33667(21-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33667  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    227   

Bogotá,    D.    C.,    veintiuno (21) de julio de dos mil diez (2010)   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide sobre el cumplimiento de los  presupuestos  de  logicidad  y  debida argumentación de la demanda de casación  presentada   por   el   defensor   de   HERMIDES  GARCÍA  TRUJILLO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el sentenciador de primer grado de la siguiente manera:   

“Conforme  al  caudal  probatorio  que reposa dentro del expediente se tiene que para el día 6  de  agosto  del  año 2002, el doctor Jesús Antonio Álvarez Mora en su calidad  de   Burgomaestre   del   Municipio   de   La   Plata   (Huila)  y  Mauro  Aristóteles  López Farfán en la  de   propietario   del   establecimiento   comercial   denominado   ‘Oxígeno    La    Plata’,   suscribieron   el   ‘CONTRATO    DE    COMPRAVENTA   N°  21’,  en virtud del cual  el     contratista     suministraba     múltiples     elementos    –radio     teléfonos,    camillas,  botiquín,      chaquetas,      traje     de     apicultor,     etc.–,   los  cuales  se  relacionan  por  marcas,  o  referencias  y  valor  unitario,  siendo su valor total del referido  contrato  la  suma  de  nueve millones quinientos veintidós mil doscientos ocho  pesos  ($9.522.208°°), bienes que serían distribuidos al Cuerpo de Bomberos y  a  la  Defensa  Civil de esta localidad; así mismo se especifica sobre la forma  de  pago,  precisándose  que el 50 % se entregaría en calidad de anticipo y el  saldo  una  vez  cumplido  el objeto del mismo, previa presentación del acta de  entrega  y recibo expedida por el Almacenista General de la Alcaldía Municipal;  que  el vendedor se obligaba a hacer entrega de los elementos en perfecto estado  en  el  Almacén de La Plata (Huila), pactándose así mismo las sanciones a que  se  vería  abocado  el  vendedor  al  no  dar estricto cumplimiento al referido  contrato,  amén  de  exigírsele  a  éste la prestación de una garantía para  respaldar  las  obligaciones  adquiridas, consistente en póliza expedida por la  compañía  de seguros legalmente autorizada para funcionar en Colombia, la cual  debería  amparar:  ‘a) el  buen  manejo  y  correcta  inversión  del  anticipo  por el 100 % del valor del  mismo,  b)  el  cumplimiento de las obligaciones derivadas de su ejecución, por  el  30 % de su valor y la vigencia de la póliza, la cual sería por el término  de     su     duración     y     sesenta     (60)     días    más’.  Se estableció, según diligencias  adelantadas  por  el  CTI  y  prueba testifical recaudada, que el contratista no  cumplió  a  cabalidad  su  compromiso  toda  vez  que  suministró elementos de  segunda  calidad  o  usados  y de marcas distintas a la referida en el contrato;  posteriormente,    el    señor   Hermides   García  Trujillo,   quien   fungía   como  Almacenista  del  Municipio,  confeccionó  un  Acta donde relacionaba los bienes que entregaba no  sólo  a los directivos del Cuerpo de Bomberos sino también a los de la Defensa  Civil  haciéndolos  coincidir  con  los  descritos  en  el aludido contrato, no  obstante  los  reparos que en dicho sentido formularon los representantes de los  citados organismos de emergencia”.   

2.  El Juzgado Penal del Circuito de La  Plata  (Huila),  mediante  sentencia fechada el 7 de noviembre de 2006, condenó  al    acusado   Hermides  García  Trujillo  a  las  penas  principales de 5 años de prisión, multa de 50 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término de la sanción privativa de la libertad, como  autor  de  los  delitos de falsedad ideológica en documento público e interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  imputados  en  la resolución de  acusación,  la cual quedó ejecutoriada el 6 de abril  del citado año.   

Así  mismo,  condenó al coprocesado   Mauricio  Aristóteles  López  Farfán  a  las  penas principales de 3 años de  prisión  y  multa  de  30  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como  autor  del  delito  de  abuso de confianza calificado, imputado en la mencionada  acusación.   

3.  Apelado el fallo por los defensores  de  los  procesados,  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Neiva,  el  30  de  septiembre de 2009, revocó la condena impuesta a Mauro Aristóteles  López  Farfán  y,  en  su lugar, lo absolvió del delito de abuso de confianza  calificado.   A   su   vez,   confirmó  la  condena  impartida  a  Hermides García Trujillo.   

El     defensor    de    García  Trujillo  interpuso contra esta  decisión    el    recurso   extraordinario   de   casación,   presentando   la  correspondiente demanda dentro del término legal.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El mencionado defensor, con fundamento en la  causal  primera  de casación y a través de un único  cargo,  acusa  al  Tribunal  de haber “violado  directamente  la ley sustancial por falta de aplicación o  exclusión    evidente”,    error   que   surgió  “sobre la existencia o validez en el tiempo o en el  espacio  en  el  estudio  del  tipo  penal  endilgado:  INTERÉS  INDEBIDO EN LA  CELEBRACIÓN DE CONTRATOS”.   

En    el    capítulo   que   denominó  “DEMOSTRACIÓN      DEL      CARGO”,    inicia    recordando    que   su   defendido   Hermides   García   Trujillo   era  el  Almacenista   General   del   municipio   de   La  Plata,  razón  por  la  cual  “no  tenía  la  potestad legal ni reglamentaria de  contratar,   ni   siquiera   existía   el   vínculo   sustancial  de  un  acto  administrativo  de  delegación  para  adelantar  esta  naturaleza de actuación  contractual”.   

Luego de mencionar los principios que rigen  la  contratación  administrativa,  de indicar que en este caso se suscribió un  contrato    de    “mínima   cuantía”,    por    lo    que   “se   debe  acudir”  al  artículo  3°, parágrafo único, del  Decreto  855  de  1994  y  de  citar  los  artículos  315,  numeral  9°, de la  Constitución  Política,  110 del Decreto 111 de 1996, 11, 12, 22 y 24  de  la  Ley  80  de 1993 y 9° de la Ley 489 de 1998, los que estima violados por el  sentenciador,  sostiene  que el estatuto contractual es claro en “determinar  la  competencia  en la actividad de los contratos de la  administración  en  el orden territorial, y la define en el representante legal  o  en su defecto en el alcalde municipal, pero en ningún momento enuncia a otro  funcionario de rango diferente”.   

Por ello, considera que su defendido, quien  ejercía  el  cargo  de Almacenista General del municipio de La Plata, no podía  cometer  el  delito  de  interés indebido en la celebración de contratos, toda  vez  que  no era el ordenador del gasto, facultad que solo recaía en el alcalde  municipal, quien tampoco delegó dicha función.   

Después   de   conceptualizar  sobre  la  delegación  en  la contratación pública y de acudir a unas jurisprudencias de  la  Corte Constitucional y de esta Corporación relativas a dicho tema, concluye  que  los  jueces  de  instancia  erraron  en  la  concepción  jurídica  de  la  mencionada  conducta  punible, siendo evidente, en su criterio, que Hermides           García           Trujillo          “no tenía la competencia funcional de  naturaleza   contractual   y   el  hecho  de  que  haga  parte  del  COMITÉ  DE  ADJUDICACIÓN,  es  una  decisión colegiada, donde prima el elemento sustancial  del  deber  de  selección  objetiva,  tal  como  se  corrobora  con  la  prueba  testimonial”,  siendo  el  alcalde  quien define la  contratación.   

Agrega     que     la   versión      de      Mora      Álvarez     “riñe    con    la   realidad   procesal,   ya     que     la    dirección    del    proceso   contractual   está   bajo   la  cuerda  del  alcalde”,  según  así  lo  preceptúa  el artículo 30 de la Ley 80 de  1993.   

Concluye  que  al no reunirse los elementos  normativos  del  delito de interés indebido en la celebración de contratos, la  conducta  de  su  procurado  es atípica, motivo por el cual solicita a la Corte  casar   el   fallo   impugnado   y,   en   su  lugar,  absolver  a  Hermides García Trujillo.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  defensor    del    sentenciado    Hermides   García  Trujillo  no  reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y  logicidad que para ser admitida establecen las normas que regulan  el recurso extraordinario.   

En   efecto,  como  lo   ha   reiterado   la  Corte,  la  demanda  de   casación   no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,   sino   que  debe  ser  un  escrito  lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo,  al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia en la parte  resolutiva del mismo.   

En  el  libelo que ocupa la atención de la  Sala   y   en  cuanto  se  refiere  al  único  cargo  formulado, si bien es cierto que el demandante fundó  el  ataque  a  la  sentencia  por  el sendero de la violación directa de la ley  sustancial  por  una supuesta aplicación indebida del artículo 409 del Código  Penal,  también  lo   es   que   no   precisó, como era su  deber,  cuáles fueron las razones jurídicas por las cuales, en su criterio, el  Tribunal  Superior  de  Neiva   incurrió en dicha aplicación indebida, ni  explicó,     en     el    campo    del    estricto  derecho,   los   motivos   por   los   cuales   considera   que  en  este  caso  es   “atípica”    la  conducta  punible  de  interés  indebido  en  la  celebración  de contratos imputada a su representado,  porque no se reunieron la totalidad de sus componentes típicos.   

Por  ello,  se hace necesario recordarle al  libelista  que  la  violación directa de la ley sustancial tiene que ver con la  equivocación  en  que  incurre  el  juzgador  al  aplicar  la  normatividad que  corresponde  a  los  hechos materia de juzgamiento, manifestándose a través de  tres  variaciones:  la  primera  se  presenta  cuando  no se aplica la norma que  corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de su existencia, es la denominada  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente;  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que  contempla  la  disposición  y, por ello, incurre en aplicación indebida, y, la  última,  los procesos  de  selección  y  adecuación   al   caso   en  cuestión  son correctos pero al interpretar  el  precepto  el  juez  le  atribuye un sentido que no tiene o le asigna efectos  distintos   o  contrarios  a  su  contenido,  configurándose  así  la  llamada  interpretación errónea de la ley sustancial.   

Así  mismo, ha señalado la jurisprudencia  de  la  Corte  que  cuando  se  invoca el cuerpo primero de la causal primera de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el libelista no  puede  discutir  la  valoración  de  la prueba realizada por el sentenciador ni  cuestionar  la  declaración  de los hechos consignada en el fallo, pues toda su  actividad  debe  estar  dirigida  exclusivamente a demostrar la equivocación en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar o al inaplicar la normatividad al caso  concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición         aplicable        al        caso        concreto…”.1   

Estos  últimos  delineamientos lógicos no  fueron  observados  por  el  demandante,  pues,  como  se indicó, si bien apoya  el único reproche bajo los  derroteros  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial por aplicación  indebida  del  artículo  409 de la Ley 599 de 2000, de todos modos, abandonando  los   derroteros   que  en  esta  sede  identifican  dicha  causal,  se  limitó  simplemente  a  afirmar  que  la  mencionada conducta punible es “atípica”,   toda   vez  que,  en  su  criterio,  el  acusado  no  obstante  ostentar  su condición de “servidor  público” no era el ordenador  del  gasto,  facultad  que  solo  poseía  el  alcalde del municipio de La Plata  (Huila), único funcionario llamado por la ley para contratar.   

Tal  afirmación, la que reitera a lo largo  del  cargo,  carece  de  la  debida  argumentación y, por ende, de la necesaria  demostración  jurídica,  pues  más allá de aseverar la atipicidad del delito  de   interés   indebido   en   la  celebración  de  contratos,  en manera alguna ilustra a la Corte sobre  los  motivos  en estricto derecho que conduzcan en realidad a colegir la alegada  falta   de   tipicidad   frente   a   la  citada  conducta  punible.     

Es  más,  el planteamiento de las censuras  sufren  un desvió hacia los linderos de la violación indirecta, pues en espera  de  que,  como  se  dijo,  centrara su argumentación a demostrar, en el ámbito  estrictamente  jurídico,  cómo  el  juzgador  le  otorgó al artículo 409 del  Código  Penal  unos  alcances  que  no  contempla,  se ocupó en afirmar que no  obstante  que su procurado hacía parte del “comité  de  adjudicación”, “la  prueba    testimonial   corrobora”   que   es   el  “Alcalde     quien     adopta    la    decisión  contractual”, o que “la  versión   de   Mora   Álvarez   riñe  con  la  realidad  procesal”,  aseveraciones que, sin duda, son ajenas a los lineamientos de  la hipótesis casacional seleccionada.   

Si  el libelista no compartía el resultado  fáctico  logrado  por  los  jueces,  por  cuanto  que  el  proceso arrojaba los  suficientes    elementos   de   juicio   que,   bajo   su    correcta   valoración,     conducían     a     la     “atipicidad”        del   delito    de   “interés   indebido   en   la  celebración     de    contratos     por   ausencia   de   uno   de  sus  elementos configurantes,  es  claro,  entonces,  que  tales desavenencias recaen sobre las pruebas, motivo  por  el  cual el ataque deja de ser directo para convertirse en indirecto y, por  lo  mismo,  debió  centrar   el  reproche  a  través   de   la  apreciación  probatoria, según  la índole de los  errores     que    en    esa    materia    hubiesen    podido    incurrir    los  sentenciadores.   

Sin  embargo,  si en gracia a discusión se  aceptara  que las argumentaciones del demandante se delinearon exclusivamente en  el  ámbito  de  la aplicación indebida del artículo 408 del Código Penal, lo  que  se  deduce  cuando  afirma  que  los juzgadores desconocieron los elementos  constitutivos    del   citado   delito,   de   todos   modos   el   cargo  lo  dejó en el simple enunciado,  pues   no   ilustró   a   la   Corte   en   qué   consistió  la  errada  hermenéutica que el sentenciador  le  otorgó  a dicha preceptiva, cuál era su correcto entendimiento y alcance y  cómo  de  haberse  interpretado  de  manera  acertada  el  fallo  habría  sido  favorable  a  los  intereses  jurídicos  de su defendido, es decir, que hubiese  sido absuelto por atipicidad de la conducta punible.   

Ahora  bien,  cotejadas las consideraciones  consignadas  en  las sentencias de instancia con los argumentos indicados por el  demandante,  tampoco  se  detecta  la  acusada  violación  indirecta  de la ley  sustancial  que haga imperiosa e ineludible la intervención de la Corte en aras  de la respectiva corrección.   

En efecto, respecto del mencionado delito y  frente  a  la  conducta  del  acusado Hermides García  Trujillo,  el  Juzgado Penal del Circuito de La Plata  (Huila),   apoyado  en  jurisprudencia  de  esta  Corporación  y  de  la  Corte  Constitucional,   hizo   el   siguiente   análisis   en   el  fallo  de  primer  grado:   

“Conforme a lo  dispuesto  en  el  artículo 409 de la Ley 599 de 2000, se configura el interés  ilícito  en  la  celebración de un contrato estatal cuando un empleado oficial  desborda,  por  razones  personales,  pasionales  o  subjetivas,  los marcos del  interés  general  en  el  proceso  de formación del  contrato,   en   su   celebración   o  durante  la  ejecución  del  mismo, esto  es,  actúa de manera subjetiva desconociendo la garantía de la objetividad que  debe  dominar  toda  su actuación como vocero de los intereses generales en las  actuaciones contractuales.   

“[…]    La  conducta  desviada  radica  en  que el servidor público se interese en provecho  propio  o  de  un  tercero,  en  contrato  u  operación en el cual deba  intervenir  por razón del cargo o  de  las  funciones.  La  etapa  contractual  en  la  que aparezca el interés es  indiferente,  pues  puede  surgir  en  cualquiera  de  ellas,  o  sea, en la etapa  preparatoria,  etapa de celebración, de ejecución      o      de liquidación.   

“…”.  

“Ahora,  descendiendo  al  caso  que  convoca  nuestra  atención  y conforme a la prueba  recaudada,  específicamente la testifical y documental, resulta evidente que el  entonces  servidor  público  (entiéndase el acusado  García              Trujillo)  intervino por razón de su cargo y de  sus  funciones, en las etapas preparatoria y final del  ya  mencionado  contrato  N°  21  suscrito  entre el  Alcalde  Municipal de esta localidad, Jesús A. Mora y Mauro Aristóteles López  Farfán,  en  su  condición  de  contratista  y, por ende, en la obligación de  suministrar  múltiples  elementos o artículos que la administración municipal  posteriormente  entregaría  a  los organismos de emergencia como eran el Cuerpo  de  Bomberos  y  la  Defensa  Civil,  pues  hizo  parte  o  integró la Junta de  Contratación  Municipal,  según  acta  N°  024  que  adjudicó el contrato de  suministro   al   señor   López   farfán,  además  intervino  en  la etapa de liquidación tal y conforme  se  deduce  o  infiere  de la certificación que reposa al folio 92 del cuaderno  original  expedida  por  aquél,  donde  surge que las condiciones estaban dadas  para  que  al  contratista  se  le  cancele  el  saldo  que  según  el contrato  corresponde  al  cincuenta  por ciento. La intervención del señor García  Trujillo en la fase preparatoria  del   contrato   es   avalada   o   corroborada   por  el  ex  Alcalde  Álvarez  Mora….”.   

“En ese orden de  ideas,  no  cabe  duda  de  que  para la época de la contratación el procesado  García   Trujillo  y  en  cumplimiento   de   los   principios  de  transparencia,  de  imparcialidad,  de  eficiencia  inmersos  en  la  contratación  pública,  en  particular  el de la  responsabilidad,  estaba  en  la imperiosa obligación de buscar el cumplimiento  del  contrato  de  compraventa,  estos  es, vigilar la  correcta  ejecución del objeto contratado que lo eran  los   radios  telefónicos  y  otros  elementos  determinados  por  su  marca  y  características,  a más de su originalidad genuinos o nuevos, y no usados o de  segunda   calidad   como   finalmente   aconteció  con  los  radios  teléfonos  suministrados   por  el  proveedor,  originando  el  servidor  público  con  su  actividad,  con su comportamiento, con su conducta un detrimento para la entidad  a  la  cual  prestaba sus servicios. De tal manera que no se demanda de un mayor  esfuerzo  mental  o  dialéctico  para  inferir, conforme a los medios de prueba  recopilados,    que   García   Trujillo  por  razón de su cargo de Almacenista se interesó como viene de  verse,  a  favor  de  un  tercero  de  un  contrato  por el cual debió mediar o  interponerse,   adecuándose   su   conducta   en   el  tipo  penal  materia  de  análisis…”.      (Subrayas     ajenas     al  texto).2   

A su vez, el Tribunal, acudiendo también a  directrices       jurisprudenciales,      llegó      a      las      siguientes  conclusiones:   

“De esta manera  y  conforme  a lo citado, es equivocada la postura de la defensa de GARCÍA  TRUJILLO cuando afirma que dada  la   incompetencia   de  su  prohijado  en  la  asignación  del  contratista  y  celebración  del  contrato  no  es  posible  que  incurriera  en  dicha  norma,  olvidando  que  al  tenor  de lo dispuesto en el artículo 409 del Código Penal  sólo  se  refiere  como  ingrediente  subjetivo especial la calidad de servidor  público,  independientemente  de su investidura, pues lo que se exige es que el  sujeto  activo  se interese en provecho suyo o de un tercero, en cualquier clase  de  contrato  u  operación  en  la  que  debe intervenir en razón a su cargo o  funciones.   

“En el caso de  HERMIDES  GARCÍA  TRUJILLO  está  probado  que  era funcionario público, de acuerdo al acta de posesión y  decreto  en  el  que  se  le  acepta  la  renuncia  y  en  donde  se constata su  vinculación  a  la Alcaldía de La Plata (H.) en calidad de Almacenista general  de esa entidad territorial…”.   

“De esta manera,  el     comportamiento     anormal     de    GARCÍA  TRUJILLO   cuya   displicencia   a  favor  de  Mauro  Aristóteles  generó  que  éste no entregara los elementos contratados y que a  su  antojo  determinara  qué  quería  entregar,  es  lo  que sin lugar a dudas  demuestra  que el implicado en su calidad de almacenista desconoció sus deberes  funcionales  en  sus  actuaciones relacionadas con la contratación estatal y en  particular  de  su obligación de perseguir exclusivamente los fines que para el  efecto  fijan  la  Constitución,  la  ley  y  los  reglamentos,  sin que puedan  interferir  sus  propios  intereses  o  los de terceros, es lo que penalmente se  reprocha”.3   

   

Como   se   indicó,   las   anteriores  trascripciones  permiten  inferir  que  los sentenciadores de instancia lejos de  haber  incurrido  en  el  yerro demandado, concluyeron en la responsabilidad del  acusado  con  base  tanto  en la valoración razonada y lógica de los medios de  convicción  como  en  la correcta interpretación del artículo 409 del Código  Penal,   sin   que  se  vislumbre  ninguna  violación  de  la  ley  sustancial.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los   presupuestos   de   logicidad,   claridad   y   precisión,  la  Corte  la  inadmitirá.   

Por  último,  cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor     de     HERMIDES  GARCÍA  TRUJILLO.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

PERMISO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

PERMISO  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Rad.  14899,  sentencia  del  6  de  mayo  de 2003; rad. 18580, auto del 12 de mayo de  2004;  rad.  21821, sentencia del 2 de marzo de 2005; rad. 21206, auto del 29 de  junio de 2005, entre otros.   

2  Folios 245 a 248 del cuaderno original.   

3 Ver  folios 17 a 24 del cuaderno original del Tribunal.     

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