33602(06-10-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  33602   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº. 321  

Bogotá, D.C., seis (06) de octubre de dos mil  diez (2010).   

ASUNTO  

La  Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos  y  argumentativos  expuestos  por  el apoderado del señor  José  Manuel  Álvarez Mendoza contra la  sentencia   proferida   por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  que  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

    

1. El día 27 de agosto de 2004, sobre  la  vía Pailitas–El Terror,  jurisdicción  de Pailitas (César), fue encontrado el cadáver de un hombre que  posteriormente  fue  identificado  como  Edier  Javier  Calderón  Angarita,  ex  soldado  campesino, quien falleció como consecuencia de varios impactos de arma  de fuego.      

2.   El  27  de  diciembre  de  2004, la  Fiscalía  19  Seccional  de  Chiriguaná  (César),  precediéndole  labores de  investigación    fallidas,    profirió   resolución   inhibitoria1.   

3.    Posteriormente,   merced   a  la  información  suministrada  por  el  señor Juan Carlos Ortega, quien señaló a  José Manuel Álvarez Mendoza  como  partícipe  del  crímen, el 14 de marzo de 2007, la Fiscalía 24 Delegada  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Chiriguaná, profirió resolución de  apertura  de  instrucción  y  ordenó  la  vinculación mediante indagatoria de  Javier   Urango   Herrera,   alias   “Chely”,   “Aldemar”  o  “610”,  José     Manuel    Álvarez    Mendoza,   alias   “Pata   Mala”   y   Rodrigo   Romero  Regino,  alias  “García”.   

4.  Previo el cierre parcial2,  el  26  de  noviembre  de  2007, esta vez a cargo de la Fiscalía 8 Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito  Especializado  de  Valledupar,  formuló  resolución de  acusación   en   contra   de  José  Manuel  Álvarez  Mendoza  como presunto coautor del delito de homicidio  agravado  por  la  circunstancia  prevista en el numeral 8 del artículo 104 del  Código  Penal3, decisión que al no ser recurrida cobró ejecutoria.   

5.  Mediante sentencia del 10 de diciembre de  2008  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de Valledupar4 lo condenó a  título  de  cómplice  del  delito  de  homicidio agravado por el numeral 8 del  artículo  104 del Código Penal, a la pena principal de 160 meses de prisión y  a  la  accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas por tiempo  igual.  Negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión domiciliaria.   

6.  Apelada  la decisión por la defensa, fue  confirmada  el  6  de agosto de 2009 por el Tribunal Superior del mismo distrito  judicial5.   

LA DEMANDA  

El apoderado de José  Manuel  Álvarez  Mendoza acusa la sentencia de segunda  instancia    y    para    el    efecto    propone   tres   cargos   –la   Sala   destaca   que   tan  sólo  desarrolló dos- que sustenta de la siguiente manera:   

Primer  cargo.   Nulidad  por falta de  competencia.   

Ataca  la  sentencia de segundo grado bajo la  senda  de  la  causal  tercera,  al  haberse  dictado  la sentencia en un juicio  viciado  de  nulidad,  por  cuanto  se  presentó  un abierto desconocimiento al  principio  del  juez natural, lo que conlleva la anulación del juicio. El fallo  estuvo  a cargo de un juez penal del circuito especializado cuando lo propio era  por  un  juez  penal del circuito, toda vez que la agravación del homicidio con  fines  terroristas  no  se  demostró, lo que deslegitima el conocimiento por el  juez penal del circuito especializado.   

Igual,  anuncia,  que  con  ello se violó el  principio  de  legalidad de las penas.  Precisa que el conocimiento era del  Juez Penal del Circuito de Chiriguaná.   

Como normas vulneradas cita el artículo 306,  numeral 1 de la Ley 600 de 2000.   

Segundo  cargo,  violación  indirecta  por  falso raciocinio.   

Cuyo  reproche  apunta  con  exclusividad  a  indicar  que  no se realizó un verdadero análisis del único declarante que al  juzgador le comportó credibilidad.   

Al  desarrollarlo,  destaca,  y  en lo que se  refiere  a   Juan  Carlos Santos Ortega, que no existe, que no se conoce su  paradero,  que  miente,  por  cuanto no figura en la lista de desmovilizados, no  fue  presencial  de  los  hechos;  cuando  afirma  que los disparos fueron en la  cabeza  y  en  el  pecho, son circunstancias que se encuentran infirmadas con la  necropsia; lo califica como falso positivo.   

Respecto a los testimonios de los padres de la  víctima,  reprocha  el  hecho  de  que  no  se  hubieren valorado, toda vez que  aquellos aseveran que el procesado es ajeno a los hechos.   

Por  ello  peticiona  casar el fallo y en ese  sentido,   declararlo   a  través  de  una  decisión  absolutoria.   

No anuncia preceptos infringidos.  

LAS CONSIDERACIONES  

1.    La   admisión   del   cargo   de  nulidad.   

Aunque el demandante debió plantear el cargo  como  principal,  para  no  atentar contra el principio de no contradicción que  rige  la  casación,  la  Sala  superará  ese yerro porque su contenido permite  determinar  el alcance de la impugnación y se avizora una posible violación de  garantías fundamentales. En ese orden se admitirá.   

En   consecuencia,   córrase  traslado  al  Procurador  Delegado  en lo Penal por el término y para los fines del artículo  213 del mismo Estatuto.   

2.  La inadmisión del cargo por violación  indirecta de la ley sustancial por falso raciocinio   

Serios  cuestionamientos  se  oponen  a  la  pretensión del demandante:   

i)  El  censor  no  se  ocupó  de  precisar  –lo   que  le  resultaba  forzoso-  cuál  de  los  fines  consagrados  en el artículo 206 del Código de  Procedimiento    Penal,    Ley    600    de   20006   es  el  perseguido  con  el  libelo,  limitándose  tan  solo  a  señalar  que  no  se realizó un verdadero  análisis frente al testimonio de Juan Carlos Santos Ortega.   

ii)  De  la  misma  manera,  desatendió  el  recurrente  otro  de los requisitos formales, relacionado con la enunciación de  las normas que estimó infringidas.   

iii)  Cuando  se acusa una sentencia bajo la  senda  de violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho por falso  raciocinio,  es  imperioso  que  el  censor  demuestre  que  el  juez se apartó  caprichosamente  del sendero de la sana crítica, concretamente de las reglas de  la experiencia, de la ciencia o de la lógica.   

El  casacionista  tiene la carga de señalar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué se infirió de él en la  sentencia   atacada,   cuál  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y,  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada apreciación.   

Con  nada  de  ello  cumplió  el recurrente  extraordinario,   como  que  circunscribió  su  fundamentación  a  exponer  su  particular   visión   de  la  forma  cómo  ha  debido  valorarse  este  único  testimonio.   

Y, si lo anterior resultara insuficiente, le  resultaba     proscrito     cuestionar    la    veracidad    del    dicho    del  declarante.   

iv)  Al  reprochar  el  casacionista bajo la  senda  de  un  falso raciocinio, la apreciación efectuada por los juzgadores al  oficio  aportado  por  el  Alto  Comisionado  para  la  Paz,  lo  que apuntaría  eventualmente  a  un  falso  juicio  de  identidad,  la  demanda  desatiende  el  principio  de  autonomía  que  rige  el  recurso  extraordinario, por cuanto al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales   diversas,   pues   cada   una  tiene  características  y  reglas  de  demostración      distintas     que     producen     diversas     consecuencias  jurídicas.   

v)  Idéntica  consideración  se ofrece, en  cuanto  a  que  el testigo único no se encuentra debidamente identificado, toda  vez que ello propondría un falso juicio de legalidad.   

Sus múltiples deficiencias imposibilitan que  la Corte conozca cuál fue el error y cuál la regla omitida.   

Por las razones expuestas, se inadmitirá el  cargo segundo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Admitir el  cargo   primero  de  nulidad  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  José     Manuel    Álvarez    Mendoza.   

Segundo. Correr  traslado al Procurador Delegado en  lo Penal por el término de veinte (20) días.   

Tercero. Inadmitir el  cargo segundo del mismo libelo.   

Cuarto.  Contra esta  decisión no procede ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                     Comisión de servicio  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE LUIS QUINTERNO  MILANÉS  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA             

JAVIER  ZAPATA  ORTIZ  

TERESA  RUIZ NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Folio  20, cuaderno original 1.   

2 Cfr.  folio 289, cuaderno original 1.   

3 Cfr.  folios 14-19, cuaderno original 2.   

4  Folios  78-87 cuaderno original 2.   

5  Folios 5-20 cuaderno del Tribunal.   

6  “…La  casación  debe  tener por fines la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de    los    agravios    inferidos    a    las    partes    con   la   sentencia  demandada…”.     

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