34102(17-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34102  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 190  

Bogotá D.C., diecisiete (17) de junio de dos  mil diez (2010)   

V I S T O S  

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por el defensor del procesado RUBÉN DARÍO  GONZÁLEZ  BERRÍO en contra  del  fallo  de  primer grado  proferido  el 9 de diciembre de 2009 y “avalado  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia   de       Córdoba”       el       20    de  enero  de  2010.   

H E C H O S  

Fueron   reseñados   por  el  ad-quem,   de   la   siguiente   manera:   

“De conformidad  con  la  información  que  se extrae de los audios, el 6 de mayo de 2008, en el  barrio  Santa  María  en el municipio de Cereté, fue ultimado a bala el señor  Edson  Nelsinho  Atilano  Carvajal, siendo capturado en situación de flagrancia  el  señor  RUBÉN  DARÍO  GONZÁLEZ  BERRÍO  momentos después de cometido el  hecho,   como   consecuencia   de   una   llamada  recibida  en  la  central  de  comunicaciones  del  Comando  de  Policía  en la ciudad de Cereté, y puesto en  conocimiento  por  parte  del  radio operador quien les informó que dos sujetos  que  se  movilizaban  en una motocicleta AX, color rojo, y vestidos el conductor  con  suéter  verde  y  jean azul y el parrillero con camiseta azul desteñida y  jean  azul, ambos de tez morena, lo anterior por cuanto una fuente humana había  informado  que  unas  personas  con  esas  características le habían propinado  varios disparos a otra persona y emprendieron la huída.   

Una vez conocida la información por parte de  todo  el  personal  policial y quienes se encontraban en diferentes patrullajes,  se  dispuso  de  inmediato  un  operativo  de  búsqueda  y localización de las  personas descritas por el operado de radio de la estación.   

La  patrulla  conformada por Julio Severiche  Martínez  y Jhon Morales Rodríguez se encontraba en el barrio San Nicolás; de  inmediato  se  trasladó  a  la bomba de ese mismo nombre y observaron pasar una  motocicleta  con  los  sujetos  que  habían  sido  descritos por el operador de  radio, de inmediato iniciaron la persecución.   

Los dos sujetos, una vez se percataron de la  presencia  policial aceleraron su motocicleta por tratar de evadir la acción de  los  uniformados,  pasando  por  el Barrio Santa Clara, continuando por la calle  Cartagenita con destino al barrio Caracas.   

Cuando  los  dos sujetos se desplazan por el  barrio   Caracas  viene,  en  sentido  contrario  en  una  motocicleta  de  alto  cilindraje,  el  agente  Calaján  Serna  Quejada,  quien también buscaba a los  victimarios  porque  había  sido informado de la novedad y se devuelve a apoyar  la  persecución,  y  se pone al frente de la misma, siguiéndolos por el barrio  Caracas,  Caño  del  Padre,  Las  Cruces,  hasta  llegar  al  corregimiento  de  Manguelito  en  donde  los  dos  sujetos  entran  por un callejón del sector de  Galilea  hasta  llegar  a  un  patio donde éste termina, dejando la motocicleta  abandonada  y  siguiendo  de a pie por entre los patios de las viviendas, por lo  que  el  policía  desciende  de  su  motocicleta  y  continúa  la persecución  también  de  a  pie,  teniendo  siempre  a los dos sujetos a su alcance visual,  alcanzando  entonces  a RUBÉN DARÍO GONZÁLEZ BERRÍO quien era la persona que  conducía la motocicleta.   

En  virtud  de  este hecho fue aprehendido y  conducido  ante  las  autoridades  competentes, no sin antes leerle los derechos  del capturado.”   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

         

1.  En audiencia preliminar celebrada el 7 de  mayo  de  2009  el  Juez  Segundo  Promiscuo Municipal de Cereté (Córdoba) con  Función  de Control de Garantías, a instancias de la Fiscal 15 Seccional   de  la misma ciudad, impartió legalidad a la captura de RUBÉN DARÍO GONZÁLEZ  BERRÍO  y  Eider  José  González  Padilla,  les  formuló imputación por los  comportamientos  punibles  de homicidio en concurso con fabricación, tráfico y  porte  de armas de fuego o municiones agravado (artículos 103 y 365 del Código  Penal),  y  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva en  establecimiento carcelario.   

El escrito de acusación fue radicado el 5 de  junio  de  2009,  motivo  por  el   Juzgado  Tercero Penal del Circuito con  Funciones  de  Conocimiento de Montería llevó a cabo audiencia de formulación  de  acusación  en  contra  de los citados imputados el 28 de julio de 2009, por  las  conductas  punibles  arriba  reseñadas;  comoquiera  que González Padilla  aceptó  los  cargos, se dispuso la ruptura de la unidad procesal, de manera que  la actuación continuó por separado respecto de GONZÁLEZ BERRÍO.   

La  audiencia preparatoria tuvo lugar el 8 de  septiembre  de  2009,  y  el  22 del mismo mes la del juicio oral.  Una vez  culminada   esta   última,   el   juez  de  conocimiento  anunció  el  sentido  condenatorio  del  fallo.   La  víctima, por su parte, ante la funcionaria  judicial desistió del incidente de reparación integral.   

En  audiencia  de  lectura  del  fallo que se  realizó  el  18  de  noviembre  de  2009, la Juez Tercera Penal del Circuito de  Montería  condenó a RUBÉN DARÍO GONZÁLEZ BERRÍO a la pena principal de 216  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por término igual al de la pena privativa de la  libertad,  al  tiempo que le negó el subrogado de suspensión condicional de la  ejecución   de   la   pena,   como   también   el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria.   

Apelada  la  decisión  por  el  defensor del  procesado,  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Montería lo confirmó en su  integridad,  a  través  de  fallo  de  segunda  instancia  del  21  de enero de  2010.    

De  manera  oportuna,  el  apoderado judicial  formuló  recurso  extraordinario  de  casación  y presentó el correspondiente  escrito de demanda.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado,  en  memorial  ostensiblemente  confuso  e  incoherente, deja ver su inconformidad con el fallo  de  primer  grado -“avalado por el Tribunal Superior  de  Justicia  de  Córdoba”-  a través de  los  siguientes  argumentos  que  la  Corte  intenta  resumir, en aquello que resulta  medianamante comprensible:   

Inicia  el censor por precisar que el recurso  se  funda  en  el  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas de producción y  apreciación  de  la  prueba sobre la cual se fundó la sentencia, e indica como  violado  el  artículo  381  de  la Ley 906 de 2004, puesto que el procesado fue  condenado a partir de pruebas de referencia.   

Alega  que la actividad del mototaxismo en el  Departamento  de  Córdoba  ha  arruinado a los grandes transportadores, quienes  promueven                ‘batidas’  contra  los  informales  por “nimias infracciones de  tránsito”;  critica  que  en  Colombia  existe  una  política   de   “premios   por   las   bajas   de  delincuentes”,   y   es  por  ello  a  la  policía  “le  resulta gracioso meter al conductor de la moto  en  un  solo  saco”.  Y,  tras  asegurar  que muchos  crímenes  en  Colombia  son  cometidos  por  personal  de la Policía,  se  pregunta  la razón para creerle al patrullero, cuando en el lugar de los hechos  había  un  taller  “y  posiblemente otras personas  arreglando sus motos”.    

Aduce  que  no  existe un testigo que hubiese  ubicado  al  procesado  en  el lugar de los hechos.  Asimismo, se cuestiona  los  motivos  por  los que la policía no ahondó en lo ocurrido en el taller de  mecánica;  también  se  cuestiona  por  qué  la fiscalía se contentó con la  autoincriminación  del  pasajero  de la moto conducida por GONZÁLEZ BERRÍO, o  la  razón  para  no  creerle  al  victimario Eider González, quien aseguró la  inocencia  del  procesado. Enseguida, señala que no existen elementos de juicio  para   creer   que   estamos  ante  organizaciones  tales  como  “la  cosa  nostra”  o la “camorra  siciliana”,  pues el procesado  es  apenas  un  mototaxista;  aduce,  entonces,  que  el  uso de casco y chaleco  dificulta  la  identificación del motociclista y, por lo mismo, le queda fácil  a  la  policía  hacer  coincidir  su  vestimenta  con la descrita en la llamada  anónima.   

Califica  de  inverosímil  que  la  policía  hubiese  hecho  señales  de  pare  a la moto conducida por GONZÁLEZ BERRÍO, y  estima  que  no es posible endilgarle a éste el delito de porte de armas, si no  está demostrado el concierto para delinquir.   

El  censor  aprecia  que  la  hora  en que se  cometió  el crimen, el arma utilizada, el hecho de no usar máscaras, su estado  de  pobreza, su vida limpia, su edad de 39 años, la conformación de su núcleo  familiar,  su  actividad de mototaxista y las declaraciones desechadas por la el  fiscal  y  el  sentenciador,  ponen  en  duda  que  el procesado sea un sicario.   

Por último, señala que el motivo del recurso  versa  sobre  el  análisis de las pruebas “todas de  origen   policíaco”,  de  manera  que  –dice-  “no  quiero  que  se  discuta el modo de producir la prueba, sino acerca de la manera  de  apreciarla”.   Apoya  su  discurso  en  una  decisión  jurisprudencial de 1966 que se refiere a la presunción de inocencia,  critica  que  en  este caso la prueba para condenar hubiese sido de referencia y  niega toda eficacia del indicio de huida.   

Concluye afirmando que en este caso no existe  certeza para condenar.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Competencia.  

1.  Sea  lo primero advertir que a la Sala le  asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la  demanda  de casación, conforme la competencia que fija él artículo 32-1 de la  Ley  906  de  2004,  en  asocio  con  el  inciso 1º del artículo 184 del mismo  Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades   del  recurso  extraordinario de casación.   

2.   Ahora  bien,  comoquiera  que  son  ostensibles  las  falencias  que campean a lo largo de toda la demanda objeto de  estudio,  la Sala estima conveniente, antes de entrar a reseñar cada una de las  razones  por  las  cuales  la  inadmitirá,  detenerse  más  a espacio a fin de  insistir  en  la  naturaleza y fines de este instituto extraordinario, así como  en  los  deberes  que  todo  recurrente  debe  cumplir  para tener éxito en sus  pretensiones.   

Dígase  inicialmente que en el nuevo sistema  procesal,  la  casación  se  concibe  como un medio de control constitucional y  legal  que  procede  contra las sentencias dictadas en  segunda  instancia  al  término  de  las  actuaciones  procesales,  a  través  de  las  cuales  se investigan y juzgan comportamientos  punibles,  cuando las decisiones proferidas, o bien el trámite surtido, afectan  derechos  de  los  intervinientes.   Por lo tanto, la finalidad del recurso  extraordinario  no  es  otra  que  lograr  la  efectividad  del derecho material  desconocido,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos y la unificación de la jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho la jurisprudencia de la Corte, son los  mismos  del  proceso penal; así se explica que las causales de casación tengan  un diseño encaminado a lograr esos fines.   

Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este  recurso  extraordinario  es  consecuencia natural de la función que ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según lo determina el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  En  relación  con  los  requisitos de la  demanda   que  sustenta  la  impugnación  extraordinaria,  la  Corporación  ha  señalado  que  si  bien el nuevo estatuto procesal no enumera rigurosamente los  requisitos  que  debe  cumplir un libelo de casación como lo hacía el anterior  artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, lo cierto es que de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes: a)  que  se  señalen  de manera precisa y  concisa   las   causales   invocadas,   b)  que  se  desarrollen  los  cargos,  esto  es,  que se expresen sus  fundamentos   o   se   ofrezca   una   sustentación   mínima,  y  c)  que  se  demuestre  que  el  fallo  es  necesario para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón en que, de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso 2° del artículo últimamente  citado,  no  será seleccionada la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  i) Si  el     demandante     carece     de     interés     jurídico;     ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la  materialidad  de  la  afectación   de  derechos   o    garantías  fundamentales;  para  ello,  deberá   formular   y   desarrollar   los  correspondientes  cargos y, por  supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para lograr algunos de los  fines   establecidos  para  la  casación,  según  lo  reseñado  más  arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En  consecuencia,  el  recurso extraordinario  no  es un instrumento que permita continuar el debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, no  es  procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del  trámite, sino que  debe  ser  un  escrito  claro,  lógico,  coherente y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de  los  motivos  expresa y taxativamente  señalados  en  la  ley,  y  conforme  el interés que  legalmente  le  asista al recurrente, se denuncian errores, bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente, con estricta sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de  cada  una de las causales de casación y la jurisprudencia de la  Sala han impuesto de tiempo atrás.   

Causales  de  casación  en  la  Ley  906  de  2004.   

4.  Es  así  que,  respecto  de las precisas  causales  de  casación  que consagra el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, la  jurisprudencia      de      esta     Colegiatura2  tiene  dicho  que  la  de  su  numeral   1º  –falta  de  aplicación,  interpretación  errónea, o aplicación indebida de una norma del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal,  llamada a regular el  caso-,  recoge  los  supuestos de la que se ha llamado a lo largo de la doctrina  de esta Corporación violación directa de la ley material.   

La   violación  directa    de   la   ley   sustancial   –ha  decantado  la  Sala- tiene que ver  con  la   equivocación  en  que incurre el juzgador de manera inmediata al  realizar  el  juicio  de  derecho,  es  decir,  al  aplicar  la normatividad que  corresponde  a  los  hechos  materia  de  juzgamiento.  El yerro aludido se  manifiesta   a   través   de   tres  variaciones:  la  primera,   conocida   como  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  se presenta cuando no se aplica la norma que corresponde,  porque  el  juez  yerra  acerca de su existencia; en la  segunda,   denominada   aplicación   indebida,   el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación  de  los  hechos  probados a los  supuestos   que   contempla  la  disposición;  en  la  última,  conocida como interpretación errónea de la  ley  sustancial, los procesos de selección y adecuación que el juzgador aplica  al  caso  son  correctos, pero al interpretar el precepto el juez le atribuye un  sentido  que  no  tiene  o  le  asigna  efectos  distintos  o  contrarios  a  su  contenido.   

La  del  numeral  2º consagra el tradicional  motivo  de nulidad por errores  in  procedendo,  por cuanto  permite  el  ataque  cuando  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación  sustancial  de  su  estructura  (yerro de estructura) o de la garantía debida a  cualquiera de las partes (yerro de garantía).   

En  tal  caso, debe tenerse en cuenta que las  causales   de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia,  bien  sea  de  la  vulneración  del  debido  proceso  o de las garantías, exige claras y precisas  pautas                 demostrativas3.   

Del  mismo  modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia4,   motivo   en   el  estatuto  procesal   de   2000   estaba   previsto   en  un  numeral  separado  (artículo  207-2).   

La  Corte tiene dicho que esta vía de ataque  contra  la legalidad de las sentencias “comporta los  mismos  niveles  de  exigencia  que son inherentes a las demás causales dada su  especial   naturaleza,   lo   cual  significa  que  de  modo  insoslayable  debe  especificarse  la  causal  o  motivo  de  nulidad  concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial  del  vicio o la irregularidad acusados, y particularmente  la  etapa  o  el  momento  procesal  a  partir  de la cual se hace imperativa la  anulación,  explicando  justificadamente  las  razones  por las cuales no media  alternativa    diversa    que    la    de   invalidar   lo   actuado”5.   

En  otros  términos,  la  nulidad no aparece  marginada  del  imperativo  de  claridad,  precisión  y  lógica en cuanto a su  postulación  y  demostración,  toda  vez  que es tan exigente como las demás,  dado  el  rigor predicable de la naturaleza misma de la casación, de manera tal  que  se  impone para el actor el deber de concretar la índole del vicio, sea de  estructura  o  de  garantía,  que  se  dice  afecta el proceso, en qué grado y  magnitud y desde qué actuación procesal se configura.   

Finalmente, la causal de que trata el numeral  3º,   se   ocupa   de   la   denominada   violación  indirecta de la ley sustancial, esto es, el manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se ha fundado la sentencia; así, desconocer las reglas de producción  alude  a  los  errores  de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos  juicios  de  legalidad, los cuales  tienen  que ver con la práctica o incorporación de las pruebas sin observancia  de  los  requisitos contemplados en la ley o, excepcionalmente, por falso     juicio    de    convicción6.   

Por  otra  parte,  el  desconocimiento de las  reglas  de  apreciación  hace referencia a los errores  de   hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración  de  la  expresión    fáctica    del    elemento    probatorio-,    del    falso  juicio  de  existencia –declarar  un hecho probado con base en  una  prueba  inexistente  u  omitir  la  apreciación  de una allegada de manera  válida  al proceso- y del falso raciocinio  –fijación de  premisas  ilógicas  o irrazonables por desconocimiento de las pautas de la sana  crítica-.   

La  invocación  de  uno  cualquiera de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

Principios que rigen la casación.  

5.  Ahora  bien, se ha dicho tradicionalmente  que  la demanda de casación no puede ser un escrito de libre elaboración, pues  es  necesario  que  el  razonamiento  que  se trae a esta sede extraordinaria se  sujete  a  parámetros  de  debida  fundamentación y, por lo tanto, cumpla unos  requisitos  mínimos  de  lógica, los cuales se plasman en los principios   que enseguida se enuncian:   

a) De autonomía.  

Este postulado consiste en que al interior de  un  mismo  cargo  no  se  pueden  mezclar  ataques  correspondientes  a causales  distintas,   pues   cada  una  tiene  características  y  reglas  técnicas  de  demostración  diferentes,  y  producen diversas consecuencias jurídicas.   De  allí  que  la  decisión  que  adopte  la  Corte en caso de prosperidad del  reproche  formulado  contra la sentencia, debe compaginar con la causal invocada  y el error aducido.    

Dicho  de otra manera, resulta imprescindible  que  quien  acude  en  casación a controvertir la legalidad de una sentencia de  segunda  instancia,  lo  haga  con  fundamento  preciso  en  una de las causales  expresamente  establecidas  en la ley, sin que sea admisible, lanzar reparos que  no  sean  directa  e  inequívocamente  atinentes  al contenido y alcance de los  motivos establecidos.   

No  es,  por  tanto,  permitida  la  fusión  abigarrada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales, en cuanto cada una de  ellas  no  sólo  obedece  en su postulación teórica a supuestos propios, sino  que  metodológica  y  jurídicamente  exigen desarrollo independiente. En otras  palabras,  frente al principio de autonomía de las causales resulta desacertado  establecer  mixturas  entre  diversos  factores,  al  atacar  a  través de este  mecanismo extraordinario una sentencia.   

b)  De prioridad   

Este principio debe examinarse desde una doble  perspectiva, a saber:   

i)     La  general,  según la cual, los cargos deben presentarse  de  acuerdo  con la naturaleza de las causales invocadas en la demanda y con las  consecuencias  del  error  alegado.  En  otras  palabras,  cuando  se  ataca  la  sentencia  con  base  en  las  causales  de  violación  de  la ley sustancial y  nulidad,  es  lógico  que  el  cargo  principal debe ser el de nulidad, pues de  prosperar,   por   regla   general,  haría  inane  el  estudio  de  los  demás  reparos.   

ii)  La  específica, consistente en que cuando  se  presentan  varios  cargos  contra  la  sentencia  apoyados  en  la causal de  nulidad,  resulta  lógico  que  el cargo primero debe ser el que, de prosperar,  abarque  una mayor extensión del proceso anulado y, consecuentemente, su éxito  haría  innecesario, por sustracción de materia,  el estudio de los demás  cargos.   De  este principio se ha ocupado la jurisprudencia de la Sala, de  la  siguiente  manera:  “en la técnica de casación  rige  el  principio  de  prioridad,  según el cual, al proponer varias causales  debe  seleccionar primero la que posee un mayor alcance, y las restantes tendrá  que  plantearlas  como  subsidiarias;  a  su  vez,  no  le  es viable que mezcle  simultáneamente  y  dentro  del  mismo  cargo  varias  censuras  por nulidad en  igualdad  de  condiciones,  pues allí también tiene la obligación de disponer  un  orden  de  preferencias  al  que  debe  sujetarse la Corte cuando realice el  examen  de  fondo  de  la  sentencia,  de  acuerdo  con  el   principio  de  limitación  que  rige  este  trámite”.7   

c) De no contradicción.  

Este  postulado  está  referido  a  que  los  argumentos  expuestos  en  el  cargo deben guardar una unidad conceptual sin que  sea  permitido  negar y afirmar al mismo tiempo una determinada hipótesis, esto  es,  que  en la enunciación, en el desarrollo y demostración del reproche, los  fundamentos  no  deben  excluirse entre sí, en tanto que la casación no es una  instancia  más  donde  se permite la presentación de exposiciones encontradas,  en   la   medida  en  que  se  trata  de  un  juicio  de  legalidad   y  de  constitucionalidad  que  se  hace  a  la  sentencia  y al proceso, por lo que el  libelo  debe  sujetarse  a  una  serie de reglas legalmente determinadas para el  efecto.   Este  principio  se  desconoce cuando se dice que “una   cosa   es   y   no   es   de   modo   simultáneo”8.   

d) De limitación.  

Este  principio  debe  atenderse  desde  tres  perspectivas, a saber:   

La primera, según el  cual,  la  Corte  sólo  debe  tener  en  cuenta  las causales que taxativamente  consagra   la   ley   procesal   para   atacar   la   sentencia   en   sede   de  casación.   

La    segunda,  consistente  en que el Tribunal de Casación sólo está facultado para estudiar  la  legalidad  de  la  sentencia  y  del  trámite  según los parámetros de la  Constitución  Política,  el  llamado  bloque de constitucionalidad y la ley en  general,  dentro  de los lineamientos fijados por el libelista en la demanda. En  otras  palabras,  la  actuación  de la Corte se circunscribe a las causales y a  los  cargos  planteados  por el demandante, significando que no puede considerar  aspectos distintos a los allí presentados.   

La  anterior regla se exceptúa cuando, en la  calificación  de  la demanda o al emprender el estudio de fondo del reproche se  advierta  una  causal  de nulidad, o bien cuando la sentencia vulnera, de manera  ostensible,  cualquier  garantía  de  derechos  fundamentales  de  los  sujetos  procesales.   Cuando  así  ocurre,  la  Sala  está  en  la obligación de  reparar el vicio, así no haya sido objeto de censura.   

Finalmente,   la  tercera  hace relación a que comoquiera que el recurso  extraordinario  de casación es eminentemente rogado, a la Corte le está vedado  entrar  a suplir las deficiencias técnicas o las omisiones argumentativas de la  demanda,  como  también  a  desentrañar la verdadera intención del recurrente  cuando  ésta  no es evidente, en tanto que debe quedar  en  claro que  la   casación,  en  principio,  no  es  un  mecanismo  oficioso   de   control         de        legalidad        o        de   constitucionalidad  de la sentencia.    

Sobre  este  postulado  la  Sala de Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia ha afirmado lo siguiente: “Debe  recordar  la  Sala el principio de limitación  previsto  en  el artículo 228 del Código de Procedimiento Penal (artículo 216 de la Ley  600  de  200), según el cual, salvo en tratándose de la causal de nulidad y de  la  ostensible  violación  de  garantías  fundamentales,  a  la Corte le está  vedado   “tener   en   cuenta  causales  distintas  a  las   que  han  sido  expresamente  alegadas  por  el  recurrente”,   no  pudiendo entonces   corregir,  complementar  o  de cualquier otra forma suplantar al casacionista en  la     factura     del    libelo    casacional”9.   

e) De no debate de instancia.  

En el entendido que la casación es un recurso  extraordinario   y,   consecuentemente,   rogado,   creado   para   denunciar  y  demostrar    errores   in  iudicando  o in procedendo  cometidos  en  la  sentencia  o al interior del proceso, no es posible presentar  personales  opiniones ni hacer libres planteamientos que no estén sujetos a las  correspondientes  causales  y  conforme a la debida claridad y precisión que la  ley  ha  impuesto  y  que  la jurisprudencia ha desarrollado, dado que no es una  prolongación del debate de instancia.   

Caso  contrario, se tornaría el libelo en un  alegato   y,  por  ende,  se  desnaturalizarían  los  fines  de  la  casación,  convirtiéndola  en  otra  instancia  más,  en  la  medida  en  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  es susceptible de ser atacada a través de esta  vía,  además  de  que  “el  juez de casación, en  cambio  –como también lo  hemos   dicho–,  tiene  limitados  sus  poderes  como  tal,  y  por  ello debe restringir su actividad a  revisar  la  sentencia  impugnada  solamente  por las causales que el recurrente  invoque  y  por  las  razones  que  exponga,  pero  no  queda  a  su  alcance la  renovación  del  conjunto  probatorio,  pues  este  recurso,  por  su carácter  extraordinario,  generalmente apunta a la corrección de errores de derecho y no  a  clarificar  la  situación  fáctica  en  que  se  fundamenta la sentencia de  instancia”.10   

Respecto  de  este  principio  también  la  jurisprudencia enseña:   

“Si  la  Corte  optara   por   contestar   a   fondo  los  cargos  formulados  de  esta  manera,  interpretando,   corrigiendo  y  complementado  las  falencias  de  la  demanda,  convertiría  el  recurso  extraordinario de casación en una instancia más, no  obstante  que los procesos penales, ordinariamente, deben culminar en la segunda  instancia  con  sentencia  ejecutoriada. El acceso a un  recurso adicional,  extraordinario,  no  puede  sino  obedecer  a  una  razón  excepcional  con una  finalidad  igualmente  especial.  Esas  características  tan  particulares  del  recurso  de  casación,  están  taxativamente  señaladas en la ley y  han  sido   objeto   de   reiterada   y   unificada   jurisprudencia   de   la  Corte  Suprema.   

Por tales razones es elemental que el recurso  deba  ser rogado y, además, razonadamente sustentado por el recurrente, de ahí  que  el  escrito  que lo contiene no  sea de libre formulación, por cuanto  requiere  de  claridad,  precisión,  lógica  y  conocimiento de los diferentes  aspectos  jurídicos  que  se  liberan  para  quebrantar  un  fallo  que reclama  firmeza.  Tratándose de un recurso extraordinario, exige un método propio, que  se  sustenta en el interés jurídico de lo demandado y en el  cumplimiento  de  determinadas  cargas  procesales  para  el  recurrente que actúa como parte  actora       del       recurso”11.   

Posteriormente se ha plasmado:  

“Ante  todo,  es  necesario  reiterar, una vez más, que la casación no es una tercera instancia,  donde  en  forma  libre  se  pueda  hacer  toda  clase de cuestionamientos a una  sentencia  que,  por  ser la culminación de todo un proceso, está amparada por  la  doble  presunción de acierto y legalidad, sino que se está en presencia de  un  medio  de  impugnación  extraordinario y rogado, en el que sólo es posible  acusar  los  errores  de juicio o de procedimiento cometidos por el fallador, al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, demostrarlos  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la parte dispositiva del fallo.   

“Así mismo, que  el  éxito de la demanda no depende de lo extenso del discurso, ni de la cita de  autores,  ni  de  las  múltiples críticas procesales y probatorias, sino de la  clara   y   precisa   demostración   de   los   desatinos   cometidos   por  el  sentenciador”.12   

e)   De   la   presunción  de  acierto  y  legalidad.   

Como  de  manera  reiterada  y  pacifica  la  jurisprudencia  lo  ha  plasmado, no debe perderse de vista que el fallo llega a  la  Corte  rodeada  de la citada presunción, es decir, toda sentencia impugnada  en  casación se presume que es acertada respecto a la declaración que hace del  juicio  de  responsabilidad  y legal en cuanto a la selección y aplicación del  derecho sustancial.   

Y  como  esa presunción de legalidad produce  sus  plenos  efectos  mientras  no  sea  desvirtuada por un ataque victorioso en  casación,  es claro que la Corte tiene que respetar y acatar los fundamentos de  la   sentencia   recurrida   mientras   subsista   la  apuntada  presunción  de  certeza.   

f)  De la fundamentación y demostración.   

Como  uno  de  los  requisitos formales de la  demanda,  conforme  se  infiere  del inciso 2º del artículo 184 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2004,  impone  que  es deber del libelista enunciar la  causal  de  casación  escogida  y,  con base en ella, exponer, en forma clara y  precisa,   los   argumentos   de  su  inconformidad  y  las  normas  que  estime  infringidas,  en tanto que a un cargo no sustentado no  se  le  puede  dar  respuesta, toda vez que la Corte, en virtud del principio de  limitación,  no  está facultada a subsanar los vacíos, errores y deficiencias  del libelo.   

g) De inescindibilidad.  

Este   principio   significa   que   se  considera  como  una  unidad  conceptual  y   temática    la   sentencia  de  primera   y    la    de   segunda   instancia,  siempre   y   cuando  no  se  contradigan  entre  sí.   

En   otros   términos,  como lo ha  explicado  la jurisprudencia, “las sentencias de las  instancias  conforman  una  unidad jurídica inescindible, de modo que el ataque  en  casación  no  puede  hacerse a la sentencia del Tribunal entendida única y  exclusivamente  como  el  texto  que  emitió  esa  Corporación,  sino que debe  asumirse  que  en  todo cuanto no haya sido objeto de revocación, la de primera  instancia   queda   fundida   con   la   de  su  superior  funcional”13.   

h)  De no agravación.   

El  artículo  188  de  la  Ley  906  de 2004  consagra  el  principio  de  no  agravación,  según  el cual,  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  no puede agravar la pena  impuesta,  salvo  que el fiscal, el Ministerio Público o la parte civil, cuando  tuviere  interés,  la hubieren demandado. Cabe agregar que este postulado tiene  raigambre en el artículo 31 de la Constitución Política.   

i) De trascendencia  

Ya  se  dijo  en  precedencia  que el recurso  extraordinario  de  casación  no  encuentra  su  razón de ser en la censura de  vicios  que  no  son  trascendentes  para  la  parte dispositiva de la sentencia  impugnada.   En  otras  palabras,  nada obsta para que el fallo mantenga su  vigencia  y validez frente a yerros que aún cuando sean corregidos no comportan  un  beneficio  para  el impugnante.  Este principio viene de la mano con el  deber  que le asiste al demandante de respetar la realidad procesal y probatoria  contenida  en la actuación, pues si en su discurso casacional niega aquello que  de  manera  ostensible  obra  en  la actuación surtida, entonce su razonamiento  estará avocado a ser desechado por intrascendente.    

La demanda objeto de examen.  

Vistos los lineamientos reseñados de cara al  contenido  en  el libelo, para la Sala resulta claro que el censor desconoce los  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación a los que debe sujetarse el  razonamiento  que aspire a acceder a esta sede extraordinaria.  Es así que  la  demanda  adolece  de importantes inconsistencias desde su postulación, como  también   en  su  precario  desarrollo,  las  cuales  dan  al  traste  con  sus  pretensiones  -cualesquiera que éstas sean- y permiten disponer su inadmisión,  determinación  que desde ya  la Corporación anticipa.   

La Sala podría pasar por alto inconsistencias  de  relativamente  escasa relevancia, tales como que la demanda se dirige contra  el  fallo de primer grado, o bien la mención equivocada de la denominación del  sentenciador  de  segunda instancia, pues como es sabido, la decisión recurrida  en  casación  ha  de  ser  la del ad-quem,  la  cual  -a  voces  del impugnante- fue emitida por una exótica  autoridad   judicial  que  no  existe  en  Colombia,  cual  es  el  ‘Tribunal  Superior  de  Justicia  de  Córdoba’,   cuando  lo  cierto  es que fue la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Montería  el  organismo  judicial  que emitió el  fallo contra el cual el censor ha debido dirigir la demanda.   

Además  de  lo anterior, el impugnante omite  enunciar  con  claridad  y  precisión  la  petición  que le formula al Juez de  Casación  como  conclusión lógica de sus argumentos; no obstante lo anterior,  dicha   omisión,  así  como  la  falta  de  delimitación  de  las  garantías  supuestamente   desconocidas   al   enjuiciado,   a   pesar  de  su  importancia  intrínseca,  también  resultan  irrelevantes frente a los graves desatinos que  enseguida se detallan.   

En  efecto,  el  notorio incumplimiento de la  obligación  de  debida  fundamentación,  así  como  la concurrencia de muchos  otros  yerros  permiten  afirmar  que  el  contenido  del  escrito de demanda es  violatorio  de  los  principios de la casación reseñados en precedencia.    

Así,  la Sala llama la atención en defectos  tan   protuberantes,   tales   como:   a)  la  ausencia  de  mención  de alguna de las causales de casación  (principio     de    taxatividad),    b)  la  escasa claridad del raciocinio ofrecido (deber de precisión y  claridad),   c)  la  mezcla  indiscriminada  de argumentos y causales de casación (principio de autonomía),  d)  el incumplimiento de los  lineamientos  que  la  jurisprudencia  de  la  Corte ha fijado de tiempo atrás,  respecto  de  la  postulación y desarrollo de las causales de casación (debida  fundamentación),   e) y  la  obvia  conclusión  en  el sentido de que los pobres argumentos ofrecidos no  alcanzan   siquiera   a   constituir   aceptables   razonamientos  de  instancia  (principios  de  no  debate  de instancia y presunción de acierto y legalidad).   

En efecto, de entrada sorprende que a lo largo  del   discurso   contenido  en  la  demanda  no  existe  por  ninguna  parte  la  identificación  de  la  causal  de casación seleccionada, la cual naturalmente  habría  de  servir  de guía al estudio de lógica y debida fundamentación que  ahora  debe efectuar la Corte. Dicha omisión, como ya se ha dicho, no puede ser  corregida  en  esta  sede,  en  atención  a  la  prohibición que se deriva del  principio  de limitación. Debido, entonces, al defecto reseñado, el impugnante  incumple,  además,  con  la carga de señalar las modalidades y sentidos de los  yerros   que  trata  de  identificar;  semejantes  omisiones  permitirían,  sin  razonamientos  adicionales,  disponer la inadmisión de la demanda, pues así lo  autoriza  el  inciso segundo  del artículo 84 del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Y  aún  cuando  la Corporación intentara, a  riesgo   de   transgredir   el   principio  de  limitación  reseñado,  deducir  –no  sin  dificultad-  la  verdadera  intención  del libelista, tampoco así podría entrar al estudio del  fondo  del  escrito,  pues,  en aquellos apartes en los que resulta inteligible,  aparece      la      exposición      de     argumentos     que     –de  estar adecuadamente desarrollados-  podrían   corresponder   a   todas   las   causales   de  casación  legalmente  previstas.   

Así, el casacionista reprocha las siguientes  cuestiones:   

i)  Que  el  fallo  condenatorio  se  hubiere fundado en testimonios de referencia; un yerro como el  anunciado,   de  haber  estado  acertadamente  orientado,  podría  alegarse  en  casación  como  un falso juicio de convicción, el cual hace parte del error de  derecho,  el  que  a  su  vez  se  constituye  en  una  de las modalidades de la  violación indirecta de la ley sustancial.   

ii) Al mismo tiempo,  critica   que   el  fallador  no  hubiese  acogido  su  particular  apreciación  probatoria,   según   la   cual   el  procesado  no  es  un  sicario;  una  tal  inconformidad,  como  la  jurisprudencia  lo  tiene  decantado, no es procedente  alegar  en  sede  de casación, pues apenas muestra la discrepancia del defensor  con  la  apreciación  probatoria del juzgador, la cual se entiende amparada por  la doble presunción de acierto y legalidad.   

iii) El demandante  se  pregunta  por  qué el proceso no recibió el testimonio de quienes pudieron  encontrarse  en  el  lugar  donde  ocurrió el homicidio, yerro que –de  cumplirse su sustentación con los  presupuestos  fijados  por  la jurisprudencia- ha debido proponerse a través de  cargo  separado  y  principal, por la vía de la nulidad por violación al deber  de  investigación integral, forma de ataque contra la legalidad de la sentencia  que  le exige al libelista señalar en forma concreta el elemento de persuasión  dejado  de  allegar  a la investigación, fijando su idoneidad legal y fáctica,  es  decir,  su  particular relevancia dentro del proceso, requisito este último  que,  además,  exige  definir  cuál  es  su  conducencia y verdadera utilidad,  única   manera  de  observar  su  trascendencia  por  traer  al  expediente  un  conocimiento más real sobre los hechos.   

iv) Señala, además,  que  es  inverosímil que la policía hubiese hecho señal de pare al procesado,  que  había razones para que éste huyera de la persecución de la policía, que  muchos  crímenes  son  cometidos  en  nuestro país por miembros de la Policía  Nacional  y  que  todo  se  debe a un montaje organizado por los transportadores  organizados   contra   los   mototaxistas;  tales  interpretaciones  probatorias  –por    sí    mismas  cuestionables  y  deleznables- han debido proponerse y sustentarse correctamente  a  través  de  la demostración fehaciente falsos juicios de existencia, o bien  por  medio  de  la  violación  de  reglas  de  la  sana  crítica por parte del  sentenciador.   Así,  la censura –de  ser esa la real intención del libelista- debió  traerse a  esta  sede  por  vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial, en la  modalidad de error de hecho, por las vía antes reseñadas.    

v) En otra parte, el  censor  niega  el  indicio  de huida, afirmación que así formulada es del todo  irrelevante   para   cualquier   propósito,  pero  que,  de  haberse  orientado  apropiadamente,  ha  debido  presentarse  en  casación a través de un riguroso  razonamiento,  respetuoso  de  los parámetros que ha fijado la Sala para atacar  la  configuración  indiciaria,  ya sea en la demostración del hecho indicador,  del  hecho  indicado  o en la inferencia indiciaria, sin dejar de lado la prueba  de  la  trascendencia  del yerro, de cara a  todas las bases probatorias de  la  decisión.   Sobre   la  manera  de atacar la prueba indiciaria en  esta sede extraordinaria, la Sala ha dicho lo siguiente:   

“Y  cuando  de  ataque  a  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria se trata, el censor debe  informar  si  la  equivocación se cometió respecto de los medios demostrativos  de   los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes pruebas, para  llegar a una conclusión fáctica desacertada.   

De  manera  que  si  el  error  radica en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con otro medio de prueba de los legalmente establecidos, ineludible  resulta  postular  si el yerro fue de hecho o de derecho, a qué expresión  corresponde, y cómo alcanza demostración para el caso.   

Si  el  error  se  ubica  en  el  proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita  el  hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en  la   labor  de  asignación del mérito suasorio se apartó de las leyes de  la  ciencia,  los principios de la lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en qué consiste y cual es la operancia correcta de cada uno de ellos,  y cómo en concreto esto es desconocido.   

Si lo pretendido es denunciar error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión de un indicio o un conjunto de  ellos,  lo  primero que debe acreditar el censor es la existencia material en el  proceso  del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez de su  aducción,  qué  se  establece de él, cuál mérito le corresponde, y luego de  realizar  el proceso de inferencia lógica a partir de tener acreditado el hecho  base,  exponer  el indicio que se estructura sobre él, el valor correspondiente  siguiendo  las  reglas de experiencia, y su articulación y convergencia con los  otros indicios o medios de prueba directos.   

Además, dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro  se  presenta   en  la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los  demás  medios,  o al asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta,  es  aspecto  que no puede dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo  de  error  cometido,  demostrando  que  la  inferencia realizada por el juzgador  transgrede   los   postulados   de  la  sana  crítica,  y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se  propone  en  su  reemplazo,  permite llegar a  conclusión  diversa de aquella a la que arribara el sentenciador, pues no   trata  la  casación  de  dar lugar a anteponer el particular punto de vista del  actor  al  del fallador, ya que en dicha eventualidad primará siempre éste, en  cuanto  la  sentencia  se  halla  amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  siendo  carga  del  demandante  desvirtuarla  con  la  demostración  concreta  de  haberse  incurrido  en errores determinantes de violación en  la declaración del derecho.   

       

Es  en  este  sentido que el demandante debe  indicar  en  qué  momento  de  la construcción indiciaria se produce, si en el  hecho  indicador,  o  en  la  inferencia  por  violar  las  reglas  de  la  sana  crítica,   para  lo  cual  ha  de  señalar qué en concreto dice el medio  demostrativo  del hecho indicador, cómo hizo la inferencia el juzgador, en qué  consistió   el  yerro,  y  qué  grado  de  trascendencia  tuvo  éste  por  su  repercusión  en  la  parte resolutiva del fallo (cfr.,  por todas, cas. de  marzo   10   de   2004.   Rad.  18328).”14   

    

vi) Por otra parte,  se  pregunta  el  impugnante  las  razones  por las cuales el sentenciador no le  creyó  al procesado cuando manifestó su ajenidad a los hechos, como tampoco al  otro  partícipe  en el crimen, y señala que ningún testigo ubicó a GONZÁLEZ  BERRÍO  en  el lugar del homicidio.  Una vez más, el razonamiento no pasa  de  ser  la  personal apreciación del casacionista contraria a la del fallador,  amparada  ésta  por la presunción de acierto y legalidad.  No obstante lo  anterior,  si se intentara acreditar que el fallador erró al negarle mérito al  dicho  del  procesado,  o  al negárselo al de otros deponentes, una denuncia de  esta  clase  ha  debido  orientarse según los presupuestos del falso raciocinio  con  el  fin  de  demostrar, no que la personal ponderación de los elementos de  juicio  del  demandante  es  distinta,  sino  de qué manera la apreciación del  juzgador viola máximas de sana crítica.   

vii)  El  libelista  denuncia,  al  lado  de  todos  los  reparos  anteriormente  detallados,  que el  juzgador  no  podía  condenar  al  procesado  por el delito de porte de arma de  fuego  sin  antes  haber acreditado el concierto para delinquir.  Semejante  argumento   deja   ver  una  ostensible  confusión  del  recurrente  entre  los  presupuestos  del  delito  de asociación ilícita para la comisión de punibles  indeterminados  y  la  denominada  coautoría  impropia; así, de haber superado  este  obstáculo de entendimiento hubiese concluido en que nada tiene que ver el  concierto  para  delinquir  con  la  deducción de la coautoría en el delito de  homicidio.    

En todo caso, si se quisiera abordar un ataque  de  esta  naturaleza,  lo aconsejable hubiese sido que el censor lo enfocara por  vía  de  la violación directa de la ley sustancial, en cargo separado para que  no  se  confunda  con  los  reproches  que  plantea contra la apreciación de la  prueba   

viii)  En  fin,  el  recurrente   parece   dirigir   su   escrito  hacia  el  sustento  de  una  duda  probatoria.   No  obstante,  una  tal pretensión no tiene éxito solamente  con  ofrecer  su  propia  interpretación  de  los  hechos, sino a través de la  demostración  de  que  el  sentenciador  admitió  el  estado  de incertidumbre  probatoria  y  que, aún así, resolvió de fondo en contravía del principio de  in  dubio pro reo. Un ataque  de  esta  naturaleza,  como la jurisprudencia de la Sala lo ha fijado, ha debido  postularse  a  través  de  la  causal  de  nulidad y desarrollarse conforme los  parámetros  de  la  violación  de  la  ley  sustancial,  en  cualquiera de sus  sentidos y modalidades.   

Por  ello -y en resumen-  no bastaba tan  sólo  enunciar  de  manera  desordenada  e  inconexa  una  serie  de  hechos  y  apreciaciones        personales,        sino        demostrar       –si  acaso  fuera  su  intención la de  denunciar  la  violación  al  debido proceso- la existencia de transgresiones a  las  formas  propias  del juicio, al derecho de defensa o a las garantías de su  representado,  haciendo  énfasis  en la trascendencia y gravedad del mismo para  su situación particular.   

De  igual manera, si su pretensión era la de  recriminar  la  violación  de  la  ley  sustancial,  ha  debido  enseñar  a la  Corporación  de  manera  clara,  y  no con su personal interpretación, de qué  manera  el  juez  ignoró  una  prueba  que  obraba válidamente en el proceso o  supuso  como  existente  una  que  no  había  sido incorporada (falso juicio de  existencia)  o  que  había  distorsionado  o tergiversado su contenido fáctico  atribuyéndole  efectos que no se derivan de ella (falso juicio de identidad). Y  si  acaso  era  su propósito censurar la existencia de un yerro de derecho, era  su  deber  demostrar  el  equívoco  del  fallador  al  admitir y conferir valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente al proceso o  desconocer  y  negar  alcance  probatorio  a  pruebas  válidas (falso juicio de  legalidad),  o  asignarle valor probatorio distinto al establecido por la ley, o  bien  negárselo  al  que  legalmente  se  le  ha  conferido  (falso  juicio  de  convicción),  sin  desconocerse  que  igualmente  puede ocurrir la trasgresión  indirecta  de  la  ley  cuando,  en la asignación del mérito probatorio que se  deriva  de la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador desconoce los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Nada de lo anterior cumple el impugnante, y es  tan  confusa  y  errática  la  presentación  de  sus argumentos que la Sala en  verdad   no   atina   a  desentrañar  en  la  demanda  cuál  es  su  verdadera  intención.   Por lo tanto, le es imposible entrar a determinar cuál es la  causal  o  causales cuyos presupuestos ha de examinar. Solamente la Sala observa  unos  razonamientos  en  extremo  deshilvanados  y  confusos  que  incumplen por  completo  casi  todos  los  principios que rigen la presentación de demandas en  sede  de  casación y que, además, no alcanzan a configurar cargo alguno.    

En conclusión, por los anteriores motivos, la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado  RUBÉN  DARÍO GONZÁLEZ  BERRÍO   –como  ya  lo  advirtió  la  Corporación-  será  indamitida a esta  sede.   

Acotación final.  

7.  Habida cuenta que contra la decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el mecanismo de insistencia   de   conformidad   con   lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación15, como sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)  La solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el Ministerio Público, a través de sus  Delegados  para  la  Casación  Penal,  o  ante uno de los Magistrados que hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o  ante    uno    de    los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en   la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)   El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

PRIMERO:         INADMITIR   la demanda de casación  presentada   por   el   defensor   de   RUBÉN    DARÍO   GONZÁLEZ   BERRÍO.   

SEGUNDO: De conformidad con lo dispuesto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                   AUGUSTO J.  IBAÑEZ     GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                     

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 16 de diciembre de 2008,  radicación No. 30873.   

3 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Rad. 24.323.   

4 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Rad. 24.530.   

5 Ver,  entre otros, auto del 11 de febrero de 2004, rad. 20046.   

6 Ib.  radicación 24.530.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, rad. 14078, sentencia del 8 de  noviembre de 2000.   

8 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, rad. 16169, sentencia del 2 de  mayo de 2002.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, rad. 14.717, sentencia del 29 de  julio de 1999.   

10  Humberto  Murcia  Ballén,  Recurso  de  Casación  Civil,  Ediciones Jurídicas  Gustavo Ibáñez, 1996, cuarta edición, pág. 59.   

11  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, rad. 14083, sentencia del  24 de octubre de 2002.   

12  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, rad. 11614, sentencia del 7  de noviembre de 2002.   

13  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, rad. 11851, sentencia del  21 de noviembre de 2002.   

14  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 9 de marzo de  2006, radicación No. 21305.   

15  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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