33882(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33882  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrados Ponentes:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 206.   

Bogotá,  D.  C., treinta de junio de dos mil  diez.   

                                   

                                    VISTOS   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los procesados CAMILO  ALEJANDRO  SILVA OSORIO y SUGEY DE AVILA HERRERA, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Armenia  el  3  de  diciembre  de 2009, confirmatoria de la proferida el 8 de octubre del  mismo  año  por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de esa ciudad, condenando,  entre  otros,  a  los citados procesados a las penas principales de 186 meses de  prisión  y multa de 975 s.m.m.l.v., y a las accesorias de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad,  como coautores responsables del delito de trata de  personas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los hechos fueron narrados de la siguiente  manera en la sentencia de primera instancia:   

“Ser   ha   informado  dentro  de  estas  diligencias  que  en  el Bar Gardenias ubicado en la carrera 6 Nro. 7-53 Avenida  Internacional  de  la  ciudad  de  Leticia,  Amazonas,  de propiedad de DEYANIRA  OSORIO  MURCIA  y  su  hijo  CAMILO  ALEJANDRO  SILVA  OSORIO,  administrado por  FABRICIO  MARIÑO  SANTOS  y  donde  igualmente  laboraba SUGEY DE AVILA HERRERA  conocida  como  “Abril”,  cuya  actividad  económica  aparece registrada en  Cámara  de  Comercio como “compra y venta de bebidas gaseosas y licores” se  ejercía   la  prostitución  por  un  determinado  grupo  de  mujeres  que  era  trasladado  hasta  allí  desde diversas partes de la geografía nacional, entre  ellas,  desde  la  ciudad  de  Armenia,  lugar  donde  las  mencionadas mujeres,  conforme  al  material  probatorio  incorporado  por  la Fiscalía General de la  Nación,  eran  explotadas  de  manera indiscriminada, encerradas, maltratadas y  sometidas  a  tratos  crueles  e  inhumanos  por parte de la pequeña cédula de  delincuentes que hoy ostenta la calidad de acusados.   

“De   esa   empresa   criminal  tuvieron  conocimiento  los organismos de seguridad del Estado gracias a que la joven LINA  MARCELA  CASTRO  RESTREPO  conocida como “LUNA” quien el 13 de enero de 2008  había  sido  trasladada  por  medio  de artificios y engaños desde Armenia por  parte  de  SUGEY DE AVILA HERRERA hasta esa apartada región, logró comunicarse  telefónicamente  con  su  señora  madre  ANA HERMINA RESTREPO ÁLVAREZ el 3 de  febrero  del  mismo  año  y la puso al tanto de la difícil situación, persona  ésta  que  al  día  siguiente  denunció  los  hechos delictivos ante el grupo  Humanitas de la Sijin”.   

2.  Por  tales  hechos,  fueron capturados y  vinculados  a  la  respectiva  investigación  Deyanira  Osorio Murcia, SUGEY DE  ÁVILA  HERRERA,  Fabricio  Mariño  Santos  y  CAMILO ALEJANDRO SILVA OROZCO, a  quienes  se  les  imputó  el  delito  de  trata  de  personas, tipificado en el  artículo  188  A  del Código Penal, con la reforma introducida en el artículo  3º de la Ley 985 de 2005.   

3. El 9 de enero de 2009, la Fiscalía Quince  Seccional  de  Armenia  radicó  escrito de acusación por la menciona conducta,  cuya  audiencia de formulación se llevó a cabo el 13 de marzo de de 2009, ante  el  Juez  Cuarto  Penal  del  Circuito con funciones de Conocimiento de Armenia.   

3.  Evacuadas las audiencias preparatoria y de juicio  oral,  el  Juzgado  de  Conocimiento dictó  fallo de primera  instancia  el  8 de octubre de 2009, condenando a los procesados Deyanira Osorio  Murcia,  SUGEY  DE  ÁVILA  HERRERA,  Fabricio Mariño Santos y CAMILO ALEJANDRO  SILVA  OROZCO  a  las  penas  ya señaladas como coautores responsables trata de  personas,  negándoles los mecanismos sustitutivos de la suspensión condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, decisión que impugnada  por  la  defensa, se confirmó íntegramente en la sentencia que es ahora objeto  del recurso extraordinario de casación.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

         

El defensor de los procesados SUGEY DE ÁVILA  HERRERA  y  CAMILO  ALEJANDRO  SILVA  OSORIO  propone  un único cargo contra la  sentencia  condenatoria,  al amparo de la causal tercera del artículo 181 de la  Ley  906  de  2004,  alegando  el desconocimiento de las reglas de producción y  apreciación  de  las  pruebas  sobre  las  cuales  se  fundamentó  la condena.   

En  orden a fundamentar el cargo señala que  la  valoración  del  testimonio  de  la  joven  Lina  Marcela  Castro  Restrepo  quebrantó  de  manera  ostensible  los  principios orientadores que informan la  sana crítica, tratándose de la única prueba de cargo.   

Lo   anterior   porque   se   desconoció  “la  complejidad de las circunstancias sicológicas  y  socio  culturales  de  la presunta víctima”, pues  ésta  padecía  de  trastornos mentales y adicción a las drogas, circunstancia  personal  que  fue  desestimada  en  las  instancias  como corolario de un fallo  injusto,   por   cuanto   a   partir   de  una  interpretación  “sesgada  y  caprichosa” se desestimaron  factores   determinantes  que  habrían  variado  la  situación  penal  de  los  enjuiciados.   

Sostiene  que  las  manifestaciones  de  la  testigo  castro Restrepo son tan inverosímiles “que  no    fueron   analizadas   dentro   un   contexto   de   integralidad   de   la  prueba”,  pues,  reitera,  son  el  producto  de sus  problemas  sicológicos  y  de  adicción  que  se avizoran en el proceso.    

Insiste que el testimonio de Lina Marcela no  fue  analizado  de  manera  concienzuda, dentro del método de la sana crítica,  sino  de  manera aislada, sin ningún criterio de integralidad, que no dejó ver  lo  confuso  y contradictorio que es o lo expuesto que estuvo a la manipulación  o    direccionamiento    impuesto    por    el    investigador    de    Policía  Judicial.   

Advierte que las entrevistas rendidas por la  única  testigo  de  cargo,  fueron  rendidas  cuando  ésta se encontraba en un  lamentable  estado  físico  y  síquico,  al  punto  que de manera “delirante”   pinta   un  cuadro  de  “esclavitud,     de     perversión     y     de  miseria”.   

Culmina  el cargo solicitando a la Corte que  case  la  sentencia impugnada, profiriéndose un fallo de reemplazo de carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  primer  lugar,  recuerda  la Sala que la  instauración  de  la  sistemática  acusatoria  no  ha  implicado,  como  creen  algunos,  derrumbar  las  exigencias  de  fundamentación  propias  del  recurso  extraordinario  de  casación,  en  tanto,  debe  relevarse, el fallo de segundo  grado  llega  a  este  escenario  prevalido de una doble condición de acierto y  legalidad  que  solo  puede desvirtuarse cuando de forma lógica, con argumentos  suficientes  sustentados  en  los  hechos,  el  decurso  procesal  y  las normas  jurídicas   aplicables  al  caso,  se  demuestra  un  error  evidente,  con  la  trascendencia  suficiente  como  para  revocar  o  modificar lo decidido por las  instancias.   

   

          En  efecto,  el  artículo  184,  inciso 2º, de la Ley 906 de 2004,  autoriza  a la Corte para no seleccionar, en auto debidamente motivado, aquellas  demandas  de  casación  que  se  encuentren  en  cualquiera  de  los siguientes  supuestos:   

“si  el  demandante  carece  de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que  bajo  la óptica del sistema  procesal  penal  de la Ley 906 de 2004, el libelo impugnatorio tampoco puede ser  un  escrito  de  libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el  recurrente  concita  a  la  Corte  a la revisión del fallo de segunda instancia  para  verificar  si  fue  proferido  o  no  conforme  a  la constitución y a la  ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene  dicho  que  la  del  numeral  3º  se  ocupa  de la denominada violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento   de   las   reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia-; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de  las pruebas sin observancia de los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o, excepcionalmente por falso juicio de  convicción1,  mientras  que  el  desconocimiento  de las reglas de apreciación  hace  referencia a los errores de hecho que surgen a través del falso juicio de  identidad  –distorsión o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso  juicio      de      existencia     –declarar  un  hecho  probado  con  base  en una prueba inexistente u  omitir  la  apreciación  de  una  allegada  de manera válida al proceso- y del  falso         raciocinio        –fijación  de  premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de las pautas de la sana crítica-.   

         

          En  el  presente evento, la única propuesta presentada al amparo de  la  causal  primera  no  superó  el  escenario de la simple discusión sobre la  valoración  otorgada  al  testimonio  de  una  de  las víctimas de la conducta  juzgada  –Lina Maria Castro  Restrepo-,    cuya  ineficiente  argumentación  ni  siquiera  alcanza  las  características propias de un alegato de instancia.   

En efecto, el censor se limita a señalar que  el  juzgador  violentó  los  dictados  de  la  sana crítica, al desechar en la  valoración  del referido testimonio de cargo las circunstancias “sicológicas     y     socio     culturales    de    la    presunta  víctima”,  derivadas  de  supuestos  trastornos  mentales  y  adicción  a  las  drogas,  pero  nada  enseña  sobre  la  razón de sus alegaciones. Tampoco da a  conocer  el  contenido  del  citado  elemento  de  prueba,  ni de qué forma fue  valorado  por  el  fallador,  ni  la  incidencia  que tuvo en la declaración de  responsabilidad de sus representados.   

De  esa  manera,  la  censura  quedó apenas  enunciada,  puesto  que simplemente se pretende anteponer una particular visión  del   testimonio   cuestionado,   desatendiendo  por  completo  los  parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos  previstos para la causal invocada y pasando  por  alto que la sentencia llega a esta sede revestida  de una doble condición de acierto y legalidad.   

Lo anterior ha sido suficientemente decantado  por  la  Sala, en pacífica jurisprudencia, advirtiendo que quien alega un error  de  hecho  por falso raciocinio, soportada en la violación de los postulados de  la  sana  crítica,  está  obligado  a señalar lo que objetivamente expresa el  medio  probatorio  sobre el cual se predica el error, las inferencias extraídas  por  el  juzgador  de  él  y  el  mérito  suasorio  que le otorgó. A renglón  seguido,  es  necesario  indicar  el  axioma  de  la lógica, el principio de la  ciencia  o  la  regla  de  la experiencia desconocidas o vulneradas, y dentro de  ellas  referirse  a  la correctamente aplicable, hasta, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  error  en  punto  de  lo  resuelto,  significando  cómo  la  exclusión  del medio criticado, indispensablemente, dentro del contexto general  de  lo  aducido probatoriamente, conduciría a una más favorable decisión para  la            parte            impugnante2.   

Ninguno  de estos derroteros se cumplió por  el  demandante y por ello no estima necesario la Sala explayarse en un asunto si  se  quiere  elemental,  que  parte  del  planteamiento de una particular y si se  quiere  parcializada, visión probatoria del recurrente, sin penetrar a fondo en  la violación apenas enunciada.   

         Olvidó  el censor que en el ordenamiento  penal    no    existe    el    sistema   de   tarifa   legal   tratándose   del  testimonio.  Por  lo tanto,  no  es  posible imponer una  prohibición  o importe probatorio que relegue un testimonio por las calidades o  cualidades  de  quien  lo  rinde. Sólo ante la debida  demostración  de  que  el  testigo no estaba en capacidad mental o física para  declarar  en  juicio,  podía  el  censor  descalificar su dicho, con lo cual no  quedaba  satisfecha  la  fundamentación  del  cargo,  pues como ya se dijo, era  necesario  acreditar  la  incidencia  del  error  en el sentido de la decisión.   

Como ni lo uno ni lo otro se acreditó en la  demanda,  no  queda  a  la  Sala  camino  distinto  al  de  inadmitir la demanda  presentada  por  el defensor de SUGEY DE ÁVILA HERRERA y CAMILO ALEJANDRO SILVA  OSORIO,  pues  además  no  se  evidencia  la  violación  de  alguna  garantía  fundamental que haga necesaria la intervención de la Corte.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación3, como sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.           INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de los procesados SUGEY DE ÁVILA  HERRERA y CAMILO ALEJANDRO SILVA OSORIO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, es facultad de éste demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ib.  Rad. 24.530.   

2 Auto  del 5 de febrero de 2007, Rad. 26.382.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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