33826(05-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 33826  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 137  

Bogotá, D. C., cinco (5) de mayo de dos mil  diez (2010).   

V I S T O S  

La   Corte   resuelve   la   petición  de  cambio   de   radicación  formulada  por  la  Juez  Promiscuo del Circuito de Riosucio (Chocó), dentro de  las  siguientes actuaciones que cursan en su despacho:  i) Proceso radicado  bajo  el  No.  2008-0077, seguido contra Edwin Guzmán Martínez por los delitos  de  homicidio en persona protegida y hurto calificado; ii) Causa No. 2008-00128,  en  contra  de  Camilo  Ernesto Guzmán Rodríguez por las conductas punibles de  rebelión  y  desplazamiento  forzado; iii) actuación No. 2008-00250, procesada  Virgelina  María Durango López, delito rebelión; iv) radicado No. 2009-00149,  adelantado  contra  Jhon  Jaime  Romaña  Denis por los punibles de homicidio en  persona   protegida,   rebelión,   desplazamiento   forzado  y  concierto  para  delinquir;  v)  expediente  No. 2009-00276, en contra de Elkin Darío Sepúlveda  por la conducta punible de rebelión.    

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES  

De  la  Resolución  del  21 de diciembre de  2007,  proferida por la Fiscalía 14 Delegada de la Unidad de Derechos Humanos y  Derecho Internacional Humanitario se extraen los siguientes hechos:   

“Un  grupo  de  personas  desplazadas  de  las  cuencas  de los ríos Jiguamiandó, Curvaradó y  Domingodó,   municipio   el   Carmen  del  Darién,  Departamento  del  Chocó,  denunciaron  ante el personero de ese municipio y la unidad de policía judicial  del  Departamento de Policía de Urabá, la comisión de conductas punitivas por  parte  de  miembros  del  frente  57  de  las Fuerzas Armadas Revolucionarias de  Colombia, FARC, que opera en esa zona del país.   

En efecto, advierten que desde la década de  1980,  miembros  del frente 57 de las FARC arribaron a los asentamientos humanos  que  se  localizan  en  las  cuencas  de de los ríos Jiguamiandó, Curvaradó y  Domingodó,   municipio   del   Carmen   del  Darién  y  otros  municipios  del  Departamento  del Chocó, donde han operado de manera permanente, creando grupos  de  base milicianos.  Actualmente opera el bloque José María Córdova con  asiento     permanente    en    el    departamento    en    mención”.   

Muy  poco se sabe del estado procesal de las  actuaciones  respecto  de  las  cuales  la  Juez  de  Riosucio  pide  cambio  de  radicación,  salvo  que  todas  ellas  tienen  origen  en el radicado No. 2022,  adelantado  por  la  Fiscalía  14  de  la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional Humanitario, despacho que a través de resolución del 21  de  diciembre  de  2007  acusó  a  Edwin  Guzmán Martínez por los delitos que  arriba se detallaron.    

En  dicha  providencia  acusatoria   se  dice,  además, que: “el 28  de  diciembre  de  2002, miembros del frente 57 de las FARC asesinaron a Petrona  Sánchez  en  la  Comunidad de Cuesta de Oro, cuenca del río Curvaradó y Edwin  García  en  la  Comunidad  de  Santafé  de  Churima,  cuenca  de Jiguamiandó,  líderes   comunitarios,   víctimas   de   desplazamiento   forzado”.   

Con  el fin de ubicar en su real contexto el  asunto  que  aquí  se  resuelve,  es  relevante resaltar, por otra parte, que a  través  de  auto  del  30  de  septiembre de 2009 (Radicado No. 32553), la Sala  dispuso   el   cambio  de  radicación  del  proceso  adelantado  por  la  misma  funcionaria  judicial  de  Riosucio  contra  Willinton  Cuesta  Córdoba por los  comportamientos  punibles  de  homicidio  agravado  y rebelión, actuación que,  según  se  desprende  de los argumentos que más adelante se detallan, también  tuvo  su  génesis  en  la  aludida investigación 2022 adelantada por la Unidad  Nacional de DDHH y DIH.    

En  aquella  oportunidad, la Sala acogió la  petición  de  cambio  de  radicación solicitada por la defensora del procesado  Cuesta  Córdoba,  abogada  Sara  María  Mejía  Botero,  en atención a que la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos  requirió al Estado colombiano  para adoptar a su favor medidas de protección.   

Así mismo, luego de que la Corte resolviera  de  plano  sobre  el  cambio  de radicación respecto del proceso seguido contra  Willinton  Cuesta Córdoba, la Juez Promiscuo del Circuito de Riosucio presentó  ante  esta  Corporación  escrito  en  el que manifestó su inconformidad con la  determinación  adoptada  y adujo que en un futuro cercano pediría el cambio de  radicación de otros procesos.    

Por   estimarlo   trascendente,   la  Sala  transcribe  en  lo pertinente el contenido de la decisión de sustanciación del  15  de  diciembre  de  2009  (Rad.  32553)  con  la  cual se dio respuesta a las  inquietudes de la Juez Promiscuo del Circuito de Riosucio:   

“…  la  aludida  funcionaria  judicial  de Riosucio allega escrito de  fecha  6  de  noviembre  de  2009 dentro del cual precisa que no son ciertas las  afirmaciones  sobre  las  cuales  la  abogada solicitante fundó la petición de  cambio  de  radicación,  en  especial aquellas por medio de las cuales sostiene  que  el  despacho a su cargo adoptó decisiones en contra de los derechos de las  comunidades de Curbaradó.   

En  apoyo  de  su  afirmación  detalla los  pormenores  acaecidos  dentro  del  proceso de naturaleza agraria seguido por el  juzgado  a su cargo contra Liria Rosa García y otros, al tiempo que señala que  las  determinaciones  allí  adoptadas con sujeción a la ley han motivado a los  demandados  a valerse de estrategias encaminadas a entorpecer el cumplimiento de  la sentencia.    

Así,   asegura   que  la  apoderada  del  investigado    Cuesta    Córdoba    “ha  venido  utilizando  prácticas inadecuadas y desleales para con  la  administración  de justicia, pues ha acudido a esa Sala apoyada en mentiras  y   situaciones   falsas   e   inexistentes,   para   conseguir   el  cambio  de  radicación”.   Agrega  que  dichas actuaciones son malintencionadas pues ponen en entredicho su  idoneidad  profesional,  lo  cual  la ha llenado de pánico, y señala que en su  momento      pedirá      el      cambio     de     radicación     “para  todos  los  procesos  de  igual  naturaleza      al      de      Willington      Cuesta      Córdoba”.   

Visto el contenido de las manifestaciones de  la  memorialista,  las  cuales no contienen una clara petición que deba motivar  pronunciamiento  alguno  por  parte  de  la  Corporación,  y en consideración,  además,  a  que  contra  la  determinación  adoptada  en  el  auto  del  30 de  septiembre  de  2009  no  cabe  recurso  alguno, el Despacho solamente tiene que  decir  que  –tal como lo  precisó  la  referida  providencia-  la  decisión  de cambio de radicación no  viene  determinada  por  la  existencia  de  motivos  que  provengan del ámbito  subjetivo  del funcionario judicial sino por circunstancias externas a él, más  exactamente  las  señaladas  en  el  artículo  85  de  la  Ley  600  de  2000.   

En lo demás, la Sala no es competente para  responder  a  las  inquietudes  relatadas por la funcionaria acerca de supuestas  irregularidades  surgidas  en  el  trámite  de  los  procesos  que  su despacho  adelanta,  pues  para  ello existen las instancias judiciales, administrativas o  disciplinarias  correspondientes  a  las cuales deberá dirigirse, sin perjuicio  del  ejercicio de  las facultades de corrección que le asisten respecto de  los    sujetos    procesales,    en    su    condición   de   juez.”   

PETICIÓN DE CAMBIO DE RADICACIÓN  

La  Juez  Promiscuo del Circuito de Riosucio  apoya  la  petición  de  cambio  de  radicación  de  los cinco procesos arriba  reseñados, en los siguientes argumentos:   

La  funcionaria  empieza  por  precisar  los  antecedentes  procesales  que,  en su criterio, han dado lugar a los motivos que  ameritan    el    cambio    de   radicación   de   las   aludidas   actuaciones  penales.   

Así, sostiene que las razones que motivan su  petición  han  tenido  su  génesis  en  un  proceso  agrario  adelantado en su  despacho  en  el  que  figuraron  como  demandados  Liria Rosa García, Fernando  Pérez,   Manuel  Gregorio,  Cuerto  González,  Dina  Luz  Restrepo,  Marcelina  Sandoval   y   Manuel   Galarcha,  y  como  demandante  Claudia  Ángela  Argote  Romero.    Ésta  última  reclamaba  la  posesión  de  un  predio  de  su  propiedad, ocupado ilegalmente por los citados ciudadanos.   

Aduce que una vez admitida la demanda, ésta  no  pudo  ser  notificada  a  los demandados pues éstos se negaron a recibirla,  motivo  por  el  cual  dicho  trámite  se  hizo  a través de un testigo.   Refiere,  además, que en el curso de la práctica de pruebas, los demandados no  comparecieron  a  una  diligencia  de  interrogatorio  de parte dispuesta por el  despacho.    

Finalmente,   el   proceso   –adelantado  con  sujeción a las normas  que     regulan    la    materia,    “habida   cuenta  que  el  juez  no  tiene  poderes  sobrenaturales,  dice  la  Juez”-  terminó  con sentencia del 28 de agosto de 2008, por medio de la  cual  su  despacho  ordenó el lanzamiento de los ocupantes de hecho del predio,  pues  se  demostró  que la demandante ostentaba la posesión del bien inmueble,  mientras  que  los demandados la despojaron de manera violenta, decisión que no  fue recurrida por la parte vencida.   

Desde  la  culminación  del aludido proceso  agrario  –asegura la Juez-  los  demandados,  a  través  de  la Organización no Gubernamental Congregación     Intereclesial    Justicia    y    Paz,  de  la  que  hace parte la abogada Sara María Mejía Botero, han  adoptado  diversas  estrategias  para  evitar  el  cumplimiento de la sentencia:   

i)  A  través de la conformación de falsas  situaciones,  y  alterando  la  realidad  de los hechos, indujeron en error a la  Corte  Constitucional;  fue  así  como  obtuvieron  a  su favor la adopción de  medidas  cautelares.  En particular, señala que nunca se demostró que los  demandados  pertenecieran  a  la  comunidad negra, que fueran desplazados ni que  ocuparan el lote de manera legítima.   

ii)  Crearon  en  el  predio  ocupado  una  zona  humanitaria a la cual  no  tiene  acceso  ninguna  autoridad;  así mismo, tal como se demostró en una  inspección  judicial  que  tuvo lugar dentro del proceso agrario, dicha zona no  existía  al  tiempo  de  la actuación judicial, por el contrario, lo que allí  había  era  una  invasión.   Por  lo  tanto,  la  existencia  de  la zona  humanitaria  solamente  vino  a ser alegada después del proceso agrario, no por  el   Consejo  Comunitario  de Curvaradó, sino por la aludida ONG, la cual,  por  demás,  no  representa  a  la  comunidad  negra.   Además, agrega la  funcionaria,    la    zona   humanitaria  no  hace  parte  del  Consejo  Comunitario  de  Curvaradó, ni los  invasores la ocupan con el aval de éste.    

iii)    En    su   contra   –alega  la  Juez  de Riosucio- se elevó  una  tutela,  la cual fue fallada a su favor por el Tribunal Superior de Quibdó  y  confirmada  por  la  Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, en decisión  del 5 de agosto de 2009.   

La funcionaria judicial precisa que los cinco  procesos  penales  a  su  cargo  en  los  cuales  se hace necesario el cambio de  radicación  tuvieron  origen  en  la  investigación  penal  adelantada  por la  Fiscalía   14   Especializada  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  por  las  conductas  punibles  de rebelión desplazamiento forzado,  homicidio en persona protegida y concierto para delinquir.   

Dice desconocer qué relación pueda existir  entre  los  demandados  en  el antes reseñado proceso agrario y los acusados en  las  aludidas  cinco  actuaciones  penales  que  cursan en su despacho.  No  obstante,  señala  que desde cuando emitió la sentencia que puso fin al asunto  agrario  ha  venido  siendo  objeto  de “persecución       y      descrédito      extraproceso”,    así    como   de   “prácticas inadecuadas y desleales con  la    administración    de   justicia”  por  parte  de la abogada Sara Mejía Botero, integrante de la ONG  Comunidad  Intereclesial  Justicia  y Paz,  quien,  a su vez, es defensora de Willington Cuesta Córdoba y de  varios  de los procesados en los ya detallados negocios penales que cursan en su  despacho.   

Hace  consistir los actos de persecución en  su  contra  por  parte  de  la  defensora  Mejía  Botero,  en  que “han   acudido   a   los   medios   de  comunicación”, y a la Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  para  obtener  de  ella,  con apoyo  “en mentiras y situaciones  falsas  e  inexistentes”, el  cambio   de   radicación   del   proceso  contra  el  citado  Cuesta  Córdoba,  “acusándome  de realizar  acciones  que  atentan  contra  las  comunidades,  y  hasta  se me ha denunciado  penalmente  por el delito de prevaricato”.            

Manifiesta  que  el señor Manuel Moya Lara,  denunciante  y  víctima  de  los  hechos  investigados  por  la Fiscalía 14 de  Derechos   Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario,  presentó  ante  su  despacho  un  derecho  de petición el 24 de noviembre de 2009 y fue ultimado el  17  de  diciembre  del  mismo  año, en compañía del testigo de cargo Graciano  Blandón y su hijo.    

La  funcionaria  considera  que  los  hechos  narrados  han  puesto en serio peligro su seguridad, en especial porque la Corte  Suprema  dio  crédito  a  los  argumentos  de  la  abogada  Mejía Botero y, en  consecuencia,  dispuso el cambio de radicación hacia Bogotá del proceso contra  Willington  Cuesta  Córdoba.   Pide,  entonces,  que  como  una  medida de  protección  a  su vida e integridad, se proceda al cambio de radicación de los  procesos  referidos,  toda  vez  que  se  iniciaron por los mismos hechos, y por  cuanto en su sede no existen garantías de seguridad.   

Por  otra parte, la Juez señala que como la  aludida  abogada  la  denunció  por  incurrir  en  prácticas  en contra de las  comunidades,  y  “como su  pedimento  fue escuchado y por esa razón se determinó el cambio de radicación  dentro  del  proceso penal seguido contra Willington Cuesta Córdoba”,    considera    que    “por  lealtad con la administración de  justicia” debe ser separada  del  conocimiento de “TODOS  estos  asuntos…  pues no  comprendo  cómo  podría actuar como juez en unos procesos y en otros no, si se  trata  de  los mismos hechos, los mismos denunciantes, las mismas víctimas, las  mismas              pruebas”.   

Por  todo  lo  anterior,  solicita  que  se  disponga  el  cambio  de radicación de las actuaciones reseñadas para que sean  tramitados  sin  injerencia  de  grupos  armados  al  margen de la ley y así se  garantice su seguridad personal.   

PRONUNCIAMIENTO DEL TRIBUNAL  

La  Sala  Única  del  Tribunal  Superior de  Quibdo,  en  decisión  del  26  de  febrero de 2010, dispuso la remisión de la  solicitud  de  cambio  de  radicación  con destino a la Corte, pues estimó que  éste  debe  operar  hacia otro distrito judicial, para que así se garantice la  imparcialidad  e  independencia de la administración de justicia, como también  la seguridad de los sujetos procesales e intervinientes.   

No  obstante  que  el  Tribunal de Quibdo no  resolvió  de fondo la petición de cambio de radicación, estimó que se hallan  demostradas   las   condiciones   que   permiten  acceder  a  él:  i)  la situación de seguridad de la juez  de  Riosucio  en  una  zona de alteración del orden público, en la cual fueron  ultimados  Graciano Blandón, Manuel Moya Lara y Argenito Díaz Tapias, miembros  todos  ellos  del  Consejo  Comunitario  de Curvaradó, y denunciante el primero  dentro  de  las  diligencias  en las que fue acusado Edwin Guzmán Martínez, y;  ii)  la  afectación  de la  imparcialidad  o  independencia de la administración de justicia en el trámite  de  los  procesos  derivados  de  la  radicación  No.  2022,  por razón de los  señalamientos  que  en su contra efectuó la abogada asesora de la ONG JUSTICIA  Y PAZ por haber proferido decisiones en contra de la comunidad.   

La Corporación se apoya además en el cambio  de  radicación  dispuesto   por  la  Corte  en el radicado 32157 del 31 de  julio  de  2009, pues como ocurrió en ese caso, aquí también se enjuicia a un  integrante  de  las  FARC,  grupo que hace presencia en todo el Departamento del  Chocó  y  que  –a su vez-  determinó  el  desplazamiento  forzado  de  las  comunidades  de Jiguamiandó y  Curvaradó.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Competencia.  

1.  Comoquiera  que  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Quibdo estima que el cambio  de  radicación  de  los  cinco procesos que se siguen en el despacho de la Juez  Promiscuo  de  Riosucio, a su vez originados en la acusación proferida el 21 de  diciembre  de  2007 por el Fiscal 14 de la Unidad de Derechos Humanos y Derechos  Internacional  Humanitario,  debe  operar  hacia  un distrito judicial distinto,  dicha  circunstancia,  de  conformidad  con  lo  establecido en el numeral 8 del  artículo  75  de  la  Ley  600  de  2000, le otorga a la Corte competencia para  resolver de plano sobre el cambio de radicación solicitado.   

Fundamentos   y   fines   del   cambio  de  radicación.                     

2.  El  cambio  de  radicación  es  un  mecanismo  jurídico perentoriamente regulado a través del  cual  puede  exceptuarse  la regla general de competencia deducida por el factor  territorial,  cuando  se  compruebe  de  manera  fehaciente que en el territorio  donde  se  está adelantando el juicio existen circunstancias que pueden afectar  el  orden público, la imparcialidad o la independencia de la administración de  justicia,  las  garantías  procesales,  la  publicidad  del  juzgamiento,  y la  seguridad  o integridad personal de los sujetos procesales o de los funcionarios  judiciales,  como  lo  estipula  el artículo 85 ibídem.  Se trata pues de  motivos  externos  al  juzgador  y  ajenos  devenir  procesal de las actuaciones  judiciales.   

Es,  entonces, uno de los fines primordiales  del  cambio  de  radicación asegurar que el fallo sea proferido por un juez que  esté  en  el  medio  adecuado  para  que  pueda dispensar una recta, cumplida y  eficiente  administración  de  justicia,  cuando  por  converger  alguna de las  circunstancias  anteriores,  la  serenidad  ideal  en  el  funcionario  judicial  competente se hubiere quebrantado.   

Las circunstancias concretas en que se ubique  la  solicitud  de  cambio  de  radicación  que  formule  alguno  de los sujetos  procesales  deberán  estar  probadas,  o poder comprobarse objetivamente en las  actuaciones,    siendo    obligatorio    para   quien   las   propone   señalar  específicamente   y   de   manera   sustentada   las  razones  que  motivan  la  petición.   

Sin embargo, la exposición de tales motivos  no  podrá  consistir  en  raciocinios  subjetivos,  ni  en  suposiciones, ni en  valoraciones   aisladas  acerca  de  la  conveniencia  de  variar  la  sede  del  juzgamiento,  sino  en  el  aporte  o señalamiento de los medios de convicción  idóneos    que   permitan   adoptar   la   decisión   con   respaldo   en   la  realidad.   

El  funcionario  llamado a resolver sobre la  solicitud  de cambio de radicación no puede sustituir en la labor probatoria al  sujeto  procesal  que  lo  ha  promovido,  porque la decisión debe adoptarse de  plano,  y  en atención a la naturaleza del procedimiento que regula la materia,  que  radica  la  carga  de  la  prueba  básicamente  en  cabeza del interesado.   

Se  deduce  de  lo anterior que el cambio de  radicación   es   una   medida   residual  y  extrema  que  se  concede  cuando  definitivamente  ya  no  existan mecanismos jurídicos alternativos destinados a  neutralizar  las  causas  que  lo generan, o cuando pese a haber acudido a otras  formas  de prevenir o remediar el conflicto latente y extraño al proceso penal,  no se hubieren obtenido los resultados esperados.   

El caso concreto.  

Dos  son  las  circunstancias  que  para la  funcionaria  judicial de Riosucio han de justificar el cambio de radicación que  solicita:   

1.   En   primer  lugar  la  “persecución     y     descrédito  extraproceso” de que se ha  valido  la abogada Sara María Mejía Botero para descalificar su gestión, así  como   las   “prácticas  inadecuadas   y   desleales   con  la  administración  de  justicia”   que   ha   implementado   la  misma  profesional  para  evadir  el  cumplimiento  de  una sentencia dentro de un caso  agrario.    

En  particular,  la funcionaria lamenta que  tanto  la  Corte  Constitucional  (al  adoptar medidas cautelares a favor de los  representados  por  la  abogada Mejía Botero) como también la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia  (al  disponer  el  cambio  de  radicación  solicitado  por  la misma a favor de  Willinton  Cuesta Córdoba) hubiera acogido las mentiras sobre las que se fundó  para  obtener  dichos  pronunciamientos,  los  cuales  fueron  el  resultado  de  maniobras  encaminadas  a  desprestigiar su gestión y evadir el cumplimiento de  una sentencia agraria.   

El  argumento que formula la Juez Promiscuo  de  Riosucio  no  tiene  la  idoneidad  para sustentar alguno de los motivos que  permiten el cambio de radicación.   

Lo  anterior, por cuanto su raciocinio deja  ver  no  un motivo externo al proceso sino una indisposición de ánimo respecto  de  las  maniobras  acometidas  por  la  abogada  Mejía  Botero,  encaminadas a  oponerse  a sus decisiones judiciales y –según   dice-   desprestigiar   su  gestión.    Ello  se  trasluce  en  el  soporte  argumentativo  del escrito por medio del cual formula  aquí  la  petición  de cambio de radicación, como también encuentra un claro  antecedente  que  quedó  plasmado  en  el  auto  del  15  de diciembre del año  anterior,  a  través del cual se le dio respuesta a sus inquietudes, según las  cuales:  “no son ciertas  las  afirmaciones sobre las cuales la abogada solicitante fundó la petición de  cambio  de  radicación,  en  especial aquellas por medio de las cuales sostiene  que  el  despacho a su cargo adoptó decisiones en contra de los derechos de las  comunidades      de      Curbaradó”.   

Pues bien, la Juez Promiscuo del Circuito de  Riosucio,  como también el Tribunal del Chocó al avalar su argumento, incurren  en  un  desatino al apoyar la petición de cambio de radicación en el argumento  según  el  cual  la  Sala  -al  disponer lo propio respecto del proceso seguido  contra  Willinton  Cuesta Córdoba- descalificó su gestión y, por lo tanto, no  podría  ahora seguir conociendo de ninguno de los procesos penales que tuvieron  el mismo origen que aquél seguido contra el mencionado acusado.   

Es  verdad  que  la abogada solicitante del  cambio  de radicación de la actuación seguida contra Willinton Cuesta Córdoba  cuestionó  la gestión de la funcionaria y expresó que ésta habría proferido  decisiones en contra de la comunidad.    

No obstante, basta una lectura desprevenida  del  auto de la Sala del 30 de septiembre de 2009 para entender que el cambio de  radicación  entonces  dispuesto  no se fundó en lo que la abogada peticionaria  estimó  constituían  irregularidades procesales supuestamente cometidas por la  Juez.   El  cambio  de  radicación  se  dispuso  porque a favor del citado  ciudadano  existía  una petición proveniente de la Comisión Interamericana de  Derechos  Humanos,  organismo  de  la  Organización  de  Estados  Americanos, a  través  de  la  cual  requería  al  Estado  colombiano para adoptar medidas de  protección a su favor.    

Dicho    requerimiento    –de  obligatorio cumplimiento, dados los  compromisos  internacional  adquiridos  por el Estado para la protección de los  derechos  humanos-  fue  el  fundamento para que la Corte accediera al cambio de  radicación   solicitado,   mas   no   –insiste  la Sala- la denuncia de presuntas irregularidades cometidas  por  la  Juez  Promiscuo  del  Distrito  de  Riosucio al impartir justicia en la  correspondiente actuación procesal.   

Recuérdese  cómo,  respecto  del  caso de  Willinton   Cuesta   Córdoba,   enmarcado  dentro  de  las  dinámicas  de  las  Comunidades  de  los Ríos Jiguamiandó y Curvaradó, el organismo internacional  de  Derechos Humanos, recavó en la obligación de protección que pesa sobre el  Estado  Colombiano,  según  lo  dispuesto en las aludidas resoluciones del 6 de  marzo  de  2003,  17 de noviembre de 2004 y 15 de marzo de 2005.  A través  de    dichos   instrumentos   se   requiere   a   las   autoridades   nacionales  para:   

“adoptar  medidas  necesarias  para  proteger  la  vida e integridad personal de todos los  miembros  de  las  Comunidades  del Jiguamiandó y del Curbaradó y asegurar que  ellos   puedan   seguir   viviendo   en   su   residencia   habitual1   

, sin ningún tipo de coacción o amenaza,  y   que   los   desplazados   regresen  a  sus  hogares  o  a  las  “zonas     humanitarias”     establecidas     por    estas  Comunidades.   Igualmente,  debe  investigar  los  hechos  que motivaron la  adopción  y  el  mantenimiento  de  las  medidas  provisionales  con  el fin de  identificar     a     los    responsables    e    imponerles    las    sanciones  correspondientes”.   

Por  lo  tanto,  mal  puede  hoy la Juez de  Riosucio  invocar como antecedente el cambio de radicación dispuesto en el auto  del  30  de  septiembre  del  año anterior, radicado No. 31553, como uno de los  fundamentos  para formular hoy la misma petición frente a otros cinco procesos,  solamente  por  el  hecho  de  que éstos hubiesen tenido el mismo origen.   Así  las  cosas,  que se hubiese dispuesto el cambio de radicación del proceso  seguido  contra  de  Cuesta  Córdoba  por  razón de las medidas de protección  requeridas  a  su  favor por la CIDH no permite extender, sin más, dicha medida  excepcional a los demás procesos.   

Ahora  bien,  si  para  la  funcionaria las  decisiones   adoptadas   la   Corte  Constitucional,  Corte  Suprema,  Comisión  Interamericana   de   Derechos  Humanos,   así   como   la   creación     de     la   reseñada   zona  humanitaria   fueron   determinadas   por   maniobras  fraudulentas,   podrá   ejercer   las   medidas   conducentes   para  que  esas  precisas  circunstancias se investiguen.   

Del  mismo  modo,  si  considera  que  la  actuación  de  la  abogada  Sara  María  Mejía  Botero  no  se  ajusta  a los  parámetros  del  ejercicio  ético  y  legal  de su profesión, podrá también  poner   en   conocimiento   de   las  instancias  correspondientes  –disciplinarias,  penales  y  policivas-  los  hechos que estima irregulares, y acudir a los mecanismos que establecen los  ordenamientos   legales   para   garantizar   el   cumplimiento  de  los  fallos  judiciales.   

Lo   cierto   es,   entonces,   que   las  circunstancias  reseñadas  en  primer  lugar  no son idóneas para sustentar el  cambio  de  radicación,  pues  como  tales  no  afectan el medio dentro del que  transcurre  el  proceso  de  manera  tal  que  impidan  la  imparcialidad  en el  funcionario  judicial,  sino  que  están  referidas  a las diferencias sobre la  manera   en  que  uno  de  los  sujetos  procesales  ejerce  su  gestión.    

2.  La otra circunstancia que alega la Juez  para  fundar  la  petición de cambio de radicación la hace consistir en hechos  de  alteración del orden público que impiden garantizar la imparcialidad en la  administración  de  justicia;  así, sostiene que las maniobras efectuadas  por  la  abogada  Mejía  afectan  su  integridad;  aduce  que  junto  a  dichas  actuaciones   debe   considerarse  la  muerte  violenta  de  Manuel  Moya  Lara,  denunciante  y  víctima  dentro  de la investigación que originó los procesos  respecto de los cuales pide el cambio de radicación.   

Para  asumir  una  postura  respecto  del  argumento  formulado,  se  hace indispensable insistir en que las circunstancias  de  orden  público que se dan en el territorio donde se desenvuelve el trámite  procesal  y  que  impiden  su  imparcial  y  recta  solución,  deben  tener una  incidencia  clara  en  la actuación judicial.  Lo anterior, por cuanto, de  no  ser así, podría llegarse al extremo de justificar el cambio de radicación  de  todos  los expedientes que cursan en un determinado territorio en el que hay  alteraciones  de  orden público en mayor o menor grado, sin que exista un claro  vínculo  entre  la  situación de violencia y la recta impartición de justicia  en un caso dado.    

Es precisamente por lo anterior que la Corte  ha establecido lo siguiente:   

“sin  información  concreta, debidamente sustentada, sobre alguno de los factores que  harían  viable  el  cambio  de radicación a un distrito judicial diferente, se  insiste,  la petición es improcedente, pues es sabido  que  la  situación  de  todo  el país tiene cierto grado de dificultad para el  ejercicio   de   la   función   pública   en  todos  los  órdenes,  de  modo  que no se vislumbra el efecto positivo orientado hacia  las  garantías  de  un  juzgamiento  en  estricto derecho, que eventualmente se  conseguiría    si    se   autoriza   el   cambio   de   radicación”    (subraya    la   Sala   en   esta  oportunidad)2.   

Y en el mismo sentido en que la Corporación  aquí insiste, dijo lo siguiente:   

“Es  preciso  insistir  en  que  la  medida  excepcional  que  aquí  se adopta responde a una  situación  de  tipo  coyuntural,  de  donde  no  es  dable suponer, ni que todo  proceso  que por el delito de rebelión que se adelante en determinadas regiones  del  país,  per  sé deba ser radicado en un distrito judicial diferente al que  naturalmente  corresponde;  ni  tampoco  que  en  ciertos  casos la decisión de  cambio  de  radicación  se  convierta  en  precedente  judicial  de obligatorio  acatamiento;  sino  que,  se  insiste,  es  una  medida de tipo excepcional, que  obliga  en  cada  caso  a  un  análisis  de  las  circunstancias invocadas y la  demostración  de  los  presupuestos  exigidos por la ley para acceder a la  variación  competencial,  además  del  deber  que  le asiste al funcionario de  agotar    en   principio   su   trámite   dentro   del   mismo   Distrito   Judicial”3   

Así las cosas, la Corporación debe admitir  que  en  verdad en el Departamento del Chocó mantienen presencia grupos armados  al  margen  de  la  ley, entre ellos las FARC.  No obstante lo anterior, la  funcionaria   judicial   no  acredita  con  suficiencia  de  qué  manera  dicha  situación  de  violencia es razonablemente determinante para prever la falta de  imparcialidad  en  las  decisiones  que  han  de  resolver de fondo los procesos  respecto de los cuales se pide el cambio de radicación.   

La  Juez de Riosucio resalta que (aparte de  las  maniobras desplegadas en perjuicio de la administración de justicia por la  abogada  Mejía  Botero)  en  los  meses  anteriores,  en  episodios  separados,  perdieron  la vida de manera violenta Argénito Díaz Tapias, Manuel Moya Lara y  Graciano  Blandón,  miembros  del  Consejo Comunitario de Curvaradó.  Con  todo,  aún  cuando  los  referidos  decesos encontraran demostración dentro de  estas  diligencias,  no  aparece  claro que tengan una relación decisiva con el  curso   procesal   de   las   actuaciones   relacionadas   al   inicio  de  este  proveído.       Se      sabe     de     las     víctimas     –según  lo  que  refiere la funcionaria  peticionaria  y  la  prensa  local-  que  todas  ellas eran miembros del Consejo  Comunitario  de  Curvaradó,  pero  sólo por eso la Corte no alcanza a avizorar  cuál  es  la  relación  entre  la  dinámica  que  dio  lugar a su muerte y el  trámite   procesal  de  cada  una de las actuaciones de las cuales se pide  cambio de radicación.   

Un  tal  vínculo  no  se  vislumbra  con  suficiente   claridad,  además,  porque  no  debe  perderse  de  vista  que  la  funcionaria  judicial   admite que desconoce la relación que pueda existir  entre  los  condenados  con  ocasión del proceso agrario por ella fallado y los  procesados  en  los  casos  penales  de  los  que  reclama  la  modificación de  competencia  territorial;  simplemente  –así  lo reseña- ha visto que a partir de la sentencia condenatoria  proferida   en   el   proceso   agrario   ha   sido   objeto   de   “toda   clase   de   persecución   y  descrédito         extraproceso”.     

De   allí   entonces  que  la  verdadera  injerencia  de  la endémica alteración del orden público en el recto trámite  de  las  actuaciones procesales tantas veces citadas es apenas hipotética, pues  la    funcionaria   la   funda   en   “las  prácticas  inadecuadas  y desleales con la administración de  justicia”  desplegadas por  la  abogada  para  lograr  su descalificación, las cuales  lejos están de  constituir  un constreñimiento de tal magnitud que sea imposible de resistir, o  bien  constitutivos  de amenazas insuperables.  Por el contrario, lo que se  conoce  es  la  crónica  alteración  del orden público en el Departamento del  Chocó   que   afecta  por  igual  a  todas  las  instancias  administrativas  y  judiciales.   

3.   Recuérdese   en   este   punto  que  –como la Sala lo advirtió  en  precedencia-  el  cambio  de  radicación es una excepción a la competencia  territorial;  por  ello  a quien lo solicita le asiste la carga de demostrar sus  presupuestos.   Así,  resulta  obligatorio  aquí entrar al estudio de los  elementos   de  juicio  que  allega  la  funcionaria  judicial  para  apoyar  su  pedimento,  con  el  fin de constatar su alcance demostrativo respecto de alguna  de     las     circunstancias      que     justifican    el    cambio    de  radicación.   

i)  Fallo  de  tutela de segunda instancia,  proferido  por  la  Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia el 5 de agosto de  2009.   A  través  de  dicha  determinación,  la funcionaria peticionaria  busca  demostrar  la  legalidad de su gestión dentro del proceso agrario tantas  veces mencionado en este proveído.   

Luego  de revisar el contenido del fallo en  estudio,  la  Sala concluye en que éste no tiene la virtud de demostrar aquello  que   la   Juez   pretende,  pues  la  Corporación  de  segundo  grado  omitió  pronunciarse  de  fondo  sobre  el  caso  propuesto, en la medida en que estimó  improcedente,  al igual que el fallador de primer grado, el uso del mecanismo de  la   acción   de   tutela   para   controvertir   decisiones  judiciales.    

Con todo, aún cuando la Sala Civil hubiese  entrado  a  estudiar  el  fondo  de la demanda de tutela, de todos modos ello en  nada  serviría  para acreditar o desvirtuar los motivos que dan lugar al cambio  de  radicación  que  en  esta actuación se reclama, pues el pronunciamiento en  sede  de tutela habría de versar sobre una actuación distinta a aquella dentro  de la cual se solicita el cambio de competencia territorial.   

ii)  La  Juez  reclamante  cita y allega un  derecho  de  petición suscrito por el líder comunitario Manuel Moya Lara, pero  omite  enseñar  a  la  Corte de qué manera dicho documento demuestra alguno de  los  presupuestos  del  cambio  de  radicación.    Así,  no  ve esta  Corporación  cómo  el  documento  aludido  que  tenga  esa aptitud, pues basta  revisar  su  contenido  para constatar que se trata de una petición para que la  funcionaria   judicial   de  Riosucio  certifique  el  estado  procesal  de  las  actuaciones  derivadas  del radicado 2022 de la Unidad de Fiscalías de Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario.   Por  lo  tanto,  ningún  elemento  de  juicio  se desprende de la prueba en comento que permita acreditar  la  concurrencia de alguno de los  presupuestos justificantes del cambio de  radicación.   

iii) Un ejemplar del periódico Chocó  7 días que registra la noticia de  la  muerte  violenta  de Argenito Díaz Tapias, Manuel Moya y Graciano Blandón,  de  los  que  –según dice-  eran  miembros  del Consejo Comunitario de Curvaradó, al tiempo que refiere que  el  homicidio  de  los  dos  últimos  “fue    cometido    por    miembros    de    las    FARC”.     Tampoco   la   reseña  periodística  tiene  la virtud probatoria que la Juez le pretende asignar, pues  no  pasa  de  registrar  el  hecho,  mas no ofrece elemento de juicio alguno que  permita  asociar razonablemente el trámite de los cinco procesos penales con la  situación de orden público.   

iv)  Copia de las declaraciones de Graciano  Blandón   y  Manuel  Moya  Lara rendidas el 28 y 29 de septiembre de 2004,  las  cuales  obran  dentro  de  todos  los  procesos  respecto  de los cuales se  solicita  el  cambio de radicación.  En dichos testimonios, los deponentes  refieren   su   vinculación  con  el  Consejo  Comunitario  de  Curvaradó,  la  influencia  en  ese  organismo  de  la  guerrilla  de  las  FARC,  así como sus  diferencias   con  ese  grupo  armado   ilegal.   Una   vez   más,    de    las    pruebas   en   mención   se  desprende   la   condición   de  denunciantes  y   víctimas   de   los declarantes,  así  como  la   influencia   regional   del  grupo  subversivo,  mas no  se  alcanza  a  vislumbrar  cómo la muerte de los entonces deponentes, ocurrida  casi  6  años  después  de  rendidas  las  aludidas  declaraciones,  dentro de  procesos  que  ya  han  transcurrido  en  su  mayor  parte  y están próximos a  terminar,    sea   una   advertencia   para   torcer   la   administración   de  justicia.   

v) La apertura de indagación preliminar en  contra  de  la Juez Promiscuo del Circuito de Riosucio, como así lo comunica el  oficio  del  primero  de  septiembre de 2009 emanado de la Fiscalía 11 Delegada  ante  el  Tribunal  Superior   de   Quibdo,  no  puede   constituir     una     circunstancia    de    aquellas   que    permiten   el   cambio   de   radicación,   pues    por   sí   misma  no  denota  una  amenaza  o  coerción  indebidas,  encaminadas  a  hacer prevalecer  en el territorio donde cursan  los  procesos  un clima de alteración de orden público, o que pueda afectar la  imparcialidad en su resolución.   

Ahora  bien,  ello  no obsta para llamar la  atención  en  cuanto  que  de  proseguir la actuación procesal en contra de la  funcionaria  judicial  de Riosocio posiblemente pueda concurrir a futuro algunas  de    las    causales   de   impedimento  que enuncia el artículo 99 de la Ley 600 de 2000, figura del todo  distinta al cambio de radicación.    

No  obstante en lo que tiene que ver con el  asunto  que aquí se resuelve, la mera apertura de una indagación preliminar no  configura  una  situación  que  justifique apartarse del conocimiento del caso,  menos  aún  se  constituye  en  motivo  que configure una situación de las que  permiten materializar los presupuestos del cambio de radicación.   

Por  último,  ya  se  precisó  cómo  la  decisión  del 30 de septiembre de 2009, a través de la cual la Sala dispuso el  cambio  de  radicación  respecto del proceso adelantado contra Willinton Cuesta  Córdoba  sea  idóneo  para,  con  los  mismos  argumentos, justificar la misma  medida en este caso.   

4.        En       conclusión,  la Sala no halla acreditados  en  este  momento  los  presupuestos  del  cambio  de  radicación,  según  los  argumentos   que   aquí   propone   la   funcionaria   judicial   que  así  lo  solicita.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

ABSTENERSE   DE   ORDENAR   el   cambio   de  radicación  de  los  procesos  identificados  al inicio de esta proveído, los  cuales  se  tramitan ante el Juzgado Promiscuo del Circuito de Riosucio (Chocó)   

Comuníquese  esta  decisión  al  Juzgado Promiscuo del Circuito de  Riosucio (Chocó) y a los sujetos procesales.   

Contra  esta  determinación  no  procede  recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                                                                                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1                     Cfr.,  inter  alias, Caso de las Comunidades del Jiguamiandó y del  Curbaradó,   supra  nota  1,  considerando  décimo;  Caso  de  la  Comunidad  de  Paz  de  San  José  de  Apartadó,  supra  nota  1,  considerando  octavo,  y  Caso      Giraldo      Cardona,      Medidas    Provisionales.     Resolución    de    la    Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos  de  5  de  febrero  de 1997, considerando  quinto.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 28 de marzo de  2006, radicación No. 25191.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 31 de julio de 2009,  radicación No. 32157.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *