33781(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33781  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 152   

Bogotá D.C., mayo doce (12) de dos mil diez  (2010).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  VÍCTOR MAURICIO OÑATE  DAZA.   

ANTECEDENTES:  

1.  Los  hechos,  según      la      sentencia     de     primera     instancia,     “se  remontan  al  13 de octubre de 1992  cuando  Jorge  Antonio  Barbosa Tarazona fue retenido por miembros del Ejército  Nacional,   en   el   Corregimiento   de   Santa   Rosa   de  Lima  –Aracataca—  los  que habían instalado un retén  en  la  vía  que  de ese lugar conduce a Buena Vista, e interceptaron el bus en  que  este  se  transportaba, se lo llevaron a la base acantonada a la entrada de  ese  corregimiento,  lo maniataron, le cubrieron la cabeza con un pasamontañas,  y  se  marcharon  con  él  a  mediodía  en  una  camioneta  de  platón blanca  presuntamente  con rumbo al municipio de Aracataca, sin que se sepa de la suerte  corrida  por  la  víctima  hasta  el  momento  de proferir el fallo”.   

2.  Al  proceso,  iniciado    el    29    de    octubre    de   19991, luego del trámite preliminar  surtido  en  la  Justicia  Penal  Militar  y la Fiscalía General de la Nación,  fueron  vinculados  varios  miembros  del  Ejército  Nacional,  entre ellos, el  sargento  segundo  VÍCTOR  MAURICIO  OÑATE  DAZA,  a  quien  la  Fiscalía  le  resolvió  la  situación  jurídica  y  acusó  el 22 de septiembre de 2006, en  calidad  de  coautor  de  secuestro  simple agravado2.  Esta  determinación  cobró  ejecutoria el 29 de noviembre de 2006.   

3.  Tramitado  el  juicio,  en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  varió  la calificación jurídica  provisional   de   la   conducta  para  imputarle  al  sindicado  el  delito  de  desaparición  forzada  agravada,  el  14  de  mayo de 2008 el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Santa Marta lo condenó, en calidad de cómplice de  ese  punible,  a  15  años  de  prisión, interdicción de derechos y funciones  públicas   durante  10  años  y  multa  de  1.000  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

4. El defensor, con  pretensión  de  absolución, y la Fiscal, en busca de conseguir que se imputara  la  ilicitud  al  acusado  a título de autor, apelaron ese pronunciamiento y el  Tribunal  Superior  de Barranquilla, a través del fallo recurrido en casación,  expedido  el  5 de agosto de 2009, declaró a OÑATE DAZA coautor responsable de  secuestro  simple  agravado  y  le  impuso 12 años de prisión, inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término y  multa de 150 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

LA DEMANDA:  

1. El único cargo  formulado  contra  la sentencia lo sustentó el recurrente en el artículo 207-3  de  la  Ley 600 de 2000. Según el abogado, el Tribunal violó el debido proceso  porque  no  podía modificar la denominación jurídica de la conducta atribuida  al  procesado  en  razón de la preclusión de la etapa procesal pertinente para  hacerlo.   

Advirtió, acto seguido, que para la fecha de  los  hechos  –13 de octubre  de  1992— la desaparición  forzada no se contemplaba en la legislación penal como delito.   

De  otra  parte,  al  variar el ad   quem   la  imputación  –de  desaparición  forzada  agravada  a  secuestro  simple agravado—,  incurrió  en  actuación de hecho pues “no  era  el momento procesal para tal situación y porque además si  se  variaba  la  conducta,  implicaba  que  el delito de secuestro simple, ya se  encontraba  prescrita  la  acción penal”.   

2. La atribución de  desaparición   forzada   en   el  presente  caso  por  parte  del  a   quo,  en  las  circunstancias  vistas,  vulneró   el  principio  de  irretroactividad  de  la  ley  penal  desfavorable  consagrado  en  el  artículo  29  de  la Constitución Política e incurrió al  hacerlo  en vía de hecho. Y al mismo tiempo afectó el derecho de igualdad pues  otros  acusados  por idéntico supuesto fáctico fueron condenados por secuestro  simple agravado.   

3.  Al advertir el  Tribunal  en  el  fallo  impugnado que la desaparición forzada no existía como  delito  en  1992  debió  anular la sentencia de primera instancia: “no  podía  desde  el  punto  de  vista  estrictamente  legal  modificar  el  tipo  punible  a secuestro simple agravado,  porque  para  ello la ley penal tiene una ritualidad establecida en el artículo  404  de  la Ley 600 de 2000 del año 2000 que señala las etapas en que se puede  modificar   o   variar   la   calificación   jurídica  del  delito”.   

Mal podía esa Corporación judicial, en fin,  modificar    la    calificación   jurídica   de   la   conducta   “sin   notificarle   a   los   sujetos  procesales,  ya  que  si  persistía  en  la  calificación del fallo de primera  instancia  indudablemente,  había  que  decretar  la  nulidad  de  la sentencia  primaria.   He  aquí  la  actuación  que  genera  una vía de hecho en el  presente  caso  concreto que vulnera principios fundamentales como son el debido  proceso,   representado  en  que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  por  la  ley  preexistente  al  hecho  que  se  le  imputa y respetando todas las garantías y  ritualidades  procesales  las  cuales  fueron omitidas por los jueces de segunda  instancia    de    manera    flagrante”, expresó el censor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El demandante,  eso  es  evidente, no acreditó ninguna irregularidad procesal y mucho menos una  con aptitud suficiente para invalidar la sentencia impugnada.   

2. En la audiencia  pública  la  Fiscalía,  con  fundamento  en  el  artículo  404 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000, varió la calificación jurídica de la conducta  imputada  al  procesado  en  la  resolución  de acusación, de secuestro simple  agravado a desaparición forzada agravada.   

El  corolario  de  ello,  con sustento en la  línea  jurisprudencial  trazada  por  la  Sala  desde  la providencia del 14 de  febrero  de 20023,  era  que  el  principio de congruencia en la sentencia lo debiera  satisfacer  el  juzgador  condenando o absolviendo por cualquiera de esos hechos  punibles.  Ningún  error cometió la segunda instancia, por tanto, al decidirse  a  declarar  la  responsabilidad  penal  de  VÍCTOR  OÑATE  DAZA  por el cargo  imputado  en  el  auto  calificatorio  y  no  por el atribuido en desarrollo del  procedimiento consagrado en la norma mencionada en precedencia.   

3. De otra parte, si  finalmente  la  condena  fue por secuestro simple agravado, está fuera de lugar  la   supuesta  equivocación  en  la  cual  habría  incurrido  el  a  quo al declarar responsable al procesado  del  delito  de  desaparición  forzada, bajo la consideración de que no estaba  previsto   como   tal   para   cuando   se   produjo   la   retención   de   la  víctima.   

4.  En cuanto a la  prescripción  de la acción penal del secuestro imputado, el censor no ofreció  ningún  argumento  para  sostenerla. La Corte, a su turno, bajo el entendido de  que  dicha  conducta  es delito de carácter permanente y no está comprobada la  liberación  de  la  víctima  del  atentado  criminal,  no  halla  evidente  la  producción  del  fenómeno jurídico como para de oficio proceder a declararlo.   

Se  inadmitirá  la demanda, en conclusión,  advirtiéndose  que  no  hay  lugar  a  casar  la  Sala por iniciativa propia la  sentencia,  en  consideración  a  que  una  vez  revisada  la  actuación no se  evidencia  quebrantamiento  alguno  de los derechos fundamentales de los sujetos  procesales.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  VÍCTOR  MAURICIO  OÑATE  DAZA.   

Contra  la  presente  decisión  no proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Folio 318/1.   

2.  Folio 119/7.   

3  .  Casación 18457.     

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