32018(02-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32018  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 028.  

Bogotá  D.C., dos (2) de febrero de dos mil  once (2011).   

ASUNTO  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  promovido  por  la  defensora de JHON JAIRO  BANDERA   VILLEGAS  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá el 20 de octubre de  2008,  mediante  la  cual  confirmó  la  sentencia condenatoria emitida el 9 de  octubre  de  2007  por el Juzgado Único Penal del Circuito de Descongestión de  la  misma  sede,  que condenó al mencionado procesado, así como a Edwin    Alberto   Maestre   García   y  Amauris  García Gómez a la  pena  principal  de  300  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20  años, como autores responsables del delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

Se  vienen resumiendo de la siguiente forma:   

“Dan cuenta los  autos  que  en  la  ciudad  de Barranquilla, el día 28 de marzo de 2006, siendo  aproximadamente  las  6:30  ó  7:00  a.m.,  cuando  el  señor MAX RAFAEL VILLA  GARCÍA  se  bajaba  del  bus  a  la  altura de la carrera 12 con calle 109 para  dirigirse  al  Colegio  El  Pueblito,  lugar  donde  laboraba  como maestro, fue  ultimado  por  un  disparo  en  la cabeza que le propinara EDWIN ALBERTO MAESTRE  GARCÍA,         alias         “Corroncho”,  quien  se  transportaba  como  parrillero  en  la  moto marca Honda, color rojo,  placas  BAR  91B,  la  cual era conducida por JHON JAIRO BANDERA VILLEGAS, alias  “Gago”;   posteriormente   huyeron  de  la  escena”.   

Es de anotar que en el curso de la actuación  aparecieron    también    relacionados    con    el    homicidio   Amauris García  Gómez,  Juan  Alberto  Castro  Torres  y Odilia Esther Torrenegra Pérez.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Noticiados  los  hechos  a  la autoridad  competente,  el  28  de  marzo  de  2006  la Fiscalía Seccional de Barranquilla  ordenó  la iniciación de investigación previa, al término de la cual dispuso  la  apertura  de  instrucción  criminal,  según  decisión  del  30  de  marzo  siguiente,   en   cuyo   desarrollo   escuchó  en  indagatoria  a  JHON   JAIRO  BANDERA  VILLEGAS,  Edwin  Alberto  Maestre  García,  Amauris  García Gómez, Juan  Alberto   Castro  Torres  y  Odilia  Esther  Torrenegra  Pérez, a quienes resolvió  la  situación  jurídica  mediante  providencia  del 7 de abril del mismo 2006,  imponiendo  en  su  contra medida de aseguramiento de detención preventiva, por  el delito de homicidio agravado   

2.  El 16 de mayo de la citada anualidad, el  fiscal  clausuró  la  investigación,  procediendo  a  calificar el mérito del  sumario  el  29  de  septiembre  postrero  con  resolución  de  acusación, que  profirió  en  contra  de JHON JAIRO BANDERA VILLEGAS,  Edwin  Alberto  Maestre  García,  Amauris  García  Gómez, Juan Alberto Castro  Torres   y  Odilia  Esther  Torrenegra  Pérez,  como  responsables  del delito de  homicidio agravado.   

3. Por apelación interpuesta por la defensa,  el  7  de  diciembre  del  mismo  2006  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal  Superior   de   Barraquilla   revocó  la  acusación  proferida  en  contra  de  Odilia   Esther   Torrenegra   Pérez   y, en su lugar, le precluyó la instrucción.   

4.  La  fase  del juicio la inició el 25 de  enero  de  2007  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la mencionada ciudad,  despacho  judicial  que  realizó  las  audiencias  preparatoria  y  pública de  juzgamiento,  a cuyo término remitió la actuación al Juzgado Único Penal del  Circuito  de  Descongestión de Bogotá, en virtud de lo dispuesto en el Acuerdo  4082  de  2007  expedido  por  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura.   

5.  Recibido  el  proceso,  el  Juzgado  de  Descongestión  en  mención puso término a la instancia con la sentencia del 9  de  octubre  de  2007, condenando a JHON JAIRO BANDERA  VILLEGAS,  Edwin  Alberto Maestre García y  Amauris  García  Gómez.  En  la misma  decisión    absolvió   a   Juan   Alberto   Castro  Torres.   

6. El fallo de primer grado fue recurrido en  apelación  por  la  Fiscalía, los defensores de JHON  JAIRO   BANDERA   VILLEGAS,   Edwin   Alberto   Maestre   García   y   Amauris  García  Gómez  y  por  el apoderado de la parte civil, por cuyo medio el Tribunal  Superior de Bogotá confirmó la sentencia de primera instancia.   

7.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  la  defensa de JHON JAIRO BANDERA  VILLEGAS   acudió   al   recurso  extraordinario  de  casación,  presentando la respectiva demanda, la cual fue admitida por la Corte  en  auto  del  19  de  agosto  de  2009, ordenando la remisión del proceso a la  Procuraduría General de la Nación.   

8.  Oportunamente,  la  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación Penal rindió concepto, en el sentido de solicitar  no casar el fallo impugnado.   

LA DEMANDA  

Formula  dos  cargos,  ambos con apoyo en el  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación  de  la Ley 600 de 2000.   

En  el primer cargo  denuncia  la violación indirecta de la ley sustancial  derivada  de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, el cual, en su criterio,  ocurrió  al  valorarse  la  declaración  de  Amauris  García  Gómez,  dadas  las  contradicciones  en  que  incurrió   esa  persona  con  respecto  a  su  versión  y  a  la  rendida  por  Edwin  Maestre,  quien  lo  desmintió  cuando  se  mostró  ajeno  a  los  hechos  objeto  de  imputación.   

En ese sentido, considera vulnerada la regla  lógica  concerniente  al  principio de no contradicción, conforme al cual para  que  una  narración  o  relato  pueda  tener  algún  grado  de credibilidad es  necesario  que  no  rompa  con la armonía ni se contradiga con otras versiones.  Según  señala,  como  la  declaración  de  Amauris  García  desatiende  dicho  principio,  no hay lugar a  otorgarle credibilidad.   

El  error lo estima trascendente porque la  declaración    de   García   Gómez   se  erige  en  el  plenario  como  prueba  de  cargo  en  contra  de  BANDERA VILLEGAS.   

En el segundo cargo  predica  la  incursión  en  error  de hecho por falso  juicio  de  identidad.  Según  señala, la prueba indebidamente apreciada es la  declaración  de  indagatoria de Edwin Alberto Maestre  García,  pues  el  juzgador  la parceló al omitir el  aparte  donde  el  deponente  se refiere a quienes participaron en el homicidio,  sin    hacer   mención   a   JHON   JAIRO   BANDERA  VILLEGAS.   

Sustenta   la   trascendencia   del  yerro  señalando  que  con  la  no  apreciación  del  fragmento  omitido  se negó la  posibilidad de reconocer al procesado la duda razonable.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Primer cargo:   

          Considera  que  en  la  apreciación  del testimonio de Amauris  García  Gómez  no  se vulneró  ninguna  regla de la sana crítica, pues si bien el aludido declarante incurrió  en  algunas  contradicciones,  ellas tienen que ver con su propia participación  en los hechos al tratar de exculpar su intervención.   

Pero,  añade,  el  deponente  es totalmente  coincidente  cuando  señaló  a  quien  conducía  la  motocicleta  y dónde se  transportaba  el  sujeto  que  disparó  contra  la  víctima, precisando que se  trataba  de Jhon Jairo, alias  “Gago”,  a quien alquiló el velocípedo por  un   día,   versión   que   coincide   con   lo   expuesto   por  Maestre García.   

         Segundo cargo:   

          Tampoco   encuentra   demostrado   el   falso  juicio  de  identidad  denunciado.  Estima  que  la  lectura  integral  del  testimonio de Maestre  García  conduce  a  afirmar que  éste    durante    todo    el    tiempo    mencionó   a   alias   “El          gago” como uno de  los partícipes del hecho delictivo.    

          En  ese  sentido,  es del criterio que es el propio recurrente quien  descontextualiza  y  fragmenta  la  declaración  del mencionado deponente, pues  toma  de  la  misma  solamente  el  aparte  que  conviene  a los intereses de su  representado,  sin advertir que el resto del testimonio implica en forma directa  al    procesado    BANDERA    VILLEGAS.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  Sala  en  este caso encuentra innecesario referirse a los cargos  propuestos  en  la demanda, dada la presencia de vicio procesal insubsanable que  impone  la  declaratoria  de  nulidad parcial y oficiosa de la actuación, en lo  referente al procesado recurrente.   

          En  efecto,  como  se  reseñó  en  el  acápite  de  la actuación  procesal   de   esta   decisión,  contra  la  sentencia  de  primera  instancia  interpusieron  recurso  de  apelación  tanto  el  delegado de la Fiscalía y el  apoderado  de  la  parte  civil,  como  los defensores de los acusados objeto de  condena en ese pronunciamiento.   

          A  pesar  de  lo  anterior  y  de  que, incluso, la totalidad de los  recurrentes  sustentaron  oportunamente  las  impugnaciones,  en la sentencia de  segunda  instancia  el  Tribunal  omitió  resolver el recurso presentado por el  defensor  de  JHON JAIRO BANDERA VILLEGAS,  limitándose  tan  solo  a  resumir los argumentos expresados por  dicho    sujeto   procesal,   pero   –se  insiste-  sin  pronunciarse  ni  tácita  ni  expresamente sobre  ellos.   

Sobre  el  particular,  se  observa cómo el  ad  quem, en la parte motiva  de  su  decisión, primero abordó lo relativo a las nulidades que plantearon la  Fiscalía  y  los  defensores de Edwin Alberto Maestre  García  y  Amauris García  Gómez.   Luego  se  ocupó  de  las  inconformidades  dirigidas  contra  la  sentencia  de primera instancia, empezando por una de las  expuestas    por    el    defensor    de    Maestre  García, concretamente lo relativo a la pretensión de  reconocimiento  de rebaja de pena por confesión. Seguidamente, hizo mención al  desacuerdo manifestado por el apoderado de la parte civil.   

En  tercer lugar, retomó los argumentos del  defensor  de Maestre García,  para  despachar  el  tema  relacionado  con  el  planteamiento según el cual la  actuación  desplegada  por  éste  no  configura  un  delito doloso sino uno de  naturaleza  culposa.  Finalmente,  tocó  el asunto relativo a la situación del  procesado   Juan  Alberto  Castro  Torres,  cuya  absolución  había  sido  recurrida  por el delegado de la  Fiscalía.   

          Ningún  pronunciamiento  motivacional efectuó, por tanto, frente a  la  impugnación presentada por el defensor de BANDERA  VILLEGAS,  cuya fundamentación se orientó a poner de  presente  que  la  intervención del aludido en los hechos fue meramente casual,  pues  se  le  contrató  como  moto-taxista,  sin saber las intenciones de quien  disparó  contra  la  víctima,  surgiendo  dudas  frente  a  la responsabilidad  atribuida   al  acusado,  aun  cuando,  en  gracia  de  discusión  –argumentó  también  la  defensa-, la  condena  irrogada al mismo solamente aparecería dable a título de complicidad,  mas no por autoría conforme se declaró en el fallo.   

De  la  siguiente  manera el propio Tribunal  sintetizó la sustentación presentada por dicho sujeto procesal:   

          “a.   El  doctor  Hernando  José  Pacheco  Gómez adujo que en el caso sub-lite no existe  duda  alguna  en  relación  a la muerte del señor Max Rafael Villegas García,  como  tampoco  la  identificación  del  victimario;  no  obstante, lo que no se  logró   demostrar   en   el   decurso  procesal  es  la  participación  de  su  prohijado.   

Pues,  el juez de primer grado construye el  fallo  de condena con base en las manifestaciones dadas en indagatoria por Edwin  Alberto  Maestre  García  y  Amauri García Gómez, injuradas que pierden valor  probatorio  frente  a la resolución emanada de la Fiscalía mediante la cual se  precluyó  la  investigación a la señora Odilia Torrenegra, dado que entonces,  carecen  de  fundamento las manifestaciones de dichos procesados en cuanto a las  reuniones  con  dicha profesora para (sic) un  acuerdo  previo,  lo  de  la  entrega del dinero desaparece, la  figura  del  determinador  se esfuma; en tal medida, con base en lo anterior, la  circunstancia  de  agravación  imputada  al  delito  carece de fundamento y por  tanto  adquiere  fuerza  probatoria  la  manifestación  de  su  prohijado en el  sentido  de  señalar  que  su  participación  fue  casual  en  razón a que se  encontraba  desarrollando  su  actividad como moto-taxista y con ocasión de esa  función  se  limitó  a  hacer  una carrera o servicio a Edwin Maestre García,  aspecto que fue ratificado por el testigo Richard Correa.   

         Resulta  que la juez de instancia construyó la sentencia basada en  suposiciones  y  conjeturas  que  no  emergen  de la verdad procesal, como es el  hecho  de  señalar  que  su prohijado detuvo la marcha del velocípedo mientras  que  Maestre  García  ultimaba a Villegas García, información que tan solos e  (sic)   consignó  en  el  informe  policivo  y  que no aparece ratificado en la Fiscalía ni en el juzgado  de  conocimiento;  aunado  a  ello,  ante  tal evento, su representado continúo  (sic)   la   marcha   por  exigencia  de  Maestre  García,  quien iba como parrillero y además portaba un  arma de fuego.   

Desde ese momento procesal, surgió la duda,  la  que  debió  haber sido despejada y como ello no ocurrió debió aplicarse a  favor  de  su  prohijado,  motivo  por  el  cual  incoa  la  sentencia recurrida  (sic)  sea revocada y en su  lugar se emita fallo absolutorio.   

         b.  Además, señala que en el evento que  en  gracia  de discusión su prohijado fuere declarado responsable del delito de  homicidio,  la sanción punitiva no debe imponérsele en calidad de coautor como  se  hizo en el fallo recurrido, sino en calidad de cómplice dado que se reúnen  las  exigencias  para  su  viabilidad,  pues su actuar se limitó en prestar una  ayuda  o  colaboración  consistente  en  conducir  la  motocicleta  en donde se  movilizaba  como parrillero Edwin Maestre García, de donde emerge que no tenía  el  dominio  del  hecho  y  para  ello  ha de tenerse en cuenta que no todos los  intervinientes     son     coautores”.   

         A  pesar  de  tan  puntual  resumen  del  sustento  del  recurso, el  ad  quem, se reitera, no se  ocupó   de   responder   los  diversos  temas  planteados  por  el  impugnante,  incurriendo  así  en falta absoluta de motivación en lo referente al procesado  JHON JAIRO BANDERA VILLEGAS.                           

Como es bien sabido, el deber de motivación  constituye  componente de los derechos fundamentales al debido proceso y defensa  y  es  inherente  a  un Estado Social y Democrático de Derecho, pues con él se  controla la arbitrariedad judicial.   

         La  Corte  tiene  dicho que la exigencia a los sujetos procesales de  sustentar  los  recursos  se  correlaciona  con  la  obligación  impuesta a los  funcionarios  judiciales  de  motivar  sus  decisiones,  pues  sólo mediante la  satisfacción  de  ese  deber funcional se brinda a las partes la posibilidad de  ejercer adecuadamente el derecho de contradicción.   

En    ese    sentido,    “el  principio  de  motivación de las  decisiones  judiciales  desempeña  una  doble  función:  (i)  endoprocesal: en  cuanto  permite  a  las  partes  conocer  el pronunciamiento sirviendo de enlace  entre  la decisión y la impugnación, a la vez que facilita la revisión por el  tribunal  ad  quem;  y  (ii)  función  general o extraprocesal: como condición  indispensable  de  todas  las  garantías  atinentes  a  las  formas propias del  juicio,  y  desde  el  punto  de vista político para garantizar el principio de  participación  en la administración de justicia, al permitir el control social  difuso    sobre    el    ejercicio    del    poder    jurisdiccional”1.   

La  no  contestación  de  los  argumentos  expuestos  en  el  recurso  de  apelación  hizo  que  el  derecho que tenía el  procesado  de  impugnar  la sentencia de primera instancia se convirtiera en una  quimera,  conduciendo  ello  a  la pretermisión correlativa del principio de la  doble  instancia,  contemplado  en  los  artículos  29 y 31 de la Constitución  Política,  así  como  en  el  artículo  8  de  la Convención Americana sobre  Derechos  Humanos  (Pacto  de  San  José) y en el 14 del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  normativas  superiores  que  otorgan  a dicho  principio  el  carácter  de  garantía  judicial y de mecanismo de protección,  cuyo  fin  es  hacer  efectivos  los  derechos  consagrados  en  el ordenamiento  jurídico   y   a   velar   por  la  recta  actuación  de  la  administración,  especialmente  cuando  se  trata  de  ejercer  el  ius  puniendi.   

A  este respecto, resulta claro que reviste  significación  similar  impedir  la  interposición  del  recurso a quien está  legitimado  para hacerlo, que permitir su presentación, pero no dar respuesta a  los argumentos esbozados por el impugnante.   

         Sobre  el  alcance  de  principio  de  la  doble  instancia la Corte  Constitucional ha expresado lo siguiente:   

“5.  La doble  instancia   surgió  ante  la  necesidad  de  preservar  el  principio  de   legalidad  y  la  integridad  en  la  aplicación del derecho, ya que asegura la  posibilidad  de corregir los errores en que pueda incurrir el juez o fallador en  la  adopción  de una decisión judicial o administrativa, y permite enmendar la  aplicación  indebida que se haga por parte de una autoridad de la Constitución  o  la  ley.  Con este propósito, el citado principio – según lo expuesto -, se  constituye  en  una garantía contra la arbitrariedad, y en mecanismo principal,  idóneo  y  eficaz  para  la corrección de los yerros en que pueda incurrir una  autoridad pública.   

“6.   Es,  entonces,  indudable  que  en el origen de la institución de la doble instancia  subyacen  los  derechos  de  impugnación  y  de  contradicción.  En efecto, la  garantía  del  derecho  de  impugnación  y  la posibilidad de controvertir una  decisión,  exigen  la  presencia  de  una estructura jerárquica que permita la  participación   de   una  autoridad  independiente,  imparcial  y  de  distinta  categoría  en la revisión de una actuación previa, sea porque los interesados  interpusieron  el  recurso  de  apelación  o resulte forzosa la consulta.    

“La Corte, en  relación     con     el     tema,     ha    determinado    que:    “[t]radicionalmente se ha aceptado que  el  recurso  de apelación forma parte de la garantía universal de impugnación  que  se  reconoce a quienes han intervenido o están legitimados para intervenir  en  la  causa,  con  el  fin de poder obtener la tutela de un interés jurídico  propio,  previo análisis del juez superior quien revisa y corrige los defectos,  vicios  o  errores jurídicos del procedimiento o de la sentencia en que hubiere  podido    incurrir    el    a-quo…”.   

“7.  Por otra  parte,  el  citado  principio  permite  hacer efectivo el derecho de acceso a la  administración   de   justicia,  ya  que  éste  por  su  esencia,  implica  la  posibilidad   del   afectado   con  una  decisión  errónea  o  arbitraria,  de  solicitarle  al juez o autoridad competente la protección y restablecimiento de  los  derechos  consagrados  en  la  Constitución y la ley. Así mismo, la doble  instancia  tiene  una  relación  estrecha  con  el derecho de defensa, ya que a  través  del establecimiento de un mecanismo idóneo y efectivo para asegurar la  recta  administración  de  justicia, garantiza la protección de los derechos e  intereses de quienes acceden al aparato estatal.   

“Por  consiguiente,   mediante  la  ponderación  y  aplicación  armónica  de  estos  derechos,  se  logra  comprometer a las autoridades públicas en el logro de los  fines  propios  del  Estado  Social de Derecho, entre los cuales, se destacan la  efectividad  de  los  principios  y derechos consagrados en la Constitución, la  vigencia  de  un  orden  justo y el respeto de la dignidad humana (artículo 2°  C.P)”2   

.  

         En  estas condiciones, habiéndose presentado en este caso una falta  absoluta  de motivación en el fallo de segunda instancia en cuanto se refiere a  la   apelación   interpuesta   por   el  defensor  del  procesado  JHON  JAIRO  BANDERA  VILLEGAS, anomalía  que  condujo  a  la  pretermisión  del  principio  de la doble instancia y, por  consiguiente,  a la vulneración del debido proceso y del derecho de defensa del  aludido,  la  Sala casará la sentencia de fecha 20 de octubre de 2008 proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá.   

Consecuencialmente, declarará la nulidad de  lo  actuado  a  partir,  inclusive,  del  referido  pronunciamiento,  aun cuando  solamente  en lo que respecta al acusado en mención, pues el vicio advertido no  cobija  a  los demás procesados. Frente a estos últimos, por tanto, se produce  la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  cobrando  ejecutoria  las  condenas y la  absolución  allí  proferidas, una vez se surtan los actos de notificación del  presente fallo.    

         Luego  de  cumplirse  los  mencionados  actos  de  notificación, se  expedirá  copia  de  lo  actuado con destino al Tribunal Superior de Bogotá, a  efectos de que subsane la irregularidad cometida.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1. DE OFICIO, CASAR  PARCIALMENTE  la  sentencia  proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  20  de  octubre  de  2008  contra  JHON JAIRO BANDERA  VILLEGAS.   

2.           DECLARAR  la nulidad parcial de lo actuado  a  partir,  inclusive,  de  la  sentencia de segunda instancia. La invalidación  solamente cobija al procesado JHON JAIRO BANDERA VILLEGAS   

3.   Una   vez  cumplidos  los  actos  de  notificación  del presente fallo de casación, se expedirá copia de lo actuado  con  destino  al  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  a  efectos de que subsane la  irregularidad advertida.   

4.           DECLARAR  que  los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ             LEONIDAS             BUSTOS  MARTÍNEZ          FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO                     ESPINOSA  PÉREZ                         ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                         

Excusa justificada  

MARÍA       DEL      ROSARIO      GONZÁLEZ      DE  LEMOS            AUGUSTO  J. IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE              LUIS              QUINTERO  MILANÉS            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 28 de septiembre de 2006, radicación 22041.   

2  Sentencia C-095  de 2003.     

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