32547(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32547  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta N°. 120.  

          Bogotá    D.C.,   abril   veintiuno   (21)   de   dos   mil   diez  (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  de  los  libelos  de  casación  presentados  por  los  defensores de  los      procesados ÓSCAR ALBERTO  HERNÁNDEZ  HERRERA  y JOHAN  ALEXANDER   SANTANDER  SANTANDER  con  el  objeto  de  sustentar             el             recurso             de            casación  interpuesto         contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior de Cúcuta el 18 de abril de 2008,  confirmatorio  del dictado por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma  ciudad  el  14  de septiembre de 2006 que condenó al primero de los mencionados  como  autor  penalmente  responsable, y al segundo como cómplice, del delito de  homicidio  agravado  en  la  persona  de Juan Gildardo  López Valencia.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El 17 de mayo de 2000, en las instalaciones  de  la Penitenciaria Nacional Modelo de la ciudad de Cúcuta, en momentos en que  era  conducido  por  la  guardia de prisiones para entrevista con su abogado, el  señor   Juan  Gildardo  López  Valencia  fue  atacado  con  armas  cortopunzantes por un numeroso grupo de  reclusos   quienes   le   propinaron  60  heridas  que  precipitaron  su  deceso  inmediato.        

De  los  hechos anteriores se sindicó como  autores       materiales   a   los   reclusos   ÓSCAR  ALBERTO  HERNÁNDEZ  HERRERA,  Jorge Alberto Ozuna Camargo,  Ricardo   Severino   Sánchez,  Rubén  Darío  Flórez  Contreras  y  Luis Enrique Chacón Joya,   como   determinadores   a   Graciela  Castillo   Lindarte,   Cristián   David   Barreto  y  John    Jairo    Casadiego    Castillo,  cabecillas  de  una  organización  delictiva  rival  a  la  que  pertenecía  el  occiso  y,  como  cómplice,  a JOHAN  ALEXANDER   SANTANDER   SANTANDER,  a  quien  se  le  atribuyó  haberse  encargado  de  distribuir  el  dinero pagado para dar muerte  a    López   Valencia.   

Dispuesta  la  apertura  de instrucción de  penal,  a  ella     formalmente se vincularon los mencionados. De  manera  específica  a  los  procesados ÓSCAR ALBERTO  HERNÁNDEZ  HERRERA  y JOHAN  ALEXANDER  SANTANDER  SANTANDER  se  les  definió su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  el    delito    de    homicidio    agravado,    sin    beneficio   de   libertad  provisional.   

Clausurada   la   etapa  instructiva,  se  calificó  su  mérito  con  resolución de acusación en contra de ÓSCAR       ALBERTO      HERNÁNDEZ      HERRERA      y     JOHAN    ALEXANDER    SANTANDER  SANTANDER,   como   presuntos   autor  y  cómplice,  respectivamente,  del  delito de homicidio agravado. Impugnado el calificatorio,  fue  confirmado  por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cúcuta  el 27 de agosto de 2004.     

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede, ante el cual se  tramitaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  a  cuyo término  profirió  fallo  el  14 de septiembre de 2006, mediante el cual condenó, entre  otros,  al  acusado  ÓSCAR ALBERTO HERNÁNDEZ HERRERA  a  la pena principal de veintiocho (28) años y nueve  (9)  meses  de prisión, y a JOHAN ALEXANDER SANTANDER  SANTANDER  a  la  de catorce (14) años y quince (15)  días  de prisión al encontrarlos autor y cómplice, en su orden, del delito de  homicidio  agravado  en  la  persona  de Juan Gildardo  López Valencia.   

En  la  misma  decisión, los condenó a la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso,  al  tiempo  que  los  condenó al pago en forma común y  pro in diviso de perjuicios  y  les  negó  el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

         Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa  de  los procesados, fue  confirmada  por  el  Tribunal Superior de Cúcuta el 18 de abril de 2008, contra  la  cual  los  mismos sujetos procesales interpusieron recurso extraordinario de  casación,  sustentado  mediante  sendas  demandas,  sobre cuya admisibilidad se  ocupa la Sala.     

LAS DEMANDAS  

         En  el  libelo  presentado  a  nombre  de  ÓSCAR  ALBERTO  HERNÁNDEZ HERRERA se formulan cuatro  cargos,   en  su  totalidad  sustentados  en  la  causal  tercera  de  casación  prevista   en  el  numeral tercero del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  por  encontrar  que la sentencia recurrida fue proferida en un juicio viciado de  nulidad,  proponiéndose  el  primero de ellos como principal y los restantes de  manera subsidiaria.   

         Por  su  parte,  en  el  escrito  allegado  por el representante de  JOHAN   ALEXANDER   SANTANDER  SANTANDER  se  postulan  igual número de cargos, donde el primero de ellos,  con  carácter principal, tiene abrigo en la causal tercera; el segundo (primero  subsidiario),  en  la  causal segunda por incongruencia entre el fallo y la  acusación;  y  los  dos últimos (segundo y tercero subsidiarios), en el motivo  primero,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial, derivada, en los dos  casos, de errores de hecho por falsos juicios de existencia.   

         Para  el  estudio  en punto del cumplimiento de los presupuestos de  admisibilidad  de  las censuras, la Sala adoptará la siguiente metodología: en  un  mismo  acápite  sintetizará y expondrá su criterio respecto de los cargos  propuestos  con sustento en la causal de nulidad, esto es, los cuatro contenidos  en    la    demanda    allegada   por   la    defensora   de   ÓSCAR  ALBERTO  HERNÁNDEZ  HERRERA y el  primero  de  la  demanda  a  nombre de JOHAN ALEXANDER  SANTANDER     SANTANDER     (principal);  hará  lo propio en relación con los  últimos  cargos (segundo y tercero subsidiarios) de este libelo, sustentados en  la  causal  primera  por  violación indirecta de la ley sustancial originada en  errores  de hecho por falso juicio de existencia, mientras que asumirá de forma  individual  el análisis de la restante censura de esta misma demanda, es decir,  la segunda (incongruencia ente la sentencia y la acusación).   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   Cargos con sustento en la causal tercera del artículo 207  de la Ley 600 de 2000 (nulidad).   

1.1.         Planteamiento:   

En el primer cargo  (principal)   de   la  demanda  presentada  por  la  defensora  de  ÓSCAR  ALBERTO  HERNÁNDEZ  HERRERA, se  depreca   la  nulidad  parcial  del        proceso  desde  la  diligencia de indagatoria rendida por el mencionado, basado en que no  se  le  notificó  de  la  iniciación  de la investigación penal seguida en su  contra,  con  lo  cual  se  vulneró  su  derecho  de  defensa, en detrimento de  disposiciones   constitucionales,   legales   e   internacionales  que  así  lo  exigen.   

Tal  situación determinó que su defendido  prácticamente  llegara “a  ciegas”    a   dicha  diligencia, viéndose sorprendido con la imputación.   

En el segundo cargo  (primero  subsidiario)  del mismo libelo, se solicita  la      nulidad     desde     la     indagatoria     por     la     “falta     de     intimación    de  cargos”   o,  lo  que  es lo mismo, porque al indagado no se le puso en pleno  conocimiento  fáctico y jurídico, de la conducta objeto del proceso, en lo que  atañe  a  las  causales de agravación de la conducta de homicidio deducidas en  la  sentencia,  situación  que,  asegura,  lo  privó  de ejercer su derecho de  defensa material.   

En  la  tercera  censura  (segunda  subsidiaria)  de  esta demanda, se  expone  que  las  sentencias  de  instancia  exhiben  deficiente  motivación en  relación  con el análisis probatorio, la circunstancia de agravación deducida  y   la   dosificación   punitiva,   aspecto   que   afectó   el   derecho   de  contradicción.   

En el cuarto reparo  (tercero  subsidiario)  del mismo libelo se aduce que  se  desconocieron  los principios de legalidad y favorabilidad habida cuenta que  el  sentenciador  se  sustrajo a aplicar el artículo 448 de la Ley 906 de 2004,  previsto  para  los  casos  en que el fiscal solicita absolución, a pesar de lo  cual optó por condenar a su prohijado.   

Al  haber solicitado el representante de la  Fiscalía      absolución     para     HERNÁNDEZ  HERRERA, prosigue la defensora, tal manifestación ha  debido  entenderse,  como  así  se concibe en la última normatividad procesal,  como  un  retiro  de  los  cargos,  ante  lo cual el funcionario judicial estaba  impedido para condenar.   

Por   su   parte,   en   el  primer   reproche  (principal)  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor     de     JOHAN    ALEXANDER    SANTANDER  SANTANDER  se  acude  a la  misma  causal,  bajo  la  consideración  de que los fallos de instancia exhiben  motivación  deficiente en relación con su responsabilidad como cómplice en el  homicidio    del   señor   Juan   Gildardo   López  Velásquez,  por  no  haberse  precisado “cuál  es  el  medio  probatorio  que  ofrece  aquella  certeza”,  indicativo     ello    de    que    “se  intenta ahora condenar a mi prohijado con aspecto fácticos que  nunca  fueron  debatidos  ni  en  la  instrucción  ni  en el juicio”.   

Además,  afirma, nada se dice en relación  con  la  persona  de  quién  fue  cómplice  su  representado,  con  lo cual se  conculcó       el       debido      proceso      y      el      derecho      de  defensa.              

1.2.         Consideraciones de la Corte:   

La Sala ha señalado de manera reiterada que  la  propuesta  de  nulidad  con  fundamento  en  la  causal tercera de casación  contemplada  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, a pesar de gozar de  cierta  flexibilidad en su formulación, no por ello puede prescindir de algunos  requisitos para que se entienda debidamente satisfecha.   

         

En  ese  orden  de ideas, es preciso que el  casacionista   identifique   claramente   el   motivo  sobre  el  cual  gira  la  irregularidad  que  advierte, la causal de nulidad que procede como consecuencia  de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan su pretensión, la trascendencia que  genera,  bien en el marco de la estructura del proceso o en el de las garantías  fundamentales  de  quien  la  invoca, y el momento procesal a partir del cual se  debe  invalidar  la  actuación,  así  como  la  autoridad  judicial  a la cual  corresponde su envío para que proceda a su enmienda.   

         Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber,  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación  y  residualidad,  previstos en el artículo 310 de la Ley 600 de  2000.   

De  modo que sólo si la censura reúne los  anteriores  condicionamientos  se podrá concluir que se ajusta a los requisitos  previstos  en  el  artículo 212 del mismo ordenamiento procedimental, para así  admitirla  a  voces  de  lo dispuesto en el siguiente artículo de ese estatuto.   

Lo  anterior,  se insiste, amén de que los  cargos  de  la  demanda  de  casación  se  expongan  de manera lógica y con un  mínimo  de  argumentación adecuada, como surge de la exigencia contenida en el  numeral  tercero de la citada preceptiva al señalar que la demanda de casación  deberá   contener   “la  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas”.   

En el primer cargo materia de análisis, la  demandante  pretexta  vulneración del derecho de defensa porque no se notificó  a  su  defendido  de  la  iniciación de la investigación y aun cuando pretende  radicar  la  incidencia  de  ese vicio en el hecho de que por tal razón no pudo  conocer  las imputaciones que existían en su contra y ejercer adecuadamente tal  garantía  durante  la diligencia de indagatoria, es claro que con ese argumento  pone  de  presente que desconoce el fin de la comunicación de esa decisión, no  otro  que el de informar sobre el inicio de la instrucción, sin que constituya,  entonces,  un  acto  procesal  vinculante  en  cuanto a las conductas delictivas  imputadas, como ocurre con la acusación.   

Por eso con razón ha dicho la Corte que esa  determinación   carece  de  mayores  formalidades,  tanto  que  dentro  de  sus  presupuestos  contenidos  en  el  artículo 331 del estatuto procesal, por parte  alguna  aparece la adecuación de las conductas, cuya delineación corresponde a  momentos     postreros     de    la    actuación1.   

     

Por  consiguiente  es  evidente  que, en la  forma   como   se   plantea   por   la   libelista,   este   cargo   carece   de  trascendencia.   

Respecto  del  segundo  cargo  ocurre  algo  similar  porque  la  casacionista  no  tuvo  en  cuenta  la  realidad  normativa  existente  para el momento en que su defendido rindió diligencia de indagatoria  (8  de  junio  de  2000), fecha para la cual estaba vigente el artículo 360 del  Decreto  2700  de  1991,  según  el  cual se exigía del funcionario instructor  interrogar  “en relación  con     los     hechos     que     originaron     su    vinculación’,   requisito   cumplido  cuando  en  desarrollo  de dicha diligencia se le indagó acerca de su responsabilidad en el  homicidio      de     Juan     Gilberto     López  Velásquez,    enterándole,    además,   de   las  circunstancias fácticas que rodearon tal hecho.   

Si ello es así, desde ya se advierte que la  situación  aludida  por  la  censora,  consistente  en  que  no  se  le imputó  jurídicamente   a  su  defendido  la  causal  de  agravación  específica  del  homicidio  deducida  en el fallo, no constituye irregularidad alguna, motivo por  el cual se inadmitirá el reparo.   

Igual  suerte  corren los cargos tercero de  este  mismo  libelo  y  el  primero de la demanda presentada por el defensor del  procesado      JOHAN      ALEXANDER     SANTANDER  SANTANDER, ambos sustentados sobre la base de que los  fallos  contienen una deficiente motivación. El primero, porque, según dice la  libelista,  no  obra  argumentación  suficiente  en  el  plano  probatorio para  sustentar  su  responsabilidad  ni en orden a demostrar la causal de agravación  específica  referida  y, el segundo, como también lo señala su defensor, dado  que  tampoco  la  existe  para demostrar su responsabilidad como cómplice en la  misma ilicitud.   

No obstante lo afirmado por los censores, la  lectura  detenida de los fallos arroja otra conclusión, en el sentido de que el  descontento  con  los  fallos  no se deriva tanto de la insuficiente motivación  como   porque   no   se   comparten   las  razones  expuestas  para  inferir  su  responsabilidad.        

De  esa forma se logra extraer que el   verdadero  propósito  inherente  a  las  censuras  se  circunscribe  a  que  la  motivación  se  ajuste  al  criterio  personal  de los libelistas en torno a la  apreciación  de las probanzas, obviamente favorable para el interés que dentro  del proceso representan.   

Esa  actitud  no  se  allana a la causal de  nulidad   que  se  alega,  ni  a  la  naturaleza  del  medio  extraordinario  de  impugnación,  en  donde  no  hay  cabida  para debatir posturas personales y el  discurso  debe  estar  necesariamente  orientado  a  demostrar  la existencia de  errores que determinen la ilegalidad del fallo.   

Así,  frente  a  un  punto específico del  fallo  y  no  tan  abstracto  como  lo es que no se fundamentó adecuadamente la  responsabilidad  de los procesados (a saber, como autor y cómplice), cuando los  fallos  evidencian  otra  cosa, concretamente el relacionado con la concurrencia  de  la  causal  de agravación contenida en el numeral 4° del artículo 104 del  C.P.,   por   haberse   cometido   la   conducta   homicida   por   “precio”,  en la sentencia de primer grado se  precisó,  aun cuando se alude a los determinadores pero se entiende extensivo a  los autores y al cómplice, lo siguiente:   

“Argumentan los  señores   defensores  que  no  está  probado  que  estos  implicados  hubieran  determinado  a  los  autores materiales a actuar, teoría que no puede compartir  el  Despacho,  pues  como  acabamos  de ver, fueron ellos quienes se comunicaron  entre  sí  afanosamente  tan pronto supieron del ingreso de alias Negro Peligro  al  penal,  buscando con la misma diligencia instrucciones del jefe de la banda,  Yargel  Casadiego, por intermedio de su hermano y su señora madre, respondiendo  Cristián   que   ya   sabía   él   lo  que  tenía  que  hacer,  dando  instrucciones  de la forma cómo debería ingresar el dinero  a  la  cárcel  con  el  fin  de  no  ser detectado, hablando al mismo tiempo de  repartirlo  entre  quienes  hicieron  ‘la  vuelta’,  a  la  que  también  hace  referencia el guardián Puentes, de donde solo puede  deducirse,  como ya antes se dijo, que ‘la  vuelta’  no  puede  ser otra que segar la vida del recién llegado, a quien le atribuían  la  muerte  de  otros  de  los  integrantes del grupo como Petete y ‘los         otros’…”          (subraya fuera de texto).   

Con  suficiencia  se  explicó  en la misma  providencia  que por la muerte de Juan Gilberto López  Velásquez  se  repartió  la suma de dos millones de  pesos  entre  los  autores  materiales,  como  así  se  plasmó  al analizar la  conducta    de    SANTANDER   SANTANDER  a  quien  se  le  endilgó  precisamente  haber  contribuido a la  comisión  de  la  conducta punible repartiendo entre los autores materiales esa  cantidad:   

“Respecto  al  grado  de  responsabilidad  que pudiera deducírsele a JOHAN ALEXANDER SANTANDER  SANTANDER,  si  bien se sabe que hacia parte integrante de la banda liderada por  su  cuñado  Yargel,  como  se  deduce  de  la sentencia condenatoria contra él  dictada  por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado (fs. 791-825) y  que  fue  a él a quien se le confiaron los  dos  millones  de  pesos  que  debería  llevar  a la cárcel para pagar ‘la         vuelta’,  como  se desprende de las llamadas  telefónicas  interceptadas,  sin  ser  cierto  que estaba destinada tal suma de  dinero  a  la  compra  de  una  pizzería  ubicada  dentro  del  establecimiento  carcelario…”  (subraya fuera de texto).   

A  igual conclusión llegó el ad  quem  cuando también se ocupó de la  responsabilidad de este procesado, al indicar que:   

“…se demostró  que  la  señora  Graciela  Lindarte  de  Castillo,  madre  de  Yagel  Casadiego  Castillo,  dispuso enviar un dinero a la cárcel para que dieran muerte a López  Velásquez,  y para el envío del dinero se acudió a SANTANDER SANTANDER, quien  a  su  vez  logró  contactar un guardián para que entregara dicho dinero a los  internos    que    finalmente    acabaron   con   la   vida   del   ‘negro       peligro’…”.   

Queda claro, en consecuencia que el punto de  inconformidad  de  los  recurrentes no está encaminado a demostrar que el fallo  carece  de  sustentación  suficiente, sino que no se comparten las conclusiones  de  los  falladores a partir de la valoración probatoria, ante lo cual también  se inadmitirán estas censuras.   

Por  último,  en  cuanto  al  cargo cuarto  (tercero   subsidiario)   de  la  demanda  presentada  a  nombre  del  sindicado  ÓSCAR  ALBERTO HERNÁNDEZ,  también  postulado  por  la misma causal de casación, por  considerar que  se  desconoció  el  principio  de favorabilidad por inaplicación del artículo  448  de  la Ley 906 de 2004, fincado en el hecho de que no obstante en este caso  el  fiscal  deprecó  absolución  para  su  prohijado  se optó por condenarlo,  debiéndose  entender  tal  postura  como  un  retiro de los cargos que da lugar  exclusivamente a la absolución.   

Es evidente que esta propuesta acusa serios  defectos  de argumentación, por omitir pronunciarse sobre el criterio decantado  de  esta  Sala  en relación con el punto cuestionado al precisar que tal figura  es  extraña  a  la  naturaleza  de Ley 600 de 2000 porque es diverso el rol que  allí  cumple  el  fiscal  frente  al  de  la Ley 906 de 2004 y, por ende, no es  viable  pregonar  su  aplicación  por  favorabilidad. En reciente decisión, la  Colegiatura   reiteró   su  jurisprudencia,  tras  hacer  un  recuento  de  las  providencias más representativas sobre la materia:   

     

“En criterio del  libelista,  debido  a  que  al  finalizar  el  debate probatorio en la audiencia  pública   de   juzgamiento,  el  Fiscal  delegado  solicitó  absolución  para  …,  se produjo el retiro  de  la  acusación  y, por lo tanto, el Juez de conocimiento perdió competencia  para  continuar  adelante  con  las  actuaciones  subsiguientes,  que  surgieron  afectadas de nulidad.   

1.1  El  tema que propone el defensor ya ha  sido  objeto  de  análisis  por  parte  de  la  Sala  de  Casación Penal, para  desvirtuar  que en tal hipótesis se genere un motivo de nulidad, dado que en el  régimen  de  procedimiento penal de la Ley 600 de 2000, una vez ejecutoriada la  resolución  acusatoria,  el  Fiscal  asume  la calidad de sujeto procesal y sus  peticiones no obligan ni vinculan al Juez de la causa.   

De  igual manera, la jurisprudencia de esta  colegiatura  ha  sostenido,  y ahora lo reitera, que en ese específico tema, no  puede  aplicarse  por  favorabilidad  el  Código de Procedimiento Penal para el  sistema  acusatorio,  Ley  906 de 2004, cuerpo normativo que en lo pertinente al  principio  de  congruencia  exige solicitud de la Fiscalía, para que el Juez de  conocimiento pueda condenar por determinado delito.   

En  los siguientes términos lo expresó la  Sala  de  Casación  Penal  en  Sentencia  del  13 de junio de 2006 (radicación 15843):   

“La solicitud de  absolución  que entonces hizo el fiscal en el curso de la audiencia pública no  constituía  en  el  régimen legal aplicado al asunto, ni tampoco en la Ley 600  de  2.000,  una  desaparición de los cargos formulados en la acusación, porque  ésta  formal,  material  y  legalmente  existía  con  los  efectos que le eran  propios,  por  ende ninguna vulneración al debido proceso cabe predicar por ese  respecto y en consecuencia el cargo carece de prosperidad.   

No ha de olvidarse que si bien –en  todo  caso-  el  titular  de  la  acción  penal  es  el  Estado,  en vigencia tanto del Decreto 2700/91 (art. 24)  como   de  la  Ley  600/00  (art.  26)  era  a  la  Fiscalía  en  la  etapa  de  investigación  y a los jueces en la de la causa, a quienes competía el impulso  o  el  ejercicio de la misma, a diferencia de lo previsto en la ley 906/04 (art.  66)  que  le  atribuye exclusivamente  a la Fiscalía General de la Nación  la carga del impulso de la acción penal.   

De  esa diferencia nace la posibilidad para  el  respectivo  fiscal  de  retirar o no los cargos, como que en el trámite del  Decreto  2700  y la ley 600 está inhabilitado para hacerlo, porque de cara a la  resolución  acusatoria  ejecutoriada ésta se convierte en ley del proceso y en  marco  dentro  del  cual  se  desarrolla  el  juicio  y se pronuncia el juez, no  pudiendo  asimilarse a tal retiro la petición que de absolución haga el fiscal  porque  surja prueba conclusiva en contrario (art 142-11 ley 600/00) o porque la  tenida  en  cuenta  para  acusar  no satisface el grado de certeza que exigen el  Decreto 2700 (art. 247 y la ley 600 (art. 232).   

En  cambio, en aplicación de la ley 906/04  cuando  el  fiscal  abandona  su  rol  de acusador para demandar absolución sí  puede  entenderse  tal  actitud como un verdadero retiro de los cargos, como que  al  fin  y al cabo es el titular de la acción penal, siendo ello tan cierto que  el  juez  en  ningún  caso  puede  condenar  por delitos por los que no se haya  solicitado  condena  por  el  fiscal (independientemente de lo que el Ministerio  Público  y  el  defensor  soliciten), tal como paladinamente lo señala el art.  448  de  la  ley  906  al  establecer  que  (entre  otro caso) la congruencia se  establece       sobre       el       trípode       acusación      –petición       de      condena-  sentencia.   

Así,  una  gran diferencia se encuentra en  este  campo  respecto  de  la  ley  600  y  el  Decreto 2700 en la medida en que  –en  contra  de  lo  que  ocurre  en  la ley 906- un juez de conocimiento puede condenar a un acusado aún  mediando  petición  expresa  de  absolución  por  parte del fiscal, ministerio  Público, sindicado y defensor.”   

En idéntico sentido se pronunció esta Sala  de  la  Corte  en  Sentencia  de  Casación del 14 de marzo de 2007 (radicación      23243),      donde  acotó:   

“6. En efecto,  ha  destacado  la doctrina de la Sala que a la Fiscalía dentro de la filosofía  procesal  de  la  Ley  600  de  2.000  y  acorde  con  el  artículo 26 se le ha  discernido  durante  la  fase de investigación el ejercicio de la acción penal  -la  que corresponde al Estado-, pero que con la ejecutoria de la resolución de  acusación  que da lugar al comienzo de la etapa del juicio -artículo 400 id.-,  el  Fiscal  adquiría  la calidad de sujeto procesal, correspondiendo la acción  penal  a los jueces, de manera que aun cuando se hace imperativa la presencia de  la  Fiscalía  en  la  audiencia  pública,  no  está  obligada  a  sostener la  acusación,  como tampoco el sentenciador a adoptar la decisión con sujeción a  lo  peticionado  por  tal sujeto, toda que vez que la independencia en ese orden  era  plena (Fallos 17.167 de 6 de septiembre de 2.001, 19.169 de 11 de diciembre  de 2.003 y 21.837 del 17 de marzo de 2.004).   

7.  En  un contexto semejante, desde luego,  también  fue descartada la incongruencia entre la acusación y la sentencia que  en  el  mismo  orden  de vicio procesal fue argüida, toda vez que la disonancia  reprochable  es  la  que surge -como resulta bien sabido-, pero de la variación  fáctica  o  jurídica  del  pliego  de  cargos  en  el  fallo, esto es, que una  conformidad  en  este sentido se mantendría siempre y cuando se condene por los  delitos   que   fueron  objeto  de  imputación  calificatoria,  lo  que  sería  jurídicamente errado (21.769 de 15 de septiembre de 2.004).    

(…)   

9.  Por tanto, el hecho de que la Fiscalía  hubiese  solicitado  absolución en desarrollo del rito público no configura en  el  sistema  procesal aplicado de la Ley 600 de 2.000, ninguna irregularidad con  la      pretendida      lesividad      del      debido      proceso.”   

1.2  Y  en  concreto,  con  relación  a la  ausencia  de  condiciones  jurídicas para aplicar por favorabilidad a los casos  regulados  por  la  Ley  600  de  2000, lo concerniente a la congruencia como es  regulada  en la Ley 906 de 2004, en cuanto en el sistema acusatorio si el Fiscal  retira  los  cargos  el  Juez  no  puede  emitir  sentencia  condenatoria, en la  Sentencia  del  13  de  abril  de 2008 (radicación 27413), la Sala de Casación  Penal señaló:   

“A  partir de este razonamiento, es claro que el ejercicio jurídico  tendiente  a  verificar  la procedibilidad de la aplicación favorable de la Ley  906  de  2004 no puede elaborarse en el presente caso, por cuanto al cotejar los  dos  sistemas  (mixto con tendencia acusatoria y acusatorio) no existe una norma  que  en  idéntico  sentido  regule el mismo supuesto de hecho con consecuencias  jurídicas más benignas para el procesado.   

Y  ello no ocurre, precisamente porque las  facultades  y  calidades  de  la fiscalía y del juez de conocimiento en los dos  sistemas procesales penales son diferentes.   

En  efecto,  en el sistema regulado por la  Ley  600,  proferida  la  resolución  de  acusación  e  inclusive  variada  la  calificación   jurídica   provisional,   el   juzgador   no   queda  vinculado  indefectiblemente  a  ellas  sino  que  puede  o  no  admitirlas,  cuidando  por  supuesto, de respetar el principio de congruencia.   

El juez dirige el proceso, puede actuar de  oficio  y su decisión final debe respetar los lineamientos de la acusación que  es una providencia judicial.   

Así  mismo,  en este estadio procesal, la  fiscalía  encargada  primariamente  de  investigar  y  acusar,  deja  de ser el  representante  del Estado, para convertirse en un sujeto procesal como los otros  (defensa,  ministerio  público, terceros incidentales), cuyas peticiones pueden  o no ser atendidas por el funcionario judicial de conocimiento.   

En  el sistema regulado por la Ley 906, la  fiscalía  es  la  titular  de  la acción penal durante todo el proceso, de tal  forma  que  al  formular  la acusación no renuncia a la potestad de retirar los  cargos  formulados,  pues  es dueño de la posibilidad de impulsarla o no.   La  acusación, no es una decisión judicial, sino su pretensión. El Juez está  impedido   para   actuar   de   oficio  porque  se  está  ante  un  sistema  de  partes.”   

1.3 Así las cosas, es claro que si bajo el  esquema  procedimental  de  la  Ley  600  de  2000, en su intervención final el  Fiscal      delegado      solicitó      absolución      para      …, porque en su parecer no fue posible  arribar  al  grado  de certeza requerido para declararlo penalmente responsable,  tal  petición  no  era de obligatorio acogimiento para el Juez y, por lo tanto,  el  funcionario  judicial  no  incurrió  en  la  falta  de  competencia  que el  casacionista       erige       en       causal       de      nulidad…”2.   

Como  la  impugnante en ningún momento se  ocupó  de  rebatir los planteamientos de la Sala, refulge diáfano que, como ya  se   precisó,   su   propuesta   evidencia   defectos   de  argumentación  por  insuficiencia,  lo  cual  impone,  como  se  ha dicho en relación con todos los  cargos  objeto  de  análisis  en  este  acápite,  su  inadmisión.     

          2.   Segundo cargo (primero subsidiario) de la demanda a nombre  de  JOHAN  ALEXANDER  SANTANDER SANTANDER.   Causal  segunda  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  (incongruencia).   

2.1.         Planteamiento:   

Para  el  censor  la  sentencia  impugnada  desborda  la  concordancia  que  debe  existir entre los cargos proferidos en la  acusación  y  la sentencia, toda vez que en esta última se dejaron de lado las  circunstancias de agravación consideradas en la primera.   

Lo   expuesto,   advierte,  pues  en  el  calificatorio  “se habló  sólo   del   numeral  4°  del  artículo  104  del  Código  Penal”  , pero en  el  fallo  se  le  endilgaron  las contempladas en los numerales 6° y 7° de la  misma   disposición   no  formuladas  legalmente  en  aquel,  cuya  aplicación  incongruente    repercutió    en    la    dosificación   punitiva.    

2.2. Consideraciones de la Sala:  

En sede del recurso de casación la demanda  debe  someterse  al  postulado  de  corrección material, acorde con el cual los  planteamientos  que  sustentan  la  pretensión  deben  ceñirse  a  la realidad  procesal.  Si  ello  se  detecta  desde  el  momento  mismo de su calificación,  evidente refulge su inadmisión.   

   

         Ello  es lo que aquí se logra constatar tras consultar el texto de  la  resolución  de  acusación  proferida  en  contra del procesado      JOHAN      ALEXANDER      SANTANDER     SANTANDER.   

         En  efecto,  mediante  proveído  del  27  de noviembre de 2003, la  Fiscalía  Primera  de  la  Unidad  de Vida de la ciudad de Cúcuta calificó el  mérito  del  sumario  contra el mencionado con resolución de acusación por el  delito  de  homicidio  agravado a título de cómplice. En un aparte específico  de    esa    pieza    procesal,    bajo   la   denominación   de   “calificación        jurídica  provisional” se    precisó    que   “la   conducta   punible   que  aquí  se  investiga,  se  encuentra  tipificada   en   el  Libro  Segundo  –Parte   Especial-   Título   I-   capítulo  Segundo  –Del     Homicidio     –art.      1043      (sic)  y  104  numeral  4  –que  contempla  como  pena a imponer de veinticinco (25) a cuarenta  (40)  años  de  prisión”  (subraya     fuera     de     texto).                  

         Sin  embargo,  en  la  parte  final  de  la  misma  providencia, el  instructor  adujo  que  la conducta punible por la cual procedía la resolución  de    acusación    en    contra    de    SANTANDER  SANTANDER,  entre  otros,  era  la  de  “homicidio  agravado  conforme  a  los  numerales  4, 6 y 7, en atención a haberse ejecutado  la   conducta  por  precio  o  promesa  remuneratoria,  con  extrema  sevicia  y  aprovechándose  de  la  situación  de  indefensión de la víctima”      (subraya      fuera      de  texto).             

                     Nótese  entonces  que,  a  diferencia de lo que sostiene el actor, en tal pieza procesal  no  sólo  se imputó la circunstancia de agravación referida en el numeral 4°  del  artículo  104 del Código Penal sino, igualmente, las de los numerales 6°  y 7° ibídem.   

         Ahora,  si bien esta decisión fue recurrida y por ello conoció la  Fiscalía  Primera  Delegada ante el Tribunal de la misma ciudad el 27 de agosto  del  año  siguiente,  no  se adoptó ninguna determinación que modificara este  aspecto.   

         A  su vez, en la sentencia condenatoria de primer grado el juzgador  únicamente  tuvo  en  cuenta la causal específica de agravación del homicidio  prevista  en  el  numeral  4°  del  artículo  104,  como así lo plasmó en la  siguiente consideración:   

         “..conducta  que  entonces  se  adecua  perfectamente  a la que define, tipifica y sanciona como delito el artículo 103  de  nuestro  actual  Código  Penal,  deduciéndose  que  actuaron  los  autores  materiales  por  precio,  como  se  explicará  más adelante, circunstancia que  agrava  la  punibilidad a imponer, de conformidad a lo estipulado por el numeral  cuarto  del  artículo  104  ibídem, pudiéndose entonces pregonar con certeza,  sin  lugar a duda razonable alguna, que no encontramos frente a un hecho típico  de       homicidio       agravado”.   

         Consecuente   con   el   anuncio   anterior,  en  el  acápíte  de  “dosificación  de  la  pena”   el juzgador  sólo  tuvo  en cuenta para el efecto esta circunstancia, como así lo consignó  expresamente:   

         “En  cuanto  a  la  pena  a  imponer,  tenemos  que  violaron  los  acusados  la  norma contenida en el articulo 103 de  nuestro  Código  Penal  vigente,  siendo  la pena a imponer la estipulada en el  canon  104,  al  concurrir  la  circunstancia de agravación ya referenciada, la  cual   se   encuentra   fijada  de       veinticinco  a  cuarenta     años    de    prisión”.   

         Valga   precisar  que  el  Tribunal,  al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  esta  sentencia, ninguna alteración realizó a  este aspecto.   

        De   lo  anterior  se  desprende  con  claridad  meridiana  que  el  demandante,  por  doble  vía,  no  se ajusta a la realidad del proceso. Por una  parte,  cuando  señala  que  en la acusación sólo se imputó la circunstancia  específica   de        agravación   del   delito   de  homicidio  prevista  en  el numeral 4° del artículo 104 del C.P., cuando queda  claro  que  en  esa  decisión  también se incorporaron las contempladas en los  numerales    6°    y   7°   ibídem   y    otra    cosa    es    que    en    la   sentencia   se   hayan  descartado.   

        Y,  por otra parte, al afirmar que esa situación repercutió en el  proceso  de individualización de la pena porque, como quedó visto, únicamente  para  tal  efecto  se  consideró  la circunstancia del numeral 4° ejusdem.   

        Con  esas  falencias,  en  cuanto  el reparo no refleja la realidad  procesal, se impone su inadmisión.      

         3.   Cargos  tercero  y cuarto (segundo y tercero subsidiarios)  de  la  demanda  a nombre de JOHAN ALEXANDER SANTANDER  SANTANDER.  Causal primera del artículo 207 de la Ley  600 de 2000 (violación indirecta).   

3.1. Planteamiento:  

        En  las  dos  censuras  sometidas  a  análisis  el  censor postula  errores de hecho por falsos juicios de existencia.   

Así, en el cargo  tercero  señala  que  por  razón  de  ese  yerro se  condenó  a  su  defendido  como  cómplice  cuando ha debido condenárselo como  encubridor.   

Destaca, en tal sentido, que en el proceso  no     está          demostrado    que    SANTANDER  SANTANDER hubiera celebrado un  acuerdo  previo  con  los  determinadores  de  la  conducta para contribuir a la  conducta   de  homicidio  en  la  persona  de  López  Velásquez.   

En  la  sentencia materia de impugnación,  agrega,  se  fincó la responsabilidad de su prohijado en transcripciones de una  grabación     telefónica     sostenida     entre    éste    y    Graciela  Lindarte  de Castillo, a partir  de  las  cuales  se  dedujo que fue la persona encargada de ingresar una suma de  dinero  al penal para consumar la conducta, para lo cual se habría valido de un  guardián   de   de   dicho   establecimiento,   a   quien  no  se  le  recibió  declaración.   

Sin   embargo,  sostiene,  no  se  puede  considerar    esta   prueba   como   “plena   y  completa  de  la  supuesta  contribución  de  SANTANDER  SANTANDER”, toda vez que  se  trata  de  prueba  trasladada de manera irregular a esta actuación, sin que  obren los casetes que las contienen.   

Por  lo  tanto,  concluye,  como  no  hubo  acuerdo   previo   para   la   contribución   o  ayuda  de  llevar  dineros  al  establecimiento   carcelario   no   se   configura   la   complicidad  atribuida  “y nos lleva a rogar, por  lo  menos,  la  aplicación  del  cargo  alternativo,  de  menor  gravedad  como  punibilidad,      en      lo      atinente      al     encubrimiento”,  consagrado en el artículo 446 del  C.P.   

Por  su parte, en  el  cargo  cuarto de este escrito, el censor aduce que  a  su  defendido  se  lo  debe  absolver  del cargo imputado por cuanto no está  demostrado  que  hubiera  ingresado  el  dinero  al centro de reclusión, habida  cuenta  que  para  el  día  en  que  se  dice ello ocurrió se encontraba en el  sepelio   de   Miguel  Alexander  Moncada,  como  así  se  acreditó en la actuación, mediante fotografía  allegada antes de que tuviera desarrollo la audiencia preparatoria.   

Como  nada  se argumentó en relación con  esta      “prueba  nueva”, el yerro invocado  se  configura,  motivo  por  el  cual  depreca  casar  el  fallo y, en su lugar,  absolver a su prohijado.   

3.2. Consideraciones de la Sala:  

En  los  cargos  sometidos a análisis, el  casacionista  advierte  que  con  la  sentencia  se  ha  incurrido en violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de sendos errores de hecho por falsos  juicios de existencia.   

A  través de su inveterada jurisprudencia  la  Sala ha precisado que este tipo de yerro tiene ocurrencia cuando un medio de  prueba  es excluido de la valoración que efectúa el juzgador no obstante haber  sido  allegado  al  proceso  en  forma  legal,  regular y oportuna (ignorancia u  omisión)  o  porque  el juzgador lo crea a pesar de no existir materialmente en  el  proceso (suposición o ideación), otorgándole un efecto trascendente en la  sentencia.   

Ante estas hipótesis, el recurrente está  obligado  a  (i)  identificar el medio de prueba que en su criterio se omitió o  se  supuso,  (ii)  establecer  la  incidencia  de  esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión que se controvierte y en favor del interés que se  representa,  lo  cual comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no  se  mantiene  con  otros  elementos de juicio y (iii) demostrar de qué forma se  violó  la  ley  sustancial con ese defecto de apreciación, ya sea por falta de  aplicación o por aplicación indebida.   

Pues bien, de lo esbozado por el demandante  en  los  dos  reproches,  se  advierte  que  su propuesta no se encasilla en los  presupuestos  del  error  enunciado  y en ninguno de los posibles yerros que dan  lugar               a               la               casación               del  fallo.            

Lo  afirmado, porque en la primera censura  desvía  su  discurso  hacia otra modalidad de yerro de apreciación probatoria,  como  lo  es el error de derecho por falso juicio legalidad, el cual se presenta  o  bien  porque  se  le confiere validez jurídica a una prueba tras suponer que  satisface  las  exigencias  formales  de  aducción  o  producción  o porque se  considera que no las reúne, cumpliéndolas.   

En este caso, podría decirse que el actor  se  inclina  hacia  el  primer  predicado  pues  estima  que se le otorgó valor  probatorio  a unas trascripciones de unas conversaciones telefónicas sostenidas  por   su   prohijado   allegadas  de  forma  irregular,  y  no  habría  ningún  inconveniente  en  aceptar  el planteamiento si no fuera porque, apartándose de  las  exigencias  demostrativas  que surgen de una tal pretensión, no señala en  concreto  cuáles  son  los  rigorismos  legales  exigidos  para  la aducción o  formación  de  la  prueba,  ni  mucho  menos  la disposición normativa que las  contiene.   

Con  el  último  reproche de esta demanda  sucede  algo similar dado que ni siquiera se individualiza la prueba en concreto  sobre  la  cual  recae  el error, pues el planteamiento del actor se basa en una  generalidad,  como  lo  es  señalar  que su defendido para el día en que se le  atribuye  ingresó  al  penal  con el dinero para pagar a los autores materiales  del  homicidio  asistió a un sepelio, situación que lejos está de eximirle de  responsabilidad,   no  sólo  por  su  ineptitud  probatoria  en  los  términos  expuestos,   sino   porque  revela  la  intención  de  reabrir  una  discusión  probatoria superada en instancias.   

De  esa  forma lo que se logra advertir es  que  en  las  dos  propuestas  objeto  de estudio, a la final lo que persigue el  libelista  es  imponer  un  criterio personal de valoración probatoria sobre el  expuesto  por  el  juzgador,  pero, como mucho lo ha dicho la Sala, tal forma de  concebir  el  recurso  no  tiene  cabida  en  esta  sede  extraordinaria  por no  constituir  una tercera instancia de decisión y porque tampoco logra desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad que gobierna al fallo, para lo cual  es  preciso  demostrar,  de  acuerdo  con  la  causal de casación seleccionada,  yerros  trascendentes en la apreciación de las pruebas con incidencia en la ley  sustancial.   

   

En  ese  orden  de  ideas,  se concluye en  relación   con  todos  los  cargos,  que  exhiben  defectos  de  lógica  y  de  argumentación  que  determinan  su  inadmisión  por  incumplir  los requisitos  previstos  en  el artículo 212, numerales 3° y 4°, de la Ley 600 de 2000, los  cuales,  por  virtud  del  principio  de  limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario    de   impugnación,   consagrado   en   el   216   ibídem,    la    Sala    no    puede  subsanar.   Por  consiguiente,  se  procederá a ordenar la devolución del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal  como  lo  señala  el  artículo 213  ejusdem.    

         A  ello  se  procederá,  además,  porque  tampoco  se observa que  durante  el  trámite  del proceso o con ocasión del proferimiento del fallo se  hubiera  incurrido  en  vulneración  de  garantías  fundamentales que ameriten  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  según  la  previsión  contenida  en el  artículo 216 del estatuto procesal penal.   

                

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR  las  demandas    de    casación    presentadas    por    los   defensores   de   los  procesados   ÓSCAR   ALBERTO   HERNÁNDEZ   HERRERA  y JOHAN ALEXANDER SANTANDER  SANTANDER,   de   conformidad   con  los  argumentos  manifestados en la parte motiva de esta providencia.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

       JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Entre  otras, cfr. decisión del 21 de noviembre de 2002, rad. 11529.   

2  Sentencia  del  22  de mayo de 2008, rad. 28124.  En el mismo sentido, ente  otras,  decisiones  del  29 de julio de 29008, rad. 28961 y del 27 de octubre de  2008, rad. 26099.     

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