33724(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33724  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 260   

Bogotá  D.C.,  agosto dieciocho (18) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  WÍLFER  RAMÍREZ  DÍAZ.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. “El   26  de  julio  de  2004  –así sintetizó los primeros la segunda  instancia—, la Sijín puso  en   conocimiento   de   la   Fiscalía   la  existencia  de  una  organización  delincuencial      denominada      ‘el   hueco’,  conformada  por  unas 30 personas, dedicada a la comisión de hurtos mediante la  utilización  de armas de fuego en las calles 46, 47 y 48 entre carreras 46 y 47  del  Barrio  Mariano  Ramos  de  esta  ciudad. La prueba testimonial allegada al  plenario  señala a los aquí procesados como integrantes de dicha organización  al  margen  de la ley y coautores de los delitos contra el patrimonio económico  cometidos     dentro    del    plan    criminal    de    la    misma”.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  22  de octubre de 2004, fueron vinculadas a través de indagatoria  varias  personas, a las cuales la Fiscalía resolvió la situación jurídica el  8  de noviembre siguiente y calificó el mérito probatorio del sumario el 14 de  septiembre  de 2005, así: acusación en contra de ERLYN JHOHANA SANDOVAL VENTE,  EDINSON  CAICEDO OROBIO, WÍLFER RAMÍREZ DÍAZ, JORGE ARMANDO GARCÍA SANDOVAL,  JULIO  CÉSAR  CASARÁN,  ALEXÁNDER  VIVEROS,  JHONATAN  LEANDRO OSORIO VIVAS y  ARLEY  QUIÑONEZ  MICOLTA, en condición de coautores de los cargos de concierto  para   delinquir,   hurto  calificado  agravado  y  porte  ilegal  de  armas;  y  preclusión  de  la instrucción a favor de DUVER ANDRÉS VIVAS y ÁNGELA YURANI  GONZÁLEZ  RIASCOS.  Tal  determinación  quedó en firme el 30 de septiembre de  2005.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  26  de  febrero  de  2008  el  Juzgado  3º Penal del Circuito  Especializado   de  Cali,  tras  el  sometimiento  a  sentencia  anticipada  del  procesado  EDINSON CAICEDO OROBIO, condenó a los demás acusados a 130 meses de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el mismo término. No les concedió la condena de ejecución condicional ni  les   sustituyó   la   pena   privativa   de   la   libertad  por  la  prisión  domiciliaria.   

4.    Varios  defensores,  incluido el de WÍLFER RAMÍREZ DÍAZ, apelaron ese pronunciamiento  y  el  Tribunal Superior de Cali, por intermedio de la sentencia recurrida   en  casación,  dictada  el  19  de octubre de 2009, le impartió confirmación.   

LA DEMANDA:  

Después de afirmar el casacionista que no se  demostró  con  certeza  la  responsabilidad  penal de su defendido, de advertir  trato   procesal  discriminatorio  derivado  de  la  condición  racial  de  los  acusados,  de  afirmar  que se condenó a su representado por haber transgredido  la  ley  penal 15 años atrás y de expresar que la diligencia de reconocimiento  en  fila  de  personas incumplió los requisitos legales, formuló dos reproches  contra  la  sentencia,  uno  de nulidad y otro de violación indirecta de la ley  sustancial.   

Cargo de nulidad.  

          Se   transgredieron   los   derechos  de  debido  proceso,  defensa,  contradicción  y  los  principios  de  legalidad  e investigación integral. Se  desconocieron,  igualmente,  la  presunción  de  inocencia  y  las  reglas  que  disponen    cómo   se   debe   practicar   el   reconocimiento   en   fila   de  personas.   

          La  conculcación  de las garantías de debido proceso y defensa, en  particular,  obedeció a que “los testigos dan cuenta  de   una   cotidianidad   marginal  y  disfuncional  del  vecindario”  y “no   de  haber  sido  víctimas  de las personas detenidas,  pues  acudieron  a  señalar responsabilidad por remoquetes sin que existiera un  estado    de   flagrancia”.   El   video   allegado  “ubica   personas   afro  descendientes  en  tareas  ilícitas  pero  sin  guardar  correspondencia  con  los  capturados”.     Por    breve    –y  para  no  dejar  dudas  acerca de la falta de sustentación de la  censura—  se  reproduce lo  restante de ella a continuación:   

“El   desconocimiento   al   mandato  de  investigar  no  sólo  lo  perjudicial  sino también lo favorable al procesado,  pero  no sólo en cuanto a esa dinámica sino al sentido pulquérrimo de valorar  los     pros     y     contras    (sic).   

“Hay   nulidad,   cuando   los  testigos  incriminatorios   no   fueron   en   el   panel   de   juzgamiento   materia  de  contrainterrogatorio,  que  se  erige  en  violación  del  debido  proceso y el  derecho  a  la defensa porque la defensa pública no pudo infirmar la acusación  anfibológica que se erigió contra la persona que represento.   

“El no haber extremado estas posibilidades  –dice   por  último  el  censor—,  significa  una  violación de los derechos fundamentales de mi defendido”.   

          Segundo     cargo.     Violación     indirecta     de     la    ley  sustancial.   

          Planteó   el   impugnante  al  interior  de  la  misma  censura  la  ocurrencia de tres errores de hecho:   

El  primero  por  falso juicio de existencia  originado  en  la  omisión del “contrainterrogatorio  en   el   juicio   de   los   testigos   indirectos  que  incriminan”  y  porque  se  “torsió”   (sic)  el  sentido  de  las  pruebas  recaudadas,  las  cuales  “no   daba(n)    para    la   conclusión   de   orden   condenatorio”.    La   mencionada   prueba  de  descargo  “conducía   a  debilitar  casi  totalmente  los  medios  probatorios  incriminatorios,  era  idónea  y conducente para llevar a la convicción de que  el  actuar del procesado al expedir los recibos fue atípico de algún delito, o  sembrar  al  menos  la  duda  que  se  debía  resolver  en su favor”.   

El  segundo  por  falso  juicio de identidad  “como  consecuencia  de  una valoración indebida de  los   testimonios  de  cargo”.  Los  dichos  de  los  declarantes  indirectos  o  de  oídas  fueron cercenados porque “no  fueron  sometidos  al crisol del contradictorio, pues los fallos  no   contienen   ni   siquiera  una  sana  crítica  a  esas  piezas”.   Si   los   juzgadores  hubieran  considerado  “la  crítica  testimonial” realizada por  la  defensa,  habrían  concluido  que  las  manifestaciones  del procesado eran  creíbles  y  hubiesen  admitido  que  era inocente. Los hechos indicantes de su  responsabilidad  no  se  probaron  a  plenitud,  siendo  evidente la ausencia de  indicio alguno en su contra para condenarlo.   

El  último error de hecho propuesto fue por  falso  raciocinio,  cometido  por  el  juzgador  al  condenar  al acusado sin la  certeza  requerida,  con  desestimación  absoluta  de la duda existente. De las  pruebas  donde  se  derivó el fundamento para condenar apenas podían inferirse  hipótesis  y  posibilidades.  A  través de los testimonios rendidos por Carlos  Andrés  Guevara,  Blanca  Shirley  Ramírez,  Aydeé Villafañe, Ramiro Serrato  López,   Juan   Carlos  Quintero  y  Juan  Carlos  Díaz  Toro  “era  imposible” condenar a RAMÍREZ DÍAZ  en  relación  con  el  concurso  de  delitos  imputados  en la acusación, pues  “no   eran   elementos   probatorios   idóneos   y  suficientes  para  arribar  a  la  certeza  de su responsabilidad porque creaban  verdaderos   estados   de   perplejidad   o   confusión  cuando  describen  una  cotidianidad,  sin  aterrizar  en  el  señalamiento directo de WÍLFER RAMÍREZ  DÍAZ”.   

En  contra  suya  tampoco  se  puede  hablar  “de  la  existencia de prueba indiciaria”.    Su    raza,    a    juicio   del   censor,   “jugó  desfavorablemente  porque  se estructuró un error de hecho a  consecuencia  de  un falso raciocinio que inoculo el malhadado video, que llevó  al  Tribunal  a  colegir que se daba la plena certeza de responsabilidad, cuando  únicamente  existían  dudas  ya  que  el filme muestra unos afro descendientes  asaltando  a sus prójimos, pero nunca se demostró que en ese registro fílmico  estuviese  WÍLFER  RAMÍREZ  DÍAZ”. “Ningún  hecho  indicante  como  se  requería existía –precisó    a    continuación    el  recurrente—, para concluir  que  sus  disculpas  no  debían  ser aceptadas y ante la ausencia de una prueba  válida  que  infirmara su dicho, era preciso aceptar con él, que era un simple  obrero    con    jornadas    extensas    que   habita   un   barrio   hartamente  complejo”.   

Agregó  que los juzgadores desconocieron el  principio   lógico   de   no   contradicción:  “se  especuló  de  homicidios,  hurtos,  lesiones  y  porte ilegal de armas, pero la  violación  estriban  en  que  no fueron determinados, en espacio y tiempo, como  tampoco  se señalaron las víctimas”. La convicción  de  esos  funcionarios,  en  fin,  “no provino de un  racional  proceso  analítico  de  la  prueba,  efectuado  en  ejercicio  de  la  facultad-deber   de   estudiarla   a  la  luz  de  los  principios  de  la  sana  crítica”.   

Se  refirió  el  censor, de otro lado, a la  flexibilización  actual  del  rigorismo  excesivo del recurso extraordinario en  aras  de  la  eliminación  de obstáculos para la tutela judicial efectiva y le  pidió  a  la Sala “la casación oficiosa”,    “muy    a    pesar”   de  su  obligación  “como  sujeto  procesal  que  denuncia  la  violación  de  derechos  fundamentales”.  Solicitó  al  final  casar  el fallo y absolver al procesado.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso de  casación,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha señalado la Sala, no es una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario apto para desaprobar de  cualquier   manera   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el  trámite  procesal.   

El   mismo1  está limitado a los posibles  errores  susceptibles  de  cometerse  en un proceso, los cuales se sintetizan en  los  motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el  presente  caso los  previstos  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con sujeción a la cual la  defensa presentó el libelo.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –de   trámite   o   de  garantía—,  el  carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón  por  la  cual  es  necesario  acudir  a  ese  remedio  extremo.   

Las   demás  incorrecciones  posibles  de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y  los  segundos,  si  toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si  no se hubiese presentado la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinaria, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender lo anterior llena de contenido la  exigencia      legal      de      “claridad     y  precisión”  en  la  enunciación  de  la  causal de  casación  invocada en la demanda y en la formulación del cargo, prevista en el  artículo  212-3  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 e insatisfecha de  forma  manifiesta  en  el  presente  caso  en las dos censuras formuladas por el  defensor.   

2.   La  de  nulidad  es  un  catálogo  genérico  de  supuestas  violaciones de principios,  derechos  y  garantías  al  procesado.  Sin  embargo, frente a ninguna de ellas  ofreció  el  demandante  el  más  mínimo  desarrollo desde el cual pudiera la  Corte,  de  un  lado, juzgar existente alguna de las irregularidades denunciadas  y, de otro, vislumbrarla trascendente.   

Si creyó suficiente relacionar los supuestos  vicios  procesales  a  la espera de la introducción por parte de la Sala de los  contenidos  faltantes,  se  equivocó  por  completo el profesional pues la idea  riñe  con  el  principio  de  limitación que rige el recurso extraordinario de  casación.   

Más allá de la total falta de sustentación  advertida,  cabe  señalar  que  los  temas  probatorios aludidos en la censura,  referidos  a  los  testigos  de  cargo,  al video y al reconocimiento en fila de  personas,  debían plantearse no como circunstancias de nulidad sino por la vía  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, acreditando debidamente que  los  alcances dados a los medios de convicción derivaron de errores probatorios  de  hecho o de derecho, sin los cuales el fallo habría sido absolutorio o menos  perjudicial a su representado.   

En razón del cargo de nulidad, pues, no hay  lugar a la admisión de la demanda.   

3.  No se modifica  esa  conclusión al examinar el reproche subsidiario, en el cual se evidencia el  desconocimiento  total  del  recurrente acerca de la noción de error de hecho y  de  las  modalidades  de  él que lo originan, denominadas por la jurisprudencia  falsos juicios de existencia, identidad y raciocinio.   

En  primer lugar, el contrainterrogatorio no  es  un  medio  de  prueba sino un derecho del sujeto procesal que no realizó el  interrogatorio.  Es  desacertado,  por  ende,  vincular  la  omisión probatoria  denunciada  al  “contrainterrogatorio en el juicio de  los  testigos  indirectos que incriminan”. Pero si lo  que  quiso  el  casacionista  plantear  es  que  no  se  tuvieron  en cuenta las  respuestas  de  los declarantes a las preguntas del defensor, el yerro sería de  identidad  por  cercenamiento,  quedándose en tal caso en la simple mención de  la  equivocación,  incumpliendo  su  deber de acreditarla. No establece ningún  error  de  juicio  del  juzgador,  de  otra  parte,  afirmar  sin  más  que las  evidencias   “no  daban”  para condenar.   

Decir  en  ese  sentido  genérico en el que  está  construida  la  demanda  que el sentenciador incurrió en falso juicio de  identidad  porque  hizo  “una valoración indebida de  los  testimonios  de  cargo” o porque los testigos de  oídas   “no   fueron   sometidos   al  crisol  del  contradictorio” o se les apreció sin sujeción a la  sana  crítica,  constituye  otra  falencia  de  la censura. Esos supuestos o el  reclamo  por  no  considerar  la  crítica  testimonial de la defensa, en manera  alguna  sugieren  un  desatino como aquél o de otro tipo. Ni siquiera califican  como  alegato  de  instancia en cuanto no traducen argumentos que confronten los  de la sentencia, a los cuales no se refirió el recurrente.   

Expresar,   por   último,   que  ciertos  testimonios  no  permitían  la  certeza  para  condenar  al  acusado  y  que la  circunstancia  de  ser  negro jugó desfavorablemente en el proceso, no acredita  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio propuesto al final del reproche. Se  trata,  por  una parte, de la afirmación categórica del abogado consistente en  que  su  asistido  debía  ser  absuelto  y, por otra, de un sentir suyo pues en  momento  alguno  identificó  algún pasaje de la sentencia donde la raza en sí  misma haya constituido argumento de responsabilidad penal.   

Para la Corte es manifiesto, en fin, que el  demandante  no  demostró  un  solo  error probatorio del Tribunal. Simplemente,  olvidando  que  la  casación no es instancia procesal sino un espacio reservado  para  controlar  la  legalidad  de  la  sentencia,  se  opuso  sin  razones a la  estimación probatoria del juzgador.   

4. El defensor, en  síntesis,  incumplió  en ambos reproches el requisito de claridad y precisión  contemplado  en  el  artículo 212-3 del Código de Procedimiento Penal de 2000.  En  consecuencia, no procede la admisión de la demanda. Tampoco casar de oficio  la  sentencia  en  consideración  a  que  una  vez revisada la actuación no se  evidencia  quebrantamiento  alguno  de los derechos fundamentales de los sujetos  procesales.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el  defensor    del    procesado    WÍLFER    RAMÍREZ  DÍAZ.   

        Contra la presente decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en  el  del  14  de  septiembre  de 2009  (radicación 32.126).     

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