27539(18-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 27539  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                   Magistrado  Ponente   

                               ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                 Aprobado en Sala No.  159   

                            

Bogota D.C., dieciocho (18) de mayo de dos mil  diez (2010)   

VISTOS:  

Realizada la audiencia pública dentro de la  causa  adelantada en contra del doctor SILFREDO MORALES  ALTAMAR,  procede  la Sala de Casación Penal a dictar  sentencia.   

IDENTIFICACION DEL PROCESADO  

SILFREDO   MORALES   ALTAMAR,    nació    en    María   la   Baja,  Bolívar,   el  1  de  marzo  de 1963, tiene 47 años, es hijo de Jacinto y  Espíritu,  casado  con  Rubiela Esther Pinto, tiene dos hijos, es administrador  de   relaciones  industriales  y  actualmente  funge  como  Representante  a  la  Cámara.      

HECHOS:  

El  15 de julio de 2002 el Alcalde María La  Baja  SILFREDO MORALES ALTAMAR  le     solicitó     a     ECOPETROL     cofinanciar     con     $36’316.800   el   proyecto  “ADECUACION Y REPARACIONES LOCATIVAS DE  LOS   ESCENARIOS   DEPORTIVOS   DEL   MUNICIPIO  DE  MARIA  LA  BAJA”  ante  la  preocupación  por  el mal  estado  en  que se encuentran nuestros escenarios deportivos para la recreación  y  el  deporte1”   

En términos de la ficha estadística básica  de  inversión  del  Banco  de  Proyectos  de junio de 2002 anexa a la solicitud  presentada  en  ECOPETROL,  las  obras  se  ejecutarían en la cancha de fútbol  “las delicias”,  cancha  de  béisbol  “8     de     diciembre”,  cancha  de  sóftbol  “el          recreo”  y cancha de microfutbol “las        delicias”2.    

Para cada uno de estos escenarios deportivos,  se  mencionaban las obras a realizar y la cantidad de materiales requeridos para  su  ejecución.  En  la parte final del proyecto obraba un resumen de costos que  discriminaba  en sumas totales los materiales y los precios, con identificación  del aporte municipal.       

Con  fundamento  en estos documentos el 4 de  diciembre  de  2002  los  representantes  de la Empresa Colombiana de Petróleos  -ECOPETROL-  y  la  alcaldía  de  María  la  Baja,  Bolívar,  suscribieron el  convenio      interadministrativo      GS-011-023.   

De  conformidad  con  su  texto  la  empresa  industrial  y  comercial del estado, ECOPETROL, aportó TREINTA Y CINCO MILLONES  DE  PESOS  ($35’000.000) y  el  municipio  DIECIOCHO  MILLONES  SETECIENTOS SETENTA Y CUATRO MIL TRESCIENTOS  PESOS  ($18’774.300), para  el  proyecto “ADECUACIÓN Y  REPARACIONES  LOCATIVAS  DE LOS ESCENARIOS DEPORTIVOS DEL MUNICIPIO DE MARÍA LA  BAJA             -BOLÍVAR-”.   

Con   base   en   el  mencionado  convenio  SILFREDO   MORALES  ALTAMAR  tramitó  y suscribió el 27 de diciembre de 2002 el contrato 033 cuyo objeto le  imponía     al     contratista     “prestar   su   servicio  como  constructor  de  las  adecuaciones  y  reparaciones  locativas  de los escenarios deportivos del municipio de María La  Baja,    Bolívar,    como    lo    contempla    el    proyecto   aprobado   por  ECOPETROL4”   

En  el trámite y la celebración del citado  acuerdo   se   encontró  que  la  administración  municipal  no  cumplió  los  principios  de  transparencia,  selección objetiva y precios del mercado de que  trata  la  Ley  80 de 1993. En la ejecución, se halló el reconocimiento y pago  al      contratista      de     $19’250.000  por  concepto del suministro e instalación de 28 lámparas  de  400  vatios,  que  nunca  fueron entregadas al Municipio ni colocadas en los  escenarios deportivos.   

ANTECEDENTES  

1-  Los  referidos  hechos fueron puestos en  conocimiento  de  las  autoridades judiciales por parte del ex Alcalde de María  La  Baja,  Adalberto  Marimón Pérez, quien solicitó a la Dirección Seccional  de  Fiscalía  de  Cartagena  investigar el detrimento económico sufrido por el  ente  territorial  con  ocasión  de  unas  obras  no ejecutadas pero cobradas y  pagadas   en   virtud  del  contrato  033  de  20025.   

2-  La Fiscalía 18 Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito de Cartagena dispuso abrir investigación formal el 19 de  diciembre  de  2005  en  contra  el ex Alcalde SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  y  otros funcionarios del municipio,  por  los  delitos  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado  por                   apropiación6.   

Una  vez  el  funcionario tuvo noticia de la  elección  del  sindicado  MORALES ALTAMAR como  Representante  a la Cámara, el 30 de octubre de 2006 expidió  copia    de   la   actuación   ante   esta   Sala7,  diligencias  recibidas el 18  de mayo de 2007.   

3-   Acreditada   la   calidad  foral  del  congresista,  el  1º  de  agosto  de  2007  se  avocó  el  conocimiento  de la  actuación  y  se  ordenaron  varias  diligencias,  entre ellas, la vinculación  mediante    indagatoria    de    SILFREDO    MORALES  ALTAMAR8;   el 4 de  marzo  de  2009 se resolvió su situación jurídica con la imposición de   medidas   de  aseguramiento  no  privativas  de  la  libertad  por  los  delitos  mencionados9.   

4-  Clausurada  la  investigación, el 12 de  agosto  de  2009  se  calificó  el  mérito del sumario acusando a SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  como  presunto  autor  responsable  de  los  delitos  de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales y peculado por apropiación.   

EL JUICIO  

1- En esta etapa, por petición de la defensa  se  escucharon  en declaración a Francisco Barceló Caraballo –Director de Deportes durante la época  en  que  SILFREDO  MORALES  fue  Alcalde-  y Benjamín  Payares  Ortiz  –Gerente de  Electricaribe.   

El  primero depuso su conocimiento acerca de  los  centros  deportivos  objeto de reparaciones en María la Baja y las labores  que  realizó  para  la consecución de varios postes que se necesitaban para la  instalación  de  las  lámparas; el segundo, relató que el doctor MORALES  lo llamó con el propósito de que  la  empresa Electricaribe donara al municipio unos postes, solicitud respecto de  la   cual   no   recordó   la   fecha   como   tampoco   la   utilización  que  tendrían.   

2- Culminada la fase probatoria, se dio paso  a    la    intervención    de    los   sujetos   procesales,   así:   

2.1. Procuraduría  

Para  el  Ministerio Público en el trámite  del  contrato 033 de 27 de diciembre de 2002 el Alcalde desconoció el principio  de  transparencia  consagrado  en  la Ley 80 de 1993, que demanda de los agentes  estatales  apego  estricto a las normas que rigen la contratación estatal, pues  ni   los   actos   administrativos   ni   las  invitaciones  individualizaron  o  identificaron  los campos deportivos, citaron de manera etérea las reparaciones  y adecuaciones locativas.   

En  su  concepto  está  probado el vínculo  entre   Fernando  Villadiego  y  el  Alcalde  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR,  dado  que  fue  el primero quien le  informó  al  segundo que existían unos recursos en ECOPETROL para el Municipio  de  María  la Baja, actuación que le conllevó elaborar el proyecto presentado  a  dicha  empresa,  cuando  quien  debía  realizarlo  era  un funcionario de la  Alcaldía,  pues  en  caso de necesitarse la intervención de un tercero, debía  suscribirse un contrato.   

En   cuanto  al  principio  de  selección  objetiva,  adujo  que  la  propuesta  de  Fernando  Villadiego se ajustaba   convenientemente  al  presupuesto  determinado  en  el  convenio  suscrito entre  ECOPETROL  y  el  Municipio  de María La Baja, previamente conocido por aquél,  como  quiera  que fue el autor de los estudios por cuya elaboración no recibió  contraprestación  alguna,  lo que viciaba la objetividad en la escogencia de la  mejor oferta.   

Agregó  que  Mauricio Martínez, uno de los  convocados,   negó  haber  elaborado  y presentado la oferta obrante en el  expediente,  señalando  a Fernando Villadiego como el arquitecto que la radicó  por  él,  pues  previamente  lo  contactó  para  entregar  una propuesta en la  Alcaldía.   

Concluyó así, que el proceso precontractual  derivado  del  convenio  GS-011-02 fue ajeno a los principios de transparencia y  selección   objetiva,   aspectos   que   radican  la  conducta  desplegada  por  SILFREDO     MORALES     ALTAMAR   en  el  delito  de  celebración  de  contrato sin cumplimiento de  requisitos legales.   

Frente al delito de peculado por apropiación  argumentó  que  se  evidenciaba  la  existencia  de  un  defecto de planeación  originado  desde  los  estudios respectivos, pues no se contempló el suministro  de  postes  y  materiales  necesarios  para  la  instalación  de  las lámparas  reflectoras,   motivo   que   imposibilitaba  la  ejecución  del  ítem  3  del  contrato.   

Indicó que de conformidad con los términos  del  acuerdo  solamente  existían  dos  momentos  de  pago  distribuidos en dos  porcentajes:   un   50%  al  inicio  del  mismo  y  el  otro,  a  su  entrega  a  satisfacción,  obligación  incumplida  por  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR,  pues  ordenó  el  pago  de un acta  parcial     de     obra    por    $9’000.000.   

Refirió como hecho grave haber reconocido en  este   pago,   el   suministro  e  instalación  de  28  lámparas  reflectoras,  precisamente  por  el conocimiento que tenía en torno a la ausencia de postes y  redes eléctricas.   

En  su criterio, el Alcalde y el contratista  sabían  desde  antes  de  la  firma  del  contrato  que  este  ítem  no podía  cumplirse,  y  por  ello  una  vez  suscrito, el segundo planteó la firma de un  otrosí  por  $22’000.000  para dicho fin.   

Precisó  igualmente  que  las explicaciones  brindadas  por  el procesado acerca del orden público o los embargos de que fue  objeto el municipio, no incidieron en el trámite contractual.   

Con apoyo en estas apreciaciones solicitó a  la  Sala  dictar  sentencia  condenatoria  en contra del proceso por los delitos  objeto de la acusación.   

   

2.2.    El    procesado    SILFREDO MORALES ALTAMAR   

En   réplica  a  lo  manifestado  por  el  Ministerio   Público,   señaló    que  el  comité  designado  para  estudiar  las  propuestas  presentadas  en el trámite del contrato 033 de 2002,  venía  funcionando  de  tiempo atrás. Pretextó su ausencia de responsabilidad  en  la  confianza  que tenía en sus colaboradores, pues creía que conocían la  materia.   

Afirmó que en ningún momento actuó de mala  fe  y  señaló  al  contratista  como  la  persona  encargada  de  comprar  las  lámparas, pues conocía el proceso que se iba a desarrollar.   

2.3. La defensa  

Solicitó  a  la  Sala  proferir  sentencia  absolutoria   a   favor   de   su   poderdante,   apoyada   en   los  siguientes  argumentos:   

1-  Pidió  hacer  un  juicio  ex  ante  de  los  hechos  que rodearon el  trámite  y  la celebración del contrato 033 de 2002, pues si bien su prohijado  lo  firmó,  fue  el  comité  quien  en  virtud  de la figura de la delegación  seleccionó   al   contratista,  siendo  este  órgano  el  responsable  de  tal  hecho.   

Aseveró con fundamento en las declaraciones  de  Alfredo  Acevedo  y  Hernán  Pájaro  Ávila,  que  el ex Alcalde nunca dio  órdenes  a los miembros del Comité Evaluador para seleccionar la oferta, si no  que  ellos,  en  virtud  del  principio  de  delegación  y  de  acuerdo con las  propuestas, hicieron la escogencia.   

Acotó  que  es  imposible  juzgar al doctor  SILFREDO  MORALES ALTAMAR por  su   falta  de  conocimientos  sobre  derecho,  aspecto  en  el  cual  no  puede  construirse  el  dolo,  pues  éste  requiere  de  la  presencia de una serie de  elementos no advertidos en el presente caso.   

Afirmó  que  el  procesado no actuó con el  propósito  de  causarle  daño  al  municipio,  como  tampoco se representó el  desacato  de los principios establecidos en la ley contractual, en los términos  señalados en la acusación.   

Es  así  como  sostiene  que  SILFREDO   MORALES   vulneró   el  deber  objetivo   de   cuidado  exigido  a  todo  individuo  cuando  realiza   una  actividad,  motivo  por  el  cual,  resultaría  imposible  llegar a afirmar que  actuó   con   dolo,   y   de   así   hacerse,   se   estaría  cometiendo  una  injusticia.   

Reiteró su posición frente a la ausencia de  norma  que prohíba o inhabilite al autor de los estudios y diseños de una obra  para ejecutarla.   

Aseguró que de la lectura de José Mauricio  Martínez  no  podía  extraerse la existencia de un vínculo entre SILFREDO  MORALES ALTAMAR y el contratista,  en   tanto   lo   asegurado   por   aquél   fue  su  percepción  de  que  eran  conocidos.   

En   relación   con  los  $35’000.000,   manifestó   que  Fernando  Villadiego  no  los  recibió simplemente por haber confeccionado los estudios y  diseños,  sino  porque  su  oferta  fue la más favorable a los intereses de la  administración  municipal,  motivo  por  el cual fue seleccionado para realizar  las obras.   

En  lo  atinente  a  la imputación de haber  omitido   SILFREDO   MORALES   ALTAMAR   el  nombre de las canchas objeto de reparación en la resolución de  apertura  e  invitaciones  para  la presentación de las ofertas, consideró tal  identificación  innecesaria  en  razón  a la existencia de solo cuatro centros  deportivos.   

Sumó  a  esta  justificación  el  estudio  presentado  a  ECOPETROL, cuyo contenido especificaba los escenarios de deporte,  las  obras  a  realizar,  los  materiales  requeridos  y   el  valor  de la  reparación,  documento, según su dicho, conocido por los invitados a presentar  oferta.   

2-   Frente  al  delito  de  peculado  por  apropiación  concretado  en  las  lámparas,  alegó,  en  primer  lugar, su no  instalación  por la ausencia de los postes que se esperaba fueran regalados por  Electrocaribe,   en  segundo  término,   la  desidia  con  que  actuó  la  siguiente administración.   

En  su  criterio, cuando va a realizarse una  obra  lo  primero que se hace es adquirir los materiales, motivo por el cual, la  compra  de  las  lámparas  no  puede ser objeto de reproche y mucho menos de un  actuar doloso.   

Insistió en reclamar al contratista Fernando  Villadiego  y  al  secretario  de  obras  públicas,  doctor Palmiro Torres, las  razones  por  las cuales dichos elementos no fueron instalados, pues su mandante  delegó   en   el   último   la   facultad   de  vigilar  el  cumplimiento  del  contrato.   

CONSIDERACIONES  

1-  No  obstante  los hechos materia de esta  actuación   hacer   relación   a   situaciones   acaecidas  cuando  el  doctor  SILFREDO      MORALES     ALTAMAR     fungió  como  Alcalde  del  municipio  de María la Baja durante el  período         2000         –         200310,  la  Sala es competente para  emitir  el  presente  pronunciamiento  a tenor de lo dispuesto en los artículos  235-4  y  parágrafo  de  la  Carta  Política y 75-6 de la Ley 600 de 2000, por  cuanto   en   la   actualidad   ejerce   el   cargo   de   Representante   a  la  Cámara.   

2- De acuerdo con la preceptiva del artículo  232  de  la  Ley  600 de 2000, el fallo condenatorio debe apoyarse en prueba que  ofrezca  certeza  sobre  la  realización de la conducta definida en la Ley como  delito  y  la  responsabilidad  del  acusado;  para llegar a estas conclusiones,  establece  el  artículo  238  del  citado  ordenamiento,  deben  apreciarse  en  conjunto  los  medios  de  prueba  y  en  consonancia  con las reglas de la sana  crítica.   

3-   Como   ya  se  mencionó,  el  doctor  SILFREDO  MORALES ALTAMAR fue  llamado  a  responder  en  juicio  por  la  presunta comisión de los delitos de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales y peculado por apropiación,  consagrados  en  su  orden,  en  los artículos 410 y 397 de la Ley 599 de 2000.   

4-  En este sentido, corresponde establecer,  en  primer  lugar, si se concreta el elemento de la certeza en relación con las  conductas   imputadas,   iniciando  por  la  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, cuyo texto legal es el siguiente:   

“Artículo 410.-  Contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales. El servidor público que por  razón  del  ejercicio  de sus funciones tramite contrato sin observancia de los  requisitos   legales  esenciales  o  lo  celebre  o  liquide  sin  verificar  el  cumplimiento  de  los  mismos,  incurrirá en prisión de cuatro (4) a doce (12)  años  y  en multa de cincuenta (50) a doscientos (200) salario mínimos legales  mensuales  vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas     de     cinco     (5)     a     doce     (12)     años”.     

A tono con la anterior descripción típica,  son  supuestos para la realización del tipo: i) Ostentar la calidad de servidor  público  y  ser  el  titular  de la competencia funcional para intervenir en la  tramitación,  celebración  o  liquidación  del  contrato;  ii) Desarrollar la  conducta  prohibida,  concretada  en  la  intervención  en una de las fases, es  decir,  tramitar  contrato  sin  la  observancia  de  los requisitos legales, o,  celebrar  o  liquidar  sin  verificar  el cumplimiento de los mismos11.   

En  cuanto  a  la  conducta  prohibida,  se  tiene   que  ella  contempla  tres  hipótesis  a  partir  de las cuales se  desencadena  la  reacción  punitiva respecto del servidor público revestido de  la  función  contractual,  o  parte  de  ella,  a saber: i) Por la “tramitación”  del  contrato  sin la observancia de  requisitos  legales  esenciales  para  su  formación,  etapa contractual que en  términos  de  la  Corte,  comprende  “los  pasos  que  la  administración  debe  seguir  hasta la fase de  ‘celebración’         del         compromiso  contractual”;     ii)     Por     la    “celebración”    del  contrato    sin   verificar  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  esenciales  del  mismo,  incluidos,  claro está, aquellos que de acuerdo con la  Ley  80  de  1993  son de forzoso acatamiento dentro de la fase precontractual y  que   constituyen   solemnidades   insoslayables;  y  iii)  Finalmente,  por  su  “liquidación”  en similares condiciones12   

.   

Como en el auto calificatorio se indicó que  en  el contrato 033 de 2002 se habían soslayado los principios de transparencia  y  selección  objetiva  en su trámite y celebración, el presente análisis se  dirige  a  verificar   si  la conducta de SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  actualiza este tipo penal  y, a su vez, si obra prueba indicativa de  su compromiso penal.   

-Del  principio de transparencia y del deber  de selección objetiva   

Preceptúa  el  artículo 24 de la Ley 80 de  1993,   que  la  escogencia  del  contratista  se  realiza   a  través  de  licitación    o   concurso   públicos,   conforme   el   procedimiento   allí  establecido.   

La misma norma, sin embargo, citó los casos  en   los   cuales  pueden  celebrarse  acuerdos  mediante  el  mecanismo  de  la  contratación  directa,  es  así  como  el  decreto  855  de  1994 -vigente     para     la     fecha     de     los    acontecimientos  analizados-   reguló  esta temática disponiendo  en  su  artículo  2º  que  el  jefe o representante de la entidad estatal debe  garantizar  el  cumplimiento  de los principios de economía, transparencia y en  especial  del  deber  de selección objetiva para la escogencia del contratista,  en los términos indicados en la codificación contractual.   

De  la  lectura de esta preceptiva se colige  con  facilidad  que  la  contratación  directa,  concebida como la facultad que  tienen  los servidores públicos para escoger a la persona que ha de celebrar el  contrato  con  la  entidad  que  representan,  debe  respetar  los preceptos que  gobiernan  el  proceso  licitatorio,  de  tal  modo  que,  con independencia del  sistema  adelantado  para  la  selección  del  contratista,  éste se encuentra  sujeto  a los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad,  imparcialidad  y  publicidad  prescritos en el artículo 209 superior, regulador  de la función administrativa.   

Atendiendo  esta  finalidad, el principio de  transparencia    -artículo    24    Ley    80    de  1993-,    estipula    como   obligación   para   la  administración,  emitir términos de referencia o pliegos de condiciones en los  procesos  contractuales  que  así  lo  exijan  para:  i) indicar los requisitos  objetivos  necesarios  para participar en los mismos; ii) definir pautas justas,  claras  y  completas  que  permitan  la confección de ofrecimientos de la misma  índole  iii) precisar las condiciones de costo y calidad de los bienes, obras o  servicios  necesarios  para  la  ejecución  del  objeto  del  contrato;  y  iv)  concretar  reglas  que  no  induzcan  en  error  a  los proponentes – artículo 24-5-.   

Siguiendo  este propósito, consecuentemente  el  numeral  6º  establece  que  en  los avisos de publicación de apertura del  proceso   contractual   se   señalarán   las   reglas   de  adjudicación  del  contrato.   

Con  estos  derroteros,  la  administración  procede,  entonces,  a  cumplir  con  el  deber  de seleccionar objetivamente la  propuesta  más  favorable,  de  allí  que  el artículo 29 de la codificación  contractual  contemple  para  la escogencia de la oferta las reglas trazadas con  anterioridad   por   la  misma  entidad  estatal,  conforme  a  las  directrices  consagradas  en  la  ley, excluyendo así factores de afecto o de interés y, en  general cualquier clase de motivación subjetiva.   

Pues bien, en el presente caso probado está  que  los  actos  administrativos  a  través  de  los  cuales  el  Alcalde  y la  Secretaria   General   abrieron  el  proceso  contractual  y  convocaron  a  los  interesados  a  presentar  ofertas  para  la  reparación  y  adecuación de los  escenarios  deportivos  de  María  la  Baja,  omitieron definir los sitios, las  obras,  el  material que se necesitaba, la disponibilidad presupuestal  con  la   cual  se  contaba  y  las  reglas  objetivas  que  tendría  en  cuenta  la  administración para seleccionar al contratista.    

Baste  leer  la resolución 115 bis del 9 de  diciembre  de  2002  proferida  por el Alcalde SILFREDO  MORALES  ALTAMAR,  para  observar cómo ella nada dice  acerca  de  las  obras  que  la  administración  pretendía realizar, ni de los  recursos    con    que    contaba    para    ello,   simplemente:   “ordena  invitar  y  hacer  la apertura  para  la  presentación  de  ofertas  por  parte  de  entidades  cooperativas  o  asociativas  de carácter estatal para la ejecución del contrato cuyo objeto es  “Adecuaciones     y  reparaciones  locativas  de los escenarios deportivos del municipio de María la  Baja13”.   

Su   fundamento   es   que   “  el  Municipio  de  María  la  Baja  requiere,  para  el  efectivo  cumplimiento  de  los  programas  y  proyectos de  prestación  de  servicios  contemplados  en  el  plan  de desarrollo municipal,  construcción  de  obras  de  urbanismo  e  infraestructura  necesarias  para el  programa   de   saneamiento   básico”14.   

En  términos  similares y sin aportar datos  adicionales,    el   aviso   público   invitó   a   todas   las   “entidades  cooperativas,  asociativas  y/o  personas  naturales”  a   presentar   ofertas   para   las  adecuaciones  y  reparaciones  locativas  de los escenarios deportivos del municipio de María La  Baja15.   

En relación con estos actos administrativos  debe   indicarse  que  ambos  fueron  emitidos  -9  de  diciembre  de 2002- cinco días después de suscrito el  convenio   interadministrativo  con  ECOPETROL  -4  de  diciembre-, luego la justificación brindada por el ex  Alcalde    en   el   sentido   que   “en  el  momento  en  que  se  realizó  el  convenio  con la empresa  ECOPETROL  no  se  tenía  claro  cuántos  escenarios  deportivos  y cuáles en  específico      eran      donde      se     iban     a     realizar”16       resulta  ser  solo  una disculpa para exonerarse de responsabilidad,  frente  a la información descrita en la ficha estadística adjunta al documento  contentivo  de  la  solicitud de recursos que hacía parte del aludido convenio,  donde  aparecían  señalados los centros deportivos objeto de reparaciones, las  obras a ejecutar y el presupuesto de que disponía el municipio.   

Y frente a las manifestaciones de la defensa  dirigidas  a  sostener que el documento presentado a ECOPETROL el 15 de julio de  2002  para  la obtención de recursos, hacía parte de los actos administrativos  enunciados,  debe  señalarse  que  ninguno  de  ellos  lo  cita  como anexo del  mismo.    

En  este punto es importante destacar que en  la  investigación  nunca  logró  establecerse  con claridad cuáles fueron los  centros  deportivos a que concernían las obras referidas, y si bien en criterio  de  la  defensora  esa  identificación  no  era  necesaria  debido  a que en el  municipio  de  María  La  Baja  solo  existían  el  estadio  de Béisbol   “Ángel     Torres  Miranda”;  el  Campo  de  Fútbol  del  barrio Las Delicias; la cancha polideportiva del mismo barrio y el  campo  de  softball de “las  Delicias, dicho argumento también es refutable.   

Si se consulta la ficha estadística allegada  a  la  solicitud  que hizo parte del convenio interadministrativo suscrito entre  el   Municipio   de  María  La  Baja  y  Ecopetrol17   se   observa  cómo  ella  incluye  la  cancha deportiva de la concentración educativa Rafael Uribe Uribe,  respecto     de    la    cual    SILFREDO    MORALES  ALTAMAR      aseguró      que:      “si   hubo   reparación   dentro  del  contrato  033  para  la  cancha  de esa institución18”,  de  suerte  que,  el planteamiento expuesto por la defensa pierde  fuerza con el documento aludido y la explicación del procesado.   

Agréguese   que   ni   el  Secretario  de  Planeación,  Palmiro  Torres  Carmona,  ni  el  Director de Deportes, Francisco  Barceló,  brindaron  respuesta  acerca  de  cuál servidor escogió los centros  deportivos  donde  iban  a  realizarse  las  obras  objeto  del  contrato 033 de  2002.   El  primero  recordó  en  su  inicial  intervención procesal  “el  encerramiento  del  campo   de   fútbol   del   barrio   las  delicias19”,    y   en   la   segunda   “la    cancha    del    barrio    el  recreo20””;   Francisco     Barceló,     por     su     parte,     refirió:     “yo era el director y hacia vueltas que  él- el Alcalde- me mandaba y  tramites  para  la  ejecución  de  dicho  escenario21”.   

A   estas   situaciones,   se   suman  las  invitaciones  que  para  cotizar  en el mencionado proyecto dispensó el Alcalde  SILFREDO    MORALES    el  15  de  diciembre  de  2002 a  Fernando    Villadiego    Correa,    Alejandro    Suárez    Vega   y   Mauricio  Martínez22,  pues  no  obstante  ligarlas  el  procesado  con la secuencia del  tramite  contractual,  contradicen  el  plazo dispuesto para la presentación de  ofertas  que  según  la  resolución  0115  bis  del  9  de  diciembre, era del  18  al   20  de ese mes.   

En  efecto,  si  los oficios dirigidos a las  personas  mencionadas  registran  como  fecha  de su emisión 15 de diciembre de  2002,  razonable  es  concluir  que  la explicación del ex Alcalde riñe con la  realidad  procesal, la cual exhibe la imposibilidad por parte de los proponentes  de haber acudido a la entidad territorial antes de este día.   

Este panorama, como puede verse, exterioriza  una  secuencia  incoherente  en  el  trámite  previo del contrato 033 del 27 de  diciembre   de   2002,  pues  no  se  observa  la  realización  de  unos  pasos  concatenados  de  antecedente a consecuente en los términos establecidos por la  resolución  0115  bis, recorrido que deja al descubierto la burla de las normas  jurídicas que reglamentaban la materia.   

Y  si  bien fue en estas convocatorias donde  por primera vez el municipio discriminó las obras:   

ITEM             

DESCRIPCIÓN             

UNID             

CANT  

1             

Cerramiento en block #  6 con h=1 mt. Y malla revestible en pvc con h=1mt             

ML             

630  

2             

Viga   de  amarre  inferior con 4v1/2 con estribo de ¼             

ML             

630  

3             

Instalación   y  suministro de lámparas reflectora de mercurio de 400 vatios             

UND             

28  

4             

Construcción  de  dogauth convencionales             

GL             

2  

5             

Construcción  de  backstop para sotfbol             

GL             

1  

6             

Reparación   de  cubierta en zinc             

M2             

60  

Estas   resultan  ambiguas  frente  a  las  mencionadas  en  el  proyecto presentado a ECOPETROL23        donde        se  consignó:   

“Cancha  de  futbol las delicias   

Obras a ejecutar  

380  Ml  cerramiento  en  malla revestida en  P.V.C.   

Instalación  de 14 lámparas reflectoras de  mercurio 400 voltios   

50  unidades  tubo galvanizado de 1 ½   para cerramiento   

350   bolsas   de  cemento  para  muro  de  cerramiento y viga cimiento   

290  varillas  de ½ para cerramiento de 380  ml   

142  varillas  de ¼ para cerramiento de 380  ml   

20 kilogramos de alambre de amarre para viga  cimiento   

Municipio  

4.750 bloques # 6  

5 viajes de relleno  

4 viajes de arena  

Cancha de béisbol 8 de diciembre  

Reparación  de 100 ML de malla revestida en  P.V.C.   

Suministro de 80 láminas de zinc largo para  reparación de techo de gradas y dogauth   

Municipio  

10 viajes de arena  

Mano de obra calificada  

Cancha de softbol el Recreo  

Construcción de 2 Dogauth  

8 lámparas reflectoras  

100 bolsas de cemento  

45 varillas de 3/8  

35 varillas de ¼  

8 unidades de zinc largo  

Construcción de Backstop  

13 tubos galvanizados 1 ½  

100 ML de malla revestida en PVC  

Municipio  

1 viaje de arena  

1 viaje relleno  

600 unidades de block  

Mano de obra calificada  

Cancha     de     microfutbol     las  delicias   

150  ML  de  malla  revestida  en  PVC  para  cerramiento de cancha   

20 tubos galvanizados de 1 ½  

100 bolsas de cemento  

115 varillas de 0 de 3/8  

60 varillas de 0 de ¼  

20 kilogramos de alambre quemado  

8 lámparas reflectoras  

Municipio  

1.875 bloque #6  

3 viajes de arena  

2 viajes de relleno  

Mano   de   obra   calificada”   

Ahora, la falta de precisión en las obras y  sitios  observadas  en las invitaciones no es gratuita, se encuentran vinculadas  con  el  autor de los estudios, que no es otro que Fernando Villadiego, oferente  que   a   la   postre  salió  favorecido  con  la  adjudicación  del  contrato  cuestionado.   

Así  se  lee  en  el  punto  14  del citado  documento24:   

“Estudios  que  respaldan el proyecto”   

“Nombre  del  estudio:  ADECUACIÓN  Y  REPRACIONES LOCATIVAS DE LOS ESCENARIOS DEPORTIVOS DEL  MUNICIPIO   DE   MARÍA   LA   BAJA   –   BOLIVAR-“   

“FECHA JUNIO DE  2002,”   

“AUTOR  DEL  ESTUDIO: ARQ. FERNANDO VILLADIEGO C.”   

En  efecto,  de  la vinculación de Fernando  Villadiego  con los estudios presentados a ECOPETROL que originaron la conquista  de  $35’000.000  para  el  ente  territorial, SILFREDO MORALES ALTAMAR   contó   que   aquél  “informó  al  municipio  de  algunos  recursos que existían en  esta  entidad  ECOPETROL  para beneficio de los municipios, pero para eso había  que  presentar  un  proyecto o una ficha como tal.  Como Alcalde interesado  en  la  gestión  le dije que no había ningún inconveniente y que no cobraría  para    la    elaboración    de    ese   proyecto25”.     

La  precedente narración, como se acotó en  la  calificación  del  sumario, deja al descubierto cómo desde el mes de junio  de   2002  Fernando  Villadiego  se  entrevistó  con  el  Alcalde  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  para informarle  sobre  la  posibilidad  que  existía de obtener unos recursos en ECOPETROL, los  cuales  dependían  de la presentación de un proyecto de desarrollo y beneficio  para la comunidad, actividad que al efecto llevaron a cabo.   

Fue  en  este  momento  en  que  surgió  un  convenio  entre SILFREDO MORALES ALTAMAR y Fernando  Villadiego,  como  lo revela la actuación, mientras éste  elaboró  los estudios a la sazón presentados en ECOPETROL, el Alcalde, inició  un  trámite contractual donde poco o nada le interesó dar a conocer en detalle  las  obras  a  realizar  o el  presupuesto a invertir, pues con antelación  conocía quién iba a salir favorecido en la adjudicación.   

Por ello la propuesta de Fernando Villadiego  -$52’576.250-,  registra  convenientemente,  como  lo  aduce  el  Ministerio Público, un valor cercano al  convenio   interadministrativo   -$53’774.300-,  a  diferencia  de  las  presentadas por Alejandro Suárez  -$57’262.500-  y Mauricio  Martínez              -$61’940.00026-,        que        lo  superan.   

Y  si a lo expuesto se suma lo informado por  Mauricio  Martínez  de  no  haber  elaborado  y firmado el documento en el cual  aparece  presentando  ofrecimiento  y  que Fernando Villadiego lo contactó para  pedirle  su  ayuda  en  la  confección de una propuesta para el contrato 033 de  200227,  puede  afirmarse sin ambages que la finalidad de las invitaciones  y  respuestas  no era otra que impregnarle visos de legalidad a un procedimiento  que por voluntad del Alcalde nació viciado.   

Esta aseveración encuentra también respaldo  en  el  proceso  de  selección  del  contratista,  en tanto si bien las ofertas  fueron  sometidas al escrutinio de un comité designado también por el entonces  Alcalde   con   la   expedición   de   las   resoluciones  118  bis28   y   119  bis29  del  9 y 18 de diciembre, respectivamente, argumento esgrimido por  la  defensa para exonerar de responsabilidad a su poderdante en lo atinente a la  escogencia  del  contratista,  no  puede  pasarse  por  alto que Alfredo Acevedo  Olivo,  Director de la Unidad de Asistencia Técnica  Agropecuaria, relató  a  manera  de anécdota que su jefe para esta tarea le impartió la instrucción  de     escoger     la     oferta     más    económica,    pues    “él  decía que tenía fama de tacaño  y   que   escogiera   la   mejor   por   lo   económico,   que   no  fuera  tan  elevado”30.   

Y  el  Secretario  de  Gobierno,  Pedro  Pérez  Sehuanes,  manifestó:  “De  las  tres propuestas  presentadas  escogimos  la  más económica para el municipio teniendo en cuenta  que  el  proponente  ofrecía  lo  requerido  para  la  obra  en  su  momento, y  generaría   un   mejor   costo   que   las  demás31”.   

Estas  respuestas  como  puede  observarse,  enlazan   perfectamente  con  la  oferta  más  económica,  esto es, la de  Fernando  Villadiego Correa, persona que se itera, confeccionó los estudios que  permitieron   la   obtención  de  $35’000.000 para el municipio.   

Mírese    además    que   SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  ningún factor  incluyó  en  la  resolución  0115  bis  ni en las invitaciones para escoger al  contratista,  sometió  al  escrutinio  de los servidores por él seleccionados,  tres  propuestas  donde  la  más  económica  correspondía  al  autor  de  los  estudios,   sellando   así  el  proceso  contractual  en  favor  de  Villadiego  Correa.   

Más allá entonces, de no constituir delito  que  la  persona  encargada  de  elaborar  unos estudios salga favorecida con la  adjudicación  del contrato para el cual los realizó, como lo alega la defensa,  es  lo  cierto  que  en  el  presente  evento  la  actividad  desplegada  y  las  irregularidades  descubiertas  ponen  de  relieve  un  procedimiento contractual  amañado.   

Y hay algo más, el ítem 3 del contrato 033  de  2002,  consistente en la adquisición de 28 lámparas de 400 wattios, fueron  pagadas a un precio superior al real.   

Ciertamente,  mientras  en  el  presupuesto  presentado  a  ECOPETROL  las  lámparas  aparecían  a  un  valor  unitario  de  $390.000,  precio  cercano a aquel registrado en la revista de CONSTRUDATA de la  época                   -$398.80832-,  en  la  oferta presentada  por   Fernando   Villadiego   Correa   se   cotizó  a  $550.000,  más  un  25%  correspondiente  al costo indirecto, esto es, $137.500 para un precio definitivo  de $687.000.   

Si  la  administración  municipal  hubiera  respetado  el valor reseñado en el cuadro de presupuesto, o incluso el referido  en  la  revista  CONSTRUTADA,  es  decir,  $398.808,  más  $99.700 por el costo  indirecto,  tasado  en  un   25%,  se  habría  pagado por las 28 lámparas  $13’958.000    y   no  $19’250.000    como  sucedió.   

En tales condiciones, refulge claro que si el  valor  atrás  reseñado  -$390.000-  hacía  parte del presupuesto presentado a  ECOPETROL,  el  cual  fue  elaborado  por  Fernando  Villadiego  y  conocido por  SILFREDO     MORALES     ALTAMAR,     razonable   es  concluir  que  el  aumento  en  $190.000  para  cada  luminaria  respondió  a la arbitrariedad del contratista y no a los precios del  mercado, punto sobre el cual nada hizo el burgomaestre.   

Por  último es importante destacar que este  ítem  no  podía  cumplirse  a  través  del  contrato  033,  pues  los centros  deportivos  carecían  de  los  postes  requeridos  para   instalar  las 28  lámparas.   

En  efecto, calificada la investigación, la  defensa  solicitó  oír  en  testimonio  al  Gerente  de  la Electrificadora de  Bolívar  para  los  años  2002  y  2003,  Benjamín Payares Ortiz, con el  propósito    de    que    informara    todo    lo    relacionado   “con   las   petición   –sic-   que   le   hiciera  el  señor  Francisco  Barceló  Caraballo,  para que la electrificadora colocara los postes  que   hacían   falta   en   los   diferentes   estadios  deportivos33”;   fin  igualmente    expuesto    para    escuchar    en    declaración   a   Francisco  Barceló.       

Con  fundamento en estas peticiones, la Sala  en  audiencia  preparatoria  dispuso de oficio solicitar a la Electrificadora de  Bolívar  enviar  copia  auténtica  de  las  comunicaciones  en  las  cuales la  administración  de  María  La  Baja requería instalar los postes mencionados,  recibiendo  como respuesta la comunicación de 10 de febrero de 2010, cuyo texto  es del siguiente tenor:   

“nos permitimos  manifestar   que  revisados  los  archivos  de  la   empresa,  no  se  encontró  comunicación alguna procedente por el municipio  de  María  La  Baja  o alguna de sus dependencias, por  medio  de  la  cual  este municipio solicitaba a Electrocosta S.A., ….    instalación  de  poste  de  alumbrado  público  para prestar el servicio en los centros deportivos de dicho  municipio34.”  –  resaltado  fuera  de  texto-.   

Y   sobre   el  tema,  el  Gerente  de  la  Electrificadora,   Benjamín   Payares   relató   que   sostuvo  conversaciones  telefónicas     con     el     Alcalde     SILFREDO  MORALES,          así:          “dentro  de  algunas llamadas que me ha  hecho   el  señor  Silfredo  Morales  recuerdo  haber  recibido  una  donde  me  solicitaba  que  si  la empresa puede mirar la posibilidad de donar unos postes,  no  preciso  la  fecha, no puedo decir que fue en el año 2003 o en otro año ya  que  él  ocasionalmente  me llama para hacer algunas solicitudes con referencia  al  servicio  de  energía  eléctrica”.   

En  el mismo sentido el Director de Deportes  Francisco  Barceló,  narró  que  los  centros  deportivos carecían de postes,  motivo   por   el   cual,  pidió  a  “las   cuadrillas   de   electrocosta  unos  seis  postes”   porque  sólo    “teníamos   tres   postes   en  el  momento  muy  buenos”.   

Y  si  a  estas  versiones  se  agrega  lo  manifestado   por  el  contratista  Fernando  Villadiego  en  la  diligencia  de  indagatoria  rendida  ante  la Fiscalía 18 Delegada ante los Jueces Penales del  Circuito    de   Cartagena,   en   el   sentido   que   solicitó   “a  la  administración a través de un  OTRO  SI  la  contratación del suministro de lo que corresponde a postes y toda  la  parte  eléctrica  para  poder hacer efectiva la  instalación de dicha  iluminación”35,         refulge  forzoso llegar a la conclusión a que arribó el Ministerio  Público,  consistente  en que dicho ítem no podía ejecutarse, pues por obvias  razones,  primero  debía  contarse  con  los  postes.   

En definitiva, puede colegirse con seguridad  que  la  administración  municipal  no  podía instalar las 28 lámparas de 400  wattios  mencionadas  en el ítem tres del contrato 033 de 2002, cantidad frente  a  la  cual,  Francisco Barceló tampoco brindó una explicación satisfactoria,  pues  si  lo  requerido  eran  nueve  postes,  por  qué  entonces  adquirir  28  luminarias.   

Con  toda  esta  actividad  desplegada  por  SILFREDO     MORALES     ALTAMAR,     más  que  inusitada  resulta la tesis defensiva, según la cual, la  falta  de  conocimientos del procesado disculpa su proceder, pues de acuerdo con  lo  probado  durante  la  investigación y el juicio, es evidente que aún desde  antes  del  inicio  de la fase precontractual todo estaba predispuesto para que,  una  vez obtenidos los recursos, se aparentara un procedimiento ceñido a la ley  de  tal  modo  que,  a la postre, fuera el autor de los estudios quien resultara  beneficiado  con  un  contrato que no tenía claro su objeto, hasta el punto que  uno de sus ítems era de imposible cumplimiento.   

En  suma,  la  secuencia  de  esta  serie de  acontecimientos  no  puede  arrojar  conclusión diferente a que el contrato No.  033  de 2002 adjudicado a Fernando Villadiego, correspondía a la concreción de  un  acuerdo previo en el que, éste se comprometió a elaborar los estudios para  la  consecución  de  los  recursos  por  parte  de ECOPETROL y el Alcalde, como  efectivamente  ocurrió  con  posterioridad, a diseñar una convocatoria abierta  con  unos  términos  de  referencia  ambiguos  y  etéreos  en  los  que  no se  especificaron las tareas a realizar.   

Convocatoria  igualmente  desconocida por el  mandatario  municipal,  pues  antes  del  vencimiento  del  plazo para presentar  ofertas,  dispensó  por  iniciativa propia, invitaciones a tres personas, entre  las  cuales,  curiosamente  se  encontraba el autor de los estudios a ECOPETROL,  única  persona que para ese momento conocía no sólo el objeto a realizar sino  el monto de los recursos a invertir.   

Y  como  si  fuera  poco, pese a designar un  comité  evaluador  de  las  propuestas,  el  procesado  sugirió  a  uno de sus  miembros  escoger  la más económica, la cual, coincidencialmente correspondía  a quien realizó los mencionados estudios.   

En  este  orden  de  ideas, no es casual que  efectivamente  la  propuesta  seleccionada  en  el  trámite del contrato 033 de  2002,  corresponda  a  la  persona  que  permitió  con  la  elaboración de los  estudios        obtener       $35’000.000    para    el    Municipio    a    través    del   convenio  interadministrativo GS-011-02.   

Así las cosas, ningún beneficio le reporta  al  procesado  la  tesis  acerca  de la supuesta ignorancia o desconocimiento de  MORALES  ALTAMAR  en  temas  contractuales,  por  cuanto,  como  se  acaba  de  ver,  eso era lo que menos le  interesaba   cumplir  cuando  ajustó  su  comportamiento  al  fin  inicialmente  propuesto.   

Las  precedentes consideraciones llevan a la  Sala  a  concluir  que  se  encuentran  acreditadas suficientemente, en grado de  certeza,  tanto  la  materialidad  de  la  conducta  por la cual fue convocado a  juicio   SILFREDO   MORALES   ALTAMAR,   como  su  responsabilidad en calidad de autor del delito de contrato  sin cumplimiento de requisitos legales.   

5- Dilucidado este punto, a continuación la  Corte  se  ocupa  de  analizar  si  conforme  lo  indica  la  acusación,  se ha  concretado  también el delito de peculado por apropiación y si tal hecho puede  atribuirse al procesado.   

En términos del artículo 397 de la Ley 599  de 2000 comete este ilícito   

“El  servidor  público  que se apropie en provecho suyo o de un tercero de bienes del Estado o  de  empresas  o  instituciones  en  que  éste  tenga parte o de bienes o fondos  parafiscales,  o  de  bienes  de  particulares  cuya administración, tenencia o  custodia  se  le  haya  confiado  por  razón  o  con ocasión de sus funciones,  incurriré  en  prisión  de  seis (6) a quince (15) años, multa equivalente al  valor  de  lo  apropiado  sin que supere el equivalente a cincuenta mil (50.000)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término”   

“Si lo apropiado  supera  un  valor  de  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  dicha  pena  se  aumentará  hasta  en  la mitad. La pena de multa no  superará    los    cincuenta    mil   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes”   

“Si lo apropiado  no  supera  un  valor  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes   la   pena  será  de  cuatro  (4)  a  diez  (10)  años  …  y  multa  equivalente al valor de lo  apropiado”.   

Para la configuración del aludido tipo penal  es  necesario  que  concurran,  la calidad de servidor público y la potestad de  administración,  tenencia  o  custodia de los bienes en razón de las funciones  que  el  servidor  desempeña  y finalmente, el acto de apropiación bien sea en  favor  propio  o de un tercero, que por lo mismo lesiona el bien jurídico de la  administración  pública,  en  tanto representa un detrimento injustificado del  patrimonio estatal.   

Desde  este  punto  de  vista,  se tiene que  además   de  haber  tramitado  y  celebrado  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR de manera irregular el contrato al que  nos   hemos  venido  refiriendo,  pagó  injustamente  al  contratista  Fernando  Villadiego              $19’250.000.   

Si  bien este pago se produjo como resultado  de   la   firma  del  contrato  033  y  del  acta  de  obra  #  1  de  la  misma  fecha36,  por  parte del contratista Fernando Villadiego y el Secretario de  Planeación  Palmiro  Torres,  no  puede  ignorarse  que  la  última  daba  por  adquiridas  e instaladas 28 lámparas reflectoras de 400 wattios, ítem respecto  del   cual   SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  conocía,   como  se  analizó  en  el  acápite  del  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  que  era de imposible ejecución ante la  falta de postes y redes eléctricas.   

Recuérdese   cómo   el   Gerente  de  la  Electrificadora,  Benjamín  Payares,  dio cuenta de las llamadas que le hiciera  SILFREDO   MORALES  con  el  propósito   de  obtener  unos  postes  para  el  municipio,  y  cómo  Fernando  Villadiego  relató  que  sugirió celebrar un OTRO SI para la contratación del  suministro  de  postes y toda la red eléctrica que permitiera  cumplir con  la instalación de las luminarias.   

De  estos elementos de juicio se deduce, al  igual  que  lo  hizo  el Ministerio Público, que la compra e instalación de 28  luminarias  no  podían  hacer parte del contrato 033 de 2002, situación que el  alcalde  conocía como líder del proceso contractual  a partir del momento  que  autorizó  a  Fernando  Villadiego a elaborar los estudios presentados ante  ECOPETROL,  y de allí que no podía ordenar, como lo hizo, pagar el ítem 3 del  contrato.   

Esta situación, aunada a que las luminarias  nunca  ingresaron  al  patrimonio  del  municipio,  permite colegir sin esfuerzo  alguno   que  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  ordenó     cancelar,     de    manera    ilegal,    $19’250.000,   al   contratista  Fernando  Villadiego.   

Como  consecuencia de este acto, consciente  del  procesado,  se  causó  un  detrimento  económico a la administración del  municipio  de  María  la  Baja  y  se  favoreció  al  contratista,  hecho que,  configura  a  cabalidad la conducta denominada peculado por apropiación a favor  de terceros.   

Las  anteriores consideraciones llevan a la  Sala  a  concluir  la  procedencia  de  dictar  sentencia condenatoria en contra  de    SILFREDO   MORALES   ALTAMAR  como  presunto  autor  responsable de los delitos de celebración de  contrato   sin    cumplimiento   de   requisitos  legales  y  peculado  por  apropiación, cometidos en concurso heterogéneo.   

Determinación   de   las   consecuencias  jurídicas de la conducta punible:   

Reunidos  los presupuestos sustanciales del  artículo  232  del  estatuto  procesal  para proferir sentencia condenatoria en  contra  del  ex  Alcalde  y  actual  Representante  a  la  Cámara  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR, procede la Sala  a    señalar    las   consecuencias   jurídicas   que   a   dichas   conductas  corresponden.   

1-     Fijación     de      la  punibilidad   

Para  dar  aplicación al artículo 31 de la  Ley  599  de  2000, la Sala tasará primero la pena para el ilícito de contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, luego la del peculado por apropiación,  y  por  último  valorará  el  concurso  heterogéneo  para imponer la sanción  definitiva que debe purgar el aforado.   

– Del delito de contrato sin el cumplimiento  de requisitos legales.   

De  acuerdo con el artículo 410 del Código  Penal  la  pena  prevista  para  este  ilícito  se  extiende de 4 a 12 años de  prisión,  multa  de cincuenta (50) a doscientos (200) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  de cinco a doce años.   

El  ámbito  punitivo de movilidad para este  delito  está conformado por un primer cuarto comprendido entre 48 y 72 meses de  prisión  y  multa  de  50 a 87 y medio salarios mínimos mensuales legales; dos  cuartos  medios  que  van  de  72  meses a 120 meses de prisión y multa de 87 y  medio  hasta  162.5 salarios mínimos legales mensuales; y un cuarto último que  va  hasta  144  meses  de  prisión  y  multa  de  200 salarios mínimos legales  mensuales.   

Como  en  el  auto  de  acusación  sólo se  determinó  la  circunstancia  de  menor  punibilidad   consistente  en  la  carencia  de  antecedentes,  conforme  al  artículo 61 del Código Punitivo, la  Sala  se  moverá en el cuarto mínimo, esto es, entre 48 y 72 meses de prisión  y multa entre 50 y 87 y medio salarios mínimos legales mensuales.   

Atendiendo  el  texto  del  inciso  3º  del  artículo  61 ibídem, resulta  incontrovertible  la  gravedad de la conducta agotada por el procesado, en tanto  utilizó  el  ejercicio  de  la  función  contractual  como herramienta para la  satisfacción  de intereses particulares, sacrificando de esta manera no sólo a  la  administración municipal de María La Baja sino a sus destinatarios, motivo  suficiente  para incrementar el mínimo en 6 meses, arrojando como resultado una  pena definitiva de 4 años 6 meses.   

En lo atinente a la multa, ésta oscila entre  50  y  87  y medio salarios mínimos legales mensuales, los cuales corresponden,  según  el   salario   mínimo  vigente para el año 2002 -$309.000-,  a  un  rango  de  $15.450.000  y     $27’037.500.   

Ubicados  en  este  cuarto, se impondrá una  pena   de   multa  de   56  salarios  mínimos,  es  decir  $17’304.000   por   las   mismas  razones  esbozadas respecto de la sanción aflictiva de la libertad.   

Del  ilícito  de  Peculado por apropiación   

En  relación  con este delito es importante  aclarar  que  lo integra el pago realizado por SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  de las 28 luminarias, es decir,   $19’250.000.     

Las  sanciones  a  tener  en cuenta por este  hecho  son  las previstas en el inciso 1º  del artículo 397 de la Ley 600  de  2000,  en  razón  a que lo apropiado supera el equivalente a 50 salarios de  ese  año  -$15’450.000-,  esto  es,  una  pena  de  prisión  de  seis  (6)  a  quince  (15)  años, multa  equivalente  al  valor  de  lo  apropiado e inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

La franja de movilidad para este ilícito es  la  siguiente:  un cuarto mínimo fijado entre 72 y 99 meses, dos cuartos medios  que  oscilan  entre 99 y 153 meses y un cuarto último que finaliza en 180 meses  de prisión.   

La Sala se ubica en el primero de los cuartos  señalados,  es  decir,  entre 72 meses y 99 meses, debido a no haberse deducido  en la acusación circunstancias de mayor punibilidad.   

Ponderando  la  mayor o menor gravedad de la  conducta     realizada    por    SILFREDO    MORALES  ALTAMAR,  resulta  irrebatible  su trascendencia, pues  con  su  proceder el Alcalde afectó recursos destinados a inversión social tal  y  como  se  extrae  de  las  declaraciones  rendidas  por los representantes de  ECOPETROL  y  del  convenio  mismo.  En  efecto  el mandatario impidió que esos  dineros  llegaran  a  una  población llena de necesidades, sacrificando así el  interés  general  implícito  en  la  función pública, razón suficiente para  incrementar  el  mínimo  imponible  en  12 meses, decretándose en disfavor del  procesado  una  pena  de  84  meses  de  prisión,  o  lo  que  es  lo  mismo, 7  años.   

   

En  cuanto  a  la  fijación de la multa, la  norma  dispone  que  ella  sea  el valor de lo apropiado, lo cual en el presente  caso   son   $19’250.000.   

En  lo  concerniente  a  estas  sanciones,  corresponde  disminuirlas en una tercera parte, de conformidad con el inciso 2º  del  artículo  401  de  la  Ley  599 de 2000, pues en el transcurso del proceso  SILFREDO   MORALES  ALTAMAR  efectúo  el  reintegro  de  lo apropiado a través de los títulos de depósito  judicial  que  aparecen  a  folios 144 y 245 del  cuaderno original 4 de la  actuación.   El   primero   por   $15’400.000       y       el       segundo,      por      $4’000.000.   

Así  las cosas, aplicada la disminución de  la  tercera parte, la pena de prisión queda en 4 años, 8 meses, o lo que es lo  mismo,              56             meses37,    y    la    multa    en  $12’833.33438     

Conforme  se dejó anotado, ha de recordarse  que  para  dosificar  la pena en el concurso de conductas punibles se debe fijar  individualmente   cada  una  de  ellas,  para  seleccionar  como  base  la  más  drástica.   

Agotado  tal  procedimiento con el ejercicio  acabado  de realizar, debe precisarse que la mayor pena corresponde al delito de  peculado, cuya sanción se individualizó en 56 meses.    

Al  guarismo anterior se le sumarán dos (2)  años  por  el  delito concursante, obteniéndose así, un total de ochenta (80)  meses  prisión,  en  otras  palabras,  seis  (6)  años  y  ocho (8) meses como  sanción  privativa  de  libertad  a  imponer  por  los  delitos de peculado por  apropiación   y   celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales.    

En  relación  con  la pena de multa, en los  eventos  de  concurso el artículo 39 numeral 4º de la Ley 599 de 2000, dispone  tasarla  sumándolas,  con  la  sola  limitante  de no superar los cincuenta mil  (50.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  que  en  este  caso  equivaldrían       a      $15.450’000.000  para el año 2002.   

Hasta  el  momento  se  ha  dicho que por el  delito   de  peculado  por  apropiación  respecto  del  contrato  033  de  2002  corresponde    una   multa   de   $12’833.334;  y  por  el contrato sin cumplimiento de requisitos legales  $17’304.000;  operación  cuya     suma     es     de     $30’137.334,    cantidad  a  la  cual  se  condenará  a  pagar  al  procesado.   

Por  último,  la  Corte  se  abstiene  de  delimitar  la  sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas,  registrada  como  pena principal para ambos delitos, dado  que   el   tipo  penal  del  peculado  por  apropiación  representa  detrimento  patrimonial  para  el  Estado,  y  por  tanto  se encuentra sujeto a la sanción  constitucional   establecida   en   el  inciso  5°  del  artículo  122  de  la  Constitución  Política  Colombiana, es decir, como ya lo han dejado sentado la  Corte  Constitucional  y  esta  Corporación, que la sanción en comento opera a  perpetuidad.   

2-  Determinación  de  la  responsabilidad  civil:   

A  tenor  del  artículo 56 de la Ley 600 de  2000,  en  todo  proceso  penal  en  que  se  haya  demostrado  la existencia de  perjuicios  provenientes  del  hecho  investigado,  el  funcionario procederá a  liquidarlos  de  acuerdo  a  lo  acreditado  en  la actuación y en la sentencia  condenará  al  responsable  al  pago  de  los daños ocasionados con el delito.   

En  el  presente  proceso  si  bien  no  se  constituyeron  como  partes  civiles  el  Municipio  de  María  La  Baja  ni la  Contraloría  General  de  la  República,  es  evidente  que  el comportamiento  desplegado  por  SILFREDO MORALES ALTAMAR causó   perjuicio  económico  al  municipio  de  María  La  Baja,  debiéndose   por   tanto   condenar   al   procesado   a   pagar   los   daños  causados.   

   

En efecto durante la actuación se demostró  la   existencia   de   un   perjuicio   valorado   en  la  suma  $19’250.000;  realizadas  las  operaciones  aritméticas,  ese guarismo equivale a 62.30 salarios mínimos legales mensuales  vigentes para el año 2002 -$309.000-.   

Por  tal  motivo,  se condena a SILFREDO   MORALES   ALTAMAR  a  pagar  al  municipio  de  María  La  Baja  por  concepto de perjuicios materiales, la suma  correspondiente  a 62.30 salarios mínimos legales mensuales vigentes a la fecha  de su cancelación por concepto de indemnización de perjuicios.   

Ahora,  como el procesado aportó durante la  investigación       dos       títulos      que      suman      $19’400.000,  éstos  se  entregarán a la  tesorería  del  Municipio  de  María  La  Baja, con la  anotación que el  procesado  debe  actualizar dicha suma, al salario mínimo vigente a la fecha de  su  cancelación  definitiva,  en  el monto relacionado en el párrafo anterior,  esto es, 62.30 salarios.   

3. De los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa de la libertad.   

Como  quiera que la pena principal impuesta  supera  los  tres  años  de  prisión,  el  sentenciado  no  tiene derecho a la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena  (art.  63  L.  599/00).   

En  torno a la procedencia del sustituto de  la  prisión domiciliaria, de conformidad con el artículo 38 del Código Penal,  ésta  se  otorga cuando concurren los siguientes presupuestos: que la sentencia  se  imponga  por delitos cuya pena mínima prevista en la ley sea de cinco años  de  prisión  o  menos y, el desempeño personal, laboral, familiar o social del  sentenciado,  permita el pronóstico serio, fundado y motivado, en el sentido de  ausencia  de  peligro  para  la  comunidad  y de garantía de cumplimiento de la  pena.   

En  el presente caso por el factor objetivo  no  hay lugar a sustituir la prisión intramural por domiciliaria, habida cuenta  que  uno  de  los  delitos por los cuales se condena, peculado por apropiación,  señala  una  pena  de  seis  años  de  prisión,  motivo  para  no concederla,  resultando  estéril cualquier análisis del ingrediente subjetivo del instituto  jurídico en mención.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la Ley,   

RESUELVE  

PRIMERO.  DECLARAR     penalmente  responsable    al    ciudadano    SILFREDO   MORALES  ALTAMAR,   de  condiciones  civiles  y personales  conocidas  en  autos,  como  autor  de  las  conductas  punibles de contrato sin  cumplimiento   de   requisitos   legales  y  peculado  por  apropiación previstas en los artículos 410 y 397  inciso  1º  de  la  Ley 599 de 2000, ambos en concurso heterogéneo y sucesivo,  comportamientos  realizados  cuando se desempeñó como Alcalde del Municipio de  María  La  Baja,  en  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar precisadas en  esta decisión.   

SEGUNDO: CONDENAR,  en    consecuencia,    a  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR, a  la  pena principal de seis (6) años y ocho (8) meses de prisión y multa por un  valor  de  $30’137.334  a  favor  del  Tesoro  Nacional,  la  cual deberá consignarse a nombre del Consejo  Superior  de la Judicatura según lo normado en el artículo 42 de la Ley 599 de  2000.   

La  pena  de  inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  opera  a  perpetuidad de conformidad con el inciso 5º del  artículo 122 de la Constitución Política.   

TERCERO.  DECLARAR  que    SILFREDO    MORALES    ALTAMAR   no  tiene  derecho  a la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena, ni al sustituto de la prisión domiciliaria, conforme a lo expuesto en  el cuerpo de esta sentencia.    

En    consecuencia,   se   ORDENA su captura  para que cumpla la pena   impuesta   en   el   lugar   de   reclusión   que  determine  el  Director  del  INPEC.   

CUARTO. CONDENAR a  SILFREDO  MORALES  ALTAMAR  a  pagar  al  Municipio  de  María  La  Baja,  por  concepto  de indemnización de  perjuicios  materiales  la  suma  equivalentes a 62.30 salarios mínimos legales  mensuales vigentes a la fecha de su pago.   

Como en la actuación obran dos títulos de  depósito  judicial  a  órdenes  de la Secretaría de la Sala Penal de la Corte  Suprema       de       Justicia        que       suman      $19’400.000,   se  dispone  entregar  los  mismos  a  la  Tesorería del Municipio de María La Baja, mientras el procesado  actualiza    dicha    suma    a    62.30   salarios   al   día   de   su   pago  definitivo.   

QUINTO. LIBRAR por  la  Secretaría  de  la  Sala  las  comunicaciones  de  rigor  a las autoridades  competentes,   conforme   lo   normado   por   el   artículo  472  Ley  600  de  2000.   

SEXTO. COMUNICAR   esta   decisión  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura y a la tesorería del  Municipio  de  María  La Baja, para efecto del recaudo de la multa y la condena  en perjuicios impuesta.   

SEPTIMO. En firme  esta  providencia,  remítase  la actuación al Juzgado de Ejecución de Penas y  Medidas de Seguridad que corresponda, para lo de su cargo.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ          SIGIFREDO    ESPINOSA    PÉREZ                                  

        ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO                 AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                               

JORGE      LUIS     QUINTERO  MILANÉS               YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fol.  181 del c.o. 1   

2 Fol.  182 a 192 del c.o. 1   

3 Fol.  202 y ss del c.o. 1   

4  Fol. 77 del c.o. 1   

5 Folio  5 y ss del c.o. 1   

6 Folio  18 del c.o. 1   

7 Folio  126 del c.o.1   

8 Fol.  1 y ss del c.o. 2   

9  Obligación de someterse a un mecanismo de vigilancia  electrónica,  la  prohibición  de  salir  del  país  y caución prendaría en  cuantía    de    diez    (10)    salarios    mínimos   legales.   –   Folios   117   y   ss   del  c.o.  3-   

10 Fol.  152 del c.o. 1   

11  Cfr.  Radicados  26857, sentencia  28-11-2007 y 24158 sentencia 01-11-2007,  entre otras.   

12  Sentencia  de  20-05-03,  Rad.  14.699,  doctrina reiterada en las sentencias de  única  instancia  de  09-02-05, Rad. 21.547; 23-03-06, Rad. 21.780; y 10-10-07,  Rad. 26.076, entre otras.     

13  Fol. 267 del c.o. 1.   

14  Numeral 2º de la parte considerativa. Fol. 267 del c.o. 1.   

15  Fol. 255 del c.o. 1   

16  Diligencia de indagatoria. Folio 9 del c.o. 2   

17  Fol. 182 a 192 del c.o. 1   

18  Diligencia  de  indagatoria  del  23  de  abril  de  2008.  Fol.  10 del c.o. 2.   

19  Fol. 130 del c.o. 1   

20  Fol. 226 del c.o. 2.   

21  Fol. 87 del c.o. 4   

22  Fol. 269 a 271 del c.o. 1   

23  Fol. 189 y ss del c.o. 1   

24  Ficha  estadística  básica  del Banco de Proyectos de Inversión. Fol. 187 del  c.o. 1   

25  Fol. 204 del c.o. 3   

26  Cfr. -Fol.272 a  274 del c.o. 1-.   

27  Fol. 282 y ss del c.o. 2   

28  Fol. 216 del c.o. 2   

29  Fol. 214 del c.o. 2.   

30  Fol. 294 y ss del c.o. 2   

31  Fol. 1 y ss del c.o. 3.   

32  A  través  del informe de policía judicial No. 0132  del  27 de abril de 2009 se allegó a la actuación la revista Construdata de la  casa  editorial Legis donde se observa el precio unitario incluido el iva. Folio  253 del c.o. 3.   

33  Fol. 49 del c.o. 5   

34  Fol. 90 del c.o. 5   

35  Fol. 167 del c.o. 2   

36  Fol. 27 del c.o. 2   

37  La  tercera parte de 7 años u 84 meses son 28 meses,  restada esta suma de 84 arroja un resultado de  56 meses.   

38  La     tercera     parte     de    $19’250.000     son     $6’416.666,  que  restados  dan un total  de    $12’833.334.     

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