34743(15-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34743  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 293.  

Bogotá, D.C., quince de septiembre de dos mil  diez.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte  la demanda de casación presentada por el defensor de ÁNGEL  MARÍA  ORTIZ  PÉREZ,  en contra de la sentencia de segundo grado proferida por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta (Norte de  Santander),  el 19 de marzo de 2010, mediante la cual confirmó el fallo emitido  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de descongestión de esa ciudad, el  13  de octubre de 2009, condenando al mencionado procesado, como responsable del  delito  de acceso carnal violento, a las penas principal de 14 años y accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo término.   

H    E    C   H   O  S   

En  el  fallo  de  primer  grado,  quedaron  consignados de la siguiente forma:   

“Se desprende de autos que estos tuvieron  ocurrencia  en el mes de noviembre de 2007, en la residencia ubicada en la calle  7  N°  3-51  del  barrio  San  Francisco  del  municipio de Sardinata. La menor  víctima  debido  a  los  problemas  de  hemorragia que presentaba a raíz de su  menstruación  es  llevada por su mamá Rosa Elvira Ballena en compañía de sus  vecinas  Ana  Graciela  y  Zoraida  Ibarra  Montejo, hasta la casa del naturista  Ángel  María Ortiz Pérez, quien de acuerdo a los comentarios era muy acertado  para   resolver   este  tipo  de  asuntos,  siendo  efectivamente  revisada  con  pronóstico   de   padecimiento   de  anemia  aguda,  cuyo  tratamiento  costaba  $140.000.oo  pesos.  Después  de tomar los medicamentos formulados, la niña se  sintió  muy mal y regresó al consultorio acompañada de su amiga Laura Ibarra,  pero  no las atendió en ese momento solicitándole que regresa (sic) a las diez  de  la  mañana  pero  sola,  lo  que  así ocurrió. Al llegar a su consultorio  Ángel  María  Ortiz Pérez empieza a decirle que sabe ciertas cosas de su vida  privada,  preguntándole  si  tiene novio y si ha tenido relaciones sexuales, le  ofrece  dinero  para que sostenga relaciones sexuales con él, amenazándola que  si  no lo hace al otro día le contará a su papá y que por ese motivo pasara a  manos  de  Bienestar Familiar, la niña se encontraba mareada por los efectos de  los  bebedizos recetados se levanta y abre la puerta para salir, momentos en que  el  sindicado  la  agarra  de la mano, cierra la puerta con seguro, extiende una  colchoneta, la acuesta y la accede carnalmente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

El  14  de  mayo  de  2008, el señor Jesús  María  Pérez Parada compareció ante la Fiscalía Local de Sardinata (Norte de  Santander),  con  el fin de denunciar la agresión sexual de que fue víctima su  hija   Z.P.B.1, de 11 años de edad.   

El  mismo  día,  dicha dependencia judicial  ordenó  la  práctica de investigación previa, la cual concluyó el 20 de mayo  siguiente,  cuando  la  Fiscalía adscrita al CAIVAS2   de   Cúcuta   (Norte   de  Santander)  dispuso  la  apertura de la instrucción y la vinculación y captura  de  ÁNGEL MARÍA ORTIZ PÉREZ, quien fue escuchado en diligencia de indagatoria  el 23 de mayo de esa anualidad.   

La  situación  jurídica  del sindicado fue  resuelta  el  30  de  los  mismos mes y año, con la aplicación de la medida de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación, por su  posible    participación    en   la   conducta   punible   de   acceso   carnal  violento.   

Clausurada  la  fase  instructiva  el  19 de  agosto  de  2008,  el  ente  instructor calificó su mérito el 12 de septiembre  siguiente,  profiriendo  de resolución de acusación en contra de ORTIZ PÉREZ,  por  su  presunta  responsabilidad  en  el  delito  de  acceso  carnal  violento  agravado,  tipificado  en los artículos 205 y 211-4 del Código Penal, teniendo  en  cuenta, adicionalmente, la circunstancia de mayor punibilidad prevista en el  numeral 5° del artículo 58 Ibidem.   

Apelado  el pliego acusatorio por la defensa  del  procesado,  la  Fiscalía  Cuarta  delegada  ante  el  Tribunal Superior de  Cúcuta  lo  confirmó, en decisión de segunda instancia del 29 de diciembre de  ese año.   

La  etapa  de juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  esa ciudad, dependencia que luego de  realizar    las    audiencias    públicas    de    preparación    –el  30 de marzo de 2009- y juzgamiento  –en  sesiones  del  29 de  abril  y  1°  de  septiembre siguientes-, dictó sentencia el 13 de octubre del  mismo  año,  condenando  al  sindicado  ORTIZ PÉREZ, como autor de la conducta  punible  por  la  cual  se  le acusó judicialmente, a las sanciones principal y  accesoria reseñadas en la parte inicial de este proveído.   

De igual modo, el A  quo  lo  condenó  a  pagar  la  suma equivalente a 20  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes por concepto de daños morales, y  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor  del  acusado,   la   Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  lo  confirmó  íntegramente,   mediante   providencia  del  19  de  marzo  de  2010,  que  fue  oportunamente recurrida en casación por el mismo sujeto procesal.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo  único:  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Apoyado  en  la causal primera del artículo  207  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000, el defensor manifiesta que el  Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  y  violó  el  artículo  277  de esa  codificación,  el  cual  contempla  “los criterios  para  la  apreciación  del  testimonio de acuerdo con los principios de la sana  crítica”.   

Así,  luego  de  transcribir  el  referido  precepto,  señala  que  la postura de la defensa siempre apuntó a sostener que  la  prueba de cargo allegada carecía de suficiente contundencia para desvirtuar  la  presunción  de  inocencia,  pues,  tal  como alegó ante las instancias, el  testimonio    de    Z.P.    no   era   digno   de   credibilidad,   “habida  cuenta  de su peculiar personalidad, del real motivo que  la  llevo (sic) a guardar silencio sobre su desgracia y a acusar a ÁNGEL MARÍA  ORTIZ PÉREZ, como su violador”.   

No  obstante,  agrega  el  demandante,  el  juzgador,  apoyado  en  citas de la Sala sobre la apreciación del testimonial y  la        declaración        del        menor3,  no aceptó su planteamiento,  otorgándole  credibilidad  a  la  versión  de  la víctima, la cual consideró  suficiente  para  endilgar  responsabilidad a su defendido y restar mérito a la  prueba de descargo.   

Pero  son  esos  precedentes,  asegura  el  impugnante,   los   que   precisamente   permiten  determinar  que  el  Tribunal  desconoció  los  criterios  legales  de  valoración  probatoria,  “que  son  los  postulados  de  la lógica, leyes de la ciencia o  reglas  de  la  experiencia, es decir, los principios establecidos legalmente en  relación    con    cada    medio    de    prueba,    cayendo    en   un   falso  raciocinio”.   

Esto es, añade, en el examen del testimonio  de  la  ofendida,  no  tuvo  en cuenta los principios de la sana crítica en los  términos  consagrados  por  la  norma,  pese  a que se presentaron “situaciones  completamente informadas en el expediente, como que  tenía  la  costumbre  de  ser  callejera, desobediente a sus padres, grosera de  palabras   y  altanera  con  su  madre,  renuente  al  estudio  e  imposible  de  aconsejar”,   lo   cual   es   reportado   por  las  testificaciones   de   Rosa   Elvira  Ballena,  Zoraida  Ibarra  y  “su novio José Miguel”.   

De igual modo, cuestiona el recurrente que no  se  hayan  tenido  en  cuenta las contradicciones en que incurre la menor, sobre  todo  al  exponer lo ocurrido a la psicóloga, circunstancia que hace pensar que  “no     es     tan     coherente”.   

De  todos  modos,  al  descartarse  que  la  ofendida  tuviese  afectada su capacidad psico-perceptiva o careciese de mínimo  raciocinio,  su  dicho  debió  ser  sometido  al  mismo  rigor  que se efectúa  respecto  de  cualquier  otro testimonio “y al tamiz  de  los  principios de la sana crítica”, a partir de  los  cuales  concluye “que es muy difícil creerle a  una  muchacha  que  manifiesta  un comportamiento tan libre y seguro, que temía  relatarle  a  sus padres que fue violada, y no obstante no se avergüenza de las  relaciones  íntimas  que  sostuvo con José Miguel de la que todo su entorno se  enteró, padres, cuñada y suegra”.   

La  experiencia y el sentido común, asevera  seguidamente  el  censor,  permiten elucubrar que si un testimoniante al momento  de    rendir   su   versión   presenta   tales   peculiaridades,   “su  dicho no puede ser totalmente creíble, especialmente cuando  se   trata   de   comprometer   la   responsabilidad  de  alguien”.   

Con base en ello, asegura el libelista que el  fallador  violó  las normas acerca de la apreciación de la prueba testimonial,  pues,  si  las  hubiese atendido “frente a la prueba  de  descargo,  en  su  intelecto  se  habría  vislumbrado  la  duda, la habría  contemplado  en  su  raciocinio y la habría predicado resolviéndola conforme a  la ley, es decir, a favor del procesado”.   

Por último, el actor solicita que se case la  sentencia   impugnada,  para  en  su  lugar  absolver  al  sindicado  del  cargo  imputado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargo  único:  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Dice  el defensor  que     el   Tribunal,   en   la   valoración   del  testimonio   de   la   menor   Z.P.B., incurrió en error de hecho, ya que no  tuvo  en  cuenta  los  postulados  de  la  sana  crítica,  en los términos del  artículo  277  de  la  Ley  600  de  2000.  Asimismo,  cuestiona  que  no  hayan apreciado las contradicciones en que incurre la joven,  así  como  algunos aspectos de su personalidad, que surgen de las declaraciones  de  José Miguel –su  novio-,  Rosa  Elvira  Ballena  y  Zoraida Ibarra.   

Con  este  planteamiento,  el  casacionista  reitera  a  lo  largo  de  su  libelo que se ignoraron los principios de la sana  crítica,  lo  que  fundamenta aseverando que la experiencia y el sentido común  habrían  permitido  determinar  que si un testimoniante al momento de rendir su  versión   presenta   esas   peculiaridades  en  su  personalidad,  “su  dicho no puede ser totalmente creíble, especialmente cuando  se   trata   de   comprometer   la  responsabilidad  de  alguien”.  De  esta  forma,  concluye, se habría vislumbrado la duda, con la  consiguiente absolución para su defendido.   

Con dicha forma de fundamentar, es claro que  el  demandante  se  aparta  de los parámetros argumentales y lógico-jurídicos  previstos  para  la  causal  por  él  seleccionada, pues, es claro que pretende  anteponer   su   personal  criterio  sobre  el  más  autorizado  del  fallador,  incurriendo  en  el  desatino  de considerar el recurso extraordinario como otra  instancia,   en   abierto   desconocimiento   de  que  con  el  mismo  se  busca  primordialmente   el   estudio   de  la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de un debate probatorio fenecido mediante el proferimiento de una  sentencia  amparada con la doble presunción de acierto y legalidad, únicamente  destronable  por  la  presencia  de  errores  predicables  del  fallador, de tal  magnitud  que  sólo  con  su  casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo  decidido.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguno  de los  asertos  del  memorialista  destaca  asunto  diverso  al  simple  rechazo de las  consideraciones  que  dieron pie al Tribunal para condenar a la procesado por el  delito  de  acceso  carnal  violento  agravado,  de  manera  que  no  es  viable  desarrollar  el  ataque  bajo  la  forma  del  falso  raciocinio en el entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos  materiales  probatorios,  cuando  es  evidente  que para la estimación de tales  probanzas  nuestro  sistema probatorio predica la libre apreciación, dentro del  contexto de la sana crítica.   

Recurrir  al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  originado  en  la violación de los postulados de la sana crítica,  como  ha sido suficientemente destacado por la Sala en pacífica jurisprudencia,  lo  obligaba  a  señalar lo que objetivamente expresa el medio probatorio sobre  el  cual  se predica el error, las inferencias extraídas por el juzgador de él  y  el  mérito suasorio que le otorgó. A renglón seguido, es necesario indicar  el  axioma  de  la  lógica,  el  principio  de  la  ciencia  o  la  regla de la  experiencia  desconocidas  o  vulneradas,  y  dentro  de  ellas  referirse  a la  correctamente  aplicable,  hasta,  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del  error  en  punto  de  lo  resuelto,  significando  cómo la exclusión del medio  criticado,  indispensablemente,  dentro  del  contexto  general  de  lo  aducido  probatoriamente,  conduciría  a  una  más  favorable  decisión  para la parte  impugnante4.   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  recurrente,  pues, si bien trata de ajustar su alegación a ellos, lo cierto  es  que no cumple con su cometido, ya que lejos de trasuntar lo aportado por los  testimoniantes     mencionados     –en  especial  el  de  la  menor  Z.P.B.-,  y las consideraciones del  Ad   quem,  se  limita  a  consignar  sus  propias  impresiones, pero de manera genérica, simplemente para  sustentar  que  no  se  analizaron algunas singularidades del testimonio, que si  hubieran  sido  analizadas  en  forma  diversa, como lo propone en el libelo, la  decisión habría sido absolutoria.   

Luego de ello, con el vano afán de atenerse  a  los rigorismos de fundamentación, señala lo que estima es una máxima de la  experiencia  y  el  sentido  común,  concerniente  a  que  una  persona con las  “peculiaridades”  de la  ofendida,  es  decir,  una persona rebelde, conflictiva y con temprano despertar  sexual, no puede ser creíble.   

Dicha  manifestación  es errada, destaca la  Corte,  puesto  que  lo  señalado  por  el  impugnante  como  postulados  de la  experiencia  y  del  sentido  común  ignorados,  no  tiene  las  propiedades de  generalidad  y reiteración a partir de las cuales debe entenderse confeccionada  adecuadamente la regla propuesta.   

En  efecto,  se  trata  de  una  regla de la  experiencia  construida para el caso concreto, que no puede ser de recibo, pues,  no      solo      porque      una      persona      con     las     “peculiaridades” de la ofendida puede  decir  la  verdad, sino también porque el censor parte de un presupuesto que le  está  prohibido,  ya  que  la  lucubra  a  partir del comportamiento familiar y  sexual  de  la niña, actitud que no se compadece con los parámetros nacionales  e  internacionales  en materia de protección de la mujer, en especial cuando ha  sido víctima de una agresión sexual   

Así,  por ejemplo, lo consideró la Sala en  la sentencia del 23 de septiembre de 2009 (Radicado N° 23.508):   

“Conforme  al  marco  normativo  reseñado  en  precedencia,  salta  a la vista que los delitos  sexuales  en  general,  y en especial el tipo de acceso carnal violento previsto  en  el artículo 205 de la ley 599 de 2000 (que, en armonía con lo señalado en  el  artículo  212 ibídem, contempla una sanción punitiva para todo aquel que,  mediante  violencia,  le penetre a otra persona por la vía vaginal, anal u oral  el  miembro  viril,  o cualquier otra parte del cuerpo, o incluso un objeto), no  sólo     buscan     prevenir,     castigar     y     erradicar     específicos  comportamientos de los que,  en  la  práctica,  suelen  ser víctimas las mujeres,  sino  que,  al mismo tiempo, deben ser interpretados por todos los operadores de  la   norma,   incluidos   los  defensores,  de  manera  tal  que  no  incorporen  discriminación  alguna en contra de aquéllas, ya sea  por   costumbres,   prácticas  e  intervenciones  en  apariencia  ajustadas  a  derecho,  o por cualquier otra clase de manifestación  que  en  forma  directa o indirecta contenga prejuicios, estereotipos o patrones  de  conducta tendientes a exaltar, sugerir o proponer la superioridad de un sexo  sobre otro.   

Esta necesidad de adecuar las prácticas de  los  profesionales del derecho a los parámetros nacionales e internacionales en  materia  de  protección de la mujer no restringe el derecho del procesado a una  representación                eficaz5,  ni  mucho menos la libertad  que  le  asiste  al  asistente  letrado de escoger la estrategia defensiva que a  bien  tenga,  pues  si  bien  es  cierto  que  este  último está obligado a la  parcialidad  (es  decir,  a  actuar  de manera exclusiva en pro de los intereses  subjetivos  de  su  prohijado),  también  lo  es que cumple con una función de  interés      público     en     el     proceso6,  consistente  en garantizar,  dentro  del  marco  de  un  Estado  social y democrático de derecho, el respeto  irrestricto   de   las   garantías   fundamentales,  principalmente  del  defendido, pero a la vez de todos  los involucrados en la actuación.   

Por  lo  tanto,  ningún  acto procesal del  abogado  en  la interpretación del alcance del tipo de acceso carnal violento y  de  los  demás delitos sexuales puede contener de forma explícita o implícita  cualquier  argumento,  valoración o postura que atente en contra del derecho de  la  mujer  de  disfrutar  una  vida  digna  y libre de violencia, segregación o  reincidencia  en  el  papel  de víctima, ni mucho menos derivar de una concreta  situación    de    vulnerabilidad    provecho    alguno    en   beneficio   del  procesado”.   

En  suma,  se  tiene  que el censor trata de  desvirtuar,  acorde  con su particular visión de los hechos, la credibilidad de  lo  dicho por la menor afectada, y concluye como petición de principio (dar por  probado  lo  que  precisamente  se  debe  demostrar),  que esa sola controversia  conduce  a  dejar  sin piso probatorio la sentencia de condena, sin arriesgar un  examen conjunto de los distintos medios probatorios recogidos.   

Es claro, así, que la crítica se pierde en  el  vacío  de  la  indeterminación,  e incluso, cabe agregar, que el libelista  incurre  en  los  yerros  atribuidos  al Tribunal, evidente como es que pretende  postular  un  alegato  de  parte  opuesto a las consideraciones del Ad quem.   

En definitiva, las evidentes deficiencias en  la  fundamentación  del  recurso  acarrean  la  inadmisión  del cargo y, en su  conjunto,  de  la demanda presentada por el defensor del sindicado ÁNGEL MARÍA  ORTIZ PÉREZ.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado ÁNGEL MARÍA ORTIZ  PÉREZ,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen   

Cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  atención  a  las  previsiones  del Código de la Infancia y la Adolescencia, se  omite consignar el nombre de la menor afectada.   

2  Centro   de   Atención   Integral   de   Atención  a  víctimas  de  agresión  sexual.   

3  De  acuerdo   con   lo  consignado  por  el  memorialista,  el  Tribunal  citó  las  providencias  del  24  de  julio  de  2003 y 26 de enero de 2006, Radicados Nos.  16.737 y 23.706, respectivamente.   

4 Autos  del  5  de  febrero  y  11  de  julio  de 2007, Radicados 26.382 y 27.689, entre  otros.   

5 Cf.,  al  respecto,  sentencia de 2 de septiembre de 2008, radicación 25153: “[…]  de  acuerdo  con  el  numeral 11 de la observación 13 al artículo 14 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  de la ONU [el derecho a una  representación     eficaz]     implica     el     deber     de     ‘actuar  diligentemente  y  sin temor,  valiéndose   de   todos   los   medios   de   defensa   disponibles’”.   

6  Ibídem.     

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