34187(07-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34187  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                                                                                 Magistrado Ponente:   

                                                        ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                 Aprobado Acta No. 216   

Bogotá,  D.C., siete (7) de julio de dos mil  diez (2010)   

VISTOS:  

Decide la Sala sobre la petición de pruebas  formulada    por    la  defensora  de Henry  Wílberth  Gil Ayerbe,  ciudadano  colombiano  requerido en extradición por el Gobierno  de Ecuador.   

ANTECEDENTES:  

1.  Por  virtud  del artículo 517    de  la    Ley    600    de  2000,  el  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  remitió  a  la  Corte  la  solicitud  de  extradición del ciudadano colombiano  Henry   Wílberth   Gil  Ayerbe,  formalizada  por el Gobierno de Ecuador  según  Nota  Verbal No. 4-2-167/2010     de     marzo            24  del  año  en  curso  a  la  que  se  adjuntó   la   respectiva  documentación  y  el  concepto  del  Ministerio  de  Relaciones     Exteriores     de    acuerdo    con    el    cual    “el   Convenio   aplicable   para  el  presente  caso  es el Acuerdo Bolivariano de Extradición suscrito en Caracas el  18 de julio de 1911…”.   

El  citado ciudadano es requerido por dicho  país  para  que  allí  responda  por  la muerte del Diputado ecuatoriano Jaime  Hurtado  González,  según  hechos ocurridos en Quito  el  17  de febrero de 1999  por  los  cuales  las  autoridades judiciales de Ecuador dictaron auto cabeza de  proceso  el 14 de abril del mismo año y de apertura de plenario el 8 de octubre  de   2003  por  el  delito  de  asesinato  (sancionado  en el Estado petente con reclusión de 12 a 16 años  para   la   fecha   de   los  sucesos),  decisión  esta  que fuera confirmada por  la  Corte  Superior de aquella capital en diciembre 20  de 2004.   

2.  Proveído el requerido de un defensor se  dispuso  el  traslado  de rigor para que los intervinientes solicitaren pruebas,  haciéndolo    solamente    la    defensa   de   Gil  Ayerbe, en el siguiente sentido:   

2.1. Se tenga como  prueba  documental  auténtica  la  aportada  ante  el  Ministerio de Relaciones  Exteriores  por  el país requirente, específicamente el auto cabeza de proceso  dictado  el  14 de abril de 1999 por la Corte Superior  de  Justicia  de  Quito  y  el  texto de las disposiciones legales supuestamente  infringidas  en  el  Estado  que hace la solicitud y,   

2.2.  Se  tenga  igualmente   como   prueba   el   acta  de  derechos  del  capturado.   

Lo  anterior  -dice  la  defensora-  para  demostrar  la  imposibilidad de emitir concepto favorable en términos de la Ley  26  de 1913, aprobatoria del Acuerdo Bolivariano   de  Extradición,  pues  dichos  medios  de convicción acreditan la presencia de la prescripción como fenómeno  extintivo de la acción penal.   

Subsidiariamente solicita la defensa, en caso  que  la  Corte  considere  necesario  algún  trámite  adicional  para  obtener  válidamente  copia  de  los  documentos referidos, se oficie a la República de  Ecuador  con  ese  propósito  y además para que certifique si en la actualidad  rige  en ese país el Convenio Sobre Extradición de Montevideo de 1936 y en tal  evento  si  realizó  alguna salvaguarda frente a lo estipulado en el literal a.  del  artículo  30  de  dicho  ordenamiento,  esto  -sostiene-  porque  de estar  consolidado  tal convenio como ley dentro del Estado requirente en él se prevé  la  imposibilidad  de  otorgar  extradiciones  en presencia de la prescripción,  así como de solicitarlas por virtud del principio de reciprocidad.   

CONSIDERACIONES:   

Señalando  la Ley  26  de  1913,  por  medio  de  la  cual  se Aprobó el Acuerdo Bolivariano sobre  Extradición,  suscrito  en Caracas el 18 de julio de 1911, en el inciso tercero  de  su  artículo VIII que  “La  extradición  de los prófugos, en virtud de las  estipulaciones  del  presente  Tratado,  se  verificará  de conformidad con las  leyes  de  extradición  del  Estado  al  cual  se  haga  la demanda”   y  en  ese orden el artículo  519  de  la  Ley 600 de 2000 que el concepto que de la  Corte     se     pide  para   esos  efectos  se  fundamentará   en   “la   validez  formal  de  la  documentación  presentada,  en  la  demostración  plena  de  la  identidad del  solicitado,  en  el  principio de la doble incriminación, en la equivalencia de  la  providencia  proferida  en  el  extranjero  y,  cuando  fuere el caso, en el  cumplimiento   de   lo   previsto   en  los  tratados  públicos”,  es  obvio  que  las pruebas cuya práctica se depreca deben estar  orientadas,  por  razón  del  artículo 235  ídem,  en  su conducencia, pertinencia, eficacia y utilidad a  demostrar o desvirtuar tales presupuestos.   

Bajo una tal premisa y si bien se advierte que  las  pruebas  documentales  solicitadas  por  la defensora tienen por propósito  acreditar  o  desvirtuar  algunos  de  dichos  requerimientos y específicamente  preceptos  del  convenio  que  hacen  relación  a la vigencia de la acción, es  evidente  que  como  ella  misma lo señala, resultan superfluas en la medida en  que  ya obran en el asunto, sin que se requiera decisión específica alguna que  las comprenda incorporadas a este trámite.   

Por lo mismo ninguna utilidad se observa en la  subsidiaria   petición   de   que   se  obtengan  nuevamente  copias  de  dicha  documentación,  cuya  validez  formal  será  examinada al momento de rendir el  concepto que le atañe a la Corte.   

Y finalmente, se ofrece carente de pertinencia  la  solicitud  de que se oficie al país requirente para que certifique si en su  ordenamiento  se halla vigente o no un determinado convenio pues es evidente que  en  este trámite que se rige por el Acuerdo Bolivariano de Extradición, según  precisó  el Ministerio de Relaciones Exteriores, ninguna incidencia tendría el  ordenamiento  interno  del Estado petente para que la Corte rinda su concepto en  uno  u  otro  sentido, es apenas obvio que la Sala no fundará su opinión en la  legislación   del   país   solicitante,   mucho   menos   cuando  el     artículo     5°-b  del  tratado  en cita, establece  que  la  extradición  procede  siempre  y  cuando  la  acción  y la pena no se  encuentren  prescritas, de conformidad con la legislación del Estado al cual se  hace la solicitud.   

En  consecuencia,  negándose  las peticiones  así   planteadas   por   la  defensora  y  no  habiendo  pruebas  que  la  Sala  oficiosamente  ordene  se  surtirá,  una  vez  ejecutoriada  esta decisión, el  traslado  previsto  en  el  inciso final del artículo 518 de la Ley 600 de 2000  para las alegaciones correspondientes.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

        RESUELVE:   

1.  No acceder a  las  peticiones que en relación con las pruebas a valorar en este trámite hace  la      defensora      del      requerido     en  extradición  Henry  Wilberth Gil Ayerbe.   

2.  Ejecutoriada esta determinación súrtase  el correspondiente traslado para alegar.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase,   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                      YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA           JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria   

    

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