33125(06-10-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33125  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 321   

Bogotá  D.C.,  octubre  seis (6) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado   FETNER  SALAZAR  MOLANO.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Pasadas las 5 de  la  tarde  del  24  de  enero de 2004, en la calle 14 #18-05 de Neiva, Barrio La  Libertad,  se  suscitó una discusión entre FETNER SALAZAR MOLANO y Saúl Arias  Moya.  A  continuación el primero le pegó en el rostro al segundo, haciéndolo  caer  hacia  atrás.  Arias  Moya,  quien se hallaba en estado de embriaguez, se  golpeó  la cabeza y a causa de ello falleció minutos después. En la necropsia  se  concluyó  que  el  hombre,  de  48  años  de  edad, murió “por  encefalopatía  hipóxica  por  contusión cerebral” y fractura del cráneo por trauma contundente.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  26  de  enero  de  2004,  fue  vinculado  el  agresor a través de  indagatoria,  la  Fiscalía  le  resolvió  la situación jurídica el 3 de mayo  siguiente  y  lo acusó el 1º de marzo de 2006, en calidad de autor responsable  de homicidio preterintencional.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  22 de mayo de 2007 el Juzgado  2º Penal del Circuito de Neiva  condenó  a  SALAZAR  MOLANO  a  78  meses  de prisión, inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo término y al pago de  50  salarios mínimos legales mensuales, por concepto de daños morales, a favor  de  la  esposa  e  hijos del occiso. No se le concedió la condena de ejecución  condicional  ni  le  fue  sustituida  la  pena  privativa  de la libertad por la  prisión domiciliaria.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y el Tribunal Superior de Neiva, por intermedio de  la  sentencia  recurrida   en  casación,  dictada  el 13 de julio de 2009,  determinó  como  beneficiarios del pago de los perjuicios decretados en primera  instancia  a  Betsabe Moya de Arias y a Sandra Arias Moya, madre y hermana de la  víctima, confirmando en lo demás el fallo de primera instancia.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos de violación indirecta  de  la  ley  sustancial  propuestos  al  amparo  de  la  causal 1ª de casación  prevista  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de 2000. En el  primero  denunció  el  censor  error  de  derecho  originado en falso juicio de  legalidad   y   en   el   segundo   error   de   hecho   por   falso  juicio  de  existencia.   

1.  El  Tribunal  fundamentó  la  autoría  del  delito  en  el  testimonio  de Heriberto Escobar  Quimbaya,  recaudado  sin  sujeción  a  “las formas  propias  del  juicio”, al impedirse la oportunidad de  controvertirlo.  En efecto, rindió declaración ante la Policía Judicial a las  8  de  la  mañana del 26 de enero de 2004, a espaldas del imputado, quien sólo  contó  con  defensor  a  las  3:20  de  la tarde de ese día, al practicarse su  indagatoria.   

Ahora  bien:  aunque en la sentencia se hizo  alusión  “a otros argumentos probatorios”,        fueron        “simples  suposiciones”  que  sin  el  testimonio  atacado  no  acreditan   la  responsabilidad  penal  del  acusado.  En  el  resultado  de  la  necropsia,  ciertamente,  se  registró  la  huella  de un golpe recibido por la  víctima   sobre   la   región   nasal   y   el   ad  quem precisó que esa situación aparecía corroborada  con  el  dicho  de  Escobar  Quimbaya,  al  cual  otorgó  credibilidad luego de  destacar  las contradicciones sustanciales existentes entre los relatos de Jaime  Salazar,  Edwin  Salazar  Molano, Euclides Cárdenas Delgado y el del procesado,  derivadas  para  el  Tribunal  de  una  “desacertada  estrategia  defensiva  plasmada  a través de los dichos en mención” y estructurantes del indicio de mentira.   

Se  trata  de  apreciaciones  de  la segunda  instancia   “netamente   subjetivas,  sin  respaldo  probatorio  alguno”.  “A  toda  costa le derivó plenos efectos” al testimonio,  en  contravía  de  los principios de publicidad y contradicción, sin brindar a  los  sujetos  procesales  la  oportunidad  de contrainterrogar al declarante, el  cual   “no  volvió  a  dar  la  cara  en  todo  el  proceso”.   

El   error  es  evidente  y  trascendente,  apreciándose  “de bulto”  que incidió en la decisión final.   

2. El falso juicio  de  existencia  por  suposición  denunciado  en  la  segunda  censura  lo  hizo  consistir  el  casacionista  en  que  la  Corporación  de segundo grado estimó  erróneamente   “que  la  lesión  sufrida  por  la  víctima  fue dolosa, cuando todos sabemos que es muy difícil poder diferenciar  si   un  comportamiento  fue  doloso,  culposo  o  preterintencional”.   

No se cuenta con certeza de que la intención  del   procesado   fuese   lesionar   a   Arias   Moya   o   que  “quisiera  su  eventual  muerte  o  fallecimiento,  sino  que fue una  reconvención  verbal  por las palabras de grueso calibre que lanzaba él contra  su  padre.  Es  que  si  el  enjuiciado FETNER SALAZAR MOLANO, hubiese tenido la  intención  de  causarle  algún  tipo de daño en la humanidad del señor Saúl  Arias  Moya,  no  le  hubiese  propinado  una  palmada  (aceptando  en gracia de  discusión  que  esto  en verdad ocurrió) en el rostro, sino que hubiese podido  optar  por un cabezazo, un puñetazo, un codazo, una patada, un rodillazo u otro  tipo de agresión de mayor magnitud ”.   

Adicionalmente,  a juicio del recurrente, el  ad quem no tuvo en cuenta que  si  las  lesiones a la víctima fueron “en la región  suborbitaria   derecha   y   en   el   ala   nasal  del  mismo  lado”,  es  porque  la  bofetada  se  propinó  con la mano izquierda,  “circunstancia  que no aparece demostrada dentro del  expediente,  porque  nunca  se  estableció  si  el  aquí  enjuiciado es zurdo,  diestro  o  ambidiestro”.  De otro lado, si el golpe  fue  con  la  mano abierta, “sobre la emicara derecha  de  la víctima”, no podía hacerla retroceder y caer  hacia  atrás  “puesto que el golpe así propinado lo  haría  girar  hacia su izquierda, por la ley natural de la física conocida con  el nombre de inercia”.   

A renglón seguido se refiere el casacionista  a  la  noción  de homicidio preterintencional y tras concluir que no todo daño  al  cuerpo  seguido  de  muerte  es esa conducta punible, la cual es únicamente  imputable  si  hay  dolo  de  lesionar  y  el  resultado  muerte  es  atribuible  “al   menos   a   título   de   culpa”,   advierte   que   en   el   caso   examinado  su  representado  “no       tenía       porque      (sic)  prever,  que  el señor Saúl Arias  Moya,  hubiese  estado ingiriendo bebidas alcohólicas desde tempranas horas del  día  y  que cuando ocurrieron estos fatídicos hechos, al llamarle la atención  por  los  improperios que lanzaba a su padre, se desestabilizara y perdiera este  el  equilibrio  para  caer  posteriormente  de  espaldas al suelo y golpearse la  cabeza  para producirse lesiones personales que desafortunadamente le produjeron  la muerte”.   

Le  pide el censor a la Corte, en fin, casar  la  sentencia  para absolver al procesado y, en subsidio, para condenarlo por el  cargo de homicidio culposo.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso de  casación,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha señalado la Sala, no es una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario apto para desaprobar de  cualquier   manera   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el  trámite  procesal.   

El   mismo1  está limitado a los posibles  errores  susceptibles  de  cometerse  en un proceso, los cuales se sintetizan en  los  motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el  presente  caso los  previstos  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con sujeción a la cual la  defensa presentó el libelo.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –de   trámite   o   de  garantía—,  el carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón  por  la  cual  es  necesario  acudir  a  ese  remedio  extremo.   

Las   demás  incorrecciones  posibles  de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y  los  segundos,  si  toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si  no se hubiese presentado la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinaria, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender lo anterior llena de contenido la  exigencia      legal      de      “claridad     y  precisión”  en  la  enunciación  de  la  causal de  casación  invocada en la demanda y en la formulación del cargo, prevista en el  artículo  212-3  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 e insatisfecha de  forma  manifiesta  en  el  presente  caso  en  la censura final formulada por el  defensor.   

2.  En ese segundo  cargo,  en efecto, planteado como error de hecho por falso juicio de existencia,  omitió  el  casacionista  precisar cuál fue el medio de prueba supuesto por el  juzgador  y  demostrar  la  trascendencia  de  la  equivocación. La afirmación  categórica  consistente  en  que fue erróneo estimar dolosa la lesión causada  por  el  procesado  a  la víctima, debido a la falta de certeza al respecto, no  dice nada acerca del yerro denunciado como de ningún otro.   

Poner en duda la agresión física por parte  de  SALAZAR  MOLANO, no varía la conclusión anterior. Tampoco el planteamiento  contradictorio    de    admitir   “en   gracia   de  discusión”  que  la lesión en el rostro se produjo  aunque  sin  el propósito de causarle a Arias Moya daño corporal pues de haber  sido esa su intención lo habría golpeado con mayor fuerza.   

Al  final del reproche insistió el defensor  en  su lectura de las pruebas expuesta en las instancias, inviable de proponerse  en  desarrollo  del  recurso  extraordinario  sin la vinculación necesaria a un  error  de  juicio  probatorio  del fallador, cuya inexistencia es evidente en el  presente caso.   

En  definitiva, la censura no constituye una  proposición  susceptible  de examen en casación y respecto de ella, por tanto,  no hay lugar a la admisión de la demanda.   

3. Del primer cargo,  no  es  derivable  la  misma conclusión. Su desarrollo no es lo consistente que  debiera,  pero  se entiende y consigue bosquejar un problema jurídico que exige  pronunciamiento  de  fondo de la Corte. Aunque el Tribunal dijo en la sentencia,  del   testimonio   de   Heriberto  Escobar  Quimbaya,  que  era  “criterio  orientador”,  le  dio valor de  testimonio  y con ese fundamento, de acuerdo con la demanda, declaró probado el  golpe  que  causó la caída de la víctima y su deceso. El error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  lo  hizo  recaer  el  defensor en esa declaración  –rendida   ante   dos  investigadores     de    la    Sijin—,  desentrañándose  como  razón  de  la  invalidez  de  la prueba  postulada,    que    la    Policía   Judicial   carecía   de   facultad   para  practicarla.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  del  procesado  FETNER SALAZAR MOLANO en relación con  el    cargo    segundo    y    ADMITIRLA   respecto   del   primero.   

         2.  Para  el  concepto  legal  de  rigor  acerca  de  la  censura  en  virtud  de  la  cual se admite la demanda, córrase  traslado  a  la  Procuraduría  Delegada  ante  la  Corte  por el término de 20  días.   

         Contra la presente decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

Comisión de servicio  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                            

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en  el  del  14  de  septiembre  de 2009  (radicación 32.126).     

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