32683(10-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32683  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 073  

Bogotá, D.C., diez (10) de marzo de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Resuelve la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado LUIS  FERNANDO  VANEGAS  RÍOS  contra la  sentencia  proferida  el  13  de  marzo  de  2009 por el Juzgado Sexto Penal del  Circuito  de Bogotá, confirmatoria de la dictada el 1º de abril de 2008 por el  Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal Municipal de la misma ciudad, por cuyo medio fue  condenado como coautor del delito de hurto calificado agravado.   

HECHOS  

Fueron   declarados  por  el  ad     quem    en    los    siguientes  términos:   

“Hacia las 4:30  p.m.  del  día 26 de noviembre de 2003, en la calle 53 frente al número 82A-13  de  esta  ciudad  [de Bogotá], LUIS FERNANDO VANEGAS RÍOS, junto con otros dos  individuos,  aduciendo  ser  agentes  del  D.A.S.,  despojaron  a Raúl Fernando  Riveros  Piñeros de $1.240.000.oo en efectivo y dos cheques, cada uno por valor  de  $492.000.oo,  girados  a  nombre  de la Asociación de Padres de Familia del  Colegio  Margarita  Bosco,  luego  los  delincuentes  huyeron  del  sitio de los  acontecimientos  en  el  vehículo  marca  Mazda  de  placa  HME  364,  de donde  ejerciendo  violencia  física  lanzaron  a Riveros Piñeros, siendo perseguidos  por  el ciudadano Carlos Andrés Trujillo Triana, quien interceptó al susodicho  rodante  en  la  Avenida  Ciudad de Cali con Avenida La Esperanza, logrando así  que  la  policía formalizara la captura de VANEGAS RÍOS, persona que conducía  el     rodante     en     cuestión”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  fundamento en la denuncia formulada por  el  ofendido,  la  Fiscalía Setenta y Dos Local de Bogotá declaró la apertura  de   la   instrucción   y   vinculó   mediante   indagatoria   a  LUIS  FERNANDO  VANEGAS  RÍOS,  a  quien  resolvió  situación  jurídica  provisional  con  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  por los delitos de  hurto    calificado    agravado,    concierto    para   delinquir   y   lesiones  personales.   

Una  vez concedió la libertad al procesado,  por  competencia remitió las diligencias a la Fiscalía Novena Especializada de  Bogotá,  la  cual  dispuso la preclusión de la instrucción por el ilícito de  concierto  para delinquir, así como la devolución de lo actuado a la Fiscalía  de origen.   

Practicadas  algunas pruebas, se decretó el  cierre  de  la  investigación  y,  el  15  de  abril de 2004, fue calificado el  sumario  con  resolución  de acusación en contra del inculpado por su presunta  responsabilidad   en   la  conducta punible de hurto calificado agravado.   

La  convocatoria a juicio quedó en firme el  24  de  julio  de  2004 luego de ser declarado desierto el recurso de apelación  interpuesto por el defensor.   

La  etapa  de  la  causa  correspondió  adelantarla  al Juzgado Treinta y  Dos  Penal  Municipal  de  Bogotá  donde, cumplida la  audiencia  preparatoria  y  el  debate  oral, el 1º de  abril  de  2008  se  condenó  a LUIS FERNANDO VANEGAS  RÍOS a la pena principal de  118  meses  de  prisión, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  al  hallarlo  coautor  responsable  del delito por el cual fue  acusado.   

Igualmente,    no    lo    obligó  a pagar perjuicios y le negó la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliara.   

Apelada  la  sentencia  por  el defensor del  incriminado,  mediante  providencia  del  13  de  marzo de 2009 el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  de Bogotá redujo la pena de prisión a 5 años y 2 meses,  dejando la decisión incólume en todo lo demás.   

El abogado del inculpado interpuso en tiempo  recurso   de   casación   contra  el  fallo  del  ad  quem   y   oportunamente   radicó   el   respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

Está compuesta por dos reproches y en ambos  se alegan errores de apreciación probatoria.   

Primer      cargo:      (violación  indirecta)   

Con  fundamento  en la causal prevista en el  cuerpo  segundo  del  numeral  1º  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el  censor  denuncia  la  existencia  de  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  lo  cual  condujo  al  desconocimiento  de los artículos 29 de la  Constitución Política y 232 de la citada ley.   

Agrega   que  como  interpone  recurso  de  casación  discrecional, se hace necesario observar lo previsto en el inciso 3º  del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, pues estima quebrantada  la garantía de la presunción de inocencia.   

Asegura  que  dicha  violación se concretó  cuando  el  Juzgador  de  segundo grado arribó, con fundamento en el informe de  policía  suscrito  por  el  agente  Nelson  Espinosa  Poveda,  a la certeza sobre la materialidad del delito  investigado  y  la  responsabilidad  del  inculpado,  a  pesar  de que esa pieza  procesal  carece  de valor probatorio conforme lo consagra el artículo 50 de la  Ley   504  de  1999  y  lo  ha  señalado  pacíficamente  la  Corte1.   

En  esa  medida,  considera  desconocido  el  contenido  del  artículo 232 de la Ley 600 de 2000, según el cual “toda  providencia  debe  fundarse  en  pruebas  legal,  regular  y  oportunamente allegadas a la actuación”.   

Afirma  que  si  no  se hubiera apreciado el  informe  en  cuestión, el fallo no habría sido de carácter condenatorio, pues  las  versiones  del  ofendido  y  de  Carlos  Andrés  Trujillo  Triana  no  ofrecen  claridad  acerca  de la  responsabilidad del incriminado.   

Así  las  cosas,  pide casar la sentencia y  absolver al procesado.   

Segundo      cargo:      (violación  indirecta)   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación,  el  actor  pregona la existencia de error de hecho por  falso  juicio de identidad, lo cual originó el quebrantamiento del artículo 29  de la Constitución Política.   

Expresa que el yerro de apreciación anotado  recayó   en  la  declaración  de  la  víctima,  por  cuanto  el  ad  quem  predicó  de  ella un contenido  diferente  al  que  objetivamente  muestra,  pues  a  pesar de no identificar al  procesado,  en  la  sentencia  se  sostiene  que  lo  hizo  con fundamento en la  “vestimenta”.   

Una  vez  cuestiona  al  ofendido  por  no  describir  con  más  detalle al acusado, a quien pudo observar plenamente en el  momento  de  los hechos, aduce que si se hubiera valorado la prueba en cuestión  en  su  preciso  alcance,  la sentencia no habría sido condenatoria, ya que los  testigos  Diomar Delgado Daza  y   Carlos   Andrés   Trujillo   Triana sólo hicieron presencia después del hurto.   

Por  tal  motivo,  solicita casar el fallo y  absolver al encausado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Inicialmente resulta oportuno indicar que en  este  asunto,  conforme  lo  señala  el  demandante  en  el primer cargo, no es  posible  acceder  al  recurso  extraordinario de casación por el sendero común  sino  por  la  denominada vía excepcional o discrecional, según se infiere del  contenido  de  la  Ley  600  de  2000, normatividad aplicable en el sub   judice,  por  cuanto  el  medio  de  impugnación  en  cita  es  interpuesto  contra  sentencia  de segunda instancia  proferida por un Juzgado Penal del Circuito.   

En efecto, el inciso 1º del artículo 205 de  la  mencionada  ley  consagra  que  el recurso de casación es viable contra las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar,  cuando se proceda por  “delitos   que  tengan  señalada   pena   privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”.   

A  su vez, el inciso 3º del mismo artículo  dispone  que  cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no  es  proferido  por  los  mencionados  tribunales  o el delito por el cual se procede tiene pena privativa  de      la      libertad      inferior      al      mencionado      quantum  o  la sanción no es restrictiva  de  la  libertad, se concede a la Corte la facultad de admitir discrecionalmente  la    demanda    de    casación    “cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

Puesto de presente que el demandante no acude  al  recurso  de  casación  discrecional,  es oportuno indicar, en cuanto hace a  esta  modalidad,  que  de  manera constante la Sala ha puntualizado el deber del  libelista   de  expresar  con  total  claridad  el  motivo  dentro  de  aquellos  contemplados  en  el  inciso  3º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000 por el  cual  resulta  indispensable  la  intervención  de  la  Corte,  en virtud de la  naturaleza eminentemente rogada del referido medio de impugnación.   

Igualmente,  ha  señalado  que  al actor le  asiste   la  carga  de  persuadir  a  la  Corporación  sobre  la  utilidad  del  pronunciamiento  de  fondo  frente  a  su  jurisprudencia  o  para  salvaguardar  garantías  fundamentales  de  las  partes  o  intervinientes procesales, ya que  sólo  después  de  verificar  esa  exigencia se ocupa del aspecto formal de la  demanda,   es  decir,  que  cumpla  con  los  requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  acorde  con lo estipulado en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000.   

Así  las  cosas,  si  lo  perseguido por el  censor  es  el desarrollo de la jurisprudencia de la Corte, ha de demostrar, con  claridad  y  precisión, la necesidad de proveer un pronunciamiento con criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial, ya sea para unificar  posturas  conceptuales encontradas o con el fin de actualizar la doctrina o para  abordar  un  tópico  aún no tratado, con el deber de indicar de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a su  vez, servir de guía a la actividad judicial.   

Ahora,  si  el  propósito  es  salvaguardar  derechos  fundamentales,  el  actor  está  obligado  a  comprobar, con la misma  claridad  y precisión, la violación de garantías e indicar las normas que las  recogen  y  protegen,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo impugnado,  circunstancias  que deben aflorar con la sola referencia descriptiva hecha en la  sustentación.   

Entonces,  visto el contenido de la demanda,  es  evidente  que el censor ignora esa carga procesal, lo cual constituye motivo  suficiente  para inadmitirla, pues se limita a señalar la norma que consagra el  medio  de  impugnación  extraordinario  por vía excepcional, dejando a la Sala  sin saber los motivos de su procedencia.   

Cabe  anotar que el silencio del actor sobre  el  particular  no  se  ve  superado al observar el contenido de la demanda, por  cuanto  de  ella en modo alguno es posible inferir alguno de los dos motivos que  habilitan      la     casación     discrecional2   

.  

De  otra parte, agréguese que a la falta de  expresiones  orientadas  a  suplir  la  motivación  exigida  cuando se acude al  recurso  de casación por la vía discrecional, se suma el incumplimiento de los  mínimos  requisitos de lógica y adecuada fundamentación en la formulación de  los  dos  reparos  que  componen  demanda,  pues, sin rigor, el casacionista los  sustenta   con  un  discurso  de  libre  composición,  ignorando  el  carácter  extraordinario del medio de impugnación al cual acude.   

En efecto, además de no persuadir a la Sala  acerca  de  la  procedencia  del  recurso  de casación por la vía excepcional,  soslaya  el  contenido  del  inciso 3º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  donde     se     prevé    que    el    libelo    debe    reunir    “los demás requisitos exigidos por la  ley”.   

En  tal  virtud,  se  observa,  en punto del  primer  cargo, que la causal  elegida  por  el  actor fue la violación indirecta de la ley sustancial, motivo  por    el    cual    denuncia    la    configuración   de   falso   juicio   de  convicción.   

Esta  modalidad de yerro, conviene advertir,  se  contrae  a  que  el  juzgador  le  niega  a  la  prueba  el  valor atribuido  específicamente   en   la   ley  o  le  concede  uno  diverso  al  asignado  en  ella.   

En esa medida, el desarrollo de un ataque con  fundamento   en  esta  clase  de  error  de  derecho  requiere  inicialmente  la  identificación  del  medio de conocimiento sobre el cual en concreto se pregona  el  defecto de apreciación anotado y, a su vez, se debe especificar la norma en  que se fija su poder suasorio.   

Adicionalmente,  es necesario satisfacer dos  tareas:  la  primera,  mencionar  el valor concedido por el juzgador al medio de  conocimiento  y,  la segunda, entrar a precisar cuál debe otorgársele visto el  contenido de la disposición reguladora de su alcance demostrativo.   

Agotada esa labor, es indispensable demostrar  la  incidencia  del  yerro  de apreciación, lo cual se consigue confrontando el  conjunto  de  los  elementos  de  persuasión en que se basa la sentencia con la  prueba  estimada conforme lo fija la ley, en orden a evidenciar su influencia en  la declaración de justicia contenida en el fallo impugnado.   

Obviamente un esfuerzo argumentativo como el  que  se  viene de señalar en forma alguna es emprendido por el demandante, pues  se  observa  que  su queja se dirige a cuestionar la apreciación del informe de  policía,  medio  de  persuasión  respecto  del  cual  la Corte ha precisado su  naturaleza  para  diferenciarlo de los informes de policía judicial, motivo por  el  que incluso no se hace necesario un pronunciamiento para aclarar el referido  punto             de             derecho3.   

En  tal virtud, en realidad el interés del  defensor  no  se  orienta  a  evidenciar  el  desconocimiento de una determinada  tarifa   legal   frente   a   la   prueba   o  desnudar  un  error  in  iudicando,  sino  a mostrar insulares  inconsistencias fruto de su visión personal.   

En  este  sentido,  la  forma  de asumir el  recurso   de   casación   por   el   libelista   atenta  contra  su  naturaleza  extraordinaria,  por  cuanto  desconoce  que  no  es  el escenario propicio para  prolongar  discusiones  probatorias  sino  la  oportunidad  en  donde  se  deben  demostrar   verdaderos  y  trascendentes  errores  in  iudicando     o     in  procedendo.   

En  cuanto  hace referencia al segundo  cargo,  es  preciso consignar que  también  evidencia  falta  de  lógica  y  adecuada  fundamentación,  pues  al  cifrarlo  el  demandante  en  la  presencia  de  falso  juicio  de identidad, es  necesario  señalar  que  tal  elección  es  equivocada, pues se sustenta en el  hecho  de  que  el  fallo  arriba  a  conclusiones que los medios de convicción  directos  no  señalan,  con  lo cual ignora que fue la prueba indiciaria la que  sirvió para demostrar la responsabilidad del procesado.   

En este sentido es menester señalar que le  corresponde   identificar,  con  total  claridad,  el  elemento  de  convicción  indiciario sobre el cual se hace recaer el error de apreciación.   

Igualmente,  debe precisar, por tratarse la  prueba  inferencial  de  una  construcción  intelectual  del juzgador, en cuál  momento   de   su  formación  se  presentó  el  error,  es  decir,  si  en  la  estructuración  del  hecho indicador, en la obtención de la inferencia lógica  o, en la determinación de su capacidad demostrativa.   

Entonces,  cuando  la  queja recae sobre el  hecho  indicador,  como  de  acuerdo  con  lo  dispuesto en el artículo 286 del  Código  de Procedimiento Penal, éste “debe    estar    probado”,  corresponde  al  impugnante  identificar  la  clase  de  error de  valoración  respecto  del  medio  de  persuasión  en el cual está fundado ese  elemento de la prueba indirecta.   

Conviene  destacar  que,  como  el  hecho  indicador  se  demuestra  a  través  de  cualquier  medio  de convicción, esto  implica  que  los  ataques contra él se pueden intentar mediante la denuncia de  errores de hecho o de derecho.   

Ahora,  demostrado  el yerro de valoración  frente  al  medio de persuasión que soportaba el hecho indicador, se entenderá  desvirtuada  la  prueba indiciaria, pues el paso siguiente en su estructuración  es  eminentemente  intelectual,  el  cual  envuelve  la  existencia  de una base  material  dada por el hecho indicante que, de suyo, ya no existiría en la forma  concebida originalmente por el juzgador.   

En cuanto hace a la inferencia lógica, como  se  trata  de  una  labor  reflexiva  del fallador, su ataque en casación sólo  puede  intentarse alegando errores de hecho por falso raciocinio, lo cual impone  adentrarse  en  los  terrenos  de  la  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.   

Por  tanto,  corresponde al censor señalar  cómo  el  juzgador  erró  en  la  apreciación  de la prueba al desconocer los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia al momento de arribar a la conclusión.   

Esta  situación  exige,  por consiguiente,  dejar  de  lado  toda  discusión en torno de la prueba en que se fundamentó el  hecho  indicador, pues de no procederse así se incurriría en la contradicción  de  repudiar  la  base  de  la  inferencia  y no ésta. No obstante, si el actor  pretende  atacar  ambas cosas, necesariamente debe hacerlo en cargos separados a  fin  de  salvaguardar  el principio de no contradicción que gobierna el recurso  de casación.   

De  otra  parte,  cuando  se  cuestiona  la  determinación  de  la  capacidad  demostrativa de la prueba indiciaria, como de  acuerdo  con  el  artículo  287  del Código de Procedimiento Penal, ésta debe  realizarse   “en  conjunto  teniendo  en  cuenta  su  gravedad,  concordancia  y convergencia, y su relación con los medios de prueba  que  obren  en  la  actuación procesal”,   dado  que  tal  labor  también  es  de  carácter  intelectual,  igualmente  sólo  puede  ser  reprochada  en  casación a través de errores de  hecho  por falso raciocinio, ataque que implica aceptar los hechos indicadores y  las   inferencias   lógicas   que   en   cada   caso   dedujo   el  funcionario  judicial.   

Adicionalmente,  se  debe  concretar  si el  yerro   se  presentó  al  momento  de  analizar  la  gravedad,  convergencia  y  congruencia  entre  los distintos indicios y las de éstos con los demás medios  de  persuasión,  o  al  asignar  su  fuerza  demostrativa  al  ocuparse  de  su  valoración  conjunta,  especificando  en  la  censura,  tanto  el tipo de error  cometido como cuál postulado de la sana crítica fue desconocido.   

Acto   seguido   se   debe   enseñar  la  apreciación  probatoria  correcta,  a  través  de  la  cual  se  llegue  a una  declaración  de justicia diversa a la contenida en el fallo impugnado, lo que a  la  par  supone  haber  desvirtuado  los  demás  fundamentos  en  los cuales se  encuentre sustentada la sentencia.   

De  otra parte, para conservar el carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación,  no  es  posible  reeditar disputas  probatorias  propias  de  las  instancias,  de  manera  que  el  reparo no puede  sustentarse  en  especulaciones,  conjeturas,  posturas contrarias a la realidad  procesal  o  en  aspectos  incapaces  de  evidenciar  un  defecto  sustancial de  apreciación probatoria.   

Por  consiguiente, es necesario mantener el  respeto   por   los   principios  que  gobiernan  el  recurso  de  casación  y,  particularmente,  por  los  de  claridad  y  precisión,  a fin de garantizar la  comprensión del alcance del reparo.   

Así mismo, también se debe rendir tributo  a  los  de autonomía, sustentación suficiente y trascendencia, si en verdad se  quiere  provocar  la  anulación  del fallo. Todo lo anterior dentro de un orden  lógico  y  una  adecuada  argumentación,  tanto  en la postulación como en la  demostración del reproche.   

Un  esfuerzo de esta índole es desatendido  en  este caso por el libelista, por cuanto contrario al deber que le asistía de  mostrar  con  total  objetividad  los  defectos  de  apreciación  probatoria en  materia  indiciaria, prefiere proponer su particular visión sobre los medios de  prueba  directos  y,  por  ello,  dejó  de  lado  la tarea que le correspondía  desarrollar en punto de la prueba indirecta.   

Entonces,  ante  la  falta  de  lógica  y  adecuada fundamentación de la demanda, se impone su inadmisión.   

Finalmente,   es  oportuno  señalar  que  examinada  la  actuación  y  la  providencia  impugnada,  la  Sala  no advierte  violación   de   derechos  o  garantías  del  procesado,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa conferida por el  legislador en punto de asegurar su protección.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  LUIS  FERNANDO VANEGAS RÍOS, por las razones expuestas  en la parte motiva de esta decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUÍS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                           JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 7 de abril de 2006, Radicado No. 24131.   

2  En  este   sentido,   cfr.   Auto   del  18  de  noviembre  de  2004,  Radicado  No.  22082.   

3 Entre  otras, ver sentencia del 11 de marzo de 2009. Radicado No. 23410.     

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