34053(28-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 34053  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.  128  

Bogotá D.C., veintiocho (28) de abril de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de ALIRIO ORDÓÑEZ MUÑOZ, contra la  sentencia  de  segundo  grado  de  9  de  septiembre de 2009 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Neiva  confirmó la emitida por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Pitalito  (Huila)  condenándolo  como  coautor del delito de  peculado por aplicación oficial diferente.   Decisión  que  también  cobijó a José Arned Ruiz Durán  por igual grado de participación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

ALIRIO  ORDÓÑEZ  MUÑOZ,  Alcalde de Isnos  (Huila)  y  José  Arned  Ruiz  Durán,  Secretario  de  Salud y Tesorero de esa  localidad,  en  1998  y  1999  dieron  un  manejo  irregular  a los recursos del  Régimen  Subsidiado  de  Salud, que obtenían del Tesoro Nacional, al trasladar  tales dineros para otros rubros.   

La  Fiscalía  General  de la Nación abrió  formal  investigación  penal  y los vinculó a través de indagatoria. Mediante  proveído  de  14  de  mayo  de  2002  les resolvió la situación jurídica con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, sustituida por domiciliaria,  como  presuntos responsables del delito de peculado por  aplicación   oficial  diferente,  contemplado  en  el  artículo 136 del anterior Código Penal (Decreto-Ley 100 de 1980).   

Clausurada  la  instrucción,  el  mérito  probatorio  fue  calificado el 11 de julio de 2003 con resolución de acusación  por  el  mismo  ilícito, providencia que adquirió firmeza el 1º de septiembre  siguiente  cuando  la  Unidad de Fiscalía ante el Tribunal Superior de Neiva la  confirmó.   

La  fase del juicio correspondió al Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Pitalito (Huila), despacho que luego de llevar a  cabo  el acto público de juzgamiento, mediante sentencia de 3 de agosto de 2007  condenó  a  ALIRIO ORDÓÑEZ MUÑOZ y José Arned Ruiz Durán como responsables  del    delito    objeto   de   acusación       —  una vez analizó el cumplimiento del  ingrediente  del tipo relacionado con el perjuicio a la inversión social que de  manera  favorable  prevé  el  artículo  399  de  la  Ley  599 de 2000 para esa  conducta  —,  a las penas  principales  de  tres  meses  (3) meses de prisión, multa de cinco (5) salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes   para  la  época  de  los  hechos  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, concediéndoles la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena. Para tal fijación punitiva tuvo en  cuenta  también  por  favorabilidad  las  previsiones del anterior ordenamiento  sustantivo  y  la  rebaja  de una tercera parte de la sanción ante el reintegro  total de los dineros trasladados indebidamente.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  instaurado  por los defensores, el Tribunal Superior de Neiva mediante sentencia  de  9  de  septiembre  de  2009  confirmó  la  condena,  por lo cual insiste el  apoderado   de   ALIRIO   ORDÓÑEZ   MUÑOZ   a   través  de  la  impugnación  extraordinaria  con la respectiva demanda de casación, de cuya admisibilidad se  ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Dice  acudir  al  recuso   excepcional,  en  defensa de las garantías   

de  su asistido y formula un cargo al amparo  de  la causal tercera de casación contemplada en el artículo 207 de la Ley 600  de 2000 por nulidad.   

Denuncia la violación del derecho de defensa  y  del  debido  proceso,  porque  durante  el  diligenciamiento ORDÓÑEZ MUÑOZ  estuvo  representado  por  el  abogado  Fernando Pino Ricci, profesional que fue  condenado  mediante  sentencia  de  6  de  diciembre  de  2005  del Juzgado  Primero   Penal   del  Circuito  de  Pitalito  por  el  delito  de  violación     al     régimen     legal    de    inhabilidades    e  incompatibilidades, decisión que adquirió firmeza el  3  de octubre de 2007 cuando la Corte Suprema de Justicia no admitió la demanda  de  casación interpuesta, y si bien desde el 22 de noviembre de la anualidad en  cita  el  letrado  se  hallaba en prisión domiciliaria, el Tribunal de Neiva le  notificó  el  fallo  de  segundo  grado  adoptado  en  contra  del ex alcalde y  lo  siguió considerando como su defensor.   

Por  lo  anterior,  aduce  que  el  Tribunal  infringió  el  debido  proceso  por  cuanto  debió decretar la suspensión del  proceso  de  ORDÓÑEZ  MUÑOZ  mientras  se  confirmaba la situación legal del  abogado  Pino  Ricci, o nombrarle a aquél un defensor de oficio o público para  enterarlo del fallo de segunda instancia.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  y  declarar  la  nulidad  de la actuación desde la notificación del  proveído de segundo grado.   

Finalmente,   anota   que   “el  procesado se encuentra inmerso en  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad,  por  lo  que  es  procedente  su  absolución,  y  el  mismo  no tuvo participación en el yerro que se demanda en  casación,  siendo la única manera de subsanar esta irregularidad decretándose  la aludida nulidad.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  atención a que los hechos ocurrieron en  1998  y  1999,  época  para  la cual se encontraba vigente el artículo 136 del  Decreto-Ley    100    de    1980,   que   para   el   delito   de   peculado    por    aplicación    oficial   diferente   preveía  una  pena  máxima  de  tres  (3)  años  de  prisión, la  legislación  procesal  en  ese  entonces aplicable, esto es, el Decreto 2700 de  1991,   indica   que  la  vía  apropiada  para  recurrir  en  casación  es  la  discrecional.   

En  efecto, ante la aplicación favorable de  los  requisitos  establecidos  por la ley vigente al momento de los hechos, como  en    el    artículo    218    del   Decreto   2700   de   1991,   (modificado  por  el artículo 35 de la ley 81 de 1993),  la  casación  ordinaria estaba establecida contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se procedía por delitos que  tuvieran  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo fuese igual o  superior  a  seis  (6)  años,  el  inciso  3º  del  artículo  218  del  mismo  ordenamiento   facultaba  a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente las  demandas  de  casación  que  se  ajustaran  a  los requisitos legales cuando lo  considerara  necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales.   

En  esta  excepcional  vía  es  deber  del  impugnante  precisar  la razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento  de  la  Corte,  sea  que  se  requiera  su  criterio  de autoridad acerca de una  determinada  figura  jurídica  o la urgente unificación o actualización de la  jurisprudencia,  así  como  también,  debe  indicar  el  por qué la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad tanto de dar solución al asunto, como de servir  de norte en la actividad judicial.   

Cuando  la  pretensión  del  actor apunta a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, ha de acreditar igualmente tal  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  y  de  manera  obvia,  la  forma como fueron desconocidas en el fallo  recurrido.   

Advertido  lo anterior, si bien el libelista  anuncia  que  el  recurso  extraordinario  lo  interpone  en  defensa  de dichas  garantías  de  su  asistido, el cargo que formula no logra motivar la atención  de  la Sala en cuanto no se sujeta a los principios que orientan la declaración  y convalidación de las nulidades.   

Esta  Corporación  ha  insistido  en que de  acudir  a  la  causal de nulidad, el recurrente en casación además de observar  reglas  lógicas,   claridad  y  precisión  del  vicio  de estructura o de  garantía  que  denuncia,  debe  según el principio de  taxatividad,  referir  la  causal  específica  que la  contempla;   argumentar   el   desafuero   como   lo   impone   el  principio    de    instrumentalidad    de   las   formas;  indicar  en dónde se origina la falencia de actividad y si ésta  no  cumplió  la  finalidad  para la que estaba prevista, así como demostrar la  afectación  de las garantías o las bases fundamentales de la instrucción y el  juzgamiento     conforme     al     principio    de  trascendencia;  acreditar  que  el  sujeto procesal no  coadyuvó  con su conducta a la configuración de la actuación irregular acorde  con    el    principio   de   protección,  ni  que  lo  hubiese  avalado  con  su  consentimiento  según el  principio  de convalidación,  siempre que se hubiesen observado las garantías procesales.   

El censor considera lesivo a los intereses de  su  asistido  el  hecho  de  que el anterior profesional que lo representaba fue  afectado  con  prisión domiciliaria por un proceso penal que se adelantó en su  contra,  pero  no  explica  cómo  tal  situación produjo resultados adversos a  ORDÓÑEZ MUÑOZ.   

Si la pretensión del libelista apunta a que  se  declare  la  nulidad  de  la  actuación desde la notificación del fallo de  segundo  grado,  no  tendría  algún sentido cuando precisamente por el mandato  judicial  que  ORDÓÑEZ  le  otorgó,  hoy la actuación se encuentra ante esta  Corporación ante el recurso de casación que él sustentó.   

Justamente, si bien mediante comunicación de  21  de  septiembre  de  2009  el  incriminado  ORDÓÑEZ  MUÑOZ  le informó al  Tribunal   que  su  defensor  se  encontraba  privado  de  la  libertad,  evento  ratificado  por  la  secretaría  de la colegiatura, según constancia de 29 del  mismo  mes y año, precisándose que la condena que afectaba  Pino Ricci no  limitaba  el  ejercicio de la abogacía, como se advertía también una sanción  de  suspensión  de  su  profesión  impuesta  por  el  Consejo  Superior  de la  Judicatura,  para  preservar el derecho de defensa del ex alcalde se le designó  el  30  de  octubre de 2009 un defensor de oficio, sin embargo el 7 de diciembre  siguiente    el    propio    ORDÓÑEZ    le    concedió    poder    al   ahora  demandante.   

De  lo  expuesto  deviene  evidente  que  el  ejercicio  defensivo no fue limitado, al punto que los abogados del burgomaestre  ejercieron  cabalmente  sus  facultades  incluso  con  la impugnación tanto del  fallo  de  primer  grado,  como de la decisión confirmatoria del mismo adoptada  por el Tribunal.   

En este orden, el desafuero denunciado carece  de  trascendencia  en la sentencia atacada como para derruir la dual presunción  de  acierto  y  legalidad  de la que está revestida, pues cualquier corrección  que  se  dispusiera sería irrelevante, como lo sería declarar la nulidad de la  actuación  desde  la  notificación de tal providencia de segundo grado, cuando  es  claro  que  la  Corte  está  conociendo del asunto en virtud del recurso de  casación sustentado por el defensor contractual del procesado.   

Tampoco colabora en el propósito del censor  su  pretensión  contradictoria  de  solicitar  la  declaración de nulidad y al  unísono   abogar   por  la  absolución  de  su  asistido  porque  “se  encuentra inmerso en la causal de  ausencia     de     responsabilidad”,  máxime que en manera alguna desarrolla  tal premisa que arrojaría una decisión de sustitución.   

Además de que no cumple el libelista con los  postulados  requeridos  para  que  resulte  viable  admitir discrecionalmente el  recurso  de  casación  interpuesto,  no  observa la Sala  dentro del curso  procesal  o  en  la  sentencia que le dio culminación, violación alguna de los  derechos  fundamentales  o  garantías  del  enjuiciado  ORDÓÑEZ  MUÑOZ o del  procesado   no   recurrente   José   Arned  Ruiz  Durán,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad oficiosa de naturaleza  legal que le asiste a esta Corporación.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR la  demanda de casación interpuesta por el defensor   

de  ALIRIO ORDÓÑEZ MUÑOZ, por las razones  dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

       Notifíquese    y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

        ALFREDO       GÓMEZ  QUINTERO                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

      JULIO     ENRIQUE     SOCHA  SALAMANCA                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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