33280(04-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 33280  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    248   

Bogotá,    D.    C.,    cuatro (4) de agosto de dos mil diez (2010)   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide sobre el cumplimiento de los  presupuestos  de  logicidad  y  debida argumentación de la demanda de casación  presentada   por   la   defensora   de  FREDY    ALEXANDER   CORZO   CASTRO   y  JAIRO        ANDRÉS        ARISTIZÁBAL          SALAS.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el sentenciador de segundo grado de la siguiente manera:   

“Los hechos que  dieron  origen  a la presente investigación ocurrieron en la ciudad de Bogotá,  dentro  del  inmueble demarcado 53-54 de la calle 173, el 28 de marzo de 2004, a  eso  de las 2:00 de la mañana, lugar donde se celebraba una pequeña reunión o  fiesta,   en  la  que  participaban,  entre  otros,  los  señores  FREDY    ALEXANDER    CORZO    CASTRO,  JAIRO    ANDRÉS   ARISTIZÁBAL   SALAS,  Viviana  Torres  Granados,   Paula   Fernanda  Pinzón  Ubaque  y  Esteban  Mauricio  Muñoz  Navarro.   

“Da  cuenta la  actuación   que   luego   de  que  la  joven  Torres  Granados   ingiere  bebida  que  le  fuera  ofrecida  insistentemente   por   otros   de  los  invitados,  entra  en  una  especie  de  semi-inconciencia,  siendo  llevada  hasta una habitación ubicada en el segundo  piso,  lugar donde fue accedida carnalmente y de manera violenta por un grupo de  sujetos,   cinco   en  total,  entre  los  que  se  encontraban  los  procesados  CORZO CASTRO y ARISTIZÁBAL   SALAS,   quienes  fueron  vistos  abandonando  el  recinto por la señora Pinzón Ubaque y su novio Muñoz  Navarro,  quienes  luego de ayudar a vestir a la víctima acudieron en pos de la  policía,   haciendo   su   arribo  dos  agentes,  que  finalmente  y  ante  los  señalamientos  que se hacían en contra de los arriba citados, procedieron a su  aprehensión”.   

2.   El Juzgado Cincuenta y Tres Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia  fechada  el 6 de mayo de 2005,  condenó  a  los acusados Fredy Alexander Corzo Castro  y    Jairo    Andrés  Aristizábal  Salas  a la pena principal de 156 meses  de  prisión,  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad  y  al  pago  solidario de los perjuicios, como coautores del delito de  acceso  carnal  violento,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo, previsto en los  artículos   205  y  211,  numeral  1°,  del  Código  Penal,  imputado  en  la  resolución   de   acusación,  la  cual  quedó  ejecutoriada  el  19 de agosto de 2004.   

3.  Apelado el fallo por los defensores  de  los  procesados,  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior de  Medellín,  Corporación  que  conoció  en  segunda  instancia  conforme  a  lo  ordenado  en los Acuerdos PSAA08-5150 y PSAA08-5409 del 30 de septiembre y 16 de  diciembre  de  2008   expedidos  por  la  Sala  Administrativa  del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  el  15  de  enero  de  2009,  lo confirmó con la  modificación  en el sentido de que la pena a imponer a los procesados es de 130  meses  de  prisión,  quedando en igual término la pena accesoria, toda vez que  desechó el concurso homogéneo y sucesivo imputado.   

La   nueva   defensora   de  Corzo     Castro     y    Aristizábal  Salas interpuso contra esta  decisión    el    recurso   extraordinario   de   casación,   presentando   la  correspondiente demanda dentro del término legal.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

La  mencionada  defensora,  a través de un  único  cargo,  acusa  al  Tribunal  de  haber  “violado  directamente  la ley  sustancial  por exclusión evidente de los artículos 7° y 232 de la Ley 600 de  2000”  y  “aplicación  indebida   de   los   artículos  205  y  211-1  del  Código  Penal”.   

Sostiene la libelista que los juzgadores de  instancia  solo  consideraron  una  parte  de  las pruebas aportadas al proceso,  sustentando  el  fallo  en  el testimonio de la víctima, Viviana Torres, en las  declaraciones  rendidas  por  Paula  Fernanda  Pinzón,  Esteban  Muñoz  y  los  policiales  que  participaron  en  la  captura  y  en  los exámenes de Medicina  Legal.   

Recuerda   que   para   concluir   en  la  responsabilidad  del acusado se requiere colmar los presupuestos previstos en el  inciso  segundo  del  artículo  232 del Código de Procedimiento Penal, para lo  cual   “debe  haber  un  estudio  particular  y  en  conjunto  de  las  pruebas  aportadas para que estas tengan un valor probatorio,  hecho  que no se dio en ninguna de las instancias ya que éstas fueron evaluadas  parcialmente y no en su totalidad”.   

Por  lo  mismo, anuncia que en el curso del  libelo  hará  un  estudio  de todos los elementos de juicio frente a los hechos  investigados, así:   

Inicia diciendo que el juzgador no se detuvo  a  “analizar  y  confrontar  porqué las pruebas de  laboratorio  no  coincidían con el testimonio de Viviana. La credibilidad de la  demandante  se basa inicialmente en que bebió un solo trago de licor, contrario  a  lo  que afirman varios testigos. Inclusive esta credibilidad se manifiesta en  Medicina  Legal  ya  que ese ente solo le practicó una prueba para verificar si  esta  persona  había  sido  drogada  o  sedada  y  no  la  respectiva prueba de  alcoholemia.     Sin     embargo     estas     salieron    negativas”.    

Después  de  transcribir  unos apartes del  citado   dictamen   de   toxicología,  afirma  que  surge  una  “duda  razonable de porque esta prueba no se adapta al testimonio de  Viviana,  si solo ingirió un trago. ¿Porqué en la etapa del juicio el Juzgado  y   el   Tribunal   no   intentaron   determinar   una   explicación   a   esta  contradicción?”,  máxime  cuando, en su criterio,  la  versión  de la víctima es contraria a la realidad de los hechos, como así  se  deduce de los testimonios de Andrés Aristizábal, Yuris Coca, Javier Luna y  Raúl.   

De  otro  lado,  sostiene que no se tuvo en  cuenta  que  Medicina Legal “indicó que no se puede  aseverar  que  haya  o no habido penetración alguna, acompañado de que no hubo  ni  espermatozoides  y  que el laboratorio de genética no encontró muestras de  ADN  extraño  y  más  si las declaraciones expuestas por la única persona que  puede  determinar  si hubo o no penetración son incoherentes y disímiles entre  sí”, situación que, conforme a la pericia rendida  por  la  doctora  Beatriz  Panichi,  es idéntica respecto de la “violación  anal”, aspectos que, en su  opinión,   ponen   en   duda   la   existencia  del  delito  de  acceso  carnal  violento.   

Tanto    así    que    “es  el  mismo  médico  legista  quien  controvierte  a la supuesta  afectada  ya que si bien es cierto existen lesiones físicas estas no se adaptan  a  lo  dicho por Viviana, ya que estas las exagera, con supuestos traumas que no  aparecen  en  el  informe pericial médico y llegando el galeno a la conclusión  de  que estas lesiones no existieron. Este es otro indicio científico que va en  contra  de  las  declaraciones  de  la denunciante mostrando visiblemente que es  esta  misma  la que en cada una de sus declaraciones monta escenarios que van en  contra   de  la  verdad  que  establecen  las  pruebas  científicas”.   

Luego  de  referirse a las declaraciones de  Paula  Fernanda  Pinzón,  Esteban  Muñoz  y Viviana Torres, las cuales critica  procurando  restarles  el mérito y la credibilidad que les otorgó el juzgador,  concluye  que “no pueden tomarse absolutamente todos  los  elementos  que  supuestamente  acusan  a los aquí sindicados como detalles  minúsculos  y  accesorios,  cuando  lo  único  claro  que  nos  dejan  es  que  efectivamente  Viviana  subió  a  la  habitación,  que  los  testigos al verse  cansados  hicieron  lo  mismo,  tocaron  la  puerta  y  que después de algo tan  confuso  e  incoherente,  manejando  el mismo tiempo y espacio, la bajaron hacia  los agentes de policía”.   

Así  mismo,  se  muestra inconforme que el  Juzgado  y el Tribunal no hubiesen considerado una parámetro primordial como es  huir  del escenario fáctico, hecho que, conforme “a  la  experiencia”,  se constituye en “un  factor  psicológico  que  indica  la  responsabilidad  en  una  conducta   reprochable”,  siendo  evidente  que  su  defendidos,  teniendo  tiempo  para  ello,  nunca  huyeron  y, por el contrario,  “estuvieron  tranquilos  y  colaboraron con todo lo  pertinente”.   

Del   mismo   modo,   estima   que   la  individualización   e   identificación   de   los   procesados  se  rodeó  de  “inmensas   lagunas”,  pues  la  víctima  incurre  en  imprecisiones  y  contradicciones  al respecto,  sucediendo  lo mismo en relación con los hechos sucedidos en la “habitación”,  pues  sus declaraciones  en   este   punto   “varían   y   se  contradicen  incesantemente”.   

En  fin,  después  de resaltar lo que ha  denominado       los       “errores”    y    “desaciertos”  del  Juzgado  y del Tribunal, concluye que las consideraciones  de    las    sentencias    de    instancia    no    solo   son   “contradictorias”    sino   que   van  “en  contra  de  lo  expuesto  por los exámenes de  Medicina  Legal” y las declaraciones de Yuris Coca,  Javier  Luna,  Raúl,  Julieta  Toro,  los agentes de la Policía Nacional y las  versiones expuestas por sus defendidos.   

Agrega   que   si   el   “Tribunal  hubiese tomado en consideración el principio del in dubi  pro  reo  y  las dudas existentes dentro del expediente, no habría caído en la  falsa    conclusión”  de  condenar  a  sus  defendidos,  razón por la cual  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado  y,  en su lugar, absolver a  Fredy    Alexander    Corzo   Castro   y     Jairo    Andrés    Aristizábal  Salas.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Como  lo  ha  reiterado la Sala en plurales  ocasiones,  la demanda de casación no es un escrito de libre elaboración, sino  que  debe  contener los presupuestos formales que la ley ha estatuido para dicho  efecto.  El artículo 212 de la Ley 600 de 2000, entre otras cosas, consagra que  en   el   libelo   se  consignará  la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  de  cargo,  acápite  que  impone  que se indique en forma clara y  precisa  “sus  fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante estime infringidas”.   

Por   tal  motivo,  no   basta    con    señalar    la    causal,    sino   que      resulta     imperativo      que     en     la   demostración   del   yerro   in  iudicando  o  in  procedendo  alegado,  según  el  caso,  se  evidencie  un  discurso lógico que  permita  a  la  Corte  deducir de manera nítida en qué consiste el reclamo del  libelista  y  la  trascendencia  del  vicio  frente  a la parte resolutiva de la  sentencia.   

Si  no  se  cumple con dicho presupuesto la  demanda  carece de la debida claridad y precisión, evento en el cual la Sala no  puede  entrar  a  complementar al libelista ni desentrañar el verdadero alcance  de la censura, en virtud del principio de limitación.   

De  esa  manera, la demanda que a nombre de  los   procesado   Fredy   Alexander   Corzo   Castro  y    Jairo    Andrés  Aristizábal  Salas  presentó  su defensora contiene  plurales  errores  en  su  confección  que  hace  que  se anuncie, desde ya, su  inadmisión, por las siguientes razones:   

El  sentido  de  la  violación  de  la ley  sustancial  acusada  en  el  único cargo propuesto  no  guarda armonía con el desarrollo del mismo.   

En  efecto,  anuncia  la  demandante que la  sentencia       impugnada       vulneró       de       manera      directa  la ley sustantiva. No obstante,  el  desarrollo  de  la  censura  se  desvía del aquel enunciado y penetra en el  campo   de   la   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial al sostener que el yerro del sentenciador  consiste  en  la equivocada valoración de los medios de prueba sobre los cuales  edificó  el  juicio  de  reproche  que  condujo  al  proferimiento  de un fallo  condenatorio.   

La  casacionista, con el fin de fundamentar  el  ataque,  hace  afirmaciones tales como que los jueces de instancia evaluaron  las    pruebas    “parcialmente   y   no   en   su  totalidad”,  o  que  no  tuvieron  en  cuenta  las  “múltiples  contradicciones  en  que  incurrió la  denunciante”,  o  que  no  fueron  apreciadas   de     manera    correcta,    conforme    a    la   lógica   y  a  la experiencia,  los  dictámenes   realizados     por    el    Instituto    de    Medicina  Legal,   los   testimonios   rendidos  por  Yuris   Coca,   Javier  Luna,  Raúl, Julieta Toro, por los agentes de la  Policía  Nacional y las versiones expuestas por sus defendidos, o que la errada  valoración  del  conjunto  de  las  pruebas  no  les  permitió “considerar   el   principio   de   in   dubio  pro  reo”, etcétera.    

Como  bien puede observarse, los argumentos  expuestos  por  la demandante en la fundamentación del ataque evidencian que su  inconformidad  está  en  el  grado de apreciación que el juzgador le dio a las  pruebas  y  de las cuales dedujo la ocurrencia del hecho y la responsabilidad de  los   procesados   frente   al   delito  agravado  de  acceso  carnal  violento.   

De  ahí  que resulte procedente nuevamente  reiterar  que  la  simple  discrepancia de criterios en cuanto al mérito de los  medios  de  convicción  allegados  válidamente  a la actuación, no constituye  yerro  demandable  en  sede  de  casación,  toda  vez  que  el juzgador goza de  libertad  para  justipreciarlos,  sólo limitado por los postulados que informan  la sana crítica.   

De  otro  lado,  observa  la  Corte  que la  libelista  desconoce  los  parámetros de la lógica y debida argumentación que  rigen  para  invocar la violación directa de una norma de carácter sustancial,  entre  ellos,  que  cuando  se  escoge  este  motivo  de  violación  de  la ley  sustancial  se  deben  respetar  los  hechos  y  las  pruebas  tal  como  fueron  apreciadas  en  la  sentencia  impugnada,  por  cuanto  el  vicio  recae  en  la  selección  o  en  la  interpretación  de  la norma escogida para solucionar el  conflicto.   

En otras palabras, como quiera que el debate  o  la discusión se centra en la aplicación de la norma sustancial, se parte de  un  aspecto  incuestionable  como  es que la elaboración del juicio de hecho es  correcto.  Lo  que  no  se  comparte  es  el  juicio  de  derecho en cuanto a la  aplicación  indebida,  la exclusión evidente o la interpretación errónea del  precepto llamado para gobernar el asunto.   

Ahora  bien,  si  en  gracia  a  discusión  entendiese  la  Corte  que  la  censura  la postuló bajo los lineamientos de la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por cuanto que manifestó, como ya  se  dijo, que el Tribunal cometió errores en la apreciación de las pruebas, de  todos modos no señaló los falsos juicios que lo determinaron.   

Por ello, se hace necesario recordar una vez  más  que  cuando  se  trata de atacar en esta sede la valoración de la prueba,  necesariamente se está frente a errores de hecho o de derecho.   

A   su   vez,  como  lo  ha  indicado  la  jurisprudencia  de  la Corte, en el error de hecho en materia probatoria subyace  una  actitud  frente  a  lo  descriptivo,  en el sentido de que se transgrede la  información   suministrada  por  la  prueba  o  se  finge  la  que  ella  pueda  suministrar, generándolo tres falsos juicios, a saber:   

a)  Falso juicio de existencia, según  el  cual, el juzgador, al momento de valorar de manera individual y conjunta las  probanzas,  supone  un medio de convicción que no obra en el diligenciamiento o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan,    disminuyen    o   modifican   la   decisión   absolutoria   o   de  condena.   

b)   Falso  juicio de identidad, en el  que  incurre  el juzgador cuando en la apreciación de una determinada prueba le  hace   decir   lo   que   ella   objetivamente  no  reza,  erigiéndose  en  una  tergiversación  o  distorsión  por  parte  del  contenido  material  del medio  probatorio,  bien  porque  se  le  coloca  a decir lo que su texto no encierra o  porque se le hace expresar lo que objetivamente no demuestra.   

c)    Falso  raciocinio,  cuando  el  sentenciador  se  aparta,  al  momento de apreciar los medios de convicción, de  los  postulados de la sana crítica, es decir, de las leyes de la lógica, de la  ciencia, de las máximas de la experiencia o del sentido común.   

Por su parte, en cuanto al error de derecho  se   impone   reiterar   que   puede  ocurrir  por  dos  vías  distintas,  como  son:   

a)    Falso   juicio  de  legalidad,  “relacionado  con  el  proceso  de formación de la  prueba,  con las normas que regulan la manera legítima de producir e incorporar  el  elemento  de  juicio  al  proceso,  con el principio de legalidad en materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades exigidas  para    cada    medio.   O   como   lo   ha   dicho   la   Corte,   ‘el  error de derecho por falso juicio  de  legalidad  gira  alrededor de la validez jurídica de la prueba, o lo que es  igual,  de  su  existencia jurídica (concepto que no debe ser equiparado con el  de  existencia  material),  y  suele  manifestarse  de dos maneras: a) cuando el  juzgador,  al  apreciar  una  determinada  prueba,  le  otorga validez jurídica  porque  considera  que  cumple  las  exigencias  formales  de  producción,  sin  llenarlas  (aspecto  positivo); y b) cuando se le niega, porque considera que no  las   reúne   cumpliéndolas  (aspecto  negativo)”  1.   

b)  Falso juicio de convicción, cuando  se  niega  a  la  prueba  ese  valor  que  la  ley  le  atribuye,  o  se le hace  corresponder uno distinto al que la ley le otorga.   

Teniendo    en    cuenta   las   anteriores   premisas,   se  advierte,  entonces,  que   si  bien  la  libelista  mencionó  la   existencia   de   unos  presuntos errores  en  la   valoración   de   los   medios  de  convicción,   de    todos   modos    no    precisó    si    se   trataba    de   hecho   y/o   de   derecho,   como  tampoco  indicó,  respecto  de  ambos  yerros,  cuál  fue la naturaleza de los  mismos.   

Y  si  la  inconformidad de la casacionista  estaba  destinada  a  demostrar  una  trasgresión  de los postulados de la sana  crítica    recaída    en    la    apreciación    de    los    “exámenes  de  Medicina  Legal”  y las  declaraciones  de  Yuris  Coca, Javier Luna, Raúl, Julieta Toro, los agentes de  la  Policía  Nacional y las versiones expuestas por sus defendidos, aspecto que  se  deduce  cuando  reprocha  las  conclusiones que el Tribunal obtuvo de dichos  elementos   de   juicio,    ha    debido   fundar   el   ataque   a   través   del   error   de hecho  por  falso   raciocinio,   señalando   cuál  fue  la   regla   de   la   lógica,   de  la  ciencia   o   de   la   máxima   de   la  experiencia   vulnerada,   de   qué  manera lo fue y su incidencia en la parte  dispositiva del fallo, labor que tampoco emprendió.   

En fin, desconoce la demandante que el fallo  llega  a esta sede precedido por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente apreciadas y el  derecho estrictamente discernido.   

En  esas  condiciones,  al  no  reunir  las  demandas   los   presupuestos   de   claridad   y   precisión,   la   Corte  la  inadmitirá.   

Por último, cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  la          defensora     de  FREDY    ALEXANDER    CORZO   CASTRO   y     JAIRO    ANDRÉS    ARISTIZÁBAL  SALAS.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver,  entre  otras,  casaciones  15042  del  27  de  febrero  de 2001; 21406 del 10 de  noviembre de 2004; 18103 del 2 de marzo de 2005.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *