35436(14-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35436  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  419  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de diciembre de  dos mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ  MIGUEL RODRÍGUEZ  DURÁN  contra  la  sentencia  del 13 de enero de 2010  emitida  por  el  Juez  44  Penal  del Circuito de Bogotá, a través de la cual  confirmó  la  decisión  de  primer  grado  del  12  de  noviembre  de  2009  proferida por el Juez 7º Penal  Municipal  Adjunto de la misma ciudad que condenó al precitado como autor de la  conducta punible de extorsión.   

H E C H O S  

Los   sentenciadores   de   instancia  los  resumieron así:   

“El 7 de abril de 2003, la señora Marién  Lucía  Guerrero  Castro  formuló denuncia penal ante la Fiscalía [de] Delitos  Especializados  de  Bogotá,  en  averiguación  o por establecer la persona que  estaría extorsionando.   

Para  el efecto se comisionó a la División  de  Investigaciones  del CTI. Después de varias pesquisas surgió, entre otros,  el  nombre  de  JOSÉ  MIGUEL RODRÍGUEZ DURÁN, a quien en un allanamiento a su  residencia   se   le  encontró  material  relacionado   con  las  personas  afectadas;  éste  narró  que  con  antelación  colaboró en redactar una nota  extorsiva  dirigida  a  la señora Merién Lucía Guerrero Castro y a su esposo,  consistentes  en  exigirles  dinero a cambio de no divulgar ante sus conocidos y  allegados  un  material  fotográfico  de contenido íntimo que él conservaba y  que   los   involucraba.  Así  se  concretaron  tres  de  los  exigidos  pagos,  respectivamente  por valor de $1.500.000, $1.200.000 y $1.600.000, efectuados en  diferentes  lugares del centro de la ciudad; y ante sus exigencias de una cuarta  fue   ahí   cuando   Marién  Lucía  Guerrero  avisó  a  las  autoridades.”   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriormente referidos, el  10  de  agosto  de  2004  el  Fiscal  12  Especializado  contra  el  Secuestro  y  la  Extorsión  de  Bogotá  profirió   resolución   de   acusación  en  contra  de  JOSÉ  MIGUEL RODRÍGUEZ  DURÁN   como  autor  del  comportamiento  punible  de  extorsión  “por las tres primeras cartas extorsivas  en  concurso  con  el  delito  de extorsión  en la modalidad de tentativa,  respecto  de  la  cuarta  carta extorsiva” (artículo  244 del Código Penal).   

El     recurso     de     reposición    formulado  de  manera  principal  por el defensor del investigado en contra de dicha determinación fue  resuelto  de  manera  negativa  el  28  de  septiembre  de  2004;  así, una vez  concedido   el   recurso   de   apelación  propuesto  como  subsidiario  contra  la resolución de acusación  esta  última  recibió confirmación el 28 de abril de  2006 por parte del Fiscal 38 Delegado ante el Tribunal  Superior de Bogotá.    

La  causa  fue  tramitada por la Juez Novena  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad,  la  cual,  tras  correr el traslado del  artículo  400  de la Ley 600 de 2000 en auto del 7 de julio de 2006 celebró la  audiencia  preparatoria  el  26  de  septiembre  siguiente.  La  actuación  fue  entonces  remitida con destino a la Juez Séptima Penal Municipal de Bogotá, en  atención  a  la  modificación  de  la  competencia  fijada  para  el delito de  extorsión  por el artículo 23 de la Ley 1121 de 2006. Dicha funcionaria llevó  a  cabo  la  vista  pública  en sesiones del 23 de abril y 23 de julio de 2009;  cumplido  lo  anterior,  a  través  de  sentencia  del  12 de noviembre de 2009  condenó   a  JOSÉ  MIGUEL  RODRÍGUEZ  DURÁN a la pena  principal  de  30  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por término igual al de la pena  privativa  de  la  libertad  como  autor  penalmente  responsable  del delito de  extorsión   consumado   en   concurso   con   el   mismo  delito  en  grado  de  tentativa.   

Así  mismo,  el a  quo  le  concedió  al  procesado  el  subrogado de la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y se abstuvo de condenarlo  al  pago  de  los  perjuicios  civiles derivados de la ejecución de la conducta  punible.   

La decisión de primer grado fue apelada por  el  defensor  del  procesado  y confirmada por  el Juez 44 Penal del Circuito de Bogotá, a través de fallo de  segunda  instancia del 13 de  enero de 2010.   

Inconforme con la anterior determinación, el  apoderado  judicial del acusado JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ  DURÁN   interpuso  y  sustentó oportunamente el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado propone dos cargos  idénticos  en  su  desarrollo, así: el primero (principal) lo orienta por vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial y el segundo, subsidiario del  anterior,    a    través    de    la    nulidad.   Sus   argumentos   son   los  siguientes:   

Cargo  principal: violación indirecta de la  ley  sustancial  por  vía  del  error  de  hecho,  en  la  modalidad  de  falso  raciocinio.   

A  través  de  la  causal  de casación que  describe  el  numeral  1 del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000,   el  demandante  denuncia  que  como  consecuencia  de  yerros  de  falso  raciocinio  el sentenciador violó el artículo 238 del Código de Procedimiento  Penal de 2000 y el 27 de la Ley 599 de 2000.   

En  sustento  de su reproche, precisa que el  juzgador   incurrió   en   falso  raciocinio  “por  apreciación  errada  de  las  pruebas  legal  y  oportunamente  aportadas, como  documentales,   cartas   extorsivas,   injurada,   su  ampliación,  informe  de  investigador,  testimoniales  y  denuncia  penal con su ampliación.”   

Dice  que  “de  dichos   documentos”  se  desprende  que  en  verdad  existió  la  exigencia  de  dinero  a  la  víctima  a  cambio  de  no  revelar  fotografías   de   contenido   pornográfico;   no  obstante  lo  anterior,  el  sentenciador  erró  al  “darle  entidad  de  plena  prueba”, pues de dichos elementos de juicio no surge  la    responsabilidad    del    procesado    por   el   delito   de   extorsión  consumado.   

En  su  lugar,  el  funcionario  judicial ha  debido  apreciar  que aún cuando es cierto que RODRÍGUEZ DURÁN suscribió las  notas  extorsivas  éstas  no  demuestran  su  responsabilidad,  pues, según lo  manifestó  el  acusado en su injurada, lo hizo de manera coaccionada por una ex  compañera  sentimental  de  la  denunciante.  Agrega  que  en  el proceso no se  demostró  que  la  víctima hubiera recibido otras notas extorsivas distintas a  las  elaboradas  por  el  procesado,  como tampoco que se hubiera entregado suma  alguna de dinero.   

Reprocha   que   la  sentencia  carece  de  motivación  en cuanto a las razones del fallador para obtener su convencimiento  de  la  responsabilidad de JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ DURÁN, única forma de   controvertir  su  racionalidad  y  coherencia;  por  el  contrario  –asegura-   no   existe   prueba   del  compromiso  penal  del  procesado.  Advierte que, a lo sumo, puede admitirse una  extorsión  en  grado  de tentativa, toda vez que no se probaron las entregas de  dinero por valores de $1.500.000, $1.200.000 y $1.600.000.   

Y     agrega    que    “más  bien  parece  ser  una  astucia  de  la  denunciante para dar  credibilidad  a  su  queja  y  tapar  así  su  conducta  pornográfica desviada  sexualmente,  como  lo  confiesa  en  su  denuncia y ampliación, donde sin más  reparos  y  sin  pudor alguno publicaba en revistas públicas, las prácticas de  su  condición  homosexual y heterosexual, para conseguir personas con el fin de  intercambiar  tales  aberraciones,  o a lo mejor fue una vil trama urdida por su  ex  amante  LUIS  MARINA  GONZÁLEZ,  para perjudicar de cualquier modo al aquí  encartado  JOSÉ  MIGUEL  RODRÍGUEZ  DURÁN” (sic).   

Pregona   la   motivación   errada   del  sentenciador,  al  tiempo  que  critica  cómo  aquel  omitió  valorar de forma  ponderada  y,  en  cambio,  les  negó  credibilidad a las declaraciones de Luis  Eduardo  Rozo,  José  Luis  Rozo,  Jesús  Antonio  Giraldo  y  Wilson Morales,  testimonios  a partir de  los cuales se demuestra el buen comportamiento de  RODRÍGUEZ  DURÁN   y  la  relación  de  la  denunciante con la verdadera  extorsionista.  Por  lo  tanto,  el sentenciador incurrió en una argumentación  artificiosa  y  privilegió  unas pruebas en perjuicio de otras que no tienen la  fuerza vinculante para condenar.   

En conclusión, la conducta del procesado se  subsumió  en un tipo penal que no era el correcto, lo cual le causó un agravio  inminente   que   debe   ser   remediado   con   el  recurso  extraordinario  de  casación.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  censor  pide  a  la  Sala que case la sentencia y absuelva a  JOSÉ   MIGUEL  RODRÍGUEZ  DURÁN  del  comportamiento  punible  de  extorsión  consumada.   

Cargo  subsidiario:  nulidad  por violación  directa  del artículo 6º del Código Penal e indirecta por desconocer el 29 de  la Constitución Política.   

El  censor  invoca la causal de casación de  que  trata  el numeral 3 del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000  y  denuncia  que  la sentencia fue violatoria en forma directa de la norma  procesal  descrita  en el artículo 6 “de la Ley 599  de  2000, Código de Procedimiento Penal” y de manera  directa  del  artículo  29  de  la  Constitución Política, pues no aplicó el  principio   del   in   dubio   pro   reo.    

En   sustento   de  su  inconformidad,  el  casacionista  transcribe  literalmente  los  razonamientos plasmados en el cargo  anterior  y  concluye  afirmando  que  el  sentenciador  ha  debido  aplicar  el  principio del in dubio pro reo.   

A  manera  de  conclusión,  solicita  a  la  Corporación  que  case la decisión recurrida y, en lugar, absuelva al acusado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Competencia.  

1. Ante todo, es preciso señalar que la Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia es competente para emprender  el  estudio  formal  de la demanda de casación, pues el numeral 1 del artículo  75  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, en asocio con el 205, inciso  tercero y 213 del mismo estatuto, le asigna dicha función.   

Presupuestos  de  la  casación  por  vía  discrecional     y     carga     argumentativa    que    le    corresponde    al  demandante.   

2. Vale destacar, además, que en el presente  asunto    solamente    procede    la   casación  discrecional, en los términos  del   inciso   3º   del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  toda  vez  que no se cumple el presupuesto de la jerarquía de la  autoridad que emitió la decisión recurrida.    

Así,  aún  cuando  es  cierto que el fallo  impugnado   condenó   por  una  conducta  punible  que,  como  la  extorsión  (artículo  244 original de la  Ley  599  de 2000), traía aparejada una pena que oscilaba entre un mínimo de 8  y  un  máximo  de 15 años de prisión, también lo es que no fue proferido por  un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  sino  por  un  juez  penal  del  circuito.   

Es  así  que  de  la lectura del escrito de  demanda  surge nítida la primera gran falencia del escrito de sustentación del  recurso  extraordinario:  el  apoderado  judicial del  procesado  JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ DURÁN no   emprendió  ningún  esfuerzo  argumentativo  para  advertir que solamente podía recurrir  por  la  vía discrecional según lo previsto en el inciso 3° del artículo 205  del  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000);  por  lo tanto, dejó de fundamentar la necesidad de la admisión del escrito con  el  fin  de  obtener  el desarrollo de la jurisprudencia o la protección de los  derechos  fundamentales que hubieren sido transgredidos en el trámite ordinario  del  proceso,  únicos  motivos  por  los  que  podría  ser acogida su demanda,  correspondiéndole  a  la Corte decidir, en ejercicio de la discrecionalidad que  la  ley  le  otorga  –y, en  todo  caso,  antes  de abordar el estudio de los requisitos de admisibilidad del  cargo- si la acepta o rechaza.   

Lo  anterior  significa  que  las  razones  que han de justificar la admisión discrecional de la  demandas  no  siempre  pueden  confundirse  con  el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que  se  formulen  por  alguna de las causales de casación contra el  fallo  de  segundo  grado,  pues  si  se  refundiera en uno solo el razonamiento  encaminado  a  admitir  la  demanda  con aquel que sustenta el cargo propiamente  dicho,  no  existiría  ninguna  diferencia entre la casación discrecional y la  casación                  ordinaria1.   

En  otras  palabras,  no  basta –como  en  este caso- la postulación y  desarrollo  de  las  causales  de  casación para enseñar a la Corporación por  qué  debe  admitir  el  escrito,  sino que esto último debe abordarse antes de  emprender  la  fundamentación  de  la  equivocación que configura la causal de  casación seleccionada.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando  previamente la Corte  haya  arribado  –con apoyo  en   el   discurso   del  impugnante,  en  este  caso  inexistente-  a  la  conclusión  que  es  necesario  tramitar,  por  excepción, el recurso extraordinario para la protección de las  garantías     fundamentales     o     con     miras     a     desarrollar    la  jurisprudencia2.   

Si se tratare de lo primero, el demandante en  casación  está  obligado  a desarrollar una argumentación lógica, dirigida a  evidenciar  el  desacierto, siendo necesario, por una parte, que identifique con  precisión   la   garantía   que   estima   vulnerada   e  indique  las  normas  constitucionales  que  la  contienen y, por la otra, que demuestre su violación  en  la  sentencia,  a  través  del quebrantamiento de la estructura básica del  proceso o la violación de un derecho fundamental.   

Y  si  la  casación discrecional se intenta  para  desarrollar  la  jurisprudencia,  al censor le es exigible mencionar en la  demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue  que  la  Corte unifique posturas conceptuales, actualice la doctrina o aborde un  tópico  aún  no  desarrollado,  precisando  en  todo  caso la manera en que la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y, al mismo tiempo, servir de guía a la actividad judicial.   

El caso concreto.  

3.  Desde  ya  la  Corporación  anticipa su  conclusión   en   el   sentido   de  que  inadmitirá  los cargos formulados, toda vez que su postulación se  aparta  de  forma ostensible de los lineamientos reseñados en precedencia, y su  desarrollo  incumple  el  presupuesto  de  debida  fundamentación que rige este  recurso extraordinario.   

4.   Los   yerros  reseñados  surgen  sin  dificultad  desde  la  lectura  desprevenida  del  escrito  de demanda.  En  efecto,  dígase en primer lugar que, como ya se advirtió, el casacionista pasa  por  alto que la única vía para acceder a sede de casación lo es la modalidad  extraordinaria;  por lo tanto, omite el deber de enseñar a la Corte las razones  por   las  cuales  debe  admitir  de  manera  discrecional  el  libelo.  Y  aún  cuando  es  cierto  que  de  manera  tangencial  y  aislada  menciona la vulneración del debido proceso y el  agravio  ocasionado  al  procesado,   también lo es que con tan genéricas  aseveraciones,  por  lo  demás  carentes  de desarrollo, no logra enseñar a la  Corporación  los  motivos  para  emprender  el  estudio  excepcional  del fallo  recurrido.   

5.  Bastaría, entonces, este grave yerro de  postulación  para  inadmitir el libelo. No obstante, para ahondar la Sala en el  convencimiento  que  le  asiste  sobre  la  determinación que adoptará en esta  providencia,  encuentra  que  aún  cuando  le fuera permitido pasar por alto la  grave  inconsistencia  referida,  de todos modos los razonamientos que sustentan  los  cargos  adolecen de yerros igualmente trascendentes, en la medida en que se  apartan  por  completo de las exigencias que para cada una de las modalidades de  censura  ha decantado la jurisprudencia de la Sala y, en su lugar, no configuran  nada  diferente  a  las  personales  apreciaciones  probatorias del casacionista  frente   a   las  del  sentenciador,  amparadas  estas  últimas  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad.   

Para  constatar  lo  anterior,  véanse  las  precisiones  de  la  Corporación respecto de los requerimientos necesarios para  desarrollar las causales de casación que selecciona el demandante:   

“La postulación  de  vicios  de  nulidad  en  sede de casación no escapa al cumplimiento de unas  exigencias  básicas  que  permitan  a  la  Corte  abordar el estudio técnico y  jurídico  de  un  fallo  o  de una actuación, según el caso, con un margen de  movilidad  relativo,  de  manera  que  la  rigidez  formal  no haga nugatoria la  posibilidad  de reajustar la estructura del proceso o la actividad de los jueces  a  la  legalidad  sin  que  este medio extraordinario de impugnación pierda sus  características   esenciales   y   principalmente   su   finalidad.”   

“Dentro  de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como el  demandante  en  una  propuesta  de  nulidad  debe  identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”3   

Y si bien es cierto que cuando se trata de la  causal  de  nulidad  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sido laxa en torno al  cumplimiento  de  los  requisitos formales para su admisión, de todos modos tal  liberalidad  no permite que la censura se quede en el simple enunciado ni que la  Corte   entre   a   suplir   al   casacionista,   puesto  que  ello  implicaría  desnaturalizar    el    carácter    de    extraordinario   y   rogado   de   la  impugnación.   En  tal  virtud,  el  casacionista  debe  cumplir  con  las  exigencias  de  lógica  y  debida  fundamentación  necesarias  para  pretender  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad con que las sentencias  impugnadas  llegan  a esta sede; así, además de identificar la irregularidad y  su  trascendencia  en  el  resultado  del  proceso, el censor debe evitar que su  discurso   se   torne   en   una  crítica  a  la  apreciación  probatoria  del  sentenciador,  pues de esta manera se apartaría ostensiblemente de la causal de  casación  seleccionada  para  incurrir en una de violación indirecta de la ley  sustancial.   

Frente a la citada hipótesis, una vez más,  la  Sala  debe  reiterar que, en atención al principio  de  trascendencia, no basta con postular la existencia  de  la  irregularidad que se denuncia sino que es necesario acreditar que incide  de  manera  concreta  en el  quebranto de los  derechos  de   los   sujetos   procesales.   Significa  lo anterior que el actor  debe   hacer  evidente  un   perjuicio   generado  en  el   yerro  in  procedendo  denunciado,  pues,  caso  contrario,  la Corte, por  razón del principio  de   limitación,  no  puede entrar a  complementar  o interpretar al   censor.   

Por  otra  parte,  la  jurisprudencia  de la  Colegiatura  ha  precisado  que  la  modalidad  del error de hecho conocida como  falso  raciocinio tiene lugar  cuando  el sentenciador, en el ejercicio de apreciación de la prueba, desconoce  las  reglas  de  la  experiencia,  el sentido común, la lógica o la ciencia, y  ello  resulta  decisivo  para  fijar  el  sentido del fallo.  Con el fin de  demostrar  correctamente  esta  clase de vicio, el casacionista debe identificar  las  pruebas  afectadas  con  la equivocación, la regla de experiencia aplicada  por  el juzgador, demostrar con claridad por qué ésta no es válida, cuál era  la  que  debió aplicar, así como su relevancia para modificar el sentido de la  decisión  impugnada.  Tal  ejercicio  argumentativo  no  se logra con solamente  oponer  a  la del juzgador la personal apreciación probatoria del casacionista,  pues  esta  sede  no  tiene  por  objeto construir la interpretación probatoria  propia de las instancias sino la de verificar su legalidad.   

Aparte  de  la  equivocación referida a la  omisión  de  los  presupuestos de la casación discrecional ya reseñada, llama  la  atención  la  manera  protuberante  en  que el libelista acomete el escrito  de  espaldas  a los precisos hechos que fueron materia  de  investigación.  Así, surge con nitidez que,  en  lugar  de  acogerse  a los fijados por las instancias plasma a su acomodo el  episodio  fáctico  callando  unos  hechos  e  introduciendo  los que le parecen  relevantes  para  su tesis defensiva. Así las cosas, el discurso del recurrente  empieza  por  mostrar  su  intrascendencia,  pues ya desde la narración de los hechos deja ver que se refiere  a  unos  distintos  a  los  fijados  por el juzgador, como si de otro proceso se  tratase.   

6.   Además   de  lo  anterior,  resulta  inevitable  mencionar  que  el  impugnante  viola  de  entrada  el  principio de  prioridad  de las causales de  casación,  pues  propone como principal un cargo por violación indirecta de la  ley   sustancial   y   como   subsidiario  uno  de  nulidad;  así  desconoce  la  lógica con que debe plasmar  sus  inconformidades  ante  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  pues  ha  debido proponer en primer lugar, y como principal, el cargo  por  nulidad,  y  como  subsidiario  aquél que orienta por la causal primera de  casación,  en  el  entendido  de  que  el cargo principal es el que comporta la  invalidez  total  o  parcial de lo actuado, de suerte que, en caso de prosperar,  carecería  de  sentido  avanzar  sobre  la crítica referente a la apreciación  probatoria.   

7.  En lo demás, la Corporación encuentra  que   el  cargo  de  nulidad  –como ya lo advirtió- no  se  sustenta  en  nada  distinto  que  la  apreciación  probatoria  del casacionista, la cual pretende oponer a  la  del  juzgador,  para  así acreditar que lo procedente era absolver por duda  probatoria;  no  obstante lo anterior, por ninguna parte logra demostrar de qué  manera  fue  violado  el  debido  proceso,  ni  la Corte lo avizora por más que  quiera  forzar  la  facultad  que le asiste de superar las falencias del escrito  para entrara a subsanar un yerro trascendente.   

Así  pues, el confuso cargo de nulidad, en  cuyo  desarrollo  aparecen entremezcladas censuras relativas a la insuficiente o  inexistente  motivación,  así como de violación directa de la ley sustancial,  no  es  idóneo  para demostrar de qué manera el fallador ha debido adoptar una  decisión  contraria por hallarse de frente a una situación de insuperable duda  probatoria.   

8.  Lo  propio ocurre con el cargo que, por  falso  raciocinio y de forma  equivocada,  el  casacionista  propone en primer lugar  como principal; los  dos  cargos  –este  y  el  anterior-  son  idénticos  en  su  desarrollo  y, por eso, comparten los mismos  yerros, imprecisiones y desaciertos.   

Recuérdese cómo a través de esta censura,  el  impugnante  alega  que  el  sentenciador ha debido apreciar la prueba de una  manera   más   conveniente   a  los  intereses  defensivos,  más  exactamente,  concediéndole  credibilidad  a  la  exculpación del acusado y a las pruebas de  descargos,  pero  con ello no alcanza a demostrar un dislate de falso raciocinio  tal  como lo exige la jurisprudencia, en la medida en que ni siquiera identifica  cuál  fue  la  máxima  de  la sana crítica que el juzgador desconoció, menos  aún  su  trascendencia  frente al sentido de la decisión; por el contrario, se  limita  a  sugerir  su  propia  apreciación  de  los  medios de convicción y a  lamentar que el juzgador no los compartiera.   

En  otras palabras, el juzgador abordó las  posturas   defensivas   que   el   impugnante   pretende   traer   a  esta  sede  extraordinaria,  solamente que a la hora de otorgarles poder suasorio no lo hizo  de  la  manera  en  que  el  defensor  lo  hubiera  querido:  de  manera  que el  enfrentamiento  así  plasmado  no es por sí mismo suficiente para demostrar un  yerro  de  apreciación  probatoria,  pues  no  pasa  de  ser un razonamiento de  instancia.   

Por  otra parte, el libelista es confuso en  el  discurso que desarrolla el cargo, pues, como en el caso anterior, propone un  falso  raciocinio,  pero  termina  por  denunciar omisiones argumentativas en el  fallo  y  aún  de proponer que la conducta del enjuiciado ha debido calificarse  como  de  extorsión  en grado de tentativa, reproches que ha debido abordar por  la  causal  tercera  de  casación  y  la violación de la ley sustancial, en su  modalidad directa.   

En conclusión, el  libelo  cuyos  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación  motiva este  pronunciamiento  se  aparta  de manera notoria, no solamente de los lineamientos  que  deben  orientar  el  instituto  de  la  casación discrecional, sino de las  enseñanzas  de  la jurisprudencia referentes a las exigencias inherentes a cada  uno de los reproches ensayados.   

9.  Los  razonamientos precedentes son más  que   suficientes   para   concluir   que  las  evidentes  falencias  de  debida  postulación  y  argumentación  de que adolecen los cargos formulados hacen que  el  escrito  de demanda deba ser inadmitido a esta sede extraordinaria.   

10. Por último, se advierte que del estudio  del  proceso  no  se vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que  al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  para  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del procesado JOSÉ          MIGUEL         RODRÍGUEZ         DURÁN.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  juzgado penal del circuito de origen y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                                                         SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                                   JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 28 de abril de 2010,  radicación No. 33318.   

2 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    ibid.   

3  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No. 21850     

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