34744(15-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34744  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 293.   

Bogotá, D. C., quince (15) de septiembre de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JUAN  PABLO  HERNÁNDEZ  SERNA  contra  la  sentencia  del  17  de  marzo  de  2010 mediante la cual el Tribunal Superior de  Cúcuta  confirmó  la  proferida  el  21  de  septiembre de 2009 por el Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de la misma sede, que condenó al procesado a la pena  principal  de 30 años de prisión y a las accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la  tenencia  y  porte  de armas por el mismo término, como coautor responsable del  delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

          Se vienen resumiendo de la siguiente manera:   

          “Tuvieron  ocurrencia  el  día  14  de  noviembre  del  año  2007,  en  la  Avenida  1ª con calle 46 en el potrero del  Barrio  Los  Olivos  de  esta  ciudad  (se  refiere  a  Cúcuta),  a  eso de las tres de la tarde, lugar donde  fueron  citados  los celadores y coordinadores de celaduría de la compañía de  vigilancia  Coovinom,  para celebrar una reunión. Fue así como al lugar llegó  SIMÓN  PEDROZO,  alias  Yeison,  quien luego de manifestar que él asumiría el  mando  de  la  cooperativa  por  cuanto Luis, alias “El Visco” se encontraba  preso,   ordenó   a  los  celadores  retirarse  y  que  se  quedaran  solo  los  coordinadores.   

          Aparecen  entonces en el lugar tres personas, dos desconocidas hasta  la  fecha y un tercero de nombre JUAN PABLO HERNÁNDEZ SERNA, alias Picachu; uno  de  los  recién  llegados,  luego  de advertir las consecuencias funestas si no  acataban  sus  órdenes,  empezó  a  disparar contra los coordinadores Fredy O.  Camargo  B., alias Chispas y William Acosta Pabón, alias el Mocho, mientras los  demás  huían  despavoridos  por  el  sector.  De  inmediato  los  desconocidos  abordaron  un  taxi  que  los  esperaba  y  en  la  motocicleta  de propiedad de  HERNÁNDEZ  SERNA,  guardaron  las armas de fuego usadas para segarles la vida a  los  celadores, encargándose este último de irlas a guardar a la casa de Norma  Judith Castro Hernández junto con la motocicleta.   

          El  día siguiente, JUAN PABLO HERNÁNDEZ madruga a la casa de Norma  a  recoger la moto y las armas, pero al observar que éstas no se hallaban en el  baúl  de la moto, da aviso a Yeison o simón Pedrozo, quien vía telefónica se  comunica  con  Norma,  y  ésta  le  explica  en qué lugar las tiene guardadas,  enviando  nuevamente  a  HERNÁNDEZ  en un taxi de placas URG-623, conducido por  Evans  Alfonso  Villamizar  García, pero cuando regresaban a casa de Yeison, ya  se  encontraba  en  el  lugar  la  SIJIN, quienes (sic)  al   practicar   la   requisa   al  taxi  mencionado,  encontraron    en    el   lugar   una   pistola   Pietro   Bareta   (sic)  calibre  9  mm.  con  su respectiva  munición  y  una  pistola  marca  Glock  calibre  40 mm. y su munición; siendo  informados  por  los  ocupantes  del  taxi que las mismas pertenecían a Yeison,  razón  por la que se procede a la captura de los mencionados y posteriormente a  la de Norma Castro”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El   trámite   de   las  diligencias  correspondió  a  la  Fiscalía  de Reacción Inmediata de Cúcuta, cuyo titular  dispuso,  en  resolución  del  14  de  noviembre  de  2007,  la  iniciación de  investigación  previa,  al  término  de  la  cual  ordenó  la  apertura de la  respectiva  instrucción  penal, según decisión del 15 de noviembre siguiente.   

2.  En  el  curso de la actuación el fiscal  instructor   escuchó  en  indagatoria  a  JUAN  PABLO  HERNÁNDEZ  SERNA, Evans Alfonso Villamizar García, Simón Pedrozo y       Norma      Judith      Castro  Hernández.  Con  decisión  del  30  de noviembre del  precitado    año    resolvió    la   situación   jurídica   a   HERNÁNDEZ  SERNA, afectándolo con medida  de  aseguramiento de detención preventiva, por el delito de homicidio agravado.  La  situación  jurídica  de Norma Judith fue  resuelta  el 3 de diciembre de la misma anualidad, también con  medida  de  aseguramiento, aun cuando por los punibles de fabricación, tráfico  y   porte  de  armas  de  defensa  personal  y  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares.   

3. En el curso de la investigación aceptaron  cargos   Simón  Pedrozo  y  Evans    Alfonso    Villamizar   García, produciéndose la ruptura de la unidad procesal.   

4.  Clausurada  la  instrucción,  mediante  interlocutorio  del  18  de  abril  de  2008  el fiscal calificó el mérito del  sumario,    profiriendo    resolución   de   acusación   contra   JUAN   PABLO  HERNÁNDEZ  SERNA,  por  los  ilícitos  de  homicidio  agravado  y tráfico, fabricación y porte de armas de  uso  privativo  de  la  fuerza pública, y contra Norma  Judith  Castro  Hernández  por  el  segundo  de  esos  punibles.   

5.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Cúcuta,  despacho judicial que en su  momento  realizó las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento, tras lo  cual  puso  fin a la instancia con la sentencia del 21 de septiembre de 2009, en  cuya  parte  motiva  anunció condena de conformidad de los cargos contenidos en  la  acusación, pero en el segmento resolutivo solamente concretó esa decisión  en  relación  con  el  punible de homicidio agravado. Por vía de apelación el  Tribunal Superior de la misma ciudad confirmó el fallo.   

6.   Por   lo   anterior  el  defensor  de  HERNÁNDEZ  SERNA  acudió al  recurso  extraordinario  de  casación,  presentando  en  tiempo  el  respectivo  libelo.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal,  ambos  al  amparo del cuerpo segundo de la causal primera de casación de la Ley  600 de 2000.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la  presencia  de  un  falso  juicio de identidad, el cual  sustenta  señalando  que  el juzgador omitió la valoración de los testimonios  rendidos  por  Nilson  Parra  García, Moreira Enrique  Ladeus  Hernández  y  Simón  Pedrozo,  pruebas demostrativas de que el procesado si  bien   se   encontraba   en   la   cooperativa   de   celadores  “Coovicom”,  su  presencia  en  ese lugar  obedecía   a   que  estaba  buscando  trabajo  en  compañía  de  Yeison,  cuando  se  oyeron los disparos a  más de dos cuadras.   

          Según  el actor, los testimonios de Ladeus  y   Pedrozo   acreditan  también  que  quienes  cometieron los delitos fueron dos  sujetos  que  llevaba  Yeison,  entre   ellos  el  propio  Simón  Pedrozo,  sujeto desmovilizado del bloque norte de las autodefensas y quien  en  escrito  del 9 de octubre de 2009 aceptó su responsabilidad en esos hechos,  habiéndolos    además   confesado   dentro   del   proceso   de   Justicia   y  Paz.   

Adicionalmente, considera que el ad  quem  desconoció  la credibilidad del  testigo    Nicanor   Briceño   Bautista,  quien  corroboró  la versión según la cual los dos sujetos que  acompañaban  a  Yeison fueron  los  autores  de  los  homicidios,  siendo  uno  de  ellos quien sacó el arma y  disparó  contra  las  víctimas,  sin  que  en  el  proceso  obre prueba alguna  indicadora de la responsabilidad del aquí procesado.   

          El  libelista  dice  reiterar  de esa manera la concurrencia en este  caso  de  un  falso  juicio  de  existencia,  en  cuanto el sentenciador omitió  examinar  en  su conjunto las pruebas de descargo y sólo atendió las de cargo.   

          Estima,  de  otra  parte,  equivocada la edificación del indicio de  presencia  o  mala  justificación,  pues el acusado desde su primera aparición  procesal    expresó    que    Yeison   lo citó a la cooperativa a hablar del trabajo.   

          Para  el  censor,  frente  a las pruebas de descargo “simplemente   se   quedaría   por  explicar  por  que  (sic)  recibió  las armas. Y la respuesta  es  que  desconocía el paquete que la señora NORMA JUDITH CASTRO HERNÁNDEZ le  entrego  (sic) el día que fue  capturado   y   que   el   cual   (sic)  cumplía la misión de hacer llegar a YEISON”.   

          Concluyó  señalando  que  el  Tribunal,  al  valorar  solamente la  prueba  de  cargo,  desconoció “los postulados de la  sana  crítica,  y  ello,  desde  luego  lo llevo (sic)  a  declarar  una  verdad histórica disímil de la que  revela  el  proceso penal, encontrar (sic) de  las  leyes  científicas (contradicción probatoria), las reglas  de  la  experiencia  común  (las  endivias,  el  egoísmo  y la mala fe), y los  principios  lógicos  (el  principio  de no contradicción y otros), y todo ello  trascendió el proceso penal…”.   

          En    el    segundo    cargo  acusa inicialmente al fallador de violar  indirectamente  la ley sustancial, aun cuando en seguida le atribuye infringirla  en  forma  directa  por  falta  de  aplicación del artículo 7º del Código de  Procedimiento Penal.   

          Para  sustentar  la  censura,  transcribe  los  artículos  29 de la  Constitución  Política  y  7º  de  la  Ley  600  de  2000,  señalando que en  “la  sentencia…  no  se  pudo  establecer  ningún  móvil  del  cual  se  pudiera  inferir  que JUAN PABLO HERNÁNDEZ SERNA tuviera  motivo  alguno para segar la vida de los señores coordinadores de la empresa de  vigilancia,  no  hay  actos  inequívocos para aseverar que mi defendido hiciera  parte  en  ese  momento  de las autodefensas unidas de Colombia, existe prueba y  certeza  de  que  su presencia en el lugar de los hechos obedeció a su afán de  buscar  trabajo  y  que  fue  el  señor  YEISON  que  para  tal  efecto lo cito  (sic)  en ese lugar, pero ese  mismo  personaje el que como prueba sobreviviente (sic)  manifiesta     que     fue     el     (sic)  y no otra persona el que ordenó el  execrable  asesinato,  por  manera…  surgen  dudas  y  con  dudas  no se puede  condenar a nadie…”.   

          En  esos  términos,  solicita casar la sentencia impugnada y, en su  lugar, absolver al procesado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          En  virtud  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,  para diferenciarlo de los alegatos propios de las instancias,  el  legislador  en el numeral 3º del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impone  al demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,   sin   los  cuales  el  libelo  está  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Dichos  requisitos  se relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A esas exigencias, las cuales operan de manera general  para  todas  las causales, es necesario añadir las pautas que la jurisprudencia  de  la  Corte,  a efectos de la cabal comprensión de los reproches denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular  respecto  de  cada uno de los motivos de  casación.   

          Pasa,  por  tanto, la Sala a examinar si los reproches contenidos en  la   demanda   instaurada   por   el   defensor   del   procesado   JUAN  PABLO  HERNÁNDEZ  SERNA  satisfacen  tales requisitos.   

          En    el    primer   cargo   el   actor  acusa  al  Tribunal  de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial  por  incurrir  en  error  de  hecho  derivado  de  falso  juicio  de  identidad.   

Como lo tiene precisado la jurisprudencia de  la  Sala,  el  falso  juicio  de  identidad  se  presenta cuando el fallador, al  apreciar  la prueba, distorsiona su contenido fáctico para hacerle decir lo que  ella  no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera. Su demostración  requiere  que  el  actor  identifique el medio sobre el cual recayó el dislate,  realice  un  cotejo  entre  su  contenido  y  aquel que le atribuye el fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta la distorsión y luego acredite la  trascendencia del yerro.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio,  el  libelista no se esfuerza por  cumplir   los  presupuestos  de  fundamentación  antes  señalados,  sino  que,  contrariamente,   desvía   su   discurso   hacia  otros  motivos  casacionales,  señalando  inicialmente  que  el  juzgador  omitió apreciar los testimonios de  Nilson   Parra   García,   Moreira  Enrique  Ladeus  Hernández  y Simón Pedrozo  y   luego   que   desconoció  la  credibilidad  del  declarante   Nicanor  Briceño  Bautista,   edificó   equivocadamente  el  indicio  de  presencia  o  mala  justificación   y,   en   fin,   desatendió   los   principios   de   la  sana  crítica.   

         Es  decir,  pasó de denunciar la configuración de un falso juicio  de  identidad  a desarrollar un falso juicio de existencia, como expresamente lo  señaló  el  propio  actor  en  ese  segmento  de la  demanda,   terminando   por   hacer   referencia  a  un  falso  raciocinio.  De  esa  manera,  no hace sino  vulnerar  el  principio de autonomía que gobierna el  recurso  de casación, conforme al cual el ataque formulado se debe corresponder  con su fundamentación.   

         Lo   anterior   porque,  acorde  con  el  criterio  consolidado de la  Sala,  el  falso  juicio  de  existencia  se  configura  cuando el fallador para  sustentar  su  decisión  deja  de  apreciar  uno  o más medios de prueba o los  supone,  mientras  que  el  falso  raciocinio  se  presenta  cuando se           vulneran  los  principios  de  la sana crítica  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos o las  leyes  de  la  ciencia, y en  ambos casos el error condiciona el sentido de la sentencia.   

          De  todas  maneras,  el  censor  tampoco  se  allanó  a estructurar  adecuadamente  los  otros  errores  de  hecho mencionados en la demanda, pues en  cuanto   al   falso   juicio  de  existencia,  si  bien  mencionó  las  pruebas  supuestamente  omitidas,  se  abstuvo  de  demostrarle  a  la  Corte  que si los  falladores  las  hubiesen  considerado,  el sentido de la decisión habría sido  diametralmente opuesto al adoptado.   

          Y  en  relación  con  el  falso  raciocinio,  además  de omitir la  fundamentación  de  la trascendencia del yerro, no explicó la forma como en la  sentencia  se  desconocieron  los principios de la sana crítica referidos en el  libelo.   

          Los   desaciertos  de  sustentación  son  todavía  mayores  en  el  segundo  cargo.  En  efecto,  desde   su  misma  enunciación  el  casacionista  genera  confusión  sobre  la  modalidad  de violación a la cual acude, pues inicialmente acusa al Tribunal de  infringir   indirectamente  la  ley  sustancial,  pero  inmediatamente  después  denuncia la infracción directa de la misma ley sustancial.   

          Como  si fuera poco, al sustentar el reproche se ubica nuevamente en  los  terrenos  de  la  violación  indirecta,  al  señalar que los elementos de  convicción   allegados   al  plenario  no  demuestran  la  responsabilidad  del  procesado  sino  que  generan  dudas,  las  cuales  imponen  la  aplicación del  principio  in  dubio por reo.   

Como  se  recuerda, la violación directa se  diferencia  de  la  indirecta  en que en la primera al demandante le corresponde  proponer  una  discusión  netamente  jurídica,  para  lo cual está obligado a  aceptar  los  hechos  tal  como los declaró probados el fallador, sin que pueda  controvertir  el  mérito  asignado por éste a los medios de convicción. En la  violación  indirecta,  en  cambio,  el  ataque  sí  comprende  la  valoración  persuasiva de las pruebas realizada por el juzgador.   

          En  este  caso,  el  libelista no postula controversia de naturaleza  netamente  jurídica,  sino  que  se  enfrenta  a  las  conclusiones fácticas y  probatorias  del  Tribunal,  conforme  a  las  cuales  en  la actuación aparece  plenamente  acreditada  la  responsabilidad  del  acusado.  Aun cuando, de todas  maneras,  omite  diseñar el cargo en armonía con el ataque finalmente aducido,  pues  en  momento alguno plantea la incursión en errores de derecho o de hecho,  modalidades  mediante  las  cuales  se expresa la violación indirecta de la ley  sustancial,   según   así   lo   tiene   precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala.   

Atendida,   por   tanto,   la   defectuosa  confección  de  la  demanda,  que  pone  de  presente el no cumplimiento de los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada fundamentación exigidos en esta sede, la  Corte la inadmitirá.   

          Casación oficiosa:   

          Advierte   la  Corte  que  el  Tribunal  vulneró  el  principio  de  legalidad   al  dosificar  las  penas  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la  tenencia   y   porte  de  armas,  pues  las  impuso  al  procesado  HERNÁNDEZ  SERNA  por  el  mismo término  fijado  para  la  pena  principal,  esto  es,  por treinta (30) años, cuando el  límite  máximo  de  la primera es de 20 años, mientras el de la segunda de 15  años,  de  acuerdo  con  lo  establecido  en el artículo 51 del Código Penal.   

         La   Sala  corregirá  de  inmediato  el  quebranto  advertido,  en  aplicación    del   criterio   adoptado   en   providencia   del   12    de    septiembre    de    20071   

, cuando se cambió la jurisprudencia según  la  cual,  al advertirse la vulneración de garantías  fundamentales, debía surtirse, previamente, traslado  al    Ministerio    Público    para    que    emitiera    concepto   sobre   el  particular,   trámite   este   que   se  consideró  inconsecuente  frente  al  deber  funcional  de la Corte de reparar los agravios  causados a los derechos superiores tan pronto avizore su presencia.   

          Por  tanto,  a  efectos  de  restablecer  la  garantía  fundamental  vulnerada,  la  Corte  casará  parcialmente  y  de manera oficiosa la sentencia  impugnada,  para fijar en veinte (20) años la pena accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas y en quince (15) años la  de privación del derecho a la tenencia y porte de armas.   

          Al  margen  de  lo  anterior, se observa que el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Cúcuta  anunció en la parte motiva del fallo condena contra  JUAN    PABLO    HERNÁNDEZ    SERNA    por  el  delito  de  porte  ilegal  de armas de uso privativo de las  fuerzas  militares  y de hecho le dedujo consecuencia punitiva por ese ilícito,  pero  olvidó  concretar  dicha  decisión  en  la  parte  resolutiva,  omisión  advertida por el Tribunal, aun cuando no la remedió.   

          Como  es  deber  de  la  Corte  subsanar  la mencionada omisión, de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 15 de la Ley 600 de 2000, norma  que  impone  la  corrección  de  los  actos irregulares, en concordancia con lo  dispuesto  en  el  artículo  412  ibídem,  que faculta al juzgador reformar el  fallo  cuando  se  incurra  en  omisión  sustancial  en la parte resolutiva, se  precisará  la  sentencia en el sentido de que la condena proferida en contra de  HERNÁNDEZ  SERNA  se impone  también  por el delito de porte ilegal de armas de uso privativo de las fuerzas  militares.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor de JUAN PABLO HERNÁNDEZ  SERNA.   

         2.-             CASAR   oficiosa   y   parcialmente  la  sentencia,   para   fijar   en   veinte  (20) años la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y en quince (15) años la de privación del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  armas,  allí  impuestas  a  JUAN PABLO HERNÁNDEZ SERNA.   

3.-  PRECISAR  la  parte  resolutiva  del  fallo  de  primera  instancia,  en  el sentido de que la  condena    proferida    contra    HERNÁNDEZ   SERNA  procede  también  por  el  delito de porte ilegal de  armas de uso privativo de las fuerzas militares.   

4.-             DECLARAR  que los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                           AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

              Secretaria     

1 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.  Providencia  del 12 de septiembre de 2007,  radicación 26967.     

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