILLA   

* YORCELIS           BARRIOS  SANTANA   

* ANGI CAROLINA BARRIOS SANTANA               

$22’361.149             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* FRANCISCO JAVIER ARIAS HERNANDEZ   

* FRANCISCO ARIAS TORRES   

* JESUS ANDRES ARIAS TORRES   

* ZORAIDA ARIAS TORRES   

* LAUDITH ARIAS TORRES   

* PABLO JOSE ARIAS TORRES               

$20’325.100             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DELCIS ESTHER SANTANA GARCIA   

* YAINER ENRIQUE URRUCHURTU SANTANA   

* DANILO JOSE URRUCHURTU SANTANA               

$18’766.253             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE GUILLERMO BLANCO RAMIREZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* ELSI QUINTANA SIMANCAS   

* DIDIER ROBERTO LLERENA QUINTANA   

* NANCY MARGARITA SUAREZ QUINTANA   

* SAIR LLERENA QUINTANA   

* CINDI LLERENA QUINTANA   

* FERNANDO TAPIAS LLERENA   

* ISAIAS GUILLERMO LLERENA QUINTANA               

$22’825.971             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LIBRADA            CAÑATE  RODRIGUEZ   

* JOSE       ARMANDO       CAÑATE  RODRIGUEZ     

         ROSA  CAÑATE RODRIGUEZ             

Sin  juramento  estimatorio             

$51’000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RAFAEL          ENRIQUE          CASSIANI         PÉREZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$17’000.000  

* ALGEMIRO       LUIS     CASTELLAR    BUELVAS,    C.C.  73’084.651               

$66’807.720             

$17’000.000  

* NOLFI CECILIA NAVARRO LOPEZ   

* JAINER ANTONIO SANCHEZ NAVARRO   

* ARGEMIRO SANCHEZ NAVARRO   

* ERICK CESAR BELTRAN NAVARRO               

$16’756.719             

$68’000.000   

($17 millones para cada uno)  

CARMELO  VERGARA  NIÑO                

* ARGEMIRO   JOAQUIN  MAZA  CONTRERAS   

* EDILMA ALCALA DE MAZA   

* EDILMA ESTHER MAZA ALCALA   

* OLINARDO MAZA ALCALA   

* TATIANA MAZA ALCALA               

$23’874.039             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* AURELIS MAZA BERRIO   

* LUIS    ALBERTO   CAÑATE LEDESMA   

* LUIS   GUILLERMO   CAÑATE MAZA               

$21’997.944             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUIS        ANIBAL        MAZA  RODRIGUEZ   

* LUIS        ENRIQUE       MAZA  FERNANDEZ   

* SIXTA TULIA FERNANDEZ LOPEZ   

* EDUAL MAZA FERNANDEZ   

* YEISON MAZA FERNANDEZ               

$20’739.562             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL JOAQUIN VERGARA LOPEZ   

* NELIDA LOPEZ MEJIA   

* NILSON VERGARA LOPEZ   

* SABAS ENRIQUE VERGARA LOPEZ   

* HEIDER VERGARA LOPEZ   

* NELIDA DEL CARMEN VERGARA OPEZ   

* PAOLA YULIETH VERGARA FERRER               

   

$11’753.210   

$38’529.320             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* EMMA CONTRERAS DE PULIDO   

* JULIO       MANUEL       PULIDO  LOPEZ   

* GABRIEL PULIDO CONTRERAS   

* WALBER PULIDO CONTRERAS   

* EMMA PULIDO CONTRERAS   

* MAYERLI PULIDO CONTRERAS   

* LINJANEL                VILLALBA               MARTÍNEZ   

* DELLIS ENITH VEGA FERNANDEZ               

$3’358.060             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* GUILLERMO RODRIGUEZ MAZA   

* JOSE         LUIS     RODRIGUEZ    CAÑATE   

* ONORFILIA           CAÑATE  VILLALBA   

* REIMER                 RODRIGUEZ                 CAÑATE   

* RAMON RODRIGUEZ CAÑATE   

* WILMAN                 RODRIGUEZ                 CAÑATE   

* YOLBER                 RODRIGUEZ                 CAÑATE               

$25’473.536             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CARLOS ALFONSO LOPEZ VEGA               

$20’811.135             

$17.000.000  

* YERALDIN RODRIGUEZ   

* LUCY MARIA RODRIGUEZ   

* MARICELA VILLERO PEREZ   

* ONIS RODRIGUEZ MAZA               

   

$49’298.088             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUIS       MIGUEL       PULIDO  VILLALBA   

* ANA VICTORIA SERRANO PEREZ   

* YORIS ESTHER PULIDO SERRANO   

* NAYRABIS PULIDO VILLALBA   

* DEIS       MARCELA       PULIDO  VILLALBA   

* ANYIS MARCELA PULIDO SERRANO   

* ANA VICTORIA SERRANO PEREZ   

* LUIS       MIGUEL       PULIDO  SERRANO               

$18’472.865             

$120.000.000   

($15’000.000 para cada uno)  

* ESTEBANA VILLALBA LOPEZ   

* NEIDER CAÑATE PULIDO   

* SEBASTIAN  GARCÍA HERNÁNDEZ               

$3’128.298   

$17’104.897             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ADRIANA PATRICIA LOPEZ LOPEZ   

* ALBA ROBERSI LOPEZ LOPEZ   

* IRINA MARGARITA LOPEZ LOPEZ   

* LEONARDO LOPEZ LOPEZ   

* ROBERTO LOPEZ POLO   

* ROBERTO CARLOS LOPEZ LOPEZ   

* ROSIRIS LOPEZ LOPEZ   

* ALMIRO LOPEZ LOPEZ               

$46’744.195             

$120.000.000   

(15 millones para cada uno)  

* GERTRUDIS           CAÑATE  LEDESMA   

* YOIDER                 FERNANDEZ                 CAÑATE   

* YOIRMER                 FERNANDEZ                CAÑATE   

* YORGUIN                 FERNANDEZ                CAÑATE   

* JHON          ANDERSON         FERNANDEZ         CAÑATE   

* YOSELIN                 FERNANDEZ                CAÑATE               

$61’859.000             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* CANDI            SOFIA            MAZA            MENDOZA   

* CATALINA MENDOZA DE MAZA   

* KELLY JHANA MAZA MENDOZA   

* ARMANDO RAFAEL MAZO MENDOZA   

* MARCO RAFAEL MAZA POLO   

* MANUEL MAURICIO MAZA MIRANDA   

* PEDRO RAFAEL MAZA MENDOZA               

   

$35’100.564             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JANDY           MANUEL           LOPEZ           CAÑATE   

* JOSE GREGORIO COBO   

* NAYIS LOPEZ CAÑATE   

* DANIS        ESTHER       DÍAZ  TORRES   

* YULIETH           PAOLA           LOPEZ           DÍAZ   

* JANER YESITH LOPEZ LOPEZ               

$8’541.844             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ABEL        ENRIQUE       DÍAZ  SERRANO               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* DENIS    DÍAZ    PEÑALOZA   

* DANIS    TORRES   PEÑALOZA   

* ISAIAS       EZEQUIEL      DÍAZ  TORRES   

* ELIZABETH DÍAZ TORRES   

* DAMIS            ESTER           TORREZ           DÍAZ               

$31’641.762             

$85.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* VICENTA VILLALBA LOPEZ   

* OLBER ENRIQUE PULIDO VILLALBA               

$4’361.943             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* YASMIRO      JOAQUIN      PULIDO  VILLALBA   

* DINA LUZ VILLARREAL PULIDO   

* ANDRIS PAOLA PULIDO VILLARREAL   

* DIEGO ANDRES PULIDO VILLARREAL   

* YULIETH     PULIDO    VILLARREAL    nacida    después 2000   

* HEIDYS PULIDO VILLARREAL               

$16’954.668             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE     DEL     CARMEN    TORRES  BOLIVAR   

* MARIA ISABEL VELASQUEZ ARIAS   

* HEINER TORRES VELASQUEZ nacida 2002?               

$10’418.823             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* MANUEL LOPEZ MEJIA   

* MERCEDES URRUCHURTU MARIMON   

* ORLANDO SALAS   

* JORGE         LUIS SALAS URRUCHURTU   

* JOHONYS            MANUEL           SALAS           URRUCHURTU   

* KATTY SALAS URRUCHURTU   

* YANERIS SALAS URRUCHURTU               

$19’917.252             

$119.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUAN ANTONIO NAVARRO JARABA   

* NELSY LOPEZ   

* SHYRLE DEL SOCORRO NAVARRO LOPEZ               

$18’786.392             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JUVENAL VIDES TORRES   

* ANA GERTRUDIS DAVILA JIMENEZ   

* EDWIN VEDES DAVIL   

* YASIRA VIDES DAVILA               

$10’897.788             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ANA MARIMON CACERES   

* JUAN ALFREDO VENECIA MELENDEZ               

Sin  juramento  estimatorio             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE MARIMON CACERES   

* ANDREA VICTORIA TORRES QUEZADA   

* SUGEY MARIMON TORRES   

* BISLEY MARIMON TORRES   

* CARMEN MARIMON TORRES   

* JOSE NELSON MARIMON TORRES               

$24’001.29             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ALBERTO FERNANDEZ ROCHA   

* MARIA CONCEPCION MAZA ROCHA   

* MIRLEIDIS          FERNANDEZ  MAZA   

* JULIO MANUEL FERNANDEZ MAZA   

* YOBERLEIS FERNANDEZ MAZA   

* BLEIDIS FERNANDEZ MAZA   

* LEIVI FERNANDEZ MAZA   

* DUVIS DEL CARMEN FERNANDEZ               

$51’738.867             

$120.000.000   

($15 millones para cada uno)  

* JUANA MARIMON DE URRUCHURTU   

* KELINETH LOPEZ URRUCHURTU   

* NICANOR          URRUCHURTU  CABARCAS   

* YIRINA URRUCHURTU   

* YAIR URRUCHURTU   

* JOSE DEL CARMEN URRUCHURTU MARIMON               

$32’635.041             

$102.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* RICARDO CUTEN PEREZ               

$31’134.518             

$17.000.000  

* JULIO CESAR LEDEZMA SANTANA   

* MARTICELA URRUCHURTU MARIMON   

* YOEMIS DEL CARMEN LEDESMA URRUCHURTU   

* JOSE DAVID LEDESMA URRUCHURTU               

$29’991.010             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ENRIQUE TORRES NAVARRO   

* FRANCISCA BLANCO RAMIREO   

* HERNAN TORRES BLANCO   

* JUAN TORRES   

* ENRIQUE TORRES   

* ESTELLA MARIA TORRES   

* MANUEL     TORRES    LUISA MARIA TORRES   

* FELIX MANUEL TORRES   

* YISELA TORRES   

* WILMAR ANTONIO TORRES   

* LUISA MARIA TORRES   

* JULIA ROSA TORRES               

$20’356.913             

$120.000.000   

($10 millones para cada uno)  

* PEDRO RAFAEL YEPEZ MARCADO   

* ALBA CHICA BARRERA               

Sin  juramento  estimatorio             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* DUBIS DEL CARMEN FERNANDEZ MAZA   

* SANDRA MILENA ALVAREZ HERNANDEZ               

$6’892.860             

$34.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* LUZ MARINA PULIDO CARMONA               

Sin  juramento  estimatorio             

$17.000.000  

* EBERTO ALLIN MEDRANO   

* MARY LUZ CAMPO MIRANDA   

* RAFAEL ANTONIO ALLIN CAMPO   

* YUSNEIDIS BERDUGO               

$20’675045             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* JOSE ISABEL FERNANDEZ MAZA   

* DIANA CORTECERO BELLO   

* MAURA LUCILA VALENTIERRA PERLAZA               

$8’837.000             

$51.000.000   

($17 millones para cada uno)  

* ELENA        ROSA        CALVO  RODRIGUEZ   

* LUIS      FGELIPE      URUCHURTU  CALVO   

* JOSE DEL CARMEN URRUCHURTU MARIMON   

* KEILA PATRICIA URRUCHURTU CALVO               

$8’821.093             

$68.000.000   

($17 millones para cada uno)  

Dentro del grupo de víctimas representadas  por    el    abogado   Jaimes   Arbeláez,  a  modo  de  ejemplo,  se destacan los siguientes casos donde las  cifras  suministras  como  valor  global  de  perjuicios no se acompasan con los  bienes  enumerados como perdidos, razón por la cual la Sala debió realizar los  ajustes   pertinentes,   conforme  al  promedio  expuesto  por  la  mayoría  de  declarantes.   

Así,    la    señora    Norma    Regina    Barrios    Mondol170  indicó  una cifra global  de  50  millones  de  perjuicios  materiales;  sin  embargo señaló como bienes  abandonados:  12  cerdos, 30 gallinas, 15 patos, 5 reses, 2 hectáreas de ñame,  1  de  yuca  y  1  de  maíz  y  dos  casas  de  bahareque. Conforme al promedio  reportado,    tales    bienes    tendrían    un    valor   de   $22’500.000   y   no   los   50  millones  señalados.   

La      señora      Rosalba             Barbosa171   reporta   como   bienes  perdidos  3  burros,  10  patos, 10 gallinas, 3 gallos, 10 pavos, 1 hectárea de  maíz,  1  de  ñame  y  1 de plátano, valorados globalmente en $56’380.000;  sin  embargo,  tal  rubro se  aleja  sustancialmente  de las cifras suministradas por otras víctimas, de modo  que  la  Corporación  la  ajustó a $9’724.000  a  los  cuales  se  agregaron  los  10  millones  de  pesos  referidos por arrendamiento.   

Igual  situación  se  presenta en algunos  casos   presentados   por  la  doctora  Yudy  Castillo  Africano,  los  cuales  han sido ponderados conforme a  los   parámetros   indicados.   Así,   por   ejemplo  el  señor  César   Estrada  Meléndez  señaló  un  perjuicio  de 20 millones de pesos, no obstante, omitió señalar la pérdida de  bienes,  razón  por la cual no fue posible reconocerle suma alguna por concepto  de lucro cesante.   

La      señora      Margelis  del  Carmen  López  Fernández,  representada    por    el    doctor   Julio   Enrique  Sanabria, señaló haber sufragado arrendamiento por 7  años    en    cuantía    de    $12’600.000,  cifra  objeto  de  ajuste  por  la  Sala por alejarse, sin  razón alguna, del promedio informado por las restantes victimas.   

Este  mismo  litigante instauró incidente  respecto  de  los  grupos  familiares  de  Flor María  Velásquez  Vega,  Edith Sofía López Barrios, Erlinda Vega de Rodríguez, Bery  Luz  Pulido  López,  Iris  Arrieta Caraballo, Rosemberg Romero Pantoja, Yaniris  Marques  Serrano  y  Manuel  Esteban  Vega  Fernández;  sin embargo, no aportó el  juramento  estimatorio rendido por cada uno de ellos, pues no se encuentra ni en  la    carpeta    de    pruebas    entregada    por    el   doctor   Sanabria  ni  en la carpeta de cada una de  las  víctimas,  circunstancia  que  imposibilita a la Sala reconocer los rubros  mencionados  por  concepto de daño emergente, aun más cuando no existe ningún  otro  medio  de  convicción  que  permita  corroborar la configuración de este  perjuicio.   

El      doctor      Edilberto    Carrero   López   instauró  incidente    respecto    de    los    clanes    familiares    de    Arnovis  Salgado  del  Río y Alejandro  Villa  Pomadas  sin aportar el  respectivo  juramento  estimatorio,  razón por la cual la Corporación no puede  reconocer los perjuicios del orden deprecados por el litigante.   

Así   mismo,  respecto  de  la  señora  Denis    Esther    Díaz    Torres    aportó  dos juramentos estimatorios vertidos por ella, cada uno con  cifras  diferentes. Por ello, la Sala acoge el rendido el 24 de junio de 2009 en  la  Notaría  única  de  María  La Baja, no sólo por ser el primero, sino por  estar    discriminados    los   rubros   que   componen   el   daño172.   

El doctor Fernando  Aza  Olarte  no  aportó  juramentos  estimatorios  de  Federico   López   Maza  (C.C.8’870.025),  Raúl  Rodríguez  Benavides,  Orfelia Pulido Carmona  y     Juan     Torres  Navarro,  en  relación  con  los  cuales  la Corte no  reconoce ninguna indemnización por perjuicios materiales.   

Igualmente,  la  Corporación  ajustó los  valores     declarados    por    Federico    López  Maza  (C.C.8’870.096),   Carmelo  Fernández  Cañate,  Zulys   del   Carmen   Manotas  Fonseca  y  Heriberto Villarreal Carmona, por cuanto  algunos  avalúos  por ellos efectuados se apartan radicalmente de los indicados  por     la     mayoría    de    las    víctimas173.   

La doctora Gladys  Robledo  Rodríguez no allegó juramentos estimatorios  de  los grupos familiares de Doris López Maza, Alicia  Matilde  Maza López, Ofelia Maza de Vega, Juan Pablo Maza Atencio, Candi Sofía  Maza  Mendoza  y Amín Maza  Buelvas,  razón  por  la  cual  la  Corporación  no  reconoce indemnización por perjuicios materiales para ellos.   

La   Colegiatura   revisó  los  valores  declarados  por  Consuelo  Idalies Maza Atencio,Tulio  Roberto  Maza Julio, Inelsa Cañate Villalba, Bety López Pulido, Teresa Barraza  Luna,    Isidro    Maza    Cassiani,    Miriam   Torres   Marimon   y Manuel del Cristo Contreras174.   

No se reconoce perjuicio material respecto  de   Pabla  Cañate,  Luz  Mery  Ledesma  Urruchurto  y   Norma   del   Socorro  Fierro  por  no  existir  en  el expediente pruebas ni  juramento  estimatorio  sobre  tal rubro, en tanto no fue aportado por el doctor  Guillermo  Nizo  Caica, quien  las representa.   

De  igual  manera,  la Sala, por similares  razones  a  las expuestas anteriormente, adecuó los avalúos efectuados por los  grupos     familiares     de    Edgar    Velásquez  Villalba175,   Digna  Contreras  López176,  Francisco Rodríguez Maza177,        Tarcila     Cañate     de    López178,        Gabriel            Contreras179,        Deison     Rodríguez     Benavides180,        Argenida      López      Villalba181,        Marili        López        Vega182,        Angel     María    Julio    Zuñiga183,        Enilda       Torres       Iriarte184,        Veréis        Zara       Camacho185     y     Benancia       López       Pulido186.   

No  se allegaron las declaraciones juradas  de  perjuicios de las siguientes personas por parte de su apoderado Fernando   Rivera   Ballesteros,  lo  cual  explica  que  no  se  les  reconozca  por la Corte ninguna cifra por concepto de  perjuicios  materiales: Oswaldo Cabarcas Marimon, Juan  Bautista  López  Vega,  Marquesa  López Mejía, Carolina López Pulido, Gledis  López  Maza,  Deyin  Zenith  Cañate,  Josefa  Zuñiga Cañatwe, Darío Alfonso  Agudelo  Aparicio, José Guillermo Blanco Ramírez, Librada Cañate y  Rafael  Enrique  Cassiani.   

Además,  respecto  de  este litigante, la  Sala  ajustó  los  valores  indicados  por las siguientes víctimas en tanto se  alejan  de los promedios establecidos: Silfrido López  Vergara187,       Julio       César      Maza  Rodríguez188,   Ana   Felisa  Velásquez189,  Carlos     Arturo    Maza    Contreras190,  María   Josefa  Rodríguez  de  Cañate191,  Francisco  Vega  López192,        Claudina      Cañate      Atencio193,        Hernán      Velásquez     Iriarte194     y     Ana      Elena     Yepes     Monroy195.   

El doctor Carmelo  Vergara  Niño  no  allegó  juramento  estimatorio de  Abel  Enrique Díaz Serrano,  Ana María Marimon Cáceres,  Pedro  Rabel Yepes Mercado y  Luz  Marina  Pulido Carmona.  Igualmente    se   conciliaron   las   cifras   mencionadas   por   Sabas        Vergara       López196,        Carlos     Alfonso    López    Vega197,        Rosiris     López     de     López198,        Marco      Rafael     Maza     Polo199,        Juan    Antonio    Navarro    Jaraba200,        Juvenal        Vidal       Torres201,        José       Marimon       Cáceres202     y     Juana    Marimon    de    Urruchurtu203.   

2.2.5.            Personas excluidas como víctimas  del delito de desplazamiento forzado   

Corresponde  resaltar  que  en el anterior  listado  de  víctimas del desplazamiento forzado fueron omitidos los nombres de  quienes  a pesar de haber sido reconocidos en tal condición durante el trámite  incidental,  carecen  de  ella,  como pudo constatar la Sala luego de confrontar  los  datos  suministrados  por  los  abogados con la correspondiente carpeta del  expediente.   

El  mismo  ejercicio permite incluir otras  personas  en esa calidad, a petición de sus apoderados y hacer las correcciones  y  complementaciones necesarias, relativas a las inconsistencias halladas en los  nombres de las víctimas.   

     

i. Por  cuanto  su registro civil indica que nacieron con posterioridad  al 11 de marzo de 2000:     

Angi     Paola      Pantoja  Chamorro,     nacimiento    11/12/00204.   

Vimis     Stela    Chamorro   Cueto,  11/05/09205.   

Mabis  María  Chamorro Cueto,               14/12/05206.   

Yeiner Alfonso Villegas Sierra,                01/10/01207.   

Dajanna  Jelith Cueto Herrera,                27/10/00208.   

Wilmer    Cueto   Herrera,                 9/12/04209.   

Paula  Andrea  Cueto Ramírez,                05/05/05210.   

Danna Saudita Teherán Cogollo,                02/08/06211   

Angie  Paola  Barrios  Alvarez,                03/04/02212.   

Elizabeth  Barrios  Alvarez,                10/02/05213.   

Santiago      Miguel      Caraballo  Tejedor,    27/12/01214.   

Sary Yulissa Caraballo Tejedor,                29/03/05215.   

Juan  David  Sarabia Velásquez,                23/03/04216.   

Wirme José Sarabia Velásquez,                06/06/01217   

Luis  Miguel  Carmona  Pérez,                17/07/03218   

Mayerlis     del    Carmen    Mendoza  Dibasto,    03/01/03219.   

Sindy  Patricia Mendoza Dibasto,                 22/9/05220.   

Maylin      Patricia      Mendoza  Dibasto,    23/05/07221   

Katrinaliet  González  Cueto,                01/10/05222   

Geidys      Margarita      Pulido  Villareal,    01/03/02223.   

Elizabeth  Villarreal  Ruíz,                02/10/04224.   

Sarai   Villarreal   Ruiz,                22/02/06225   

Sugeidys  Castellanos  Ortiz,                30/07/05226.   

Jhon    Salgado    Miranda,                12/11/01227.   

Yeny   Luz   Torres   Franco,                 29/1001228.   

Irene  Valentierra  Fernández,                01/09/05229.   

Yamileth Valentierra Fernández,                06/04/01230.   

Ever Luis Valentierra Fernández,                14/05/03231.   

Luisa  Fernanda  Maza  Berrío,                05/05/08232.   

Alberto  José  Cañate  Maza,                30/11/06233.   

Jean  Franco  Cañate  Maza,                23/12/02234.   

Saray   Rodríguez  Villero,                25/05/03235.   

Naidis   Pulido   Santana,                09/08/03236.   

Yenifer  Fernández Cortecero,                31/08/00237.   

Yarleis     Carolina    Valentierra  Perlaza,    27/03/04238.   

Yuneisis     del    Carmen    Allin  Berdugo,    16/08/08239.   

Son desplazadas las personas o poblaciones  obligadas  o  forzadas  a  huir de su hogar o lugar de residencia habitual hacia  otra  porción  del  territorio nacional para salvaguardar su vida, integridad y  libertad  amenazadas  como consecuencia del conflicto armado o de situaciones de  violencia  generalizada  que  conllevan  vulneración  masiva  de  los  derechos  humanos.   

Por  ello,  no  es  posible acreditar como  víctimas  directas  del  punible  de  desplazamiento  forzado,  para efectos de  indemnización,  a  los  menores  enlistados con antelación por cuanto nacieron  con  posterioridad  al  éxodo masivo y, por tanto, no habitaban Mampuján o San  Cayetano  para  los  días  10  y  11  de  marzo de 2000; por obvias razones, no  tuvieron que abandonarlo, ni dejaron sus actividades habituales.   

     

i. Quedaron  incluidos  en  varios  núcleos  familiares  y por ello se  ubican en uno de ellos:     

Duban  Cañate,  Josefa  Villalba  López  y  Manuelis Cañate Villalba se  ubican  dentro  del grupo familiar del señor Santiago  Cañate,  pues  conformaban una unidad familiar según  los    testimonios    del    legajo    respectivo240.  Se  retiran  del  grupo  familiar   de   Federico  López  Vergara  presentado  por el abogado Guillermo Nizo  Caica.   

Igual  situación se presenta respecto del  señor    Dalmiro    Maza    Fernández  quien encabeza un grupo familiar y a la vez está mencionado en el  de    Julio   César   Maza   Fernández, del cual se excluye.   

     

i. No  existe  ninguna  prueba que acredite su condición de desplazado  y/o parentesco con uno de ellos     

–  De  Osvaldo  Enrique     Castro     Rivera     y    Martina  Castro  Rivera,  incluidos en el  segundo  núcleo  presentado  por  el  abogado  Jaimes  Arbeláez en tanto en la carpeta No. 5 San Cayetano no  hay  referencia  sobre  quiénes  son, no están mencionados como miembros de la  familia,  ni  se  aportan  sus  registros  civiles  para  corroborar parentesco;  tampoco  figuran  en  el  SIPOD  que  integra ese legajo, por manera que la sola  inclusión  del  abogado  en  el  cuadro  de indemnización no los habilita como  víctimas, menos aún con derecho a reparación.   

– Rafael Subiría  Bermejo,  incluido en el clan familiar de Felipe  Zúñiga  Bermejo no es mencionado  por  éste  como  persona  integrante  de  su grupo, no cuenta con SIPOD, no hay  fotocopia  de  cédula  o  registro  civil  y, aún más, no fue incluido por el  abogado  Jaimes  Arbeláez en  dicho  grupo241.   

– Camilo Andrés  Martínez  Guerrero,  no  aportó  registro  civil que  demuestre  parentesco  con  algún  miembro  del  núcleo  familiar  No.  60 San  Cayetano,  ni  está  incluido  en  SIPOD o referido en la encuesta diligenciada  ante la Fiscalía.   

–  Los  siguientes nombres incluidos en el  grupo  familiar  del  señor  Gabriel Enrique Carmona  Yepez  no  cuentan con respaldo probatorio que indique  su  calidad  de  desplazados  o su relación de familiaridad con dicho grupo, en  tanto  no  se  aportaron registros civiles o cualquier otro medio de convicción  que  permita  identificarlos  adecuadamente,  no  cuentan  con  SIPOD, ni fueron  mencionados  en  las  encuestas  y declaraciones rendidas ante la Fiscalía como  personas  que  habitaban  en ese hogar al momento del desplazamiento, razón por  la  cual  se  excluirá  a:  José Miguel Carmona  Yepez,  Vilma  del  Amparo Sierra de Oro, Arelis Margarita Carmona Sierra, José  Alfredo    Carmona    Sierra,    Luz    Mery    Carmona    Sierra   y      Javier     Antonio     Carmona  González. La inclusión por parte de la abogada en el  listado  de  esa  familia  sin  el  suministro de soportes probatorios, no puede  generar        derechos        indemnizatorios242.   

–  Humberto Luis  Mendoza   Ardila  y  María  Mónica  Mendoza  Mejía, incluidos en el clan familiar  de    Lilia   Esther   Buelvas   García  no  fueron  mencionados  por  ésta como personas que vivieran con  ella  al momento del desplazamiento ni se aportó registro civil para establecer  parentesco.   

– Glenda Marinela  Pérez  Ureche,  Orenis  Betancurt Pérez, Yiselis Bentancurt Pérez, Pedro Luis  Betancurt  Pérez,  Yulisa  Púas  Pérez y  Luis Rafael Púas Pérez incluidos en la  familia     de     Manuel    de    Jesús    Púas  Martínez  se  excluyen  ante  la ausencia de registro  SIPOD,  registros  civiles  y,  sobre todo, por la declaración jurada de aquél  donde   manifiesta   haberse   desplazado   solo   porque   no   vivía  con  su  familia243.   

–     Respecto    de    Daniel  Carmona  Pérez,  enlistado en el  clan   de  Damaso  Rafael  Carmona  Arias,  no se suministró registro civil que corrobore parentesco y edad,  ni  fue  mencionado  en  las  declaraciones  rendidas  ante la Fiscalía o en el  sistema de población desplazada SIPOD.   

–  Delsy  del  Carmen  Polo Andrade y Deiver  Romero   Polo   se  excluyen  por  cuanto  el  señor  Esteban   Romero   Yepez  declaró  haberse  desplazado  solo  porque  era  soltero,  por  manera  que  la  compañera  y  el  hijo  reportados  por la abogada, de los cuales no se aportó  documento  que  acreditara  su  identidad,  no  fueron desplazados de este grupo  familiar244.   

     

i. Fallecidos  con  antelación  al inicio del incidente de reparación  integral     

Dionisio  Enrique  Mendoza Polo245.   

Antonia  Aparicio  Padilla246.   

Manuel   Cueto   Rodelo247.   

Juana Polo López  y  Teodora  Maza  López248.   

Vendelesa    Pulido   Maza249.   

Tomás   Valentierra   Valverde250.   

     

i. Porque    se   encontró   que   no   ostenta   la   condición   de  desplazado     

Probatoriamente se encuentra demostrado que  si   bien   Wilson   Seguane  Cantillo  tiene  la  condición de víctima indirecta del punible de homicidio  por  el  asesinato  de  su  hermano Alexis José Rojas  Cantillo,  no  tiene  el carácter de desplazado, pues  para  los  días  10 y 11 de marzo de 2000 no habitaba en la zona de Mampuján y  San Cayetano, sino en la ciudad de Cartagena.   

En  efecto, según el relato de los hechos  consignado  en  la  entrevista rendida por el mencionado ciudadano el día 11 de  febrero  de  2009  ante  el  CTI  de  la  Fiscalía251,  residía en la ciudad de  Cartagena  para  la  época  del  desplazamiento  y  laboraba  en  una  empresa:   

“El 11 de marzo  del  año  2.000  yo  me  encontraba  en  mi  casa en  Cartagena y recibí una llamada aproximadamente a las  8:00  a.m.  de mi cuñado donde el me comunicaba que habían matado a mi hermano  ALEXIS  ROJAS  CANTILLO,  como  a  las  6:00  a.m.  yo  me dirigí al comando de  policía  de  María  La  Baja  a  reclamar  el cuerpo de mi hermano” (subrayas fuera de texto).   

Y más adelante agrega,  

“…nosotros  trabajamos  de  la  siguiente  manera  yo colocaba el  capital  que  eran  mis cesantías y de préstamos que me hacia la empresa donde  yo  trabajaba  y  él  colocaba  la mano de obra y el  producido   de   la   cosecha   se   vendía,   mi  hermano  se  dedicaba  a  la  agricultura” (subrayas fuera de texto)   

Esta  conclusión  se  reafirma  con  la  información  contenida  en  los  registros civiles de los tres hijos del señor  Seguane252, según los cuales, por lo  menos  desde  el  año 1992 residía en la ciudad de Cartagena. En efecto, en el  registro   de   nacimiento   de   Carolina   Seguane  Contreras,  sentado  el  18  de  octubre de 1992 en la  Notaría  Segunda  de  Cartagena,  se  anotaron  como  datos  del padre: oficio,  celador  y  lugar  de  residencia,  Manga  Calle  del  Buque  Edificio  Isla No.  28-40.   

En  los  registros civiles de Wilson y Sergio  Seguane  Contreras,  sentados ambos el 9 de octubre de  1997   en   la   Notaría  Segunda  de  Cartagena  se  indica  que  Wilson  Seguane  Cantillo  es operador de  equipos  y reside en “B. Sucre M a LOT 3”,   misma   dirección  y  oficio  declarados  por  éste  en  la  entrevista rendida ante la Fiscalía el 11 de febrero de 2009.   

Lo anterior fue corroborado en declaración  jurada  rendida  ante  la  Notaría  Sexta  de  Cartagena  el  17  de febrero de  2009253,   donde   Seguane  Cantillo  afirmó  que  Alexis  José    vivía    exclusivamente    con    la    señora    Deris  Isabel  Cantillo Alvarino (madre) y  sus cuatro hermanos menores de edad.   

Si   bien   el   señor   Seguane  Cantillo  se  inscribió  en  el  Sistema  de población desplazada el 21 de octubre de 2009, rindió declaración  jurada  el  9 de marzo de 2010 y diligenció encuesta el 8 de abril de 2010 ante  la                     Fiscalía254,  lo  cierto es que dichos  actos,  además  de  tardíos  en  relación con la fecha del desplazamiento, se  develan  como  una  estrategia  para acceder a los beneficios establecidos en la  ley  para  la  población desplazada y a la probable indemnización a decretarse  dentro  del  proceso  de  justicia  y paz, razón por la cual la Corporación lo  excluirá   como   víctima  del  mentado  delito  y,  consecuentemente,  de  la  correspondiente reparación.   

La   inscripción   en  el  registro  de  desplazados  no  comporta  automáticamente  derecho  a  obtener  indemnización  judicial,  porque  adicionalmente  debe demostrarse el hecho del desplazamiento,  el  daño  causado  y  los perjuicios derivados del mismo. Por ello, aún con la  flexibilización   probatoria  referida  en  esta  providencia,  el  funcionario  judicial  tiene  la obligación de confrontar la información suministrada en el  incidente  de  reparación integral con el propósito de evitar la inclusión de  personas   que  no  fueron  objeto  de  desplazamiento,  porque  tal  situación  contribuye   al   desmedro   de   los  derechos  de  las  verdaderas  víctimas.   

2.2.            Situaciones especiales   

El doctor Fernando  Aza señala que la cuantía de la reparación no puede  ser  idéntica  para  todos,  pues  los  pobladores  de Mampuján, atendidas sus  diferencias   –   edad,  situación  y  capacidad  económica  –,   sufrieron   distintos   perjuicios.   Por  ejemplo,  la  señora  Zulys   del   Carmen   Manotas   Fonseca   perdió   al   hijo   que   esperaba,   mientras  a  Elaidelina   Fernández   Pulido   y   a  Fernando  Quesada  Plata se  les  despojó  de  la  tienda de su propiedad, situaciones no consideradas en la  sentencia  para  fijar la indemnización, pese a que a los postulados se imputó  el último hecho y así lo aceptaron.   

          Consideraciones de la Sala   

Frente  a  esta  pretensión  encuentra la  Colegiatura  que  si  bien  no  se  allegó  al  incidente  copia de la historia  clínica  de  la  cual  se  pueda  extractar información sobre el embarazo y la  causa  de  su  interrupción,  sí se aportó declaración extra proceso rendida  ante  la  Notaría  Única  de  María  La  Baja  por  la  señora  Deibys    María    Ramos    Portillo255,   por   cuyo   medio  se  corrobora  el  estado  de gravidez de Zulys del Carmen  Manotas  Fonseca  y su pérdida el día 12 de marzo de  2000 a raíz de un sangrado que presentó.   

Las  reglas  de la experiencia indican que  sucesos  imprevistos  y aterradores, como la masacre perpetrada entre el 10 y 11  de  marzo  en  la  zona  de  Mampuján y San Cayetano por el bloque Montes  de  María  de  las  AUC, generan  angustia,  miedo  y  terror,  sentimientos  que  impactan y transforman la salud  emocional  y  física  de  quien los padece, comportando, incluso, consecuencias  tan  severas  como  la referida por la señora Manotas  Fonseca.   

Por  ello,  la  Corte considera procedente  otorgar   a  la  señora  Zulys  del  Carmen  Manotas  Fonseca  una indemnización adicional equivalente a 20  S.M.M.L.V.  por  la interrupción de su embarazo, en consideración, además, al  principio  de  flexibilización  probatoria  para  los  eventos de vulneraciones  sistemáticas,  masivas  y  habituales  de  los derechos humanos, como el que se  juzga,   subsanando   en  ese  sentido  la  omisión  del  juzgador  de  primera  instancia.   

         

Ahora bien, si los postulados confesaron el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado perpetrado sobre la tienda del pueblo  ocurrida  en  la  localidad  de Mampuján e incluso fueron objeto de condena por  ese  punible,  resulta  también  indiscutible que causaron daños de naturaleza  material,  los  cuales  están  obligados  a  resarcir  y  así  debe  la  Corte  disponerlo,  corrigiendo  también  la  omisión advertida en el fallo de primer  grado.   

Para  tal  efecto,  el  reconocimiento  de  perjuicios  materiales  en  cuanto  corresponde  al daño emergente, comporta la  indemnización  del daño ocasionado por el punible de hurto en los casos en que  se  presentó, toda vez que el mismo se determinó con base en las declaraciones  juradas  vertidas  por las víctimas, dentro de las cuales señalaron los rubros  perdidos,  incluidos  los  víveres  en  el caso de quienes eran propietarios de  pequeños  establecimientos  comerciales.  Tal  es  la  situación de la señora  Gertrudis  Cañate Ledesma y  los  esposos Elaidelina Fernández Pulido y   Fernando  Quesada  Plata,  quienes  en  el  juramento  estimatorio incluyeron el valor de su  tienda por $15.000.000.   

2.3.          Sobre  las  medidas  de  restitución  y  rehabilitación   

(a)           La  Sala  constata  que  los  doctores  Miguel Ángel Ramírez Gaitán, Leonardo Vega, Alcides  Martín  Estrada, Humberto Jaimes, Yudi Marinella Castillo, Fernando Aza, Gladys  Esther  Romero,  Guillermo  Nizo,  Fernando  Rivera  y  Carmelo  Vergara, apoderados  de  las  víctimas, solicitaron para éstas, de manera unánime, como medidas de  rehabilitación  y  restitución, la atención sicológica y médica en diversos  campos,  el  restablecimiento  de  la capacidad laboral, así como la entrega de  subsidios  agrícolas.  Por  ello,  las impugnaciones relativas a estos temas se  decidirán, en este punto, de manera conjunta.   

En ese cometido, corresponde indicar que si  bien  en  principio pareciera, como lo dicen algunos recurrentes, que la primera  de   las  solicitudes  atrás  referidas  quedó  sin  respuesta,  examinada  la  sentencia,  la  Corte  advierte  la existencia de la siguiente orden, consignada  bajo el título VIII.13. Rehabilitación:   

“356.   El  Ministerio  de  Protección  Social  presentará  ante  esta Sala, a más tardar  dentro  de los 3 meses siguientes a la ejecutoria de la sentencia un programa de  recuperación  para  las  víctimas del conflicto armado, indicando quiénes son  los  encargados  de  poner en marcha el proyecto. Con relación a los habitantes  de  San  Cayetano  y  Mampuján,  la  implementación de esta medida se hará de  forma   prioritaria   y  su  ejecución  dentro  del  tiempo  arriba  señalado,  intentando   que  la  atención  llegue  al  mayor  número  de  pobladores.  Se  coordinará   el  cumplimiento  con  la  Comisión  Nacional  de  Reparación  y  Reconciliación”.   

El  propósito  de  la orden, así como la  autoridad   a   la  cual  se  dirige  –  el  Ministerio  encargado  de orientar el sistema de protección y  seguridad   social   en   Colombia   –  permiten  colegir  que  el  programa  cuyo  diseño se dispuso, se  orienta  a  cubrir las necesidades de las víctimas en materia de salud mental y  física.   

Ahora,  ante  la  evidente amplitud de los  términos  utilizados por el Tribunal de instancia, deviene necesario atender lo  propuesto  por la mayoría de los solicitantes, señalando al efecto unas pautas  mínimas relativas al programa.   

Así,  resulta  imperioso,  antes  de  su  diseño,  pero  como parte de él, realizar un diagnóstico para identificar las  reales  necesidades  de  las  víctimas  en  materia  de  atención sicológica,  ejercicio  que  permitirá  establecer  quiénes la necesitan, la naturaleza del  tratamiento  requerido  en cada caso, si éste ha sido asumido o puede serlo por  la  EPS  del  afectado  o  en  su  defecto por una ARS, al igual que su probable  duración.   

El  mismo  diagnóstico  debe  establecer  cuáles  son  las necesidades reales de esa específica población en materia de  atención  médica,  las  especialidades  más demandadas, cuál asistencia debe  asumirse  de  manera  inmediata  y  aquella que puede diferirse, si la atención  solicitada   guarda   o   no   relación   con  los  hechos  padecidos  por  sus  destinatarios,  entre otros aspectos, todo para garantizar el ejercicio racional  y  justo  del  derecho a la rehabilitación, pues si bien éste comporta recibir  la   atención   en   salud   demandada,  los  principios  rectores  de  nuestro  ordenamiento  jurídico  imponen también el respeto de parámetros que aseguren  el  uso  adecuado,  oportuno  y  eficiente  tanto  del  recurso  humano como del  físico.   

En   consecuencia,   la   determinación  transcrita  se  mantendrá  vigente,  entendida  como  una exhortación, por las  razones  oportunamente  expuestas,  aclarando  que  el programa mencionado ha de  contemplar  un  diagnóstico previo con los fines anotados, a partir del cual se  implementará  prioritariamente  respecto  de  las  víctimas reconocidas de los  hechos  ocurridos  en San Cayetano y Mampuján, contando en todo el proceso, con  el    acompañamiento    de    la    Comisión   Nacional   de   Reparación   y  Reconciliación.   

De igual forma, y en el caso específico de  las  víctimas representadas por el profesional Carmelo  Vergara,   quien   requirió   para  ellas  atención  odontológica,  como  parte  del  programa  anunciado  se insta al Ministerio de  Protección  Social  para que se practique una valoración, donde se establezcan  sus  condiciones  de  salud oral, si demandan tratamiento, cuál es el requerido  por  cada  una  de  ellas, si ha sido asumido o puede serlo por la EPS o por una  ARS,  si  tales  tratamientos corresponden a los suministrados por las entidades  de  salud  como  parte  de  los planes obligatorios establecidos, todo como paso  previo  para  definir  y  concretar la atención correspondiente, su prioridad y  viabilidad.     

Finalmente,  quienes  intervienen  en  el  diseño,  implementación  y uso de este programa deben tener claro que éste se  orienta  a cumplir los fines de la rehabilitación, consistentes, en lo atinente  al  tema,  a  devolver  la  salud  a las víctimas, mediante la atención de los  quebrantos  generados  en  los  hechos  padecidos,  norte  indiscutible  de  los  tratamientos que se dispongan.   

(b)          En  cuanto a la solicitud de disponer el  restablecimiento   de  la  capacidad  laboral,  efectuada  por  los  apoderados,  corresponde  indicar  que ella sólo puede entenderse referida a la necesidad de  contar  con  oportunidades  para  ocuparse  productivamente,  en  tanto  no  hay  evidencia  que  el desplazamiento forzado padecido haya irrogado a las víctimas  incapacidad  física  o  mental para trabajar, o algo distinto a la disminución  de  oportunidades,  consecuencia  de  la  imposibilidad de ejercer, en las zonas  donde   se   refugiaron,  las  actividades  agropecuarias  que  constituían  su  ocupación principal.   

Atendida esa premisa, para la Sala es claro  que  la  forma  idónea  de contribuir, como medida de restitución, a recuperar  esa  capacidad  laboral, es exhortar al Gobierno Nacional para que, a través de  los  Ministerios  de  Defensa, Agricultura, Protección Social, Educación y las  entidades  descentralizadas  adscritas  a  ellos,  con  incidencia  en  el tema,  contando  además  con  la  colaboración  de  la  Agencia  Presidencial para la  Acción  Social  y  la  Comisión  Nacional  de  Reparación  y Reconciliación,  diseñe  e  implemente  las  políticas  necesarias para promover y facilitar el  retorno  de  las  víctimas  a  sus  predios,  en  condiciones  que  aseguren  y  garanticen  su  asentamiento  y  el  desarrollo  de las actividades agrícolas y  pecuarias propias de la zona.   

Entre dichas políticas deben contemplarse,  especialmente,   la  capacitación  en  concretos  proyectos  productivos  y  la  concesión  de créditos blandos o subsidios agrícolas en beneficio de aquellas  víctimas  que así lo requieran para desarrollarlos, con enfoque respetuoso del  género  y  dando  prioridad  a  quienes  ostentan  la  condición de cabezas de  familia.   

En   ese  sentido,  las  determinaciones  contenidas  en  los  apartes  366,  372  y  375 a 402 de la sentencia impugnada,  entendidas  ahora,  según  atrás se explicó, como exhortaciones, complementan  la  anterior  decisión, por cuanto se encauzan a obtener el desarrollo integral  de  la  zona  y  a  generar  las  condiciones  necesarias para el retorno de las  poblaciones afectadas a sus lugares de origen.   

(c)           Los   apoderados   de   las  víctimas  Miguel    Ángel    Ramírez    Gaitán  y Leonardo Vega,  también  solicitan  como  medida de rehabilitación, que se ordene a la Agencia  Presidencial   para  la  Acción  Social,   incluirlos  en  el  listado  de  aspirantes  a  obtener  la reparación administrativa o, si ya están incluidos,  se disponga el pago prioritario de las sumas correspondientes.   

Al respecto se tiene que el Decreto 1290 de  2008,  mediante  el cual se creó el Programa de Reparación Individual por Vía  Administrativa,  señala  sus  principios  rectores,  el lapso para presentar la  solicitud  de  inclusión  en  él  y  los  términos  en los cuales corresponde  decidirla,  así  como  las  medidas  de  reparación que pueden decretarse y el  período  en  el  cual  han de implementarse, fijando de manera precisa el marco  jurídico que rige el Programa.   

Por  ello,  la  decisión  de  ordenar  la  inscripción  “de facto”  de  todas  las  víctimas,  además  de  desbordar  la  competencia de la Corte,  aparejaría  el  desconocimiento  de  dichos  parámetros  legales, en tanto, en  primer  término,  se  ignora si aquellas diligenciaron siquiera la solicitud de  reparación,  indispensable  para dar inicio al proceso de inscripción, o si lo  hicieron  en  el  término  fijado  en  esa  preceptiva, suministrando los datos  necesarios   para   permitir   al   Comité   de   Reparaciones  Administrativas  pronunciarse sobre ella.   

En  el cumplimiento de esas exigencias, el  interesado,  sin duda, no puede ser reemplazado por esta Colegiatura, pues sólo  a  él  corresponde  suministrar  la  información  requerida  para  acogerse al  Programa,   asumiendo   la   responsabilidad   derivada   de   tal  acto,  cuyas  consecuencias  se  indican en el artículo 29 de la normativa citada256.   

En  segundo  lugar,  una  determinación  semejante  implica  desconocer  los  principios  rectores  legalmente fijados al  Programa,  entre ellos los de autonomía, colaboración armónica, voluntariedad  y  gradualidad,  señalados en el artículo 3° del Decreto citado, amén de que  el  Comité  de  Reparaciones  Administrativas  es el único organismo facultado  para  decidir sobre el reconocimiento de la calidad de víctimas o beneficiarios  y las medidas de reparación aplicables a cada caso.   

Las  mismas  razones  impiden  acoger  la  solicitud  orientada  a  que  se ordene el pago prioritario de indemnizaciones a  los  afectados  con  los  hechos  juzgados en este caso, petición que, además,  apunta  al  desconocimiento  de  lo  señalado  en  el  artículo 14 del decreto  referido,  atinente  a la ejecución gradual de las indemnizaciones reconocidas.   

(d)          Como medida de satisfacción, también de  manera  uniforme,  las  víctimas  demandan el restablecimiento de su dignidad y  reputación,  así  como  la de quienes fueron ultimados en el corregimiento Las  Brisas;  para  ello proponen señalar en esta sentencia, que ninguno de ellos es  o  ha sido miembro de grupos armados ilegales, concretamente de la guerrilla, ni  tiene  o  ha  tenido  vínculos  con esa organización, y así se publique en un  diario de amplia circulación local.   

Sobre  el particular corresponde remembrar  que  la  Declaración  Universal de Derechos Humanos reconoce en su artículo 11  el  derecho  de  toda  persona  a  que  se  presuma su inocencia, mientras no se  demuestre  su  responsabilidad conforme a la ley, en un juicio público donde se  le otorguen todas las garantías necesarias para su defensa.   

Idéntico principio se encuentra consagrado  en  el  artículo 8° de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto  de  San  José  y  en el artículo 29 del Ordenamiento Superior, según el cual,  “Toda persona se presume inocente mientras no se la  haya declarado judicialmente culpable”.   

Consecuente con estos postulados, el mismo  estatuto   prescribe   que   únicamente   las  condenas  proferidas,  en  forma  definitiva,  en  sentencias  judiciales,  tienen  el  carácter  de antecedentes  penales y contravencionales en todos los órdenes legales.   

El  acatamiento de estas preceptivas, así  como  el  respeto de la dignidad humana, principio fundante del Estado social de  derecho  al  que  alude  el  artículo 1° de la Constitución Política, impone  acceder  a la enunciada solicitud de las víctimas, en tanto no obra elemento de  juicio  alguno  que  permita  radicar  antecedentes  penales como integrantes de  organizaciones  guerrilleras o por tener vínculos con ellas, en quienes para el  10  y  11  de  marzo  de  2000,  habitaban los corregimientos de Mampuján y San  Cayetano,  en  especial  los  señores  Wilfrido José  Mercado  Tapia,  Rafael  Enrique Mercado García, Alexis Rojas Cantillo, Dalmiro  Rafael  Barrios  Lobelo,  Alfredo  Luis  Posso  García,  José  Joaquín  Posso  García,  Joaquín Fernando Posso Ortega, Gabriel Antonio Mercado García, José  del  Rosario  Mercado  García,  Manuel  Guillermo  Yépez  Mercado y Jorge Eliécer Tovar Pérez, asesinados en la vereda Las Brisas.   

En consecuencia, la sentencia recurrida se  adicionará  para  hacer esta precisa manifestación, aparte que será publicado  en  un  diario de amplia circulación en el departamento de Bolívar, por cuenta  del  Fondo  para  la reparación de las víctimas, dentro de los diez (10) días  siguientes a la emisión de esta sentencia.   

(e)          Aduciendo que no se dispusieron en forma  concreta,    los    apoderados    Edilberto   Carrero  López     y     Gladys  Robledo  requieren,  como  medidas de restitución, la  capacitación  individual  y social de las víctimas, con énfasis en las madres  cabeza de familia, a fin de habilitarlas para trabajar.   

En  relación  con  tal solicitud, la Sala  estima  necesario  precisar  que en casos como éste, donde la violación de los  derechos  fundamentales  se  produjo  de  forma masiva, más que la atención de  situaciones  individuales,  la  forma  de  reparar  propuesta  debe orientarse a  obtener  la  implementación  de  políticas de carácter general que permitan a  los  afectados  acercarse  a  su  anterior  situación,  siempre  que  ello  sea  posible.   

Por   tanto,   tratándose   de  medidas  encaminadas  a  recuperar  la  capacidad  laboral  a  través  de  la enseñanza  impartida  en  establecimientos  oficiales,  resulta  acertada  la decisión del  Tribunal,  pero  entendida  como  exhortación  de  acuerdo con lo ya analizado,  consistente  en  disponer  la  implementación  de  dos programas educativos, el  primero  de  alfabetización  y  capacitación de adultos a cargo del SENA y las  Secretarías  de Educación de María La Baja y del Departamento de Bolívar; el  segundo  de  formación técnica y tecnológica para los jóvenes de la región,  a  cargo  de las mismas entidades, por cuanto constituyen la manera idónea para  concretar  la  rehabilitación  a  los  afectados  al  irrogar beneficio para la  mayoría   y   permitirles   reasumir   el   disfrute   de   su   derecho  a  la  educación.   

Es necesario, sin embargo, que el diseño e  implementación   de   esas   medidas  esté  precedido  de  los  análisis  necesarios   para  establecer,  con  enfoque  de  género,  si  actualmente  las  entidades  estatales ofrecen planes educativos que satisfagan las necesidades de  aprendizaje  de  esta  específica  población, o cuáles se necesitan de manera  prioritaria,  aquellos  que  despiertan  mayor  interés  en  la  comunidad y su  viabilidad,  razón  por  la  cual  debe  requerirse,  con  esos propósitos, el  concurso de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.   

Siendo  así,  corresponde  confirmar  las  determinaciones   contenidas  en  los  numerales  401  y  402  de  la  sentencia  impugnada, con la precisión y adición aquí consignada.   

(f)          El doctor Miguel  Ángel  Ramírez Gaitán, en su condición de apoderado  de   algunas   víctimas  indirectas  del  homicidio  perpetrado  en  el  señor  Dalmiro    Rafael    Barrios    Lobelo,  requirió  como  objeto del recurso de apelación interpuesto, el  pronunciamiento  expreso  sobre  las  solicitudes  efectuadas en el incidente de  reparación.   

La  primera de ellas consiste, como medida  de  restitución, en disponer la concesión de becas en instituciones educativas  estatales  a  Yajaira Alexandra, Inés Helena, Vanessa  y   Luis  Rafael  Barrios  Rodelo,  hijos  de  Dalmiro  Rafael   Barrios   Lobelo,  para  que,  en  su  orden,  emprendan  y  la  tercera  mencionada  culmine  estudios  en  salud ocupacional,  veterinaria,  administración  de  la  salud y derecho y ciencias políticas. La  solicitud  se  funda  en que el proyecto de vida de sus progenitores contemplaba  adelantar  estudios  profesionales,  aspiración  truncada  por el homicidio del  padre.   

Acerca de esta solicitud se advierte que la  jurisprudencia  y  doctrina  nacionales  coinciden  en  señalar como condición  indispensable  para  obtener una indemnización, la certeza del daño, es decir,  que  esté o se haya efectivamente consolidado al momento de emitir la sentencia  o  pueda presentarse después de ella. Requiere que ese perjuicio no consista en  simples  probabilidades  o  en una especulación, todo lo cual conduce a admitir  la  posibilidad  de  indemnizar el daño futuro pero a excluir la indemnización  de     daños     hipotéticos    o    eventuales257.   

Sobre   el   particular   esta  Sala  ha  señalado:   

“Y, es que no  se  puede atribuir al Tribunal el falso raciocinio por desestimar los anteriores  factores  económicos  señalados  por  el perito como perjuicios a cargo de los  procesados,  por  cuanto,  si  bien  es  cierto, como lo dice el actor, el daño  futuro  puede  ser resarcible, también es verdad, que  sólo  lo es, en la medida que el daño objeto de reparación sea cierto y esté  acreditado  en  el  proceso,  así lo ha expresado la  Sala  de  Casación  Civil  de  la Corte, en pronunciamiento que por oportuno al  caso    se    precisa    recordar:   ‘Al  respecto  la  Corte  reitera que el daño objeto de reparación  debe  ser cierto, pero no necesariamente debe ser actual, porque el daño cierto  y  futuro,  como  igualmente se ha sostenido, también es indemnizable, tal como  ocurre  con las lesiones o secuelas que afectan la integridad física personal y  exigen  una  atención  médica  o quirúrgica. Estas lesiones o secuelas son el  daño  mismo,  por  ende  cierto.  Desde  luego  que  el  daño futuro, cierto e  indemnizable  es  tal  en  tanto sea susceptible de avaluación en el momento en  que  se  formula  la  pretensión  y  sea  desarrollado  de  un  daño presente.  En  cambio  no  es  reparable el perjuicio eventual o  hipotético,      por     no     ser     cierto     o     haber     ‘nacido’  como  dice  la  doctrina  dejando a  salvo  los eventos de pérdida de una probabilidad. De  manera  que es necesario no confundir el perjuicio futuro cierto con el eventual  o     hipotético”258   (subrayas   fuera   de  texto)259.   

La    pérdida    de   oportunidad   o  “de  chance”,  como  la  denomina  también  la  doctrina,  se  refiere  al  menoscabo  sufrido cuando se  frustra  una posibilidad que existe como tal. En estos casos, para determinar su  ocurrencia,  corresponde  examinar  si  la  hipótesis  objetivamente se habría  presentado,  de  no  mediar  el hecho lesivo, teniendo en cuenta que su pérdida  constituye, precisamente, el daño.   

En ese orden, el menoscabo debe ser real y  serio,  de  lo contrario no es indemnizable, al no existir un daño cierto, sino  la sola eventualidad.   

Estos criterios son aplicados por la Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  cuando  al  definir el reconocimiento de  indemnizaciones en casos concretos, ha señalado:   

“La  Corte  considera  también  que  es presumible y razonable suponer que el joven Bulacio  no  habría  desempeñado  esta  actividad  el  resto de su vida, pero no hay un  hecho   cierto   que   permita   establecer   la   actividad  o  profesión  que  desarrollaría  en  el  futuro,  es decir, no existen elementos suficientes para  determinar   la  pérdida  de  una  oportunidad  cierta,  la  cual  ‘debe   estimarse   a  partir  de  un  perjuicio   cierto   con  suficiente  fundamento  para  determinar  la  probable  realización   de   dicho   perjuicio….”260   (subrayas   fuera   de  texto).   

La  Sala  concluye  que  es  improcedente  acceder  a  lo  solicitado,  a  partir  de  los  lineamientos esbozados y de los  elementos  de juicio allegados al expediente. Estos muestran cómo el entorno en  el  cual  se  desenvolvían  Dalmiro  Rafael  Barrios  Lobelo,  su  cónyuge  e hijos, como integrantes de la  comunidad  ubicada  en  la  vereda  Las  Brisas,  corregimiento de San Cayetano,  municipio  San  Juan  de  Nepomuceno,  era  eminentemente rural, con dedicación  familiar  a las actividades agrícolas y pecuarias, donde se fincaba su proyecto  de vida.   

Así  surge, por ejemplo, de los análisis  relativos  a  esa  zona  efectuados  por  la Comisión Nacional de Reparación y  Reconciliación  y  de  las  manifestaciones  de las víctimas y sus apoderados,  indicativas,  sin  duda,  de  la  vocación  agraria  y  ganadera  de esa área,  ejecutada sin distingos por sus habitantes.   

          Consecuente   con   el  contexto  geográfico,  social,  cultural  y  económico  en  el  cual  interactuaban,  se concluye que ese era el proyecto de  vida    razonablemente    avizorado    para    los    hijos    de   Dalmiro  Rafael  Barrios  y  Yadira  Rodelo, pues no existe elemento de  juicio  alguno que permita válidamente suponer una situación diferente. Por el  contrario,   al   momento   de   los   hechos,   según   refiere   Yadira      en     su     valoración  sicológica261,   sus   hijos   Yajaira   y     Luis     Rafael     tenían  18  y  17  años  respectivamente,  edades  en  las cuales,  atendida  la  estructura  de  nuestro  modelo  educativo,  se  tiene prevista la  terminación  del  grado  11°  del  bachillerato; si bien, tratándose de zonas  rurales,  ese  supuesto  puede  verse alterado por diferentes circunstancias, lo  cierto  es  que  estos jóvenes sólo alcanzaron, según el mismo documento, los  grados  8°  y  7°  de  escolaridad,  circunstancia  a  partir de la cual puede  inferirse  que el interés de la familia no se centraba precisamente en alcanzar  los logros académicos aquí expresados.    

          Como  viene de verse, éstos no pasan de ser una simple expectativa,  probablemente   surgida   del   acercamiento   de   los   hermanos  Barrios  Rodelo a centros urbanos después  del  desplazamiento,  pero  en modo alguno resultan connaturales a la condición  de  vida  que  como  grupo  familiar llevaban antes de la muerte de Dalmiro  Rafael. Por tanto, si era ajena a  su  proyecto  de  vida,  mal  puede  considerarse  truncada  con  ese lamentable  suceso.   

          Esto  no  significa que como una mera esperanza legítima, alguno de  los  integrantes  de  este  grupo  familiar contemplara la posibilidad de asumir  otra  actividad;  sin  embargo, los elementos de juicio allegados no la muestran  como  una  perspectiva  integrada  a  su  proyecto  de  vida, ni tampoco su real  existencia como posibilidad.   

          En  ese orden, no está demostrada la ocurrencia de un daño cierto,  reparable  a través de la concesión de las becas requeridas, razón suficiente  para negarlas.   

          No  está  de  más recordar que las indemnizaciones reconocidas por  concepto  de  daños  materiales  y  morales  tienen  también  el propósito de  apuntalar  el proyecto de vida de las víctimas, quienes bien pueden destinarlas  a   concretar   las   aspiraciones   surgidas   de  su  nueva  condición  socio  cultural.   

           Resta  señalar  que,  como  en  otras  oportunidades ha puntualizado esta Sala,   

“…la  constitución  de  la  parte  civil  está  orientada  a  la  indemnización  de  perjuicios;  es  decir, que con ella se busca garantizar la reparación integral  del  daño  sufrido,  pero no puede convertirse en una  fuente  de  enriquecimiento sin causa para quien acude  al   proceso   penal   en   busca   del   resarcimiento   económico”262   (subrayas   fuera   de  texto).   

(g)          El mismo apoderado pidió, como medida de  reparación  simbólica,  ordenar  al  Gobierno Nacional tramitar, a través del  Ministerio  de Cultura, una iniciativa legislativa encauzada a declarar el 11 de  marzo  de  cada  año  como  “el  día nacional del  ñame”,  fecha  en  la  cual,  como  homenaje  a las  personas  ultimadas  en  la  vereda  Las  Brisas, los municipios y departamentos  donde   se  cultive  ese  producto,  deben  realizar  programas  de  promoción,  participación,  recreación  e  integración  social,  a  través  de un evento  denominado    “Festival    del    ñame   Dalmiro  Barrios”.   

          Al  respecto  encuentra  la  Sala  que  la  solicitud  se  orienta a  introducir,  a  nivel nacional, la consagración de una festividad alusiva a una  actividad  enraizada  en unas precisas comunidades y bajo el nombre exclusivo de  quien fuera uno de sus habitantes.   

          Atendido  ese  contexto,  para  la  Corte  es claro que ella resulta  improcedente,  en  tanto  la  decisión  de optar por este tipo de celebraciones  debe  consultar, no los intereses estrictamente particulares de una familia, con  independencia  de  las  personales  razones  que  la  inspiren,  sino  las de la  colectividad  a  la cual pretende imponerse, única con los criterios necesarios  para  decidir  si  una  propuesta  semejante  está  o  no  de  acuerdo  con  su  idiosincrasia,   cuáles   son   los   beneficios   que   puede  reportarle,  la  denominación   y   fecha  que  le  resulte  más  representativa,  entre  otros  aspectos.   

          Por  esa  causa,  es  claro  que un festejo de ese tenor sólo puede  circunscribirse  a  las  regiones  donde  la siembra del ñame haga parte de sus  tradiciones,  modo  de vida y costumbres, no a todo el territorio nacional, dada  la  diversidad  cultural  característica  de  nuestra  población, la cual debe  preservarse.   

          Entonces,  no  es  a  través  de  una orden judicial como se pueden  conciliar  esos  intereses,  sino implementando los mecanismos de participación  ciudadana  establecidos  en el artículo 103 Superior, directamente por aquellos  a  quienes  importe  instituir  el  festejo,  o  por  sus  representantes en los  municipios a donde pertenecen.   

A  modo  de  ejemplo  puede  acudirse a la  iniciativa  popular legislativa o a la consulta popular, reguladas en la Ley 134  de  1994,  sin  perder  de  vista  que  como  función  especial de los Concejos  Municipales  se  encuentra  la  de  velar  por  la  conservación  y defensa del  patrimonio  cultural,  según  lo  dispone  el  numeral  8°  de  la  Ley 136 de  1994.   

En  consecuencia,  no  se  accederá  a la  solicitud mencionada.   

(h)              El     apoderado     Leonardo  Vega solicita en representación  de  las  víctimas  vinculadas  con Alexis José Rojas  Cantillo, se brinde a Wilson  Seguane,  como  afectado  del delito de desplazamiento  forzado,  estudios  de ingeniería mecánica en la Universidad de Cartagena, con  derecho  a  matrícula, pago de traslados, manutención y materiales de trabajo;  se  garantice  la educación gratuita a sus tres hijos y cuando culminen, éstos  tengan  prioridad  para  ingresar  a  las universidades públicas, otorgándoles  subsidios  para  su  matrícula  y manutención por intermedio del Ministerio de  Educación, el ICETEX o el órgano estatal competente.   

Adicionalmente,  se le otorgue un subsidio  de  vivienda para su núcleo familiar, en el lugar que elijan para asentarse, se  le  condone  una deuda adquirida con el City Bank por causa de un préstamo para  solventar  las  consecuencias  de  su  desplazamiento,  y  por  último, como el  mencionado  no  es  propietario  de ningún predio en la vereda Las Brisas, a la  cual  desea  regresar  “…se le otorgue una parcela  donde pueda trabajarla (sic)”.   

Sobre  tales  pedimentos considera la Sala  que  como todas estas medidas fueron solicitadas con fundamento en la calidad de  víctima  de  desplazamiento  forzado,  de la cual carece el señor Wilson  Seguane, según quedó demostrado  con  la  prueba  aportada,  analizada  por  la  Sala en acápite anterior, no se  accederá a ninguna de ellas.   

(i)           En  representación  de  las  víctimas  relacionadas  con los señores Joaquín Fernando Posso  Ortega,   Alfredo  Luis  Posso  García  y   José   Joaquín   Posso  García,  su  apoderado  reclama,  como  medida  para  el  restablecimiento  de  su  capacidad  educativa  y  laboral,  para  Martha Posso,  estudios  intensivos  de  inglés en el  Colombo (sic) y una subvención para realizar estudios  de  maestría  en educación en la Universidad Cecar en Sincelejo, con derecho a  matrícula,  pago  de  su  traslado  a  esa ciudad, manutención y materiales de  trabajo.   

Para  Marilyn  Posso   y   Liliana  Posso  demanda,  en  su  orden,  el  pago  de  los costos que  generen  sus  estudios profesionales de enfermería en la ciudad de Pereira y la  licenciatura   en   lengua   castellana   cursados   en   la   Universidad   del  Magdalena.   

Sobre  el  particular corresponde señalar  que  esta  solicitud  fue  elevada  aduciendo  la  necesidad  de “restablecer     la    capacidad    educativa    laboral”  de  las  señoras  Posso    y,   en   ese   orden,   ella   constituiría   una   forma   de  restitución.   

Como   oportunamente   se   indicó,  la  restitución  propende  por devolver a la víctima a la situación anterior a la  violación  de  sus derechos e incluye entre otras situaciones, restablecerle el  disfrute  de sus libertades individuales, de sus prerrogativas fundamentales, de  la  vida  en  familia,  de  su empleo, su domicilio y de los bienes perdidos por  causa de la vulneración.   

En  este  caso,  el  solicitante  ningún  argumento   expone   en  torno  a  las  razones  por  las  cuales  las  señoras  Posso  García  deben  ser  restituidas  en  las  actividades  demandadas,  ni el expediente muestra que las  estuvieran  adelantando  al  momento  de  los  hechos,  razón  suficiente  para  denegarlas.   

Resta  advertir  que en este caso resultan  aplicables  las  consideraciones  efectuadas  al definir, según ya se analizó,  las  solicitudes  atinentes  a la capacitación para laborar deprecada por otros  defensores  e  insistir en la imposibilidad de convertir la reparación integral  en  oportunidad  para  lucrarse  indebidamente,  en  desmedro  de  las numerosas  víctimas   de   este  conflicto,  cuya  reparación  integral  debe  igualmente  atenderse.   

(j)          Disponer  la  condonación de las deudas  adquiridas  por  la  señora  Martha Posso  con el BBVA y la Cooperativa de Educadores de San Juan Nepomuceno,  como consecuencia del desplazamiento.   

En   punto   de   la  indemnización  de  perjuicios,  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  ha  sido pacífica en exigir la  existencia  de  un vínculo directo, de causa a efecto, entre el daño causado y  el comportamiento del agente. Ello por cuanto,   

“…el derecho  no  impone  al  responsable  del  comportamiento la obligación de responder por  todos  los  desarrollos  ulteriores  al  acto que se le imputa, sino de aquellas  consecuencias que se derivan directa e inmediatamente del mismo…   

….  

En materia de responsabilidad civil no se  puede  perder  de  norte que se trata de determinar los perjuicios que de manera  directa  e  inmediata surgen del hecho delictuoso y que si hay rompimiento de la  cadena   causal,   no   hay   lugar  a  la  reclamación  pertinente”263.   

Este principio no es ajeno a la Ley 975 de  2005,  cuyo  artículo  5°,  al abordar la definición de víctima, precisa que  los   daños  a  partir  de  los  cuales  adquieren  tal  condición  deben  ser  consecuencia  de  acciones  lesivas  de  la  legislación  penal, realizadas por  grupos armados organizados al margen de la ley.   

Consecuentemente,  no  se  accederá  a la  solicitud  mencionada,  pues  si  bien  se  allegaron documentos atinentes a las  obligaciones,  no obra prueba de cuál es su relación con los hechos tema de la  sentencia  impugnada,  ni  del  destino  dado  a  los  recursos  así obtenidos.  Adicionalmente,  el  solicitante  no  adujo  prueba alguna atinente a perjuicios  materiales    irrogados    a   la   señora   Martha  Posso,  distintos  al pago de los gastos funerarios ya  relacionados,  a partir de los cuales pueda establecerse una conexión entre sus  deudas   y   aquellos  homicidios  de  los  que  es  víctima  indirecta  o  del  desplazamiento forzado que se atribuye.   

(k)          Como reparación simbólica, se disponga  la  construcción,  en  San  Cayetano,  de  un  salón  comunal con el nombre de  Joaquín    Fernando    Posso    Ortega,   para   que   se   recuerde   que  éste  murió  “…a  favor de esa comunidad (sic)”.   

De  acuerdo con el artículo 8° de la Ley  975  de 2005, la reparación simbólica consiste en toda prestación efectuada a  favor  de  las  víctimas  o  de  la  comunidad  en general con el propósito de  asegurar  la  conservación  de  la memoria histórica, la no repetición de los  hechos   padecidos,   su   aceptación   pública,  el  perdón  público  y  el  restablecimiento de la dignidad de las víctimas.   

Las   decisiones   adoptadas   por   el  a quo en los numerales 358 a  362  de la sentencia cumplen, a juicio de la Sala, de manera cabal el propósito  de  satisfacción  a  las  víctimas  que las inspira. En efecto, dichas medidas  contemplan  una  ceremonia  para  recordar  a  quienes padecieron los vejámenes  acaecidos  en las poblaciones de Mampuján y San Cayetano, oportunidad donde los  postulados   deben   reconocer   los  abusos  cometidos;  además,  disponen  la  elaboración  de  un  documental  durante  el  cual corresponde a aquellos pedir  público  perdón  a  sus  víctimas  y adicionalmente, el Ministerio de Cultura  debe implementar el proyecto del Museo de Víctimas.   

También se aceptó el ofrecimiento de los  desmovilizados  de  construir  un monumento para remembrar lo ocurrido, acatando  las  sugerencias  de las comunidades mencionadas, cuyo criterio debe consultarse  para  asignar  los  nombres  de  las  escuelas y obras públicas dispuestas para  concretar  la  reparación  colectiva.  Y  en  cuanto  al restablecimiento de la  dignidad  de las víctimas, en esta providencia se acogen las solicitudes de los  apoderados para alcanzarla.   

Siendo así, la construcción de otra obra  con  idéntico  propósito  a  lo  ya  dispuesto,  deviene  inconsecuente con la  naturaleza  de  las medidas de satisfacción, más si se tiene en cuenta, que no  existe  estudio  alguno sobre la necesidad de esa obra, ni la comunidad donde se  ubicaría  la  ha  reclamado ni ha expresado su beneplácito sobre el nombre que  se  le  pretende  asignar,  todo  lo  cual  indica  que la petición no consulta  intereses  comunes,  si  se  tiene  en  cuenta  que existen otras diez víctimas  directas de homicidio en esa localidad.   

Recuérdese,  por  otra  parte,  que  el  monumento  a  cargo  de los postulados debe consultar los hechos y los deseos de  la  población  y  referirse,  sin duda, a las personas que perdieron la vida en  este   caso.   Estas   razones   bastan   para   no   acceder   a  la  solicitud  referida.   

(l)              El      abogado     Leonardo   Vega,  en  representación  de  Etelinda   García,   Martha,  Liliana  y   Mariluz   Posso  García,  requiere  se  disponga  la restitución del predio cuya posesión  tenían  al  momento  de  los hechos y que la propiedad de ese bien, actualmente  radicada  en  el  abuelo  de  sus  poderdantes,  se  traslade  a  su progenitora  Etelinda  García. Además,  que  se  le  exonere  del  pago  de  servicios  públicos, impuestos e intereses  generados por esos conceptos.   

Sobre el particular debe señalarse que en  el  expediente  no  obra  prueba  alguna  indicativa  de despojo del predio cuya  explotación  económica  ejercía  la  familia  Posso  García,  adelantada  por  persona o grupo alguno, que  determine  proceder  a  su restitución. Tampoco se cuenta siquiera con el folio  de  matrícula  inmobiliaria  a  través  del  cual pueda identificarse el bien,  circunstancia  que, adicionalmente, impide adoptar medidas en relación con él.   

La solicitud se orienta, además, a variar  la  propiedad  del  inmueble, esto es, a sustituir a su actual propietario, cuya  identidad  se  desconoce,  por  la  señora  Etelinda  García,   pretensión  que resulta ajena a la competencia de la Sala y a éste  trámite,  en tanto no se advierte ligada a los acontecimientos tema del proceso  o a un eventual despojo, razón suficiente para denegarla.   

Resulta   oportuno   advertir   que   el  ordenamiento  jurídico  patrio  tiene  previsto  el  procedimiento donde pueden  concretarse  este tipo de pretensiones, garantizando, en todo caso, los derechos  de  terceros,  posiblemente  afectados  con  la decisión correspondiente.    

(m)              La      doctora     Gladys      Robledo      demanda  especialmente,  “…otorgar una  pensión  por invalidez para los discapacitados o víctimas discapacitadas…con  cargo      a      alguna     entidad     o     estamento     estatal”264.   

Advierte  la Sala que la ambigüedad de la  petición  así  planteada  y su falta de sustento, impiden acogerla, por cuanto  la  interesada  ninguna precisión hace en torno a cuáles víctimas se refiere,  en  qué  consiste  la invalidez, su grado, cómo afecta la capacidad laboral de  quienes  la  padecen,  cuál  es  su causa, cuándo se produjo, o cualquier otro  dato  que  conduzca  a  determinar  con certeza su existencia y naturaleza, así  como  su  vínculo  de causalidad con el desplazamiento forzado padecido por sus  poderdantes,    circunstancias    cuya    prueba   tampoco   fue   allegada   al  trámite.   

Como pretensión  especial,   la  misma  defensora  solicita  declarar,  aduciendo  la  parálisis padecida por el señor José  Joaquín  Vergara  López  en sus cuatro miembros, que  éste    “…tiene  derecho  a  recibir del Estado protección mientras viva;  esto  es  asistencia  médica,  quirúrgica,  farmacéutica  y hospitalaria o de  implementos  necesarios  para  su  diario  vivir”. Y,  además,  “…como está en imposibilidad de laborar  le  solicito  se sirva ordenar que con cargo al Estado y por medio de la entidad  correspondiente  se  le  otorgue una pensión de invalidez vitalicia”265.    

En  sustento de la petición allegó copia  de  la  historia clínica N° 806012265-0 correspondiente al señor Vergara  López, donde el 31 de octubre de  2006 se consignó en punto de su condición de salud:   

“…Datos de la  consulta   

Motivo   de   consulta:   Secuelas   de  TRM   

Enfermedad actual: PACIENTE QUE EN EL AÑO  2003  PRESENTO  TRM CERVICAL PRESENTANDO CUADRIPLEJIA INMEDIATA, SIENDO MANEJADO  QUIRÚRGICAMENTE  A  LOS 30 DIAS EN EL HUDC CON FIJACION ANTERIOR CON PLACA. HOY  ACUDE   PARA   CONTROL”266.   (mayúsculas   en   el  texto).   

La condición del paciente y la causa de su  enfermedad,  se  extraen  también  del  reporte  efectuado  el  19  de abril de  2007267,  oportunidad en la cual se expresa que aquél no puede caminar por  cuanto  hace  4  años  y  medio  “…se cayó de un  burro  corriendo  presentando  golpes en diferentes partes y pérdida del estado  de  alerta”.  El diagnóstico concluye la existencia  de   “politraumatismo   no  especificado  (caída)  CIE.10”.   

La  anterior  reseña  evidencia cómo los  hechos  origen  de  la actual incapacidad para caminar padecida por José  Joaquín Vergara López, acaecieron  en  2003, esto es, tres años después de la incursión paramilitar en Mampuján  y   San  Cayetano,  cumplida  en  2000;  esta  circunstancia  evidencia  que  la  patología  descrita  no tiene vínculo de causalidad alguno con ese hecho y, en  ese  orden,  siguiendo  lo dispuesto por el artículo 5° de la Ley 975 de 2005,  se   impone   negar   el   reconocimiento   de  la  pensión  deprecada  por  la  apoderada.   

En  lo  relativo  a la asistencia médica,  hospitalaria,  farmacéutica  y quirúrgica, también requeridas para aliviar la  situación     del    señor    Vergara,  corresponde señalar que estos servicios integran el derecho a la  salud  consagrado  en el ordenamiento superior en beneficio de todos, razón por  la  cual el interesado puede obtenerlos sin necesidad de orden judicial, como de  hecho  lo  ha  venido  haciendo,  según  se  extrae  de  su  historia clínica.  Adicionalmente,  en su condición de víctima, reconocida en este proceso, tiene  prioridad   en   el   acceso   al   programa  de  salud,  para  cuyo  diseño  e  implementación   se  está  exhortando  en  esta  sentencia  al  Ministerio  de  Protección Social.   

          2.4.                      El fallo no cumple con la noción de reparación  transformadora   

Señala      el      Procurador  Delegado en representación del  daño  colectivo,  que  el Tribunal no tuvo en cuenta que las solicitudes de los  representantes  de  las  víctimas  y  del  Ministerio  Público se orientaban a  conseguir  un  fallo donde se sugiriera a las autoridades competentes, canalizar  los  recursos  públicos  en  la  ejecución  de  proyectos para transformar las  condiciones  de vida de las comunidades. No a obtener órdenes directas, con las  cuales  se  invadió  el  ámbito de competencia de autoridades no convocadas al  trámite  incidental,  quienes,  prevalidas  de  su  falta  de  defensa,  pueden  excusarse de acatar lo decidido.   

De  otra  parte  advera,  que  si  bien en  materia  de  reparación  colectiva,  el  fallo  otorgó lo solicitado e incluso  más,   el   reproche   se   centra   en   la  forma  como  se  concedieron  las  indemnizaciones,  pues fundamentalmente con las reparaciones se pretendía   provocar  el cambio de la situación preexistente en esas comunidades al momento  de ocurrir lo hechos violentos.   

La  sentencia,  prosigue,  abandonando las  experiencias  internacionales  en el tema, citadas en la decisión, se dedicó a  comparar  el  valor de las indemnizaciones y a analizar si existen recursos para  “resolver  el  dolor  de  las víctimas”,   olvidando   otras   formas   de   desagraviar   como  son  la  rehabilitación y la reparación.   

          Entonces,  sin  tener en cuenta cuál fue el verdadero daño sufrido  por  aquellas, emitió órdenes como la de regular la titularidad de los predios  de  San  Cayetano,  inocua,  en  tanto se ignora cuál víctima y qué predio la  requieren.   Otro   tanto   acontece   con   los  programas  de  rehabilitación  psicosocial,  dispuestos  sin  estudio  alguno acerca del impacto real sobre las  víctimas,  o con los plazos inconsistentes concedidos para cumplir las órdenes  proferidas.   

          Consideraciones de la Sala   

Sea lo primero destacar que la censura del  impugnante  en  el  sentido  de  que  el  fallo  únicamente atendió medidas de  reparación  económicas  dejando de lado otras formas de compensar el daño, no  se  atiene  a la realidad.            

En  efecto,  el  contenido de la sentencia  impugnada  refleja  que la reparación ordenada no se limitó a conceder medidas  de  indemnización  o de compensación económica a favor de las víctimas, como  lo   señala   el   recurrente,   sino   que  también  comprendió  medidas  de  restitución,  rehabilitación,  satisfacción  y de no repetición, tanto en el  plano  individual como colectivo, en armonía con las exigencias establecidas en  esa   materia   por   la  Ley  975  de  2005,  los  estándares  internacionales  -particularmente  en  este  campo  la  forma  de  reparación  concebida  en las  decisiones  adoptadas  por  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos-  y  siguiendo   las   recomendaciones  y  criterios  de  la  Comisión  Nacional  de  Reparación         y         Reconciliación268,    esto   último   con  sujeción  a lo previsto en el artículo 51, numerales 52.4 y 52.6 de la Ley 975  y  los  artículos  16  y  17,  parágrafo  2, del Decreto Reglamentario 3391 de  2006.   

Igualmente, el modelo restaurativo aplicado  en  el  fallo tiene como base el informe rendido dentro de la actuación por esa  misma  entidad  para  el  caso especial de las comunidades afectadas269,  y  las  intervenciones  de  su  director  y de una delegada del organismo, así como del  aquí  recurrente,  quienes  para  determinar  las  medidas necesarias en pro de  reparar  a  las  víctimas  interactuaron  con  ellas,  trasladándose hasta los  lugares  donde  se  produjeron  las  graves  y  masivas  violaciones270.             

Y  es  que  la  combinación  de  medidas  económicas   con   las   de   restitución,  rehabilitación,  satisfacción  y  garantías  de  no repetición es la única forma de mitigar de alguna manera el  inconmensurable  daño  causado a las víctimas, como se enfatiza en el referido  documento  contentivo de los criterios de reparación elaborado por la Comisión  Nacional de Reparación y Reconciliación:   

“En opinión de  la  CNRR  esta  particularidad de las reparaciones en el contexto de la justicia  transicional  es  de  la  mayor  importancia  para  un  país como Colombia, que  registra    cientos   de   miles   de   víctimas,   las   cuales,   de   manera  realista,  solamente  pueden ser justamente reparadas  mediante  la  aplicación de un conjunto de medidas que combinen, creativamente,  compensaciones  económicas  y  acciones encaminadas a lograr justicia y conocer  la  verdad,  así  como medidas de carácter colectivo que busquen reparar a las  comunidades  y  a  los  colectivos  sociales  que han sufrido violaciones en sus  derechos     humanos”.    (subrayas    fuera    de  texto).   

Igual  concepción  se plasma en el inciso  primero  del  artículo 16 del Decreto 3391 de 2006, en donde se enfatiza en esa  política de reparación:      

“Las víctimas  de  los  delitos cometidos por los miembros de los grupos armados organizados al  margen  de  la  ley a quienes se aplique la Ley 975 de 2005, tienen derecho a la  reparación  del  daño  sufrido.  La  reparación  comprende  las  acciones que  propendan  por la restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción y  las   garantías  de  no  repetición,  y  podrá  tener  carácter  individual,  colectiva   o  simbólica,  según  lo  establecido  en  la  Ley  975  de  2005.  En   consecuencia,   el  carácter  integral  de  la  reparación  no  se  establecerá  en  función  exclusiva  de  las  acciones de  naturaleza   económica”  (subrayas      fuera     de     texto).   

Consciente de ese deber, el Tribunal no se  centró  en  el establecimiento de exclusivas medidas de indemnización sino que  también  decretó  medidas  no  patrimoniales de restitución, rehabilitación,  satisfacción  y  de  no repetición a favor de las víctimas de las violaciones  perpetradas  por  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ  y   UBER   ENRIQUE   BANQUEZ   MARTÍNEZ  en  el contexto individual y colectivo, estas últimas  orientadas  fundamentalmente a reconstruir el tejido social y la dignidad de las  comunidades  devastadas  por  el  accionar  del grupo organizado al margen de la  ley.   

Verificado  entonces que esta aseveración  del  impugnante  no refleja el contenido del fallo, se entrará  a analizar  el  aspecto  concerniente  a  si  las medidas ordenadas no cumplen con el fin de  reparación  transformadora,  como  forma  de compensar el daño sufrido por las  víctimas.   

Pues  bien, durante las intervenciones del  recurrente  y  de  la  comisionada  de  la  CNRR  en el incidente de reparación  integral,  se  llamó  la  atención  sobre la necesidad de acoger este concepto  como  componente  del  daño  colectivo  causado,  en  el  entendido  de  que su  reconocimiento  no  debía  limitarse a restituir a las comunidades victimizadas  al  estado  y  condiciones  de pobreza, olvido y desamparo en que se encontraban  antes  de  la  perpetración  de  las  violaciones  masivas  y  sistemáticas de  derechos  humanos  que padecieron, sino a unas mejores que rescataran plenamente  su  dignidad  lacerada  y  su  estatus  democrático  en la sociedad.  Para  comprender  la  noción de reparación transformadora conviene traer a colación  lo expuesto por Beristain:      

“…la  reparación   colectiva   no  tiene  por  qué  relacionarse  siempre  de  forma  específica  con  el  daño ocasionado con la violación y la reconstrucción de  la  situación previa, ya que si esta era de marginación social, no se trata de  volver  a las condiciones iniciales. En este sentido, se relaciona más bien con  los   medios   que   pueden  permitir  la  recuperación  del  tejido  social  y  comunitario,  y  propiciar  condiciones para llevar adelante un proyecto de vida  digno…”271.   

          El  Centro  de  Estudios  de  Derecho, Justicia y Sociedad, sobre el  mismo tema, apunta lo siguiente:   

“Así  como el  Estado  tiene  la  obligación  de  garantizar  la  reparación  integral de las  víctimas  a  través  del  establecimiento  de  mecanismos de reparación tanto  material  como  simbólica,  en  contextos  como  el  colombiano, el Estado debe  procurar  que dichas medidas no tengan únicamente un alcance restitutorio, sino  que  también  tengan  un potencial transformador de las desigualdades sociales,  con  miras  a  garantizar  la  no  repetición  de  las  atrocidades”272.   

El  tema  de  la reparación con vocación  transformadora  sobre  el  cual  el  recurrente  focaliza  la  mayor parte de su  crítica  al  fallo,  como  en  general  lo  es el de las medidas de reparación  colectiva,  hasta  hace  muy  poco  se  ha  incorporado  al debate en torno a la  reparación  integral  del  daño.  Ello, ante la insuficiencia que han mostrado  los  mecanismos  de reparación exclusivamente restitutivos orientados a dejar a  las  víctimas  en el estado original previo a su victimización, situación que  se   torna   de  suma  gravedad  en  contextos  de  sociedades  inequitativas  y  comprometidas  en  procesos  de  justicia  transicional, como así lo destaca el  Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ):   

“En contextos de  transición,  y  en  sociedades  desiguales, el ideal de reparación integral de  las  víctimas de violaciones graves de los derechos humanos conduce a un dilema  difícil.   Las  víctimas  tienen  derecho  a  la restitución plena, o al  menos  a  una  reparación  proporcional al daño sufrido; no sólo debido a las  restricciones  económicas  e  institucionales,  sino  también  por  cuanto una  implementación  estricta  de  dicho  principio  puede  contradecir  ideales  de  justicia  distributiva  y  vulnerar los deberes estatales frente a la población  de  escasos  recursos,  si  se  trata de sociedad con alta desigualdad y pobreza  extendida…”273.   

Los objetivos de esa perspectiva reparadora  están condensados en el primer documento relacionado:   

“La  vocación  transformadora  de  las  estrategias de reparación tiene entonces el propósito  de  modificar las relaciones de subordinación, marginación y exclusión social  que  se  encuentran al origen del conflicto que busca ser superado y que impiden  la  construcción  de  un orden social verdaderamente democrático e incluyente.  Como  tal,  las  políticas  de  reparación deben incluir distintas dimensiones  transformativas,  en  el entendido de que las relaciones de poder que buscan ser  superadas   son   múltiples   y   heterogéneas.   Así,   como   se  mencionó  anteriormente,  es  fundamental  que  las  reparaciones  tengan  una  dimensión  transformadora  de  las  relaciones  sociales,  económicas y políticas que han  permitido  la  exclusión  o marginación de la generalidad de las víctimas del  acceso  a  sus  derechos  y  a una ciudadanía plena. Sin embargo, igualmente es  importante  que  las  reparaciones  tengan  una dimensión transformadora de las  relaciones  de  poder  que  han  subordinado  o  excluido  a  ciertos  tipos  de  víctimas,  tales  como  las  mujeres,  los grupos étnicos o los sindicatos, de  forma  tal  que  las mismas conduzcan a una reformulación de las situaciones de  dominación  patriarcal y racial que han alimentado la exclusión y la violencia  en      Colombia”274.   

A  partir  de  ese  marco conceptual no se  puede  desconocer  que  muchas  de  las  medidas de reparación ordenadas por el  Tribunal  tienen  esa  connotación  y  que  constituyen  un enorme avance en la  materia.  En  efecto,  así  se  puede  predicar  de  las medidas de reparación  colectiva  contenidas  en el acápite VIII.16 del fallo, las cuales, entre otras  cosas,  germinaron  de los ejercicios y trabajos realizados por el Procurador en  representación  del  daño  colectivo  y  la  CNRR  en  articulación  con  las  víctimas,  desplazándose,  como  ya  se  dijo,  hasta  sus actuales lugares de  asentamiento y a aquellos donde fueron perpetradas las conductas.   

Así,  por  ejemplo, es viable concluir de  las  múltiples  medidas  encaminadas a la reconstrucción de los corregimientos  de      San      Cayetano      y      Mampuján275,   consistentes   en   el  levantamiento  o  reparación  de  escuelas,  escenarios  deportivos,  vías  de  acceso,  provisión de servicios públicos esenciales (agua, luz, alcantarillado  y  comunicaciones),  instalaciones  para  la  promoción de eventos culturales y  lúdicos,   capacitación  en  áreas  técnicas  vinculadas  con  la  actividad  agrícola  y  de  seguridad  alimentaria, entre otras, que se corresponden, a no  dudarlo,  con  una  visión transformadora de dichas colectividades si en cuenta  se  tienen  las  carencias  que en ese orden padecían las comunidades afectadas  antes  de ser victimizadas por el grupo armado organizado al margen de la ley al  que  pertenecían  los  postulados  y  por  razón de los hechos a los cuales se  contrae  esta  actuación  y,  además,  porque  están orientadas a rescatar su  dignidad  personal  y  colectiva  a  través  de la reconstrucción de su tejido  social, pero, sobre todo, a propiciar su retorno.   

Es   más,   con   esa   misma   visión  transformadora,  la  Corte  opta  en  esta  oportunidad,  como  ya  se  explicó  in  extenso, por establecer  las  medidas  de indemnización o de compensación económica conforme a derecho  y  no  bajo  el  criterio  de equidad acogido por el Tribunal, sistema éste que  crea  un mayor desequilibrio por no atender específicamente al daño individual  ocasionado  con  las  afectaciones, agravando con ello el problema precedente de  desigualdad y pobreza de las comunidades.   

No obstante, en este punto la Sala comparte  la   preocupación   manifestada   por   el   Director   de   la  CNRR  ante  el  Tribunal276,  cuando señala que las medidas de reparación del daño colectivo  y  más  aún  cuando  tienen  el  componente  transformador  aludido, tienden a  confundirse  con  las  políticas  de  desarrollo que debe implementar el Estado  para  combatir los graves problemas socio-económicos que agobian tanto al país  en  general  como a sus regiones en particular (desigualdad, pobreza, etc.), por  lo   que   el   mejor   escenario  para  su  discusión  y  corrección  no  es,  definitivamente,  el proceso de justicia y paz, sino que ello ha de formar parte  de  una  estrategia  macro  impulsada por el Gobierno, como así lo ilustran los  autores  Uprimny  y  Saffón  en  el  documento  reseñado,  contentivo  de  una  propuesta   para   adoptar   un   programa   nacional   masivo  de  reparaciones  administrativas  para  las  víctimas  de  crímenes  atroces  en  el  marco del  conflicto armado:   

“A diferencia  de  lo  que  sucede  con las reparaciones de contenido meramente restitutivo, si  las  políticas  de  reparación  tienen también una dimensión transformadora,  puede   resultar   difícil   distinguirlas  de  las  políticas  sociales.  En  efecto,  como se mencionó  anteriormente,   las   reparaciones   con  vocación  transformadora  buscan  no  solamente  restituir  a  las  víctimas a la situación en la que se encontraban  antes  de que sus derechos fueran violados, sino mejorar dicha situación con la  finalidad  específica  de  transformarla  en  aquellos  aspectos que generan su  marginación,  exclusión  o  dominación  y que por ende pueden obstaculizar la  construcción  de  un orden social pacífico, democrático e incluyente, que sea  sostenible  en  el  largo  plazo.  Como  tal, la vocación transformadora de las  reparaciones  apunta  necesariamente  a  una serie de  cuestiones  que  usualmente  son  abordadas  por  las  políticas  sociales  del  Estado,  tales  como  la  garantía de la igualdad de  oportunidades  de  todos  los  ciudadanos, de una ciudadanía incluyente, de una  democracia  pluralista,  de  la equidad de género, de la no discriminación por  motivos raciales o étnicos, etc.   

         

Ahora bien, a pesar de que las políticas  de  reparación  en  su  dimensión transformadora y las políticas estatales de  contenido  social  pueden  coincidir  en  sus orientaciones y campos de trabajo,  la distinción entre ambas existe y es muy importante  mantenerla…”277 (subrayas  fuera de texto).   

En  ese  orden  de ideas, para la Corte es  claro  que  la  reparación  por  vía judicial dentro del contexto transicional  debe   tener   una  visión  transformadora  respecto  de  daños  originados  o  causalmente  vinculados  con  las  graves  violaciones de derechos humanos a que  fueron  sometidas  la  víctimas,  pero también lo es que el juez penal no debe  apersonarse  de  las  políticas  sociales  de  desarrollo  cuya  competencia es  gubernamental,  como así se infiere de lo previsto en el artículo 49 de la Ley  975  de  2005,  según el cual los programas de reparación colectiva en general  competen  al  Gobierno  Nacional,  a  partir  de  las recomendaciones que en tal  sentido     formule     la     Comisión     Nacional     de    Reparación    y  Reconciliación:   

“Artículo  49.    Programas    de  reparación   colectiva.   El   Gobierno,  siguiendo  las  recomendaciones  de  la  Comisión  Nacional  de  Reconciliación  y  Reparaciones,  deberá implementar un programa institucional  de  reparación  colectiva  que  comprenda  acciones  directamente  orientadas a  recuperar   la   institucionalidad   propia   del   Estado   Social  de  Derecho  particularmente  en  las  zonas  más  afectadas por la violencia; a recuperar y  promover  los  derechos de los ciudadanos afectados por hechos de violencia, y a  reconocer   y   dignificar   a   las   víctimas   de  la  violencia”  (subrayas  fuera de texto).   

Así  también lo prevé el parágrafo 2°  del Decreto 3391 de 2006:   

    

“Parágrafo  2°.  Sin  perjuicio de las acciones de reparación a cargo de los responsables,  el   Gobierno   Nacional  llevará  a  cabo  acciones  orientadas  a recuperar la institucionalidad en las  zonas  más  afectadas  por  la  violencia,  a  promover  los  derechos  de  los  ciudadanos  afectados por los hechos de violencia y reconocer la dignidad de las  víctimas,  para  lo  cual  tendrá  en  cuenta  las  recomendaciones que en tal  sentido  formule  la  Comisión  Nacional  de Reparación y Reconciliación y el  presupuesto  asignado  para el efecto…” (subrayas fuera de texto).   

Desde ese punto de vista, encuentra la Sala  que  en  la  sentencia  impugnada  se  ordenan,  como ya se precisó, medidas de  reparación   con   evidente  proyección  transformadora,  cuyo  nexo  con  las  conductas  vulneradoras  aparece  suficientemente  demostrado,  por  lo  que  el  planteamiento del recurrente carece de fundamento.   

Ahora  bien, también señala el apoderado  de  las  víctimas  que  el  fallo  no  consideró  el  daño  sufrido  por  las  colectividades  afectadas,  lo  cual  se tradujo en el proferimiento de órdenes  inocuas  como  la de disponer la formalización de la titularidad de los predios  de  Mampuján  y  San Cayetano, ignorándose cuáles víctimas y qué predios la  requieren.   

Sin embargo, advierte la Sala que la orden  del  Tribunal en este sentido también tiene un evidente contenido transformador  en  cuanto  pretende mejorar las condiciones de las comunidades agraviadas, pues  no  se  limita simplemente a restituir a las víctimas los predios que ocupaban,  la  mayoría  de  las  veces  sin  título alguno que permitiera hacer valer sus  derechos  sobre  las  tierras,  sino a formalizarlos acreditada la condición de  despojo,  lo  cual,  evidentemente, constituye un plus  a     su     favor278.   

Respecto  de la orden que se emite para la  legalización  de  los bienes a la Superintendencia de Notariado y Registro y al  Instituto  Colombiano  de  Desarrollo  Rural  INCODER,  con  la coordinación de  Acción  Social,  y  al señalamiento de un plazo máximo de 12 meses contados a  partir  de  la  ejecutoria de esta decisión, la Sala se remite a lo expuesto en  precedencia,  en  el sentido de que se debe entender como  una exhortación  a  dichas  autoridades  para  que  cumplan  esa  gestión  dentro de un término  razonable.   

Y  en  relación  con  la  inquietud  del  recurrente  acerca  de  cuáles  son  las  víctimas favorecidas con la medida y  sobre  cuáles  predios  debe recaer, la Sala se atiene a lo probado al respecto  en  el  curso  del  incidente  de  reparación  integral, de conformidad con las  pautas  de  valoración probatoria señaladas en esta providencia, sobre lo cual  impera  señalar  que  ninguna de las víctimas acreditó despojo de tierras, en  tanto    las    abandonaron    con   ocasión   de   la   masacre   y   ulterior  desplazamiento.   

          2.5.                      No  se  ordenó al Batallón de Malagana ofrecer  disculpas a las víctimas   

La   Sala,   advierte   el  Delegado  de  la Procuraduría, no ordenó  la  “disculpa pública  y  publicitada” a la comunidad  de   San   Cayetano   por   parte   de  la  Armada  Nacional,  concretamente  de  la    Comandancia    de    la    Infantería    de  Marina,   rechazo   sustentado  por  el  a  quo  en  la  imposibilidad de atribuir  responsabilidad  a  la  base  militar  de  Malagana,  ubicada  en  la zona donde  ocurrieron  los  hechos,  sin  que,  previamente,  las  autoridades  competentes  adelanten    la    investigación    y    establezcan    las   responsabilidades  correspondientes.   

Esta  postura,  afirma, además de ignorar  que  los postulados indicaron haber obtenido en esa unidad militar los uniformes  y  armas  usados  en Isla Múcura, resulta contradictoria con las decisiones del  Tribunal  de  expedir  copias para investigar las afirmaciones de las víctimas,  presentadas  por la Fiscalía, sobre el origen, en ese batallón, de la lista de  nombres  portada  por  los  perpetradores  y  de  requerir  el  traslado de todo  uniformado  mencionado  en ellos, así como la formación en derechos humanos de  los militares destinados a esa zona.   

          Consideraciones de la Sala   

En   punto   de   la   primera   de  las  contradicciones  señaladas,  importa recordar cómo la disculpa “pública    y   publicitada”   a   las  comunidades  de  San  Cayetano y Las Brisas por parte de la Armada Nacional, fue  requerida   por   el   apelante   cuestionando   al   batallón   de   Malagana,  específicamente   por   “…no  haber  tomado  las  precauciones  y  previsiones necesarias para desvincular de la fuerza a miembros  activos  que  colaboraron,  facilitaron  y  permitieron  las  atrocidades que se  generaron   al   interior   de   las   comunidades   de   Las   Brisas   y   San  Cayetano”279.   

En ese contexto, la solicitud de disculpas  deviene  improcedente,  por  cuanto  el  expediente no arroja elemento de juicio  alguno  que  permita  endilgar  o  descartar  desidia  por  parte  de  la Armada  Nacional,  en  la  adopción  de  medidas dirigidas a excluir de la institución  militar  a  miembros  vinculados  con  los  delitos  cometidos  en contra de las  comunidades mencionadas.   

Sobre el segundo aspecto abordado, referido  a  la  crítica  relacionada  con  las  diferencias en los plazos fijados por el  Tribunal  para  adelantar  las  diferentes  obras  dispuestas  como  medidas  de  reparación colectiva, la Sala encuentra tal aspecto superado.   

          2.6.                      No  se  declaró  la  extinción  de  dominio de  bienes  de COBOS TÉLLEZ para  ingresarlos al Fondo de Reparación   

Afirma      el      Procurador   Delegado  que  la  sentencia  omitió,  pese  a  la  solicitud elevada por el Ministerio Público, declarar la  extinción  de  dominio  de  los  bienes ofrecidos por el postulado COBOS  TÉLLEZ  para  que  ingresaran  al  Fondo  de  Reparación,  se monetizaran y con el dinero obtenido se procurara la  recuperación  de  la  capacidad  productiva  de  las  comunidades,  que  no son  mendicantes, ni reclaman bienes, sino créditos para trabajar.   

          Consideraciones de la Sala   

La  Corte  accederá  al  pedimento  del  impugnante, con base en las siguientes razones:   

Ab      initio      precísese  que,  como  lo  señala el Procurador, tal solicitud fue  elevada  durante  el  incidente  de  reparación integral sin que el Tribunal se  ocupara  del  tema  relacionado  con  la  extinción  del  dominio de los bienes  ofrecidos  por  los  postulados  ni  mucho  menos  de  la  petición concreta de  monetización.   

No  haber  hecho pronunciamiento alguno en  torno  a  la   extinción de dominio de tales bienes constituye, además de  una   afrenta   al   derecho  que  le  asiste  a  las  víctimas  a  recibir  la  indemnización  de  quienes  están obligados principalmente a resarcir el daño  causado,  un  palmario  desconocimiento  del artículo 24 de la Ley 975 en tanto  exige que tal declaratoria debe hacer parte de la sentencia:   

“Contenido de  la  sentencia.  De  acuerdo  con  los  criterios  establecidos  en la ley, en la  sentencia   condenatoria  se  fijarán  la  pena  principal  y  las  accesorias.  Adicionalmente  se  incluirán  la pena alternativa prevista en la presente ley,  los  compromisos de comportamiento por el término que disponga el Tribunal, las  obligaciones  de  reparación  moral  y  económica a las víctimas y  la  extinción del dominio de los bienes que se destinarán a la  reparación” (subrayas fuera de texto).   

El  mismo  imperativo aparece en el inciso  cuarto  del  artículo  8°  del  Decreto  reglamentario 4760 de 2005, según el  cual:   

“En   la  sentencia  condenatoria  la  Sala  competente  del Tribunal Superior de Distrito  Judicial  fijará  la  pena  principal y las accesorias que correspondan por los  delitos  cometidos  de  acuerdo  con  las reglas del Código Penal, y   adicionalmente   incluirá  la  pena  alternativa,  los compromisos de comportamiento y su duración, las obligaciones  de   reparación   moral   y   económica   a   las   víctimas  y  la  extinción  del  dominio  de los bienes que se destinarán a la  reparación. La pena alternativa no podrá ser objeto  de      subrogados     penales,     beneficios     adicionales     o     rebajas  complementarias”  (subrayas fuera de texto).   

De  lo  anterior  se  desprende  con total  claridad  que  existiendo bienes inmuebles ofrecidos por los postulados se torna  necesario  decretar  su  extinción  de  dominio  para que con cargo al Fondo de  Reparación  de  Víctimas se proceda a su posterior entrega a los afectados, al  tenor  de  lo  normado  en el artículo 11 del Acuerdo 018 del 8 de mayo de 2008  expedido  por la Agencia Presidencial para la Acción Social, por medio del cual  se adopta el reglamento interno de dicho fondo.   

No  obstante,  como  en  los  ejercicios  efectuados  por  el  Procurador Delegado para el daño colectivo en contacto con  las  víctimas, éstas le manifestaron su deseo de que los recursos se entreguen  vía  monetización,  así  lo  dispondrá  la  Sala, situación que comporta su  enajenación  previa,  para lo cual Acción Social se sujetará al procedimiento  regulado en el artículo 15 del referido acuerdo.   

Consecuente  con  lo  expuesto,  la  Corte  adicionará  la decisión en el sentido de decretar la extinción del dominio de  los   bienes   ofrecidos   por   el  postulado  EDWAR  COBOS  que se relacionan a continuación, y se proceda  a su monetización.   

1.                Predio       “Toloda”,  de 211 hectáreas, ubicado en  Carmen de Bolívar, con matrícula inmobiliaria No. 062-0005101.   

2.          Predio  “San  Roque”  de  106  hectáreas,  situado  en  el  mismo  municipio, con matrícula inmobiliaria No. 062-0014957.   

3.                Predio       “Providencia” de 400 hectáreas, situado  en Carmen de Bolívar, con matrícula inmobiliaria No. 062-0008585.   

4.          Predio  “Las  Estrellas”  de  155  hectáreas,  en el municipio de  Carmen de Bolívar, matrícula inmobiliaria No. 062-0004119.   

5.          Predio “Rabo  Largo”  de  17 hectáreas, en el Carmen de Bolívar,  matrícula inmobiliaria No. 062-000663.   

2.7.          Por solidaridad debe condenarse a reparar  a  los  miembros  del  Bloque Héroes de los Montes de  María   

Solicita    el   doctor   Camilo   Vergara   la  modificación  del  numeral  primero  del  fallo,  para  incluir  en  él,  no solo a los postulados  BANQUEZ   y  COBOS,  sino  a  los  demás miembros del  bloque  Héroes  de  los Montes de María,  a  quienes,  por  solidaridad, corresponde acometer el pago de la  reparación de las víctimas.   

          Consideraciones de la Sala   

Al  respecto,  se  impone  destacar que el  aludido  numeral  de  la  parte  resolutiva de la sentencia impugnada alude a la  declaratoria    de    responsabilidad    penal    del   postulado   EDWAR  COBOS  TÉLLEZ  por  las conductas  punibles  por él aceptadas y la condigna  imposición de pena alternativa,  en    tanto    la    correspondiente    a    BANQUEZ  MARTÍNEZ  obra, en términos similares, en el numeral  segundo.   

Clarificado, entonces, que tales numerales  del  fallo  se  refieren  a  la  condena penal de los postulados y nada dicen en  torno  a  su  responsabilidad  civil,  pues  a esta materia concierne el numeral  séptimo  en  donde  se  ordena  la  reparación  integral de las víctimas, que  incumbe  no  sólo  a  éstos  sino  a  todos los demás obligados conforme a lo  términos  del  fallo,  advierte la Corte la confusión del recurrente, pues con  sujeción  a  la  sentencia  C-370  de 2006, invocada por él para justificar su  pretensión,  la  responsabilidad solidaria de los demás integrantes del bloque  del  grupo  armado organizado al margen de la ley surge en el ámbito civil y no  en el penal, como se puntualizó en la aludida decisión:   

“Lo  anterior  conduce  a  señalar  que  para  la  ley  bajo  examen  resulta  particularmente  relevante  la causalidad existente entre los hechos punibles judicializados y la  actividad  de los grupos armados específicos que después de haberse organizado  para  cometer  delitos decidan desmovilizarse. Esta relación entre la actividad  de  los  individuos  que  se  desmovilizan y su pertenencia al grupo específico  dentro  del  cual  delinquieron, genera un nexo de causalidad entre la actividad  del  grupo  específico y los daños ocasionados individual o colectivamente por  ese  grupo  específico  dentro  del cual realizaron las actividades delictivas.  Si  bien  la  responsabilidad  penal continúa siendo  individual,  la  responsabilidad  civil  derivada  del  hecho  punible admite el  elemento  de la solidaridad, no solamente entre los penalmente responsables sino  respecto  de quienes por decisión judicial hayan sido calificados como miembros  del  grupo  armado  específico,  entendido  como  el  frente o bloque al que se  impute  causalmente  el  hecho constitutivo del daño, en virtud de la relación  de  causalidad  que  se estructura entre las conductas delictivas que generan el  daño  y  la actividad en concreto de ese grupo específico que actúa al margen  de la ley al cual pertenecieron los desmovilizados.   

“Todos  los  hechos   punibles   sometidos  al  ámbito  de  la  Ley  975/05  exigen  que  su  perpetración  se  produzca  durante  y  con  ocasión  de la pertenencia de los  individuos   desmovilizados   a   los  grupos  armados,  lo  que  fundamenta  la  responsabilidad  civil  del  grupo  específico al amparo del cual se cometieron  los  delitos  juzgados  por  parte  de  miembros de un grupo armado determinado,  calificados  como  tales  judicialmente…” (subrayas fuera de texto).   

Y  como  quiera  que el fallo recurrido es  prolijo  en establecer la responsabilidad civil solidaria frente a las víctimas  de  todos  los  integrantes de los bloques a los que pertenecían los postulados  (acápite  VIII.7.4.),  refulge evidente la sin razón del impugnante sobre este  punto.   

2.8.          La  condición de víctima no precisa de  su inclusión en la SIIJYP   

Cuestiona   el   doctor   Camilo   Vergara,   que  sólo  se  hayan  reconocido  como  víctimas  a quienes aparecen en la base de datos de la Unidad  de  Justicia  y Paz de la Fiscalía (SIIJYP), pues, estima, se puede acreditar y  obtener  el  reconocimiento  de  la calidad de víctima en cualquier momento del  proceso,  aun  cuando  no  aparezca  registrado el nombre en la referida base de  datos.   

          Consideraciones de la Sala   

Al  respecto, cabe precisar que el Sistema  de  Información  Interinstitucional  de  Justicia  y  Paz  (SIIJYP y no SIJYP o  SIYIP,  como  se  cita  en  la  sentencia),  fue creado por el Gobierno Nacional  mediante el Decreto 299 de 2010.   

De acuerdo con el artículo primero de tal  decreto,  el  SIIJYP  tendrá  por  objeto “mantener  información  oficial  consolidada  y en tiempo real de todos los componentes de  la  aplicación  y  desarrollo  de la Ley 975 de 2005; información que servirá  como   fuente  fidedigna  al  Comité  de  Coordinación  Interinstitucional  de  Justicia  y  Paz  para  hacer  seguimiento,  evaluar  y  definir la política de  Justicia Transicional”.   

A su vez, el numeral primero del artículo  segundo del mencionado decreto define el SIIJYP, como un:   

“Medio  de  comunicación   interinstitucional   compuesto  por  un  conjunto  integrado  de  procesos  automatizados que permite la producción, interacción y articulación  armónica  de  la  información de los entes y organizaciones con competencia en  la    aplicación   y   desarrollo   de   la   Ley   975   de   2005”.   

El  sistema SIIJYP, al tenor del artículo  15  de  la misma normatividad, regula lo concerniente a su contenido, señalando  al respecto:   

“Artículo 15.  Contenido  del SIIJYP. El SIIJYP reflejará, como mínimo, los siguientes datos,  registrados  en  módulos  de información, que interactuarán de acuerdo con lo  definido  por  el  Comité  Técnico  mediante  protocolo;  sin perjuicio de que  posteriormente  se adicionen, supriman o cambien los nombres de los módulos: 1.  Registro  de Personas. 2. Registro de Grupos Armados. 3. Registro de Gestión de  Postulaciones.  4.  Registro  de  Bienes.  5. Registro de Hechos. 6. Registro de  Administración  de  Bienes.  7. Registro de Estado Socioeconómico. 8. Registro  de  Exhumaciones.  9.  Registro  de Gestión Procesal. 10. Registro de Atención  Integral  a  Víctimas. 11. Registro de Protección a Víctimas y Testigos de la  Ley  de  Justicia  y Paz. 12. Registro de Beneficios Jurídicos de la Ley 782 de  2002  y demás normas que la prorroguen, modifiquen o adicionen. 13. Registro de  Extradiciones…”.   

De  lo  anterior  se  puede  extraer,  por  consiguiente,  que  el sistema SIIJYP es una fuente oficial de datos destinado a  todos  los organismos y entes relacionados con la aplicación y desarrollo de la  Ley  975  de 2005 que fundamentalmente tiene por propósito servir al Comité de  Coordinación  Interinstitucional  de  Justicia  y  Paz  para hacer seguimiento,  evaluar  y  definir la política de Justicia Transicional, cuya implementación,  según  el artículo 19 del decreto, está a cargo del Ministerio del Interior y  de  Justicia,  mientras que su administración, conforme al 9°, está en cabeza  de la Fiscalía General de la Nación.     

En consecuencia, la información contenida  en  el sistema es fidedigna y puede servir de base a los funcionarios judiciales  para  sustentar  sus  decisiones,  lo  cual  no  quiere  decir que sólo quienes  aparezcan  en  esta  base  de  datos  pueden  tener  la  calidad  de  víctimas,  entendimiento  que,  a  diferencia  de  lo  expuesto por el impugnante, no es el  vertido en el fallo.   

En  efecto,  el  Tribunal  tomó los datos  consignados  en  dicho sistema con el objeto de establecer el costo proporcional  de  la  reparación de este proceso frente al consolidado general de víctimas y  hechos  relacionados  con  justicia  transicional  (apartados  178  y  ss. de la  sentencia)  y  para  corroborar  la  configuración del delito de desplazamiento  forzado  de  los  pobladores  en los corregimientos de Mampuján y San Cayetano,  conforme  a  los  registros  de  personas en esa calidad, sin que, en todo caso,  éste  haya  sido  el  único  elemento  de  juicio  demostrativo  de  ese hecho  (apartado 75).   

Significa  lo dicho que no tiene razón el  recurrente  al  afirmar que el Tribunal sólo le otorgó la calidad de víctimas  a quienes aparecían en el referido sistema.   

             

          2.9.                      Se  erró  al  agrupar en cabeza de Fermín  Enrique  Maza,  las  familias de  Mileydi Ortiz e Irene Enrique López   

Asevera    el    doctor   Edilberto  Carrero  que  se  incurrió  en  error   en   la   sentencia  al  agrupar,  en  cabeza  del  señor  Fermín  Enrique  Maza  Fernández, cuyos  intereses  representa,  a  tres  familias  diferentes  como  si fueran una sola,  situación   cuya   corrección   demanda   para   efectos   de   reconocer   la  indemnización.  Los  grupos  familiares  diversos son los de  Mileydi  Ortiz  Julio  e  Irene  Enrique  López Pulido.   

          Consideraciones de la Sala   

En  cuanto  al  referido  reparo,  la Sala  encuentra  que  no  le  asiste razón al doctor Carrero  López,  por  cuanto  la  conformación de ese núcleo  familiar    por    parte   del   a   quo,  obedeció a lo consignado por ese representante en los documentos  soporte    del   incidente,   los   cuales   reposan   en   la   “carpeta  No.  90 urbano” de la Fiscalía  y en la declaración SIPOD No. 637584.   

Aun   más,   revisada   la   tabla   de  indemnización  elaborada  por  el  Tribunal,  se  encuentra que cada uno de los  grupos   familiares  referidos  por  este  abogado,  cuenta  con  reconocimiento  autónomo y no se mezclaron.   

2.10.            Creación de una Comisión de la  verdad   

La      doctora      Castillo  Africano demanda la creación de  una  Comisión  de  la Verdad, ya sugerida por la Corte Suprema de Justicia, con  el  propósito de otorgar voz a las víctimas, desmitificar mentiras y facilitar  el  establecimiento  de la verdad, a través de un mecanismo extra judicial, sin  mayores  formalidades,  donde  aquellas,  de  manera  libre  podrán  contar  lo  sucedido,  especialmente  quienes  han sufrido la violencia asociada al género,  soslayada en las investigaciones de justicia y paz.   

          Consideraciones de la Sala   

Sobre el particular, como bien lo indica la  recurrente,   ha   de   precisarse  que  la  Corte  ha  sido  partidaria  de  la  conformación  de  una Comisión de la Verdad para ahondar en la barbarie que en  el  país  ha  desencadenado  el  fenómeno  paramilitar,  con  el propósito de  “…crear   un   espacio   desprovisto   de   las  formalidades  y  las  consecuencias  de los procesos judiciales, en el que tanto  los  perpetradores  como  sus  víctimas puedan encontrarse a fin de exponer sus  versiones  sobre  lo  acontecido, las motivaciones de sus actos y la profundidad  de  sus  pérdidas,  todo  con  miras  a la reconciliación nacional”280.   

          Ello  porque es evidente que en el escenario de las comisiones de la  verdad,  las  víctimas  se  expresan con menor rigor y formalismo que dentro de  los  procesos  judiciales, la ruptura de su silencio y la escucha respetuosa por  parte   de   la   sociedad  comportaría  efectos  sanadores  y  reparadores,  y  significaría  para  aquellas  un  reconocimiento  social  y en alguna manera la  restauración   de   su   dignidad,  por  cuanto  clausuraría  la  sospecha  de  culpabilidad  que  generalmente  se  cierne sobre las víctimas, según la cual,  algo   hicieron   para   merecer   tal  sufrimiento281.   

          No  obstante, dado su carácter no jurisdiccional, su creación debe  ser  impulsada por el ejecutivo o el legislativo, como inicialmente aparecía en  el  proyecto  inicial  de la ley de víctimas (arts. 123 y ss) presentado por el  Gobierno                   Nacional282   y  que  actualmente  se  tramita  en  el  Congreso  de  la República, siendo suprimida del último texto  aprobado  en  la  plenaria  de  la  Cámara  de Representantes, para en su lugar  quedar  comprendida  en  el Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y  la  Memoria  Histórica,  cuya  creación se tramita en el órgano legislativo a  través     de     otro     proyecto    de    ley283.       

Así  pues,  y  para  dar  respuesta  al  planteamiento   de  la  impugnante,  se  concluye  que  dada  la  naturaleza  no  jurisdiccional  de  esa comisión, mal podría disponerse su creación a través  de un fallo judicial.   

          Como  la  misma  profesional afirma que para garantizar el derecho a  la  justicia,  es  necesario  fijar  los  patrones de conducta utilizados por el  bloque  Héroes  de  los Montes de María  y  el frente Canal del Dique,  como  instrumento útil  para verificar que una persona pudo  ser  víctima  de  esos  grupos,  así  no  se  pueda  identificar  a  un  autor  determinado,  porque  “serviría  para respaldar la  indemnización  por  daño  colectivo”, considera la  Sala  que  en  el  acápite inicial de antecedentes, a espacio se estableció la  cobertura y operación de los referidos grupos armados ilegales.   

          2.11.                     Inclusión de una víctima omitida   

Solicita    el   doctor   Fernando  Aza Olarte la adición del fallo,  en  el  sentido  de  incluir  como  víctima  y  titular  de  la correspondiente  indemnización,  al  señor  José  Oswaldo  Catalán  Cotes,  reconocido en esa condición por la Fiscalía,  pero  a  quien  no se refirió el juez de instancia, pese a la presentación del  poder respectivo el 23 de abril de 2010.   

          Consideraciones de la Sala   

No   obstante   lo   afirmado   por   el  peticionario,  la  Corporación  no  encontró  soporte  documental alguno sobre  dicha  pretensión, esto es, no hay carpeta de acreditación de la Fiscalía, ni  registro  ante  dicha  entidad  o  ante  el  sistema  de población desplazada o  encuesta  y  participación en la jornada de acreditación llevada a cabo por el  ente  acusador.  Sólo  se  aportó  una  declaración notarial sobre avalúo de  perjuicios  huérfana  de  respaldo  y, por ende, insuficiente para acreditar la  condición alegada.   

          2.12.                     Debe     cuantificarse     la    pérdida   de   oportunidades   de   las  víctimas   

El abogado Germán  Cortés   Huertas,  apoderado  de  las  víctimas  del  secuestro  en  Isla Múcura, señala que debe cuantificarse el daño derivado de  la  pérdida de oportunidades, por cuanto al solicitar éstas nuevos trabajos, y  preguntárseles  sobre  las  causas  de  terminación  de  su  anterior  empleo,  respondían  que  se  trató  de un plagio, a partir de lo cual se les negaba la  oportunidad   argumentando  que  si  un  escolta  no  podía  evitar  un  suceso  semejante,  no  servía para el nuevo trabajo, razón por la que muchos de ellos  perdieron sus viviendas y algunos sus hogares.   

          Consideraciones de la Sala   

          Revisadas   las  pretensiones  expuestas  dentro  del  incidente  de  reparación  integral,  se encuentra que dicha solicitud no fue planteada en ese  escenario,  oportunidad  procesal  idónea  para  hacerlo, motivo por el cual la  Sala no puede pronunciarse al respecto.   

          Adicionalmente   no  se  demostró  su  configuración,  manifestada  según  el  litigante  en  la  imposibilidad de sus representados para conseguir  empleo.  Por el contrario, en el acápite de pretensiones indemnizatorias de los  secuestrados  de  Isla  Múcura,  este  mismo litigante aseguró que el grupo de  escoltas  estuvo  cesante  por  un  espacio  de  tres meses, luego de lo cual se  incorporaron   a   la   vida  laboral,  situación  que  deja  sin  soporte  tal  solicitud.   

2.13.                Inclusión   de   víctimas  pretermitidas en el fallo   

El      abogado      Guillermo  Nizo  Caica,  quien además del  recurso  instaurado  en  nombre  de  sus representados sustentó la impugnación  presentada  por  el  doctor  Fernando Rivera Ballesteros, pidió complementar el  fallo  para reconocer las indemnizaciones solicitadas por 14 personas, excluidas  sin  explicación  alguna,  pese  a su reconocimiento como víctimas tanto en el  incidente  como  por  la  Fiscalía,  porque  de  no  hacerlo, se les vulnera su  derecho  a  ser  reparadas, por cuanto en su nombre se instauró el incidente de  reparación  y  se  allegaron  las  pruebas  necesarias  para demostrar el daño  causado.   

Ellos  son Nolfi  Cecilia  Navarro  López,  Jainer  Antonio  Sánchez  Navarro, Argemiro Sánchez  Navarro,  Erick  César  Beltrán  Navarro,  Ayda  Mercedes  Ballesteros Pérez,  Librada  Cañate  Rodríguez,  José  Armando  Cañate  Rodríguez,  Rosa  Isela  Cañate  Rodríguez,  Adriana Lucía Cañate Rodríguez, Nisida Cabarcas, Rafael  Enrique  Cassiani  Pérez,  Mary Luz Cabarcas Cassiani, Manuela Edith Cassiani y  Argemiro Luis Cañate Buelvas.   

          Consideraciones de la Sala   

Procede la Colegiatura a analizar cada uno  de los casos propuestos, como sigue:   

Nolfi  Cecilia Navarro López  y  sus  hijos Jainer Antonio,  Argemiro  Sánchez Navarro     y     Erick    César    Beltrán  Navarro,  se  encuentran acreditados como víctimas de  los  hechos  del  10 y 11 de marzo de 2000 por parte de la Fiscalía284,  entidad  que  recaudó las certificaciones y registros pertinentes, motivo por el cual la  Sala ha incluido este clan familiar en la tabla de indemnización.   

Ayda     Mercedes     Ballesteros  Pérez  está  incluida  dentro del grupo familiar del  señor    Ingilberto   Velásquez   Maza  y  allí  se  le  reconoció  reparación económica, según puede  corroborarse  en  la tabla de indemnización pertinente. Por tanto, en relación  a     ella,     la    Corporación    encuentra    pertinente    adicionar    la  sentencia.   

A           Librada,  Rosa  Isela   y   José  Armando  Cañate    Rodríguez    se   les   reconocerá   la  indemnización  correspondiente al desplazamiento forzado en virtud a que fueron  incluidos   en  el  listado  inicial  de  víctimas  del  Tribunal  a  quo;  así mismo, porque se aportó al  expediente  certificado  de  la  Personería de María La Baja expedido el 10 de  febrero  de  2006,  según  el  cual  fueron desplazados de Mampuján por hechos  acaecidos    el    11    de    marzo    de    2000285.   No   se  otorga  igual  tratamiento     a     Adriana    Lucía    Cañate  Rodríguez,  quien  según  registro  civil  allegado,  nació  el  28 de diciembre de 2003, fecha posterior a los hechos que originaron  la   obligación  de  indemnizar.  A  este  grupo  familiar  no  se  reconocerá  indemnización  por  daño  emergente por cuanto no se aportó prueba del mismo,  ni siquiera a través de juramento estimatorio.   

En    relación    con    Nísida     Cabarcas,     Mary  Luz Cabarcas Cassiani y Manuela   Edith   Cassiani,  la  Sala  no  accederá   a  dicha  pretensión  por  cuanto  la  carpeta  No.  13  Mampuján,  contentiva  de  la  documentación  del señor Osvaldo  Cabarcas  Marimon  en  cuyo  núcleo familiar ubica el  abogado   a   dichas   personas,   no   incluye   declaración  de  éste  sobre  desplazamiento  familiar  ni  registros  civiles  que puedan corroborar quiénes  eran   miembros  de  la  misma  y  tampoco  fueron  aportados  al  incidente  de  reparación.  Por  tanto,  en  el  expediente  no  se  acreditó  su  calidad de  víctimas.  Huelga  aclarar  que  al  señor  Cabarcas  Marimon se le reconocieron los perjuicios ocasionados,  conforme a lo acreditado.   

Como la Sala encontró la carpeta No. 20 M  individual   donde   reposan   los   documentos  acreditativos  de  Rafael   Enrique   Cassiani  Pérez  como  desplazado  por  los hechos objeto de este proceso, se ha incluido en el listado  de  personas  con  derecho  a  indemnización,  conforme  a  lo requerido por el  abogado.   

Respecto      de      Argemiro  Luis Cañate Buelvas se advierte  que  una  vez  revisada  la documentación obrante en el diligenciamiento, no se  halló  alusión  a  dicho nombre, pero sí a Algemiro  Luis   Castellar   Buelvas,   identificado  con  C.C.  73’084.651,  cuya carpeta  corresponde  a  la  No.  107  San  Cayetano.  Por  tanto,  por estar debidamente  acreditado  como  desplazado por los hechos materia de este expediente, se le ha  incluido  en  el  listado  de  víctimas con derecho a reparación. Lo anterior,  además,      porque      el     abogado     Rivera  Ballesteros  instauró incidente a su nombre y aportó  el    correspondiente    juramento    estimatorio286.   

2.14.           Corrección de nombres, parentesco  e inclusión de víctimas pretermitidas   

El  doctor  Luis  Felipe    Estrada,   representante   contractual   de  víctimas,  solicita  corregir  en  el recuadro de indemnizaciones el nombre del  extinto  José del Rosario Mercado García,   pues   allí   se   le  menciona,  de  manera  incorrecta,  como  José   del  Carmen;  así  mismo,  demanda incluir en su grupo familiar, reconociéndoles la indemnización  respectiva,  a  los  hijos  de  esta  víctima,  Karen  Mercado   Rodelo  y  Saidid  Mercado  Rodelo,  al  igual  que  a  su  padre, señor  Manuel  Mercado  Yepes, cuya  indemnización debe ser igual a la señalada para su progenitora.   

También se debe proceder a la corrección  del  parentesco  de la víctima directa Rafael Mercado  García  con  Eidin Mercado  Pérez,  pues  se trata de su hija y no de su hermana,  como se incluyó en el recuadro respectivo.   

Como víctimas del homicidio de  JOAQUÍN  POSSO ORTEGA y del consecuente  desplazamiento  de  su  familia, se debe incluir a Ana  Rosa  Ortega  de  Posso,  Rafael,  Ubaldo, Miguel, Jorge Miguel, Miguel Antonio,  Antonia Isabel, Alberto Ramón y Nirida del Carmen Posso Ortega.   

Demanda incluir a la esposa de Alfonso  Mercado  García y a su hijo, en  las indemnizaciones por el desplazamiento forzado.   

Igualmente,  reconocer  como víctimas del  mismo   delito  a  Manuel  Mercado  Yepes   y   Lida   Tapia   Gloria,  padres  del  fallecido Wilfredo Mercado  Tapia;   a  Carmen  Elena  Mercado   Barrios,  Karen  Paola,  Saidid,  José Alonso y  Diana  Patricia Mercado Rodelo, en su orden, compañera  e   hijos  del  extinto  José  del  Rosario  Mercado  García.  A  Julio  Mercado  García,   Álvaro  Javier  Mercado  Mendoza  y  Rubiela  Mercado   Mendoza,   en   su   calidad  de  hermanos.   

          Consideraciones de la Sala   

Por ser procedente, la Corporación accede  a  lo  solicitado,  esto  es, la corrección del nombre del obitado José  del  Rosario  Mercado  García y la  inclusión  de  Karen Paola y  Said Mercado Rodelo como sus  hijos  y de Manuel de Jesús Mercado Yepes,   respecto   de   quienes  se  establecieron  las  indemnizaciones  pertinentes en el respectivo acápite.   

De la misma manera, se accede a corregir el  parentesco    de    Heillen    Margarita    Mercado  Pérez,  quien  es  hija  y no hermana de Rafael          Enrique         Mercado         García.   

La  petición  de  incluir  como víctimas  indirectas   del   homicidio   de   Joaquín   Posso  Ortega  a  Ana Rosa Ortega,  Rafael,  Ubaldo, Miguel, Jorge, Antonio, Antonia Isabel, Alberto Ramón y Nirida  del  Carmen  Posso  Ortega,  en su calidad de padres y  hermanos,  no  puede  ser atendida por la Corporación porque en su nombre no se  instauró  incidente de reparación integral en virtud del cual los postulados y  demás      intervinientes      hubiesen      conocido     oportunamente     sus  pretensiones.   

En  efecto,  tan  sólo en la audiencia de  sustentación  del  recurso de apelación de la sentencia se aportaron por parte  del   litigante   los  registros  civiles  y  poderes  correspondientes  a  esas  personas287,  con  lo  cual  deviene  extemporánea  su  solicitud, teniendo en  cuenta  la  estructura  del  incidente de reparación integral establecida en el  artículo   23   de   la   Ley   975   de  2005,  que  comporta  los  siguientes  pasos:   

(i)          Debe  mediar  solicitud  expresa  de  la  víctima,  del  fiscal,  o  del  Ministerio  Público a instancias de ella; (ii)  Corresponde  a  la  Sala  examinar  la  pretensión para admitirla o rechazarla,  según  sea  el  caso,  decisión  que  puede  ser objeto de impugnación; (iii)  Admitida  la  pretensión,  debe  ponerse  en  conocimiento del postulado, quien  tiene   derecho  a  controvertirla;  (iv)  A  continuación,  se  invita  a  los  intervinientes  a  conciliar;  (v)  Si  hay  acuerdo,  éste  se incorpora en la  sentencia;  (vi)  Si  no  se concilia, se escuchan las pretensiones y dispone la  práctica  de  pruebas  ofrecidas  por  las partes; (vii) Finalmente se falla el  incidente el cual se incorporará a la sentencia.    

Como  en  el  caso bajo examen todos estos  pasos  fueron  pretermitidos,  resulta evidente la improcedencia de la solicitud  esbozada  por el doctor Luis Felipe Estrada  por  contrariar los postulados del debido proceso y del derecho de  contradicción.   

También  accede  la  Sala  a agregar como  víctimas  por  el  hecho  del desplazamiento a Manuel  Mercado  Yepes  y Lida Tapia  Gloria     padres     del    finado    Wilfredo  Mercado  Tapia;  a Carmen  Elena  Mercado  Barrios, Karen Paola, Saidit, José Alfonso  y  Diana  Patricia  Mercado  Rodelo,  compañera e hijos del fallecido José  del  Rosario  Mercado  García; y a  Julio   Mercado   García,  hermano  de  aquél,  quienes fueron incluidos en la tabla de indemnización por  el    referido    delito,    con    las    salvedades    consignadas   en   esta  decisión.   

Respecto      de      Álvaro     Javier    y    Rubiela  Mercado  Mendoza,  de quienes el  litigante   pregona   su   calidad   de   hermanos  del  fallecido  José   del   Rosario   Mercado  García,  considera  la  Sala  que no es posible reconocerlos como víctimas de ninguno de  los  punibles  objeto  de  este  proceso, por cuanto a su nombre no se instauró  incidente  de  reparación  ni se aportaron los registros civiles por cuyo medio  se acredite su parentesco.   

          2.15.                     Revocar   el   plazo   otorgado   al  Fondo  de  Reparación para hacer efectivas las indemnizaciones   

El  doctor  Luis  Felipe  Estrada  solicita  revocar el plazo de 6 meses  otorgado  al Fondo de Reparación para entregar las indemnizaciones, por cuanto,  aduce,  los  hechos  ocurrieron hace más de 10 años y no es justo prorrogar la  reparación para delitos calificados como de lesa humanidad.   

          Consideraciones de la Sala   

No obstante que esta Corporación entiende  la  preocupación de las víctimas porque el pago de las indemnizaciones se haga  en  el  menor tiempo posible atendidas las razones expuestas por el impugnante e  igualmente  porque la mayoría de ellas atraviesa en la actualidad por precarias  condiciones   de  subsistencia,  no  comparte  ni  la  postura  asumida  por  el  a  quo  en  el  sentido  de  imponer  un plazo de seis (6) meses al Fondo de Reparación a las Víctimas para  que  a  partir  de  la  ejecutoria  del  fallo  efectúe el pago en favor de las  víctimas,    ni    la    pretensión    del    recurrente    orientada   a   su  reducción.   

La determinación de un lapso para el pago  de  los  perjuicios  a  cargo  de  quien  es hallado responsable de una conducta  delictiva  deriva,  en  el  ámbito  penal,  de  las obligaciones impuestas para  acceder  a  subrogados  penales  tales como los de suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena y libertad condicional, según lo dispone el numeral 3°  del  artículo  65  de  la  Ley  599  de 2000, de la siguiente forma288:   

“El  reconocimiento  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y de  la   libertad   condicional   comporta   las  siguientes  obligaciones  para  el  beneficiario:   

(…)  

3.  Reparar los  daños  ocasionados  con  el  delito,  a  menos  que  se  demuestre que está en  imposibilidad   económica  de  hacerlo”  (subrayas  fuera  de texto).   

Por su parte, la imposición de un término  concreto  para el pago de los perjuicios está prevista en los dos ordenamientos  procesales  actualmente  coexistentes  (Ley  600  de  2000 y 906 de 2004).   Así,  en  el  artículo  483 de la primera normatividad cuando dispone, para la  concesión  del  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena, que:   

“Para conceder  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, se dará cumplimiento a  lo  dispuesto  en  el  Código  Penal  y se fijará el  término  dentro del cual el beneficiado debe reparar los daños ocasionados con  la conducta punible.   

Cuando   existan  bienes  secuestrados,  decomisados  o embargados, que garanticen íntegramente la indemnización, no se  fijará    término   para   la   reparación   de   los   daños…”  (subrayas  fuera de texto).   

El mismo imperativo aparece, con similares  términos,   en  el  artículo  474  de  la  Ley  906 de 2004, al señalar,  respecto del mismo beneficio:   

“Artículo 474.  Procedencia.  Para  conceder  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  se  dará  cumplimiento  a  lo dispuesto en el Código Penal y  se  fijará  el  término  dentro  del  cual el beneficiado debe  reparar  los  daños  ocasionados con el delito, salvo  que   haya   bienes  secuestrados,  decomisados  o  embargados,  que  garanticen  íntegramente la indemnización.   

Si se ha impuesto pena accesoria de multa,  su  pago es requisito imprescindible para poder otorgar la condena de ejecución  condicional,  salvo las excepciones de ley” (subrayas  fuera de texto).   

Adicionalmente,  en  los  dos  estatutos  procedimentales  también  está consagrada la revocatoria de la gracia otorgada  cuando   dentro   del   término  estipulado  por  el  funcionario  judicial  el  beneficiado  no  cumpla  con  el pago, tanto para la libertad condicional (arts.  482  de  la  Ley  600 de 2000 y 473 de la 906 de 2004), como para la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena (arts. 484 de la Ley 600 de 2000 y 475  de la 906 de 2004).   

Pues  bien, en el régimen transicional de  justicia  y  paz el pago de las indemnizaciones económicas a las víctimas, una  vez  proferido  y  ejecutoriado el fallo, no depende de los postulados, pues los  bienes  ofrecidos  para tal efecto ingresan a la cuenta del Fondo de Reparación  a  las  Víctimas,  como  lo indica el inciso segundo del artículo 44 de la Ley  975 de 2005.   

Significa  lo  anterior,  entonces, que la  filosofía  de  este  sistema  difiere  del  regido por la justicia ordinaria al  punto  que  por expresa prohibición contenida en el parágrafo del artículo 29  ibídem, no son procedentes  los  “subrogados  penales, beneficios adicionales o  rebajas  complementarias a la pena alternativa”, ante  lo  cual  carece  de  fundamento  legal  la  imposición  de  un  plazo  para el  pago.   

Surge  sí,  con  el  fallo  debidamente  ejecutoriado,  la  obligación  pura y simple para dicha entidad de entregar, en  el  menor tiempo posible, las indemnizaciones decretadas a las víctimas. En esa  medida,  se revocará parcialmente el numeral séptimo de la parte resolutiva de  la  sentencia impugnada en cuanto otorgó un término de seis (6) meses al Fondo  de   Reparación   a   las  Víctimas  para  el  pago  de  las  indemnizaciones.   

2.16.             Rebaja  de  la  pena  ordinaria  impuesta  a  COBOS TÉLLEZ y  BANQUEZ MARTÍNEZ   

El          defensor   del   postulado   EDWAR  COBOS TÉLLEZ solicita modificar la  sanción  impuesta al postulado, pues la pena ordinaria de 468 meses de prisión  impuesta  corresponde  a  la  sanción propia de un procesado oído y vencido en  juicio,  situación  diversa  a  la  de  su  asistido,  quien   se   presentó   voluntariamente   ante   las  autoridades  en  virtud  del  proceso  de justicia transicional, sin que mediara  orden  de captura en su contra. Además, estuvo privado de la libertad sin orden  judicial, por más de tres meses.   

El  artículo  24  de  la Ley 975 de 2005,  agrega,  dotó al juez de justicia y paz de una doble función: imponer una pena  utilizando   los   criterios  de  punibilidad  ordinarios  y  conceder  la  pena  alternativa cuando se reúnan las condiciones para ello.   

En  tal  sentido,  advierte,  comparte  la  primera  parte  de  la dosificación punitiva, pero no la segunda, por cuanto el  Tribunal  obvió  los  descuentos de ley a los cuales tiene derecho su prohijado  con  fundamento  en  la  confesión  y  en  su  colaboración  con  la justicia,  consistente en suministrar información valiosa sobre su bloque.   

Tal  omisión,  considera,  conculca  los  derechos  fundamentales  al  debido  proceso y de defensa del postulado, pues si  llega  a  perder  los  beneficios de la pena alternativa, perdería también los  otorgados  por  la  jurisdicción  ordinaria.  De  conservarse  la  pena fijada,  advierte, ninguna diferencia  hay  en  que  un  postulado  permanezca en la jurisdicción ordinaria o en la de  justicia  y  paz.  Por tanto, a la pena de 468 meses de prisión deben aplicarse  los descuentos previstos en la ley sustantiva y procesal ordinaria.   

Por    su   parte,   el   defensor de UBER  BANQUEZ  demanda  redosificar  la pena de 462 meses de  prisión  impuesta a su representado, por cuanto, indica, se le deben garantizar  todos los beneficios judiciales.   

En   desarrollo   del   principio   de  complementariedad,  establecido  en  el  artículo  62  de  la  Ley 975 de 2005,  advierte,  las normas de la Ley 906 de 2004 se aplican al trámite de justicia y  paz.  La esencia de este proceso, dice, radica en la confesión del postulado y,  en  ese  orden,  a  su  asistido  le  resultan aplicables el artículo 351 de la  última  codificación,  relativo  a  una  rebaja  de  hasta  el  50% de la pena  imponible  por  aceptación de cargos, así como la señalada para la confesión  en la ley 600 de 2000.   

          Consideraciones de la Sala   

Pretenden los defensores de los postulados  la  concesión  para éstos de las rebajas por aceptación de cargos, confesión  y  colaboración  con  la  justicia  previstas en las Leyes 600 de 2000 y 906 de  2004,  con  efecto  en  la  pena  ordinaria  a  cumplir  en  la  eventualidad de  revocárseles la pena alternativa.   

          Sobre  el  particular, se tiene que dentro del esquema procedimental  diseñado  en  la  Ley 975 de 2005, al momento de dictar la respectiva sentencia  condenatoria  a  la  Sala  de  Justicia y Paz le corresponde fijar dos clases de  sanción,  la  ordinaria  y  la  pena alternativa, la cual entra a reemplazar la  privativa  de  la  libertad  impuesta  en  la  primera  y será la que cumpla el  desmovilizado   si   satisface   las   condiciones  señaladas  en  la  referida  disposición legal.   

          De  acuerdo  con los incisos primero de los artículos 24 y 29 de la  misma  Ley  975  de 2005, la pena ordinaria se fija de acuerdo con los criterios  previstos  en  el  Código  Penal.  Esto  quiere  decir, por tanto, que para ese  efecto  el  juez  debe  considerar  las sanciones establecidas para cada delito,  incluidos  los fundamentos modificadores de los extremos punitivos, al igual que  los  parámetros  dosimétricos  previstos  en el mismo estatuto penal, como son  las  circunstancias de mayor y menor punibilidad destinadas a fijar el cuarto de  dosificación,  ámbito  dentro  del cual habrá luego de determinar la sanción  de acuerdo con los criterios contemplados en el artículo 61.   

Es  cierto también que el artículo 62 de  la   Ley  975  contempla  el  principio  de  complementariedad,  señalando  que  “para   todo   lo  no  dispuesto  en  la  presente  ley”  se  aplican la Ley 782 de 2002 y el Código de  Procedimiento  Penal, norma frente a la cual la Sala tiene dicho que esa última  remisión  se  refiere  tanto  a  la  Ley  906  de  2004  como  a  la Ley 600 de  2000.   

Sin  embargo, lo anterior no significa que  en  el  procedimiento  de  la  Ley  de Justicia y Paz deban aplicarse ciegamente  todas   las   normas   contenidas   en   los  precitados  estatutos  procesales.   

          A  este  respecto,  es  necesario  tener  en  cuenta que el trámite  previsto  en la Ley 975 de 2005 tiene una naturaleza y finalidades diversas a la  ritualidad  regulada  en los códigos procesales contenidos en las disposiciones  arriba señaladas.   

          Como   lo   tiene   ampliamente   dicho   la  jurisprudencia  de  la  Corte289,  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  no  incorpora  lo  que  de  manera  tradicional  se  conoce  como  proceso de partes, sino que contempla un trámite  especial  en  el  cual se describen los lineamientos generales de una ritualidad  concebida  al  interior  de  la  justicia de transición en orden a cumplir unas  determinadas  finalidades, las cuales se encuentran definidas básicamente en su  artículo  1º, en cuanto esa norma establece que el propósito de la mencionada  ley   es  “facilitar  los  procesos  de  paz  y  la  reincorporación  individual  o  colectiva a la vida civil de miembros de grupos  armados  al  margen  de  la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la  verdad,  la  justicia  y la reparación”.   

Conforme  también lo ha expuesto la Sala,  con  la  Ley  975 se pretende alcanzar el axioma fundamental de la paz a través  de  la  reinserción  a la sociedad de miembros de organizaciones delictivas que  estaban  generando  violencia en el país, para cuyo efecto consagró a favor de  aquellos  un importante incentivo que denominó pena alternativa, consistente en  la   imposición  de  una  sanción  sensiblemente  benévola  para  quienes  se  desmovilizaran   de  esas  agrupaciones  delictivas  y  aceptaran  sus  delitos.   

Tal  tratamiento punitivo, sin embargo, no  fue  gratuito,  pues se condicionó a la obtención de la satisfacción efectiva  de  los derechos de la víctima a la justicia, verdad y reparación, como quedó  establecido  en  el  artículo  3º,  al  señalarse  allí  que “el  proceso  de  reconciliación  nacional  al  que  dé  lugar  la  presente  ley,  deberá promover, en todo caso, el derecho de las víctimas a la  verdad,  la  justicia y la reparación y respetar el derecho al debido proceso y  las   garantías   judiciales  de  los  procesados”.   

En otras palabras, la Ley de Justicia y Paz  corresponde    a    un    cuerpo    normativo    sui  generis,  encauzado  hacia  la  obtención  de  la paz  nacional,  para  lo  cual  sacrifica caros principios reconocidos por el derecho  penal  de  corte  democrático, como los de proporcionalidad e igualdad, porque,  en  resumidas  cuentas,  se  termina  por otorgar a quienes a ella se acojan una  pena  alternativa  significativamente  inferior a la contemplada para las demás  conductas  delictivas cometidas por personas no pertenecientes a un grupo armado  al  margen  de  la ley, aunque, como contrapartida, se hace especial énfasis en  los  derechos  de  las  víctimas a acceder a la verdad de lo sucedido, a que se  haga  justicia  y a que se les brinde reparación efectiva, propendiendo además  porque  se  les aseguren las garantías de preservación de la memoria colectiva  de  los  hechos que los condujeron a esa condición y de no repetición, como de  manera  prolija  lo  ilustra  la  Corte Constitucional a través de la sentencia  C-370 de 2006.   

Por  eso, lo tiene también establecido la  jurisprudencia  de esta Corporación, entre la legislación penal ordinaria y la  transicional  se  destacan  varias diferencias, que bien pueden identificarse de  la            siguiente            manera290:   

(i)          Con relación a sus destinatarios: porque  mientras  el régimen penal ordinario está dirigido a los ciudadanos del común  que  eventualmente  pudieran  ser,  en  el  futuro, responsables de una conducta  delictiva,  la  normatividad  concebida  para  buscar  la  reconciliación  y la  conquista  de  la paz se aplica a personas que hacen parte de grupos organizados  al  margen  de la ley, dedicados en el pasado a sembrar el terror y a quienes el  Estado busca ahora atraer a la institucionalidad.   

(ii)           En  cuanto  a  la  expectativa  de  su  aplicación:  por  cuanto  mientras el marco de la regulación ordinaria asegura  garantías  al  justiciable,  el  ordenamiento previsto en la Ley 975 de 2005 le  ofrece  a  los  desmovilizados  significativas  ventajas  punitivas, que de otra  manera serían imposibles de alcanzar.   

(iii)            Frente a los derechos de que son  titulares  cada  uno  de los dos procesados en las distintas legislaciones: pues  mientras  el  de  la  justicia  ordinaria  tiene  derecho  a  exigir  que  se le  investigue  dentro de un plazo razonable, amparado entre otros, por el derecho a  la  no  autoincriminación,  el  desmovilizado  somete  su  poder  al del Estado  (entregándole  sus  armas  y  cesando todo accionar violento), renunciando a la  garantía  constitucional  contenida  en el artículo 33 superior, para confesar  voluntariamente  sus crímenes, ofrecer toda la información suficiente para que  se  constate  su  confesión  y esperar a cambio de dicha actitud las ventajosas  consecuencias punitivas que consagra la ley a cuyo favor se acoge.   

   

(iv)          Respecto  de  la  actitud asumida por el  sujeto  pasivo  de la acción: porque al paso que el procesado por la justicia y  con  la  legislación  ordinaria está enfrentado con el Estado, en términos de  combativa  exigencia, producto del ejercicio pleno de sus garantías procesales,  el  justiciable  desmovilizado  se encuentra sometido, doblegado voluntariamente  ante  el  Estado en busca de la indulgencia ofrecida por la alternatividad penal  prevista en la Ley.   

(v)          En  lo  concerniente al objetivo buscado  con  la  pena:  en  tanto  en la legislación ordinaria el anuncio general de la  sanción  tiene  una función preventiva, frente a la legislación de Justicia y  Paz  el  anuncio de una pena tan benigna busca efectos seductores, si se quiere,  de   invitación  a  la  reconciliación  sin  mayor  retribución,  a  la  otra  oportunidad,  al  ejercicio  de  la  alternativa  por  una  vida  alejada  de la  violencia,   a  la  restauración  de  las  heridas  causadas  con  su  accionar  delincuencial,  a  la  transición  hacia  una  paz sostenible, posibilitando la  desmovilización  armada y la reinserción a la vida civil de los integrantes de  aquellos grupos violentos.   

(vi)          Finalmente,  en  lo  correspondiente  al  sujeto  protagonista  del  proceso  penal:  mientras la modernidad lo construyó  para  rodear  de garantías y derechos al sindicado, la legislación de Justicia  y  Paz colocó como eje central de su accionar a la víctima, para quien hay que  reconstruir  la  verdad  de  todo lo acontecido, respecto de lo cual hasta ahora  sólo  ha  percibido  el  dolor  de  la  muerte, el desplazamiento, la violencia  sexual  y  la  desesperanza  producida  por la soledad en la que la abandonó el  Estado.   

          De  modo,  pues,  que  la  referencia  en  la  Ley 975 de 2005 a los  criterios   establecidos   en   la  ley  penal  para  tasar  la  sanción  y  la  consagración   en   la   primera   de   esas  disposiciones  del  principio  de  complementariedad   no  implica,  per  se,  que  el  postulado  tenga  derecho a obtener rebaja por razón de  mecanismos posdelictuales previstos en la legislación ordinaria.   

En  ese  sentido,  se  advierte  cómo  la  aceptación  de  cargos,  la  confesión  y  la  colaboración  con  la justicia  regulados  en  la  Ley  de Justicia y Paz se estructuran sobre bases distintas a  las establecidas en la Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004.   

Sobre el particular, es necesario tener en  cuenta  que  el  acceso a la justicia transicional reviste carácter voluntario,  en  el sentido de que a sus trámites solamente ingresan quienes, haciendo parte  de  grupos armados al margen de la ley, así lo manifiestan. Pero una vez allí,  su  permanencia  depende  de  que confiesen integralmente sus delitos, colaboren  eficazmente  con  la  justicia  y acepten los cargos. Si no lo hacen saldrán de  inmediato    de    dicho   marco   y   serán   procesados   por   la   justicia  ordinaria.   

En  cambio,  los procedimientos ordinarios  están  diseñados  para  ser aplicados a todo aquel que es sindicado de cometer  un  delito,  sin  importar  el querer del sujeto pasivo de la acción, de manera  que  una  vez puesta la noticia criminal o verificada la legitimidad de quien la  da  a  conocer  en  los  casos  de  delitos querellables, es obligación para el  Estado  adelantar  el  correspondiente  procedimiento, salvo si se aplica, en la  sistemática  de  la  Ley 906 de 2004, el principio de oportunidad, pero aún en  ese  evento,  ello  no  dependerá  de  la decisión del investigado, sino de la  Fiscalía  con  el  aval  del  respectivo  juez  de  garantías  si  se  dan los  presupuestos establecidos en la ley para el efecto.   

          A  su  vez, iniciado el procedimiento penal, opera para el procesado  la  garantía  de  no auto incriminación, de manera que para la continuidad del  trámite  el indiciado, imputado o acusado no está en la obligación de aceptar  los  cargos, confesar o colaborar con la justicia. Si lo hace, se hará acreedor  a   descuentos   punitivos   o  a  la  eventual  aplicación  del  principio  de  oportunidad,  si  se  trata de colaboración con la justicia dentro del marco de  la  Ley  906 de 2004. En caso contrario, el proceso penal seguirá tramitándose  hasta  culminar  con  la  respectiva  sentencia, sin que entonces el hecho de no  optarse  por  algunos  de esos mecanismos procesales dé lugar a la terminación  del diligenciamiento.   

          Como   se   observa,   la   confesión,   aceptación  de  cargos  y  colaboración  con la justicia son de la esencia del esquema diseñado en la Ley  975  de 2005, de manera que sin su presencia no habrá lugar a la aplicación de  sus  trámites.  En  cambio,  en  los  procedimientos  penales  ordinarios tales  mecanismos  son  eventuales,  en  forma  que  de  su  concurrencia no depende la  continuación del trámite.   

          Si  lo  anterior  es  así,  resulta  improcedente  que dentro de la  determinación  de  la pena ordinaria que se impone en el marco de la Ley 975 de  2000,  se pretenda la aplicación de beneficios propios de las Leyes 600 de 2000  y  906 de 2004. Para que esto ocurra, será necesario que el procesado haya sido  investigado   y   juzgado   conforme   a   los  trámites  regulados  en  dichas  codificaciones.  Como  esa  situación  no  acontece  en  el  presente  caso, la  solicitud    en    tal    sentido    de    los   defensores   debe   despacharse  negativamente.   

2.17.             Dosificación  de  la  pena  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas   

Solicita      el      defensor       de       EDWAR    COBOS,    que   la   pena   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  se  dosifique  en  8 años o, en gracia de discusión, en un máximo de 12 años; no  en  los  20 años señalados por el Tribunal, pues dicha sanción debe consultar  la  pena  sustitutiva  impuesta  de  8  años,  más  los  4 años de libertad a  prueba.   

En  términos  similares,  el defensor   del   postulado   UBER  BANQUEZ  reclama  revisar  la  pena  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas,  pues  fue  tasada  sin fundamento alguno en 20 años, pese a que no debe superar  los  12  años correspondientes a 8 años de pena alternativa más 4 de libertad  a prueba.   

          Consideraciones de la Corte   

Debe decidir la Sala en este acápite si en  la  pena  alternativa  están  incluidas  las sanciones accesorias, es decir, si  éstas   últimas   siguen   la   suerte   de   la   sanción  privativa  de  la  libertad.   

          Sobre   el   particular,  es  necesario  recordar  que  uno  de  los  propósitos  de  la  expedición de la Ley 975 de 2005 obedeció a la dificultad  que  tenían  los  organismos  estatales  de  lograr  la  captura y consiguiente  judicialización  de  quienes,  perteneciendo  a  grupos armados al margen de la  ley,  se  dedicaban  a  cometer  impunemente actividades delincuenciales de gran  envergadura, constitutivas algunas de delitos de lesa humanidad.   

          Y,  precisamente,  por la gran fortaleza organizacional y financiera  que  tenían  esas  agrupaciones  ilegales,  se  hizo  necesario  que  el Estado  declinara  su  pretensión  punitiva ordinaria y propusiera a sus integrantes el  otorgamiento  de  un  beneficio atractivo que los persuadiera a no continuar con  sus  acciones  y  se reintegraran a la vida civil, en lugar de cumplir las altas  sanciones  privativas  de  la  libertad  establecidas  en  la  ley  penal,  cuya  imposición  de  todas  maneras  quedaba latente ante la eventual captura de los  aludidos.   

          Ese  cometido  de  la  Ley  de  Justicia y Paz de algún modo quedó  expresado  en  la  exposición  de  motivos  con  la  cual  el Gobierno Nacional  presentó  en  su  momento en el Congreso Nacional el proyecto que se convirtió  posteriormente  en  dicha  disposición  legal.  En  efecto,  allí  se señaló  siguiente:   

“En necesario  diferenciar  el  manejo  que  debe  darse  a  quienes insisten en la vía de las  armas,  del  que debe darse a quienes, no obstante haber causado el mismo dolor,  optan  por  el  abandono  de  éstas  y  ofrecen  soluciones de reconciliación.   

Se  trata  de  encontrar  una  adecuada  relación,  un  equilibrio  entre justicia y paz, que nos permita satisfacer los  intereses  de  la  primera, al tiempo que se avanza de  manera  audaz  y  efectiva  en  la superación de los problemas de violencia que  tanto sufrimiento le han causado al país.   

La no repetición de los hechos, finalidad  última   de   los  modelos  contemporáneos  de  justicia  penal,  busca  asegurar  la comparecencia del responsable ante los jueces y  la    fijación    de    su   condena…”.   

“Pero también  es  lógico  que  satisfechas las condiciones de verdad, justicia y reparación,  sea  indispensable  ofrecer a las personas que muestren propósito de enmienda y  actitud  de  rectificación,  un  camino para su reincorporación a la sociedad,  gozando  de  un  beneficio  jurídico  compatible  con  su colaboración para la  recuperación  institucional  y  la consolidación de la paz. De manera general,  dicho  beneficio  consiste en la posibilidad de gozar  de  la  suspensión condicional de la pena una vez purgado un periodo básico de  privación  efectiva  de la libertad, y haber cumplido  los  compromisos  impuestos  por  los  jueces  en términos de reparación, buen  comportamiento  y  penas  accesorias” (subrayas fuera  de texto).   

          La  motivación  entonces  para  que  dichos individuos accedieran a  entregarse  a las autoridades e hicieran dejación de sus armas giró en torno a  la  aspiración  de purgar unos pocos años de cárcel para luego quedar exentos  de cualquier persecución de esa naturaleza.   

            Esa intención quedó, finalmente, plasmada en la Ley 975 de 2005,  pues  allí se estableció el beneficio de la pena alternativa, pero únicamente  frente  a la sanción privativa de la libertad. Así se observa claramente en el  inciso segundo de su artículo 29 cuando señala:   

“En caso que el  condenado  haya  cumplido  las  condiciones  previstas  en  esta ley, la Sala le  impondrá   una  pena  alternativa  que  consiste  en  privación  de  la  libertad  por  un  período  mínimo de cinco (5) años y no  superior  a  ocho  (8) años, tasada de acuerdo con la  gravedad  de  los  delitos  y su colaboración efectiva en el esclarecimiento de  los  mismos” (subrayas fuera de texto).   

Como  se  observa,  la  norma  en  ningún  momento  extiende  el  beneficio  a  sanciones  distintas  a  la privativa de la  libertad.  Es  más,  obsérvese  cómo en su inciso quinto prevé la extinción  únicamente   de   la  “pena  principal”,  una vez se  cumplan  las  obligaciones impuestas al momento de concederse el beneficio de la  pena  alternativa  y  transcurra  el  período de prueba respectivo, mientras el  parágrafo  de  la  misma  disposición  prohibió  la aplicación de subrogados  penales,   beneficios   adicionales   o   rebajas   complementarias  a  la  pena  alternativa.   

          Debe  reconocer  la  Sala, sin embargo, que en la sentencia C-370 de  2006  se  consignaron  algunas  consideraciones  a  partir de las cuales podría  interpretarse  que  las  penas  accesorias  también  hacen  parte  de  la  pena  alternativa. Se trata de afirmaciones tales como las siguientes:   

“En esencia, la  alternatividad  penal  es un beneficio consistente en suspender la ejecución de  la  pena  ordinaria  aplicable  en  virtud  de  las reglas generales del Código  Penal,  para  que  en  lugar de cumplir esta pena ordinaria, el condenado cumpla  una  pena  alternativa  menor,  de  un  mínimo  de 5 años y de un máximo de 8  años.  En la sentencia condenatoria, primero, se fija  la  pena  ordinaria  (la  principal  y las accesorias), y, segundo, se reemplaza  dicha  pena, cuya ejecución es suspendida por ministerio de la ley, por la pena  alternativa   de   5   a   8   años,   entre  otras  determinaciones  que  han  de  tomarse  en  la  sentencia.  En  el  concepto  de  alternatividad  penal  adoptado  en  la  ley  975  de  2005 la pena ordinaria no  desaparece,  sino  que  es  fijada  en  la  sentencia.  Lo  que sucede es que el  condenado  que  reúna los requisitos establecidos en dicha ley se beneficia con  una  pena alternativa inferior que también ha de ser fijada en la sentencia. Es  esta    pena    alternativa    la    que    efectivamente    debe   cumplir   el  condenado”.   

De   acuerdo   con   las  disposiciones  transcritas  el  instituto  de  la alternatividad es concebido por el legislador  como   un   beneficio   jurídico   en   el   que   concurren   los   siguientes  elementos:   

       a.                      El beneficio comporta la suspensión de la pena  determinada  en  la respectiva sentencia. Esta pena es la que correspondería de  conformidad  con  las reglas generales del Código Penal, es decir, la  pena  ordinaria  (la  principal  y  las  accesorias) (Art.3°).   

            

a. Su  reemplazo  por  una  pena alternativa  que  se  concede  por  la contribución del beneficiario a la consecución de la  paz  nacional,  la colaboración con la justicia, la reparación a la víctimas,  y   su   adecuada   resocialización.   (Art.  3°)”  (subrayas fuera de texto).     

          Según   dichas   consideraciones   y  particularmente  los  apartes  subrayados,  la  sanción  ordinaria integrada por la principal y las accesorias  se  reemplazan  por  la privativa de la libertad de 5 a 8 años de prisión, que  entonces adopta la denominación de pena alternativa.   

          La  Sala  estima, empero, que la referencia en tal sentido efectuada  por  la  Corte  Constitucional  constituye  una obiter  dicta,  razón  por  la  cual  no  reviste  carácter  obligatorio.   

          Recuérdese  que,  de  acuerdo con la jurisprudencia constitucional,  en  las  sentencias  emitidas  en  virtud  del  control de constitucionalidad se  distinguen  tres  conceptos,  a  saber, decisum, ratio  decidendi    y    obiter  dicta.  El  primero  está  constituido  por  la parte  resolutiva  de la decisión. El segundo corresponde a los fundamentos jurídicos  suficientes,  en  cuanto  guarden una relación estrecha, directa e inescindible  con  la  parte resolutiva. La obiter dicta,  por  su  parte, son aquellas afirmaciones o dichos de paso que no  se relacionan de manera directa y necesaria con la decisión.   

          De   conformidad   con   la   misma  jurisprudencia  constitucional,  solamente   los   dos  primeros  tienen  efectos  vinculantes,  el  decisum  en  cuanto  goza de cosa juzgada  explícita  por  expreso  mandato  del  artículo 243 de la Carta Política y la  ratio decidendi,   dado   que   goza   de  cosa  juzgada  implícita.  La obiter dicta,  en  cambio,  constituye apenas criterio auxiliar de la actividad judicial en los  términos  del  inciso 2º del artículo 230 ibídem291.   

          Se  señaló  en  precedencia  que  las referencias efectuadas en la  sentencia  C-370  de  2006 en punto al tema de la pena accesoria corresponden al  concepto  de obiter dicta. La  Corte  Suprema  arriba  a  esta  conclusión  a  partir del siguiente análisis:   

El  fallo,  cuando  abordó  la  aludida  temática,  se  ocupó  de examinar el cargo contenido en la demanda, acorde con  el  cual  la  pena alternativa consistente en privación de la libertad de 5 a 8  años implicaba vulnerar la Constitución Política.   

          Para  realizar  ese  análisis la Corte Constitucional, previamente,  precisó  cómo  con  tal regulación legal entraban en tensión el derecho a la  paz  de  una  parte,  y  de  la  otra  el  valor  justicia y los derechos de las  víctimas.  En orden a resolver ese conflicto estimó que era necesario efectuar  un   juicio   de   ponderación,   que   conllevara   a   sopesar  los  derechos  constitucionales  en  colisión,  en  aras  de  alcanzar una armonización entre  ellos, de ser posible, o de definir cuál ha de prevalecer.   

          En  ese  sentido,  consideró  la  alta Corporación en cita que, en  principio,  “una pena que oscile entre cinco y ocho  años  de  prisión, podría resultar desproporcionadamente baja cuando se trata  de grave criminalidad”.   

          No   obstante,   concluyó  la  Corte  Constitucional  que  la  pena  alternativa,  como  medida  encaminada  al  logro  de  la  paz,  no entraña una  desproporcionada  afectación del valor justicia ni al derecho de las víctimas,  en   cuanto   aquél  “aparece  preservado  por  la  imposición  de  una  pena  originaria  (principal  y  accesoria), dentro de los  límites  establecidos  en  el Código Penal, proporcional al delito por el  que  se  ha  condenado,  y que debe ser cumplida si el desmovilizado sentenciado  incumple  los  compromisos  bajo  los  cuales  se  le otorgó el beneficio de la  suspensión de la condena”.   

          Como  se observa, el fundamento esencial de la sentencia estribó en  considerar  que, así el responsable termine cumpliendo prisión de 5 a 8 años,  lo  cierto  es  que  en  la  respectiva  sentencia  se le debe imponer las penas  principal  y  accesoria  acordes  con  el  delito  cometido,  las  cuales aquél  purgará  en  el  evento  de  no  cumplir  los compromisos que dieron lugar a la  aplicación de la pena alternativa.   

         

          Para  arribar  a  esa conclusión no era entonces necesario efectuar  alusiones  tales  como que la pena accesoria hacía parte de la pena alternativa  ni  mucho  menos  que  la  primera  se  extinguía  con  el cumplimiento de esta  última.     Esas     menciones    constituyen,    por    tanto,    dichos  de  paso que no revisten carácter  obligatorio.   

          Sea  esta  la  oportunidad  para  señalar  que  tampoco la sanción  pecuniaria  hace  parte  de  la  pena alternativa. Sobre el particular, no puede  pasarse  por  alto,  además  de  lo  ya dicho, que la Ley 975 de 2005 en manera  alguna  consagró  indultos  ni mucho menos amnistías respecto de los delitos y  sanciones  previstas  en  la legislación ordinaria. Así lo consideró la Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-370 de 2006, en cuanto sobre el particular,  luego  de precisar que mientras la amnistía extingue la acción penal, esto es,  en  ese  caso  el  Estado  olvida  el delito, el indulto es una institución que  redime  la  pena  correspondiente  a la conducta punible, es decir, no lo ignora  sino que exime de la pena al responsable, concluyó:   

“Aplicadas las  nociones  precedentes  al  análisis  de  la  Ley 975 de 2005, se observa por la  Corte  que  en ella no se dispone la extinción de la acción penal en relación  con  los  delitos  que  puedan  ser  imputados  a miembros de grupos armados que  decidan  acogerse  a  aquella, razón por la cual resulta claro que el Estado no  decidió  mediante esta ley olvidarse de las acciones delictuosas, por lo que en  rigor  jurídico-constitucional  la afirmación según la cual dicha ley concede  una amnistía, no es de recibo.   

Por  lo que hace a la supuesta concesión  de  un  indulto,  tampoco se encuentra que alguna de las normas contenidas en la  ley  acusada disponga que la pena con la cual culmine un proceso iniciado contra  los  miembros  de grupos armados ilegales que decidan acogerse a esa ley una vez  impuesta  por  sentencia  judicial, deje de ejecutarse. Es decir, no contiene la  Ley  975 de 2005 una disposición que exonere al delincuente del cumplimiento de  la  sanción  penal.  Si  bien es verdad que se le hace objeto de un tratamiento  jurídico  penal  menos  riguroso  que  el  existente en el Código Penal -si se  cumplen  por  el  infractor  unos  requisitos  determinados en relación con las  víctimas  y por la colaboración con la administración de justicia-, lo cierto  es  que,  aun  así,  no  desaparece  la  pena.  Esta  se  impone,  pero  el procesado puede -con estricta sujeción a los requisitos y  condiciones  que  el  legislador  señaló-  hacerse acreedor a un beneficio que  podría  reducirle  la  privación  de  la  libertad  por  un tiempo,   sin   que   ésta   desaparezca…”  (subrayas fuera de texto).   

          Como  se  recuerda  en  la  sentencia  de  constitucionalidad  antes  citada,  el  indulto  implica  eximir  a  su  beneficiario  de la pena que se le  imponga  en  la  respectiva  sentencia.  En consecuencia, integrar la multa a la  pena  alternativa  implicaría ni más ni menos que conceder un indulto, pues de  esa  manera  el  postulado  quedaría  exonerado de cumplir una de las sanciones  contempladas  en  la  legislación  penal,  lo  cual no está en armonía con la  normativa  consagrada  en  la Ley de Justicia y Paz que no consagró ese tipo de  beneficios  sino  exclusivamente un tratamiento más benigno en punto de la pena  privativa  de  la libertad, como lo refirió también la Corte Constitucional en  el aparte final transcrito del fallo arriba evocado.   

          En  esas condiciones, cuando el inciso quinto del artículo 29 de la  Ley   de   Justicia   y   Paz   impone   declarar   extinguida   “la  pena  principal”  una vez cumplidas  las  obligaciones  que dieron lugar a la pena alternativa y superado el período  de  prueba,  ha  de  entenderse  que la norma alude exclusivamente a la sanción  privativa  de  la  libertad, lo cual se confirma en cuanto la referencia se hace  en forma singular.   

          Por  lo  anterior,  acertada  resultó  la  decisión  de la Sala de  Justicia  y  Paz del Tribunal de Bogotá cuando en los numerales cuarto y quinto  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia impugnada únicamente suspendió la  ejecución  de  la  pena  de prisión por la pena alternativa. En efecto, dichos  numerales son del siguiente tenor:   

“CUARTO:    Suspender  al  postulado  EDWAR  COBOS  TÉLLEZ la  ejecución  de  la  pena  de  prisión  por  una pena  alternativa  equivalente  a  ocho (8) años prisión que se hará efectiva en el  centro  de  reclusión  en  los términos y bajo las condiciones expuestas en la  parte motiva.   

QUINTO:     Suspender   al   postulado   UBER  ENRIQUE  BANQUEZ  MARTÍNEZ  la  ejecución de la pena de prisión por  una  pena  alternativa  equivalente a ocho (8) años que se hará efectiva en el  centro  de  reclusión en los términos y bajo las condiciones consignadas en la  parte motiva” (Subrayas fuera de texto).   

2.18.            Exclusión de los nombres de los  hijos del postulado EDWAR COBOS   

Solicita      el      defensor  a la Corte exhortar a la Sala de  Conocimiento   del   Tribunal   de   Justicia  y  Paz  el  cumplimiento  de  las  disposiciones  de  la  Ley  de  Infancia  y  Adolescencia,  pues  si bien en sus  decisiones  debe  reseñar  la condición de padre del postulado, no debe anotar  el nombre de sus tres hijos menores de edad.   

          Consideraciones de la Sala   

Se trata de decidir en este acápite si fue  o  no  correcta  la  decisión  del a quo de  mencionar  en  la  sentencia  los  nombres  de  los hijos de los  desmovilizados objeto de condena.   

          A   nivel  universal  se  han  expedido  instrumentos  de  carácter  internacional  dirigidos  a  la  protección y atención especial de los niños.  Así,  la  Convención  sobre  los  derechos  del niño adoptada por la Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas  celebrada  el día 20 de noviembre de 1989 y  aprobada  por Colombia mediante la Ley 12 del 22 de enero de 1991, establece las  bases  para  brindar  un  especial  cuidado a los niños, instando a los Estados  miembros  de la Asamblea a tomar todas las medidas apropiadas para garantizar su  protección  contra  toda  forma  de  discriminación  o castigo por causa de la  condición,  las  actividades,  las  opiniones expresadas o las creencias de sus  padres, o sus tutores o de sus familiares.   

          De  manera  especial  la  Convención  prevé en su artículo 16 que  “ningún   niño   será   objeto  de  injerencias  arbitrarias  o  ilegales  en  su  vida  privada,  su  familia, su domicilio o su  correspondencia    ni    de    ataques    ilegales   a   su   honra   y   a   su  reputación”,    consagrando    para    el   menor  “el  derecho a la protección de la ley contra esas  injerencias o ataques”.   

          Por   su  parte,  las  Reglas  de  Beijing,  aprobadas  mediante  la  Resolución  40/33  del  28  de noviembre de 1985 por la Asamblea General de las  Naciones  Unidas,   fijaron  las  normas  básicas  de  aplicación para la  administración  de  justicia  de menores. Dicho instrumento internacional, para  lo  que  interesa  al  presente caso, estableció como regla 8ª el derecho a la  protección de la intimidad, con el siguiente alcance:   

“8.1  Para  evitar  que la publicidad indebida o el proceso de difamación perjudiquen a los  menores,  se  respetará  en  todas  las  etapas  el derecho de los menores a la  intimidad.   

8.2 En principio, no se publicará ninguna  información   que   pueda  dar  lugar  a  la  individualización  de  un  menor  delincuente”.   

          En  concordancia  con dicha normatividad, la Constitución Política  de  Colombia  consagra  en  su  artículo  44 como obligación de la familia, la  sociedad  y  el Estado asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo  armónico  e  integral  y  el  ejercicio pleno de sus derechos, estableciendo la  prevalencia de los derechos de los niños sobre los de los demás.   

          En  desarrollo  de  la  mencionada norma constitucional y en aras de  hacer  realidad  esa protección especial y garantizar el ejercicio pleno de los  derechos   y   libertades   de   los  niños  consagrados  en  los  instrumentos  internacionales  de  Derechos  Humanos,  en  la Constitución Política y en las  leyes,  así  como su restablecimiento, el Congreso de la República expidió la  Ley  1098  de 2006 o Código de la Infancia y la Adolescencia. Dicho estatuto en  su  artículo  33  prevé  el  derecho  a la intimidad, señalando que todos los  niños,  niñas  y adolescentes tienen derecho a la intimidad personal, mediante  la  protección  contra  toda injerencia arbitraria o ilegal en su vida privada,  la de su familia, domicilio y correspondencia.   

Así mismo, en su artículo 47 erigió unas  responsabilidades  especiales para los medios de comunicación, incluyendo en su  numeral 8º la siguiente:   

“Abstenerse de  entrevistar,  dar  el  nombre,  divulgar  datos  que  identifiquen  o que puedan  conducir  a  la  identificación de niños, niñas y adolescentes que hayan sido  víctimas,  autores  o testigos de hechos delictivos, salvo cuando sea necesario  para  garantizar  el  derecho  a establecer la identidad del niño o adolescente  víctima  del delito, o la de su familia si esta fuere desconocida. En cualquier  otra  circunstancia,  será  necesaria  la  autorización de los padres o, en su  defecto,    del   Instituto   Colombiano   de   Bienestar   Familiar”.   

Como  se  observa,  tanto los instrumentos  internacionales  como la normatividad interna consagran a favor de los niños el  derecho  a  su  intimidad,  protegiéndolos  contra toda injerencia arbitraria o  ilegal  en  su  vida  privada, su familia, su domicilio o su correspondencia. En  esa   dirección,   de   manera  especial  prohíben  la  publicación  de  toda  información   que   pueda  dar  lugar  a  la  individualización  de  un  menor  delincuente.   

Por  su  parte,  la  legislación  interna  extendió  esa  prohibición  a favor de todos los niños, niñas y adolescentes  que  hayan sido víctimas, autores o testigos de hechos delictivos, regulando en  forma  mucho más privilegiada el derecho a la intimidad de los menores que, por  ende,  en virtud del principio pro hómine292,  resulta  de aplicación preferente.   

Desde  luego,  en  cuanto  el derecho a la  intimidad  opera  a  favor  de  todos  los  niños,  al  margen  de  si son o no  víctimas,  autores  o testigos de hechos delictivos, los mismos propósitos que  inspiraron  la  adopción  de  una  normatividad  dirigida  a  proteger en forma  especial  a ese sector de la sociedad, conducen a afirmar que la prohibición de  revelar  su  identidad  se  aplica  a  favor  de todo aquel ser humano que no ha  alcanzado  la  mayoría  de  edad,  sin  importar si tiene o no la condición de  víctima,  autor  o  testigo de hechos delictivos, máxime si, como ocurre en el  presente  caso,  se  trata  de  preservar  la  seguridad de los hijos de quienes  perpetraron  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos, cuyas acciones, por  tanto, pueden generarles algún tipo de represalia.   

Por lo anterior, sin duda, la decisión de  la  Sala  a quo de mencionar  los  nombres  de  los hijos menores de edad de los postulados en la sentencia de  primera  instancia  resultó desafortunada, dada la vocación que la misma tiene  de   ser  publicada  por  los  medios  de  comunicación  ante  su  indiscutible  trascendencia nacional.   

Sin  embargo,  como  se  trata de un hecho  consumado,  sólo  le  queda  a la Corte exhortar, como en efecto lo hará, a la  corporación  de  primera  instancia  para  que,  en lo sucesivo, se abstenga de  proceder en dicho sentido.    

          2.19.    Tiempo    a   partir   del   cual   se   cuenta   la   pena  alternativa   

El          defensor       de       BANQUEZ   MARTÍNEZ   considera  que  la  sentencia  debe  modificarse  en  el sentido de precisar desde cuándo empieza a  cumplirse  la pena alternativa, pues su procurado lleva más de 5 años recluido  por cuenta de la jurisdicción de Justicia y Paz.   

El  artículo  31  de  la Ley 975 de 2005,  indica,  señalaba  el momento a partir del cual se contaba la pena alternativa;  este  canon  fue  declarado inexequible, pero estuvo vigente hasta el 18 de mayo  de  2006,  fecha  de  la  sentencia  C-370  de  2006, la cual no tiene carácter  retroactivo.  Por tanto, asume, desde el 14 de julio de 2005 hasta el 18 de mayo  de  2006,  esto es, por 1 año y 2 días, UBER BANQUEZ  MARTÍNEZ  descontó  su  pena  y debe reconocérsele.   

Luego,  agrega, se emitió el Decreto 3391  de  2006 cuyo artículo 11 prevé, en su parágrafo, la posibilidad de descontar  la   sanción,   circunstancia   sobre   la   cual   tampoco  se  pronunció  el  Tribunal.   

          Consideraciones de la Sala   

El  recurrente plantea dos reparos en este  punto.  El  primero  tiene  que  ver  con  la  omisión del juzgador de fijar el  momento  a  partir  del  cual  ha  de  entenderse  empezó el cumplimiento de la  sanción,  aspecto frente al cual pretende se dé aplicación al artículo 31 de  la  Ley  975  de  2005,  declarado inexequible por la Corte Constitucional. Y el  segundo,  permitir al desmovilizado descontar tiempo de acuerdo con lo dispuesto  en el parágrafo del artículo 11 del Decreto 3391 de 2006.   

          Sobre  el  primero  de  dichos  temas, se tiene que, ciertamente, el  artículo  31 en mención fue declarado inexequible por la Corte Constitucional,  decisión   adoptada  en  la  sentencia  C-370  de  2006.  La  mencionada  norma  establecía:   

“El tiempo que  los  miembros  de  grupos armados al margen de la ley vinculados a procesos para  la  reincorporación colectiva a la vida civil, hayan permanecido en una zona de  concentración  decretada  por  el  Gobierno Nacional, de conformidad con la Ley  782  de  2002,  se  computará  como  tiempo  de ejecución de la pena  alternativa, sin que pueda exceder de dieciocho (18) meses.   

El  funcionario  que el Gobierno Nacional  designe,  en colaboración con las autoridades locales cuando sea el caso, será  el  responsable  de  certificar  el  tiempo  que  hayan  permanecido  en zona de  concentración  los  miembros  de  los  grupos  armados de que trata la presente  ley”.   

          Consideró   la   alta  Corporación  citada  que  el  artículo  31  quebrantaba  el  deber  que  tiene  el  Estado  de  imponer y ejecutar sanciones  efectivas  a  quienes  incurran  en  violaciones  a  la ley penal, sobre todo en  tratándose  de  grave  criminalidad, pues quienes permanecen en  las zonas  de  concentración  lo  hacen  en  forma  voluntaria,  sin  estar  sujetos  a la  imposición  coercitiva de la restricción de derechos fundamentales, situación  que  prescinde  y  desplaza  las  intervenciones  estatales  que caracterizan el  monopolio estatal de la potestad sancionadora.   

          Si  bien  la Corte Constitucional no otorgó a la sentencia, como lo  aduce  el  recurrente,  efectos  retroactivos,  eso  no  significa  que la norma  excluida  del  ordenamiento  jurídico  pueda  aplicarse a situaciones ocurridas  antes  de  la  declaratoria de inexequibilidad. La Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  ha  dicho  que  tal  aplicación no resulta procedente cuando el  texto  legal  se  opone  materialmente  a  la  Constitución  Política. Así lo  consideró  respecto  del  artículo  71  de  la  misma  Ley  975  de  2005  que  indebidamente  asimiló  delitos comunes como el concierto para delinquir, a los  delitos                  políticos293.   

Estimó la Sala que aun cuando dicha norma  había  sido declarada inexequible por vicios de forma, de todas maneras acusaba  materialmente  una  oposición  abierta  a  las  normas superiores que imponían  acudir a la excepción de inconstitucionalidad para inaplicarla.   

          La  anterior  situación es también predicable en el presente caso,  si  se  tiene en cuenta que la propia Corte Constitucional excluyó el artículo  31  de  la  Ley  975  de 2005 del ordenamiento jurídico por vulnerarlo en forma  material.   

          En  consecuencia,  no  hay  lugar  a reconocer a los postulados como  pena    cumplida    el    tiempo    que    permanecieron    en    la   zona   de  concentración.   

          En  cuanto  se  refiere  a  la  no  aplicación  del  parágrafo del  artículo   11  del  Decreto  3391  de  2006,  se  tiene  que  esa  disposición  establece:   

“PARÁGRAFO.  Los  miembros  desmovilizados  del  grupo armado organizado al margen de la ley,  que  voluntariamente se pongan a disposición de las autoridades en virtud de su  acogimiento  a la ley 975 de 2.005, podrán ser ubicados en los establecimientos  de  reclusión de justicia y paz administrados y definidos por el lNPEC y en los  previstos  por  el parágrafo 2 del artículo 21 de la Ley 65 de 1.993, mientras  se  adelantan los procesos judiciales pertinentes de que trata la citada ley. El  tiempo  de  privación  de  la  libertad  cumplido  en estos establecimientos de  reclusión,  previo  a  que  el  magistrado de control de garantías profiera la  respectiva  medida  de  aseguramiento de conformidad con la ley 975 de 2.005, se  imputará  al  cumplimiento  de  la pena alternativa que corresponda”.   

          Ningún   obstáculo   encuentra   la  Corte  a  la  aspiración  de  considerar  el  tiempo  que los desmovilizados permanecieron en privación de la  libertad  en  los establecimientos de reclusión de justicia y paz administrados  y  definidos  por  el  lNPEC, conforme lo autoriza la norma antes transcrita. De  todas  maneras,  es  preciso  señalar  que  el  tiempo  a reconocer deberá ser  definido  en  su  momento  por  la  autoridad  judicial  encargada  de vigilar y  controlar  la  ejecución  de la pena, a la cual le corresponderá verificar que  el  tiempo  de  descuento  pretendido  se haya cumplido en un establecimiento de  reclusión que garantizó la efectiva ejecución de la sanción.   

2.20.            Creación  de  una  subunidad de  Bienes y Tierras   

Afirma      la      Fiscalía  que  comparte  la preocupación  expresada  en  el  fallo  sobre  la  necesidad  de ubicar, identificar y afectar  bienes  para  la  reparación  de  las  víctimas,  mediante la creación de una  subunidad  adscrita  a  la  Unidad  Nacional  de  Justicia  y  Paz, con personal  especializado  en análisis de operaciones nacionales e internacionales, estudio  de  títulos y lavado de dinero; no obstante, ello apareja costos que la entidad  no está en capacidad de asumir.   

La  orden,  señala,  puede  ser entendida  desde  dos  ópticas:  la primera, creando una subunidad de bienes y tierras; la  segunda,  reestructurando  la Unidad de Justicia y Paz sin necesidad de aumentar  la planta de personal.   

En  el  primer  caso,  advierte, el Fiscal  tiene  competencia  para establecer la subunidad, pero su organización conlleva  crear  cargos  con  los perfiles indicados en la sentencia, y demanda aumento en  la  planta  de  personal  y  en el presupuesto de la Fiscalía. Lo mismo ocurre,  dice,  si  se implementa la segunda alternativa, en tanto la nueva distribución  de  personal  en  la  Unidad de Justicia y Paz, requiere recursos económicos y,  actualmente,   carece   del   específico   personal   requerido  en  el  fallo.   

La  identificación  de bienes, indica, es  sólo  uno  de los asuntos asignados a la Unidad de Justicia y Paz, al igual que  la  búsqueda  de  los  desaparecidos  o  la  violencia  de género, entre otros  asuntos de igual trascendencia.   

Entonces, añade, la solución al problema  de  identificar  y  ubicar  los  bienes  de  estas  organizaciones,  debe agotar  previamente  un proceso que garantice su eficacia. Requiere un estudio previo, a  partir  del  cual  se  hagan  las sugerencias para concretar ese propósito y se  asignen  los recursos necesarios. Debe convocarse al Gobierno Nacional e incluso  al  Legislativo,  para  que  en  desarrollo  de  sus  competencias, analicen las  medidas    indispensables    para    acatar    la   orden   impartida   por   el  Tribunal.   

Ésta, sin embargo, no constituye solución  adecuada  al asunto y sí puede generar traumatismos al interior de la Fiscalía  General,  dada  la  redefinición,  sin  análisis  y diagnóstico previo, de su  planta    de    personal    y    de    sus   recursos;   por   tanto,   solicita  revocarla.   

          Sobre      este      aspecto,      considera     el     defensor de UBER  BANQUEZ que la orden de crear una unidad especializada  en  investigar  los bienes de los postulados carece de sentido, pues genera duda  sobre  la  credibilidad otorgada por el Tribunal a los postulados en punto de la  entrega  de  bienes y el cumplimiento de los requisitos de ley para acceder a la  pena alternativa.   

          Consideraciones de la Sala   

Sobre  el  particular,  comiéncese  por  señalar  que  si  bien  de acuerdo con la parte resolutiva la creación de esta  subunidad  tiene  el  propósito  reseñado,  en  la  motiva  se justificó para  (apartado 273):   

“…además de  culminar  el proceso de verificación de los bienes ofrecidos por los postulados  en  sus versiones libres, se (i) dedique de manera rigurosa a la identificación  de  los  bienes de las personas y grupos armados a que se refiere la Ley 975 y a  su  aseguramiento  ante  los  Magistrados  de  Control de Garantías;  (ii)  proceda  a  la  identificación   de las hectáreas de tierras despojadas a  las  víctimas, no solo de desplazamiento forzado, sino de todas aquellas que se  vieron  en  la  necesidad  de  negociarlas  por  precios irrisorios, a causa del  conflicto  armado  y  (iii)  presente un informe bimensual ante esta Sala de los  avances         logrados         en        esta        materia…”.   

         Demuestra  lo  anterior  que  no  existe  unidad conceptual entre lo  plasmado  en la parte motiva y lo consignado en la resolutiva, aspecto que tiene  algunas  implicaciones  que  fueron  abordadas  con  ocasión de la impugnación  presentada   por   la   representante   de   la   Procuraduría  General  de  la  Nación.   

          Para  el  caso, el tema que importa resolver es si el Tribunal tiene  facultad  para  expedir  tal  orden.  Al respecto, dígase desde ya, que la  Corte  está  de  acuerdo  con  el  criterio  expresado por el impugnante, en el  sentido  de  que  dicha  corporación rebasó su ámbito de competencia, por las  siguientes razones:   

          La  norma que refiere la competencia de los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  en  materia  de justicia y paz, es el artículo 32 de la Ley  975 de 2005, según el cual:   

“Competencias de  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial en materia de justicia y paz.  Además  de  las  competencias  establecidas  en  otras  leyes,  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  designados  por  el  Consejo  Superior de la  Judicatura  serán  competentes  para  adelantar  la etapa de juzgamiento de los  procesos  de los que trata la presente ley, vigilar el cumplimiento de las penas  y     las     obligaciones     impuestas     a     los    condenados”.   

Este  precepto se debe complementar con el  inciso  cuarto  del  artículo  16 de la misma normatividad, disposición que en  términos similares señala:   

“El  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial que determine el CSJ, mediante acuerdo que expida  antes  de  que  se  inicie cualquier trámite, será competente para conocer del  juzgamiento   de   las   conductas   punibles  a  que  se  refiere  la  presente  ley”.   

          Pues  bien,  como  acto  final  de  juzgamiento  y  tras agotarse la  dinámica  del proceso de justicia y paz, el Tribunal debe dictar sentencia cuyo  contenido    se   encuentra   regulado   en   el   artículo   24   ibídem, conforme al cual:   

“De acuerdo con  los  criterios  establecidos en la ley, en la sentencia condenatoria se fijarán  la  pena  principal  y  las  accesorias.  Adicionalmente  se  incluirán la pena  alternativa  prevista  en la presente ley, los compromisos de comportamiento por  el  término  que  disponga el Tribunal, las obligaciones de reparación moral y  económica  a  las  víctimas  y  la extinción del dominio de los bienes que se  destinarán a la reparación.   

La  Sala  correspondiente  se  ocupará de  evaluar  el  cumplimiento de los requisitos previstos en esta ley para acceder a  la pena alternativa”.   

         Del  contenido de las disposiciones citadas fluye que la competencia  del   Tribunal   al   momento   de   dictar  sentencia  se  circunscribe  a  (i)  individualizar  la  pena  ordinaria y la alternativa en contra de los postulados  (ii)  fijar  compromisos  de comportamiento (iii) determinar las obligaciones de  reparación   moral   y   económica  a  favor  de  las  víctimas  (medidas  de  restitución,  indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no  repetición)  y  (iv)  decretar  la  extinción del dominio de los bienes que se  destinarán a la reparación.   

          Específicamente  en cuanto a las medidas tendientes a reparar a las  víctimas   el   artículo   17   del   Decreto   Reglamentario   3391  de  2006  dispone:   

“Determinación  judicial  de  la  reparación.  La  Sala  competente  del  Tribunal  Superior de  Distrito  Judicial  correspondiente  determinará  en  concreto,  dentro  de  la  sentencia  condenatoria  respectiva,  la reparación que sea del caso a cargo de  los  responsables,  señalando  las acciones mediante  las cuales se deberá materializar.   

Para efectos de establecer las obligaciones  en  que consistirá la reparación, además de los daños causados que aparezcan  acreditados  y de la forma de reparación que se pretende, la autoridad judicial  competente  tendrá en cuenta los criterios formulados por la Comisión Nacional  de  Reparación y Reconciliación, las circunstancias del caso concreto alusivas  al  número  de  víctimas,  las  eventuales obligaciones pecuniarias, capacidad  económica  del  bloque o frente y de los desmovilizados penalmente responsables  y demás aspectos que resulten relevantes para el contexto.   

Lo anterior, de tal forma que en función a  los  mismos  y  con  el  fin  de  garantizar  la  sostenibilidad  del proceso de  reconciliación  y  reconstrucción  del tejido social, se formulen las acciones  de  reparación  de  manera  colectiva  o  con  la  realización  de  medidas de  satisfacción,   garantías   de   no  repetición  y  acciones  de  reparación  simbólica  a  favor de las víctimas que tiendan a asegurar la preservación de  la  memoria  histórica,  la  no  repetición  de  los  hechos victimizantes, la  aceptación  pública  de  los hechos, el perdón público y el restablecimiento  de   la   dignidad   de  las  mismas…”   (subrayas   fuera   de  texto).    

          Es  decir,  si  bien resulta loable el propósito manifestado por el  Tribunal  orientado a conseguir fondos para la reparación de las víctimas ante  la  compleja  situación  de no contar con suficientes, es claro que desborda su  ámbito  funcional cuando adopta políticas generales en pro de su consecución,  pues  su  competencia  refiere, como se prevé en la disposición transcrita del  decreto  reglamentario,  a señalar las acciones necesarias para materializar la  reparación    de    las   víctimas   en   cada   caso   particular.   

De  ahí  que la orden dada en el fallo al  Fiscal  General  de  la  Nación  de  crear  una  subunidad adscrita a la Unidad  Nacional  Para  la Justicia y la Paz, con personal especializado en el análisis  de  operaciones  financieras nacionales e internacionales, estudio de títulos y  lavado  de dinero, resulta extraña a su competencia sin que se pueda considerar  como  una  acción  tendiente  a  materializar  la  reparación  integral de las  víctimas  de  las violaciones masivas y sistemáticas de derechos humanos a las  que se contrae este asunto.   

Además, dicha orden comporta una indebida  intromisión  a  las  facultades  que  constitucional  (art.  251  de  la  Carta  Política,                       modificado  por  el art. 3 del Acto Legislativo 03 de 2002) y legalmente (art.  11  de la Ley 938 de 2004  Estatuto Orgánico de la Fiscalía General de la  Nación)  se asignan al Fiscal General de la Nación, amén de que, como bien lo  precisa  el  impugnante,  la  conformación  de  una  subunidad en los términos  expuestos  por el Tribunal, demanda cuando menos un estudio previo no sólo para  determinar   su  justificación,  sino  porque  una  decisión  de  tal  índole  necesariamente  tiene  implicaciones  en  el presupuesto del ente acusador, pues  requiere,  para  su  puesta en marcha, de infraestructura adecuada y de personal  idóneo y calificado.   

La  iniciativa  para  la  creación  de un  organismo  de  tal  naturaleza  también  puede  surgir a instancia del Gobierno  Nacional  o  del  Legislativo,  como  así  se  incluye  en  el artículo 43 del  Proyecto  de  Ley  de  Víctimas  y  Restitución  de Tierras que actualmente se  debate   en   el   Congreso   de   la   República294   

.  

En  ese orden de ideas, la Corte revocará  el  numeral  octavo  de  la parte resolutiva del fallo; empero, consciente de la  necesidad  de  contar con un cuerpo especializado en el análisis de operaciones  financieras  nacionales  e  internacionales,  estudio  de  títulos  y lavado de  dinero  para  que  identifique bienes de quienes están llamados a reparar a las  víctimas,  se  sugerirá  a  la  Fiscal  General  de  la  Nación  contemple la  posibilidad de conformarlo.   

2.21.           Recuperar bienes de los postulados  transferidos a la Unidad de Extinción de Dominio   

Puntualiza el ente  acusador  que  la  orden  de  recuperar  bienes de los  postulados  transferidos  a  la Unidad de Extinción de Dominio, impartida en el  numeral  noveno  del  fallo,  parte  de  una  premisa  errónea:  que un número  importante  de  bienes  ofrecidos  en  los  procesos  de Justicia y Paz han sido  enviados a dicha Unidad.   

Lo  remitido,  aduce,  es una relación de  bienes  no ofrecidos por los  postulados,  pero  frente  a los cuales la Unidad ha advertido, a través de sus  investigaciones,  que  pueden  pertenecerles,  aun  cuando  figuran  a nombre de  terceros.  La  decisión se justifica, dice, en el artículo 14 del Decreto 4760  de  2005,  donde  se  ordena a la autoridad judicial expedir copias para iniciar  los  procesos  penales  y  de  extinción de dominio pertinentes, sobre aquellos  bienes no enlistados ni entregados.   

Esa situación, establecida frente a tales  bienes,  se  informó  a  la  Unidad de Extinción de Dominio para que allí, el  tercero  titular  de  derechos reales o aparentes pueda acreditar su buena fe o,  en caso contrario, se declare la extinción de dominio.   

La  Unidad  de  Justicia  y Paz, advierte,  carece  de  competencia para perseguir a terceros no postulados, o no vinculados  a  grupos  armados  al  margen  de  la  ley.  La  normatividad  propia,  dice, a  diferencia  de  la  Ley de Extinción de Dominio, no cuenta con el procedimiento  para  perseguir  y  afectar  bienes  de  quienes  no aparecen como destinatarios  naturales  de la ley 975 de 2005. Pero si la Corte Suprema de Justicia considera  que  la Unidad mencionada tiene tal competencia, solicita se indique el sustento  legal y el procedimiento a seguir.   

Fundado  en el inciso 2° del artículo 54  de  la  Ley  975  de  2005,  el  recurrente  disiente  de la interpretación del  Tribunal  de  instancia,  según  la  cual  los bienes informados a la Unidad de  Extinción   de   Dominio   no  pueden  integrar  el  Fondo  de  Reparación  de  Víctimas.   

Esta tesis, afirma, es errónea, por cuanto  si   aquellos   son   denunciados,   entregados   o  descubiertos  luego  de  la  desmovilización,  debe  interpretarse, con el fin de garantizar los derechos de  las  víctimas, que con independencia de la autoridad o del proceso donde estén  afectos  los  bienes,  antes  o  después  de  la  desmovilización, corresponde  ingresarlos  al  Fondo  para  la  Reparación  de  las  Víctimas,  atendida  su  vocación  indemnizatoria,  postura  consecuente con las precisiones de la Corte  Constitucional  sobre  la obligación de los postulados de reparar con todos sus  bienes.   

Por  tanto,  concluye, una vez establecido  que  el bien pertenece a un postulado, aún si el trámite fue adelantado por la  Unidad  de  Extinción de Dominio, el bien debe ingresar al Fondo de Reparación  para  cumplir  su  vocación  primaria,  es  decir,  indemnizar a las víctimas,  única forma de garantizar el principio de solidaridad.   

          Consideraciones de la Sala   

Al consultar la argumentación expuesta por  el  Tribunal  para  justificar  la  emisión de la orden contenida en el numeral  noveno  de  la  parte  resolutiva  del  fallo (apartados 274 a 282) se extrae su  preocupación  porque  los  bienes  pertenecientes a otros integrantes del grupo  armado  al  margen de la ley, no postulados dentro de este trámite, respecto de  los  cuales  la  Unidad  de  Extinción de Dominio de la Fiscalía General de la  Nación  adelanta  el  proceso de extinción de dominio, no terminen en el Fondo  para  la  Reparación  de las Víctimas a que refiere la Ley 975 de 2005 sino en  la  Dirección Nacional de Estupefacientes, como lo indica el artículo 18 de la  Ley    793    de   2002,   con   lo   cual   se   afectarían   gravemente   sus  derechos.   

Es decir, no se trata simplemente de que se  haya  enviado  a  la  Unidad de Extinción de Dominio una relación de bienes no  ofrecidos  por los postulados, sino de que, como la misma dependencia lo reporta  a  través  de  los  diversos  oficios  relacionados por el Tribunal295,  le  han  sido   transferidos   bienes   de  otros  integrantes  del  grupo  armado,  cuya  investigación  se  encuentra  en  su  fase  inicial,  sin que se hayan adoptado  medidas cautelares sobre ellos.   

          Así  las cosas, el problema radica en que, como lo pone de presente  el  Tribunal,  de  conformidad con el artículo 18 de la Ley 793 de 2002, por la  cual  se  establecen  las  reglas  que  gobiernan  el  trámite de extinción de  dominio,  con la sentencia que le pone fin a esa actuación los bienes sobre los  cuales  recae  pasarían  a  favor  de  la  Nación  a través del Fondo para la  Rehabilitación,  Inversión Social y Lucha contra el Crimen Organizado y no del  Fondo  para  la  Reparación  de  las  víctimas  creado  por  la  Ley 975, cuya  administración  se  ha  asignado  a  la Dirección Nacional de Estupefacientes,  conforme al parágrafo del artículo 12 de la primera ley en cita.   

          Frente  a  esta  situación  parecería  fundado, entonces,  el  temor  manifestado  por  el  Tribunal en cuanto a que, como lo señaló la Corte  Constitucional   en   la  sentencia  C-370,  los  bienes  pertenecientes  a  los  integrantes  de  los  grupos  armados  organizados  al  margen  de  la ley deben  utilizarse     para     la     reparación    de    las    víctimas    de    su  accionar.            

         

          Sin  embargo,  la  Corte  no  comparte  la solución expuesta por el  Tribunal  en el sentido de disponer la recuperación por la Unidad de Justicia y  Paz  de  la  Fiscalía  de  los bienes transferidos a la Unidad de Extinción de  Dominio   pertenecientes   a   miembros   del   grupo  armado  distintos  a  los  postulados.   

          Ello  porque, como con acierto lo indica el recurrente, la Unidad de  Justicia  y  Paz  no  tiene competencia para perseguir bienes distintos a los de  los  postulados  enlistados  y  entregados  (art.  14  del  Dto.  4760  de 2005,  modificado    por   el   art.   ídem   del  Dto.  3391  de 2006), como sí la posee la Unidad de Extinción  de  Dominio,  por  lo  que  su  reenvío  a  la  Unidad  de Justicia y Paz de la  Fiscalía  podría acarrear que no pudieran ser afectados con medidas cautelares  con  el correlativo desmedro mayor que ello podría ocasionar a las víctimas en  tanto  no  habría  limitación  alguna  para  su  disposición  o enajenación,  complicando  su utilización para efectos de la reparación. En contraposición,  el  artículo  12  de la Ley 793 de 2002, modificado por el 77 de la Ley 1395 de  2010 sí contempla esa posibilidad, al disponer:   

“El  fiscal  competente  para  conocer  la  Acción  de  Extinción  de Dominio, iniciará la  investigación,  de  oficio  o por información que le haya sido suministrada de  conformidad  con  el artículo 5° de la presente ley, con el fin de identificar  los  bienes  sobre  los cuales podría iniciarse la acción, recaudar los medios  de  prueba  que  evidencien cualquiera de las causales previstas en el artículo  2°  y  quebranten  la  presunción  de buena fe respecto de bienes en cabeza de  terceros.   

En el desarrollo de esta fase, el  fiscal  podrá decretar medidas cautelares, o solicitar al Juez  competente,   la  adopción  de  las  mismas,  según  corresponda,  que comprenderán la suspensión del poder dispositivo, el embargo  y  el  secuestro de los bienes, de dinero en depósito en el sistema financiero,  de  títulos  valores,  y de los rendimientos de los anteriores, lo mismo que la  orden  de  no  pagarlos  cuando fuere imposible su aprehensión física. En todo  caso  la Dirección Nacional de Estupefacientes será el secuestre o depositario  de       los      bienes      embargados      o      intervenidos…”  (subrayas  fuera de texto).   

          Ahora   bien,   como   lo   aduce   el  representante  de  la  Fiscalía,  nada  se  opone  para  que dichos bienes sean  remitidos  al  Fondo  de  Reparación  de  Víctimas,  para  lo  cual  basta con  conciliar  el  artículo 18 de la Ley 793 de 2002, en cuanto que en la sentencia  proferida  dentro  del  trámite  de  extinción  de  dominio  se  dispondrá la  tradición  de  los  recursos  a favor de la Nación a través del Fondo para la  Rehabilitación,   Inversión  Social  y  Lucha  contra  el  Crimen  Organizado,  administrado  por la Dirección Nacional de Estupefacientes, con el artículo 54  de  la Ley 975, declarado exequible condicionalmente por la Corte Constitucional  en  la  sentencia  de  constitucionalidad  C-370 de 2006, en el entendido de que  “todos  y cada uno de los miembros del grupo armado  organizado  al  margen  de  la  ley,  responden  con  su  propio patrimonio para  indemnizar  a cada una de las víctimas de los actos violatorios de la ley penal  por  los  que  fueren condenados; y también responderán solidariamente por los  daños  ocasionados  a las víctimas por otros miembros del grupo armado al cual  pertenecieron”,  luego  recogida  en el artículo 15  del Decreto 3391 de 2006.   

          Para  ello,  el  funcionario judicial que emita sentencia dentro del  trámite  de extinción de dominio, luego de comprobado que los bienes sobre los  cuales  recae  la decisión pertenecen a miembros del grupo armado organizado al  margen  de  la ley, deberá, de conformidad con el artículo 54 en cita, ordenar  su   tradición,  no  a  favor  del  referido  Fondo  para  la  Rehabilitación,  Inversión  Social  y  Lucha contra el Crimen Organizado, sino del Fondo para la  Reparación  de  las  Víctimas,  administrado  por  Acción Social.         

          Con  fundamento  en lo expuesto, la Sala revocará el numeral noveno  de la parte resolutiva del fallo.   

2.22. Medidas cautelares sobre bienes de ex  Congresistas       condenados       o      procesados      por      parapolítica   

Considera      la     Fiscalía que ninguna objeción suscita la  orden  impartida  en el numeral 10° de la sentencia, consistente en identificar  los  bienes pertenecientes a los ex Congresistas condenados por la Corte Suprema  de      Justicia      por      asuntos     relacionados     con     parapolítica  y  solicitar  las  medidas  cautelares  pertinentes  ante  los  magistrados  de  control  de garantías para  posibilitar su ingreso al Fondo Nacional de Reparación.   

Así  lo  autoriza  el  artículo  15  del  Decreto  3391 de 2005 en su inciso 2°, donde se menciona que, subsidiariamente,  en  virtud del principio de solidaridad, quien haya sido judicialmente declarado  miembro  del  grupo  o  frente debe responder civilmente por los daños causados  por éste.   

“Surge sí para  la  Fiscalía  una inquietud relacionada con esta actuación ordenada. Autoriza,  se  está  autorizando  (sic)  la  intervención  civil  de la Unidad de Justicia y Paz para la persecución de  esos  bienes,  con  el interrogante de si esas personas que no son destinatarias  naturales  de  la  ley  de  Justicia  y  Paz,  porque  no  son desmovilizados ni  postulados,  tendrían  algún  tipo de mecanismo para ingresar al procedimiento  de     la    misma”296.   

De  otra  parte,  advera  el  Fiscal  Delegado  que  en relación con el  numeral  décimo primero del fallo, atinente a la orden de identificar bienes de  los     ex    Congresistas    que    están    procesados    por    parapolítica  en  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  de  los  no  aforados  investigados ante los juzgados, así como de  solicitar  las  medidas cautelares ante los magistrados de control de garantías  para  facilitar  su  ingreso  al  Fondo  Nacional  de  Reparación, la Unidad de  Justicia   y  Paz  carece  de  competencia  para  investigar  y  afectar  dichos  bienes.   

Los titulares de ellos, advierte, no hacen  parte  del  proceso  de Justicia y Paz, no son desmovilizados ni postulados, por  tanto,  no  serían  sujetos de la pena alternativa y no existe una declaración  judicial  que  los  vincule  a  los  grupos  desmovilizados,  diferente  de  los  postulados   que   han   afirmado   su   pertenencia   y   permanencia   en   el  grupo.   

La vinculación a un proceso penal, indica,  no  otorga,  por  sí  sola, soporte a la Fiscalía para perseguir los bienes de  personas  no  vinculadas  a  la  ley  de  Justicia  y  Paz  con  la  consecuente  responsabilidad  en que se podría incurrir si la sentencia es absolutoria. Debe  ser  el  funcionario  que  conozca  del  caso  quien analice y tome la decisión  procedente.  Una  obligación  general  y  universal  como  la  contenida  en la  sentencia no cuenta con sustento jurídico para su cumplimiento.   

En   cuanto   atañe  a  este  tema,  la  Procuradora   Delegada  en  representación  de  la  sociedad  afirma que la Ley de Justicia y Paz no otorga  competencia  para  afectar  bienes  de  Congresistas  vinculados  a  procesos de  parapolítica, pues ella se  aplica  sólo  a  los  miembros de grupos ilegales desmovilizados. Este no es el  escenario  para  impartir  órdenes  de  ese  tipo,  invadiendo  la  competencia  funcional de otras jurisdicciones.   

          Consideraciones de la Sala   

En  primer  lugar,  se  ha de recalcar que  asiste  razón al representante de la Fiscalía cuando aduce, en lo concerniente  a  la  facultad para adelantar procesos de extinción de dominio sobre bienes de  personas  condenadas  por  haber  formado parte de estos aparatos organizados de  poder  –  aforados  o  no  aforados  –,  que ninguna  dificultad  se presenta, pues ello obedece a la interpretación que al artículo  54  de  la  Ley de Justicia Paz efectuó la Corte Constitucional en la sentencia  C-370 de 2006 al ocuparse de su exequibilidad, cuando precisó:   

“…para la ley  bajo  examen resulta particularmente relevante la causalidad existente entre los  hechos   punibles   judicializados   y   la  actividad  de  los  grupos  armados  específicos  que  después  de  haberse organizado para cometer delitos decidan  desmovilizarse.  Esta  relación  entre  la  actividad  de los individuos que se  desmovilizan   y   su   pertenencia   al   grupo  específico  dentro  del  cual  delinquieron,  genera  un  nexo de  causalidad entre la actividad del grupo  específico  y  los daños ocasionados individual o colectivamente por ese grupo  específico  dentro  del  cual realizaron las actividades delictivas. Si bien la  responsabilidad  penal  continúa  siendo  individual,  la responsabilidad civil  derivada  del  hecho  punible admite el elemento de la solidaridad, no solamente  entre  los  penalmente  responsables  sino respecto de  quienes  por  decisión  judicial hayan sido calificados como miembros del grupo  armado  específico, entendido como el frente o bloque  al  que  se  impute causalmente el hecho constitutivo del daño, en virtud de la  relación  de  causalidad  que  se estructura entre las conductas delictivas que  generan  el daño y la actividad en concreto de ese grupo específico que actúa  al  margen  de la ley al cual pertenecieron los desmovilizados. Todos los hechos  punibles  sometidos  al  ámbito de la Ley 975/05 exigen que su perpetración se  produzca   durante   y   con  ocasión  de  la  pertenencia  de  los  individuos  desmovilizados  a los grupos armados, lo que fundamenta la responsabilidad civil  del  grupo específico al amparo del cual se cometieron los delitos juzgados por  parte  de  miembros  de  un  grupo  armado  determinado,  calificados como tales  judicialmente…”  (subrayas fuera de texto).   

          Sin  embargo,  coherentemente  con  lo  reseñado, se modificará la  orden  en  el sentido de precisar que tal competencia corresponde a la Unidad de  Extinción  de  Dominio  de  la  Fiscalía  General  de la Nación, como así se  declarará.   

          En  segundo  término,  contrario a lo expuesto por el representante  de  la Fiscalía, la naturaleza jurídica de la acción de extinción de dominio  permite  implementarla  respecto  de  bienes  de  personas  procesadas,  y  aún  respecto  de  quienes  no  se encuentran vinculados a un diligenciamiento penal,  desde  luego, recabando que esta competencia radica en la Unidad Nacional creada  en la Fiscalía con tales propósitos.   

En  efecto, el artículo 4º de la Ley 793  de 2002 que regula la referida acción establece:   

“La  acción  de  extinción  de  dominio  de  que  trata  la  presente  ley  es  de naturaleza jurisdiccional, de  carácter  real y de contenido patrimonial, y procederá sobre cualquier derecho  real,  principal o accesorio, independientemente de quien los tenga en su poder,  o   los   haya   adquirido   y  sobre  los  bienes  comprometidos.  Esta  acción  es  distinta  e  independiente  de cualquier otra de  naturaleza    penal    que    se    haya   iniciado  simultáneamente,  o  de la que se haya desprendido, o en la que tuviera origen,  sin perjuicio de los terceros de buena fe exentos de culpa.   

“Procederá la  extinción  del  derecho  de  dominio respecto de los bienes objeto de sucesión  por  causa  de  muerte,  cuando  dichos  bienes correspondan a cualquiera de los  eventos  previsto  en  el  artículo  2º” (subrayas  fuera de texto).   

          Resta  señalar,  respecto  de  la inquietud del recurrente de si al  afectar  bienes  de  los  condenados  por dichas actuaciones se podría abrir la  posibilidad  de  que  tales personas contaran con algún mecanismo para acogerse  al  procedimiento  previsto  en  la Ley 975, que la Sala se abstiene de efectuar  cualquier  consideración  sobre el particular, en la medida en que la revisión  de  la  situación  penal  de  tales  personas  no  es objeto de estudio en esta  actuación,  a  diferencia  de  la responsabilidad civil solidaria que surge por  virtud  de  la condena aquí impuesta en contra de otros integrantes de la misma  organización armada ilegal.   

          Corolario  de  lo  dicho  en este acápite, la Corte modificará los  numerales  décimo  y once de la parte resolutiva del fallo en el sentido de que  la  orden  se  expide  no  a la Unidad para la Justicia y la Paz de la Fiscalía  sino a la Unidad de Extinción de Dominio del mismo ente acusador.   

2.23.  Identificación  y  afectación  de  bienes  de integrantes ya fallecidos de los grupos armados, que se encuentren en  poder de sus herederos   

Sobre la obligación impuesta en el numeral  décimo  segundo  del  fallo,  relativa  a  identificar  y afectar bienes de los  herederos  de  integrantes de los grupos armados, ya fallecidos, la Fiscalía  afirma que compulsó las copias  ante   la   Unidad  Nacional  de  Extinción  de  Dominio,  para  que  allí  se  identifiquen  los  bienes  en  cabeza  de  esos  herederos.  Es  allí donde los  terceros   propietarios   o  poseedores  de  tales  bienes  pueden  ejercer  sus  derechos.   

          Consideraciones de la Sala   

Esta  Colegiatura,  en  armonía  con  lo  expuesto  previamente,  comparte  plenamente lo dicho por el representante de la  Fiscalía,  pues,  como  ya  se  precisó,  la  Unidad  de  Justicia y Paz de la  Fiscalía  no  tiene  competencia  para  perseguir,  identificar  o  afectar con  medidas  cautelares  bienes  de  terceros  y  no  postulados, competencia que le  asiste a la Unidad de Extinción de Dominio.   

Así  las  cosas,  la  Sala modificará el  numeral   décimo   segundo   de   la  sentencia  impugnada,  en  los  términos  indicados.   

2.24.  La  Fiscalía  debe  suspender  las  restituciones directas a sus legítimos propietarios   

El    ente  acusador expresa que no comparte la consideración del  Tribunal,  no  contenida  como  una  orden, pero desarrollada en el cuerpo de la  sentencia,  consistente  en  que  la  Fiscalía debe suspender las restituciones  directas  de  bienes  afectados  a  Justicia  y  Paz, efectuadas en favor de sus  legítimos   propietarios,   quienes  fueron  despojados  de  su  posesión  por  paramilitares.   

A   diferencia  de  lo  afirmado  en  la  sentencia,   tal  decisión  no  compete  de  forma  exclusiva  al  Tribunal  de  conocimiento y la Fiscalía también puede adoptarla.   

De los 99 bienes referidos en la sentencia  como  de  Salvatore Mancuso,  explica,  algunos  fueron  objeto  de despojo y, por ello, se restituyeron a sus  legítimos  propietarios.  El  artículo 22 de la Ley 906 de 2004, agrega, es un  instrumento  que  permite restituir los derechos a las personas perjudicadas con  el  delito;  el  artículo  6º  de  la misma legislación establece el acceso a  recursos  eficaces  y  el  artículo  99  siguiente  señala que a solicitud del  interesado,  el Fiscal podrá ordenar la restitución inmediata a la víctima de  los  bienes  de  los  cuales  ha  sido  despojado.  Así mismo, el artículo 250  Superior   asigna   a   la   Fiscalía   la   función   de   proteger   a   las  víctimas.   

Entonces, razona, pueden coexistir diversos  escenarios  para  hacer efectiva la restitución: uno es la Fiscalía, cuando se  den  las condiciones para ello; otro, es el Magistrado de control de garantías,  y por último, la Sala de conocimiento.   

No hay un argumento válido, concluye, para  revertir  esas  restituciones  y  solicitar  medidas cautelares sobre los bienes  para  garantizar su disponibilidad al momento del fallo. Una decisión semejante  implicaría  imponer  cautelas  a bienes respecto de los cuales existe una clara  titularidad de las víctimas.   

          Consideraciones de la Sala   

          Sobre  el  particular  se  tiene  que en los apartados 284 y 285 del  fallo  impugnado  el  Tribunal se ocupó del tema, precisando que la competencia  para  restituir  bienes  recae  exclusivamente en la Sala de Conocimiento de esa  corporación  “en  la  sentencia  que  pone  fin al  procedimiento  sobre  la base de las pruebas practicadas durante el incidente de  reparación”,  ante lo cual expresó la necesidad de  “poner  fin  inmediatamente  a una práctica que se  encuentra    en   manifiesta   contravención   de   lo   dispuesto   en   tales  disposiciones”.  En  esa  dirección,  dispuso allí  mismo,  que  en  un plazo breve y sin exceder de sesenta días contados a partir  de  la  ejecutoria  de la sentencia, la Fiscalía solicite ante el Magistrado de  Garantías  competente las medidas cautelares necesarias para garantizar que los  bienes  se  encuentren  disponibles a efectos de su restitución judicial por la  Sala  de  Conocimiento.  Sin  embargo,  tal  orden  no  se  incluyó en la parte  resolutiva de la decisión.   

          La    Sala    recientemente   abordó   esta   temática297, llegando  a una conclusión diversa a la expuesta por el Tribunal:   

“Frente a este  escenario  resulta razonable pensar que la reparación ordenada en la sentencia,  no   incluye   la   restitución,  en  situaciones  como  las  vividas  por  los  desplazados,  que  fueron  obligados a abandonar sus parcelas y en algunos casos  se  falsificaron  documentos  para facilitar la tradición, en todo caso ilegal,  de bienes inmuebles a los paramilitares o sus testaferros.   

Esto  porque  lo  justo  en  estos casos es que desde el inicio del proceso, por el Magistrado con  Funciones  de  Control  de Garantías, se ordene la restitución, en un trámite  incidental  en el que se respeten o se sopesen los derechos de terceros de buena  fe,  se  acredite  que  el  desmovilizado  confesó  en  su  versión  libre  el  desplazamiento  y  se  acredite  la  apropiación  espuria por medio de títulos  fraudulentos     de     los     bienes     de     los    desplazados.   

La  justicia  transicional  no  puede  ser  indiferente  a  la  tragedia humanitaria que vive nuestro país de cuenta de los  millones  de  desplazados  que  deambulan  con  rumbo  a  ninguna  parte por los  cinturones  de  miseria  y  mendigan  en los semáforos de las grandes ciudades,  invisibles    de    cuenta    de   la   técnica    y   la   inflexibilidad  jurídica.   

Y  la  forma  en que la administración de  justicia  se  puede  vincular  con  la  superación,  o  por  lo  menos  con  la  mitigación   de   este   drama,  es  facilitando  la  restitución     de    tierras    en    la    fase    temprana    del    proceso  transicional.   

El artículo 11 de la Ley 906 de 2004 llama  la  atención  sobre  los  derechos de las víctimas en cuya satisfacción, más  que  nada  en  el  proceso regido por la Ley 975 de 2005, se compromete al juez,  advirtiendo    en    el    literal   ‘c’,  sobre  que la reparación debe ser oportuna, al señalar como derecho:   

‘A  una  pronta       e       integral       reparación  de  los  daños sufridos, a  cargo  del autor o partícipe del injusto o de los terceros llamados a responder  en   los  términos  de  este  código’.   

Los  desplazados,  familias  -y  en muchos  casos  poblaciones- invisibles, trashumantes de la miseria y de la indiferencia,  se  merecen que se aplique en su favor los criterios moduladores de la actividad  procesal,  previstos en el artículo 27 de la misma Ley 906 de 2004, para que se  pondere  y  flexibilice  el  alcance  del  artículo  23 de la Ley 975,  en  función   de   su  necesidad  extrema,  precisamente  para  evitar  excesos  de  dilación, que el paso del tiempo cuente contra ellos.   

Esas familias se merecen igualmente que sus  tierras  vuelvan  a  sus manos, y no que se pierdan en la maraña general de una  bolsa   común,  contrariando  el  concepto  de  restitución,  primera  opción  reparatoria  reconocida en la ley…” (subrayas fuera  de texto).   

         

Se desprende de lo expuesto en el antecedente  que,   a   diferencia   de  lo  señalado  por  el  a  quo,  dentro  del  proceso de justicia transicional se  debe  garantizar  la  restitución  desde  sus  albores  y no esperar al momento  definitivo  del  fallo,  cuando ya puede ser demasiado tarde para garantizar los  derechos  de  las víctimas.  Este punto, entonces,  no ofrece ninguna  discusión.   

          El  debate  se centra ahora en establecer, cuando ya está claro que  el  Magistrado  de  Control  de  Garantías  goza de la facultad para ordenar la  restitución,  si  ella también asiste a la Fiscalía, como así se le reconoce  en  el  artículo 22 de la Ley 906 de 2004, citado por el impugnante, cuyo texto  es el siguiente:   

“Artículo 22.  Restablecimiento  del derecho. Cuando sea procedente, la Fiscalía General de la  Nación  y  los  jueces deberán adoptar las medidas necesarias para hacer cesar  los  efectos producidos por el delito y las cosas vuelvan al estado anterior, si  ello  fuere  posible,  de  modo  que  se restablezcan los derechos quebrantados,  independientemente       de       la      responsabilidad      penal”.   

          En  virtud de esta normativa queda claro que en el marco del sistema  acusatorio,   cuando   ello   sea  procedente,  la  Fiscalía  está  plenamente  autorizada  para  adoptar  las  medidas  tendientes  a  que las cosas vuelvan al  estado   anterior   al   delito,  lo  que  traducido  al  contexto  de  justicia  transicional,  aplicable  por  la  figura  de  complementariedad  prevista en el  artículo  62  de  la Ley 975, implicaría que cuenta con la facultad de ordenar  medidas  de  restitución  en  favor  de  las víctimas, dentro de las cuales se  pueden  considerar,  obviamente,  los  actos de devolución de predios usurpados  por los miembros de los grupos armados al margen de la ley.   

          No  obstante,  restaría  por  determinar,  y  ello  en atención al  antecedente  jurisprudencial  traído  a  colación,  cuándo puede la Fiscalía  proceder  motu proprio en tal  sentido  y  cuándo  los intervinientes facultados deben solicitar al Magistrado  de control de garantías la restitución.   

          Respecto  de  la  primera  autoridad  si,  y  sólo  si,  cuando  la  restitución  es indiscutible y no comporta eventual vulneración de terceros de  buena  fe.  Frente  al segundo en el supuesto contrario, esto es, cuando el acto  restitutivo  no  tiene  la  misma  claridad  o involucra los derechos que puedan  tener  terceros  de buena fe sobre los bienes, en cuyo caso, como lo precisó la  Sala,   se   deberá   dar   paso   al   trámite   incidental   “en  el  que  se  respeten  o se sopesen los derechos de terceros de  buena  fe,  se  acredite  que  el desmovilizado confesó en su versión libre el  desplazamiento  y  se  acredite  la  apropiación  espuria por medio de títulos  fraudulentos     de     los     bienes     de     los    desplazados”.   

         

Ahora  bien  como,  según  se  dijo,  lo  dispuesto  por  el  Tribunal  no  se  tradujo en una orden contenida en la parte  resolutiva  del  fallo impugnado pero sí anunciada en la  motiva (apartado  285),  se  dispondrá su revocatoria expresa en la resolutiva de esta decisión.   

        Cuestión final   

        En  atención  a  que la fecha dispuesta en el numeral 358 del fallo  de  primer  grado  para  realizar  el  acto conmemorativo de recordación de las  víctimas  se  encuentra  superada, se hace necesario fijar una nueva, que será  entonces, el día 10 de marzo de 2012.   

    

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.          DECLARAR que no  procede  la nulidad del incidente de reparación integral ni la invalidación de  la  sentencia  impugnada, según fue propuesto por los Procuradores Delegados en  representación  de  la  sociedad y como legitimado para demandar la reparación  del daño colectivo.   

2.           REVOCAR   la  cuantificación    de    las    reparaciones   “en  equidad”,    para    proceder    a   tasarlas   en  derecho.   

3.           MODIFICAR  el  numeral  sexto de la parte resolutiva de la sentencia de primera instancia, para  fijar  la  indemnización  de  perjuicios  ocasionados por los delitos objeto de  este  proceso  con  los  criterios y cuantías definidos en esta determinación,  los  cuales  comportan  la inclusión y exclusión de las víctimas, corrección  de  los  nombres  precisamente indicados en la parte motiva y la revocatoria del  plazo   otorgado   al   Fondo   de   Reparación   para   hacer   efectivas  las  indemnizaciones.   

        4.        MODIFICAR  el numeral séptimo de la parte  resolutiva  del  fallo  impugnado  en  el  sentido de aclarar que todas aquellas  medidas  de  rehabilitación,  satisfacción,  no  repetición  y colectivas por  medio  de  las  cuales se imparten órdenes a las diversas autoridades estatales  se  deben  entender como exhortaciones para su cumplimiento, excepción hecha de  las  medidas  de  satisfacción  de  carácter  simbólico  y  de no repetición  contempladas  en los apartados 358, 359, 360 y 362 de la sentencia. Por la misma  razón,  se  revocan  los  plazos establecidos para el cumplimiento de las obras  públicas y programas ordenados.   

5.           ADICIONAR  la  sentencia  recurrida  para  declarar  la  extinción  de  dominio  de los bienes  inmuebles   ofrecidos   por   el   postulado   COBOS  TÉLLEZ,   identificados  en la parte considerativa de esta decisión (acápite  2.6),  con  el  fin de que ingresen al Fondo de Reparación, se moneticen y, con  el dinero obtenido, se indemnice a las víctimas.   

6.           REVOCAR   el  numeral  octavo  de  la  parte resolutiva del fallo, pero sugerir a la Fiscalía  General  de  la  Nación contemple la posibilidad de crear, previo estudio sobre  su   viabilidad,   una   subunidad   de  operaciones  financieras  nacionales  e  internacionales,  análisis  de  títulos  y  lavado  de  dinero,  encargada  de  identificar    bienes   de   quienes   están   llamados   a   reparar   a   las  víctimas.   

7.           REVOCAR   el  numeral noveno del fallo impugnado.   

          8.        MODIFICAR  los  numerales  décimo, once y  doce  de  la  misma  decisión  en el sentido de aclarar que la competencia para  afectar  bienes  de  personas que han sido condenadas o estén siendo procesadas  por      asuntos      relacionados      con      la     llamada     parapolítica,  corresponde  legalmente a  la  Unidad de Extinción de Dominio de la Fiscalía General de la Nación y no a  la Unidad de Justicia y Paz de ese mismo ente.   

            9.          REVOCAR la orden  contenida  en  el  apartado  285  del fallo impugnado, no consignada en la parte  resolutiva,  en  cuanto  dispuso  que  en  un término no superior a 60 días se  anulen  los  actos de restitución de bienes decretados por la Fiscalía a favor  de  las  víctimas y sean puestos a disposición de las Salas de Conocimiento de  los Tribunales de Justicia y Paz.   

10.           EXHORTAR  al  Gobierno  Nacional  para  que  en  la  forma indicada en la parte motiva de este  proveído  [acápite  2.3.(b)],  diseñe  e implemente las políticas necesarias  para  concretar  el restablecimiento de la capacidad laboral de las víctimas de  los hechos tema de este proceso.   

11.           ADICIONAR  la  sentencia  recurrida  para  indicar  que  en  este  trámite no obra elemento de  juicio  alguno  a  partir  del  cual puedan atribuirse antecedentes penales como  integrantes  de  organizaciones  guerrilleras o por tener vínculos con ellas, a  quienes  para  el  10  y  11  de  marzo  de 2000 habitaban los corregimientos de  Mampuján  y San Cayetano, en especial respecto de las once víctimas del delito  de homicidio en la vereda Las Brisas.   

Este aparte debe publicarse en el término  y condiciones precisadas en la motivación de esta providencia.   

12.           NEGAR   las  solicitudes   elevadas   como   medidas   de   restitución,  rehabilitación  y  satisfacción,  mencionadas  en  el acápite 2.3 de esta decisión, literales c,  f, g, h, i, j, k, l y m.   

13.          NO  RECONOCER a  los   postulados  rebaja  de  pena  por  confesión,  aceptación  de  cargos  y  colaboración con la justicia.   

14.          DETERMINAR que  la  pena  alternativa  impuesta  a  los  postulados  no comprende la multa ni la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

        15.                       EXHORTAR  a la Sala de  Justicia  y  Paz del Tribunal Superior de Bogotá para que en los futuros fallos  y  decisiones  que emita se abstenga de incluir datos que permitan identificar a  los hijos menores de edad de los postulados.   

16.          DETERMINAR que  los  postulados tienen derecho a que se les tenga como parte cumplida de la pena  el  tiempo  en  el  cual  permanecieron  en  privación  de  la  libertad en los  establecimientos  de  reclusión de justicia y paz administrados y definidos por  el  INPEC,  siempre  y  cuando  la  autoridad  judicial  encargada  de vigilar y  controlar  la  ejecución  de  la  pena verifique el cumplimiento efectivo de la  sanción.    En    todo   caso,   dicho   tiempo   NO  INCLUYE   el   que   permanecieron   en  la  zona  de  concentración.   

        17.                       FIJAR como nueva fecha  para  realizar  la  ceremonia  de  recordación  de las víctimas, el día 10 de  marzo de 2012.   

18.           CONFIRMAR  en  todo lo demás el fallo de primera instancia.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO                    SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

Salvamento Parcial de voto  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Cita medica  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                       JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre he profesado  por  las  decisiones  de la Sala, estimo necesario salvar el voto respecto de lo  decidido  en  el  presente  asunto,  pues  considero que en lugar de emitirse el  fallo  de segundo grado, debió decretarse la nulidad de lo actuado a partir del  incidente de reparación integral, inclusive.   

Previo  a  reseñar  las razones que me  obligan  a  separarme  del  fallo  en  cuestión, estimo necesario, por honradez  intelectual,  ponderar  el  excelente estudio contenido en la decisión, no solo  pertinente,  sino profundo y necesario para efectos de clarificar tantos cuantos  temas complejos inciden en la Ley de Justicia y Paz.   

Sin   embargo,   esa  misma  honradez  intelectual  me  impide  aceptar  de tajo el fallo, pues, considero que derechos  inalienables,  propios  de  la  esencia  del  debido  proceso  y su correlato de  contradicción,  impiden  materializar una sanción, para el caso, en contra del  Estado,  si  antes no se le ha escuchado y efectivamente vencido en juicio, como  reza   esa   tópica   universal   y   perenne   que   gobierna   la   actividad  judicial.   

Así, cabe recordar cómo en el fallo se  dispone  el  pago  en  derecho  de  los  perjuicios  causados  a  las víctimas,  modificando    la    condena    en    equidad    impuesta    por    la   primera  instancia.   

Empero,   se  advierte  una  falencia  fundamental  en  el  incidente  de reparación integral, pues, no se vinculó al  Estado  como  parte  del  mismo, pasando por alto que, como lo señaló la Corte  Constitucional  en  la Sentencia C- 370 de 2006, debe responder subsidiariamente  por  esos  perjuicios,  cuando  lo entregado por el postulado o los miembros del  grupo al que perteneció, no alcanza para tal fin.   

En  el  proyecto  nunca  se vinculó al  Estado,  ni  se  definió  de  qué manera opera su responsabilidad subsidiaria,  acorde  con  lo que establecen la ley, la jurisprudencia de las Cortes Suprema y  Constitucional, y los estándares internacionales.   

En  el  caso  concreto,  visto  el alto  número  de  víctimas  y  lo ordenado pagar a su favor, evidente se aprecia que  con   lo  recuperado  no  podrá  pagarse  la  indemnización  y,  entonces,  es  necesario,  de un lado, que el fallo defina cómo se pagarán esos dineros, para  que  la sentencia no sea letra muerta o se torne ilusoria y, además, si se toma  en  cuenta  que  el  Estado  deberá  sufragar la mayor parte de lo ordenado, se  imponía   vincularlo   al  trámite,  en  calidad  de  legítimo  contradictor,  especialmente,   para   que   la   condena   sí   pueda  hacerse  valer  en  su  contra.   

No puede decirse que por corresponder a  una  normatividad  especial  o  tratarse  el  Estado,  como  cuerpo,  de un mero  interviniente,  cuando  el  acento  del  trámite  presuntamente transicional se  halla  en  las  víctimas,  es  posible  vulnerar  sus derechos o aminorarlos al  extremo   tal   de   omitir  escucharlo  y  controvertir  las  solicitudes  que,  finalmente, terminarán por afectarlo.   

En     contrario,     la    Corte  Constitucional298  de  manera enfática y  suficiente  pregona  que  si  bien  el  proceso  penal  como  todo procedimiento  previsto  en  la  ley  debe  adecuarse  a las reglas básicas del debido proceso  previstas   en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política,  para  asegurar  la  protección  y realización del derecho material de las personas “ello  no se predica sólo de los derechos del acusado sino de los  de  todos  los intervinientes en el proceso penal, a quienes junto al derecho al  debido  proceso,  debe  garantizárseles  el  derecho  también  superior  de la  eficacia    del    acceso   a   la   justicia   (artículo   229)”.   

De  igual  manera,  en el procedimiento  civil,  que es precisamente la naturaleza del incidente de reparación integral,  cuando  menos  en  su componente monetario, se determina indispensable vincular,  escuchar  y  ofrecer posibilidades de contradicción a todo aquél que pueda ser  afectado  con  la sentencia para efectos de contraprestaciones o indemnizaciones  económicas.   

Ello también ha sido reconocido por la  Corte                Constitucional299, cuando en revisión de  tutela    respecto    de     la   tramitación   de   un   proceso   civil,  anotó:   

“Para  que  las  partes de un proceso  puedan  ejercer  su  derecho  de  defensa y contradecir lo que se le endilga, es  indispensable  que  se  les notifique cualquier tipo de actuación que se surta,  de  la forma más idónea y diligente posible, con el fin de que los interesados  puedan  ejercitar el derecho de contradicción. En ese contexto, en los procesos  judiciales,  la  pretermisión  de alguna comunicación no puede ser irrelevante  para  el  fallador,  pues de su estricto cumplimiento depende la efectividad del  derecho fundamental al debido proceso”.   

Es  que, cuando se conoce que el Estado  colombiano,  acorde con lo dispuesto en el artículo 113 de la Carta, se compone  de  las  ramas  ejecutiva,  legislativa  y  judicial,  a  más de otros órganos  autónomos  e  independientes,  no  puede  ser  que uno de los poderes afecte al  otro,  en  lo  que  toca con su misión fundamental de administrar justicia, sin  que  éste siquiera haya sido vinculado, escuchado y vencido en juicio, pues, en  últimas, la afectación irradia al Estado mismo, como cuerpo.   

Mucho  más,  si  claro  tiene  que, en  principio,  esos  dineros  destinados  a  la  indemnización  de  víctimas, son  públicos,  esto  es,  de  todos  los  colombianos,  lo  que  obliga a tener los  máximos cuidado y prevención en su destinación.   

Debe, por ello, decretarse la nulidad de  lo  actuado  a partir del incidente de reparación integral, para que se integre  adecuadamente  el  contradictorio  con  intervención  de la representación del  Estado  y  no  ocurra,  como  en  el  trámite  examinado,  que ante la falta de  contradicción   –en  este  sentido, el postulado no opera como verdadero contrario, pues, si entregó  todos  sus bienes y sabe que con ello termina, en principio, su responsabilidad,  no  le  interesa  cuánto  puede  ser  el  monto  de la indemnización-, termine  aceptándose  como víctimas a quiénes no lo fueron y disponiéndose a su favor  el  pago  de la correspondiente reparación, haciéndose necesario que la Corte,  por   la   vía   oficiosa,   enmiende   el   entuerto,   como  se  hace  en  el  fallo.   

Conforme  lo verificado en la sentencia  de   primera  instancia,  se  advierte  que  como  partes  en  el  incidente  de  reparación  integral sólo intervinieron la Fiscalía, el Ministerio Público y  los  defensores de las víctimas, citándose allí, pero en calidad de fuente de  prueba   a  los  representantes  de  la  Comisión  Nacional  de  Reparación  y  Reconciliación.   

De  ello  se deduce que ni siquiera los  postulados   y   su   defensor   intervinieron  de  fondo  en  el  incidente  en  cuestión.   

De  allí  surge, además de lo anotado  arriba,  que  se  hace  necesario  precisar  la  naturaleza, trámite, efectos y  consecuencias  del  incidente de reparación integral, para que se conozca cómo  intervienen  los  distintos  afectados  con  lo  decidido,  cuál es la concreta  participación   de   los   diferentes   entes   estatales   vinculados  con  la  indemnización  y,  específicamente,  quién  o  qué  organismo  representa al  Estado en calidad de legítimo contradictor.   

En  suma,  reitero,  como las víctimas  también  tienen  derecho  a  que  lo  ordenado  judicialmente se materialice en  efectivo  pago  y  se  tiene  claro  que  la  parte  más  sustancial  del mismo  corresponderá  al  Estado,  lo  menos  que  puede  pedirse  es que a este se le  vincule,  escuche y faculte el derecho de contradicción, para que así comporte  plena legitimidad esa orden de pago.   

En  consecuencia,  surge  como  única  solución   adecuada   a   la  omisión  objetivamente  violatoria  de  derechos  fundamentales,  la de la nulidad que en vano prediqué durante la discusión del  proyecto.   

Precisamente en torno de lo discutido en  la  Sala,  quiero  aclarar  que  si  bien  allí dejé constancia de que salvaba  parcialmente  el  voto,  justamente  al  verificar  la profundidad jurídica del  fallo  del  cual  me aparto, ahora que advierto las consecuencias de la nulidad,  en  cuanto  la  estimo  mejor  solución,  me  veo compelido a significar que el  salvamento propuesto no es parcial.   

         De los señores Magistrados,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

28   de   abril   de   2011.   

    

1 Cfr.  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado       que       devora      el      país,      agosto      de      2004,  www.javiergiraldo.org.     También   Equipo   Nizkor,  Conflicto  Armado  y  Paramilitarismo  en  Colombia,                         www.derechos.org.;  Fundación  hazloposible, Origen y Desarrollo de los Grupos Paramilitares, abril  de  2004,  canalsolidario.org;  Rivas  Nieto  Pedro  y  Rey  García  Pablo, Las  Autodefensas    y    el   Paramilitarismo   en   Colombia,   1964   –  2006,  enero de 2008, confines.mty.itesm.mx;   Pérez   Gallo,  Miriam  Stella,  Sentidos  de  memoria  e  historia  sobre el paramilitarismo en  Colombia   en   el   marco   del   actual   proceso   de  negociación  para  la  reincorporación a la vida civil,www.scribd.com.   

2  El  decreto  mencionado  se  emitió  al amparo del Estado de Sitio declarado en ese  momento a través del Decreto 1288 del 21 de mayo de 1965.   

3  Excepto los artículos 30 y 34.   

4 Cfr.  Decreto Legislativo 3398 de 1965.   

5 Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, Sentencia del 5 de julio de 2004, Caso 19  Comerciantes contra Colombia, numeral 84 a).   

6 Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, Sentencia del 5 de julio de 2004, Caso 19  Comerciantes contra Colombia, numeral 84 d).   

7  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado que devora el país, agosto de 2004, www.javiergiraldo.org.   

8  El  MAS  se  conforma  a  partir del secuestro de Marta Nieves Ochoa, pariente de un  miembro del Cartel de Medellín.   

9  Verdadabierta.com   

10  Giraldo  Moreno,  Javier,  S.J.,  El  paramilitarismo: una criminal política de  Estado que devora el país, agosto de 2004, www.javiergiraldo.org.   

11  International     Peace    Observatory,  Balance  del Proceso de Desmovilización de los Paramilitares en  Colombia, Justicia, 10 de julio de 2007, www.peaceobservatory.org.   

12 Ib.  International     Peace    Observatory, www.peaceobservatory.org.   

13  ACNUR,   Grupos   Paramilitares   y   de   Autodefensa,  www.acnur.org.com  e Ib.  International     Peace    Observatory, www.peaceobservatory.org.   

14  Cfr.  carpeta  anexa  denominada  “Documentos varios  aportados  en audiencia”, que contiene el oficio N°  UNJP  000344  del 18 de enero de 2010, suministrado por la Jefatura de la Unidad  Nacional  de  Justicia  y  Paz  de  la  Fiscalía  General  de la Nación, datos  actualizados a diciembre 31 de 2009.   

15  Rad.  23973  contra  Ana  María  Flórez;  Rad. 26118 contra Erick Julio Morris  Tabohada;  Rad.  26470  contra Mauricio Pimiento; Rad. 26470 A contra  Luis  Eduardo  Vives  Lacouture; Rad. 26942 contra Reginaldo enrique Montes Álvarez y  Juan  Manuel  López  Cabrales; Rad. 27195 contra Karelli Lara Vence; Rad. 29640  contra   Ricardo   escure  Chacón;  Rad.  31943  contra  Jorge  Eliécer  Anaya  Hernández;  Rad.  27941  contra  Gonzalo  García  Angarita;  Rad. 32672 contra  Salvador   Arana   Sus;   Rad.   23802   contra   Vicente   Blell   Saad,  entre  otros.   

16  Cfr.   Carpeta   N°   3  anexa,  entregada  y  expuesta  en  la  diligencia  de  legalización de cargos de EDWAR COBOS TÉLLEZ.   

17 Fl.  265 carpeta anexa N° 9    

18  Cfr.  “La  masacre  de el salado: esa guerra no era  nuestra”, Miembros del Grupo de Memoria Histórica,  pg. 22.   

19  Expopaz,  Los  Montes  de  María:  un  proyecto político territorial, marzo de  2010.   

20  Época  indicada  por  Expopaz,  Los  Montes  de  María:  un proyecto político  territorial, marzo de 2010.   

21  Cfr.  Carpeta  N°  2  anexos  varios,  Fls.  457  a  460, Comisión Nacional de  Reparación  y Reconciliación, CNRR, Informe sobre la  situación  de  desmovilización, desarme y reintegración (DDR), comunidades de  Mampuján y San Cayetano.   

22  Base  de  datos  sobre  masacres  en  medio  del  conflicto  armado  (1982-2007)  construida por Memoria Histórica.    

23  Base  de  datos  sobre  masacres  en  medio  del conflicto armado construida por  Memoria  Histórica  a partir de la información recopilada en el Boletín   informativo  de  Justicia  y  Paz,  la  Revista Noche y Niebla y la publicación  “Enterrar y Callar” Vol. II   

24  Comisión  Nacional  de  Reparación y Reconciliación, La masacre de El Salado,  Esa Guerra no era nuestra, página 203, 2009.   

25  Equipo  Nizkor,  Las  pruebas  hablan  por  sí  solas, 11 de noviembre de 2006,  www.derechos.org/nizkor  y Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, La masacre  de El Salado, Esa Guerra no era nuestra, pág. 191, 2009.   

26  Cfr.  Versión del 30-01-2008 en el  juicio, cd No.17 minutos 16:52 a 26:20  y  1:27:30  a  1:30:00  Salvatore Mancuso, quien hizo referencia a esta reunión  como   una   de   los   momentos  claves  en  la  conformación  de  los  grupos  paramilitares.   

27  Como  así  lo sostuvo en diferentes declaraciones Jairo Castillo Peralta, alias  Pitirri.   

28  Cfr.  Sentencia  del  23  de febrero de 2010 contra Álvaro García Romero. Rad.  32805.   

29  Información  suministrada  por  EDWAR  COBOS TÉLLEZ en sesiones del 21 y 22 de  septiembre  de  2009,  en audiencia de legalización de cargos. También carpeta  anexa entregada por la Fiscalía.   

30  Informe  sobre  narcotráfico entregado por EDWAR COBOS TÉLLEZ  y expuesto  en  la  sesión de 22 de septiembre de 2009, en la audiencia de legalización de  cargos.   

31  Cfr.  Fls.  207  a  214  carpeta  anexa  N°  9,  Informe CTI del 12 – 08 -2009,  Georeferenciación  del bloque por fechas.   

32  Carpeta  No. 8, contentiva de documentos soporte de la imputación, folio 241, y  que  refiere  a  la  versión  de  Salvatore Mancuso  de 20 de noviembre de  2.008, a las 3:29 p.m.   

33 CD  Audiencia  control  formal y material de cargos, del 7 de julio de 2009, segunda  sesión, min. 3:08.   

34 CD  Audiencia  control  formal y material de cargos, del 7 de julio de 2009, segunda  sesión, min. 3:53.   

35 CD  Audiencia  control  formal y material de cargos, del 7 de julio de 2009, segunda  sesión, min. 4:42.   

36  Cuaderno  original correspondiente al Bloque Montes de María. La Convención se  celebró durante el 16, 17 y18 de mayo de  1998.   

37  Cfr.  Fls.  235  a 258, carpeta anexa N° 9, Estatutos  ACCU.   

38  Cfr.  Fls.  80 a 85 CTI Informe de Menores,    del    28-09-2009.    Fls.   87   a   91,   CTI   Informe  de  secuestro  del  28-09-2009.  Fls.122      a      128     CTI     Informe     de  narcotráfico      del     18    –  09  –  2009;  Fls.  130  a 146, CTI  Informe   de   vínculos  con  cargos  de  elección  popular,        del       19       –        09        –   2009.   Fls.   148  a  170,  CTI,  Informe  de  entrega fosas y exhumaciones  del 19 – 09  –  2009.  Fls. 265 a 278  CTI  Masacres.  Fls. 280 a  283,  CTI, Desplazamientos y  Fls.     286     a    297,    CTI    Desapariciones  Forzadas, carpeta N° 9.   

39  Carpeta  de  anexos  No.  9,  entregada  por  la  Fiscalía  en la diligencia de  legalización de cargos, folio 173.   

40  Información  suministrada por el postulado BANQUEZ MARTÍNEZ en la audiencia de  legalización    de    cargos,   sesión   del    21   de   septiembre   de  2009.   

41  Sesión  del  29  de  septiembre  de  2009.  El informe suministrado por BANQUEZ  MARTÍNEZ   muestra   que   el   valor   de   la  nómina  mensualmente  fue  de  aproximadamente  $90.000.000.oo.   El  pago que se hizo a autoridades y que  aparece  constante  durante  varios  meses  del 2004 incluía la policía de San  Onofre,  policía  de  Tolú  Viejo,  Brigada No. 1 de Colosal, Comandante de la  SIJIN,   Batallón  N°  4  de  Infantería,  subsidio  a  soldados  campesinos,  informantes, etc.   

42  Sesión  del 8 de julio de 2009. Información de UBER BANQUEZ en la audiencia de  control de legalidad de cargos.   

43  Cfr. Auto de 25 Feb. /2010 Legalización de cargos, Fls. 43 a 52.   

44 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 9 de septiembre de 2009, 3ª sesión, minuto 00:45.   

45 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 13 de julio de 2009, 1ª sesión, minuto 14:32.   

46 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 9 de septiembre de 2009, 3ª sesión, minuto 00:45.   

47 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizadas  los  días  13 de julio de 2009, 1ª sesión, minuto 2:08:30 y 28 de  septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 19:45.   

48 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 29 de septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 03:48.   

49 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 30 de septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 10:37.   

50 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada  los  días  13  de  julio  de 2009, 3ª sesión, minuto 11:46 y 28 de  septiembre de 2009, 4ª sesión, minuto 00:56.   

51 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada  los  días  14  de julio de 2009, 1ª sesión, minuto 4:25 y el 29 de  septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 28:12.   

52 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 29 de septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 1:06:09.   

53 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 30 de septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 07:15.   

54 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 30 de septiembre de 2009, 1ª sesión, minuto 08:53.   

55 CD  correspondiente  a  la  audiencia  de  control  formal  y  material  de  cargos,  realizada el 15 de julio de 2009, 1ª sesión, minuto 30:20.   

56 Al  respecto   puede   consultarse  el  Tercer  Informe,  septiembre  de  2010,  del  Observatorio   Internacional   DDR   –  Ley  de Justicia y Paz del Centro Internacional de Toledo para la  Paz, pg. 37.    

57  ARTICULO  113.  Son Ramas del Poder Público, la legislativa, la ejecutiva, y la  judicial.  Además  de los órganos que las integran existen otros, autónomos e  independientes,  para  el  cumplimiento  de las demás funciones del Estado. Los  diferentes  órganos  del  Estado  tienen  funciones  separadas  pero  colaboran  armónicamente para la realización de sus fines.   

58  ARTICULO     1º.  Colombia  es un Estado social de derecho, organizado  en  forma  de  República  unitaria,  descentralizada,  con  autonomía  de  sus  entidades  territoriales,  democrática,  participativa y pluralista, fundada en  el  respeto  de  la  dignidad  humana,  en  el  trabajo  y la solidaridad de las  personas que la integran y en la prevalencia del interés general.   

59  Sobre   el  principio  de  separación  de  poderes  pueden  consultarse,  entre  otras,   las  sentencias  de  la  Corte Constitucional  C-141 de 2010,  C-588 de 2009 y C-1040 de 2005.   

60 El  derecho  a  la  reparación  y  sus  diferentes  componentes  están reconocidos  en   instrumentos internacionales tales como la Convención Americana sobre  de  Derechos  Humanos  (arts. 10 y 63); la Convención contra la tortura y otros  tratos  crueles,  inhumanos  y  degradantes  (art.  14);  la  declaración de la  Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas  sobre  la protección de todas las  personas  contra  las  desapariciones  forzadas (art. 19); la Convención del La  Haya  relativa  a  las  leyes  y  costumbres  de la guerra terrestre  (art.  13);   y el Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto  de  1949,  relativo  a la protección de las víctimas de los conflictos armados  internacionales                (Protocolo              I,              art.  91).               

61 La  Corte   Interamericana   de   Derechos  Humanos  también  cumple  una  función  consultiva  no litigiosa, de conformidad con el artículo 62.1 de la Convención  para  interpretar  la  Convención Americana u otros tratados concernientes a la  protección  de  los  Derechos  Humanos  en  los Estados Americanos a través de  opiniones consultivas (OC).   

62 El  artículo  17  de  la Ley 975 de 2005 fue declarado exequible mediante sentencia  C-370/06  de  la Corte Constitucional, en el entendido  que    la    versión    libre    debe    ser   completa   y   veraz.   

63 Tal  comportamiento  desvirtúa el objeto de la Ley 975 de 2005 y constituye un grave  incumplimiento  de  los  requisitos  de elegibilidad previstos en sus artículos  10-10.2 y 11-11.5.   

64Auto  del 8 de septiembre de 2008. Rad. 30360.   

65   Sentencia  del  20  de  febrero  de 2008. Rad. 28733.    

66  Sentencias  del  25  de  agosto  de 2010. Rad. 33458 y del 2 de febrero de 2011.  Rad. 32018.   

67  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 22041.   

68  Sentencia del 7 de octubre de 1998. Rad. 10987.   

69  Rad. 18865.   

70  Rad. 15619.   

71 En  la  sentencia, en forma por demás equivocada, se invierten las penas aplicables  para  el  delito  de  secuestro  simple,  al  señalar  que el artículo 269 del  Código  Penal  de  1980  tiene señalada prisión de 10 a 20 años, mientras el  artículo  168  del  Código  Penal de 2000 prevé prisión de 6 a 25 años (ver  pág. 86).   

72  Cfr. Sentencia del 25 de agosto de 2010. Rad. 33458.   

73  Fol. 82 y 83 del fallo de primera instancia.   

74 Ver  folio 85.   

75  Impera  señalar  que  de  tiempo  atrás  los  Magistrados  María  del Rosario  González  de  Lemos  y Sigifredo Espinosa Pérez han considerado en situaciones  como  la  de  la especie, que el principio de legalidad prevalece sobre el de la  non  reformatio in pejus, y  así  lo han expresado en salvamentos de voto del 15 de septiembre de 2010. Rad.  34728 y del 16 de marzo de 2011. Rad. 34849, entre muchos otros.   

76  Citó los radicados 33257, 30955, 30998 y 29559.   

77 V.  gr.  providencias  del  24  de  febrero de 2000. Rad. 11650 y del 20 de abril de  2002. Rad. 19088, entre muchas otras.   

78  Resolución   1996/119   de   la  Subcomisión.  Informe  titulado  La  administración  de  justicia  y  los  derechos  humanos de los  detenidos.   

79  Rodrigo  Uprimny  Yepes  y  María Paula Saffón Sanín. “Derecho a la verdad:  alcances    y    límites    de   la   verdad   judicial”,   en   Justicia  transicional: teoría y praxis,  Bogotá, Universidad del Rosario, 2006, p. 351.   

80  Literal  (a) del numeral 3º del artículo 2º, párrafo 3º del mismo precepto,  párrafo  5º  del  artículo  9º  y párrafo 6º del artículo 14 del Pacto de  Derechos  Civiles  y Políticos, que tratan del recurso efectivo, reclamación e  indemnización  apropiada.  Artículos  1º,  2º,  8º  y  25  de  la Comisión  Americana de Derechos Humanos.   

81  Paul   Ricoeur.   La   memoria,   la   historia,  el  olvido,  México,  Fondo de Cultura Económica, 2004.  p. 606.   

82  Cfr. Auto del 8 de junio de 2007. Rad. 27484.   

83  Cfr. Auto del 3 de octubre de 2008. Rad. 30442.   

84  Cfr. Auto del 9 de febrero de 2009. Rad. 30955.   

85  Cfr. Providencia del 4 de febrero de 2009. Rad. 28085.   

86 En  este  sentido,  las  sentencias  fundamentales  sobre la nueva concepción de la  víctima  (C-228 de 2002 y C-516 de 2007), coinciden en señalar la necesidad de  acreditar    un   daño  concreto por parte de quien  pretende   ser   reconocido   como   tal,   aún  si  sólo  persigue  la  verdad  y  justicia,  con  mayor  razón,    cuando    lo  perseguido     es     la     indemnización     de  perjuicios.  Con  base  en  esas  providencias,  esta  Corporación  ha  señalado  que  para  acceder  al reconocimiento como víctima  dentro  del  proceso  penal  actual  no  basta  pregonar  un  daño  genérico o  potencial;  además, es preciso señalar el daño real y concreto causado con el  delito,  así se persigan exclusivamente los objetivos de justicia y verdad y se  prescinda  de  la reparación pecuniaria. Así se expuso en decisiones del 24 de  noviembre  de  2010, Rad. 34993; 11 de noviembre de 2009, Rad. 32564; 6 de marzo  de  2008,  Rad.  28788  y  Rad. 26703; 1 de noviembre de 2007, Rad. 26077; 10 de  agosto de 2006, Rad. 22289.   

87  Así  en  sentencia  de  la  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos del 3 de  diciembre      de      2001,     caso     Cantoral  Benavides, y en sentencias de la Sección Tercera del  Consejo de Estado, de 15 de agosto y 18 de octubre de 2007.   

88  Sentencia del 25 de enero de 2001. Rad. 11413.   

89  Sentencia  del  13  de  mayo  de  2008. Exp. 11001-3103-006-1997-09327-01. En el  mismo    sentido,    sentencia    del    20    de    enero    de    2009.   Exp.  17001310300519930021501.   

90  Providencia del 25 de agosto de 2010. Rad. 33833.   

91  Cfr. Sentencia C-454 de 2006.   

92  Así  en  sentencia  del 7 de junio de 2003. Caso Juan  Humberto Sánchez versus Honduras.   

93  Cfr.  Sentencia  de  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos  del 27 de  noviembre   de   1998.   Reparaciones.   Caso  Loayza  Tamayo versus Perú.   

94  Cfr.  Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sentencia del 2 de septiembre de  2004.    Caso   Instituto   de   Reeducación   del  Menor versus Paraguay.   

95  Sentencia C-536 del 23 de noviembre de 1995.   

96  ARISTÓTELES.   Ética   Nicomaquéa.   Ediciones   Universales.   Bogotá.   pg  127.   

97  Caso  19  comerciantes  versus  Colombia.  Fallo  del  1º  de  julio  de  2006.  Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas   

98  Cfr.   Caso  de  la  Masacre  de  Pueblo  Bello,  supra  nota  9,  párr. 247;  Caso de la “Masacre de Mapiripán”, supra nota 8,  párr.  276;  y  Caso “Instituto de Reeducación del  Menor”, supra nota 12, párr. 288.   

99  Sentencia del 12 de abril de 1999.   

100  Sentencia del 5 de octubre de 2004. Rad. 6975.   

101  Sentencia de casación del 20 de septiembre de 1982.   

102  Sentencia C-557 del 6 de diciembre de 1994.   

103  Sentencia C-916 del 29 de octubre de 2002.   

104  Fallo  del  2  de julio de 2004. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y  costas.   

105  Fallo  del 31 de agosto de 2004. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y  costas.   

106  Fallo del 5 de julio de 2004. Fondo, reparaciones y costas.   

107  Fallo del 15 de septiembre de 2005. Fondo, reparaciones y costas.   

108  Fallo del 11 de mayo de 2007. Fondo, reparaciones y costas.   

109  Fallo del 3 de julio de 2008.   

110  Fallo del 10 de julio de 2008.   

111  Cfr. Sentencia del 12 de mayo de 2010. Rad. 29799.   

112  Sentencia del 7 de febrero de 2002. Rad. 21266.   

113  Cfr. Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.   

114  Sentencia T-025 del 22 de enero de 2004.   

115  Inciso 3º del artículo 8 de la Ley 975 de 2005.   

116  La  jurisprudencia nacional distingue, como atrás se precisó, entre perjuicios  morales  subjetivados  y  objetivados.  Por  los  primeros se entiende el dolor,  sufrimiento,  tristeza, angustia, miedo originados por el daño en la psiquis de  la  víctima  y  por  los  segundos,  las  repercusiones  económicas  que tales  sentimientos  puedan  generarle. Esta última clase perjuicio y su cuantía debe  probarse  por parte de quien lo aduce. En tal sentido, su tratamiento probatorio  es  similar  al de los perjuicios materiales, tal como fue expuesto por la Corte  Constitucional en la sentencia C-916 de 2002.   

117  En  este  sentido  fallo del Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección A,  del 9 de marzo de 2011. Rad. 17175.   

118  Sentencia C-916 de 2002, antes citada.   

119  En  este  sentido se pronunció la Corte Constitucional en la sentencia C-916 de  2002  al  sentar  las siguientes subreglas sobre la indemnización de perjuicios  en  materia  penal:  “De las características de la  regulación  de  la indemnización de perjuicios que establecen las leyes 599 de  2000  y  600  de  2000,  sobresalen tres elementos relevantes para efectos de la  determinación  de la indemnización de perjuicios dentro del proceso penal: (i)  la  indemnización  integral  de  los daños ocasionados por la conducta punible  incluye  tanto  los  daños  materiales  como  los  morales,  como quiera que el  objetivo  de  la  reparación es que, cuando no es posible que las cosas vuelvan  al  estado  anterior  a  la ocurrencia del delito, se compense a las víctimas y  perjudicados  por  los daños sufridos;  (ii) la liquidación de los perjuicios  ocasionados  por  el  delito  se  debe  hacer de acuerdo con lo acreditado en el  proceso  penal,  como  quiera  que  la  acción  civil  dentro del proceso penal  depende  de  que  la  parte  civil  muestre  la  existencia  de  los daños cuya  reparación  reclama  y el monto al que ascienden; (iii) cuando no es posible la  valoración  de los perjuicios, se acude a criterios, tales como la magnitud del  daño  y  la  naturaleza  de  la  conducta, puesto que el legislador orientó la  discrecionalidad  del  juez  penal  frente  a  este tipo de daños, cuyo quantum  sólo   puede   ser   fijado   con   base   en  factores  subjetivos”.   

120  Corte Constitucional, sentencia C-202 del 8 de marzo de 2005.   

121  Cfr. Auto del 12 de mayo de 2009. Rad. No. 31150.   

122  Consejo  de Estado, fallos del 19 de julio de 2000, Rad. 11842; marzo 8 de 2007,  Rad. 15739.   

123  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Civil, sentencias del 5 de octubre de 2004,  Rad. 6975; 7 de octubre de 1999. Rad. 5002.   

124  Ver folio172 carpeta de Dalmiro Rafael Barrios Lobelo.   

125  Cfr. Sentencia del 27 de octubre de 2008. Rad. 25782.   

126  Para  esta  y  las  siguientes liquidaciones, debe entenderse que los perjuicios  morales  reconocidos  se refieren a los subjetivados en tanto los objetivados no  fueron   solicitados   por  los  representantes  de  la  víctimas  ni  aparecen  demostrados.   

127  Audiencia  de  incidente de reparación del 29 de abril de 2010, tercer archivo,  minuto 6:30.   

128  Corte Constitucional,  sentencia C-370 de mayo 18 de 2006.   

129  Consejo de Estado, sentencia del 13 de agosto de 2008. Rad. 17042.   

130  Consejo de Estado, sentencia de febrero 7 de 2002. Rad. 21266.   

131  Cfr. Sentencia C-916 de 2002.   

132  Corte  Suprema  de Justicia, Sala Civil, sentencia del 20 de enero de 2009. Rad.  0215.   

133  Consejo de Estado, sentencia de abril 23 de 2008. Rad. 17534.   

134  En  las  siguientes  providencias  la  Sala  ha tasado perjuicios de orden moral  subjetivo  o  revisado el punto en proceso de de casación: a) Rad. 10342 del 21  de  noviembre de 2002 los tasó en 70 S.M.M.L. en un homicidio agravado; b) Rad.  23687  del  26  de  enero  de  2006,  ratifica  los  24,3  S.M.M.L fijados en la  sentencia  en un caso de extorsión agravada; c) Rad. 23687 del 20 de septiembre  de  2006  por homicidio, ratifica la cifra de 61,2 S.M.M.L; d) Rad. 24985 del 21  de  marzo de 2007 por concurso acceso carnal violento, ratifica los 66.2 S.M.M.L  impuesto;  e)  Rad.  29186  del  23 de abril de 2008 por homicidio, confirma los  35.2  S.M.M.L;  f)  Rad.  27107  del  17  de  julio  de 2008, homicidio culposo,  ratifica  los  17.7  S.M.M.L  fijados  en  la sentencia; g) Rad. 28268 del 12 de  diciembre  de  2008,  lesiones, ratifica los 39.7 S.M.M.L fijados; h) Rad. 28085  del  4  de febrero de 2009, lesiones, ratifica 1 S.M.M.L como indemnización; i)  Rad.  32117  del  21  de  octubre  de  2009,  lesiones,  ratifica los 60 S.M.M.L  impuesto  en  la  sentencia;  j)  Rad.  32007  del  11  de  noviembre  de  2009,  responsabilidad  médica  homicidio, considera razonable los 312 S.M.M.L tasados  en  la sentencia; k) Rad. 30862 del 10 de marzo de 2010, responsabilidad médica  homicidio,  confirma  los 175 S.M.M.L fijados sentencia; l) Rad. 32503 del 21 de  abril de 2010 homicidio, confirma los 150 S.M.M.L impuestos.   

135  Corte  Suprema  de Justicia, Sala Civil, sentencia del 15 de abril de 2009. Rad.  10351.   

136  CD  Audiencia  de  incidente  de  reparación  del  29  de abril de 2010, tercer  archivo, minuto 7:20.   

137  Ver folio 125, carpeta 8 de la caja 1.   

138  Fol. 124, carpeta 8 de la caja 1.   

139  Fol.   78,   carpeta   de   documento   aportados   por   el   abogado  Leonardo  Vega.   

140  Fol. 47. carpeta 10 caja 1.   

141  Fol. 33, carpeta 10 de la caja 1.   

142  Fol.  135 a 139 de la carpeta documental aportada por el abogado Alcides Estrada  Contreras.   

143  Al  igual  que  en  los  anteriores eventos no se considerará la certificación  aportada  según  la  cual  devengaba  $600.000  mensuales  en  tanto  no  tiene  capacidad   de   demostrar  tal  hecho  porque  no  indica  el  soporte  de  tal  aseveración,  fue  suscrita  9  años  después  de  ocurrido  los  hechos y en  general, carece de soporte de la información allí plasmada.   

144  Fol. 131 y 134 de la carpeta 5 de la caja No. 1.   

145  La  certificación  aportada  según  la  cual  devengaba $800.000 mensuales, al  igual  que  en  los restantes eventos, no tiene la capacidad de probar tal hecho  como  quiera  que  en  ella  no  se  indica  el soporte de tal aseveración, fue  suscrita  9  años  después  de  ocurrido  los  hechos, los ingresos se apartan  sustancialmente  de  los percibidos para esa fecha por los trabajadores el campo  y en general, carece de cualquier soporte contable.   

146  Fol. 145 y 145 de la carpeta 6 de la caja No. 1.   

147  Fol.   28   de   la   carpeta   aportada   por   el   abogado   Martín  Estrada  Contreras.   

148  Al  igual que en los anteriores casos, la certificación del salario de $600.000  mensuales   no   ostenta   peso   suficiente   información  para  soportar  tal  aseveración  en tanto fue suscrita 9 años después de los hechos y en general,  carece de cualquier respaldo probatorio.   

149  Fol.s 145 y 145 de la carpeta 6 de la caja No. 1.   

150  Fol. 28, carpeta aportada por el abogado Martín Estrada Contreras.   

151  Fol. 90 de la carpeta 7 de la caja No. 1.   

152  Fol. 34 carpeta No. 4 de la caja 1.   

153  Las  certificaciones  aportadas  y  según  las cuales devengaban $1’200.000   Joaquín  Posso  Ortega  y  Alfredo  LUIS  y  $900.000 Joaquín Posso García no soportarán la liquidación  por    carecer    de    fundamento,    como    se    expuso   en   los   eventos  anteriores.   

154  Ver  escrito  de  incidente,  leído  en la sesión del 11 de mayo de 2010 de la  audiencia  de  incidente  de reparación, fol. 1 carpeta 1 Isla Múcura aportada  por el doctor Germán Cortés Huertas.   

155  Ver  fol.  445  de  la  documentación  aportada  por  el doctor Germán Cortés  Huertas.   

156  Ver fol. 358, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

157  Ver fol. 399, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

158  Ver fol. 444, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

159  Ver fol. 493, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

160  Ver fol. 523, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

161  Ver fol. 520, documentos aportados abogado Germán Cortés Huertas.   

162  Ver   folios   73   y  74  de  la  sentencia  de  primera  instancia  de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogota.   

163  Ver fol. 56, carpeta No. 293452, caja secuestro Isla Múcura.   

164  Las  sentencias  hasta  ahora emitidas por el Consejo de Estado sobre el tema de  indemnización  a  desplazados  son  las  siguientes: 15 de agosto de 2007. Rad.  2002-0004-01;  26  de  enero  de  2006. Rad. 2001-00213-01, ambas de la Sección  Tercera.   

165  En  tal  sentido,  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  T-1215  de 1997  señaló:  “No  existe  duda  sobre  la  violación  continua  de  los  derechos  de  las  personas obligadas a migrar de su lugar de  origen  y cuya circunstancia de vulnerabilidad e indefensión es manifiesta. Los  devastadores  y  trágicos  efectos  materiales  de  quienes  se  ven  obligados  intempestivamente  a  dejarlo  todo  con  el  único  fin  de proteger su vida e  integridad   personal,   van   acompañados   del   sentimiento   de   pérdida,  incertidumbre  y  frustración  que  conlleva el desarraigo de sus bienes, de su  tierra  y  de  su  entorno  natural,  pues,  de  alguna  manera,  impide que los  afectados  reconstruyan  en  el  corto plazo su vida familiar, social, cultural,  psicológica  y  económica”.  Así  mismo,  en  la  sentencia  T-721 de 2003 dijo: “También la Corte ha  destacado  que las heridas físicas y afectivas generadas por el desplazamiento,  comportan  traumas de toda índole de difícil recuperación, los que se agravan  al  tener  que  soportar las escasas o nulas posibilidades de acceder a una vida  digna,  que  les  ofrecen  las  ciudades,  que  los  albergan  en condiciones de  hacinamiento   e   indigencia.   Así   mismo,   habrá  de  señalarse  que  el  desplazamiento    –de  acuerdo  con  los  estudios  realizados  al  respecto- conlleva abruptos cambios  sicológicos  y  culturales  en  las mujeres, debido a que a éstas a menudo les  corresponde  asumir  solas la reconstrucción del hogar en todos los órdenes, y  ser  el  apoyo de los hombres enfermos e incapacitados, no pocas veces en razón  de  los  mismos  hechos  que  dieron  lugar  al desplazamiento, como también de  niños       y       ancianos,      atemorizados      e      inermes”.   

166  En  el  Diccionario  de  la  Lengua  Española  de  la  Real Academia Española,  Vigésima  Primera  Edición,  se  define  razonadamente  así:  “adv.   m.   Por   medio   de   razones/2.   ant.   Conforme   a  la  razón”.  Este adverbio se deriva del verbo razonar  cuyas   acepciones   incluyen,  según  el  mismo  diccionario:  “razonar.  …2.Hablar  dando razones para probar una cosa. …3.tr.  Tratándose  de  dictámenes,  cuentas,  etc.,  exponer,  aducir  las  razones o  documentos en que se apoyan….”.   

167  Fol. 2 carpeta del abogado Alcides Estrada Contreras.   

168  Agropecuaria Betania S.A. y Agroindustrias La Florida S.A..   

169  En  la  sentencia  de  noviembre 10 de 2004. Rad. 21726, la Sala expuso sobre la  materia:  “En torno a la temática planteada por el  recurrente,  la  Corte  tanto en vigencia del Decreto 2700 de 1991 como en la de  la   Ley  600  de  2000  tiene  definido,  por  mayoría,  que  la  prohibición  constitucional  y  legal de la no reformatio in pejus, es ajena a la obligación  civil   indemnizatoria”  En  igual  sentido  providencias  de septiembre 23 de  2003. Rad. 14003 y marzo 16 de 2005. Rad. 21595.   

170  Fol. 32 carpeta abogado Humberto Jaimes Arbeláez.   

171  Fol. 52 carpeta abogado Humberto Jaimes Arbeláez.   

172  Fol.  24 y 25 carpeta abogado Carrero López. La primera declaración jurada fue  rendida  el  24  de  junio  de  2009  en  la  Notaría  única de María La Baja  fijándose   los   perjuicios   en  $7’628.000.  La  segunda  se  vertió  ante el Juzgado 1 Promiscuo del  Circuito  de  Turbaco  el  29  de  abril  de  2010  y  en  ella se avaluaron los  perjuicios         en        $20’720.000,    sin    que    exista   ninguna   explicación   de   la  variación.   

173  Fol.  138  carpeta  abogado  Aza  Olarte,  allí  el señor Federico López Maza  avalúa  una  casa  de  material  en 12’     cuando     la    mayoría    lo    hace    en    4’ y no otorga elementos de juicio para  corroborar  el mayor valor. Igual situación se presenta con las 6 hectáreas de  cultivos  que  las  justiprecia  en $21’400.000,     cuando     el     promedio    arroja    18’.En  el  folio  61  el señor Carmelo  Fernández    Cañate   valora   la   casa   de   material   en   15’,  cifra alejada de los 4’  promedio. En el folio 34 la señora  Zulys   del   Carmen   Manotas  valora  los  arrendamientos  en  $13’400.000,   cifra   que  duplica  los  valores  indicados  por  otras  víctimas.  En  el folio 141 el señor Heriberto  Villarreal  Carmona  sobrevalora los rubros correspondientes a casa de bahareque  y hectárea de cultivo.   

174  Carpeta  doctora Gladys Robledo: fol. 30, Consuelo Idalies Maza valoró una casa  en  8’000.000 sin otorgar  mayores  detalles,  alejándose del promedio informado; fol. 56, el valor de los  arrendamientos  reportados  por  Tulio  Roberto Maza Julio supera ampliamente el  promedio;  fol.  34, el precio de la casa de Inelsa Cañate Villalba supera, sin  explicación,  el  informado  por la mayoría de víctimas; fol. 35, el canon de  arrendamiento  reportado  por  Inocencio López Cañate excede el promedio; fol.  41,  la  señora  Teresa  de  Jesús   Barraza  Luna  incluye la suma de 66  millones  de  pesos  por  22  hectáreas  de  tierra que dice fue despojada. Sin  embargo,  al  proceso no se aportó ninguna prueba de tal hecho y si así fuera,  lo  procedente  es  establecer en manos de quien se encuentra en la actualidad y  proceder  a  su  devolución.  Por ello no se reconoce este rubro; fol. 46 y 47,  para  el  caso  del  señor  Isidro  Maza  Cassiani  se aportaron dos juramentos  estimatorios,     uno     por    $49’933.000  y  otro  por  $10’000.000.   La  Corte  toma  el  más  bajo,  pues  no  hay  ninguna  explicación  para  tal  inconsistencia  tratándose  de la misma víctima, aún  más  cuando no se otorga ninguna explicación al respecto; fol. 54, en el grupo  familiar  del  señor  Manuel  del  Cristo  Contreras  varios de sus integrantes  presentaron  juramento  estimatorio  por  separado,  pero  no hay claridad si se  trata  de  idénticos  bienes  o  diferentes,  pues  conformaban  un  solo grupo  familiar para la época del desplazamiento.   

175  Fol.  73  carpeta  abogado Guillermo Nizo Caica. El valor dado por la víctima a  la  casa  de  material  excede  el  promedio  sin  argumentos adicionales que lo  justifiquen.   

176  Fol.  82  y 83. La suma referida por Digna Contrera López se sumó, debidamente  actualizada,  a  la  de  su  esposo  Federico López Vergara, por tratarse de un  mismo grupo familiar.   

177  Fol.  88.  El señor Francisco Rodríguez Maza incluye la suma de $8’736.000  como  gastos de transporte a  los  cultivos,  rubro  que  no corresponde al concepto de daño emergente y para  ser  considerado  como lucro cesante debió estar debidamente soportado. Como no  se  brindaron  argumentos al respecto, la Sala no cuenta con elementos de juicio  suficientes   para   analizar  el  punto,  razón  por  la  cual  tal  cifra  se  excluye.   

178  Fol.  89.  La  suma  de las cifras suministradas por la  señora Cañate no  corresponde   con  la  efectuada  en  el  juramento  estimatorio  y  los  rubros  mencionados  por  ingresos  dejados  de  percibir no corresponden al concepto de  daño emergente, razón por la cual no se incluye.    

179  Fol.  91.  El  valor de 7’  otorgado  por  Gabriel  Contreras  a  la casa de material se aleja del promedio,  razón  por  al cual se ajusta, ante la ausencia de elementos que justifiquen el  sobreprecio.   

180  Fol.  95  y  96.  Los  dos  miembros  del  núcleo familiar de Deison Rodríguez  Benavides  presentan  juramento  estimatorio;  sin  embargo  se  trata de bienes  similares  y pudiera tratarse de los mismos, con mayor razón cuando conformaban  una  unidad  familiar. Por ello, la Corte liquida con fundamento en el juramento  expuesto por quien encabeza el grupo.   

181  Fol.  98.  Esta  señora otorga valores para la casa de material -10’-  y  las  hectáreas  de  tierra sin  cultivar  que  no corresponden con lo indicado por la mayoría de las víctimas,  razón  por  al  cual  la  Corporación  acompasa las cifras a los promedios, en  tanto no se suministró ningún dato justificador del mayor precio.   

182  Fol.   100.   Sobrevaloró,  sin  justificación,  el  precio  de  la  hectárea  cultivada, motivo por el cual la Sala lo ajustó a los promedios.   

183  Fol.  111.  Sobrevaloró  el  precio de la tierra cultivada y la Sala ajusta tal  rubro  a  lo  indicado  por  la  mayoría,  por  las  consideraciones expuestas.   

184  Fol.  136. Valoró en 4 millones una casa en bahareque que la gran mayoría fija  en 2 millones.   

185  Fol.  149.  La  señora Zara Camacho estimó el precio de la casa de bahareque y  del cultivo por encima del promedio.    

186  Fol.  153.  La  suma  de  los  valores  suministrados  por doña Benancia López  ($3’608.000)    no  corresponde  con  la  consignada  en  el  juramento  estimatorio ($9’100.000),  razón  por  la  cual  se  corrigió y liquidó con base en la acertada.   

187  Fol.  121  Carpeta abogado Rivera Ballesteros. En este núcleo familiar también  presentó  juramento  estimatorio  Libardo López Vergara; sin embargo, se trata  de  dos  hermanos que para la época del desplazamiento vivían en la misma casa  con  la  señora  Pabla  Vergara  de  López, razón por la cual declaran bienes  similares.  Ante  la  falta  de  claridad  la  Corte solo liquida los perjuicios  declarados por este ciudadano.   

188  Fol.  109.  La  carpeta  Urbano  20  contiene la información relacionada con el  núcleo  familiar  del señor Julio César Maza Rodríguez. Allí reposan varias  declaraciones  de  éste  donde refiere que para el 11 de marzo de 2000 habitaba  la  casa  No.  21  de  Mampuján  con  sus  hijos Antonio LUIS, Tilson, Oswaldo,  Walfran  y  Dalmiro Maza Fernández. No obstante tratarse de un solo grupo, cada  uno  de ellos presenta una declaración coincidente en muchos de los rubros, sin  entregar  explicación  al  respecto. Por ello, la Corte solo tiene en cuenta el  juramento  estimatorio  del  señor  Julio  César Maza Rodríguez, cabeza de la  familia, con los ajustes referidos a los valores declarados.   

189  Fol.  133  carpeta  abogado Rivera Ballesteros. La Corporación ajustó el valor  de  la  casa  de material declarado en 12 millones, por fuera de los parámetros  indicados, sin otorgar justificación de ello.   

190  Fol.  130.  Como  no  se  indica  a  que  corresponde la cifra de $7’560.000   citada   en  el  juramento  estimatorio, se deduce del avalúo.   

191  Fol.  136-137.  Se  unifican  los rubros indicados por esta víctima con los del  señor  Guillermo  Cañate  López,  por  pertenecer  el  mismo  clan familiar e  indicar   elementos   comunes,   sin   explicar   las   razones   de   la  doble  declaración.   

192  Fol.  135.  Se  ajusta  el  valor  indicado  por las casas, en tanto excede en 9  millones el promedio y no se otorgan razones que lo justifiquen.   

193  Fol.   129.  Se  ajusta  el  valor  de  la  casa  de  material  reportado  en  7  millones.   

194  Fol.  139. Se suman los valores asignados por la víctima a sus bienes arrojando  un guarismo diferente al consignado en el juramento estimatorio.   

195  Fol.  23.  Se excluye la cifra de 3 millones por cuanto no se indica a qué bien  o concepto corresponde.   

196  Fol.  167.  Carpeta abogado Carmelo Vergara. Se modificó el valor de la casa de  material por estar alejado del promedio sin explicación.   

197  Fol.  319  Carpeta  abogado  Carmelo  Vergara.  Se  fijó  un valor global de 20  millones  que  no  se acompasa con los bienes enumerados, razón por la Sala los  valoró conforme a los valores promedio indicados.   

198  Fol.  215. Sobrevaloró sustancialmente el valor de las 3 hectáreas cultivadas.  Por  ello,  se  adecuó  a  los  criterios  expuestos  en  esta  determinación.   

199  Fol.  240  y  241.  Se presentan dos juramentos estimatorios contradictorios por  contener   valores  diversos.  Se  acoge  el  presentando  ante  la  Defensoría  Pública.   

200  Fol.  63.  Se  reduce el valor reportado de una hectárea de tierra (3 millones)  por  cuanto  se  manifiesta  que  no  estaba  cultivada  sino  prepara,  lo cual  disminuye  su  valor  según  lo  manifestado  por  la mayoría de las víctimas  (500.000).   

201  Fol.  69. Se reduce el mayor valor reportado en relación a la casa de bahareque  y al cultivo.   

202  Fol.   312.   Se   reduce   el   mayor   valor   reportado   en   relación   al  arrendamiento.   

203  Fol.  88.  Se  ajusta  el  valor  de la casa de material por exceder el promedio  reportado.   

204  Fol. 14 capeta 47 San Cayetano.   

205  Fol. 17 carpeta 48 San Cayetano.   

206  Fol.18 carpeta 48 San Cayetano.   

207  Fol. 10 carpeta 109 San Cayetano.   

208  Fol. 86 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

209  Fol. 87 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

210  Fol. 90 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

211  Fol. 13 carpeta 21 San Cayetano.   

212  Fol. 99 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

213  Fol. 100 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

214  Fol.15 carpeta 29 San Cayetano.   

215  Fol. 12 carpeta 29 San Cayetano.   

216  Fol. 104 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

217  Fol. 105 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

218  Fol.15 carpeta 35 San Cayetano.   

219  Fol. 15 carpeta 43 San Cayetano.   

220  Fol. 13 carpeta 43 San Cayetano.   

221  Fol. 14 carpeta 43 San Cayetano.   

222  Fol. 112 carpeta abogada Yudy Castillo Africano.   

223  Fol. 36 carpeta abogado Edilberto Carrero López.   

224  Fol. 41 carpeta abogado Edilberto Carrero López.   

225  Fol. 42 carpeta abogado Edilberto Carrero López.   

226  Fol. 43 carpeta abogado Fernando Aza.   

227  Fol. 94 carpeta abogado Fernando Aza.   

228  Fol. 110 carpeta abogado Guillermo Nizo.   

229  Fol. 132 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

230  Fol. 133 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

231  Fol. 131carpeta abogado Carmelo Vergara Niño   

232  Fol. 154 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

233  Fol. 155 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

234  Fol. 153 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

235  Fol. 183 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

236  Fol. 197 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño.   

237  Fol. 276 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño   

238  Fol. 277 carpeta abogado Carmelo Vergara Niño   

239  Fol. 288 carpeta abogado Carmelo Vergara.   

240  Carpeta 17 Urbano Mampuján.   

241  Carpeta 50 San Cayetano.   

242  Ver carpeta No. 9 de San Cayetano.   

243  Fol.  19 carpeta 22 San Cayetano. Bajo la gravedad de juramento el señor Manuel  de  Jesús  Púas  Martínez  expresó:  “Me  tocó  desplazarme  a mi solo, pues yo tenía mi trabajo allá en la vereda Casinguí y  mi      familia      estaba      acá      en      San      Cayetano”.   

244  Fol.  14  carpeta  101  San  Cayetano.  Bajo  la gravedad de juramento el señor  Esteban  Romero Yepes expresó: “vivía solo, ya que  hera (sic) soltero.”   

245  Fol. 12 carpeta 23 San Cayetano.   

246  Fol.  43  carpeta  96  San  Cayetano. Según encuesta rendida por Néstor Rodelo  Aparicio  su  progenitora  María  Antonia Aparicio Padilla falleció en el año  2003 y no cuenta con SIPOD.   

247  Folios  34  y  59 carpeta No. 1 San Cayetano. Según encuesta rendida por Josefa  del   Carmen   Carmona   Polo   su   esposo  falleció  el  1  de  diciembre  de  2009.   

248  Fol.  7  carpeta Urbano 35 Mampuján. El señor José López Mejía declara bajo  juramento  que su esposa Teodora Maza Polo falleció el 12 de enero de 2006 y su  suegra  Juan  Polo  López  el  8  de  marzo  de  2007.  Si bien la prueba de la  defunción  la  constituye  el  registrote  defunción, lo cierto es que en este  proceso  nunca  se acreditó la existencia de estas personas, pues no se aportó  su  registro civil, ni declaraciones suyas; simplemente fueron mencionada por el  señor  Polo,  quien,  posteriormente, refirió su muerte, razón por la cual es  viable   excluirlas   del   reconocimiento   de   indemnización,  en  tanto  la  reclamación no fue presentada adecuadamente.   

249  Fol.  45  carpeta  37  Urbano Mampuján, el señor Adal Villareal López declara  que su esposa falleció el 23 de marzo de 2008.   

250  Fol.  139  carpeta  abogado  Carmelo  Vergara  Niño,  reposa  el certificado de  defunción.   

251  Fol.    122    carpeta   No.   8   del   homicidio   de   Alexis   José   Rojas  Cantillo.   

252  Fol.  8  al  10  de  la  carpeta  desplazamiento  Wilson Seguane aportada por el  abogado Leonardo Vega.   

253  Fo. 124 carpeta homicidio Alexis José Rojas Cantillo.   

254  Documentos  anexos  en  los  folios 21 a 24 carpeta homicidio Alexis José Rojas  Cantillo.   

255  Folio 39 carpeta abogado Fernando Aza.   

256  El   artículo   27   del   Decreto   1290  de  2008,  señala:  “Si   con   posterioridad   al   reconocimiento  de  la  reparación  administrativa  se  demostrare que la persona no tenía la calidad de víctima o  de  beneficiario,  o lo hubiere acreditado de manera engañosa o fraudulenta, el  Comité   de  Reparaciones  Administrativas  revocará  las  medidas  otorgadas,  solicitará  el reintegro de los recursos que hubiere reconocido y entregado por  ese   concepto   y   compulsará  copias  a  la  autoridad  competente  para  la  investigación a que haya lugar”.   

257  Cfr.  Consejo  de  Estado,  Sección  Tercera,  Sentencia del 15 de diciembre de  2005.  Exp. 12158; Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, Sentencia  del  10 de febrero de 1998. Rad. 12286; Sentencia del 11 de agosto de 2004. Rad.  20139   y   sentencia   del   23   de   febrero   de  2005.  Rad.  17722,  entre  otras.   

258  Sentencia del 9 de agosto de 2009. Rad. 4897.   

259  Sentencia del 1º de septiembre de 2004. Rad. 19865.   

260  CIDH,   Sent.  18/09/03,  Caso  Bulacio  contra  Argentina.  La  cita  56  dice:  “Cfr.,  Caso Castillo    Páez,    Reparaciones,   supra   nota   26,       párr.       74”.   

261  Fol. 114 Carpeta Dr. Miguel Ángel Ramírez Gaitán.   

262  Auto del 4 de marzo de 2009. Rad. 28156   

263  Sentencia del 11 de septiembre de 2009. Rad. 20139.   

264  Cfr.  Incidente de reparación integral, sesión del 7 de marzo de 2010, archivo  4, min. 11:45.   

265  Cfr. Fol. 12 carpeta del incidente.   

266  Fol. 26 carpeta del incidente.   

267  Fol. 24 ídem.   

268  Recomendación  de  criterios de reparación y de proporcionalidad restaurativa.  Comisión  Nacional  de  Reparación  y  Reconciliación.  Abril  de 2007.    

269   Informe  sobre  la   situación  de  desmovilización,  desarme  y  reintegración  (DDR),  comunidades  de  Mampuján  y  San Cayetano,  Comisión  Nacional de Reparación y Reconciliación, Cartagena, junio de 2010 y  Proyecto   Piloto   de  Restitución  de  Tierras  del  municipio  de  Mampuján  PSPJK-825-2009-DDR-240.      

270  Sesiones del 28 y 29 de abril de 2010.    

271  BERISTAIN,  Carlos  Martín.  “Diálogos sobre la reparación. Experiencias en  el   Sistema   Interamericano   de   Derechos  Humanos”,  Tomo  II.  Instituto  Interamericano   de   Derechos   Humanos.  San  José,  C.R.:  IIDH,  2008,  pg.  527.   

272  UPRIMNY,  Rodrigo  y  SAFFON,  María  Paula.  Plan  Nacional  de  Desarrollo  y  reparaciones.   Propuesta   de  un  programa  nacional  masivo  de  reparaciones  administrativas  para  las  víctimas  de  crímenes  atroces  en  el  marco del  conflicto  armado.  Comisión  de  Seguimiento  a  la  Política  Pública sobre  Desplazamiento Forzado. Corporación Dejusticia, Bogotá, 2007.   

273  Tareas  pendientes.  Propuestas  para la formulación de políticas públicas de  reparación  en  Colombia.  Centro  Internacional  para la Justicia Transicional  ICTJ. 2010. pg. 230.   

274  Documento en cita, pg. 9.   

275  Apartados 387 a 402 de la sentencia.   

276  Comunicación del 28 de mayo de 2010, fol. 507.    

277  Documento en cita, pg. 9.   

278  Así  también  se  establece  en el artículo 103 del texto aprobado en sesión  plenaria  de  la Cámara al proyecto de ley 107/10, acumulado con el proyecto de  ley   85/10    “Por   la   cual   se   dictan  disposiciones  de  justicia  transicional  que  garanticen  verdad,  justicia  y  reparación  a  las  víctimas de desmovilizados de grupos organizados al margen  de   la   ley,   se   conceden   beneficios   jurídicos   y   se  dictan  otras  disposiciones”.   

279  Audiencia   incidente   de  reparación  del  29/04/10,  primera  sesión,  min.  2:26:00   

280  Cfr. Auto del 21 de septiembre de 2009. Rad. 32022   

281  URIBE  DE  HINCAPIE  María  Teresa.  Esclarecimiento  histórico  y  verdad  jurídica:  notas  introductorias  sobre  los  usos de la  verdad.   En   Justicia  transicional  y  praxis.  Editorial  Universidad  del  Rosario. Bogotá. 2006. Pg. 327.   

282  Texto  propuesto  para  primer debate al proyecto de ley 107 de 2010 por la cual  se  dictan  medidas  de  atención  y  reparación  integral  a las víctimas de  violaciones  a  los  derechos  humanos  e  infracciones al derecho internacional  humanitario    acumulado    proyecto    de    ley    no.    85/10   –  Cámara,  por la cual se establecen  normas transicionales para la restitución de tierras”.   

283  Proyecto  de  Ley  Número  149  de  2010  –  Cámara,  202  de  2010  –  Senado  “Por  la  cual  se dictan disposiciones de justicia  transicional  que  garanticen  verdad, justicia y reparación a las víctimas de  desmovilizados   de  grupos  organizados  al  margen  de  la  ley,  se  conceden  beneficios    jurídicos    y    se   dictan   otras   disposiciones”.   

284  Carpeta No. 90 urbano Mampujan.   

285  Ver fol. 99 carpeta abogado Fernando Rivera Ballesteros.   

286  Ver fol. 6, 16 y 24 carpeta abogado Fernando Rivera Ballesteros.   

287  Cfr. Folios 79 y ss cuaderno de segunda instancia.   

288  Cfr. Auto del 3 de abril de 2005. Rad. 17089.   

289  Cfr. Auto del 9 de marzo de 2009. Rad. 31048.   

290  Cfr. Auto del 9 de febrero de 2009. Rad. 30955.   

291  Cfr. Sentencias C-037 de 1996, SU-047 de 1999 y C-836 de 2001.   

292  De  acuerdo  con  este  principio,  en  caso  de conflicto entre una norma   interna  y  una  de derecho internacional, se aplica aquella que regula en forma  más favorable los derechos humanos.   

293  Cfr. Auto del 11 de julio de 2007. Rad 26945.   

294  Artículo  43.  El Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía General de  la  Nación  (CTI)  destinará,  de  su  planta  actual  de personal, a un grupo  especializado  de  sus  agentes  para  desarrollar labores de identificación de  bienes  y  activos  que hayan ocultado las personas sindicadas de menoscabar los  derechos  de  las  víctimas  de  las  que trata la presente ley. A los Fiscales  instructores  y  los  jueces  de  conocimiento les será entregada, en cualquier  etapa  procesal,  la  información  que  resulte  de  los  hallazgos que en esta  materia  desarrolle  el  CTI, a fin de que puedan contar con ella en el trámite  de  la  investigación y el juicio, caso en el cual, el Juez de conocimiento, de  oficio    o   a   petición   de   la   Fiscalía,   podrá   decretar   medidas  cautelares.   

295  Oficio  8751  de  lo de junio de 2010, fiscalía 34 Delegada; oficio 8268 de 1º  de  junio  de  2010,  fiscalía  5ª Especializada; Oficio 8861 de 2 de junio de  2010,  fiscal  38  especializado;  oficio  8883  del  2  de  junio, fiscalía 36  especializada;  oficio 8726 de 2 de junio de 2010, fiscalía 26 Delegada; oficio  8401  de 2 de junio de 2010, fiscalía 13 Delegada; oficio 8728 de 2 de junio de  2010,  fiscalía 18 Delegada especializada; oficio 9024 de 3 de junio, fiscalía  25  especializada;  oficio 9172 de 9 de junio de 2010, fiscalía 11 de la unidad  para  la extinción del derecho de dominio; oficio 8781 de 9 de junio, fiscalía  2ª   especializada;   oficio   1866   de10  de  junio  de  2010,  fiscalía  33  especializada.   

296  Audiencia de sustentación del 9 de septiembre de 2010, Min.31:41.   

297  Auto del 15 de septiembre de 2010. Rad. 34740.   

298  Ver,  entre  otras, las sentencias  C-648 de 2001, y C-154  de 2004   

299 Sentencia T-148 de 2010     

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