34482(24-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34482   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 385.  

Bogotá  D.C.,  noviembre veinticuatro de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Una vez realizada la diligencia de audiencia  de  sustentación  del  recurso de casación, resuelve  la  Sala  la  impugnación extraordinaria  interpuesta  por   el   defensor   de  ORLANDO   HENAO   CARDONA  contra  el fallo de segundo  grado  proferido por el Tribunal Superior de Cundinamarca el 5 de marzo de 2010,  confirmatorio  del dictado en primera instancia por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado del mismo Distrito Judicial, a través del cual condenó  al  mencionado  ciudadano  como  autor  penalmente  responsable  del concurso de  delitos   de   concierto   para   delinquir  agravado  con   fines   terroristas  y rebelión.   

HECHOS  

Con  ocasión  de  múltiples procedimientos  adelantados  por  la Policía Nacional en el mes de agosto de 2008, orientados a  prevenir  atentados  terroristas  que  posiblemente  serían  realizados  por la  Columna  Móvil  Teofilo  Forero  de  las Farc, el día 6 de los referidos mes y  año  se  halló  en  un  inmueble  ubicado  en  la calle 4 No. 4 F –  21 de Soacha, una caja con 40 barras  del  explosivo  indugel, a su  vez  en  la  calle  11 No. 8 -39 se encontraron 9 tubos de dinamita, un elemento  cilíndrico  con  250  gramos  del  mismo explosivo, 180 gramos de una sustancia  conocida  como  C-4 y 61.208 gramos de una mezcla de nitrato de amonio, aluminio  y  magnesio,  circunstancia  que  determinó  la  vinculación  de  ORLANDO  HENAO  CARDONA,  quien junto con  otras personas estaba encargado de ejecutar el plan terrorista.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

En audiencia realizada el 7 de agosto de 2008  ante  el  Juzgado  Cuarenta  y  Cinco Penal Municipal con función de control de  garantías  de Bogotá, fue declarado legal el registro y allanamiento de varios  inmuebles,  así  como  la  incautación  de  elementos  con fines de comiso, la  vigilancia  de  personas y la captura de ORLANDO HENAO  CARDONA.  En dicha oportunidad la Fiscalía le imputó  la  comisión  del  concurso  de delitos de rebelión y concierto para delinquir  agravado con fines terroristas, la cual no aceptó.   

          A  instancia  del  ente  acusador  se impuso al mencionado ciudadano  medida    de    aseguramiento    de    detención    preventiva   de   carácter  intramural.   

El 19 de marzo de 2009 la Fiscalía presentó  escrito  acusación,  en  la cual se refirió a los mismos delitos planteados en  la  audiencia  de imputación; no obstante, el 14 de mayo siguiente allegó acta  de  preacuerdo realizado con el incriminado asistido por su defensor, en la cual  aceptó  la comisión de las referidas conductas. El 29 de los mismos mes y año  se  realizó  la  correspondiente  audiencia,  y  el  18  de  junio de la citada  anualidad  se adelantó ante el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado  de  Cundinamarca  la  audiencia de individualización de la pena y sentencia, en  la  cual  HENAO  CARDONA fue  condenado  a  la pena principal de cincuenta y siete (57) meses y dieciocho (18)  días  de  prisión  y  multa  equivalente  a  9.030  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes,  y  a  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  como autor penalmente  responsable  del concurso de delitos objeto de acusación. En dicho proveído le  fue  negada  la  condena  de  ejecución  condicional y la prisión domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

Al conocer de la impugnación de la sentencia  propuesta  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  decidió  mediante    proveído    del    16   de   septiembre   de   2009   improbar   el  acuerdo.   

Entonces,  el  26  de noviembre del referido  año  ante  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Cundinamarca  se  realizó  audiencia  de  formulación de acusación, en la cual CARDONA  HENAO se allanó a los cargos. El  1º  de  diciembre siguiente fue proferido fallo de condena de primer grado, por  medio  del  cual aquél fue condenado a la pena principal de ochenta y ocho (88)  meses  de  prisión  y  multa  por  1.889  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes,  y  a  la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la privación de libertad,  como autor de los delitos por los cuales fue acusado.   

          En  la misma providencia le fue negada la suspensión condicional de  la ejecución de la pena, así como la prisión domiciliaria.   

Entonces,  el defensor del acusado interpuso  recurso  de  casación  contra  la  decisión  del  ad  quem  y  allegó la demanda oportunamente, la cual fue  admitida mediante auto del 9 de agosto de 2010.   

La audiencia de sustentación del recurso de  casación  extraordinario  se  llevó  a cabo el 6 de octubre de la anualidad en  curso.   

EL LIBELO  

Al  amparo de la causal primera de casación  establecida  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante denuncia  la  violación  directa de la ley sustancial derivada de la aplicación indebida  de  dos  preceptos,  en  su  criterio excluyentes, esto es, el de concierto para  delinquir  agravado  con  fines  terroristas y el de rebelión, en quebranto del  principio     non    bis    in    ídem.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.           Intervención del demandante   

La defensa reiteró su pretensión orientada  a  la casación del fallo, en el sentido de marginar el delito de concierto para  delinquir   agravado,   según   los   argumentos   expuestos   en   la  demanda  presentada.   

2.           Intervención de la Fiscalía   

          La  Fiscal Quinta Delegada ante esta Colegiatura solicitó a la Sala  no  casar  el fallo, por considerar que la solución propuesta por el demandante  es  político  criminalmente insatisfactoria, resulta dogmáticamente incorrecta  y   en  la  sustentación  del  libelo  se  citan  en  forma  descontextualizada  antecedentes jurisprudenciales.   

Destaca  que fueron objeto de preacuerdo los  actos  ejecutivos  de consecución de los elementos químicos y precursores para  la  elaboración  de  armas  de  destrucción  masiva,  con el objeto de generar  zozobra  en  la  población,  con  la implícita intención de atacar la vida de  personas  en abstracto, máxime si el lugar de elaboración de dichos artefactos  era  un  segundo  piso  próximo  a  un  jardín  infantil  donde se hallaban 19  infantes en una zona deprimida del municipio de Soacha.   

          Señala  que el delito de rebelión ha tenido un tratamiento benigno  en  comparación  con  otras conductas de asociación propias de la delincuencia  común.   

          Doctrina   y  jurisprudencia  han  aceptado  que  en  el  delito  de  rebelión  se  encuentra  inmerso  el  porte  de armas, salvo cuando se trata de  aquellas de destrucción masiva.   

          Advera  que  en  este  caso  el  desvalor del delito de rebelión no  cobija   el   concierto   para   delinquir   con   fines  terroristas,  pues  la  desproporción  en  el accionar conciente en cuanto a la elección de los medios  desborda  la  protección  político  criminal  del  bien jurídico del régimen  constitucional y legal.   

No hay antecedente jurisprudencial aplicable  a  este  asunto, pues no se trata de la escogencia de armas convencionales, sino  de  destrucción  masiva,  amén  de  que la compra de los insumos y su traslado  hacia  el  lugar  de  elaboración desbordan el ámbito del delito de rebelión,  motivo  por el cual el punible de concierto para delinquir con fines terroristas  conserva  su  autonomía,  y  por  ello, concursa con aquél, de lo contrario se  daría   lugar  a  un  margen  de  impunidad  deslegitimante  de  los  fines  de  prevención   especial  y  general  positiva  de  la  pena  derivados  de  estos  comportamientos.   

3.    Intervención   del  Ministerio  Público   

          La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la Casación Penal comenzó  por   señalar   que   atendiendo  una  de  las  finalidades  de  este  recurso,  específicamente  el  desarrollo de la jurisprudencia, constata que la temática  propuesta  se  ha  sustentado  en  dos  decisiones,  una  de 2003, en la cual se  reconoce  con  nitidez  el  concurso  de  delitos  de rebelión y concierto para  delinquir,  y  otra  de  29  de  mayo  de  2004,  donde se precisa que el citado  concurso  ocurre cuando además de que el sujeto forma parte de la organización  subversiva  para  derrocar el Gobierno Nacional, logra establecerse la comisión  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  pues al individuo le son  incautados  explosivos  de alto poder destructivo, como ocurrió en este asunto,  dado  que  el material descubierto con ocasión de los allanamientos y registros  a  inmuebles estaba dispuesto para efectuar atentados terroristas el 7 de agosto  de 2008.   

          También  recuerda  que  esta  Colegiatura  ha  puntualizado  que el  delito   de   rebelión   subsume  el  punible  de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego.   

          De  otra  parte  advierte  que en decisión del 11 de julio de 2007,  radicado   26945,   esta   Corporación   dijo   conforme   a   la  normatividad  internacional,  que  se  diferencia  el  delito  político  del  concierto  para  delinquir  agravado, dado que los delitos de lesa humanidad como el genocidio, o  aquellos  que  atentan  contra  derechos  humanos,  no  pueden  ser tenidos como  políticos,  de modo que se impone reconocer el concurso material entre éstos y  la rebelión.   

Con  fundamento en lo anotado, el Ministerio  Público deprecó no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el estudio de la censura propuesta por la defensa, procederá la  Sala   a   detenerse   en   los  siguientes  temas:  El  principio  non  bis in ídem, el delito de rebelión,  el  concurso  aparente  de  conductas  punibles,  y  el  delito  político y los  conexos, para luego analizar el caso bajo examen.   

1.             El     principio     non bis in ídem   

El  principio  non    bis   in   ídem  corresponde  a  una  garantía  dentro  de la más amplia noción del  derecho  al debido proceso reglado en  el  artículo  29  de  la Carta Política, al establecer en la parte final de su  inciso  cuarto  el  derecho  a  “no ser juzgado dos  veces por el mismo hecho”.   

Dicho     postulado     que  se encuentra legalmente desarrollado  en        el       artículo       8º   del   Código   Penal   de  2000,  con    carácter   de   norma   rectora,            prohíbe  la  doble  incriminación,   íntimamente  articulada   con   el  principio   de   la   cosa   juzgada   (res  iudicata),  consagrado    en    el    artículo    21  de  la  Ley  906  de 2004,  en  la  medida en que la prohibición de imputar más de una vez  la  misma  conducta punible implica la imposibilidad de someter a nuevo juicio a  quien  le  ha sido resuelta su situación jurídica de  manera definitiva.   

Los  referidos  principios  se  encuentran  reconocidos en la normativa  internacional   que  conforma  el  Bloque  de  Constitucionalidad,  cuyas  leyes  aprobatorias  de  los  tratados  sobre  derechos  humanos  ostentan  la especial  condición  de  supralegales  e  infraconstitucionales,  y  por  ello,  resultan  prevalentes   en  el  ordenamiento  interno  de  conformidad  con  la  cláusula  establecida en el artículo 93 de la Constitución.   

En     efecto,     el    Pacto  Internacional de Derechos Civiles  y  Políticos  suscrito en  Nueva   York   dispone   en  el  numeral  7º  de  su  artículo 14:   

“Nadie  podrá  ser  juzgado  ni  sancionado  por un delito por el cual haya sido ya condenado o  absuelto  por una sentencia firme de acuerdo con la ley y el procedimiento penal  de cada país”.   

          A  su  vez,  el numeral 4º del artículo  8º  de la Convención Americana de San José de Costa  Rica establece:   

“El  inculpado  absuelto  por  sentencia  firme  no  podrá  ser sometido a nuevo juicio por los  mismos              hechos”.   

El   principio  non    bis   in   ídem  precisa       de       tres       presupuestos   de  identidad:  En  el  sujeto     (eadem  personae),     el  objeto   (eadem  res)  y  la  causa      (eadem     causa)1.   

El  primero  exige  que  el  mismo  individuo sea incriminado en dos  o  más  actuaciones; el  segundo,    la    identidad    de   objeto,   requiere   que   el   factum           motivo  de imputación sea igual, aún  si  el  nomen  iuris  es  diverso;  y el tercero, la identidad en la causa, postula que la génesis de los  dos o más diligenciamientos sea la misma.   

         Precisado  lo  anterior,  corresponde  a  la Sala verificar si los  delitos   por   los   cuales  se  procede  en  este  asunto,  esto  es, el de rebelión y el de concierto  para   delinquir  agravado  para  cometer  actos  de  terrorismo,    cumplen    respecto   del   acusado  ORLANDO HENAO CARDONA los  referidos   presupuestos,   o   si  por  el  contrario,  se  trata  de  punibles  concurrentes  materialmente como se dedujo en el curso de las instancias.   

         2.                     El delito de rebelión   

El artículo 467  de  la  Ley  599  de  2000  define  el  delito  de  rebelión  en los siguientes  términos:   

“Los  que  mediante  el  empleo  de las  armas  pretendan  derrocar  al  Gobierno  Nacional,  o  suprimir  o modificar el  régimen         constitucional        o        legal        vigente”     (subrayas     fuera     de  texto).   

         Del    sentido   literal     de     la     norma     en     comento     se    advierte que se trata de un delito con  sujeto  activo  plural  (plurisubjetivo),  en  la  medida  en  que  no  puede  ser  cometido  por  un solo  individuo, sino necesariamente por un grupo de personas.   

         Tal   delito  exige  la  presencia  de  un  ingrediente  subjetivo  específico    referido    a    que    la    conducta   se   efectúe  con  la  pretensión de  derrocar  al  Gobierno  Nacional,  o  suprimir  o modificar el régimen constitucional o legal vigente, de modo que un  motivo  diferente  desvirtúa  la  comisión de este  comportamiento  y  puede  dar lugar a otro punible, por ejemplo el de sedición,  si  la  finalidad  del empleo de las armas se orienta a impedir transitoriamente  el    libre    funcionamiento    del    régimen    constitucional    o    legal  vigentes.   

         Como   circunstancia   modal,   el  delito  de  rebelión  exige  el  empleo  de  las  armas;  desde    luego,    se   trata   de   aquellas  idóneas  para  ejecutar  el  pretendido   resultado   de   derrocar  al  Gobierno  Nacional,   o   suprimir   o   modificar  el  régimen  constitucional  o  legal  vigente,  sin que tengan  tal  carácter  otros  instrumentos  de  agresión personal, como por ejemplo un  cuchillo, un pico o una pala.   

          La   rebelión   tiene  por  antonomasia  la  condición  de  delito  político,   y  en  tal  carácter  sus  autores  se  benefician  de  especiales  prerrogativas,    como   se   puede   constatar   en   las   siguientes   normas  constitucionales:   

“Artículo  35.-   La extradición no procederá por delitos  políticos”.   

“Artículo  150.-   Corresponde  al  Congreso hacer las leyes.  Por medio de ellas  ejerce las siguientes funciones:   

“17.   Conceder,  por mayoría de los dos tercios de los votos de los miembros de una y  otra  Cámara  y  por  graves  motivos  de  conveniencia  pública, amnistías      o      indultos      generales     por     delitos  políticos.  En  caso  de  que los favorecidos fueren  eximidos  de  la  responsabilidad  civil  respecto  de  particulares,  el Estado  quedará   obligado  a  las  indemnizaciones  a  que  hubiere  lugar”.   

“Artículo  179.-  No podrán ser congresistas:   

“1º.-   Quienes  hayan  sido  condenados  en  cualquier época por sentencia judicial, a  pena  privativa  de  la libertad, excepto por delitos  políticos        o        culposos”.   

“Artículo  201.-     Corresponde    al    Gobierno,   en   relación   con   la   Rama  Judicial.   

“2.-   Conceder indultos por delitos políticos,  con  arreglo a la ley, e informar al Congreso sobre el ejercicio  de  esta  facultad.  En  ningún  caso  estos  indultos  podrán  comprender  la  responsabilidad     que    tengan    los    favorecidos    respecto    de    los  particulares”.   

“Artículo  232.   Para  ser Magistrado de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema  de Justicia y del Consejo de Estado se requiere:   

“3.   No  haber  sido  condenado  por  sentencia judicial a pena privativa de la libertad,  excepto    por    delitos   políticos o culposos”.   

“Artículo  299.-   En  cada  departamento  habrá  una  corporación administrativa de  elección  popular  que  se  denominará Asamblea Departamental, la cual estará  integrada  por  no  menos  de once miembros ni más de treinta y uno.   

“Para ser elegido  diputado  se  requiere ser ciudadano en ejercicio, tener más de veintiún años  de  edad,  no  haber  sido  condenado  a  pena  privativa  de  la  libertad, con  excepción  de  los  delitos  políticos  o  culposos  y  haber  residido en la respectiva circunscripción  electoral   durante   el   año   inmediatamente  anterior  a  la  fecha  de  la  elección”.   

“Artículo  Transitorio   30.   Autorízase  al  Gobierno  Nacional  para  conceder   indultos   o   amnistías   por  delitos  políticos  y  conexos,    cometidos   con   anterioridad   a   la  promulgación   del   presente   Acto   Constituyente,   a  miembros  de  grupos  guerrilleros  que  se  reincorporen  a  la  vida  civil  en  los términos de la  política  de  reconciliación.   Para  tal  efecto  el  Gobierno  Nacional  expedirá  las  reglamentaciones  correspondientes.  Este beneficio no  podrá  extenderse a delitos atroces ni a homicidios cometidos  fuera   de   combate   o  aprovechándose  del  estado  de  indefensión  de  la  víctima” (subrayas fuera de texto).   

3.               El     concurso     aparente    de  delitos   

Cuando un comportamiento se adecua de manera  sincrónica  a dos o más tipos penales (multiadecuación típica) hay presencia  de  la  figura  denominada  concurso  aparente  de  delitos, que impone acudir a  alguna  de  las  soluciones planteadas por la jurisprudencia y la doctrina a fin  de  evitar  la  vulneración  del principio non bis in  ídem.   

          Tales  soluciones  corresponden  a  los  principios de especialidad,  subsidiariedad,  consunción  y  alternatividad.  En  virtud  del  primero,  que  interesa  a  este  asunto,  la  ley especial deroga la ley general (lex  specialis  derogat  legi  generali),  dado  que  uno de los tipos concursantes contiene todos  los  elementos  del  otro,  pero  además, se ocupa de  otros  aspectos,  en  cuanto  tiene  mayor  riqueza  descriptiva,  sin  que  sea  necesario  que  haya  una  relación  de  género a especie entre los dos (hurto  simple  y  hurto  calificado,  por  ejemplo), o que se trate de un tipo especial  respecto  de  uno  básico  (v.g. homicidio por piedad y homicidio simple) o que  ambos  protejan  el mismo bien jurídico tutelado (abuso de la función pública  y prevaricato, por ejemplo).   

En  efecto, bien puede ocurrir que los tipos  concursantes  no  tengan una relación de género a especie o de tipo especial a  tipo  básico  y  que  ni  siquiera protejan el mismo bien jurídico, como puede  ocurrir,  por  ejemplo,  entre los delitos de sedición y porte ilegal de armas,  los   cuales   protegen   diversos  bienes  jurídicos,  esto  es,  el  régimen  constitucional  y  legal el primero, y la seguridad pública el segundo, delitos  que  pueden concursar aparentemente, de modo que la solución para no quebrantar  el    principio   non   bis   in   ídem  supone  la  aplicación  del  principio  de especialidad, pues los  elementos    del    segundo    están   incluido   en   los   del   punible   se  sedición2.   

          4.        Punibles conexos con el delito político   

Los  delitos  conexos  son  aquellos  que se  encuentran  estrechamente entrelazados, como cuando un punible se erige en medio  para  alcanzar  un  fin delictivo (conexidad teleológica), por ejemplo, cometer  un  homicidio para realizar un hurto. También, cuando una conducta delictiva se  comete  para  asegurar  el  producto  de  otra, v.g. Cuando se lavan los activos  procedentes  de  un delito de extorsión (conexidad paratática). Igualmente, en  aquellos  casos  en  los  que  el  segundo  delito  se  comete  para ocultar uno  anterior,  por ejemplo, cuando se causa la muerte al testigo de un acceso carnal  violento (conexidad hipotática).   

Impera  señalar que tratándose de punibles  conexos  opera el instituto del concurso material, real o efectivo de delitos, y  por  ello  corresponderá  aplicar  las reglas punitivas que se establecen en el  artículo  31 de la Ley 599 de 2000, salvo aquellas circunstancias en las cuales  se  trate  de  un concurso aparente, que imponen acudir, como ya se advirtió, a  las   soluciones  propuestas  (alternatividad,  especialidad,  subsidiariedad  y  consunción)    para   obviar   el  quebranto  del  principio  non bis in ídem.   

          De   otra   parte   se   tiene,   que  tal  como  ha  sido  definido  internacionalmente,   así   como   por   la  Sala3,  no  tienen  el  carácter de  delitos políticos:   

Los crímenes de guerra, esto es, violaciones  al  derecho  de  la  guerra (ius in bellum),  de  las que hacen parte tanto las infracciones graves al Derecho  Internacional   Humanitario  cometidas  en  el  marco  de  un  conflicto  armado  internacional,  como  las  violaciones  graves  al  derecho Internacional de los  Derechos  Humanos  y  al  Derecho  Internacional  Humanitario con ocasión de un  conflicto  armado  interno,  (ii)  Los  crímenes  de  lesa humanidad, es decir,  conductas   de   asesinato,  exterminio,  esclavitud,  deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación,  tortura,  violación  sexual,  prostitución  forzada,  esterilización forzada,  persecución   por   motivos   políticos,   raciales,   nacionales,   étnicos,  culturales,   religiosos  u  otros  motivos  definidos,  desaparición  forzada,  apartheid  u  otros actos inhumanos que causen graves  sufrimientos   o   atenten   contra   la   salud  mental  o  física4, no cometidos  necesariamente  en  el curso de un conflicto armado, suponen la existencia de un  ataque                 generalizado5   o  sistemático6,  o (iii) En  general,  conductas  que  hayan  vulnerado  gravemente los derechos humanos o el  derecho internacional humanitario.   

          En  tal sentido ha señalado la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos  que  la  facultad de otorgar amnistías sólo es procedente respecto de  quienes  fueron  sancionados  o  procesados  única  y  exclusivamente por haber  participado  en  hostilidades, no así con relación a aquellos que quebrantaron  la  normativa del derecho internacional humanitario7.   

Además, otras instancias internacionales han  señalado  que las violaciones al ordenamiento internacional constituyen delitos  internacionales  y  que  por  tanto,  no  pueden  ser  objeto  de  amnistía, en  principio,            o           indulto8, dado que se trata de aquellos  comportamientos  cuya  gravedad  compromete  la paz y la seguridad mundial, así  como  la  estabilidad  ética  y  política  del orden internacional, y con cuya  comisión  se  vulnera  a  la  humanidad  en  su  conjunto  y  no  a  la persona  individualmente  considerada,  de  manera  que  no pueden tener la condición de  delitos políticos.   

          Sobre  la  misma  temática  se establece en el Estatuto de la Corte  Penal    Internacional    que    la    competencia    de   dicho   tribunal   se  constituye:   

“Afirmando  que  los  crímenes  más  graves de trascendencia para la comunidad internacional en  su  conjunto  no  deben  quedar  sin  castigo  y que, a tal fin, hay que adoptar  medidas  en  el plano nacional e intensificar la cooperación internacional para  asegurar  que  sean  efectivamente  sometidos a la acción de la justicia (…);  Decididos  a  poner  fin  a  la  impunidad  de los autores de esos crímenes y a  contribuir así a la prevención de nuevos crímenes; (…)   

Recordando  que  es  deber  de  todo Estado  ejercer   su   jurisdicción   penal   contra   los  responsables  de  crímenes  internacionales…”.   

          Adicionalmente,  es  clara  la  presencia  de  tal limitación en el  carácter   humanista  plasmado  en  la  Constitución  Política,  pues  en  su  artículo 30 transitorio dispone:   

“Artículo  Transitorio   30.   Autorízase   al   Gobierno   Nacional   para   conceder   indultos   o   amnistías   por  delitos  políticos  y  conexos,    cometidos   con   anterioridad   a   la  promulgación   del   presente   Acto   Constituyente,   a  miembros  de  grupos  guerrilleros  que  se  reincorporen  a  la  vida  civil  en  los términos de la  política  de  reconciliación.  Para  tal efecto el Gobierno Nacional expedirá  las    reglamentaciones    correspondientes.    Este    beneficio   no  podrá  extenderse a delitos atroces ni a homicidios cometidos  fuera   de   combate   o  aprovechándose  del  estado  de  indefensión  de  la  víctima” (subrayas fuera de texto).   

          Entonces,  es  procedente concluir que carecen de la connotación de  delitos políticos:   

          (a)                       Las  conductas  que comporten un atentado contra  el  Estado  en sus ámbitos organizacionales, constitucionales o legales, cuando  sean  producto  de  pretensiones  no  políticas,  como  el ánimo de lucro y el  exclusivo  beneficio  personal,  así  como  los  delitos comunes realizados con  finalidades diversas a la política.   

          (b)                       Los   comportamientos  que  por  quebrantar  el  derecho  internacional  tienen la connotación de delitos internacionales y, por  tanto,  carecen  de  la  condición  de  delitos políticos, en cuanto no pueden  beneficiarse    con    indultos    o   amnistías9.   

          5.        Concurso  material  de  los  delitos  de  rebelión y concierto para  delinquir con fines terroristas   

Precisado lo anterior se tiene que acerca del  concurso  efectivo  del  delito  de  rebelión con otros punibles ha expuesto la  Sala10:   

“Si  los  diversos  comportamientos  son  escindibles, de manera que  algunos  de  ellos  son  realizados por varias personas concertadas para cometer  delitos  en  beneficio  puramente  individual, egoísta, sin ningún nexo con la  militancia  política, y otros, ejecutados por esas mismas personas,           se      materializan           en         tanto        miembros           de  la   

organización  subversiva,  el  concurso  entre  el  concierto  para  delinquir y la rebelión  surge   con   nitidez”  (subrayas fuera de texto).   

        Posteriormente,  afianzándose  en  el proveído citado, señaló la  Colegiatura       en       otra      decisión11:   

“Como  lo ha  resaltado  la  jurisprudencia,  es  factible  que  se  presente  esa generalidad  concursal.  Rebelión, puesto que las ‘milicias’  adscritas  a  los  grupos subversivos arraigados en el país pretenden, mediante  el  empleo  de  las armas, derrocar al Gobierno Nacional, o suprimir o modificar  el  régimen  constitucional o legal vigente. Concierto para delinquir destinado  a   desplazamiento   forzado,   homicidio   y  otros,  puesto  que  el  actuar  ilícito  de  los milicianos no sólo se dirige contra  los  miembros de la fuerza pública por la confrontación ideológico política,  sino  que  también  victimizan  al  vecindario y la ciudadanía para satisfacer  pasiones  personales  y  egoístas, en actos que en nada asemejan un combate, ni  tienen  que  ver  con  el  proselitismo armado. Y los  delitos  que  resultaren,  como pluralidad de homicidios, desplazamiento forzado  de  personas,  etc.,  toda vez que en muchos casos la vulneración de los bienes  jurídicos  protegidos se producen completamente aparte de la ideología o de la  causa    política”  (subrayas       fuera       de      texto).   

          En  sentido  similar  ha  puntualizado esta Corporación12:   

“Por razón de lo  expuesto,   la   Corte,   acogiendo   el   criterio   sentado  por  el  Tribunal  Constitucional  al  juzgar  la  constitucionalidad  del  artículo 127 del   Decreto  100  de  1980,  precisó que ‘en  la  actualidad,  ante  la declaratoria de inexequibilidad de la  referida  disposición  penal,  y  el  contenido  de la decisión del órgano de  control    constitucional,    los   comportamientos  delictivos  que no sean elemento o circunstancia integrante de la configuración  típica  del  delito de rebelión, deben, sin excepción, recibir tratamiento de  hechos     punibles     concursales’” (negrillas y subrayas fuera de texto).   

Impera señalar que en el derecho comparado,  por  expreso  mandato  legal,  no  hay  lugar  a  que  la  rebelión absorba las  conductas  punibles  que  se  ejecuten en desarrollo de la confrontación armada  con  el  Estado, y por el contrario, son tenidas como efectivamente concursantes  con  el referido delito. Así, en el artículo 481 del Código Penal español de  1995 se dispone:   

“Los  delitos  particulares  cometidos  en  una  rebelión  o  con motivo de ella, serán   castigados,   respectivamente,  según  las  disposiciones de este Código” (subrayas  fuera de texto).   

Por  su  parte,  en  el  artículo  236 del  Código Penal argentino se establece:   

“Cuando  al  ejecutar   los   delitos  previstos  en  este  título  (rebelión,   sedición   y   motín,   entre   otros,  se  precisa),   el   culpable   cometiere   algún  otro,  se  observarán  las  reglas  establecidas  para  el  concurso  de  hechos  punibles” (subrayas fuera de texto).   

         Una  vez  definido  que el delito de rebelión puede concursar con  el  de  concierto  para  delinquir,  en  la  medida  en que tengan lugar ciertas  circunstancias  capaces  de  escindir  la  asociación  criminal  propia  de  la  confrontación   armada   con  el  Estado,  con  la  agrupación  inherente al referido punible contra la seguridad pública, procede  la Sala a analizar en el caso concreto tales situaciones.   

         6.                     El                 asunto examinado   

Dentro  de la  actuación  logró  acreditarse  con  el informe suscrito el 17 de abril de 2008  por    el    Sub    Intendente    Wilson    López  Trejos  de  la  DIJIN,  que  por  informaciones  de  inteligencia   se   estableció  que  las  Farc  planeaban  la  realización  de  múltiples  atentados  terroristas,  motivo por el cual la Fiscalía realizó un  programa  metodológico, en cuyo desarrollo, con la colaboración de la Policía  Nacional  se  constató  a  través  de  vigilancias,  seguimientos  a personas,  interceptaciones  telefónicas,  allanamientos  y otras actividades, que para el  día  7 de agosto de 2008, una célula guerrillera de dicha organización armada  ilegal  al  mando  de  alias James Patamala, Comandante de la quinta compañía  de  la  Columna  Móvil  Teófilo Forero, iba a colocar 2 carrobombas   en   Bogotá,  circunstancia  que  determinó  la captura de varios de los comprometidos en dicho plan, entre ellos  ORLANDO        HENAO       CARDONA.   

         De  lo  anterior  puede  concluirse que la asociación del acusado  con  otras  personas estaba dirigida a crear zozobra en la comunidad mediante la  utilización      de      carrobombas,  cuyos  explosivos  fueron hallados en varios de los mencionados  allanamientos,   amén   de   que  corresponde  a  un  ataque  indiscriminado  y  sistemático  contra  la  población  civil  ajena  al  conflicto armado interno  colombiano,    esencialmente    protegida    por    el   Derecho   Internacional  Humanitario.   

El  artículo  7º   del   Estatuto   de   Roma   por  el  cual  se  creó  la  Corte  Penal  Internacional preceptúa:   

“1.  A  los  efectos    del    presente    Estatuto,    se    entenderá   por   ‘crimen        de        lesa  humanidad’  cualquiera  de  los  actos siguientes cuando se cometa como parte  de  un  ataque  generalizado  o  sistemático  contra una población civil y con  conocimiento de dicho ataque:   

a)          Asesinato;   

k)  Otros  actos  inhumanos  de carácter  similar  que  causen  intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente  contra   la   integridad   física   o   la   salud  mental o física.   

2.   A  los  efectos  del  párrafo  1:   

a)       Por       ‘ataque   contra   una   población  civil’  se  entenderá  una  línea  de  conducta  que  implique la comisión  múltiple   de  actos  mencionados  en  el  párrafo  1  contra  una  población  civil,  de conformidad con la política de un Estado  o    de   una   organización   de   cometer   esos  actos  o  para  promover  esa  política”   (subrayas   fuera   de   texto).   

Acerca  de  la noción de crímenes de lesa  humanidad  ha  señalado  la  Corte  Constitucional13:   

“En cuanto a la  evolución  del concepto de crímenes de lesa humanidad, este cobija un conjunto  de  conductas  atroces  cometidas de manera masiva o  sistemática,   cuyo   origen   es   principalmente  consuetudinario,  y  que  han sido proscritas por el derecho internacional desde  hace varios siglos.   

La  noción moderna de crímenes contra la  humanidad  nace en el Estatuto del Tribunal de Nuremberg y está contenida en su  artículo    6(c)   que   incluye   las   siguientes   conductas:   ‘asesinato,    exterminio,    esclavitud,    deportación    y   cualquier  otro  acto  inhumano  cometido  contra  una  población  civil,  antes  o  durante el curso de una guerra, así  como  persecuciones sobre bases políticas, raciales o religiosas, ejecutados en  conexión  con  cualquier  otro  crimen dentro de la jurisdicción del Tribunal,  haya  existido  o  no  violación  del  derecho  interno del Estado donde fueron  perpetrados’” (subrayas  fuera de texto).   

           A su vez, esta Colegiatura ha precisado  sobre         el        mismo        aspecto14:   

“El crimen de  lesa  humanidad se distingue de otros crímenes, porque: a) no puede tratarse de  un   acto   aislado   o   esporádico   de   violencia,  sino  que  debe  hacer  parte  de un ataque generalizado, lo que quiere decir  que  está  dirigido contra una multitud de personas;  b)  es  sistemático,  porque  se inscribe en un plan  criminal  cuidadosamente  orquestado,  que  pone  en  marcha  medios  tanto públicos como privados, sin que, necesariamente, se trate  de  la ejecución de una política de Estado; c) las conductas deben implicar la  comisión     de    actos    inhumanos,  de  acuerdo  con  la  lista que provee el mismo Estatuto; d) el  ataque  debe  ser  dirigido  exclusivamente contra la  población  civil; y e) el acto debe tener un móvil  discriminatorio,   bien  que  se  trate  de  motivos  políticos,  ideológicos,  religiosos,  étnicos o nacionales” (subrayas fuera  de texto).   

       Como  viene  de verse, y ya ha tenido oportunidad de plantearlo la  Sala15,  dentro  del  género  correspondiente  a  los  delitos  de lesa  humanidad,  se  encuentran  por  lo menos dos especies, una, desarrollada en los  tratados  internacionales  que  expresamente  tipifican  las  conductas  con tal  carácter,  y  la  otra,  referida  a  aquellos  comportamientos  que  sin estar  enlistados  en  la  normativa  internacional,  satisfacen  los  postulados  para  identificarlos   como  graves  atentados  al  género  humano,  que  ofenden  la  conciencia   de   la   humanidad  y  avergüenzan  a  la  comunidad  nacional  e  internacional.   

       A  partir  de  lo  anterior,  ha  concluido la Corporación que el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  el  cual no está incluido en  nuestra  legislación  dentro  de  los instrumentos internacionales como de lesa  humanidad,  puede tener tal condición de acuerdo con los delitos cuya comisión  haya sido acordada.   

Así,  en  el  caso  de  la  especie,  se  consigue  establecer  que  el  comportamiento  de  concertarse para planificar y  organizar  la  colocación  de  carrobombas  en  cualquier  sector de la ciudad,  dirigidos  a  atacar  de  manera  sistemática  e indiscriminada a la población  civil,  objeto  de  protección central en los Convenios de Ginebra de 1949, sin  dificultad  se  ubica  dentro  de  la categoría de crímenes de lesa humanidad,  pues  además  de  que  conforme  a  las  máximas  de la experiencia, por regla  general   tales  conductas  comportan  pérdida  de  vidas  humanas  y  lesiones  personales  (asesinato  y  atentados  graves  a  la  integridad  física, en los  términos  del  Estatuto  de  Roma),  en el caso del proceder de las Farc y más  exactamente  del  acusado  HENAO CARDONA,  se  advierte  una  planeación detallada (ataque generalizado y  sistemático,  según el ya referido Estatuto), adicional a los daños derivados  de  la zozobra que se pretendía crear con tales actos de terrorismo (atentado a  la      salud      mental,      ídem).   

En  cuanto  atañe  al  tema  abordado  y  especialmente  respecto  de  la  modalidad  de  conductas aquí investigadas, ha  puntualizado     la     Corte     Constitucional16:   

“La  Constitución  distingue  los  delitos  políticos  de  los delitos comunes para  efectos  de  acordar  a  los  primeros un tratamiento más benévolo con lo cual  mantiene  una tradición democrática de estirpe humanitaria (…). El Estado no  puede  caer  en  el  funesto  error  de  confundir la delincuencia común con la  política.  El  fin  que  persigue  la  delincuencia  común  organizada,  particularmente  a través de la violencia narcoterrorista,  es  el  de  colocar  en  situación de indefensión a la sociedad civil, bajo la  amenaza   de   padecer  males  irreparables,  si  se  opone  a  sus  proditorios  designios.  La  acción  delictiva de la criminalidad  común  no  se  dirige contra el Estado como tal, ni contra el sistema político  vigente,  buscando  sustituirlo  por  otro  distinto,  ni  persigue  finalidades  altruistas,  sino que se dirige contra los asociados, que se constituyen así en  víctimas      indiscriminadas      de      esa  delincuencia.  Los hechos  atroces   en  que  incurre  el  narcoterrorismo,  como  son  la  colocación  de  carrobombas  en  centros  urbanos,   las   masacres,   los   secuestros,   el  sistemático  asesinato  de  agentes  del orden, de jueces, de profesionales, de  funcionarios  gubernamentales,  de  ciudadanos  corrientes  y  hasta  de  niños  indefensos,    constituyen    delito    de    lesa  humanidad,  que  jamás  podrán  encubrirse  con  el  ropaje  de  delitos políticos” (negrillas y subrayas  fuera de texto).   

          Acerca  de  la  imposibilidad de que los elementos estructurales que  componen  el  delito de concierto para delinquir agravado haga parte del punible  de   rebelión,   la  cual  descarta  a  la  postre  su  carácter  de  punibles  concursantes  aparentemente, para reconocer que se trata de un concurso efectivo  entre  ambos,  puede  referirse  que  mientras el bien jurídico protegido en la  rebelión  es  el  régimen  constitucional  y  legal pues el rebelde se levanta  contra  las  instituciones  para  derrocarlas, en el concierto para delinquir se  atenta  contra  el  bien  jurídico  de  la  seguridad pública, el cual resulta  lesionado  cuando  se  altera  la  tranquilidad  de  la  comunidad  y  se genera  desconfianza    colectiva    para    el    ejercicio    de    las    actividades  ordinarias17.   

A su vez, en punto de la acción típica se  tiene  que  en  el  punible  de  rebelión  se  dirige  a un real o supuesto fin  colectivo,  en  la  medida  en  que el rebelde pretende derrocar el gobierno que  considera  ilegítimo,  para  instaurar uno justo e igualitario, en tanto que en  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  con  fines  terroristas se  pretende  la realización de atentados indiscriminados sin un objetivo definido,  más  allá de la desazón y zozobra de la sociedad18.   

De   conformidad   con   lo   anotado  en  precedencia,  considera  la Sala que, tal como lo sugieren la Fiscal Quinta y la  Procuradora  Tercera,  ambas  delegadas ante la Corte, no es viable acceder a la  pretensión  casacional del demandante, toda vez que en este asunto el delito de  rebelión  concursa materialmente con el punible de concierto para delinquir con  el  propósito  de  cometer actos de terrorismo, dado que al tener éste último  el  carácter  de crimen de lesa humanidad, no se encuentra subsumido dentro del  tipo  objetivo  y  subjetivo  del  delito  político, como para que fuera viable  aplicar  el  principio  de  especialidad a favor de tal comportamiento contra el  régimen constitucional y legal.   

         Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

Cita medica  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                           AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                      JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 6 de septiembre de 2007. Rad. 26591.   

2 En  este sentido auto del 18 de octubre de 2005. Rad. 24275.   

3  Sentencia del 5 de diciembre de 2007. Rad. 25931.   

4  Artículo 7o del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.   

5 El  carácter  masivo  de  los ataques para que se estructuren los crímenes de lesa  humanidad  no fue invocado inicialmente en el Tribunal de Nuremberg, pues fue un  elemento    latente    y    evidente    en    las   conductas   que   allí   se  investigaron.   

6  Así  fue  reconocido  en 1961 por la Corte de Distrito de Jerusalén en el caso  “Eichmann”,  al  acreditarse una campaña nazi de exterminio, mediante actos  aparentemente  aislados  pero  que formaban un todo. De igual manera el Tribunal  para  la  ex  Yugoslavia  asume  que las ejecuciones ocurridas en el hospital de  Vukovar  se  integraban  al  contexto  general  y  organizado del ataque a dicha  ciudad.   

7  Informe  No. 1/99 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Caso Lucio  Parada  Cea y otros versus  El Salvador. Párrafo 116.   

8  Tribunal   Penal  Internacional  para  la  antigua  Yugoslavia.  Caso  Celibici.  Sentencia del 20 de febrero de 2001.   

9 En  este   sentido   Quintero  Olivares  Gonzalo,  “La  revisión   del   delito  político:  islamismo  y  otros  problemas”,   en   Cancio   Meliá,  Gómez-Jara  Díez  (coordinadores),  Derecho  penal  del enemigo. El discurso penal de la  exclusión,  Madrid,  Edisofer,  2006,  vol.  2,  p.  693.   

10  Providencia del 26 de noviembre de 2003. Rad. 21639.   

11  Auto del 19 de mayo de 2004. Rad. 22415.   

12  Sentencia del 26 de enero de 2006. Rad. 23893.   

13  Sentencia C-578 de 2002.   

14  Providencia  de  segunda  instancia  del  21  de septiembre de 2009. Rad. 32022.   

15  Decisión del 13 de mayo de 2010. Rad. 33118.   

16  Sentencia  C-171/93. Criterio reiterado en sentencia  C-069/94   

17  Cfr. Providencia del 11 de julio de 2007. Rad. 26945.   

18  Cfr.  Providencias  del  18  de  julio  de 2001 y 23 de septiembre de 2003. Rad.  17089.     

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