33755(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 33755  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 152  

Bogotá  D.C.,  doce  (12) de mayo de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MANUEL  ANTONIO ACOSTA  BERNAL,  contra la sentencia de segundo grado de 28 de octubre de 2009, mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de Armenia confirmó la emitida por el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  del  mismo  Distrito  Judicial,  por cuyo medio lo  condenó como autor del delito de daños en los recursos naturales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Ante  la  remisión hecha por la Corporación  Autónoma   Regional  del  Quindío  del  informe  técnico  de  la  visita  que  funcionarios  de  esa entidad ambiental practicaron el 13 de agosto de 2003 a la  finca       “La  Palmita” de propiedad del  señor  MANUEL ANTONIO ACOSTA BERNAL, ubicada en la avenida Centenario con calle  2ª  de  la  ciudad  de  Armenia,  en  el  cual  se  le  ordenaba  suspender las  actividades  de depósito de material o relleno del predio por tratarse de suelo  de   protección   ambiental,   la   Fiscalía  General  de  la  Nación  abrió  investigación   penal   en   contra   de   aquél   y   lo   vinculó  mediante  indagatoria.   

Al  no  ser  necesario resolver su situación  jurídica  conforme  con  la Ley 600 de 2000, al momento de calificar el mérito  del  sumario  el  30  de  mayo  de 2007 se profirió en su contra resolución de  acusación  como  autor  del  delito  de  daño  en  los  recursos naturales, de  conformidad  con  el  artículo  331  del Código Penal, decisión que adquirió  firmeza el 14 de junio siguiente.   

La  fase  del  juicio la adelantó el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de Armenia, despacho que luego de llevar a cabo el  acto  público  de  juzgamiento,  a  través  de sentencia de 7 de septiembre de  2009,  condenó  a  MANUEL ANTONIO ACOSTA BERNAL como autor del delito objeto de  acusación,  a  las  penas  principales de veinticuatro (24) meses de prisión y  multa  de  treinta  y  tres millones doscientos mil pesos ($33.200.000,oo), así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción aflictiva de la libertad,  concediéndole   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  defensor,  el  Tribunal Superior de Armenia mediante sentencia de 28 de  octubre  de  2009  confirmó  la  decisión,  adicionándola  al  condicionar el  otorgamiento  del  subrogado  penal  a  la  previa  remoción  de  los escombros  irregularmente  depositados  en  el predio, fijándole para ello un plazo de dos  (2) meses.   

Contra  la  decisión  de  segundo  grado  el  defensor   interpuso   recurso  extraordinario  con  la  respectiva  demanda  de  casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Un  cargo  formula el censor por “ERROR  DE  HECHO,  CREADO  POR  FALSO  JUICIO  DE  IDENTIDAD,  Y  POR ENDE UNA OMISIÓN TOTAL DE LA PRUEBA.”              —sic—,  que  aparejó  la no aplicación de  los  artículos  13,  29  de  la  Constitución  Política; 6°, 7° del Código  Penal;   4°,   5°,  6°,  7°  y  8°  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

En  primer  lugar,  hace  un  recuento de las  actuaciones  de carácter administrativo surtidas ante la Curaduría Urbana y la  Alcaldía  de  Armenia,  así  como  en  la  Corporación Autónoma Regional del  Quindío  relacionadas  con  la  finca “La  Palmita”,  para  seguidamente  dolerse de que esta última entidad, con el argumento de las  consecuencias   que   se   generaban   al  medio  ambiente,  hubiera  suspendido  preventivamente  las  obras  adelantadas,  porque según el demandante, nunca se  acreditó  técnica  o  científicamente  la  supuesta acción destructiva en el  predio.   

Aduce  que  no se sabe qué va a pasar con el  lote,  por  cuanto  a  su  propietario  no  se  le permite intervenirlo, verlo o  visitarlo,   y   que  le  tocará  venderlo  para  poder  cancelar  la  sanción  impuesta.   

En criterio del defensor, no es cierto que su  representado  haya destruido, inutilizado o desaparecido algún recurso natural.  Él  no  quería  causar  algún daño, sólo pretendía adecuar el terreno para  adelantar     “las  construcciones    civiles,   tanto   horizontales   como   verticales   que   se  requirieran” previos  estudios  técnicos  correspondientes,  y si se le hubieran  permitido  terminar  tales obras, al día de hoy ya tendría algunos cultivos de  naranja, plátano, aguacate en el mismo.   

En  segundo  término, critica a la Fiscalía  por   haber   tenido  en  cuenta  únicamente  los  conceptos  emitidos  por  la  Corporación  Autónoma  Regional  del  Quindío  para  proferir  resolución de  acusación  en contra de su asistido, desconociendo la licencia de construcción  concedida  por  la Curaduría Urbana de Armenia, acto administrativo que goza de  la presunción de legalidad.   

Señala  que  por su parte la juez de primer  grado  no  buscó  la verdad y no tuvo en cuenta las pruebas demostrativas de la  inocencia  de  su asistido, al limitarse también a lo dicho por la Corporación  Autónoma  Regional  del  Quindío  acerca  del  daño  al  área de protección  ambiental,  cuando  no  es  cierto  que  la  totalidad  del  terreno  tenga  tal  calificativo,  pues  según  Planeación  Municipal  también hay allí una zona  residencial.   

Agrega  que  los  miembros  de  la  Sala  de  Decisión  del  Tribunal Superior de Armenia debieron declararse impedidos, dada  la  amistad  con  la  juez  de  primer  grado  al  haber  sido dependiente suya,  contrariamente,  agravaron  la situación de su representado cuando le ordenaron  retirar  el  material  del  terreno  para  poder gozar del subrogado penal de la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

De  la  misma forma, pone de presente que el  fallo  sólo  fue  firmado por dos Magistrados porque uno de ellos se encontraba  de  permiso,  preguntándose  el  censor  qué hubiera pasado de surgir  un  salvamento de voto.   

Ya  en  lo que respecta a las conspiraciones  del  juez  plural,  denuncia  que  no  fueron  realizados  estudios técnicos al  terreno  a  fin  de  acreditar  si  realmente  tiene una pendiente superior a 25  grados,  pues  con  la  visita  de  observación  de  la  Corporación Autónoma  Regional  es  imposible  determinar  tal  rango,  requiriéndose por lo tanto el  respectivo levantamiento topográfico.   

Y  que  tampoco  el  Tribunal  aceptó  el  argumento  de  los  peritos,  cuando  estos  indicaron  que no tenían elementos  necesarios  para pronunciarse acerca de la posible afectación a la fauna y a la  flora y que solo evidenciaban un detrimento al recurso del suelo.   

Refuta  al juez colegiado por estimar que si  bien  mediaba  permiso de construcción por parte de la Curaduría Urbana, ya la  Corporación  Autónoma  Regional de Armenia había indicado la imposibilidad de  adelantar  obras  en  el  predio, porque para el censor la autonomía de aquella  entidad  es  en  toda  la  ciudad,  además, la Alcaldía Municipal a través de  Planeación  debía vigilar y controlar las normas urbanísticas y la ejecución  de las licencias expedidas por el Curador.   

Para  el  censor,  como  su  asistido obtuvo  permiso  de  la  autoridad urbanística, el incumplimiento a lo dispuesto por la  Corporación   Autónoma   Regional   del  Quindío  conllevaría  una  sanción  disciplinaria  pero  no  un  delito, pues éste se configura por el “incumplimiento  de  la  normatividad  vigente”  y  no  con  lo  dictado  por  una  entidad que si bien es autoridad ambiental y está legitimada  para  realizar  la  evolución, control y seguimiento de los recursos naturales,  lo   debe   hacer   en  compañía  de  la  Curaduría  como  máxima  autoridad  urbanística.   

Por  último,  discrepa de la consideración  del  ad quem acerca de que la  Corporación  Autónoma  Regional  deba  catalogar  los  suelos,  pues,  para el  recurrente,  tal facultar pertenece al Plan de Ordenamiento Territorial mediante  la  concertación  de  las  autoridades  ambientales  y urbanísticas y, en este  caso,    un   área   del   predio   “La  Palmita”  estaba      catalogada      como      “actividad  básica residencial en eje  secundario”.   

Finalmente   el   libelista   formula  los  siguientes interrogantes:   

1.  ¿Cuáles  fueron  los  motivos  por los  cuales  el  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta la delimitación que hay en el predio  entre lo urbanístico y lo ambiental?   

2. ¿Por qué no se aceptó judicialmente que  la intervención del terreno se hizo en el área residencial?   

3.  ¿Por  qué  se  concluyó  el  daño al  recurso  del  suelo, desconociendo que lo único que hay es la trasformación en  su parte urbanística?   

4. ¿Cómo se puede comprobar el daño a los  recursos naturales pasados siete años?   

5.   ¿Quién   aplica   la   demarcación  informativa  del  predio  realizada  por la Curaduría Urbana acerca de un área  con    actividad    residencial,    zona    en    la    cual    se    hizo    la  intervención?   

Por  lo  tanto,  solicita a la Sala casar el  fallo a fin de declarar la inocencia de su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  acuerdo  con el inciso 1º del artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, el recurso extraordinario de casación es viable  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  proferido  por  los   citados  tribunales o el delito por el que se procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior a dicho quántum punitivo, el  inciso  3º  del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal faculta a esta  Sala  para  admitir  discrecionalmente  las  demandas  de casación  que se  ajusten  a  los  requisitos  legales  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

En  esta  excepcional  vía  es  deber  del  impugnante  precisar  la razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento  de  la  Corte,  sea  que  se  requiera  su  criterio  de autoridad acerca de una  determinada  figura  jurídica  o la urgente unificación o actualización de la  jurisprudencia,  así  como  también,  debe  indicar  el  por qué la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad tanto de dar solución al asunto, como de servir  de norte en la actividad judicial.   

O  si  la  pretensión  del  actor  apunta a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, ha de acreditar igualmente tal  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  y  de  manera  obvia,  la  forma como fueron desconocidas en el fallo  recurrido.   

Advertido  lo  anterior,  en  el  caso de la  especie  se observa que ante la menor lesividad del bien jurídico del delito de  daños  en  los recursos naturales por su límite máximo punitivo (seis años),  en  todo  caso inferior al exigido en el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el  recurso sólo es posible a través de la casación excepcional.   

Pese  a ello, la precariedad demostrativa que  exhibe  el texto de la demanda impide motivar la atención de la Corte acerca de  las  vertientes  que  admiten  tal  vía,  sea  para  la  clarificación  de  la  jurisprudencia  a fin de emitir un pronunciamiento respecto de un tema jurídico  especial,  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, o para  restaurar  el  agravio de alguna garantía fundamental que le fuera vulnerada al  procesado ACOSTA BERNAL.   

Si como es sabido, la casación no corresponde  a  una  instancia  adicional  y  que,  por  lo  mismo,  no puede buscarse con su  interposición   que  la  Corte  revise  íntegramente  y  sin  limitaciones  la  actuación,  aquí  el  defensor  realiza un ataque indiscriminado, al punto que  repara  en  actuaciones  y decisiones administrativas ajenas al fallo de segundo  grado,  y  en ocasiones, apuntala contra los razonamientos de la Fiscalía en la  resolución   de   acusación,   en   vez   de   centrar  su  atención  en  las  consideraciones   judiciales   que   llevaron  a  predicar  la  autoría  de  su  representado   en   un   delito   contra  el  bien  jurídico  de  los  recursos  naturales.   

En     una     aporía    (enunciado     que     expresa    una    inviabilidad    de    orden  racional),   se  presenta  la  tesis  que  exhibe  el  demandante     acerca     de     que     se     configuró    un    “ERROR  DE  HECHO,  CREADO  POR  FALSO  JUICIO  DE  IDENTIDAD,  Y  POR  ENDE UNA OMISIÓN TOTAL DE LA PRUEBA”,   pues  estaría  abordando  dos  modalidades  de yerro fáctico de por sí excluyentes;  tanto  el  falso  juicio  de  existencia, el cual tiene lugar cuando el juzgador  omite  una  prueba  que  obra  en  el  diligenciamiento, como el falso juicio de  identidad, en caso de distorsionar su contenido fáctico.   

Las  disímiles  críticas  elaboradas por el  casacionista   impiden   delimitar  si  su  disenso  se  centra  en  que  en  la  ponderación  de  los  hechos  objeto de juzgamiento se arribó a una equivocada  adecuación  a los supuestos normativos, sin que pueda siquiera afirmarse que en  el cargo ofreció un examen alternativo de las pruebas.   

Ni  aún  es  posible  entender  el  reparo  acudiendo   al   principio  de  caridad,  propio  de  la filosofía analítica (acuñado por Donald Davidson  en     su     teoría     de     la    interacción  comunicacional),  el  cual  lleva al intérprete, como  receptor  del lenguaje común empleado por otro, a desentrañar o suponer dentro  de  la  comprensión  y  comunicación  lingüística  que  las afirmaciones son  correctas.   

En  efecto,  si  se  asume que el recurrente  aboga  por  la  protección de la garantía del debido proceso de su asistido en  lo  referente  a  que  los  miembros  de la Sala de Decisión del Tribunal no se  declararon  impedidos para conocer del recurso de apelación promovido contra el  fallo  condenatorio  dada  su  amistad  con la juzgadora de primera instancia al  haber  fungido otrora como dependiente de ese cuerpo colegiado, o por haber sido  suscrita  la  sentencia  sólo  por  dos  Magistrados, la simple enunciación de  tales  eventualidades  le  resta  la  aptitud  suficiente  para la admisión del  reparo,    máxime    que   no   esboza   alguna   pretensión   de   anulación  procesal.   

Respecto  del  primer  tópico,  el  censor  no    demuestra   la  perturbación  de  la  objetividad  judicial  de  los  Magistrados  o el compromiso de su ecuanimidad por la amistad con la funcionaria  de primer grado, vínculo que obviamente tampoco acredita.   

En  este  orden,  olvida  que  la  Corte  al  analizar  de  manera  general  las  causales  o  motivos  de  exclusión  de los  funcionarios  judiciales  del conocimiento de un asunto, como figuras jurídicas  instituidas  para  garantizar  la  objetividad e independencia en la función de  administrar  justicia,  de  manera  reiterada ha precisado que no genera nulidad  cuando  un  funcionario  obligado a declararse impedido no lo hace, dado que los  sujetos  procesales  pueden  acudir  al  instituto  de  la recusación, amén de  mediar   otros   mecanismos  de  carácter  disciplinario  y  penal.1   

En  el  segundo  tema,  tampoco  dedica  el  impugnante  espacio  a  acreditar  la incidencia que pudo tener la firma de solo  dos Magistrados del fallo condenatorio.   

Aquí  como  consta  en  el fallo, uno de los  Magistrados  se  encontraba  de  permiso,  y si bien una de las garantías de la  doble  instancia  está relacionada con que el superior funcional que conoce del  recurso  de  apelación  sea  plural  y  la  decisión se adopte por la mayoría  (artículo  54  de  la  Ley 270 de 1996), no es un imperativo que deban ser tres  los  integrantes  de  las Salas de Decisión de los Tribunales, pues incluso las  Salas   duales,  mientras  se  convierten  en  impares  son  permitidas  por  el  parágrafo   transitorio   del   artículo   19   de   la   Ley  Estatutaria  en  comento.   

En  todo  caso  el número par habilita para  decidir  al  conformar la mayoría, máxime que en los casos de impedimentos que  inhabilitan  a uno de los Magistrados, “la   designación   del  conjuez  sólo  es  necesaria  cuando  los  integrantes    de    la    sala   dual   no   constituyen   mayoría”2.   

Tampoco  puede  entenderse  que  anhela  el  restablecimiento  de  las  garantías  del  procesado  en  lo relacionado con la  interdicción  de  reforma  peyorativa  ante  la adición en el fallo de segundo  grado  de  retirar  los escombros del predio para que pueda hacerse merecedor de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, porque tal situación  obedeció  al  claro  mandato contemplado en el numeral 3° del artículo 65 del  Código  Penal que establece como una de las condiciones para el otorgamiento de  tal  subrogado  el de reparar los daños causados con el delito, y aquí además  de  que  los  escombros  indebidamente  depositados  por  ACOSTA  BERNAL aún se  encuentran  allí,  tal  orden  de retiro de los mismos ya había sido impartida  por  la Corporación Autónoma Regional del Quindío mediante Resolución 098 de  2004.   

Concerniente  a las razones del Tribunal para  confirmar  el  fallo, de las cuales discrepa el libelista por no haber tenido en  cuenta  que su representado contaba con un permiso de construcción expedido por  la  Curaduría  Urbana  de  Armenia,  desdeña  que  precisamente en el fallo se  advirtió su obrar doloso porque,   

“…tenía  conocimiento  desde  el  19 de marzo de 2002 acerca de que no podía desarrollar  las  obras  proyectadas  tal  como  se  lo  comunicó  la Corporación Autónoma  Regional  a  través  del Oficio N° 1071, no obstante, acudió a una Curaduría  sin  jurisdicción  en  la  zona de ubicación de la finca La Palmita y el 22 de  marzo  del  mismo  año  obtuvo  el  permiso  inicial; el 31 de julio de 2003 la  modificación  del  mismo;  posteriormente,  a  pesar de la orden de suspensión  decretada  mediante  resolución  N°  716 de agosto 11 de 2003, la reiteración  que  en  ese  sentido  se le hiciera por parte de los investigadores del CTI que  atendieron  la  misión  de trabajo librada por el fiscal del caso, como por los  funcionarios  de  la  Corporación  Autónoma Regional en sus continuas visitas,  prosiguió  con  la  ejecución  de  las  obras,  quedando sin fundamento de esa  manera   la   buena   fe   invocada…”.   

Y   acerca   de  la  ausencia  de  daño  y  desconocimiento  del dictamen en que así lo determinaba, la misma cita que hace  el  recurrente  de  la  prueba  permite  advertir  que  si  bien  los peritos no  evidenciaron   detrimento  a  la  flora  y  fauna,  no  ocurría  lo propio  respecto  del  suelo, de ahí que el Tribunal concluyera con que bastaba la  afectación de:   

“…uno de los  recursos  naturales para que se produzca igual situación en el ecosistema, pues  si  se  recuerda que éste es el conjunto de entidades materiales: flora, fauna,  aire,  suelo, agua, que se integran en forma armónica en un espacio determinado  y  su  complicada  dinámica implica una cadena de interacciones entre todos los  seres  vivos  e  inertes  que  lo  integran,  no  era  necesario  que  además  de  que se afectara el suelo, corrieran igual suerte la  flora  y  la  fauna  del lugar, pues con la afectación de aquél imperiosamente  sufre    menoscabo    el    ecosistema.”      (subrayas     ajenas     al  texto)   

Del  mismo modo, resulta vano el esfuerzo del  defensor  de  dar  preeminencia al permiso dado por la Curaduría Urbana para la  adecuación  del  terreno  propiedad  de su asistido, frente a la negativa de la  Corporación  Autónoma  Regional  para  adelantar  tales obras, porque con ello  desconoce  que  esta  entidad  es la encargada legalmente de velar en su ámbito  territorial  por  el medio ambiente y de propender por su desarrollo sostenible.   

Así, el artículo 31 de la Ley 99 de 1993 le  asigna,   entre   otras,   las   funciones   de:  i)  velar  por  la  cumplida  y oportuna aplicación de la  normatividad   relacionada   con  la  disposición,  administración,  manejo  y  aprovechamiento      de      los      recursos      naturales,      …              iv)  evaluar  y  controlar  los  usos del  agua,  el  suelo,  el  aire y los demás recursos naturales renovables en lo que  tiene  que  ver  con  el  vertimiento, emisión o incorporación de sustancias o  residuos  líquidos,  sólidos  y  gaseosos,  a  las  aguas en cualquiera de sus  formas, al aire o a los suelos.   

En  consecuencia,  el   recurrente   no   cumple   con   las   exigencias legales dispuestas  para   que  proceda  la  admisión  de  su  libelo  de  casación  por  la  vía  excepcional,  además,  la  Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el fallo impugnado violación de derechos o garantías de ACOSTA BERNAL como  para  que se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le  asiste  a  fin de asegurar su protección en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

NO   ADMITIR  la  demanda de casación interpuesta por el defensor   

de  MANUEL  ANTONIO  ACOSTA  BERNAL  por las  razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                               AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  ente  otras,  providencias  del 19 de enero de 2006. Radicación 20769 y de 6 de  mayo  de  2009. Radicación 29328.            

2 Corte  Suprema  de  Justicia.  Providencia  de  5  de  diciembre  de  2002. Radicación  18883.     

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