33237(10-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

Aprobado acta No. 73  

Bogotá D. C., diez (10) de marzo de dos mil  diez (2010)   

VISTOS  

Decide la Sala la selección o no del recurso  extraordinario   de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  APOLINAR   MARTÍNEZ   RIVERA,  contra  la  sentencia  del  siete (7) de septiembre de dos mil nueve (2009), por medio de la  cual  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo condenatorio proferido  el  23  de junio de 2009 por el Juez Catorce Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  Bogotá,  que  lo  sentenció a las penas de ciento seis (106)  meses  de prisión, interdicción de derechos y de funciones públicas por igual  término,  multa  de  cuatrocientos  (400)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes  y  le negó los subrogados de suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria como sustitutiva de la prisión, por  encontrarlo responsable del delito de secuestro simple atenuado.   

          HECHOS   

El  14  de  abril de 2008, a las 10:20 de la  mañana,  a la altura de la avenida Ciudad de Cali con calle 6ª de esta ciudad,  el    conductor    de    la    tracto    mula   de   placas   SNG   –   872,   Edgar  Álvarez  Calvo  fue  abordado  por  un  uniformado que vestía prendas similares a las de la policía  del  tránsito  y  se  desplazaba  en  motocicleta,  quien le ordenó detener la  marcha  y  descender  del rodante, momento en que fue aprehendido por la espalda  por  otro  sujeto  que  lo  obligó  a  subir  a un automóvil de color azul que  abandonó  el lugar, mientras un tercer hombre que ocupaba el automóvil se puso  al mando del tractocamión.   

A Edgar Álvarez lo transportaron, con venda  en  los ojos, por diferentes lugares de la ciudad, lo cambiaron a otro vehículo  y  rodaron por espacio de unas dos horas, cuando optaron por dejarlo libre en un  lugar  de  la  ciudad  donde tomó un taxi y posteriormente se reunió con Fredy  Ortiz   Ballesteros,   conductor   que   escoltaba  la  tracto  mula1,  y  los  dos  formularon la denuncia en un comando de policía de Bogotá.   

El  despojo  del  vehículo  articulado  fue  presenciado  por  el  patrullero  de  la Policía Nacional Oscar Julián Cardona  Figueroa  y su compañero, quienes lo persiguieron hasta un parqueadero cerca al  barrio      “Patio  Bonito”  de  la  capital,  donde   capturaron   al   conductor  a  quien  identificaron  como  APOLINAR  MARTÍNEZ RIVERA y le decomisaron  el teléfono celular de propiedad de Edgar Álvarez.   

ANTECEDENTES  

La  audiencia de formulación de imputación  por  los  delitos de secuestro simple atenuado (artículos 168 y 171 modificados  por  la  ley  890  de  2004)  y hurto calificado y agravado se realizó el 15 de  abril  de  2008;   la  acusación  por  la  conducta  contra  el patrimonio  terminó por preacuerdo con la fiscalía.   

El fiscal presentó escrito de acusación el  20  de  mayo  de  2008;   la  audiencia  de  formulación  de acusación se  realizó el 16 de junio de 2008.   

El  Juzgado  Catorce  Penal  del Circuito de  Bogotá  con funciones de conocimiento, profirió sentencia de primera instancia  el  23  de  junio  de  2009  (Fls. 115 – 134 / 1)   

El  Tribunal de Bogotá confirmó la condena  el  7 de septiembre de 2009 (Folios 11 – 31 / 2).   

El  defensor  del  sentenciado  presentó en  término  el  recurso extraordinario de casación.  (folios 34 – 49 / 2).   

LA IMPUGNACION  

Primer  cargo.   Falso  razonamiento,  aplicación  indebida  de los artículos 28 del C.P. (concurso de personas en la  conducta punible) y 29 ib. (autores).   

Sostiene  el  libelista  que  la  condena de  APOLINAR  MARTÍNEZ  RIVERA  como  coautor  impropio  del secuestro del conductor de la tracto mula se fundó  en  la  apreciación de los testimonios de Edgar Álvarez Calvo (víctima) y del  patrullero  Oscar Julián Cardona Figueroa;  sin embargo, dijo, al apreciar  esos   testimonios,  el  juzgador  incurrió  en  errores  de  razonamiento  que  contrarían  los dictados de la lógica, la ciencia, la experiencia y el sentido  común:   

La  conducta  del  procesado  no  puede  ser  calificada  como de coautor porque no se demostró que hubiese habido un acuerdo  común,  división  de  funciones,  ni  aporte  eficaz de trabajo con los demás  partícipes del secuestro del conductor del vehículo articulado.   

La    retención    del   camionero   se  produjo…   “con  posterioridad  al momento en que  MARTÍNEZ  RIVERA procedió  a  transportar el automotor al lugar convenido con los demás partícipes.   La  decisión  de  retener  al  conductor  por  parte  de los otros partícipes,  excedió  la  finalidad  del  hurto,  el  cual  no  se le puede cargar al señor  APOLINAR”.   

Cuando   el  patrullero  Cardona  Figueroa  apreció  los  hechos  se encontraba a una distancia superior a ciento cincuenta  metros  del  lugar  donde el falso policía detuvo el tracto camión, por manera  que   no   pudo   apreciar   que   APOLINAR  MARTÍNEZ  RIVERA hubiera hecho parte del secuestro del conductor  del  camión.   Lo lógico hubiese sido que, por su condición de policía,  el  Patrullero Cardona Figueroa interviniera y aprehendiera a los secuestradores  en lugar de optar por perseguir al camión.   

El papel de APOLINAR  MARTÍNEZ  consistió  exclusivamente  en  manejar  el  tractocamión  al  lugar  convenido,  de  suerte  que  tomó  parte en el hurto,  conducta  que aceptó y por la que fue sentenciado.  El no participó en el  secuestro.   

Pidió  casar  la sentencia para absolver al  procesado por el delito de secuestro.   

CONSIDERACIONES  

La  Sala de Casación Penal NO SELECCIONARÁ  la  demanda  de  casación porque de su estudio se advierte que no se precisa de  la  intervención  de  la  Corte  para  hacer efectivo algún derecho material a  favor del procesado.  En efecto:   

1.  Al revisar  el  único  cargo  propuesto,  encuentra  la  Sala  que el demandante dedicó el  ejercicio   argumentativo   a  negar  –de  nuevo-  la responsabilidad del procesado en el secuestro, aunque  admite   parcialmente   los   hechos   (como   lo   hiciera   al  preacordar  la  responsabilidad en el hurto del camión).   

Alegó  que  su defendido es responsable del  hurto   y   que  del  secuestro  son  responsables,  de  manera  exclusiva,  sus  compañeros de designio criminal (no identificados).   

Estructurada  así la demanda, corresponde a  la  Sala insistir en que el recurso de casación no tiene por finalidad plantear  indefinidamente  la controversia (teoría del caso vencida legítimamente en las  instancias ordinarias):   

El      carácter      “extraordinario”  del  recurso  de casación obedece a  que  es  inmediata  y  fundamentalmente un control de  acto, cuya finalidad se orienta a demostrar a la Corte  que  la  sentencia  (el  acto  de  administración  de  justicia)  es ilegal, es  inconstitucional, y a ello se deben orientar la(s) censura(s).   

El  error  de  hecho  por falso razonamiento  implica  demostrar,  en  serio,  que  el  juzgador  confeccionó la sentencia al  margen   del  razonamiento  correcto  a  la  hora  de  contemplar  la  evidencia  probatoria;   en  virtud  de  ello,  al  libelista le corresponde probar el  absurdo razonamiento, el disparate en la apreciación  de   pruebas   por   parte  del  juez  (individual  y  colectivo).   

Cuando la censura extraordinaria se presenta  lisa  y llanamente como la negación del compromiso penal del acusado, a la Sala  le  corresponde precisar que tal manera de argumentar no compromete la legalidad  del  fallo objeto del recurso extraordinario, porque a la sentencia la ampara el  doble   amparo  presuntivo  de  legalidad     (en     tanto     formalmente    emitida),    y    acierto    (en   la   medida   que   la  contemplación de la evidencia fue correcta en las instancias).   

El  objeto  del  recurso  de  casación  es  demostrar  a  la  Corte  que  el  fallo  es  ilegal / inconstitucional, bien por  errores  de  procedimiento  que  comprometan  la estructura del proceso (errores  in    procedendo   de   estructura),   bien  por  desconocimiento  de  garantías  defensivas (errores  in  procedendo de garantía), ora  por  errores  en  la  aplicación  de  la  ley o en la contemplación material o  jurídica    de    las    pruebas    (errores    in  iudicando  de  hecho  o  de  derecho) con entidad para  comprometer la legalidad del fallo.   

La  mera  discrepancia de criterios entre el  demandante  y el juez colegiado no habilita a la Corte para que examine el fondo  de  la  materia2,  porque  no  se  trata  –el  extraordinario  recurso-  de  presentar  una  nueva  alegación,  indefinida,  opuesta a la verdad que revela la decisión del juez cuando acertó  en la contemplación de la prueba.   

2.    La  determinación  de  responsabilidad  penal como coautor impropio de un delito se  fundamenta  en  el  hecho  de  que  el  responsable  asume  deliberadamente  las  consecuencias  que  pueda  acarrear  la  criminal  empresa.  En el presente  evento,  los  complotados  asumieron  la ilícita empresa de hurtar un vehículo  articulado  (tracto  mula)  y  su  cargamento,  y  el  papel  que  correspondió  a  MARTÍNEZ  RIVERA  fue el  de…    “transportar  el  automotor  al  lugar  convenido  con  los  demás partícipes”.   

Si bien es cierto que el acusado no ejecutó  materialmente  acción  alguna en la retención física del camionero, labor que  en   la   distribución   del   trabajo   correspondió,   según  el  libelista  a…     “los   otros  partícipes”,  resulta  superfluo  pretender ahora  exculparlo  (por  el  secuestro)  con  el  argumento  de  que  la retención del  camionero  “excedió  la  finalidad  del hurto” y que  por  ello  no  se le puede responsabilizar, cuando lo previsible en un delito de  la magnitud del que optó, es la inhibición del conductor.   

Por manera que el apoderamiento del camión y  del  cargamento  fue  obra mancomunada, en la que varias personas intervinieron,  una   de   ellas   fungiendo   como   policía   de   tránsito,   otro(s)  como  secuestrador(es)  del  camionero,  y uno más (APOLINAR  MARTÍNEZ)  como  conductor  del  vehículo hurtado, a  quien correspondía llevar el botín a lugar seguro.   

En  esas  precisas  condiciones  (fundamento  fáctico)   resulta   legítima   la  deducción  de  responsabilidad  penal  de  APOLINAR   MARTÍNEZ  como  coautor                   impropio3   del  secuestro  (fundamento  jurídico),  porque  la  ejecución del plan delictivo admite la cooperación de  un  número  plural  de conspiradores que trazan un objetivo ilícito (hurtar el  camión)  y  para  el  éxito  de  la  criminal  empresa, asumen deliberadamente  retener, secuestrar al(os) pasajero(s).   

En  suma,  la definición de responsabilidad  penal  como  coautor impropio  (del  secuestro)  fue  ajustada  a  la  realidad  y al derecho, sin importar que  APOLINAR  MARTÍNEZ RIVERA no  hubiese  ejecutado  materialmente  actos de propios de aquella conducta (retener  al conductor de la tracto mula).   

Como   secuestrar  al  camionero  fue  una  decisión   presupuestada,  previsible,  preordenada,  preorganizada  por los concertados, mal puede alegarse  ahora  que  “excedió la  finalidad   del   hurto”,  pues,   para   el  caso,  todos  son  penalmente  responsables  de  uno  y  otro  comportamientos:   

Es    responsable    del    secuestro  quien  comandó  el  vehículo  articulado,       tanto       como       responsables      del      hurto   son   quienes   ejecutaron   la  retención  del  camionero, porque unos y otros emprendieron mancomunadamente la  ilícita   conducta   y   para   ello   se   distribuyeron  funciones  desde  el  principio:   

A    APOLINAR  MARTÍNEZ   le   correspondió,  como  lo  admite  el  libelista    con    total    claridad…  “transportar  el   automotor   al  lugar  convenido  con  los  demás  partícipes”.   

De  manera  que  también es responsable del  secuestro:   

“…la  coautoría   impropia…  emerge  de un plan común, del dominio colectivo del suceso, de la distribución  de  funciones,  cada  una  de  las  cuales  es  una pieza de la realización del  resultado  comúnmente  querido,  la  que,  como  tal,  no puede ser considerada  aisladamente,  pues  podría  aparecer como despreciable o ineficaz y, por ende,  impune,  y  que  solo adquiere relevancia en el conjunto y con relación al plan  criminal   propuesto”4.   

3.  La Sala no  seleccionará  la  impugnación  porque  la  censura no ofrece razón alguna que  justifique   –en  cuanto  menos-  una  de las finalidades que se persiguen con el recurso extraordinario a  la  luz  del artículo 180 del C. de P.P. y porque del contexto argumentativo se  advierte  con  claridad  meridiana  que  no se precisa de la intervención de la  Sala  de  Casación  para  hacer  efectivo  algún  derecho material a favor del  sujeto procesal.   

4.  Contra esta  determinación  se  hace  legalmente viable el mecanismo de insistencia previsto  en  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, importa advertir -como se hizo desde  la  providencia  de  diciembre  12  de  2.005,  radicado No. 24.322- que ante la  carencia   de   regulación   en   su   trámite   la   Sala   lo  ha  señalado  así:   

a- La insistencia sólo puede ser promovida  por  el  demandante  dentro de los cinco (5) días siguientes a la notificación  de  la  providencia  que  inadmite  la  demanda  de  casación  u  oficiosamente  provocada  dentro  del  mismo  lapso  por alguno de los Delegados del Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –en        tanto        no        sean       recurrentes–   el   Magistrado  disidente  o  el  Magistrado   que   no   haya   participado   en   los   debates  o  suscrito  la  inadmisión.   

b- La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en  un  término  de  quince (15) días”5.   

En virtud de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1)          INADMITIR    la   demanda   de     casación     formulada    por    el    defensor  contractual  de  APOLINAR MARTÍNEZ RIVERA,  contra  la sentencia del 7 de septiembre de 2009 proferida por el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá.   

2)   Contra  esta  decisión procede el  mecanismo  de  insistencia  a  la  luz  del inciso segundo del artículo 184 del  Código de Procedimiento Penal.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen,   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

        ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO                 MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1En  hechos    semejantes,    ocurridos    de   manera   simultánea,   Fredy   Ortiz  Ballesteros     fue  interceptado  por  otro  agente  del  tránsito  en la avenida Villavicencio con  carrera  86,  donde  un  individuo  que  se  subió  al  vehículo  lo obligó a  dirigirse  a  la  avenida  Ciudad  de  Cali  con calle 26, en donde le ordenaron  abordar  un  taxi que lo condujo hasta la avenida Boyacá con calle 80, donde lo  dejaron en libertad.   

2Cfr.  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del  15  de  diciembre  de 2008, rad. núm.  30665;   en  el mismo sentido,  del Auto del 20 de abril de 2005, rad.  núm.  23517;  auto del 24 de noviembre de 2005, Rad. 23897;  auto del  23 de marzo de 2006, rad. núm. 24065, entre otras.   

3En la  página  10  de  la  sentencia,  el  Tribunal  precisó que no es propiamente un  “coautor  impropio”, sino que es un  “autor  conjunto”   de   las  conductas que atentaron contra la vida de las víctimas.   

4CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sentencia de revisión del 9 de  noviembre    de    2009,    rad.    núm.    32288;     ib.    Casación  del  25  de  abril  de  2000,  rad.  núm.  11925, entre  otras.   

5Providencia  de  diciembre  12 de 2.005, radicado No. 24.322;   ib. auto del 4 de mayo de 2006, rad. núm. 25006.     

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