34173(21-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34173  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  227  

Bogotá D.C., veintiuno (21) de julio de dos  mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  apoderado del procesado HERNANDO SERRANO CASILIMAS.     

H E C H O S  

El           ad-quem   los  relató  de  la  siguiente  manera:   

“El  28  de  noviembre  de  2002,  en  la  calle  7C No. 17-31, Barrio Versalles, finca Villa  Soraya,  de  propiedad  del  señor  HERNANDO  SERRANO  CASILIMAS, hallaron gran  cantidad  de  botellas  de licor de diversas clases y marcas, cuyo contenido era  original.  La  mayoría  carentes de estampillas; unas pocas con estampillas del  Departamento  de  Cundinamarca,  e  igualmente gran cantidad de estampillas para  ser   colocadas.  Las  aludidas  botellas  etílicas  eran  distribuidas  en  el  establecimiento      comercial     ‘Reina    de    corazones’,   burlando   el   impuesto  a  la  Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento del Tolima.”    

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriormente referidos,  el   Fiscal   37   Seccional  de  Melgar  (Tolima),  a  través  de  resolución  del    8    de    noviembre   de   2005,   acusó a  HERNANDO  SERRANO  CASILIMAS  por  el comportamiento punible de ejercicio ilícito de actividad monopolística  de  arbitrio  rentístico  (artículo 312 del Código Penal).  La decisión  acusatoria  no  fue recurrida y cobró ejecutoria el 18  de noviembre de 2005.   

2.    La   etapa   de   la  causa fue adelantada por el Juez Penal  del  Circuito  de Melgar, quien, tras correr el traslado del artículo 400 de la  Ley  600  de  2000,  celebrar la audiencia preparatoria el 31 de enero de 2006 y  surtir  la  vista  pública  entre  el  27 de abril de 2006 y el 8 de febrero de  2007,  en  fallo  de primera instancia del 14 de junio del mismo año condenó a  HERNANDO  SERRANO  CASILIMAS  a  las  penas principales de 3 años de prisión y  multa  equivalente  a  100  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad, como autor  de  la  conducta  punible  de  ejercicio ilícito de actividad monopolística de  arbitrio rentístico (artículo 312 del Código Penal).    

Así     mismo,     el    a-quo condenó a SERRANO CASILIMAS al pago  de  los perjuicios derivados de la conducta punible, y le concedió el subrogado  de  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena por término de tres  años.   

La anterior determinación fue apelada por el  defensor  del  procesado y confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Ibagué  a  través  de  sentencia de segunda instancia del 14 de enero de 2010,  frente  a  la  cual  el  defensor interpuso y sustentó oportunamente el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El   recurrente   invoca  la  casación  excepcional por la necesidad de  actualizar     la     jurisprudencia,     y    postula    dos    “causales”:  a  través  de  la  primera,  cuestiona  la legalidad de la prueba debido a fallas en la cadena de custodia, y  critica  la apreciación probatoria del funcionario judicial.  Y, por medio  de  la  segunda,  orientada  por  “error de hecho por  falso   juicio  de  legalidad”  (sic),  reprocha  la  irregularidad  de  un  acta  de allanamiento por carecer de fecha, al tiempo que  pregona un falso raciocinio respecto de la misma acta.    

Sus argumentos son los siguientes:  

“Causal  primera”   

Con  apoyo  en  el  parágrafo  tercero  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el demandante reprocha que el fallador  incurrió  en  error  de hecho en la valoración de la prueba, más precisamente  en  las  “botellas de licor y elementos incautados en  diligencia  de  registro  practicada  a los bienes inmuebles del señor HERNANDO  SERRANO   CASILIMAS”,  y  estima  que  es  necesario  actualizar  la  jurisprudencia  en  lo  que  tiene que ver con la validez de las  pruebas cuando se ha roto la cadena de custodia.   

El censor afirma que en este caso no existió  cadena  de  custodia  sobre los bienes incautados, de manera que no hay forma de  demostrar  que  aquellos  que  fueron  analizados y destruidos fueron los mismos  aprehendidos   en  la  diligencia  de  allanamiento;  así,  considera  que  los  elementos  “decomisados”  no  constituyen plena prueba en contra del procesado debido a los defectos en su  cadena  de  custodia,  lo  cual  afecta  su  legalidad  y  la  torna  en  prueba  ilícita.    Por   lo  anterior  –afirma-  la  prueba  fue  obtenida  sin  cumplir  con los requisitos  legales.   

Aduce  que  si  el  procesado nunca reclamó  sobre   este  preciso  aspecto  fue  porque  es  un  ciudadano  del  común,  un  comerciante  que  no conoce de los procedimientos penales relativos al manejo de  la prueba.    

Agrega,  además,  que  SERRANO  CASILIMAS  adquirió  de  buena  fe  los  licores,  los cuales -tal como se desprende de su  versión  rendida en la audiencia pública- se hallaban en su establecimiento en  calidad  de  bodegaje,  con  el  fin  de  ser  comercializados  en  el  Festival  Turístico  de  Girardot;  y como se los entregaron en cajas no podía verificar  que  cada  una  tuviera  en regla la correspondiente estampilla. Por otra parte,  aduce  que   el   negocio  era  atendido  por  un  administrador  y no  directamente  por  el  procesado,  quien solamente se limitó a recibir informes  cada 15 o 20 días.   

“Causal  segunda.”   

Al  amparo  de  lo  dispuesto  en el numeral  primero  motivo  segundo del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  el  recurrente  acusa la sentencia de incurrir en violación indirecta de  la  ley  sustancial, artículos 29 de la Constitución Política y 232 de la Ley  600  de  2000,  como consecuencia de incurrir en error de hecho por falso juicio  de legalidad.   

En apoyo a su reparo, sostiene que el acta de  la   diligencia   de   allanamiento  practicada  al  establecimiento  denominado  ‘Reina       de  corazones’, en la cual se  incautó  una  gran cantidad de licores, no tiene validez jurídica  porque  en    su    texto   no   aparece   la   fecha.   Por   lo   tanto   –asegura-  los elementos hallados en la  diligencia  no  podían ser tenidos como prueba en la investigación; y si dicha  diligencia  fue practicada con posterioridad a la comisión del delito, entonces  “no  tiene  mérito  suficiente  por  carecer de los  elementos   estructurales   suficientes,   como   lo   es   la   fecha   de   su  realización”.   

Además, prosigue, existe un oficio suscrito  por  Ruby  Quiñónez Méndez, en el que se dice que por no hallarse cumplido lo  dispuesto  en  el  artículo  288  del Código de Procedimiento Penal de 2000 se  ordenó  la  entrega  del licor aprehendido a SERRANO CASILIMA al funcionario de  la  Fábrica  de  Licores  del  Tolima,  sin  efectuar la cadena de custodia. Lo  anterior  demuestra  que  no  existe  certeza  de  que  el  material analizado y  destruido  fue  el  mismo  que  se le incautó al hoy procesado, “por  lo  que  los  resultados  de  dicho análisis y el producto del  manejo  dado a dichos elementos no se constituye en plena prueba en contra de mi  defendido”.   

Por   último,  precisa  que  el  juzgador  incurrió  en  falso  raciocinio al sopesar la diligencia de aprehensión de las  mercancías  y asignarle una fuerza de convicción superior a la que en realidad  tiene,  “al  brillar  por  su  ausencia la cadena de  custodia”,  lo que vulnera las reglas de experiencia  “que  se  han planteado”;  de  manera  que,  de  haberse  atendido  a  dicha  regla  el  fallo hubiese sido  absolutorio.   

Con   sustento   en   los  anteriores  razonamientos,  el  impugnante  solicita  a  la  Corte  que  case  la  sentencia  recurrida   y,  en  su  lugar,  emita  la  decisión  de  reemplazo  pertinente.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Sea lo primero advertir que a la Sala le  asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la  demanda  de  casación,  conforme la competencia que le asigna el artículo 75-1  de la Ley 600 de 2000, en asocio con el 205 del mismo Estatuto.   

2. Vale destacar, además, que en el presente  asunto  solamente  procede  la  casación discrecional,  en  los términos del inciso 3º del artículo 205 del  Código  Penal,  toda  vez  que no se cumple el presupuesto de la cuantía de la  pena  correspondiente  al  delito  por  el que fue condenado el procesado.   Así,   el   comportamiento   punible   de   ejercicio   ilícito  de  actividad  monopolística  de  arbitrio rentístico (artículo 312 del Código Penal) lleva  aparejada  pena de prisión cuyo máximo no excede de 8 años, tal como lo exige  la norma1   

.  

3.  Ahora  bien,  antes  de  entrar  a  la  verificación  de  los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la demanda, se hace  imperioso  recordar  que, como de antaño lo tiene dicho la Sala, cuando se  trata  de  derribar  la  presunción  de  acierto  y legalidad de la sentencia a  través  del  mecanismo  de  la  casación  discrecional, el  libelista,  en  estricto  acatamiento  de la ley y la jurisprudencia de la Sala,  debe  cumplir  con  las  cargas  establecidas  para  este  medio de impugnación  extraordinario.   

Así, recuérdese que, cuando de la casación  excepcional  se  trata,  el  demandante debe exponer, así sea de manera sucinta  pero  clara  y  suficiente,  qué es lo que pretende con el recurso, teniendo en  cuenta  que  solamente  procede  para  el desarrollo de la jurisprudencia o para  garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo    de    la    jurisprudencia,   el   casacionista  debe  mencionar  en  la  demanda  si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  persigue  que  la Corte  unifique  posturas  conceptuales, actualice la doctrina o aborde un tópico aún  no  desarrollado,  precisando,  en  todo  caso,  la  manera  en que la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y, al  mismo tiempo, servir de guía a la actividad judicial.   

Y,    respecto    de   la   protección  de los derechos fundamentales,  el  demandante  en  casación  está  obligado  a desarrollar una argumentación  lógica,  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo necesario, por una parte,  que  identifique  con precisión la garantía que estima vulnerada e indique las  normas  constitucionales  que  la  contienen  y,  por  la otra, que demuestre su  violación  en  la  sentencia,  a  través  del quebrantamiento de la estructura  básica del proceso o la violación de un derecho fundamental.   

Es  así  que  a  la  Sala,  al estudiar los  presupuestos  de  admisibilidad de la demanda de casación, le compete constatar  que  el  recurrente  formule  el  reparo  con estricta  sujeción  a las exigencias de lógica y argumentación suficiente definidas por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con el propósito de  evitar  que  esta  herramienta  excepcional  se  convierta en una instancia más  dentro  del  proceso,  o  bien  que  se  desnaturalice  la finalidad del recurso  extraordinario, más aún, cuando éste se intenta por  la vía excepcional.    

Los   mencionados   requerimientos  están  encaminados  a  que el desarrollo de los cargos de la demanda estén apoyados en  unos  mínimos  parámetros  de  lógica  y  coherencia,  de manera que resulten  inteligibles  en  cuanto  a precisión y claridad, pues de lo contrario, como ya  se  advirtió, no puede la Corte entrar a subsanar tales falencias, en atención  al principio de limitación.   

4.  Desde  ya  la  Corporación  anticipa su  conclusión  en  el  sentido  de  inadmitir  la  demanda  que  ocupa  su atención, conclusión a la cual llega  tras   insistir  en  la  necesidad  de  que  para  acudir  al  mecanismo  de  la  casación   excepcional  no  basta  invocar  el  último inciso del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, sino  que  es  necesario  consultar  y  desarrollar  los  precisos  presupuestos  para  utilizar  dicho  instituto, y diferenciarlos de aquellos que permiten el recurso  extraordinario  de  casación cuando se aborda conforme los términos del inciso  1º  del  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000.    

Por   lo  tanto,  no  se  cumple  con  una  debida  fundamentación  del  instituto   excepcional  a  través  de  argumentos  propios  de  una  casación  ordinaria,   menos  aún  si  lo  que  denotan  no  es nada distinto de una  discrepancia  con  la apreciación probatoria del fallo. Tampoco el hecho de que  se    acuda   al   recurso   extraordinario   en   su   modalidad   excepcional  permite, por ese sólo hecho,  entrar  a  cuestionar cualquier aspecto de la sentencia, ni relega al demandante  de   su  deber  de  mostrar  claramente  los  yerros  que  pregona  –a  través  de los lineamientos que la  jurisprudencia  de la Sala ha decantado de tiempo atrás respecto de cada una de  las   causales  de  casación  y  sus  modalidades-,  como  tampoco  de  los  de  precisión,    claridad,    debida    fundamentación,    trascendencia   y   no  contradicción.   

5. Es esto último lo que acontece en el caso  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala.  En efecto, el libelo –en  medio  de  graves  imprecisiones y  contradicciones-  se  limita  a  pregonar  la necesidad de que la jurisprudencia  acoja  sus  particulares  teorías  de  valoración  de  la  prueba  y  así  se  satisfagan  los  intereses  defensivos,  petición  que sustenta a través de un  discurso  que  solamente  muestra su discrepancia con la apreciación probatoria  del    sentenciador,    a    partir    de   la   crítica   de   irregularidades  intrascendentes.   

6.    A    través    del   primer  cargo,  el casacionista censura el  mérito  suasorio  concedido  a  la  evidencia  física,  respecto  de  la  cual  –según  dice- existieron  fallas  en  su  cadena de custodia. Plantea, entonces, con apoyo en el artículo  205  del Código de Procedimiento Penal de 2000 un error de hecho, y pide que se  le  otorgue  credibilidad  al  dicho  del  procesado  cuando expresó que había  adquirido los licores de buena fe.   

La  censura así formulada adolece de graves  inconsistencias,  en  primer  lugar en cuanto a la identificación del motivo de  casación.   Así,  la  Corte no logra comprender si lo que el casacionista  pretende  denunciar  es:  i)   la  ilegalidad  de la aducción de la prueba  (según  dice, las botellas de  licor  y  elementos incautados en diligencia de registro practicada a los bienes  inmuebles  del  señor  HERNANDO  SERRANO CASILIMAS), ii) la apreciación que el  sentenciador  hiciera  de  la misma, o bien iii) la credibilidad concedida a las  exculpaciones del procesado.    

Por  esta  razón,  y  dado  que no le está  permitido  entrar  a  fijar  la  intención  del  demandante  cuando ésta no es  precisa,  la  Sala  no  puede identificar cuáles son los presupuestos de debida  fundamentación cuya concurrencia debe examinar.   

Ahora bien, aún cuando le fuera dado asumir  que  era  la  primera  de  las  mencionadas,  de todos modos el censor ha debido  enfocar  su  denuncia a través de la violación indirecta de la ley sustancial,  en  la  modalidad  del error de derecho, por vía del falso juicio de legalidad;  pero,  si  se  trata  de  las dos últimas hipótesis, ha debido orientar sendos  reproches  de  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, en la modalidad de  error de hecho, por vía del falso raciocinio.    

En ambos casos ha debido igualmente precisar  cuál  es  la norma sustancial violada (en este caso, de haber enfocado el cargo  de  manera  atinada,  lo  sería  el  artículo 312 de la Ley 599 de 2000), como  también  precisar  el sentido de la violación, esto es, si la transgresión se  produjo   por   exclusión   indebida,   o  por  aplicación  o  interpretación  errónea.   Y, además, era su deber enseñar a la Corte la materialidad y,  más  importante  aún,  trascendencia del yerro, para lo cual debía confrontar  la  equivocación  con  las  demás bases probatorias de la decisión impugnada,  para  así  demostrar  que  el  vicio  fue  determinante  para  el  sentido  del  fallo.   

Nada  de  lo  anterior cumple el impugnante,  pues  se  limita  a mencionar la existencia de un error de hecho que apoya en el  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  razonamiento del todo incoherente e  inconsecuente,  pues aquél en realidad está consagrado en el artículo 207 del  mismo  estatuto  y  no  guarda  ninguna  relación  con  el  pobre argumento que  desarrolla el cargo.   

Así  las  cosas, la falta de claridad en el  razonamiento  del  libelista  en  cuanto no precisa si su denuncia se dirige por  vía  del  error  de  hecho  o  el error de derecho,  le  impide   a    la    Sala,    en    atención   a   la   prohibición   que   le  impone  el principio de limitación, entrar a  desentrañar  la  verdadera  intención  del  recurrente  y,  en consecuencia, a  componer su defectuosa sustentación.   

Baste  decir  que,  aún cuando a la Sala le  fuera   dado  entrar  de  oficio  a  estudiar  la  censura  tan  defectuosamente  propuesta,  ésta  no  muestra  nada  distinto  al deseo del libelista de que se  modifique  la  ya  decantada  postura  de  la  Corporación,  según la cual los  defectos  en  la  cadena  de custodia no tienen incidencia en la legalidad de la  aducción  de la prueba sino en el poder suasorio que solamente el juez le puede  conceder,  para  así  obtener una apreciación favorable a sus intereses.   Así lo ha dicho esta Colegiatura de manera reiterada:   

“La  cadena de  custodia,  la  acreditación  y  la  autenticación  de  una  evidencia, objeto,  elemento  material  probatorio,  documento,  etc.  no  condicionan  –como si se tratase de un requisito de  legalidad-  la admisión de la prueba que con base en ellos se practicará en el  juicio  oral;  ni  interfiere  necesariamente  con  su  admisiblidad,  decreto o  práctica   como  pruebas  autónomas.  Tampoco  se  trata  de  un  problema  de  pertinencia.  De  ahí  que,  en  principio,  no  resulta apropiado discutir, ni  siquiera  en  sede  casacional,  que  un medio de prueba es ilegal y reclamar la  regla  de  exclusión,  sobre  la  base  de  cuestionar  su  cadena de custodia,  acreditación     o    autenticidad.”2   

Y  aún cuando a través de tal argumento el  recurrente  demostrara  la  ilegalidad  en  la  aducción de la prueba, de todos  modos  sería  inútil  para lograr sus pretensiones, pues al mismo tiempo omite  confrontar  el  yerro  con  todas  las  bases  probatorias  del  fallo para así  enseñar la trascendencia del vicio alegado.   

En  conclusión,  por   desconocer  los  principios  de  autonomía  de  las  causales  de casación, no contradicción y  debida fundamentación, el primer cargo será inadmitido.    

7.    Por    medio   del   segundo  cargo,  el  demandante insiste en  denunciar  la  ilegalidad  de  un acta de allanamiento y registro por carecer de  fecha;  además,  pregona que sobre los elementos incautados no se llevó a cabo  la  debida  cadena  de  custodia,  lo  que  hace  que  los análisis sobre ellos  practicados  no  constituyan  plena  prueba,  y  censura un falso raciocinio que  habría recaído sobre la diligencia de aprehensión.   

Las  mismas  graves  inconsistencias que se  vienen  de  evidenciar contiene el segundo cargo planteado por el demandante: en  primer  lugar,  tras  omitir  la  mención  de la norma sustancial violada de la  parte  especial del Código Penal, precisa que orienta el reproche a través del  error  de  hecho por falso juicio de legalidad. Tal afirmación hace incurrir al  argumento  ofrecido  en  una  evidente  confusión,  pues  el  falso  juicio  de  legalidad   no   es   una  modalidad  del  error  de  hecho,  sino  –al  lado  del  raro  falso  juicio  de  convicción-  del  error  de  derecho.   Ya  desde  allí la intención del  casacionista  se muestra ambigua e imprecisa, falencia ésta que la Corporación  no  puede  entrar  a  corregir  para  sacar  avante  el estudio del cargo.    

Y  aún  cuando  a  la  Sala  le fuera dado  componer  la  imprecisión  reseñada y entender que el impugnante se refiere al  falso  juicio de legalidad, de todas maneras el cargo tampoco atina a enseñar a  esta  Corporación  sus  elementos  configurativos,  pues  enseguida  critica el  mérito  probatorio  concedido  al acta de allanamiento sin fecha.  Una vez  más,  viola  el  demandante  los  principio  de autonomía de las causales y no  contradicción,  pues  invoca  respecto  de  la misma prueba la ilegalidad de su  aducción   y   el   yerro   en   su  apreciación,  cuando  lo  último  supone  necesariamente  su  aporte  regular  y,  al  contrario, la ilegal incorporación  impide   criticar   simultáneamente  su  ponderación  por  el  juzgador.    

Las inconsistencias argumentativas no paran  allí,  pues  luego  de  lo  anterior  entra  a reprochar que el sentenciador no  advirtiera,  con  fundamento  en  el  oficio  suscrito  por  la funcionaria Ruby  Quiñónez  Méndez,  la inexistencia de la cadena custodia. Así, el recurrente  dirige  su  ya  confuso  discurso  hacia  el error de derecho, por alguna de sus  modalidades  que no atina a precisar, pues no se sabe si fue que el sentenciador  omitió  apreciar  dicha  prueba,  si  tergiversó  su  contenido,  o bien si la  ponderó en contravía de las reglas de la sana crítica.   

Por si fueran poco los anteriores yerros de  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  el  demandante  insiste en ellos, pues  sostiene  que  gracias  a  la  ilegal  aducción  del  acta  de allanamiento fue  equivocada  la  apreciación de los resultados de las pericias practicadas sobre  los  elementos  incautados.   La  incoherencia  es  clara, pues aún cuando  –en gracia de discusión-  estuviere  acreditada  la  ilegalidad de la diligencia, es del todo ilógico que  dentro  del  mismo reproche o cargo cuestione, además, los estudios practicados  sobre la prueba indebidamente introducida al proceso.   

Por    último,    aún   cuando   a   la   Corporación    le   fuese   permitido   subsanar –  no    sin    mucha    dificultad   –    tan    deficiente     desarrollo     argumentativo,   de   todos      modos      resulta     que     el   yerro    pregonado    no    pasa    de   ser   una  irritualidad    intrascendente,  producto  de  la   visión  sesgada  del  proceso.    

Lo  anterior, por cuanto, si bien es cierto  que  el  acta  donde  consta  el  allanamiento  practicado al establecimiento de  comercio  Reina  de corazones  carece  de  fecha,  no  lo  es  menos  que  en desarrollo de ella se elaboró un  acta  de  aprehensión   constante     en     7    folios    –cuyo  contenido  coincide con el de la diligencia de registro- en la  cual figura como fecha el 28 de noviembre de 2002.   

Más  aún,  de  manera concordante, en los  folios  inmediatamente  siguientes, y con fecha 29 del mismo mes y año, aparece  en  el  expediente  un acta de “diligencia de entrega  de  un  licor”,  en  la  cual  consta  que al señor  Gabriel  Ortegón  se  le  hizo  entrega  de  los  elementos  incautados  en  el  establecimiento    Reina   de   corazones    “el   día   de   ayer,  conforme quedó consignado en el acta de allanamiento”.    

Y,  por  si  fuera  poco,  obra  enseguida,  además,  un  oficio  del  29  de  noviembre de 2002, suscrito por el Procurador  Judicial  Penal 1 de Melgar, en el que el funcionario se refiere al allanamiento  e   incautación   de   elementos   llevado   a  cabo  en  el  aludido  comercio  “el       día       de       ayer”.   

De  manera  pues que es evidente la visión  deliberadamente  parcializada  del  proceso  por parte del casacionista sobre la  cual  mal  edifica  el cargo, lo cual lo condujo a criticar un irregularidad del  todo  intrascendente  para,  una  vez  más,  tratar de obtener una apreciación  probatoria acorde con sus intereses.   

8.  En conclusión, la demanda de casación  por  la  vía  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado HERNANDO  SERRANO  CASILIMAS  no cumple  con  los  presupuestos  para  acceder  a  esta  sede  extraordinaria  debido  al  desconocimiento  de  los principios de lógica y debida argumentación que rigen  este    recurso    extraordinario,    motivo    por    el    cual   –como  lo  anticipó  la  Corte-  será  inadmitida.   

9.  Para  terminar,  se  advierte  que  del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado del  procesado   HERNANDO  SERRANO  CASILIMAS.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Permiso  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                                       JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Artículo  312  de  la  Ley  599  de 2000:  “EJERCICIO  ILICITO   DE   ACTIVIDAD  MONOPOLíSTICA  DE  ARBITRIO  RENTíSTICO.   El que  de  cualquier  manera  o  valiéndose  de  cualquier  medio ejerza una actividad  establecida   como   monopolio   de  arbitrio  rentístico,  sin  la  respectiva  autorización,  permiso  o  contrato, o utilice elementos o modalidades de juego  no  oficiales,  incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años y multa de  quinientos   (500)   a   mil   (1.000)   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes”.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, sentencia del 21 de febrero de  2007,  radicación  No.  25920,  reiterada, entre otras decisiones, en sentencia  del 8 de octubre de 2008, Rad. 28195.     

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