33145(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  382          

Bogotá,     D.    C.,    diecisiete   de   octubre  de  dos  mil  doce.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de     la     demanda     de     casación     presentada    por    el  defensor  del  acusado VÍCTOR SEGUNDO GARCÍA ORTIZ.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,    ocurrida    en    Santa  Marta,  fue    reseñada    por    el   Tribunal de la manera siguiente:   

“Los hechos que  dieron  origen  a  la presente actuación surgen del procedimiento realizado por  la  Policía Nacional el 20 de abril de 2009, a las 23:00 horas aproximadamente,  cuando  de  la Central de Comunicaciones de la Policía Nacional, reportaron que  entre  la  calle  7  con carrera 15, se movilizaban en una moto roja dos sujetos  que  vestían  suéter  con  jean  y  casco  cerrado  en actitud sospechosa y al  acercarse  los  policías  al  lugar,  concretamente a la calle 7 con carrera 16  esquina    en    el   local   comercial   de   comidas   rápidas   ‘Donde       Pacheco’,  un taxista les informa  que a  dicho   establecimiento   comercial   ingresaron  dos  sujetos  con  las  mismas  características  y  que  habían  dejado la motocicleta parqueada marca Auteco,  color  rojo, placas IXR-84B, por lo que procedieron a verificar y observaron las  luces prendidas y las esteras cerradas.   

“Agrega  que  del  lugar  emprendieron  la  huída  dos  sujetos  y  de inmediato salieron los señores Alain Toro Acevedo y  Yainer    Domínguez,    gritando    ‘esos      sujetos     nos     acaban     de     atracar’,  por lo que de inmediato se inició  la  persecución  y  sin  perderlos de vista les gritaron para que detuvieran la  huída,  pero  hicieron  caso  omiso,  respondiendo  con  disparos,  por  lo que  también  dispararon  y uno de los sujetos de mediana estatura y grueso se cayó  y  se  golpeó  con  el  pavimento, ocasionándose una herida abierta en la ceja  derecha  y  fue  cuando  se  trató  de  capturar  pero el otro sujeto empezó a  disparar;  con  apoyo  de  otros policías fueron seguidos y pudieron ver que el  primer  sujeto  que  se  causó la herida se subió al techo de una casa ubicada  entre  la  calle  5  con  carrera  15  mientras que el otro sujeto se perdió de  vista.   

“Los  agentes  que  se  encargaban  de  la  persecución  observaron  que  el  sujeto  ingresó en el patio de la casa de la  siguiente  dirección:  carrera  14  No.  4-55  barrio  20  de  julio  y  con la  autorización  del  propietario  de  aquella ingresaron a la misma y en el patio  capturaron   el   sujeto   a   las   00:30   horas  del  día  21  de  abril  de  2009”.   

          

2.- El 21 de abril de 2009  la Fiscalía  presentó  el  caso ante el Juez Quinto Penal Municipal con funciones de control  de  garantías  de  Santa  Marta,  en  audiencia  preliminar de legalización de  captura,  formulación de la imputación en contra del indiciado VÍCTOR SEGUNDO  GARCÍA  ORTIZ  y  solicitud  de  medida  de  aseguramiento.  La  imputación se  efectuó  por el delito de hurto calificado y agravado, descrito y sancionado en  los  artículos  240  y  241  numerales  10  y  11,  del  Código  Penal, con la  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad definida por el artículo 50.10  ejusdem,  cuyos  cargos fueron aceptados por el implicado con la asistencia y en  presencia  de  su defensor. El juez verificó la legalidad de las actuaciones de  la  fiscalía  y que el imputado aceptó los cargos de manera libre, consciente,  voluntaria,  sin  presión ni apremio de ninguna índole, debidamente informado,  asesorado  por  su  defensor,  y sin que se advirtiera la violación de sus  derechos  fundamentales,  después  de  lo  cual  dictó medida de aseguramiento  consistente en detención preventiva.   

3.-  En  cumplimiento  de  lo dispuesto en el  artículo  293 de estatuto procesal penal (Ley 906 de 2004), el caso fue llevado  ante  el Juez de conocimiento (Séptimo Penal del Circuito de Santa Marta), para  la  individualización  de  la  pena  y  el  proferimiento  de  la sentencia. En  audiencia  celebrada  el  4  de  junio  de  2009,  dicha  autoridad, después de  verificar  que  el  allanamiento  de  los  cargos  endilgados  por  la Fiscalía  obedeció  a  una  decisión  informada,  consciente,  libre  y  espontánea del  imputado,  bajo  el  asesoramiento  de  la  defensa,   decidió  aprobar el  allanamiento  a  los  cargos  realizado por el imputado, e informó que el fallo  sería condenatorio.    

4.-  El  1º  de  julio  de  2009, el Juzgado  condenó  a  VÍCTOR SEGUNDO GARCÍA ORTIZ, a la pena principal de 96 meses  y  5  días de prisión, al tiempo que no le concedió la prisión domiciliaria,  a  consecuencia  de  hallarlo  autor  penalmente responsable del delito de hurto  calificado  y  agravado  (definido  por  los  artículos  240  y 241 del Código  Penal).   

En  torno a la individualización de la pena,  el A quo  precisó lo siguiente:   

“El  hurto  calificado con violencia tiene  pena  de  8  a  16 años de prisión y si dicha conducta se comete por alguna de  las  circunstancias  descritas  por  el  artículo  241  del  Código  Penal, se  aumentará de la mitad a las ¾ partes.   

“Por su parte el Art. 60 del mismo estatuto  en  su  numeral  4º  prescribe: “Si la pena se aumenta en dos proporciones la  menor  se  aplicará  al mínimo y la mayor a máximo de la infracción básica.  La  infracción  básica  corresponde  de  (8) a (16) años, el Art. 241 ibídem  establece  que  la  pena se aumentará como se dijo de la mitad a las ¾ partes,  por  ende  la  ½  se  aplicará  a la de (8) años y las ¾ partes a la de (16)  años,  lo que arroja como resultado un quantum punitivo de (12) a (28) años de  prisión.   

“Dentro  del proceso de individualización  de  la  pena,  una vez establecido los límites mínimos y máximo de la pena se  procede  con  la  determinación  de  los  cuartos  de  movilidad  punitivos. Al  efectuarse  las  operaciones  aritméticas  de  rigor,  resultan  los siguientes  márgenes:   

C.   Mínimo             

2ºC.  medio             

3º     C.  Medio             

C. máximo  

144-192             

193-240             

241-288             

289-336  

      

“Teniendo  en  cuenta  que  el sentenciado  tiene  antecedentes  penales  por  Porte  ilegal de Arma, este despacho opta por  moverse  dentro  del  2/4  de  movilidad  punitiva  que va de 193 s 240 meses de  prisión.   

“Frente  a la intensidad del dolo aplicado  en  la  comisión del delito, donde se aprecia la concertación dos (2) personas  para  cometer  el  Hurto,  y  entrar  a  despojar a las víctimas de sus objetos  personales,  se  tendrá  en  cuenta  la  función  de la pena consistente en la  prevención  general  y  retribución  justa,  dado  que por medio de la pena se  busca  que  entre  la colectividad se cree una expectativa cierta de seguridad y  eficacia en la administración de justicia.   

“Este  despacho  considera  que  la pena a  imponer  será  de  ciento noventa y tres (193) meses de prisión. En virtud del  allanamiento  del  sentenciado  se  reducirá  ésta  en  un  50% lo que da como  resultado  una  pena definitiva de noventa y seis (96) meses con 5 días, que en  término de años ocho años y cinco días” (sic).   

5.- Contra este fallo la defensa recurrió en  apelación,   para  manifestar  que  su  representado  no  contó  con  adecuada  asesoría  profesional  en  la audiencia preliminar y que no es posible proferir  decisión  de  condena  por  cuanto  en  la  actuación  no  obra  la  evidencia  indicativa  de  que  el  implicado sea uno de los autores del atentado criminal,  pero  el  Tribunal,  mediante  el  suyo  de  11  de agosto de 2009, que ahora la  defensa  impugna  en  casación, no accedió a las pretensiones del recurrente y  lo confirmó en lo que fue materia de la alzada interpuesta.   

6.- Contra la sentencia de segunda instancia,  este  mismo sujeto procesal  oportunamente   interpuso   recurso   extraordinario   de  casación,   mediante  la  presentación  de  la  correspondiente   demanda   sobre   cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la   Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  un     cargo  postula  el  recurrente  contra  la  sentencia del Tribunal.   

Con apoyo en la causal primera de casación,  denuncia  que en      la     sentencia  proferida por el Tribunal se incurrió  en   interpretación   errónea   de   los   artículos   54   a  62,  55  y 58 del Código Penal, porque en  la  determinación  de la pena el sentenciador no se movió dentro de ámbito de  movilidad  que  corresponde  al  caso,  pues a pesar de que la pena se encuentra  dentro  del  marco punitivo consagrado para el tipo penal en cuestión, ésta es  ilegal  porque la discrecionalidad a la luz de la Ley 599 de 2000, está reglada  en términos de medición cuantitativa.   

A    continuación   refiere  que en la primera oportunidad su asistido se allanó a los cargos  que  le  fueron imputados, facilitando de esta manera el trabajo de la justicia,  para   sostener  que  “el  juez  de  primera  instancia,  en  decisión  confirmada  por el juez de segunda  instancia  en  la dosificación punitiva y para individualizar la pena se ubicó  directamente  en  el  segundo  cuarto medio, (193 a 240 meses) lo cual es ilegal  porque  la  ley  no prevé la posibilidad de ubicarse directamente en el segundo  cuarto    medio,   porque   este   no   conforma   un   ámbito   de   movilidad  independiente”.   

Estima  que  “al  deducir  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  se  debió  ubicar  en  el  primer ámbito de movilidad, pues ese era el ámbito que  correspondía  una  vez  aducida  la  concurrencia  de circunstancias de menor y  mayor punibilidad”.   

En  su criterio lo  primero  que  debe  hacer  el  juez  es  fijar  lo  límites máximos de la pena  establecidos  en  el  tipo  penal, por lo que se procede a relacionarlos con las  circunstancias  modificadoras de la punibilidad concurrentes, que se aplican con  base en las reglas del artículo 60 del Código Penal.   

Advierte   que   después  se  procede  a  establecer  el  ámbito  punitivo   de movilidad, dividiéndolo en cuartos,  con  base  en  los  fundamentos  no  modificadores de los extremos punitivos, es  decir  las  circunstancias  de  menor  y  mayor  punibilidad establecidas en los  artículos 55 y 58 del Código Penal.   

En       este       evento,  dice,  el  juzgador hizo caso  omiso     de     las     aludidas    disposiciones,  y  dejó de considerar que el allanamiento a cargos  fue  determinante  de  la  condena  a  más de haber  facilitado las investigaciones.   

Considera      que     “de  haber  tenido  en cuenta este aspecto, al haber aplicado la  reducción  de  pena  por  allanamiento  y dosificado la pena principal en forma  justa   y  correcta,  la  pena  hubiera  sido  máximo de 6 años de prisión. De igual manera se hizo  caso  omiso de la personalidad del procesado, de la naturaleza y modalidades del  hecho  punible,  que  en equitativo análisis de fondo conducen a la conclusión  equitativa  de  una  menor  pena  a  lo  cual  se  suma  su  condición de padre  proveedor”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar   parcialmente   el  fallo  impugnado,  a  fin  de modificarlo reduciendo  la  pena  impuesta  al  procesado.      

   

              

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la    Corte1,  en  esta  ocasión resulta pertinente reiterar que la casación  no  es  instancia  adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha  sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita la continuación del debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en un proceso ya culminado, sino que, por  su  propia naturaleza corresponde a una sede única que parte del supuesto de la  terminación  del  juicio  con  el  proferimiento  de  la  sentencia  de segunda  instancia  y,  además,  que ésta no solamente es acertada sino legal, por  ajustarse  en  un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación compete al  demandante.   

De  conformidad  con  la ley de rito, dicho  propósito  sólo  puede  lograrse  mediante  la  presentación  de  una demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la  sentencia recurrida, se acrediten la  legitimidad  y  el interés para recurrir, se expresen con claridad y precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la pretensión, y se demuestre la  objetiva   configuración   de   uno  o  varios  de  los  motivos  de  casación  taxativamente previstos por el Código de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  “cuando    afectan    derechos    o   garantías  fundamentales”  y  que  en  la  demanda  se  debe  señalar  “de manera precisa y concisa” las causales invocadas y sus fundamentos.   

En esta oportunidad  debe insistirse en  recalcar  que  en  el  sistema  procesal  de  que trata la Ley 906 de 2004 no se  libera  al demandante del deber de cumplir con unos mínimos requisitos de forma  y  contenido  que  le  permitan superar el necesario juicio de admisibilidad que  por  ley  compete  realizar  a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del  mencionado  estatuto la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en  las  cuales  se  establezca que el impugnante carece de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  por  el original artículo 183 de la Ley 906 de 2004 (esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20102),   se destaca que el censor tiene el deber de interponer el  recurso  dentro  de  la  oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es dentro del  término  común  de  los  60  días siguientes a la última notificación de la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal,  y  la carga de  acreditar   la  existencia  de  interés  para  acudir  a  sede  extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber señalar,  además,   con   absoluta   precisión  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En  dicho sentido la Sala tiene establecido  que:   

“La  debida  sustentación  del  cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras exigencias, desarrollarlo en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte  que  la demanda se baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  según  el  caso,  y  hacerlo  de manera clara y precisa, en  términos  tales  que  el  alcance de la impugnación surja nítido, para que el  juez   de   casación   pueda   dar   a   los   reproches   planteados  adecuada  respuesta.   

“También  es  exigencia  indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse   adecuadamente   presentada  y  debidamente  sustentada  (idoneidad  formal),  debe  ser fundada  (idoneidad  sustancial),  es  decir,  estar  razonablemente  llamada  a  propiciar la infirmación total o  parcial  de  la  sentencia, o un pronunciamiento unificador de la Corte sobre el  tema debatido.   

“A  esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el  contenido del artículo 184 ejusdem, donde se incluye como causal  de  no selección de la demanda de casación, el que se advierta fundadamente de  su  contexto  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180)3.   

2.- En todo caso,  la  adecuada  sustentación  del  recurso,  sin  la cual no es posible acceder a  éste,  “exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien  de  juicio (in iudicando) o de actividad (in procedendo), para cuyo efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se cometió, sino que es  necesario  precisar  en qué consistió, qué repercusiones o implicaciones tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de  ella  para  la  parte  impugnante,  y  por  qué la intervención de la Corte es  necesaria   para   el   cumplimiento   de   los  fines  del  recurso”4.     

3.-    La    Corte    ha  precisado,  asimismo,  que  la  existencia  o  inexistencia  de  interés  para  recurrir,  aspecto  que importa destacar en el presente caso, se  vincula  con  el  concepto de agravio. Si la parte procesal ha sufrido perjuicio  con  la  decisión,  porque  es en todo o parte desfavorable a sus pretensiones,  tendrá  en  principio  derecho  para impugnar, y por el contrario, si no recibe  perjuicio  con  la  decisión,  por  ser  en  todo favorable a sus pretensiones,  carecerá  de  interés  para demandar su revisión5.   

4.-    En  aplicación  de  estas  directrices,  la  doctrina y la jurisprudencia penal han  entendido  que  el sujeto procesal carece de interés para recurrir en casación  cuando  la  sentencia  impugnada  satisface integralmente sus pretensiones, bien  porque  acoge  sus  posturas  defensivas, o porque se  dicta  en  total correspondencia con los acuerdos que ha realizado dentro de los  marcos  de  la  justicia  consensuada, y que tampoco  tiene   interés  para  hacerlo  cuando  siendo  la  decisión  desfavorable  es  consentida        por       el       afectado6.   

Por   esto   tiene  establecido  que  la  limitación  al  derecho a controvertir los aspectos aceptados o concertados con  la  Fiscalía, se erige en  garantía  de seriedad del acto consensual y expresión del deber de lealtad que  debe  guiar  las  actuaciones de quienes intervienen en el proceso penal, única  manera  de  que  el  sistema  pueda  ser  operable,  pues  de  permitirse que el  implicado  continúe  discutiendo  ad  infinitum  su  responsabilidad  penal, no  obstante  haber  aceptado los cargos imputados, el propósito político criminal  que   justifica  el  sistema de lograr una rápida y eficaz administración  de  justicia a través de los acuerdos, y de obtener ahorros en las funciones de  investigación    y    juzgamiento,   se   tornaría   irrealizable.     

La  Corte ha indicado que la limitación a  la  posibilidad  de  discutir o controvertir los términos de las aceptaciones o  acuerdos,  ha  sido  normativamente  regulada  por la ley a través de lo que la  doctrina   y   la   jurisprudencia   han    denominado    principio    de    irretractabilidad7,   que  comporta,   precisamente,   la  prohibición  de   desconocer  el  convenio  realizado,  ya  en  forma directa, como cuando se hace expresa manifestación de  deshacer  el  convenio,  o  de  manera   indirecta, como cuando a futuro se  discuten expresa o veladamente sus términos.    

      

En   este   sentido,  la  jurisprudencia  constitucional  ha  establecido  que  “una  vez  realizada  la manifestación de voluntad por parte del   imputado,  en  forma  libre,  espontánea,  informada  y  con  la asistencia del  defensor,  de  modo  que  sean  visibles  su  seriedad y credibilidad, no sería  razonable  que el legislador permitiera que aquel se retractara de la misma, sin  justificación  válida  y  con  menoscabo  de  la  eficacia  del  procedimiento  aplicable   y,  más  ampliamente,  con  detrimento  de  la  administración  de  justicia”8.   

Cabe    advertir   que   la aceptación o el acuerdo no sólo es  vinculante  para la fiscalía y el implicado. También lo es para el juez, quien  debe  proceder a dictar la sentencia respectiva, de conformidad con lo convenido  por  las  partes,  a  menos  que  advierta  que el acto se encuentra afectado de  nulidad   por   vicios   del   consentimiento,   o   que   desconoce  garantías  fundamentales,  eventos  en  los  cuales debe anular el acto procesal respectivo  para  que  el  proceso  retome los cauces de la legalidad, bien dentro del marco  del   procedimiento   abreviado,   o   dentro  de  los  cauces  del  juzgamiento  ordinario.        

Y  si  bien es cierto que por estos mismos  motivos,   es  decir,  cuando  el  fallo  anticipado  se  produce  con  fundamento  en  una  aceptación  o  acuerdo  ilegal, o con  quebrantamiento  de  las garantías fundamentales, los sujetos procesales están  legitimados      para      pretender  su  invalidación  en  las  instancias  o en casación, también  resulta  claro  que  estas  nociones  difieren  sustancialmente  del concepto de  retractación,  que  implica,  como  se  ha  dejado  visto, deshacer el acuerdo,  arrepentirse   de   su  realización,  desconocer  lo  pactado,  cuestionar  sus  términos,  ejercicio  que  no  es  posible efectuar cuando su legalidad ha sido  verificada y la sentencia dictada.   

Esta situación no cambia con lo dispuesto  por  el  artículo  69 de la Ley 1453 de 2011, por medio de la cual se modificó  el  artículo  293  del  Código  de Procedimiento Penal,  pues,  acorde  con  el parágrafo de dicha disposición, si bien la retractación será válida  en   cualquier  momento,  resulta  lógico  sostener  que  ello  solo           es   posible  hasta  antes del proferimiento de la sentencia de  primera     instancia,     previa    la     demostración    ante  el juez de conocimiento que en el  allanamiento   a   cargos   o   la  aceptación  del  acuerdo  con  la    Fiscalía,    se   presentaron  vicios  en  el  consentimiento  o  la  violación de  garantías fundamentales.   

Con  posterioridad  a  la  emisión  de la  sentencia  de  primer  grado,  ya  no  podría  hablarse  de  retractación como  pareciera  colegirse  del  simple  tenor  literal de la disposición en comento,  sino  de ejercicio de los recursos con el fin de que se decrete la ineficacia de  lo  actuado,  por  haberse proferido en actuación viciada de nulidad por error,  fuerza  o  dolo  en  el  acuerdo o en el allanamiento  a cargos, o por la violación del debido proceso, el  derecho  de  defensa u otra garantía fundamental, en  razón  a  que  una  vez  dictada  la  providencia de  mérito    con    que    se   ponga   fin   a   la  instancia, ésta no puede  ser  modificada  por el mismo funcionario judicial que la produjo, salvo el caso  de  error aritmético o en el nombre de alguno de los  intervinientes,  omisión  sustancial  en  la  parte  resolutiva   o  de  pronunciamiento  sobre bienes; y  la ley no prevé  período  probatorio  alguno que posibilite demostrar  el   vicio  durante  el  trámite    del    recurso    de    apelación,    como   tampoco   en     el     extraordinario     de  casación9.   

Así  las  cosas,  ha de entenderse que el  parágrafo  a  que se alude en el artículo 69 de la Ley 1453 de 2011, lo único  que  hace  es  precisar  que  por  excepción,  una  vez aprobado por el juez de  conocimiento  el allanamiento a cargos o el acuerdo celebrado entre Fiscalía   e   imputado,   procederá   la  retractación   sólo   en   la   medida  que  el  interesado  acredite  que  su  determinación   estuvo  viciada  o  que  hubo  transgresión  de  sus  derechos  fundamentales,  lo  que podrá realizar únicamente a  partir  de  la  aprobación  del acuerdo   y   hasta  antes  de  dictarse  la  sentencia.  Es  decir, una vez iniciada la lectura  del fallo, la retractación no resulta procedente.     

5.- En     el     presente    evento,    lo    actuado    evidencia  que  el  imputado  VÍCTOR  SEGUNDO   GARCÍA  ORTIZ,  debidamente  informado  y  asistido   por   su   defensor,   aceptó  libre  y  voluntariamente  en  la  audiencia  preliminar  de  imputación, los  cargos que la Fiscalía le hizo por el delito de hurto  calificado  por  la violencia contra las personas, cometido  en    circunstancias    específicas    de    agravación   punitiva,  definidas por los artículos 240, 241 numerales 10 y 11, y a su  vez,  bajo la circunstancia de mayor punibilidad prevista por el artículo 58.10  del  Código  Penal,  y  los  incrementos  punitivos  establecidos   en   los   artículos   37  y 51 de  la Ley 1142 de 2007.   

Esto significa que conocía la realización  de    la  conducta típicamente antijurídica  que  le  fue  imputada,  que  admitía la responsabilidad por dicho delitos, que  aceptaba       que       se       le       condenara       por      el   mismo,  y  que renunciaba al  derecho  de  tener  un  juicio  público,  oral,  contradictorio,  concentrado e  imparcial;   también, a la garantía de no autoincriminarse, a la facultad  de  presentar  pruebas  en su favor y a controvertir las evidencias recaudadas y  las  que  eventualmente  el  órgano acusador pudiera allegar en su contra; así  como   a   discutir  el  fallo  en  relación  con  los  aspectos  unilateral  y  voluntariamente  admitidos,  es  decir,  su responsabilidad penal por los cargos  que  le  fueron imputados, a cambio de una sustancial  rebaja en la pena para el  caso  de  que el proceso  culminara  por  la  vía  ordinaria,  careciendo,  por  tanto,  de  interés jurídico para impugnar las  sentencias  por  estos motivos, pero manteniendo la posibilidad de controversia,  aunque  circunscrita  eso  sí, a las decisiones que tienen que ver con la pena,  la   forma   de   su   ejecución,   y   eventualmente,   la  indemnización  de  perjuicios,    aspectos    que    aquí   no   son  discutidos.      

7.- Cabe  advertir  que  en  este caso, cuando la defensa recurrió en  apelación    de   la  sentencia  de primera instancia, pretendió discutir la validez del allanamiento  y  la  responsabilidad  del  procesado,  para  demandar  la  revocatoria  de  la  decisión   proferida  por  el  a  quo  y    que    el   Tribunal             absolviera  a   su   asistido   de   los   cargos   que   le  fueron  formulados.   

Es   decir,  salvo  en lo relacionado con la nulidad, el defensor  recurrió      la     sentencia     por   aspectos   sobre   los   cuales  la    impugnación    no    resultaba   procedente  y   sin  manifestar  ninguna  inconformidad  en  lo      que      atañe      a      los            temas   que  ahora inopinadamente  postula  en  sede  de casación, lo que indica que el  Tribunal  no tuvo la necesidad ni la oportunidad jurídica de estudiar los temas  que  ahora  discute  ante  la  Corte,  con lo cual se  evidencia   la   falta   de   interés  para  la  interposición  de              la             casación,     por     no   unidad   temática   entre   la  apelación  y  el recurso extraordinario,   como   en   tal  sentido  ha  sido  repetidamente  sostenido  por  la  jurisprudencia  de  esta   Corte10.   

8.-  Pero  esta  falta  de  interés  para  recurrir  en  casación  no  es el único motivo por el cual la Corte habría de  inadmitir  la  demanda.  Sucede  también  que  la  demanda  es  sustancialmente  inidónea  para  desquiciar  el  andamiaje  fáctico  o  jurídico  del fallo de  segunda instancia.   

Como   ha   sido  advertido,  en  la  audiencia  de  formulación  de imputación al indiciado  GARCÍA   ORTIZ   se   le   atribuyó   la  realización  del  delito  de  hurto  calificado–agravado,  con  la  circunstancia  de  mayor punibilidad definida en el artículo 58.10 del  Código   Penal,   que   por  la  época  de  los  hechos  establecía  pena  de  prisión  entre doce (12) y veintiocho (28) años.   

Indica   esto   que   el   ámbito  de  movilidad  previsto en la  ley  es  de  16 años, que  al dividirlo en cuartos arroja el siguiente resultado:   

Primer     cuarto:     De  12 a 16  años.   

Cuartos  medios: De 16 años y 1 día a 24  años.   

Cuarto máximo: De 24 años y un día a 28  años.   

Mas  como  quiera  que  al  imputado se le  atribuyó  una  circunstancia  genérica  de agravación, de las previstas en el  artículo  58  de  la Ley 599 de 2004, respecto de la  cual  también  manifestó  su asentimiento, de conformidad con lo dispuesto por  el        artículo        61        ejusdem11        es  claro  que  para individualizar la  pena   el  juzgador  no  podía     ubicarse     en     el    ámbito  del  cuarto  mínimo. Tampoco  dentro    de    los   cuartos   medios,   toda   vez   que   para   el  caso  no  concurrían  circunstancias de atenuación, pues  se  estableció  que  la  existencia  de  antecedentes penales excluía la buena  conducta anterior.   

En  tales  condiciones,  el  a  quo debió  ubicarse  en  el  cuarto  máximo  y, una vez determinada la pena que habría de  corresponderle  al  acusado  si  el  proceso  hubiera  terminado  por los cauces  ordinarios,    proceder   a   reconocer  la  rebaja  establecida  para  cuando se presente allanamiento a  cargos   en   la  diligencia  de  formulación  de  imputación,  como  en  este  caso.    

De  haber  aplicado  este  procedimiento,  siguiendo  los  parámetros utilizados por la primera instancia, la pena sería,  en  principio  de  24  años  más  1  mes, que reducidos a la mitad, darían un  guarismo de 12 años más 15 días.   

Sin      embargo,     denotando    una   gran   benignidad  el  juzgador de primer grado, en postura avalada por  el  ad  quem,  quien no podía modificar la pena sin transgredir la prohibición  de  la  reforma en peor cuando el sentenciado es recurrente único, se  ubicó  en  el  ámbito de los cuartos medios, y al mínimo de  16 años, por virtud de la intensidad del dolo en la  realización  de  la conducta, le aumentó tan sólo 1 mes, para un total de 193  meses,  los  cuales  disminuyó en más del 50% por el allanamiento a cargos, lo  que  determinó  que  finalmente  le  impusiera  al imputado, apenas 8 años y 5  días   de  prisión,  pese  a  que,  como  ha  sido  visto   la  pena  debió ser mayor.        

           

Entonces, por el lado que se observe, es claro  que  a  más  de  la  falta  de  interés,  la  censura carece de respaldo en la  actuación,  lo que determina su inadmisibilidad al trámite casacional, máxime  si  tampoco  tiene  asidero  la  reclamación  formulada sobre la posibilidad de  conceder  alguno  de  los  mecanismos  sustitutivos de la ejecución de la pena,  dado  que  el  quantum  de  la pena privativa de la libertad que se impuso en la  sentencia  ameritada,  le  impedía  al  juzgador  considerar  la posibilidad de  conceder  al  sentenciado la suspensión condicional de la ejecución de la pena  o la prisión domiciliaria.   

9.-  En   síntesis,  la  demanda  estudiada  no  cumple  las  exigencias  mínimas  legal  y  jurisprudencialmente  establecidas para su estudio de fondo.  Por  tanto, se la inadmitirá y se ordenará la devolución del diligenciamiento  al  Tribunal de origen, de conformidad con lo previsto en el artículo 184 de la  Ley  906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de superar sus defectos  de  forma  y  contenido para la realización de los fines de la casación, ni la  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

10.-  Contra  esta  decisión procede el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma   y   términos   precisados  por  la  Corte12.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de    casación    presentada    por   el  defensor  del acusado VÍCTOR  SEGUNDO GARCÍA ORTIZ, por las  razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                                                           

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                     JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr. auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo  183. Oportunidad. El recurso  se  interpondrá  ante el Tribunal dentro de los cinco (5) días siguientes a la  última  notificación  y  en un término posterior común de treinta (30) días  se  presentará  la demanda que de manera precisa y concisa señale las causales  invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3  Cfr.   por  todos,   auto  de  casación  de  9  de  junio  de  2008.  Rad.  29019   

4  Cfr. Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.   

5  Cfr. Auto casación de 11 de abril de 2007. Rad. 26645   

6  Casación  15488  de  16  de julio de 2001 y Casación 24026 de 20 de octubre de  2005.   

7  Artículo  37 B numeral 4° del Decreto 2700 de 1991, artículo 40 de la Ley 600  de  2000  y 293 de la ley 906 de 2004. Esta última disposición, modificada por  el artículo 69 de la Ley 1453 de 2011, según la cual:   

“Si el imputado, por iniciativa propia o  por  acuerdo  con  la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se entenderá que lo  actuado  es  suficiente  como acusación. La Fiscalía adjuntará el escrito que  contiene  la  imputación  o  acuerdo que será enviado al juez de conocimiento.  Examinado  por  el  juez  de  conocimiento  el  acuerdo  para  determinar que es  voluntario,   libre   y   espontáneo,   procederá   a  aceptarlo  sin  que  a  partir  de  entonces  sea posible la retractación de  alguno   de   los  intervinientes,  y  convocará  a  audiencia para individualización de la pena y sentencia.   

Parágrafo.  La   retractación   por  parte  de  los  imputados  que   acepten  los  cargos  será  válida  en cualquier momento, siempre y  cuando  se  demuestre  por parte de éstos que se vició su consentimiento o que  se   violaron   sus   garantías   fundamentales”  (negrillas no originales).   

8  Sentencia C-1195 de 2005   

9 El  artículo  412 de la Ley 600 de 2000, aplicable al caso por virtud del principio  de  integración establecido en el artículo 25 de la Ley 906 de 2004, prevé la  irreformabilidad  de  la  sentencia  por  el  mismo  funcionario  o corporación  que   la  profirió,  y  sólo  establece  de  manera   excepcional su  aclaración  o  adición  “en  caso  de  error  aritmético,  en el nombre del  procesado  o de omisión sustancial en la parte resolutiva”, circunstancias en  las  cuales  se  procederá  de  inmediato  a  realizar  el  pronunciamiento que  corresponda.   

10  Cfr. Cas de 26 de marzo de 2009. Rad. 31126, entre otras.   

11  El  artículo  61,  inciso  2º,  de  la  Ley  599  de  2000,  prevé  que “el  sentenciador  sólo  podrá  moverse dentro del cuarto mínimo cuando no existan  atenuantes  ni  agravantes o concurran únicamente circunstancias de atenuación  punitiva,  dentro  de  los  cuartos  medios  cuando  concurran circunstancias de  atenuación  y  de  agravación  punitiva,  y  dentro  del cuarto máximo cuando  únicamente concurran circunstancias de agravación punitiva”.   

12  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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