33792(28-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  33792   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 236.  

Bogotá  D.C.,  julio veintiocho (28) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Procede  la  Corporación  a  verificar  el  cumplimiento   de   las   exigencias   de   formulación  lógica  y  suficiente  argumentación  en  el  libelo  casacional  presentado  por  el apoderado de las  víctimas  (Martha  Teresa Castro Pinzón    y    José    Vicente    Hernández  Cobos),  contra  el  fallo  de  segunda instancia, que  dando  cumplimiento  a la sentencia T-138 de 2009 proferida mayoritariamente por  la  Sala  Quinta  de  Revisión  de la Corte Constitucional, adoptó el Tribunal  Superior  de  Bogotá el 23 de noviembre de 2009, mediante el cual absolvió por  duda   a   SANDRA  MILENA  CAÑÓN  PINTO  de  los  cargos  formulados  como  presunta autora del concurso de  delitos   de   hurto   calificado  agravado  y  perturbación  de  la  posesión  agravada.   

HECHOS  

Los  sucesos  que  dieron  lugar  a  estas  diligencias  fueron  sintetizados  en  el  fallo  del Tribunal en los siguientes  términos:   

“El 1º de junio  de  2003  SANDRA  MILENA  CAÑÓN PINTO adquirió el establecimiento de comercio  denominado    ‘Punto  45’,   a   través  de  contrato  de compraventa suscrito con el señor Hugo Arsecio Restrepo Echeverri,  por  la suma de treinta y cinco millones de pesos ($35.000.000), local destinado  a   la   venta   de   comidas   rápidas   y   expendio  de  licores”.   

“La  señora  CAÑÓN  PINTO el 8 de junio de 2005 arrienda el establecimiento al señor José  Vicente   Fernández   por  el  término  de  12  meses,  fijando  un  canon  de  arrendamiento  de  un  millón  de pesos ($1.000.000), pactándose igualmente la  opción  de  compra  por  la  suma  de  treinta millones de pesos ($30.000.000),  siendo   entregado   el   local   al   arrendatario   el  día  9  de  junio  de  2005”.   

“El   22  de  septiembre  de  2005,  el  señor  José Vicente se asocia con la señora Martha  Teresa  Castro  Pinzón,  quien se compromete a sufragar los gastos causados por  la  adecuación  del establecimiento, para abrir las puertas al público el día  29 de octubre de 2005”.   

“El   3   de  noviembre  del  mismo  año,  se  presenta  al lugar la señora Sandra Milena en  compañía  de  otras personas, sacando de manera violenta a quienes se hallaban  allí  trabajando,  cambiando  las  guardas de la puerta, bajando los letreros y  apoderándose del establecimiento”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  14 de julio de 2006 el Juzgado Cincuenta  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías dispuso devolver el  establecimiento  de  comercio  a los denunciantes, providencia confirmada por el  Juzgado   Once  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  esta  ciudad.   

El  3  de  agosto siguiente, ante el Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  con  función  de  control  garantías  de Bogotá, la  Fiscalía    formuló    en    audiencia    imputación    contra   SANDRA  MILENA  CAÑÓN PINTO como posible  autora  del  concurso de delitos de hurto calificado agravado (numerales 1º del  artículo  240  y numerales 10º y 11 del artículo 241 de la Ley 599 de 2000) y  perturbación  de  la  posesión  agravada  (artículos  264  y  267 numeral 1º  ejusdem),  la  cual  no fue  aceptada por la incriminada.   

La Fiscalía presentó escrito de acusación  el  2 de septiembre de 2006, por los mismos delitos referidos en la audiencia de  formulación de imputación.   

El  curso del juicio oral fue adelantado por  el  Juzgado  Veinticinco Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá, despacho  que  una  vez  surtido  el  rito establecido en la ley, profirió fallo el 19 de  noviembre  de  2006,  a  través del cual absolvió a la procesada de los cargos  por  los  que se la acusó, decisión que al ser impugnada por la Fiscalía, fue  revocada  por el Tribunal Superior de Bogotá mediante sentencia del 30 de marzo  de     2007,    condenando    a    SANDRA    MILENA  CAÑÓN  a  la pena principal de ochenta y cuatro (84)  meses  y  veinte  (20)  días de prisión y multa de cinco (5) salarios mínimos  legales  mensuales,  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de  la  libertad,  como autora penalmente responsable del concurso de delitos objeto  de acusación.   

En  la  misma  providencia  le fue negada la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, pero le fue sustituida la  prisión intramural por domiciliaria.   

          Contra  el  fallo del Tribunal el defensor de la procesada interpuso  recurso  de  casación  y allegó en tiempo el correspondiente libelo, pero esta  Sala  mediante  auto  del  23  de  agosto  de  2007  decidió  inadmitirlo,  por  considerar  que el recurrente no ajustó su demanda a las reglas dispuestas para  acceder a tal impugnación.   

          El  12  de septiembre siguiente la defensa solicitó se ejerciera el  mecanismo  de  insistencia contra la inadmisión del recurso, la cual fue negada  mediante providencia de la Sala del 24 de los mismos mes y año.   

          El  9  de  noviembre  de  2007 la sentenciada promovió ante la Sala  Jurisdiccional   Disciplinaria   del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Cundinamarca,  acción  de  tutela contra el fallo condenatorio proferido por el  Tribunal,  así  como  contra  el  auto  inadmisorio  de la demanda de casación  adoptado   por   esta  Colegiatura.  Aquella  Corporación  ordenó  remitir  el  expediente  a  la  Corte  Suprema  de Justicia, donde la Sala de Casación Civil  decidió  inadmitir  la  demanda  de  tutela  por dirigirse contra un órgano de  cierre de la jurisdicción ordinaria.   

Entonces,  SANDRA  MILENA  CAÑÓN interpuso nuevamente la acción ante el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de Cundinamarca, la cual fue admitida en  febrero  22 de 2008 y luego de surtido el trámite pertinente se profirió fallo  el 6 de marzo siguiente negando el amparo solicitado.   

          Impugnada  la sentencia de tutela por quien fungió como defensor de  la   mencionada   ciudadana   en  el  trámite  penal,  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de la Judicatura adujo que como el citado  profesional  no  allegó  poder para actuar, carecía de legitimidad para atacar  el  fallo  de  amparo  y  por  tanto, se abstuvo de conocer del recurso en tales  condiciones presentado.   

          A  través  de  auto  del  24  de octubre de 2008, la Sala Quinta de  Revisión  de  la  Corte Constitucional dispuso solicitar el envío de una parte  del  proceso  ordinario, correspondiente a la segunda instancia que se adelantó  ante  el Tribunal de Bogotá y finalmente, el 27 de febrero de 2009 decidió por  mayoría  revocar  el fallo de tutela de primer grado, para en su lugar conceder  el  amparo  del  derecho fundamental al debido proceso de la accionante, dejando  sin  efecto  la  sentencia  de  condena  proferida  en su contra por el Tribunal  Superior   de   Bogotá   y   ordenó  que  dicha  Corporación  “profiera   nueva  providencia  con  arreglo  a  los  términos  del  presente fallo”.   

          Con  proveído  del 23 de noviembre de 2009 el referido Tribunal dio  cumplimiento  a  lo  ordenado  en  la  decisión de amparo constitucional, en el  sentido   de   proferir   sentencia   absolutoria   a   favor   de  SANDRA  MILENA  CAÑÓN, por existir duda  acerca de su responsabilidad.   

          Entonces,    el    apoderado    de   las   víctimas   (Martha     Teresa     Castro    Pinzón  y   José   Vicente   Hernández   Cobos),  interpuso  recurso de casación contra dicha decisión y allegó  dentro  del plazo establecido por el legislador la correspondiente demanda, cuya  admisibilidad se analiza en esta providencia.   

EL LIBELO  

Al  amparo de la causal tercera de casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante formula un  solo  cargo  contra  el  fallo del ad quem  por  errores  de  hecho  derivados  de falsos juicios de identidad  sobre la ponderación judicial de las pruebas.   

          En  el  desarrollo  del reproche, luego de transcribir fragmentos de  la  decisión atacada, el censor afirma que el Tribunal se limitó a transcribir  los  argumentos  planteados por la Corte Constitucional en el fallo de revisión  de  tutela,  pero  que  si  la  “Corte  Suprema  de  Justicia  toma  atenta nota de los hechos habría tenido que concluir, contrario  a  lo  expresado,  que  la  perturbación  a  la posesión sobre inmueble sí se  tipificó    y   que   la   misma   fue   injusta   y   antijurídica   por   la  sindicada”.   

          Agrega     que     la     Corte    Constitucional    “deformó    el   contenido   del   hecho   que   aparece   probado,  estableciéndose  plenamente  que  la  VIOLENCIA  exigida  por  la  disposición  sustantiva  infringida,  es predicable totalmente a la imputada, desvirtuándose  con  ello  la  presunción  de inocencia tutelada por la alta corporación y con  las    mismas   declaraciones   decepcionadas   (sic)  y    que    no    valoro  (sic)  el  ad  quem,  se  demuestra  una  situación  diferente”.   

          Acto  seguido,  el  recurrente efectúa una síntesis de lo expuesto  por  los  declarantes  José Vicente Fernández, Edwin  Durán  Guerra, Jhon Jairo Barón, Jesús Pérez Acosta, Víctor Eduardo Fonseca  López     y    Daniel  Galeano.   

          Luego   afirma   que   “respecto  a  la  tipificación  de  hurto  calificado  y  agravado,  son  (sic)  igualmente  erróneos y con un desconocimiento  total  de  las  pruebas,  las  conclusiones  a  que  llega  la Corte”,   “error   que  llevo  (sic)  incluso a desconocer al Tribunal  que  la  prueba documental, abundante, no tenían (sic)  la  virtud  de inferir indicio alguno, que el punible  si se tipifico (sic)”.   

          Puntualiza    que    la   duda   señalada   por   el   ad  quem se desvirtúa con los documentos  aportados,   así   como   con  las  “declaraciones  decepcionadas      (sic)”     a     José  Vicente  Fernández  y Martha  Teresa  Castro  Pinzón,  quienes  apoyados  en  las  facturas, discriminaron los enseres adquiridos para remodelar  el local.   

Posteriormente  el  defensor  transcribe las  normas  correspondientes  a los delitos de perturbación de la posesión y hurto  calificado   agravado  obrantes  en  la  actuación,  para  luego  señalar  que  SANDRA  MILENA CAÑÓN PINTO  fue  la autora de tales conductas, de manera que “el  Tribunal  violo (sic), la ley  sustancial,  como consecuencia de errores de hecho por falso juicio de identidad  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  deformar  el  contenido  de los hechos que  resultan  de  las  pruebas,  sino  también  incurrió en yerro ostensible al no  atribuir  valor  alguno  a  los demás indicios corroborándose la situación de  por si acreditada”.   

          De   lo   expuesto   concluye   el  demandante  que  “aparece  debidamente  acreditada  la  materialidad  del  punible  e  perturbación  a  la  posesión  y  que su autor es Sandra Milena Cañón Pinto,  pues  si  de  lo  que se trataba era de un amigable convenio con el señor José  Vicente     Fernández,     no     se     entiende    por    que    (sic)   se  hizo  acompañar  de  varias  personas   la   imputada,   cambio  (sic)  las  guardas y lo mas (sic) insólito,  cuál la razón para que arribara al lugar la policía,  si  como  ella  dice  en  declaración,  llego  (sic),  pregunto (sic) por  Fernández,  a  quien  espero  (sic)  sentada  en una mesa y luego entablaron conversación  amigable,  en  razón  de la cual se convino entregar el local por supuesto acto  desleal del denunciante”.   

          Con  base  en lo anterior, el recurrente solicita a la Sala casar el  fallo objeto de impugnación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha dicho esta Colegiatura que si bien la Ley  906  de 2004 no distingue entre recurso de casación por la vía común y por la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito por  el  cual  se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación,  lo  cierto  es  que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el artículo 180 de la referida normatividad para dicha  impugnación,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

          Además  se observa que según el artículo 184 de tal legislación,  no  será  admitida  la  demanda  casacional  cuando  el  impugnante  carezca de  interés,  no  señale  la  causal,  no  desarrolle  adecuadamente los cargos de  sustentación  o  cuando  se  advierta que no es necesario el fallo para cumplir  algunas de las finalidades del recurso.   

Desde  luego, en el examen de los requisitos  de  admisibilidad  de las demandas de casación, corresponde a la Sala verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus reproches con sujeción a los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación definidos por el legislador y desarrollados  por  la  jurisprudencia,  a  fin  de  evitar  que este recurso extraordinario se  convierta   en   una   tercera  instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir  que los libelos se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  acomete  la  Corporación  el  anunciado estudio sobre el cargo formulado por el  apoderado  de  las  víctimas,  en el cual propone la violación indirecta de la  ley  sustancial  derivada  de  errores  de  hecho por falso juicio de identidad,  yerro  que  tiene  lugar  cuando  el juzgador se equivoca al apreciar la prueba,  pues  pese  a obrar en la actuación, cuando procede a ponderarla la distorsiona  en     su     información    objetiva,    cercenándola,    adicionándola    o  tergiversándola.   

Cuando el casacionista invoca dicho yerro, es  de  su  resorte  señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo  asumido  en el fallo, qué aparte fue omitido o añadido a la  prueba,  qué  efectos  se  produjeron  a  partir de ello y, lo más importante,  cuál  es la trascendencia del yerro en la declaración de justicia contenida en  la   parte   resolutiva   de   la   sentencia  atacada,  tópico  de  inadecuada  demostración  con la simple exposición subjetiva del criterio del actor acerca  del  valor  suasorio  del  medio  de  prueba  sobre  cuya ponderación considera  recayó  el  error,  pues  debe  acreditar  materialmente  que tal incorrección  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a  la  aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión   reprochada,   labor   no   acometida   por   el   censor   en   este  asunto.   

El  anterior aserto cobra especial veracidad  al  constatar  que en la acreditación del reparo el impugnante procede simple y  llanamente  a ofrecer de manera desordenada sus comentarios sobre las pruebas en  punto de la responsabilidad penal de la acusada.   

En  efecto,  puede  observarse que sin mayor  esfuerzo   el   demandante  insiste  en  la  tipificación  de  los  delitos  de  perturbación  de  la posesión y hurto calificado, pero no atina a señalar los  apartes  de  las pruebas que fueron adicionados o cercenados, a fin de conseguir  demostrar el yerro postulado.   

          Nótese  que en lugar de destacar los apartes omitidos o adicionados  en  las declaraciones de los testigos, procede a efectuar un resumen de lo dicho  por   cada   uno  de  ellos,  proceder  que  deja  sin  demostración  el  error  denunciado.   

          Tampoco   identifica   los   documentos   omitidos   o   adicionados  fragmentariamente,   con   repercusión   en   el  sentido  del  fallo  atacado,  quedándose   en   una   alusión   global  a  los  mismos,  pero  sin  siquiera  identificarlos para establecer a qué se refiere.   

          No  explica  a la Sala de qué manera con las pruebas obrantes en la  actuación  se  consigue  disipar  la duda reconocida en la sentencia impugnada,  acudiendo una vez más a expresiones generales e indemostradas.   

De  otra  parte  se  tiene  que  si  bien el  demandante  hace  explícito  su  interés en atacar la prueba indiciaria, no se  percata  que  para  emprender tal cometido debía identificar con claridad si la  equivocación  se  cometió  respecto  de los medios demostrativos de los hechos  indicadores,  la  inferencia lógica, o en el proceso de valoración conjunta al  apreciar  la  articulación,  convergencia y concordancia de los varios indicios  entre  sí,  o  entre  éstos  y  las  restantes  pruebas,  para  llegar  a  una  conclusión fáctica desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  recayó   en   la   apreciación   del   hecho   indicador,   en   cuanto   debe  acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le  resultaba  establecer  si  se  trató  de un yerro de hecho o de derecho, a qué  especie corresponde y cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con el cual se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es su aplicación correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

En suma, palmario resulta en punto del ataque  a  la  prueba  indiciaria,  que  el  censor no se sujeta a las reglas lógicas y  argumentativas  para configurar de manera adecuada su censura, circunstancia que  permite  advertir  serias  incorrecciones  lógicas  y  de  acreditación  en el  libelo.   

El recurrente únicamente procedió a plasmar  su   criterio  personal  y  afirmó  sin  demostración  alguna  que  las  dudas  señaladas  en  el  fallo  pueden  ser eliminadas, sin adentrarse a especificar,  como  era  su  obligación,  de  qué  manera  concreta  podría tener lugar tal  actividad  orientada  a  acreditar  la  materialidad  de   los delitos y la  responsabilidad  de  SANDRA MILENA CAÑÓN.   

Encuentra la Sala que el actor se desentiende  de  la  dual  presunción  de  acierto y legalidad de la cual está revestida el  fallo,  pues sólo procede a ensayar la prolongación de los debates librados en  las  instancias,  desconociendo  el  carácter  extraordinario  de este recurso,  dispuesto  para  denunciar  errores  ciertos, demostrados y trascendentes de los  falladores,  capaces  de  derruir  el sentido de la sentencia atacada, olvidando  también  que  de  acuerdo  con  el  artículo 183 de la Ley 906 de 2004, era su  deber  plantear  en  la demanda “de manera precisa y  concisa  las  causales  invocadas y sus fundamentos”,  al   punto   que   ni   siquiera   indica   el   sentido  del  fallo  casacional  deprecado.   

         De  lo  anterior  se  concluye  que si el  impugnante no sometió       su      libelo  a las exigencias dispuestas para  postular  y  demostrar  su  reproche  contra  el  fallo  de  segundo  grado  y,  en  virtud del principio de  limitación   propio  del  trámite   casacional   la   Sala   no  se  encuentra  facultada  para  enmendar  tales   falencias,   de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004 se  impone su inadmisión.   

          Para  concluir  impera  señalar que no se  observa   en   el  fallo  impugnado  o dentro del curso de la actuación procesal violación de derechos o  garantías    de    los   intervinientes,  como  para  que tal circunstancia impusiera superar los defectos  de  la  demanda para decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   el   apoderado   de   las  víctimas  (Martha    Teresa    Castro    Pinzón    y    José    Vicente    Hernández  Cobos), de conformidad con las razones expuestas en la  anterior motivación.   

Según   lo  dispuesto  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del demandante  acudir  al  mecanismo de de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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