35369(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35369  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  413  

Bogotá, D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  DELVIS  TOBÍAS  FARFÁN  LONDOÑO  contra  la sentencia del 10 de septiembre de  2010  por  medio  de  la  cual  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial    de    Ibagué   confirmó   integralmente  la  decisión de primera instancia del 21 de abril del  mismo  año,  por  medio  de  la  cual  el  Juez  Penal del Circuito de El Guamo  (Tolima)  condenó  al mencionado de manera anticipada como autor de la conducta  punible de homicidio simple.    

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los enunció  de la siguiente manera:   

“Los  hechos  jurídicamente  relevantes  ocurrieron   el 16 de noviembre de 2009, a eso de las 04:20 horas, frente a  las  instalaciones  de  Telecom  ubicadas  en  la  carrera  11  con  calle 7 del  Municipio  de El Guamo, Tolima, cuando Alba Luz Guzmán Carrillo, Diana Carolina  Barreto  Otavo,  Edilson  Lozano  Vidal, José Mariano Sánchez y el menor José  Daniel  Morales  Carrillo  se dirigían a pie hacia su casa situada en el barrio  Pablo  Sexto  e  intempestivamente  apareció  Delvis  Tobías  Farfán Londoño  conduciendo  la  motocicleta de placas AWS-50B con la cual atropelló al último  de  los  citados,  causándole fractura en sus piernas. Ocurrido lo anterior, el  referido  conductor  trató  de  huir,  sin embargo, al pretender evitarlo José  Mariano  Sánchez,  aquél sacó una navaja y le propinó una herida en el pecho  que le generó su deceso.   

Acto   seguido   intervino  con  el  mismo  propósito  Edilson  Lozano  Vidal,  empero,  igualmente  fue  agredido  por  el  motociclista  quien  le  causó   dos heridas en diversas partes del cuerpo  con  la  misma arma, momento en el cual hizo su aparición una patrulla policial  que    de    inmediato   lo   aprehendió   en   el   propio   teatro   de   los  acontecimientos.”   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1. A solicitud del Fiscal 47 Seccional de El  Guamo  (Tolima),  el Juez Primero Promiscuo Municipal con Función de Control de  Garantías  del  mismo  municipio,  en  audiencia  preliminar celebrada el 17 de  noviembre  de 2009, impartió legalidad a la captura en  flagrancia  de DELVIS TOBÍAS  FARFÁN   LONDOÑO,   así  como  a  la  incautación   de   elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física;  de  igual  forma,  le  formuló al indiciado  imputación  por los delitos  de  homicidio simple en concurso sucesivo y heterogéneo con lesiones personales  dolosas  y  lesiones  personales  culposas  (artículos  103, 112, 120, 121 este  último  en  concordancia con el 110-1 del Código Penal, normas modificadas por  la  Ley  890  de  2004);  a  su  turno,  el  imputado no aceptó los cargos así  formulados.   

Por último, a solicitud del fiscal, el juez  de  garantías  afectó  al imputado con medida de aseguramiento de detención  preventiva  en establecimiento  carcelario.   

2.  El  escrito de  acusación fue radicado el 15 de diciembre de 2009 por  el  Fiscal  Seccional  47 de El Guamo; fue así que el 26 de enero de 2010, ante  el  Juez  Penal  del Circuito con Funciones de Conocimiento del mismo municipio,  se   llevó   a  cabo  audiencia  de  formulación  de  acusación     en     contra     de    DELVIS  TOBÍAS  FARFÁN  LONDOÑO  por las  conductas  punibles  de homicidio simple, lesiones personales dolosas y lesiones  personales  culposas  (artículos  103,  112,  120  y 121 en concordancia con el  110-1  de  la  Ley  599 de 2000, normas modificadas por la Ley 890 de 2004), sin  que  los  intervinientes,  entre  ellos las víctimas debidamente reconocidas en  dicha  diligencia,  presentaran objeción alguna frente al escrito de acusación  ni   se  pronunciaran  sobre  nulidades,  impedimentos  o  incompetencia.  Así,  enterado  el  acusado  de  los  cargos  formulados,  se  abstuvo  de  aceptarlos   

El  10  de  marzo  de  2010  tuvo  lugar  la  audiencia  preparatoria;  en  ella    el   acusado   FARFÁN   LONDOÑO  aceptó  el  cargo  por  la  conducta punible de homicidio simple,  manifestación   que   realizó   de   manera   libre,  asistida,  voluntaria  y  espontánea,  tal  como  lo  confirmó el funcionario judicial del conocimiento.  Así   mismo,   al   procesado  se  le  comunicó  que  por  la  aceptación  de  responsabilidad  se  haría  acreedor  a una rebaja punitiva de hasta la tercera  parte  de  la  pena  fijada  en  la  ley,  como  también de la improcedencia de  retractarse  de  lo  legalmente aceptado. Enseguida, se dispuso la ruptura de la  unidad  procesal  y,  en  consecuencia,  se  compulsó  copia  de lo actuado con  destino  al  juez  penal  municipal  con  funciones  de  conocimiento  para  que  continuara con la actuación.   

Por   último,  el  representante  de  las  víctimas  anunció  su renuncia a reclamar por la vía  penal  los  perjuicios  de  orden civil derivados de la  ejecución de la conducta punible.   

3. Así las cosas, en audiencia celebrada el  21   de   abril   del   año   en   curso,  y  tras correr a los intervinientes el traslado del artículo 447  de  la Ley 906 de 2004, el Juez Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento  de  El Guamo emitió e hizo lectura del fallo de primer  grado  a  través  del  cual  condenó  a DELVIS  TOBÍAS  FARFÁN LONDOÑO a la pena  principal  de  138  meses  y  20  días de prisión, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la libertad.  De la misma  manera,  el  a  quo negó al  procesado  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

4.  La  sentencia  de  primera instancia fue  apelada  por el defensor del  procesado  y confirmada por la  Sala   Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué,  en  decisión  de  segundo  grado  del 22 de junio de 2010.        

5.  Inconforme con lo resuelto, el apoderado  judicial  del  enjuiciado  interpuso el recurso extraordinario de casación y lo  sustentó oportunamente a través del correspondiente escrito.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El   apoderado   judicial   del  procesado  DELVIS    TOBÍAS    FARFÁN    LONDOÑO  propone  dos cargos, así: el primero por violación directa de la  ley  sustancial  y  el  segundo,  subsidiario del anterior, por nulidad, la cual  hace  consistir  en  la  violación  al derecho a la defensa técnica.  Los  confusos  y  deshilvanados  argumentos que desarrollan los cargos formulados los  intenta resumir la Corte de la siguiente manera:   

Primer  cargo:  causal primera de casación,  violación indirecta de la ley sustancial.   

El  demandante,  tras  invocar  a  causal de  casación  de  que  trata  el numeral 1 del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  asegura  que  las  sentencias  de  instancia  violan  de manera indirecta la ley  sustancial   por   vía   de   un  error  de  hecho,  consistente  en  el  falso  raciocinio   “generado  en  el análisis de la  conducta  de  DELVIS  TOBÍAS  FARFÁN  LONDOÑO”, lo  cual  condujo  a la aplicación indebida del artículo 103 del Código Penal y a  la  exclusión  evidente del artículo 32, numerales 6 y 9 (los cuales consagran  la  legítima  defensa  y  el  miedo  insuperable,  como  causales  eximentes de  responsabilidad  penal).  Agrega  que  el  yerro  descrito  llevó al fallador a  ignorar  los artículos 13, 29 y 250 de la Constitución Política, así como el  7, 350 y 234 del Código de Procedimiento Penal.   

En   sustento   de  su  inconformidad,  el  recurrente   reprocha   que  el  ad  quem   hubiese   afirmado   que   la   sentencia  anticipada  impide  la  retractación  del  procesado, pues de esta manera no pudo advertir la manera en  que,  según  FARFÁN  LONDOÑO  y  la  prueba  obrante en el proceso, en verdad  ocurrieron  los hechos: los acompañantes del menor lesionado transitaban por la  vía  pública  interrumpiendo  el tránsito, lo que causó que el hoy procesado  FARFÁN  LONDOÑO  se  accidentara  y terminara aturdido sobre el pavimento; que  tras   el  accidente  aquellos  se  lanzaron  en  contra  del  conductor  de  la  motocicleta  y  lo  agredieron con un arma blanca; allí se produjo un forcejeo,  como  resultado  del  cual  perdió la vida el hoy occiso tras ser desarmado por  FARFÁN LONDOÑO, en ejercicio de la legítima defensa.   

Asegura, entonces, que allí se configuraron  los  fenómenos  de  legítima defensa y miedo insuperable, los cuales descartan  la  responsabilidad del acusado DELVIS TOBÍAS FARFÁN LONDOÑO. Reprocha que el  juzgador  incurriera  en  un  falso  raciocinio, como consecuencia de violar las  reglas  de  la  sana crítica en la valoración de la conducta del procesado, en  particular,  por  desconocer  lo favorable de los testimonios de descargos, y de  apreciar que no existió la legítima defensa pregonada.   

Alega  que  el  sentenciador  desconoció el  deber  de  investigar  tanto  lo  favorable  como lo desfavorable al procesado e  invirtió la carga de la prueba.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  impugnante pide a la Corporación que case las sentencias en  cuanto  a  la no aplicación del artículo 32 del Código Penal numeral 6 y 9 y,  en  consecuencia,  dicte una sentencia de reemplazo que interprete adecuadamente  los  artículos  7  y 375 del Código Penal, aplique los artículos 13, 29 y 250  de  la Constitución Política y decrete la “nulidad  desde   la  audiencia  preliminar”,  al  tiempo  que  disponga la libertad inmediata e incondicional del procesado.   

Segundo cargo: nulidad.  

El  recurrente  se  apoya  en  la  causal de  casación   que  describe  el  numeral  2  del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004 para pregonar que fue desconocido el debido proceso  por afectación sustancial de su estructura.   

Sostiene  que  con  la  anomalía denunciada  fueron  violados  los  artículos  232 al 234 y 238 del Código de Procedimiento  Penal,  lo  cual  condujo al fallador a ignorar los artículos 1, 2, 12, 13 y 29  de  la  Constitución  Política, “debido a un falso  juicio  de  existencia,  el cual consiste en la omisión de los medios de prueba  con  los  que se demuestra que la conducta de DELVIS TOBÍAS FARFÁN LONDOÑO se  encuentra  amparada  bajo  la  causal de ausencia de responsabilidad penal de la  legítima defensa”.   

Asegura que FARFÁN LONDOÑO careció de una  adecuada  defensa  técnica  la cual, en lugar de hacerle ver al sentenciador -a  través  de una activa gestión probatoria, así como por medio de la apelación  de  la  resolución  de  situación  jurídica  y la presentación de un escrito  precalificatorio-   que  los hechos en verdad ocurrieron como lo asegura el  hoy  procesado,  lo  indujo  a  aceptar  el  cargo  formulado  por la fiscalía.  Enseguida,  el  recurrente  repasa  y  cita  textualmente  el  contenido  de las  entrevistas  de  José  William Orjuela Rocha y José Lenis Rocha Campos, de las  cuales  aprecia  que son coincidentes en lo favorable al procesado, quien con su  comportamiento solamente pretendió defenderse de sus agresores.   

Enseguida,  el  impugnante se lamenta que el  apoderado  judicial  no  hubiese  allegado  las declaraciones de los anteriores,  quienes,  aún  cuando  se  observan parcializados en contra de aquél, de todos  modos  de  su  dicho  se  advierte  lo  favorable  al  acusado, en particular lo  referente a la hipótesis defensiva de la legítima defensa.   

Como   consecuencia   de   los  anteriores  argumentos,  el  censor  le  pide  a  la  Sala  que  declare la nulidad desde la  audiencia preparatoria, en aras de la verdad real.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Competencia  de  la  Sala  y  requisitos  de  admisibilidad generales y particulares de la demanda de casación.   

1.  Sea lo primero advertir que a la Sala le  asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la  demanda  de casación, conforme la competencia que fija él artículo 32-1 de la  Ley  906  de  2004,  en  asocio  con  el  inciso 1º del artículo 184 del mismo  Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación   en  concreto  de  la  demanda  que  ocupa  su  atención,  estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  de  naturaleza  extraordinaria  que procede contra las  sentencias   dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  las  actuaciones  procesales,  a  través  de  las  cuales  se investigan y juzgan comportamientos  punibles,  cuando las decisiones proferidas, o bien el trámite surtido, afectan  de  manera trascendente y decisiva, derechos de los intervinientes.  Por lo  tanto,  la  finalidad  del  recurso  extraordinario  no  es  otra  que lograr la  efectividad  del  derecho  material desconocido, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos que, como lo tiene dicho esta  última,  son  los mismos del proceso penal; así se explica que las causales de  casación tengan un diseño encaminado a lograr esos fines.   

Lo  dicho en precedencia permite afirmar que  este  recurso  extraordinario  es   consecuencia natural de la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha  señalado  que  aún  cuando  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón de ser en  que   de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso  2°  del  artículo  últimamente  citado  no  será  seleccionada  la  demanda  que  se encuentre en  cualquiera  de los siguientes supuestos: i)  Si  el  demandante  carece  de interés  jurídico;  ii)    Si    prescinde    de    señalar    la   causal;   iii)  Si  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación,  y  iv) Cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que       la     demanda      sea      admitida,     el   libelista  debe  acreditar el interés que le asiste para  recurrir  a esta sede extraordinaria, así como la real  afectación   de   los   derechos   o   garantías   fundamentales;  para  ello,  deberá   formular  y  desarrollar los correspondientes cargos y, por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la Corte para lograr  algunos  de  los  fines establecidos para la casación, según lo reseñado más  arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que le permita al impugnante continuar el debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso  y,  por  lo  tanto, no es  procedente  realizar  toda  clase  de  cuestionamientos  a  manera  de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la  ley,  y conforme el  interés  que  legalmente  le  asista al recurrente, se  denuncian  errores,  bien  sea  de  juicio o de procedimiento en que haya podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente, con  estricta  sujeción  a  los  lineamientos  que  la naturaleza de cada una de las  causales  de  casación y los requerimientos que la jurisprudencia de la Sala ha  fijado de tiempo atrás.   

3.  Ahora  bien,  en  los  eventos  en  que  –como en el caso presente-  existe     el     fenómeno    de    la    sentencia  anticipada,  el interés del  recurrente  para  acudir  en casación –uno  de  los  presupuestos  necesarios  para  la  admisibilidad del  libelo-  resulta restringido en la medida que en tales eventos rige el principio  de  no  retractación,  tal  como  lo  ha precisado la  jurisprudencia  de  la  Sala, de la siguiente manera2:   

“Sin embargo, en  tratándose  un  fallo obtenido anticipadamente porque el implicado se allanó a  los  cargos imputados por la Fiscalía, el interés jurídico se integra además  de  los anteriores, con otros presupuestos insoslayables, a riesgo de desquiciar  el sistema procesal penal acusatorio.   

En efecto, uno de los requisitos esenciales  de  la  impugnación  consiste  en  la acreditación del interés jurídico para  recurrir,   que   en   tratándose  de  una  sentencia  emitida  en  virtud  del  allanamiento   a   cargos,   se   encuentra  restringido  por  el  principio  de  irretractabilidad.   

Ha insistido la jurisprudencia de esta Sala  en  que  la culminación anticipada del proceso mediante una sentencia que surge  a  raíz  del  allanamiento  a  cargos participa de la naturaleza de la justicia  consensuada  y  a  su vez forma parte del denominado derecho premial, puesto que  el  implicado  manifiesta  consciente,  espontánea  y libremente su voluntad de  aceptar  los  cargos  que  la  Fiscalía  le  imputa;  y  a  cambio  de ello, en  compensación  al  ahorro de instancia que el sometimiento a la justicia genera,  recibe    como    beneficio    una    sustancial   rebaja   de   la   pena   que  correspondiere.   

Una   de   las  consecuencias  de  aquel  sometimiento  premiado  es  la  irretractabilidad.  La  aceptación consciente y  voluntaria  de la culpabilidad se rige por el principio de irretractabilidad, en  virtud  del  cual,  una  vez el juez de conocimiento aprueba el allanamiento, no  hay  lugar  para  el  arrepentimiento;  y  la  defensa  renuncia  al  derecho de  controvertir   la   imputación,   al   juicio  oral  y  al  debate  probatorio.   

Ello implica que, verificada por el Juez de  conocimiento  la  legalidad  del  allanamiento,  la  defensa  carece de interés  jurídico  para  interponer  los  recursos  de  ley  contra  el fallo, cuando la  impugnación   pretenda  cuestionar  los  extremos  de  la  adecuación  típica  imputada  y  de  la  culpabilidad  que  ya se había aceptado en el marco de ese  allanamiento.   

Por   lo   demás,   el   principio   de  irretractabilidad  sobre  la  manifestación  de  culpabilidad  aceptada  en  el  allanamiento,  una  vez  éste  ha sido aprobado por el Juez de conocimiento, se  encuentra  estatuido en el artículo 293 del Código de Procedimiento Penal, Ley  906  de  2004,  precepto  que la Corte Constitucional declaró compatible con la  Carta, en la Sentencia C-1195 de 2005, en la cual indicó:   

Una  vez  realizada  la  manifestación  de  voluntad  por parte del  imputado, en forma libre, espontánea, informada y  con  la  asistencia  del  defensor,  de  modo  que  sean  visibles su seriedad y  credibilidad,  no  sería  razonable  que  el legislador permitiera que aquel se  retractara  de  la  misma,  sin  justificación  válida  y  con menoscabo de la  eficacia  del  procedimiento aplicable y, más ampliamente, con detrimento de la  administración de justicia, como lo pretende el demandante.   

(…)  

“Por  otra parte, en lo concerniente a la  determinación  de  dicha  responsabilidad  y  la  consiguiente  condena  en  la  sentencia,  es evidente que el fundamento principal es la aceptación voluntaria  de  aquella  por  parte  del  imputado,   lo  cual  en  el campo probatorio  configura  una  confesión,  de modo que se puede deducir en forma cierta que la  conducta    delictiva    existió    y    que    aquel    es    su    autor    o  partícipe.”   

Como se observa, el allanamiento a cargos,  una  vez  aprobado  por el Juez de conocimiento, contribuye a los fundamentos de  la  sentencia condenatoria a la manera de una confesión, voluntaria, consciente  y  asistida  por  el profesional del derecho que asume la defensa; de suerte que  la   existencia   de   delito  endilgado  y  la  responsabilidad  penal  podrán  corroborarse  con  los otros medios de conocimiento allegados como principios de  prueba, suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia.   

Con todo, es preciso aclarar que en ámbito  de  la  Ley  906 de 2004, se exceptúa la regla que restringe la impugnación de  los  fallos de instancia obtenidos previo allanamiento a cargos, cuando se trata  de  remover  a  través de los recursos alguna causa que produzca la afectación  sustancial   del   debido   proceso   o   la   vulneración  de  las  garantías  fundamentales;  problemática  que,  por  lo  general, es enmendable por vía de  nulidad;  y  también es válida la impugnación por motivos diferentes, pero en  todo  caso ajenos al contenido de la conducta y la culpabilidad aceptadas, tales  como  el  monto  de  la  pena  y  las  condiciones  en  que  ha  de cumplirse la  misma.   

Sólo  en  hipótesis como las anteriores,  que  distan  mucho  de  la  retractación,  es  factible  recurrir  la sentencia  propiciada  por  el allanamiento a cargos; y en particular, podría interponerse  el  recurso  extraordinario,  debido  a  que  la casación tiene por fines “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación   de  la  jurisprudencia”  (Artículo   180,  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  906  de  2004).   

Así  lo indicó la Sala en auto del 24 de  julio  de  2007 (radicación  28433):   

“Si  bien  es cierto que por estos mismos  motivos,  es  decir,  cuando  el proceso abreviado se adelanta con fundamento en  una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento de las garantías  fundamentales,   los  sujetos  procesales  están  legitimados  para  buscar  su  invalidación  en  las  instancias o en casación, igualmente es verdad que esas  nociones  difieren  sustancialmente  del concepto de retractación, que implica:  deshacer  el  acuerdo,  arrepentirse  de su realización, desconocer lo pactado,  cuestionar  sus  términos,  ejercicio  que  no  es  posible  efectuar cuando su  legalidad  ha sido verificada y la sentencia dictada” (subraya la Sala en esta  oportunidad).   

Es  así,  entonces,  que  la  demanda  de  casación  no solamente debe cumplir con los requisitos generales que determinan  la  admisión  de  cualquier  libelo  que aspire a ser objeto de estudio en esta  sede     extraordinaria,    sino    –como  se  viene  de precisar-  también con aquellos que operan  cuando  el  fallo  impugnado  se funda en la aceptación de los cargos por parte  del imputado o acusado.    

El caso concreto.  

4.  Luego  de confrontar las consideraciones  que  vienen  de  reseñarse  frente  a los argumentos plasmados en la demanda de  casación,  desde  ya  la  Corporación adelanta su conclusión en el sentido de  que  la  inadmitirá, debido a  que  los  razonamientos  que  la  desarrollan  ofrecen  una  manifiesta  postura  encaminada  a  configurar  una retractación del cargo admitido de homicidio, lo  cual   permite   deducir   sin   dificultad   que   al  recurrente   no  le  asiste  interés  para  traer  a  esta sede extraordinaria los  reproches   que   propone   a   través   de   los   cargos  que  plasma  en  su  escrito.   

En  efecto,  una vez revisado el sustento de  los  reproches  formulados surge más que nítido que ambos -el primero por vía  del  falso  raciocinio  y  el segundo a través de la nulidad por violación del  derecho  a  la  defensa  técnica- se orientan a oponer a la del sentenciador la  personal  interpretación probatoria del demandante y, en especial, a desestimar  lo    válida    y   libremente   aceptado   por   el   procesado   DELVIS   TOBÍAS  FARFÁN  LONDOÑO.    

Es  así  que  por  medio  del  primer   cargo,   el  censor  reclama  la  existencia  de  un  falso  raciocinio  sobre  el  supuesto de que el fallador no  apreció  de  manera  favorable  a  los  intereses  del acusado los elementos de  juicio    existentes    en    la    actuación,    los    cuales    –en   su   criterio-  demostraban  las  causales   eximentes   de  responsabilidad  alegadas.   Y,  por  medio  del  segundo,  reclama  que  el  defensor  omitió  una  más  activa gestión probatoria encaminada a mostrar al  sentenciador   el  sustento  probatorio  de  las  explicaciones  defensivas  del  procesado.   

Pues  bien,  ninguno  de  tales reproches es  susceptible  de  ser  propuesto por vía del recurso extraordinario de casación  porque   –como  bien  lo  razonó   el   ad   quem-  constituyen  un  intento  de  desconocer el cargo admitido, sobre la base de una  apreciación  probatoria  diversa  o  una  gestión defensiva distinta, aspectos  ambos  a  los  que  el  procesado  renunció  al  acogerse al cargo de homicidio  formulado en la audiencia de  acusación.   

Conclusión.  

5. Basta lo brevemente expuesto –sin necesidad de entrar a reseñar las  ostensibles  falencias  de debida fundamentación que sustentan los cargos- para  concluir  en  que  –como ya  la  Sala  lo  anticipó-  al  casacionista no le asiste  ningún   interés   para   recurrir   a   esta  sede  extraordinaria  a  través  de  los cargos que postula en el escrito de demanda,  razón  por  la cual ésta será inadmitida.   

Por otra parte, no se avizora la necesidad de  superar  las  falencias  reseñadas  y,  en consecuencia, admitir el libelo, tal  como  lo  autoriza el inciso 3º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, con el  fin  de  actualizar  alguno de los fines de la casación reseñados al inicio de  estas consideraciones.   

Acotación final.  

6. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de DELVIS  TOBÍAS FARFÁN LONDOÑO.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                                                         SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                                   JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 30 de enero de 2008,  radicación No. 28772.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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