33043(18-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 33043  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  373  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de noviembre de  dos mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el     defensor    de   JESÚS   ANTONIO   URIBE  GUERRERO   en  contra  del  fallo  de  segundo  grado  proferido  el  10  de agosto de 2009 por la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cartagena de Indias, el cual confirmó la  decisión  de  primera  instancia del 24 de abril anterior, por medio de la cual  el  Juez  Único Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad condenó al  acusado  a la pena principal de 21 años y 4 meses de prisión, como autor de la  conducta   punible   de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  agravada.     

H    E   C   H   O  S   

Fueron resumidos por el Tribunal en el fallo  impugnado, así:   

“Tuvieron  ocurrencia  el  día  12 de agosto del año pasado (2008) en el corregimiento de  Cerro  de  Burgos  del  Municipio  de  Simití  (Bolívar),  cuando unidades del  Ejército  Nacional  acantonado  en ese sitio interceptaron un camión de placas  PKD-485,  del  que  se sabía por información de fuente humana que transportaba  estupefacientes.  Seguidamente,  funcionarios  de  la  SIJIN  procedieron  a  la  revisión  del  rodante, hallándose cerca de nueve kilos de cocaína escondidos  en  un  recipiente  metálico que se encontraba en el lugar donde se almacena el  aire  para  los  frenos  del  vehículo,  razón por la cual procedieron a darle  captura al conductor JESÚS ANTONIO URIBE GUERRERO.”   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

La  captura  en  flagrancia  de JESÚS   ANTONIO   URIBE   GUERRERO   fue  legalizada  en  audiencia  preliminar celebrada ante el Juez Promiscuo Municipal  con  Función  de Control de Garantías de Simití (Bolívar) el 13 de agosto de  2008.   El mismo funcionario, a instancias del fiscal seccional de la misma  localidad,  declaró la legalidad de la aprehensión y de la incautación de los  elementos;  formuló  contra URIBE GUERRERO  imputación  por  la  conducta punible de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  (artículo  376 del Código Penal, modificado por la  Ley  890  de  2004) y le impuso medida de aseguramiento de detención preventiva  intramural.   A  su  turno, el Juez Segundo Penal Municipal con Función de  Control  de  Garantías  de Cartagena, a solicitud del defensor del imputado, le  concedió  la  libertad  provisional a URIBE GUERRERO, conforme con el artículo  317-4  de  la  Ley  906  de  2004,  en  audiencia  preliminar  celebrada el 5 de  noviembre de 2008.   

El   escrito  de  acusación fue radicado el 27 de noviembre de 2008 por  el  Fiscal  Quinto  Especializado de Cartagena, motivo por el cual el 6 de enero  de  2009,  ante  la   Juez  Única  Penal  del  Circuito  Especializado con  Funciones  de  Conocimiento  de  la  misma ciudad, se llevó a cabo audiencia de  formulación de acusación en  contra    del    imputado    JESÚS   ANTONIO   URIBE  GUERRERO   como  autor  de  la  conducta  punible  de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes agravada (artículo 376 del  Código  Penal,  en  asocio  con el 384-3 del mismo estatuto, modificados por la  Ley 890 de 2004).   

La   audiencia  preparatoria tuvo lugar el  6 de febrero de 2009;  en  ella  la juez de conocimiento dispuso la práctica de las pruebas requeridas  por  los  intervinientes  y  admitió  las  estipulaciones  probatorias entre la  fiscalía  y  el procesado sobre el peso y calidad de la sustancia, su cadena de  custodia y la ausencia de antecedentes de aquél.   

En sesiones del 5 y 26 de marzo y 2 de abril  de  2009 se celebró la audiencia del juicio oral, una vez culminada la cual, la  juez  de  conocimiento  anunció el sentido   condenatorio   del   fallo.   

En  audiencia  del  24  de  abril de 2009 la  funcionaria  judicial  corrió el traslado de que trata  el  artículo 447 del Código de Procedimiento Penal de  2004  y enseguida procedió a la lectura del fallo por medio del cual condenó a  JESÚS ANTONIO URIBE GUERRERO  a  las  penas principales de 21 años y 4 meses de prisión, multa equivalente a  2666   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término   de  20  años,  como  autor  de  la  conducta  punible  de  tráfico,  fabricación   o   porte   de   estupefacientes  agravada  (artículos  376,  en  concordancia  con  el 384-3 de la Ley 599 de 2000, modificados por la Ley 890 de  2004),  al  tiempo que le negó el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena y el sustituto de la prisión domiciliaria, y se abstuvo  de  condenarlo  al  pago  de  los  perjuicios  derivados  de la ejecución de la  conducta punible.   

La  anterior determinación fue apelada  por  el  defensor del procesado y  confirmada  por  la  Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal Superior de Cartagena de Indias, en sentencia de  segunda instancia del 10 de agosto de 2009.    

De manera oportuna, el apoderado judicial de  JESÚS ANTONIO URIBE GUERRERO  interpuso  y  sustentó  por  escrito  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor del procesado ataca el fallo de  segunda  instancia proferido por el Tribunal Superior de Cartagena, a través de  un  único  cargo  formulado  al  amparo  de la causal que describe el artículo  181-3  de  la Ley 906 de 2004, particularmente por el manifiesto desconocimiento  de   la   garantía   de   la   legalidad   y   las   reglas   de   ‘valoración’ de la prueba.   

En  sustento  de  su denuncia, el recurrente  señala  que  en  la  declaración  del  testigo  de cargo soldado Carlos Quiroz  Urrego,  persona  que  participó  en  los  momentos  anteriores,  coetáneos  y  posteriores  a la captura de URIBE GUERRERO,   existen   contradicciones   importantes,  las  cuales  se  hacen  evidentes  al  contrastar  su  dicho  rendido  en  la  audiencia  preliminar  de  legalización de captura con el vertido en la del juicio oral.   

El  casacionista  precisa que en la referida  audiencia  preliminar,  el testigo expresó que: “el  motivo  de  la  demora  en  el  trayecto  del sitio de la aprehensión (Cerro de  Burgos)  hasta las instalaciones de la base militar del Municipio de Santa Rosa,  el  cual  no queda a más de dos horas (hecho conocido y notorio) había sido un  ‘pinchazo’   del   vehículo   en  el  que  se  trasladaba  mi  defendido  y  que  tuvo  que  buscar  a un muchacho  que le  prestara  una  motocicleta.  Que fue en ese rodante y remontó la llanta y luego  continuó  su  camino  para  luego dar con la captura de mi defendido en la base  militar,  pero  que  no se pudo comunicar con la base, porque en esa zona no hay  señal de celular”.   

Pero,  al  declarar en la vista pública dio  una  versión  distinta, así: “luego ha manifestado  haber  llamado  a un mecánico que llegó hasta el sitio y lo desvaró, ya en su  dicho    –agrega   el  casacionista-  no  aparece la motocicleta, como ahora  aparecen  las  llamadas  manifestando que sí se comunicó con la base militar y  que  allí  le  manifestaron  que  no  lo  podían  ayudar porque había un plan  candado  y que buscara ayuda por otro lado, entonces fue cuando se comunicó con  el  mecánico  que  lo  desvaró,  quien  le dijo que alejara a mi defendido del  sitio  para  que no lo viera, situación que se retardó por espacio de una hora  aproximadamente.”   

En   conclusión,   afirma  el  libelista,  “los     anteriores     son    solo    pequeños  detalles”  que  permiten  inferir  que el testigo es  contradictorio,  incoherente e impreciso, razón por la cual sus atestaciones no  pueden  ser suficientes para emitir el fallo de condena.  Por no apreciarlo  así  –dice el libelista,  el  Tribunal  desconoció  las principales garantías constitucionales y legales  del procesado.   

Con apoyo en los anteriores razonamientos, el  recurrente  pide  a  la  Corte  que  case  y  revoque  la  sentencia  impugnada.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  A  la  Sala de Casación Penal le asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la demanda  de  casación,  conforme la competencia que fija el artículo 32-1 de la Ley 906  de   2004,   en   asocio   con  el  inciso  1º  del  artículo  184  del  mismo  Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación  en  concreto  de  la  demanda  que  concita  su  atención, estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  al término de las actuaciones procesales, a través de las cuales se  investigan  y juzgan comportamientos punibles, cuando las decisiones proferidas,  o  bien  el  trámite surtido, afectan derechos de los intervinientes.  Por  lo  tanto,  la  finalidad  del  recurso  extraordinario no es otra que lograr la  efectividad  del  derecho  material desconocido, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte, son los mismos del proceso penal; así se explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  encaminado a lograr esos  fines.   

Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse que este  recurso  extraordinario  es  consecuencia natural de la función que ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según lo determina el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha   señalado   que   si  bien  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las  enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos  o  se  ofrezca una sustentación mínima, y  c)  que se demuestre de qué  manera  el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de las finalidades del  recurso.   

Esto es así y encuentra su razón en que, de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso 2° del artículo últimamente  citado,  no  será seleccionada la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  i) Si  el     demandante     carece     de     interés     jurídico;     ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como la materialidad de la afectación  de los derechos  o   garantías  fundamentales;  para  ello, deberá  formular y desarrollar los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación, según lo reseñado más arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En  consecuencia,  el recurso extraordinario  no  es un instrumento que permita continuar el debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, no  es  procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del  trámite, sino que  debe  ser  un  escrito  claro,  lógico,  coherente y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de  los  motivos  expresa y taxativamente  señalados  en  la  ley,  y  conforme  el interés que  legalmente  le  asista al recurrente, se denuncian errores, bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente, con estricta sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de  cada  una de las causales de casación y la jurisprudencia de la  Sala han impuesto de tiempo atrás.   

El caso concreto.  

Desde   ya,   la  Colegiatura  anuncia  la  inadmisión  de  la  demanda  de casación debido a sus ostensibles falencias de  fundamentación,  en  particular  porque  no  logra  nada  más  que ofrecer una  discrepancia  con  la  apreciación  probatoria  del  juzgador, lo que conduce a  predicar  la intrascendencia del argumento casacional para obtener los fines que  se propone.   

4.  Ahora  bien,  la causal de casación que  aquí  ensaya  el  libelista  es aquella que describe el numeral 3 del artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  la  cual  se ocupa de la  denominada     violación     indirecta  de  la  ley  sustancial, esto es, el manifiesto desconocimiento de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha  fundado la sentencia.    

La  causal  tiene, entonces, dos vertientes:  por  una  parte,  el  desconocimiento  de las reglas de producción de la prueba  alude    a   los   errores   de   derecho  que se manifiestan por los falsos juicios  de  legalidad,  los  cuales  tienen  que  ver  con  la  práctica   o   incorporación   de  las  pruebas  sin  cumplir  los  requisitos  contemplados  en  la ley o, excepcionalmente, por falso  juicio            de           convicción2,  que  tiene  lugar  cuando el  sentenciador  le  concede  a  la  prueba  un  mérito  distinto al que la ley le  asigna.   

Y  en  lo  referente  a la violación de las  reglas  de  apreciación  de la prueba, la jurisprudencia de la Sala ha dicho de  manera  reiterada  que  esta  clase  de  yerro  debe  orientarse  en  esta  sede  extraordinaria  como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  motivo de  casación   que   comprende,  además  de  los  errores  de  derecho,   los  denominados  errores de hecho,  los  cuales  se configuran a  través de tres formas:   

i) El falso juicio  de   existencia,   el  cual  se  concreta  cuando  el  sentenciador                declara  un hecho  demostrado  con  base  en  una prueba inexistente u omite la apreciación de una  prueba   allegada   de   manera   válida   al   proceso,  ii)  el  falso    juicio   de   identidad,   yerro  consistente  en  la distorsión o alteración de la expresión fáctica del  elemento   probatorio,   es   decir,  como  se  dice  comúnmente,  el  juzgador  hace  decir  a  la  prueba  lo  que  materialmente no  dice,   y   iii)  el  falso  raciocinio, al cual puede llegar el juzgador gracias a  la  fijación  de  premisas  ilógicas  o irrazonables por desconocimiento de las pautas de la sana crítica,  esto  es,  las  reglas  del  sentido  común,  la  experiencia,  la ciencia o la  lógica.    

Es así que, como consecuencia de alguno de  los   yerros  de  apreciación  reseñados,  el  fallador  termina  por  aplicar  indebidamente,  excluir  o interpretar de forma equivocada una norma sustancial;  es  por  eso, precisamente, que se dice que la violación de la norma sustancial  es indirecta: porque a ésta se llega previo un dislate probatorio.   

La  invocación  de uno cualquiera de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  la  demostración  de  que  el mismo fue  determinante  en  el  sentido  del  fallo censurado. Para ello, al recurrente le  corresponde   analizar   las   bases  probatorias  que  sustentan  la  sentencia  impugnada,  única  manera  de  enseñar a la Corte que la corrección del yerro  conlleva  necesariamente  la  modificación  de  su  parte  dispositiva,  en  el  entendido  que  la  sentencia  bien  podría  mantener  su sentido aún frente a  yerros  de  apreciación  que  carecen  de  la idoneidad necesaria para mutar su  sentido de manera sustancial.   

La  Sala  ha  fijado de forma pacífica los  lineamientos  a  los  que se debe sujetar la demanda de casación que se orienta  por vía de esta particular modalidad del error de hecho:   

“Cuando  la  censura  se  funda  por  los  senderos  de  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial  por error de hecho por falso raciocinio, el casacionista, con el fin  de  cumplir  con  el presupuesto anteriormente señalado, debe indicar cuál fue  la  ley  de  la  lógica,  el  principio  de  la  ciencia  y/o  la máxima de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y  su incidencia en la parte  dispositiva de la sentencia.”   

“Recuérdese  también  que,  cuando  el  reproche   se   apoya   en   la  nomenclatura  anteriormente  mencionada,  surge  indispensable  que  el  censor  enseñe  y demuestre el vicio que le enrostra al  juzgador,  habida  cuenta  que la simple discrepancia de criterios no constituye  yerro  para  ser  atacado  en esta sede, puesto que el juzgador goza de libertad  para  justipreciar  los  medios de prueba, sólo limitado por los postulados que  informan la sana crítica.”   

“En  lo  atinente a la trascendencia del  error  en  la  apreciación  probatoria,  necesario es que el casacionista tenga  para  ese  efecto  todos  los  medios  de  prueba  que  sustentaron el juicio de  condena,  en  la  medida  en  que  si  el  mismo  resulta  inane,  la  sentencia  permanecerá incólume.”   

“Por  último, con el objeto de integrar  la  proposición  jurídica  completa, el libelista debe señalar cómo el error  en  la  apreciación  de  las  pruebas condujo a aplicar una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el  asunto  o,  a  excluir otra que sí dirimía el objeto  litigioso    desde    el    plano    del    juicio    de    derecho.”3   

Las anteriores precisiones son relevantes a  la  hora  de  emprender  el  estudio de los requisitos formales de la demanda de  casación,     comoquiera    que    –tal  como  ya  se  advirtió-  de los razonamientos expuestos por el  casacionista  surge  evidente  que  éstos  no  cumplen  con los presupuestos de  lógica y debida fundamentación.   

En efecto, las falencias en la postulación  y desarrollo del cargo se evidencian con claridad:   

En primer lugar, el censor omite precisar a  esta  Colegiatura cuál fue la norma sustancial violada y cuál el sentido de la  trasgresión.  Así,  en un ataque como el que emprende el casacionista la norma  sustancial   vulnerada,   por   aplicación  indebida,  sería  naturalmente  el  artículo  376  del  Código  Penal  en  asocio  con  el  384-3;  no obstante lo  anterior,    al    no    afrontar    el   propio   recurrente   este   ejercicio  argumentativo   no  puede  la  Sala  hacerlo  en  su  lugar, por la expresa  prohibición que le impone el principio de limitación.   

Además  de  lo  anterior, el demandante es  ostensiblemente  impreciso  a  la  hora de elevar la correspondiente petición a  esta  Colegiatura,  habida cuenta que se limita a solicitar la revocación de la  decisión  impugnada,  pero  omite  toda referencia al fallo de sustitución que  vendría como consecuencia natural del cargo que formula.   

Y por otra parte, el recurrente viola uno de  los  principios  más  relevantes  de  la  lógica  formal  cual  es  el  de  no  contradicción.  Lo  anterior,  por  cuanto  anuncia  en  el libelo que el fallo  vulnera  ‘la legalidad de  la  prueba’ y, enseguida,  afirma  que  de  igual  forma  desconoce  las  reglas  de apreciación. Con este  planteamiento,   el   recurrente  confunde  el  falso  raciocinio  -una  de  las  modalidades  del  tradicional  error de hecho- con el falso juicio de legalidad,  el  cual  es,  a su vez, junto al falso juicio de convicción, una de las formas  en que se presenta el error de derecho.    

Las  dos  vías  de  ataque  que enuncia el  impugnante  son  excluyentes  entre  sí,  pues la crítica por falso raciocinio  supone  necesariamente  que  la  prueba  indebidamente apreciada fue incorporada  válidamente,   mientras   que   un   reproche  por  violación  a  ‘la legalidad de la prueba’  implica un vicio que la afecta desde  su  aducción, lo cual impide lógicamente entrar a censurar su apreciación por  el juzgador.   

Con  todo, y aún cuando a la Sala le fuera  dado    pasar    por    alto    las    imprecisiones   reseñadas   –de  por sí suficientes para inadmitir  la  demanda-,  y  pudiera  entender  que la intención del defensor –como parece ser- es la de sustentar un  reproche  de  falso  raciocinio, tampoco así su argumento tendría éxito, toda  vez  que  insiste  en  desconocer la mayoría de deberes de fundamentación que,  según  lo  ha fijado la jurisprudencia de la Corporación, ha debido cumplir si  pretendía tener éxito con esta particular vía de reproche.   

Así,  al  enfrentar  los requerimientos ya  reseñados  para  emprender  el  reproche  contra  el  fallo a través del falso  raciocinio   frente   a   los   razonamientos   que   sustentan  la  demanda  de  casación,   la Corporación aprecia con nitidez que el impugnante incumple  todos los presupuestos pues no atina a:   

i)  identificar  cuál  fue  la  regla  de  experiencia  que  aplicó  el  sentenciador  al apreciar el testimonio de Quiroz  Urrego,  ii)  de  qué manera esa regla de experiencia trasgrede las máximas de  la  sana crítica, iii) cuál fue la regla de la experiencia, de la lógica o de  la  ciencia  que  el  fallador  debió  aplicar,  iv) menos aún enseña de qué  manera  la  corrección  del  yerro  conduce necesaria y lógicamente a mutar el  sentido de la decisión de fondo.    

Nótese  cómo  el censor ni siquiera logra  identificar  con  precisión  cuál  fue  el  medio de convicción sobre el cual  habría  recaído  el  yerro  que  pregona,  pues  no  advierte,  como de manera  acertada  lo  hizo  ver  el  Tribunal  en  el fallo de segunda instancia, que la  versión  rendida  por  el  soldado  profesional  Carlos  Quiroz  Urrego  en una  audiencia  preliminar no configura una prueba susceptible de ser atacada en esta  sede   extraordinaria,   pues   no   fue  introducida  legalmente  en  la  vista  pública.    

Solamente si así hubiera ocurrido podía el  impugnante  criticar  la  apreciación  de  lo  vertido  por  el  testigo  en la  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura,  imputación  y medida de  aseguramiento;  de  manera correlativa, no le está dado  predicar un vicio  de  apreciación  sobre  un  elemento  que  no fue debidamente introducido en el  juicio.   

Es  así que el recurrente apenas logra con  su  razonamiento  denunciar  que el fallador no hubiese apreciado de otra manera  las  inconsistencias  de  las  atestaciones  del  militar,  particularmente  las  relativas  al circunstancias -en verdad secundarias- como fueron el supuesto uso  de  una motocicleta, la existencia de una comunicación con la base militar vía  teléfono   celular,  o  bien  el  tiempo  durante  el  cual  el  hoy  procesado  URIBE   GUERRERO   estuvo  apartado  del  vehículo  que  transportaba  la  ilícita  carga.  Con esta  manera  de desarrollar el reproche solamente logra oponer su propia apreciación  de  los  medios  probatorios a la del sentenciador, la cual se entiende amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad.   

Pero, además, nada dice el censor acerca de  cómo  esas particulares situaciones  son idóneas para desvirtuar la parte  más  trascendente  de  la  versión,  es  decir,  la  manera  en que se hizo el  hallazgo  de  casi  10  kilogramos  de  cocaína  escondidos en el vehículo que  conducía  el  hoy procesado. Menos aún avanza el recurrente hacia el análisis  de  la  totalidad  del  conjunto  probatorio para demostrar la trascendencia del  hipotético yerro.   

Por todo lo anterior, los razonamientos que  ofrece  el  libelista no configuran más que un alegato de instancia, el cual no  demuestra   un   error   relevante   de  falso  raciocinio  en  la  apreciación  judicial.   

Conclusión.  

5.  Baste  lo anterior para concluir que el  argumento  que  desarrolla  el  cargo  por  falso  raciocinio  no  cumple con el  presupuesto   de   debida  fundamentación,  motivo  por  el  cual  será  inadmitido  a  esta  sede extraordinaria.  Por otra parte, la  Corporación  no avizora la necesidad de admitir el libelo, tal como lo autoriza  el  inciso 3º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, con el fin de actualizar  alguno   de   los   fines   de  la  casación  reseñados  al  inicio  de  estas  consideraciones.   

Acotación final.  

6. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación4,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por  el  apoderado  del  procesado  JESÚS  ANTONIO  URIBE GUERRERO.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                PERMISO   

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

               PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                        JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Ib.  radicación 24.530.   

3 Corte  Suprema   de   Justicia,   auto   de   13   de  febrero  de  2008,  radicación:  26017   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *