32552(22-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32552  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N° 300  

Bogotá, D. C., veintidós (22) de septiembre  de dos mil diez (2010)   

V    I    S   T   O  S   

La  Corte resuelve el recurso de apelación interpuesto por el defensor del  procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  en contra del fallo de primera instancia  del  10  de  julio  de  2009,  proferido  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Buga.  Así mismo, se pronuncia sobre la solicitud de cesación de  procedimiento formulada por el mismo sujeto procesal.   

HECHOS  

HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, en su condición de  Juez  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura durante el lapso comprendido  entre  el  1º  de  junio  de  1991  y el 18 de mayo de 1999, emitió los fallos  condenatorios  del  24  de agosto de 1994, 29 de junio de 1995, 20 de octubre de  1993,  1º  de  marzo de 1995, 26 de agosto de 1993 y 9 de noviembre de 1992, en  contra  del Fondo del Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia, y a favor  de  los  demandantes  Delio  Efraín  Pérez,  Rodrigo  Alberto  Reina,  Andrés  Mosquera,  Luis  Carlos  Castillo  Bedoya,  Luis Hernando Olave y Miguel Caicedo  Rivas,  respectivamente,  todos  ellos  ex  trabajadores  de  la aludida entidad  portuaria,  quienes  pretendían la reliquidación de sus pensiones.     

Dichas  determinaciones,  al  surtir el grado  jurisdiccional  de  consulta,  fueron revocadas en segunda instancia por la Sala  Laboral  de  Descongestión  de  los Tribunales Superiores de Bogotá y Pereira,  según  lo dispuesto en decisiones del 19 de diciembre, 25 de junio, 24 de mayo,  27  de  diciembre,  27  de  junio  de  2002  y  25  de  octubre  de  2004.    

En particular, el juez colegiado en lo laboral  encontró  diversas  irregularidades  en las sentencias de primer grado emitidas  por  el  juez  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  entre  ellas  la  indebida aplicación de la  Convención  Colectiva  de  Trabajo,  la condena más allá de lo pedido por los  demandantes  y  la ausencia de claridad, precisión y consistencia en los hechos  y  pretensiones  contenidos  en  las  demandas.   Como  consecuencia  de lo  anterior,  absolvió  a  Foncolpuertos  de  las  pretensiones demandadas por los  antiguos trabajadores de la Empresa Puertos de Colombia.   

Por  lo  tal  razón,  se  dio  inicio a esta  actuación  procesal  penal por razón de las posibles conductas punibles en que  hubiera  podido  incurrir el funcionario judicial GAMBOA VELÁSQUEZ, al proferir  las decisiones de condena que fueron halladas ilegales.    

ANTECEDENTES PROCESALES  

1. La remisión de las copias de los informes  elaborados  por  los  investigadores del Cuerpo Técnico de Investigación de la  Fiscalía,  destacados  para  Foncolpuertos, así como de la resolución 1104 de  2005,  emitida por el Ministerio de Protección Social, le permitieron al Fiscal  20  Delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá iniciar investigación previa  a  través  de  la  resolución  del  17 de noviembre de 2005, por razón de las  irregularidades  en  torno  al  trámite  judicial adelantado con ocasión de la  demanda  laboral  instaurada  por Miguel Antonio Caicedo Rivas, ex trabajador de  Puertos de Colombia.   

2.  Luego  de surtida la práctica de algunas  pruebas,  el  funcionario  aludido,  mediante  resolución  del  31  de julio de  2006,   abrió  formal investigación en contra del ex Juez Primero Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, a quien vinculó como  persona  ausente  el  1º  de  noviembre  de  2006  y  le  designó  defensor de  oficio.   El 18 de abril de 2007 le resolvió la situación jurídica y, en  tal  virtud, lo afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva por  la  conducta  punible, en concurso, de peculado por apropiación agravado por la  cuantía  (artículo  397  de la Ley 599 de 2000, conforme la sanción de 6 a 15  años  de  que  trata  su  inciso  1º),  al  tiempo que precluyó a su favor la  acción    penal    por   el   comportamiento   punible   de   prevaricato   por  acción.   

3. A través de resolución del 31 de julio de  2006,  el  fiscal  investigador  dispuso  la  conexidad procesal respecto de las  investigaciones  originadas en  las  sentencias  proferidas   dentro   de   los  expedientes  laborales  en los   que   figuraron   como  demandantes  Luis  Carlos   Castillo   Bedoya,  Delio   Efraín   Pérez,  Andrés   Mosquera,     Luis    Hernando    Olave    y    Rodrigo  Alberto  Reina.   

4. El cierre de la investigación fue ordenado  a  través  de  resolución  del  17  de mayo de 2007 y el 24 de julio siguiente  HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ fue acusado por el delito de peculado por apropiación  a  favor  de  terceros,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  “atendido    en   la   providencia   que   definió   la   situación  jurídica”. La resolución  de  acusación  no  fue  recurrida  y  cobró  ejecutoria  el  29  de  agosto de  2007.    

5. La etapa del juicio se surtió ante la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Buga, la cual, luego de correr el traslado del  artículo  400 de la Ley 600 de 2000, de llevar a cabo la audiencia preparatoria  y  de  celebrar la vista pública, profirió fallo de primera instancia el 10 de  julio  de 2009, mediante el cual condenó a HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ a las penas  principales  de  8  años  y  6  meses  de  prisión,  multa de $55.658.698,22 e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual al de la pena privativa de la libertad, como autor del delito de  peculado   por   apropiación   agravado,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  (artículo 397 de la Ley 599 de 2000).   

6. Inconforme con la decisión de primer grado  emitida  por  el  Tribunal Superior de Buga, el defensor del procesado interpuso  en     su     contra     recurso    de    apelación,    el    cual    sustentó  oportunamente.   

LA SENTENCIA APELADA  

El  Tribunal  Superior  de  Buga  empieza por  detallar  las  irregularidades encontradas por la Sala Laboral de Descongestión  de  los Tribunales Superiores de Bogotá y Pereira en cada una de las sentencias  emitidas  en primera instancia por el entonces Juez Primero Laboral del Circuito  de  Buenaventura,  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  a favor de los demandantes Delio  Efraín  Pérez,  Rodrigo  Alberto Reina, Andrés Mosquera, Luis Carlos Castillo  Bedoya, Luis Hernando Olave y Miguel Caicedo Rivas.    

Destaca,  entre  otras irregularidades: i) la  falta  de  claridad, precisión y coherencia en las respectivas demandas, ii) la  aplicación  de  la  Convención  Colectiva  de  Trabajo  a empleados quienes no  tenían  ese derecho, iii) la inclusión de factores no constitutivos de salario  y,   en  general,  iv)  los  fallos   más  allá  de  lo  pedido  por  los  demandantes.   

Indica  enseguida  que  está  demostrada con  suficiencia  la  condición de servidor público del procesado para la época de  los  hechos,  y  precisa  que  las  actuaciones  laborales  que constituyeron la  génesis  de esta actuación penal fueron debidamente incorporadas, a través de  la  resolución  que  dispuso la conexidad procesal.  Así, señala que, al  contrario  de  lo  afirmado por el defensor del procesado, en la actuación obra  la  prueba “de un accionar sistemático y continuo en  connivencia  con  las  partes,  merced  al  cual  las  sentencias  laborales que  imponían  condenas  a  Foncolpuertos  tenían  base  ilegal, y para mantener su  ejecutividad  omitieron  impugnación alguna contra ellas, y de parte del propio  juez   incumplimiento  del  deber  de  someterlas  al  grado  jurisdiccional  de  consulta,  de  obligatorio  acatamiento, toda vez que se afectaban  dineros  oficiales del rango nacional”.   

La  Corporación  de  instancia  reafirma  la  conexidad  de  las  conductas investigadas, las cuales presentan homogeneidad en  su   configuración   y   guardan   estrecha   relación  entre  unas  y  otras,  “esto  es,  que  a  través  de sentencias laborales  abiertamente  contrarias  a derecho, se disponía de dineros públicos del orden  nacional  los  cuales  salieron  del  erario público acatando tales fallos para  favorecer   a   los   terceros   a   quienes   el   juez  acusado  ordenó  esos  pagos”,  irregularidades  que  fueron  detectadas en  sede  del  grado  jurisdiccional  de  consulta,  como  consecuencia del cual los  fallos ilegales fueron revocados.   

Recava  en  que Foncolpuertos fue compelido a  pagar  lo  ordenado en las sentencias emitidas por el juez GAMBOA VELÁSQUEZ con  dineros  del  Estado,  lo  que  configura  la  conducta  punible de peculado por  apropiación  a  favor de terceros, en concurso sucesivo y homogéneo, al tiempo  que  cita jurisprudencia de la Corte referente a la disponibilidad jurídica del  funcionario  judicial  respecto  de  dineros  oficiales,  lo  cual  –dice-  deja  sin  piso  la  tesis  del  defensor,  según  la  cual la gestión funcional del juez no compromete dineros  de la administración pública, sino privados.    

Niega que los fallos laborales emitidos por el  entonces  juez  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  hubiesen estado ajustados a derecho,  pues  las decisiones del tribunal de segundo grado las encontró manifiestamente  ilegales.   Así,  precisó que: “la lógica que  tiene  las  sentencias  laborales  es la de una empresa delictiva funcionando de  manera  permanente  en contra de los dineros públicos, cuyo desangre se dispuso  luego  de constituir procesos laborales y emitir sentencias condenatorias que, a  la  luz  del  derecho aplicable  y lo invocado y probado por la demandante,  jamás   debieron   producirse   en   contra   de   la   demandada   Puertos  de  Colombia”.   

Por otra parte, a partir de la reiteración de  la  conducta,  esto  es, la repetida emisión de fallos laborales ilegales, así  como   la   omisión   del   grado   jurisdiccional   de  consulta  –obligatorio,  según  lo  dispuso  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  del  1º  de  noviembre  de  1999-,  y  el  conocimiento   que   en   materia  de  procedimiento  laboral  debía  tener  el  funcionario,   la Corporación de primera instancia encuentra demostrado el  dolo  en  el  comportamiento  del  procesado  GAMBOA VELÁSQUEZ, quien, en   particular   a  través  de la omisión de la consulta, buscaba asegurar el  detrimento   patrimonial   la   Nación,   a   cargo   de   los   pagos  de  las  correspondientes   condenas,   conforme   lo   dispuso   el  artículo  35  de  la Ley 1ª de 1991.   

LA IMPUGNACIÓN  

El     defensor     del   procesado       HAROLD      GAMBOA   VELÁSQUEZ   apeló  la  decisión  de   primera    instancia    con    apoyo    en    los   siguientes argumentos:   

Por la época en que fueron  suscritas  por  GAMBOA  VELÁSQUEZ  las  sentencias  laborales  en  contra de la  Nación  y  a  favor  de los trabajadores de Foncolpuertos, los jueces solamente  disponían  el  grado  jurisdiccional  de  consulta  en  los  casos  que  fuesen  desfavorables  a los trabajadores, siempre que no fueren apeladas, y en aquellos  otros  en  los  que  se  condenara a la Nación, pues tal era la interpretación  vigente    del    artículo   69   del   Código   de   Procedimiento   Laboral,  “hasta  que  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en Acuerdo 1433 de 21 de mayo de 2002, ordenó la  consulta  de  dichas  sentencias,  más  de  6000,  cuyos  procesos  ya  estaban  archivados  y  sus sentencias ejecutoriadas”.    

Dice,  entonces,   que    la    consulta   de   las  sentencias   de   Foncolpuertos     no     era     procedente,    porque   dicha   entidad   no   podía asimilarse legalmente  a   la    Nación   –solamente        en       lo   administrativo   y   fiscal-,   ya  que  era  una   empresa   industrial   y  comercial  del  Estado;   fue    así    que   se   modificó   de   manera   arbitraria   el   artículo   69   antes  citado,   lo   cual  sólo   podía  hacer  el  legislador,   mas   no   la   jurisprudencia,   menos   aún la Corte  Constitucional  por  vía  de  tutela, ya que los efectos de estas decisiones se  limitan  a  las  partes;  agrega  que  “tan   jurídica   y   lógica   son  estas   afirmaciones   sobre   la   ilegalidad   de este proceder, que el Congreso   de   Colombia,   por   Ley   1149   del   13   de   julio   de   2007,   llenó  el  vació  jurídico  que  existía   y   reformó   el   artículo   69   del   Código  de  Procedimiento  Laboral”.   Estima,   en  consecuencia,  que  la  Corte  Constitucional,  a   través   de   la       acción       de      tutela,     “acabó    con    la    división  tripartita      de     poderes”.   

Enseguida,   reprocha   que   el   fiscal,  “desde  su  cómodo  despacho  de  la  capital de la  República,  a  control  remoto,  a  más  de  1500 kilómetros de distancia del  teatro  de  los  acontecimientos,  pues los hechos investigados ocurrieron en la  ciudad  de  Buenaventura”, de manera ilegal, esto es,  sin  auto  que lo ordenara, allegó los seis procesos laborales cuestionados, al  tiempo  que  se  abstuvo  de  practicar  declaraciones  o  disponer  órdenes de  trabajo,  todo  lo  cual, unido a la consulta ilegal de las sentencias laborales  –mecanismo  encaminado  a  “darle     gusto     al     Ejecutivo”,  con el fin de desconocer la Convención Colectiva de Trabajo y  atropellar  los  derechos  de  los  trabajadores-,  estima violatorio del debido  proceso, el principio de cosa juzgada y la seguridad jurídica.   

A continuación, el apelante reseña los casos  en  cuya  gestión  se  le atribuyen irregularidades al procesado.  Es así  que  entra  al  análisis de las sentencias de segunda instancia, proferidas por  la  Sala Laboral de Descongestión tanto del Tribunal  de  Bogotá como el de Pereira, a través de las cuales  fueron  revocados  los  fallos  proferidos  en  primera instancia a favor de los  trabajadores  de  la  empresa  Puertos  de  Colombia por el entonces juez GAMBOA  VELÁSQUEZ, y en contra de Foncolpuertos:   

En  lo  relativo al proceso laboral fallado a  favor  de Delio Efraín Pérez, sostiene que, contrario a lo que afirmado por la  Sala   Laboral   de   Descongestión,   no   existió   ausencia  de  precisión  “en  los  factores  salariales  que  se  tuvieron en  cuenta   al   liquidar   la   pensión”,  pues  para  concretarlos  bastaba  con analizar la prueba obrante en el proceso respectivo y  porque,  además,  los  doctrinantes  en derecho laboral enseñan que ello no es  necesario,        “además        –afirma-,  el  principio   de   la   primacía   del   derecho  sustancial,  consagrado  en  la  Constitución,  ordena reconocer a quien tenga el derecho, sin miramientos en lo  que  dice  el  frío  inciso,  del  cual  no  puede  ser esclavo el juez de esta  época”.   

Respecto del fallo laboral a favor de Rodrigo  Alberto  Reina,  el  impugnante  recuerda que el Tribunal de Descongestión para  Foncolpuertos,  al  surtir  el  grado  jurisdiccional de consulta, lo revocó al  constatar  que el entonces juez GAMBOA VELÁSQUEZ no incluyó todos los factores  salariales  de  liquidación,  ni  advirtió  que  la  Convención  Colectiva de  Trabajo  era  inaplicable  de  manera retroactiva. Sobre el punto, indica que el  artículo  50  del  Código  de  Procedimiento Laboral le permite al juez fallar  extra   y   ultrapetita,  sin  olvidar  que el Código  Sustantivo  del  Trabajo,  en  su  artículo  471,  hace  extensivos a todos los  trabajadores  de  la empresa la Convención Colectiva de Trabajo, la cual estaba  vigente al tiempo de la demanda laboral.    

Este  último  argumento  lo utiliza el aquí  recurrente   para   reprochar   igualmente  el  hecho  de  que  el  Tribunal  de  Descongestión  hubiera revocado en sede de consulta el fallo laboral a favor de  Miguel  Caicedo  Rivas,  por  no  obrar  la  certificación  que  le  permitiera  beneficiarse  de  la  Convención  Colectiva de Trabajo.       

Por otra parte, del proceso  laboral  decidido  a  favor de Andrés Mosquera y en contra de Foncolpuertos, el  apelante  dice  que  no tiene fundamento el argumento con el cual el Tribunal de  Descongestión  lo  revocó, pues la doctrina sobre la materia enseña que no es  necesario  cuantificar  las  pretensiones  de la demanda laboral, además porque  “es trabajo del juez hacer  un   análisis  comparativo  entre  el  acopio  probatorio  y  la  demanda  para  determinar  la cuantía de las pretensiones”.         Y         –respecto del  proceso  laboral  instaurado  por  Luis  Carlos  Castillo Bedoya- resalta que el  mismo  Tribunal  de  Descongestión  se  equivocó  al no otorgarle validez a la  Convención  Colectiva  de  Trabajo  por  no  estar firmada ni autenticada, pues  –según  dice  el apelante- de esta manera ignoró  que    la    ley   antitrámites   permite   otorgarle   pleno   valor   a   las  fotocopias.   

En  cuanto a la revocatoria que dispusiera el  Tribunal   de   Descongestión   respecto   del   fallo   a   favor   del   demandante   Luis   Hernando  Olave   por   la  falta  de  claridad  en la demanda, aduce el aquí impugnante que  ello  no  tiene  fundamento, puesto que las varias peticiones contenidas en ella  deben  ser  materia  de estudio en la sentencia “y el  juez   laboral  tiene  la  libre  facultad  de  acceder  o  no  a  cada  una  de  ellas”   y,  además,  porque  está  investido  de  atribuciones para corregir las anomalías que generen nulidad.   

Por  otra  parte,  censura que el Tribunal de  primera  instancia  no  hubiese  reconocido  la  rebaja  de pena de que trata el  artículo  401  del  Código Penal, pues, en su criterio, el hecho de que en los  fallos  laborales  a  los ex trabajadores se les hubiese deducido de sus mesadas  pensionales  “los valores cancelados por los efectos  de   estas   demandas”,  implica  que  los  dineros  regresaron  a las arcas del Estado y, por lo mismo, se genera la correspondiente  disminución de la sanción.   

Denuncia,  además,  que se hubiese condenado  por  el  comportamiento  punible  de  peculado  por apropiación con base en una  tesis  que,  como la de disponibilidad jurídica de los  recursos  del  Estado, constituye un verdadero defecto  sustantivo,  pues  –según  dice-  al  juez  le  corresponde decidir los conflictos laborales, mas no adopta  determinaciones   con   relación   a   recursos  de  la  administración,  pues  “los   demandantes   en   los   distintos  procesos  ordinarios  laborales  aquí  citados,  no  estaban  reclamando  la propiedad de  bienes  del  Estado,  simplemente  reclaman  unos derechos laborales”.   

Por  último,  sostiene  que  las agencias en  derecho  fijadas  en  los  procesos  laborales  están  ajustadas  a las tarifas  fijadas    por   la   Sala   Administrativa   del   Consejo   Superior   de   la  Judicatura.   

Con  fundamento en los anteriores argumentos,  el  apelante  pide  a  la  Sala que revoque la decisión condenatoria de primera  instancia    y,   en   su   lugar,   absuelva   al   procesado   HAROLD   GAMBOA  VELÁSQUEZ.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Sea  lo  primero  precisar  que  a la Sala le corresponde desatar el  recurso  de  apelación interpuesto, de acuerdo con la competencia que le asigna  el  numeral  3°  del  artículo  75  de  la  Ley  600  de 2000, toda vez que la  sentencia  de primer grado fue proferida, en este caso, por el Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Buga, tal como lo prevé el numeral 2 del artículo 76  del mismo estatuto.   

2.   El   apelante   plantea   una  primera  inconformidad,  la  cual  consiste  en que la Sala Laboral de Descongestión del  Tribunal  Superior  de Bogotá, al conocer del grado jurisdiccional de consulta,  no  ha  debido  revocar  los  fallos  que  emitió  el  procesado  HAROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ,   en   su  condición  de  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  a favor de los demandantes, ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia,  y  en  contra  del  Fondo  del  Pasivo  Social  de dicha entidad,  Foncolpuertos.   

Para  ello  sostiene, en términos generales,  que  dichas  revocatorias no eran procedentes; en primer lugar, porque la figura  de  la  consulta  respecto  de este tipo de sentencias laborales es ilegal y, en  segundo  lugar,  porque  las  irregularidades que en el trámite de los procesos  laborales  detectó la Sala Laboral de Descongestión en realidad no existieron,  hipótesis   que   apoya   en   dos   argumentos  esenciales:  que  –según    un   cierto   ‘profesor   de   laboral   en   varias  universidades  de Cali’- la  alegada  imprecisión  de las demandas la podía suplir el funcionario judicial,  y  que  la  Convención  Colectiva  de  Trabajo  le  era  aplicable  a todos los  empleados de la entidad portuaria sin distinción.   

Señala,  además,  que  la  consulta  de las  sentencias  laborales  cuestionadas  no  fue más que un mecanismo del Ejecutivo  para burlar los derechos de los aludidos trabajadores.   

De  entrada, la Corte adelanta su conclusión  en  cuanto  que los argumentos de apelación no tienen la entidad para demostrar  una  irregularidad  trascendente  en  el  trámite  procesal,  como tampoco para  desestimar     la    responsabilidad    del    procesado    HAROLD   GAMBOA  VELÁSQUEZ.   

En  efecto,  a  través  de los razonamientos  ofrecidos  por  el  impugnante,  en  particular aquellos a través de los cuales  censura  la  revocatoria  dispuesta por la Sala Laboral de Descongestión de los  fallos  emitidos  por el Juez Laboral de Buenaventura GAMBOA VELÁSQUEZ -a favor  de  los  ex  trabajadores de la Empresa Puertos de Colombia- el apelante no hace  más  que  insistir  en  un  tema  que  fue  ya  resuelto, con carácter de cosa  juzgada, por la justicia laboral.    

Véase de qué manera el censor  se opone  a  los  motivos  que  condujeron  a  la  segunda instancia laboral a revocar los  fallos  emitidos  por  el  procesado  cuando  se  desempeñó  como  funcionario  judicial;  las  censuras  así  alegadas  en  esta  sede fueron resueltas por la  citada  entidad  judicial, entre ellas las referentes a la legitimidad del grado  jurisdiccional  de  consulta,  las facultades del juez para fallar más allá de  lo  pedido,  el  valor  de  las  copias  simples  de  documentos  oficiales, los  criterios  de  aplicación  de la Convención Colectiva de Trabajo o el deber de  precisión  y  claridad en el relato de los hechos y en la determinación de las  pretensiones.   

De  manera  que  al  invocarlas  ante  esta  instancia  ordinaria  superior  del orden penal, el recurrente no logra más que  trasladar  a  esta  sede  un  debate  jurídico  que se definió en lo laboral a  través  de una sentencia,  motivo por el cual goza de la doble presunción  de acierto y legalidad.   

Significa ello que los argumentos con los que  pretende   impugnar   la   sentencia   penal   emitida   por   el   a-quo  se encaminan, en realidad, a que la  Corte  se constituya en una especie de ‘tercera      instancia’  de  lo  definido  por  vía  de  seis  fallos  laborales en firme,  pronunciados   por   los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Pereira.    

Lo  anterior  es así, por cuanto el entonces  funcionario  judicial GAMBOA VELÁSQUEZ emitió un conjunto de fallos laborales,  los  cuales  fueron  revocados  en  segunda  instancia,  particularmente  por el  ejercicio  del  grado jurisdiccional de consulta.  Es así que -se insiste-  los  argumentos  del  recurso  que  aquí  se  desata  no  son  otra cosa que la  oposición  a la decisión revocatoria emitida en sede de consulta laboral, pero  difícilmente  consiguen  delimitar  un  reproche consistente, ya no respecto de  las  decisiones  laborales que no comparte, sino en contra de la decisión penal  emitida  en  el  fallo de primera instancia del Tribunal Superior de Buga por el  comportamiento    punible    de   peculado   por   apropiación   a   favor   de  terceros.   

Resulta   pertinente   citar   las   consideraciones   expresadas   por   la  Corte al  desatar  el   recurso  de apelación dirigido por  la defensa del  aquí   procesado   en    contra    de    otro   fallo   dictado   por  el Tribunal  Superior  de  Bogotá   el   16   de   abril   de   2008.  En  esa  oportunidad,  la  Corporación   detectó   la  misma  falencia  en  que  hoy   incurre     el   apoderado    judicial    de    HAROLD   GAMBOA   VELÁSQUEZ,   y  así  la resaltó  para   concluir   en   su  inidoneidad  para  desestimar   las    conclusiones     de   la   sentencia    de    primer   grado:   

“Evidentemente el  actor  confunde  el ámbito jurisdiccional y de competencia en que se surtió el  proceso   ordinario  laboral  con  el  del  proceso  penal  que  actualmente  se  tramita.   

Resulta extraño a la Sala, concebir como lo  expresa  el  censor,  que  la  existencia  de  un  presunto  vicio en el proceso  ordinario  laboral  pueda ser declarado en la actuación penal para que produzca  consecuencias  jurídicas  en  ella,  siendo  que  como  es  obvio,  la presunta  irregularidad  no  se  perfeccionó materialmente en este proceso.  Resulta  imposible  entonces,  pretender  que  se  extiendan  los  efectos de un supuesto  defecto  no  declarado  judicialmente  por  la autoridad laboral competente a la  actuación     que    nos    compete.”1   

Así  las  cosas,  la  Sala, como fallador de  segundo  grado,  en  ejercicio  de  la  facultad de apreciación razonada que le  asiste,  no  encuentra  motivo  alguno  para concluir que los fallos emitidos en  sede  de  consulta  por  la  Sala  Laboral  de  Descongestión de los Tribunales  Superiores   de   Bogotá   y   Pereira  fueron  ilegales  y  que,  por  lo tanto, tuvieran la idoneidad para  desestimar   las   conclusiones   de   la  sentencia  que  aquí  es  objeto  de  apelación2,3.    

De igual forma, su contenido material deja ver  a   las   claras   el  hallazgo  de  una  serie  de  irregularidades4 cometidas por  el  procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ, al impartir sentencia en los casos de  los  ya  mencionados  trabajadores  de  Colpuertos,  decisiones que condujeron a  beneficiar  indebidamente  a los demandantes, en perjuicio de la Nación – Fondo  del Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia-.   

Por  lo  tanto,  la  Sala,  como  fallador de  segunda  instancia,  comparte  la  interpretación  probatoria  del a-quo,   pues   en  realidad  los  fallos  adoptados  -por  vía  de  consulta-  cinco  de  ellos  por  la  Sala Laboral de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de Bogotá y uno por la del Tribunal de  Pereira,  muestran un conjunto de irregularidades cometidas por el entonces juez  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ, tales como –a  título  de  ejemplo-  la  resolución favorable a las peticiones  demandadas,  pese  a  las ostensibles imprecisiones en lo pedido; la aplicación  de  los  términos  de la Convención Colectiva de Trabajo a ex empleados que no  tenían  ese  derecho,  o  bien  la inclusión, en la liquidación, de conceptos  prestacionales no constitutivos de salarios.   

Un   tal   modus  operandi  se  ajusta  a  la perfección a aquel que de  años  atrás  ha  caracterizado  uno  de  los  episodios  de  corrupción  más  deplorables,  como lo ha sido la liquidación de la Empresa Puertos de Colombia,  a   través   del   fondo   especial  –Foncolpuertos-  que el Ejecutivo creó para esos efectos, y que puso  en    cabeza   de   la   Nación   la   asunción   del   costo   del   complejo  procedimiento.    

Recuérdese        –tal  como  lo  ha precisado la Sala en  abundantes   pronunciamientos   emitidos   en   sede   de  casación5- la manera en  que  operó  la  masiva  defraudación  a  los  bienes  estatales, cuando los ex  trabajadores  portuarios  -a  través  de  un bien montado contubernio en el que  participaron   abogados   litigantes  y,  de  manera  decisiva,  algunos  jueces  laborales-  se hicieron a multimillonarias e ilegales prestaciones, aprovechando  así,  no  solamente  el desorden administrativo imperante en todo el proceso de  liquidación  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia,  sino la participación de  funcionarios  judiciales  corruptos  que  hicieron  caso  omiso de la ostensible  improcedencia de las demandas instauradas.   

El  anterior  proceder  ha constituido lugar  común  en  las numerosas defraudaciones a los bienes del Estado con ocasión de  las  demandas  dirigidas  contra  Foncolpuertos,  a  tal punto que, a través de  incontables  pronunciamientos  jurisprudenciales,   se  ha  elevado  a  una  verdadera  regla  de  experiencia, la cual fue aplicada a varias de las también  numerosas  sentencias  condenatorias  que el procesado HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ,  en  su  condición  de  Juez Primero Laboral de Buenaventura, ha acumulado en su  contra  por hechos y delitos similares al que es objeto de este pronunciamiento,  en  las  cuales6  –como aquí  también  acontece-  el  funcionario  judicial  manipuló  el  contenido  de las  demandas  y  falló  en  abierto  desconocimiento  de  la ley, la jurisprudencia  laboral y lo probado en el proceso.   

3.  Otra  inconformidad  que  manifiesta  el  apelante  radica  en  la  ilegal  aducción  de  los  procesos  laborales  y las  correspondientes  sentencias  revocatorias,  pues  no existe una resolución que  así lo ordene.   

El  argumento  de  la  defensa contradice la  realidad  de  la  actuación,  pues basta observar el expediente para dar con la  resolución  del  31  de  julio  de 2006, mediante la cual el Fiscal 20 Delegado  ante  el  Tribunal de Bogotá declaró la conexidad procesal y, en consecuencia,  dispuso  adelantar  bajo  una misma cuerda procesal las investigaciones surgidas  con   ocasión  de  la  revocatoria  impartida  por  dicha  corporación  a  las  sentencias  laborales  dictadas por el entonces juez laboral GAMBOA VELÁSQUEZ a  favor  de  los  demandantes  Luis Carlos Castillo Bedoya, Miguel Antonio Caicedo  Rivas,  Delio  Efraín  Pérez,  Andrés Mosquera, Luis Hernando Olave y Rodrigo  Alberto Reina, en contra de Foncolpuertos.   

Se  sigue  de lo anterior, como es natural y  lógico,  la  necesidad  de  allegar  físicamente  a  esta  investigación  las  actuaciones  conexas,  dentro  de las cuales figuran las sentencias revocatorias  aludidas.    Por   lo  tanto,  la  presencia  en  este  proceso  de  dichas  determinaciones,  así  como  de  la totalidad de la actuación surtida ante las  instancias laborales, se adujo de manera legal.   

4.  Por otra parte, el recurrente afirma que  es  extraña  la  tesis  del  peculado  por  apropiación  que  se  funda  en la  disponibilidad   jurídica,   pues  el  juez  laboral  decide  sobre  relaciones  laborales,    pero    carece    de    disponibilidad    de    recursos   de   la  administración.   

Al  respecto,  dígase  que  la  tesis de la  disponibilidad  jurídica  encuentra  amplio respaldo en la jurisprudencia de la  Sala,  de  modo tal que, en virtud de ella, se ha admitido de manera reiterada y  pacífica   –de   forma  especialmente  recurrente  en  los  casos  de  los  jueces  comprometidos en las  masivas  defraudaciones  a  Foncolpuertos-  que dichos funcionarios en verdad no  tienen  la  disponibilidad material de los recursos financieros del Estado, pero  sí  ostentan  su disponibilidad jurídica, pues al resolver de fondo el proceso  afectan  directamente  el  patrimonio  oficial.  De  manera,  entonces,  que una  decisión  prevaricadora  por  parte del servidor judicial en tal sentido, puede  constituir alguna de las modalidades de peculado por apropiación.   

La    postura   reseñada   –al  contrario  de  lo que argumenta el  apelante-  no puede ser desconocida ni extraña para el procesado o su defensor,  toda  vez  que  con fundamento en ella –y  por hechos similares a los que son objeto de esta actuación- fue  condenado  por la Corte, en sentencia de segundo grado del 5 de octubre de 2006,  radicación  No.  25290,  como también en la mayoría de los numerosos procesos  adelantados  en  su  contra,  tal  como  a  las  claras  lo  deja  ver la prueba  recaudada.    

Acerca  de  la  disponibilidad jurídica del  sujeto  activo del comportamiento punible de peculado por apropiación, en dicha  providencia   se   dijo   lo   siguiente,   lo  que  la  Sala  reitera  en  esta  oportunidad:   

“Frente  a  la  vinculación  que  el  juez  -se  refirió  entonces  la  Corporación  al aquí  procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura-  tenía con los dineros, es decir, por la disponibilidad jurídica  que  le  asistía  como  juez  laboral  frente  a bienes del Estado a través de  FONCOLPUERTOS,  claramente  se  concluyó  que  el hecho de desarrollar actos de  disposición  jurídica  como los que propiamente puede hacer el juez laboral en  desarrollo  de  un  proceso  de  tales  características,  resulta  claro que se  ostenta  un  deber  funcional  en  cuanto a que puede  adoptar  decisiones  de  tal  forma  que termina administrando bienes o recursos  estatales,   posibilidad   que  sugiere  que  sus  decisiones  bien  pueden  ser  peculadoras.   

Con   relación   a   la   disponibilidad   jurídica   de   los   bienes   y   recursos   del  Estado,   ha   dicho   esta  Corporación  en  casos  notoriamente similares al presente:   

“La  apropiación  de  dineros estatales en  beneficio  de terceros, para este caso los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y  su  apoderado  judicial, no ofrece dificultad alguna; lo que no  ocurre  con la vinculación que el Juez 8º Laboral del Circuito de Barranquilla  tenía  con  tales  dineros.  En  atención a que el instructor concluyó que el  procesado  no  ostentaba  disponibilidad  jurídica  sobre  ellos, con el fin de  lograr  la  necesaria  claridad  sobre  el  punto,  conveniente resulta recordar  algunos pronunciamientos de la Sala que ilustran el concepto.   

“En  sentencia de casación proferida en la  radicación  8729,  el 4 de octubre de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo  Gómez Velásquez, se leen las siguientes citas:   

         ”  La expresión utilizada por la Ley en la definición de peculado  y  que  dice  “en  razón de sus funciones”, hace referencia a las facultades de  administrar,   guardar,   recaudar,  etc.,  no  puede  entenderse  en  el  sentido  de la adscripción de una competencia estrictamente  legal   y  determinada  por  una  regular  y  formal  investidura  que  implique una íntima relación entre la función y la facultad  de  tener el bien del cual se dispone o se hace mal uso; no significa, pues, que  tales  atribuciones deban estar antecedentemente determinadas por una rigurosa y  fija  competencia legal, sino que es suficiente que la  disponibilidad  sobre  la cosa surja en dependencia del ejercicio de un deber de  la  función.  La  fuente de la atribución, en otros  términos,  no  surge  exclusivamente  de  la ley puesto que ella puede tener su  origen  en un ordenamiento jurídico diverso que fija la competencia en estricto  sentido.  Lo  esencial  en  este aspecto, es la consideración de que en el caso  concreto,  la  relación  de hecho del funcionario con la cosa, que lo  ubica en situación de ejercitar un poder de disposición sobre  la  misma  y por fuera de la inmediata vigilancia del  titular   de   un   poder  jurídico  superior,  se  haya  logrado  en     ejercicio     de     una    función    pública,   así   en   el   caso  concreto  no  corresponda    a    dicho    funcionario    la   competencia   legal   para   su  administración.  Igual  se  presentará el delito de  peculado  en  la  hipótesis  de  que  la  administración  del  bien derive del  ejercicio  de  una función nominalmente propia de otro empleado”. (Sentencia de  3 de agosto de 1976).   

“Las  facultades  de  manejo en el empleado  público,  que  son  las que en este caso considera ausentes el casacionista, no  solamente  las  otorga  la  ley,  el  decreto,  la  ordenanza o el acuerdo, sino  también  las  resoluciones,  los  reglamentos  y hasta la orden administrativa,  cuando  los destinatarios son servidores del Estado. De suerte que por medio del  mandato,  entiéndase  como  contrato  o como orden, se transfieren, trasladan o  delegan,  total  o  parcialmente,  esas atribuciones al mandatario, quien por el  mencionado  encargo  las ejercita”. (Sentencia de septiembre 8 de 1981. M.P. Dr.  Fabio           Calderón           Botero)7   

“En  el  entendido  de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica   y  que  esa  disponibilidad  no  necesariamente  deriva  de una  asignación  de competencias, sino que basta que esté vinculada al ejercicio de  un  deber  funcional, forzoso es concluir que ese vínculo surge entre un juez y  los  bienes  oficiales respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en  que  con  ese  proceder  también  está administrándolos. Tanto es así que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –  Ministerio  de  Hacienda y Crédito  Público),  pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de  Colombia  y  del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto de  administración  de  mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho  de dominio.   

“En   esas  condiciones,  la  competencia  funcional  del  Juez…,  la cual le permitía resolver los conflictos laborales  entre  el  Estado  y  los  extrabajadores  de la Empresa Puertos de Colombia, le  confirieron  la  disponibilidad jurídica de las sumas cobradas por prestaciones  laborales  a  la  Nación  en los casos a que se refiere este proceso,  por  manera  que,  la  apropiación  de tales bienes a favor de terceros, se consumó  por  razón  de  las  funciones oficiales que cumplía el procesado, de donde se  debe  concluir  que  la  extracción  de dineros de la Nación no estructuró el  delito   de   estafa   sino   el   de  peculado  por  apropiación”.8   

En  estas  condiciones,  queda  claro  que  ninguna  crítica  puede  hacérsele  al  hecho  que  el  acusado  hubiera  sido  condenado  como  responsable  de  una  conducta  que se ajusta a la descripción  normativa del delito de peculado por apropiación.   

La  clara  y  abierta  manipulación que el  funcionario  hizo  del  contenido  de  la  demanda   laboral   y   de      las      pretensiones      de      la    misma   (apreciación   probatoria  que  entonces  hiciera  la   Sala   y   que   resulta  aplicable  a  este   proceso,   por   la  similitud   en   la   manera   en   que  el  procesado  ocurrieron  los  hechos),  igualmente   fue   abordado   por   el   fallador   de    primera    instancia,   a   lo   cual   debe  agregarse     que     no    es    solamente    la   elucubración   del   aquí   juzgador  a  quo  lo  que     deja     probatoriamente     establecida    la   ilegalidad   de   la  conducta,  sino  el claro y   expreso    reproche    que    la   Sala   Laboral   de   Descongestión   del   Tribunal Superior de Bogotá efectuó  en  la  decisión  del  15  de  noviembre  de  2002,  al  momento  de   revocar    en    su   integridad   la   sentencia   proferida   por   el   ex   Juez laboral  acusado   con    base    en   elementos   probatorios   que   igualmente   fueron  allegados   a   esta   actuación   penal.”   

La  cita  reseñada, que en forma similar se  repite  en  abundantes  procesos  adelantados  contra jueces comprometidos en la  defraudación  a  Foncolpuertos,  deja  sin  fundamento el reparo que formula el  impugnante   contra  la  decisión  de  primer  grado,  en  el  sentido  de  que  “jamás  se había aplicado la tesis jurídica de la  disponibilidad  para  configurar  el delito de peculado, configurándose así un  verdadero defecto sustantivo”.   

5.  El apoderado del procesado HAROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ  reprocha,  además, el hecho según el cual la fiscalía de Bogotá,  ubicada  a  más  de 1500 kilómetros del lugar de los  hechos   –la  ciudad  de  Buenaventura-, no estuvo en  la   propia   escena   del   delito.   Semejante  razonamiento  -además  de  mostrar  un notorio desconocimiento de la geografía  nacional-  carece  de  idoneidad  para enseñar cualquier clase de irregularidad  trascendente.    

La  Corte  respondió  al  mismo  argumento  ofrecido  por la defensa del procesado GAMBOA VELÁSQUEZ en un fallo anterior de  segunda  instancia,  motivo  por  el  cual  basta  con  citar enseguida lo allí  expuesto,  por  ser  del  todo  aplicable  para  la  solución  del  recurso  de  apelación aquí propuesto:   

“No   hubo  investigación  por haberse adelantado por un fiscal de un lugar diverso a donde  ocurrieron los hechos:   

Carece  este  argumento  de  entidad para  suscitar  la  revocatoria  del  fallo adoptado por el Tribunal Superior de Buga,  por las siguientes razones:   

La  Fiscalía  tiene competencia en todo el  territorio  nacional,  según  lo  establece  el  artículo 113 de la Ley 600 de  2000,   de   ahí   que  el  artículo  306  ibídem  estipule  que  durante  la  investigación no habrá lugar a nulidad por el factor territorial.   

En   consecuencia,   ningún  impedimento  existía  para  que  un  Fiscal  Delegado  ante  el Tribunal Superior de Bogotá  asumiera  la  investigación;  máxime  cuando así se procedió por asignación  especial   efectuada   por   la   Dirección  Nacional  de  Fiscalías  mediante  Resolución 001259 del 29 de agosto de 2003.   

Ahora,  si  bien la dinámica inherente a la  investigación  puede  determinar  la necesidad de practicar pruebas fuera de la  sede  del  funcionario  judicial,  también  lo  es  que  en este caso el fiscal  instructor  no  lo  juzgó  pertinente  y  el  impugnante no ofrece razones para  considerar  arbitraria  esa  actuación,  limitándose simplemente a afirmar que  por   esa   circunstancia   “propiamente  no  hubo  investigación”,  lo  cual resulta insuficiente para  demostrar la vulneración del debido proceso.   

De cualquier forma, así hubiese surgido la  necesidad  de  recaudar  pruebas en el lugar de los acontecimientos, el hecho de  que  el  funcionario  no  se  traslade  a  practicarlas  en forma personal o por  comisionado,  de conformidad con las atribuciones en ese sentido establecidas en  el      artículo      84      ibídem, o que no haya  dispuesto  la  realización  de  una  misión  de  trabajo,  dista de constituir  anomalía  alguna  porque  el  artículo  237 del mismo ordenamiento consagra el  principio  de  libertad  probatoria,  de  acuerdo con el cual mediante cualquier  medio  de  prueba resulta procedente acreditar los elementos estructurales de la  conducta punible y la responsabilidad del procesado.   

Ahora,  si  la  pretensión  del impugnante  apuntaba  a  denunciar la falta de actividad probatoria, como se podría inferir  de  su  genérica  expresión  en  el  sentido  de  que  no hubo investigación,  oportuno   resulta   señalar   que   el   recurrente  tampoco  logra  demostrar  irregularidad en ese sentido.   

Ello, porque el impugnante elude la mínima  obligación   que   le   atañe,  en  pro  de  corroborar  esa  conclusión,  de  individualizar   las  pruebas  dejadas  de  practicar  y,  consecuentemente,  de  establecer  cómo tales probanzas habrían desvirtuado los fundamentos del fallo  condenatorio.   

Y   es   que,  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la Sala, la trascendencia de actos omisivos de la naturaleza  aducida  por  el  impugnante  debe  aparecer  acreditada  en el proceso para que  resulte    viable    la   adopción   de   una   determinación   de   carácter  invalidatoria9,  a  cuya consecuencia, inexorablemente se aceptaría la propuesta  argumentativa  en  forma  tácita esbozada por la defensa, pero imposible de ser  acogida,     según     lo     visto.”10   

6.  Por  último,  dentro  del  escrito  que  sustenta  el  recurso  de apelación, el recurrente sostiene que el a-quo  ha  debido aplicar la rebaja de una  tercera  parte  de  que  trata  el  artículo  401 del Código Penal11.   

La  diminuente  que pide el impugnante no es  procedente  por  dos razones principales: en primer lugar, porque la norma exige  que  el reintegro lo haga el procesado “por sí o por  tercera  persona”  y,  en  este  caso,  aún  cuando  existiera  prueba  de  que  las  sumas  que  cada  uno de los ex trabajadores de  Colpuertos  fue obligado a restituir hubiesen sido en verdad canceladas de allí  no  puede inferirse que los pagos así efectuados hubieran sido  realizados  a  nombre  del entonces juez  laboral  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, menos aún puede afirmarse que esos pagos -si  acaso se dieron- los realizó el procesado por sí mismo.    

A  lo  sumo,  se  dirá  que cada uno de los  antiguos  empleados  de Puertos de Colombia restituyó una cierta suma por sí y  para  sí  mismo,  mas no en representación del hoy ex Juez Primero Laboral del  Circuito de Buenaventura.   

En   segundo  lugar,  es  improcedente  el  beneficio  punitivo  que  reclama el apelante porque no existe prueba de que los  pagos  en  realidad se hubieren efectuado. Lo más que acredita la actuación es  que  uno  de  los  ex  empleados  de  Puertos  de Colombia, Miguel Caicedo Rivas  –no todos, como lo sugiere  el  impugnante-,  fue  condenado  a  restituir la suma de $827.527 indebidamente  recibida  de  Foncolpuertos,   como consecuencia de la fraudulenta condena,  más  no existe prueba que indique efectivamente que ese monto en verdad hubiera  reingresado a las arcas oficiales.    

En  conclusión,  con  fundamento  en  las  anteriores  consideraciones,  no  hay  lugar  a revocar la decisión apelada por  razón  de  los  argumentos que propone el apoderado del procesado HAROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ.    Por   lo  tanto  la  Corte  habrá  de  confirmar  el  fallo  recurrido.   

Sobre   la   cesación  de  procedimiento.   

7.  Para terminar, el defensor del procesado  presenta  un  extenso  memorial  en  el  que  solicita  a  la Corporación, como  fallador   colegiado   de  segunda  instancia,  que  disponga  la  cesación  de  procedimiento.   

En apoyo de su petición señala que el aquí  enjuiciado   HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  fue  procesado  y condenado por el  comportamiento  punible  de  enriquecimiento  ilícito.   Agrega  que dicha  conducta  punible  es  residual,  esto  es,  que  no  se  configura  si el hecho  constituye    otro    delito.     Así     las    cosas   –asegura-,    comoquiera   que   esta  investigación   versó   sobre   un   concurso   homogéneo   y   sucesivo   de  comportamientos  punibles  constitutivos  de peculado por apropiación, entonces  debe  admitirse  que  estos  hechos  ya  fueron calificados como atípicos en la  sentencia     por     enriquecimiento     ilícito,     y    que    –por  lo  tanto-  esta  actuación,  de  seguir  adelante, violaría el principio del non bis in  idem.    

Con las anteriores argumentaciones el togado  funda   la   petición   de   cesación   de   procedimiento  que  dirige  a  la  Corte.   

El  razonamiento  del memorialista carece de  aptitud  para  los  efectos  que  se  propone, pues si bien es cierto el ex Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura fue condenado por el delito de  enriquecimiento  ilícito  descrito  en  el  artículo  148 del Código Penal de  198012    (hoy   412   del   estatuto   sustantivo   de   200013),  también  lo  es que no por ello puede predicarse que esa condena torne en ilegítimo este  proceso  adelantado  por  la conducta punible de peculado por apropiación, como  si  el  trámite  de  esta  actuación  violara  el  principio  del non bis in idem.    

Dos  son  las  razones  en  las  cuales  la  Corporación apoya la anterior conclusión:   

a) El argumento que trae el defensor parte de  una  imprecisión  conceptual, según la cual el enriquecimiento ilícito supone  que    la    ‘conducta  fuente’, es decir, aquella  que  se  halla  en  la  génesis  del  incremento patrimonial, es necesariamente  atípica.   Y  que,  por  lo  tanto, al condenarse al servidor público por  dicha  conducta  punible se está calificando, de una vez por todas y con fuerza  de     cosa     juzgada,     la     ‘conducta       fuente’ como no constitutiva de delito.    

En     tal     virtud     –sostiene   el   impugnante   en   su  argumento-  al  abrirse investigación penal en contra del mismo funcionario por  razón  de  la  ‘conducta  fuente’ ello significaría  desconocer    el    principio    del   non   bis   in  idem,  pues  –insiste-;  por virtud de la condena por enriquecimiento ilícito, la  ‘conducta  fuente’    ya  fue  calificada como penalmente irrelevante.   

La    hipótesis    del    defensor   es  equivocada.   La  conclusión  anterior  proviene  de  las precisiones que,  sobre  este  tema,  ha  hecho  la Sala de tiempo atrás, en el sentido de que la  calidad  de  subsidiario del tipo penal de enriquecimiento ilícito no significa  que    ‘la   conducta  fuente’  no  constituya  delito,  sino que –cosa muy  diferente-  de  su  naturaleza delictiva no exista prueba a la hora de fallar el  proceso  por  el  injustificado  incremento  patrimonial.   De allí que la  subsidiariedad  del enriquecimiento ilícito no descarta que, una vez emitido el  fallo   condenatorio,   no   pueda   investigarse  y  fallarse  respecto  de  la  ‘conducta  fuente’,  en  caso de que  surja  prueba  sobre  su  tipicidad.  Lo  anterior  porque, insiste la Corte, la  sentencia  condenatoria  por  enriquecimiento  ilícito  no  tiene  la virtud de  juzgar  como  atípico –con  fuerza  de  cosa  juzgada material- el comportamiento gracias al cual se produjo  el incremento patrimonial.   

En respaldo de la postura reseñada, véanse  las siguientes precisiones de la Sala:   

“Singularizando  el  caso  del enriquecimiento ilícito, de tiempo atrás tenía ya precisado por  su  parte  la doctrina, que la subsidiaridad en él “…. opera de modo diverso,  por  cuanto  en estricto sentido no se trata de que el  hecho  no  constituya  otro  delito,  sino  de que no  aparezca  demostrada  en  concreto  la  comisión   de uno o varios delitos  cumplidos  en  el  ejercicio  del  cargo”  (subraya la  Corporación      en      esta      oportunidad)14.   

Por  lo  tanto,  nada  impide que una vez se  configure    la   prueba   de   un   ‘delito         fuente’  en  la  génesis del enriquecimiento  ilícito  (en  el  caso  que hoy ocupa la atención de la Corte, el peculado por  apropiación)  la  misma  persona sea investigada y sancionada por esa conducta,  sin  que  por  ello  se  desconozca  el  principio  de  la prohibición de doble  juzgamiento.        Ello       es       así       porque      –una  vez  más-  la  inexistencia  de  prueba   de   un  ‘delito  base’   en   curso  del  trámite  del  proceso  por  enriquecimiento  ilícito, no equivale a fijar para  siempre   la  condición  de  atípico  del  comportamiento  que  determinó  el  incremento patrimonial.   

Ahora   bien,   al  revisar  la  decisión  condenatoria  por  el  enriquecimiento ilícito queda en claro que, al contrario  de  lo  que  pregona  el  apoderado judicial del procesado, dicha providencia no  descartó  que  en el fundamento del incremento patrimonial existiera un delito:  lo  que  se  lee  en  dicha  determinación  es la precisión referente a que el  incremento  patrimonial  tuvo  lugar  en  la  misma  época  en que el procesado  ejerció  como funcionario judicial, y que el aumento de sus activos carecía de  justificación.   

Por lo tanto, y de manera consecuente con las  precisiones  antecedentes,  esta  actuación,  frente  a  la  existencia  de una  condena  en  contra  del  mismo sujeto procesal por el comportamiento punible de  enriquecimiento  ilícito, no torna en improcedente este proceso por el concurso  homogéneo y sucesivo de peculado por apropiación.   

b) Ahora bien, siguiendo con el argumento que  propone  el  apoderado  del  procesado  en  apoyo a su solicitud de cesación de  procedimiento  por  violación  al principio de non bis  in  idem,  la  Corporación debe señalar que, en todo  caso,  los  hechos  objeto de este proceso que se sigue contra GAMBOA VELÁSQUEZ  por  peculado  por  apropiación, no pueden entenderse ya fallados por virtud de  la  sentencia  condenatoria  en  contra  del  mismo  ciudadano por el punible de  enriquecimiento ilícito.   

En  efecto,  véase  cómo la resolución de  acusación  y  el  fallo  de  primera  instancia proferidos en estas diligencias  precisaron   que   el   comportamiento  atribuido  al  procesado  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  no  fue  la apropiación para sí de dineros estatales, sino a favor  de  terceros  (particularmente  de los extrabajadores de Colpuertos, demandantes  en  los  expedientes  laborales).   En  otras  palabras, los hechos de esta  actuación  no incluyen el incremento patrimonial en que hubiera podido incurrir  el  procesado  por  razón  del  ejercicio  de  sus  funciones,  hecho éste que  –en contraste- sí fue el  fundamento  del proceso que por enriquecimiento ilícito de servidor público se  siguió  contra  el mismo funcionario judicial, el cual fue fallado a través de  sentencia  del  12  de marzo  de  2002 del Tribunal Superior de Buga y  confirmada  por  la Corte en decisión de segundo grado del 21 de enero de 2003,  radicación No. 19489.   

De  manera  que la condena contra el ex Juez  Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura, HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ, por  enriquecimiento   ilícito   en   el   que   incurrió  por  haber  incrementado  injustificadamente  su  propio  patrimonio no tiene la virtud de inhibir o hacer  improcedentes  las  investigaciones  y  condenas  por  haber  desposeído  a  la  administración  de  recursos  financieros a favor de terceras personas, pues se  trata de hechos del todo diferentes.   

Respecto  del tema que se viene tratando, la  Corporación   precisó   en  anterior  oportunidad15  la posibilidad del concurso  entre    el    enriquecimiento    ilícito    y   el   denominado   ‘delito        fuente’  -es  decir  aquél  que determina el  incremento  patrimonial  injustificado-,  incluso  en  aquellos casos en los que  ambos  punibles  afecten  el  mismo  bien jurídico, tal como tiene lugar con el  lavado     de     activos     o     el    cohecho16.   Fue  así  que en la  providencia mencionada se afirmó lo siguiente:   

“Apenas  para  recabar  en  el  punto,  obsérvese  cómo  ambas  conductas  afectan  de manera  autónoma  e  independiente  el  bien jurídico tutelado y entre ellas no existe  una  relación  de  dependiente  o  necesidad,  pues,  para  que se cubran en su  totalidad  los  ingredientes  de  la  una,  no  se  requiere  de  ninguno de los  ingredientes de la otra.”   

Tal  hipótesis es la que aquí tiene lugar,  puesto  que  en  este  proceso  se  juzga al ex juez GAMBOA VELÁSQUEZ por haber  despojado  a  la  administración  de  recursos  financieros, con el correlativo  beneficio  de  terceras  personas,  mientras  que  en el caso de enriquecimiento  ilícito,   al   mismo   servidor   se   le   condenó  por  haber  incrementado  injustificadamente  su  patrimonio en época que coincidía con el ejercicio del  cargo de Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura.   

Como   se  observa  fácilmente,  los  dos  comportamientos,  si bien es cierto afectan el mismo bien jurídico –la administración pública-, también  lo  es  que  discurren  por  linderos fácticos muy distintos, por manera que no  puede decirse que uno excluya lógicamente al otro.   

8.  En conclusión, comoquiera que no existe  la   violación   al   principio   del   non  bis  in  idem  que  reclama el defensor, entonces no es tampoco  procedente  la  cesación  de  procedimiento  que aquél solicita en defensa del  procesado HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

PRIMERO:    ABSTENERSE    de   disponer  la  cesación  de  procedimiento  solicitada  por  el  defensor  del  procesado  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ en memorial del 5 de marzo de  2010.   

SEGUNDO:     CONFIRMAR    en     su     totalidad    el fallo recurrido.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                 COMISIÓN DE SERVIICIO   

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                       SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

        COMISIÓN     DE  SERVICIO   

ALFREDO    GÓMEZ    QUINTERO                                      AUGUSTO  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                               YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                              JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                                                  Secretaria     

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, sentencia de segunda instancia  del 2 de julio de 2008, radicación No. 29735.   

2 Sobre  la  procedencia  del  grado  jurisdiccional de consulta a los fallos emitidos en  primera  instancia  en  contra del Fondo del Pasivo Social de la Empresa Puertos  de   Colombia   –que  el  apelante  insiste  en desconocer a través de su alegato-, se pronunció la Sala  Laboral  de  la  Corte  Suprema de Justicia, en decisión del 11 de diciembre de  1998,  de  la  siguiente manera: “Esto significa que  el   Tribunal   no  se  equivocó  al  conceder   el  grado  jurisdiccional  denominado               ‘consulta’,  porque  siendo  parcialmente  adversa la sentencia de primera instancia al Fondo  Pasivo  Social  de  la  Empresa  Puertos  de Colombia, el pago de la obligación  estaría  a  cargo  de  la  Nación, que para efectos de la Ley 1ª de 1991 y el  Decreto  Ley  36  de  1992,  es  la  única  deudora  como  responsable  de  las  obligaciones  asumidas  por  la liquidación de la Empresa Puertos de Colombia y  quien  además se vería afectada en sus intereses por la sentencia condenatoria  en su contra”.   

3 Así  mismo,  la  procedencia  del  grado  jurisdiccional  de consulta en los procesos  laborales  fallados en contra de Foncolpuertos quedó del todo clarificada en la  sentencia  de  unificación  No. 962 del 1º de septiembre de 1999 proferida por  la  Corte  Constitucional,  la  cual, a su vez, reitera lo decidido por la misma  Corporación  en  fallo  de tutela No. 743 de 1996. La misma tesis fue reseñada  por  la  Sala  en  sentencias  de  segundo grado del 9 de abril y 15 de julio de  2008,  radicaciones 29311 y 29837, respectivamente, emitidas en contra del aquí  procesado HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ.   

4  Identificadas  en  los  fallos  de revocatoria proferidos por la Sala Laboral de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  así:  en  el  caso de la  sentencia  proferida  por  el  juez   laboral GAMBOA VELÁSQUEZ a favor del  demandante  Luis  Carlos  Castillo Bedoya:  i) la falta de acreditación documental de pagos al demandante y  ii)  la  improcedencia  de condena al pago de reliquidación o de indemnización  moratoria.   Para   el   proceso   fallado   a   favor   de    Andrés  Mosquera:  i)  la  ausencia  de  cuantificación  de  factores  salariales,  ii)  la evidente falta de precisión  sobre   sumas   y  conceptos  adeudados,  iii)  las  pretensiones  excesivamente  genéricas  y confusas, en contra de claros lineamientos de la Sala de Casación  Laboral  de  la Corte Suprema de Justicia, iv) la no inclusión de una solicitud  de  reliquidación  de  pensión  por causa de la omisión de vacaciones y prima  proporcional   de  servicio,  conceptos,  que,  además,  no  eran  factor   salarial  según  la  Convención  Colectiva  de  Trabajo y v) el indebido fallo  extra  petita. Respecto de  la  sentencia  decidida  a  favor  de  Rodrigo Alberto  Reina:  i)  la aplicación indebida de la Convención  Colectiva  de  Trabajo, ii) la ostensible incongruencia entre lo pretendido y lo  fallado,  así  como el desconocimiento de los hechos iniciales planteados en la  demanda.  En  la  sentencia  a  favor de Delio Efraín  Pérez,  el  Tribunal  encontró  lo siguiente: i) la  ambivalencia  de  los  hechos  y  pretensiones planteados por la demanda, ii) la  falta  de  precisión  sobre los conceptos adeudados iii) las deficiencias en la  aplicación    de   factores   salariales,   iv)   indebida   descripción   del  acontecimiento  fáctico,  v)  la  condena  por  factores  no  constitutivos  de  salario;  para  la  Sala  Laboral, la sentencia emitida en el caso demandado por  Luis   Hernando   Olave  adoleció  de las siguientes falencias: i) la ambivalencia y falta de precisión  en  la exposición de los hechos, ii) falta de señalamiento y concreción de la  aplicación  deficiente de factores salariales, iii) inclusión de conceptos que  no  constituyen  salario.  Por  último, de la sentencia a favor de Miguel  Caicedo Rivas la Sala Laboral del  Tribunal   de   Pereira,  subrayó:  i)  la  ausencia  de  acreditación del trabajador como miembro de la  organización  sindical, ii) aplicación indebida de la Convención colectiva de  trabajo,   iii)   la   indebida   inclusión   de  ciertos  factores  salariales  prescritos.   

5 Entre  otras  muchas,  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de  3 de diciembre de 2009, radicación No. 30816.   

6  Sentencias  de  segunda  instancia  números 27092 y 25200 de 6 de septiembre de  2007  y 5 de octubre de 2006, respectivamente.  Otras sentencias de segundo  grado  proferidas  en contra del ex juez laboral HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ por la  Sala,  con ocasión de irregularidades en torno al caso Foncolpuertos fueron las  dictadas  dentro de los radicados Nos. 19489 (21 de enero de 2003), 29398 (29 de  julio  de  2008), 29311 (9 de abril de 2008), 29837 (15 de julio de 2008), 29735  (2  de julio de 2008), 29345 (29 de julio de 2008), 29399 (16 de abril de 2008),  29317  (6  de  marzo  de 2008), 29467 (auto del 9 de abril de 2008), 32366 (7 de  julio  de  2010),  32417  (4  de  noviembre  de  2009)  y  32383 (28 de julio de  2010).   

7  En  sentido  similar:  Sentencia,  octubre  2/97,  rad.  11.657. Sentencia noviembre  12/97, rad. 9887.  Sentencia noviembre 3/98, rad. 10.778.   

8  Sentencia del 6 de marzo de 2003. Rad. 18.021   

9  Al  respecto,  ver  sentencia  del  4  de  mayo  de  2006,  radicación 22328, entre  otras.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia de segunda  instancia del 15 de julio de 2008, radicación No. 29837.   

11  “ARTICULO   401.   CIRCUNSTANCIAS   DE  ATENUACION  PUNITIVA.  Si  antes  de  iniciarse  la investigación, el agente, por sí o por  tercera  persona, hiciere cesar el mal uso, reparare lo dañado o reintegrare lo  apropiado,  perdido,  extraviado,  o  su  valor,  la  pena  se disminuirá en la  mitad.    

Si  el  reintegro  se  efectuare  antes  de  dictarse  sentencia  de segunda instancia, la pena se disminuirá en una tercera  parte.    

Cuando  el  reintegro fuere parcial, el juez  deberá,  proporcionalmente,  disminuir la pena en una cuarta parte.”   

12  “ART. 148.—Modificado.  L. 190/95, arts. 18 y 26. Enriquecimiento ilícito. El  servidor  público  que  por  razón  del  cargo  o  de  sus  funciones, obtenga  incremento  patrimonial  no justificado, siempre que el hecho no constituya otro  delito,  incurrirá  en  prisión de dos (2) a ocho (8) años, multa equivalente  al  valor  del enriquecimiento e interdicción de derechos y funciones públicas  por     el     mismo     término     de     la    pena    principal.”   

13  “ARTICULO  412.  ENRIQUECIMIENTO  ILICITO. El servidor público que durante su  vinculación  con  la  administración,  o quien haya  desempeñado   funciones   públicas   y  en  los  dos  años  siguientes  a  su  desvinculación,   obtenga,   para  sí  o  para  otro,  incremento  patrimonial  injustificado,  siempre que la conducta no constituya otro delito, incurrirá en  prisión  de noventa y seis (96) a ciento ochenta (180) meses, multa equivalente  al  doble  del  valor  del  enriquecimiento  sin  que  supere  el  equivalente a  cincuenta   mil   (50.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas de noventa  y   seis   (96)  a  ciento  ochenta  (180)  meses.”   

14  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de29 de octubre  de  1993,  radicación  No.  7906.  Dicha  providencia  reitera  las precisiones  contenidas en fallo del 21 de noviembre de 1990, rad. 5007.   

15  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 9 de abril de  2008, radicación No. 23754.   

16  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 7 de marzo de  2007, radicación No. 23905.     

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