34294(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34294  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  371  

Bogotá,  D.C.,  diecisiete   (17)  de  noviembre de dos mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor   de   ÁLVARO   OBDULIO  AGUIRRE  MONTOYA en contra del fallo de segundo grado proferido  el  12  de  marzo de 2010 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, el  cual  confirmó  la decisión  de  primera  instancia del 18 de diciembre de 2009, por medio de la cual la Juez  Catorce  Penal del Circuito de Descongestión con Funciones de Conocimiento esta  ciudad  condenó  al  citado  enjuiciado  como  autor  de la conducta punible de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron resumidos por el Tribunal en el fallo  impugnado, así:   

“El  a  quo  indicó  que la situación fáctica objeto de juicio aconteció en el Aeropuerto  El  Dorado  de  esta  ciudad el 17 de Julio de 2009 alrededor de las 03:15 p.m.,  cuando  miembros  de  la  Policía  Nacional  requisaron  el equipaje de ÁLVARO  OBDULIO  AGUIRRE  MONTOYA,  quien  se disponía a abordar el vuelo No. 013 de la  Aerolínea  Avianca  con  destino  a  Madrid  (España),  hallando un estuche de  cosméticos  con  doble  fondo  que albergaba una sustancia pulverulenta blanca,  así  como un frasco de perfume marca Calvin Klein en cuyo fondo se observó una  sustancia   viscosa,  elementos  que  al  ser  examinados  mediante  pruebas  de  narcotest  y  PIPH  arrojaron  resultado  positivo para cocaína en peso neto de  351,1 gramos.”    

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.  A  solicitud  de  la  Fiscal  201   Seccional  de  la URI de Engativá,  la Juez Diecinueve Penal Municipal con  Función  de Control de Garantías de Bogotá, en audiencia preliminar celebrada  el   18  de  julio  de  2009,  legalizó  la   captura   en  flagrancia  de  ÁLVARO  OBDULIO  AGUIRRE  MONTOYA, así como la incautación de  los  elementos  aprehendidos; en la misma diligencia, al indiciado se le imputó  el    cargo    de    autor    de    la   conducta    punible   de   tráfico,   fabricación   o   porte   de  estupefacientes  (artículo  376, inciso 3º del Código Penal), según el verbo  rector    de   ‘llevar  consigo’, imputación que  aquél  no  aceptó.   Enseguida, la juez de garantías, a iniciativa de la  fiscalía,   afectó   a  AGUIRRE  MONTOYA  con  medida de aseguramiento      de      detención      preventiva      en     establecimiento  carcelario.   

2.  El  escrito de  acusación  fue radicado el 12 de agosto de 2009   por  la  Fiscal  257  Seccional  de  Bogotá;  fue así como el 17 de septiembre  siguiente,  ante  la  Juez  Catorce  Penal  del  Circuito  de Descongestión con  Funciones  de  Conocimiento  de  esta  ciudad,  se  llevó  a  cabo audiencia de  formulación de acusación en  contra    del   ÁLVARO   OBDULIO   AGUIRRE   MONTOYA  por  la  misma  conducta  punible  que  fue  objeto de  imputación.   

3.  La  audiencia  preparatoria  tuvo  lugar  el   13  de octubre de  2009;   en   ella,  además  de  formular  los  intervinientes  las  solicitudes  probatorias,      la      defensa      y      la      fiscalía     estipularon   la   plena   identidad  del  acusado,  así  como el peso y naturaleza de la sustancia incautada. A su turno,  el  funcionario  judicial admitió la mayoría de las pruebas requeridas por los  intervinientes y negó algunas de ellas.    

La    vista  pública  se  inició  el  3  de  noviembre  de 2009 y  culminó  el  15  de  diciembre   del  mismo año; al final de esta última  sesión  la  juez  de  la  causa  anunció  el sentido condenatorio de la sentencia.   

El 18 de diciembre del año anterior, la Juez  Catorce  Penal  del  Circuito de Descongestión con Funciones de Conocimiento de  Bogotá,  tras  correr  a los intervinientes el traslado del artículo 447 de la  Ley  906  de  2004  y  declarar que no había lugar al trámite del incidente de  reparación  integral,  profirió  y  dio lectura a la sentencia de primer grado  por  medio de la cual condenó  a   ÁLVARO   OBDULIO   AGUIRRE   MONTOYA  a  las  penas  principales de 100 meses de prisión y multa por el  valor  equivalente a 140 salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  término  igual  al de la pena privativa de la libertad como  autor  responsable  del comportamiento punible de tráfico, fabricación o porte  de estupefacientes.   

Al  mismo  tiempo,  le negó al procesado el  subrogado  de  suspensión condicional de la ejecución de la pena como también  el  sustituto de la prisión domiciliaria y dispuso la compulsa de copias con el  fin  de  que  se investigue a Yuri Marcela Hernández Quintero por el punible de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

4.  La  decisión  de  primera instancia fue  apelada  por  el  defensor  del  procesado  y  confirmada  por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  en  sentencia  de segundo grado del 22 de  febrero de 2010.        

5.  Inconforme con lo resuelto, el apoderado  judicial  del  acusado  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación y lo  sustentó oportunamente a través de la correspondiente demanda.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Cargo  único: falso juicio de identidad que  recayó  en  las  declaraciones  de  Yuri  Marcela  Hernández Quintero y Janeth  García Espinosa.    

Al  amparo  de  la  causal  de casación que  describe  el  numeral  3 del artículo 181 del Código de Procedimiento Penal de  2004,  el demandante alega que el sentenciador incurrió en violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  vía  del error de hecho, en la modalidad de falso  juicio  de  identidad, yerro que lo condujo a violar la presunción de inocencia  (artículos  1,  6,  7,  9  y  22  del Código Penal, así como el 380 y 381 del  Código de Procedimiento Penal).   

En apoyo de su censura, el impugnante reseña  algunos  apartes del dicho de la declarante Yuri Marcela Hernández Quintero, en  particular   cuando   refirió  que  “él  [AGUIRRE  MONTOYA]  me  hacía  el  favor,  pero  no  me garantizaba que porque los polvos  llevaban  droga”.   Y  del testimonio de Janeth  García  Espinosa  cita,  entre  otros  apartes, aquel en que refirió que   “escucho  que  Álvaro le decía a Yuri que llevaba  la  encomienda siempre y cuando se la dejaran pasar en el aeropuerto”.   A  partir de allí, pregona que el juzgador distorsionó  el contenido de las aludidas pruebas.   

Así,  entonces,  reprocha  que  el fallador  -tras  argumentar  que  “Yuri Marcela aceptó que el  procesado  sabía que llevaba  polvos,  se  refiere  obviamente  a  las sombras llevaban droga, pues así se lo  manifestó  al  momento  de  entregarle la encomienda y a pesar de ello admitió  llevarla”- concluyera que el hoy acusado conocía la  existencia  de  la  sustancia  ilícita.  Agrega que la distorsión se hace más  evidente  porque  la  deponente  expresó que “nadie  conocía  la  droga”,  lo  cual  excluye que AGUIRRE  MONTOYA supiera de su existencia.   

Enseguida, aprecia que el haber dicho el hoy  acusado  –según la testigo  Hernández  Quintero-  que  no llevaría el encargo porque los polvos contenían  droga,  no  es  una  afirmación  que  pueda  entenderse como una aceptación de  correr  el riesgo de ser retenido por transportar el estupefaciente. En apoyo de  dicha apreciación expone las siguientes razones:   

a. Las declarantes  Yuri  Marcela  Hernández  Quintero  y  Janeth  García Espinosa son testigos de  cargo  y  por  ello buscan endilgarle responsabilidad a AGUIRRE MONTOYA; además  de  lo  anterior, aseguraron que nadie conocía la existencia de la droga.   Y  sostiene que no se puede admitir que una persona acepte transportar elementos  ilícitos.   

b. Disney Lozano es  la   madre   de   los   hijos   del   enjuiciado,   es   imparcial  y  digna  de  credibilidad.   

c. AGUIRRE MONTOYA,  en  su  casa  y en presencia de tres personas más, aceptó llevar el encargo de  Yuri  Marcela Hernández Quintero, quien le aseguró que se trataba de un regalo  para una tía suya.   

d.  Que  ÁLVARO  OBDULIO  AGUIRRE  MONTOYA  no  hubiera  aceptado  su  responsabilidad  para así  hacerse  merecedor  de rebajas es una actitud que no corresponde con el supuesto  conocimiento de la existencia del estupefaciente.   

e.  Yuri  Marcela  Hernández  Quintero afirmó que nadie, incluido el aquí procesado, conocía la  existencia  de  la  sustancia ilegal. De modo que al concluir el sentenciador lo  contrario desconoció el conjunto probatorio.   

f. Admitir que Yuri  Marcela  Hernández  Quintero se presentara a rendir testimonio, siendo culpable  de  la  entrega  de la encomienda viola las reglas de la sana crítica. Así, la  lógica  enseña  que  tal  proceder  es  de  quien  desconoce  el contenido del  encargo,  más  aún  cuando  expresó  que  AGUIRRE  MONTOYA está preso por su  culpa.   

g. El a  quo se equivocó al apreciar que no se  aclaró  si  la supuesta tía lo era de Yuri Marcela Hernández Quintero o de un  tal  Luis  Fernando, pues aquella dijo que le mencionó a AGUIRRE MONTOYA que se  trataba de una tía suya.   

h.  El  juzgador  presume  que Janeth García Espinosa está obligada a conocer a los amigos de su  hermana Beatriz.     

Con apoyo en los anteriores razonamientos, el  libelista  aduce que es necesario reestablecer el derecho fundamental de AGUIRRE  MONTOYA  a  la  libertad.   En  consecuencia, le pide a la Corporación que  case  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  se  absuelva  al procesado, tras  reconocer la existencia de la duda probatoria.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  A la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de Justicia le asiste competencia para resolver sobre los requisitos de  admisibilidad  de  la  demanda de casación, conforme la competencia que fija el  artículo  32-1 de la Ley 906 de 2004, en asocio con el inciso 1º del artículo  184 del mismo Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación   en  concreto  de  la  demanda  que  ocupa  su  atención,  estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  de  naturaleza  extraordinaria  que procede contra las  sentencias   dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  las  actuaciones  procesales,  a  través  de  las  cuales  se investigan y juzgan comportamientos  punibles,  cuando  las  decisiones  proferidas,  o  bien  el  trámite  surtido,  afectan de manera trascendente y decisiva,  derechos  de los intervinientes.  Por lo tanto, la finalidad  del  recurso  extraordinario  no  es  otra que lograr la efectividad del derecho  material  desconocido,  el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho esta última, son los  mismos  del  proceso penal; así se explica que las causales de casación tengan  un diseño encaminado a lograr esos fines.   

Lo  dicho en precedencia permite afirmar que  este  recurso  extraordinario  es   consecuencia natural de la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha  señalado  que  aún  cuando  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón en que de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso 2° del artículo últimamente  citado  no  será  seleccionada la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  i) Si  el     demandante     carece     de     interés     jurídico;     ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la   demanda    sea   admitida,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la real afectación de los derechos o garantías fundamentales; para  ello,  deberá   formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos de los fines establecidos para la casación, según lo reseñado  más arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que le permita al impugnante continuar el debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso  y,  por  lo  tanto, no es  procedente  realizar  toda  clase  de  cuestionamientos  a  manera  de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la  ley, y conforme el interés que legalmente le  asista   al   recurrente,  se  denuncian  errores,  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente, con estricta sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de cada una de las causales de casación y los requerimientos que la  jurisprudencia de la Sala ha fijado de tiempo atrás.   

El caso concreto.  

4.  Luego  de confrontar las consideraciones  que  vienen de reseñarse frente a los argumentos plasmados en la demanda, desde  ya  la  Corporación  adelanta  su  postura  en el sentido de que inadmitirá la  demanda   de   casación,   debido  a  que  se  aparta  ostensiblemente  de  los  presupuestos  de  la  vía  de  ataque ensayada y, por el contrario, se limita a  mostrar  una  inconformidad  con  la  apreciación  judicial  de  la  prueba y a  oponerle la personal apreciación del demandante.   

5.  Ahora  bien, vista la vía de ataque que  ensaya      el      demandante     –violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho  consistente  en  falso  juicio  de identidad- la Corte estima necesario recordar  que,  como  lo  tiene dicho su jurisprudencia, dicho yerro se presenta cuando el  juzgador  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona  su  contenido fáctico por una  cualquiera  de  las  siguientes razones: “(1) porque  le  hace  agregados  que  no corresponden a su texto (distorsión por adición),  (2)  porque  omite tener en cuenta aspectos importantes de la misma (distorsión  por   cercenamiento),   y   (3)   porque   altera   su  texto  (distorsión  por  transmutación).”2  De allí que se afirme que es  un  yerro  de carácter objetivo contemplativo, el cual recae sobre el contenido  o  expresión  fáctica  de  la  prueba,  y se resume en la conocida expresión,  según   la   cual   ‘el  sentenciador  hace  decir  a  la prueba lo que materialmente no dice’.   

En tal supuesto, ha dicho la Colegiatura, el  casacionista  debe  acreditar  mediante  la comparación de lo que dice el medio  probatorio  y  la  concreción  que  de  su  texto hiciera la sentencia, en qué  consistió   el  desacierto  de  los  juzgadores  de  instancia  y  cómo  éste  repercutió  en  el  sentido  del  fallo, es decir, deberá acreditar que sin la  existencia  del  yerro denunciado, la situación jurídica del procesado hubiese  sido sustancialmente opuesta.   

Así mismo, debe evitar que el argumento que  sustenta  el  cargo  se  convierta  en una mera discrepancia probatoria, lo cual  podría  tener  lugar  cuando, entre otras eventualidades, el censor confunde la  materialidad  de  la  prueba  con  lo  probado, esto es, que interpreta como una  tergiversación  del  contenido del medio de convicción aquello que el juzgador  infiere  de  él.  Si  así  ocurriera,  el  razonamiento  no estaría llamado a  prosperar,  pues el recurrente no haría cosa distinta que mutar en una crítica  de  falso  raciocinio  aquello  que  ha  orientado  por vía del falso juicio de  identidad,  inconsistencia  que  desconoce  el  principio  de  autonomía de las  causales de casación.   

6.  Pues bien, es esta última hipótesis la  que   afecta   el   razonamiento  del  casacionista.  Ello  es  así  porque  el  razonamiento  ofrecido no logra acreditar que el sentenciador alterara de alguna  manera  el  dicho de las declarantes mencionadas, sino que termina por reprochar  la apreciación que de sus palabras se plasmó en la sentencia.   

Para  la  cabal  demostración  del  dislate  reseñado  véase el contenido de la prueba, más exactamente la declaración de  la  testigo  Yuri  Marcela  Hernández  Quintero quien, al ser preguntada por la  defensa,  sobre qué manifestación le formuló ÁLVARO  OBDULIO  AGUIRRE  MONTOYA en el preciso instante en que  le  hizo  entrega de la encomienda que habría de transportar a España, aquella  contesto  que  el  único  comentario que le hizo el hoy procesado fue que no le  garantizaba  que llegara porque los polvos llevaban droga, a lo cual ella repuso  que no importaba, que de todos modos la llevara.    

A  su  turno,  la  testigo  Janeth  García  Espinosa,  dijo  que  acompañó  a  la  anterior  a entregar el paquete con los  cosméticos  y el perfume a AGUIRRE MONTOYA  y pudo escuchar que aquél le manifestó a Hernández Quintero que  no sabía si en el aeropuerto le dejarían pasarlo.   

Por su parte, el a  quo,  tras  reseñar  larga,  detallada y fielmente el  contenido  de  todas  las pruebas, concluyó que “se  desprende   que   ÁLVARO   OBDULIO   AGUIRRE   tenía  pleno  conocimiento  que  transportaba  el  estupefaciente  citado, el cual recibió en la manera conocida  de  manos  de Yuri Marcela Hernández Quintero, sin que el desconocimiento de la  persona   o  personas  que  efectivamente  se  lo  entregaron  a  ésta  resulte  trascendente  a la determinación de responsabilidad del acusado, pues lo cierto  es  que,  fuere  quien  fuere  aquel,  AGUIRRE  MONTOYA se enteró del contenido  ilícito  de los elementos en cita, y no obstante ello aceptó llevarlos consigo  a Madrid…”    

Y    el   ad  quem,  a  su  turno,  consideró  que  “el  señalamiento  que  hizo el procesado a Yuri Marcela Hernández  Quintero  en  el instante en que ésta le entregó el paquete para ser llevado a  España  no es una amonestación ingenua o una indicación precautelativa acerca  de   que   era   posible   que  la  encomienda,  consistente  en  una  caja  que  supuestamente    contenía  cosméticos  y  un  frasco  de  perfume,  fuera  detenida  en  el aeropuerto, ya que de las aseveraciones que el acusado dirigió  a  Yuri  Marcela  se  desprende  que  [aquél]  tenía la clara percepción y el  innegable  conocimiento de que el objeto que se le pidió llevar consigo a dicho  país  era  ilícito,  siendo  expresa  y  clara  la mención de su contenido en  cuanto droga”.   

De esta manera, basta confrontar lo dicho por  las  aludidas declarantes con la manera en que el juzgador plasmó su dicho para  asegurar  que por parte alguna existe la tergiversación pregonada. Y que lo que  en  verdad  termina  por reprochar el casacionista es la deducción del juzgador  en  cuanto  que  AGUIRRE  MONTOYA  conocía que aquello que se le entregaba para  llevar al extranjero contenía una sustancia estupefaciente.   

En  el  aserto  del  funcionario judicial de  instancia  no  existe  yerro  de apreciación alguno, pues si la declarante dijo  que  el  hoy  acusado  -al  recibir  el paquete- expresó que no garantizaba que  llegara  porque  los  polvos  llevaban  droga,  no  se  entiende cómo es que el  fallador  –al pregonar el  conocimiento  del  hoy enjuiciado sobre la verdadera naturaleza del favor que se  le  pedía-  recortó,  supuso  o  tergiversó  lo  que  la deponente advirtió.   

Igual  de  irracional  sería  exigirle  al  juzgador  que  ante  tal  manifestación,  corroborada  por la deponente García  Espinosa,  infiriera cosa distinta al conocimiento y voluntad de AGUIRRE MONTOYA  para  incurrir  en  la  conducta  punible.   Y aún cuando en cierto que la  declarante  Hernández Quintero más adelante expresa que nadie más conocía la  existencia  de  la droga, ello no torna en ilegal la conclusión del funcionario  judicial.   

Además  de lo anterior, el razonamiento del  demandante  termina  por  convertirse  en su propia apreciación de la prueba, a  través  de  argumentos  tan  deleznables  como  ajenos  a  la  vía  de censura  ensayada,  tales como que el hecho de que AGUIRRE MONTOYA no hubiera admitido su  responsabilidad   indica   que   es  inocente;  que  el  comportamiento  de  las  declarantes  de  cargo no se ajusta a las reglas de experiencia; que el dicho de  la  declarante Disney Lozano es creíble; que no existe inconsistencia alguna en  torno  a  la  supuesta destinataria del paquete o, en fin, que se violaron otras  reglas de la sana crítica.   

Con esta clase de argumento, el casacionista  no  logra  nada diferente configurar un razonamiento que a duras penas sería de  recibo  ante  las  instancias,  más  no  para  demostrar  un  vicio  probatorio  ostensible    y    decisivo   en   la   determinación   del   sentido   de   la  sentencia.   

Por  último, el impugnante pasa por alto el  deber  que  le  asistía  de  confrontar  el  yerro pregonado de falso juicio de  identidad  frente  a los demás soportes probatorios de la providencia impugnada  para  así  constatar  la  real  incidencia  del  error  de  apreciación, en el  entendido  de  que  aún  cuando  hubiese atinado a demostrar la tergiversación  alegada  de  todos  modos la sentencia bien podría mantener su vigencia apoyada  en los demás fundamentos que la justifican.   

Así  las  cosas,  surge  nítido  que  el  libelista  omite  considerar las demás ponderaciones del fallador, entre ellas,  las  ostensibles  inconsistencias  en  las  explicaciones  suministradas por las  declarantes  acerca  del  origen  y  destino de la encomienda, el testimonio del  servidor  de la Policía Nacional respecto de la manera como se hizo el hallazgo  de  la  sustancia,   la  falta  de coherencia sobre la verdadera situación  laboral  del  hoy  enjuiciado,  la  ausencia  de  información sobre el supuesto  dueño  de  la droga, o bien las reglas de la experiencia que dejan en evidencia  la  responsabilidad  del  acusado  por aceptar transportar un encargo de persona  desconocida           para          un          destinatario          igualmente  indeterminado.       

Por  lo tanto, la defectuosa fundamentación  del  alegato casacional, insiste la Corporación, es inidóneo para demostrar un  yerro  de  apreciación probatoria evidente y trascendente, habida cuenta que se  limita  a  plasmar  la  subjetiva apreciación del  libelista, apenas   contraria  a  la  del  sentenciador, sin demostrar de manera fehaciente un yerro  capaz  de  derribar  la  presunción  de acierto y legalidad del pronunciamiento  judicial.   

7.     En  conclusión,  por  faltar  al deber de fundamentación  suficiente,    el    cargo    formulado    no   será  admitido   a   esta  sede  extraordinaria.   Por  último,  la  Colegiatura no avizora la necesidad de admitir el libelo, tal como  lo  autoriza  el  inciso 3º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, con el fin  de  actualizar alguno de los fines de la casación reseñados al inicio de estas  consideraciones.   

Acotación final.  

8. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  ÁLVARO    OBDULIO   AGUIRRE   MONTOYA.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                PERMISO   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

            PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                                       JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Auto  de 27 de mayo de 2003, radicado 19.812.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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