31864(08-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 31864  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 173  

Bogotá,  D.C.  ocho  de  mayo  de  dos  mil  doce.   

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión  de la  demanda  de  revisión  presentada  por  la  apoderada  judicial de Ernesto  José  Villalba  Castro, contra la  sentencia  del  4  de  diciembre  de  1997 proferida por el Tribunal Superior de  Medellín,  que confirmó la dictada por el Juzgado 19 Penal del Circuito en las  causas  acumuladas  seguidas  contra  el  peticionario,  en virtud de la cual lo  condenó  a  la  pena  de  36  años  de prisión, por un concurso de delitos de  homicidio  agravado,  homicidio simple, tentativa de homicidio y porte ilegal de  armas     de    fuego    de    defensa    personal1.   

HECHOS  

De conformidad con las copias de la sentencia  materia  de revisión, aportadas por la demandante, en las causas acumuladas por  las   cuales   fue   condenado   el   señor  Villalba  Castro,  se  le  atribuyó  la  ejecución de diversos  delitos  contra  la vida e integridad personal y porte ilegal de armas de fuego.  En  la  primera  causa,  se  le  atribuyeron los homicidios de Eduardo de Jesús  Romero  Pión,  Eduardo  Rafael  Rodríguez  Camargo  y Rodolfo Alfredo Bromeier  Charrasquial,  ejecutados en Medellín en horas de la tarde del 18 de febrero de  1995.   

En  la  segunda  causa  se  lo acusó por los  punibles  de  homicidio  y  tentativa  de homicidio, de los que hizo víctimas a  Héctor  Julio  Lara  Palacios y Ramón Caneo Charrasquial, en hechos ocurridos,  también  en  la ciudad de Medellín, aproximadamente a las ocho de la noche del  15  de abril de 1995, en un establecimiento comercial denominado “El Manantial  Vallenato”,   donde   había   varios   agentes   de   policía   y   personal  civil.   

A   la   salida  de  ese  lugar  el  agente  Villalba  disparó,  con los  resultados   indicados,  en  contra  de  los  señores  Lara  Palacios  y  Caneo  Charrasquial,  suceso  que  percibió  el testigo Edgar Álvarez, quien declaró  sobre  el  particular  ante la Fiscalía 14 Seccional, el 3 de mayo de ese mismo  año.   

DEMANDA DE REVISIÓN  

La  apoderada  del  sentenciado  sustenta  la  demanda  en  la  causal  quinta  del  artículo  220  de  la Ley 600 de 2000, de  conformidad   con   la   cual   la   acción   resulta  procedente  “Cuando  se demuestra, en sentencia en firme, que el fallo objeto  de pedimento de revisión se fundamentó en prueba falsa.”   

Para  la  demandante,  el motivo de revisión  indicado  cobra  vigencia  en  el  presente asunto, teniendo en cuenta que no se  acreditó    en    la    actuación    la    existencia    del   testigo   Edgar  Álvarez.   

Según  afirma,  a  la persona referida se la  escuchó  en  declaración  juramentada en la fase instructiva del proceso, y en  el  acta  correspondiente sólo se consignó “… su  nombre  y  un  apellido  y  que  su  cédula  de ciudadanía es el (sic) número  98.514.248  de  Sincelejo,  pero  no  la exhibió ni el funcionario da fe que la  tuvo  presente a sus ojos y a su Despacho, no consta dirección de domicilio, ni  dirección  comercial,  ni número de teléfono, ni un sitio permanente o vecino  o     vecina    o    familiar    donde    se    pueda    localizar    ahora    o  posteriormente”.   

Agrega  que  el  Delegado  del  Registrador  Nacional  del  Estado  Civil  para  el  Departamento  de Antioquia, expidió una  constancia  con  la cual certifica que el citado número de identificación, fue  asignado  a  la  jurisdicción de Envigado y corresponde a la cédula expedida a  nombre del ciudadano Diego Fernando Arroyave Hernández.   

Entonces, concluye la demandante, “…   el   señor   EDGAR  ÁLVAREZ  es  un  anónimo,   un  abstracto,  una  invención o una creación de la imaginación o una simulación  elaborada,  en  otras  palabras,  un  impostor; lo que conduciría a que para la  vida  procesal  y  jurídica  del Estado colombiano no existe, menos aún siendo  protagonista  de  un  hecho  jurídico a título de testigo único en un proceso  penal que derivó en una condena de 60 años de prisión.”   

Se trata, en su criterio, de una prueba  falsa  teniendo en cuenta que: i)  no  existe  la  persona  física  ni  jurídica  (sic) de Edgar Álvarez; ii) el  agente  de  la  simulación  {en referencia al testigo  que  incriminó  al sentenciado} al azar informó, como  propio,  un  número  de cédula supuestamente expedida en Sincelejo; iii) no se  cumplió  el protocolo establecido por el procedimiento penal para la recepción  de  un  testimonio  en relación con la identidad del declarante; iv) se ordenó  el  reconocimiento  en  fila  de  personas,  pero  en  el  proceso no aparece la  citación  que se hizo al declarante Edgar Álvarez, tampoco constancia sobre la  realización  de  la diligencia; además, v) en el curso de la actuación no fue  posible contrainterrogar al mencionado testigo.   

Por  otra  parte,  dado  que  el  motivo  de  revisión  propuesto,  requiere  que  se  acompañe  con la demanda la decisión  judicial  que  declara  la  falsedad  de  la  prueba  sobre  la cual se funda la  sentencia;  sostiene que dicho presupuesto resulta impertinente en esta especie.  Primero,  porque  la Registraduría Nacional del Estado Civil, certificó que la  identificación  de Edgar Álvarez no es la que él informó en la diligencia de  declaración  juramentada.  Segundo:  sería inútil formular una denuncia penal  destinada  a  investigar  la  falsedad  en  la  que pudo incurrir el declarante,  “…  por  cuanto  del  contenido  fáctico  de  la  actuación  procesal,  como es obvio, se deriva se propia indeterminación, esto  es,  se  desconocen  todos  sus  generales  de  ley REALES… domicilio, arraigo  familiar  o  cualquier  indicio  que  permitiese  encaminar y personalizar en su  contra  la  acción  del  Estado…  por  lo  tanto, es un imposible jurídico y  procesal  arrimar  a  esta  acción  de  revisión  una declaración judicial de  falsedad…”   

Por  último,  realiza  su propia crítica al  testimonio  rendido  por  Edgar  Álvarez, cuestiona el mérito que le otorgaron  los  sentenciadores  a  esa  prueba y afirma que en las instancias no se ahondó  acerca  de  la  plena identidad del declarante, por el riesgo de resquebrajar la  acusación  edificada, según afirma, sobre un testigo  elaborado,  y  para no absolver al señor Villalba   Castro  con  fundamento  en  el  principio de in dubio pro reo.   

CONSIDERACIONES  

La  causal  de  revisión  invocada  por  la  demandante  se  configura,  conforme  establece el numeral 5º del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable  a  este  asunto  (L.       600/00),      “Cuando  se  demuestre,  en sentencia en firme, que el fallo objeto  de   pedimento   de   revisión  se  fundamentó  en  prueba  falsa”.   

De  esta  disposición  surge  que  es  una  decisión  judicial y no la simple opinión del actor ni el producto de la nueva  crítica  de  los  medios probatorios que ofrezca, lo que determina el carácter  espurio de los elementos de persuasión en que se apoyó el fallo.   

Por  esa razón, cuando se invoca esta causal  resulta  forzoso para el actor adjuntar a la demanda, copia de la providencia en  la  que  se  haya  hecho  tal  declaración,  con constancia de su ejecutoria, y  demostrar,  en  forma  adicional, que fue exclusivamente esa prueba falsa la que  le   permitió   al  juez  adoptar  la  decisión  que  se  pretende  dejar  sin  efecto.   

En la especie analizada la peticionaria admite  que  le  correspondía  cumplir  con  dicha  carga  procesal.  No obstante, motu  proprio,  sin  apoyo  en  algún mandato legal que valide su hipótesis, asegura  que    tal    exigencia    probatoria   no   resulta  pertinente  en este caso, pues, en su criterio, con la  certificación  de  la Registraduría Nacional del Estado Civil, se concluye que  hubo   una   suplantación  de  identidad  en  el  testigo  que  dijo  llamarse  Edgar  Álvarez,  y  como se  desconocen  sus  verdaderos  datos  personales,  no resulta posible dinamizar la  acción  penal  respectiva,  destinada  a  establecer  la responsabilidad que le  asiste en el punible de falsedad que hubiere cometido.   

Los  argumentos  de la accionante, desde todo  punto  de  vista,  corresponden  a opiniones particulares que resultan inútiles  para  socavar  los  efectos  de  cosa  juzgada  que  blindan  el fallo objeto de  revisión,  en  tanto  se  reducen  a  sostener que es falsa la declaración del  testigo  que  ante  la Fiscalía General de la Nación, señaló al agente de la  Policía    Ernesto    José    Villalba  como  la  persona que disparó y causó la muerte de Héctor Julio  Lara  Palacios e hirió de gravedad a Ramón Coneo Charrasquial; que se trata de  un  testimonio  preparado,  conforme  con la particular crítica probatoria a la  que  lo  somete; y que resulta infructuoso promover la acción penal destinada a  establecer  la  falsedad  de  ese  testimonio,  como  quiera que se desconoce la  verdadera identidad de quien ofreció esa declaración.   

La  demandante,  según  puede observarse, se  abroga  las  facultades  de  decretar  el  carácter  espurio de una prueba y de  disponer  acerca  de la procedencia o improcedencia de la acción penal, labores  que   corresponde   desarrollar   al   Estado,  a  través  de  sus  autoridades  jurisdiccionales y con base en los procesos establecidos en la ley.   

A  este  respecto,  la  postulación  de  la  peticionaria  desconoce que solamente en la autoridad judicial competente, recae  la  facultad de declarar, conforme con los parámetros del debido proceso, si en  realidad  una  específica  prueba  es falsa o, desde la perspectiva del numeral  4º  del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, si el fallo objeto de  revisión   fue   determinado  por  una  conducta  típica  del  juez  o  de  un  tercero.   

Si  así no fuera, es decir, si se concibiera  legítimo   que   tales   declaraciones   pudieran   realizarlas  las  partes  o  intervinientes  con  interés  en  la actuación, la administración de justicia  dejaría   de   ser   una  función  pública  a  cargo  del  Estado2,   con   la  consecuente  pérdida para la sociedad de los valores de certeza y confianza que  les   confieren   las   decisiones   firmes   de   las   autoridades  judiciales  constitucional y legalmente establecidas.   

Por  otra  parte,  tampoco  resulta  difícil  advertir  que  la accionante no cumple con el requisito adicional, consustancial  a  la  causal  esgrimida, de demostrar que la prueba sobre la cual estructura la  causal  de  revisión  que  invoca,  constituye  el  fundamento  exclusivo de la  condena   dictada   en   contra  del  señor  Villalba  Castro.   

Según  se  advirtió,  dedica  su  empeño a  sostener  que  el  testimonio  de  Edgar Álvarez es falso y que se trata de una  prueba  prefabricada,  empleada para perjudicar al sentenciado. Pero no menciona  ni  analiza  los  restantes  medios  de convicción considerados por los jueces,  como  las  declaraciones  de  Eleazar  Lara  Palacios,  John Córdoba Martínez,  Orlando  Sepúlveda  Puerta  y  la  pluralidad  de  indicios que el sentenciador  construyó  acerca  de  la  responsabilidad del condenado en todos los atentados  contra  la  vida  que  ejecutó,  incluidos  el  homicidio de Héctor Julio Lara  Palacios   y   la   tentativa  de  homicidio  en  la  persona  de  Ramón  Caneo  Charrasquial.   

Por  lo  demás,  los cuestionamientos que la  demandante  emplea  para  demeritar  el valor probatorio del testimonio de Edgar  Álvarez,  en  un  escenario  inadecuado  para  ello, no resultan ni mucho menos  novedosos,  pues  fueron  objeto  de  consideración  en  la sentencia. Sobre el  particular,     precisó     el    Tribunal    Superior    de    Medellín    lo  siguiente:   

“Ahora, respecto de la glosa que realiza el  señor  defensor  al  testigo  Álvarez  al  identificarse  con  la ‘cédula de ciudadanía No. 98.549.214  expedida    en    Envigado    (Ant.)’,  que  pertenece  a  otra  persona, no es exacta porque como puede  verse  en  el encabezamiento de la declaración se apunta que ese cupo numérico  es  de  Sincelejo  y no de Envigado. Pero si se adujera que los cupos numéricos  de  las cédulas son únicos, nacionales, lo que es verdad, el hecho de aparecer  aquél  número  como  identificativo  de  Álvarez,  no  significa  que lo haya  suministrado  maliciosamente  para ocultar su identidad y, por tanto, en nada se  demerita   la   vertical   acusación   que   hace  en  contra  de  VILLALBA  CASTRO. Tampoco podemos pensar  en  prefabricación  de pruebas para perjudicar al justiciable, como lo insinúa  la  defensa, porque Edgar Álvarez tiene existencia real y así declaran Eleazar  Lara   Palacios   (fls  25-27)  y  John  Córdoba  Martínez  (fls  152-155).”   

En tales condiciones, como la propuesta de la  demandante  no  trasciende el campo de las opiniones personales, que expresa con  la  pretensión  clara  de  revivir  la  discusión  probatoria  agotada  en las  instancias,  dejando  de  lado el deber de demostrar al menos en forma cortical,  que  la sentencia dictada en contra del señor Villalba  Castro    envuelve    una   manifiesta   injusticia,  deviene  irremediable  la  inadmisión    de   la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, de acuerdo con lo  preceptuado   en   el   artículo   223  del  código  de  procedimiento  penal,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  revisión  propuesta  por  Ernesto  José Villalba  Castro, a través de apoderado judicial.   

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FRANCISCO           ACUÑA  VIZCAYA                                          JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO           IBÁÑEZ  GUZMÁN                                            CARLOS BERNARDO MEDINA TORRES   

                                                                                                                         Renunció   

WILLIAM           MONROY  VICTORIA                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  La  sanción  inicial  se tasó en 60 años de prisión. Por virtud del principio de  favorabilidad  se  fijó en 36 años, sanción a la que se le acumuló la que le  impuso  al  sentenciado  el  Juzgado 15 Penal del Circuito de Medellín el 24 de  abril  de  2004. El peticionario cumple en la actualidad un total de 40 años de  prisión.  Estos  datos  se  extractan  de la sentencia de tutela dictada por la  Corte   el   11   de   octubre   de   2005,  Radicación  22754.  Folios  208  a  212.   

2 Art.  228 C.P.     

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